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domingo, 31 de enero de 2016

“Timberline”. La Fragilidad del Límite Superior del Bosque


     El límite superior del bosque, el “Timberline” de los países anglosajones, nos remite directamente a la idea de alta montaña que a diferencia de la baja o media montaña y obviando discutibles criterios altitudinales, es aquella que posee una franja altitudinal superior carente de vegetación forestal natural. Es significativo el nombre alemán de esta línea: “Krummholz” que literalmente significa madera retorcida, debido a las duras condiciones que tienen que soportar los últimos árboles del bosque, pues aparecen enanizados, retorcidos e incluso, tocados por el rayo.






















   Esta zona, muy desnaturalizada en los últimos tiempos, presenta unas características ecológicas que la hacen diferente y  peculiar. Es ecológicamente un medio fronterizo, un ecotono, la zona intermedia entre dos mundos, entre dos medios vegetales dinámicamente muy diferentes, el arbóreo y el arbustivo.


Pedreras inestabilizadas por el hielo y la escorrentía en los tubos de Cabezas de Hierro

   Aquí la crudeza climática y los procesos geomorfológicos asociados, marcan un límite altitudinal, más o menos neto, al desarrollo de la vegetación de gran talla. A partir de esta línea solo en refugios, bajo condiciones microclimáticas más favorables, podremos encontrar algún arbol. El relevo de lo forestal lo toma la vegetación arbustiva con lo que las características edáficas, lumínicas y microclimáticas cambian por dejar de ser nemorales, aunque tenemos la riqueza combinada de esos dos mundos.

En la Cantábrica pasamos  del bosque a un gran brezal-tojal con escobas

     El clima se caracteriza por un descenso generalizado de la temperatura, la acción persistente del viento y la mayor cuantía de las precipitaciones, siendo las invernales mayormente en forma de nieve. Las precipitaciones se ven potenciadas por la altitud y, en muchos casos, también por el efecto de pantalla orográfica frente a la circulación general de los vientos dominantes.

Tras el fuego las fuertes lluvias del sur de Gredos erosionaron brutalmente estas laderas

     Al disminuir la temperatura y aumentar la precipitación, dentro del macrobioclima mediterráneo se hace posible la existencia de numerosas especies de carácter atlántico o eurosiberiano. En muchos sistemas montañosos del centro y norte ibérico, en razón al incremento de la altura pasamos directamente de estar bajo un macrobioclima mediterráneo al templado, lo que lleva asociado todo un cambio vegetacional y una neta frontera biogeográfica en esas mismas laderas.

En las montañas templadas el límite del bosque  viene marcado por los abedulares, situados por encima del hayedo

         Los factores climáticos aquí, salvo el aumento de precipitaciones, son limitantes de la actividad vegetal y ponen en marcha procesos apenas relevantes en áreas inferiores, como son todos aquellos relacionados con la congelación del agua en el interior del suelo. Los ciclos diarios o estacionales de congelación/deshielo actúan enérgicamente sobre la capa superficial del suelo inestabilizándolo o sobre el material rocoso, cuarteándolo y arenizándolo; Ciclos de mayor duración crean en el interior del suelo vejigas o hinchazones de proporciones muy variables, fenómeno llamativo principalmente en las zonas húmedas, siendo capaces de, por gravedad, movilizar masas de terreno. 

Lóbulo solifluidal de barro y césped  fluyendo entre pinos que sufren el "efecto bandera" del fuerte viento dominante

        La congelación de los suelos queda amortiguada por la presencia de la vegetación, aunque un régimen hídrico potenciado por precipitaciones puntualmente importantes y los deshielos pueden combinase peligrosamente. Esto queda patente cuando desaparece la cubierta vegetal y se producen, avalanchas de terreno, acarcavamientos o grandes surcos torrenciales que hacen desaparecer la rica capa superficial del suelo. Estos materiales arrastrados colmatan las pozas de las gargantas y, río abajo, el fondo de los pantanos.

Estos pinos sujetan con sus raíces el suelo y los materiales rocosos en  el borde de la garganta

      Esta es la zona con mayor  biodiversidad de la montaña, pues la condición fronteriza y su variada topografía crea un gran mosaico de microhábitats. Los ambientes van de lo rupícola a lo megafórbico, de lo heliófilo a lo esciófilo, de las condiciones más xéricas, impuestas por la exposición a los agentes atmosféricos: sol, vientos, una rápida escorrentía, etcétera; a las más higrófilas: umbrías, abundancia de manantiales, sombras topográficas,.. Por esto aquí aparecen cercanos reductos de la flora cacuminal y de la flora de cotas inferiores.

Abedulares sobre el pinar de Lillo marcando el límite del bosque

     Es por esta mezcolanza de ambientes ecológicos una zona de hibridación; especies adaptadas a uno u otro medio se encuentran aquí en vecindad; no en el mismo nicho ecológico, pero en nichos que están muy próximos: son áreas idóneas para la especiación. Por ejemplo, en Gredos el caso de las santolinas o de los tomillos. Santolina oblongifolia de cotas altas y S. rosmarinifolia de las bajas, coincieden en el timberline donde es frecuente encontrar individuos intermedios S. virescens; otro tanto ocurre con los tomillos, el  supraforestal Thymus bracteatus, contacta con el T. mastichina, de zonas inferiores, resultando un tomillo con olor a melisa que es el Thymus bratichina, dado por híbrido pero, en mi opinión, una nueva especie en toda regla, y así numerosos ejemplos.

Santolina virescens, intermedia entre la  oromediterránea S. oblongifolia y la supramediterránea S. rosmarinifolia

               Numerosos elementos norteños se dejan ver en este límite: tejos, acebos, serbales varios, abedules, etc.; así como especies relictas: roble albar, pinos cascalbos y silvestres en el sistema central; pinos negros o moros y sabinas rastreras en el Ibérico; pinsapos y quejigos alpinos en las sierras andaluzas y especies alpinas en el eje cántabro-pirenaico. A nivel arbustivo se produce una dominancia explosiva  al reducirse la competencia arbórea.  También existe  potencialidad hibridógena y generadoras de especies,  mezclándose arbustos de cotas superiores e inferiores. Ej: Cytisus oromediterranus x C. multiflorus: Cytisus praecox.
Santolina oblongifolia rodeada de Thymus bracteatus y una solitaria y supramediterránea Festuca elegans

       El caso del Sistema Central Ibérico es paradigmático de la fragilidad del timberline.  A Gredos, en sentido amplio, llegan ganados de regiones vecinas e incluso distantes, lo que finalmente ha resultado en que solo existan bosques en las áreas bajas, en las de importancia ganadera marginal, en la vecindad de los pueblos o en la retícula del parcelario, donde se mantiene algo de la primitiva riqueza forestal.  Ni que decir tiene que los mejores pastos casi coinciden con el área de timber, aunque hoy, hay que sumar a los recurrentes incendios de piornal (climácico o serial), la plaga de los incendios forestales, el mayor desastre ecológico en los veranos contemporáneos.



           El límite del bosque por la acción antrópica es un tema controvertido, no como en el Guadarrama, donde por encima del piso del roble existe un claro piso del pino silvestre, apareciendo algunos tortuosos pies de pino incluso por encima de los 2200m. Según recientes investigaciones hasta no hace mucho existió en Gredos un límite forestal de pinar, el resto de los pinares de pino silvestre actuales, (Hoyocasero y Alto Tormes), son pinares probablemente naturales pero favorecidos por el hombre frente al robledal.
Paso del robledal al piornal en lo alto del Pinajarro en el timber del valle de Ambroz

        El roble es quien tomó el relevo al pinar silvestre en la paulatina dulcificación del clima a mitad del Holoceno. El robledal tiene un límite forestal difuso en torno a los 1300-1500m. pero no es difícil encontrar pies en localizaciones rupestres que rozando los 2000m., en ambas vertientes y en puntos de difícil acumulación de nieve, factor que parece ser más restrictivo a nivel climático que el descenso de la temperatura con la altitud. En la mitad occidental de Gredos de influencia atlántica dominan los robles, mientras que en su mitad oriental, más continental, dominan los pinares, aunque muy favorecidos por el hombre.

Límite del bosque totalmente natural, algo inusual en la sierra Madrileña

           La idea de los pisos bioclimáticos altitudinales o pisos de vegetación es un concepto antiguo. Para el centro peninsular fue el geógrafo Huguet del Villar quién primero los definió. Hoy en día el planteamiento científico más acertado y admitido para la cliserie altitudinal de la montaña mediterránea es el de Salvador Rivas-Martínez que los caracteriza clara y matemáticamente por medio de valores umbrales climáticos. El timberline se encontraría en el límite entre el piso supramediterráneo (robledal) y el oromediterráneo; aunque si existe pinar silvestre, el timber estaría entre el horizonte inferior oromediterráneo y el piornal del horizonte superior. 

En Guadarrama Huguet del Villar comprobó la zonación altitudinal de la vegetación ibérica

       En el esquema clásico para el Guadarrama,  estaba el piso de la encina, por encima de éste, el piso del roble; por encima de éste, el piso del pinar; por encima de éste, el piso del piornal y por encima de este último, el piso del pastizal  vivaz de alta montaña. Este esquema, con ligeras variantes,  parece haber sido válido en el pasado para la práctica totalidad de las grandes montañas peninsulares, incluso la cordillera Cantábrica albergó una secuencia similar en su vertiente mesetaria, con grandes pinares reducidos en la actualidad a Lillo y Velilla del rio Carrión. Las Béticas y el sistema ibérico también parecen haber seguido este esquema, aunque los robledales (en calizas quejigares y acerales) están francamente mermados por la potenciación de los pinares. En estas áreas, mayoritariamente calizas, el papel del pino silvestre también ha sido desempeñado por el pino laricio y los sabinares.

Por encima del cantábrico pinar de Lillo, por encima del límite forestal aparece el arbustivo Quercus orocantabrica

     Ha sido el fuego quien ha dejado literalmente pelado el timber de la mayoría de nuestras sierras. Desde los celtas para mantener sus idolatrados ganados, a romanos y reconquista, con  el uso del fuego como táctica de guerra, hasta los incendios de nuestros días,  se ha ido calcinando esta región; pero hay un fuego  especialmente dañino, en mayor medida al tratarse de unos fuegos que se suelen provocar cuando se da por  concluída la campaña de incendios. Es el fuego intencionado de los piornales (o brezales en climas más húmedos) para recuperar o conseguir pastos. Antes era una herramienta que era casi un arte y hacían poco daño, pero hoy es el mayor azote de lo más alto de nuestros montes.

Acebos ramoneados por los venados en su parte inferior en el timber asturiano

           Un nuevo factor degradante se viene a sumar hoy en día a los incendios forestales en el timberline, es la actual pujanza de la caza mayor que en el Sistema Central ha venido del incremento exponencial de la cabra montés en los últimos años. Su número es francamente excesivo en todo el Sistema Central, con un serio problema en Gredos; otro tanto ocurre con los jabalíes, síntoma del abandono rural y prueba de la dureza de estos animales, es muy corriente el observar grandes áreas de pastizal totalmente arados por ellos. Con los cérvidos y debido al cambio climático, en esta área que debido a la nieve tenían vetada, se ha pasado de la ausencia más absoluta a la abundancia. Aumento, poblacional muy considerable en todo el Sistema Central e Ibérico, pero espectacular en la Cantábrica. Si la evolución siguiera su curso probablemente daría una nueva especie más adaptada al frío y la nieve, el ciervo de piornal.

Zona  gredense deforestada y abundante en jabalíes y venados

   El efecto de esta fauna tan alabada por los escopeteros, sobre la vegetación, unida a las causas provocadas directa o indirectamente por la acción del hombre (principalmente los fuegos), está dejando esta franja zonal de vegetación en unas condiciones precarias para enfrentar un incierto futuro que los vaticinios climáticos nos presentan como poco o nada halagüeño.

Un fuego o el rayo acabó  con uno de los últimos pinos silvestres del valle del Tiétar, cara sur de Gredos

           Entre las medidas que se deberían tomar para impedir el deterioro de esta franja altitudinal, aparte de las coherentes con todas las normativas de protección ambiental nacionales y europeas, de las que muchas atañen a estas áreas por entrar en áreas de protección manifiesta, y manifiestamente ampliable, se deberían observar otras de sentido común que no suelen entrar en las miras de gestores más proclives a un falso sentido económico.

Reversión de la pista de esquí de Valcotos a un estado más natural

Por todo esto habría que asentar medidas indispensables para esta región tan delicada y tan importante para garantizar la seguridad de las áreas inferiores tales como:


- Prohibir la explotación forestal en áreas con pendiente mayor de 20°, como factor protector del suelo frente a las abundantes precipitaciones que aquí se producen y sus ulteriores destrozos erosivos. Actuar pensando en el bosque como reservorio de humedad y fábrica de fertilidad. El cuidado y protección del bosque es asegurar un ciclo hidrológico limpio y bien secuenciado, protegiendo desde arriba toda la cuenca y el suministro a las zonas inferiores.

Al fondo paso del hayedo-robledal al piornal-brezal de Ayllón. En primer término montes aterrazados

- Racionalizar y conjuntar un sistema silvo-pastoral. Ocurre que grandes áreas se dedican en exclusiva a uno u otro uso. Es corriente ver buenos pastizales reforestados cuando serían más productivos ecológica y ganaderamente siguiendo como prados y viceversa; si se plantaran árboles en altos y oteros, vallándose los árboles cuando jóvenes, darían en el futuro mayor humedad y protección al terreno, así como cobijo al ganado en verano.

- Reforestar con especies del terreno o recientemente desaparecidas de la zona, con un abanico de especies autóctonas e incluso no tanto, al menos en las áreas de menos valor ecológico, adecuando las especies a las áreas del terreno más favorables a ellas. Dado los variables tiempos que se avecinan es absurdo jugársela a una sola carta.


Últimos silvestres  del sur de Gredos con un fondo de laderas deforestadas por los fuegos reiterados

- Control poblacional de las especies cinegéticas con el establecimiento de unas densidades máximas y no impedir por más tiempo, la entrada del lobo como actor y parte de la dinámica poblacional de los herbívoros en las áreas donde aún no está presente.


- Una labor educativa digna y pagada en el medio rural, las ideas preconcebidas, antiguas o los prejuicios frente a la protección del territorio están a la orden del día entre los paisanos que son finalmente quienes van a cuidar y sufrir o disfrutar de las acciones de protección. Este puede ser el punto clave de cualquier gestión del espacio rural. La valoración del factor humano y el ganar racionalmente la colaboración de los pueblos tiene una importancia crucial ante cualquier acción de futuro.


- Hacer de la lucha contra el fuego un asunto de estado y conseguir la erradicación del incendio de piornal como práctica de manejo de los pastos ganaderos. Antes se sabía quemar en tiempo y forma, y siempre bajo estricta vigilancia. Hoy se prende y se escapa porque es ilegal y luego el fuego sigue su curso desbocado.

Poco a poco esos pinillos van conquistando la cima de las montañas, vetadas antes de estos tiempos más cálidos

jueves, 30 de octubre de 2014

Los Encinares de Gredos

Algunos encinares de la Vera llegan a contactar con los piornales de las cumbres

     Al hablar de los encinares de Gredos, en las publicaciones te remiten a las áreas basales, aunque, propiamente, eso ya no es Gredos, eso no es la montaña; pero es lo lógico, siguiendo el esquema clásico de los pisos de vegetación o pisos bioclimáticos. Es esta una catena esquemática fundamental de la zonación vegetal en cinturones o fajas superpuestas en función del cambio vegetacional que se produce al aumentar la altitud y endurecerse o cambiar las condiciones ambientales, aumentando el frío y el volumen de las precipitaciones.



Encinas sobre una alfombra de cerrillo (Festuca elegans)

  Tenemos así en el piso basal, el mesomediterráneo, al encinar; por encima en el piso supramediterráneo, al robledal (y a los pinares de repoblación); por encima en el piso oromediterráneo, al piornal y, finalmente, en el piso crioromoediterráneo, un ralo pastizal de festucas y cervuno.


De estos encinares del valle del Tiétar a los de las laderas de Gredos hay más de 1000m. de altura

     A este esquema de cinturones altitudinales habría que hacerle varias salvedades de importancia, como que en toda la región suroccidental, la Vera y algo más, la abundancia de lluvias hace que pueda estar el roble en el piso basal, y que en el piso oromediterráneo haya restos de pinar natural (pino silvestre o albar y albareas sus pinares y pino negro, aquí llamado cascalbo); aunque sólo tengan carácter testimonial, pues son propios de áreas más continentales como ocurre ya en el Guadarrama que tiene su tramo inferior y medio de este piso, poblado de pinares naturales de pino silvestre.


Entre los 1300 y los 1600m, dominio de los enebrales-encinares pueden aparecer pinos silvestres o cascalbos relictos

     Gredos tiene varias dimensiones territoriales, en sentido amplio es todo el tramo de montañas comprendidas entre el Guadarrama al este y las sierras de Gata y Peña de Francia, ya en los confines occidentales; por otra parte el sentido más restrictivo, se refiere a la cordillera que arranca al oeste de San Martín de Valdeiglesias en Madrid y llega al puerto de Tornavacas, aunque por similitud y continuidad, prosigue por la llamada sierra de Béjar.

Véase la calidad del sustrato del encinar

     Si tenemos en cuenta todos los encinares de la región, hay que optar por el sentido amplio, y aquí entrarían los buenos y viejos encinares situados desde el sur de Ávila (valle Amblés-Riofrío) al norte, hasta el valle del Tiétar al sur, quedando al oeste los encinares del Tormes-Corneja, a partir de la curva del Tormes en Barco de Ávila y los encinares del Alberche (Burgohondo-Navaluenga-El Tiemblo), al este.




     Todos estos encinares tienen en común, obviamente, a la encina, pero son de mundos diferentes. Los del Alberche son encinares guadarrámicos, idénticos a los que hay en las estribaciones de la sierra de Madrid, encinares con enebros y pobres en variedad de especies, muy parecidos a los del sur de Ávila capital y a los del Tormes.



Encinares luso-extremadurenses del valle del Tiétar

      Los del valle del Tiétar son encinares luso-extremadurenses, con perales silvestres, ricos en especies y de amplia influencia atlántica. Todos estos encinares están en el piso mesomediterráneo, salvo los que remontan las sierras al sur de Ávila y que se introducen algo, en suave transición, en el piso supramediterráneo, ascendiendo las faldas de la sierra de Ávila, Serrota y Paramera.


La escoba blanca no aparece en  los encinares del Tormes

     Hablando propiamente de Gredos, sí que aparecen unos encinares verdaderamente gredenses y montañeros, a un lado y otro de la cordillera principal. Se trata de los encinares que habitan las altas laderas de sus solanas y que gozan de unas características que les diferencia del resto de los encinares situados en las áreas basales que circundan las montañas del sur abulenses o del valle del Tiétar.


Los  mayores enebrales (con alguna encina) del Sistema Central aparecen en la garganta Lóbrega

     Estos encinares se encuentran en las verticalizadas laderas de solana del valle del Tiétar entre los 700 y los 1550m. si el sustrato es muy rocoso, pero lo hacen con mayor abundancia entre los 1200 y los 1500m. En parecidas laderas, en la orilla derecha del valle del Tormes entre los 1100m y los 1550m en el tramo de la sierra de los Castillejos y Solana del Carrascal, también hay muy buenos encinares; todos estos ya sí que son los verdaderos encinares de Gredos.



     Los encinares de la sierra de los Castillejos son evidentes y notorios, cubren casi sin resquicios, las pedregosas laderas de solana en el margen derecho del Tormes al oeste de Navalperal de Tormes hasta las cercanías de Barco de Ávila por el este, donde muere esta serrezuela. A veces se le ha puesto de ejemplo de inversión de pisos bioclimáticos, pues abajo, en las vegas de Tormes y pie de la sierra, existen muy buenos robledales y por encima, aparecen estos encinares, en una sierra llena formas graníticas acastilladas que le dan el nombre.



La sierra de los Castillejos-Solana del Carrascal, en la margen derecha del Tormes

     Estos encinares tienen una flora característica, en el sotobosque aparecen algunos enebros, entre jarales de jara estrepa Cistus laurifolius; entre los tomillos y cantuesos, casi siempre a la sombra, aparece abundante la pequeña aliaga Genista tounefortii y la lechetrezna Euphorbia oxyphylla. Pero allí donde los suelos se hacen menos pedregosos y más profundos, aparecen los robles o los fresnos.


La occidental Euphorbia oxyphylla crece en los encinares del Tormes


     Los encinares de las solanas del valle del Tiétar han pasado más desapercibidos. Hace tiempo se hablaba de un piso, por encima de los encinares basales y de los robledales de las medias laderas (o pinares de repoblación), formado por un ralo enebral, entre formaciones rocosas, helechales y cantuesares. Esa era la formación más aparente, entre el comienzo del valle del Tiétar en Casillas y las altas laderas de Candeleda. Pero, mucho menos conocidos y explorados, por toda la comarca de la Vera, ya en Cáceres, se conocían buenas masas de encinares que ocupaban verticales y pedregosas laderas y que llegaban casi a contactar con los piornales de las cimas.



Enebral (encinar  potencial) de ladera y suelos apropiados para el roble en  el helechar

     Con el tiempo se fueron hallando multitud de localidades, puntuales y en situaciones poco propicias para el fuego, de encinas que acompañaban a estos enebrales de altura. Realmente, se trata de la misma ecología, del mismo ecotopo, en el valle del Tiétar, sin encinas o con muy pocas que, en las solanas de la Vera, con encinares compactos. Pero no se pueden comparar con los encinares basales. Estos encinares no son la vegetación potencial de estas laderas en condiciones normales, pues entonces quien se instalaría aquí, sería el robledal, como queda patente cuando mejoran las condiciones edáficas.


Al mejorar los suelos, se introduce el robledal que es la verdadera vegetación potencial

     Sobre la existencia o mayor o menor abundancia de encinas en estos enebrales, habría que ver su historia antrópica. Sobre este tipo de suelos y condiciones, y sin la vecindad de encinas viejas, parece muy difícil la recuperación del encinar. Los usos del territorio ganaderos, con su desmedida afición por el fuego como herramienta de manejo del monte, parece ser clave en la desaparición de los encinares gredenses, y más en los últimos decenios cuando nadie sabe, ni quiere, manejar el fuego y se prefiere prender y largarse.


Por encima de los pinares solo aparece alguna encina en localidades extremadamente rocosas

     Pero más aún parece influir la presencia "pirófila" del pinar, por encima de ellos, solo aparecen encinas en situaciones difíciles para la propagación del fuego.


Al fondo el  valle  del Tiétar por debajo de los 400m.

     Se trata de comunidades “permanentes” y relictas, ligadas a unos suelos muy pobres, poco profundos y pedregosos. Da igual que se superen con creces el metro de precipitaciones, el sustrato granítico y la fuerte pendiente, hacen que los suelos drenen rápidamente, y que los veranos sean igual de duros que mil metros más abajo. Esta premisa es la misma para estos dos encinares gredenses, aunque los encinares del Tormes tengan que soportar temperaturas más frías y menores precipitaciones, el mismo rocoso e inclinado sustrato granítico, conduce a que finalmente se igualen las condiciones de sequedad y termicidad.


     Por ser comunidades permanentes, deberían ser unos encinares “azonales”, aunque a los del sur se les haya metido en una comunidad fitosociológica supramediterránea, el encinar acompañado por la bella gramínea Festuca elegans. Pero estos mismos encinares apenas difieren florísticamente en cotas inferiores, desaparecen los piornos o esta gramínea y aparecen elementos más térmicos como el torvisco, incluso localmente el almez, pero siguen sin parecerse a los encinares basales, unos encinares ricos en piorno blanco Cytisus multiflorus, jaras (Cistus ladanifer y C. psilosepalus), brezos (Erica arbórea y E. australis), madroños y labiérnagos.


Un almez se cuela entre robles y encinas a unos 700m. en  La Vera cacereña

     Estos encinares son muy pobres comparativamente, aunque sí pueden estar esas especies, lo hacen en muy poca cantidad, y abundan las especies de las etapas más regresivas de esos suelos: helechos, dedaleras, cantueso, tomillos y una cobertura herbácea francamente pobre y escasa.


Dedaleras abundantes en el pedregoso suelo del encinar

     Para los encinares del alto Tormes, Santiago Sardinero propuso una asociación claramente definida, diferente de los encinares guadarrámicos, apoyada en la presencia constante de la Genista tournefortii y la lechetrezna Euphorbia oxyphylla, aunque esta lechetrezna también aparezca, bastante menos abundantes, en los encinares más occidentales del sur de Gredos.


Son centenares las altas majadas abandonadas en lo alto del Gredos de La Vera

     Gredos se está despoblando de pastores, lo que parecería una oportunidad para la remontada de estos encinares, no  lo es tanto; ahora, sin ellos, el peligro de incendio es mayor, y  en el tipo de localidades, de laderas tan  inclinadas y rocosas, no hay quien ataque un fuego. Por otra parte, la desaparición del ganado caprino no ha supuesto una gran mejora, ya que ahora ha aumentado mucho la fauna mayor, tales como venados, corzos y jabalíes; y las monteses, como los otros, gustan de las hojas y brotes de las encinas, por encima de casi todos los demás árboles y arbustos de la zona.



sábado, 27 de septiembre de 2014

Haciendo el bestia por el sur de Gredos


            Hay excursiones en las que, no es que se haga el bruto por el monte, sino que ya se roza el masoquismo. Tampoco ha sido por azar, la intención era llegar al nacimiento de la garganta Lóbrega de Candeleda, cuyo camino desde este pueblo es larguísimo y bastante perdido desde el restaurado puente del Puerto; por eso la idea era ir por la plataforma del Nogal del Barranco en Guisando y saltar hacia el oeste o cuerdear hasta encontrar una bajada fácil a la Lóbrega.

El célebre Nogal del Barranco

            En el Nogal del Barranco aún no dan los rayos del sol, recorremos menos de 100m. de camino y nos despedimos, mi hermano Carlos y yo, de cualquier cosa parecida a un camino hasta nuestro regreso a este mismo punto. Cruzamos el río, la Vertiente de Galayos que baja directamente de esos picos, para coger la Vertiente de Pelayos que viene del oeste. En el punto de encuentro de ambas vertientes se encuentra el famoso nogal, especie de la que afortunadamente se han plantado más ejemplares por las cercanías de la plataforma; también vemos las restauradas casillas o “puestos” de los cabreros, con sus paneles explicativos para la poca gente que viene por aquí, pues todo el mundo sigue el camino que sube y va directamente al refugio Victory, al pie de los Galayos, y a la Mira, el punto superior de este macizo con sus 2343m.


En el arroyo encuentro una boca de dragón de Gredos en plena floración entre los bloques rodados, algo muy poco comúm a estas alturas. Subiendo la vertiente de Pelayos seguimos la sombra de caminejo que ya conocía y que salva los cortados más delicados con bastante habilidad, pero ya está muy perdido. Pasamos los cortados sobre el arroyo un poco por encima de las enormes morrenas del pequeño glaciar que ocupó este fondo de valle y que algo ha alisado su fondo dejando unas pulidas lanchas por las que apenas baja un hilo de agua; creo que estas morrenas marcan la cota inferior de todo el glaciarismo de Gredos.

Primicia: la morrena terminal más baja de todo Gredos

           Acabamos de superar el límite forestal del pinar, un pinar viejo, pero no natural, como se encargan de mostrarnos las escasas encinas y robles agazapados en las fisuras de rocas y paredes, de hecho este lugar se llama el Pimpollar de Manoli (pimpollo: rebollo pequeño). También este es de los pocos sitios de Ávila en que se puede apreciar que el ralo enebral que ocupa la franja final y superior del pinar del valle del Tiétar, en realidad debió de ser en su día un buen encinar, del que solo quedan ejemplares sueltos en lugares difíciles para el fuego o como grandes árboles junto a alguna majada de cabras. (Habrá una entrada sobre los encinares de Gredos).

Enebral-encinar, véase el enebrillo seco y enrojecido por la actual sequía

            Frente a nosotros tenemos las casi verticales paredes, lanchares y picachos que jalonan toda la cara norte del Cabezo del Cervunal, que en caída vertiginosa pasan de los 2089m. de su cima a los 1300m. en apenas 1km. en la horizontal. En su caída orientada al noreste, sobre una vaguada se forman buenas cascadas de hielo conocidas por la élite de la escalada, pero a esas alturas (1600m.), solo se hielan con garantías, en las olas de frío de varios días. Aunque estamos lejos, es fácil adivinar por los colores de sus frutos anaranjados, los serbales que se enseñorean de algunas rocas.

Paredes del Cabezo del Cervuna, arriba en negro el lugar de las cascadas de hielo invernales

            Seguimos subiendo, ya penosamente, por entre los altos piornos, buscando rellanos fáciles de andar ocupados por un cantuesar y helechar disperso, pero a medida que subimos, todo van siendo grandes bolos, rodeados de piorno y el caminar se hace cada vez más fatigoso, hasta llegar al collado de este cordal que hacia la Mira se llama el cuchillar del Amealito, y ya se sabe que cuando en Gredos un cordal se llama cuchillar, es que no hay quien lo ande.

Cuchillar del Amealito, entre la Mira, al fondo, y el collado del Cabezo

            A media subida ya comenzamos a ver los primeros buitres y antes de iniciar la vuelta, nos dimos cuenta de que habíamos visto todas las especies de aves carroñeras de la península, sí, ¡Todas! Al poco de ver los primeros buitres leonados vimos un alimoche, inconfundible con su nívea cola, pero es que antes de llegar al collado vimos la silueta inconfundible de un quebrantahuesos inmaduro y nos dio varias pasada, pues tienen un vuelo ágil y movido.

Arriba derecha un alimoche, el quebrantahuesos volaba más alto y las fotos eran infumables, como se puede apreciar abajo. El parecido entre uno y otro es evidente, salvo en la cola negra del quebrantahuesos.

            Reconozco que me dio mucha alegría verlo, pero que no me extrañó demasiado, pues Rafa Gonsalves me contó que Jesús Charco, coordinador de la reintroducción del buitre barbudo en Cazorla, le había mandado un mapa con los desplazamientos de los quebrantahuesos monitorizados y se veía que la mitad se quedaba en Cazorla y cercanías, y que el resto se acercaban a Sierra Morena y Montes de Toledo, pero en su mayoría se iban a Gredos, aunque luego solían volver a Cazorla. Una hora más tarde vimos la oscura silueta de un buitre negro; los necrófagos al completo, la pena es no haber traído el teleobjetivo.


Por las Galayos ya es posible, con suerte, ver la enorme silueta del quebrantahuesos

        Días después estuve en el Centro del Quebrantahuesos de Asturias, allí me dijeron que les iba muy bien, incluso con ejemplares que venían “solos” de Pirineos, aunque hace unos días recogieron un inmaduro muerto, probablemente herido por un águila real. Me contaron que los adultos se dan la vuelta en el aire y muestran sus enormes garras emplumadas a estas rapaces que enseguida desisten del ataque, pero los inmaduros no tienen aún esa desenvoltura.

El Alto Gredos con el Almanzor al fondo, abajo la Lóbrega y una pedregosa gargantilla

            La cabecera de la Lóbrega hace honor a su nombre, es una garganta angosta a la que le llegan lateralmente un sinfín de gargantillas aún más angostas, mostrando algunas de ellas, señales de glaciarismo y casi todas una parte final inclinada, pero lineal, como de haberse rellenado por miles de grandes bloques en movimiento. Las precipitaciones en esta cabecera puede ser, a falta de estudios que lo concreten, de las mayores de la península pues se trata de un valle en forma de embudo, perfectamente embocado a los vientos del suroeste, los ábregos, que son los responsables del 80% de las precipitaciones en esta cara sur.

El comienzo de la Lóbrega recoge la torrencialidad de un abanico de laderas finales

            A este embocamiento del aire húmedo hay que sumarle el efecto de pantalla orográfica que supone el paulatino aumento de altitud del valle desde los 400m. del valle del Tiétar a los 2343m. del Torreón de la Mira, aunque teóricamente a eso de los 1800-1900m. debería de situarse el punto máximo de precipitaciones, pues a partir de esas cotas, la precipitación también debe ser muy alta, pero las nubes ya empiezan a estar “ordeñadas” y van bajando ligeramente su descarga.

Todas las rocas de una y otra garganta han sido transportada por la fuerza de las aguas recién recogidas

            El panorama ha ganado mucho en paisaje, pero no ha mejorado en posibilidades de andar sin grandes esfuerzos, además se nota que es agosto y que empieza a pegar bien el Lorenzo. Ahora aparecen espolones rocosos y “tors” de bloques que hay que ir superando.


Cervunal en primer término con el Cabezo del Cervunal al fondo

          Algo más adelante encontramos un pequeño cervunal, un pastizal de montaña con su nacedero y pequeña turberilla, algo muy común en la cara norte pero bastante escasos en la sur, de hecho el pico Cabezo del Cervunal recibe ese nombre porque es de los pocos lugares de la cara sur, donde hay un cervunal con “cierta” entidad.

La genciana de turbera en una de sus escasas localidades de la cara sur

            Por fín nos podemos tirar un rato en la hierba y beber algo, aprovecho para ver las plantas del cervunal y ahí están, aparte de las gramíneas Nardus stricta y Agrostis castellana que forman la pradera, Erica tetralix, Campanula herminii, Carex carpetana, Potentilla erecta, la carnívora Drosera rotundifolia, la increíblemente azul, Gentiana pneumonanthe, la pequeña Walenbergia hederacea, la blanca Parnasia palustris, etc.

La drosera muestra que este trozo del cervunal es casi una turbera

            Seguimos hacia el norte sin perder altura a unos 1900m, ya hemos comprobado que no merece la pena bajar al valle, como quería en un principio; nos han faltado un par de horas o una marcha menos fatigosa. Entre las rocas ya vemos las plantas genuinamente oromediterráneas: el helecho Cryptogramma crispa, Murbeckiella boryi, Saxifraga orogredensis, la Centaurea avilae, un endemismo que está desapareciendo poco a poco por la hibridación con su congénere más común Centaurea alba y también, muy recomida por las cabras el Echium, la viborera tan difícil de determinar de este piso bioclimático; todo apunta a Echium flavum, de los prados de siega de la cara norte, pero yo no lo veo ni en hábito ni en ecología.

La endémica y escasa, en la cara sur, Centaurea avilae

            Finalmente llegamos al último cordal sobre la hoya de los Cotriles, que son unos picos que asoman a media altura en la ascensión del fondo del valle hacia La Mira. La vista es majestuosa, parece increíble que tantos arroyos, vaguadas y canales vayan a parar al fondo de esta hoya; la pesadilla o el gran reto para cualquier geomorfólogo. Aquí abajo se reúnen materiales rocosos procedentes de todo tipo de procesos: torrenciales, coladas de bloques, glaciares, caída asistida, etc., en un revoltijo inextricable que debería saber discernir y que ha sido la excusa para hacer esta excursión.

Véase el batiburrillo de acumulaciones de bloques de las más diversas procedencias que rellenan esta gran hoya

            Tomo fotos de las laderas que van a parar a los Cotriles y su hoya; me da cansancio pensar en andar las dos o tres vertientes que tengo que estudiar, pero la verdad es que el recorrido íntegro de la garganta Lóbrega me parece unos de los mejores recorridos de todo Gredos, con el aliciente de que, como no te encuentres un cabrero en las majadas bajeras, no verás a nadie en todo el día. Aquí se halla también el mayor enebral de todo Gredos que une esta garganta y la cabecera del Arbillas, espeso y en algunos puntos con encinas, como dije antes.

El risco Pelucas con sus buitreras, junto con las del Fraile, las más altas de Europa

            Decidimos subir a la cuerda del Cuchillar del Amealito, algo más abajo de la famosa peña del Chocarrón, un clásico reto para escaladores, pues a pesar de su escasa altura, por cualquier via hay que pasar un extraplomo y para bajar hay que hacerlo de tal manera que se pueda recuperar la cuerda. Llegamos a una portilla a partir de la cual empiezan las Cuchilleras y hemos tenido suerte, la bajada es dura, pero muy factible, nos quedan más de 300m de bajada hasta los riscos del Jugaero y luego por el tendido valle del helechal hasta la vertiente de Galayos.

Descenso del el collado de las  Cuchilleras hasta la plataforma del Nogal del Barranco

        Desde aquí arriba hay unas buenas vistas de los Galayos, aunque no se ve desde donde arrancan las agujas. No sé si esta localidad ha sido la que ha dado nombre a la forma, un tramo o cordal de agujas ya directamente se denominan galayos, al igual que un yelmo es una gran roca convexa pero de cima curvada.

El risco del Águila y las Berroqueras, la parte inferior del cordal de Galayos, al fondo el Torozo y el Cabezo.

            Da gusto ver a las cabras salir corriendo a distancia, como dice Carlos, son cabras “no contactadas”, de las que tienen miedo, no como las de la laguna grande o las de cerca de la Plataforma. Aún así se nota mucho la presión sobre las plantas, aunque con suerte logramos ver unas cuantas matas más de boca de dragón de Gredos, unas en su típica posición, colgando de paredes verticales, y otras entre el pedregal de los torrentes.

La endémica boca de dragón de Gredos entre los cantos rodados del Pelayos

            Con mucho esfuerzo vamos llegando a la vida forestal tras atravesar un enorme pringoso helechal que rezumaba una pegajosa sabia que te dejaba los pantalones sucios y las manos pegajosas. También nos llamó la atención la gran cantidad de pequeños enebros de color rojo anaranjado, parece que estos tres buenos años anteriores crecieron, pero que ahora no han podido aguantar la sequía que arrastramos desde mayo. 

Tras las birras con limón del chiringuito de la plataforma nos quedamos como aquí el amigo


        Poco más tarde llegamos a reponer líquidos al chiringuito cercano a la plataforma.






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