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sábado, 27 de septiembre de 2014

Haciendo el bestia por el sur de Gredos


            Hay excursiones en las que, no es que se haga el bruto por el monte, sino que ya se roza el masoquismo. Tampoco ha sido por azar, la intención era llegar al nacimiento de la garganta Lóbrega de Candeleda, cuyo camino desde este pueblo es larguísimo y bastante perdido desde el restaurado puente del Puerto; por eso la idea era ir por la plataforma del Nogal del Barranco en Guisando y saltar hacia el oeste o cuerdear hasta encontrar una bajada fácil a la Lóbrega.

El célebre Nogal del Barranco

            En el Nogal del Barranco aún no dan los rayos del sol, recorremos menos de 100m. de camino y nos despedimos, mi hermano Carlos y yo, de cualquier cosa parecida a un camino hasta nuestro regreso a este mismo punto. Cruzamos el río, la Vertiente de Galayos que baja directamente de esos picos, para coger la Vertiente de Pelayos que viene del oeste. En el punto de encuentro de ambas vertientes se encuentra el famoso nogal, especie de la que afortunadamente se han plantado más ejemplares por las cercanías de la plataforma; también vemos las restauradas casillas o “puestos” de los cabreros, con sus paneles explicativos para la poca gente que viene por aquí, pues todo el mundo sigue el camino que sube y va directamente al refugio Victory, al pie de los Galayos, y a la Mira, el punto superior de este macizo con sus 2343m.


En el arroyo encuentro una boca de dragón de Gredos en plena floración entre los bloques rodados, algo muy poco comúm a estas alturas. Subiendo la vertiente de Pelayos seguimos la sombra de caminejo que ya conocía y que salva los cortados más delicados con bastante habilidad, pero ya está muy perdido. Pasamos los cortados sobre el arroyo un poco por encima de las enormes morrenas del pequeño glaciar que ocupó este fondo de valle y que algo ha alisado su fondo dejando unas pulidas lanchas por las que apenas baja un hilo de agua; creo que estas morrenas marcan la cota inferior de todo el glaciarismo de Gredos.

Primicia: la morrena terminal más baja de todo Gredos

           Acabamos de superar el límite forestal del pinar, un pinar viejo, pero no natural, como se encargan de mostrarnos las escasas encinas y robles agazapados en las fisuras de rocas y paredes, de hecho este lugar se llama el Pimpollar de Manoli (pimpollo: rebollo pequeño). También este es de los pocos sitios de Ávila en que se puede apreciar que el ralo enebral que ocupa la franja final y superior del pinar del valle del Tiétar, en realidad debió de ser en su día un buen encinar, del que solo quedan ejemplares sueltos en lugares difíciles para el fuego o como grandes árboles junto a alguna majada de cabras. (Habrá una entrada sobre los encinares de Gredos).

Enebral-encinar, véase el enebrillo seco y enrojecido por la actual sequía

            Frente a nosotros tenemos las casi verticales paredes, lanchares y picachos que jalonan toda la cara norte del Cabezo del Cervunal, que en caída vertiginosa pasan de los 2089m. de su cima a los 1300m. en apenas 1km. en la horizontal. En su caída orientada al noreste, sobre una vaguada se forman buenas cascadas de hielo conocidas por la élite de la escalada, pero a esas alturas (1600m.), solo se hielan con garantías, en las olas de frío de varios días. Aunque estamos lejos, es fácil adivinar por los colores de sus frutos anaranjados, los serbales que se enseñorean de algunas rocas.

Paredes del Cabezo del Cervuna, arriba en negro el lugar de las cascadas de hielo invernales

            Seguimos subiendo, ya penosamente, por entre los altos piornos, buscando rellanos fáciles de andar ocupados por un cantuesar y helechar disperso, pero a medida que subimos, todo van siendo grandes bolos, rodeados de piorno y el caminar se hace cada vez más fatigoso, hasta llegar al collado de este cordal que hacia la Mira se llama el cuchillar del Amealito, y ya se sabe que cuando en Gredos un cordal se llama cuchillar, es que no hay quien lo ande.

Cuchillar del Amealito, entre la Mira, al fondo, y el collado del Cabezo

            A media subida ya comenzamos a ver los primeros buitres y antes de iniciar la vuelta, nos dimos cuenta de que habíamos visto todas las especies de aves carroñeras de la península, sí, ¡Todas! Al poco de ver los primeros buitres leonados vimos un alimoche, inconfundible con su nívea cola, pero es que antes de llegar al collado vimos la silueta inconfundible de un quebrantahuesos inmaduro y nos dio varias pasada, pues tienen un vuelo ágil y movido.

Arriba derecha un alimoche, el quebrantahuesos volaba más alto y las fotos eran infumables, como se puede apreciar abajo. El parecido entre uno y otro es evidente, salvo en la cola negra del quebrantahuesos.

            Reconozco que me dio mucha alegría verlo, pero que no me extrañó demasiado, pues Rafa Gonsalves me contó que Jesús Charco, coordinador de la reintroducción del buitre barbudo en Cazorla, le había mandado un mapa con los desplazamientos de los quebrantahuesos monitorizados y se veía que la mitad se quedaba en Cazorla y cercanías, y que el resto se acercaban a Sierra Morena y Montes de Toledo, pero en su mayoría se iban a Gredos, aunque luego solían volver a Cazorla. Una hora más tarde vimos la oscura silueta de un buitre negro; los necrófagos al completo, la pena es no haber traído el teleobjetivo.


Por las Galayos ya es posible, con suerte, ver la enorme silueta del quebrantahuesos

        Días después estuve en el Centro del Quebrantahuesos de Asturias, allí me dijeron que les iba muy bien, incluso con ejemplares que venían “solos” de Pirineos, aunque hace unos días recogieron un inmaduro muerto, probablemente herido por un águila real. Me contaron que los adultos se dan la vuelta en el aire y muestran sus enormes garras emplumadas a estas rapaces que enseguida desisten del ataque, pero los inmaduros no tienen aún esa desenvoltura.

El Alto Gredos con el Almanzor al fondo, abajo la Lóbrega y una pedregosa gargantilla

            La cabecera de la Lóbrega hace honor a su nombre, es una garganta angosta a la que le llegan lateralmente un sinfín de gargantillas aún más angostas, mostrando algunas de ellas, señales de glaciarismo y casi todas una parte final inclinada, pero lineal, como de haberse rellenado por miles de grandes bloques en movimiento. Las precipitaciones en esta cabecera puede ser, a falta de estudios que lo concreten, de las mayores de la península pues se trata de un valle en forma de embudo, perfectamente embocado a los vientos del suroeste, los ábregos, que son los responsables del 80% de las precipitaciones en esta cara sur.

El comienzo de la Lóbrega recoge la torrencialidad de un abanico de laderas finales

            A este embocamiento del aire húmedo hay que sumarle el efecto de pantalla orográfica que supone el paulatino aumento de altitud del valle desde los 400m. del valle del Tiétar a los 2343m. del Torreón de la Mira, aunque teóricamente a eso de los 1800-1900m. debería de situarse el punto máximo de precipitaciones, pues a partir de esas cotas, la precipitación también debe ser muy alta, pero las nubes ya empiezan a estar “ordeñadas” y van bajando ligeramente su descarga.

Todas las rocas de una y otra garganta han sido transportada por la fuerza de las aguas recién recogidas

            El panorama ha ganado mucho en paisaje, pero no ha mejorado en posibilidades de andar sin grandes esfuerzos, además se nota que es agosto y que empieza a pegar bien el Lorenzo. Ahora aparecen espolones rocosos y “tors” de bloques que hay que ir superando.


Cervunal en primer término con el Cabezo del Cervunal al fondo

          Algo más adelante encontramos un pequeño cervunal, un pastizal de montaña con su nacedero y pequeña turberilla, algo muy común en la cara norte pero bastante escasos en la sur, de hecho el pico Cabezo del Cervunal recibe ese nombre porque es de los pocos lugares de la cara sur, donde hay un cervunal con “cierta” entidad.

La genciana de turbera en una de sus escasas localidades de la cara sur

            Por fín nos podemos tirar un rato en la hierba y beber algo, aprovecho para ver las plantas del cervunal y ahí están, aparte de las gramíneas Nardus stricta y Agrostis castellana que forman la pradera, Erica tetralix, Campanula herminii, Carex carpetana, Potentilla erecta, la carnívora Drosera rotundifolia, la increíblemente azul, Gentiana pneumonanthe, la pequeña Walenbergia hederacea, la blanca Parnasia palustris, etc.

La drosera muestra que este trozo del cervunal es casi una turbera

            Seguimos hacia el norte sin perder altura a unos 1900m, ya hemos comprobado que no merece la pena bajar al valle, como quería en un principio; nos han faltado un par de horas o una marcha menos fatigosa. Entre las rocas ya vemos las plantas genuinamente oromediterráneas: el helecho Cryptogramma crispa, Murbeckiella boryi, Saxifraga orogredensis, la Centaurea avilae, un endemismo que está desapareciendo poco a poco por la hibridación con su congénere más común Centaurea alba y también, muy recomida por las cabras el Echium, la viborera tan difícil de determinar de este piso bioclimático; todo apunta a Echium flavum, de los prados de siega de la cara norte, pero yo no lo veo ni en hábito ni en ecología.

La endémica y escasa, en la cara sur, Centaurea avilae

            Finalmente llegamos al último cordal sobre la hoya de los Cotriles, que son unos picos que asoman a media altura en la ascensión del fondo del valle hacia La Mira. La vista es majestuosa, parece increíble que tantos arroyos, vaguadas y canales vayan a parar al fondo de esta hoya; la pesadilla o el gran reto para cualquier geomorfólogo. Aquí abajo se reúnen materiales rocosos procedentes de todo tipo de procesos: torrenciales, coladas de bloques, glaciares, caída asistida, etc., en un revoltijo inextricable que debería saber discernir y que ha sido la excusa para hacer esta excursión.

Véase el batiburrillo de acumulaciones de bloques de las más diversas procedencias que rellenan esta gran hoya

            Tomo fotos de las laderas que van a parar a los Cotriles y su hoya; me da cansancio pensar en andar las dos o tres vertientes que tengo que estudiar, pero la verdad es que el recorrido íntegro de la garganta Lóbrega me parece unos de los mejores recorridos de todo Gredos, con el aliciente de que, como no te encuentres un cabrero en las majadas bajeras, no verás a nadie en todo el día. Aquí se halla también el mayor enebral de todo Gredos que une esta garganta y la cabecera del Arbillas, espeso y en algunos puntos con encinas, como dije antes.

El risco Pelucas con sus buitreras, junto con las del Fraile, las más altas de Europa

            Decidimos subir a la cuerda del Cuchillar del Amealito, algo más abajo de la famosa peña del Chocarrón, un clásico reto para escaladores, pues a pesar de su escasa altura, por cualquier via hay que pasar un extraplomo y para bajar hay que hacerlo de tal manera que se pueda recuperar la cuerda. Llegamos a una portilla a partir de la cual empiezan las Cuchilleras y hemos tenido suerte, la bajada es dura, pero muy factible, nos quedan más de 300m de bajada hasta los riscos del Jugaero y luego por el tendido valle del helechal hasta la vertiente de Galayos.

Descenso del el collado de las  Cuchilleras hasta la plataforma del Nogal del Barranco

        Desde aquí arriba hay unas buenas vistas de los Galayos, aunque no se ve desde donde arrancan las agujas. No sé si esta localidad ha sido la que ha dado nombre a la forma, un tramo o cordal de agujas ya directamente se denominan galayos, al igual que un yelmo es una gran roca convexa pero de cima curvada.

El risco del Águila y las Berroqueras, la parte inferior del cordal de Galayos, al fondo el Torozo y el Cabezo.

            Da gusto ver a las cabras salir corriendo a distancia, como dice Carlos, son cabras “no contactadas”, de las que tienen miedo, no como las de la laguna grande o las de cerca de la Plataforma. Aún así se nota mucho la presión sobre las plantas, aunque con suerte logramos ver unas cuantas matas más de boca de dragón de Gredos, unas en su típica posición, colgando de paredes verticales, y otras entre el pedregal de los torrentes.

La endémica boca de dragón de Gredos entre los cantos rodados del Pelayos

            Con mucho esfuerzo vamos llegando a la vida forestal tras atravesar un enorme pringoso helechal que rezumaba una pegajosa sabia que te dejaba los pantalones sucios y las manos pegajosas. También nos llamó la atención la gran cantidad de pequeños enebros de color rojo anaranjado, parece que estos tres buenos años anteriores crecieron, pero que ahora no han podido aguantar la sequía que arrastramos desde mayo. 

Tras las birras con limón del chiringuito de la plataforma nos quedamos como aquí el amigo


        Poco más tarde llegamos a reponer líquidos al chiringuito cercano a la plataforma.






jueves, 23 de enero de 2014

Las morrenas terminales del glaciar de La Nava en Gredos


           La Nava es un pueblo serrano situado al sureste de Barco de Ávila donde confluyen un par de gargantas que tuvieron importantes aparatos glaciares, amén de otros glaciares menores tributarios de éstas. Ambas gargantas vienen de las nieves acumuladas en el macizo de La Covacha (2.395m. segunda cumbre extremeña un par de metros por detrás del Torreón). La mayor y más occidental es la garganta de Galín Gómez, al noroeste de la Covacha y tras un largo recorrido deja sus morrenas terminales poco antes de la unión con la otra gran garganta, la de La Nava que recogía los hielos que se formaron al noreste de La Covacha.

El cordal del fondo separa las gargantas de la Nava (izquierda) de Galín Gómez (derecha)

            Ambas gargantas tienen dos buenas lagunas en sus cabeceras, la de La Nava y la del Barco, ésta la segunda mayor de Gredos después de la del Duque, cercana pero por algunos adscrita a otra sierra, la de Béjar o Candelario, aunque hablando en propiedad se trataría del Macizo Occidental de Gredos. En este mismo macizo de la Covacha y orientado totalmente al este (muy raro en Gredos), existe en un valle interminable, con otra bellísima laguna que es la de los Caballeros, a poco más de un km. lineal desde la de La Nava hacia el sur-suroeste. En este macizo tiene lugar la prueba de sky más clásica del centro peninsular, la Carrera de Los Tres Circos (Caballeros-Nava-Barco), realizada desde antiguo por el Club Alpino Madrileño.

Gama de morrenas terminales. Al fondo la sierra de Béjar o macizo occidental de Gredos

            Una morrena es una formación de rocas y materiales acumulados en el frente y laterales de un glaciar que, a modo de pala de bulldozer y debido al empuje de la enorme masa de hielo en su avance, va arrancando esos materiales de la base y laterales del valle, dejándolos enmarcando su recorrido, a partir del punto en que empieza a depositar su carga lateral, y al final de su recorrido. Posteriormente sigue una retirada del hielo, y si existe otro ciclo de frío, se vuelve a través de toneladas de nieve a generar hielo, que se acumula y pesa, deslizándose de nuevo por las laderas arrastrando y erosionando de nuevo todo a su paso.

Claro surco del glaciar de la Nava con sus dos morrenas laterales

            El estudio que estamos llevando a cabo, un equipo de geógrafos de la Universidad Complutense, va a intentar datar las diferentes morrenas terminales del glaciar de La Nava, para determinar como ocurrió la deglaciación, con sus diferentes retiradas y re-avances glaciares. Fácil de apreciar en todos estos glaciares gredenses porque todos finalizan en un conjunto de entre cinco y ocho arcos morrénicos frontales. Solo unos pocos valles muestran claramente morrenas intermedias o pequeñas morrenas tardías.

La morrena terminal está llena de bloques redondeados arrancados del superficial manto de alteración inicial

            El método de datación es bastante complejo e incierto, pues se trata de buscar entre los numerosos bloques aquellos que más tiempo hayan estado expuestos a la atmósfera, en concreto a la radiación cósmica y en función de la proporción de determinados isótopos es posible calcular su edad de exposición. Es complicado localizar los bloques ideales, que no hayan basculado ni hayan estado tapados; al tiempo hay que arrancar un trozo de su superficie a base martillo y escoplo, lo que siempre es muy laborioso.

Eligiendo el bloque y la muestra ideal

            El aparato glaciar de la Nava se inicia en un hermoso lugar, el Corral del Diablo, un circo bastante cerrado con una gran laguna originada por la sobre-excavación glaciar y ligeramente recrecida a principios del pasado siglo. Como bastantes valles glaciares de Gredos tiene una cabecera un tanto extraña para aquellos que conocen los clásicos glaciares alpinos que rematan en unas agrestes y escarpadas laderas, creadas por la propia acción de los hielos. En esta garganta el remate final tiene una empinada ladera orientada al este, mientras que las orientadas al norte y al oeste, son unas suaves lomas cubiertas de piornal.

La laguna de la Nava, al este una empinada y rocosa ladera frente al suave piornal cimero del este.

            En todo Gredos queda muy claro que las orientaciones al este son las que registran las mayores acumulaciones de nieve debido a que la circulación general de la atmósfera registra (y también la hizo en el pasado máximo glaciar), la mayor parte de las precipitaciones de procedencia atlántica. Por esto las ventiscas acumulan la nieve, que posteriormente se va apelmazando y convirtiendo en hielo al aumentar su cantidad, en las laderas orientadas al este; además el sol matinal siempre actuará con menor intensidad sobre la nieve que el sol de la tarde.


Final morrénico de Galín Gómez, se pasa de un valle en "U" a un valle en "V"

            Este valle tiene un buen camino que muestra toda la gama de formas que la geomorfología glaciar (el hielo y su posterior deshielo es quien  las crea) y periglaciar (quienes las crean son los ciclos diarios o estacionales de hielo/deshielo) pueden formar en estas montañas. Al poco de introducirnos en el valle vamos recorriendo el final de los diferentes arcos morrénicos, algunos claros y otros deshechos en grandes acumulaciones de bloques redondeados, para posteriormente andar por los llanos prados, seccionados por la garganta que ha erosionado estos materiales poco cohesionados,llanura que es una terraza fluvio-glaciar en ligera rampa desde la apertura del valle pero perfectamente plana.

Las fuertes heladas van congelando los cervunales a pesar de la poca lluvia caída este otoño

            En los laterales del valle vemos al pie de los escarpes magníficas pedreras, de bloques de todos los tamaños, esta vez llenos de aristas, arrancados de la roca por la explotación de las fisuras por el hielo. Vemos según subimos varias cubetas de sobre-excavación glaciar, pretéritas lagunas ahora ocupadas por pastos de cervuno y cerrados aguas abajo por umbrales rocosos perfectamente pulidos, son las rocas aborregadas.

Poza alojada en un estrecho canal sub-glaciar

            La garganta se encajona en la roca dejando unas muy buenas pozas, se trata de canales sub-glaciales. En una ladera se puede apreciar un surco o cicatriz en la ladera producido por una impetuosa bajada de una masa mixta de agua, suelo y rocas, tan rápida y erosiva que ha dejado un canal flanqueado por líneas de rocas y que acaba desparramado en lóbulos de rocas al final de su recorrido, es una corriente de derrubios, más conocido en inglés como debris flow.

Canal producido por el recorrido de un debris flow con sus levées laterales

            En un tramo llano, entre umbrales rocosos de la garganta, vemos el jaleo de canales y depósitos fluvio-torrenciales debido a bajadas impetuosas de aguas tras fuertes episodios lluviosos combinados o no, con los deshielos. Esto deja un cauce caótico lleno de bloques movidos y crestas de bordes de corrientes, con una gama de tonos desde los grises a los más blancos, que son los más recientemente removidos.

Céspedes almohadillados o hummocks debidos a la congelación bajo un cervunal con dinámica solifluidal

            El camino en lo más rocoso se pega a las paredes y muestra el buen hacer de quienes lo empedraron. Bajo algunos resaltes rocosos hay buenas muestras de megaforbios, formaciones vegetales que requieres de frío, sombra, humedad y mucha materia orgánica para prosperar; aquí se dan plantas nórdicas poco comunes al sur de los Pirineos, plantas de grandes hojas como la calabacera Adenostyles alliaria, el acónito amarillo Aconitum vulparia, el vedegambre Veratrum albumStreptopus amplexicaule, uva del diablo Paris quadrifolia y grandes helechos norteños entre otras.

Rincón megafórbico, con helechos, angélicas, acónitos, streptopus, hipéricos, etc.

            En alguna pared podremos ver la boca de dragón de Gredos Antirrhinum grosii, una planta antaño corriente pero que las cabras están relegando a las paredes lejos de sus dientes. Desde aquí abogo por que permitan el retorno de los lobos a Gredos y no sean abatidos los escasísimos individuos que por allí pululan, como hasta ahora, será bueno para todos, incluso para los cada día más vagos rebaños de montesas, para todos  menos para los ganaderos más vagos, aunque probablemente se les subvencionarán sus escasas pérdidas.

La cada día más escasa boca de dragón de Gredos (Antirrhinum grosii)

            Al parecer el rellano inferior de la laguna de la Nava acogió una lagunilla en su seno que fue colmatada por las rocas en la desastrosa ruptura del inicial dique de piedra que se hizo, teniendo que rehacerse con posterioridad en mejores condiciones que la primera.
            Toda esta parte occidental quizás sea de lo menos conocido de Gredos a pesar de contar la misma espectacularidad del área central de la laguna de Gredos y Cinco Lagunas. La Nava y Galín Gómez están algo más transitadas pero la infinidad de valles laterales y otros valles como La Serrá o San Martín apenas tienen visitantes fuera de los escasos pastores.

Morrena adosada a una ladera formando un "barquillo"

            Yo estoy ya muy unido sentimentalmente a esta sierra y me duele verla, a veces tan turisteada, aunque la mayor parte de la gente sea estupenda. Siempre recordaré una vez apagando un incendio de piornal junto a los Barrerones, con una buena cantidad de domingueros que pasaban hacia la laguna Grande, por el camino sin pararse a ayudar o mirando sin entender que se necesitaba su ayuda, hasta que acudieron dos pastores del prado de las Pozas y pudimos controlar el fuego.

La Nava, el valle del Tormes y delante de la sierra de Villafranca y la Sª de Ávila al fondo a la izquierda

            Hay mucho Gredos, desde la sierra de Ávila hasta el Piélago (Sª al sur del Tiétar), desde Hervás hasta el Tiemblo, no quiero hablar siquiera de la cara sur y su enorme cantidad de gargantas no aptas para cobardes. Afortunadamente se necesitarían varias vidas para conocer todos los rincones que encierra Gredos.

            Espero que los estudios de las morrenas de la Nava sirvan para desvelar claramente como se produjo una deglaciación plagada de incógnitas y congeturas.

lunes, 21 de enero de 2013

Las Pedrizas



           Pedriza o casquera es el nombre dado a las grandes superficies de bloques de diversos tamaños que se acumulan al pie de las laderas cuarcíticas de toda la región centro-suroccidental de la península. Estas formaciones detríticas de acumulación de clastos de caída gravitatoria no son exclusivas de las cuarcitas, pues  por supuesto, se dan en cualquier formación rocosa, más conocidas por pedreras. Pero es en las cuarcitas donde aparecen con mayor frecuencia y extensión, incluso mucho tiempo después de haber desaparecido los procesos geomorfológicos y las crestas rocosas que las originaron, caracterizando fuertemente los paisajes de los montes de los que se enseñorean.
Se puede apreciar que ya ha quedado rota hace tiempo la comunicación entre la pedriza y su área fuente

            La cuarcita probablemente sea la más dura e inalterable de todas nuestras rocas, pero esa rigidez hace que no sea capaz adaptarse al tira y afloja del juego de las tensiones internas y las fuerzas tectónicas, y que se fracture con relativa facilidad siguiendo las líneas de un diaclasado casi ortogonal que irá generando bloques de prismáticos a piramidales.
La cuarcita da toda la gama de tonos entre el rojizo y los ocres

            Las crestas cuarcíticas al ser tan duras permanecen poco alterables y expuestas a los agentes erosivos sin apenas retroceso, aunque esos mismos agentes afecten fuertemente a otras capas de materiales más débiles acompañantes de estos estratos, tales como pizarras o areniscas que con su merma continua por erosión y por la acción fluvial, no hacen sino resaltar cada vez más esas crestas. 


Ladera de solana en Montes de Toledo con una pedriza generalizada en toda la ladera

            Sobre las crestas de cuarcita, en los inviernos y principalmente en el último periodo glaciar, actuó fuertemente la crioclastia, fenómeno por el cual el agua retenida en las grietas de la rocas va acuñando esas rendijas por medio de los diversos ciclos de hielo/deshielo (diarios, estacionales o de larga duración), hasta provocar la rotura y caída de diversos tamaños de bloque.
Muchas veces la únca vida que podemos encontrar en las pedrizas son los líquenes

            Estas formaciones tienen su origen por el conjunto de procesos englobados en la llamada geomorfología periglaciar, es decir aquellos procesos relacionados con la acción conjunta o sucesiva del hielo y del agua. Estos procesos fueron concretados tras estudiar la más clara acción de la geomorfología glaciar, es decir aquella relacionada exclusivamente con la acción del hielo (y en muy escasa medida con la del agua), por lo que al estar en la órbita y cercanía de lo glaciar, se denominó geomorfología periglaciar, mucho más presente y activa en la península que la glaciar.

Por lo común, esas acumulaciones eran objeto de posteriores movimientos de ladera en masa. El proceso más normal era la de la formación de un cuerpo de masa helada de agua y roca que hacía posible un movimiento deslizante conjunto de parte de la formación, también a menudo estas acumulaciones se producían sobre materiales finos, como limos o arcillas que originaban un movimiento similar al anterior, al cargarse de agua y poder fluir por el peso de la formación rocosa, y otro tipo de movimientos, siempre potenciados por la inclinación de las laderas y por el aumento de la carga de materiales en la cabecera.

            La dureza de la cuarcita hace que se mantenga por siglos inalterable a la meteorización o la acción de la vegetación, permaneciendo casi inalteradas milenios después de haberse formado. Solo por sus bordes la acumulación de materia orgánica hace que se le sobreponga un nivel de suelo que con el tiempo va engrosando y alterando con mayor efectividad esta dura roca.
Durante siglos el agua ha ido abriendo esta oquedad e incluso puliendo unas fisuras paralelas

            La distribución de las cuarcitas coincide, en toda la zona central española, con el llamado macizo ibérico, el verdadero corazón paleozoico peninsular, sobre el que se depositaron también los sedimentos más modernos de las cuencas de los ríos Duero, Tajo, Guadiana y parte de la del Guadalquivir, siempre en sus áreas occidentales. También asoman dentro de esta región materiales graníticos como los del Sistema Central y los de zonas bajas de los Montes de Toledo, Pedroches y "las arribas” del Tajo y Duero.
Grandes pedreras de bloques de gneis en el Guadarrama

            Ya perimetralmente al macizo ibérico, asoman por el norte las cuarcitas en amplias zonas del oeste asturiano y leonés, albergando curiosas, abundantes y poco conocidas formaciones rocosas en sus zonas más altas, como son los glaciares rocosos y las morrenas de nevé. También aparecen en la zona central del Macizo Ibérico en Soria, Cuenca y Teruel. En la serranía del Albarracín se encuentran las mayores pedrizas de Europa, lo que ya es una atracción turística en los llamados “ríos de piedras”.
Desde el interior de una morrena de nevé se ve un glaciar rocoso (lengua verde de izquierda a derecha) en cuarcitas de la Cantábrica

            Pero donde realmente destacan las pedrizas, es en los paisajes de las numerosas serretas de cuarcitas armoricanas del ordovícico, que van desde los Sierra Morena hasta Montes de Toledo, y desde éstos a Peña de Francia en los macizos occidentales del Sistema Central, cordillera que ambos extremos (Hurdes-Gata / Ayllón-Alto Rey), pierde la condición de granítico-gnéisica para hacerse cuarcítico-pizarrosa. Esta región occidental prácticamente coincide con la conocida en biogeografía como subprovincia Luso-Extremadurense.
Poco a poco, con mucho tiempo la pedriza se va estabilizando por la vegetación

            La vida sobre las pedrizas no podría ser más cruda para las plantas, dada la ausencia de materiales finos entre los bloques, por lo que apenas hay suelos superficiales, si bien muchas veces a quien logra prosperar en ellas, será muy difícil de erradicar. En los Montes de Toledo a las grandes pedrizas se les llama las “madres del agua”, esto ocurre porque bajo el manto de bloques se encuentra un sustrato de materiales finos, cargados de humedad y protegidos de la intemperie por los bloques superiores. 

            Cuando una semilla de árbol a arbusto germina entre los bloques y llega a esa capa, tiene muchas posibilidades de llegar a viejo, pues va a tener suficiente alimento, humedad y muy poca competencia. Además estas formaciones son uno de los mejores cortafuegos que existen, por lo que los mayores árboles de estos montes, suelen estar en los bordes o en el interior de las pedrizas.
Un enorme y viejo quejigo en una pedriza de los Alcoba de los Montes (Ciudad Real)

            También para los animales son un buen refugio dada la cantidad y variedad de oquedades, siendo un lugar típico de cría y escondite. En el norte  es el clásico lugar donde crían o en el que se esconden los lobos en las batidas, pues no hay quien ande por ellas y los perros apenas pueden seguir un rastro sobre las pedrizas.
Las peonías denotan una escasa potencia del horizonte de bloques

            Entre las pocas plantas que colonizan estos medios suelen encontrarse las plantas de sustratos móviles (saxícolas), alguna planta de las paredes rocosas (rupícolas)  y plantas de lugares donde se acumula materia orgánica (nitrófilas). En el conjunto de pedreras de otras litologías, en medios de alta-media montaña, existe una especializada y rica vegetación, plagada de endemismos en los ambientes más alpinos o sobre sustratos poco comunes, llegando a su extremo en sustratos dolomíticos. Pero sobre las cuarcitas, dada la escasez de materiales de pequeño tamaño y de suelos, apenas existen unas pocas plantas interesantes.
La dedalera (Digitalis mariana), una rupícola que coloniza el arranque de algunas pedrizas

Usualmente en las pedrizas de cuarcitas aparecen plantas de taludes como la acedera (Rumex induratus) y plantas de las cercanas paredes como ocurre con el clavel de roca (Dianthus lusitanus), botones azules (Jasione mariana y J. tomentosa) y dedaleras (Digitalis mariana, D. thapsi y D. heiwoodii), pero las plantas más corrientes suelen ser el ombligo de Venus (Umbilicus rupestres) y el geranio de roca (Geranium lucidum). A veces aparece alguna saxícola interesante como bocas de dragón (Antirrhinum graniticum), armerias (Armeria villosa, A. genesiana o A. alboi) e incluso a veces el raro cardo (Eryngium tenue).

Eryngium tenue en pedrizas cuarcíticas de umbría de las estribaciones de los Montes de Toledo

            Lo más normal es la presencia de gran variedad de árboles y arbustos que han prosperado al abrigo de los bloques, como el cornicabra, los majuelos, encinas, robles o quejigos. Es notoria la dependencia de este tipo de sustratos de los bosquetes de acebuche en las solanas, a no ser que sea una pedrera profunda, entonces no hay árbol que enraíce.


           Por el contrario en las umbrías húmedas, al pie de pedreras de montes de Toledo y las Batuecas, es notoria la presencia de raras especies eurosiberianas o relícticas como el tejo (Taxus baccata, el mostajo (Sorbus aria y S. torminalis), el acebo (Ilex acuifolium), el abedul sureño (Betula alba subsp. fontquerii var. parvibracteata), incluso al este de Peña de Francia se encuentra en medio de una pedriza la única y vetusta haya del occidente ibérico.
La riqueza de cornicabras es mucho mayor en las pedrizas que en el resto del monte

            Las pedrizas no son formaciones en peligro pero sí son sensibles a actuaciones de carácter minero sobre ellas, bien para obtener “balasto” para empedrar carreteras o peanas de vías férreas; también a veces se remueven para obtener los fértiles suelos que se encuentran bajo ellas.


Las pedrizas ocupan la parte media-baja de las laderas al pie de los cantiles

           Un alto porcentaje de pedrizas se encuentran en grandes fincas cinegéticas que trazan pistas con maquinaria pesada sobre ellas, bien para crear cortafuegos, tiraderos o pistas, provocando cambios en la circulación de las aguas de escorrentía que profundizan las brechas abiertas haciendo desaparecer los suelos subyacentes ladera abajo, aparte de destrozar grandes y hermosos paisajes por el adefesio de montes rayados de líneas rectas de un lado para otro de los montes.

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