Mostrando entradas con la etiqueta Vegetación de Ribera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vegetación de Ribera. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de enero de 2019

Los Praos de Carrión



          Los Praos de Carrión son una vasta superficie de aproximadamente 250 has., en relativo buen estado de conservación natural. Se trata de una gran zona deprimida formada por el arroyo Pellejero, también llamado Valdecañas, poco antes de su desembocadura en el Guadiana, donde ambas aguas conforman la península que aislaba y defendía la magnífica fortaleza de Calatrava la Vieja que fue durante siglos, la mayor ciudad existente entre Toledo y Córdoba. Cerca de la fortaleza, se encuentra el santuario de la virgen de la Encarnación, área de esparcimiento y celebración del municipio de Carrión de Calatrava, a quien pertenecen todos estos terrenos.


            Esta zona fue terreno de caza y una buena área de pastos ganaderos o prados, siendo “Los Praos” su nombre que ha perdurado. También posee una fuerte impronta humana debido al trabajo de muchas generaciones de yeseros, quedando sobre el terreno, muestras de su antiguo oficio, como zonas excavadas, restos de casillas, hornos, etcétera. Con el decaimiento y cese de esta actividad, a partir de los primeros 80, este paraje parece quedar en el olvido, salvo para pastores y cazadores, aunque por desgracia, a principios de los 70 sufrió trabajos de canalización, al igual que el aledaño río Guadiana.

Restos de un antiguo horno de yeseros

            Los Praos de Carrión tienen una naturaleza muy dependiente de los distintos ciclos climáticos que se suceden en este lugar, mostrando un aspecto, vegetación y fauna, extremadamente variable, según vengan estos ciclos. En un solo año se puede pasar de condiciones áridas, prácticamente salobres y esteparias, a un gran humedal con lámina de agua duradera por años. Esto conlleva que unas especies vegetales reemplacen a otras según estemos en un ciclo seco, húmedo o en sus transiciones.

El calaminar inundado tras un buen evento lluvioso

            Estas variaciones climáticas son continuas; tras la sequía del primer lustro de los 90, llegaron las fuertes lluvias de 1996-97, pero fue a partir de finales de 2009, con el comienzo de un nuevo ciclo lluvioso, cuando se recargó hídricamente esta región, aguantando algunas lagunas varios años seguidos, con el apoyo de la cercanía del nivel freático a la superficie, probablemente gracias a la existencia de acuíferos locales, menos profundos que el gran acuífero manchego. En la actualidad, al parecer, seguimos en un ciclo seco.

Cardales de varios tipos en pleno evento climático seco, sin lagunas residuales

            Los terrenos de los Praos acogen la vegetación propia de los dispersos humedales estacionales que, rodeados de bosquetes de tarayes, muestran grandes carrizales, praderas juncales y pequeñas manchas de vegetación salina, todo enmarcado por un entorno agrícola con su vegetación arvense, aunque con algunos retazos de suelos pedregosos sobre la dura costra caliza manchega, con sus tomillares y sus efímeras especies asociadas. Pero básicamente, dominan formaciones vegetales nitrófilas, como cardales o un gran calaminar. Toda esta vegetación es tanto o más interesante, al mostrar todo tipo de transiciones entre unos y otros tipos; hacia lo salino, hacia la costra caliza, hacia lo lacustre, hacia tomillares o hacia los cultivos.

Distintas formaciones vegetales hacia el centro de Los Praos

        La vegetación lacustre está dominada por los carrizales Phragmites australis y allí donde el agua es más profunda o permanente, aparece la espadaña Typha dominguensis y varios tipos de altos juncos (Shoenoplectus lacustris y S. littoralis), con alguna escasa mata de masiega (Cladium mariscus). Sobre suelos con el nivel freático más profundo, aparece el junco churrero (Scirpoides holoschoenus), aunque si los suelos son más salinos, que es lo más frecuente, aparece otra vegetación dominada por juncales salinos, formados por la castañuela (Bolboschoenus maritimus) y otros como el almorchín Schoenus nigricans y los juncos Juncus maritimus, J. subulatus, etc. 

Al bajar las aguas todo se llenó de jóvenes tarayes

          En estos suelos con más humedad aparecen lastonares de Elymus curvifolius y E. hispidus o los espesos fenalares de Brachypodium phoenicoides. Entre estas masas de juncáceas y gramíneas aparecen las altas varas floridas de Cochlearia glastifolia y especies de menor talla como Samolus valerandi, Centaurium spicatum, etc. En los bordes de estas áreas húmedas aparecen numerosos tarayes (Tamarix canariensis), no siendo muchos los individuos que llegan a hacerse añosos, apareciendo éstos ya en la desembocadura del Pellejero o en el sobre-excavado canal del Guadiana.

Más que una zanja, esto es la "tumba" del Guadiana

  Las áreas verdaderamente salinas son muy puntuales como el rincón de Charco Raso; hace pocos años existía otra buena zona en la parte cercana a la ermita. Dominan aquí los almarjales de Suaeda vera y grandes masas de acelguillas (género Limonium). En el centro de las despejadas áreas más salobres aparece, siendo muy escaso, el llamativo coralillo (Microcnemum coralloides). Allí donde aparecen manchas blancas salobres en el suelo, aparece el micro-pastizal de Frankenia pulverulenta y bordeándolo, juncales salinos o espesos herbazales de las gramíneas salobres Aeluropus littoralis, Puccinellia festuciforme o la cebadilla Hordeum marinum. En algunos encharcamientos temporales y someros aparece la escasa y protegida Lythrum flexuosum.

En pie Centaurium spicatum y tumbado y algo pasado Lythrum flexuosum

La vegetación menos influenciada por el agua, los yesos o la salinidad del lugar, es la relacionada con el cercano encinar manchego que aparece en los vecinos montecillos la Dehesa de Carrión o en el Turón. Apenas aparece alguna encina pero sí, retamas y esparragueras que junto con tomillos (Thymus vulgaris) y zamarrillas (Teucrium gnaphalodes) son la única vegetación leñosa que aparece en puntuales áreas interiores pedregosas y zonas de transición a la dura costra caliza. Acompañando esos tomillares aparecen plantagos y astrágalos, y un cortejo de especies típicas acompañantes del encinar manchego (carlina, ruda, cardillo, salvia, viborera, lengua de perro, reseda, lechetrezna, cañaheja, jarilla, etc.).

Un bello escudero Eurydema ornata (gracias Nacho) sobre la alta y fructificada Cochlearia glastifolia

         Es muy abundante, incluso dominante, la vegetación halonitrófila, es decir, aquella de suelos alterados y moderadamente salinos, ya sea la alteración producida por causas naturales (inundaciones con aportes de broza y residuos orgánicos, conejos) o humanas (remoción agraria, vertidos, excavaciones, incendios, etc.). Esto queda de manifiesto en lo que quizás sea uno de los mayores calaminares manchegos que son los matorrales de Salsola vermiculata, llamado “calamino” en la Mancha o “sisallo” en Aragón. Aparte del calaminar, relativamente pobre en especies, este tipo de formaciones son muy diversas, tanto que probablemente aquí se ofrezca el mejor catálogo de este tipo de comunidades de toda la Mancha.

Un calamino cubierto de líquenes anaranjados. Abajo cardales de Sonchus crassifolius

Abundan los cardales, existiendo una gama muy completa de estas compuestas; aparte de tobas o cardos borriqueros, cardos marianos, centáureas, carlinas y cardillos, hay varios tipos de Cirsium (C. valdespinulosum, C. pyrenaicum y C. vulgare), también destacan las pinchudas y blancas masas del salino Sonchus crassifolius y ya cerca de los canales, Sonchus maritimum.

Masas de asteriscos (Asteriscus aquaticus) tomando rincones de los Praos

   También abundan formaciones de escasa talla dominadas, de forma masiva, por las amarillas estrellas de Asteriscus aquaticus o las resedas, y praderas de vistosas gramíneas, como Polypogon maritimus u Hordeum marinum, otra especie abundante es la alta y viscosa herbácea Gypsophilla tomentosa y las viboreras. Curiosamente, esto debería ser un albardinal pero entre pastos de un tipo u otro no llega a aparecer, aunque sí lo hace y muy puntual su raro acompañante el protegido Lepidium cardamines y algunas especies ya más corrientes.

Viborera (Echium vulgare) de gran tamaño y cardales con Cochlearia a contraluz

La vegetación sobre los delgados suelos acumulados sobre la dura costra caliza, es pequeña y efímera, con especies anuales tales como: Linaria amethystea var. albiflora, Campanula erinus, Asterolinum linum-stellatum, Valerianella discoidea, Hedypnois cretica, Helianthemum ledifolium, Cerastium pumilum, Galium parisiense, Medicago minima, Androsace máxima, Herniaria cinérea, Filago pyramidata, Bombycilaena discolor, Raghadiolus stellatus, Centaurea melitensis, Urospermum picroides y gramíneas como la enana Mibora minima, junto a Stipa capensis y Brachypodium distachyum.

La dura costra caliza bordea las áreas deprimidas del Pellejero

            La situación de la fauna va acorde con la salud del lugar. Tierra de conejos, aquí suelen criar las garzas imperiales y aguiluchos cuando hay agua, se puede ver a la nutria que alguna vez también ha criado aquí. Las aves acuáticas y sobre todo, las esteparias, como gangas, sisones y bastantes alcaravanes, son las más comunes por aquí, aparte de ser zona de campeo de multitud de rapaces y especies migratorias como anátidas varias, cigüeñas blancas o la menos común cigüeña negra.

Grandes praderas de Limonium carpetanicum en las áreas altas y secas
       
  La situación de los Praos a pesar de no ser mala, en general, no deja de ser preocupante por la deriva de los últimos años. He visto como buenas hectáreas de calaminar, pasaban a ser aradas, con los troncos de los calaminos acumulados en montones, junto con las grandes piedras, o esparcidos por todo el terreno. Igual ocurre en otras áreas contiguas, antaño viejos barbechos, aradas y sembradas, con rendimientos raquíticos, como es lógico,  pero supongo que subvencionados. La gran mayoría de estos terrenos están bajo el paraguas de una gran propiedad que afortunadamente, tiene a bien no interferir en los procesos naturales que mandan en estos terrenos, y por otra parte arrienda la caza, lo que tampoco interfiere negativamente. Pero parte de los terrenos también están arrendados y es ahí, donde vienen los problemas.

Cuando la vegetación parece estabilizarse y mejorar, alguien llega y pasa el arado

Se han producido roturaciones, limpiezas de bloques y “desencostramientos” de la caliza que en algunos casos han sido denunciados por los agentes medioambientales, pero tales labores no han sido autorizadas por la propiedad, sino a instancias de esos arrendatarios. Por lo visto, existe un absurdo hueco legal para cometer estos atentados. 


Garcillas cabalgando un rebaño de ovejas

      Todos esos suelos figuran como pastos naturales, es decir “prados” y en teoría no son roturables según la Ley de Montes, pero existe una argucia legal que consiste en declararlos como “suelos de vocación agraria” (por las Cámaras Agrarias) que es la que aplican para saltarse esas prohibiciones. Precedente o modus operandi peligrosísimo, por poder ser de aplicación potencial a todas las escasas áreas naturales que quedan en la Mancha. Además las denuncias o advertencias de los agentes llegan a la propiedad que no está al corriente de lo que hacen algunos de sus arrendatarios, creando otro limbo jurisdiccional respecto al sobre quién recaen las infracciones cometidas.

Zanja de drenaje sobre el Pellejero-Valdecañas

  Peor suerte está corriendo la esquina más nor-oriental de los Praos, allí donde terminan las áreas húmedas, al otro lado de la carretera a Fernancaballero. Allí comienza una buena área de dura costra caliza que por ello se libró durante años del arado, pero estos recientes años de especulación de terrenos rústicos, han dado al traste con gran parte de esta seca, pedregosa, pero ecológicamente valiosa área. Aún quedan algunas grandes encinas y multitud de plantas interesantes entre las que destacan varias orquídeas y la llamada hierba de la siete sangrías Alkanna tinctorea.

A pesar de los bloques de costra removidos, este es uno de los mejores rincones del NW

    En los alrededores del puente de Malvecinos existe un antiguo molino y la costra calcárea se muestra a los bordes del Guadiana en todo su esplendor, aunque también hay grandes montones de roca caliza acumulada, recordándonos su vulnerabilidad. Otra buena zona de costra aparece a los bordes del Pellejero, entre dicho puente y el castillo, zona a menudo castigada por pistas de motocross o para correr galgos, pero con buena vegetación de costra. Una peculiar vegetación que, dada la destrucción de casi toda la costra caliza en la Mancha, su pequeña talla y carácter efímero, está despareciendo, sin que nadie repare en ello.

Pistorinia hispanica y Linaria amethystea var. albiflora son dos pequeñas joyitas de la costra caliza

  El ayuntamiento ha acometido con éxito, en esta zona NW de los Praos, la restauración de los Baños del Hervidero, una muestra más del vulcanismo del Campo de Calatrava puesto de manifiesto en un manantial de aguas burbujeantes, llamados localmente “hervideros”. Por otra parte más que plausible, la actuación de la “Asociación Naturalista Tablas de Calatrava” que trata de poner continuamente en valor estas áreas, con diversas publicaciones digitales e impresas, y acciones, entre las que destacan la reconstrucción del trabajo de los yeseros que faenaron aquí por generaciones, volviendo a poner en funcionamiento un horno de yeso en una iniciativa, fruto de la que salió a la luz un interesante librillo “Los Yeseros de Carrión”.

Aquí se fundó la primera Orden Militar, la Orden de Calatrava

 Tablas de Calatrava también promueve, junto con otras asociaciones y entidades locales, teatralizaciones y actuaciones en el interior de la fortaleza de Calatrava la Nueva. Actuaciones y actividades más que recomendables para una contemplación “viva” de este histórico lugar que sigue pidiendo a gritos, su ampliación y restauración a mayor escala que lo bien realizado hasta la fecha. La institución del premio “Tablas de Calatrava” que este último año 2018, recayó en Miguel Delibes de Castro, ha sido otro de sus grandes aciertos.

Fortaleza de Calatrava la Vieja, a la izquierda bordes ermita de la Encarnación y vistas hacia el norte

   La protección y puesta en valor de los Praos de Carrión, no se puede entender sin su completa integración en el conjunto natural y humano del que forma parte. El núcleo central sin duda debería ser la fortaleza de Calatrava la Vieja y el Santuario de la Encarnación, núcleo central de estos terrenos, que se encuentran rodeados, por el norte por la buena llanura de inundación del Guadiana a pesar de su artificial encauzamiento, la naturaleza ha sabido salir airosa de ese atentado, aunque no del de Charco Salado.



     Por el sur y oeste, la gran amplitud de los Praos, con el arroyo Pellejero-Valdecañas, su conjunto de cañaverales, pastizales y sus secas zonas yesíferas. Ambas zonas, Guadiana y Pellejero, contorneadas por gruesos paquetes de costra caliza y los bordes de campos de cultivo y eriales, son de indudable valor para las especies esteparias manchegas.

En tonos blancos, saladares de Charco Seco, abajo desaparecido saladar cercano a la ermita

   Tal es el valor de este lugar que hace años, previa a la ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, desde la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, propusimos la inclusión de toda esta área, junto con el cauce y llanura de inundación del Guadiana, en la previsible y deseable ampliación del Parque. Castillo y santuario, serían el segundo principal punto de acceso a dicho Parque Nacional. La falta de amplitud de miras y sentido de la oportunidad de las autoridades manchegas, dieron al traste con esta magnífica ocasión.


  Esta opción sigue siendo perfectamente válida y realizable, máxime viendo la tendencia destructora sobre el medio ambiente que parece estar reinando en toda esta área, llena de lugares salobres o pedregosos que por su escaso valor agrario estaban silvestres, pero que dada la absurda especulación actual, está terminando con localidades parecidas a Los Praos, como ha ocurrido en la cercana lagunilla de Charco Salado, los Ojuelos de Villarrubia y por desgracia tantos otros más.


   Esta región es eminentemente agraria, pero los escasos rincones que quedan sin roturar son verdaderos refugios de las últimas señales de vida del mundo natural manchego. Estas áreas naturales están infravaloradas, no tanto por los ciudadanos, como por sus autoridades que prefieren plegarse a otros intereses aparentemente más rentables y corto-placistas, pero hipotecando un futuro que es el de todos.


Dos imágenes distintas de la magnífica fortaleza de Calatrava la Vieja

   
   Estos espacios, aparte de su carácter lúdico y conservacionista, son enclaves necesarios para la captación de agua para el gran acuífero del que vamos a tener que vivir agricultores, ganaderos, cazadores, la naturaleza con todos sus ciclos, plantas y animales, y toda la población manchega en su conjunto que va a tener que beber de su agua que deberá ser lo más limpia posible. 


 No va a haber tuberías excedentarias que nos traigan el agua. La gran solución está bajo nuestros pies, ese acuífero se ha de mimar más aún que el agua superficial, pues va a ser la única garantía de futuro, si las previsiones climáticas se van cumpliendo como hasta la fecha. La agricultura forzosamente ha de reconducirse a terrenos más dentro de la lógica que de un mercado fuera de lo racional. Comparar la magra producción de cebada de los escasos años agrícolamente buenos, con los beneficios ecosistémicos, hídricos y ambientales de estas tierras que nunca han valido para la agricultura, no ha lugar.


viernes, 30 de noviembre de 2018

La Lagunilla de Prado Redondo


        La laguna de Prado Redondo es una gran desconocida para la práctica totalidad de los habitantes de Ciudad Real, incluso de los más camperos. No es de extrañar, pues se trata de una pequeña laguna tras una valla, dentro de una propiedad privada y al borde de la buena llanura de inundación de Picón-Alarcos en el Guadiana, por lo que muchos pescadores, cangrejeros y amantes del campo, van a estas tablas y no reparan en la pequeña laguna que hay en el centro del anfiteatro formado por estos montes.


A la derecha se ve la laguna en el anfiteatro formado por los montes de la sierra de Picón

  Por estos lares, el fantástico río Guadiana empieza a mostrar sus mejores galas como río, tras pasar por los cuasi artificiales esplendores de las Tablas de Daimiel, por las atribuladas Tablas de Calatrava y tras dejar el “pajarero” pantano del Vicario, se constriñe en las primeras serrezuelas del macizo ibérico, tras abandonar la Mancha y en este punto, tras pasar bajo el puente de Picón, comienza a vivir el esplendor de una llanura de inundación poco alterada.

Parte de la llanura de inundación y vista de la misma desde la ermita de Alarcos

      El Guadiana, tras el puente de Picón, en Santa María, recibe al arroyo del Raso, donde se amplía enormemente la llanura de inundación para luego irse estrechando en un entorno que, de no haberle sido claramente usurpado al Guadiana por la agricultura en su lado norte (Santa María) o por la ganadería en su lado sur (Sedano), gozaría de unas características medioambientales muy similares a lo mejor de las Tablas de Daimiel, aunque menos salobres y problemáticas; incluso en el entorno de esta junta de cauces, se encuentra un “ojuelo” protegido por una valla para que no caiga ganado en él. 


Llanura de inundación de la margen izquierda claramente usurpada
Espantapájaros y valla rodeando un ojo o nacedero en medio de la llanura de inundación en la junta de los ríos

 Tras esta considerable ampliación del valle, el río forma la tabla de la Patata, donde hay una pequeña área recreativa, para luego, volver a estrecharse al ser atravesar una serrata que crea un pequeño congosto, a la salida del cual, se vuelve a ampliar definitivamente en la llanura de inundación de Alarcos y aparece, en la orilla derecha, al pie de la ladera que mira al sur, la laguna de Prado Redondo.


A partir de esta laguna se ensancha la llanura de inundación

       A pesar de encontrarse en el borde de la llanura de inundación del Guadiana, esta laguna se encuentra rodeada de montes, una mitad al norte y otra al sur del río, formando un círculo de montes que da nombre al lugar, “Prado Redondo”, y en su centro se encuentra esta especial laguna. Especial porque pocas lagunas, y hay muchas, en todo el campo de Calatrava, tienen ese origen y dinámica tan particular. Esta laguna se encuentra en la terraza fluvial y, aunque se encuentre solo a poco más de un metro por encima del nivel actual del río, las riadas no llegan hasta ella.


El Guadiana y al fondo derecha, a unos 100m. en el llano verde, el borde de Prado Redondo

Su secreto, su singularidad, consiste en que, al pie del encinar de la loma más cercana a ella, nace un buen manantial que alimenta un arroyuelo con olmeda que se prolonga, ya sobre la llanura, dando lugar a esta laguna. Esa fuente de agua pura, probablemente es la que haya ido disolviendo con el paso de los siglos, esos materiales calizos de la terraza y haya profundizado el fondo de la laguna hasta enrasar con el nivel del cercano Guadiana, con unos tres metros de profundidad respecto al campo que la rodea.


Tras los manantiales y su olmeda, viene otra olmeda lineal que desemboca en la lagunilla. (Foto: J.M. Hernández)

El nombre de “prado” le viene de antiguo, pues al pie de las lomas esos manantiales alimentaban un buen prado que a su vez se unía a los húmedos pastizales de la llanura de inundación del río y que afirmaba bien a las claras, la vocación netamente ganadera de este enclave. Aquí empieza la gran llanura de inundación que va desde este pequeño congosto, hasta el puente y la histórica ciudad ibérico-medieval de Alarcos, edificada sobre la escarpada sierra que se alza sobre el Guadiana.

Llanura de inundación con Alarcos al fondo y detalle excavaciones

  Pero ya hace años que desapareció la vocación ganadera de este lugar para pasar a ser claramente agrícola, por decisión de sus propietarios. Desde entonces parece ser que la laguna no fue más que un mero estorbo para las labores agrarias de esa finca.



En 2007 se aprecia el rastro del paso de tractores para verter escombros. Luego en 2011:

Comprobando su estado actual y viendo la evolución de las imágenes aéreas, podemos asistir a una especie de lucha del hombre por dominar la naturaleza, a una larga batalla por irle ganando metros para el cultivo, por ir haciendo desaparecer la laguna. Hace muchos años, la laguna llegó a tener salida hacia el río, y el prado, que dio nombre al lugar, haber sido mucho más amplio e importante, pero la sucesión de imágenes muestra el trabajo de continuo vertido de escombros y brozas agrarias sobre ella, para ir reduciéndose a su lamentable estado actual.


Restos de broza y escombro vertidos al interior de la lagunilla


  Aparte de su singular belleza paisajística, este rincón atesora una gran riqueza botánica y faunística, a pesar de sus reducidas dimensiones. En muy pocos metros cuadrados tenemos representados varios ecosistemas naturales de interés, en la loma un buen encinar manchego, rico en orquídeas; al pie de la loma y alimentada por varios manantiales, una olmeda que en tiempos debió de llegar hasta la orilla del Guadiana; un pastizal-juncal, es decir un prado higrófilo, con multitud de especies de este tipo de medios, desgraciadamente en trance de desaparición en toda Castilla la Mancha y, finalmente, una buena laguna con su orla de vegetación parcialmente bien conservada.


Vegetación tras el secado de la laguna a finales de verano

  Conozco esta laguna desde hace muchos años y, aunque no fuese de dominio público, seguía teniendo una importante vida animal y vegetal. Pero tras las últimas alteraciones sufridas a finales de este invierno en esta finca, ya no puedo silenciar más, la alta probabilidad de desaparición total de este magnífico enclave natural.


Zanja lateral uniéndose a la zanja lineal de drenaje del empradizado

 A las tradicionales acciones de retirada de piedras y broza del campo de cultivo que eran vertidas al vaso lagunar, este último invierno, se han arado los bordes del arroyo y de la olmeda apurando al límite; también se ha hecho o re-excavado una zanja de drenaje que recoge el agua de la olmeda de pie de monte y también, en el arroyo que vierte directo a la laguna, para así reducir el área inundable, desecándola y aumentando la superficie de cultivo, arando hasta el borde de la zanja, dejando la olmeda lineal final, reducida a su mínima expresión, y retirando maleza y troncos de olmos caídos, hacia la laguna.


A la derecha de la anterior, cultivos hasta el mismo borde del arroyuelo, con su zanja de drenaje, abajo

Solo con ver algunas de sus plantas, como el aquí abundante lirio, Iris spuria subsp. maritima (hoy Chamaeiris reichenbachiana) o la oreja de liebre, Senecio doria (hoy Senecio laderoi), ya tengo información suficiente para saber que este lugar es un fiel testigo de lo que fueron y, aún hoy deberían ser, los ecosistemas húmedos del entorno del Guadiana. El lirio, teóricamente extinto en la cuenca del Guadiana y el senecio, también desaparecido recientemente de sus escasas localidades pasadas, nos dan la idea de lo que es la vegetación de las aguas sin contaminar y la de los cauces inundables.


El lirio Iris spuria, (Chamaeiris reichenbachiana) y detalle de la flor

  A estas especies hay que añadir una buena cantidad de plantas poco comunes y aquí reunidas, como Agrimonia eupatoria, Althaea officinalis, Carex spp., Centaurium tenuiflorum, Cyperus fuscus, Equisetum ramosissimum, Euphorbia hirsuta, Juncus bufonius, Kikxia lanígera, Linum tenue, Lythrum tribracteatum, Ornithogalum umbellatum, Phalaris caerulea, P. minor, Potentilla reptans, Pulicaria paludosa, Rosa pouzinii, Samolus valerandi, Schoenoplectus lacustris, y otras ya más comunes como Asphodelus albus, Epilobium hirsutum, Dipsacum fullonum (cardencha), Juncus spp., Lactuca serriola, L. saligna, Lytrum salicaria, Medicago spp., Rumex conglomeratus, R. crispus, R. pulcher, Scirpioides holoschoenus, Scolymus hispanicus, Trifolium spp., Verbena officinalis o  Xanthium extrumarium entre otras.

  
Las grandes hojas de la oreja de liebre (Senecio laderoi) junto al lirio amarillo (Limniris pseudacorus)
Linum tenue y Samolus valerandi

Este lugar sería un candidato idóneo para llevar a cabo una ejemplar recuperación ambiental de estos ecosistemas. Habría que delimitar dentro de la finca, el terreno a intervenir; por un lado, el de la arboleda, prados y arroyo, y por otro, el de la propia laguna. En la laguna, lo primero sería desescombrar completamente, con cuidado de no llevarse la parte de terreno libre de escombros que posee el humus, plantas de interés y el banco de semillas del suelo.


Tras la retirada de escombros la laguna ganaría en superficie y en profundidad

   La superficie total lagunar ampliaría considerablemente su perímetro, aumentándole para suavizar las pendientes de caída a la lámina de agua y dando margen perimetral para una transición vegetal acorde y suavizar las posibles afecciones del arado de la zona agraria de la finca.


Prado Redondo parece demasiado estorbo para la rectilínea labor de los tractores (Foto: J.M. Hernández)

La recuperación hídrica pasaría por deshacer o suavizar las zanjas de drenaje y la canalización del arroyuelo, para que el agua se desparrame superficialmente y abarca con su humedad, la mayor cantidad de terreno posible, para que riegue la olmeda y una buena superficie de pastizal. El banco de semillas aún se encuentra en el suelo y la recuperación vegetal sería relativamente rápida, cuidando de eliminar las abundantes plantas nitrófilas fruto de la alteración y remoción del terreno, actual o fruto de los trabajos de restauración.


Este rincón atesora un encinar, una olmeda, un buen prado y una laguna junto al Guadiana

Prado Redondo, a parte de la intervención de recuperación, requiere un protección efectiva e inmediata, bajo alguna figura de protección como bien pudiera ser la de Microrreserva, la de Monumento Natural o uniéndola a su entorno, como Paisaje Protegido. Una de las formas de recuperación debería ser a través de intervención colectiva, dirigida por la propiedad, el ayuntamiento de Picón y organizaciones ambientales, educativas o sociales, por medio de una Custodia del Territorio, siempre contando con el apoyo de la propiedad de la finca o en su defecto, con la de su adquisición pública.



Prado Redondo nos ofrece la poco común oportunidad de que en una única localización, se puede mostrar una buena gama de los ecosistemas de esta zona, una auténtica “aula de la naturaleza”, siempre cuidando de no alterar la fauna y los procesos biológicos que dan la vida a estos ecosistemas. Aquí podría mostrarse conjuntamente el encinar, la olmeda, la vegetación dulce-acuícola de arroyos, una buena pradera-juncal y un completo ecosistema lagunar y fluvial, al contar también con la inmediata llanura de inundación del Guadiana y los montes aledaños.



 Toda esta área del noroeste de Ciudad Real capital, cuenta con áreas de importancia natural sin igual, para colmo todas en un más que inestable estado de conservación. Aquí aparecen lagunas de génesis hidromagmática, llanuras de inundación fluviales, elementos geomorfológicos singulares como puedan ser los volcanes o los cortados rocosos cuarcíticos, arroyos con vegetación de influencia volcánica, retazos de mesas calizas delimitadas por la red fluvial, y un buen número de arroyos y lagunillas en buen estado de conservación que merecerían mucha más atención de la que las autoridades han demostrado hasta ahora hacia ellas. 



   Mención aparte merecen los numerosos vestigios históricos aledaños (castillo y ermita de Alarcos, poblado ibérico de Taiba, castillo de Benavente, torre de Galiana, ermita de Sancho Rey, caserón de Santa María, ermita y casas de Sancho Rey, molino de Gaijón, etc.).


Unión del arroyo de Benavente con la llanura de inundación de Alarcos, también usurpada al río. Esta llanura podría ser una de las mejores zonas naturales de Ciudad Real si se recuperaran. Al fondo volcán de Peñarroya

 A los crónicos problemas de ocupación ilegal del Dominio Público Hidráulico que el estado debería estar obligado a recuperar, hay que añadir la intensificación agraria extrema (ej: viñedos de Pagos del Vicario), el exceso y permisividad de usos lúdicos como el motocross o el abundante vertido de escombros en cunetas, bordes de caminos y arroyos, dada la cercanía de la capital manchega.


  Ya va siendo hora de que se ponga freno a la destrucción de un medio natural que parece que los ciudarrealeños no valoran lo suficiente como para defenderlo, pensando en que lo van a hacer quienes les administran. De hecho incluso el recién diseñado Camino Natural del Guadiana, evita pasar por lo mejor de esta arteria fluvial, dando un rodeo, por no entrar en conflicto con los propietarios de las propiedades aledañas al río.


Parte superior de Pradorredondo hacia Fuente Guillén

Yo sigo insistiendo en que podríamos tener el mayor corredor ecológico y uno de los mejores espacios naturales de la península, definido por un Guadiana indómito y desconocido que desde Extremadura, vertebraría con su protección, ya como Parque Nacional o con cualquier otra figura de protección eficaz, hasta las mismas lagunas de Ruidera, pasando por estas tablas fluviales y por las de Daimiel. Sería la manera de aunar toda esa serie de Monumentos Naturales, Microrreservas, L.I.C.s, lagunas volcánicas que bordean su cauce ancestral y cuyo re-nacimiento en los Ojos del Guadiana estamos cercanos a ver, si continúa lloviendo como debe y si comenzamos a regar como se debiera.


Un Guadiana salvaje y desconocido en el occidente de Ciudad Real

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...