La finca de El Regajal en término de Ontígola, provincia de Toledo, posee
en su interior la que probablemente sea la mejor manifestación de ecosistemas
salinos de toda la cuenca del Tajo, cuyo alto valor ecológico ha dado pie a su
declaración como Microrreserva del Salobral de Ocaña (ES4250008), incluyéndose ésta,
en la Zona de Especial Conservación (ZEC) de las Estepas Salinas de Toledo, apareciendo
afloramientos salinos de inundación temporal, donde se forman costras salinas
que albergan especies de flora y hábitats, altamente especializados y sumamente
escasos, no solo en España, sino en toda Europa.
Las estepas salinas de Toledo son unos espacios naturales más
desconocidos por la población, pero más valorados por la comunidad científica y
es uno de los hábitats más escasos de toda la Comunidad Europea. Estos hábitats
llevan aparejado la presencia de especies altamente especializadas en su adaptación
a una altísima salinidad, algo relativamente común en nuestras costas, pero sumamente
raras en el interior peninsular.
Hoy se va a tratar aquí un caso bastante lamentable, sobre todo en su
tramitación y sus formas, donde aparecen más cuestiones que respuestas y donde
describiremos un lavado de imagen, lo que hoy se llama un “Greenwashing” por parte de Adif (Administrador de Infraestructuras Ferroviarias), una de las mayores empresas de este país.
Todo depende mucho de cómo se cuenten las cosas, lo que en este caso es muy
importante, pero objetivamente las cosas tienen una lógica no tan “vendible” y sin unos “guiños” al ecologismo, sino todo lo contrario.
Todo parte del diseño del trazado de la línea de Alta Velocidad
Madrid-Levante, una línea que atraviesa el término de Aranjuez en la Comunidad
de Madrid y el de Ontígola, en Castilla la Mancha. La Alta Velocidad tiene unas
precisas exigencias en materia de radio de curvas o pendientes, muy diferente
al ten convencional. También aquí se vendió como un brindis a las mariposas
protegidas de la Reserva de El Regajal de Aranjuez, la creación de este túnel,
cuando realmente, para pasar del valle del Tajo a la Mesa de Ocaña, la
inclinación de vía requerida, obligaba a la construcción de este túnel.
Una obra salomónica que, a pesar de un derrumbe parcial y teniendo en
cuenta la alta complejidad lito-hidro-geológica del tramo tunelado, con un trazado que pasaba de unas arcillas expansivas a una sucesión de yesos y
sales (glauberita, halita y anhidrita), o sea con problemas de expansividad,
corrosión, lixiviación y cruce de fallas en materiales blandos. También en la
excavación se cortó un acuífero colgado. Por todo esto, realmente y a pesar de
la controversia política inicial, se puede presumir que su
construcción y puesta en uso, finalmente ha sido un verdadero alarde geotécnico.
En esta construcción del Túnel
del Regajal de la Línea de Alta Velocidad Madrid-Levante, se produjo en 2008 un
corte de un nivel freático salino que llevó a un afloramiento continuado de
salmueras. A este problema y, provisionalmente, se le dio una salida por medio
de un bombeo que llevaba esta salmuera desde el punto de origen, en la
Comunidad de Madrid, hasta la salida sur del túnel, en la Comunidad de Castilla
la Mancha, donde se vertía en una cercana vaguada, perteneciente a la cuenca
del Arroyo de las Salinas, en la inmediata vecindad de la Microrreserva del
Salobral de Ocaña. Toda esa vaguada, un hábitat protegido por ser vegetación
sobre yesos, también integrada, primero parcialmente y posteriormente en su ampliación
en la Z.E.C. Estepas Salinas de Toledo, quedó muerta y teñida de blanco.
El problema podía ir a mayores y
había que solucionar el problema, de hecho, tras la muerte de la vida animal y
vegetal en esa vaguada, el cauce empezó a profundizarse y abarrancarse. Finalmente,
las salmueras dejaron de enviarse a ese vallejo de la finca del Salobral y se fueron
acumulando y secando en espacios intermedios entre la A-4 y la R-4, donde se
iban acumulando montones ingentes de sal. Se requería una solución de mayor
calado y surgió un proyecto totalmente novedoso, la creación de unos “saladares
seminaturales” que, supuestamente, incrementarían y potenciarían la vegetación
objeto de protección en esta Microrreserva, pues estos nuevos saladares
artificiales se crearían con las salmueras procedentes del túnel, con poco
caudal todo se evaporaría, creando un lecho de sales sobre los que se
repoblaría con especies halófilas, y si había más caudal se desviaría a la
cabecera del arroyo Salinas.
Adif solicitó la expropiación
forzosa de los terrenos necesarios para la creación de estas balsas
artificiales y la finca fue expropiada para aplicar las actuaciones
determinadas en el “Estudio básico de medidas ambientales correctoras en el
entorno del Túnel del Regajal”, supuesta solución que cuenta con el respaldo de
la Dirección General de Política Forestal y Espacios Naturales del Gobierno de
Castilla la Mancha. El proyecto gozó en un tiempo record de una resolución, de
31 de enero de 2018, donde se formuló un Informe de Impacto Ambiental que no ve
que pueda producir impactos adversos significativos en la fauna y flora.
Las formas (hay que ponerse en la piel de los propietarios) y todo el
procedimiento estuvo viciado en todo momento, incluso yo pude constatar el
inicio de las obras, sin la autorización de la propiedad, sin notificación
previa, sin que se hubiese llegado a ningún acuerdo ni firmas, ni compromiso
económico respecto a dicho acto administrativo. La propiedad quedó como un
convidado de piedra ante el desarrollo de los acontecimientos, ni siquiera
desde el movimiento ecologista se pudo o se supo apoyar sus demandas, otros
convidados de piedra.
No se tuvieron en cuenta los argumentos de que se ponía en riesgo la Microrreserva,
sus especies y su natural funcionamiento hidrológico. También se está
arriesgando la propia vegetación del arroyo Salinas que posee la única
población madrileña del taray halófilo Tamarix
boveana, poniéndolo aún más en riesgo, después de un envenenamiento químico
hace varios años y un incendio hace dos. Por cierto, incendio que se llevó
buena parte de la finca El Regajal, con su mariposario y las instalaciones de
interpretación de la naturaleza que poseía y que no se han vuelto a recobrar,
toda una desgracia para el municipio de Aranjuez, que también sufrió otro
incendio el año pasado en la finca de Valmayor, localidad clásica del escaso
pítano (Vella pseudocytisus). También
se intentó recabar el apoyo de la Comunidad Europea, pero al no entrar estos
terrenos en el ámbito concreto de Hábitats de Interés Comunitario, se descartó dicho
apoyo.
Ahora, solo queda ver cómo se desempeña el plan. Ver unos saladares que,
de manera totalmente antinatural, no estén en un fondo de un valle, sino en la
parte alta de la ladera vertiente al arroyo salinas, con sus drenajes, teóricamente
protegidos para avenidas, rompiendo el natural discurrir de las aguas en sus
vaguadas, que en esta finca, a parte de los saladares, tienen una vegetación
muy peculiar y cada día más escasa, la de las aguas dulce/salobre, con especies
como Cochlearia glastifolia, Linum
maritimum, Oenanthe lachenali, el almorchín Schoenus nigricans, Teucrium
scordium, Thalictrum speciosissimum, etc. También estaría bien saber de
dónde van a sacar esas especies halófilas para las balsas, pues no son plantas
que se vendan en viveros.
Por el lado positivo, se ha procedido a la recuperación del arroyo del vertido de salmuera inicial, sin abuso de maquinaria y es de suponer que, en breve, la vegetación natural aledaña reconquistará esta vaguada, si es que la omnipresente olivarda Dittrichia viscosa no conquista todo antes con su poder de expansión.
Es una pena los miles de
euros gastados de esta manera y con esa prepotencia. Al parecer, no se han
barajado otras opciones o no se ha llegado a saber por qué, una salida lógica
de la salmuera, por gravedad, a la parte norte y madrileña del túnel, donde se
podrían haber recreado los saladares artificiales en esa zona, sin poner en
peligro y afear la magnífica Microrreserva del Salobral de Ocaña.


























