domingo, 31 de diciembre de 2023

La Vegetación Argílica

 


         La vegetación de las arcillas, es la vegetación adaptada a las acciones mecánicas que sufren este tipo de suelos en función de su comportamiento diferencial en relación a la muy variable saturación de agua de los mismos. A diferencia de otros medios más porosos que pueden aliviar su contenido de agua, los suelos arcillosos retienen el agua mucho más que cualquier otro, tanto que el exceso de agua conduce a la inundación superficial en superficies con escasa pendiente y, en cualquier caso, a la saturación total. 

Grietas entre las raras Cynara tournefortii y Conringia orientalis

        Esta saturación provoca una expansión de estos materiales por la absorción y retención de la humedad, expansión volumétrica que puede superar el 15%, creando fuertes presiones en el interior de los suelos que los puede volver viscosos, si hay agua suficiente. Estas presiones se van a canalizar hacia la superficie, creando a menudo un microrrelieve superficial de montoncillos de barro, denominado gilgai. En estas arcillas saturadas de agua se producen situaciones hipoxia o incluso de anoxia, es decir, escasez o incluso falta de oxígeno y de aire, entre los poros del suelo.

Formación de grietas en un vertisol. Malvella sherardiana dcha. abajo

Muy al contrario, cuando se produce una situación de secado, este es más rápido incluso que en otros suelos de diferente granulometría. Esta pérdida de humedad de los suelos arcillosos, cada vez ocurren de una manera más brutal, pues en nuestros paisajes mediterráneos, tras las típicas situaciones húmedas de abril, la primera ola de calor cada año parece ser más madrugadora y suele aparecer entre primeros y mediados de mayo, quedando los húmedos regalos de San Isidro cada vez más, como un recuerdo del pasado.

Grietas profundas en una campo de vertisoles en La Sagra de Toledo

El secado del suelo no es lento y paulatino, de arriba hacia abajo, como en casi todos los suelos, sino que la pérdida de humedad supone una contracción inicial de los primeros centímetros de suelo, parecido a la clásica foto de la sequía en los arcillosos bordes de pantano, pero en miniatura. Este primer secado abre multitud de pequeñas grietas en el suelo, de las que las mayores van encadenando un dibujo de grietas de mayor tamaño y profundidad, en forma de octógono o hexágono de menos de un metro de radio, que se extiende por toda la superficie, pero profundizando en grietas incluso superiores al metro que provocan en muy poco tiempo, el secado de la totalidad del paquete edáfico.

Malvella sherardiana en una superficie totalmente agrietada y en un campo profundamente arado

En el ciclo anual medio de estos suelos ocurre que tras la apertura de las grietas a finales de primavera, van cayendo hasta las lluvias de otoño, sedimentos y materia orgánica, luego llegan las lluvias e inundan las grietas, al asimilar el agua, todo el suelo se va hinchando y haciendo presión por esas antiguas grietas cerrándolas, por las que, si hay barros suficientes, estos tienden a subir viscosamente, pudiendo llegar a salir al exterior por presión. Así los suelos se van removiendo a ellos mismos en un movimiento de ascensión y caída de materiales en una acción de vertido y remoción que ha dado nombre a este tipo especial de suelos que son los vertisoles, aunque a veces por no ser puros, no tener tanta arcilla, con arenas o sedimentos mayores, pero de comportamiento similar, se les suele llamar suelos (cambisoles o luvisoles) de caracteres vérticos.

Perfil del suelo en un vertisol, nótese la práctica ausencia de horizontes edáficos

Las especies que colonizan estos suelos, no solamente han de tolerar la alta humedad y sus situaciones de hipoxia, también deben poseer adaptaciones frente a las roturas de raíces que se producen cuando se crean las anchas y profundas grietas verticales, por las que incluso pueden llegar a caer las plantas enteras, y también adaptaciones al rápido secado de estos suelos. Para solventar esos problemas estas plantas suelen tener unas raíces profundas y verticales, sin apenas raíces laterales; incluso cuando se produce alguna rotura, estos trozos pueden germinar autónomamente, creando nuevos individuos por clonación. Para impedir la caída de la planta entera por las grietas, a veces aparece el biotipo de plantas con sus hojas o ramas abiertas a ras de suelo en paralelo a la superficie, entonces al abrirse una grieta quedan sujetas lateralmente sobre el suelo con la raíz en el vacío y cuando se vuelve a cerrar, vuelve a revivir la planta.

La alcachofera Cynara tournefortii, una planta que se puede regenerar al partir raíces rotas

Para retardar la sequía fisiológica, muchas plantas adquieren hábitos aparasolados, protegiendo su suelo inmediato e impidiendo y, reduciendo la evaporación, pueden ganar unos días cruciales para intentar completar su ciclo biológico. También hemos comprobado que muchas plantas de estos medios son plantas sureñas muy bien adaptadas a la xericidad, con un ciclo vegetativo relativamente corto y variadas adaptaciones que las hacen más tolerantes respecto a la sequía, por eso no es raro ver en Madrid o incluso Castilla y León, especies en el límite norte de su distribución europea.

Teucrium spinosum y Anchusa puechi en su madrileño límite septentrional de su distribución


Las plantas llevan miles o incluso millones de años adaptándose a estas u a otras duras condiciones impuestas por el medio. Ha habido una selección natural, con adaptaciones y peleas entre especies por medrar en este tipo de suelos, hasta conseguir comunidades vegetales verdaderamente adaptadas para prosperar y hacerse con este difícil nicho ecológico. 

Pastizales dominados por la alcachofera Cynara tournefortii

   Son especies adaptadas a la remoción del suelo, a la apertura de grietas, en muchos casos a una química peculiar de estas arcillas expansivas, como pueda ser la de altas concentraciones de magnesio, otras veces a la presencia de las absorbentes sepiolitas, incluso a la mezcla con yesos o sales en algunos casos. Esto suele llevar a que dentro de una uniformidad más o menos general, pueda haber pequeñas variaciones florísticas en base a su adaptación a la química del sustrato, o a la humedad media reinante.

El lino (Linum collinum) en un arrabal argílico madrileño con amenazantes grúas al fondo

Estas propiedades físicas y químicas de los vertisoles hacen bastante difícil su colonización por especies arbóreas. En estos suelos podría ser fácil sacar adelante un plantón en cepellón y con varios años de edad, pero muy difícil que un árbol pueda partir de una semilla, pues en sus años iniciales deben lidiar duramente con inundaciones, roturas de raíces y duras sequías primaverales. El paisaje natural sobre estos suelos es de variados pastizales, con plantas vivaces de escasa talla y plantas anuales, es decir, un paisaje casi de tipo estepario.

Pastizales vallecanos ya cerca del Manzanares, con Astragalus alopecuroides

Esto pondría más difícil a la famosa ardilla pirenaica, llegar a Gibraltar sin bajarse de los árboles, pues el centro de las grandes cuencas interiores españolas, suele tener cerca de su centro, grandes llanuras de inundación, saladares, arenales o duros yesares de superficies muy difícilmente arborizables, a las que ahora sumamos estas estepas arcillosas que también ocupan las partes bajas de estas cuencas. Esto viene a apoyar este mundo estepario autóctono en la clásica polémica sobre la supuesta naturalidad de nuestras estepas ibéricas, de hecho, algunas de estas adaptadas especies vegetales, provienen del mundo estepario reinante en el suroeste asiático.

Resistiendo la aridez de la primavera de 2023, Carduncellus matritensis

A pesar de estas duras propiedades mecánicas, estos suelos suelen ser muy fértiles y su ínfima granulometría facilita la absorción radicular en unos suelos que retienen bastante bien la humedad (a veces demasiado bien). Suelos fértiles que ocupan las partes bajas y llanas del relieve, lugar habitual de localización de pueblos y ciudades, en resumen, por unas y otras propiedades, podemos hablar de los mejores suelos agrarios como así lo han venido siendo desde hace siglos o milenios, lo que ha llevado a una fuerte transformación del territorio, lo que ha pasado menos, sobre otros suelos y vegetación de carácter, al menos en apariencia, más natural o silvestre.

Rara conjunción de dos congéneres: Convolvulus meonanthus y C. humilis

Estos suelos no han sido tan transformados o degradados a lo largo de los siglos de cultura agrícola y pastoril, quizás solo lo hayan sufrido las especies vivaces de mayor tamaño que casi siempre se han podido refugiar en las lindes y ribazos en la vecindad de los cultivos, para retornar de nuevo, en épocas de barbechos o abandono. Solo ha sido hasta muy recientemente cuando la extrema artificialización e intensificación productivista del campo, ha ido expulsando de este medio natural o cultural (de cultivo) a las especies que hasta hace poco eran llamadas “malas hierbas” debido a su abundancia y estorbo en las labores productivas habituales.

"Malas hierbas" como Turgenia latifolia o las amapolas Papaver rhoeas y abajo, cardillos de Scolymus maculatus y el pomposo Echinops strigosus.

Ahora muchas de estas especies están desapareciendo en silencio, sin ni siquiera ser advertidas o tenidas en cuenta en las listas rojas o catálogos de especies en peligro. Parece que estas especies, llamadas, no se si bien o mal, arvenses, segetales, incluso ruderales, tenían una muy escasa consideración o reputación en el mundo botánico, acostumbrado a tratar o preocuparse de joyas botánicas de excelsas montañas salvajes o de paraísos naturales alejados del alterado mundo de la vecindad humana. Incluso en importantes tratados de flora, se ha solido prestar poca atención a este sustratos, estando la mayoría de estas especies adscritas a medios vagos y poco definidos, como margas, campos de cultivo, etc., sin considerar el tipo de suelo como vertisoles o claramente arcilloso.

Onosma tricerosperma una rara belleza cada día menos común, abajo Malvella sherardiana

Muestra de esta falta de consideración, no nacional sino incluso mundial, es que a pesar de reconocerse claramente que existe una serie de vegetaciones propias o específicas, por ejemplo de las arenas (psammófila o sabulícola), de los yesos (gipsícola), de las paredes rocosas (rupícola), de los suelos salinos (halófila) de las litologías con dolomías (dolomitícola), serpentinas (serpentinícola), etc., nadie se ha parado a considerar la existencia de una vegetación (comunidad bien avenida de especies vegetales coexistiendo en armonía sobre un medio físico, climatológico y geográfico muy determinado) propia de los suelos ricos en arcillas expansivas. Es  la vegetación argílica.

El trigo primigenio del que derivan los trigos agrarios, Triticum boeoticum

Pero más vale tarde que nunca, esta vegetación, por desgracia descrita casi en el límite de su existencia, dada la escasez y el peligro que se cierne sobre sus escasas localidades remanentes o sobre algunas de sus especies características, ya está siendo descrita y reconocida, esperemos que a tiempo de no tener que asistir a su despedida de nuestros campos.

Klasea flavescens en campos de suelos vérticos

Sería muy prolijo elaborar una lista con todas estas especies, aunque cada una de ellas, por sí solas, tendría derecho a una entrada completa en esta bitácora, como así ha sido con especies como, por ejemplo, el resucitado cardillo azul, Carduncellus matritensis, el ajo negro de las arcillas, Allium cyrilli, el gladiolo Gladiolus italicus, incluso la mayor parte de las especies señaladas de la flora volcánica del Campo de Calatrava. Llevo años y años buscando y encontrando plantas e interesantes localizaciones argílicas. Basta con ver el Echinops strigosus, la Crepis alpina, la Phlomis herba-venti, el Astragalus alopecuroides, la Lavatera triloba, la Klasea flavescens, etc. para darme cuenta de que estoy sobre una buena localidad argílica. La presencia de estas especies, aisladas o en grupo, así me lo demuestra a las claras.

El cardo yesquero Echinops strigosus, quizás de lo más corriente en los campos de arcillas

Existen incluso géneros casi completamente adscritos a terrenos argílicos, como pueda ser el caso de las alcachofas, con el género Cynara, siendo la gran alcachofera a ras de suelo Cynara tournefortii la especie quizás más representativa de esta vegetación sobre arcillas y también, lamentablemente, del peligro de desaparición que tiene este tipo de vegetación. Lo mismo ocurre con el género Carduncellus, desde especies exclusivas de los vertisoles como C. matritensis u otros habituales de arcillas en las grietas entre lapiaces calizos como C. dianicus o sobre arcillas de descarbonatación como C. monspelliensium.

El redescubierto Carduncellus matritensis

En campos de cultivo, si la química y la ausencia de barbechos no lo impide, es posible encontrar especies tan bellas como Ammi visnaga, Anagallis arvensis, Bupleurum rotundifolium, Caucalis platycarpos, Centaurea cyanus, C. depressa, Cichorium intybus, Coronilla scorpioides, Echinops strigosus, Gladiolus italicus, Kickxia lanigera, Linaria hirta, Ononis spinosa, Ornithogalum narbonense, Ranunculus arvensis, Rapistrum rugosum, Scandix australis, Scolymus maculatus, Silene muscipula, Sonchus asper subsp. glaucescens, Teucrium spinosum, Turgenia latifolia, Vaccaria hispanica, Valerianella discoidea, Vicia narbonensis, etc.

Klasea flavescens, tan bella en verde como seca

En los barbechos de larga duración o en el pastizal natural ya se pueden encontrar especies vivaces, aparte de más anuales, como: Acinos rotundifolia, Allium pallens, Astragalus alopecuroides, Convolvulus meonanthus, Cynara cardundulus, C. tournefortii, Echium asperrimum, Geropogon hybridus, Glaucium corniculatum, Klasea flavescens, Lavatera triloba, Linaria caesia, Linum austriacum subsp. collinum, Malvella sherardiana, Mantisalca spinulosa, Nonea vesicaria, Ononis biflora, O. spinosa, Phlomis herba-venti, Rochelia disperma, Salvia argentea, Thapsia dissecta, Vicia monantha subsp. calcarata, etc.

Pastizal con la compuesta Geropogon hybridum. Abajo Bupleurum rotundifolium en un sembrado

También, aunque debido a su extrema escasez rayana en extinción, sería difícil, pero no imposible encontrar (avisarme si ocurre, pues habría que tomar medidas), Allium cyrilli, Anchusa puechii, Carduncellus matritensis, Convolvulus humilis, Cynara tournefortii, Onosma tricerosperma, Saponaria glutinosa, el trigo primigenio Triticum boeoticum y esperemos que ninguna más.

Rara conjunción de dos especies en peligro Carduncellus matritensis y Cynara tournefortii

Desde aquí animo a cualquier aficionado a la botánica que compruebe esta relación suelo/vegetación en lo más arcilloso de su zona de campeo o probando nuevas zonas en esos territorios tan, aparentemente, poco salvajes, como los bordes de los cultivos o cerca de instalaciones cerámicas o ladrilleras, muchas de ellas abandonadas, que hasta hace pocos años abundaban en todas las zonas arcillosas. Tal vez buscando en los mapas topográficos nombres como “tejares”, “la tejera”, “los gredales”, “los barros”, etc.

Linaria caesia, más de los taludes de arcillas que de campos normales

No solo basta con que tenga que cargar con la bicicleta con sus ruedas engordadas hasta atascar los pasos de rueda, debido a la plasticidad y adherencia de la arcilla pegada a los neumáticos. No solo basta con que haya podido sacar mi coche  por los pelos, del patinaje y profundización de sus neumáticos, como medio tintados en azul, en el barro infame. A veces hay que meterse en el barro literalmente pues estas zonas se muestran francamente intransitables en épocas lluviosas y a veces, el tiempo es demasiado corto hasta el golpe de calor que pare el ciclo vital de estas interesantes especies.

Aspecto estival de campos de vertisoles

    Debemos conseguir salvar alguna localidad de este tipo para la posteridad, pues dudo que al ritmo actual de retroceso frente a nuestra "civilización", a lo que se acaba de unir la apisonadora de las plantas fotovoltaicas, bien puede terminar por dar la puntilla a estas comunidades vegetales argílicas. Hay que conseguir varias microrreservas para garantizar un mínimo vital de supervivencia o declarar Hábitat Prioritario a esta comunidad vegetal para que quien tiene los medios, tenga el deber (que ya lo tiene) de procurar salvar estos medios naturales y sus especies características.


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