jueves, 30 de septiembre de 2021

Incendios forestales

 


      Acaba de terminar la temporada de incendios, al menos la de los grandes incendios, pues a inicios y mediados de otoño, hay veranillos en los que altos incendios menores, pero más numerosos, suelen estar presentes, por no hablar de los incendios invernales, cada año más frecuentes, producidos por periodos secos y calurosos que facilitan la propagación de incendios naturales o provocados, aprovechando la ausencia de medios de extinción.


      Ha sido una temporada de incendios alarmantemente dura, un verdadero botón de muestra del inmediato futuro que nos espera. No es que haya habido muchos incendios, respecto a la media, lo que ha ocurrido es que ha habido varios, tremendamente dañinos e incontrolables, que son los que me han llevado a escribir estas líneas.


      Uno de ellos, el de Ávila (ya hay que hablar de provincias más que de municipios), me ha afectado especialmente, pues es una tierra que conozco, quiero y envidio, a pesar de todo. No voy mucho por allí, pero he sido testigo y parte actuante de varios de ellos que han aparecido en este blog, y esta vez también me pilló por allí, pero a distancia, pues el tener que salvar la barrera del puerto de Mijares para llegar hasta allí y volver con todo el cansancio de vuelta, me hizo desistir.


      A pesar de la distancia, desde mi otro lado de la sierra, se pudo sentir la potencia del incendio, el primer día no,  el segundo día ilusamente esperanzado y el tercero en un tétrico ambiente de humo y pavesas. Absurdamente esperanzado el segundo porque en medio del puerto empezó asomar una gran y brillante coliflor nubosa que iba creciendo y que me hizo pensar que con la previsión meteorológica de desarrollo convectivo, podría desencadenar una tormenta que acabase con el incendio. Pero esa ilusión se fue al traste en cuanto creció más la nube y mostró que su base que era una gran columna de humo negro; era un pirocúmulo, una nube de tormenta generada por la elevación del aire caliente del incendio, lo que a menudo puede generar un cumulonimbo y con suerte,  lluvia. Pero no fue el caso y la imagen era parecida a la dramática y goyesca pintura de El Coloso o El Pánico, coloso sustituido por ese dramático y vertical nubarrón.


      El otro gran incendio nacional fue el de Sierra Bermeja, una sierra malagueña sobre unos especiales materiales geológicos, las peridotitas, rocas ultrabásicas sobre las que crecen especies endémicas adaptadas a esas duras condiciones químicas y que habrán sufrido un duro revés con este fuego. Caso parecido al incendio abulense (con una alta incompetencia inicial a la hora de atacar el fuego y un enorme despliegue de medios cuando el desastre ya estaba en su apogeo), pero con un relieve aún más escabroso que el de Ávila, aunque aquí, sí que contamos con la intervención divina, al desencadenarse las lluvias que acabaron finalmente con el fuego y el sufrimiento de quienes llevaban casi una semana sufriendo de cerca el desastre.


      En los medios de comunicación triunfó el palabro de moda este verano, el de incendio de sexta generación. Habría que definir primero qué son las cinco precedentes para ver qué es lo que cambia de una a otra generación y explicar los motivos para saltar de ordinal. Por lo visto se trata de incendios en los que se alcanzan unas temperaturas que impiden el trabajo del personal de extinción en la inmediatez de las llamas y no solo eso, sino que son capaces de incidir en la meteorología comarcal para formar nubes pirogénicas y creando fuegos incontrolables; nada nuevo, además he visto llover bajo pirocúmulos provocados por incendios pequeños, pero el palabro ha caído en gracia.


      Como cada verano, tras cada incendio mediático, la polémica está servida. Un incendio siempre supone un fracaso, aún de producirse por causas naturales, y ¿Quién carga con ese fracaso? Lo fetén es que no cargue nadie con el marrón, echar balones fuera, echar la culpa a incendios de sexta generación cuando estábamos preparados, pero hasta la quinta generación, y acudir a los lugares comunes de siempre, que si los incendios se apagan en invierno, que si hemos tenido una primavera lluviosa y había mucha broza en el monte, que si no tenemos presupuesto suficiente, que si el cambio climático y la pertinaz sequía, que si los pirómanos y últimamente,  que si la España Vaciada.

      Sin que dejen de tener participación alguno o todos los motivos anteriores, vamos a ver si se puede arrojar algo de luz sobre un tema tan manido y argumentado, pero que casi siempre nos sobrepasa, y digo "nos", porque este sí que es un tema que nos atañe a todos, cuyas consecuencias vamos a padecer todos y, según las predicciones, más vale que nos coja confesados, es decir, preparados, con unas autoridades ya previamente informadas, formadas y dispuestas para enfrentarse a lo que se nos viene encima.


      Primero hay que reconocer el valor que tiene el monte, y digo monte en lugar de bosque, porque el monte no tiene porqué ser un bosque, puede ser una arbusteda, un pastizal o una mezcla de diferentes especies, formaciones vegetales o  áreas sin vida aparente. El monte es una comunidad, un ecosistema o mezcla de diferentes ecosistemas, y nunca, repito, nunca, tiene necesariamente que ser más valioso un bosque que un pastizal, es más, muy a menudo un bosque no es sino una monótona plantación de árboles con una escasa biodiversidad.

Las imágenes no son tan diferentes, simplemente la de arriba aún no ha ardido, lo que muestra a las claras la escasa vida de algunos de nuestros montes arbolados

      Por otra parte, ya de entrada, tener claro que el gasto en la extinción de incendios es tan importante en su cuantía, como imprescindible. Para nada se trata de un negocio, puede tratarse de un buen negocio a la larga, negocio no reconocido y no monetizado. Hay que huir de los enfoques economicistas, muchas de las variables que más cuentan a la hora de cuidar un monte, no tienen cabida en presupuestos de tipo económico. El bienestar del planeta, la moderación de los extremos climáticos, el buen funcionamiento del ciclo del agua, la calidad del aire, la capa fértil del suelo, la biodiversidad y otras variables, no tienen un definido respaldo contable que les avale. Es un buen negocio a pérdidas, es un negocio a futuro porque se trata de mantener la perspectiva sobre un futuro común digno.


      Es una carrera de fondo, nada que ver con el cortoplacismo electoral de los cuatro años. Se trata de un compromiso con la ciudadanía, como si fuese el mantenimiento de tuberías, vías de comunicación o el del mismo estado, algo que, y no creo exagerar, debería estar reflejado en la Constitución, unido al derecho a un medio ambiente sano y digno, como un deber de mejora o, al menos, de mantenimiento, basado en una efectiva política contra el fuego reflejada en un verdadero Pacto de Estado. Pero lleva ya muchos años tratándose este tema como una ingrata y poco rentable tarea que hay torear, que se asume a regañadientes, porque no queda otra.

Los fuegos de piornal a menudo se escapan hasta la sierra

      La situación es acuciante, ya venía mal de antiguo, pero hemos visto sobradamente, tanto en Ávila como en Málaga, que irremisiblemente nos quedamos sin monte y este año no ha sido especialmente duro en cuanto a olas de calor, incluso julio y septiembre han sido suaves, pero la conjunción de  olas de calor y fuegos devastadores, va a ser una constante, y además creciente, año a año. El caso de este verano es paradigmático de lo que nos espera, si no despabilamos o hacemos despabilar a los que tienen las herramientas para mitigarlo. De poco sirve repoblar, concienciar, valorar la biodiversidad, si dejamos que esta enorme riqueza que tenemos se nos vaya de las manos. Hay que actuar ya, “en invierno” para apretar las tuercas, alarmar ahora que podemos anticiparnos y no luego, a toro pasado y bosque perdido.



      A nivel administrativo y logístico, la política de extinción de incendios es un trabajo poco definido y muy variable entre las distintas administraciones (local, autonómica y central) que suelen acabar “a chorchos” entre ellas, otra estupenda excusa para echar balones fuera. Por esto es muy necesaria la existencia de un organigrama y unas directrices generales de desempeño y responsabilidades en caso de incendio, entre las diferentes administraciones, amén de planes de acción sobre el terreno adaptados a los distintos montes y al ámbito municipal, relativamente fácil desde que existen los Sistemas de Información Geográfica, pudiendo meter variables tales como la topografía, los puntos de agua, accesos, la respuesta del fuego según los vientos,  etc.


      Por eso y por no existir unas claras directrices de desempeño o de organización laboral clara, se tienen inestables plantillas bajo mínimos y muy precarizadas. A estas alturas aún no se ha acometido una seria política laboral para crear cuerpos especializados de personal fijo, con una formación continua y una mínima perspectiva de futuro en esa carrera profesional, algo muy demandado por unos trabajadores eventualizados de mala manera que siempre ponen mucho más de lo que se les exige de su cuenta y riesgo, echando voluntariamente más horas o acortando los descansos para volver a rematar unos fuegos que se toman como una cuestión personal más que laboral.


      Algunos han visto su oportunidad de negocio y con un pie en la administración y haciendo de bisagra en la puerta giratoria, han ido metiendo el otro pie en lo privado, creando empresas de carácter público-privado, siempre mejor dotadas y aprovechándose de profesionales y presupuestos públicos, crear su empresa. En algunas comunidades por esto hay un doblete funcional, estando a la orden del día los conflictos dentro de una misma Consejería, lo que no ayuda pues desdobla presupuestos y crea un mal ambiente entre gente obligada a colaborar a pesar de los contrastes salariales entre idénticos trabajos, creando además, por esta indefinición, un lamentable vacío y conflicto de responsabilidades.

      Los diferentes rangos institucionales de las administraciones tampoco ayuda, siendo muy normal el caso de comunidades autónomas que se creen sobradas para hacerse cargo de extinciones o reacias a reconocer que se necesita toda la ayuda “externa” posible, hasta que la triste realidad viene a quitarles la razón. La administración local tampoco pone mucho de su parte, a veces los ayuntamientos ejercen de caciques, al tener la potestad de elegir el personal para los retenes, dependiendo la selección de cómo sean las relaciones personales o los gustos políticos de los candidatos; lo contrario de lo que debería ser una política activa de fijación de población con trabajo remunerado en el medio rural. Incluso hay alcaldes que ven en el fuego una forma de “monetizar” un monte que parece no ser demasiado rentable en verde y que en negro, tras el fuego, esperan frotándose las manos, la lluvia de euros en ayudas paliativas que deberán administrar y repartir sin demasiado control externo.

No se sabe como manejar a los voluntarios, donde hay una ayuda otros ven un problema

      Otro tema sin resolver es el de la gestión del voluntariado, brillando por su total ausencia, donde el personal en un fuego se va acoplando donde buenamente ve que puede ayudar pero, finalmente, son efectivos sin gestionar, sin buscarles la mejor manera de colaborar. Hay varias comunidades que directamente no permiten el voluntariado, cuando en la mayoría de los casos son gente animosa o que ve peligrar sus recursos, gente que va a dar más que si les pagasen; tanto como en mi primer fuego, poco antes de los dieciocho, en los que tuve y quise ceder la paga que daban, a la viuda de un hombre que murió apagando ese fuego.


      Está de moda la intervención y ayuda de la Unidad Militar de Emergencia, bienvenida sea toda ayuda, pero eso es un parche que viene a señalar la ineficiencia de la intervención de quien debería apagar los incendios. Me parece dotar de sentido el gran gasto militar, aplicándolo a mejorar o solucionar problemas del ámbito civil y no hay por qué no usar esta herramienta, pero no es la solución y si de verdad funciona, es algo a copiar o multiplicar, lo que vuelve a apuntar lo endeble de las estructuras organizativas a la hora de apagar los incendios.

Pueblos volcados al completo en la ayuda para la extinción de incendios

      La primera hora es fundamental, o los sucesivos momentos en que hay que tomar decisiones rápidas, momentos como el salto de un fuego a una masa potencialmente incontrolable o a lugares de alto valor ecológico. Esto debe estar ensayado, al igual que los simulacros de incendio en colegios, y cronometrar la respuesta de autoridades hasta la llegada operativa al terreno. Es crucial, vital esa respuesta y primeras actuaciones y no veo que nadie lo recalque o que se analice como merece. 


   Es triste y me gustaría que no fuese verdad, pero en demasiadas bocas y diferentes pueblos de Ávila he oído de la negligencia, que el incendio se originó por el incendio de un coche cuyo conductor inmediatamente llamó a emergencias para comunicar que el fuego acababa de saltar al monte y que al poco acudieron de la cercana base del puerto del Pico, pero como vieron que el fuego estaba en la carretera, dijeron que le correspondía a los de tráfico y se dieron la vuelta, cuando volvieron por segunda vez, ya se había desbocado el fuego y acabó con 22.000 has de naturaleza en muy buen estado. Igual he visto saltar el fuego a la sierra del Cabezo en Gavilanes, por ausencia e inoperancia de las autoridades en abordarlo, la gente suelta a su ser, yendo de un lado para otro sin ton ni son, luego llegaron los camiones, pero el fuego ya había sobrepasado el lugar donde podía haber sido fácilmente controlado.


    Otro tema es el de las responsabilidades tras un desastre, todavía no he visto ningún caso en que se juzgue o ponga en tela de juicio, mediático por lo menos, la dejadez, tardanza, negligencia o irresponsabilidades de las autoridades competentes. De tantos incendios como hay y tan importantes, parece que en todos se ha actuado debidamente. No hay auditorías, ni análisis de los fuegos, aunque solo sea para aplicarlo al próximo, y que se sepa en qué se ha fallado o qué se podría mejorar.

Denunciado en otra entrada, la basura tras una limpia, sin recoger y poniendo en peligro a los medios, sin ese importante estorbo se podría haber impedido la llegada del fuego a los piornales serranos

      Hay quienes pretenden convertir el monte en un suelo limpio, solo con los esbeltos fustes arbóreos libres de arbustos y hierbajos, incluso como decía Aznar, que en España hay demasiado monte. Pero como he dicho antes, el monte es la suma de todas sus capas, desde la geología, los suelos, los líquenes y musgos, los pastos, el tomillar, el matorral, los árboles y su fauna, mayor, menor y microscópica. Todos tienen derecho a la vida y todos están relacionados como en una cadena que todo lo sostiene y fomenta, dotándolo de esa cosa tan compleja que llamamos vida. No se pueden hacer limpias a matarrasa, ni siquiera en los cortafuegos, que sí que pueden y deberían estar arbolados, siempre de árboles dispersos y con sus primeras ramas altas. Igualmente bordes de carreteras, lomas operativas y otros puntos de interés, lo suficientemente clareados como para poder atacar un fuego o hacer contrafuegos, pero ante todo, respeto por el monte, un monte cargado de pistas y cortafuegos es más una fábrica de árboles que una fuente de vida natural.

Monte arrasado por pistas forestales, hoy intransitables, pistas de saca, arrastres del agua,..

      Habría que plantear en esta Europa tan atlántica este problema de la Europa mediterránea, para bien o para mal, por un lado para una ayuda técnica a todos los niveles, desde satélites de vigilancia a modo del proyecto Copernicus, pero enfocado hacia el fuego o bien, para multar, para pagar, como debería pagar todo el mundo, por esas enormes cantidades de CO2 lanzadas a la atmósfera. Hablando de la Europa atlántica, hay que destacar que el lugar de España donde hay más fuegos y firme candidata a zona desertizada, es la Galicia interior donde todo el año es un mundo atlántico, menos el verano que es un mundo claramente mediterráneo, probablemente en las próximas décadas los grandes incendios, sean más terribles en el norte que en el resto de la península y hay que estar preparados.


       El tema es más que complejo, podemos hablar de la España Vaciada y del abandono rural  que contribuye, mucho más de lo que parece a una pérdida de calidad natural y a una fragilidad mayor que en un campo más habitado, de la contribución de las malas gestiones forestales a estos fuegos, afortunadamente más reconducida en los últimos años; del desapego de la población respecto de un monte del que no se sienten parte; del papel de la segunda residencia; de la propiedad privada; de los vallados y de que cuando el monte se quema, algo suyo se quema señor Conde o de una industria contra incendios que se alimenta de esos mismos fuegos. Pero no ha lugar, cada tema daría para horas de digresiones como esta que hago aquí hoy, en la que por favor, vuelvo a insistir, nos jugamos demasiado cada verano como para exigir y llamar la atención sobre este acuciante problema que, recurrentemente, salta a primera línea con el calor, para recurrentemente, ser olvidado con las primeras lluvias. Salgamos del bucle y pongámonos todos a trabajar, nuestro monte está en verdadero peligro, su futuro está en nuestras manos y si no lo vemos, es que ya está perdido.

?

https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/claves-peor-incendio-historia-castilla-leon-abandono-falta-medios-afloran-fuego-navalacruz-avila_130_8236631.html
Crónica esclarecedora de la que me he permitido tomar algunas de sus imágenes.

martes, 31 de agosto de 2021

Impresiones Asturianas de Verano


Hacía ya unos años que no pasaba unos días de verano por Asturias, como de costumbre, para compensar los calores mesetarios y porque tampoco soy de los que les gusta la costa mediterránea en agosto. Hubo un tiempo en que empalmé doce veranos seguidos por allí. Primero empecé yendo por la montaña, eran tiempos de saco y vivaqueo, o tienda de campaña en camping, entonces íbamos por días pasando o no, la raya entre Asturias y León. De ahí pasamos a alquilarnos casas por el mes entero en esos primeros pueblos asturianos por Redes. Luego, ya con familia, pasábamos casi todos los días en la montaña, menos varios días en que nos acercábamos a la playa, pero nos crecieron los enanos, como decían los que montaron un circo, y ya nos bajamos a la costa y subíamos varios días a las montañas.


      Posteriormente, con los hijos más empoderados, ni unos pocos días de montaña, todo playa. También cambió mucho el cuento con el triunfo del llamado Turismo Rural, ya la gente de los pueblos no alquilaba sus casas, pues entraban en conflicto, con los que alquilaban las casas, pero por días y a precio desmesurado que para eso pagaban sus impuestos. 


    También la cosa va según bolsillos, pero comparado con lo previo, desmesurado sin duda, con una semana de esas rurales podríamos haber pagado un mes de los de antes; incluso había tan pocas casas que cuando querías cogerlas, siendo como soy de relajado para esos menesteres, ya te habías quedado sin nada. Además a Costa da Morte gallega, también nos sedujo varios años con sus potentes marinas y con sus precios más tolerables que los astures.


      Mucho tiempo sin volver al manido eslogan de Asturias Paraíso Natural, tan manido que es falso en gran parte de su territorio. Los castellanos tenemos tendencia a decir ¡qué bonito! cuando nos pintan de verde el paisaje, mayormente, si es en verano, pero no es verde todo lo que reluce. Más de la mitad de los bosques asturianos, no son bosques,  sino cultivos, cultivos de eucaliptos, donde es mejor no meterse, básicamente porque no hay quién pueda y tampoco tiene ningún interés hacerlo. En casi todas los montes, por debajo de los 700m, que ya es territorio, solo hay vegetación autóctona en los profundos valles fluviales o en fuertes pendientes y roquedos, es decir, donde no se puede meter un tractor a manipular los árboles entre pistas y desmontes.


      Por todo esto, mi interés se centra en la línea de costa, con sus maravillosos acantilados y playas, que tampoco hace falta que sean arenosas, y en los numerosísimos vallejos fluviales. Algunos de gran tamaño y célebres, pero infinidad de ellos mucho menores, aunque todos, con una riqueza botánica y biológica tremenda. Para colmo, este año pude contar con la inestimable ayuda de mi prima Nuria que nos enseñó una pequeña pero maravillosa ruta.


      Metidos en faena fluvial, y con la colaboración de días sin lluvia, pudimos disfrutar de las umbrosidades interiores de pequeñas gargantas, llenas de vericuetos y rincones que se internaban en lo más húmedo del bosque atlántico. Bosques galería muy conectados con el resto del bosque, ya fuese de castaños o de carballos, en sus zonas bajas con arces y fresnos que a su vez se mezclaban con la aliseda de fondo de valle.


      A buen recaudo, cobijados bajo el dosel arbóreo, el mundo de los helechos, los musgos y las hepáticas, en laderas chorreantes, a veces casi verticales y totalmente cubiertas de un verde exuberante, me confundía con la gran variedad de especies de helechos de por estas tierras. Recuerdo que como guía de helechos, acabé comprando la de los Helechos de Asturias, dado que aquí, prácticamente, están todos los que se pueden encontrar en España, Canarias incluída. 

Macizo de Polypodium spp. en una roca musgosa

    Aquí había una buena porción de los menos corrientes, aunque yo en mi optimismo, buscaba encontrar el helecho gigante, el helecho de los colchoneros, la gran Culcita macrocarpa que una vez ví de casualidad en un río gallego pero que, a pesar de buscarlo en varios lugares de difícil acceso, no encontré, aunque sé que aparece en la zona oriental de Asturias.

Talud lleno de los grandes frondes de Woodwardia radincans

      Helechos por doquier, helechos macho Dryopteris filix-mas, helechos hembra Athyrium filix-femina, helechos reales Osmunda regalis, y muchos otros sin nombre popular, que yo conozca, como el pequeño Blechnum spicant o los frondes enormes de la Woodwardia radicans, muy diferentes en tamaño pero parecidos como los dos miembros de una misma familia que son, esta último muy abundante en uno de los arroyos; la Davallia canariensis, a veces sobre taludes y otras sobre algún tronco, al igual que los varios Polypodium spp., luego los Adianthum spp., Asplenium spp., Cystopteris spp, Dryopteris spp.; salvo el, ya más conocido, helecho de pescadero Pteridium aquilinum, este muy abundante en el bosque, sin este exceso de sombras y humedades.

      Tal riqueza de plantas de sombra me ha distraído y por momentos no he echado de menos una planta que, para alegría algunos, está tomando al asalto, ya desde hace bastantes años, los bordes de ríos y arroyos asturianos y todas aquellas áreas en que se acumula un poco más de humedad. Se trata de la llamativa Crocosmia x crocosmiflora, planta sudafricana que como otras muchas de distintas partes de la geografía mundial, van conquistando regiones lejanas de las de procedencia, llevando estas regiones templadas a una uniformidad parecida a la de cualquier gran centro comercial periurbano.


      Esta planta que adorna con sus tonalidades anaranjadas buena parte de las zonas húmedas templadas (no mediterráneas) del norte y oeste ibérico es una de esas polémicas, pero muy bien toleradas, invasoras que devastan la naturaleza silvestre nacional. Por supuesto, son muchas más, pero esta es el caso típico de que sí, es una invasora, pero, tampoco está tan mal, no?, son bonitas.

Colonización masiva incluso de laderas de la Crocosmia, abajo sobre una alfombra de Tradescantia



Otro tanto podría decirse de los plumeros de la Pampa Cortaderia selloana, de las campanillas azules Ipomoea purpurea o de las Buddleia davidii, tan queridas por las mariposas (locales todavía). Aquí, acompañando en algunas gargantas a la crocosmia, también aparece en masa, como tapizante del suelo del bosque galería, la Tradescantia fluminensis, otra planta escapada de los jardines y potente invasora. La cosa va más lejos aún, en algún punto encuentro una buena masa de bambú, esto ya va camino de un buen bosque vietnamita.

Un buen rodal de bambú

      Como digo, el tema es polémico por la belleza de algunas de las invasoras y de otros que creen lo mejor dejar obrar a la naturaleza a su ser; en general, casi todo el mundo asume que lo local es lo fetén, pero claro, muchos ya no saben dónde está lo autóctono, pues hay que retrotraerse 30 o más años para identificarlo, y más aún en un entorno de cientos de kilómetros cuadrados de eucaliptales y algunos pinares foráneos. Pero no es tan difícil, yo en esta breve excursión auspiciada por Nuria, ya he visto un variadísimo mundo de helechos, grandes cárices colgantes, lirios amarillos, hipéricos, saxífragas o Lysimachias y todo tipo de musgos, salpicados puntualmente de especies poco comunes y hongos varios.

Variedad de helechos con saxífragas, hepáticas, musgos, etc.

      Hay que hacerse cargo de cómo está el mundo y aceptar la idea de cambio, por lo que se nos viene encima, tratar de no ser un talibán de una postura o su contraria y ver qué puede ser lo más interesante para aguantar el chaparrón. También reconocer que somos donantes genuinos, por mucha especie que se nos venga encima, nunca llegaremos a acoger tanto como exportamos, tenemos media Norteamérica conquistadita de plantas hispanas, siendo un problema para las especies de allí, mucho mayor del que tenemos aquí con las foráneas. 


    El mundo mediterráneo es muy competitivo y fecundo en la génesis de nuevas especies que saben, cuando colonizan otras tierras, luchar e imponerse a sus especies nativas, por contra, aquí el problema lo tenemos con especies de climas templados y húmedos, muy generalizado y competitivo en mayores áreas mundiales que los escasos climas mediterráneos y, con las que nuestras especies atlántico-cantábricas, poco pueden hacer.

Cortina de Wahlenbergia hederacea en un talud húmedo

    Hablando con amigos y preparándonos para la tendencia climática que irremisiblemente se viene concretando, hablamos que de ultra-nacionalismos patrios, los justos, pues lo principal es conseguir amortiguar el ambiente cuasi semiárido que se nos viene y la triste gestión de bosques y naturaleza silvestre por parte de autoridades locales, autonómicas y centrales que, con bastante probabilidad puede acabar en las ígneas fauces de grandes incendios asociados a las cada vez más frecuentes olas de calor, a modo del reciente incendio de Ávila, todo un paradigma de qué estamos haciendo con nuestros montes y lo poco preparados que estamos para defenderlos del fuego y el calentamiento global.


Es absolutamente necesario proteger los suelos, salvaguardar el ciclo hidrológico y atenuar en lo posible, variables como temperatura, humedad y vientos a base de la ayuda de bosques, de un tipo o de otro y arbustedas y, si para ello hay que abrir la puerta a especies de nuestro sureste o no autócnonas, pero de nuestro entorno geográfico más cercano, por qué no abrir la puerta a los almendrales, algarrobos, sabinas de Cartagena Tetraclinis articulata, almácigos Pistacea altantica o incluso, arganes Argania spinosa o las acacias subdesértidas del norte del África mediterránea. Digan los apóstoles del solo lo autóctono, lo que quieran, razones tienen, pero el horno no está para bollos y podrían ayudar a nuestras especies vegetales.

Pedrizas cuarcíticas de origen periglaciar casi al nivel del mar

En estos últimos párrafos me he alejado sin querer de Asturias y he vuelto a la cada vez más secorra meseta de la que, prácticamente he salido huyendo, pero que tanto aprecio, aunque sea recalentada. Ha sido un placer para cuerpo y alma, los paseos y las vistas de tanta frescura de tanta gama de azules, blancos y grises marinos, al rencuentro con las nubes, la lluvia y las nieblas.


Desde estas líneas, agradecer en el alma, los esfuerzos desinteresados de ciertas personas que en lugar de quejarse del mundo y de lo mal que se hacen las cosas, como yo, emplean sus horas, dineros y fuerzas, en repoblar un poco por todas partes o, como he podido ver, en restaurar-crear caminos en los vallejos más inesperados, tendiendo decenas de prácticos y estéticos puentes de madera, desbrozando molinos abandonados, creando trampolines para la chavalería en las pozas, etc. 

Molino relativamente despejado y abajo, lamentable estado usual de los molinos

Gracias de verdad, cada vez sois más y más imprescindibles, aunque casi nadie sepa de vuestros esfuerzos, todo queda, la balanza no está tan descompensada como pensaba. Gracias mil a Ruperto, en este caso, y a tantos otros espíritus sabios.

viernes, 30 de julio de 2021

Las Médulas por fín

 



      Esta entrada quizás solo sea una excusa para mostrar las fotos que hice en una excursión largamente postergada a la Las Médulas, en El Bierzo de León. Lugar ya clásico en el turismo de naturaleza y cultura, ejemplo de paisaje manipulado por el hombre, de quien pensamos que sólo en el último siglo ha sido capaz de transformar sustancialmente la superficie terrestre, pero está claro que últimamente podrá haberse acelerado ostensiblemente esa alteración radical del medio natural, pero está claro que llevamos varios miles de años haciéndolo.




        Realmente hemos alterado tanto el planeta que hemos dado un cambio tan radical a las condiciones del planeta que llevamos varias décadas metidos en un nuevo período geológico, el Antropoceno. Esto viene dado porque geológicamente los cambios, los cortes temporales que suponen un cambio de período han venido de un cambio, relativamente brusco en las condiciones de vida en el planeta, como la caída de un gran meteorito, una aceleración de la actividad sísmica, la entrada de cambios climáticos de importancia, etc., todo cambios dramáticos, y está claro desde el punto de vista científico, que hemos pasado un umbral, marcado por nuestra actitud y uso del planeta, una actitud que todavía no sabemos y, en general, preferimos no saber a dónde nos va a llevar.

Cueva de la Encantada y abajo la Cuevona

     He estado poco tiempo por esta zona, demasiado poco para sacar conclusiones demasiado claras o novedosas, pero, como de costumbre me voy con más ganas de volver de las que ya tenía. Algo sabía ya, pero revisando mapas y carreteando por ahí, he podido cerciorarme de nuevo que estamos ante una de las grandes áreas naturales peor conocidas y valoradas de la península. Empecé el viaje por Sanabria, con su lacustre reclamo turístico.


Pero el verdadero reclamo lacustre es el verdadero desconocido e ignorado de esta montuosa región que debió tener en la última glaciación la mayor “montera glaciar” o glaciar de montera de toda la península, es decir un pequeño casquete glaciar sobre un amplio conjunto montañoso de cumbres bastante planas o alomadas, y con lenguas glaciares centrífugas hacia los diferentes valles y cuencas hidrológicas, es decir hacia el Miño, hacia la cuenca del Cantábrico y hacia la del Duero. Esta región entre Sanabria y El Bierzo, entre la autovía de A Coruña y la que va a Ourense, podría estar la región de los mil lagos que tantos países nórdicos o alpinos proclaman poseer. Pocos lo saben, menos aún son los que han subido a los lagos más allá del de Sanabria, pero estos montes, que son muchos montes, atesoran lagunas en abundancia desde los 1400m hasta los 2000 o más. Siendo la Peña Trevinca y el Teleno las mayores cotas de estos montes.

No muy lejos de los imperantes castaños, madroños, carquesas, cantueso,...
No muy visible, pero es un gran alcornoque

A parte de esta constatación, me quedó claro el carácter mediterráneo de gran parte de la región, incluida esa parte suroriental gallega, cuyos castañares y carballedas, no ocultan la verdad de unas solanas con encinas y sotobosque de madroños y otros arbustos mediterráneos por mucha carquesa que haya también. Con muchas ganas me quedo de explorar las muy escasas áreas calizas gallegas que existen en la vecindad, otro hallazgo inopinado. Pero el verdadero protagonista de estos montes es el castaño, castaño que dirían que plantaron los romanos para dar de comer a la legión de trabajadores/esclavos que tenían. 


Zona minera menos espectacular y apenas visitada de las Médulas


La aparición de madera o frutos de castaño en ya bastantes asentamientos prehistóricos, me hace poner en duda tan generosa plantación, probablemente expansión, pero introducción de los castaños, no creo. Igual ocurrió con los olivos de Jaén, que quién plantó esos olivos, pues también se dijo que los romanos, o los griegos, pero más tarde alguien vino a demostrar que o ya los había o se injertaron púas del Mediterráneo oriental en acebuches o en olivos que ya existían en esas sierras subbéticas.




Otra prueba ineludible del carácter mediterráneo, por desgracia, la gran abundancia de incendios, incendios de verano, de pos-verano e incluso de inviernos cálidos. Es una pena, pero los montes están abandonados, aunque pueda sonar muy idílico a algún ecologista de sofá, eso de montes dejados a su suerte, no es nada bueno. 

Espeso castañar en una ladera de las Médulas

El monte hay que trabajarlo, tiene que ser vivido, usado, con sus caminos limpios, con sus prados despejados. Pero no es así, la propiedad privada también es un obstáculo a la eliminación de basuras o a la extracción de leñas o madera, incluso el ganado suelto serrano, tiene que ver con la desaparición de muchas vallas, para que puedan pasar a comer en más zonas aún.




En algunos pueblos de esta zona se están asentando colonias de gente joven, muy a menudo urbanita que intentar vivir aquí, y generalmente son obstaculizados y desanimados a continuar poblando algunos de estos montes. Craso error, la gente en el monte es casi siempre algo bueno, de hecho, estamos en una de las zonas con mayor abandono rural de España, salvo las zonas bajas o las zonas vinícolas que ahora están arrancando con fuerza debido a la buena calidad de sus caldos, ya sean mencías o godellos.


En medio del monte brillan los tejados de pizarra

Sobre el desastre minero romano que ahora parece bonito e interesante creador de nuevos paisajes, hay que empezar aclarando que aquello fue esclavitud, capitalismo puro y duro y un atentado ecológico de enormes proporciones (piénsese en la riqueza pesquera de esos ríos a los que llegaban salmones y lampreas y que daban de comer a tanta gente y tantos animales, y el destrozo ecológico o el destrozo social en la población autóctona que tuvo que ocasionar. Canteras y destrozos de montes que no solo se produjeron en Las Médulas sino en un área mucho más basta.



Pero no hace falta mirar al pasado, solo con aumentar un poco el visor de Iberpix o de Google Earth, basta para ver el enorme destrozo actual, con miles de hectáreas de entraña terrestre al aire, con pueblos colgados al borde de barrancos, con ríos que tienen que soportar la contaminación y la turbidez de una actividad minera sin límites. 


Al fondo puede apreciar el mordisco minero de una cantera, esta vez de piedra caliza, comparada con la minería de la pizarra o la del carbón, prácticamente no es nada en el paisaje

Si en la vecindad sur y suroccidental del Bierzo están las enormes cicatrices de la minería de la pizarra, en el noroeste del Bierzo, en los valles hacia Villablino y traspasando la frontera astur, aparece la minería del carbón destrozando las tripas de la tierra, mostradas a cielo abierto.

En la vecindad de Las Médulas, veáse tamaños compartivo, las cicatrices de la minería de la pizarra

Muchas de esas explotaciones monopolizadas por un solo cacique local que como otros “emprendedores” nacionales, nadie o, más bien todos, sabemos por qué no están entre rejas. Para colmo, estos personajes son los "referentes" para empresarios en ciernes que los ven como triunfadores  que salieron de la pobreza para convertirse en magníficos emprendedores y hombres hechos a sí mismos. Qué oportunidad perdida, qué mál ejemplo para un país y que desastres ecológicos que dejan a las generaciones futuras con las secuelas de esos supuestos buenos negocios económicos, con las cicatrices vivas de la tierra. Puede haber negocio con el mineral, pero antes, en la balanza, hay que contar con todo, incluso con lo dejas para el futuro.



A pesar de esas sombras que estoy contando, creo que estamos en una tierra con futuro, quizás bastante más que otras. El buen clima, la abundancia de agua y de recursos, la puesta en valor de su capacidad y diversificación agraria así lo apunta y además, todavía tiene población no emigrada y que disfruta de su tierra, gente además, bastante concienciada y amante de su terruño, algo que en otras partes parece no verse o incluso brillar por su ausencia. Qué ganas tengo de seguir conociendo los rincones gallegos, leoneses y zamoranos de estas desconocidas montañas.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...