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domingo, 31 de agosto de 2014

Abedulares Manchegos




            Sí,  has  leído bien,  aunque donde los abedules se encuentran no es la llanura manchega,  sí que se trata de Castilla la Mancha, en concreto, el oeste de Ciudad Real, en su porción norte y central,  y parte del suroeste de Toledo, sin llegar a Extremadura. También existen algunos abedules en altas áreas puntuales del Sistema Ibérico de Cuenca y Guadalajara, pero estos ya tienen otra ecología más en consonancia con la idea de bosque atlántico-alpino que los abedules suelen transmitir; pero estos otros, son los abedules más mediterráneos y termófilos del mundo al ser el abedul un árbol de distribución circumboreal y los pocos que hay en las montañas del Riff marroquí, están en altas cotas altitudinales.



            Cuando hace años, apenas conocía varias localidades en Gredos y me enteré de que en Ciudad Real había abedules, apenas me lo creía. Me dediqué a buscarlos infructuosamente por aquellas carreteras. Eso sí, descubrí la existencia de quien siempre, desde lejos, me engañaba con su blanca corteza y recto fuste, un álamo desdeñado por los estudiosos, entre el álamo blanco (Populus alba) y el temblón (Populus tremula) de tronco muy recto y corteza apenas maculada. Un “alamillo” oretano, de distribución poco más extensa que este abedul.

Alamillos oretanos con el  mismo aspecto y ecología que los abedules


            Posteriormente, viajando por los montes hacia el gran Cíjara, sí di con ejemplares sueltos, en alguna fuentes y cabecera de arroyo. Por fin los había visto y a partir de ahí fui descubriendo la mayoría de las localidades, menos dos o tres a las que intenté llegar, pero los altos vallados cinegéticos, la video-vigilancia o la larguísima aproximación que hacía necesario echar el día entero o pernoctar, me hicieron desistir, quedándome cerca.



            El abedul luso-extremeño, como le llamaba uno de sus descubridores, D. Manuel Peinado Lorca, no es exclusivamente oretano, aunque hay que señalar que lo de los abedules ibéricos son un galimatías en el que no ha quiso “mojarse” nuestra Biblia botánica, Flora Ibérica, pues prácticamente se adaptó Flora Europea a la península. Más acertada veo la escuela de Salvador Rivas-Martínez que, aparte de mostrar las pequeñas diferencias morfológicas entre las especies, sí establece unas diferencias ecológicas y corológicas muy claras, al menos en  Betula pubescens.



En la península hay dos grandes grupos de abedules, los más alpino-atlánticos, Betula pubescens (B. alba) y los más mediterráneos Betula pendula. Los primeros tienen las subespecies carpatica (pirenaicos), pubescens (atlánticos) y celtiberica (extra atlántico-pirenaicos). Betula pendula tiene las subespecies pendula y fontqueri, contando el primero con la variedad pendula y meridionalis, y el segundo con las variedades, fontqueri y parvibracteata. Los alpinos llegan a los Sistemas Central e Ibérico (Betula pubescens subsp. celtiberica), y los segundos son de las altas montañas andaluzo-rifeñas con irradiaciones hacia el norte, dándose el caso de que en algunas localidades puedan vivir ambos abedules, como en puntos del sur de Ayllón y el norte de Gredos; en esas localidades, los requerimientos ecológicos son distintos, asentándose unos en las pedreras y cauces encajados del límite superior del bosque, y los norteños en situaciones riparias o turbosas de cotas inferiores.



            El abedul que habita desde los montes de Toledo hasta el Guadiana es el Betula pendula subsp. fontqueri var. parvibracteata, son los abedules que viven en las condiciones más térmicas y mediterráneas del mundo, y han sobrevivido hasta hoy, casi milagrosamente, dado el buen estado de conservación de estas zonas del suroeste ibérico. Aunque algunas localidades, como su mejor y mayor población, la de Riofrío, se libraron de la repoblación salvaje con pinos por asentarse en terrenos demasiado húmedos para máquinas y pinos.



D. Salvador Rivas Goday llegó a conocerlos en el los cercanos Valle de la Viuda y el Gargantón, localildades que no superaron el atentado ecológico en  toda regla que supuso el aterrazamiento previo al pinar. Su areal se supone que fue mucho mayor en el pasado, constituyendo la clímax forestal de la vegetación de bonales y  arroyos iniciales de aguas puras, casi-permanentes, sobre suelos ácidos del sur de Gata y Gredos, Montes de Toledo y norte de Sierra Morena y estribaciones. Si el agua fuese más permanente sería desplazado por alisos o álamos, y si fuese menos permanente, tampoco podrían vivir, aunque viéndolos sobrevivir en pleno agosto o septiembre, parece creíble que puedan soportarlo todo.

Remanso con Potamogeton polygonoides y nomeolvides en el borde de un abedular


          Este árbol como he dicho es la cabeza de una serie de vegetación riparia exclusivamente manchega, desapareciendo el abedul, la etapa siguiente es una arbusteda higrófila comandada por dos especies, aparte de varios tipos de brezos y helechos, el hediondo, como llaman por estos montes al arranclán (Frangula alnus) y el espléndido y fragante mirto de turbera (Myrica gale), al que dedicaré alguna entrada para reafirmar el enorme valor y significancia de su presencia en estos lugares que aún está lejos de reconocérsele.

Rodal de mirto de Bravante (Myrica gale) en el  interior  de  un  abedular


En una ignota localidad puede verse (quien pueda llegar), una mezcla impensable, el abedul mezclado con el loro (Prunus lusitánica), no de forma puntual  como al norte de Montes de Toledo, sino  en una larga banda,  con el abedul en el contacto con la ladera y, mezclados y en paralelo, el loro, más en contacto con el arroyo. Pero esta coincidencia no es tan impensable pues su ecología es potencialmente la misma, de hecho creo que de no ser por la apetencia del hombre sobre su madera o por el ramoneo de sus hojas, en las cacereñas Villuercas compartiría el protagonismo de las cabeceras de los valles con las loreras. Su memoria ya casi se ha perdido, pero recuerdo pastores que me comentaban que daban el ramón del “aliso blanco” a sus animales a finales de verano, cuando apenas tenían qué comer.

Pajonal con arranclanes, brezos y algún madroño, atrás los abedules


A partir de la arbusteda de brezos, hediondos y mirtos, la vegetación viene a ser una mezcla entre la clásica vegetación riparia y la de los bonales, aunque quizás posee una peculiaridad distintiva en su orla espinosa, la participación en el zarzal-espinar de la bella trepadora Clematis campaniflora, una clemátide de apetencias termófilas de los arroyos del suroeste ibérico, como también ocurre con la parra silvestre.

La trepadora clemátide acampanada, acompaña a los abedulares más térmicos

Es más fácil ver abedules dispersos que abedulares, bosquetes hay solo en tres o cuatro gargantas del norte de Montes de Toledo, varios en Cabañeros, con mucho ejemplar disperso; alguno protegido por el silencio comprado por un moderno señor feudal de turno, uno cerca del Bullaque y otro en uno de sus tributarios (valle del Beato) y dos más al sur, el de los Horcones y, la localidad más celebrada, Ríofrío, donde llegan a bajar de los 600m. de altitud, ambos ya muy cercanos al río Guadiana.



La localidad de los Horcones, también conocida como Valdelapedriza o Santa María, ya era bien conocida por los lugareños antes de un trabajo botánico que los dio a conocer, de extraña adscripción geógrafica, sobre varias fincas dispersas y Piedrabuena, inmediatamente al norte del Guadiana. Una de las zonas clave para un futurible Parque Nacional del Guadiana y que recientemente acaba de ser adornada con una enorme pista de aterrizaje en las fincas de la familia Botín, familia que al menos en Cantabria, ha tenido en consideración los árboles singulares de esa tierra y que aquí poseen unas enormes fincas, dignas de ser Parque Nacional, con algunos de estos abedules.

Macizo de helechos Blechnum spicant acompañante típico de estos abedulares

Una característica típica de este abedul, consiste en la ausencia de pilosidad de las ramas jóvenes; un  día al acercarme al abedular de la Ventilla, pensé que debería estar confundido y que realmente lo típico era esa pilosidad (aún no sabía que a Betula alba le  llamaban B. pubescens). Poco tiempo después, leyendo un artículo sobre el abedul en los Montes de Toledo, descubrí que precisamente esa localidad era la única en que existía el otro abedul, Bétula pubescens subsp. celtiberica.


Canal ¿artificial? en el abedular  de la Ventilla

    Pero ésta es una localidad en sospecha, las aguas del bonal se ven (algo) dirigidas por antiguas canalizaciones y no hace mucho, a su vera había un variado plantel de especies exóticas, por eso hay quien dice que esos abedules fueron introducidos. Aún así la conjunción con el medio es perfecta y los abedules se han mantenido sin ningún tipo de artificialidad, lo que apunta, por otro lado,  a su naturalidad.



En una  buena turbera de los montes toledanos se re-introdujeron los abedules con un resultado magnífico y si no fuera por la desmesurada presión de los herbíboros, (no olvidemos que en su práctica totalidad se encuentran en grandes fincas cinegéticas), estaríamos hablando de un tipo de bosque en expansión. Pero ocurre todo lo contrario, apenas hay plantones, y eso que se trata de una  especie muy  prolífica, porque en cuanto nace un plantón, hay verdadera competencia por comérselo o por bañarse encima, como ocurre en estos lugares tan proclives a ser bañaderos de los jabalíes.

Bañera de jabalíes en un bonal con pajonal que alimenta al abedular


En principio las grandes fincas cinegéticas han sido un factor clave para su supervivencia, al conservar grandes espacios ajenos al mercantilismo agropecuario de quienes necesitan hacer productiva la tierra, pero hoy en día las altas densidades de jabalíes y ungulados, en prácticamente todas estas fincas (es más productiva la caza que la agricultura), están llevando a la decrepitud y falta de relevo poblacional de los abedulares, lo que apunta a un futuro muy negro para este árbol tan blanco, máxime si le sumamos el previsible efecto, del cambio climático.

Ejemplar centenario en una localidad sin apenas  relevo  generacional


El  abedul podría vivir casi en cualquier bonal o arroyuelo limpio, desde el sur de Gredos-Gata hasta  Sierra Morena, en Extremadura y en todo el oeste de Castilla la Mancha. No se le ha dado la  importancia que tiene y estamos cerca de quedarnos sin la cabeza de serie, sin la vegetación clímax de ese ecosistema de bonales y arroyos en buen estado de toda esta gran región. Ya se ha comprobado que es fácil y factible su recuperación, a pesar de los años hidrológicamente malos, siempre y cuando no se les agreda y se impida que los hervívoros esquilmen sus renuevos.

Nido de azor sobre un abedul


Desde aquí llamo a la sensatez (?) de las autoridades  responsables de velar por una  naturaleza que es  de todos, no solo de cuatro cazadores, generen o no, puestos de trabajo, en un medio rural que a pesar de la devacle poblacional sigue despoblándose. Con poco más que pequeños cercados temporales o algunas repoblaciones idóneas, podríamos contribuir a la salud y diversidad de un medio ambiente que posee especies tan señeras y llamativas como ésta.

Raíces del abedul impidiendo la erosión de los suelos estos años pasados de abundantes precipitaciones

"Dedicado a Lansky"

No he podido evitar introducir, aunque alargue esta entrada, una aclaración taxonómica de un estudioso de los abedules de esta región, Santiago Sardinero:


 - Desde el punto de vista taxonómico lo más simple es que hay dos niveles de ploidía: diploides 2n=28 (grupo pendula), y tetraploides 2n=56 (grupo pubescens, =alba).

Los pendulas eurosiberianos se caracterizan por tener sámaras largas y estrechas con alas grandes, lo que les da largos vuelos para colonizar nuevas localidades en climas templados centroeuropeos con lluvia de verano. Tienen las ramitas glabras. El limbo de las hojas es biseriado.

Los pubescens eurosiberianos tienen las sámaras más cortas y anchas, con alas más pequeñas y suelen estar asociados a hábitats más húmedos, como por ejemplo, turberas colmatadas. Tienen las ramitas peludas. El limbo de las hojas tiende a ser uniseriado.

Los dos grupos mantienen su independencia debido a la incompatibilidad sexual derivada de su diferente ploidía. Pero esta incompatibilidad no es insuperable. Existen bastantes trabajos que estudian fenómenos de introgresión bidireccional.

La adaptación más importante del grupo pendula en su camino hacia el sur, sería la progresiva disminución del tamaño de las alas y de la longitud de la sámara ("pubescenización de B. pendula). Así en las pedreras pirenaicas Moreno y Peinado describieron ya una B. pendula var. meridionalis, que luego se transforma en B. fontqueri y por último en B. parvibracteata. A medida que el hábitat se hace más pequeño debido a la aridificación del clima, las sámaras tienen que volar menos o "se salen" de su hábitat. En mi tesis conté cromosomas en los fonqueri gredenses, que en meiosis n=14, y en mitosis radicular 2n=28. Algunos entraban en parvibracteata, aunque no lo dije en el catálogo florístico. El óptimo de B. parvibracteata está en las cabeceras de los arroyos de los Montes de Toledo, asociados a aguas nacientes oligótrofas que no dejan de manar en verano. B. fontqueri en la Garganta de los Caballeros (Gredos occidental) está en umbrías pedregosas que recuerdan a las pedreras pirenaicas con B. pendulas var. meridionalis. En Somosierra hay un par de valles repletos de B. fontqueri. También en Sierra Nevada y el Rif norteafricano, de donde Rothmaler describió la especie. La vía de migración que me parece más verosímil para B. fontqueri sería desde el Sistema Ibérico al Sistema Central, Valle del Jerte y por Monfragüe llegaría hasta los Montes de Toledo; por el camino sus brácteas y sámaras se irían haciendo más pequeñas (parvibracteización de B. fontqueri). 

La adaptación más importante del grupo pubescens en su camino hacia el sur, sería la aparición de glándulas que aparecen junto con lo pelos típicos en las ramillas, así como la "biserración" del limbo foliar ("pendulización de B. pubescens"). Su óptimo, donde forman abedulares, son las turberas colmatadas como en La Ventilla (Cabañeros), turberas de Navalonguilla-Navalguijo (Gredos occidental). Individuos aislados salen por aquí y por allá.

Desde el punto de vista taxonómico, los tetraploides serían del grupo B. pubescens (2n=56) y los diploides serían del grupo B. pendula (2n=28). Peinado & Moreno, para las poblaciones de los Montes de Toledo, en Flora iberica lo que hacen es ir colgando táxones jerarquicamente hasta llegar a B. pendula subsp. fontqueri var. meridionalis, que es un salto enorme desde la descripción de B. parvibracteata como especie por Velasco (de especie a variedad). Una opción más moderada es el reconocimiento de B. fontqueri como especie y B. fontqueri subsp. parvibracteata como subespecie para las poblaciones de los Montes de Toledo. Serían los diploides iberonorteafricanos mediterráneos, un concepto muy bonito.

Del mismo modo se reconoce B. pubescens subsp. celtiberica como un tetraploide pendulizado, con glándulas y limbo foliar sub-biserrado. Un tetraploide ibérico, otro bonito concepto.

miércoles, 16 de julio de 2014

Los Bonales más sureños de Castilla la Mancha


            En una entrada reciente ya he hablado de los bonales, esas islas de vegetación húmeda en medio de la extensa sábana calcinada que son nuestros campos en verano. Algunos son poco más que unos amplios brezales con juncos, en los que se intuye la cercana circulación del agua bajo tierra, mientras que otros tienen en su interior grandes pajonales de herbáceas higrófilas o buenos trampales (turberas) en torno a aguas nacientes y regueros iniciales. Son estos últimos los que atesoran en estos micro-ecosistemas, verdaderas joyas botánicas y faunísticas.

Una de las plantas protegidas del bonal: Lobelia urens

            Si bien es muy raro encontrar estos ecosistemas fuera de las grandes y norteñas montañas ibéricas, como ocurre en las montes del oeste manchego, más peculiar aún resulta encontrarlos en la más baja y térmica comarca de los Montes de Almadén o Montes Sur de Ciudad Real, región a medio camino entre La Mancha, Andalucía y Extremadura. Aquí los bonales se encuentran totalmente desprotegidos al no existir una sola micro-reserva, como sí ocurre, afortunadamente, poco más al norte.

El brezo de turbera (Erica tetralix) entre hojas de otro brezo (Erica scoparia), abundante en todos estos bonales

            Solo algunos bonales se encuentran bajo el paraguas, muy difuso legalmente y más en la práctica, de tres Lugares de Importancia Comunitaria, concretamente los de: "Sierras de Almadén, Chillón y Guadalmez", "Sierra de los Canalizos" y el de los "Ríos Quejigal, Valdeazores y Alcudia"; coincidentes con ZEPAs, Áreas Críticas de la Cigüeña Negra y Zonas de Importancia para Águila Imperial y Buitre Negro.


Helechos (izqda.), brezo de escoba (arriba) y brezo de turbera (en medio), típicos de un  bonal

          Estas figuras de protección aunque velan por la protección de estos ecosistemas, se centran mayormente en la protección de las grandes aves. Los bonales de esta zona apenas han sido estudiados y ni siquiera inventariados, de ejemplo os muestro varias imágenes localizadas gracias a Iberpix.

Conjunto de bonales del extremo suroeste manchego

       Toda esta región estuvo capitaneada económicamente por Almadén y como esta capital sufre la debacle económica y poblacional que supuso el cierre de la mina más antigua del mundo, sin una visible alternativa económica, la mayoría de la población en edad laboral ha emigrado y los que permanecen, son guardeses de fincas cinegéticas, pastores o atienden los escasos olivos familiares.


La bella seta Hygrocibe miniata (gracias Valentín) prosperando en el verano del bonal

             Contrariamente a lo que se pueda pensar, el abandono no es bueno para la naturaleza, siempre íntimamente relacionada con el hombre, pues a más abandono, menor cuidado y mayor desfachatez de algunos terratenientes o aprovechados, por segar el pan para hoy y sembrar el hambre para mañana.

Nadie pudo impedir el drenaje en "pie de gallina" de este otrora magnífico bonal del que apenas quedan restos

La otra cara de la moneda, bonal recuperándose tras el abandono de la majada de la Cabrera

            Aquí aparecen fantásticos e impensables rincones boscosos; la nota general del paisaje es el de sus grandes dimensiones, con horizontes que se pierden en cadenas de serrezuelas y grandes manchas de un rico bosque mediterráneo, variado en toda su gama ecosistémica, donde destaca su magnífico estado de conservación. Llama la atención la abundancia de aguas superficiales debidas a una pluviometría significativamente más húmeda que el resto de Castilla la Mancha, muestra de ello es la abundancia de alcornocales, quejigares y pequeños, pero buenos robledales en las zonas más propicias.

Pequeño bonal entre grades pies de roble (Quercus pyrenaica) y algunos mestos

            Esta región registra muchos años, como el sureste de Albacete, las temperaturas estivales más altas y también los inviernos más suaves de la región manchega. La vegetación es el reflejo más claro sobre el terreno de esta bonanza climática, a pesar de los rigores del verano, por ello aquí abundan el alcornoque, el mirto (Myrtus communis) o la aliaga de tres espinas (Genista triacanthos).

Mirto común en plena floración

            Gracias a mi amigo Leovigildo Flox he podido disfrutar de un par de excursiones por lo más recóndito de estas serrezuelas, aunque ya hice antes algunas incursiones, las últimas salidas con él han sido clarificadoras de todo lo que puede dar de sí esta zona, aunque él es más experto en animales en peligro de extinción que en lo mucho y bueno que sabe sobre la vegetación de los bonales.


            Dado el poco grado de alteración que presenta toda la región podemos encontrar una buena cantidad de bonales, todos sin inventariar ni valorar, y dada también la bonanza climatológica, aparecen con rasgos diferenciadores del resto de los bonales en torno al Guadiana o a los más norteños de la provincia. Aquí ya es más difícil encontrar el arrayán de pantano (Myrica gale) e impensable la presencia de abedules (Betula pendula subsp. fontqueri), pero aparecen otras como las murtedas (de Myrtus communis). Aunque dada la gran cantidad y variedad de bonales (de raña, de ladera, de solana, de umbría, de valle, de bosque, etc.), es difícil sacar conclusiones de una vegetación que todavía puede dar sorpresas.

Dos buenos bonales sin visitar, uno de raña y otro (arriba-izquierda) de valle

            Con Leovi estuve en unos cuantos bonales y no pudimos llegar, por cancelas en los caminos, a alguno de los más interesante. En uno de ellos encontramos rodeando un pequeño bonal de valle, un espeso rodal de ciruelos silvestres (Prunus insititia), pero en el que más tiempo estuvimos fue en el Trampal de Santorrostrillo, en una zona donde en cada valle hay varias bonales: Trampal del Lobo, Trampal del valle de la Quejigosa, etc.

Leovi avanzando penosamente entre los pajonales

            En la aproximación al bonal, vemos que los pequeños arroyuelos cercanos también tienen algo de pajonal, con su zona más húmeda enmarcada entre zarzales, brezos y, sobre todo, mirtos, que ahora se encuentran en plena y fragante floración. La variedad arbustiva es apabullante y casi sin dominancia de ninguna especie: madroño, genista (Cytisus striatus), mirto, jara pringosa, jara cervuna, brezo de arroyo, brezo blanco, brecina, zarza, aulaga, coronilla de fraile, etc, y los árboles: alcornoques, quejigos, encinas y sauces.

Sauces, escoba estriada, jaras cervunas, mirtos, zarzas, aulagas, brezos, etc.

            Con el calor, la humedad y la espesura de arbustos y pajonal, su recorrido se hace muy fatigoso, además nunca sabes donde va a quedar el pie, si arriba o medio metro más abajo, si sobre blando, sobre duro o en medio del agua, de ahí le viene el nombre de trampal, pero merece el esfuerzo, pues siempre hay cosas interesantes que ver.


Como en casi todos, se han excavado balsas para la sed del ganado, silvestre o doméstico

          Primero se trataba de acercarse y buscar el lugar por donde entrar al bonal. Al llegar vemos varias vías de entrada demasiado enzarzadas como para avanzar, pero más abajo era factible, además nada más seguir el primer arroyuelo, algo despejado por estar pastoreado, topamos con un buen suelo de musgos esfagnos, entre los pajonales.

Sphagnum bajo el tapiz de la florida Anagallis tenella

            Nos internamos por el herbazal que está surcado por numerosos y pequeños cauces que embarran el terreno bajo las macollas de molinia, desde lejos vemos la parte central e inicial del bonal, dado el caótico abombamiento del terreno que apenas pueden contener la vegetación; al situarlo visualmente, se levanta un cuello de ese punto, es una corza a la que hemos sorprendido y que desaparece pronto entre la espesura.

Parte central del bonal, donde estaba escondida la corza

           Casi no se ven, pero quedan flores de la escoba de pantano (Genista tinctorea), luego vemos que es masiva por todo el bonal, apenas vimos al aulaga ratera (Genista anglica) dentro de bonal, pero luego vimos que todo el jaral-brezal circundante rebosaba de ella.


Masa de genista tintorera hace varias semanas en un bonal cercano

            Vamos comprobando que se trata de un bonal en toda regla, con toda su gama o catena vegetacional. Lo más abundante son los pajonales de Molinia caerulea, los brezos de turbera, escasa pero presente, algunas grandes macollas de Carex lusitanica. En los puntos de agua algo más profunda la Callitriche brutia, los pequeños y floridos céspedes de Anagallis tenella y, también en flor, la Scutellaria minor

Scutellaria minor en flor

            No encontramos plantas carnívoras, pero sí la protegida y casi orquídea, Lobelia urens. Los hipéricos están casi todos, Hypericum elodes, H. undulatum, H. linarifolium, H. perforatum e H. perfoliatum. En un bonal aguas abajo, hace un mes pude ver la rara Gratiola officinalis entre una multitud de serapias, satiriones (Orchis laxiflora) y genistas tintoreras.

La poco común Gratiola officinalis

          Todavía dio tiempo para ver algún bonalillo suelto y otro muy interesante por estar en una vaguada rodeado de algunos robles de muy buen tamaño, algunos de ellos mestos. Aquí vimos en el arroyo antes de llegar a él, un gran pie de avellano, probablemente naturalizado; como de costumbre algunos nacederos de aguas ferruginosas a juzgar por el color rojo de los bordes y los brillos metalizados de su superficie.


Stachys officinalis abundante entre el bosque y el bonal

           Nos sorprendió en medio del herbazal la florida abundancia de las otoñales campanitas blancas, Leucojum autumnale, también estaba en flor la betónica Stachys officinalis.

La primera vez que veo floridas las campanitas blancas, Leucojum autumnale, fuera de los inicios de otoño
            El calor empezaba a apretar y decidimos dar fin a esta intensa jornada por una de las regiones que conserva mejor su naturaleza de toda la península. No hace falta escalar montañas o viajar a tierras de mayor fama eco-turística, a veces los lugares de los que menos se oye hablar, son los que encierran las mejores sorpresas. Esta región, tan difícil de recorrer y tan lejos de cualquier gran ciudad o autovía, nunca dejará de sorprenderme.

Sorpresa, un avellano en el arroyo, entre un variado bosque mediterráneo

jueves, 22 de noviembre de 2012

Llanuras de Inundación


Llanura de inundación luciendo sus mejores galas (sus aguas) antes del puente de Alarcos

             Existe una forma clave de la geomorfología fluvial ibérica prácticamente extinguida. Hay geoformas como las terrazas fluviales, los meandros, los estuarios, etc., pero prácticamente nadie, a pesar de lo explícito del nombre, tiene una noción exacta de lo que es una “llanura de inundación” o "tabla fluvial". Se tiene más clara la idea de lecho mayor de un río, el canal ocupado en las grandes avenidas de agua; pero en una región llana, como puede ser la manchega, el lecho mayor es de difícil delimitación y ocupa grandes extensiones.

La presencia del lirio Iris spuria confirma el buen estado de conservación de esta llanura de inundación del Guadiana

    Los agricultores de siempre respetaron ese ambiguo margen, por el riesgo a perder la cosecha por inundación, por su escasa productividad, al tratarse de suelos medio salinos, y por estar expuestos a la fauna de los vecinos terrenos ribereños. Al mismo tiempo estos espacios servían de alimento a los rebaños, incluso como agostaderos cuando el resto de las rastrojeras estaban yermas en verano; aparte de ser buenos lugares para la caza y la pesca.


Espantavacas para evitar que el ganado se acerque a un profundo "ojo" en Santa María de Guadiana

     Toda una gama de oficios sacaban partido a estas extensas áreas naturales: cazadores, pastores, pescadores, cangrejeros, sanguijueleros, artesanos de la enea, el esparto y el albardín o esparto fino, etcétera que, junto con el comercio de sus productos y pertrechos, creaba una tupida red comercial sobre estos espacios "improductivos".


               Una llanura de inundación casi siempre tiene un curso de agua meandriforme, (lleno de curvas y recurvas debido a su casi nula pendiente), lagunillas, canales o meandros abandonados y, a veces, algunos nacederos u “ojos”. Su vegetación oscila entre la dulceacuícola y la salina (halófila) de sus bordes externos. Variando las especies en función de la cercanía al agua y/o de la salinidad. En el caso de haber orillas claras, por aumentar el desnivel topográfico, se asentaría un bosque ribereño de tarays, de olmos o de álamos.

Guadiana en Campomojado, a pesar de los drenajes muestra una buena vegetación

            La Mancha es básicamente una gran región agraria que a principios del siglo XX no se diferenciaba mucho de la vecina Extremadura, con sus amplias dehesas y pastizales, aunque con la trilogía leñosa mediterránea, (olivo-vid-almendro) bien asentada. Tras la terrible plaga de la filoxera que hundió la vida económica basada en la vid de muchas áreas agrícolas marginales, la Mancha se comenzó a llenar masivamente de viñedos para abastecer de vino a Madrid,. Fue el comienzo de la intensificación agraria que luego seguiría con el melón, la ampliación de los cultivos de cereales y a partir de los 70’, la expansión brutal del regadío, con la cebolla, remolacha, maíz y el riego de productos tradicionalmente de secano como los cereales y la vid.

El regadío mediante pivots, un auténtico azote para los acuíferos

            A partir de ahí, el desastre ecológico, a grandes rasgos, lo conocemos todos, incluso una vez, en un encuentro con geógrafos ingleses me hablaron de “daimielization”, tras unos segundos de duda por el “palabro” y sorprendidos de que yo, un español, me sorprendiera, me explicaron que se estudiaba en la universidad como el término usado para referirse, como caso paradigmático (de Daimiel), de lo que nunca se debería hacer en el aprovechamiento y la mala gestión, de un recurso natural como es el agua.

Últimos charcos del surco de un Guadiana destrozado

   Ya a principios de los 60’ se impuso una política de eliminación de zonas húmedas por considerarlas malsanas, convirtiendo los escasos ríos en canalillos, drenando lagunas y áreas inundables. El Guadiana renacido en los Ojos, se convirtió en una enorme zanja que cortaba los campos hasta el pantano de El Vicario en las cercanías de Ciudad Real (40 kms. de canalización), y muchas grandes y famosas lagunas desaparecieron. Leer la descripción de la Laguna de Las Islas, luego Tablas de Daimiel, y de las grandes lagunas manchegas hacia 1920 de D. Reyes Prósper y otros, suena hoy a historia-ficción, de un idílico mundo natural hoy perdido.


La descripción de D. Reyes Prósper de muchas lagunas es la idílicos paraísos perdidos. (Mapa  I.G.N. de 1953)

       Todo cambió a comienzos de los 70', cuando comenzó a abusarse del acuífero del que hasta entonces solo se extraía agua con norias desde pequeños pozos. Recuerdo de pequeño una portada del ABC declarando que bajo la llanura manchega se encontraba el mayor embalse de Europa. Al poco se inició la carrera por el aguas, para perforar más profundo y llegaron los "pivots". Un agricultor dejaba sin agua a los demás al perforar más hondo. Hacer nuevos pozos era "ilegal", pero quedabas como un tonto y dejabas de ganar un buen dinero si no lo hacías cuando todo el mundo lo estaba haciendo.

Tramo con alguna vegetación del profundo canal de drenaje en la llanura de inundación del Guadiana

     Se creó el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, se deshizo por allí el canal del Guadiana y se retuvo someramente el agua con un dique. Se reconocía, finalmente, el enorme valor de una de las mejores llanuras de inundación de Europa, por su tamaño, por su solera, por su avifauna y por coincidir dos corrientes de aguas distintas, unas limpias y dulces (Guadiana recién brotado y río  Azuer) y otras salobres (Cigüela). Pero la ceguera fue total al no considerar ese tipo de ecosistema en su conjunto (el agua manchega), se protegieron los patos y los peces, pero luego no tenían agua para vivir. El catálogo de especies extintas, al menos en lo vegetal, es para llorar pues varias de ellas contaban allí con su única población española.


            
        Los Ojos del Guadiana dejaron de manar y su llanura de inundación, también salpicada de otros muchos “ojos”, comenzó a secarse en superficie y también por dentro. Tras el drenaje del Guadiana recién nacido hasta las Tablas de Daimiel, las tierras fueron ocupadas y cultivadas por las fincas vecinas o por "despavilados", hasta que, contra toda lógica, un juez extremeño dictaminó que el Guadiana no existía y que por lo tanto, eran tierras legalmente ocupables. Posteriormente instancias superiores (el Tribunal Supremo) declararon nula esa sentencia al tratarse del verdadero Dominio Público de la ribera del Guadiana, pero su aplicación efectiva se ha ido dilatando por la cara dura de los ocupantes y la pasividad de la Administración.

El mundo al revés, antiguos ojos o manantiales ejerciendo de sumideros y el Guadiana circulando río arriba, hacia el este

    Estos terrenos manchegos se asentaban sobre una masa de turba formada durante milenios al irse acumulando más materia orgánica de la que era descompuesta cada año. Esa turba se secó totalmente al quedar muy descolgada de los niveles freáticos, con los que contactaba, y tampoco recibir aportes superficiales. Al quedar tan secos, en los suelos surgieron grietas y la turba (un humilde tipo de carbón) empezó a arder por zonas, a veces por fuego de alguna quema de rastrojos y otras por autocombustión.


Turba ardiendo bajo el subsuelo de los sembrados

    Hace años, viajando por esos campos de madrugada, era fácil observar como de la tierra, de los sembrados surgían fumarolas, pequeñas nubes de vapores que se deshacían tres o cuatro metros por encima del suelo. Luego al aumentar la temperatura ambiente, esos humos dejaban de ser visibles.


Paisaje de fumarolas por la combustión interna de la turba a primeras horas del día

La tierra ha estado ardiendo durante años, aunque un episodio menor, fue el más mediático, el del incendio dentro de los límites de las Tablas de Daimiel en septiembre de 2009, allí viendo también las burradas que se hacían para intentar acabar con el fuego, dí por  perdido el Parque y una gran parte de esa antigua naturaleza manchega, el final de una era ecológica, la de la Mancha Húmeda.

La carga arrastrada por el río está a punto de romper un antiguo puente románico en Corral de Calatrava

    Todas las llanuras de inundación, salvo algunas zonas lagunares del Cigüela (santo desvestido –llanura de inundación canalizada-, para intentar vestir a otro santo, o sea transportar agua  rápidamente a las Tablas de Daimiel) y la del Vicario-Alarcos, entraron en combustión y se volvieron peligrosas. Empezó a haber accidentes por rotura del terreno, derrumbes y socavones de distintos tamaños, hundimientos de tractores e incluso de personas, entre las que me cuento.
       

       Un día al acercarme a una conejera de la que salía humo, hundí mi pierna derecha hasta poco más de la rodilla, encontré rápido apoyo y la saqué inmediatamente. No me quedó ni un solo pelo en la pierna y la tenía roja y dolorida, afortunadamente solo se me hundió un segundo, no sé que hubiera pasado si me hundo más o tardo en salir. Hasta entonces lo más que me había pasado es que se hundiese un poco el terreno por donde pisaba, incluso una vez, me vi corriendo con la bicicleta al tiempo que abría tras de mí un gran surco continuo de terreno resquebrajado.


A la izquierda, el surco del artificial Guadiana y a la derecha un nuevo cauce tras la "resurrección" del río

    Ni siquiera los agricultores se atrevieron a cultivar en amplias zonas de estas antiguas vegas, en otras daban bastantes pasadas de tractor para apelmazar el terreno o para rellenar boquetes. La Confederación Hidrográfica sembró de carteles esos lugares alertando del peligro. Era tierra muerta, el terreno ya no valía ni para la naturaleza ni para la agricultura.

Al menos en 2010 las aguas del Guadiana corrían bajo el moderno puente del otrora paraíso de Flor de Ribera

   Recuerdo que mi gran amigo Pascual Durán, me comentaba el magnífico recuerdo sus años de juventud, de los días pasados en el molino de Flor de Ribera que hacía justo honor a su bello nombre, disfrutando de una paella con cangrejos recién pescados (de los autóctonos) a la sombra de los olmos, después de haberse dado unos buenos baños. El día que yo conocí Flor de Ribera, ni había río, ni agua, ni árboles, ni cangrejos, ni molino, ni nada que no fuesen ruinas y miseria, hasta la carretera y el puente estaban rotos y sus ruinas enfrentadas a otro más moderno, de feas columnas de hormigón. El desastre en un par de décadas había sido espectacular, pocos casos más flagrantes de desertización ha habido en España, y en pocos casos se le ha dado tan poca importancia, como tampoco se le dio en su día, a la desaparición de los olmos.

Socavones, grietas y hundimientos en el Guadiana. Ese chopo en el anterior episodio de lluvias del 1996-97 se hundió más de 6m., lo que vemos ahora (2010) ha crecido desde entonces

    Al límite se llegó en 2009, ese año con el nivel freático situado a más de treinta metros de profundidad, con su agua tan cargada que algunos cultivos se perdieron porque las sustancias disueltas en el agua de riego, precipitaban sobre las hojas matando las plantas. No hay estudios sobre la toxicidad de los productos regados con las aguas del “culo” del acuífero 23, pero podía haber significado el hundimiento de "toda" la agricultura manchega, la regada y la de secano. En otoño llegó  el incendio de turbas en Las Tablas, los camiones campeaban a sus anchas ensayando todo tipo de ñapas y remedios; un trasvase de 10 hm3 por el canal del defenestrado Cigüela, se quedaron en menos de dos que no sirvieron para nada; las excavadoras rematando un ramal de la tubería manchega, para llevar agua al parque y desde Europa una comisión estaba a punto de descatalogar al Parque Nacional y la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda.

Destrozo en plenas Tablas de Daimiel para meter la tubería de socorro del parque

     Por suerte, (aunque no sé yo si hubiera sido mejor llegar al desastre total, para renacer con la lección aprendida), nos vino Dios a ver y se abrieron los cielos como hacía catorce años que no lo hacía. Entró agua por el Cigüela y el Guadiana funcionó al revés, circulando desde las Tablas hacia los Ojos. El nivel del acuífero subió casi veinte metros. El campo manchego se llenó de lagunas, llanuras de inundación en funcionamiento y casi todos los ríos se salieron de sus estrechos canales; arroyos que hacía muchos años que no corrían, demostraron su fuerza. (ver la entrada: "El Sueño de las Aguas Desbordadas").

Nada más empezar el invierno de 2009-10 se abrieron los cielos

   Tras el momento álgido de la ruina de las llanuras de inundación se han abierto algunas esperanzas, a pesar de la política comunitaria de subvencionar la superficie y no la producción, que motivó que se cultivaran muchas superficies, aún sabiendo sobradamente que no eran rentables. En algunos lugares, como las juntas del Cigüela con el Riansares primero, con el Záncara después y llanuras de inundación más al este, las iniciales roturaciones y cultivos están siendo, en muchos casos, abandonadas debido a la salinidad, los socavones y los malos rendimientos.



 También las inundaciones del 1996-97 y del 2009-10 han contribuido al abandono y posterior re-naturalización de algunas llanuras de inundación. Siempre de forma espontánea, sin la intervención de ninguna autoridad bienintencionada, ni a través de una mínima Ordenación del Territorio. En otros casos, alguna sociedad de cazadores ha salvaguardado algunas lagunas dentro de las llanuras de inundación.

El Jabalón ocupa toda su llanura de inundación a la altura de La Puebla

   Mejor suerte ha corrido el río Guadiana a partir del embalse de El Vicario, (famoso por su abundante ornitofauna), conservándose una buena llanura de inundación que termina en el puente de Alarcos, quizás salvada por los usos ganaderos de las fincas vecinas que se aprovechan de estos grandes herbazales, aunque peor lo lleva (por los cultivos de Sedano) en Santa María,  al unirse con el arroyo del Raso que baja desde Picón.

Puente de Picón sobre el Guadiana en las "ex-tablas" de Santa María

    A partir de Alarcos y hasta Extremadura, el Guadiana es un claro candidato a Parque Nacional, de no ser por el desconocimiento generalizado que se tiene de esta región, mayormente en manos de grandes terratenientes que muchas veces tienen a bien o quedarse con la vega (aquí ya no sería estrictamente una llanura de inundación), o meter de vez en cuando los tractores para arar, sembrar y cosechar subvenciones de ella. Por supuesto que es ilegal, pero los años trascurridos, la inacción de la Confederación Hidrográfica del Guadiana y el silencio de los ayuntamientos afectados, hace que esto se tolere y consolide.

El Jabalón saliéndose de su estrecho canal en varios brazos cerca del Guadiana

    Esta región fluvial es de órdago, donde no han sido alterados, los sotos poseen un magnifico bosque mixto de fresnos y quejigos, y un estrato cuasi arbóreo de grandes arces, cornicabras y lentiscos. Aquí, por estos sotos y montes bien conservados, están presentes, y abundan, casi todos los animales ibéricos en peligro. Por eso, ante una naturaleza tan exuberante y cargada de vida, cuando se meten las máquinas a romper para sembrar en lo que es de todos, el destrozo es verdaderamente chirriante.


        Estampa del Parque Nacional del Guadiana en sus mejores tramos

         Con los buenos episodios de lluvias, pasados y presentes, las aguas vuelven a su ser y muestran sus escrituras a todo el mundo, Confederación Hidrográfica del Guadina incluída. Los cultivos en el lecho del río o en la llanura de inundación quedan anegados y perdidos, surcados de canales resucitados y con grandes acumulaciones de piedras y broza.

Tras las fuertes lluvias el agua, poco a poco, va anegando de nuevo unas resecas Tablas de Daimiel

   La posterior primavera mostró, aunque sin árboles, esos nuevos espacios recuperados para la naturaleza del río que, peticiones de ayudas económicas por la riada y sucesivas pasadas de tractor, hicieron que al otoño siguiente pareciera que nada había ocurrido. Lo una vez cultivado, lo volvía a estar y además con los propietarios solicitando a las autoridades, las canalizaciones oportunas, eufemísticamente llamadas “limpiezas de cauces”, para que no vuelva a repetirse la inundación.

El Guadiana va por la derecha, este nuevo canal y todo el cultivo es tierra usurpada al río

     Parece que ahora estamos ante un nuevo episodio de lluvias; las mismas áreas de siempre se vuelven a inundar, “como siempre”. Es una oportunidad para que los ríos y la naturaleza que les rodea, se recuperen y hagan saludables tantas riberas maltrechas. Una oportunidad para que las autoridades terminen definiendo, "demarcando" oportunamente el Dominio Público Hidráulico, atendiendo a razones “de cajón” y no a intereses de terratenientes y agricultores particulares.

Guadiana desdoblándose y trenzándose a la altura de Herrera

     En esta materia creo que el interés público general coincide plenamente con un interés ecológico, no por proteger la biodiversidad o por "verdes" modas , sino porque canalizar ríos significa trasladar el problema de una riada, corregido y aumentado, a los territorios de aguas abajo; que canalizar ríos significa que el agua pase, a toda velocidad, sin quedarse, sin filtrarse a los acuíferos, donde luego pondrían su agua a disposición del consumo humano, para beber o para regar, sin necesidad de costosos y polémicos trasvases que dejen a unas zonas sin agua para llevársela a otras.

El bosque recoge y recicla toda la carga orgánica de las riadas librando de atascos los puentes y evitando la colmatación de los grandes pantanos de aguas abajo

  Porque los pastores, cazadores, paseantes, etcétera, necesitamos terrenos incultos, cada día más escasos o inexistentes en amplias regiones y, también, porque como decía Machado, “los ríos son el alma del paisaje”. Recuperemos al menos una parte de nuestra alma dejando a los ríos recuperar sus caminos usurpados.

Un Guadiana desbordado en medio de un buen quejigar-fresneda

P.D./ En entradas posteriores mostraré como muchas de las llanuras de inundación manchegas se han ido salinizando desde que dejaron de funcionar como tales. Con su nueva dinámica y su vegetación salina asociada.

P.D./ Con los nuevos políticos manchegos, se ha deshechado el P.E.A.G. (Plan Especial Alto Guadiana), el mínimo pero básico acuerdo social para regular las extracciones del acuífero y avanzar hacia su recuperación. El tiempo que ha vivido ha funcionado, pero estamos en la tierra del "ansia viva" y ahora la idea es legalizar todos los pozos.  En una cortedad de miras total (no se piensa ni en el futuro ni en otros sectores), lo primero es la economía (pan para hoy) y luego, si sobra, el medio ambiente (hambre para mañana).
NOTA: Se acaba de aprobar el Plan Hidrológico del Guadiana que viene a darme la razón, se abre la puerta a nuevos regadíos y no contempla la recuperación de los acuíferos. Permitiendo sacar 80 Hm3 más y abriendo la puerta a trasvases a Murcia y a Las Tablas para "recuperarlas".

P.D./ El 10-12-2012 en Magisterio de Ciudad Real, Óscar Jerez presenta el libro "La Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda" donde, entre otras cosas, se analizan los casos (con el antes y el después), de las mejores llanuras de inundación manchegas. Desde aquí un saludo y mi enhorabuena.



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