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viernes, 20 de mayo de 2016

Serapias, ¡¡Por fin!!


Llevo ya varios años intentando realizar esta entrada sobre una de las orquídeas ibéricas más llamativas, pero por fin he podido rematar el elenco de especies para Castilla la Mancha, con la guinda de la localización de la poco común Serapias perez-chiscanoi para Ciudad Real.


Las Serapias son un género de orquídeas fácilmente identificables, las peculiaridades de su flor no aparecen en ningún otro género de orquídeas. Se caracterizan porque pétalos y sépalos forman un “casco” puntiagudo que encierra la cavidad estigmática, y por su particular labelo, estrechado en su zona central dejando una parte exterior, el epiquilo, colgado más o menos verticalmente y una interior, el hipoquilo, ensanchado formando dos lóbulos laterales que hacen de paredes laterales del casco.

Serapias lingua de tonos muy claros con la "lengua" oscura sin apenas acanalar en su interior.

   Brácteas y piezas florales suelen tener muy marcada nerviación y en general, son de tonos rojizos, aunque alguna especie o plantas, por carencia de color (hipocromatismo), sean verdoso amarillentas.


Para diferenciarlas es fundamental el epiquilo, su tamaño, posición, coloración, pilosidad y también una estructura en la base del labelo, en el interior del casco, la “lengua”, suele tratarse de un compacto resalte acanalado o no, de color oscuro.

Lengua, solo  muy ligeramente acanalada de Serapias lingua

Es un género cicrummediterráneo que en España se dá en las áreas silíceas, siendo Extremadura la región más abundante en cantidad y variedad. Se distribuyen por el oeste peninsular, desde Cádiz a Galicia, Sistema Central, partes bajas de la Cordillera Cantábrica y Pirineos, la Cataluña silícea, puntos aislados del Sistema Ibérico y Menorca, donde existe una espectacular especie endémica, Serapias nurrica que no trato aquí.

Forma de Serapias lingua relativamente parecida a S. stritiflora

A pesar de que no es un género complicado de orquídeas, como otras que ahora mismo no sabría como nombrar, hay tendencia a separar especies con características diferenciales, como Serapias occidentalis (labelo intermedio entre S.cordigera y S. vomeracea) o Serapias strictiflora subsp. elsae (intermedia entre S. strictiflora y S. cordigera).


La especie más común y abundante es Serapias lingua, tiene buena capacidad colonizadora. Es muy variable como podéis ver en las fotos, pero es fácilmente reconocible por su "lengua" fácilmente distinguible en el interior de la garganta (casco) de la flor, compacta y sin apenas acanaladura. 

Para complicar la búsqueda de S. perez-chiscanoi, aparecen forma claras de S. lingua

Serapias lingua es de ambientes húmedos temporalmente, aparece en los bonales, solo en las partes más secas y también en todo tipo de vaguadas e incluso jardines regados, donde compite con éxito con las gramíneas.

Serapias cordigera con un huésped

Serapias cordigera es una planta mayor que la anterior, a veces con varios tallos, una flor mucho mayor y enorme labelo y acorazonado (cordígera), aunque puede aparecer alguna hipocromática, casi siempre es de tonos rojo oscuro y brácteas grisáceas. Faltando Serapias nurrica en estos territorios, menorquina, es difícil de confundir.

Serapias vomeracea, foto de Gonzalo Moreno Moral para Flora Ibérica 

Serapias vomeracea es parecida a la anterior, aunque suele presentar una mayor talla, siendo más estilizada. Parece una S. lingua a lo bestia, alta y corpulenta, de labelo perfectamente triangular y los mismos tonos que S. cordigera. Tiene una distribución mucho más puntual que las anteriores, este de Badajoz (su núcleo más extenso), suroeste de Cáceres, Guadarrama, Costa Brava y puntos aislados de Salamanca. Supuestamente está en el extremo oeste de Ciudad Real, pero no la he encontrado.

Curioso ejemplar de Serapias lingua bicolor


Serapias parviflora

Serapias parviflora, como indica su nombre latino, es de flor pequeñita aunque la planta es grande, tiene un labelo triangular mínimo, siendo grande la desproporción entre la altura de la planta y lo pequeño de las flores, mucho menores que las brácteas que la acompañan. Presenta, como S. lingua una gran variedad de tonalidades y no es raro encontrar ejemplares hipocromáticos. Es de ambientes con humedad duradera, bonales y bordes de arroyos y cunetas. Está por todo el suroeste ibérico, norte centro-oriental y puntos dispersos desde Galicia a Levante.

Ejemplar hipocromático de Serapias parviflora no muy lejos de donde estaba S. perez-chiscanoi

Serapias strictiflora, se parece mucho a S. lingua, incluso tiene una lengua parecida aunque algo más  dividida. Es en todo mucho más delgada (stricti) que ella, con una lengua muy fina, a veces horizontal o curvada. Aparece en los extremos del suroeste, fundamentalmente en Cádiz y Huelva, pero no llega al centro peninsular.

Serapias strictiflora, foto de Gonzalo Moreno Moral para Flora Ibérica

Serapias perez-chiscanoi era la especie más localizada de todas. En un principio se denominó S. viridis, un nombre que yo abogaría porque retornase. Aunque su descubridor D. José Luis Pérez Chiscano merezca todos los honores y alguno más, por su labor investigadora y defensora del medio ambiente, no concibo nombres de personas en seres vivos o en accidentes naturales. Esta especie es claramente verdiamarilla con una marcada nerviación roja; solo en Portugal aparecen ejemplares más rojizos.

Por fin se dejó ver la muy escasa Serapias perez-chiscanoi

Esta Serapias apareció cerca del Guadiana, siempre en su parte sur y se creía exclusiva de Badajoz; luego apareció en el sur de Cáceres y era una orquídea propia de la cuenca del Guadiana. Más tarde apareció en el noroeste de Cáceres y siguió siendo un endemismo extremeño. Pero la cosa empezó a cambiar al descubrirse una población en La Jara toledana.


        A partir de entonces se comprobó que se había extinguido de varias poblaciones iniciales y, dada su escasez, entró en la triste lista de especies "en peligro de extinción", de la que salió al par de años, para considerarse “vulnerable” tras descubrirse una muy buena población en el centro de Badajoz. Ya más adelante se encontraron más localizaciones allí, al sur del Guadiana y, hace un par de años, otra en los  toledanos Quintos de Mora.



Tenía que aparecer en Ciudad Real. Para mí es una especie claramente luso-extremadurense, si bien no sube por encima de los 650m y no soporta el frío. En 2010 encontré en un blog una entrada de Jesús Víctor García y María Dolores Fernández, con el hallazgo de esta orquídea en un pueblo del oeste de Ciudad Real, desde entonces he ido hasta seis veces hasta allí para localizarla, pero sin éxito.

Enorme ejemplar de Serapias perez-chiscanoi fotografiado por Jesús Víctor García

     Tras un intento fallido con mi amigo Valentín Rubio en La Puebla de Don Rodrigo, (por culpa de ejemplares hipocromáticos de otras especies), y otro en la localidad actual  sin encontrarla, este año hemos repetido el viaje con Leovigildo Flox e Iván Fernández (que fue quien gritó “aquí está”), todos buenos conocedores de las orquídeas y de los bonales de Ciudad Real, (a parte de Ramiro García Río), y por fin apareció la susodicha.

Un bello acompañante de las Serapias luso-extremadurenses es la Scilla ramburei

Como dice mi amigo Daniel Sánchez, "una planta no existe hasta que no está en un pliego de herbario”. Pues esta planta va a seguir sin existir hasta que no encuentre más poblaciones y numerosas, pues no pienso arrancar ni una. Es más creo que allí está en serio peligro. Las que encontramos no estaban en “su sitio”, sino en el vecino jaral, un jaral-brezal bastante húmedo, pero esta es planta de pastizal, no hace falta que sea demasiado húmedo, de un bonal se quedaría en los márgenes, no iría dentro como S. cordigera.


Algo me dice que las plantas de las praderas de ese bonalillo fueron arrancadas, pues eran grandes ejemplares adultos y muy visibles, con muchas flores y que estarían en pleno vigor en el momento en el que fuimos o cuando fui yo otros años. Estos terrenos son de varios particulares, por su llamativa belleza, para trasplantarlas a un jardín particular o por miedo a que les “quiten” terreno para proteger unas hierbas que no van a ninguna parte, puede haber espoleado a que algún “avispado” para quitarlas de en medio y "muerto el perro se acabó la rabia".

Por la forma acorazonada se trata de ...

       Pero no hace falta ese miedo a una compra-expropiación-limitación de usos;  una cercana localización en otro bonalejo, este año aparecía cercado y con un rebaño de ovejas en su interior, con lo que las orquídeas que abundaban el año pasado, este año eran inimaginables. La parcela de al lado, también con algo de bonal, quemada; otra parcela arada a fondo,...


La gente tiene la idea general de las orquídeas  como plantas selváticas o de floristería, pero si se parasen un momento a observar la belleza de estas “pequeñas” joyas, no dudarían en hacer lo posible por garantizar su existencia e incluso, su abundancia. Las poblaciones desaparecidas en Badajoz, responden a un arado de la tierra sin más. Sobre el papel están protegidas, pero no existe un mínimo control sobre el terreno de las buenas poblaciones o de aquellas más en riesgo. Hoy hay lugares (al menos dos en Extremadura) que presentan orquidiarios y rutas de la orquídea, amparados por las instituciones, haciendo valer su belleza y la de los pueblos y lugares vecinos, enorgulleciendo a propios y extraños de estas maravillas de la naturaleza, sigamos su ejemplo y pregonemos su valor y su belleza.




jueves, 12 de mayo de 2016

Los Arenales del caudaloso Guadyerbas


      Sigo a vueltas con los arenales, despúes de estudiar los de Villarrubia de los Ojos y algunos arenales costeros, voy con algunos arenales en buen estado que quedan por el interior peninsular.
Los arenales del Guadyerbas pueden ser uno de los mejor conservados de la sub-meseta sur, no son ni mucho menos los mayores, para eso está el hiper-cultivado Campo de San Juan en Ciudad Real, pero dado el estado general de este tipo de ecosistemas, bajo la teórica protección de la Directiva Hábitats, no nos podemos quejar.

El alcornocal suele sustituir al encinar en estos terrenos más arenosos

Como con otros ecosistemas puntuales y aislados, como puedan ser los bonales, su aparición con su medio físico, su geotopo sin alterar y con las especies vegetales que le son propias, se antoja algo especial y chocante. Con el paso del tiempo, más información y un poco de imaginación, no es difícil constatar que este tipo de medios tan puntuales, en otros tiempos eran desdeñados por el agricultor y bastante más abundantes que hoy y no tan inconexos, como se podría pensar.

Áreas de pastizal y cereales en los Llanos de Velada que se extiende muchos km2 hacia el oeste

Las acumulaciones arenosas son bastante comunes, al menos en la mitad silícea ibérica, casi todas tienen que ver con la alteración de los granitos que terminan convertidos en arenas gruesas por los distintos procesos erosivos y removidas a las zonas bajas por las aguas y en contadas ocasiones, como ésta, por unos vientos constantes y moderados.


      Los ríos de esta región, al llegar a áreas de escasa pendiente tienen un drenaje indeciso y variable, espacial y temporalmente, creando con su cambiante recorrido, amplias superficies arenosas que son finalmente asentadas por la vegetación, a no ser que de nuevo las aguas o  un viento persistente, las torne de nuevo móviles y acumulables en determinados lugares.

Al norte del Guadyerbas un relieve duro, montuoso y adehesado; al sur el Baldío y los Llanos de Velada

Esta zona de la que hablamos se encuentra a medio camino entre el Tajo y el Tiétar, rodeada por ligeras elevaciones, crecientes hacia el este, que hacen de embudo frente a los vientos constantes del oeste a suroeste. Hacia poniente pronto desaparecen las dos pequeñas alineaciones montuosas que separan el valle del Guadyerbas del Tajo y del Tiétar respectivamente, y el interfluvio entre ambos ríos apenas resalta entre ellos. Es la gran zona detrítica entre las estribaciones de Gredos al norte, y las Villuercas al sur. Es el Campo Arañuelo, continuado en Toledo por la Campana de Oropesa. Toda esta área actuó de área fuente para las finas arenas que se acumularon en los Llanos de Velada.

Forma ovalada del alvéolo  granítico del Baldío de Velada

A esta disposición geográfica de orografía y sedimentos, se une la disposición del terreno granítico sobre el que se asientan los arenales. A parte de los glacis o piedemontes, (arenosos también) del Berrocal que lo separa de Talavera, una buena parte de las arenas se localizan en un gran alvéolo granítico, un área de confluencia de fracturas que produjeron finalmente un área deprimida de forma oval, rellenada por arenas fluviales, traídas de la montaña del Piélago por el Guadyerbas (el caudaloso Guadyerbas como decía con guasa mi abuelo), y por los vientos del oeste, por el gran área deprimida del arroyo de los Huertos-Alcañizo en el interfluvio Tajo-Tiétar.

Entre el alcornocal aparecen arroyos y charcas que drenan la llanura cerca del Guadyerbas

Bajo este manto arenoso se encuentra el acuífero de Velada; hacia dicho pueblo más profundo y hacia el Guadyerbas, somero puntualmente, alimentando algunos manantiales y pequeños arroyos que nos sorprenden con una vegetación de rasgos norteños y atlánticos en medio de una reseca llanura. Hace bastantes años casi no me podía creer la presencia de robles melojos, quejigos portugueses e incluso alisos, entre espesos brezales, zarzales y helechares en esta región. A ese elenco, se le une algún manzano silvestre y plantas de carácter atlántico como Genista anglica, G. tinctorea, Serapias cordigera, Succisella microcephala, Lobelia urens, etc. Por lo que al difícil carácter sabulícola de la vegetación hay que añadirle esos “bonales” y arroyos llenos de vida.

Este año  bueno de lluvias la orquídea Serapias cordigera aparece en más zonas deprimidas que el típico bonal

El ecosistema dominante es el alcornocal, hasta tal punto en algunos momentos los grandes alcornoque semejan las “pajareras” de Doñana, incluso una de las plantas características, exclusiva de estas arenas, el Halimium calycinum, también forma paisajes en Doñana y solo faltaría el Halimium halimifolium para poder llamar a este matorral igual que lo hacen allí: “monte blanco”, cosa que casi se consigue gracias a otro protagonista especial de esta vegetación, el codeso Adenocarpus aureus. Algún punto he conocido más al oeste, en el límite con Cáceres en que la unión de este codeso y la retama blanca Cytisus multiflorus, sí que pintan el monte de blanco. Pero aquí en Velada esta escoba blanca aparece solo al oeste del arenal.

El plateado Adenocarpus aureus poco antes de su espectacular floración, Cachis!!

Fuera de la vegetación algo relacionada con el agua, dominan las cistáceas del género Halimium: H. calycinum, H. umbellatum subsp. viscosum y H. ocymoides. Hace unos años vine aquí para afotar el H. calycinum y me llevé H. ocymoides por un error que luego me recordarían. Ahora he visto que la flor es muy parecida, pero que no coinciden casi ni en época de floración. Todos ellos aparecen mezclados con el abundante Adenocarpus aureus, y cogerlos en los escasos días en que todos coinciden en su floración es algo espectacular.

Halimium ocymoides a la izquierda, sin florecer y H. calycinum a la derecha. No confundir

Halimium calycinum entre ramas secas por la sequía de estos dos últimos años

       Otras jaras que aparecen son Cistus salvifolius, relativamente abundante y C. psilosepalus, ya más relacionada con la humedad edáfica y la sombra. Podemos ver dispersos torviscos Daphne gnidium, piruétanos (Pyrus bourgaena) y en enclaves algo elevados o pedregosos al cantueso Lavandula stoechas susbsp. sampaioana. La jara pringosa solo aparece fuera del arenal en las laderas del norte.

La jarilla blanca (Halimium umbellatum subsp. viscosum junto a H. calycinum)

Cistus  salvifolius creciendo en medio de las arenas

Cistus psilosepalus cerca de un arroyo y protegida por los alcornoques

Esta es la vegetación arbustiva, pero la vegetación de escasa talla, está tan fuertemente adaptada al sustrato arenoso que muchas especies solo pueden medrar en este medio. De entre las especialistas (Andryala arenaria, Erodium pulverulentum, Linaria spartea, Corynephorus canescens, Rumex bucephalophorus, Euphorbia matritensis, etc.), destacan la pequeña matilla Mercuriales elíptica y sobre todo, Thymalea lythroides que no pude encontrar, una rareza que solo crece aquí y en otra única localidad sevillana muy parecida a esta y en el gran alcornocal marroquí de Mámora.

No me cabe duda que el alcornocal sobre arenas es vegetación permanente con su flora asociada

Realmente la vegetación de las arenas en toda esta región (incluyendo los arenales del Tajo, Alberche y Perales), vienen marcados por la presencia de Adenocarpus aureus, que ha llegado a verse incluso en arenales de Retamares-Alcorcón en Madrid. Estos arenales cada vez más escasos, aparecen en las áreas señaladas y en las cercanías del Alberche en Talavera, al sur de Gamonal y puntualmente en áreas deprimidas del interfluvio Tiétar-Tajo entre Toledo y Cáceres. Muchos de estos puntos se encuentran en proceso de recuperación. El Halimium calycinum llegó a estar en los areneros del Manzanares en Rivas según Cutanda (Madrid) y cada día es más escaso en Fuente el Fresno. Pero es muy fácil de reintroducir en estos puntos que estoy citando, para recuperar un ambiente que está viviendo sus últimos días si no los protegemos debidamente.

La belleza de esta planta ha desaparecido de casi todas partes, pero puede  volver de nuevo a ellas.
Insisto, no confundir la anterior Halimium calycinum con H.  ocymoides, la siguiente:


Afortunadamente estamos en una zona protegida como “Reserva fluvial de los Sotos del Guadyerbas y arenales del Baldío de Velada” desde 2002, además de formar parte del L.I.C. “Sierra de San Vicente y valles del Tiétar y Alberche”. Pero esto no es garantía de conservación como he podido comprobar. Existe una práctica perversa en gran parte, al menos, de Castilla la Mancha que cosiste en reforestar para acogerse a las ayudas para tal fin, sobre terrenos ya forestados. 

Estos terrenos ya tiene una producción corchera, una repoblación conduciría a una espaciación del arbolado compitiendo por el agua y los nutrientes, parecida a la anterior a la repoblación.

      Es destrozar un terreno para cultivar encinas, pinos o alcornoques alineados y tener garantizados unos dineros anuales hasta que dicho monte pueda producir por sí mismo. La perversión del asunto es que usualmente no se trata de superficies deforestadas, sino usualmente de un buen mosaico de árboles, arbustos y pastizal, muy aptos para el pastoreo y para la biodiversidad del medio. Aún peor es que se introduzcan especies foráneas que empeoran la situación más que si se tratase de terrenos deforestados.

Se puede observar aquí la trama asurcada de la repoblación realizada hace algunos años en el arenal

Como se puede apreciar en las imágenes de satélite, una gran parte de la superficie del Baldío de Velada fue roturado para plantar alcornoques y pinos, aunque al parecer la situación ha ido revertiendo hacia su naturalidad y homogeneización con los terrenos vecinos.

El cantueso  aparece como las encinas, al exterior del arenal y fuera de la humedad

    Algunos pinos siguen adelante al igual que bastantes alcornoques y llama la atención la facilidad con la que arraigan de manera espontánea los pinos en estas arenas, y es que pienso que es la ecología oportunista del pino la que no tiene competencia, a pesar de la idoneidad del alcornoque que tiene en contra su escaso  reclutamiento y lentitud de crecimiento.

No es raro encontrar algún pino creciendo entre jarillas y helechos en el arenal

Toda esta región tiene una clara vocación ganadera, como bien muestra la Cañada Real que a partir de la cola del pantano de Navalcán va hacia el oeste y que todavía se usa para la transhumancia. Las partes algo más altas de los Llanos de Velada, siguen con su clásica tradición de cultivo de las  célebres sandías de Velada, algo que a pesar de los tiempos sigue siendo bastante productivo, como se puede constatar con los numerosos sombrajos apostados en la carretera para su venta en pleno rigor veraniego.

Entre las muchas plantas que ví, me llamaron la atención los altramuces. El azul Lupinus angustifolius, el rosado L. hispanicus y, abajo el amarillo, L. luteus.


      La conexión de las áreas bajas luso-extremadurenses, desde Campo Arañuelo hasta las cumbres del Piélago con sus fantásticos robledales que ya quisiera Gredos para sí, son de libro, con una catena vegetal en muy buen estado de conservación. En medio de ese ecológico viaje, aparece como una isla cargada de biodiversidad, esos sotos y arenales del Guadyerbas, con sus áreas higrófilas de carácter norteño y sus arenales emparentados con el suroeste andaluz y marruecos.



domingo, 31 de agosto de 2014

Abedulares Manchegos




            Sí,  has  leído bien,  aunque donde los abedules se encuentran no es la llanura manchega,  sí que se trata de Castilla la Mancha, en concreto, el oeste de Ciudad Real, en su porción norte y central,  y parte del suroeste de Toledo, sin llegar a Extremadura. También existen algunos abedules en altas áreas puntuales del Sistema Ibérico de Cuenca y Guadalajara, pero estos ya tienen otra ecología más en consonancia con la idea de bosque atlántico-alpino que los abedules suelen transmitir; pero estos otros, son los abedules más mediterráneos y termófilos del mundo al ser el abedul un árbol de distribución circumboreal y los pocos que hay en las montañas del Riff marroquí, están en altas cotas altitudinales.



            Cuando hace años, apenas conocía varias localidades en Gredos y me enteré de que en Ciudad Real había abedules, apenas me lo creía. Me dediqué a buscarlos infructuosamente por aquellas carreteras. Eso sí, descubrí la existencia de quien siempre, desde lejos, me engañaba con su blanca corteza y recto fuste, un álamo desdeñado por los estudiosos, entre el álamo blanco (Populus alba) y el temblón (Populus tremula) de tronco muy recto y corteza apenas maculada. Un “alamillo” oretano, de distribución poco más extensa que este abedul.

Alamillos oretanos con el  mismo aspecto y ecología que los abedules


            Posteriormente, viajando por los montes hacia el gran Cíjara, sí di con ejemplares sueltos, en alguna fuentes y cabecera de arroyo. Por fin los había visto y a partir de ahí fui descubriendo la mayoría de las localidades, menos dos o tres a las que intenté llegar, pero los altos vallados cinegéticos, la video-vigilancia o la larguísima aproximación que hacía necesario echar el día entero o pernoctar, me hicieron desistir, quedándome cerca.



            El abedul luso-extremeño, como le llamaba uno de sus descubridores, D. Manuel Peinado Lorca, no es exclusivamente oretano, aunque hay que señalar que lo de los abedules ibéricos son un galimatías en el que no ha quiso “mojarse” nuestra Biblia botánica, Flora Ibérica, pues prácticamente se adaptó Flora Europea a la península. Más acertada veo la escuela de Salvador Rivas-Martínez que, aparte de mostrar las pequeñas diferencias morfológicas entre las especies, sí establece unas diferencias ecológicas y corológicas muy claras, al menos en  Betula pubescens.



En la península hay dos grandes grupos de abedules, los más alpino-atlánticos, Betula pubescens (B. alba) y los más mediterráneos Betula pendula. Los primeros tienen las subespecies carpatica (pirenaicos), pubescens (atlánticos) y celtiberica (extra atlántico-pirenaicos). Betula pendula tiene las subespecies pendula y fontqueri, contando el primero con la variedad pendula y meridionalis, y el segundo con las variedades, fontqueri y parvibracteata. Los alpinos llegan a los Sistemas Central e Ibérico (Betula pubescens subsp. celtiberica), y los segundos son de las altas montañas andaluzo-rifeñas con irradiaciones hacia el norte, dándose el caso de que en algunas localidades puedan vivir ambos abedules, como en puntos del sur de Ayllón y el norte de Gredos; en esas localidades, los requerimientos ecológicos son distintos, asentándose unos en las pedreras y cauces encajados del límite superior del bosque, y los norteños en situaciones riparias o turbosas de cotas inferiores.



            El abedul que habita desde los montes de Toledo hasta el Guadiana es el Betula pendula subsp. fontqueri var. parvibracteata, son los abedules que viven en las condiciones más térmicas y mediterráneas del mundo, y han sobrevivido hasta hoy, casi milagrosamente, dado el buen estado de conservación de estas zonas del suroeste ibérico. Aunque algunas localidades, como su mejor y mayor población, la de Riofrío, se libraron de la repoblación salvaje con pinos por asentarse en terrenos demasiado húmedos para máquinas y pinos.



D. Salvador Rivas Goday llegó a conocerlos en el los cercanos Valle de la Viuda y el Gargantón, localildades que no superaron el atentado ecológico en  toda regla que supuso el aterrazamiento previo al pinar. Su areal se supone que fue mucho mayor en el pasado, constituyendo la clímax forestal de la vegetación de bonales y  arroyos iniciales de aguas puras, casi-permanentes, sobre suelos ácidos del sur de Gata y Gredos, Montes de Toledo y norte de Sierra Morena y estribaciones. Si el agua fuese más permanente sería desplazado por alisos o álamos, y si fuese menos permanente, tampoco podrían vivir, aunque viéndolos sobrevivir en pleno agosto o septiembre, parece creíble que puedan soportarlo todo.

Remanso con Potamogeton polygonoides y nomeolvides en el borde de un abedular


          Este árbol como he dicho es la cabeza de una serie de vegetación riparia exclusivamente manchega, desapareciendo el abedul, la etapa siguiente es una arbusteda higrófila comandada por dos especies, aparte de varios tipos de brezos y helechos, el hediondo, como llaman por estos montes al arranclán (Frangula alnus) y el espléndido y fragante mirto de turbera (Myrica gale), al que dedicaré alguna entrada para reafirmar el enorme valor y significancia de su presencia en estos lugares que aún está lejos de reconocérsele.

Rodal de mirto de Bravante (Myrica gale) en el  interior  de  un  abedular


En una ignota localidad puede verse (quien pueda llegar), una mezcla impensable, el abedul mezclado con el loro (Prunus lusitánica), no de forma puntual  como al norte de Montes de Toledo, sino  en una larga banda,  con el abedul en el contacto con la ladera y, mezclados y en paralelo, el loro, más en contacto con el arroyo. Pero esta coincidencia no es tan impensable pues su ecología es potencialmente la misma, de hecho creo que de no ser por la apetencia del hombre sobre su madera o por el ramoneo de sus hojas, en las cacereñas Villuercas compartiría el protagonismo de las cabeceras de los valles con las loreras. Su memoria ya casi se ha perdido, pero recuerdo pastores que me comentaban que daban el ramón del “aliso blanco” a sus animales a finales de verano, cuando apenas tenían qué comer.

Pajonal con arranclanes, brezos y algún madroño, atrás los abedules


A partir de la arbusteda de brezos, hediondos y mirtos, la vegetación viene a ser una mezcla entre la clásica vegetación riparia y la de los bonales, aunque quizás posee una peculiaridad distintiva en su orla espinosa, la participación en el zarzal-espinar de la bella trepadora Clematis campaniflora, una clemátide de apetencias termófilas de los arroyos del suroeste ibérico, como también ocurre con la parra silvestre.

La trepadora clemátide acampanada, acompaña a los abedulares más térmicos

Es más fácil ver abedules dispersos que abedulares, bosquetes hay solo en tres o cuatro gargantas del norte de Montes de Toledo, varios en Cabañeros, con mucho ejemplar disperso; alguno protegido por el silencio comprado por un moderno señor feudal de turno, uno cerca del Bullaque y otro en uno de sus tributarios (valle del Beato) y dos más al sur, el de los Horcones y, la localidad más celebrada, Ríofrío, donde llegan a bajar de los 600m. de altitud, ambos ya muy cercanos al río Guadiana.



La localidad de los Horcones, también conocida como Valdelapedriza o Santa María, ya era bien conocida por los lugareños antes de un trabajo botánico que los dio a conocer, de extraña adscripción geógrafica, sobre varias fincas dispersas y Piedrabuena, inmediatamente al norte del Guadiana. Una de las zonas clave para un futurible Parque Nacional del Guadiana y que recientemente acaba de ser adornada con una enorme pista de aterrizaje en las fincas de la familia Botín, familia que al menos en Cantabria, ha tenido en consideración los árboles singulares de esa tierra y que aquí poseen unas enormes fincas, dignas de ser Parque Nacional, con algunos de estos abedules.

Macizo de helechos Blechnum spicant acompañante típico de estos abedulares

Una característica típica de este abedul, consiste en la ausencia de pilosidad de las ramas jóvenes; un  día al acercarme al abedular de la Ventilla, pensé que debería estar confundido y que realmente lo típico era esa pilosidad (aún no sabía que a Betula alba le  llamaban B. pubescens). Poco tiempo después, leyendo un artículo sobre el abedul en los Montes de Toledo, descubrí que precisamente esa localidad era la única en que existía el otro abedul, Bétula pubescens subsp. celtiberica.


Canal ¿artificial? en el abedular  de la Ventilla

    Pero ésta es una localidad en sospecha, las aguas del bonal se ven (algo) dirigidas por antiguas canalizaciones y no hace mucho, a su vera había un variado plantel de especies exóticas, por eso hay quien dice que esos abedules fueron introducidos. Aún así la conjunción con el medio es perfecta y los abedules se han mantenido sin ningún tipo de artificialidad, lo que apunta, por otro lado,  a su naturalidad.



En una  buena turbera de los montes toledanos se re-introdujeron los abedules con un resultado magnífico y si no fuera por la desmesurada presión de los herbíboros, (no olvidemos que en su práctica totalidad se encuentran en grandes fincas cinegéticas), estaríamos hablando de un tipo de bosque en expansión. Pero ocurre todo lo contrario, apenas hay plantones, y eso que se trata de una  especie muy  prolífica, porque en cuanto nace un plantón, hay verdadera competencia por comérselo o por bañarse encima, como ocurre en estos lugares tan proclives a ser bañaderos de los jabalíes.

Bañera de jabalíes en un bonal con pajonal que alimenta al abedular


En principio las grandes fincas cinegéticas han sido un factor clave para su supervivencia, al conservar grandes espacios ajenos al mercantilismo agropecuario de quienes necesitan hacer productiva la tierra, pero hoy en día las altas densidades de jabalíes y ungulados, en prácticamente todas estas fincas (es más productiva la caza que la agricultura), están llevando a la decrepitud y falta de relevo poblacional de los abedulares, lo que apunta a un futuro muy negro para este árbol tan blanco, máxime si le sumamos el previsible efecto, del cambio climático.

Ejemplar centenario en una localidad sin apenas  relevo  generacional


El  abedul podría vivir casi en cualquier bonal o arroyuelo limpio, desde el sur de Gredos-Gata hasta  Sierra Morena, en Extremadura y en todo el oeste de Castilla la Mancha. No se le ha dado la  importancia que tiene y estamos cerca de quedarnos sin la cabeza de serie, sin la vegetación clímax de ese ecosistema de bonales y arroyos en buen estado de toda esta gran región. Ya se ha comprobado que es fácil y factible su recuperación, a pesar de los años hidrológicamente malos, siempre y cuando no se les agreda y se impida que los hervívoros esquilmen sus renuevos.

Nido de azor sobre un abedul


Desde aquí llamo a la sensatez (?) de las autoridades  responsables de velar por una  naturaleza que es  de todos, no solo de cuatro cazadores, generen o no, puestos de trabajo, en un medio rural que a pesar de la devacle poblacional sigue despoblándose. Con poco más que pequeños cercados temporales o algunas repoblaciones idóneas, podríamos contribuir a la salud y diversidad de un medio ambiente que posee especies tan señeras y llamativas como ésta.

Raíces del abedul impidiendo la erosión de los suelos estos años pasados de abundantes precipitaciones

"Dedicado a Lansky"

No he podido evitar introducir, aunque alargue esta entrada, una aclaración taxonómica de un estudioso de los abedules de esta región, Santiago Sardinero:


 - Desde el punto de vista taxonómico lo más simple es que hay dos niveles de ploidía: diploides 2n=28 (grupo pendula), y tetraploides 2n=56 (grupo pubescens, =alba).

Los pendulas eurosiberianos se caracterizan por tener sámaras largas y estrechas con alas grandes, lo que les da largos vuelos para colonizar nuevas localidades en climas templados centroeuropeos con lluvia de verano. Tienen las ramitas glabras. El limbo de las hojas es biseriado.

Los pubescens eurosiberianos tienen las sámaras más cortas y anchas, con alas más pequeñas y suelen estar asociados a hábitats más húmedos, como por ejemplo, turberas colmatadas. Tienen las ramitas peludas. El limbo de las hojas tiende a ser uniseriado.

Los dos grupos mantienen su independencia debido a la incompatibilidad sexual derivada de su diferente ploidía. Pero esta incompatibilidad no es insuperable. Existen bastantes trabajos que estudian fenómenos de introgresión bidireccional.

La adaptación más importante del grupo pendula en su camino hacia el sur, sería la progresiva disminución del tamaño de las alas y de la longitud de la sámara ("pubescenización de B. pendula). Así en las pedreras pirenaicas Moreno y Peinado describieron ya una B. pendula var. meridionalis, que luego se transforma en B. fontqueri y por último en B. parvibracteata. A medida que el hábitat se hace más pequeño debido a la aridificación del clima, las sámaras tienen que volar menos o "se salen" de su hábitat. En mi tesis conté cromosomas en los fonqueri gredenses, que en meiosis n=14, y en mitosis radicular 2n=28. Algunos entraban en parvibracteata, aunque no lo dije en el catálogo florístico. El óptimo de B. parvibracteata está en las cabeceras de los arroyos de los Montes de Toledo, asociados a aguas nacientes oligótrofas que no dejan de manar en verano. B. fontqueri en la Garganta de los Caballeros (Gredos occidental) está en umbrías pedregosas que recuerdan a las pedreras pirenaicas con B. pendulas var. meridionalis. En Somosierra hay un par de valles repletos de B. fontqueri. También en Sierra Nevada y el Rif norteafricano, de donde Rothmaler describió la especie. La vía de migración que me parece más verosímil para B. fontqueri sería desde el Sistema Ibérico al Sistema Central, Valle del Jerte y por Monfragüe llegaría hasta los Montes de Toledo; por el camino sus brácteas y sámaras se irían haciendo más pequeñas (parvibracteización de B. fontqueri). 

La adaptación más importante del grupo pubescens en su camino hacia el sur, sería la aparición de glándulas que aparecen junto con lo pelos típicos en las ramillas, así como la "biserración" del limbo foliar ("pendulización de B. pubescens"). Su óptimo, donde forman abedulares, son las turberas colmatadas como en La Ventilla (Cabañeros), turberas de Navalonguilla-Navalguijo (Gredos occidental). Individuos aislados salen por aquí y por allá.

Desde el punto de vista taxonómico, los tetraploides serían del grupo B. pubescens (2n=56) y los diploides serían del grupo B. pendula (2n=28). Peinado & Moreno, para las poblaciones de los Montes de Toledo, en Flora iberica lo que hacen es ir colgando táxones jerarquicamente hasta llegar a B. pendula subsp. fontqueri var. meridionalis, que es un salto enorme desde la descripción de B. parvibracteata como especie por Velasco (de especie a variedad). Una opción más moderada es el reconocimiento de B. fontqueri como especie y B. fontqueri subsp. parvibracteata como subespecie para las poblaciones de los Montes de Toledo. Serían los diploides iberonorteafricanos mediterráneos, un concepto muy bonito.

Del mismo modo se reconoce B. pubescens subsp. celtiberica como un tetraploide pendulizado, con glándulas y limbo foliar sub-biserrado. Un tetraploide ibérico, otro bonito concepto.
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