viernes, 27 de marzo de 2026

La Última Crecida del río Jarama


       El río Jarama es, probablemente el río que más inundaciones ha llegado a tener de entre todos los ríos españoles, o por lo menos, uno de los más terribles con su medio y sus desastres para sus habitantes. De hecho, es uno de los pocos ríos que apenas tiene municipios ribereños, y si se acercan a su lecho, dejan al menos, una distancia prudencial con él.

El año pasado el río se comió las orillas del Piul y saltó el malecón que lo separaba de la laguna del Campillo, introduciendo toda una playa dentro de ella, la laguna sigue llena con una nueva salida al río

       El historial de inundaciones es dramático, a pesar de que suele ser un río infravalorado, al menos, al ser comparado con los grandes ríos ibéricos, aunque no por desconocido, no es menos real que usualmente, de la cuenca del gran padre Tajo, muchas veces, el que pone el caudal es el Jarama, pues el Tajo, bastante tiene con sobrevivir a las grandes presas de su tramo alto (Buendía y Entrepeñas), pero en los últimos años, sus fuentes en el gran Sistema Ibérico, ya no son tan copiosas como antes, y la agricultura, concesión a concesión, trasvase a Murcia incluido, hace que en Aranjuez, quien pone el agua, es el Jarama, muy por encima del Tajo.

El Jarama rodeando la finca del Piul

       Geográficamente, y usando una estricta lógica científica, ya son varios los ríos o cuencas que casi deberían cambiar de nombre, pues, aunque el Tajo tenga mayor superficie de cuenca, es el Jarama el que tiene la cuenca más eficiente; el Tajo, casi vierte sobre el Jarama en su encuentro. También Guadiana ya prácticamente no existe, se podría decir que tiene su nacimiento en la depuradora de Ciudad Real, ahí quien manda y pone el agua, las pocas veces que la pone, es el Záncara y por veces, el Gigüela.

Canales abiertos entre le Henares y el Jarama poco antes de su Junta

       Pero volviendo al río Jarama, la documentación de las inundaciones es lo suficientemente concreta en el número y el alcance de las numerosas riadas e inundaciones a lo largo de su historia, por supuesto, es mucho más minuciosa según nos acercamos al presente, dado el seguimiento tanto meteorológico como de aforos. Las razones son obvias, periodos lluviosos prolongados e intensos, tormentas intensas y persistentes y, si a estas aguas, le unimos el posible deshielo de la cubierta nival de la sierra, dado que este río recoge el grueso principal de las grandes acumulaciones y neveros principales de las sierra, asociados al alto valle del Paular y altos valles hasta Somosierra, junto con la gran cuenca del río Henares, mucho mayor superficialmente que la del Jarama, aunque sin carga nival, ya esta conjunción resulta especialmente perniciosa para las riberas aguas abajo de la unión del Jarama y el Henares, aguas abajo de San Fernando de Henares.

Otra laguna conectada de nuevo al río Jarama, la de los Veneno o del Soto de las Juntas, aunque el Manzanares le entra filtrado bajo tierra, es suficiente para provocar ese cauce que se ve en el centro

       Todas las imágenes que acompañan esta entrada han sido tomadas en el tramo medio del Jarama, donde se le unen el Henares y el Manzanares, y las mismas consecuencias han resultado en gran parte de la cuenca inferior del río o tras la confluencia con el Tajo en Aranjuez. A pesar de la cuantía generosa de las precipitaciones, no se ha llegado, al menos en las áreas aledañas al Tajo, a las inundaciones que tuvieron lugar esta pasada primavera del 2026 entre Aranjuez y Talavera.

Jarama entre Rivas y Arganda, cerca del puente del Tren de Arganda

A pesar de que luego hago una enumeración de las sucesivas devastadoras riadas documentadas, no es necesario acudir a las fuentes documentales, solo hay que tener un poco de visión geográfica y saber leer el paisaje para comprender que la dinámica fluvial de este valle es potente, activa y variable. Ni siquiera hay que tener esos conocimientos y ver como cambian el trazado del río, con sus meandros abandonados, con su recorte a los cantiles yesíferos laterales, etc., basta solo con ver puentes abandonados en medio de los sembrados, como ocurre aguas arriba de San Martín de la Vega, puentes desaparecidos, como poco más aguas arriba pasa con el puente Pindoque, o conocer las historias de los sucesivos puentes destrozados y reconstruidos de la ruta Madrid-Valencia para comprender que hay que hablar de los ríos como si de seres vivos se tratase, con capacidad de movimiento y con verdadero carácter.

Uno de los pocos puentes históricos que permanecen en su sitio, el puente del Tren de Arganda

Ya dediqué otra entrada a la activa dinámica fluvial en la junta del Jarama con el Manzanares, comenté someramente la entrada del Jarama al interior de la laguna del Campillo en Rivas Vaciamadrid, en ella emplazaba a tener en cuenta estos naturales movimientos de orillas del río y aceptar y permitir esa libre dinámica, allí donde no frustrase otras opciones de aprovechamiento de mayor enjundia, como ocurre con toda esta zona, donde el otro único posible aprovechamiento, a parte de los usos medioambientales o de esparcimiento, son los agrícolas y no hay peligro para grandes infraestructuras o a la industria y los servicios.

Las lagunas de Velilla, ahora conectadas entre sí por la subida de las aguas y la rotura de los caminos

Conociendo bien esta área geográfica, he podido ir recopilando información de interés, sobre todo las fotos que se muestran de los diferentes vuelos históricos documentando la fisionomía del valle del Jarama y queda claro la potencia de la activa dinámica fluvial de esta zona. De hecho, la mayor parte de sus orillas se encuentra sobre elevada tanto por encima del río como del nivel de la vega cultivable, a la que también llegan arroyo de buena entidad, como el de Pantueña (con el Anchuelo) en Velilla de San Antonio o el de Vilches en la Poveda de Arganda, y finalmente el “tranquilo” Tajuña en Titulcia.

Resurrección de un antiguo meandro, inicio de la creación de uno nuevo y erosión lateral por lóbulos que recorta las orillas de una forma casi festoneada

He podido ver al Manzanares crear un meandro nuevo en su junta con el Jarama, y a éste recortar las orillas de la vega tras el puente del Tren de Arganda y romper la defensa de los cultivos, para meterse en la laguna del Campillo, rompiendo su caballón y volviendo al río, dejando una isla en la que se encontraba el Centro de Interpretación de la Laguna del Campillo que a día de hoy sigue semi-inundado, aunque se han reanudado sus buenas salidas y actividades en la naturaleza. Un centro que debió situarse en un terreno del Parque Regional del Sureste más seguro, como hubiera sido la Casa de Doña Blanca, antiguo parador y resto de lo que fuera Vaciamadrid, hoy en ruina absoluta en la entrada a la Junta de los Ríos.

Centro de interpretación del Campillo, medio hundido en el agua en el centro de la imagen. Abajo, área trasera de la laguna donde se iban a llevar a cabo labores de renaturalización para promover la recuperación de especies faunísticas, hoy anegada de arena

A pesar del aparente destrozo de estas riadas, la ganancia para los campos inundados es manifiesta, primero por obligar a un barbecho que siempre es beneficioso para el descanso de los suelos, aunque en este caso no haya sido programado, que en estos tiempos actuales ya no se programa nunca; también la avenida de las aguas deja un oscuro légamo y un enriquecimiento profundo de los suelos que no se consigue de la misma manera con los fertilizantes.

Grandes áreas anegadas y fertillizadas por los lodos depositados

    Los datos están tomados del trabajo realizado por la Comisión Técnica de Inundaciones "Estudio de Inundaciones Históricas. Mapa de Riesgos Potenciales Cuenca del Tajo", del año 1985. En toda la Cuenca del Tajo se recogen 159 antecedentes de inundaciones históricas, desde el año 849 hasta 1985. De ellas 85, se localizan en la Comunidad de Madrid, lo que supone más de la mitad del total de toda la cuenca. Destacan episodios como los de 1489 y, principalmente el de 1499, documentado por sus terribles destrozos, también en 1523, la avenida fue de tal nivel que el río Jarama destrozó el puente de Viveros.

Aquí aparece el Manzanares, creando un nuevo meandro, luego la laguna de los Veneno, tras ella el Jarama y poco más allá las recrecidas lagunas del Porcal

       En 1697, el Jarama inundó la iglesia de San Marcos de Vaciamadrid, lo que volvería a pasar en 1714 y en 1724, lo que finalmente motivó su traslado a una cota algo superior desde donde permanece hasta la actualidad. En 1790, otra riada se llevó los embarcaderos del cruce del río entre Vaciamadrid y Arganda; en 1816 otra desbastó la acequia del Jarama; un año más tarde, el río destrozó casas y viñedos de Vaciamadrid; en 1818, se inauguró una pasarela de madera en lo que hoy es el puente de Arganda, pero tras varios eventos el río socavó su estructura hasta que se desplomó en 1831; en 1819, el Jarama inundó la totalidad de la vega y en 1827, varios eventos naturales unidos a las fuertes lluvias provocaron que el río rompiese la hoy vetusta Presa del Rey, poco más abajo de la junta con el Manzanares; otro evento acontecido en 1831 ya condujo finalmente al emplazamiento de malecones junto al río a la altura de Vaciamadrid. A pesar de ello en 1834 una nueva crecida que arruinaba la extracción de arenas, destruía plantíos y ahogaba la caza, lo que volvería a acontecer en 1841 volvió a repetirse este drama.

Orillas recomidas y amplias zonas de sedimentos barridos por el agua previos a la entrada del río en la laguna del Campillo

    En 1884, el Manzanares coge el relevo al Jarama con una fuerte con una crecida; en 1895, fue el Jarama tuvo otra crecida que ahora tras la instalación del ferrocarril, hacía peligrar esta moderna vía de comunicación, problema que volvería a repetirse en 1900 y en 1902. En 1910 volvería a la carga el Manzanares con daños colaterales en la vega del Jarama, lo que de nuevo se repetiría en 1910 y en 1917. Mientras el Jarama volvía a golpear esta zona en 1912, dejando incomunicada toda la zona noreste. Ese año la propiedad de la finca de El Porcal, levantó defensas para preservarla, pero a pesar de ellas, las riadas de 1914 y 1947 anegaron la finca, también fueron duros los años 1960 y 1966.


    Hay que tener en cuenta que se podría poner un límite hacia los años 70’-80’ debido a la regulación hidráulica de los ríos con la construcción de numerosas presas de regulación y otros aprovechamientos realizada a lo largo del siglo XX y que llegó a su práctica culminación en aquellos años, con la consecuencia de aminorar drásticamente el número de episodios de inundaciones catastróficas que hasta entonces tenían lugar tras periodos lluviosos y deshielos de las cabeceras de cuenca. A partir de entonces, las inundaciones recientes son las siguientes:

• 1987, 1989 y 1990 se produjeron lluvias importantes e inundaciones en los campos cercanos a los ríos madrileños.

• 1995: en el mes de junio, una fuerte tormenta, descargó importantes cantidades de agua en el centro de la Comunidad provocando un muerto., también hubo tormentas puntuales pero importantes y con el fin de año terminaría una larga sequía de cinco años con lluvias y nevadas importantes, con inundaciones en la práctica totalidad de los ríos madrileños, lo que continuaría a principios de 1996 y también se repitió este fenómeno en 1997, con unos de los bienios más lluviosos del siglo.


• en 2006, 2008 y 2019 aunque no fueron de tanta envergadura, se anegaron numerosas fincas cercanas al río Jarama.

• en octubre de 2023, cuando las lluvias torrenciales y la apertura de las esclusas del Manzanares en Madrid hicieron que el cauce fluvial arrasase el Soto de las Juntas, provocando desmontes de varios metros de altura.

• 2025: tras las fuertes lluvias de finales de invierno y principio de primavera el Jarama se desborda, especialmente entre Mejorada y Arganda

• 2026: las lluvias de enero, febrero y comienzos de marzo llevan a una inundación muy parecida a la de diez meses antes a comienzos de primavera.

Con la subida de las aguas comienza el enganche de las basuras en la ribera del Jarama


Estamos tratando, por mucho progreso y civilización que hayamos conseguido, con ríos vivos y vigorosos en un entorno mediterráneo caracterizado por la fuerte irregularidad del régimen de precipitaciones. Todo esto aderezado desde hacer solo un par de decenios, por un calentamiento global que potencia esta irregularidad, mientras que por otro lado pone más disposición hídrica y energética en la propia atmósfera a disposición de fenómenos potencialmente cada vez más violentos.


Teniendo esto en cuenta es pertinente en ciertas zonas dejar actuar a la dinámica fluvial a sus anchas, lo que también lleva consigo efectos atenuantes de la fuerza de las aguas con su despliegue en horizontal ocupando amplias áreas sin que provoquen más daños que beneficios. Así mismo, frente a la falacia de las llamadas limpiezas de cauces, se trata de crear lo contrario, que exista la suficiente masa vegetal como para contener, soportar la fuerza del agua, atenuando su fuerza, recogiendo sus sedimentos e impidiendo que la fuerza de la avenida destroce las áreas corriente abajo, que es lo que verdaderamente provocan las “limpiezas de cauces”, aparte de colmatar con sedimentos todas las presas aguas abajo.


viernes, 27 de febrero de 2026

La Acebeda de Robregordo en Madrid


   El acebo es un árbol muy poco corriente en el mismo Sistema Central, y mucho menos más hacia el sur, pero existe una localidad donde es verdaderamente abundante, dando lugar a una acebeda de cierta entidad. Esta localidad es Robregordo, pequeño municipio muy cercano al puerto y pueblo de Somosierra, situado por encima de otro pueblo similar, cuyo nombre, Acebeda, viene a hacer honor a este emblemático árbol.




      Estamos en el macizo de Somosierra, con su cima más alta en el pico Cebollera (o Tres Provincias) a 2.128m, situada al noreste del pueblo de Somosierra, pues hacia occidente del puerto los cordales no llegan a los 1.900m, como en el Colgadizos 1.883m, aunque también a este tramo, entre el puerto de Navafría 1.774m que lo separa del macizo de Peñalara 2.430m y sierra del Guadarrama, y el puerto de Somosierra 1.445m, también es denominado como Montes Carpetanos. Ya hacia el este del puerto, se suceden la Sierra de Ayllón, que engloba los macizos del Pico del Lobo de 2.274m y del Ocejón 2.046m que se prolonga en cordales o sierras ya más bajas hacia oriente, como la sierra de Alto Rey 1.952m, sierra de Pela 1.521m y, finalmente Altos de Barahona 1.265m y Sierra Ministra 1.312m que ya contactarían con el Sistema Ibérico.

Vista desde la Najarra de Somosierra y más al fondo, Ayllón


       Este rincón madrileño es de lo más variado y ricos de toda la sierra, que llega a ser una cuarta parte del territorio madrileño. Aquí entre orientaciones variadas y la gran altura media de la zona, se llega a conformar un microclima que hace esta región más cercana al norte cantábrico que a la sierra de Madrid, algo parecido ocurre con el cercano valle del Paular, cuya orientación y protección contra el calor, hace que en estos territorios se asiente una vegetación de marcado carácter norteño. Muestra clara de este aspecto es la presencia, no de acebos, sino de auténticas y genuinas acebedas que nada tienen que envidiar a las cantábricas.

Espesura formada por la reunión de muchos troncos de acebos

       Igualmente ocurre con otras especies, no hay en todo Madrid, aparte de esta acebeda, ningún otro abedular y ningún otro avellanar de semejante entidad, en esta zona, de la que tampoco muy alejada, está el hayedo de la cabecera del río Jarama. Clima y una litología de micaesquistos y otras resistentes rocas metamórficas, contribuyen a la riqueza en manantiales y áreas húmedas que han hecho de esta región una zona muy rica en bosques y en pastos ganaderos de montaña. A pesar de ellos también aparecen numerosas repoblaciones forestales con pinos silvestres que afean, con sus rectilíneos contornos, los bordes externos del homogéneo pinar.

Artificial límite del pinar con el puerto de Cotos al fondo, con más nieve días después

       Bien es verdad, que el pinar aquí también es autóctono, pero es de cotas más altas que las actuales, sobre suelos por encima de los 1.650m o topografías más expuestas al frío en cotas menores o también en terrenos más rocosos o pedregosos; no en vano un cercano monte en las laderas orientales de este valle lleva el topónimo de La Pinilla 1.821m, como la vecina área y estación de esquí de La Pinilla, en Ayllón. En el entorno de esas alturas es donde debería estar el difuso límite entre la vegetación del roble Quercus pyrenaica, que es quien verdaderamente domina todas estas laderas hasta las cotas bajas, más cercanas a Buitrago 950m., o cotas inferiores, donde ya empiezan las encinas.


       En las áreas inferiores, más que encinares hay encinas sueltas en las exposiciones de solana, ocurriendo un habitual ecotono entre robles, encinas y fresnos en lo más húmedo de estos pedregosos pagos situados entre los 800 y los 1000m. donde se hace sentir la continentalidad de este alto interior peninsular. Aquí también es muy frecuente en los fondos de valle una inversión de pisos de vegetación, estando los robles en las áreas más bajas y afectadas por los fríos anticiclónicos y las encinas en áreas poco más altas, pero alejadas de ese estancamiento del frío de las grandes o pequeñas “navas”.

Otro personaje del Señor de los Anillos, un "ent" paseando y cuidando del bosque

       La Acebeda de Robregordo se salvó de ser roturada y plantada de pinos al ser un monte comunal de este municipio, su dehesa boyal, el lugar de los vecinos donde podían disponer para tener su ganado particular, muchas veces caballerías de tiro y carga, en un lugar cercano a sus vecinos sin tener que pagar arrendamientos. Es relativamente pequeña, de unas 30has. pero densa y rica en arroyos, el principal el Madarquillos, y fuentes para abrevaderos.

Una de las congeladas fuentes del Madarquillos

   Ocurre por zonas que el robledal aparece con un subvuelo de acebeda, a modo de orla o espeso acompañamiento del roble. Se trata de una conjunción bastante característica, como si el acebo fuese propio del cortejo del roble en lugares más frescos y húmedos, pero con su crecimiento ilimitado, no como las otras especies del cortejo habitual del robledal, finalmente acaba compitiendo con el o completando un espeso bosque, cuyas copas están señaladas por el roble, pero con una espesa acebeda que llega hasta los 7-8m. de altura bajo el dosel del roble. Esto mismo lo he podido comprobar en el magnífico Monte Ijedo en Cantabria, donde a la sombra de un espeso robledas de Quercus petraea, aparecía una acebeda aun más espesa que hacía de este monte un lugar casi impenetrable.


Bajo los robles un subvuelo de acebos

  Se notó mucho hace años, la prohibición de la corta de ramas para su venta en navidad en la madrileña Plaza Mayor, lo que junto con una disminución de la carga ganadera y del acopio de leñas para los hogares, ha permitido que en las últimas décadas, la superficie y número de acebos haya ido en aumento, tendencia visible para cualquier observador acostumbrado a pasar a lo largo del tiempo, por el puerto de Somosierra, viéndose cada vez más ejemplares que progresan a pequeños rodales, en las laderas orientadas al oeste según se sube el puerto. Su progresión ya es más lenta, pero acontece, en el interior de los pinares, siendo usualmente respetado dada su protección, en los tratamientos silvícolas de los mismos, aunque es más apreciable en las laderas norteñas de la sierra, ya en Segovia.

Acebos prosperando ya fuera de la dehesa boyal

       El acebo es un árbol totémico, duro, valioso, venerado por los primeros pobladores europeos, de donde el mismo J.R. Tolkien los alaba en su Señor de los Anillos, con la pareja de acebos gigantes que guardaban las puertas de Moria, en Eregion (La Acebeda).


     Fuera de mitologías varias, incluso las reinventadas, posee el gran valor de ser una prolongada fuente de alimento para las aves en la época más desfavorable del año, (aquí es de los pocos sitios donde se podría ver el camachuelo), amén de crear en su espeso interior, buenos espacios libres de nieve que aguanta por encima de sus copas, creando verdaderos refugios para la fauna de gran tamaño y el ganado. Protección que en estos tiempos cambiantes ahora es más usada para esquivar el mediodía veraniego que aquellos nevazos invernales.

Tremenda densidad de troncos de acebo, entonces la nieve queda por arriba, cerrando un espacio protegido en su interior a modo de igloo

       En esta excursión fuimos buscando precisamente la nieve, algo que, a pesar de toda la caída días antes, fue desapareciendo rápidamente en un par de días de sol, luego volvería a caer con generosidad y en repetidas ocasiones, pero esas primeras, tras las navidades, eran una novedad después de años timoratos en nieve por las áreas bajas de esta zona. Subiendo desde Madrid, cada vez la nieve aparecía más lejos, incluso las cimas tenían muy poca cantidad, incluso subiendo desde Buitrago, tampoco la había hasta que fuimos acercándonos a Somosierra, entonces empezó a aparecer y abundante, en los primeros valles de orientación este, acto seguido, comenzó a nevar, incluso ya aparcando, el suelo estaba totalmente congelado.

Charco congelado en varias heladas sucesivas señaladas por las distintas curvas. Días más tarde la nieve cubriría toda la sierra. Abajo, inusual aspecto del norte de La Pedriza

       Ese era el ambiente invernal perfecto para apreciar, por contraste, la negrura de las acebedas en este níveo paisaje. La nieve y las numerosas bolitas rojas de los acebos rememoraban la reciente navidad, el interior de la acebeda, era una bóveda negra llena de pequeñas ventanas al blanco fulgurante, sin que se colase ni un solo copo de nieve. También, cómo no admirar las tonalidades del pinar nevado, haciendo destacar las cortezas asalmonadas de los árboles, y ya, si aparecen tejos entre el pinar, el espectáculo está servido.

Tejo en medio del pinar. Abajo pimpollos de pino nevados



       Había bastante ganado por la zona, pero afortunadamente no en el interior de la acebeda. Digo afortunadamente porque no sabía que el ganado se comía las hojas del acebo. Es de todos conocido el hecho de que las hojas pinchudas del acebo, sirven para protegerse del diente de los herbívoros y que crecen solo hasta determinada altura para esquivarlos, pero pude comprobar con asombro, como las vacas las comían sin ningún miramiento, en ejemplares jóvenes totalmente pinchudos. Sé del paladar de las vacas que es duro e incluso difícil imaginar, como les gustan las hierbas más duras, como las carquesas (Genista tridentata) o como se usa mucho en Galicia, para mullir los establos, el tojo (Ulex europeus).

Vaca masticando sin vacilaciones, las hojas pinchudas de un joven acebo. Abajo, entre especies cinegéticas y ganado, dan forma con el diente al borde de la acebeda

       La única economía que aquí se le saca al monte, es este uso ganadero y la caza, pero no estaría de más proteger esos jóvenes acebos y más sabiendo que es buena comida para las vacas en los momentos desfavorables del año. Incluso para la misma caza, es refugio y comida para todo tipo de animales. También como muchos árboles de climas más húmedos que el general clima actual madrileño, es bastante malo para quemar en verde, por lo que hace de retardante en propagación de los fuegos, verdadero peligro, junto con el calentamiento climático, de este tipo de ecosistemas.

Abajo un maillo o manzano silvestre (Malus sylvestris)
Abajo tronco de un cerezo silvestre

       Las áreas vecinas a la Acebeda de Robregordo están trufada de espacios, especies, y lugares de interés, normalmente desde el punto de vista botánico. La Dehesa Bonita de Somosierra es una joyita botánica en unos blandos y forestales suelos, más parecidos a los que hay en las húmedas montañas atlánticas que a lo que hay por estas latitudes. Incluso paisajísticamente está el valle de cabecera del segoviano río Duratón que en sus nacientes (viene del pico Cebollera) es madrileño aunque alimenten al Duero. Este río al introducirse en los relieves cársticos del sur de Segovia, se acompaña de vetustas sabinas, con todo su cortejo de especies vegetales, tan difíciles de ver en el ámbito madrileño.

Abedules en ambiente de nieve y niebla

       En estos rincones del extremo norte madrileño existen puntualmente especies de orquídeas o de rosas, que solo se encuentran en esta esquina madrileña, también para completar la imagen bucólica de esta región, sirva de ejemplo la cascada de los Litueros, en el arroyo del Chorro, una de las fuentes del Duratón. Aunque no entre en la Parque Nacional del Guadarrama, laguna difícilmente explicable, su valía hace que por lo menos, gran parte de esta área se encuentre protegida, estando incluida dentro de la Zona de Especial Conservación (ZEC) Cuenca del río Lozoya y Sierra Norte, que forma parte de la Red Natura 2000.


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