martes, 30 de junio de 2026

El desfiladero del Cares, una interpretación geobotánica

 


La ruta del Cares no es para hacerla en cualquier ocasión, ya hace muchos años, triscando por las sierras inmediatamente vecinas, mis compañeros de montaña me aconsejaron que esa ruta era tan fabulosa, que mejor era dejarla para una verdadera buena ocasión, algún momento en que pudiera recorrerlo en calma y con poca gente. Pasaron varios años hasta que se dio la ocasión, apenas pudimos pasar a Valdeón debido a la nieve acumulada en sus puertos, el mal tiempo previo había conseguido que apenas hubiese gente en la ruta, eso sí, aguas (y rocas) caían por todas partes y fue más que un recorrido, una aventura inolvidable.




        Esta vez todo salió sin proponérnoslo y la mala previsión de la meteo, ayudó a encontrar de nuevo un trasiego bastante tranquilo por este saturado y largo desfiladero de la Garganta Divina. También siempre ayuda entrar desde el vacío demográfico de León y no desde la populosa Asturias. Afortunadamente, la previsión de mal tiempo solo se cumplió a medias y nos permitió disfrutrar de un día como el que se puede apreciar en las fotos.



Camino tallado en la roca salvando unos desniveles impresionantes


         Probablemente estemos en el punto más accidentado de toda la península. El Cares es un hachazo en la roca que parte en dos el conjunto montañoso de Picos de Europa, entre el macizo del Cornión o macizo Occidental y el macizo Central o de los Urrieles más a oriente, dejando una brecha de más de dos mil metros en apenas un par de kilómetros entre picos como la Robliza de 2246m al oeste y el Torrecerredo, cota superior de Picos de Europa con sus 2649m al este, todo a la altura de Caín (León), donde el Cares se encuentra a 450m de altitud, aunque a la salida de la Garganta Divina, en Puente Poncebos (Asturias), ya ha descendido hasta los 200m. Poco más al este, aunque con dimensiones algo menores, ocurre otro tanto entre el Macizo Central y el Macizo Oriental o de Ándara, separados por el río Duje.


 


    La explicación del paisaje, sus formas, su colonización vegetal y su aprovechamiento humano, viene claramente dado por razones geológicas y litológicas. Solo puede explicarse el surgimiento de masas montañosas tan espectaculares como Picos de Europa, por el colosal choque de fuerzas telúricas, solo fuerzas gigantescas podrían izar montañas gigantescas. A pesar de la aparente uniformidad litológica de esta enorme mole caliza, su historia geológica es antigua y variada.


Esta roca caliza se formó en unos mares relativamente someros hace unos 600 millones de años en el paleozoico. Posteriormente, hace unos 300Ma ocurrió un episodio formador de montañas antes llamada orogenia Hercínica y ahora Varisca, entonces una amplia zona marina cargada de sedimentos fue comprimida entre grandes masas continentales, acortando enormemente su superficie y provocando que los terrenos antes hundidos en el mar, aflorasen unos encima de los otros en una serie estratos cabalgándose, plegándose o fallando los unos con los otros. Pasó el tiempo, la erosión actuó implacable, pero de nuevo y, hace unos 30Ma actuó otro episodio similar, la orogenia Alpina que aprovechó las fallas antiguas y creó otras más modernas, levantando de nuevo el macizo hasta límites parecidos a los actuales.



       Posteriormente los episodios climáticos con su erosión y sus glaciaciones, fueron retocando esa enorme formación montañosa hasta lo que conocemos en la actualidad, un enorme macizo calcáreo rodeado de terrenos más bajos, como los de los valles de Sajambre, Valdeón y Liébana que, aunque un día tuvieron altitudes similares, la erosión de sus materiales más deleznables e impermeables, los redujeron a sus relativamente bajas cotas altitudinales actuales. La dureza, verticalidad y permeabilidad de esas calizas paleozoicas han conseguido que estas montañas sean unas de las más difíciles de erosionar de todo el territorio nacional. Incluso las también duras cuarcitas, pero más fisuradas y entreveradas con otros materiales menos duros, entre Picos de Europa y el macizo de Mampodre, también han sido mucho más erosionadas que estas viejas calizas de montaña

Puertos en el dominio del robledal, aunque también aparecen algunos quejigos
Atrás quedan las últimas casas de Caín

       Baste el ejemplo de la práctica ausencia de grandes valles glaciares, pues a pesar de la enorme acumulación de hielo que tuvo lugar en estas cumbres, dada sus frías alturas y su abundante precipitación, estos hielos apenas tuvieron salida valle abajo, como en cualquier otra cordillera, sino que crearon los “jous”, enormes hoyos trufados de simas, ponors o agujeros por donde bajan al interior de la tierra, y no superficialmente hacia el mar, sus aguas de fusión. Algo que ocurre también en otros macizos calcáreos, pero nunca a esta gigantes escala. De hecho, la primera vez que vine en solitaria excursión a Picos, pasé una sed terrible, pues daba por supuesto que con todo lo que llovía, estaría lleno de fuentes y me costó mucho encontrar un par de ellas, en este blanco universo de altos valles y cordales, casi sin una brizna de hierba.


       Respecto a la colonización vegetal, estamos en un mundo o muchos mundos aparte, pues existen tantos diferentes nichos ecológicos en estas abigarradas montañas, con sus muy diferentes y variadas altitudes, orientaciones, pluviometrías, sedimentologías, etc., que es difícil entender el amplio abanico biológico que supone. Pero precisamente esta variedad ha hecho de esta zona un lugar excepcional para el mantenimiento o continuidad de la biodiversidad, para lo que ahora denominan resiliencia climática, aunque más bien, no se trata de la capacidad de adaptación al cambio del clima, sino al que la vida se pueda afincar en un rincón determinado, de acuerdo a las peculiaridades micro climáticas de dicho rincón. 

Restos de encinares totalmente verticalizados

       Este enorme abanico de situaciones topoclimáticas o microclimáticas, promueven los denominados refugios climáticos, bien porque existan situaciones frescas y húmedas que puedan albergar especies especialmente adaptadas a esas condiciones en un contexto general mucho más caluroso y seco, o bien al contrario, especies adaptadas al calor y la sequedad, bien pueden encontrar en este maremágnum de nichos ecológicos, un lugar donde capear episodios climáticos fríos, como por ejemplo una glaciación generalizada que hubiese extinguido esas especies de sus localidades previas.

Más que probables refugios climáticos en el pasado hoy sustentan comunidades termófilas, por ejemplo con zarzaparrillas

       No hace falta irse al pasado, no es difícil encontrar simultáneamente en cercana vecindad, especies del ámbito mediterráneo seco (sequedad litológica por permeabilidad del suelo o su escasa retención) como encinas, agracejos, aladiernos, etc. junto a especies del ámbito mediterráneo húmedo como madroños, laureles, etc., cerca de especies atlánticas o centroeuropeas, como hayas, robles, tilos, etc. Los siglos o el paso del tiempo y el cambio del clima, han ido, como el paso de las estaciones, cambiando el aspecto y la vida vegetal de la cordillera. Siempre queda un rescoldo del que volver a encender la vida vegetal que vuelve a colonizar, en condiciones más favorables, lugares donde ya no tendría por qué refugiarse de las condiciones ambientales reinantes.

Encinas Quercus ilex con madroños, abajo la carnívora grasilla

       En pocas montañas puede verse tal variedad vegetal, tal pulso, por ejemplo, entre lo que es genuinamente atlántico, como lo que es genuinamente mediterráneo. Esto último, lógicamente está en desventaja, tiene que buscar zonas más aptas que mitiguen el exceso de humedad, que aporten más insolación y sequedad para poder prosperar con cierta ventaja sobre la vegetación zonal, la propia de estas latitudes y condiciones pluviométricas atlánticas o, mejor dicho, cantábricas. También los elementos boreo-alpinos tienen su sitio en las altas cumbres y vallejos de la cordillera, es muy típica la distribución de especies alpinas que, de las altas montañas europeas, saltan a Pirineos y llegan, por su extremo occidental, a la cordillera Cantábrica, con Picos de Europa, como su macizo de mayor altitud y entidad, donde llegan al menos 73 endemismos pirenaico-cantábricos, de las 1500 especies vegetales que pueblan estas montañas. 

Pedreras con el clásico Rumex scutatus
Pedreras que caen casi en vertical al río Cares

       La explotación humana del territorio, dada la importancia de una orografía tan dura, hace que se minimice, a no ser por la presión de la ganadera de las cabras que es lo que mejor se ha adaptado a estos terrenos, deje su huella en la vegetación, una huella que se empieza a echarse de menos en casos, como el del aumento de incendios.

Restos abandonados de majadas de pastores protegidas por escarpes

       El adentramiento del camino en el desfiladero se salva por medio de túneles en la vertical roca sobre el Cares, donde se puede observar una pequeña presa con su salva obstáculos para la fauna piscícola. Al igual que el canal que lleva el agua para la generación de energía hidroeléctrica, el camino también suele estar tallado en la roca y muchas veces, simplemente suspendido en el vacío y que llevan a cierto mosqueo al encontrarnos con grupos de personas en dirección contraria en esos pasos. 

Escala de peces salvando el desnivel de una presa
Tremendos barrancos dejan muy expuestos a los transeuntes

       Lo primero que llama la atención, son por un lado la altura de las cumbres, que sabemos son meros escalones de cumbre mayores que son otros tantos escalones otras tantas cumbres aún más altas y así sucesivamente y, por otro lado, la caída al abismo señalado por las pozas que se ven en el Cares. Ambos barrancos, hacia arriba o hacia abajo, punteados por las oscuras siluetas de mediterráneos árboles de hoja perenne, las más, encinas y también madroños, cornicabras, aladiernos y agracejos (Phylirea latifolia), aunque en las zonas con algo más de suelo, aparecen quejigos y ya, en vallejos con suelos más profundos, robles y fresnos. Solo en escasas laderas poco expuestas y con buen suelo, aparecen retales de hayedo, al igual que alguna suelta por el escueto fondo de los barrancos, ocupado más por rocas casi móviles que por higrófilas formaciones arbóreas.


Pared muy diaclasada y abajo, extrañas formaciones rocosas ruiniformes
Abajo tajo del Cares y formación tobácea con cascada

       Quién lo diría, pero se nota la acción del calentamiento global; no son animales, pero las plantas tienen una buena capacidad de colonizar nuevos territorios más rápido de lo que parece y este ha sido el caso de una orquídea que he podido observar a pesar de lo temprano de la estación, o precisamente por ello. Pude ver un buen ramillete de orquídeas gigantes Himantoglossum robertianum, incluso también puede ver la rara Ophrys  lupercalis especies que no aparece más al norte; estaba en Asturias, pero no llegaba por poco a León.

Orquídea gigante y la Globularia repens
Globularia vulgaris y Genista hispanica

       A estas alturas, casi las más bajas con diferencia respecto a la media de los picos colindantes, pues estamos en pleno fondo del hachazo que marca el río en el relieve, no existen la mayoría de los endemismos y alpinas plantas de las zonas altas, pero la impronta de las especies rupícolas, en un entorno tan accidentado, es constante, al igual, aunque en mucha menor medida, las plantas de los canchales, o gleras en su trasnochada acepción, con una vegetación característica y variada, dada la abundancia al pie de estos verticales picos y canales, canales como la de Asotín, Trea, Dobresengos, etc., lugares con quizás las rutas más duras de todo el macizo, debido al enorme desnivel que conllevan.



       Es muy difícil de andar fuera de esta ruta que, desde luego, da pie a alcanzar todo tipo de lugares, canales, puertos o picos, pero con tanto trabajo que ya entre montañeros, ya se planean las rutas para acceder de la manera más fácil posible y no pegarse esas palizas. También los pastores han ido abandonando paulatinamente las mayadas más altas y llegando solo a aquellas en las que se puede acceder por pista.


       Estas montañas son unas de las más bellas, no solo de la península, sino como su topónimo, de Europa. Como de costumbre, el turismo, bastante importante, se acumula solo en determinados puntos, como Fuente De, Caín o Covadonga, dejando una enorme cantidad de valles, bosques o montañas, sin apenas trasiego humano. Su condición de Parque Nacional hace que las tres administraciones autonómicas que comprende, hace que sea muy poco manejable, con los intereses de ganaderos y cazadores compitiendo con los del conservacionismo. 


       He visto muchos valles levantados por la jeta de los jabalíes, pero luego dicen que hay muchos lobos que, por supuesto, hay que erradicar, lo que no concuerda con el exceso de jabalíes, corzos, etc. Realmente, los Parques Nacionales, deberían ser eso, Nacionales y regirse por criterios estrictamente conservacionista, dando la mayor cancha posible a los intereses locales, pero sin chocar. Combinación difícil, pero la lógica y deseable. Hay mucha montaña, hay mucho desfiladero y en cualquier época del año. Es un tesoro natural que todos deberíamos conocer bien, por ser patrimonio de todos los españoles.





domingo, 31 de mayo de 2026

Las flores del hayedo. Antes que las sombras oscurezcan su cielo

 


Los bosques del norte ibérico, representados mayormente por los hayedos, son el claro ejemplo de bosque atlántico o medio-europeo, pero tras la imagen veraniega de un espeso y continuo dosel arbóreo, subyace un estrato arbustivo apenas reseñable y un especial sustrato herbáceo que en los momentos del final del invierno y antes del crecimiento abusivo de la verde hojarasca, tiene su momento de gloria y esplendor.

Con la nieve cayendo al fondo, los bordes del prado se llenan de primaveras

    Esa pobreza en especies arbustivas y herbáceas no solo tiene que ver con la terrible sombra a la que deberían adaptarse, también deben competir con unas raíces arbóreas que copan el sustrato arbóreo con un cepellón de raicillas capilares dispuestas a captar la humedad y los nutrientes del compostaje de la hojarasca. Son las especies llamadas nemorales, adaptadas o tolerantes con todas estas limitaciones.

Esta enorme haya parece más un bosque en miniatura que un solo árbol

     Aunque pueda parecer lo contrario, tal explosión de vida arbórea acarrea una biodiversidad muy inferior a la que pueda aparecer en un encinar celtibérico o en unos yesares del Tajo. Existe mucha biomasa y muy verde, pero solo un puñado de especies se disputan esa biodiversidad, siendo el haya, la especie dominante en un 98% o más de toda la biomasa vegetal.

El hayedo domina casi la totalidad de los altos valles cantábricos

Pocas veces he estado en esos bosques cantábricos, pirenaicos o cuasi norteños, que no haya sido en el verano o en el otoño, por eso hace un par de meses disfruté lo mío por esas cantábricas latitudes. Ya me han dicho varias personas de por allí, de los pueblos de montaña, que para ellos el momento más especial del hayedo, no era el del colorido otoño que tanto y tan bien se vende en las imágenes de las redes sociales, sino el inicio, las primeras hojas, casi iluminadas, señalando con su brillante novedad, el alcance y los bordes de árboles y bosques. Casi llego, pero aún faltaban un par de semanas para ese momento, otra vez será.

Es el momento de cerezos y endrinos

He llegado en el momento en que las plantas herbáceas disponen de un breve periodo, entre los últimos fríos del invierno y la oscura sombra recién formada del hayedo en su nuevo traje verde primaveral. Es el momento de la floración de los geófitos, bien bulbosos o bien rizomatosos y de otros hemicriptófitos (plantas vivaces, pero sin órganos aéreos en invierno). Es un buen momento para muchas floraciones de plantas que solo se pueden reconocer ahora, muchas veces irreconocibles el resto del año a no ser para gente ya bastante experta.

Solo al final del invierno puedes ver en las Anemona nemorosa, abajo Scilla hyacinthoides

Tampoco, dada las previsiones meteorológicas, no es mal momento para encontrar algunas flores asomando entre la nieve, aunque con suerte, no ha sido tanta como para imposibilitar las excursiones o tapar las plantas, pero, como una espada de damocles, ha estado amenazando varias veces las rutas, a veces truncadas, no por la nieve, sino por la efusión líquida de potentes deshielos que dejaban impracticables algunos caminos.



Plantas que no conocía, como algún narciso, o plantas que sí conocía, pero solo con su veraniega ausencia de flores, han pasado ante mi cámara, que como es habitual, no da para meter tanta belleza en su rectangular mirilla.

Diente de perro y narciso entre la nieve

      Belleza, como la de las desbordantes hordas de primaveras (Primula veris y P. elatior con varias subespecies). Qué nombre más bien puesto y qué alegría contagian al ambiente en torno a pueblos, bordes de prados y caminos. De un tipo o de otro, son las protagonistas más abundantes de mis paseos.

Primula elatior subsp. intricata y P. veris subsp. columnae o algún híbrido

También, en los bordes de los bosques y vecindad de prados o sus vallados, son los cerezos y endrinos, los otros grandes protagonistas. Solo en este momento, es fácil apreciar de un solo vistazo, la abundancia de estos generosos árboles y arbustos que abastecen a la fauna local. Otros como los sauces, ahora llamativos, no son ni tan llamativos ni tan alimenticios.

Los sauces también reclaman la atención del paseante
No es una flor de la montaña, pero en sus áreas más térmicas puede aparecer el Himantoglossum

Solo en las áreas más bajas y térmicas de los bordes de los hayedos, encuentro una planta ahora, que en la meseta he dejado de ver hace más de un mes, la orquídea gigante, el Himantoglossum robertianum, acompañado a veces por otra como la Orchis mascula. También en los bordes del hayedo, en las rocas, aparecen otras flores incipientes que durarán aún varias semanas, las azuladas Globularia nudicaulis o alguna Petrocoptis pyrenaica.

Globularia nudicaulis y abajo, Petrocoptis pyrenaica
Abajo el enorme helecho Woodwardia radicans, en áreas sin apenas heladas

Ya empiezan a desarrollarse, los báculos expansibles de varios tipos de helechos, de los que llego a ver las enormes hojas de alguna Woodwardia radicans. En esos parajes, incluso ahora bastante sombreados, y eso que no han salido las hojas de los árboles, veo masas de ajos, de hojas de ajos entre los que asoman algunas pequeñas flores, me sorprende el ajo de oso, el Allium ursinum, con sus grandes y numerosas hojas con sus pequeñas flores entre ellas.

El norteño ajo de oso Allium ursinum
Narcissus triandrus subsp. triandrus

El festival de narcisos es importante, y eso que apenas han empezado los grandes narcisos trompeteros, de los que por aquí hay varios tipos que me costaría diferenciar, voy tras el N. poeticus, pero me parece que el trompetero que encuentro es el N. pseudonarcissus. Tipo trompetero, pero enanizado y creciento entre piornos o brezales, veo por primera vez el Narcissus minor, que hace verdadero honor a su nombre. También veo las claras diferencias de los narcisos pálidos, el Narcissus triandrus subsp. triandrus que es el norteño, mayor y con más hojas, frente al sureño N. triandrus subsp. pallidulus.

Mi sorpresa al comprobar el pequeño tamaño de los Narcissus minor

Continuando con las flores bulbosas, aparecen cubriendo buenos retales de suelo las fragantes hojas de las escilas o jacintos de bosque, la Scilla lilio-hyacinthus, solo empezando a florecer, pero tiene que ser un espectáculo en plena floración diez días más tarde. O también el diente de perro, el Erythronium dens-canis, con sus grandes flores rojizas y sus hojas punteadas de negro. También bajo las hayas aparecen las bellas hojas y blancas flores de las anémonas, la Anemona nemorosa, aunque un amigo me señala que también, aunque pocas veces, aparece la rara A. pavoniana.

La extraña flor del diente de perro. Abajo un atadillo de brujas

La anunciada lluvia y nieve, se hace de rogar y afortunadamente nos permite ver el bosque y parte de los picos en algunas buenas ocasiones, apareciendo un día muy distinto al amanecido con nieve y al atardecido con orballus y borrinas. Siempre hay que agradecerlo y más contra corriente o contra previsión de meteo. Tampoco el frío impide apretar el disparador de la cámara. El bosque, ahora solo nevado en las sombras, me permite jugar con sus texturas, su hojarasca o con el verdor incipiente de las nuevas hierbas.





En áreas de alta humedad, pero sobre todo, de alta pureza ambiental, como es la cercanía del límite forestal, del timberline sajón o el alemán krummholz, donde la limpieza del aire nos lleva casi a la embriaguez, puedo comprobar la holgada existencia de barbas de viejo Usnea barbata, esos largos líquenes que ya han dejado de existir en montañas ya en ambientes más contaminados, aunque en apariencia no sea así, como ocurre en el Guadarrama, de donde se conservan pliegos de herbario con líquenes de más de medio metro y que hoy en día brillan por su ausencia o enrarecimiento, debido a su vecindad con Madrid o con la urbanización serrana.




  Un refrescante viaje, y más viéndolo desde la distancia que impone la madrugadora ola de calor de este final de mayo de 2026 y que me hace valorar esos ecosistemas que, en un país como el nuestro, tendríamos que cuidar como si nos fuese la vida en ello, pues son reservas de agua, reservas de frescor, reservas de biodiversidad, para capear los ariscos tiempos que al parecer tenemos por delante.

Acebos casi supraforestales comidos en sus bases por los herbívoros

    Nunca ha quedado tan claro que tenemos, no la obligación, sino el deber de mimar nuestra naturaleza, a todas las escalas para que podamos ser más resistentes y que ella nos pueda echar una mano para lograr una supervivencia digna, tanto nuestra, como de todo el mundo vivo que nos rodea. Queda mucho por hacer. 
    



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