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domingo, 6 de julio de 2014

Ruta por la Vegetación climácica de los Yesos


Hace poco organicé con Darío, por fin, una ruta planteada varios años atrás, un paseo por una de las zonas mejor conservadas de los yesos de la cuenca  de Madrid. El aljezar, (el yesar en árabe), aquí se encuentra en todo su esplendor, esas teóricas catenas de vegetación que se explican en los libros aquí se ven claramente. A diferencia de otros lugares, aquí el yesar se muestra en toda su variedad, desde la más pelada costra de líquenes hasta espesos rodales de encinar.

Costra liquénica, espartos, jarillas y encinar de fondo

                Coincidimos unos cuantos aprendices de botánicos, algún bichero y tres blogueros (Javier, Juanjo y el que escribe), y la excursión, a pesar de estar curtidos en estos medios, no dejó de sorprendernos, incluso a  mí, que he venido varias veces a preparar la ruta. A pesar de los calores, de la logística y de las numerosas garrapatas que se abalanzaban sobre los que iban en cabeza haciéndoles acelerar el paso, con lo que acabamos en una marcha bicéfala, salió una ruta redonda en todos los aspectos.

Tras pasar estas orzagas y herbazales, muchos ya iban cargados de garrapatas

                 La ruta se realizó siguiendo un arroyo que va desde el estrato superior calizo pontiense que corona el mioceno de la llamada Cuenca de Madrid, hasta el río Tajo, de yesos ricos en sales y suelos aluviales. El plan inicial era continuar por la otra orilla, en tierras toledanas, para visitar alguna salina, pero ya era mucho andar. A pesar de estar en Madrid, fue una excursión manchega, pues más de medio  Madrid, manque les  pese a algunos, es Mancha manchega.

Los yesares del otro lado del Tajo tienen otro aspecto, más salvaje y rojizo

        En esta región hay dos buenas representaciones de ecosistemas casi desaparecidos del resto de la comunidad madrileña, los encinares bien conservados sobre yesos y los albardinales. En Madrid sí hay buenos encinares, pero mayoritariamente prosperan sobre materiales calizos, y el albardín (Lygeum spartum) si antaño fue abundante, hoy solo aparece de manera puntual y testimonial.

Probablemente el mayor albardinal (Lygeum spartum) madrileño

                Este año, a estas alturas, ya está todo achicharrado, pero aquí en los yesos, muchas de las plantas tienen carácter termófilo y esas, siempre florecen más tarde, así pasaba con unas de las plantes dominantes del jabunal, el tomillar gipsícola con jabuna (Gypsophilla struthium), las jarillas de los yesos, la llamada jarilla de escamas (Helianthemum squamatum) y la mayor y más térmica (H. syriacum); la retama de bolas está en su punto llenando de su fragancia tramos del camino.

Jarilla de hojas de lavanda (H. syriacum) derecha  y de escamas (H. squamatum) izquierda. 

                Para estudiar el aljezar, no es que haya que saber árabe, pero sí hay que mantener y no dejar que caigan en el olvido, la gran cantidad de palabras heredadas de nuestros mayores que se están perdiendo en medio de tanta modernidad y falta de aprecio por nuestros ecosistemas más cercanos. Fitotopónimos como: calaminar, albardinal, fenalar, sapinar, jabunal, atochar, arnachos, orzagal, jabunal, lastonar, almorchinar, etc., son formaciones vegetales presentes en el aljezar, y como dice Salvador Rivas-Martínez, en España hay más nombres de formaciones vegetales que de los mismos vegetales que las forman.

Ontinar (Artemisia herva-alba) abajo y atochar (Stipa tenacissima) arriba

               Comenzamos la  caminata dejando la vega, con huertos, sembrados y barbechos a mano derecha y el encinar, más o menos aclarado, a la izquierda; en algunas vaguadas la cobertura es casi total. A la sombra del encinar apenas crecen algunas lianas, esparragueras y algún jazminorro. Al otro lado, muchos  campos llevan varios años de barbecho y se van naturalizando; el arroyo apenas conserva vegetación riparia dado el ajustado aprovechamiento de los cultivos, aunque en algún momento aparecen restos de olmedas, tarayes y cañaveras de Arundo donax, para tutores y tomateras. Aguas abajo el arroyo se naturaliza, llenándose de orzagas (Atriplex halimmus) y tarays.

Costra, espartal, fenalar, orzagal y encinas sueltas en un valle sin transformar demasiado

                Surge con Javier la discusión de cuál es la clímax de los yesos, él no duda de un espeso bosque que iría de las olmedas del arroyo a los encinares y quejigares de las laderas. Para mí estaría muy cercana a lo que vemos, encinares más espesos en la umbría y dispersos en la solana, alternándose con coscojares y efedras; con albardinales en los vallejos, donde a más humedad aparecerían los orzagales seguidos de los tarayales (Tamarix canariensis), olmedas y quizás en las vaguadas casi endorreicas y meandros del valle principal, pequeños saladares con su vegetación halófila.

Espartales, albardinales abajo, encinares en umbría y jabunal-espartal en solana

La aridez, las sales y los venenosos sulfatos no dan para muchas alegrías forestales, aunque sí podría ser con suelos orgánicos, difíciles de conseguir y mantener. Por eso pienso que en su día el bosque sería más variado, más parecido al de cercanas áreas calizas, habría quejigos y algunos arces en las umbrías, y probablemente tendríamos un bosque mixto de encinas y pinos carrascos, con Juniperus de varios tipos (por esta región llegan a aparecer puntualmente J.thurifera, J. phoenicea y más común J. oxycedrus.

Encinar con un gran pino carrasco aislado, no lejos está el Pinar de la Encomienda

   No hay que olvidar que estamos a poca distancia del Pinar de la Encomienda, donde aparte del pino aparecen casi todas las especies forestales y arbustivas de la región con un séquito que da fe de su naturalidad. Actualmente un alto porcentaje de todas las laderas del Tajo han sido y están  siendo repobladas con este pino, cuestionable, porque no suelen respetar el medio donde se implantan, a veces incluso levantan chaparras en progreso, al pasar el subsolado, que sirve para recoger más humedad para los plantones pero que destroza el monte, dejando casi de por vida, esos surcos y caballones en curvas de nivel.

Pinos colonizando poco a poco laderas, afortunadamente, sin roturar

La gente empieza a calentarse tras las lentitudes iniciales, el valle se va poniendo más salvaje y mucho menos humanizado según bajamos. Vamos viendo todas las plantas de los yesos y sobre todo comenzamos a disfrutar con la  visión, casi marina, de los grandes albardinares llenando las amplias vaguadas que van a dar al arroyo principal. Antes era común, ahora casi todos los fondos de valle en comarcas yesíferas, son cultivos cerealísticos o de regadío, con sus arroyos convertidos en rayas.

Arriba el esparto y abajo, como un brazo de mar, el esparto fino o albardín

No falta el ambiente salino y de hecho van apareciendo sus protagonistas, vemos varias matitas de Plantago maritima, el escaso y “protegido” Lepidium cardamine. Este es un tipo de albardinal que Jesús Izco en su famoso y lamentablemente descatalogado “Madrid Verde”, daba casi por común, y para no contradecirle, apareció otra famosa “joyita” botánica madrileña, el Senecio auricula que seguro que los que deberían velar por su protección, probablemente no sepan que aún existe en esta Comunidad tan regañada con su naturaleza.


El albardinal salino completo: Lygeum spartum, seco Senecio auricula, abajo izquierda Lepidium cardamines 

      Este hallazgo no nos lo esperábamos  a pesar de estar “previsto” en un todo buen albardinal, otra interesante planta salina, junto con Suaeda splendesn fue la rastrera Frankenia pulverulenta.

Botánicos adorando la rastrera Frankenia pulverulenta como si del becerro de oro se tratase

Como nos hemos juntado un grupetto todoterreno, vamos viendo insectos, hongos, un lagarto que tras ver el par de perros decide subirse a un  alto olmo fané; al rato oímos un reiterado quejido, uno de los perros tiene entre sus fauces el cuello de un corcino, no se sabe quién tiene más susto, si el corzo o el perro al ver que le perseguimos para obligarle a soltar su presa.

Lagarto ocelado encaramado a lo alto de un olmo seco

          Afortunadamente el pobre corzo se largó saltando por la alta hierba a la espesura del arroyo. Otro disgusto fue ver recién atropellado a un eslizón, aún no he conseguido ver uno vivo, siempre los he visto como ahora, una lagartija de cristal, brillante y tornasolada, pero muerta.

Ephedra dystachia, ni tan fina como E. nebrodensis ni tan gruesa y gris como E. fragilis

En el recorrido vemos las tres efedras, por una vez no discutimos sobre la menos común Ephedra dystachia, solo con compararla vemos claramente los tallos algo mayores que en E. nebrodensis. Seguimos viendo cosas interesantesBupleurum ramossisimus y Dorycnium gracile, también de carácter salino y según Flora Ibérica inexistente en  Madrid.

Insólito, la liana riparia Cynanchum acutum, planta de la mariposa monarca, creciendo en la costra liquénica

      Al igual que Ignacio López Colón viene demostrando que cada planta del aljezar tiene su insecto  específico, algo similar ocurre con las plantas parásitas del género Phelipanche,  bellezas algo similares, pero cada una eligiendo una especie, el año pasado ví Phelipanche resedae, parasitando al gran endemismo Reseda suffruticosa, ahora le toca el turno a P. portoilicitana con su Centaurea hyssopifolia, en Rivas Rubén encontró al P. georgii-reuterii sobre Lepidium subulatum, y todavía quedan unas cuantas más por ver.

La pequeña Orobanchacea Phelipanche portoilicitana parásita de la Centaurea hyssopifolia

No es menos interesante la “costra liquénica”, una cuasi-vegetación exclusiva de la dureza ambiental de los yesos, aquí la riqueza y cobertura de los líquenes supera con creces a la flora vascular, pero las plantas que aparecen son verdaderos especialistas que solo se dan en el aljezar.

El bello especialista de lo más crudo de la costra, Teucrium pumillum

     Su  gran especialista, embajador de otros congéneres suyos del sureste ibérico es el Teucrium pumillum, acompañado por el tomillo de Aranjuez Thymus lacaita, Launaea fragilis y anualitas como Ziziphora hispanica o Campanula fastigiata.


Resedas en primer plano: R.stricta y R. suffruuticosa

      En los abundantes taludes y cortados abunda la Reseda suffruticosa y la boca de dragón Antirhinum graniticum. Hay algún tipo de vegetación que no había visto antes como la perfecta comunión del espartal con el romero, salpicado con algunas encinas y efedras.

La gran reseda sufruticosa, uno de los más bellos endemismos gipsícolas del centro peninsular

Finalmente, al acercarnos al Tajo vemos formaciones de conglomerados, en cotas altas llenos de plantas gipsícolas y más cerca del río con algunas plantas menos afines. Aparecen   estratos inclinados de cantos más gruesos o de arenas. Poco más adelante, para contrarrestar el calor del mediodía nos esperaban los verdores del Tajo con su fresca vega y el impresionante azud de Buenamesón, donde dimos por finiquitada la excursión con un buen sabor de boca en todos los paladares.

                

lunes, 31 de marzo de 2014

El Bajo Jarama en Invierno

   


         El río Jarama es uno de los mayores ríos del centro peninsular, hace años era tan temido que ningún municipio se asentó en sus orillas. Su fama no era figurada, en su haber contaba con un exceso de cadáveres que pocos ríos se pueden adjudicar. Sus riadas eran famosas al igual que sus cambios en el cauce, con sus nuevos meandros, con su socavamiento de paredes y con sus salvajes avenidas.

Playa de cantos de todo tipo de procedencias con su vegetación asociada (Andryala ragusina, Scrophularia canina, Sedum album, Alkanna, etc.)

            En los últimos años su cauce está tan regulado, sus orillas tan explotadas, sus aguas tan usadas, aprovechadas y contaminadas que ha perdido el carácter salvaje e impredecible que siempre le caracterizó. Pero ahí está y en cualquier momento puede volver a demostrar el tipo de río que siempre ha sido y este año y otros más, ha estado a punto de demostrarlo.


             A mitad de siglo pasado se estimó que en su cuenca media-baja, se encontraban las mayores reservas europeas de gravas y cantos, por lo que ha sido un río de terrazas super-explotadas para la extracción de áridos, dejando como buen recuerdo, en muchos casos, unas lagunas que pronto han sido ocupadas por una naturaleza desbordante. 

Lagunas de graveras como las del Picón de los Conejos jalonan su curso bajo, es el Parque Natural del Sureste madrileño

      En otros casos han servido para tapar las vergüenzas madrileñas, lagunas escombreras, lagunas hiper-contaminadas como la "del Aceite" que continúa siendo la otra gran vergüenza de las autoridades medioambientales de la Comunidad madrileña, después del espectacular destrozo de Centro de Transportes de Coslada, donde se arrasó su única y privilegiada vegetación. Esta laguna es un verdadero cóctel explosivo de todo tipo de sustancias químicamente peligrosas; también hay alguna llena de automóviles.

Laguna de El Campillo al atardecer invernal

            El río Jarama tiene una cuenca enorme al recibir a grandes e importantes tributarios como son el río Lozoya, el Manzanares, el Tajuña y el río Henares, que prácticamente viene de Soria, por eso no es nada extraño el poderío de este río que desde hace muchos años, parece que en lugar de desembocar en el Tajo, cerca de Aranjuez, es éste quien desemboca en el Jarama.


1946
1956
Duras variaciones del Jarama en lo que hoy es la laguna de Campillo, inexistente en esos años. Abajo-izquierda, el famoso puente de Arganda

         La cuenca del Henares es tan variada que en sus orillas se pueden encontrar todos los materiales pétreos posibles en la península, los granitos y esquistos del Guadarrama, las pizarras y cuarcitas de Ayllón, las calizas de Valdelaguna, los yesos rojos de Uceda, los alabastros de Jadraque, sílex, etc., por no hablar de los deleznables materiales de las zonas bajas que más que ser arrastrados, son disueltos por el agua, como arcillas, sales y yesos.


          La parte baja del río atraviesa los yesos del sureste madrileño, material muy deleznable y que el río, a lo largo de su historia se ha encargado de ir erosionándolo y hacer retranquear sus impresionantes cantiles que es una morfología típica de estos yesos masivos y fallados.

Este impresionante desprendimiento hizo cambiar el lineal curso del Jarama para rodearlo

             Las paredes van retrocediendo, no como paredes inclinadas que van perdiendo poco a poco su verticalidad, sino por una sucesión de derrumbes paralelos a esa paredes, de las que se van separando paquetes generados por fisuras de descompresión  que crean planos que se van agrandando por disolución hasta inestabilizar el paquete rocoso y provocar un gran desprendimiento. Son las llamadas “fallas panameñas”, a similitud de las que se produjeron en las obras de construcción del Canal de Panamá y que provocaron la muerte de demasiados obreros.

Nacedero a media pared de un cantil yesífero

            La zona que describo aquí, es una zona intermedia en estos cantiles yesíferos y, afortunadamente, todavía goza de una naturaleza privilegiada a pesar de la cercanía de la gran urbe madrileña y podría ser todavía mejor de haberse cuidado con un mínimo de atención y consideración, cosa que las autoridades ambientales madrileñas desconocen por completo, a pesar de tenerla protegida, solo "sobre el papel" como Parque Natural del Sureste.

Rincones inusitados de la naturaleza centro ibérica

      Ha sido lamentable está época reciente que ha traído, necesariamente, una crisis que mejor  hubiese llegado un par de años antes, para que haber cortado antes esa orgía constructora y destructora que ha llenado esta región de proyectos urbanísticos sobre-dimensionados, ahora vacíos, o de infraestructuras como autopistas sin viajeros y otras que parecen ser el futuro del sureste de Madrid, como son los grandes complejos para la destrucción (ahora lo llaman "valorización") de todo tipo de basuras.

Un cañal en cascada sobre el río

            El bosque galería del Jarama, salvado en muchos casos gracias a estos cantiles, su topografía y sus derrumbes, es un ecosistema completo, con una rica gama vegetal y animal, quizás bastante transformada, pero de una riqueza impensable, y quizás de las mejores representaciones ribereñas de  todo el centro peninsular.


         Los bosques de la unión del Jarama con el Henares, el Jarama ripense, las lagunas del Porcal, el soto de las Juntas y la presa del Rey, el Manzanares final, el soto de Bayona, son de las mejores muestras de la naturaleza madrileña. Ecosistema ripario que unido al aljezar, las áreas salinas y los encinares de las zonas bajas madrileñas forman un conjunto que rivaliza y gana en biodiversidad a la más considerada, sierra madrileña.

Ribera y espartal, ausencia y abundancia acuática en unos pocos metros

            El invierno y los albores de la primavera, son una de las mejores épocas para apreciar la naturaleza de estos pagos. Los sucesivos estados de las yemas de los árboles dan diferentes tonalidades a las distintas masas boscosas. Pronto empiezan a desarrollarse y abrir sus amentos, que cambian el aspecto de estos lugares, incluso, cuando se producen las semillas, que muchos toman por pólenes, el interior del bosque se llena, como de una brillante neblina que se queda enganchada a ramas y hojas, creando un ambiente casi onírico

Bosque, con megaforbios, con una luz especial, lleno de la borra de los álamos

            Esta época de frío da más oportunidades de ver su fauna, que cada día es más variada e incluso anacrónica.  Veo que cada vez hay más jabalíes, ya he visto varias veces a los mapaches, no sé quién sería el “iluminado” que soltó o dejó escapar algunos de ellos, pero ahora son un peligro para todos los animales del bosque, incluso para las muy escasas nutrias que llegan a la zona. La primera vez que vi uno me quedé asombrado de su tamaño.

Bando de ciguieñas en el cercano Manzanares que a diferencia del Jarama, es arenoso y lleno de fresnedas

         Mucho más facil de observar es su vida ornítica, donde destacan las grandes concentraciones de aves; notoria por la abundancia de lagunas y riberas y potenciada hasta la exageración, por la cercanía del gran basurero madrileño de Valdemingómez, hacia o desde donde parten a sus dormideros legiones de garcillas, cigueñas o gaviotas.


            La vegetación también se encuentra bastante modificada, en la ribera es fácil encontrar especies exóticas, como ailantos, olmos siberianos, negundos, sauces llorones, acacias o melias. La vegetación nitrófila campa a sus anchas, aunque también es propia de esta ecología de excesos de materia orgánica y crecidas que mueven y nitrifican las orillas.

La extraña flor del aro Arum italicum en lo más umbroso del bosque de ribera

          Los árboles más comunes, tras la debacle de los olmos, son los sauces, los álamos negros y blancos y los tarays, de los que la mayoría, al contrario de lo que dicen los libros, son Tamarix mascatense y T. matritensis, y no T. gallica. (en un par de meses Dario Melia y cía, tendrán, por fin, certeramente identificados todos los tarays de la vega del Jarama y alrededores). Ya menos abundantes son los olmos, saúcos y unos pocos alisos.

La flor del taray es uno de sus pocos y difíciles rasgos identificativos de cada especie

          De gran importancia es la vegetación lianoide y la orla espinosa de este bosque, por eso es una ventaja poder andar en esta época del años sin su barrera. Aquí abundan altas esparragueras, zarzas, parras, calistegias, nuezas, lúpulo y el extraño y termófilo Cynanchum acutum.

Selva de lúpulo, zarzas, rosales y calistegias, bajo el dosel arbóreo ribereño

sábado, 11 de mayo de 2013

EL Pítano, más cerca de su extinción en Madrid





        Hace unos cuantos años hice una fantástica ruta  organizada por ARBA con amigos botánicos y arqueólogos. Partíamos de la Casa de la Monta en Aranjuez hasta el castillo de Oreja, allí los expertos arqueólogos nos mostraron y explicaron todo lo relacionado con el castillo de Oreja y los tiempos musulmanes de esta zona. El castillo imponente, pero como de costumbre en España, en un estado de conservación totalmente deplorable.
  


            Al poco de ver la histórica Casa de la Monta en la finca de  Sotomayor, a mediados de abril, me fijé en que las laderas yesosas que daban a la llanura aluvial del Tajo, estaban llenas de unos arbustos tan llenos de flores amarillas que no se veía nada más de ellos. Le comenté a Andrés Revilla que era la primera vez que veía esos escobones de retama negra (Cytisus scoparius) en toda la zona del sureste de Madrid; se rió y me dijo que no eran escobas sino pítanos, Vella pseudocytisus y que se trataba de la localidad clásica y más importante de todo el centro peninsular. Desde entonces en que lo vi en plena floración, me ha parecido la planta más llamativa de todas las que viven sobre los yesos y también podría ser la más representativa de ellos, de no ser por su extrema escasez.
  


            El pítano es una planta muy especial y lo que la hace tan especial, no es precisamente su estatus de planta en peligro de extinción, sino sus características y peculiaridades. Pertenece a la familia de la Crucíferas o Brasicáceas, plantas casi siempre herbáceas con unas características flores de cuatro pétalos en forma de cruz. Es la familia de los jaramagos, coles, etccétera; esta planta es la mayor especie española de las escasas plantas leñosas de esa familia. Las crucíferas leñosas ibéricas pertenecen a tres géneros: Vella, Euzomodendron y Boleum. Del género Vella hay tres especies, una exclusiva de las cercanías de Alicante (Vella lucentina), otra el piorno de crucetillas (Vella spinosa) que hace honor a su nombre específico y  es propia de las sierras subbéticas y, finalmente, Vella pseudocitysus, el pítano.
  

            Euzomodendrón bourgeanum y Boleum asperum, únicas especies de sus respectivos géneros, no llegan al medio metro de altura. La primera está especialmente adaptada a la zona subdesértica de Almería (desierto de Tabernas) y el asperillo, Boleum asperum, a lo más árido de la baja cuenca del Ebro. Vella pseudocitysus tiene dos subespecies peninsulares y una norteafricana. Está la subespecie psedocitysus de la zona margo-yesífera del límite toledano-madrileño, con una población mínima al norte de Almería, y la subespecie paui de menor tamaño y menos híspida, del Bajo Aragón, también bajo mínimos. 


            El estado actual de esta especie  es lamentable, su potencialidad se extendería a todas las áreas margo-yesíferas españolas de interior de carácter semi-árido, es decir, a casi todo: la baja cuenca del Tajo, la del Ebro y las “hoyas” de Andalucía oriental. El declive del pítano se ha debido a la mecanización agraria de los campos, a las repoblaciones forestales con pino carrasco, a la expansión de las urbanizaciones (legales e ilegales) y a las grandes infraestructuras de transporte.  De tal manera que el área actual manchego de la especie (el sur de Madrid también es la Mancha) se limita a unos 20km2 y con escasa regeneración.
         A pesar de que para germinar necesite primaveras relativamente húmedas y un gradual salto térmico al verano, lo que ocurre muy pocas veces en nuestro país, es una planta relativamente fácil de repoblar. A las escasas repoblaciones institucionales, se le unen algunas introducciones (¿ilegales?) de personas y grupos concienciados del valor y belleza de esta planta que crece en unas condiciones excepcionalmente duras como son las existentes sobre los yesos.


             Los yesos suponen por muchas razones (salinidad, sulfatos, escasísima retención de agua, ausencia de materia orgánica, etc.), uno de los medios físicos más inhóspitos para las plantas. Por esto es muy difícil que, una vez perdidas las condiciones forestales que neutralizan esta fuerte influencia del sustrato, se puedan volver a recuperar. En el mejor de los casos se puede apreciar en el aljezar, una mezcla de encinas con espartos y toda la gama de arbustos y matas intermedias; pero lo normal es que veamos un espartal o tomillar gipsícola con muy escasa cobertura y un medio ecológico característico de los yesos como es la “costra”, un espeso tapiz liquénico que recubre el escasísimo suelo.
  

            En estos parajes y paisajes desolados es donde medra el pítano que con su tamaño de hasta metro y medio, destaca sobre el clásico jabunal de los yesos. Solamente viendo sus hojas coriáceo-crasuláceas, semejantes a pequeñas palas de chumbera cubiertas con pelos dispersos, se hace uno a la idea de la enorme especialización botánica a un medio ecológico tan adverso. La propagación de las semillas se hace por dispersión balística al estallar la parte inferior del fruto.
  


            Como ocurre cuando existen tan pocas poblaciones para estudiar la ecología de una planta, las características y formas de una localidad se le aplican a la especie como si fuese su óptimo ecológico y se puede leer en la bibliografía que habita la parte baja de laderas de umbría y que rehúye la convivencia con otras plantas especialistas de los yesos. Tras observar varias poblaciones, he podido ver que va bien, incluso tiene mayores índices de propagación, en solanas compartiendo o solapándose con clásicas especies gipsícolas con especial afinidad por la jabuna, Gypsophila struthium.
  


            La situación del pítano es muy delicada, si en Castilla la Mancha está catalogada como en “Peligro Crítico de Extinción”, en la Comunidad de Madrid, famosa por su riqueza y por el desprecio e ignorancia institucional de sus grandes valores naturales, se la considera una especie “de interés especial” de la que ya solo queda la mencionada localidad. Como ocurre con la práctica totalidad de las muy especializadas plantas gipsícolas, el pítano tiene un insecto exclusivo que vive exclusivamente en él, la polilla Clepsis laetitiae.
  
Entre ellos encontré la que pensé que podría ser (por los pelos largos), la rarísima Clypeola eryocarpa pero es C. jonthlaspi

            Pero no contentos con que haya desaparecido del 99% de su antiguo areal, ahora ha surgido un estupendo proyecto que como viene siendo habitual, pretende hacer privada una finca pública, y no otra, sino la Dehesa de Sotomayor, la localidad clásica de esta especie, la única población madrileña y quizás la mayor y más densa de toda la península. El macro-proyecto que se cierne sobre la Dehesa de Sotomayor, es un sobre-dimensionado Centro Hípico con un gran centro turístico de cabañas de alto nivel y multitud de servicios accesorios, como embarcaderos, piscinas, campo de golf, centro social y aparcamientos...,  la versión ecuestre de Eurovegas. 

Ladera con abundante regeneración, cosa poco común con los pítanos silvestres.

            Las organizaciones ecologistas madrileñas ya se han puesto a la labor para que se reconozca el gran valor de esta finca que es de todos y plantean la escasa utilidad social de un proyecto elitista y especulativo que irremisiblemente, máxime conociendo a las autoridades madrileñas, acabaría con una gran parte de la finca y con la última población madrileña y un alto porcentaje de la población mundial de este extraordinario endemismo.
          Es una pena que el fruto de miles de años de evolución para conseguir el arbusto más bello y adaptado de nuestros aljezares, se vaya al traste por no saber cuidar y defender nuestro patrimonio natural.

- Añadido en 2023: Donde se ha repoblado con él, no solo lo hace bien, sino que se está reproduciendo con más éxito que las demás especies en el terreno sin competencia tras roturar las tierras para esa plantación. (Bosque Scania, en Rivas Vaciamadrid).
Existe una buena población de pítanos en Yeles (TO), recientemente ha cambiado de dueño la finca y el nuevo ha entrado como un elefante en una cristalería, haciendo y deshaciendo con maquinaria pesada, cerrando caminos públicos, etc., llevándose por delante numerosas plantas. Espero que las autoridades ambientales manchegas estén a la altura del gran legado ecológico que atesoran y puedan salvaguardarlo para las generaciones futuras.
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