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jueves, 31 de enero de 2019

Los Praos de Carrión



          Los Praos de Carrión son una vasta superficie de aproximadamente 250 has., en relativo buen estado de conservación natural. Se trata de una gran zona deprimida formada por el arroyo Pellejero, también llamado Valdecañas, poco antes de su desembocadura en el Guadiana, donde ambas aguas conforman la península que aislaba y defendía la magnífica fortaleza de Calatrava la Vieja que fue durante siglos, la mayor ciudad existente entre Toledo y Córdoba. Cerca de la fortaleza, se encuentra el santuario de la virgen de la Encarnación, área de esparcimiento y celebración del municipio de Carrión de Calatrava, a quien pertenecen todos estos terrenos.


            Esta zona fue terreno de caza y una buena área de pastos ganaderos o prados, siendo “Los Praos” su nombre que ha perdurado. También posee una fuerte impronta humana debido al trabajo de muchas generaciones de yeseros, quedando sobre el terreno, muestras de su antiguo oficio, como zonas excavadas, restos de casillas, hornos, etcétera. Con el decaimiento y cese de esta actividad, a partir de los primeros 80, este paraje parece quedar en el olvido, salvo para pastores y cazadores, aunque por desgracia, a principios de los 70 sufrió trabajos de canalización, al igual que el aledaño río Guadiana.

Restos de un antiguo horno de yeseros

            Los Praos de Carrión tienen una naturaleza muy dependiente de los distintos ciclos climáticos que se suceden en este lugar, mostrando un aspecto, vegetación y fauna, extremadamente variable, según vengan estos ciclos. En un solo año se puede pasar de condiciones áridas, prácticamente salobres y esteparias, a un gran humedal con lámina de agua duradera por años. Esto conlleva que unas especies vegetales reemplacen a otras según estemos en un ciclo seco, húmedo o en sus transiciones.

El calaminar inundado tras un buen evento lluvioso

            Estas variaciones climáticas son continuas; tras la sequía del primer lustro de los 90, llegaron las fuertes lluvias de 1996-97, pero fue a partir de finales de 2009, con el comienzo de un nuevo ciclo lluvioso, cuando se recargó hídricamente esta región, aguantando algunas lagunas varios años seguidos, con el apoyo de la cercanía del nivel freático a la superficie, probablemente gracias a la existencia de acuíferos locales, menos profundos que el gran acuífero manchego. En la actualidad, al parecer, seguimos en un ciclo seco.

Cardales de varios tipos en pleno evento climático seco, sin lagunas residuales

            Los terrenos de los Praos acogen la vegetación propia de los dispersos humedales estacionales que, rodeados de bosquetes de tarayes, muestran grandes carrizales, praderas juncales y pequeñas manchas de vegetación salina, todo enmarcado por un entorno agrícola con su vegetación arvense, aunque con algunos retazos de suelos pedregosos sobre la dura costra caliza manchega, con sus tomillares y sus efímeras especies asociadas. Pero básicamente, dominan formaciones vegetales nitrófilas, como cardales o un gran calaminar. Toda esta vegetación es tanto o más interesante, al mostrar todo tipo de transiciones entre unos y otros tipos; hacia lo salino, hacia la costra caliza, hacia lo lacustre, hacia tomillares o hacia los cultivos.

Distintas formaciones vegetales hacia el centro de Los Praos

        La vegetación lacustre está dominada por los carrizales Phragmites australis y allí donde el agua es más profunda o permanente, aparece la espadaña Typha dominguensis y varios tipos de altos juncos (Shoenoplectus lacustris y S. littoralis), con alguna escasa mata de masiega (Cladium mariscus). Sobre suelos con el nivel freático más profundo, aparece el junco churrero (Scirpoides holoschoenus), aunque si los suelos son más salinos, que es lo más frecuente, aparece otra vegetación dominada por juncales salinos, formados por la castañuela (Bolboschoenus maritimus) y otros como el almorchín Schoenus nigricans y los juncos Juncus maritimus, J. subulatus, etc. 

Al bajar las aguas todo se llenó de jóvenes tarayes

          En estos suelos con más humedad aparecen lastonares de Elymus curvifolius y E. hispidus o los espesos fenalares de Brachypodium phoenicoides. Entre estas masas de juncáceas y gramíneas aparecen las altas varas floridas de Cochlearia glastifolia y especies de menor talla como Samolus valerandi, Centaurium spicatum, etc. En los bordes de estas áreas húmedas aparecen numerosos tarayes (Tamarix canariensis), no siendo muchos los individuos que llegan a hacerse añosos, apareciendo éstos ya en la desembocadura del Pellejero o en el sobre-excavado canal del Guadiana.

Más que una zanja, esto es la "tumba" del Guadiana

  Las áreas verdaderamente salinas son muy puntuales como el rincón de Charco Raso; hace pocos años existía otra buena zona en la parte cercana a la ermita. Dominan aquí los almarjales de Suaeda vera y grandes masas de acelguillas (género Limonium). En el centro de las despejadas áreas más salobres aparece, siendo muy escaso, el llamativo coralillo (Microcnemum coralloides). Allí donde aparecen manchas blancas salobres en el suelo, aparece el micro-pastizal de Frankenia pulverulenta y bordeándolo, juncales salinos o espesos herbazales de las gramíneas salobres Aeluropus littoralis, Puccinellia festuciforme o la cebadilla Hordeum marinum. En algunos encharcamientos temporales y someros aparece la escasa y protegida Lythrum flexuosum.

En pie Centaurium spicatum y tumbado y algo pasado Lythrum flexuosum

La vegetación menos influenciada por el agua, los yesos o la salinidad del lugar, es la relacionada con el cercano encinar manchego que aparece en los vecinos montecillos la Dehesa de Carrión o en el Turón. Apenas aparece alguna encina pero sí, retamas y esparragueras que junto con tomillos (Thymus vulgaris) y zamarrillas (Teucrium gnaphalodes) son la única vegetación leñosa que aparece en puntuales áreas interiores pedregosas y zonas de transición a la dura costra caliza. Acompañando esos tomillares aparecen plantagos y astrágalos, y un cortejo de especies típicas acompañantes del encinar manchego (carlina, ruda, cardillo, salvia, viborera, lengua de perro, reseda, lechetrezna, cañaheja, jarilla, etc.).

Un bello escudero Eurydema ornata (gracias Nacho) sobre la alta y fructificada Cochlearia glastifolia

         Es muy abundante, incluso dominante, la vegetación halonitrófila, es decir, aquella de suelos alterados y moderadamente salinos, ya sea la alteración producida por causas naturales (inundaciones con aportes de broza y residuos orgánicos, conejos) o humanas (remoción agraria, vertidos, excavaciones, incendios, etc.). Esto queda de manifiesto en lo que quizás sea uno de los mayores calaminares manchegos que son los matorrales de Salsola vermiculata, llamado “calamino” en la Mancha o “sisallo” en Aragón. Aparte del calaminar, relativamente pobre en especies, este tipo de formaciones son muy diversas, tanto que probablemente aquí se ofrezca el mejor catálogo de este tipo de comunidades de toda la Mancha.

Un calamino cubierto de líquenes anaranjados. Abajo cardales de Sonchus crassifolius

Abundan los cardales, existiendo una gama muy completa de estas compuestas; aparte de tobas o cardos borriqueros, cardos marianos, centáureas, carlinas y cardillos, hay varios tipos de Cirsium (C. valdespinulosum, C. pyrenaicum y C. vulgare), también destacan las pinchudas y blancas masas del salino Sonchus crassifolius y ya cerca de los canales, Sonchus maritimum.

Masas de asteriscos (Asteriscus aquaticus) tomando rincones de los Praos

   También abundan formaciones de escasa talla dominadas, de forma masiva, por las amarillas estrellas de Asteriscus aquaticus o las resedas, y praderas de vistosas gramíneas, como Polypogon maritimus u Hordeum marinum, otra especie abundante es la alta y viscosa herbácea Gypsophilla tomentosa y las viboreras. Curiosamente, esto debería ser un albardinal pero entre pastos de un tipo u otro no llega a aparecer, aunque sí lo hace y muy puntual su raro acompañante el protegido Lepidium cardamines y algunas especies ya más corrientes.

Viborera (Echium vulgare) de gran tamaño y cardales con Cochlearia a contraluz

La vegetación sobre los delgados suelos acumulados sobre la dura costra caliza, es pequeña y efímera, con especies anuales tales como: Linaria amethystea var. albiflora, Campanula erinus, Asterolinum linum-stellatum, Valerianella discoidea, Hedypnois cretica, Helianthemum ledifolium, Cerastium pumilum, Galium parisiense, Medicago minima, Androsace máxima, Herniaria cinérea, Filago pyramidata, Bombycilaena discolor, Raghadiolus stellatus, Centaurea melitensis, Urospermum picroides y gramíneas como la enana Mibora minima, junto a Stipa capensis y Brachypodium distachyum.

La dura costra caliza bordea las áreas deprimidas del Pellejero

            La situación de la fauna va acorde con la salud del lugar. Tierra de conejos, aquí suelen criar las garzas imperiales y aguiluchos cuando hay agua, se puede ver a la nutria que alguna vez también ha criado aquí. Las aves acuáticas y sobre todo, las esteparias, como gangas, sisones y bastantes alcaravanes, son las más comunes por aquí, aparte de ser zona de campeo de multitud de rapaces y especies migratorias como anátidas varias, cigüeñas blancas o la menos común cigüeña negra.

Grandes praderas de Limonium carpetanicum en las áreas altas y secas
       
  La situación de los Praos a pesar de no ser mala, en general, no deja de ser preocupante por la deriva de los últimos años. He visto como buenas hectáreas de calaminar, pasaban a ser aradas, con los troncos de los calaminos acumulados en montones, junto con las grandes piedras, o esparcidos por todo el terreno. Igual ocurre en otras áreas contiguas, antaño viejos barbechos, aradas y sembradas, con rendimientos raquíticos, como es lógico,  pero supongo que subvencionados. La gran mayoría de estos terrenos están bajo el paraguas de una gran propiedad que afortunadamente, tiene a bien no interferir en los procesos naturales que mandan en estos terrenos, y por otra parte arrienda la caza, lo que tampoco interfiere negativamente. Pero parte de los terrenos también están arrendados y es ahí, donde vienen los problemas.

Cuando la vegetación parece estabilizarse y mejorar, alguien llega y pasa el arado

Se han producido roturaciones, limpiezas de bloques y “desencostramientos” de la caliza que en algunos casos han sido denunciados por los agentes medioambientales, pero tales labores no han sido autorizadas por la propiedad, sino a instancias de esos arrendatarios. Por lo visto, existe un absurdo hueco legal para cometer estos atentados. 


Garcillas cabalgando un rebaño de ovejas

      Todos esos suelos figuran como pastos naturales, es decir “prados” y en teoría no son roturables según la Ley de Montes, pero existe una argucia legal que consiste en declararlos como “suelos de vocación agraria” (por las Cámaras Agrarias) que es la que aplican para saltarse esas prohibiciones. Precedente o modus operandi peligrosísimo, por poder ser de aplicación potencial a todas las escasas áreas naturales que quedan en la Mancha. Además las denuncias o advertencias de los agentes llegan a la propiedad que no está al corriente de lo que hacen algunos de sus arrendatarios, creando otro limbo jurisdiccional respecto al sobre quién recaen las infracciones cometidas.

Zanja de drenaje sobre el Pellejero-Valdecañas

  Peor suerte está corriendo la esquina más nor-oriental de los Praos, allí donde terminan las áreas húmedas, al otro lado de la carretera a Fernancaballero. Allí comienza una buena área de dura costra caliza que por ello se libró durante años del arado, pero estos recientes años de especulación de terrenos rústicos, han dado al traste con gran parte de esta seca, pedregosa, pero ecológicamente valiosa área. Aún quedan algunas grandes encinas y multitud de plantas interesantes entre las que destacan varias orquídeas y la llamada hierba de la siete sangrías Alkanna tinctorea.

A pesar de los bloques de costra removidos, este es uno de los mejores rincones del NW

    En los alrededores del puente de Malvecinos existe un antiguo molino y la costra calcárea se muestra a los bordes del Guadiana en todo su esplendor, aunque también hay grandes montones de roca caliza acumulada, recordándonos su vulnerabilidad. Otra buena zona de costra aparece a los bordes del Pellejero, entre dicho puente y el castillo, zona a menudo castigada por pistas de motocross o para correr galgos, pero con buena vegetación de costra. Una peculiar vegetación que, dada la destrucción de casi toda la costra caliza en la Mancha, su pequeña talla y carácter efímero, está despareciendo, sin que nadie repare en ello.

Pistorinia hispanica y Linaria amethystea var. albiflora son dos pequeñas joyitas de la costra caliza

  El ayuntamiento ha acometido con éxito, en esta zona NW de los Praos, la restauración de los Baños del Hervidero, una muestra más del vulcanismo del Campo de Calatrava puesto de manifiesto en un manantial de aguas burbujeantes, llamados localmente “hervideros”. Por otra parte más que plausible, la actuación de la “Asociación Naturalista Tablas de Calatrava” que trata de poner continuamente en valor estas áreas, con diversas publicaciones digitales e impresas, y acciones, entre las que destacan la reconstrucción del trabajo de los yeseros que faenaron aquí por generaciones, volviendo a poner en funcionamiento un horno de yeso en una iniciativa, fruto de la que salió a la luz un interesante librillo “Los Yeseros de Carrión”.

Aquí se fundó la primera Orden Militar, la Orden de Calatrava

 Tablas de Calatrava también promueve, junto con otras asociaciones y entidades locales, teatralizaciones y actuaciones en el interior de la fortaleza de Calatrava la Nueva. Actuaciones y actividades más que recomendables para una contemplación “viva” de este histórico lugar que sigue pidiendo a gritos, su ampliación y restauración a mayor escala que lo bien realizado hasta la fecha. La institución del premio “Tablas de Calatrava” que este último año 2018, recayó en Miguel Delibes de Castro, ha sido otro de sus grandes aciertos.

Fortaleza de Calatrava la Vieja, a la izquierda bordes ermita de la Encarnación y vistas hacia el norte

   La protección y puesta en valor de los Praos de Carrión, no se puede entender sin su completa integración en el conjunto natural y humano del que forma parte. El núcleo central sin duda debería ser la fortaleza de Calatrava la Vieja y el Santuario de la Encarnación, núcleo central de estos terrenos, que se encuentran rodeados, por el norte por la buena llanura de inundación del Guadiana a pesar de su artificial encauzamiento, la naturaleza ha sabido salir airosa de ese atentado, aunque no del de Charco Salado.



     Por el sur y oeste, la gran amplitud de los Praos, con el arroyo Pellejero-Valdecañas, su conjunto de cañaverales, pastizales y sus secas zonas yesíferas. Ambas zonas, Guadiana y Pellejero, contorneadas por gruesos paquetes de costra caliza y los bordes de campos de cultivo y eriales, son de indudable valor para las especies esteparias manchegas.

En tonos blancos, saladares de Charco Seco, abajo desaparecido saladar cercano a la ermita

   Tal es el valor de este lugar que hace años, previa a la ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, desde la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, propusimos la inclusión de toda esta área, junto con el cauce y llanura de inundación del Guadiana, en la previsible y deseable ampliación del Parque. Castillo y santuario, serían el segundo principal punto de acceso a dicho Parque Nacional. La falta de amplitud de miras y sentido de la oportunidad de las autoridades manchegas, dieron al traste con esta magnífica ocasión.


  Esta opción sigue siendo perfectamente válida y realizable, máxime viendo la tendencia destructora sobre el medio ambiente que parece estar reinando en toda esta área, llena de lugares salobres o pedregosos que por su escaso valor agrario estaban silvestres, pero que dada la absurda especulación actual, está terminando con localidades parecidas a Los Praos, como ha ocurrido en la cercana lagunilla de Charco Salado, los Ojuelos de Villarrubia y por desgracia tantos otros más.


   Esta región es eminentemente agraria, pero los escasos rincones que quedan sin roturar son verdaderos refugios de las últimas señales de vida del mundo natural manchego. Estas áreas naturales están infravaloradas, no tanto por los ciudadanos, como por sus autoridades que prefieren plegarse a otros intereses aparentemente más rentables y corto-placistas, pero hipotecando un futuro que es el de todos.


Dos imágenes distintas de la magnífica fortaleza de Calatrava la Vieja

   
   Estos espacios, aparte de su carácter lúdico y conservacionista, son enclaves necesarios para la captación de agua para el gran acuífero del que vamos a tener que vivir agricultores, ganaderos, cazadores, la naturaleza con todos sus ciclos, plantas y animales, y toda la población manchega en su conjunto que va a tener que beber de su agua que deberá ser lo más limpia posible. 


 No va a haber tuberías excedentarias que nos traigan el agua. La gran solución está bajo nuestros pies, ese acuífero se ha de mimar más aún que el agua superficial, pues va a ser la única garantía de futuro, si las previsiones climáticas se van cumpliendo como hasta la fecha. La agricultura forzosamente ha de reconducirse a terrenos más dentro de la lógica que de un mercado fuera de lo racional. Comparar la magra producción de cebada de los escasos años agrícolamente buenos, con los beneficios ecosistémicos, hídricos y ambientales de estas tierras que nunca han valido para la agricultura, no ha lugar.


martes, 31 de enero de 2017

La Costra Caliza manchega


         Hoy voy a hablar de la rala vegetación de las costras calizas. Si me oyera un agricultor hablar de estas piedras sin maldecirlas, probablemente pensase que debería probar una buena pedrada. Estas costras son el enemigo “de toda la vida de Dios” de la agricultura, no solo en la Mancha sino en toda la España caliza. Hace años se removían a base de brazo y palanca, y hoy en día, la exagerada potencia de los tractores, lo hace en cuestión de minutos, lo que ha llevado a que, para bien o para mal, apenas haya hoy costra virgen que quitar.

En lo más duro de la costra apenas vegeta alguna acederilla y pistorinias aún sin flor

La costra o caliche tiene una génesis antigua puesta en relación con un clima algo más árido que el actual. El origen de la gran llanura manchega hay que buscarlo hace unos 2,5 millones de años, cuando tras los empujes de la orogenia alpina, toda esta región fue rodeada por relieves montañosos, formándose una región de lagunas y mares interiores. Hace años se tenía por cierto que se trataba de transgresiones y regresiones marinas desde el actual Mediterráneo, que también, pero hoy en día está mucho más aceptado el papel del endorreísmo manchego.

En algunos recovecos de la costra solo pueden prosperar líquenes terrícolas como estos

        En el centro de la depresión manchega se iban acumulando aguas y sedimentos procedentes de los relieves circundantes, actuando fenómenos geomorfológicos, tanto erosivos, creando las llamadas superficies de erosión, llanuras fruto del pulido y relleno continuo por su larga exposición a la intemperie; como de relleno de la cuenca, por sedimentación de los materiales transportados desde la periferia y tambiën por la precipitación química de aquéllos que permanecían disueltos en las aguas.

Los Praos de Carrión, condiciones de endorreismo con formación actual de playas secas y húmedas

        Sobre estos materiales relativamente blandos y calizos, bajo una dilatada exposición a un clima de tipo semi-árido, las escasas aguas que por su interior circulaban, fueron cementándose formando las costras calizas. El agua de lluvia se infiltraba en el suelo cargándose de carbonatos hasta cierta profundidad, pero bajo ese clima, el agua tendía a subir por capilaridad ante las secas condiciones de la superficie. En ese recorrido vertical, se iban depositando los carbonatos en los intersticios del sustrato y este proceso, repetido una larga serie de años, fue capaz de crear esa potente costra caliza.

Potente costra en los bordes occidentales del Campo de Calatrava, poco alterados con una vegetación dominada por las coronillas (Hipocrepis conmutata)

      Las costras calizas se generaron en esas áreas que reunían parecidas condiciones, pero no se dieron de manera general. En otras áreas de la llanura manchega permanecìa una lámina de agua semi-permanente y allí se formaron las llamadas “playas húmedas”, áreas humedas capaces de mantener una vegetación sobre la que finalmente se fijaban los materiales disueltos en el agua, formándose turbas. Asimismo, también se formaron las “playas secas”, amplias zonas más secas donde lo que se dio fue una deposición de yesos y sales, que incluso se han venido explotando, a pequeña escala, hasta la actualidad.

A la derecha la costra ha sido arrancada con tractores, a la derecha zona aún con costras y en el centro, pequeña depresión con sales en el camino, en los Praos de Carrión

      Las costras calizas tienen unos espesores generales que van desde los 70cm hasta poco más del doble. No uniformes y con grietas, tanto mecánicas de origen tectónico como por disolución, por lo que, a pesar de su dureza y espesor, es material removible. No todas las costras tienen esos espesores, incluso no tienen un origen tan antiguo, aunque el proceso de formación es el mismo. 

Hedypnois cretica, Lagurus ovatus, Medicago minima, Filago pyramidata, Herniaria cinerea, etc.

        Hay cortezas mucho más recientes que se han formado en períodos sub-actuales tras procesos erosivos o de exposición a la intemperie fruto de la deforestación o de laboreos y largos abandonos posteriores. Estas costras más recientes, de escaso espesor y más fáciles de remover, son el llamado “caliche” y son bloques sistemáticamente extraídos del terreno y colocados en bordes de fincas, vallas y bardales. En muchos puntos han sido material para la construcción, la famosa "piedra seca" de la arquitectura popular de estas regiones, con elementos constructivos tan prácticos y emblemáticos como el “bombo” manchego y una multitud de prácticas construcciones para su uso y refugio en el campo.

La oportunista Eruca vesicaria creciendo en una grieta de la costra caliza

       Sobre esta costra tienen lugar procesos edáficos, al iniciarse la formación de un suelo incipiente y a través de sus grietas, da comienzo un proceso lento pero continuo de disgregación de la roca y profundización de los suelos, al haber mejores condiciones de humedad y química para su desarrollo. En general las costras solo aparecen en superficie en lugares cercanos a cambios de pendiente, como áreas de borde de riberas, antiguas lagunas o allí donde la tectónica ha roto la horizontalidad del terreno. Entonces las costras quedan expuestas y protegen el terreno bajo ellas, actuando los procesos erosivos con mayor celeridad en  sus bordes, lo que contribuye a aislarlas y realzar estas formaciones.

Costra en los bordes de la llanura de inundación del Guadiana en Alarcos

      Dada la escasez de ríos en la Mancha y la escasez de movimientos tectónicos, salvo los relacionados con el vulcanismo del Campo de Calatrava, las áreas de costra al descubierto no son tan abundantes como en principio cabría esperar. Pero cuando asoman, su dureza y difícil remoción han hecho que permanezcan incluso por siglos a la intemperie, en localidades que por esto tienen tan escaso aprovechamiento como el de rastrojeras para ovejas y cabras o bien para la caza dada su idoneidad para conejeras y vivares.

Una de las últimas muestras de un encinar manchego diverso y en buen estado de conservación

      La Mancha en unas escasas décadas ha dado un vuelco a su fisionomía que, salvo en su planitud, nuestros abuelos no reconocerían. De un paisaje de dehesas, cereales y la trilogía mediterránea de olivo, vid (en cultivo en “vaso”) y almendro, hemos pasado a vastas extensiones de viña en espaldera de alambres y tuberías, salpicados de cultivos de melones bajo plásticos que en otoño se esparcen por los campos.


      Los espacios naturales, en general por poco productivos, como llanuras de inundación, saladares, zonas arenosas o zonas más pedregosas de lo normal, como las costras, estaban poblados de una vegetación característica y definitoria de los paisajes manchegos: las ralas dehesas, los albardinales, los juncales, los calaminares que tanto gustaban a la oveja manchega y matorral mediterráneo, han cedido su espacio a un arado que trabaja en función de las subvenciones, donde ni siquiera se mira la productividad o lo que durará explotación. Es la agricultura de “el que venga atrás que arree”.

Líquenes sobre las rocas calizas con el llamativo Caloplaca aurantia

        De esos paisajes antiguos, con una agricultura adaptada al clima y al terreno que también era productiva y permitía espacios libres del arado, para los pastores, los cazadores o para que simplemente el agua se infiltrase lentamente en el terreno, ya casi no queda nada. Solo quedan unos pocos espacios, por desgracia los últimos, en el occidente manchego, donde los pocos ríos o la puntual presencia de asomos rocosos ha hecho que no todo sea surco, como en el centro de la Mancha.

La pequeña y temprana Linaria amethystea var. albiflora medra en la costra caliza

      En esta región donde la Mancha va perdiendo su nombre para ser Campo de Calatrava, aún quedan unos pequeños retales que desde este blog he ido mostrando para que todo el mundo los conozca y sepa de la existencia de saladares, de albardinales, de calaminares, de mantos de arenas eólicas en sus últimas manifestaciones fidelignas, de lo que todo hombre de la Mancha conocía como si fuese así desde el inicio de los tiempos.

Imagen habitual de los campos manchegos de la costra arrancada y acumulada al borde de los campos

    Algo que parecía que nunca se iba a acabar, quién iba a pensar que esos paisajes, esas formaciones vegetales, antaño tan abundantes, hoy en día iban a estar a punto de desaparecer. Para colmo, en ese elenco de la naturaleza manchega en extinción, tengo que hacer este artículo para llamar la atención sobre algo tan denostado por nuestros agricultores como es el más duro pedregal manchego, la costra caliza, al borde de su desaparición definitiva del paisaje.

Hueco dominado por líquenes terrígenos en medio del rojo pastizal de acederillas

      En la naturaleza todo son oportunidades, lo que en principio son impedimentos para la vida vegetal por culpa de un material tan sumamente inerte como es la costra, se convierte en una ocasión para toda una serie de plantas y de vida que había sido expulsada de esos lugares más productivos en los que la encina o el matorral impuso su ley de sombra y exclusión. Quizás no se trate de una vegetación productiva, llamativa o con grandes especies señeras, pero tiene su lugar en la vida, y ese lugar lo dignifica y embellece con su presencia.


      Se trata de una vegetación fugaz, tan breve que a los primeros calores por encima de los 30ºC, empieza a sucumbir hasta que la humedad del otoño la hace renacer. Son plantas de ciclo anual, terófitos que llegan a crear una particular y explosiva primavera de color sobre las aparentemente yermas costras calizas. Otros años he pretendido cazar el momento de su máximo esplendor floral pero siempre por un motivo u otro he llegado antes o después y me he quedado con las ganas de reunir un buen material fotográfico para hacer esta entrada, varias veces postergada, pero algún día lo conseguiré y tendré que renovar esta galería fotográfica.


      La vegetación mayoritaria es aquella que puede cumplir su ciclo biológico sobre tan poca cosa como puedan ser los esqueléticos suelos que se desarrollan sobre esta costra, lo que incluso muchas veces hace que los más preparados y menos exigentes, los líquenes y musgos, sean quienes aportan la mayor presencia o biomasa a la comunidad.

La pistorinia a punto de mostrar su escandalosa floración

      En el momento álgido de la floración revientan los tonos rojos de muchas de sus especies más abundantes. Los tonos de la acederilla Rumex bucephalophorus simulan columnas enrojecidas, pero son los tonos rojo chillón de las flores de la Pistorinia hispánica, un minúsculo endemismo español, los que más explosiva hacen esta mini-primavera. Lo demás son plantas, aparte de pequeñas, también resistentes al mordisco de los abundantes conejos de estas zonas: Neatostema apulum, la única acelguilla anual Limonium echioides, la grácil Linaria amethystea var. albiflora, Campanula erinus, Asterolinum linum-stellatum, Valerianella coronata, Hedypnois cretica, Helianthemum ledifolium, Cerastium pumilum, Galium parisiense, Medicago minima, Androsace máxima, Herniaria cinérea, Filago pyramidata, Bombycilaena discolor, Raghadiolus stellatus, Centaurea melitensis, Urospermum picroides y entre las escasas gramíneas que pueden prosperar aquí, lo hace la menor de ellas Mibora minima, junto a Stipa capensis y Brachypodium distachyum.

La acelguilla Limonium echioides y Rumex bucephalophorus

      Cuando las repisas sobre las costras se encuentran mejor conservadas, son más terrígenas y tienen suelos algo más profundos, entonces entran especies de mayor talla, aparecen, a parte de más gramíneas como Hordeum murinum, Hyparrhenia sinaica, compuestas como Carlina hispánica, Xeranthemum inapertum, Atractylis humilis, el cardillo Scolymus hispanicus, Carthamus lanatus, Cardus platypus, C. pycnocephalus, centaureas varias, y otras como la bella y masiva Hipocrepis commutata, o Echium asperrimum, E. vulgare, Prangos trífida, Salvia argéntea, S. verbenaca, etc, y especies leñosas como puedan ser los tomillos.

La inconfundible inflorescencia del cardo Cardus platypus

      Es triste tener que andar defendiendo o informando de la existencia de este tipo de formas geológicas y de su vegetación. Una vegetación banal, poco interesante y no muy llamativa, a no ser que se coincida con su explosión primaveral, que desgraciadamente se está yendo al saco de lo que hubo en el pasado, pero en lo que nadie se fijó. Una vegetación que desaparece delante de nuestros ojos y que a pesar de estar protegida por normas comunitarias (6220: Pastizales  xerofíticos mediterráneos de vivaces y anuales - 34.5131: Pastos de terófilos calcícolas, de tierras bajas y montaña media en el Mediterráneo occidental), nadie repara en que tenemos que conservar este patrimonio natural que es un eslabón más de la cadena de ecosistemas armoniosos y conectados que llamamos la naturaleza manchega.


      Hace años los botánicos españoles se burlaban de sus colegas ingleses porque decían que con tanto desarrollo, en Inglaterra al final para estudiar botánica en estado natural, los alumnos se tenían que ir a aprender a las cunetas de las autovías, porque el campo estaba ya demasiado explotado. Hoy somos nosotros los esquilmadores y no hemos sabido ni proteger una mínima parte del enorme legado que teníamos hace unas décadas, ese con el que nos reíamos de los ingleses. Además, para colmo, parece como si el salvar y cuidar estas últimas comunidades biológicas, fuese una imposición de la Comunidad Europea, porque si por nosotros fuera, ya lo tendríamos todo cultivado.

La termófila gramínea Stipa capensis prospera en los terrenos más áridos

      En la naturaleza todo es importante, ásperos y achicharrados rincones como puedan ser estas rocas de la Mancha tienen tanta importancia como un laguna llena de vida, sobre todo, si estamos hablando de los pocos últimos rincones que nos quedan de la costra caliza.


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