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jueves, 31 de agosto de 2017

La Hoz de Valdoro



      La Hoz de Valdoro es una de las numerosas y poco conocidas hoces que cortan los cordales cuarcíticos de Sierra Morena en Ciudad Real. Esta espectacular sierra, está algo desacreditada por geógrafos y geólogos que la han venido tratando como un mero escalón entre la submeseta sur y el valle del Guadalquivir. Nada más lejos de la realidad, yo que tengo la suerte de conocer la mayoría de las montañas españolas, he de confesar que hoy en día es una de las más atractivas desde el punto de vista ecológico y que territorialmente, tiene una complejidad y unas dimensiones espaciales que ya quisieran para sí otras de mayor fama y altitud, como puedan ser Guadarrama, Gredos o los francamente parecidos, Montes de Toledo.

     
      Sierra Morena está formada por un sin fin de cordales cuarcíticos, casi todos con una dirección meridiana (este-oeste) y fue levantada por el empuje norte-sur de África sobre una red fluvial preexistente que fue “serrando” por sobreimposición fluvial esas cuarcitas que se alzaban, creando hoces en dirección norte-sur. Aparte de esto, la erosión remontante de los afluentes del Guadalquivir, muy superior a la producida por los afluentes del cercano Guadiana, fueron capturando valles, tránsfugas de la anterior cuenca de ese río mesetario que con un nivel de base muy superior, apenas tiene capacidad erosiva.

Paquetes de durísima cuarcita cortados en más de 600m de desnivel por el río Montoro
     
      Toda esta gran región quizás sea la mejor conservada de la península y la menos intervenida por el hombre, al ser un gran desierto demográfico y no contar con grandes ciudades, ni áreas industriales, ni infraestructuras, a no ser por la moderna línea del AVE entre Puertollano y Córdoba. Esta región aúna el norte de Andalucía con el sur de Badajoz y Ciudad Real y por su tamaño y lo intrincado de sus montes, no es de extrañar que aquí se hayan dado casos como el de Marcos Rodríguez Pantoja, (ver peli de Gerardo Olivares "Entrelobos"), el niño salvaje criado con lobos por estas mismas sierras o que Cervantes pusiera a meditar a Don Quijote  por estos lares.

Sierra de Solana del Pino y superficie de erosión colgada entre vallejos

      Se trata de un territorio casi “blindado”, dado que los terrenos públicos o Patrimonio del Estado, brillan por su ausencia. Estamos en la patria del latifundio, lo que contribuye al vacío demográfico y a su buen estado ecológico ¿ ?. Si los Montes de Toledo eran de banqueros y grandes empresarios, Sierra Morena es de la nobleza (incluidas Casas Reales) y de toreros famosos. Podría estar hablando de pueblos privados, de caminos públicos cortados, de pequeños propietarios acorralados o de furtivos, pero eso será parte de otras historias, algunas de verdadero feudalismo – Finca la Garganta, Venta de la Inés, baños de la Tiñosa, etc.
     
El día y el calor estaban como para imitar a estas inteligentes ovejas

      Estamos en los “invernaderos” de la cabaña ovina peninsular. Hace años se creó una estación, la de Alcudia-Veredas para el acarreo de ovejas que desde sus agostaderos eran traídas por los serranos que no querían andar tantísimo, para pasar todo el invierno aprovechando los pastos de estos campos y dehesas. Hoy venido a menos, la escasa rentabilidad de la oveja, perdido el valor de la lana y con una carne buenísima que no sube de precio desde hace muchos años, está poniendo el papel económico de estos “quintos” en entredicho y, cosa impensable a no ser en los peores años del hambre, muchos terrenos de ridícula fertilidad, se están arando para cultivar absurdas subvenciones europeas. Si tuviesen que vivir de lo realmente producido, nadie araría ni un metro cuadrado.
     
Al fondo la sierra de Solana de Alcudia,. Terrenos solo un poco más llanos que estos se están arando actualmente

      El resto de la economía productiva gira en torno al sector cinegético que bien desenvuelto y sin el blindaje al movimiento de los animales de los kilométricos vallados, podría tener un funcionamiento ecológicamente decente y no acabar, por ejemplo, con los últimos lobos de esta región como está pasando, si es que no acaba de ocurrir ya. Lobos que, como contaban los cazadores ingleses de finales del XIX, Chapman y Buck, les dejaron una noche de nieve sin caballerías y menos mal que llevaban caballerías.
     
Grandes terrenos cinegéticos al sur del Morrón de las Cagás, desde Flor de Ribera

      Al adentrarse en lugares como este, lo primero que llama la atención son las grandes dimensiones de todo, aunque en altitud rara vez se superan los 1300m en Sierra Madrona. Serretas de más de 40km que se conectan o van en paralelo a otras de similares dimensiones, valles interminables, mares de encinas, cientos de vallejos de un solo vistazo, pedrizas, crestones cuarcíticos contribuyen a acrecentar sus dimensiones. Por ejemplo, el Valle de Alcudia, al que pertenece este lugar, tiene una dimensión de 110km de largo, por unos 15 de ancho.
     
La Hoz dando vista a las cimas de Sierra Madrona

      La Hoz del Fresnedas, la del Jándula, Despeñaperros, la del Chorrillo o Río Frío, el estrecho del Borracho, el de Valmayor, son solo las mayores de ellas. Ahora, quién quiera descubrirlas que esté dispuesto a luchar contra todos los elementos, incluídas las vallas cinegéticas. La Hoz de Valdoro o la Ó como la llaman en Hinojosas de Calatrava, puede que sea la más accesible de todas, a pesar del lamentable estado del carreterín de este pueblo al pantano del Tablillas y el largo kilometraje de caminos hasta donde se deja el coche. La Hoz es un hachazo sobre la larga línea de la sierra sur de Alcudia, separando la sierra de Valdoro de la de Solana del Pino, en un corte desde los 500m de base a los 1166m del Morrón de la Plaza al oeste (excursión recomendable) o el Morrón de las Cagás de 1092m al este.
     
El Morrón de la Plaza domina con sus 1166m de altitud la sierra de Valdoro

      Hace unos años la finca de los Alamillos, término del camino, era privada, pero no había ningún problema con los propietarios y hasta esta casa se llegaba en vehículo; luego al ser pública aumentaron los problemas de paso, de multas o de permisos. A día de hoy, parece no haber problema y se llega en coche hasta una cancela cerrada, desde la que parte el camino hacia el río, bien por senda (recomiendo) o continuando por la pista hasta la casa de los Alamillos.
     
A partir de este punto toca ir andando

      El camino ha sido acondicionado en todo su trazado, pero los elementos, naturales y no tanto, lo están “naturalizando” poco a poco. Hay carteles con tiempos y datos, algún quitamiedos y escalerillas de madera hasta llegar a la cueva, denominándose a esta ruta senda de la Cueva. Hace bastantes años hice el camino en ambos sentidos hasta los pies del cerro Cervigón ya al otro lado de la Hoz, en plena Sierra Madrona. Hoy el camino a partir de la Cueva está muy desdibujado, pero con un poco más de trabajo y paciencia se puede conseguir, y merece la pena, pues la cueva es algo más de la mitad de la parte más espectacular y vertical de la Hoz.
     
Esta hoz del Montoro esconde una fantástica aliseda difícil de explorar

      El camino parte del molino de Flor de Ribera, acertado nombre para este idílico rincón del río Montoro, en el que hace años, veraneaba la gente de Hinojosas que al terminar sus fiestas de San Bernardo, bajaban con carros o tractores, con enseres para dormir, animales vivos y viandas para descansar y gozar de este pequeño oasis los últimos días de agosto, cogiendo peces en el río y comiéndoselos bajo toldos o a la sombra de los alisos, entre tragos de vino, bromas y risas.


Presilla o azud para desviar agua para el molino

     Hoy suena a “historia ficción”, pero es que hemos cambiado mucho, baste leer (yo lo haría obligatorio, para los habitantes del Valle) el libro de 1967 de Vicente Romano y Fernando Fernández Sanz, el "Valle de Alcudia", de la colección Botas de Siete Leguas de Alfaguara, para mí, con permiso del Viaje a la Alcarria, el primer libro de viajes en la naturaleza del solar hispano.
     
Vicente Romano y Fernando Fernández Sanz atravesaron todo el valle andando para contarlo en un magnífico libro del que hablaré en otra entrada

      No estoy en la mejor época del año, de hecho he madrugado y vuelto a la carrera para que no me martirice el sol del mediodía. Ya ha pasado la primera ola de calor del verano y todo está bastante achicharrado. Compruebo como el calentamiento climático está arrinconando a los alisos hacia el interior de la hoz, cuando antes había más en y entre Flor de Ribera y la Hoz. Las tablas que quedan en el río están llenas de galápagos y sus bordes llenos de huellas, de aves, de zorros, jabalíes o nutrias. Hasta aquí llega la verde y fresca orla fluvial de las grandes macollas de la Carex reuteriana, protagonista herbáceo de todos los cursos de aguas limpias y frescas desde aquí hasta el Atlántico.
     
Macollas de alta Carex reuteriana enmarcan las orillas y rocas del Montoro

      Desde lejos se vislumbra el magnífico bosque de ribera que recorre toda la hoz como bosque galería (ramas de una y otra orilla conectadas por encima del agua), agua que aunque escasa este año, sigue corriendo, incluso manando tímidamente al pie de las laderas y alimentando a una flora más norteña que de aquí, como Carex pendula o helechos como Osmunda regalis Athyrium filix-femina. A pesar de buscarla, tampoco he encontrado esta vez la fuente agria, de burbujeantes aguas sulfurosas que deja su anaranjado rastro casi en la misma orilla del Montoro.
     
Aquí dentro apenas se siente el verano del exterior

      Estamos en una de las regiones donde el bosque mediterráneo explota en toda su variedad de especies características y se ven, encinas, coscojas, quejigos, alcornoques, madroños, durillos, lentiscos o charnecas, labiérnagos, agracejos (ojo, aquí es la Phillyrea latifolia), espinos, mirtos, parras y todo tipo de jaras, brezos, retamas y cambrones. Apareciendo melojos y serbales en las partes más frescas y acebuches con sus esparragueras blancas en las más térmicas. La escasa altura y su latitud penaliza esta región haciendo que no lleguen aquí los árboles que sí que llegan a Montes de Toledo, como son abedules, tejos o loros, y a pocos kilómetros de la hoz, aparece en las cumbres de Navalmanzano, los restos del último pinar natural de Pinus pinaster del suroeste ibérico.
     
Agracejo, madreselva, lentisco y encinas

      El paisaje vegetal es el de los roquedos cubiertos de encinares, con algún alcornoque en situaciones más térmicas, sustituidos por enebros donde la piedra apenas deja espacio para el suelo. En las más fértiles y húmedas faldas de las laderas, entran quejigos y en los rincones más húmedos, ejemplares sueltos de fresnos apurando alguna oculta veta de agua. La aliseda de fondo de valle es compacta y continua, creando un entramado de raíces que fija el suelo y los une protegiéndolos de las avenidas fluviales que en muchos casos dejan esta red de brazos entrelazados al aire. También dependientes del agua, pero no tanto como los alisos, aparecen los fresnos junto al río o al pie de roquedos.
     

      Llama mi atención en todas estas hoces, la presencia constante y abundante de Phillyrea latifolia que llega a formar bosquetes y en ocasiones deja su habitual porte arbustivo para alzarse en árbol con unas dimensiones inusuales para la especie, siempre al abrigo de unas buenas condiciones que hagan olvidar el clima mesetario de la cercana Mancha. Estamos en Castilla la Mancha, pero todo tiene que ver más con Extremadura o Andalucía, tanto en lo climático como en lo litológico o botánico.
     
     
Ramillas de agracejo (Phillyrea latifolia), parecido al mirto, también presente


      Al internarme en la Hoz, la geología impone su dominio y protagonismo en el paisaje, poniendo la Mancha a años luz de aquí, con barrancos vertiginosos y rocas esculturales. Tras varios callejones y vericuetos llego a la cueva, rincón telúrico en el que habrán dormido hombres  con vida y conciencias en mis antípodas. Seguro que los rastros de las por esta región abundantes pinturas rupestres, fueron borrados por el hollín de las hogueras de cazadores, pastores y todo tipo de gente “balduenda” que anduvo por estos malos pasos: cazadores, bandoleros, huidos de la justicia o de la injusticia, como los últimos maquis que por aquí bandearon. Puede que por eso tiene esta cueva tantos nombres: cueva de los Ladrones, de los Maquis, de los Hurguines, de la Hoz y, últimamente, parece que cueva del Toro.
     
Cueva de los Maquis y geológica vista de paquetes de estratos cuarcíticos vistos desde ella

      Todas estas sierras, serretas y valles son pliegues o flancos de pliegues, estructura que hay que imaginarse subterráneamente para explicar el paisaje, pero que aquí aparece cortado para que se pueda ver el interior de la tierra, con sus paquetes de cuarcitas. El valle de Alcudia es el interior de un gigantesco anticlinal desventrado, donde afloran materiales precámbricos de los más antiguos de la península, formados por grauvacas, pizarras y en menor medida areniscas y conglomerados. La estructura cortada por la Hoz de Valdoro, es el flanco sur del anticlinal dando paso al sinclinal de Solana del Pino. Todo conformado por cuarcitas armoricanas paleozoicas del ordovícico que son las responsables, con su gran resistencia a la erosión, de mantener en pie todo el relieve Centro-Ibérico del Macizo Ibérico.
     
La cueva en la distancia en el centro de la Hoz de Valdoro

      Rincón magnífico de esta magnífica y poco conocida sierra, que desde el límite con Albacete al este, llega hasta prácticamente el cabo de San Vicente en Portugal y que en esta región, tiene en Sierra Madrona, con su umbría bien visible desde la Hoz, sus mayores cotas altitudinales.

     
     
Más info:   http://areasprotegidas.castillalamancha.es/rap/espacios-naturales-protegidos/enp-parque-natural/valle-de-alcudia-y-sierra-madrona/rutas/ruta-12


jueves, 12 de mayo de 2016

Los Arenales del caudaloso Guadyerbas


      Sigo a vueltas con los arenales, despúes de estudiar los de Villarrubia de los Ojos y algunos arenales costeros, voy con algunos arenales en buen estado que quedan por el interior peninsular.
Los arenales del Guadyerbas pueden ser uno de los mejor conservados de la sub-meseta sur, no son ni mucho menos los mayores, para eso está el hiper-cultivado Campo de San Juan en Ciudad Real, pero dado el estado general de este tipo de ecosistemas, bajo la teórica protección de la Directiva Hábitats, no nos podemos quejar.

El alcornocal suele sustituir al encinar en estos terrenos más arenosos

Como con otros ecosistemas puntuales y aislados, como puedan ser los bonales, su aparición con su medio físico, su geotopo sin alterar y con las especies vegetales que le son propias, se antoja algo especial y chocante. Con el paso del tiempo, más información y un poco de imaginación, no es difícil constatar que este tipo de medios tan puntuales, en otros tiempos eran desdeñados por el agricultor y bastante más abundantes que hoy y no tan inconexos, como se podría pensar.

Áreas de pastizal y cereales en los Llanos de Velada que se extiende muchos km2 hacia el oeste

Las acumulaciones arenosas son bastante comunes, al menos en la mitad silícea ibérica, casi todas tienen que ver con la alteración de los granitos que terminan convertidos en arenas gruesas por los distintos procesos erosivos y removidas a las zonas bajas por las aguas y en contadas ocasiones, como ésta, por unos vientos constantes y moderados.


      Los ríos de esta región, al llegar a áreas de escasa pendiente tienen un drenaje indeciso y variable, espacial y temporalmente, creando con su cambiante recorrido, amplias superficies arenosas que son finalmente asentadas por la vegetación, a no ser que de nuevo las aguas o  un viento persistente, las torne de nuevo móviles y acumulables en determinados lugares.

Al norte del Guadyerbas un relieve duro, montuoso y adehesado; al sur el Baldío y los Llanos de Velada

Esta zona de la que hablamos se encuentra a medio camino entre el Tajo y el Tiétar, rodeada por ligeras elevaciones, crecientes hacia el este, que hacen de embudo frente a los vientos constantes del oeste a suroeste. Hacia poniente pronto desaparecen las dos pequeñas alineaciones montuosas que separan el valle del Guadyerbas del Tajo y del Tiétar respectivamente, y el interfluvio entre ambos ríos apenas resalta entre ellos. Es la gran zona detrítica entre las estribaciones de Gredos al norte, y las Villuercas al sur. Es el Campo Arañuelo, continuado en Toledo por la Campana de Oropesa. Toda esta área actuó de área fuente para las finas arenas que se acumularon en los Llanos de Velada.

Forma ovalada del alvéolo  granítico del Baldío de Velada

A esta disposición geográfica de orografía y sedimentos, se une la disposición del terreno granítico sobre el que se asientan los arenales. A parte de los glacis o piedemontes, (arenosos también) del Berrocal que lo separa de Talavera, una buena parte de las arenas se localizan en un gran alvéolo granítico, un área de confluencia de fracturas que produjeron finalmente un área deprimida de forma oval, rellenada por arenas fluviales, traídas de la montaña del Piélago por el Guadyerbas (el caudaloso Guadyerbas como decía con guasa mi abuelo), y por los vientos del oeste, por el gran área deprimida del arroyo de los Huertos-Alcañizo en el interfluvio Tajo-Tiétar.

Entre el alcornocal aparecen arroyos y charcas que drenan la llanura cerca del Guadyerbas

Bajo este manto arenoso se encuentra el acuífero de Velada; hacia dicho pueblo más profundo y hacia el Guadyerbas, somero puntualmente, alimentando algunos manantiales y pequeños arroyos que nos sorprenden con una vegetación de rasgos norteños y atlánticos en medio de una reseca llanura. Hace bastantes años casi no me podía creer la presencia de robles melojos, quejigos portugueses e incluso alisos, entre espesos brezales, zarzales y helechares en esta región. A ese elenco, se le une algún manzano silvestre y plantas de carácter atlántico como Genista anglica, G. tinctorea, Serapias cordigera, Succisella microcephala, Lobelia urens, etc. Por lo que al difícil carácter sabulícola de la vegetación hay que añadirle esos “bonales” y arroyos llenos de vida.

Este año  bueno de lluvias la orquídea Serapias cordigera aparece en más zonas deprimidas que el típico bonal

El ecosistema dominante es el alcornocal, hasta tal punto en algunos momentos los grandes alcornoque semejan las “pajareras” de Doñana, incluso una de las plantas características, exclusiva de estas arenas, el Halimium calycinum, también forma paisajes en Doñana y solo faltaría el Halimium halimifolium para poder llamar a este matorral igual que lo hacen allí: “monte blanco”, cosa que casi se consigue gracias a otro protagonista especial de esta vegetación, el codeso Adenocarpus aureus. Algún punto he conocido más al oeste, en el límite con Cáceres en que la unión de este codeso y la retama blanca Cytisus multiflorus, sí que pintan el monte de blanco. Pero aquí en Velada esta escoba blanca aparece solo al oeste del arenal.

El plateado Adenocarpus aureus poco antes de su espectacular floración, Cachis!!

Fuera de la vegetación algo relacionada con el agua, dominan las cistáceas del género Halimium: H. calycinum, H. umbellatum subsp. viscosum y H. ocymoides. Hace unos años vine aquí para afotar el H. calycinum y me llevé H. ocymoides por un error que luego me recordarían. Ahora he visto que la flor es muy parecida, pero que no coinciden casi ni en época de floración. Todos ellos aparecen mezclados con el abundante Adenocarpus aureus, y cogerlos en los escasos días en que todos coinciden en su floración es algo espectacular.

Halimium ocymoides a la izquierda, sin florecer y H. calycinum a la derecha. No confundir

Halimium calycinum entre ramas secas por la sequía de estos dos últimos años

       Otras jaras que aparecen son Cistus salvifolius, relativamente abundante y C. psilosepalus, ya más relacionada con la humedad edáfica y la sombra. Podemos ver dispersos torviscos Daphne gnidium, piruétanos (Pyrus bourgaena) y en enclaves algo elevados o pedregosos al cantueso Lavandula stoechas susbsp. sampaioana. La jara pringosa solo aparece fuera del arenal en las laderas del norte.

La jarilla blanca (Halimium umbellatum subsp. viscosum junto a H. calycinum)

Cistus  salvifolius creciendo en medio de las arenas

Cistus psilosepalus cerca de un arroyo y protegida por los alcornoques

Esta es la vegetación arbustiva, pero la vegetación de escasa talla, está tan fuertemente adaptada al sustrato arenoso que muchas especies solo pueden medrar en este medio. De entre las especialistas (Andryala arenaria, Erodium pulverulentum, Linaria spartea, Corynephorus canescens, Rumex bucephalophorus, Euphorbia matritensis, etc.), destacan la pequeña matilla Mercuriales elíptica y sobre todo, Thymalea lythroides que no pude encontrar, una rareza que solo crece aquí y en otra única localidad sevillana muy parecida a esta y en el gran alcornocal marroquí de Mámora.

No me cabe duda que el alcornocal sobre arenas es vegetación permanente con su flora asociada

Realmente la vegetación de las arenas en toda esta región (incluyendo los arenales del Tajo, Alberche y Perales), vienen marcados por la presencia de Adenocarpus aureus, que ha llegado a verse incluso en arenales de Retamares-Alcorcón en Madrid. Estos arenales cada vez más escasos, aparecen en las áreas señaladas y en las cercanías del Alberche en Talavera, al sur de Gamonal y puntualmente en áreas deprimidas del interfluvio Tiétar-Tajo entre Toledo y Cáceres. Muchos de estos puntos se encuentran en proceso de recuperación. El Halimium calycinum llegó a estar en los areneros del Manzanares en Rivas según Cutanda (Madrid) y cada día es más escaso en Fuente el Fresno. Pero es muy fácil de reintroducir en estos puntos que estoy citando, para recuperar un ambiente que está viviendo sus últimos días si no los protegemos debidamente.

La belleza de esta planta ha desaparecido de casi todas partes, pero puede  volver de nuevo a ellas.
Insisto, no confundir la anterior Halimium calycinum con H.  ocymoides, la siguiente:


Afortunadamente estamos en una zona protegida como “Reserva fluvial de los Sotos del Guadyerbas y arenales del Baldío de Velada” desde 2002, además de formar parte del L.I.C. “Sierra de San Vicente y valles del Tiétar y Alberche”. Pero esto no es garantía de conservación como he podido comprobar. Existe una práctica perversa en gran parte, al menos, de Castilla la Mancha que cosiste en reforestar para acogerse a las ayudas para tal fin, sobre terrenos ya forestados. 

Estos terrenos ya tiene una producción corchera, una repoblación conduciría a una espaciación del arbolado compitiendo por el agua y los nutrientes, parecida a la anterior a la repoblación.

      Es destrozar un terreno para cultivar encinas, pinos o alcornoques alineados y tener garantizados unos dineros anuales hasta que dicho monte pueda producir por sí mismo. La perversión del asunto es que usualmente no se trata de superficies deforestadas, sino usualmente de un buen mosaico de árboles, arbustos y pastizal, muy aptos para el pastoreo y para la biodiversidad del medio. Aún peor es que se introduzcan especies foráneas que empeoran la situación más que si se tratase de terrenos deforestados.

Se puede observar aquí la trama asurcada de la repoblación realizada hace algunos años en el arenal

Como se puede apreciar en las imágenes de satélite, una gran parte de la superficie del Baldío de Velada fue roturado para plantar alcornoques y pinos, aunque al parecer la situación ha ido revertiendo hacia su naturalidad y homogeneización con los terrenos vecinos.

El cantueso  aparece como las encinas, al exterior del arenal y fuera de la humedad

    Algunos pinos siguen adelante al igual que bastantes alcornoques y llama la atención la facilidad con la que arraigan de manera espontánea los pinos en estas arenas, y es que pienso que es la ecología oportunista del pino la que no tiene competencia, a pesar de la idoneidad del alcornoque que tiene en contra su escaso  reclutamiento y lentitud de crecimiento.

No es raro encontrar algún pino creciendo entre jarillas y helechos en el arenal

Toda esta región tiene una clara vocación ganadera, como bien muestra la Cañada Real que a partir de la cola del pantano de Navalcán va hacia el oeste y que todavía se usa para la transhumancia. Las partes algo más altas de los Llanos de Velada, siguen con su clásica tradición de cultivo de las  célebres sandías de Velada, algo que a pesar de los tiempos sigue siendo bastante productivo, como se puede constatar con los numerosos sombrajos apostados en la carretera para su venta en pleno rigor veraniego.

Entre las muchas plantas que ví, me llamaron la atención los altramuces. El azul Lupinus angustifolius, el rosado L. hispanicus y, abajo el amarillo, L. luteus.


      La conexión de las áreas bajas luso-extremadurenses, desde Campo Arañuelo hasta las cumbres del Piélago con sus fantásticos robledales que ya quisiera Gredos para sí, son de libro, con una catena vegetal en muy buen estado de conservación. En medio de ese ecológico viaje, aparece como una isla cargada de biodiversidad, esos sotos y arenales del Guadyerbas, con sus áreas higrófilas de carácter norteño y sus arenales emparentados con el suroeste andaluz y marruecos.



domingo, 31 de enero de 2016

“Timberline”. La Fragilidad del Límite Superior del Bosque


     El límite superior del bosque, el “Timberline” de los países anglosajones, nos remite directamente a la idea de alta montaña que a diferencia de la baja o media montaña y obviando discutibles criterios altitudinales, es aquella que posee una franja altitudinal superior carente de vegetación forestal natural. Es significativo el nombre alemán de esta línea: “Krummholz” que literalmente significa madera retorcida, debido a las duras condiciones que tienen que soportar los últimos árboles del bosque, pues aparecen enanizados, retorcidos e incluso, tocados por el rayo.






















   Esta zona, muy desnaturalizada en los últimos tiempos, presenta unas características ecológicas que la hacen diferente y  peculiar. Es ecológicamente un medio fronterizo, un ecotono, la zona intermedia entre dos mundos, entre dos medios vegetales dinámicamente muy diferentes, el arbóreo y el arbustivo.


Pedreras inestabilizadas por el hielo y la escorrentía en los tubos de Cabezas de Hierro

   Aquí la crudeza climática y los procesos geomorfológicos asociados, marcan un límite altitudinal, más o menos neto, al desarrollo de la vegetación de gran talla. A partir de esta línea solo en refugios, bajo condiciones microclimáticas más favorables, podremos encontrar algún arbol. El relevo de lo forestal lo toma la vegetación arbustiva con lo que las características edáficas, lumínicas y microclimáticas cambian por dejar de ser nemorales, aunque tenemos la riqueza combinada de esos dos mundos.

En la Cantábrica pasamos  del bosque a un gran brezal-tojal con escobas

     El clima se caracteriza por un descenso generalizado de la temperatura, la acción persistente del viento y la mayor cuantía de las precipitaciones, siendo las invernales mayormente en forma de nieve. Las precipitaciones se ven potenciadas por la altitud y, en muchos casos, también por el efecto de pantalla orográfica frente a la circulación general de los vientos dominantes.

Tras el fuego las fuertes lluvias del sur de Gredos erosionaron brutalmente estas laderas

     Al disminuir la temperatura y aumentar la precipitación, dentro del macrobioclima mediterráneo se hace posible la existencia de numerosas especies de carácter atlántico o eurosiberiano. En muchos sistemas montañosos del centro y norte ibérico, en razón al incremento de la altura pasamos directamente de estar bajo un macrobioclima mediterráneo al templado, lo que lleva asociado todo un cambio vegetacional y una neta frontera biogeográfica en esas mismas laderas.

En las montañas templadas el límite del bosque  viene marcado por los abedulares, situados por encima del hayedo

         Los factores climáticos aquí, salvo el aumento de precipitaciones, son limitantes de la actividad vegetal y ponen en marcha procesos apenas relevantes en áreas inferiores, como son todos aquellos relacionados con la congelación del agua en el interior del suelo. Los ciclos diarios o estacionales de congelación/deshielo actúan enérgicamente sobre la capa superficial del suelo inestabilizándolo o sobre el material rocoso, cuarteándolo y arenizándolo; Ciclos de mayor duración crean en el interior del suelo vejigas o hinchazones de proporciones muy variables, fenómeno llamativo principalmente en las zonas húmedas, siendo capaces de, por gravedad, movilizar masas de terreno. 

Lóbulo solifluidal de barro y césped  fluyendo entre pinos que sufren el "efecto bandera" del fuerte viento dominante

        La congelación de los suelos queda amortiguada por la presencia de la vegetación, aunque un régimen hídrico potenciado por precipitaciones puntualmente importantes y los deshielos pueden combinase peligrosamente. Esto queda patente cuando desaparece la cubierta vegetal y se producen, avalanchas de terreno, acarcavamientos o grandes surcos torrenciales que hacen desaparecer la rica capa superficial del suelo. Estos materiales arrastrados colmatan las pozas de las gargantas y, río abajo, el fondo de los pantanos.

Estos pinos sujetan con sus raíces el suelo y los materiales rocosos en  el borde de la garganta

      Esta es la zona con mayor  biodiversidad de la montaña, pues la condición fronteriza y su variada topografía crea un gran mosaico de microhábitats. Los ambientes van de lo rupícola a lo megafórbico, de lo heliófilo a lo esciófilo, de las condiciones más xéricas, impuestas por la exposición a los agentes atmosféricos: sol, vientos, una rápida escorrentía, etcétera; a las más higrófilas: umbrías, abundancia de manantiales, sombras topográficas,.. Por esto aquí aparecen cercanos reductos de la flora cacuminal y de la flora de cotas inferiores.

Abedulares sobre el pinar de Lillo marcando el límite del bosque

     Es por esta mezcolanza de ambientes ecológicos una zona de hibridación; especies adaptadas a uno u otro medio se encuentran aquí en vecindad; no en el mismo nicho ecológico, pero en nichos que están muy próximos: son áreas idóneas para la especiación. Por ejemplo, en Gredos el caso de las santolinas o de los tomillos. Santolina oblongifolia de cotas altas y S. rosmarinifolia de las bajas, coincieden en el timberline donde es frecuente encontrar individuos intermedios S. virescens; otro tanto ocurre con los tomillos, el  supraforestal Thymus bracteatus, contacta con el T. mastichina, de zonas inferiores, resultando un tomillo con olor a melisa que es el Thymus bratichina, dado por híbrido pero, en mi opinión, una nueva especie en toda regla, y así numerosos ejemplos.

Santolina virescens, intermedia entre la  oromediterránea S. oblongifolia y la supramediterránea S. rosmarinifolia

               Numerosos elementos norteños se dejan ver en este límite: tejos, acebos, serbales varios, abedules, etc.; así como especies relictas: roble albar, pinos cascalbos y silvestres en el sistema central; pinos negros o moros y sabinas rastreras en el Ibérico; pinsapos y quejigos alpinos en las sierras andaluzas y especies alpinas en el eje cántabro-pirenaico. A nivel arbustivo se produce una dominancia explosiva  al reducirse la competencia arbórea.  También existe  potencialidad hibridógena y generadoras de especies,  mezclándose arbustos de cotas superiores e inferiores. Ej: Cytisus oromediterranus x C. multiflorus: Cytisus praecox.
Santolina oblongifolia rodeada de Thymus bracteatus y una solitaria y supramediterránea Festuca elegans

       El caso del Sistema Central Ibérico es paradigmático de la fragilidad del timberline.  A Gredos, en sentido amplio, llegan ganados de regiones vecinas e incluso distantes, lo que finalmente ha resultado en que solo existan bosques en las áreas bajas, en las de importancia ganadera marginal, en la vecindad de los pueblos o en la retícula del parcelario, donde se mantiene algo de la primitiva riqueza forestal.  Ni que decir tiene que los mejores pastos casi coinciden con el área de timber, aunque hoy, hay que sumar a los recurrentes incendios de piornal (climácico o serial), la plaga de los incendios forestales, el mayor desastre ecológico en los veranos contemporáneos.



           El límite del bosque por la acción antrópica es un tema controvertido, no como en el Guadarrama, donde por encima del piso del roble existe un claro piso del pino silvestre, apareciendo algunos tortuosos pies de pino incluso por encima de los 2200m. Según recientes investigaciones hasta no hace mucho existió en Gredos un límite forestal de pinar, el resto de los pinares de pino silvestre actuales, (Hoyocasero y Alto Tormes), son pinares probablemente naturales pero favorecidos por el hombre frente al robledal.
Paso del robledal al piornal en lo alto del Pinajarro en el timber del valle de Ambroz

        El roble es quien tomó el relevo al pinar silvestre en la paulatina dulcificación del clima a mitad del Holoceno. El robledal tiene un límite forestal difuso en torno a los 1300-1500m. pero no es difícil encontrar pies en localizaciones rupestres que rozando los 2000m., en ambas vertientes y en puntos de difícil acumulación de nieve, factor que parece ser más restrictivo a nivel climático que el descenso de la temperatura con la altitud. En la mitad occidental de Gredos de influencia atlántica dominan los robles, mientras que en su mitad oriental, más continental, dominan los pinares, aunque muy favorecidos por el hombre.

Límite del bosque totalmente natural, algo inusual en la sierra Madrileña

           La idea de los pisos bioclimáticos altitudinales o pisos de vegetación es un concepto antiguo. Para el centro peninsular fue el geógrafo Huguet del Villar quién primero los definió. Hoy en día el planteamiento científico más acertado y admitido para la cliserie altitudinal de la montaña mediterránea es el de Salvador Rivas-Martínez que los caracteriza clara y matemáticamente por medio de valores umbrales climáticos. El timberline se encontraría en el límite entre el piso supramediterráneo (robledal) y el oromediterráneo; aunque si existe pinar silvestre, el timber estaría entre el horizonte inferior oromediterráneo y el piornal del horizonte superior. 

En Guadarrama Huguet del Villar comprobó la zonación altitudinal de la vegetación ibérica

       En el esquema clásico para el Guadarrama,  estaba el piso de la encina, por encima de éste, el piso del roble; por encima de éste, el piso del pinar; por encima de éste, el piso del piornal y por encima de este último, el piso del pastizal  vivaz de alta montaña. Este esquema, con ligeras variantes,  parece haber sido válido en el pasado para la práctica totalidad de las grandes montañas peninsulares, incluso la cordillera Cantábrica albergó una secuencia similar en su vertiente mesetaria, con grandes pinares reducidos en la actualidad a Lillo y Velilla del rio Carrión. Las Béticas y el sistema ibérico también parecen haber seguido este esquema, aunque los robledales (en calizas quejigares y acerales) están francamente mermados por la potenciación de los pinares. En estas áreas, mayoritariamente calizas, el papel del pino silvestre también ha sido desempeñado por el pino laricio y los sabinares.

Por encima del cantábrico pinar de Lillo, por encima del límite forestal aparece el arbustivo Quercus orocantabrica

     Ha sido el fuego quien ha dejado literalmente pelado el timber de la mayoría de nuestras sierras. Desde los celtas para mantener sus idolatrados ganados, a romanos y reconquista, con  el uso del fuego como táctica de guerra, hasta los incendios de nuestros días,  se ha ido calcinando esta región; pero hay un fuego  especialmente dañino, en mayor medida al tratarse de unos fuegos que se suelen provocar cuando se da por  concluída la campaña de incendios. Es el fuego intencionado de los piornales (o brezales en climas más húmedos) para recuperar o conseguir pastos. Antes era una herramienta que era casi un arte y hacían poco daño, pero hoy es el mayor azote de lo más alto de nuestros montes.

Acebos ramoneados por los venados en su parte inferior en el timber asturiano

           Un nuevo factor degradante se viene a sumar hoy en día a los incendios forestales en el timberline, es la actual pujanza de la caza mayor que en el Sistema Central ha venido del incremento exponencial de la cabra montés en los últimos años. Su número es francamente excesivo en todo el Sistema Central, con un serio problema en Gredos; otro tanto ocurre con los jabalíes, síntoma del abandono rural y prueba de la dureza de estos animales, es muy corriente el observar grandes áreas de pastizal totalmente arados por ellos. Con los cérvidos y debido al cambio climático, en esta área que debido a la nieve tenían vetada, se ha pasado de la ausencia más absoluta a la abundancia. Aumento, poblacional muy considerable en todo el Sistema Central e Ibérico, pero espectacular en la Cantábrica. Si la evolución siguiera su curso probablemente daría una nueva especie más adaptada al frío y la nieve, el ciervo de piornal.

Zona  gredense deforestada y abundante en jabalíes y venados

   El efecto de esta fauna tan alabada por los escopeteros, sobre la vegetación, unida a las causas provocadas directa o indirectamente por la acción del hombre (principalmente los fuegos), está dejando esta franja zonal de vegetación en unas condiciones precarias para enfrentar un incierto futuro que los vaticinios climáticos nos presentan como poco o nada halagüeño.

Un fuego o el rayo acabó  con uno de los últimos pinos silvestres del valle del Tiétar, cara sur de Gredos

           Entre las medidas que se deberían tomar para impedir el deterioro de esta franja altitudinal, aparte de las coherentes con todas las normativas de protección ambiental nacionales y europeas, de las que muchas atañen a estas áreas por entrar en áreas de protección manifiesta, y manifiestamente ampliable, se deberían observar otras de sentido común que no suelen entrar en las miras de gestores más proclives a un falso sentido económico.

Reversión de la pista de esquí de Valcotos a un estado más natural

Por todo esto habría que asentar medidas indispensables para esta región tan delicada y tan importante para garantizar la seguridad de las áreas inferiores tales como:


- Prohibir la explotación forestal en áreas con pendiente mayor de 20°, como factor protector del suelo frente a las abundantes precipitaciones que aquí se producen y sus ulteriores destrozos erosivos. Actuar pensando en el bosque como reservorio de humedad y fábrica de fertilidad. El cuidado y protección del bosque es asegurar un ciclo hidrológico limpio y bien secuenciado, protegiendo desde arriba toda la cuenca y el suministro a las zonas inferiores.

Al fondo paso del hayedo-robledal al piornal-brezal de Ayllón. En primer término montes aterrazados

- Racionalizar y conjuntar un sistema silvo-pastoral. Ocurre que grandes áreas se dedican en exclusiva a uno u otro uso. Es corriente ver buenos pastizales reforestados cuando serían más productivos ecológica y ganaderamente siguiendo como prados y viceversa; si se plantaran árboles en altos y oteros, vallándose los árboles cuando jóvenes, darían en el futuro mayor humedad y protección al terreno, así como cobijo al ganado en verano.

- Reforestar con especies del terreno o recientemente desaparecidas de la zona, con un abanico de especies autóctonas e incluso no tanto, al menos en las áreas de menos valor ecológico, adecuando las especies a las áreas del terreno más favorables a ellas. Dado los variables tiempos que se avecinan es absurdo jugársela a una sola carta.


Últimos silvestres  del sur de Gredos con un fondo de laderas deforestadas por los fuegos reiterados

- Control poblacional de las especies cinegéticas con el establecimiento de unas densidades máximas y no impedir por más tiempo, la entrada del lobo como actor y parte de la dinámica poblacional de los herbívoros en las áreas donde aún no está presente.


- Una labor educativa digna y pagada en el medio rural, las ideas preconcebidas, antiguas o los prejuicios frente a la protección del territorio están a la orden del día entre los paisanos que son finalmente quienes van a cuidar y sufrir o disfrutar de las acciones de protección. Este puede ser el punto clave de cualquier gestión del espacio rural. La valoración del factor humano y el ganar racionalmente la colaboración de los pueblos tiene una importancia crucial ante cualquier acción de futuro.


- Hacer de la lucha contra el fuego un asunto de estado y conseguir la erradicación del incendio de piornal como práctica de manejo de los pastos ganaderos. Antes se sabía quemar en tiempo y forma, y siempre bajo estricta vigilancia. Hoy se prende y se escapa porque es ilegal y luego el fuego sigue su curso desbocado.

Poco a poco esos pinillos van conquistando la cima de las montañas, vetadas antes de estos tiempos más cálidos

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