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jueves, 27 de octubre de 2022

Valdecarros, la que se avecina

 


Como dice la canción, allá va la despedida, quisiera equivocarme de parte a parte, pero las máquinas van avanzando imparables. Se trata de otra gran zona natural del inmediato entorno urbano de Madrid que se nos va por momentos, en aras del progreso, en aras de la “libertad” que graciosamente nos concede la lideresa madrileña. Una fantástica área natural desconocida para la gran mayoría, quizás por su inaccesibilidad y abandono, un abandono consentido de una zona de Madrid donde se acumula basura y biodiversidad.

Acumulación brutal de escombros y basuras en el arroyo de La Gavia

       La basura lleva décadas acumulándose por la tolerancia y abandono consentido, sin vigilancia, sin limpieza. Un día en medio de un pequeño basurero aislado encima de una loma, encontré en pie, como en la recomendable película "Barrio" de Fernando León de Aranoa, una impensable y anacrónica moto de agua, incluso voy con miedo con la bici por esos caminos atestados de basuras, escombros, vidrios y tablones, por si pincho. 


       La biodiversidad es mucho mayor de lo inicialmente supuesto porque se trata de un medio más rico y variado de lo normal, además con el escaso trasiego humano, hasta hace dos días era fácil ver bandas de sisones e incluso algunas avutardas. Grandes pastizales silvestres por el largo abandono agrario, incluso con especies botánicas rarísimas, no solo para Madrid, sino para toda España, con vegetación argílica (de las arcillas), gipsícola (de los yesos) e incluso halófila (de suelos salinos).

Una pareja de avutardas, ya muy difíciles de ver por aquí

Valdecarros se sitúa entre el Manzanares y la carretera de Valencia, entre la M-45 y la Cañada Real, una antigua región cerealista que en su día daba fama al pan de Vallecas, de áreas alomadas hasta la vecindad del Manzanares donde los arroyos ya se volvían torrenteras que cortaban los cortados de yeso surcados por las numerosas trincheras de la guerra civil, dando a la arbolada y “huerteada” vega del Manzanares. Río que poco a poco, va reconquistando naturaleza y caminos para disfrute, sobre todo, de los numerosos ciclistas que casi son los únicos que alcanzan a llegar y transitar estas zonas tan mal comunicadas.

Valdecarros y el plano del futuro Valdecarros
en la arte (occidental) de los Desarrollos del Sureste (sin contar la Nueva Centralidad del Este)

Quizás el fin de esta entrada es dejar constancia, testimonio gráfico, de lo que era el campo madrileño, para cuando el niño nacido en una torre de 45 pisos de Valdecarros pregunte a sus padres qué había allí donde ahora está su barrio y sepan que contestarle. Hacer un poco de historia sobre el inmisericorde urbanismo capitalino que ahora argumenta que la creación de este barrio es la única forma de que exista vivienda asequible en Madrid y de paso evitar a los madrileños la enorme indemnización que se tendría que pagar a las constructoras si no se construye. Gracias señores constructores.



Conozco algo mejor Los Berrocales, Los Ahijones o Valdemingómez, pero se trata de la misma naturaleza y biogeografía, esa que surge de la interacción geológica de dos ámbitos muy diferentes, el serrano, pues hasta aquí llegaban los abanicos de materiales sedimentarios arrancados a las sierras y montes del Guadarrama, y el manchego, pues hasta estos lugares llegaban también los bordes de los lagos que ocupaban la llamada Cuenca de Madrid, con materiales de deposición química como yesos y calizas. Ambas zonas interactuaron dando lugar a mezclas de materiales, neoformaciones y transformaciones mineralógicas, dando unas combinaciones litológicas difíciles de encontrar en el territorio nacional, con gran presencia de arcillas de varios tipos, entre ellas las sepiolitas que tienen aquí su mayor producción mundial, dolomías, yesos laminares y niveles de sílex, a veces con costras carbonatadas.

Las grietas muestran la abundancia de suelos arcillosos en Valdecarros, abajo con Lavatera triloba

Estos vastos campos recibieron una especial bendición su abandono agrario, con la pandemia o como ocurrió cuando Filomena, con la ausencia de intervención humana durante meses, salvo los desaprensivos “tiracascotes” y algunos moteros de cross,  llevó a la naturaleza a expandirse, a liberarse y reconquistar, aun resurgiendo de sus pasadas cenizas, llevando a que la vegetación poco a poco, y la fauna, esporádicamente al principio y más constante después, hayan vuelto a hacer de estos campos su hogar, como casi siempre lo fue, aunque ahora por momentos vaya desapareciendo. 

Al fondo la pequeña elevación que aísla de la M-50

       Pocos pastizales tan variados se pueden ver en toda la comunidad de Madrid, si acaso los cercanos retales de Ambroz o Coslada, ni tan biodiversos, baste pasear una primavera por sus caminos y escuchar los cientos de sonidos diferentes de la gran masa de insectos que pululan por estos herbazales o como la mayoría de los vencejos y golondrinas de la ciudad, están dando ralas pasadas sobre estos terrenos tan ricos en insectos. No es raro que hayan aparecido incluso insectos protegidos, como el raro saga pedo, una especie de saltamontes que se dedica a cazar saltamontes y así, un largo etcétera.

Campo cubierto de Iberis pectinata

       La vegetación es mucho más espectacular de lo que a un primer vistazo se pudiera pensar, a parte de su variedad: una vegetación de arcillas magnésicas más o menos expansivas (Crepis alpina, Echinops strigosus, Kickxia lanigera, Klasea flavescens, Scolymus maculatus, Salvia argentea, Silene muscipula, Ononis spinosa, Thapsia dissecta, etc.); una vegetación argílica de transición a los yesos (Achillea odorata, Astragalus alopecuroides, Convolvulus lineatus, Echium asperrimum, Haplophyllum linifolium, Lavatera triloba, Matthiola fruticulosa, Sideritis hirsuta, Thapsia villosa, Teucrium capitatum, etc.); vegetación gipsícola (Frankenia thymifolia, Gypsophila struthium, Helianthemum squamatum, Herniaria fruticosa, Launaea fragilis, Lepidium subulatum, Limonium dichotomum, etc.); una escasa vegetación higrófila (Allium ampeloprasum, A. vineale, Carex divisa, Chamaeiris reichenbachiana, Cirsium pyrenaicum, Crepis pulchra, Cynodon dactylon, Scirpoides holoeschoenus, Tetragonolobus maritimus, etc.), e incluso vegetación esteparia y de áreas salobres (Centaurium tenuifolius, Juncus maritimus, Lepidium cardamines, Lygeum spartum, Macrochloa tenacissima, Spergularia marina, etc.) o tomillares sobre los enclaves más pedregosos de las lomas (Aristolochia pistolochia, Carlina hispanica, Helianthemum angustatum, H. asperum, H. ledifolium, Linum strictum Onobrychis matritensis, Ononis pusilla, Thymus zygis, etc.).

Curioso espectáculo muscinal sobre arcillas en pleno invierno. Abajo casi como junqueras, Elymus elongatus

       A pesar de la variedad vegetal esbozada en el párrafo previo, realmente por la intensa alteración del territorio, las especies más abundantes son las especies nitrófilas y hacia esa vegetación caminamos con todo lo que estamos haciendo, hacia una banalización de la vegetación, es nuestra vegetación, la que señala la huella de la acción del hombre Básicamente se trata de cardales o también la vegetación resistente a los abundantes conejos de la zona, siendo verdaderamente comunes: Cardaria draba, Carduus bourgeanus, C. pycnocephalus, C. tenuiflorus, Chondrilla juncea, Diplotaxis virgata, Dittrichia graveolens, D. viscosa, Echium vulgare, E. creticum, Hordeum murinum, Malva neglecta, M. sylvestris, Onopordum nervosum, Papaver rhoeas, P. somniferum, Piptatherum milliaceum, Salsola kali, Silybum marianum, Urtica urens, etc. 

Cientos de malvecinos (Salsola kali) acumulados por el viento en la valla del parque de La Gavia

  Junto a estas especies promovidas por la alteración, aquellas otras de periódica alteración agrícola del arado, la vegetación arvense, con especies como: Anacyclus clavatus, Anagallis arvensis, Anchusa azurea, Bromus matritensis, Cichorium intybus, Convolvulus arvensis, Coronilla scorpioides, Eryngium campestre, Lolium rigidum, Lomelosia simplex, Medicago sativa, Pallenis spinosa, Papaver rhoeas, Scolymus hispanicus,  Silene vulgaris, Sonchus asper, etc.

Masa de Limonium dichotomum y abajo muy secos Lepidium cardamines

       A pesar de que son muy escasos los rincones más puros y en buen estado de conservación, allí donde los suelos, a menudo muy poco corrientes, se han conservado sin alterar, destacan especies poco o nada comunes. Estoy hablando de plantas verdaderamente interesantes y de necesaria preservación. Quizás la más señera sea un descubrimiento muy reciente, pensaba que era el gran Allium nigrum que ya había encontrado en los terrenos volcánicos de Ciudad Real, por eso lo conocía y creí reconocerlo en tres puntos madrileños, uno de ellos aquí en Valdecarros. Bueno pues Rubén y yo teníamos dudas respecto a ciertas variaciones entre los madrileños y los manchegos, dudas que nos resolvió Carles Jiménez Box, consultando a su vez a los mayores especialistas; no era el dado hasta ahora por Allium nigrum que habitaba Madrid hasta mediados del S. XX en Delicias, Vallecas, Vicálvaro o Ribas de Jarama, lo que ya hubiese sido un gran hallazgo, sino que se trata de una nueva especie para España, se trata de Allium cyrilli. Pues tras este descubrimiento, la población de Valdemingómez fue barrida, al igual que las chabolas de la Cañada Real, en aras del futuro Bosque Metropolitano de Madrid, y ahora la población de Valdecarros ha sido diezmada por un puntual movimiento de tierras en medio de esa gran extensión de pastizales libres.

El anterior Allium nigrum, hoy A. cyrilli despidiéndose de los campos de Vallecas. La mancha de removidas tierras grises de abajo ha quedado sobre casi toda la población

       El abandono y la basura también ha llevado a que por aquí puedan aparecer algunas especies tan raras como exóticas, como es el caso de las americanas Baccharis pilularis, Carthamus tinctorius (cultivada), Solanum eleagnifolia, Wedelia glauca o de la chumbera Opuntia dillenni, incluso en los montones de escombros he llegado a encontrar bellas plantas de jardinería como el acanto Acanthus mollis. La potente población de conejos sería como para hacer un estudio (desde un dron) para estudiar cómo se reparten y se organizan en el territorio los grandes vivares que se asientan al pie de los taludes o en medio de los campos, dejando esas zonas peladas de vegetación.

Baccharis pilularis
La chumbera Opuntia dillenii y una extraña plantación de Carthamus tinctorius

       A las ya saturadas comunicaciones con la indispensable, laboral y económicamente, almendra central, según las previsiones de nuestra magnánima municipalidad, se sumarán 120.000 viviendas más de los llamados Desarrollos del Sureste, lo que un poco a voleo, serían unas 240.000 personas y unas 150.000 personitas. Parece mucho, pero es que aún falta por cuantificar otro nuevo “pelotazo” un poco más al este, el de la “Nueva Centralidad del Este” que pretenden para la última zona sin urbanizar del este de Madrid (Ambroz) y que supondría otras decenas de miles de nuevas viviendas. 

Obras en el sector más accesible de Valdecarros, quizás el único vendible
Obras y jardines marrados (protectores fallidos) junto al campo cercano de abajo

       Esto sí que es una buena orgía inmobiliaria a la que los grandes playboys mundiales del ladrillo no van a dejar de apuntarse. No es de extrañar que los grandes fondos de pensiones americanos, inversores europeos o asiáticos estén sobrevolando Madrid como (fondos) buitres. La legislación les da alas, el estado les subvenciona y favorece, incluso Ana Botella prácticamente les regaló miles de viviendas públicas y al gobierno de Carmela lo fueron minando a base de una larga y continuada guerra sin cuartel en los medios (encabezados por El País) para entorpecer su indecisa hoja de ruta al respecto.



Para algunos la salida de la crisis está en la construcción, aunque la última vez fue un auténtico fiasco y de la que no se aprendió nada de los errores cometidos, simplemente la inercia y el planteamiento es el mismo, incluso los mismos actores que solo se saben ese papel y en cuanto les dejan y hay dinero para invertir, vuelven a las andadas. Como de costumbre si hay beneficio es privado y si hay pérdidas, estas se hacen públicas, se asumen entre todos, lo demás no importa.

La vecina incineradora de Valdemingómez y las famosas sacas blancas que están desparramando sus tóxicos residuos
Marcha protesta contra el cúmulo de irregularidades de la Incineradora


       Ni siquiera han tenido en cuenta la cercanía de la mayor fábrica de cánceres de todo el centro del estado, la Incineradora de Valdemingómez, cuyas nocivas cenizas se están dispersando a los cuatro vientos desde unas sacas blancas rotas por la intemperie y cuya responsabilidad nadie quiere asumir, y mucho menos que se estudien sus consecuencias. La lucha contra esa incineradora será una de las ingratas tareas de los futuros habitantes de Valdecarros, pues serían los vecinos más próximos a ella y los más afectados, como dice el Instituto de Salud Carlos III respecto a quienes viven dentro de un radio de 5 kms de distancia de una incineradora.


       Las tareas ingratas o poco rentables quedan para las administraciones, si hay que echar a los de la Cañada Real, las administraciones, si hay que indemnizar, las administraciones, si hay que invertir en colegios, bibliotecas, ambulatorios para toda esa población, las administraciones. Pero cuando se pierden grandes espacios naturales, patrimonio arqueológico y/o una gran biodiversidad, perdemos todos, aunque eso no importa, es la norma hispánicamente aceptada de que lo privado tiene dueño y lo público no es de nadie.

Políticos y medios pueden ser "reconducidos", el futuro es verde, la economía circular, la ciudad la de los 15', lleno de carriles bici, de I+D+i, con un Bosque Metropolitano, sin basuras ni delincuencia, todo limpio incluso las plusvalías...

Los diseñadores de las promociones parten de un papel en blanco, no existe la realidad, el terreno, la historia, la naturaleza salvaje, se obvia incluso la topografía. En el P.A.U. de Los Berrocales están desmontando el cerro Peñuelas, que podría ser una magnífica zona verde-natural, un hito paisajístico, incluso emblemático del barrio, para alisarlo y adaptarlo a su correspondiente imagen del plano que definieron en su día, probablemente sin ni siquiera haber visto esos terrenos. 

Desaparición del cerro Peñuelas y sus yacimientos arqueológicos en Los Berrocales, no importa ni la topografía

       Esa realidad “en blanco”, llega hasta la misma existencia de la naturaleza silvestre de la zona, también se parte de cero, por decreto y sin ningún problema. No hay nada, aunque exista una riqueza natural más que interesante; y si hay valiosos yacimientos arqueológicos, se quitan de en medio para dejar también el papel limpio de impedimentos (cerro de La Gavia, Atalayuela, cerro Peñuelas, etc.). En el P.A.U. de Los Ahijones se está construyendo sobre la mayor necrópolis visigótica ibérica (ahora que viene Halloween, ¡¡qué pesadillas tendrán los que habiten sobre ese siniestro solar!!); también se encontró parte de la ciudad que proporcionaba los “fiambres” a ese cementerio y ya cuenta con el esbozo de una descomunal avenida encima.

Ajardinamiento incluso del cerro de la Atalayuela de Vallecas (al fondo), espero no se abandonen los parques como ocurrió con los parques del Nuevo Vallecas, abajo (izquierda)

Estamos inmersos en un sistema que nos lleva y nos trae, con la prisa suficiente para que no nos podamos plantear de verdad lo que queremos o quién maneja los hilos que mueven nuestras decisiones, y mucho menos que nos planteemos si esto es bueno para todos, para nuestro planeta o para una mínima y digna calidad de vida. Podremos llamar como queramos a la maquinaria superior que nos gobierna, capitalismo, libre mercado, neoliberalismo, pero lo concreto es lo que se crea, lo que se hace, lo que va a quedar para el futuro; y no creo que lo que estamos permitiendo que se haga, sea bueno para la colectividad, para las relaciones sociales, para el medio ambiente (aunque sea una bandera a la que todos los "vendemotos" también se apuntan), probablemente solo sea bueno para los pocos interesados que se van a poder aprovechar con todo esto.

Vértice geodésico torcido y superado por las grandes montañas de escombros y antiguos vertederos casi vecinas, todo un ecosistema madrileño por estudiar

       El modelo va quedando patente según se va construyendo, grandes manzanas cerradas con piscina y si encima hay un gym, mejor aún, en una ciudad con arbolitos bien alineados y macro avenidas llenas de semáforos y pasos elevados para peatones, que te conduzcan directamente al atasco de entrada a Madrid. Un uso imprescindible del coche, no solo para ir a Madrid, sino para todo lo demás, compras, coles, médicos, etc. 


     Ahora es fácil entender por qué de repente, la Cañada Real es un problema, e incluso por qué ha habido que dejar a miles de personas sin luz (incluso con Filomena), y ya van más de dos años, o cómo han arrasado a los más pobres de los pobres, a los del final del Sector 6. No ha quedado nada y todo con nocturnidad (cierre pandémico) y alevosía (ningún medio ha dado cuenta del desastre que supuso) y siguen adelante impunemente. No lo vemos porque ya se nos va acostumbrado la vista y la cabeza a no pensar en los demás, en nuestra tierra o en el mañana. Estamos pagando todos los lujos a las eléctricas y a las constructoras a costa de nuestro patrimonio y de la vida de los más débiles.



sábado, 30 de enero de 2021

La destrucción del arroyo de los Migueles. Los desarrollos urbanísticos del sureste madrileño (III)

 


    Sigue adelante la urbanización del escaso espacio sin enladrillar que aún queda  en los alrededores de Madrid. En una especie de horror vacui institucional, como si se tratase de los últimos espacios de una batalla de barquitos en un cuaderno, en busca de una aplastante y definitiva victoria de lo urbano sobre, sobre qué?, sobre lo silvestre, sobre lo natural, sobre lo no construído?. Lo de menos es que ese avance, ese “progreso”, sea a costa de los últimos espacios naturales, a costa del aire, el espacio, el horizonte mínimo vital que necesitamos las personas, aunque todavía no paguemos por ello o quizás, por eso mismo.


    De nuevo y lamentablemente otra entrada con la destrucción de una peculiar y rica área natural del contorno metropolitano madrileño, como vengo denunciando en estos meses de confinamiento. El sureste madrileño está dejando de tener campo a ojos vista, y lo triste es que probablemente sea para nada, la especulación no tiene piedad, los precios no han bajado o apenas lo han hecho, mientras sueldos y empleos si que bajan y seriamente.  ¿A quién va dedicada tanta construcción de pisos, de polígonos, de oficinas?. Me temo que a pocos, a quién puedan colárselos y cargarles de por vida con la hipoteca del pisito o a sobrados fondos de inversión.

Aunque queda mucho mejor con las amapolas en el publicitario


    He hablado hace poco del PAU (Plan de Actuación Urbanística) de Los Berrocales (Empezando Madrid), del desastre ecológico de los aledaños a Valdemingómez (en aras de un maravilloso Parque Metropolitano), me queda por escribir sobre Valdecarros y el arroyo de La Gavia, y ahora se ha colado, porque la maquinaria sigue acabando con todo, en el arroyo de Los Migueles, entre el barrio de Vicálvaro y Rivas Vaciamadrid.

El futuro que espera a parte del este de Madrid, si logran vender todas las motos

    Es triste comprobar como todo se cuece tan por encima de nuestras cabezas, en unas especulativas esferas, tres mundos por encima del común de los mortales, pero siempre pasando por encima de su cadáver, aunque el interfecto aún no se haya enterado. Aquí mismo, en el PAU de los Berrocales, tengo amigos que llevan años litigiando (pagando abogados religiosamente) para recuperar sus ahorros invertidos ahora hace más de doce años. No sé cómo se pueden manejar propiedades sin liquidar,  deudas sin saldar, alternándose su propiedad de manos de futbolistas empresarios a fondos de inversión americanos, etcétera, y mis amigos todavía alimentando bufetes para luchar por lo que pusieron en su día, por esos desvanecidos sueños de casa propia.

Aspecto del arroyo de los Migueles a primeros de año

    De nada ha servido un gobierno teóricamente contrario a la oligarquía económica madrileña que finalmente acabó autorizando la urbanización de esos terrenos (incluso en contra de su otra mitad de Ahora Madrid). En Madrid mandan los especuladores, los bancos y los contratistas de la construcción, este es su feudo. En descargo de ese breve periodo Carmena, señalar que toda la prensa se les echó encima, El País incluido, por intentar reducir la edificabilidad o poner límites a propuestas  descabelladas de un planeamiento urbanístico que ha salido adelante esquivando legalidades y normas urbanísticas que se han ido modificando y ajustando con calzador, para poder admitir pulpo como animal de compañía. Empujones interesados, zancadillas oportunas, artículos difamatorios, presiones mafiosas; todo un juego de tronos a la castiza en el tablero del monopoli cañí.


    La burbuja es un fenómeno, un proceso muy español y muy madrileño. La especulación urbanística dudo haya sido tan dura en ningún otro lugar de Europa, desde que se diera barra libre al señor ladrillo en los 60. Entonces existían unos (anti)premios europeos que se otorgaban a los mayores destrozos urbanos y que yo recuerde, casi siempre iban destinados a la piel de toro; Talavera y Sevilla coparon varias veces el pódium, entre otras ciudades que también fueron bellas, hasta que como pasara en Madrid, una o varias torres de Valencia destrozaran cualquier panorámica urbana.

Montañas artificiales de material removido cerca de los Migueles, detrás torres aisladas de El Cañaveral

     En Madrid se implantó un novedoso y rentable modelo de crecimiento en “coronas”, se hicieron grandes compras de terreno en forma de amplios anillos entorno a la ciudad central, pero se empezaba a construir en la parte más alejada, dibujando una corona exterior de barrios sucesivos. Esa construcción era rentable por sí sola, pero el truco realmente estaba en la alta revalorización de ese hueco que quedaba sin urbanizar entre esos nuevos barrios y el centro, obteniéndose unos beneficios mayores que si se hubiera seguido el clásico crecimiento en capas concéntricas sucesivas hacia el exterior.

La ermita de la Virgen de la Torre, lugar de culto y romerías, olvidada y arrinconada entre desmontes

    Por supuesto que la especulación inmobiliaria es una lacra social que daría para llenar cientos de páginas en nuestro baqueteado país, páginas de economía, de urbanismo o de socio-política (ver película Huevos de Oro, En Construcción, etc.). Pero donde voy yo, es al enorme deterioro ecológico que supone la especulación urbanística. No es la buena industria que da casa al que no la tiene, en su falaz argumento, igual que el de que hay que construir mucho más para que bajen los precios, pero sabemos todos, y la historia reciente no ha parado de confirmarlo, que no es así y que cada vez hay más desahucios y demasiada gente cuyo trabajo les llega, prácticamente, solo para poder pagar la hipoteca y alimentarse.

El sureste en construcción casi iguala a Madrid central, entre infraestructuras y áreas semi-naturales

    El precio ecológico que estamos pagando y que pagaremos durante años y generaciones es enorme y no somos conscientes de lo que hemos permitido con nuestra generalizada abstención, como si fuese un problema de otros en el que nada podemos hacer. Existe también una especie de vacío en el mundo ecologista, como que sí el urbanismo no ataca directamente a una zona protegida o a unos árboles singulares, no parece que haga demasiado daño, pero eso no es así.

Berrocales y al fondo el cerro Almodóvar con su fábrica de Tolsa (sepiolita)

    La peor de las desertizaciones es el cemento, la que más cuesta revertir. Es lo que ha venido ocurriendo en muchas de nuestras ciudades situadas al borde de huertas o fértiles campiñas, que el crecimiento urbano ha ido por las mismas huertas y no por sus bordes; no como se ha venido haciendo desde hace siglos, preservando lo más valioso, lo que nos da de comer. Dentro de varias décadas, podremos comernos todos los ladrillos con cemento que queramos, porque habremos construido sobre lo que fueron nuestros terrenos más fértiles, dilapidando la mejor parte nuestro futuro alimentario.

Tanque de tormentas en el tramo medio del arroyo y prados entre Rivas, la A-3 y la cañada real

    Cuando veo el Tour de Francia o los paisajes de bastantes países europeos, no tengo por menos que tragarme la envidia, al ver los paisajes rurales, pues  da igual norte o sur, zona turística o agrícola, todos los entornos de los pueblos son de fábula. Es lo que se viene llamando Ordenación del Territorio, algo que, aunque transpuesto a España, no parece haber valido de mucho en este país o acaso, estaríamos aún peor.


    El error español, en mi opinión, fue que la constitución del 78, delimitó relativamente bien la gestión, ámbito, financiación y competencias de la administración estatal y autonómica, pero se le escapó por las costuras la administración municipal, dejando un espacio vacío y en conflicto de competencias, donde la especulación, la picaresca y la mala fe han campado a sus anchas, para malcrianza de conciencias, dilapidación de caudales y la pérdida de gran parte de la riqueza natural española. Ahí queda para el futuro, la figura del sobornable Concejal de Urbanismo. Este error, la intensificación agraria por un lado y el abandono rural por el otro, han sido para mí, los grandes verdugos de la naturaleza española perdida.

Todo este gran hueco sin construir, lo está dejando de ser por momentos

    La extendida idea de que al borde de las ciudades se construye generalmente sobre terrenos desprovistos de valor ecológico es totalmente errónea y  en Madrid parece que lo que no sea El Pardo o la Casa de Campo, no pueda tener valor alguno, y nada más lejos de la realidad y más si miramos hacia el sureste madrileño, donde existe todo una gama de vegetación, única y en peligro, ausente de las otras áreas madrileñas, como apunto en entradas anteriores.

Macizo del raro cardo Sylibum eburneum y la termófila alcaparra al borde del arroyo de Los Migueles

 Esta poco conocida vegetación, lamentablemente es aún más desconocida para quienes velan por la protección del medio ambiente madrileño, y no me estoy refiriendo a la gente aficionada, como yo, sino a las autoridades medioambientales de nuestra comunidad y ayuntamiento, autoridades que ya en demasiadas ocasiones, pese a gobernar un territorio bastante pequeño y manejable o, al menos, reconocible, han realizado absurdas barbaridades o no han visto ni querido ver, lo que debían vigilar y proteger. Baste leer anteriores entradas de este blog o las numerosas denuncias realizadas por los grupos ecologistas madrileños, en todos los entornos de la capital o comunidad; aunque también es muy posible que se encuentren poderosamente presionados.


    El dinero, el capital nacional y el internacional, está centrándose en torno a la capital madrileña, en detrimento de una población que tiene que sufrir su gentrificación y sus precios de mercado libre. Lástima de un mayor despegue de Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y demás grandes ciudades, cada día más periféricas a su pesar; mayor lástima aún, de un despegue de las pequeñas y medianas ciudades de toda nuestra vaciada geografía, como núcleos dinamizadores del magnífico y perfectamente “vivible” y disfrutable espacio rural. Madrid bien podría morir de gigantismo, incluso de sed, a pesar de haber absorbido los ríos de una amplia geografía ya extra-comunitaria. Ante tamaño consumo, cuando venga una buena sequía, supongo que le pedirán al estado, tuberías adicionales para saciar esa desmesura de todo punto insostenible.

Hace un par de semanas esto era un juncal lleno de tarajes, con el nacedero de abajo

    El gran capital, nacional o foráneo, ha visto la tendencia casi reciente, ha visto a los relajados rentistas españoles y esa atinada legislación que les protege y ha visto su oportunidad, aunque nada haga presagiar que volverán los tiempos del ladrillo, ni que la gente tenga dinero suficiente para pagar una casa, tal y como están los precios; pero seguirán apostando, invirtiendo en terrenos, casas, oficinas. También, si se conociera la estrecha relación entre el muy independiente ámbito judicial y el acaparamiento de propiedades, vía subastas judiciales, administraciones concursales, información privilegiada, etc., y su rol en la especulación urbanística, se entendería mejor cómo pueden salir adelante leyes que blindan a propietarios, que permiten desalojos abusivos o que dan alas y cobertura a desarrollos urbanísticos kafkianos, toreando o haciendo trajes a medida con las normativas urbanísticas previas.

Enorme necrópolis visigoda en un área llena de silos y su posible ciudad perdida. ¿Cómo se ha podido permitir su destrozo?. Ahora yace bajo dos metros de escombro y pronto bajo edificios

    Esto con respecto al destrozo ecológico de esta área, pero también han sido muy capaces de dejar sin suministro eléctrico durante meses, incluso en plena nevada y la peor ola de frío, a los más desfavorecidos de todo Madrid. Simple y llanamente porque estorban la futura venta de las promociones urbanísticas que se están alzando a su alrededor. Que nadie se crea ningún otro razonamiento que no sea este, la Cañada Real estorba los desarrollos urbanísticos del sureste madrileño y en estos momentos en que se trata de “colocar” estas promociones. Por favor, ver "Anexo Gráfico Cañada Real" al final de esta entrada.

Antes y después

    Las burbujas tienen la facultad de no asomar hasta que llegan tumultuosas a romper la plácida superficie, indicando que el fondo de esa oscura charca está totalmente podrido. Y si la operación fracasa, entonces el estado les lanzará algún salvavidas que, obviamente nos quitarán precisamente a los que sufrimos sus abusos, caso de que las cosas no salgan como tienen previstas.

Antes y después

    ¿Por qué esta nueva diatriba, tras la rabieta de mis últimas entradas sobre Valdemingómez y sobre el Plan de Actuación Urbanística de Los Berrocales? Pues porque a mediados de noviembre han hecho desaparecer el magnífico arroyo de los Migueles, entre Vicálvaro (ermita de la Virgen de la Torre) y Rivas. Ya se había destrozado su lado oriental, el PAU de Los Ahijones y su lado occidental, el PAU de Los Berrocales, pero el arroyo con los años de abandono, había recuperado una vegetación única de todo punto de vista. Pero yo aún tenía la vaga esperanza de que este corredor fluvial, sería tenido en cuenta y “relativamente” conservado, como zona verde, para dar función al arroyo como desagüe superficial y como corredor ecológico, entre el Parque del Sureste y el cerro de Almodóvar.

Zona con nacederos antes de ser barrida del mapa

    Llevaba tantos años recuperándose, desde el abandono agrario en los años 80 y la construcción del metro a Arganda paralelo a su cauce que prácticamente lo había logrado, recuperando poblaciones de plantas casi extinguidas en Madrid y con un amplio cauce era un hervidero de vida, tanto vegetal como animal, con una vieja zanja-drenaje muy colmatada y contoneada por un cauce verdaderamente renaturalizado.

Parte central del arroyo de los Migueles, con una alberca donde un día encontré un corzo ahogado

    Lo dominante en el ahora defenestrado arroyo eran los grandes juncales churreros, con bosquetes  de tarayales y tramos de grandes zarzales. El juncal tenía una vegetación muy completa, incluso con una buena población del rarísimo lirio Iris spuria, actual Chamaeiris reichenbachiana. En su parte externa descubrimos una población del rarísimo Teucrium spinosum y al pie de las laderas era común Malvella sherardiana, en la lista roja española por su peligro de extinción.

Malvella sherardiana, la malva más rara de la península en el lugar donde más abunda, los Berrocales
Schoenoplectus glaucus, un raro junco en un lugar impensable

    En las áreas más húmedas, la presencia del alto junco Schoenoplectus glaucus junto con una buena gama de juncáceas salinas, al igual que otras especies como Blackstonia perfoliata, Samolus valerandi, Centaurium tenuiflorum, Senecio maritimus, etc., también las grandes flores de las Lavatera triloba, con sus inseparables escarabajos avispa en su interior, malvaviscos Althaea officinalis, incluso esparragueras de Asparagus officinalis.

Flor de Lavatera triloba y su hospedante el escarabajo avispa y Hoplia chlorophana en los Migueles

    Por supuesto, como zona alterada, grandes cantidades de cardos, cerrajas, viboreras, cicutas, etc., pero todo, poco a poco, acercándose a un buen estado ecológico y a las puertas de Madrid, a las puertas de los bulldozers de los que proyectan nuestros futuros, responsables de la naturaleza que se nos fue y se nos sigue yendo sin que tengamos conciencia de todo lo que estamos perdiendo.

Una de las muy escasas poblaciones de Iris spuria en Madrid o la península

Una toponimia perdida:

    Abajo de la ermita de la Virgen de la Torre, se reúnen dos vallejos para formar el de Los Migueles, son el de la Marañosa que viene del cerro Peñuelas, también llamado del Espinillo o los Castillejos, y el de los Ahijones, cercano a la lagunilla temporal de las Estevillas. Más abajo está la zona de Junco Redondo no muy lejos del despoblado de La Fortuna, y en la reunión de los arroyos, en la ladera este, la cueva del Vaquero, nombre que nos habla de pastos que debieron ser abundantes y buenos, pues Los Migueles tuvo el gráfico nombre de arroyo de Los Prados. Entre el arroyo de Los Ahijones y la Cañada Real Galiana, el cerro del Tesoro (quizás por hallazgos relacionados con la vecina mayor necrópolis visigoda de Europa); la colada de Las Peñuelas o de Las Cabras y el Camino Viejo de Vicálvaro a Arganda que iba por su margen derecho. En fin, geografía histórica que no de ficción; por cierto, Los Migueles fueron unos célebres bandoleros que habitaban una de las numerosas cuevas de este yesar, dedicándose a cosechar carteras y enseres de los viajeros de la cercana carretera de Valencia.




   El arroyo de los Migueles todavía tiene un interesante y atribulado recorrido hasta desembocar en el Manzanares ya cercano al Jarama y todavía, tiene más cosas que contar en este blog. El futuro no lo han arrasado aún estos aprendices de diseño urbano.

(Muchas gracias a Rubén de Pablo y a Emilio Blanco por varias de las mejores fotos de esta entrada)

Anexo Gráfico Cañada:

Un par de fotos, tomadas del único Diario que ha querido ver lo que está pasando con la Cañada Real, igual que yo he visto barricadas de neumáticos ardiendo en las rotondas, cuando Madrid y casi todos los medios lo ignoraban o miraban para otro lado.

Antidisturbios vigilando y abrigadas mujeres de manifestación







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