sábado, 13 de agosto de 2022

Los yesos del sureste madrileño y la erosión hidrológica

 



La geomorfología para mucha gente es una ciencia de actividad pretérita, activa en tiempos remotos, solo las grandes inundaciones o los corrimientos de tierra que vemos a veces en los telediarios, tras eventos lluviosos extremos, parecen tener una acción rápida y contemporánea sobre el relieve, pues lo habitual es que lo que vemos sobre el terreno: cordilleras, glacis al pie de las mismas, torcas, espeleotemas, terrazas fluviales, canchales, etc., sean relieves heredados de un pasado más o menos remoto, solo “retocados” actual y puntualmente, por otros procesos geomorfológicos de menor envergadura que van suavizando esas formas.

Un valle normal en relieves yesíferos, sin apenas incisión fluvial

Esta entrada de hoy, mucho menos botánica que geomorfológica, trata de todo lo contrario, de fenómenos que están ocurriendo en la actualidad y a una velocidad sorprendentemente rápida, tratándose de eventos geológicos. Tampoco es de extrañar, pues hablo de uno de los materiales más blandos, los yesos que, en la zona de este estudio, también suelen aparecer acompañados de sales que todavía son más blandas y solubles. Lo que verdaderamente llama la atención, es como cambios, aparentemente pequeños, tengan tal repercusión como para poder estar hablando de grandes diferencias en las formas de fondo de valle, acontecidas en apenas uno o varios lustros.

Fondo de valle con taray, junco negro y marítimo, Lepidium latifolia, orzaga (Atriplex halimus), etc.

Aunque son mucho más conocidas de litologías calizas, las dolinas o torcas ocurren en aquellas litologías que pueden ser lentamente erosionadas por disolución, incluso no solo en ellas, sino también en materiales fácilmente removibles de manera mecánica por las aguas. Baste recordar los típicos, aunque ya cada día menos comunes, “socavones” madrileños que normalmente tenían lugar en las arenas algo compactadas provenientes de la erosión de materiales serranos, las arcosas madrileñas, como las del Pardo, Casa de Campo, etc. y que solían producirse tras una rotura de tuberías subterráneas que, tras remover las arenas, provocaban el colapso superficial, es decir, el socavón. Otras pocas veces, ocurrían al disolverse yesos subterráneos bajo los materiales de construcción, esto ya en el tercio sureste de la ciudad, lo que aún sigue ocurriendo en la actualidad, por ejemplo, en la construcción de la línea 7 del metro de Madrid, por precipitarse en las obras y no tener en cuenta las limitaciones geológicas de aquellos terrenos con arcillas expansibles, yesos, sales y otros materiales inestables.

Dolina enorme (centro imagen inferior) cerca de la laguna de San Juan y del Tajuña


Ya venía interesándome por estos procesos hace tiempo y más tras ver hace años el gigantesco agujero cercano a la laguna de San Juan en el Tajuña (que algunos asnos tratan de rellenar con basuras). Hasta entonces solo había visto ese tipo de figuras geomorfológicas en calizas y cerca de los Ojos del Guadiana tras grandes episodios de lluvias. Esto último también puede entrar en la dinámica morfogenética de los yesos que, a pesar de que aunque en principio, no aparezcan esos yesos en superficie, bajo tierra a menudo existen grandes lentejones de yesos que con lluvias abundantes se van deshaciendo y pueden hacer colapsar lo que tengan por encima de ellos, y si para colmo, por abajo existe la presión hidrostática de un acuífero elevando su nivel piezométrico, el peligro de hundimiento se hace extremo, como ya se ha podido comprobar, y muy a menudo, en el entorno de la vegas de los ríos que se hayan sobre acuíferos, como es el caso de casi todos los manchegos.

Socavón en la usurpada llanura de inundación del Guadiana
El Ojo de la Señora, resucitado y con un intento de tapado en 2013
Profunda dolina (esquina sup. dcha.) en la Hoz de Jabalera

       No son corrientes, pero en épocas lluviosas pueden llegar a serlo, metiendo el miedo en el cuerpo de los agricultores que se meten a trabajar en esas vegas de fondo yesífero o salitroso, pues no será el primer caso de tractor o yunta de mulas, a los que se les abre la tierra para tragarles. Puede sonar disparatado, pero basta con tirar de la lengua a los abuelos de los pueblos de zonas veganas, para empezar a oír historias, algunas amplificadas por los años, de hundimientos de todo tipo, como por ejemplo, uno de los principales Ojos del Guadiana, el Ojo de la Señora, del que se cuenta que su origen fue el hundimiento de un carromato con una dama dentro, dando nombre al que fuera uno de los manantiales más bellos y potentes de este río manchego, hoy por hoy irreconocible e impensable en el sembrado (en regadío) que es hoy ese dominio público.

Erosión tras la tormenta de Arganda de agosto de 2019 y gran derrumbe en una ladera sobre el Jarama por la aparición de un manantial (piping)


       Colapsos manchegos aparte, suelo acudir recurrentemente a unos arroyos cercanos a unas antiguas salinas, uno de los primeros sitios yesíferos en los que vi que parte del arroyo circulaba por debajo del espeso herbazal, del fenalar que tapiza esos húmedos fondos de valle en estos lugares. Me llamó la atención, pero también es algo que he visto en céspedes muy consistentes (por ejemplo, en los cervunales de alta montaña) que para el agua es más fácil erosionar y circular por debajo de sus raíces que a través sus espesas macollas. De vuelta años más tarde, he visto que lo que era una pequeña circulación bajo el herbazal, se iba convirtiendo en un túnel bajo el herbazal, hasta llegar a colapsar y dejar una gran zanja de cauce sobreexcavado bastantes metros por debajo de su nivel natural.

Hace siete años había profundizado un par de metros y, abajo, hoy en día, el nivel ya a unos 6-7m. Aunque no lo parezca por las imágenes, el lugar es el mismo, el surco ha crecido en profundidad y lateralmente.

       Era muy chocante contrastar esa diferencia de unos años al presente, pero este año, remontando el cauce, un cauce que intuía difícil de cruzar, más aún como casi siempre al final, me voy quedando sin la luz del día. Pero cuál no sería mi sorpresa al poder cruzar el valle por una superficie sin agua, con un buen césped y apenas algo de vegetación hidrófila solo sobre un pequeño surco seco lateral. La realidad, como pude ver en otros tramos, es que la abundante agua que llevaba el arroyo, se despeñaba en cascadas de distintos tamaños, tierra adentro, en cavidades ahora abiertas por grandes colapsos que debieron encerrar frágiles salas de cascadas interiores bajo la superficie, pero que estoy seguro es un fenómeno que nunca existió aquí con anterioridad.

Valle gipsícola tipo "gruyere", nueva modalidad geológica


       Recorriendo el valle, vi que aquello era como un queso Gruyere. Tras la reunión de varios arroyos, el cauce superficial empezaba a profundizar el sustrato hasta desaparecer bajo árboles y zarzales; poco después un gran socavón mostraba cascadas, derrumbes centrales y un gran derrumbe lateral que incorporaba un trozo de ladera yesífera a la gran hondonada; poco después volvía a desaparecer para reaparecer de nuevo, mostrando otro gran hundimiento con cascada interior, como antes; vuelta a desaparecer y reaparecer, en curso rápido por varias cavidades por las que volvía a desaparecer, hasta que, poco más adelante, el arroyo se muestra al exterior pero en un cauce muy encajado entre altas paredes laterales que hacía imposible cruzarlo en todo este recorrido final del valle.

Desaparecida la circulación superficial hasta que llegue un inevitable colapso y quede un cauce muy prorfundizado

       En geomorfología nada es porque sí, este cauce debería ser como todos los cauces paralelos a éste y que se desarrollan en un equilibrio estable entre caudales, erosiones y estabilización por la vegetación. Solo en contadas ocasiones, como las producidas en las cada vez más frecuentes, fuertes tormentas, llega a producirse una erosión visible en centro y laterales del cauce que, en un par de años, son estabilizadas por esa vegetación altamente tapizante que parece estar a prueba contra la fuerte irregularidad del clima mediterráneo. Un verdadero regalo de la naturaleza ibérica para prevenir la desertización.

Espeso tapiz vegetal de fondo de valle yesífero, con Thalictrum speciosissimum, Cochlearia glastifolia, malvavisco, Lepidium latifolia, etc.


       ¿Pero cuál es el desencadenante de esta nueva dinámica erosiva y qué diferencia este valle de otros tantos como él distribuidos por toda la región? Pues solo hay que buscar una cosa, el agua que es el único elemento variable, capaz de desencadenar todas esas grandes variaciones en el fondo del valle de estos arroyos. Y ahí es donde está el quiz de la cuestión, me puse a buscar y a recordar los valles que había encontrado cambiados en los últimos años y todos tenían un denominador común, las variaciones en su dinámica hídrica.

El arroyo de la Cañada no debería llevar nada de agua en esta época del año, puede apreciarse el cauce erosionado y profundizando alejándose de la superficie

      Si todos los valles estaban en equilibrio y en proporción a sus niveles de captación en cada subcuenca, ahora el problema venía de las variaciones introducidas por el ser humano que venían a alterar estas dinámicas y romper el equilibrio conseguido entre la capacidad de captación de una cuenca y su consecuente relieve basal. Todos esos valles que actualmente estaban profundizando su cauce o alterando sus antiguas formas, tenían en su cabecera inicial un área urbanizada, bien por segundas residencias, nuevos barrios o por nuevos polígonos industriales.

Bellas cascadas pero con malas perspectivas para la ecología de este valle

   Urbanizar un terreno altera profundamente la circulación de las aguas, por un lado, porque se requieren unas nuevas dotaciones que antes no existían, con su consecuente evacuación y por otro, por las aguas pluviales, la lluvia en el campo es absorbida por el terreno hasta que se llega a determinada capacidad de carga, a partir de la cual se produce una escorrentía superficial que es la que recorre estos arroyos en las escasas épocas del año con superávit, pero en terreno urbanizado apenas se absorbe agua por el terreno, siendo evacuada desde el inicio de la lluvia, ejerciendo una fuerte presión sobre el terreno, y si estamos en un sustrato débil, como los yesos, la erosión está garantizada. Esto es lo que ocurre con estos vallejos.

Cascada en profundidad y colapso lateral de la ladera

       Ya de por sí, en los yesos existe una circulación hídrica subsuperficial bastante caótica y recurrente a favor de ciertas grietas, canales o tubos que se crean en este material, es el piping. Esos canales con el tiempo van creciendo, por disolución y erosión, pasando a galerías, profundizando y dejando colgadas por arriba las redes previas, agujereando el terreno, hasta que, en algunos casos, es tal el acarcavamiento o la disolución que el terreno acaba por ceder, muchas veces de manera interna y otras creando nuevos vallejos o ampliando lateralmente las formas previas, y otras dejando un importante socavón o dolina. Estos procesos, con decenas de variantes o modalidades, son muy parecidos a los que ocurren en las calizas, es decir, en la karstificación, pero aquí son bastante más rápidos e inestables en el tiempo pero se denomina karstificación en yesos a la corrosión y disolución de los yesos.

Cauce profundizándose paulatinamente


       Este proceso ocurre también en las arcillas que en climas como el nuestro, con fuerte contraste estacional, tienden a formar profundas grietas de desecación que luego son aprovechadas tras eventos de lluvias torrenciales, expandiéndolas y rompiendo el terreno si existen desniveles. En estas zonas bajas de la Cuenca de Madrid es muy usual la mezcla de litologías, con terrenos yesíferos, aportes de finos de las laderas, abundancia de arcillas o la cohabitación de éstas con los yesos, apareciendo a veces prácticamente interestratificados, lo que hace que toda esta región sea muy susceptible a este tipo de fenómenos. El hombre ha sabido aprovechar de antiguo estas cavidades, adaptando estos huecos para crear cuevas para almacenar enseres, albergar animales o incluso vivir en estos lugares, excavados al pie de muchas de estas laderas yesíferas y todavía visibles a pesar de su largo desuso.

A veces hay pequeños valles salinos 

       Las fotos pueden quedar en algún caso, interesantes, pero lo realmente espectacular es la destrucción de ese antiguo fondo de valle, igual que la pérdida de la humedad necesaria para mantener gran parte de esa buena vegetación que lo tapiza y lo protege como si de una manta protectora se tratase. No llama mucho la atención, pero una vez perdida la humedad tierra adentro, es seguro que también se vaya perdiendo la vegetación más exigente o con mayores necesidades hídricas, plantas que son la excepción en un mundo adaptado a la sequedad edáfica, como pueda ser el mundo de los yesos. No creo que esté exagerando mucho, ahora mismo el relieve se está haciendo algo más espectacular, pero llamativo como las llamas de un incendio, e igualmente, lo que un caso queda negro tras el fuego, aquí va a quedar mucho más seco de como estaba antes, triste sobre un paisaje seco ya de por sí.


       Esa vegetación tan ubicua de estos medios, no solo es compacta, , el tapiz fundamental que crea la espesa urdimbre que protege el fondo del valle, está conformado por el fenal (Brachypodium phoenicoides) que da nombre popular o esa vegetación, acompañado por otras gramíneas también de fuerte enraizamiento y amacollamiento como las del género Elymus, con especies como Elymus hispidus, E. pungens, E. repens e incluso E. elongatus o E. curvifolius, aunque estos dos últimos, quizás en áreas algo menos húmedas que los anteriores. En sus bordes, aunque prefiere laderas con humedad, donde hace de verdadera red anti-derrumbes, aparece el tapiz de la salobre Schoenus nigricans o junco negro, también presente en la zona.

Ladera gipsícola con algunos pequeños hundimientos y barrancos secos con orzaga. Abajo tapices de junco negro (Schoenus nigricans) conteniendo húmedos derrumbes de ladera y viviendo de esa humedad

       Entre este espeso conjunto de gramíneas destaca  una rica variedad de especies  de llamativas flores y muy características de estos medios, siendo muchas de ellas cada día menos comunes, como las grandes crucíferas Cochlearia glastifolia y Alyssum latifolium, Lavatera  trilova, los malvaviscos Althaea officinalis, el amarillo Thalictrum speciosissimum o los numerosos ajos de todo tipo, usualmente es Allium roseum quien cubre estos fenalares con su alta y rosada floración, pero en medios algo salobres y muy arcillosos, destacan dos que son muy parecidos, como Allium stearnii y A. baeticum, de anteras exertas y en hábitat algo más seco y salobre el primero, apareciendo el segundo aquí en cantidades poco habituales.

Allium roseum, A. stearnii en masa con bastantes ejemplares del rojizo A. sphaerocephalon 
Allium baeticum abajo

        Prácticamente se puede decir que los pequeños valles yesíferos son siempre de fondo plano o en artesa, aunque haya fuertes desniveles con las cercanas laderas. Antes veía en el campo arroyos profundizados sobre yesos y me parecía que eran así y ya está, pero ahora viéndolo con esta otra óptica, veo que solo hay que buscar un lugar con un reciente cambio urbanístico y luego ver como están los arroyos aguas abajo y, ya no puede ser que sean así, porque sí. Lo que ocurre es una verdadera relación de causa-efecto, baste enumerar: valle del arroyo de la Cañada aguas abajo de Valdemoro, arroyo Fuentemaría bajo urbanización Alarilla, arroyo Salado en la urbanización el Ballestar, etc.

Destrozos en la desembocadura del Fuentemaría, aguas abajo de la urbanización Alarilla
Incisión fluvial del arroyo Salado contoneando la urbanización El Ballestar

       Gran parte de estos pequeños vallejos que vienen a dar al Tajo, Jarama o Tajuña, tienen un gran valor ecológico y escaso aprovechamiento agrario, a pesar de lo cual, muchas veces se encuentran solo arados en su punto más rico y diverso, en su fondo. Esta extendida práctica, da poco dinero (excepto perversiones de la PAC) y quita mucha caza o, en términos menos crematísticos, mucha riqueza biológica. Pero si a pesar de que cada día van quedando menos de ellos en buen estado, permitimos que se destrocen de esta manera tan poco habitual y creo que lamentablemente inadvertida, es que no valoramos ni siquiera mínimamente nuestro entorno que en este caso está lleno de endemismos, de plantas que han alimentado y curado al hombre o que le han servido artesanalmente, como el esparto. Todo un catálogo de riqueza y biodiversidad en nuestra inmediata vecindad, con especies señeras e importantes o, lo que es peor, en el catálogo de las especies en peligro, expuestas a esta reciente agresión obviada por desconocida, aunque no debería serlo, al menos, para ingenieros y urbanistas.

Espectacular floración de Lavatera triloba en los fondos de vallejos yesíferos


viernes, 29 de julio de 2022

En el paisaje de piel de leopardo

 


                 Nada más descriptivo que esa imagen, la de una moteada piel de leopardo, para describir un paisaje de lomas y hondonadas, tachonadas de las manchas redondeadas de la maravillosa sabina rastrera (Juniperus sabina), una planta singular que no solo hace vegetación, sino que hace paisaje y define toda una región biogeográfica con unas comunes características de clima y gea, la Celtiberia. Es el paisaje del páramo, de las grandes altiplanicies, el paisaje más continental que tenemos en nuestra península. Un paisaje casi siempre por encima de los 1500 m de altura, básicamente sobre calizas y en condiciones muy expuestas a los agentes meteorológicos.

Manchas circulares de las sabinas, en el terreno y visto desde el aire


                Estoy en el climáticamente llamado “Polo del Frío” de la península, donde por altura y por continentalidad, se dan las temperaturas mínimas, tanto en intensidad como en duración de la península; registrando observatorios como Daroca, Molina de Aragón o Calamocha, las temperaturas más bajas de las áreas habitadas de la península. Esta zona central de la Ibérica es mayor de lo que a primera vista cabe pensar, pues en general se la identifica con la gran zona coincidente con la frontera Guadalajara-Cuenca-Teruel, pero muy cercanas hacia el este y de mayor altitud más al este, en Gúdar-Valdelinares e incluso hacia el sur, aparece otra buena región también superando por poco los 2000 m como es el Javalambre y ya, si tenemos en cuenta las altas tierras del sur de Soria o el sureste de Burgos, tenemos vastos territorios, completamente en la línea de lo que aquí estamos tratando, el de una Celtiberia de montañas despobladas, que no "vacías".

Una torca a la que me costó bajar, bueno más subir. Abajo torcas en Bronchales


               Todo este territorio, en sentido amplio, ha quedado muy bien definido y reflejado en una web casi visionaria, Montañas Vacías que está triunfando muy por encima de la publicidad y costosas campañas de las diferentes administraciones autonómicaas implicadas en esta región :Castilla la Mancha y Aragón, y en menor medida Castilla y León. Se trata de la web Montañas Vacías (MV) que no hace sino publicitar y apoyar el turismo respetuoso con la naturaleza de lo que ellos llaman la "Laponia Española", es decir, la única zona europea después de Laponia, con densidades de población cercanas a esos 7 habitantes por kilómetro cuadrado. Para ello fomentan el turismo de bicicleta con alforjas y dan pistas para otras rutas en coche o en otros medios, alimentando así, numerosos albergues, campings, bares y establecimientos que viven en el alambre del dudoso vaivén entre la rentabilidad y el desastre por falta de turistas.


Desde aquí y visto su altruismo y enorme éxito, aunque todo hay que decirlo, más de extranjeros que de nacionales, felicitar esta iniciativa y todas las que vengan para evitar la despoblación de estos maravillosos lugares; despoblación que aún no ha cambiado de signo, pues por ejemplo, este mismo año han cerrado el único bar de Villar del Cobo, un lugar de impresionante belleza y supuesta calidad de vida, que tras el cierre de la escuela, la del último bar, ya lo sitúa en la frontera de ser un despoblado, como otros varios de la zona, véase por ejemplo Villanueva de las Tres Fuentes, Armallá y un largo etcétera.

Griegos, segundo pueblo en altura de España, con un venao corriendo en primer término

                Este final de primavera he viajado bastante y, a parte de esta zona del Sistema Ibérico, he podido comprobar la continuación de esta piel de leopardo por algunas sierras andaluzas, como por ejemplo la sierra de Baza e incluso en Ronda, donde hasta los pinsapos crecen sobre la sabina rastrera. Esta aparente antítesis tan sureña, frente a lo celtibérico, al menos en sus zonas basales, lleva a que esta comunidad aparezca por encima de los 1800 m; el salto de esos 250 m de altitud media sobre la cordillera Ibérica, compensa con ese ascenso altitudinal, el descenso latitudinal y la vecindad africana, alcanzándose unas condiciones bioclimáticas similares.

Los bordes de las "muelas" muchas veces son dolomíticas ciudades encantadas

                Otra cosa que me ha llamado poderosamente la atención, es que nunca antes había visto tantos kilómetros de pinares de silvestre (Pinus sylvestris), ni Guadarrama ni faldas de Pirineos ni nada, este parece ser su territorio. Es muy frecuente observar que sobre la roca descarnada se instale una sabina rastrera y que con el tiempo, según va creciendo ésta, va creando un suelo cada vez más profundo y protegido, sobre el que finalmente consigue germinar un pino silvestre. Esta imagen se repetía como un mantra en el paisaje, si es que había algún pino en la vecindad cuyas volanderas semillas pudieran acabar enredadas o acogidas al calor de estas sabinas.

Magnífica conjunción de sabina rastreras y pino silvestre que conforma los altos paisajes celtibéricos


                 Esta zona tan continental también es patria de la otra sabina, la sabina albar (Juniperus thurifera), pero apenas hay solape entre ambas sabinas, una llega desde zonas casi bajas, hasta precisamente, donde empieza a prosperar la sabina rastrera que se comporta como una buena guardería para el pino silvestre. Tampoco es difícil ver por la zona a la otra sabina, la sabina negral (Juniperus phoenicea), pero ya en zonas de menor altitud y muchas veces con un fuerte carácter rupícola.

El río Tajo al poco de acopiar algo de caudal; con la rara Hippuris vulgaris

                Mucha montaña pero, sobre todo, mucho río; de hecho, ha sido más la fuerza de las aguas que las fuerzas orogénicas quienes más han tenido que ver en la definición de estos paisajes “estructurales”, pues se trata de capas y capas sedimentarias puestas unas sobre otras y todas ellas elevadas por empujes tectónicos profundos quienes crearon esas altas parameras que luego, las aguas recortaron con esos centenares de “hoces”, creando estos paisajes con las formas que vemos hoy en día. Solo en las zonas más altas de Albarracín y también en Valdemeca, aparecen materiales más antiguos como las cuarcitas, que engendran los famosos “ríos de piedra”, esas pedreras que sí que han corrido por el fondo de los valles como si fueran ríos, aunque a otras velocidades y ayudados por fenómenos periglaciares, tanto en el aporte de bloques, como en su movimiento asistido por el hielo.


            La vertiente geológica de la naturaleza de esta región es tan poderosa que es uno de los mayores atractivos que tiene; solamente con una ruta que recorra la mejores dolinas o tobas de la región, ya tendríamos para andar un par de meses. Eso sin contar con las fantásticas hoces que serpentean llevando agua o sin ella; la Hoz Seca es uno de los topónimos más reiterados. Las cuevas son otro tanto, si bien son más comunes en las zonas inferiores.

Fenómenos kársticos interiores dan lugar a los colapsos que forman torcas y simas

Fantástica dolina, entre otras muchas en la vecindad de Griegos pero de Villar del Cobo. Abajo, sima de Frías

            Llamativo por su trascendencia geomorfológica, llegando a represar lagunas en su interior o sustentando construcciones humanas, figuran las  tobas, travertinos o edificios tobáceos. Una maravilla de la naturaleza que conviene ver en vivo. Estos roquedos tobáceos, como algunos que represan lagunas o que siguen creciendo, (porque hay algunas rocas que crecen), son una creación de las aguas duras y la vegetación. Pero este mundo acuático, con este clima en calentamiento, es algo que cada día está más comprometido, ya que nosotros no nos comprometemos con su viabilidad futura, por eso cada día hay más formaciones tobáceas fósiles y menos formaciones en crecimiento activo.

Las rocas crecientes de Aguaspeña, llenas de vegetación, como estos grandes Senecio doria

También en otros lugares aparecen otros materiales ligados a esas diferentes capas sedimentarias, pues aparte de las calizas y dolomías que dominan el paisaje, existen áreas de areniscas y piedras rojas (Buntsandstein), es el paisaje del rodeno o rodenal, suelos ácidos con una vegetación diferente a la dominante, como pueda ser el pinar de Pinus pinaster, también llamado rodeno por crecer en estos sitios.

    

Abajo, el pueblo de Chequilla perfectamente integrado entre "esculturas" de Rodeno
 

    Con un Paisaje Protegido del Rodenal, lleno de abrigos prehistóricos que merece una larga estancia para ver todos los que se puedan, sin lugar a dudas, lo merece. Más puntualmente aún, aparecen margas, arcillas, yesos e incluso zonas salobres (Keuper), de cuya sal dieron cuenta en un pasado nada remoto, las gentes de la zona para comerciar con ella hasta que pasó a explotarse industrialmente la sal marina.

Lo que queda de las salinas de Armallá

Hay que recordar que estamos en uno de los grandes nudos hidrológicos ibéricos, aquí nace el Tajo, con sus anacrónicas esculturas pseudo-medievales en su mismo nacimiento, aunque este año, tan terrible de calores y parco de aguas, apenas había un charquillo y ninguna fuente y había que irse varios kilómetros al noroeste para encontrar ya un hilo de río. También nacen aquí el Guadalaviar o Turia, el Júcar y el magnífico Cabriel, uno de los ríos grandes más salvajes de España; eso sin hablar de otros muchos como el Mesa, el Jiloca, el Gallo, el Cuervo, el Ebrón, el Piedra, etc.


Tanto rincón, tanto vericueto, grande o pequeño, angosto o abierto, acoge un muestrario de todos los microclimas posibles e incluso impensables, propios tanto de montañas más térmicas, como de montañas mucho mayores que éstas.  Existen varios libros y a cuál mejor sobre esta región, pero yo, a pesar de estar más tiempo en Teruel que en Cuenca o en Guadalajara, me quedo con el de Cuenca, donde destaco claramente el "Atlas de la flora singular y amenazada de la provincia de Cuenca" de Óscar García Cardo.

Pradera de junquillos azules y llenas de Echium flavum, Linum catharcticum, etc.

Estas rutas como siempre han sido para ver esa flora tan peculiar que habita estos amplios paisajes, el área de vegetación celtibérica, la vegetación de las parameras, con un abanico que incluye muchas especies euro-siberianas, dada la altura y en muchos casos las orientaciones benignas, protegidas de vientos desecantes o de los fuertes rayos solares que este año, se han comido media primavera. Otros años a finales de junio, todo está en plena primavera, a la que suelen ayudar las numerosas tormentas que tienen lugar por esta zona y que este año, parecen brillar por su ausencia.

Lirios amarillos sobre la mezcla de agua y musgos que crea la roca tobácea


            Estaban empezando a traer el ganado a estos montes y los pastos ya dan muestras de estar agostándose. Yo me he perdido gran cantidad de plantas raras de la zona, por haber cumplido su ciclo o su floración en un tiempo récord que ha pillado incluso descolocados a los habitantes de la zona.

El raro Erodium celtibericum, resiste lo más duro

Casi todo el paisaje está dominado por los pinares, ocupando las zonas más altas, a partir de unos 1400 m el pino silvestre y mezclándose con éste y de ahí para abajo, el pino negro (Pinus nigra), todo lo demás son sabinas rastreras, enebros. En áreas algo más bajas o en umbrías aparecen quejigares y encinares, incluso más abajo aún, pinares de pino carrasco (Pinus halepensis), aparte del pino rodeno, como ya se ha comentado.

Pinares negros bajo los 1500m y avellanar en un enclave fontinal 

También en las áreas cuarcíticas aparecen buenos robledales de roble melojo. La vegetación riparia está dominada por los álamos y las sargas, y no es raro encontrar buenos avellanares en los valles más húmedos, a veces en estos lugares o al pie de roquedos, aparecen acerales, junto con otras planifolias, como tilos y mostajos que dan al paisaje una buena pincelada de colores en otoño.

Abundante el Carduncellus monspeliensium y abajo, Centarurea jacea


Las calizas y dolomías crean unos suelos bastante ricos, con lo que la biodiversidad es, en general, mayor que en las zonas ácidas, llamándome poderosamente la atención los prados llenos de todo tipo de especies y que otro año, con mejor climatología tengo que volver para encontrar en su punto, pues noto que he llegado en una mala estación, con muchas flores pasadas ya, y con una riqueza de orquídeas que, a pesar del año, no deja de sorprenderme.

Plantel de orquídeas, con la rara Listera ovata en su centro. Abajo Salvia sclarea

Existe toda una flora especialmente adaptada a las condiciones tan duras que imperan en esta región, plantas pegadas al suelo, adaptadas a su contorno, para no exponerse a los vientos, o plantas compactadas como en almohadillas, cubiertas de pelos o con fuertes cutículas que reflejen parte de los rayos solares o que atenúen los vientos. 

Astragalus granatensis y abajo, algo pasado, Anthericum liliago y Ligusticum lucidum

     Ahí es donde están los buenos endemismos, tales como Erodium celtibericum, Astragalus turolensis, A. depressus, Centaurea spp., Scabiosa turolensis, Ononis striata, etc.; pero el elenco es demasiado variado como para recordarlas todas; me han llamado mucho la atención, la abundancia de la rara planta acuática Hippuris vulgaris, aquí toda una vulgaridad como el nombre apunta, pero fuera de estos ríos, apenas visible en el territorio nacional. Los pastizales de Linum catharticum con sus Lotus spp., etc.

Alejada de su zona algo más occidental, una mata de Antirrhinum microphylllum

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