viernes, 31 de diciembre de 2021

Las Tierras Coloradas

 


       Por un golpe de capricho y por el vicio que le tengo últimamente a la vegetación de las arcillas, hablando con uno de los mejores conocedores de la serranía de Cuenca, me recomendó un sitio muy especial, ni grande ni espectacular, pero con unos colores fuera de lo común, colores tan protagonistas que el lugar se conoce como las Tierra Coloradas que yo asocié directamente a unas tierras altas y coloradas por sus rojizas arcillas.


     Situado en un lugar también muy poco conocido, pero mucho mayor, la Tierra Muerta de Cuenca, cuyo nombre evoca imágenes que ya dicen bastante de estos terrenos, vastas mesetas altas y sin agua, no tan altas como el interior de la serranía, donde ya tienen un toque alpino que garantiza campamentos de verano en torno a fuentes y sombras de grandes pinos, y por supuesto, tierras mucho más secas que éstas, un lugar donde casi solo aguantan las duras sabinas.


Me dio la ventolera y cogí el coche muy de madrugada y tras empollarme mapas e imágenes me fui para allá sin pensármelo, eran unos días tras unas buenas lluvias pre-otoñales y todavía no había empezado el frío habitual en esos altos parajes y pensaba que con suerte, podría encontrar una otoñal primavera, como empezaba a darse en algunos lugares secorros, pero bendecidos por el agua de unas lluvias septembrinas que habían teñido el campo prematuramente de verde, aunque lástima, octubre salió seco y truncó esas primaverales esperanzas.


Empecé a internarme por el monte al poco de pasar Cuenca capital, atravesando la ciudad desde el Júcar y el Huécar, hasta salir por lo alto del castillo y a partir de ahí, a disfrutar como un extranjero. A partir de cierto punto, ya todo me empezó a parecer igual, las pistas forestales se multiplicaban por donde solo tenía que haber una, hasta que decidí dejar el coche al borde de la carretera. Entonces comencé a andar y, como me temía, ni cobertura ni satélites ni leches.


Como viene siendo habitual, tiré de intuición geográfica encomendándome a San Cirilo, el patrón de los que han perdido el hilo, y me puse a andar monte a través, una maravilla, pero me estaba empezando a dar "yu-yu" eso de que todas las sabinas, preciosas por cierto, todos los pinos y todas las rocas, fuesen iguales o muy parecidas a todo lo que mirara, mirara para donde mirara. Es en estos casos cuando uno se acuerda de que siempre es mejor ir acompañado, pues ya me veía saliendo hecho polvo, por el lado de Valencia o el de Teruel, pero bueno, en saliendo ileso, mejor hacerlo solo que no llegar ni a intentarlo.


       Por supuesto que no vi a nadie en todo el día, ni siquiera oí vehículos, ni perros ni nada. No es la primera vez que me veo en el laberinto de la serranía de Cuenca-montes de Albarracín, muchos años atrás gustábamos de ir con la bici por esta región, durmiendo por la noche junto al coche y con brújula y mapas y, con todo y con eso, nos perdíamos, todas las pistas se parecían, todos los valles se parecían y había más pistas y más valles de los que señalaba el mapa.

Mineralizaciones fisurales en un paquete de lutitas (arcillas compactadas)

       El monte me parece magnífico, básicamente es un sabinar con retazos de pinar salgareño, con ejemplares añosos de troncos dibujados por sus grandes escamas blanquecina, pero el lugar está en un punto intermedio. Las sabinas a veces aparecen formando bosque, incluso en un punto encontré un chozo sabinero, no el clásico chozo con una sabina centenaria en su centro, pero sí con el tronco de la vieja sabina en una esquina soportando un par de muros y con su porte protegiendo la que hace un par de décadas, sería una buena cabaña.

Restos de lo que fue un chozo sabinero

       Me muevo todo el día en el entorno de los 1400m, siempre por el piso supramediterráneo, en un lugar con ciertas peculiaridades climatológicas, primero, la de su extremada continentalidad, tanto que aquí cerca está el llamado "triángulo del frío", la verdadera nevera peninsular, en el triángulo y zonas adyacentes, formado por Teruel, Calamocha y Molina de Aragón, donde casi siempre se han dado las menores temperaturas en áreas pobladas ibéricas.

Paisaje en piel de leopardo dibujado por la circulares manchas de la sabina rastrera Juniperus sabina

     Ocurre también que es aquí donde están los pueblos ibéricos más altos, salvo alguna Bética excepción y se encuentran rodeados a esas alturas superiores a los 1600m en un entorno cuasi oromediterráneo, dominado por un peculiar paisaje formado por las sabinas rastreras, Juniperus sabina, es el llamado "paisaje en piel de leopardo".    


      No siempre se dan aquí las temperaturas más bajas, pero estadísticamente, sí que lo hacen, baste de ejemplo la pasada Doña Filomena que dejó -26.5ºC en Torremocha del Jiloca o 25,7ºC en Molina de Aragón; la otra peculiaridad climática es que aquí la lluvia se reparte por igual entre las cuatro estaciones, con un verano, por lo menos hasta hace pocos años, que recogía una cuarta parte de su precipitación anual en sus típicas tormentas veraniegas.


       De camino voy viendo que aparece muy escaso algún quejigo Quercus faginea, por esta zona llamados generalmente robles, e incluso algunos pocos arces Acer monspessulanum. El matorral de agracejos Verberis vulgaris por doquier y cambrones de Genista pumilla y toda una buena gama de matas y tomillos, entre rocas y céspedes crioturbados. Solo en un par de puntos, recomidas o mermadas por las malas condiciones de clima y terreno, veo alguna coscoja.

Un agracejo, verdadero protagonista de la serranía, todavía con sus últimas hojas arreboladas

     Empiezo a echarle el ojo a la vegetación que esperaba ver y no, no hay primavera pre-otoñal, una flor no hace primavera, pero mi adquirido conocimiento en botánica forense, me va señalando lo peculiar que es la vegetación de este lugar.

Una flor no hace primavera, pero aquí aparece esta florida jarilla Fumana procumbens

       El caso es que remontando un arroyo parece que al final voy llegando a esos rojizos terrenos y en efecto, me voy quedando boquiabierto con el colorido y ese peculiar ecosistema en un lugar tipo albero de plaza de toros con grandes pinos y sabinas en los tendidos de sol y sombra. 


     Me meto a indagar sobre esas arcillas o arcillas con arenas, no son unas arcillas al uso como las de esta gran región calcárea en que aparecen numerosas arcillas por descalcificación de las calizas o dolomías y que ocupa las áreas bajas, sobre todo de los poljes o cubetas entre lomas y mesetas. 


     Esto que estoy viendo tiene un antiguo origen estructural, probablemente del Weald como se llama geológicamente al Cretácico basal del Sistema Ibérico que se caracteriza por buenas acumulaciones de arcillas que tuvieron lugar en tres episodios consecutivos (formación Cortés, Huérguima o Contreras) dentro de este período, pero no sé a cuál adjudicárselas, si es que es una de ellas.


    Empiezo a echarle el ojo a la vegetación que esperaba ver y no, no hay primavera pre-otoñal, una flor no hace primavera y voy notando lo peculiar que es la vegetación de este lugar. Como ejemplo una planta adaptada a ver desaparecer el suelo bajo sus horizontales y pequeñas ramas, es la jarilla Fumana procumbens, que aquí por el salto de varios centímetros entre sus ramas y su descubierta raíz nos señala una importante denudación debida a la erosión de un sustrato tan débil.

Levantando sus horizontales ramas sobre el suelo que desaparece bajo ellas, un montón de matillas de Fumana procumbens

       La verdad es que estoy bastante verde en las plantas propias de esta región, ya me gustaría venir con Juanma o con Óscar e ir empapándome de acertados latinajos, hoy tirando bastante de botánica forense, algunas cosas raras empiezo a encontrar, una peculiar Arenaria que creo A. erinacea, también entre el empradizado y estas arcilla, una Armeria que creo sea la endémica A. trachyphylla.

Arenaria erinacea

     Llevo unos pocos años viciado con la que creo que es la vegetación de las arcillas, quizás más centrado en las madrileñas, pero viajando más allá sigo viendo muchas coincidencias y variantes, por eso quería ver estas arcillas, para intentar reconocer su vegetación antes de que todas las plantas estuviesen "fanés" por las heladas otoñales.

     Al poco encuentro una planta propia de un todo un género que se puede considerar como argílico, los Carduncellus, un género de bellas flores azules en apretados capítulos. Hay algunos que crecen en arcillas de descalcificación en zonas altas y medias, como este C. monspelliensium, aunque cerca aparece otro más norteño de parecida ecología, C. mitissimus; de zonas más bajas o de arcillas con yesos intercalados es C. hispanicus y de arcillas con mucho magnesio C. cuatrecasasii, aunque si a eso le sumamos unas arcillas muy expansivas, tenemos el teóricamente extinto C. matritensis.
El pequeño Carduncellus monspelliensium abunda por estas arcillas

     Otras especies que veo, quizás están más relacionadas con las arenas, plantas como Arenaria erinacea o Armeria brachyphylla lo son, pero una muy propia de estas altas arcillas ibéricas es un bello y níveo endemismo, la artemisa, ajenjo o hierba cominera como llaman popularmente  esta aquí blanquísima Artemisia pedemontana, una planta que puedo comprobar como es capaz de autorregarse gracias a su fría tonalidad que consigue empaparse de rocío a poco que bajen las temperaturas nocturnas. Ahora puedo comprobar como estas plantas están empapadas y chorreantes, mientras que sus vecinas, más oscuras, simplemente aparecen secas.
Artemisa pedemontana adaptadísima al viento desecante de estas altas mesetas, pero por la mañana cargada de rocío

    También veo tomillos que no conozco, muy laxos y de ramas largas, algunas vellosillas (Hieracium spp.), auténtico galimatías taxonómica donde no pienso meterme. Incluso me comentaron de estas arcillas que por aquí aparece otra especie de un género tan raro como específico de las arcillas como es Hohenackeria, si bien la que aparece en estas arcillas es H. exscapa y la prácticamente extinta es H. polyodon de arcillas magnésicas tan expansivas como las madrileñas.
Un desconocido tomillo (para mí al menos)

     Una región donde los árboles, sometidos a esas duras condiciones del páramo, tardan tanto en crecer y de forma tan retorcida, es como para dejar esa madera en el monte, para siempre, para que su hojarasca y restos, den unos buenos pastos ganaderos a esa cabaña que todavía sigue aprovechando esos montes, desde ganado bravo que sigue en trashumancia, aunque a muchos no les quepa en la cabeza, a las ovejas que aún usan la cañada real conquense.

     Pero ya se va viendo cada año más ganado de escopeta y menos del tradicional, lo que no es tan bueno, porque aquí siempre la avaricia rompe el saco y se lleva la carga animal, hasta extremos muy superiores al límite de lo que da la vegetación de la zona de para alimentarles sin salir seriamente comprometida.


     Deberíamos cuidar esta enorme y salvajes extensiones de terrenos como si fueran el gran aljibe, la fuente del agua que va a dar vida a una buena parte de Levante, del sur del Ebro, del Tajo e incluso del Guadiana, preservando esta esponja verde que son sus bosques y matorrales.


domingo, 31 de octubre de 2021

Encuentros del Agua y la Tubería Manchega

 


               El pasado viernes 15 de octubre tuvo lugar en el magnífico emplazamiento del castillo de Calatrava la Vieja la I Jornada de Sostenibilidad dedicada al agua de Castilla la Mancha, "Encuentros del Agua". Exitosa jornada organizada por la Asociación Naturalista Tablas de Calatrava, reuniendo a aquellos que algo tienen que decir (políticos, técnicos, gestores, agricultores y ecologistas)  en torno a un agua que es de todos, incluso de los portugueses.

Delante del castillo todavía sobreviven las Tablas de Calatrava aguas abajo del Parque Nacional

               Se trata de los primeros Encuentros del Agua, supongo que la palabra encuentro se debe al muy loable intento de esta asociación para corregir el pertinaz "desencuentro" entre unos y otros que ha llevado a esta lamentable situación del medio natural, en todo lo relacionado con el agua en Castilla la Mancha, incluidos estandartes como el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel o las lagunas de Ruidera. Idea valiente, realizada a contracorriente de la realidad actual, en la que el desastre ecológico cada día es más indisimulable, véase el conflicto del agua de las Tablas de Daimiel, véase el conflicto de aguas solicitadas para riegos vs. agua disponible, véase los numerosos informes sobre el robo del agua en España, esta gente intenta lograr el entendimiento colectivo para un futuro, al menos, más verde.


             A pesar de todo, y muy importante, señalar que todos los invitados a la mesa han respondido y colaborado, tal es el poder de convocatoria de esta asociación a la que envidio su eficacia. No hablo ya de científicos y ponentes, que también, sino de las mayores autoridades castellano manchegas en materia de agua: el Consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural, Francisco Martínez Arroyo, el presidente de la Diputación de Ciudad Real, José Manuel Caballero Serrano o el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, Samuel Moraleda Ludeña y, como no, el alcalde de Carrión, Dionisio Moreno Antequera, que tras sus palabras de bienvenida, dio paso a Cirilo Martín Fernández-Espartero, presidente de Tablas de Calatrava con un discurso claro y rotundo, como es él que es casi más del campo de Carrión que del pueblo.

Ángela González Moreno hablando del llamado "Erasmus Rural"

Incluso quien no pudo venir, aportó presentación telemática, como Miguel Ángel Hervás, Co-director del magnífico Parque Arqueológico de Calatrava (y Alarcos) en el que tiene lugar este encuentro, con una lección magistral sobre los molinos de ribera y su importante papel en la historia y ecología de la zona. La otra lección magistral corrió a cargo de Rafael Ubaldo Gosálvez Rey, director de GEOVOL y recién venido del volcán de la Palma que nos habló de la relación del agua y el fuego del vulcanismo con: “Surgencias de agua en el Campo de Calatrava, Hervideros y Chorros”.

Rafael Ubaldo Gosálvez hablando del vulcanismo calatraveño

Samuel Moraleda nos habló del papel de la Confederación Hidrográfica en la gestión del agua del Alto Guadiana, apuntó el enorme desfase entre oferta y demanda, pero no entró en detalles sobre posibles recortes a los riegos; Jesús García del Valle, director de AQUONA empresa en crecimiento exponencial en gestión y tratamiento de aguas, habló sobre “la Gestión Sostenible de los Recursos”, y del papel que llevan a cabo dentro y fuera de su empresa al respecto. Ángela González Moreno, vicerrectora de Innovación, Empleo y Emprendimiento de la UCLM del llamado Erasmus Rural en “UCLMrural: Universitarios ante la Despoblación”. Y sorprendente y muy bien recibida la charla de Ramón Muñoz de Cuerva, gerente de Bodegas Naranjo que, aunque cargada de buen humor, desde su papel de agricultor y productor de vino, habló claramente del absurdo de apostar por la cantidad en lugar de la calidad en las explotaciones manchegas; por el ahorro de agua y el buen uso de la técnica, en un sector como el vinícola, en el que su familia lleva varias generaciones.

El Consejero Francisco Martínez Arroyo en su alocución

Mención aparte fue el discurso de la máxima autoridad en la sala, el consejero Francisco Martínez Arroyo. Magnífica charla bien intencionada, pero hecha para quedar bien ante auditorios favorables. Un discurso largo, pero sin contenido, con lugares comunes adaptado a los tiempos y a la temática: conjugar desarrollo y medio ambiente, economía circular, desarrollo sostenible, la terrible sequía (mantra no apoyado científicamente), el papel del agua en el desarrollo y así un montón de sonoras, pero huecas palabras que apuntaban a la necesidad de tener más aguas para tener más desarrollo, que presentaba como un gran logro a agradecer, la prolongación de Tubería Manchega, más y más hacia el oeste en breves plazos sucesivos. Incurrió en algún desliz, como que el que el Parque Nacional se hallaba más abajo de las Tablas de Calatrava. Yo que llevo siguiendo sus discursos, desde el inicio de la dichosa tubería, veo que son siempre los mismos, con ligeras adaptaciones locales, pero mostrando, a mi juicio y claramente, el servilismo de la Junta de Comunidades hacia la verdadera autoridad regional, la asociación de jóvenes agricultores ASAJA y otros terratenientes que, por cierto, de jóvenes no tienen nada y saben más por viejos que por diablos.


Al final por apreturas de agenda debidas a otro evento que se inauguraba en Ciudad Real, la feria de la caza y turismo rural (Fercatur),  marcharon la mayoría de los políticos invitados, antes de que pudiese tener lugar el ansiado debate sobre el agua manchega. Retrasos acumulados por dilaciones consecutivas en las alocuciones, hicieron que apenas hubiese lugar a alguna puntualización y ya, pasadas las dos y media, marchamos a las bodegas Naranjo donde Ramón nos tenía preparados a todos, vinos y viandas para que guardásemos un buen recuerdo de Carrión de Calatrava y sus paisanos, donde entre saludos, charlas y anécdotas, se dio un feliz final  a las primeras Jornadas de Sostenibilidad Tablas de Calatrava "Encuentros del Agua".

Castillo engalanado por Tablas de Calatrava

La Asociación Naturalista Tablas de Calatrava es un grupo de vecinos de Carrión de Calatrava, formada por gente de todo tipo y condición, que gracias a su buen hacer, siempre ha contado con el apoyo del consistorio, del pueblo y de empresarios locales. No son ni talibanes del ecologismo, ni dejan de decir las cosas como son, ni cómo se debe; han estudiado todo su municipio a fondo, sus variables ecológicas, la fauna, la flora, los ríos, pozos y arroyos, su historia y su gran patrimonio histórico. Han conseguido movilizar a la población en restauraciones, plantaciones, limpiezas, conferencias, teatralizaciones medievales, actuaciones, fiestas y celebraciones. Por eso en cada convocatoria suya, el pueblo se vuelca y disfruta o participa gustosa y activamente de sus actividades, ya sea para disfrutar de veladas medievales en el castillo o para trabajar arduamente levantando hornos de yeso, limpiando cañadas o restaurando puentes casi arruinados, como es su último trabajo en curso.

Promoviendo con el trabajo, la recreación del oficio de yesero

El problema del agua en la Mancha es durísimo, pero nadie parece verlo ni desde que empezó en los 80’, ni ahora. Se sigue huyendo hacia delante con este tema, es decir, el que venga atrás que arree. Es decir, todos sigue regando o siguen aumentando las superficies de riego, bien es verdad que ya no se riega a lo bestia, como en los tiempos del maíz o la remolacha, pero el viñedo se ha pasado en su mayoría a riego y espaldera y siguen en ello. Todo este aumento de riego a pesar de que ya en aquellos remotos tiempos del 1987 se declaró sobreexplotado el acuífero 23. Aún sigue vigente la romántica idea de que el agricultor es ese austero campesino que trabaja de sol a sol para sacarle partido a la tierra, pero está pasando como con los pastores, están en extinción.

Regando ilegalmente desde una gravera con el tractor

Hoy muchos propietarios son inversionistas, locales o foráneos o trabajadores liberales que suman a sus urbanos sueldos, las ayudas de la PAC que reciben de sus heredados cultivos o viñedos, incluso a veces salen a las capitales a protestar con tractores de más de cien mil euros. Aún siguen quedando algunos agricultores, cada vez menos, que sí deberían ser los únicos beneficiarios de las ayudas europeas o de la administración, el gasoil rebajado y el agua sin precio. Esa es la escasa agricultura social que debería ser prioritaria, la que mueve mano de obra y une a las personas a su tierra, el resto son rentistas y explotadores en busca del máximo beneficio, caiga quien caiga, como ha caído la naturaleza o está cayendo el acuífero.

Obras de la tubería de socorro en el mismo Parque Nacional, luego llovió y no terminó de usarse

Hace un par de meses a través de la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, cuyo lema e interés está en su mismo nombre, me publicaron en El Diario un artículo titulado “A vueltas con la tubería manchega” sobre el cual quería hacer una entrada en este blog y que, con la celebración de estos Encuentros del Agua, me ponen ahora en bandeja. Quizás me extienda demasiado, pero creo necesario que el complejo entramado de la situación hídrica de la Mancha, extensible a buena parte de la España seca, se conozco en su justa medida, quizás se note que cojeo del lado ecologista, frente al desarrollismo a cualquier precio, pero creo que pocos podrán contestar la lógica realista que subyace en todo el escrito. Gracias y perdón por la longitud del mismo.


LA TUBERÍA MANCHEGA

 

La tubería de la Llanura Manchega ya es una realidad que va avanzando poco a poco hacia las zonas occidentales manchegas para transportar agua detraída de la cuenca del Tajo, esta temporada algo más boyante gracias a Filomena que en la usual situación de escasez de los últimos decenios. Esta tubería “será clave para resolver los problemas de abastecimiento en toda la provincia con un aporte extra de agua superficial que permitirá acabar con el uso de agua subterránea de los acuíferos”, según ha dicho recientemente el Consejero de Agricultura, Francisco Martínez Arroyo.

Pero una tubería no tiene porqué ser necesaria para solventar el abastecimiento humano en La Mancha, y sin duda, las afirmaciones del optimista consejero, son cuando no una exageración idealizada, un atentado contra la lógica del ciclo hidrológico natural y un flagrante incumplimiento de la Directiva Marco del Agua que es quien regula las líneas generales del uso, consumo, disfrute o precauciones respecto al uso del agua en España y en toda la Comunidad Europea.

Como suponíamos, esta tubería pretende la cancelación y descarte de la solución más simple y más lógica de suministro, los pozos de abastecimiento en cada municipio interesado. Bajo los suelos manchegos tenemos la enorme fortuna de poseer un gran pantano subterráneo, sin pérdidas por evaporación, para un suministro que debería ser de calidad, obligada para el consumo humano, pero no menos, para el consumo agrícola. Este descarte del agua para consumo humano de nuestros acuíferos, no se pretende que sea una ventaja para su recuperación, para que vuelvan a abrirse los Ojos del Guadiana o para que los ríos manchegos recuperen algo del enorme terreno y calidad perdida, no. Esa agua, nuevamente, va a ser para aumentar los regadíos, en muchos casos para crear productos excedentarios cuyos costes, véase subvenciones, destilaciones de crisis, etc., que se pagan entre todos los contribuyentes.

Desde 1987, cuando se declaró sobre-explotado el acuífero 23, el regadío a pesar de ello, no ha hecho más que crecer, entrando desde entonces decenas de miles de pozos dentro del adjetivo “ilegales”, de éstos, la gran mayoría se han legalizado, otros continúan en la ilegalidad y el mismo consejero es de la opinión de que ahora, con el uso de la Tubería Manchega, se les puede legalizar de una vez por todas, “solucionando” así un problema largamente arrastrado. Pero, lógicamente, no es la solución y tampoco se es ilegal por no haber tenido los pertinentes contactos necesarios.

Los explotadores agrícolas no paran de presionar a las autoridades, de un signo u otro, para que se garanticen sus riegos, se legalicen sus pozos, se aumenten superficies o dotaciones de regadío y la administración, tras carísimos intentos fallidos o pervertidos respecto a sus intenciones originarias como Planes Especiales, Compensaciones de Rentas, Derechos de Riegos, etc., se ha echado claramente a un lado, ha ido autorizando lo que ya venía actuando desde hace años y ha dejado hacer al mercado a su aire, dejando por el camino unos ríos y un medio ambiente ya casi olvidados, y a los pequeños y medianos agricultores, abandonados en medio de la selva de los grandes propietarios y los fondos de inversión.

El problema no son los “ilegales”, ni siquiera los foráneos fondos de inversión metidos a agricultores, el problema es que no hay agua, no solo eso, es que nunca la habrá, porque se trata de una demanda inflada y creciente, siempre muy por encima de la capacidad de recarga del acuífero. Pero quién le pone el cascabel al gato, quién se arriesga a ejercer de diana de los ataques de las organizaciones agrarias, quién se arriesga a perder apoyo político o electoral. No tenemos agua ni para todo, ni para todos y esa es la pura y simple realidad.

Todas las previsiones, todas, apuntan a una reducción de las precipitaciones y a un aumento de las temperaturas, aumento que se traduce en mayores requerimientos hídricos. Pero es que tienen que ser siempre los agoreros de los ecologistas, los que hagan el papel que tendría que hacer cualquier gobernante con dos dedos de frente y con un mínimo de visión de futuro, o estamos en el muy popular “el que venga atrás que arree”. ¿Es que nadie ve venir el desastre?

Pero mientras tanto en el campo, cada vez hay más alambres y más regadíos; incluso cultivos que se van imponiendo por ser mediterráneos y tolerantes a la sequía veraniega, también se riegan, teóricamente con riegos de apoyo para que no se sequen, pero es que, si los apoyas más, producen más, luego a regar se ha dicho, además, por tratarse de leñosos, tienen derechos de riego garantizados.

Sin duda, es la agricultura el sector fundamental en nuestros pueblos manchegos, pero hay muchas formas de hacer agricultura, de mantener a la gente en el campo y la sociedad tiene que ser consciente de ello y no dejar actuar libremente a los agentes interesados manejando la situación y el territorio en base a su lógica empresarial y partidista. Es mucho el dinero que la sociedad pone y que, parece como si fluyese de Europa como un maná, cuando todos formamos parte de las cuentas que mantienen esa agricultura que está acabando con el medio ambiente e incluso con su propio futuro agrario.

El agricultor también es víctima y objetivo de muchos actores, según algunas organizaciones agrarias víctima de una Confederación Hidrográfica confundida y manipulada por los ecologistas, pero realmente como dicen las novelas, solo hay que seguir el dinero. Hasta hace poco, las cosas han ido saliendo bien, siempre sin mirar al futuro o al medio ambiente, las rentas han ido creciendo, las subvenciones tanto por insumos, como fruto de una PAC europea y lejana, que no sabe ni de realidades locales ni de picarescas, fluían y eran más que interesantes. Ese dinero, en gran parte institucional y europeo, ha hecho que sobre el agricultor hayan planeado como buitres, cajas y bancos (facilitando en exceso el endeudamiento e hipotecando al agricultor), vendedores de maquinaria, técnicos agrícolas y representantes de fitosanitarios (prescribiendo sin contestación, abonos, herbicidas, tratamientos, fertilizantes, etc.) o políticos que siempre que han podido les han usado, etc.

También, y todo hay que decirlo, el agricultor no es tonto, y si alguien hallaba alguna argucia legal, atajo o coladero, este truco se imponía, pues pasaría por tonto quien no lo hiciera, haciéndolo los demás, las numerosas sanciones pagadas, en litigio o a pagar, así lo atestiguan. Pero cuidado, los agricultores pueden ser el chivo expiatorio de un futuro poco halagüeño, pues es posible que se aminoren los grifos del dinero fácil, que llegue una PAC menos generosa, que se imponga un mercado menos subvencionado, que haya que competir Fondos de Inversión, que el agua, no solo empiece a cobrarse a todos, como lleva exigiendo desde hace años la Comisión Europea, sino que su precio deje a bastantes regantes por el camino. Entonces muchos querrán hacer efectivo y reclamar deudas y probablemente, los rendimientos del trabajo irán, mayormente, a pagar los compromisos adquiridos. Es ahí donde de verdad van a hacer falta ayudas, ayudas a quienes, esta vez, las van a necesitar de verdad.

Tener bajo nuestros pies una de las mayores reservas de agua es un lujo que no nos podemos permitir desperdiciar, ni estropearlo con un exceso de nitratos o fitosanitarios usados sin mesura en superficie o con aguas urbanas sin depurar. Hay que pensar en el futuro, en un futuro con poca agua, que va a afectar a todas las cuencas, no pensando que si nos quedamos sin agua vamos a tirar de Tubería Manchega, pues es probable que también se queden sin agua en la cabecera del Tajo, una cabecera que se debe, en principio al Tajo y que, pocos se lo han planteado, pero que va a servir, no para que a Toledo o a Talavera les llegue su propia agua, sino para abrevar al gigante madrileño, una comunidad que no quiere ponerse barreras, aparte de bajar los impuestos a sus empresas, y no tiene reparos en llevarse el agua de ríos, propios y ajenos, pero que ahora apunta claramente al Tajo y para ello se está ampliando la potabilizadora en Colmenar de Oreja. ¿Quedarán excedentes en la cabecera del Tajo para derivar a la Tubería Manchega una vez atendida la demanda madrileña o la perteneciente a dicha cuenca hidrográfica?

La apuesta no es la Tubería Manchega, la apuesta son los acuíferos, su cuidado y mantenimiento como garantía para un abastecimiento humano, agrícola y medio ambiental. No de grandes infraestructuras, sino de plantas potabilizadoras para las poblaciones manchegas y con pequeñas redes locales de suministro. Para ello hay que empezar ya a regular sin demora el uso de fitoquímicos en la agricultura, subvencionar el cultivo ecológico y penalizar los excesos de consumo, tanto los agrícolas como los demás. Prohibir el uso de pesticidas en el control de las malas hierbas, tanto en el campo como en las cunetas, pues todo acaba yendo a parar al acuífero, un acuífero cuyos niveles estén en estrecha relación con el agua disponible para el consumo agrario, buscando siempre el equilibrio reflejado en Plan del Guadiana que pretende un afloramiento anual de agua, poco más que testimonial, pero de importancia, por los secos Ojos del Guadiana.

No queremos el agua ajena, ni siquiera para el Parque Nacional o la Reserva de la Biosfera, queremos usar nuestra agua, un agua de calidad que garantice la salud de nuestra población, de nuestra economía y de nuestros ecosistemas, todo lo demás serán conflictos con otras comunidades o peor, con nuestros hermanos del Tajo. Por supuesto, que es necesario la modernización de redes y sistemas de riego y cualquier otro apoyo tecnológico que ahorre agua, así como el que todos los actores estén de acuerdo a la ley y que se tengan en especial consideración, las explotaciones verdaderamente sociales o prioritarias.

La naturaleza también necesita su espacio, la desaparición de las grandes llanuras de inundación manchegas, así como de numerosas lagunas y lagunillas ha conllevado, a parte de una enorme pérdida de biodiversidad, la de enormes superficies de recarga que se han convertido en superficies de consumo y eso a pesar de ser áreas improductivas. El mero cultivo de subvenciones, sin atender a la potencialidad natural o a la vocación agrícola del terruño, ya es en sí una aberración a la lógica que finalmente repercutirá, no solo en el medio ambiente, como ya lo ha hecho y sigue haciendo, sino en la economía y en la sociedad que así estamos generando.

Aunque vengan tiempos difíciles, la Mancha tiene futuro, lo único que hay que hacer es apostar claramente por él y eso lo tenemos que hacer entre todos, aunque muchos tengan que dejar de ganar parte de lo que hasta hoy venían ganando, pero es que estamos jugando con el futuro de todos. La tubería manchega no es la solución, puede paliar problemas puntuales de suministro, pero bien puede convertirse en el portazo definitivo a la lucha por conseguir un acuífero limpio y lleno, para suministros, riegos, ríos o que los ojos del Guadiana pierdan su  ceguera.



jueves, 30 de septiembre de 2021

Incendios forestales

 


      Acaba de terminar la temporada de incendios, al menos la de los grandes incendios, pues a inicios y mediados de otoño, hay veranillos en los que altos incendios menores, pero más numerosos, suelen estar presentes, por no hablar de los incendios invernales, cada año más frecuentes, producidos por periodos secos y calurosos que facilitan la propagación de incendios naturales o provocados, aprovechando la ausencia de medios de extinción.


      Ha sido una temporada de incendios alarmantemente dura, un verdadero botón de muestra del inmediato futuro que nos espera. No es que haya habido muchos incendios, respecto a la media, lo que ha ocurrido es que ha habido varios, tremendamente dañinos e incontrolables, que son los que me han llevado a escribir estas líneas.


      Uno de ellos, el de Ávila (ya hay que hablar de provincias más que de municipios), me ha afectado especialmente, pues es una tierra que conozco, quiero y envidio, a pesar de todo. No voy mucho por allí, pero he sido testigo y parte actuante de varios de ellos que han aparecido en este blog, y esta vez también me pilló por allí, pero a distancia, pues el tener que salvar la barrera del puerto de Mijares para llegar hasta allí y volver con todo el cansancio de vuelta, me hizo desistir.


      A pesar de la distancia, desde mi otro lado de la sierra, se pudo sentir la potencia del incendio, el primer día no,  el segundo día ilusamente esperanzado y el tercero en un tétrico ambiente de humo y pavesas. Absurdamente esperanzado el segundo porque en medio del puerto empezó asomar una gran y brillante coliflor nubosa que iba creciendo y que me hizo pensar que con la previsión meteorológica de desarrollo convectivo, podría desencadenar una tormenta que acabase con el incendio. Pero esa ilusión se fue al traste en cuanto creció más la nube y mostró que su base que era una gran columna de humo negro; era un pirocúmulo, una nube de tormenta generada por la elevación del aire caliente del incendio, lo que a menudo puede generar un cumulonimbo y con suerte,  lluvia. Pero no fue el caso y la imagen era parecida a la dramática y goyesca pintura de El Coloso o El Pánico, coloso sustituido por ese dramático y vertical nubarrón.


      El otro gran incendio nacional fue el de Sierra Bermeja, una sierra malagueña sobre unos especiales materiales geológicos, las peridotitas, rocas ultrabásicas sobre las que crecen especies endémicas adaptadas a esas duras condiciones químicas y que habrán sufrido un duro revés con este fuego. Caso parecido al incendio abulense (con una alta incompetencia inicial a la hora de atacar el fuego y un enorme despliegue de medios cuando el desastre ya estaba en su apogeo), pero con un relieve aún más escabroso que el de Ávila, aunque aquí, sí que contamos con la intervención divina, al desencadenarse las lluvias que acabaron finalmente con el fuego y el sufrimiento de quienes llevaban casi una semana sufriendo de cerca el desastre.


      En los medios de comunicación triunfó el palabro de moda este verano, el de incendio de sexta generación. Habría que definir primero qué son las cinco precedentes para ver qué es lo que cambia de una a otra generación y explicar los motivos para saltar de ordinal. Por lo visto se trata de incendios en los que se alcanzan unas temperaturas que impiden el trabajo del personal de extinción en la inmediatez de las llamas y no solo eso, sino que son capaces de incidir en la meteorología comarcal para formar nubes pirogénicas y creando fuegos incontrolables; nada nuevo, además he visto llover bajo pirocúmulos provocados por incendios pequeños, pero el palabro ha caído en gracia.


      Como cada verano, tras cada incendio mediático, la polémica está servida. Un incendio siempre supone un fracaso, aún de producirse por causas naturales, y ¿Quién carga con ese fracaso? Lo fetén es que no cargue nadie con el marrón, echar balones fuera, echar la culpa a incendios de sexta generación cuando estábamos preparados, pero hasta la quinta generación, y acudir a los lugares comunes de siempre, que si los incendios se apagan en invierno, que si hemos tenido una primavera lluviosa y había mucha broza en el monte, que si no tenemos presupuesto suficiente, que si el cambio climático y la pertinaz sequía, que si los pirómanos y últimamente,  que si la España Vaciada.

      Sin que dejen de tener participación alguno o todos los motivos anteriores, vamos a ver si puedo arrojar algo de luz sobre un tema tan manido y argumentado, pero que casi siempre nos sobrepasa, y digo "nos", porque este sí que es un tema que nos atañe a todos, cuyas consecuencias vamos a padecer todos y, según las predicciones, más vale que nos coja confesados, es decir, preparados, con unas autoridades ya previamente informadas, formadas y dispuestas para enfrentarse de verdad a lo que se nos viene encima.


      Primero hay que reconocer el valor que tiene el monte, y digo monte en lugar de bosque, porque el monte no tiene porqué ser un bosque, puede ser una arbusteda, un pastizal o una mezcla de diferentes especies, formaciones vegetales o  áreas sin vida aparente. El monte es una comunidad, un ecosistema o mezcla de diferentes ecosistemas, y nunca, repito, nunca, tiene necesariamente que ser más valioso un bosque que un pastizal, es más, muy a menudo un bosque no es sino una monótona plantación de árboles con una escasa biodiversidad.

Las imágenes no son tan diferentes, simplemente la de arriba aún no ha ardido, lo que muestra a las claras la escasa vida de algunos de nuestros montes arbolados

      Por otra parte, ya de entrada, tener claro que el gasto en la extinción de incendios es tan importante en su cuantía, como imprescindible. Para nada se trata de un negocio, puede tratarse de un buen negocio a la larga, negocio no reconocido y no monetizado. Hay que huir de los enfoques economicistas, muchas de las variables que más cuentan a la hora de cuidar un monte, no tienen cabida en presupuestos de tipo económico. El bienestar del planeta, la moderación de los extremos térmicos, el buen funcionamiento del ciclo del agua, la calidad del aire, la capa fértil del suelo, la biodiversidad y otras variables, no tienen un definido respaldo contable que les avale. Es un buen negocio a pérdidas, es un negocio a futuro porque se trata de mantener la perspectiva sobre un futuro común digno.


      Es una carrera de fondo, nada que ver con el cortoplacismo electoral de los cuatro años. Se trata de un compromiso con la ciudadanía, como si fuese el mantenimiento de tuberías, vías de comunicación o el del mismo estado, algo que, y no creo exagerar, debería estar reflejado en la Constitución, unido al derecho a un medio ambiente sano y digno, como un deber de mejora o, al menos, de mantenimiento, basado en una efectiva política contra el fuego reflejada en un verdadero Pacto de Estado. Pero lleva ya muchos años tratándose este tema como una ingrata y poco rentable tarea que hay torear, que se asume a regañadientes, porque no queda otra.

Los fuegos de piornal a menudo se escapan hasta la sierra

      La situación es acuciante, ya venía mal de antiguo, pero hemos visto sobradamente, tanto en Ávila como en Málaga, que irremisiblemente nos quedamos sin monte y este año no ha sido especialmente duro en cuanto a olas de calor, incluso julio y septiembre han sido suaves, pero la conjunción de  olas de calor y fuegos devastadores, va a ser una constante, y además creciente, año a año. El caso de este verano es paradigmático de lo que nos espera, si no despabilamos o hacemos despabilar a los que tienen las herramientas para mitigarlo. De poco sirve repoblar, concienciar, valorar la biodiversidad, si dejamos que esta enorme riqueza que tenemos se nos vaya de las manos. Hay que actuar ya, “en invierno” para apretar las tuercas, alarmar ahora que podemos anticiparnos y no luego, a toro pasado y bosque perdido.



      A nivel administrativo y logístico, la política de extinción de incendios es un trabajo poco definido y muy variable entre las distintas administraciones (local, autonómica y central) que suelen acabar “a chorchos” entre ellas, otra estupenda excusa para echar balones fuera. Por esto es muy necesaria la existencia de un organigrama y unas directrices generales de desempeño y responsabilidades en caso de incendio, entre las diferentes administraciones, amén de planes de acción sobre el terreno adaptados a los distintos montes y al ámbito municipal, relativamente fácil desde que existen los Sistemas de Información Geográfica, pudiendo meter variables tales como la topografía, los puntos de agua, accesos, la respuesta del fuego según los vientos,  etc.


      Por eso y por no existir unas claras directrices de desempeño o de organización laboral clara, se tienen inestables plantillas bajo mínimos y muy precarizadas. A estas alturas aún no se ha acometido una seria política laboral para crear cuerpos especializados de personal fijo, con una formación continua y una mínima perspectiva de futuro en esa carrera profesional, algo muy demandado por unos trabajadores eventualizados de mala manera que siempre ponen mucho más de lo que se les exige de su cuenta y riesgo, echando voluntariamente más horas o acortando los descansos para volver a rematar unos fuegos que se toman como una cuestión personal más que laboral.


      Algunos han visto su oportunidad de negocio y con un pie en la administración y haciendo de bisagra en la puerta giratoria, han ido metiendo el otro pie en lo privado, creando empresas de carácter público-privado, siempre mejor dotadas y aprovechándose de profesionales y presupuestos públicos, crear su empresa. En algunas comunidades por esto hay un doblete funcional, estando a la orden del día los conflictos dentro de una misma Consejería, lo que no ayuda pues desdobla presupuestos y crea un mal ambiente entre gente obligada a colaborar a pesar de los contrastes salariales entre idénticos trabajos, creando además, por esta indefinición, un lamentable vacío y conflicto de responsabilidades.

      Los diferentes rangos institucionales de las administraciones tampoco ayuda, siendo muy normal el caso de comunidades autónomas que se creen sobradas para hacerse cargo de extinciones o reacias a reconocer que se necesita toda la ayuda “externa” posible, hasta que la triste realidad viene a quitarles la razón. La administración local tampoco pone mucho de su parte, a veces los ayuntamientos ejercen de caciques, al tener la potestad de elegir el personal para los retenes, dependiendo la selección de cómo sean las relaciones personales o los gustos políticos de los candidatos; lo contrario de lo que debería ser una política activa de fijación de población con trabajo remunerado en el medio rural. Incluso hay alcaldes que ven en el fuego una forma de “monetizar” un monte que parece no ser demasiado rentable en verde y que en negro, tras el fuego, esperan frotándose las manos, la lluvia de euros en ayudas paliativas que deberán administrar y repartir sin demasiado control externo.

No se sabe como manejar a los voluntarios, donde hay una ayuda otros ven un problema

      Otro tema sin resolver es el de la gestión del voluntariado, brillando por su total ausencia, donde el personal en un fuego se va acoplando donde buenamente ve que puede ayudar pero, finalmente, son efectivos sin gestionar, sin buscarles la mejor manera de colaborar. Hay varias comunidades que directamente no permiten el voluntariado, cuando en la mayoría de los casos son gente animosa o que ve peligrar sus recursos, gente que va a dar más que si les pagasen; tanto como en mi primer fuego, poco antes de los dieciocho, en los que tuve y quise ceder la paga que daban, a la viuda de un hombre que murió apagando ese fuego.


      Está de moda la intervención y ayuda de la Unidad Militar de Emergencia, bienvenida sea toda ayuda, pero eso es un parche que viene a señalar la ineficiencia de la intervención de quien debería apagar los incendios. Me parece dotar de algún sentido el gasto militar, aplicándolo a mejorar o solucionar problemas del ámbito civil y no hay por qué no usar esta herramienta, pero no es la solución y si de verdad funciona, es algo a copiar o multiplicar, lo que vuelve a apuntar lo endeble de las estructuras organizativas a la hora de apagar los incendios.

Pueblos volcados al completo en la ayuda para la extinción de incendios

      La primera hora es fundamental, o los sucesivos momentos en que hay que tomar decisiones rápidas, momentos como el salto de un fuego a una masa potencialmente incontrolable o a lugares de alto valor ecológico. Esto debe estar ensayado, al igual que los simulacros de incendio en colegios, y cronometrar la respuesta de autoridades hasta la llegada operativa al terreno. Es crucial, vital esa respuesta y primeras actuaciones y no veo que nadie lo recalque o que se analice como merece. 


   Es triste y me gustaría que no fuese verdad, (me confirman hace poco que es un bulo) pero en demasiadas bocas y diferentes pueblos de Ávila he oído de la negligencia, que el incendio se originó por el incendio de un coche cuyo conductor inmediatamente llamó a emergencias para comunicar que el fuego acababa de saltar al monte y que al poco acudieron de la cercana base del puerto del Pico, pero como vieron que el fuego estaba en la carretera, dijeron que le correspondía a los de tráfico y se dieron la vuelta, cuando volvieron por segunda vez, ya se había desbocado el fuego y acabó con 22.000 has de naturaleza en muy buen estado. Igual he visto saltar el fuego a la sierra del Cabezo en Gavilanes, por ausencia e inoperancia de las autoridades en abordarlo, la gente suelta a su ser, yendo de un lado para otro sin ton ni son, luego llegaron los camiones, pero el fuego ya había sobrepasado el lugar donde podía haber sido fácilmente controlado.


    Otro tema es el de las responsabilidades tras un desastre, todavía no he visto ningún caso en que se juzgue o ponga en tela de juicio, mediático por lo menos, la dejadez, tardanza, negligencia o irresponsabilidades de las autoridades competentes. De tantos incendios como hay y tan importantes, parece que en todos se ha actuado debidamente. No hay auditorías, ni análisis de los fuegos, aunque solo sea para aplicarlo al próximo, y que se sepa en qué se ha fallado o qué se podría mejorar.

Denunciado en otra entrada, la basura tras una limpia, sin recoger y poniendo en peligro a los medios, sin ese importante estorbo se podría haber impedido la llegada del fuego a los piornales serranos

      Hay quienes pretenden convertir el monte en un suelo limpio, solo con los esbeltos fustes arbóreos libres de arbustos y hierbajos, incluso como decía Aznar, que en España hay demasiado monte. Pero como he dicho antes, el monte es la suma de todas sus capas, desde la geología, los suelos, los líquenes y musgos, los pastos, el tomillar, el matorral, los árboles y su fauna, mayor, menor y microscópica. Todos tienen derecho a la vida y todos están relacionados como en una cadena que todo lo sostiene y fomenta, dotándolo de esa cosa tan compleja que llamamos vida. No se pueden hacer limpias a matarrasa, ni siquiera en los cortafuegos, que sí que pueden y deberían estar arbolados, siempre de árboles dispersos y con sus primeras ramas altas. Igualmente bordes de carreteras, lomas operativas y otros puntos de interés, lo suficientemente clareados como para poder atacar un fuego o hacer contrafuegos, pero ante todo, respeto por el monte, un monte cargado de pistas y cortafuegos es más una fábrica de árboles que una fuente de vida natural.

Monte arrasado por pistas forestales, hoy intransitables, pistas de saca, arrastres del agua,..

      Habría que plantear en esta Europa tan atlántica este problema de la Europa mediterránea, para bien o para mal, por un lado para una ayuda técnica a todos los niveles, desde satélites de vigilancia a modo del proyecto Copernicus, pero enfocado hacia el fuego o bien, para multar, para pagar, como debería pagar todo el mundo, por esas enormes cantidades de CO2 lanzadas a la atmósfera. Hablando de la Europa atlántica, hay que destacar que el lugar de España donde hay más fuegos y firme candidata a zona desertizada, es la Galicia interior donde todo el año es un mundo atlántico, menos el verano que es un mundo claramente mediterráneo, probablemente en las próximas décadas los grandes incendios, sean más terribles en el norte que en el resto de la península y hay que estar preparados.


       El tema es más que complejo, podemos hablar de la España Vaciada y del abandono rural  que contribuye, mucho más de lo que parece a una pérdida de calidad natural y a una fragilidad mayor que en un campo más habitado, de la contribución de las malas gestiones forestales a estos fuegos, afortunadamente más reconducida en los últimos años; del desapego de la población respecto de un monte del que no se sienten parte; del papel de la segunda residencia; de la propiedad privada; de los vallados y de que cuando el monte se quema, algo suyo se quema señor Conde o de una industria contra incendios que se alimenta de esos mismos fuegos. Pero no ha lugar, cada tema daría para horas de digresiones como esta que hago aquí hoy, en la que por favor, vuelvo a insistir, nos jugamos demasiado cada verano como para exigir y llamar la atención sobre este acuciante problema que, recurrentemente, salta a primera línea con el calor, para recurrentemente, ser olvidado con las primeras lluvias. Salgamos del bucle y pongámonos todos a trabajar, nuestro monte está en verdadero peligro, su futuro está en nuestras manos y si no lo vemos, es que ya está perdido.

?

https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/claves-peor-incendio-historia-castilla-leon-abandono-falta-medios-afloran-fuego-navalacruz-avila_130_8236631.html
Crónica esclarecedora de la que me he permitido tomar algunas de sus imágenes.

https://www.eldiario.es/sociedad/violencia-incendios-forestales-convierte-2021-anos-destructivos-decada_1_8434052.html

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...