miércoles, 29 de mayo de 2024

Las aguas desbocadas de Cazorla


La vida es agua, es un fluir entre formas cambiantes, estados que rielan como luces y sombras que se alternan, momentos que se suceden, diferentes, pero esencialmente continuos. Pertinazmente cambiados por la relativa velocidad del tiempo, variable para cada estado, para cada forma, para cada momento, ajena al reloj, desde el ínfimo cronómetro al dilatado tiempo geológico.


El agua dio la vida a estas rocas que ahora son Cazorla, los fósiles dan testimonio de las vueltas que da la vida, de lo muy diferente que puede ser la vida, las vidas; de que todo permanece, dejando su poso aunque también sepamos de la viva fugacidad del instante, a menudo destructivo o brusco creador de nuevas situaciones. El agua ha labrado estas montañas, sus laderas, sus valles, sus cerradas. Ahora tras una temporada de fértil diluvio, regresa a la tierra en abundancia, a las fuentes, rezumando entre arenas y sobre rocas o arcillas, puliendo rocas como una lima, llenando las lóbregas concavidades inferiores de la piel de este ibérico planeta. Ahora muestra su poderío, su maestría en criar vida, su belleza desatada de los estériles silencios de la sequía.

Cascadas entre un caos de bloques de tobas

Muchos años hacía que no volvía a Cazorla, en aquellos tiempos de libres acampadas, hoy mi conocimiento es más amplio, pero el disfrute no ha sido mayor que el de entonces, y mucho ha sido, pues nunca he visto estas montañas tan rebosantes de agua, y nunca mejor dicho, aunque ahora al plasmar este texto, transcurrido más de un mes sin lluvias, queden lejos aquellas desatadas abundancias. Ha sido un disfrute hidrológico y geológico, para el disfrute botánico, en estas frescas alturas, ha faltado más de una quincena para el fértil aprovechamiento de todas esas humedades.


Con mis compañeros Eduardo y Pascual, gran conocedor de estos montes y “cazorlodependiente”, hemos podido disfrutar enormemente de un día redondo, desde la madrugada hasta altas horas de la noche. En el recuerdo el libro que una vez me dejó Pascual sobre el furtivo Justo Cuadros y otros personajes no menos protagonistas de ese Cazorla pre-parque natural, en esa época de hambruna y grisácea oscuridad franquista, donde las pocas y pobres gentes que habitaban estas tierras tenían que tirar de ingenio y tenacidad para poder sobrevivir en estas ásperas serranías. Un libro ecológico y también, todo lo contrario, como el lance en el que el protagonista consigue cobrarse con toda su astucia, riesgo y resolución, todas las águilas reales de un nido, a los dos pollos y a sus dos progenitores, para poder conseguir las cuatro subvenciones que las autoridades daban por la capturas de “alimañas”, o el episodio en que un conocido maquis hace comerse los tubérculos de una peonía a uno que le menospreció. Libro más que recomendable para entender la dureza de la vida entre peñascos o lo que pueden cambiar los tiempos en varias décadas y dar gracias, a pesar de todo, por lo bien que vivimos en la actualidad.


Ya desde el comienzo, con una parada que hicimos para ver la panorámica del  alto Guadalquivir en el mirador de Las Palomas, contemplando el valle recién abierto por este río naciente pocos kilómetros más arriba. Aquí se nos mostró un frondoso y espectacular paisaje, tajado por llamativas líneas blancas que cortaban las profundidades de la parte media y alta de varios vallejos, eran las aguas desbocadas en lo más vertical de estas gargantas, destacando poderosamente el blanco tajo de la cascada de Linarejos y otros, ya más abiertos y desparramados aguas abajo. Ante la elección de qué garganta recorrer, entre el Aguasmulas y el Borosa, nos decantamos por este último.

Abajo vista en la lejanía de la cascada de Linarejos

El Borosa estaba pletórico, recogiendo afluentes a un lado y a otro que normalmente bajan secos, pero que hoy lo hacen potentes y llenos de vida como pocas veces los hayamos visto. Pascual lleva más de treinta años viniendo por Cazorla y reconocía no haber visto nunca tanto caudal ni tantas cascadas en el río y sus afluentes. Sus aguas calizas, algo teñidas de tonalidades verdes o suavemente azuladas es algo que solo se puede ver en montañas tan calizas o dolomíticas como éstas.

Un afluente llega al Borosa por el centro de un pliegue fácilmente reconocible

El agua escurre por todos lados, bien de forma tumultuosa o resbalando despacio sobre suelos y musgos, dándose tiempo a fabricar piedra, a crear roca, la famosa toba o travertino, esa roca porosa, llena de huecos de variadas formas y tamaños, pero bien dura que se forma cuando los carbonatos se depositan sobre plantas y suelos, solidificándose, aunque luego muera la planta sobre la que se depositaron y al hacerlo deja el hueco de sus anteriores hechuras para siempre. Es una magia que necesita de las aguas en movimiento, cargadas de carbonato y sobre soporte vivo, como suelos o plantas para su creación, ya que éstas aportan dióxido de carbono y retiran oxígeno, contribuyendo primero a convertir el bicarbonato cálcico que es el que lleva el agua en disolución, primero a carbonato cálcico y, posteriormente, a precipitarlo en las superficies de contacto.

Agua sobre la misma toba en proceso de creación, abajo hierba de los anteojos sobre tobas

       En general, ya circule ese agua tan mineralizada por el interior de los suelos o sobre plantas, a todo el material endurecido se le denomina travertino, pero cuando el soporte son solamente plantas o animales (usualmente pequeños moluscos), queda clara muestra de los diferentes tamaños y formas de los mismos en la textura de la roca. Entonces se utiliza para denominarla más el término toba o roca de toba, muy usada en jardinería por su belleza, aunque de menor dureza y resistencia que el travertino, formado en el interior, ya más profundo, de suelos o formaciones minerales porosas.

Rocas de toba sobrevolando la superficie del agua en la Cerrada de Elías

La subida por el río no deja de perder la intensidad inicial, incluso va ganando, según el río se mete en profundas “cerradas”, como la Cerrada de Elías, o abriéndose y dando vista a las cumbres serranas. Las tobas no dejan de apreciarse, pero al aumentar el número de cascadas, aumenta en volumen e importancia las formaciones tobáceas, ocurriendo a menudo que al formarse éstas de arriba hacia abajo, no tienen sus bases bien asentadas o permanecen suspendidas por encima del suelo y que, sean fácilmente erosionables por su base, descalzándose y produciéndose grandes derrumbes, que a veces se acumulan en los llamados caos de bloques que hacen muy difícil el avance cerca de las gargantas. De hecho, vimos una poza donde con estas potentes lluvias, el caudal se había llevado la parte inferior de varias formaciones que ahora ya no contactan con el agua como lo hacían antes.

Tobas formando viseras por las que cae el agua que también las destroza, abajo enorme madroño
La zarzaparrilla solo aparece en las áreas más bajas y térmicas

Hemos dado un paso en altura que tiene su réplica en la vegetación que nos acompaña, abajo, hasta unos 800-900m teníamos un bosque de pino carrasco (Pinus halepensis), coscojas y encinas con un variado cortejo de madroños, zarzaparrillas, agracejos (Phillyrea latifolia), lentiscos (Pistacea lentiscus), sabinas moras (Juniperus phoenicea), coronillas (Coronilla glauca) y otras especies que ahora, tras este escalón altitudinal y una cerrada de por medio, ha dado lugar a un bosque de pinos laricios (Pinus nigra) de blancos troncos antagónicos con su nombre específico, acompañado por cornicabras (Pistacea terebinthus), arces de Granada (Acer opalus subsp. granatense) y algunos agracejos (Berberis hispanica) escasos manzanos silvestres o maillos (Malus sylvestris) que ahora están en plena flor y que en estas sierras son especialmente abundantes, incluso hay una fuente del maillar.

Arces y pinos laricios en contraluz
Acebos y tejos a menudo comparten rincones umbrosos

El subvuelo del bosque es muy variado, están en flor las llamativas globularias (Globularia vulgaris) y ya sin ellas las muy tempranas coronillas de fraile (Globularia alypum), algunos narcisos rupícolas, pero en general, todavía es un poco pronto, eso sí destacan por los prados unas grandes y amarillas euforbias (Euphorbia clementei) y en las rocas, la bella Linaria verticillata subsp. cuartanensis y pocas más especies herbáceas floridas, entre las que destacan las numerosas y amarillas hierbas de los anteojos (Biscutella valentina). En los lugares más umbríos y húmedos aparecen especies tan escasas en el sur como tejos o acebos, normalmente juntos en manantiales umbrosos.

Globularia vulgaris y abajo la Linaria verticillata

Geológicamente esto es un disfrute, desde la gran escala, puesto que estamos en las sierras Prebéticas, la parte más norteña y occidental que junto con las sierras Subbéticas, y el techo peninsular (en Sierra Nevada) de la Penibética, forman en conjunto el Sistema Bético. Las Prebéticas están constituidas por rocas sedimentarias organizadas en un curioso sistema de cabalgamientos como a trozos, son las llamadas escamas tectónicas que se suceden casi rítmicamente señalando las altas montañas aisladas, los yelmos. Pero todo es básicamente una sucesión de estratos calizo-dolomíticos, plegados, retorcidos o despegados sobre otros niveles de estratos más blandos que casi han desaparecido por la erosión. 

Anfiteatro montañoso y, abajo, cascada empotrada entre paredes y tobas
Abajo estratos de diferentes tipos de calizas como hojas de un libro de piedra

       Geomorfológicamente destacan los profundos cañones que muestran toda esta serie de estratos visibles en cualquier corte ribereño y, también aunque menos comunes, en ocasiones pueden verse distintos tipos de pliegues, como los pliegues en “rodilla” que aparecen en varios lugares, incluso otros en “silla de montar”. Aquí en esta ruta es fácil observar al menos un par de ellos muy claros.

Tumultuoso y vertical nacimiento del río Borosa
A los pocos metros ya es todo un río

  Geomorfológicamente llaman mucho la atención en estas sierras Prebéticas, aunque esta vez me quedé con las ganas de visitarlas, unas grandes superficies planas retocadas por la erosión cárstica, dejando potentes calares organizados espacialmente como panales de abejas con sus paredes y sus depresiones interiores, formadas por rítmicas sucesiones de dolinas y paredes, con vallejos que son dolinas alargadas (uvalas) o poljes, si son de grandes dimensiones, que a veces acumulan láminas de aguas superficiales y son con sus pastos, el sustento de la  adaptada ganadería de ovejas segureñas.

Imágenes de los Campos de Hernán Pelea


    Superficies rocosas estas con sus rocas blanquecinas convertidas en lapiaces, afiladas rocas donde es difícil andar, pero lo merece. Ya solo de verlo en imágenes, impresiona ver esos pequeños mares de oquedades y crestas recorriendo las grandes llanuras cimeras que coronan algunas de estas montañas, como los Campos de Hernán Pelea una casi siberiana llanura situada a casi 1700 de altitud media, situados no muy lejos de donde acabamos la marcha.

Paso del tunel y pedreras al otro lado del río
Laguna de Valdeazores

Esta marcha tiene el aliciente de su gran variedad de ambientes, una larga garganta, una lóbrega “cerrada” con pasarelas, varios anfiteatros montañosos, caos de bloques, formaciones travertínicas, pedreras calizo-dolomíticas, túneles, lagunas, aunque sean artificializadas para operar minicentrales eléctricas en los Órganos o Aguasnegras y en el Valdeazores, nacimientos como el del Borosa y mucho más si se tienen fuerzas para seguir andando y remontar las cumbres o ver esos impresionantes calares. Pero esta ocasión ha sido la de las mil cascadas, la del agua desbordante y desbordada que no olvidaré y que quedará unida al recuerdo de Cazorla, o el mar de sierras y serrezuelas al que genéricamente se llama Cazorla.

Maillo entre madroños y pinos resineros. Ladera variada con fresnos ribereños

       Estos magníficos paisajes, espacios y montañas no saben de límites provinciales, su extensión se mete ampliamente en Albacete, en Granada o en Murcia; no solo es Jaén, aunque el Parque Natural homónimo se ciña a esta provincia, Tales dimensiones deberían dar lugar a un gran Parque Nacional intercomunitario para realzar y mejor proteger sus numerosos valores naturales y más aun siendo el gran manantial que abastece a media Andalucía y buena parte del Levante, Murcia incluida. Solo por esto se debería dejar de extraer madera de sus bosques, vale más la conservación y el buen mantenimiento del ciclo del agua en estas áreas tan sumamente importantes para todo el sureste ibérico que toda la hipotética rentabilidad comercial de la madera de estos bosques que habría que cuidar con un mimo exquisito, no solo para conservarlos, sino para extenderlos y potenciarlos.

miércoles, 20 de marzo de 2024

El Soto de las Juntas y las riadas del Manzanares

Brecha de salida de agua proveniente del Manzanares en línea recta hacia el Jarama, mostrando los inestables suelos creados sobre un vertedero tapado

       La dinámica fluvial es la responsable de la conformación de los paisajes en las áreas más densamente pobladas de nuestros territorios y es la que ha sentado las bases para la existencia de la mayoría de las más fértiles de todo el interior peninsular, las de mayor biodiversidad y las de mejor estado de conservación, al menos donde las áreas ribereñas están afectadas por una potente dinámica hidrológica. 

Soto de las Juntas, con la laguna de los Veneno en medio y las numerosas lagunas del Porcal abajo dcha. Esquina superior derecha. Rivas pueblo

       La dinámica geomorfológica fluvial parece una cuestión del pasado, de un pasado tomado en términos geológicos ya que hoy en día, aparentemente, todo lo natural está tan controlado que parece no existiera una dinámica natural en la formación de los paisajes, al menos en comparación con la fuerte labor humana actual en la construcción de un paisaje cultural y económico que todo lo modifica  a su servicio. 

Uno de los puntos donde el Manzanares se desborda hacia la laguna, también se puede apreciar la acción de socavamiento lateral que crea una línea de cortados yesíferos

        Todo está canalizado, represado y controlado para que no ocurran afecciones a los espacios públicos o privados de las riberas, bien por presas, azudes y canalizaciones cada ciertos  kilómetros que finalmente sirven para regular el caudal de los ríos en sus momentos álgidos. También se regulan por medio de motas o escolleras sobre-elevadas de orillas cubiertas de bloques rocosos o paquetones de grandes cantos rodados (gaviones), para que el cauce no pueda desbordarse, comerse las orillas o inundar las áreas externas a ese inamovible trazado que hemos asignado a ríos y arroyos.

Abajo dinámica fluvial, arriba dinámica de "fallas panameñas" rompiendo los cantiles yesíferos, provocando grandes derrumbes como el relativamente reciente de abajo

       El caso que vengo a presentar aquí es el de la más reciente dinámica fluvial en el Soto de las Juntas, una llanura de inundación compartida por la unión de dos ríos, el Jarama medio y el tramo final del Manzanares. Los grandes caudales del Jarama han propiciado que se haya depositado gran cantidad de sedimentos y a más altura que los de un Manzanares que le llega casi en ángulo recto, lo que le impide verter directamente al Jarama y hace que el Manzanares le siga en paralelo a lo largo de dos kilómetros y medio, hasta su junta en la cola de la vetusta presa del Rey, aunque no siempre fue así según los mapas antiguos. Estos mesopotámicos terrenos son una de las mejores, y más visitadas áreas ribereñas y lacustres de la Comunidad de Madrid, dada su cercanía a la capital.

Curva final del Manzanares a la altura de Rivas pueblo, con su laguna de El Campillo, pegada al Jarama, el Soto de las Juntas en el centro y las lagunas del Porcal abajo a la derecha. Abajo, Manzanares (con nuevo un nuevo meandro), laguna de los Veneno, bosque galería del Jarama y lagunas del Porcal. Un magnífico conjunto fluvio-palustre en el centro peninsular

       Desde el gobierno regional se están realizando desde hace algunos años, interesantes labores de renaturalización en un área muy afectada por vertidos de escombros y explotaciones de áridos que crearon en su interior un gran boquete, luego rellenado por una laguna fruto del corte con el nivel freático. Es la laguna de Los Veneno o, más modernamente, del Soto de las Juntas. También hasta la guerra, en su inmediata vecindad colindante al puente sobre el Jarama de la carretera Madrid-Valencia, se encontraba el municipio de Vaciamadrid, destrozado totalmente, como una “Gaza” madrileña, en plena batalla del Jarama en 1937. Este pueblo en unión al despoblado de Ribas del Jarama dio origen a Rivas Vaciamadrid a partir de 1962 tras su refundación.

Punto mas cercano del Manzanares a la laguna de los Veneno, poco antes, en la curva, tuvo lugar una entrada de agua durante la riada hacia la laguna (abajo)

       No hay que olvidar, cosa muy fácil hoy en día, que posiblemente sea el Jarama el río ibérico que más vidas se ha cobrado a lo largo de su historia, hasta hace pocos años en que su regulación por medio de numerosas presas que ha zanjado el problema de sus desastrosas riadas. El Jarama recoge aguas, desde Peñalara hasta Atienza o casi Medinaceli en Soria, con especial incidencia de los deshielos de  Guadarrama y Ayllón, lo que, unido a las últimas borrascas o tormentas primaverales en esas fechas, eran el caldo de cultivo para el desastre. De hecho, viendo antiguas imágenes aéreas, se puede apreciar cómo ha cambiado su curso varias veces, incluso dejando en ridículo puentes en medio de la nada, como en San Martín de la Vega. No es un río a minusvalorar, para nada.

Cauce variable del Jarama contoneando la actual laguna de Campillo en 1946 y en 1956
Abajo, puente en medio de la nada aguas arriba de San Martín de la Vega. Variación del cauce según Uribelarrea et al., 2004.

       El Manzanares también engaña, un río corto, pero serrano y barriobajero, un menospreciado aprendiz de río. Variable no solo de caudales, sino también de recorrido, pues ha dejado terrazas fluviales muy lejos de su curso actual, ya que hasta mediados del Pleistoceno iba directo al Tajo, entre Aranjuez y Toledo, en lo que hoy es el amplio arroyo Guatén, pero que fue capturado por un pequeño afluente del Jarama que remontó hasta cerca de Perales del Río para cambiar su recorrido. Como pasa por áreas graníticas o arcósicas, moviliza gran cantidad de arenas, siendo famosos sus areneros previos a la desembocadura, hoy esquilmados por la intratable construcción madrileña.

Palacio de Felipe II en la Junta de los Ríos, luego parador de postas y más tarde el pueblo de Vaciamadrid

       Esta área de la Junta de los Ríos, perteneciente al municipio de Rivas Vaciamadrid, tiene que soportar los embates por un lado del Jarama y, por otro, del supuestamente pequeño Manzanares que en la actualidad, y claramente en verano, es uno de los mayores ríos del interior peninsular, si no el más caudaloso, pues al monstruo urbano madrileño, hay que alimentarlo con aguas de todas las cuencas vecinas, como la del Alberche, la del Henares y, últimamente, la del Tajo, amén de explotar también el acuífero detrítico madrileño. 

El chopo de don Sergio en este soto, era el árbol más longevo de Rivas, cayó con Filomena

        Toda esa agua junta, no le llega al Manzanares del Ventisquero de la Condesa, ni de la Pedriza, ni de sus altos nacederos, sino que le llega a la salida de las ocho estaciones de tratamiento de aguas residuales (EDAR) que teóricamente tratan el 100 x 100 del agua madrileña y que, cosa fácil de comprobar, dejan un río atestado de plásticos y serias dudas sobre el buen estado de sus aguas.

Punto de salida de la última depuradora del Manzanares. Véanse los numerosos plásticos

       El Manzanares tiene que asumir, sin ser su hidrológica costumbre, unos enormes caudales, también crecidos por los pluviales, esas aguas que ya no van a ser absorbidas por una tierra que con su urbanización dejó de ser permeable y que, rápidamente, va a ser evacuada en enormes cantidades tras las lluvias. A veces estas subidas de pluviales suelen ser la excusa para no tratar los caudales por peligrar la propia depuradora, asumiendo el río toda la basura y toxidicidad sin depuración, sobrado motivo de denuncia al pudiente ayuntamiento madrileño. Solo hay que ver, cómo llega el Manzanares al Pardo y como lo hace a esta junta con el Jarama. Toledo, Talavera y todo el larguísimo cauce del Tajo hasta el Atlántico, no tienen la culpa de esta mala gestión madrileña.

Enorme acumulación de plásticos enredados en las ramas en el área de desborde del Manzanares

       A pesar de las recurrentes quejas achacadas a la pertinaz sequía de nuestra agricultura, queda claro, que al menos en la zona centro, lleva un par de años lloviendo por encima de la media y estas lluvias, que esta temporada se iniciaron con un diluvio que, como dice el refrán, en septiembre se llevó las puentes, con lluvias que han continuado haciendo al Manzanares desbocarse varias veces, provocando desbordamientos y ciertos destrozos, ¿o naturales renaturalizaciones? en el Soto de las Juntas.

Evolución área laguna Veneno en 2002 y 2004
Gracias a una buena política de renaturalización
Lo mismo para 2009 y 2021

       Oportunidades para la biodiversidad o peligro para las personas (que no tengan cuidado), polémica servida por las distintas visiones de cómo se quieren los espacios naturales. Desde el dejar hacer a la naturaleza, aunque la tengamos pervertida, hasta la artificialización para mantener las áreas, propiedades o la seguridad física de las personas, libres de cualquier peligro, lo que también es lógico. A esto se une, al menos para mí, una muy buena política de Espacios Naturales de la C.A.M. respecto a renaturalizar esta área tan transformada, suavizando la altura de las artificiales motas y plantando especies autóctonas en las orillas y el interior de este espacio.

Dinámica fluvial y desbordamientos recientes en el Soto de las Juntas

       Yo no tenía noticia de esto, hasta que un día paseando por el Soto de las Juntas, me encontré con numerosas superficies afectadas por el río, con la aparición de nuevas zanjas, la conexión de la laguna de los Veneno con el Jarama, etc. Me picó la curiosidad y me puse a recorrer el río y estudiar esta rápida y reciente dinámica fluvial. 


        Aguas arriba del puente de Casa Eulogio se ven varias orillas recortadas por la crecida, a pesar de haberse perfilado hace algunos años, las orillas con bloques de rocas en todo su cauce; aguas abajo, cerca de la salida de la última depuradora, veo también una buena zona acarcavada hacia el río, pero desde tierra y casi sin explicación, pues no recoge ningún cauce lateral ni está afectado por el río.

Socavones en medio de la nada, desconectados de posibles corrientes, abajo punto de salida del Manzanares directo hacia el Jarama

       Pero lo importante está en el Soto de las Juntas, aquí, justo donde el río cambia en noventa grados, pasando su dirección de norte a sur, a de este a oeste, saltó tierra adentro y penetró, llegando en su momento máximo a conectar con el Jarama, dejando un surco, ampliado o abierto en callejoncillos ya cerca del Jarama. Brecha que muestra, como también aparecía en el camino principal que casi se lleva, la sucesión de estratos de basuras, escombros e incluso antiguas infraestructuras bajo el terreno.

Área desmoronada por el paso efímero de el desbordamiento y corte del terreno al borde del camino mostrando sucesivos escombros y estructuras bajo el terreno del Soto de las Juntas

     Este ramal es la muestra más evidente de desbordamiento, apareciendo varios más de menores dimensiones, en cuanto a su incisión en el terreno, aguas abajo, hasta otro que conectaba casi directamente con la laguna de los Veneno.

Punto de salida intermedio del Manzanares hacia la laguna. Véase las raíces anaranjadas de los fresnos y también el magnífico papel de la vegetación en la protección física de las orillas y la captación de los arrastres

       También aguas abajo, se ve, en el lado convexo de los meandros, como la fuerza del agua ha ido comiéndose las orillas, llegando el río hasta la inmediata vecindad del camino, cuando antes había más de diez metros. 

El río se ha comido hasta casi el camino (véase a los caminantes)
Nuevo canturral aportado por la riada

        Así mismo, la acción del río ha sido tremenda en la otra orilla, la de los magníficos cortados yesíferos, ahí se ha creado un nuevo meandro que se ha llevado una buena parte del cultivo. 

Nuevo meandro, de frente y desde arriba

        En los laterales inmediatos del río, se han depositado nuevas zonas arenosas o de cantos rodados, esas acumulaciones tan buscadas por las numerosas explotaciones de áridos que han dejado en la vega del Jarama decenas de lagunas, como las inmediatas del Porcal, uno de los mejores conjuntos lacustres del interior peninsular, sin duda muy superior al afamado Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Casi se crea un nuevo canal en paralelo al río a partir del nuevo meandro. Al fondo lagunas del Porcal

        El agua aportada por los pequeños-medianos desbordamientos, uno muy cercano a la laguna interior y otro que venía de más arriba, fueron subiendo el nivel de esta laguna, hasta un punto en que el terreno se rompió hacia el río Jarama, creando una grieta de desagüe aunque se volvió a recuperar el nivel previo de la laguna. Lo curioso es que ya pasado este episodio, el arroyuelo sigue corriendo por ese surco que conecta laguna y río Jarama.

Corte del camino por la brecha entre laguna y salida hacia el Jarama
Salida de la laguna (tapada por un árbol) y rotura del camino perimetral

    En mi opinión, el agua saliente es agua de infiltración del Manzanares a la laguna y de ésta al río, cosa que estoy seguro también pasaba antes de la riada, pero que ahora, ha quedado expuesta al aire. La presión simplemente explotó una grieta ya existente por la que corría un hilo de agua que ahora continua corriendo. Los bordes del camino roto, están precintados, pero la gente sigue pasando y ha hecho un puentecillo de piedras para no mojarse el calzado. Casi todo el mundo sigue este trazado bajando, cruzando la pequeña corriente y subiendo al antiguo camino, para terminar de dar la vuelta a la laguna y volver por su otra orilla. 

Uno de los observatorios de aves, desde donde se tomó esta foto, ha quedado basculado

       Estaba tomando fotos casi cenitales desde lo alto de los cortados, para entender lo acontecido en la ribera tras esta riada, cuando leí en una revista de Rivas, la explicación de los técnicos de la Comunidad de Madrid sobre este violento episodio. Unos técnicos que hacen un buen análisis y que proponen más estudios técnicos y plantean las alternativas actuales, reconstruir caminos o adaptarlos a la reciente dinámica y a las venideras. 

Análisis de los técnicos de la C.A.M.

        Buen artículo y buen análisis, pero esperemos que las decisiones finales tengan que ver con el dejar hacer a la naturaleza y, al menos en estos lugares, protegidos bajo la figura de Parque Regional del Sureste (o más largo: P. N. entorno a los ejes de los cursos bajos de los ríos Manzanares y Jarama), la naturaleza y la dinámica fluvial, en un lugar que apenas tiene afecciones a espacios humanizados, predomine para reconfortarnos con su variedad de ambientes y biodiversidad, para colmo, en un lugar tan accesible y cercano a Madrid capital.

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