Mostrando entradas con la etiqueta Campo de Montiel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Campo de Montiel. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de junio de 2025

La vegetación de las arcillas del Campo de Montiel


      Esta entrada pretende indagar en la vegetación del Campo de Montiel, entrada parecida a otra que realicé hace ya algunos años, pero esta vez se trata de dilucidar o de describir un tipo de vegetación muy especial que solo aparece en los pocos lugares en que los suelos están dominados por las arcillas, unas arcillas expandibles en húmedo, pero que se contraen fuertemente en seco, sometiendo a las plantas que viven en su seno, a unos procesos físicos difíciles de tolerar, a no ser que sea una vegetación verdaderamente adaptada a estos vaivenes volumétricos que producen las arcillas. Aclarar que no se trata de un sustrato poco común, sino que es un sustrato que en el 99% de los casos, se encuentra cultivado debido a su fertilidad y por localizarse en las áreas bajas y llanas del relieve.

Al fondo, con las mejores vistas del Campo de Montiel, Almedina

      A grandes rasgos el relieve del Campo de Montiel viene condicionado por su litología, definida por la estructuración geológica en capas horizontales de diferentes materiales secundarios, tendidos sucesivamente sobre antiguos materiales paleozoicos que asoman puntualmente entre éstos o ya en todo el borde sur y suroeste del Campo de Montiel, ya en los dominios de Sierra Morena. Aquí son dominantes los estratos blandos de arcillas e incluso algo de yesos del Keuper que por encima tienen materiales calizos mesozoicos correspondientes a una introgresión marina del antiguo mar de Tethys desde el este peninsular, aunque asea más apreciable la sedimentación de tipo continental. Aparecen breves estratos de areniscas rojas, llamadas por aquí "piedra moliz", por su uso para afilar el metal. Esos niveles de calizas jurásicas forman la cobertera superior y dan los niveles de las parameras más altas, entre los 900 y los 1100m, aunque esas alturas se alcanzan más en Albacete que en Ciudad Real, no entendiendo este Campo de Montiel de fronteras políticas ni administrativas, a Dios gracias.

Campos de Montiel desde lo alto de un "pizorro"

      La explicación más simple del relieve dominante en el Campo de Montiel, aunque sean mayoritarios las grandes parameras rocosas tipo paramera o los amplios campos de cultivo en materiales arcillosos, es el de mesas y altas llanuras sobre materiales duros que descienden en cuestas rojizas con grandes bloques caídos y desparramados por esas laderas, hacia las áreas bajas y arcillosas, salpicadas espacialmente por algunas piramidales elevaciones, localmente denominadas "pizorros", de cuarcita o "pizorra", que dan a estos paisajes montieleños, una personalidad única y característica.





      Comienzo el camino observando a su vera y en los bordes de los cultivos más cercanos, una buena cantidad de grandes y amarillos Tragopogon dubium y otras plantas de los sembrados no menos llamativas, como los recién floridos Ornithogalum narbonense o la roja colleja de las arcillas Silene muscipula; en las cunetas y áreas encharcables temporalmente, aparece el blanquecino Hypericum tomentosum, mucho Erodium ciconium y el llamativo y blanco Iberis pectinata. Empiezo a ver, claramente, que como en toda buena zona argílica, abunda la cañaheja Thapsia dissecta, especie no reconocida por Flora Ibérica que la lleva a Thapsia villosa, pero para mí, una especie válida se mire por donde se mire. También aparece, pero poco corriente, Anchusa undulata. Ahora el tomillo Thymus zygis está en plena floración y es relativamente común la pequeña alcachofera Cynara humilis.

El amarillo Tragopogon flavum
La cañaheja Thapsia dissecta, no confundri con Thapsia villosa
El hipérico Hypecicum tomentosum e Iberis pectinata abajo

      Subo el monte hacia uno de los pizorros que me rodean, por las primeras heridas rojas de arcillas con poca vegetación al pie de la ladera y me doy de bruces con la primera Onosma tricerosperma, planta típica de estas rojas arcillas, con flores amarillas, pues se trata de la subespecie granatensis, con largos pelos blancos que parecen de cristal, una maravilla en plena floración, planta que volveré a ver en esta ruta un par de veces más.

La llamativa Onosma tricerosperma

       En lo alto del piramidal pizorro estoy metido de lleno en las cuarcitas, aparentemente blanco-verdosas, por su abundancia en líquenes de esa tonalidad, pero al ver estas cuarcitas rotas, veo que son de un color rojo vinoso. Aquí la vegetación es acidófila, aunque influenciada por las arcillas, cuya basicidad, es decir, sus carbonatos, pueden subir por capilaridad a niveles del terreno superiores. A pesar de esto, aquí aparecen especies que ya no volveré a ver fuera de este terreno, como el berceo Celtica gigantea, los gordolobos Verbascum rotundifolium o las clavelinas de roca Dianthus lusitanus, entre otras pocas más como la esparceta Onobrychis humilis, cuyo muy abundante congénere, ya en el tomillar de las arcillas, va a ser O. matritensis.

Cabeza de uno de los pizorros

       Veo las primeras orquídeas, Ophrys lutea, una Orchis papilionacea y la vegetación es de masas de Avena sterilis y los pradillos amarillentos de Stipa capense. Vuelvo a las zonas de arcillas rojas, primero lomos de arcillas muy erosionadas por la cuesta, para luego, aparecer en un extenso llano, grandes áreas arcillosas con poca cobertura, bastantes piedras en tramos de las arcillas y entreverándolas, áreas con retamar y buen herbazal, con canales intermedios de carácter torrencial, sin ninguna vegetación o sumamente escasa, también empiezo a ver buena cantidad de cardo yesquero Echinops strigosus.

Por desgracia es muy poco habitual encontrarse una llanura así, sin
cultivar
y la orquídea Orchis tenera

       Se ven bastantes alcachoferas, unas plantas muy propias de las arcillas expansivas, y aunque la mayoría son Cynara humilis, también se ven otras de hojas mayores, más verdes y aún sin alzar su blanco escapo floral, es la poco común en Castilla la Mancha, pero no tanto en el Campo de Montiel Cynara baetica. En las manchas rojas de arcilla sin apenas cobertura Diplotaxis muralis; también en áreas removidas Scrophularia canina, etc., y, muy llamativas.

Al centro la alcachofera Cynara humilis, más verdes y sin restos del año pasado C. baetica. Abajo, rodal amarillento de la gramínea Stipa capensis

        Una planta que disfruto por primera vez, con grandes flores amarillas es la Scorzonera hispanica, una planta más africana que ibérica o más bien, de la Iberia más africana. Un lujo visual en todo su apogeo, como me ha pasado con las Onosma tricerosperma, de la que vuelvo a poder disfrutar con más ejemplares aquí y allá.

La gran margarita Scorzonera hispanica

       A pesar de lo avanzado de la estación, todo está bastante retrasado, aunque sé que, por esta manchega zona oriental, no ha llovido tanto como hacia occidente, pero el tiempo se ha mantenido fresco, por no decir frío. Lo que en otras zonas he visto hace una semana florido, por aquí aún no ha empezado a florecer, y se echa de menos, porque hay muchas plantas a punto de explotar, como la Cleonia lusitanica, etc. Pero, aun así, la abundancia de margaritas amarillas (Asteriscus, Crepis, Taraxacum, Thrincia, Pallenis, Reichardia, Scorzonera, etc.) y de otras flores es brutal, no puedo poner ningún pero.

y abajo el cardillo azul Carduncellus cuatrecasasii

       Los claros arcillosos sin apenas vegetación, llaman poderosamente la atención con su colorido rojizo oscuro, están bordeados de matas redondeadas de tomillos Thymus zygis y de jarillas de Helianthemum asperum, con algunos pies de Centaurea solstitialis, de carlinas o de cardo corredor. También plantas de menor tamaño como geranios Erodium cicutarium, sanguisorbas, o anzuelos, Astragalus hamosus y escasas coronillas Hippocrepis commutata, escrofularias o serrátulas Klasea pinnatifida.

Lomos arcillosos con bloques calizos caídos de los estratos superiores



       Me voy acercando a las pendientes, al siguiente escalón geológico hacia los materiales duros superiores que son los que conforman los altos relieves de esta región. Subo hacia estratos calizos que van por encima de estos otros materiales más blandos del Keuper, o sea estas arcillas de colores rojizos, a veces con tonalidades gris-verdosas.

Arriba los duros estratos rocosos calizos
más abajo ya desparramándose sobre las arcillas

      Aquí la vegetación empieza a cambiar, la vegetación basófila, la de los terrenos calizos, empieza a entrometerse en la fiesta botánica de las arcillas. La pequeña Minuartia hamata entra en escena en las arcillas de entre las rocas, mantas blancas de la florida zamarrilla Teucrium pseudochamaepytis bordean lomos rojos de arcillas, también las algodonosas Bombycilaena discolor, etc.

La pequeña Minuartia hamata y abajo el manto blanco de las zamarrillas
Abajo los algodoncillos de la Bombycilaena discolor

       Voy ganando altura y me meto por un vallejo donde sorprendo una solitaria sabina, rodeada a sus pies por cientos de orquídeas abejeras amarillas Ophrys lutea, especie que, a partir de ahora, veré en masas pocas veces vistas, este año ha sido especialmente prolífico, como para recordarlo en el futuro. No solo ésta, veo varias abejeras cabeza de perdiz Ophrys scolopax y para rematar la faena, un grupo de la orquídea gigante, Himantoglossum hircinum. Debo caminar con cuidado para no pisar ninguna de todas estas valiosas especies, y andando con cuidado, descubro un rodalillo de una joyita de la vegetación de las arcillas, el Geropogon hybridum.

Sabina y retamas, arriba la plataforma caliza con almendros
Orquídea gigante y abajo, algo desenfocada, el poco común Geropogon hybridum


       Termino de subir a este escalón geológico que culmina en los estratos calizos, aquí hay un pequeño cambio en la vegetación, se hace más homogénea, tendiendo al encinar típico de esta región. Ahora ya, el tomillo salsero Thymus zygis da paso al tomillo común Thymus vulgaris que crece en masa.



       Estas tierras ya son mejores para los cultivos, empieza un paisaje en mosaico de monte, olivar y almendral abandonado, aunque por retazos, siguen apareciendo litologías arcillosas. Luego al bajar veré la debilidad de esto estratos arcillosos, fácilmente erosionables por las lluvias intensas, como veo con la reciente profundización de algunos de estos arroyos.

El peligro de la erosión y su consecuente desertización es un factor a considerar a la hora de procurar una buena cubierta vegetal de todo el territorio

 En algunos taludes o terrenos removidos por el arado, entra en masa la roja floración de Moricandia moricandioides junto con alguna otra especie propia de taludes arcillosos como la amapola bicolor (naranja y roja) Glaucium corniculatum. También veo una llamativa planta de esta región como es la blanca manzanilla Santolina pectinata que viene desde las sierras subbéticas.

Cambio de paisaje en las cimas, mosaico de cultivos
Moricandia moricandioides bajo el talud y sobre la gran roca caliz
la manzanilla Santolina pectinata

       Nuevamente bajo a las áreas más arcillosas, en estas laderas de umbría. La cobertura vegetal se multiplica y más este húmedo año, hay más encinas, majuelos y rosales. Laderas tapizadas de hierba y de flores, con la Onobrychis matritensis en masa, con rodales cuajados, como dije, de orquídeas abejeras. El más llamativo símbolo de la vegetación argílica de este Campo de Montiel, con Echium boissieri en las zonas bajas y húmedas, aunque este año apenas veo ningún ejemplar, todo lo que veo son restos del año pasado, parece que todo va muy retrasado o que este año no salen, el frío primaveral parece que interfiere el buen rumbo del crecimiento de estas llamativas plantas.

La esparceta Onobrychis matritensis de los tomillares de las arcillas. Abajo Papaver hybridum

       La vegetación de las arcillas ibéricas cuenta en este Campo de Montiel con una de sus mejores localizaciones, una vegetación poco o nada señalada por los botánicos que hasta hace poco no entendían esta clara correlación entre los suelos arcillosos y su colonización vegetal. Hasta aquí he señalado varias especies destacables de este tipo de vegetación, pero algunas especies son verdaderos emblemas del Campo de Montiel, ahora bajando, en las áreas bajas y más húmedas, encuentro la poco común viborera de las arcillas rojas, el alto y delgado Echium boissieri, antes llamado por su belleza Echium pomponium por lo rimbombante de su alta (hasta 2,5m.) vara florida, vegetación a la que podríamos añadir las poco comunes Cynara baetica, el cardillo azul Carduncellus cuatrecasasii o la Onosma tricerosperma subsp. granatense.

Espigas del Echium boissieri del año pasado y abajo profusión de abejeras amarillas

       Afortunadamente la vegetación argílica aparece en otras regiones cercanas, como en Alhambra, en la zona de los Gredales, donde a la influencia argílica se le une la de esos mismos estratos yesíferos del Keuper aunque ahora cargados de sales que dejan suelos con albardinales y eflorescencias salinas; también hay arcillas triásicas al norte de Alcázar de San Juan. Hay pequeños restos de vegetación de las arcillas en Santa Cruz de Mudela y ya, con más amplitud, en las áreas volcánicas del Campo de Calatrava.


       Todo un mundo por descubrir.


sábado, 29 de diciembre de 2018

El Nacimiento del Guadiana

La laguna Blanca recoge las aguas del Pinilla y de varios arroyos y manantiales iniciales del Guadiana

   El Guadiana es el río estrella del juego del escondite hidrológico español. Incluso para decir que alguien aparece y desaparece a voluntad, se dice de él que es un "Guadiana". Para tratarse de un accidente geográfico, esto es toda una curiosidad científica y, de hecho, la polémica sobre este huidizo río, aún sigue vigente.

Presentación del libro de Manolo Toribio "Guadianas"

      Como en la reciente presentación del magnífico libro de fotografías de Manolo Toribio, “Guadianas”, no existe uno, sino muchos Guadianas: un Guadiana Viejo, un Guadiana de Daimiel, un Guadiana de Ruidera, un Alto Guadiana, un Bajo Guadiana, un Guadiana Seco, un Guadiana Desbordado, un Guadiana Despojado,…y en esto último andamos, en un río que por la sequía y el enorme consumo hídrico de la agricultura manchega, desaparece años enteros, recorriendo el lecho completo sus afluentes y él, solo en épocas excepcionalmente húmedas.

Riada del Guadiana antes de Luciana

      Así lo vimos en 2012 a finales de invierno y en primavera, donde se podrían completar casi 800 km. desde el nacimiento del Pinilla, hasta Ayamonte, mostrando su agua en superficie y recorriendo el Canal del Prior o Guadiana Viejo, desde la salida del Pantano de Peñarroya, donde terminan las lagunas de Ruidera, hasta la junta de los Ríos, con el Gigüela y el Záncara, al sur de Alcázar de San Juan, y de ahí hasta las Tablas de Daimiel, donde se juntaba con el agua procedente de los Ojos del Guadiana que son un rosario de manantiales que nacen, los primeros, a poco más de 15km. al este de las Tablas de Daimiel. En ese momento no cabría ninguna duda de cuál era el Guadiana y cual su cabecera, pero a lo largo de la historia, el mayor caudal y más continuo, siempre fue y con diferencia, el que nacía en los Ojos del Guadiana, verdadero nacimiento del Guadiana, aunque las extracciones agrícolas los hayan tenido 40 de sus últimos 50 años, completamente secos.

Un Ojo del Guadiana manando entre el molino del Nuevo y el de la Máquina

      Para los romanos que vivieron en una época cálida y seca parecida a la actual, el concepto de río principal era aquel de mayor cauce continuo y permanente que en el caso del Guadiana solucionaron estableciendo su nacimiento en las lagunas de Ruidera, a cuya salida se filtraba en la llanura manchega para renacer en los Ojos del Guadiana a 610m. de altura.


Manantial del Pilar de las Salinas de Pinilla

 Así lo estableció Plinio el Viejo y así lo estudié yo en mi infancia, aunque posteriormente quedó demostrado claramente que lo que nace en sus Ojos, es resultado del rebosamiento del gran acuífero subterráneo de la llanura manchega, recogiendo éste el agua que se filtra en ella procedente de cientos de arroyos, de la infiltración directa de las precipitaciones y, por supuesto, el aporte del Guadiana Viejo.

Demarcación Hidrográfica de la cuenca española del Guadiana

      Pero la realidad del Guadiana siempre estará sujeta a distintas interpretaciones, de las cuales, ésta es la mía, aunque también voy a señalar las demás.
    A los ríos se les reconoce allí dónde ya son verdaderos ríos y al remontarse a sus fuentes, a sus orígenes puede que entremos en conflictos o controversias. Ya ocurrió con el Nilo y sus polémicas fuentes, también con el Amazonas y, por qué no, con nuestro más modesto Guadiana. La polémica puede venir de manera artificial e interesada, como hace años cuando el juez José María Crespo del Tribunal Superior de Extremadura dictaminó que no existía río Guadiana aguas arriba de las Tablas de Daimiel. El interés de los demandantes fue el de adueñarse de las tierras que pocos años antes habían estado pletóricas de vegetación acuática y fauna; al poco tiempo el Tribunal Superior de Justicia dictaminó que esas tierras sí que eran un río (llevase agua o no) y por lo tanto Dominio Público Hidráulico: inalienable, imprescriptible e inembargable.

Salinas de Pinilla, de probable origen pre-romano

      Pero el mal ya estaba hecho y las tierras usurpadas, vaciadas de su turba y llenas de pozos para cultivos de regadío que, aún hoy con el Dominio Público nuevamente deslindado (2017), siguen cultivándose ilegalmente. Espero que pronto, cuando se resuelva definitivamente, esos 16 km. de pastizales y áreas pantanosas, como así se ha prometido, pasen a engrosar el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Borbotones o "zampullones" del agua surgente en un Ojo del Guadiana

      Hasta hace pocos años en Ciudad Real y con una buena carga de socarronería, se decía que el Guadiana nacía en la depuradora de aguas residuales de esta capital manchega, lo que no dejaba de ser cierto y comprobable; también, con más realismo, se llegó a decir que el Guadiana verdaderamente había desaparecido de toda la meseta y que quién aportaba el agua era el río Bullaque, el afluente que nace en Cabañeros y desemboca en Luciana, donde entonces pude apreciar en su junta que el escaso cauce del Guadiana vertía casi un palmo por encima del profundizado lecho del Bullaque.

Riada  del Guadiana en el puente viejo de Corral de Calatrava

      Los criterios para establecer cuál es el río principal de una cuenca, son varios y de diferente peso, por lo tanto, sujetos a cierta arbitrariedad o al peso de lo previamente establecido. Tiene la mayor importancia el caudal medio anual, por eso una consecuencia y criterio usado en las confluencias, es el de constatar qué río desemboca en quién, quien vierte desde una mayor altura al otro, algo más encajado en el lecho fluvial común. El otro factor de importancia es el tamaño de la superficie de cuenca drenada; un mayor caudal suele ir de la mano de una mayor cuenca.

Santuario de la Virgen de Pinilla, lugar actual de inicio del curso del río Pinilla

      Pero esto no siempre se cumple, por ejemplo, el Guadalquivir saca más agua de la menor cuenca de la sierra de Cazorla que de la mayor cuenca del Guadalimar-Guadalmena, que con un caudal ligeramente menor, mantiene el rectilíneo trazado de Sevilla al suroeste de Albacete. Lo mismo ocurre en el alto Guadiana con las mayores cuencas del Gigüela o del Záncara, que desde su junta con el Guadiana Viejo o Canal del Prior, al sur de Alcázar de San Juan, drenarían una mayor cuenca que llega hasta el Sistema Ibérico en Cuenca.

Aspecto eutrofizado y lamentable del Gigüela entre Arenas de San Juan y Villarrubia de los Ojos

    Gigüela y Záncara nacen en los Altos de Cabrejas, a 1150 m. el Gigüela y al 1090 m. el Záncara. Por eso algunos hidrólogos, no sin razón dada la actual ceguera de los Ojos, optan por tratar al Záncara o al Gigüela como río principal de la cuenca alta del Guadiana, a pesar de su mayor irregularidad y menor caudal medio, respecto a los antiguos aportes del Guadiana de los Ojos. Pero tienen muchos más kilómetros, mayor cuenca, una magnitud mayor en su nivel del jerarquización y una cota de nacimiento superior, argumentos suficientes para apoyar la teoría de que el Záncara o el Gigüela puedan ser el río principal de la cuenca.

Río Pinilla, entre sabinares, poco antes de la laguna Blanca

        También se ha pensado que el río Anas era el río de los ánades, de los patos, algo lógico a poco que se conozcan las numerosas "tablas" del río, pero parece cobrar más credibilidad que Anna fuese una antigua deidad, bien relacionada con la diosa primigenia de los celtas, aunque también venerada en Anatolia y posteriormente cristianizada como Ana, la madre de la virgen María; o  bien la romana ninfa Anna, o la Anna de los cauces permanentes, Anna Perenna.

Manantial de la Puerca entre carrizos aguas abajo de la Blanca, enfrente del manantial de la Cogurria

    También se relaciona el Guadiana con dos ciudades romanas aún no encontradas (del todo), Caput Fluminis Anae y Laminium, la primera supuesta entre dos lagunas, la Colgada y Batana en Ruidera, aunque también se apunta en Viveros, cerca del llamado camino de Aníbal o via Augusta, y la segunda, cerca de los Ojos del Guadiana (Laminium viene de Lamias o ninfas de los manantiales), aunque según otros se haya en Alhambra, ya cerca del río Cañamares.


Manantial de los Zampullones (foto Bernardo Sevillano - ruideratreasures.com)

      Las fuentes del Guadiana, se encuentran aguas arriba y alimentando las lagunas de Ruidera, a parte de sus muchos manantiales interiores, como la caudalosa y desconocida fuente de la Cañada del Hornillo que vierte a la Colgada en un frustrante final perpetrado para que sus avenidas no perjudicaran a una instalación hotelera. 

Laguna de la Lengua en Ruidera

   De la cabecera de Ruidera, el arroyo más permanente de todos es el río Pinilla que nace al noreste de Viveros en Albacete que nace de fuentes como la fuente del Burro en la Lagunica a 988 m., otra fuente en el manantial del Ojuelo a 978m. y más adelante, bajo unos grandes álamos a 972m. en el santuario de Nuestra Señora de Pinilla. A partir de aquí continúa unos 26 km, hasta la laguna Blanca, la primera y más aislada de las lagunas de Ruidera. El Pinilla poco antes del llegar a ella, recibe las aguas del buen manantial de los Zampullones, Zampoñones o Ponzoñón que todos esos nombres tiene y al que algunos consideran el manantial originario del Guadiana. Otro buen e importante manantial a unos 100m. de la Blanca, es el de los Borbotones.

La Lagunica y la fuente del Burro, al este de Viveros, inicio del Pinilla. Abajo humedal de Navalcaballo o la Nava que origina el arroyo Mimbrera que también desagüa en la Blanca
Arroyo de la Mimbrera, procedente de Navalcaballo, llegando a la Blanca

      Pero hay más arroyos, incluso más largos, como el Alarconcillo que desemboca en la laguna de San Pedro, con su origen en la lejana y efímera laguna de Navalcudia a 1050 m., al este de El Bonillo, más distante de Ruidera que el nacimiento del Pinilla, pero menor en caudal y pretendiente a nacimiento del Guadiana. También se podrían contar como fuentes del Guadiana otras, bastante tocadas por los enormes “pivots” del Campo de Montiel, como la lagunilla de Navalcaballo y otros nacederos cercanos a Viveros en el origen de Cañada Honda, el de Hoya Morena o los manantiales de las magníficas salinas de Pinilla.

Almacén y abajo, el  manantial salino, con Antonio y su hijo mostrándomelo
Vista desde arriba con sus magníficas piedra de cantería

  Las salinas de Pinilla son espectaculares; sus manatiales, como la fuente del Pilar de las Salinas a 978m. alimentan una buena zona húmeda que casi llega a contactar con el no muy lejano cauce del Pinilla. El menor de los manantiales quizás sea el que alimenta de sal a esta instalación, pues es necesario sacarle agua para que emerja más alto y así alimentar a las distintas "eras" desde los estanques “calentadores”, al que llega el agua izada por un complejo y antiguo mecanismo.

Lagunas de las salinas y su planta endemica Limonium pinillense

    Allí tuve la enorme suerte de encontrarme con Antonio de Viveros y su hijo, que me explicó magistralmente el funcionamiento de las salinas; no en vano el fue uno de los últimos trabajadores de allí a principios de los 90,’ en un intento final por sacarle rentabilidad a estas sales. Con él recorrí esas lagunas donde también tuve la suerte de ver a una pareja de imperiales cazando patos y un buen bando de grullas asentadas en estas lagunas. No esperaba encontrar tanta fauna salvaje, incluso ese día ha sido el que más imperiales he visto nunca.

Sabinares entre las Salinas y la laguna Blanca, abajo

       De allí me fui, siguiendo la "ruta del Quijote" a la laguna Blanca, pletórica de agua y vida. Desde allí busqué los distintos manantiales, muchos de ellos escondidos entre la alta vegetación de carrizos y otros en las “cañadas” que vierten a la laguna Blanca.

Cabecera de las lagunas de Ruidera (laguna Blanca) y el "sarpullido" de los pivots agrícolas

   De camino me topé con maquinaria pesada levantando rocas de varias fincas entre  los magníficos sabinares del Campo de Montiel, para distintos cultivos algunos arbóreos (almendro y pistacho) y otros de viñas. Entonces comprobé lo que veía en la imágenes de los mapas. Un enorme sabinar, que Antonio me dijo que era el mayor de España (con permiso del de la sierra de Solorio), lleno de los huecos redondeles de los pivots que como de un sarpullido infeccioso, estaban vaciando estos montes de sus majestuosas sabinas.

Cabecera y actual fuente del Pinilla bajo los frondosos álamos del santuario

    Esta meseta montielense es geológicamente un punto clave del juego de fuerzas tectónicas penínsulares; es el llamado  ABCO (Antepaís Bético Castellano Oriental) de los geólogos, relacionado con un entorno litosférico flexural por la dinámica convergente de las placas Euroasiática-Ibérica y la Africana, que ha sido identificado como fenómeno explicativo de la dinámica eruptiva del Campo de Calatrava y también del abombamiento de esta región, convirtiéndola en nudo hidrológico clave, donde convergen las cuencas del Guadalquivir, del Júcar y del Guadiana. De hecho, más al sur del nacimiento del Pinilla, entre la finca Mirones y Matas Negras, coincide el arranque de tributarios de estas tres grandes cuencas peninsulares.

Alta meseta con nacederos entre Viveros y El Bonillo

        Estos son los hipotéticos lugares de nacimiento del Guadiana. Un año rico en lluvias y con una distribución dada, el Guadiana inicial, llevará mayor caudal en un lugar o en otro; también otros años, algunas lagunas de Ruidera se secarán y darán lugar a un cauce inconexo. Solo en escasísimas ocasiones, se podrá ver un continuo entre el nacimiento del Alto Guadiana y el Guadiana de los Ojos.

Por debajo de la Blanca, ya es Guadiana

  En mi opinión el Guadiana nace claramente o debería, en los Ojos del Guadiana de Villarrubia-Daimiel, pero si nos referimos al extremo total de la cuenca, el Guadiana nace en el Campo de Montiel,  al reunirse las aguas de todos esos altos manantiales y lagunazos que van a dar a las lagunas de Ruidera. La laguna Blanca es el referente de esa asamblea de las aguas y el río Pinilla es quién aporta el mayor caudal, aunque no es desdeñable, a pesar de su menor caudal, el Alarconcillo, con su lejano y alto nacimiento en Navalcudia, una de las lagunas de El Bonillo. Aunque dado el actual déficit hídrico, será más fácil ver un contínuo con el alto Záncara o Gigüela que con el Alto Guadiana y unos Ojos sin manar.

Al fondo se intuye la Conceja, la primera, tras la apartada laguna Blanca, del rosario de lagunas de Ruidera

      Hidrológicamente, aunque creo que he sido entendido al hablar del Alto Guadiana, se da por hecho que el Guadiana nace en los Ojos, por lo que, delimitando tramos (Confederación Hidrográfica), el Alto Guadiana iría desde éstos, hasta el Estrecho de las Hoces, en el límite provincial de Ciudad Real, donde comienza el escalón del borde de la meseta, aprovechado por las presas de Cijara, García Sola y Orellana, para dar paso al curso medio del Guadiana que llega hasta la frontera portuguesa, donde ya tendríamos su curso bajo que termina en Ayamonte. En cifras: es el cuarto río más largo y más caudaloso de la península ibérica con 744 km. con un caudal medio de 78 m³/s. (curiosamente tras pasar Badajoz su caudal es de 26 m³/s.) y su cuenca se extiende a lo largo de 67.733 km², siendo españoles 55.527 del total.

Siguiendo un arroyo que iba a dar a la laguna Blanca, me di de bruces con varios grandes muros que enrasaban el terreno para cerrar el círculo de ese pivot, ahora plantado de árboles, antes de la zona húmeda, otra de las maltratadas fuentes de la laguna Blanca

    Pero este río es la expresión palpable de la lucha entre una naturaleza desbordante y un desarrollo económico mal entendido, llevado hasta el extremo; con sus arroyos convertidos en canalillos, cuando no en cloacas. Nadie vigila, nadie denuncia o si acaso, tarde e irreversible. Este río es el que más y mejores llanuras de inundación tiene en toda la península, pero están en trance de desaparición por la avaricia de los propietarios vecinos a ellas o por canalizaciones y drenajes que nadie osa revertir. Es el mejor y mayor pasillo ecológico en sentido oeste-este de toda la meseta y no le ponemos más que obstáculos y zancadillas.

Pivots en los sabinares del nacimiento del Guadiana y preocupantte previsión de la variación hídrica peninsular 

   ¿Para cuando un Guadiana sano y respetado?. En el Plan Hidrológico del Guadiana se prevé que de los Ojos, convertidos en claro testigo y medida del consumo de agua manchego, manen unos 38 Hm3 al año, una vez se racionalice el exceso de consumo actual. Pero yo solo veo como aumentan los regadíos y las plantaciones en su cuenca y pocos son los que alzan la voz por un consumo tan superior a las entradas de agua.


Gracias a Antonio de Viveros, a la información de Bernardo Sevillano, a Guadalupe Díaz, a Ramón y al ejemplar hacer fotográfico (desde aquí mi envidia) de Manolo Toribio.


Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...