Día 26 de julio de 2026, un día nefasto para la naturaleza española y para todo el entorno de Gredos, aunque la cosa ya se veía venir desde el 22 de julio en que se inició el mayor incendio español de la era moderna en Burgohondo, por unos trabajos ilegales para construir una pista ganadera en lo alto de la sierra. Se empezó a ver que no se podía contener el incendio, pues en un par de días recorrió toda la ladera norte de Gredos oriental, a pesar de haber bastante bosque de roble, que arden mucho peor que el pino, a pesar de la abundancia de grandes superficies de pedreras en esas laderas o a pesar de que el fuego para cruzar la montaña de norte a sur debía recorrer una zona llena de pastizales, roquedos y piornales de escaso porte.
Nada de eso bastó para controlar ese fuego en esos lugares señalados, lugares donde solo con un poco de esfuerzo, se hubiese logrado perimetrar e impedir el avance del fuego hacia el sur de la cordillera por toda esa zona cimera. Pero al parecer, influyó mucho el trágico comienzo de la temporada de incendios, con trece muertos calcinados en Los Gallardos, Almería. Desde ese momento la prioridad absoluta ha sido la protección de personas y casas, lógico, pero también esto ha derivado en que se haya desatendido la extinción del avance del fuego, lo que también lógicamente, ha multiplicado la necesidad de más protección a más personas y construcciones, y así en una creciente espiral inabarcable según avanzaba el fuego, todo un dilema ético. De esta manera se llegó a un punto, principalmente el día 26 de julio, en que apenas se podía combatir el fuego, por la prioridad absoluta de, primero, evacuar, y después, intentar salvar los pueblos que iban siendo progresivamente cercados por las llamas en un rápido y devastador avance de los distintos frentes del fuego.
Ya eran “los fuegos”, no el incendio de Burgohondo, ya no era un incendio abulense, ahora la mala suerte, unas condiciones meteorológicas nefastas, aunque mayormente heredadas de una temporada de récord de sequedad y altas temperaturas, y una gestión discutible, propiciaban la unión del gran incendio inicial, con otro iniciado en la urbanización El Pinar, en Toledo, en los pinares de pino piñonero de Almorox (22 de julio) y otro incendio más, en Madrid, iniciado a escasos metros del Parque de bomberos de San Martín de Valdeiglesias (que quemó sus instalaciones externas con varios coches incluidos), por culpa del incendio de un coche en el arcén de la M-501 entre Pelayos y San Martín (iniciado el 23 de julio). Ojo!, que ya es al menos la segunda vez (el de Ávila de 2021 de las 21.000has., aunque también en Selas, Guadalajara este año) en que un coche al borde de la carretera, y avisando a tiempo al 112, provoca un incendio descomunal.
Por imperiosas necesidades operativas, afortunadamente, se trató como un único incendio bajo un mando único, para evitar veleidades o rencillas autonómicas que ya comenzaban a usarse como arrojadiza arma política (Ayuso mediante), tras declararse por primera vez la “emergencia de interés nacional”. Finalmente el 30 de julio, el fuego se controló pasando a un nivel 2 y devolviendo la gestión a las CCAA; tras arrasar unas 77.000 has. siendo calificado como el mayor incendio de la historia de España.
Muchos opinan que se sacrificó el valle del Tiétar para salvar la poblada sierra madrileña y que no llegase al emblemático Escorial; lo que sí que está claro es que hubiera sido fácil controlar que el incendio, que ya estaba en El Tiemblo, no entrase en la vertiente sur, como finalmente lo hizo. Pero, también hay que comprender que estaban totalmente desbordados, por un perímetro gigantesco y una virulencia del fuego totalmente monstruosa como señalo más adelante. Por supuesto, los trabajadores en su mayoría de esta zona, redoblaron esfuerzos y tiempos, aún saltándose la normativa sobre descansos obligados, para atacar un fuego que se estaba comiendo su campo a mordiscos de llamas.
En esa difícil situación, el 26 de septiembre un incendio “fuera de la capacidad de contención de los bomberos”, impuso la evacuación total en aras de salvar vidas humanas, esa situación colapsó carreteras y fuerzas de seguridad, dejando inoperativas las comunicaciones a efectos de la extinción del incendio. Máquinas y cuadrillas se dedicaron abrir pequeños cortafuegos y atacar puntos de peligro para la población, aunque en los pueblos quienes actuaron fueron mayormente los propios vecinos que se negaron a la evacuación para así poder ayudar. Desde aquí, por supuesto, dar las gracias a los voluntarios que en Mijares, como de costumbre, lograron parar el frente occidental del fuego.
La verdad es que, vista la dimensión del peligro, es verdaderamente difícil creer que no se produjeran víctimas mortales, hay que reconocer ese acierto, pero el daño infligido a nuestra naturaleza y a nuestra sociedad ha sido tan descomunal, que prácticamente se ha tomado como una victoria pírrica el hecho de que no haya habido víctimas (humanas). Se ha producido una gigantesca herida en estas bellas tierras que entre todos debemos cuidar y curar aunque tardará años en cerrarse.
Yo también quise quedarme a defender el pueblo y el monte, pero tuve que evacuar y llevarme a la familia a lugar seguro, el toque de atención recibido desde un helicóptero nos terminó de convencer y allí quedó todo, a la sombra de la enorme montaña de humo que se cernía sobre nosotros. Y sobre esa enorme y fatídica nube es de lo que trato en las fotos que acompañan este texto. Nubes que hace no muchos años, fueron denominadas como pirocúmulos, cúmulos creados por la acción del fuego, lo que puede desembocar en pirocúmulonimbos, nubes de tormenta creadas a partir de un fuego.
Pirocúmulo en plena formación, aunque finalmente no llegó, por poco, a pirocumulonimbo
Ya desde 2004 en que ví donde vivo, como encima de un fuego sobre unos pinares cercanos al Manzanares, se formaba una vertical columna de humo cuya altura y volumen iba creciendo por momentos hasta degenerar en un gran cúmulo que, como una enorme coliflor seguió creciendo en grandes burbujas de nube que nacían una de otras. A la hora, ya tenía encima una oscura nube de tormenta, es decir, un cumulonimbo que amenazaba con ponerse a tronar y llover, como finalmente hizo, aunque sin demasiada lluvia. Aquella situación era de inestabilidad y la nube, no necesitó demasiado para desarrollarse. Esta vez, sobre Casavieja-Piedralaves, no había inestabilidad, sino un buen anticiclón de verano, si hubiese habido un mínimo de inestabilidad, incluso el propio pirocúmulo hubiera podido ayudar a extinguir el fuego con su lluvia.
Las situaciones de inestabilidad, forzadas en este caso por el terrible calor creado por las llamas, crean tensiones en la atmósfera que pueden llegar a crear por si solas una tormenta, a base de condensar en altura, la enorme cantidad de vapor de agua creada con el fuego y elevada a las capas altas de la atmósfera. Esas tensiones suelen resolverse en bruscos movimientos de aire, aires que se elevan al calentarse, que se enfrían en altura y que, pueden caer por su propio peso sobre aires más calientes y menos densos situados bajo ellos, generando vendavales y fuertes remolinos.
Se produce lo que se llama reventones, reventones térmicos o microrreventones (microburst), por la escala menor de lo acostumbrado para masas de aire de importancia meteorológica, pero con una gran virulencia. Como cuando cae un fuerte chubasco bajo un cumulonimbo, pero dado que no hay tal inestabilidad, ni cumulonimbo, lo que cae es una masa de aire, chocando contra la superficie, calentándose en esta bajada y desparramándose con gran velocidad en todas direcciones, o por gravedad, hacia las áreas más bajas, hacia valles o vegas. Dura poco tiempo, pero puede generar ráfagas de mucha intensidad, como me contaron voluntarios o como puede verse en algún video.
La enorme nube que veíamos crecer por momentos, desde el oeste, sobre Casavieja-Piedralaves-La Adrada, y bajo la que veíamos desaparecer avionetas como abocadas a perecer bajo la pisada de un gigante, se vino abajo y al llegar a la superficie en llamas, desparramó el fuego, pavesas y hasta palos encendidos, en todas direcciones, llevando el fuego a extenderse y superar barreras como por ejemplo la carretera CL-501 valle abajo, por donde el fuego no había corrido hasta ahora, quemando encinares y pinares de piñonero en las inmediaciones del río Tiétar. Aunque el día anterior se evacuaron pueblos toledanos como La Iglesuela, Sartajada e incluso Almendral de la Cañada al otro lado del Tiétar, este nuevo impulso propagó nuevos focos en esa dirección y reavivó otros ya trabajados.
Tal vez, no lo sé seguro, pudiera ser la explicación a la multitud de áreas dispersas en estos pinares estén como quemadas a medias, como si les hubiera pasado una rápida llamarada de soplete por encima, sin tiempo a prender bien, pero torrando las copas, frente a otras áreas vecinas sin apenas árboles quemados. No todo se quemó, no es como por la parte madrileña del pantano de San Juan, donde parece que no se salvó nada, todo quedó completamente quemado de arriba a abajo. Incluso llama la atención áreas que aparecen uniformemente negras, sin sombras ni relieve del arbolado, todo igualado, fueron áreas donde había muchos pinos por metro cuadrado y a la misma altura, verdadera gasolina para el fuego, masas y masas, no mal gestionadas, simplemente sin gestionar en absoluto.
Casi por masoquismo y por hacer alguna foto, fui por Casavieja y me quedé impresionado, todavía quedaban puntos con humos saliendo del suelo, casi una semana después, todavía estaban trabajando y seguía instalada esa trágica atmósfera de tono gris azulado y olor a ceniza mojada. Abajo, los prados, los fresnos, hasta los alisos de los arroyos estaban achicharrados, me cuesta imaginarme el porqué de todo, de arriba abajo, hasta la hierba de los prados quemada.
Dicen que estos incendios tan grandes, de sexta generación los llaman, pueden crear su propio clima. Al menos en este caso, fue real. Oía decir que el viento propagó el fuego, cuando veía esos días en que no hacía viento o no era un factor reseñable. Pero claro, donde corren las llamas, las corrientes ya son otra cosa, ya no son las condiciones generales que les dan en el parte meteo a los bomberos. Lo que pasa solo en unos pocos fuegos es que cuando se quema tanta materia en tan poco tiempo, ya intervienen fuerzas y temperaturas que desarrollan procesos meteorológicos adversos de una magnitud importante, como la aparición de vientos a microescala o fenómenos particulares que ocurren en las capas de aire inmediatamente por encima del fuego, como el caso de los pirocúmulos.
Todo esto lo digo a pesar de que siempre he pensado que lo de “sexta generación” era otra excusa, como lo de la “primavera lluviosa” o lo “accidentado del terreno” o “las condiciones meteorológicas adversas” para esquivar responsabilidades tras los numerosos y claros fracasos a la hora de gestionar un incendio, de lo que por cierto, nunca ha existido una depuración de responsabilidades (llamativo estos últimos años en el caso de Castilla y León), siempre se han dado por buenas esas excusas u otras. Poco hay mejor para la naturaleza que una primavera lluviosa, aunque promueva una mayor biomasa, esto y lo demás, son cosas con las que ya hay que contar en un trabajo que cada vez debería ser más profesional y más apoyado económicamente, aunque sin dada, mucho más centrado en la prevención que en la extinción.
Ahora toca sufrir las consecuencias que, por desgracia, ya he vivido más veces, ahora, durante un par de años, habrá graves problemas de erosión en unas montañas tan empinadas y tan despojadas de su manto protector, sin duda el pantano del Rosarito se verá mucho más colmatado, pues ahí es donde va a parar, en primera instancia, todos los suelos, cenizas y arenas arrancadas de estas laderas. En las clásicas pozas de las gargantas, no se podrá bañar nadie, porque estarán cubiertas de sedimentos hasta arriba. Pasarán meses y meses, con problemas en el agua para consumo humano, de los manantiales brotará menos agua y muchos se secarán, incluso hasta que no se recupere bastante el manto verde, los veranos serán todavía más cálidos, por no atenuarse la temperatura con la humedad, sombra y frescor que dan los bosques.
He leído mucho y he buscado mucho por internet, hay mucha gente que está moviéndose ya, no solo para replantar, semillar, sino también para poner barreras a la erosión que es la tarea más perentoria ahora mismo, antes de que lleguen los chubascos otoñales que, en estas tierras del Tiétar, suelen ser muy intensos. Hay que movilizarse, algunos pueblos, como Pedro Bernardo, lleva años haciéndolo, moviéndose y plantando (Pedro Bernardo Siempre Verde), probablemente sean quienes más incendios han sufrido en sus carnes, pero están surgiendo asociaciones e incluso con apoyos institucionales por toda Ávila. Espero que este movimiento no ceje, cree amistades y lazos entre los distintos pueblos y personas, para atar un futuro que se nos está yendo de las manos a todos. Si no nos movilizamos ahora con la que nos ha caído, nunca lo haremos ni nadie lo hará por nosotros. Que el invierno no enfríe nuestra memoria, nuestro territorio está peor que nunca, hay que hacer un esfuerzo y luchar por nuestro mundo.
Merece la pena profundizar un poco:
https://ctxt.es/es/20260901/Firmas/55190/Ramon-Almansa-incendios-forestales-prevencion-inversion-reavivar-medio-rural-cambio-climatico.htm
https://www.eldebate.com/espana/castilla-y-leon/20260728/casavieja-pueblo-abulense-sobrevive-escenario-guerra-luz-agua_444145.html
https://ctxt.es/es/20260901/Politica/55076/Gorka-Castillo-incendio-abandono-desastre-ecologico-fuego-valle-del-tietar.htm
file:///C:/Users/kikel/Desktop/ARBA%20Fuegos/Piroc%C3%BAmulo%20Casavieja/Incendio%20de%20Burgohondo%20(%C3%81vila)_%20an%C3%A1lisis%20t%C3%A9cnico%20y%20evoluci%C3%B3n.html
https://ugtspmadrid.es/ugt-cuerpo-de-bomberos-de-la-comunidad-de-madrid-denuncia-la-situacion-del-parque-de-bomberos-de-san-martin-de-valdeiglesias-y-solicita-actuaciones-urgentes/
https://www.facebook.com/reel/2721859144898795
https://es.wikipedia.org/wiki/Incendios_forestales_en_Espa%C3%B1a_de_2026
En este blog:
El Incendio de Gavilanes y Pedro Bernardo
La Rubía, requiem por el último pinar de silvestre del sur de Gredos






















































