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jueves, 12 de abril de 2018

Los Narcisos del Valle de Alcudia




         Si no fuera por el hallazgo, gracias a Leovigildo Flox, de una nueva especie de narciso para Castilla la Mancha, este trabajillo, no tendría demasiado sentido, ya que a pesar de no ser infrecuentes y tener una buena variedad de ellos, el valle de Alcudia, no destaca precisamente por su riqueza en narcisos, una de las plantas más bellas de los arranques de la primavera y mucho más ibérica de lo que creen casi todos los jardineros, acostumbrados a variedades cultivares procedentes de Inglaterra o de Holanda.


        En semana Santa me dí mis buenos paseos y carreras por lo alto de la sierra norte de Alcudia o Solana de Alcudia, por allí descubrí que, aunque ya estaban pasados en localizaciones de cotas más bajas, aún estaban en su esplendor los Narcissus cantabricus que llenaban los suelos, nunca cultivados, de estas pedregosas serretas, enseñoreándose de repisas rocosas con sus blancas trompetillas.

El inconfundible Narcissus cantabricus, una de las primeras flores de mediados de invierno

     Más al este, en la sierra del Relumbrar, última serreta de Sierra Morena oriental, aparece otra especie muy similar, pero siempre de tonos netamente amarillos, Narcissus hedraeanthus que no aparece en el valle de Alcudia. Este narciso, más al este, ya en las áreas calizas de Alcaraz, se decanta en la subespecie luteolentus.

Las colgantes flores de Narcissus triandrus subsp. pallidulus

         También por esas alturas y por las peanas de sus umbrías, como en los pinos de Puertollano, abundaba Narcissus triandrus subsp. pallidulus, un narciso más común y extendido que el anterior y que por esas sierras me llamó la atención la variedad de tonos que mostraban, pues su nombre subespecífico hace referencia al color más crema que amarillo de sus flores, pero que por aquí llega a mostrar individuos de un vibrante amarillo kodak, como dicen los fotógrafos. Ya empezaba a dudar si no me estaría confundiendo con los anteriores y esa variación de tonalidades que denota especies diferentes.

Narcissus rupícola entre el jaral en una repisa de solana

         La especie más serrana, la de los suelos más rocosos, la de las repisas y la que sin duda muestra un nombre más acorde a su naturaleza, es el Narcissus rupícola. Este narciso, también muy madrugador y por aquí bastante escaso que a veces aparece en el interior de jarales de las repisas rocosas, no presenta confusión dado su inconfundible hábitat. Otra cosa sería si lo pusiéramos junto con otros de áreas inferiores como Narcissus fernandesii e incluso otro de junqueras y marjales como Narcissus jonquilla.

Praderita de Narcissus fernandesii en suelo volcánico fuera de Alcudia

       Los narcisos que no son tan amantes de los relieves quebrados, tienen nichos ecológicos variados, como puedan ser los mullidos suelos forestales o los fondos de los innumerables vallejos que salpican desde la caída de las dos sierras que enmarcan el valle de Alcudia por el norte y por el sur, a los innumerables vallejos interiores labrados en el centro del anticlinal desventrado que es este valle, con sus grauvacas oscuras, las “pizarras” de sus riscales como las llaman sus habitantes.

Narcissus jonquilla en los bordes del río Tablillas

         En los bordes pedregosos de los esporádicos arroyuelos alcudianos aparece, a veces con profusión, el junquillo Narcissus jonquilla, aunque junquillo se le llama en el campo a muchas cosas, en este caso parece que la coincidencia del nombre vulgar y el específico no es casual. Este narciso suele crecer en grupos. Existen lugares en que es absolutamente masivo, ya fuera de Alcudia, como un poco más al NW en islillas y desembocaduras de arroyuelos en los grandes pantanos extremeños como el de la Serena.

Junquillos entre el tamujar y los ranúnculos

         Este narciso apenas aparece en las zonas orientales del Alcudia, a partir de la cabecera del Tablillas, más quebradas y algo más secas que las occidentales. El valle de Alcudia es tan largo, casi cien kilómetros, que hace un poco de bisagra entre las áreas más atlánticas occidentales y las más secas orientales y mediterráneas. Este carácter tiene su reflejo en la vegetación general, donde, por ejemplo, brezales, durillos y mirtos apenas muestran efectivos en sus extremos más orientales.

Narcissus bulbocodium en pradillos pastoreados

         También en los fondos de vallejo, aunque puedan aparecer en repisas herbosas de zonas algo más altas, aparece uno de los narcisos más comunes y pequeños, es el Narcissus bulbocodium, son como trompetitas cónicas de un intenso color amarillo. Suele crecer en grupos más o menos numerosos. Aparecen a principios de la primavera sobre herbazales usualmente ramoneados por las ovejas, sobre los que destacan poderosamente.

Narcissus bulbocodium en su variedad "alzada" a pesar de la sequía de 2017

         En algunos lugares aparecen ejemplares diferenciables del anterior por no aparecer de forma tan numerosa, ser algo mayores, más altos, siempre verticales y crecer exclusivamente en bordes de corrientes temporales. Por más que he buscado, no he encontrado de cuál de las subespecies o taxones existentes podría tratarse.

Narcissus assoanus y en blanco su híbrido con N. cantabricus (Narcissus x romoi)

         Otro narciso que no está, pero podría aparecer en Alcudia, pues existe un par de kilómetros al este, en Huertezuelas y una buena población en la vecindad de un volcán calatraveño, en las inmediaciones del Guadiana, es Narcissus fernandesii (en Flora Ibérica N. assoanus). Narciso muy parecido al N. jonquilla pero menor y con menos requerimientos hídricos. Se le podría esbozar como el intermedio entre el Narcissus jonquilla y N. rupícola, tanto en caracteres como en ecología.

Narcissus muñozii-garmendiae (habrá que creérselo) antes de la floración

         En los buenos suelos forestales de algunos de sus mejores robledos (muy escasos las umbrías de Alcudia), quejigares y también en los bordes de bonales, puede aparecer el que es el único endemismo de la provincia de Ciudad Real. Se trata del bello narciso trompetero Narcissus muñozii-garmediae, aunque Flora Ibérica lo trata como subespecie perteneciente al grupo Pseudonarcissus; yo apoyo a otros autores que lo creen especie y afín a otras también defenestradas en F.I., tales como Narcissus asturiensis o N. jacetanus que aparecen incluidos en Narcissus minor).

Narcissus pseudonaricissus subsp. portensis en un bonal al sur del Guadiana

 Narcissus muñozii-garmendiae que yo aún no he visto en flor, es relativamente difícil de distinguir de otro narciso de ecología muy parecida y bastante extendido en todos los montes de Ciudad Real, salvo Sierra Morena, Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis, que podría aparecer en los bordes noroccidentales del valle, por haber buenas poblaciones a pocos kilómetros más al norte, ya en el entorno del cercano Guadiana.

Robledal al norte del Guadiana, con Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis que aquí algún autor dio por N. muñozii-garmendiae

Narcissus pseudonarcisus subsp. portensis tiene una ecología más variada y es capaz de aguantar condiciones ambientales que el otro no toleraría, como es la exposición directa al sol, tornando sus hojas tonalidades glaucas que son menos notables en los ejemplares del subvuelo del bosque. Otras diferencias entre ellos es que Narcissus muñozii-garmendiae es ligeramente menor en todo, aunque con un pedicelo floral mayor y un ligero estrechamiento en su relativamente corto tubo. A nivel más práctico, casi nunca forma masas densas, sus hojas no se alzan todas verticales, pueden aparecer ejemplares con dos flores y si se intenta arrancar, sale al mínimo esfuerzo por tener su bulbo muy superficial y en suelo mullido y aireado.


La novedad, de la que andaba pendiente ya varios años para poder verla, es la de unos narcisos blancos que crecen en un único vallejo de todo el valle de Alcudia. Me lo comunicó Leovigildo Flox, pero entre lo difícil que es acertar con el momento exacto de la floración y lo distante de su localización, no ha podido ser hasta este magnífico inicio de primavera que nos ha deparado un mes de marzo muy abundante en precipitaciones.


Se trata de Narcissus papyraceus, un narciso del suroeste ibérico, impensable para estos lugares algo más mesetarios; pero teniendo en cuenta que aparece en las comarcas vecinas de los Pedroches, en Córdoba al sur, y en la Serena, en Badajoz al oeste, por qué no habría de estar en esta localidad intermedia entre ambas. En su día Leovi se los enseñó a Ramiro García Río, el gran botánico y conocedor de estas sierras, de este descubrimiento, pero Ramiro no tenía nada claro que tuvieran un origen autóctono.


Los narcisos aparecen con profusión en el fondo de este vallejo. No todos están florecidos y desde lejos, las matas sin florecer, apenas son distinguibles de los numerosos gamones de estos pastos. Existen puntos en que aparece alguna mancha masiva, pero la mayoría están dispersos en manchas de pocos ejemplares, aunque con hojas muy numerosas. Leovi me comentó que otros años aparecían en manchas más espesas y más ceñidos a la línea central del fondo de valle y también me dijo que habló con una mujer mayor, de la finca más cercana y que ésta le contó que cuando ella era pequeña esos narcisos ya estaban allí y en buena cantidad.


Es un narciso alto, de hojas y tallos muy planos y grisáceos, con flores blancas sin apenas pedicelo, pequeñas en comparación con el tamaño de la planta y con un fuerte olor, no precisamente agradable. Su bulbo es muy grande y rodeado de una túnica prácticamente negra. A estas alturas prácticamente la mayoría de las flores ya estaban algo marchitas y las matas bastante hojisecas, algo difícil de explicar un año en que apenas ha habido dos días en semana Santa de temperaturas y sol que no estuvieran bastante por debajo de la media.


Estas plantas no hacen sino incrementar el ya alto valor natural de este fantástico y descomunal valle que, junto con Sierra Madrona, lleva pocos años ostentando la categoría de Parque Natural. Yo siempre he pensado, incluso antes de Cabañeros, que el verdadero Parque Nacional representativo del ecosistema del monte mediterráneo ibérico, no podría ser sino Sierra Madrona y sus alrededores, como este magnífico valle de Alcudia.


Esperemos que la gestión del Parque esté (y parece estarlo) a la altura de los altos valores naturales y humanos que pretende conservar. No obstante, una empresa pública como es la enorme dehesa y montes de Castilserás, debería gastar muchos menos euros en autobombo y cuidar sus más que dudosas técnicas de tratamiento forestal y agropecuario, tales como la introducción de maquinaria pesada en las dehesas para desempedrar, acumulando bloques en grandes montículos entre las encinas, como pude comprobar. Esta empresa pública debería dar ejemplo a la privada, en aras de una conservación, al menos, como la mantenida hasta estos tiempos que nos ha legado una naturaleza y unos paisajes sobresalientes, ricos y variados.


  Otro gran peligro para los narcisos y para el paisaje tradicional del valle es la puesta en cultivo cerealístico. Ya se sabe que el peor enemigo de las plantas con bulbo es el arado y esto en Alcudia tradicionalmente no pasaba. Solo ocurrió, y muy puntualmente, desde los años del hambre hasta inicios de los 70’ y por causa de la pobreza extrema de parte de sus habitantes que vino a terminarse con el masivo éxodo rural posterior.


   La actual Política Agraria Común parece que abre una ventana subvencionadora para el cultivo de cereales, algo muy poco rentable en estas tierras tan pobres y tan dependientes de la climatología. También en muchas fincas se está introduciendo ganado vacuno y he visto transformados en otras áreas, prados de narcisos en verdaderos cardales por este motivo.


En otros tiempos, en los valles de Riaño

 Este enorme valle es el invernadero clásico de una gran cabaña ovina, la oveja merina es la verdadera escultora y mantenedora de la ecología del valle de Alcudia. Como muestra en el centro del valle, aún perdura la estación de tren de Alcudia-Veredas, para la carga de las ovejas transhumantes.


  Este año el valle de Alcudia está que se sale. Pocas veces está tan bello este valle como a principios de primavera y pocos años, como este, tan ricos y tan bien alimentados por las lluvias y una climatología propicia, muy al contrario que los últimos, en que fue triste noticia este valle por la “resurrección” de las plagas de langosta.

martes, 23 de abril de 2013

Un abril florido y hermoso - De narcisos y orquídeas




           Tras la tempestad llegó la calma, una calma calurosa y desecante, aunque todo el mundo ansiaba que llegase el buen tiempo, a los pocos días ya oí a unas mujeres diciendo que tenían que "dormir encima de la colcha, y lo de dormir, un decir", una muestra callejera del fuerte contraste con el calor que hemos tenido.
  


            El campo ha estallado, un poco como un cohete, esplendoroso pero breve. Veo que me estoy volviendo un poco campesino y que el tiempo, con motivo o sin él, nunca acaba de ser de mi agrado. Tras la resaca de marzo, que le duró una semana a abril, vinieron unos días tranquilos y sin agua, y luego una semana de temperaturas disparadas que han estado un par de días rozando los 30ºC, parece que ya van bajando pero el tiempo sigue muy seco. 



            En mis últimas salidas al campo ya he visto las primeras calvas resecas en las solanas y amarillear algunos pastizales. Por no despabilar se me han ido unas espectaculares floraciones de cunetas y descampados que estaban de escándalo, me da reparo pararme en los arcenes de las grandes carreteras y por dejarlo para otro día, se me han escapado y a saber que año vuelven a coincidir unas lluvias  como las de esta primavera.
  


            A pesar del ansia por querer verlo todo, he podido llegar a disfrutar de algunos campos y momentos estupendos, ya sea descubriendo plantas especiales o contemplando la explosión floral de cunetas y cultivos. La inauguración estelar de la primavera, suele venir, para mí, de la mano de narcisos y orquídeas. En lo más álgido de las riadas hice virguerías, tales como pedalear casi cien metros en una carretera inundada por el Guadiana con el agua por encima del pedalier, por llegar a ver una buena localización de narcisos trompeteros (Narcissus hispanicus), que para mi desgracia ya se habían pasado hacía una semana.
  
Una foto de Narcissus fernandesii echada a perder por las gotas en el objetivo

            Volví a la busca de otros narcisos, primero unos, poco comunes, de unas laderas rezumantes (Narcissus fernandesii o N. assoanus), nunca los había visto tan abundantes, pero unas gotas de lluvia en la tapa del objetivo de la cámara echaron por tierra lo que pensaba era un buen reportaje. 



            Otro día busqué los que crecen en los bordes de algunos ríos y arroyos (Narcissus jonquilla), afortunadamente di con un par de arroyos que los tenían en una abundancia desacostumbrada, aunque por contra, en otros ríos que los he visto en cantidad otros años, se ha notado la crudeza de las riadas y apenas se veían algunos ejemplares floridos entre la broza arrastrada por las aguas tempestuosas.
  
En la valla queda el nivel alcanzado por la riada hace pocos días en una buena localidad de junquillos

            En cuanto a las orquídeas la temporada está siendo espléndida, aunque desigual, se nota las especies que se han quedado un poco tocadas por la meteorología reciente y aquellas a las que le ha venido bien.
  
La abejera Ophrys tenthredinifera

            Las abejeras (género Ophrys), han florecido de manera copiosa y temprana; como las Ophrys tenthredinifera, aunque el espejo de Venus, Ophrys speculum, lo ha hecho como otros años pero menos visible por la competencia con otras plantas muy crecidas. La abejera oscura, Ophrys sphegodes, aparece en igual cantidad que otros años pero con ejemplares de un porte muy considerable.
  
El espejo de Venus (Ophrys speculum). Con un saludo blog de Javier Atrio

            Las orquídeas del género Orchis, han florecido muy bien, ha sido muy abundante la O. papilionacea; abundante, aunque no tanto, la Orchis conica (antes llamada O. lactea u O. tridentata), el año pasado apenas levantaban del suelo y este año están, a pesar de ser una orquídea bajita, bastante altas, con una gama de pétalos que van del blanco rosado a los tonos violáceos oscuros.

Orchis conica

            Orchis morio (también llamada O. champagneuxii) también a florecido en abundancia y la muy escasa por estos pagos, Orchis italica,  ha estado normal pero con un buen tamaño de plantas.


Una abundante masa de Orchis morio, (al fondo asoma un capullo de tulipán)

           Esta orquídea solamente tiene una buena localidad en todo Ciudad Real y, que yo sepa, otra localidad con solo un par de ejemplares a mucha distancia de la anterior.
  


            Orchis italica tiene una plasticidad increíble, es lo que yo llamaría una flor "personada" pues realmente parece enteramente un hombre, con sus brazos, su cabeza con casco, ojos y sonrisa-mofletes, y unas piernas entre las que cuelga un fino miembro. De hecho hay lugares en la que se la llama flor de los muchachillos  o de los muñecos. Esta orquídea no está sola en su forma humana, otras orquídeas como Orchis simia, O. militaris y   Aceras anthropophorum, también son antropo-formes, aunque no aparecen por esta región, excepto la última especie, aunque muy escasa.
  


            Ha habido otras especies que no les ha ido tan bien, a la abejera amarilla Ophrys lutea, tanta competencia con hierbas altas le ha sentado mal, aparecen pocos ejemplares o no los encuentro entre la maleza. Pero no le ha ido tan mal como a la orquídea hedionda o barbada, el Himantoglossum hircinum; parece haber acusado mal las últimas bajas temperaturas o la virulencia de las precipitaciones, sus grandes hojas aparecen con heridas y malformaciones, en el peor de los casos he encontrado plantas mordidas por los jabalíes, con los trozos desperdigados cerca como de no haberles gustado.
  
Masa de orquídeas mariposa Orchis papilionacea

            La primavera está en plena marcha, llevamos una temporada sin lluvias y parece que el frío está a punto de volver, aunque sin agua. Abril no por ser el del famoso refrán es el mes de las lluvias, hay un escueto refrán campesino que reza, “abril vil” que le viene de tener encima la responsabilidad del resultado de todo un año agrícola y, normalmente, se depositan demasiadas esperanzas en ese mes. Parece ser, además que el abril de lluvias mil, es un refrán más mediterráneo que de la vertiente atlántica.
  


            Los días son largos, las noches son muy buenas de dormir, ya llegará el verano, estamos en lo mejor de la primavera.
              Salud y campo


martes, 17 de abril de 2012

Narcisos,...enamorados de su propia imagen



            Con este tipo de plantas extremadamente bellas fue con las que me empecé a introducir en la botánica, junto con lirios, orquídeas, gencianas, peonías, etc.  me hicieron sentir curiosidad por el nombre y ecología de las plantas. A ello contribuyó el ir conociendo localizaciones masivas, de una belleza breve, pero espectacular: laderas en montes de Toledo, quejigares de vaguada, praderas de montaña, pastizales de ribera, etc.

Rompiendo el suelo y llevándos las hojas con ellos. N. hispanicus-pseudonarcissus

            Al contrario de lo que pensaba, que eran plantas de países más húmedos que el nuestro, se trata de plantas mediterráneo-occidentales con su centro de diversificación mundial en la península ibérica. Posteriormente, debido a su belleza, han sido ampliamente usados en jardinería y se han expandido y naturalizado en numerosos países. Yo casi tenía instalada en mi cabeza la imagen de los jardines ingleses en abril con sus narcisos  dispersos por las praderas. Pero realmente hay que pensar en  prados de ribera del monte mediterráneo o en los frescos pastizales de montaña.


Un macizo de narcisos entre la hojarasca de un bosque galería

            A nivel popular se les suele denominar junquillos, por tener un alto tallo sin ramificar, hojas acintadas y por crecer usualmente cerca del agua, como los juncos; aunque  se suele dejar el nombre de junquillo para los narcisos pequeños que a menudo crecen arracimados, quedando el nombre de narcisos trompeteros o trompones para los narcisos grandes que tienen una sobresaliente corola tubular. Otras especies parecen un simple embudo sin apenas piezas de cáliz en su base (N. bulbocodium, N. cantabricus,..) y otros péndulos, con las piezas del cáliz hacia arriba y la corola mirando hacia abajo (N. triandrus).


Narcissus bulbocodium subsp. nivalis, como su propio nombre subespecífico indica, en el valle de Lozoya

            La identificación de los narcisos es complicada, por la variabillidad de caracteres, por su hibridación y por una  gran diversificación geográfica. Pero también lo es el darles nombre, por las diferentes teorías de los distintos especialistas; incluso dudo que haya quedado esclarecido en Flora Ibércia, aunque solo sea por la continuidad de los nombres tradicionales excluídos: (N. confusus, N. hispanicus, N fernadesii, N. perez-chiscanoi, etc.); también compruebo aquí que son demasiado taxónomos (trabajo con la lupa) pero muy poco ecólogos (trabajo en su hábitat); incluso el tamaño del apartado "Observaciones" del género Narissus es superior al resto del  texto, lo que denota la dificultad de esta síntesis.


Macizo de N. assoanus de gran tamaño con un par de híbridos blancos entre ellos

                 De los junquillos (Sect. Jonquilla), es difícil distinguir entre ellos en zonas donde coexisten varias especies (jonquilla, assoanus, gaditanus, etc.), los caracteres diferenciadores suelen ser la longitud de la copa, del tubo calicino, las hojas, etc. Los trompos o narcisos trompeteros (Sect. Pseudonarcissi), mayoritarios en estas fotografías son de identificación complicada, hay que fijarse en la longitud y forma del tubo, el tamaño de la espata, la túnica del bulbo, el número de flores por tallo, su distribución geográfica, etc. 

Detalle de un ramillete de Narcissus  fernandesii, ahora N. assoanus


            Una vez llevé unas fotografías a la facultad de Farmacia de la Complutense y allí tuve el honor de conocer al mayor especialista en narcisos, F. Javier Fernández Casas que me habló de los narcisos de mis salidas ciudadrealeñas y me insistió en que no había quedado una determinación y un nombre verdaderamente apropiado para los narcisos que le mostré. Me habló de una localidad clásica, la fuente de la Buenagua, donde describió una población que llamó Narcissus pérez-chiscanoi, pero con posterioridad vio que dicha población era bastante peculiar, tanto que no había encontrado otra igual en las inmediaciones. Le hablé de narcisos sobre suelos calizos fluviales, (fotos entre carrizal) muy grisáceos (glaucos) y otros en galerías fluviales ácidas (mucho más verdes), pero me dijo que era la misma especie y que esa variación de color dependía sólo de su exposición al sol.


Narcisos glaucos entre el carrizal (N. hispanicus, ahora N. pseudonarcissus subsp. pseudonarissus)

A estos narcisos “confussus” se le oponen otros parecidos pero bien fijados, como el que es el único endemismo estrictamente ciudadrrealeño, el Narcissus muñozii-garmendiae (odio los nombre propios en seres vivos, aunque se trate de merecidos homenajes). Lo busqué, lo encontré, pero aún no estaba en flor, aparece en las gargantillas del interior y norte de Sierra Morena y sus estribaciones, no amacolla como el otro, aún creciendo también en medio de la hojarasca y, a veces, tiene dos flores por escapo.


Explosión floral entre el carrizal-juncal en su última localidad del río Guadiana


            Los narcisos son de las plantas más madrugadoras*, a veces los he visto romper la costra de nieve para proclamar su explosión amarilla, en Guadarrama o Gredos (Narcissus confusus ahora N. pseudonarissus subsp. portensis). En donde sólo llegan a ser verdaderamente abundantes en las áreas más occidentales de Gredos.

(* ver foto de los narcisos de pedrera -N. cantabricus- y de N. triandrus subsp. pallidulus en la anterior entrada “Las primeras flores del año”).

 

Masa de Narcissus pseudonarisus subsp. portensis en pastos de Gredos (antes N. confusus)

            El gran enemigo de los narcisos, como el de casi todas las plantas con bulbo, es el arado, me han comentado que Galicia era una tierra de narcisos, pero que con los años del hambre (los primeros años cuarenta), se araron grandes extensiones, a pesar del terrible trabajo que ello supuso, que hasta entonces se habían salvado de la reja, pero había que comer. A partir de entonces apenas quedan narcisos, sólo en las altas montañas o en valles angostos.


N. pseudonarcissus subsp. portensis, antes llamado N. confussus debido a la dificultad de su caracterización

            Recuerdo hace muchos años, yendo en coche por pueblos gredenses, ver mujeres cargadas de fardos de narcisos para llevarlos a la iglesia, en esas fechas cercanas o coincidentes con la semana santa. Esa, la de la recolección como planta ornamental, ha sido una de las causas antiguas de su paulatina desaparición. Una planta tan llamativa es difícil que pase desapercibida.

            Más fáciles de ver son los junquillos, debido a su menor tamaño e incluso a un olor tan aromático que carga demasiado (narciso viene de Narkos: narcótico). No son tan recolectados como los grandes, además, el crecer muchas veces en terrenos inundables no facilita la tarea. El verdadero enemigo de estos pequeños o medianos narcisos es el ganado, para ser más exactos, las vacas y los jabalíes.


Masa de Narcissus rupicola en crestones rocosos de Ayllón

            Hace tiempo que vengo hablando del cambio de usos de nuestros campos y como hemos pasado, de unos tiempos en que el hombre trabajaba los campos, a otros en que el campo ha quedado muy abandonado y solo trabajado por máquinas. En principio parece una baza favorable para los narcisos, pero la realidad es que el descontrol ganadero, ha hecho que se pase de una ganadería de ovejas con pastores, a otra de vacas y sin pastores. También se ha pasado del ganado doméstico  a la caza, y ésta en verano, o si el año va mal de lluvias, se querencia con los humedales, nacederos y riberas, o sea, las zonas de narcisos, provocando su desaparición por pisoteo y ramoneo, proliferando otros geófitos nitrófilos como los gamones. Eso sin hablar de la explosión demográfica del jabalí, auténtico arado animal que levanta los céspedes, muriendo plantas y bulbos por desenraizamiento y desecación.


Junquillos, (Narcissus jonquilla) al borde de un arroyo lleno de ranúnculos

 

            Pero nada comparable a la nitrificación de los suelos, el pisoteo y el enterramiento por sus plastas a la que está sometida  la vegetación de los sotos por el ganado vacuno. En no demasiados años he visto praderas idílicas, de céspedes y flores en plan Bambi convertidos en sesteaderos y cagaderos llenos de cardos, ortigas, gordolobos, senecios y boñigas. Todo por la enorme presión de un ganado sin control ni papeles, que vaga libremente por el dominio público hidráulico ante la pasividad de algunos policías de aguas de las distintas Confederaciones Hidrológicas que prefieren no enemistarse con los paisanos. Esto ocurre en la práctica totalidad de los ríos españoles sin que nadie tome cartas en el asunto. Estamos perdiendo a ojos vista, nuestros mejores sotos, los recuerdos camperos de nuestros padres y abuelos, de sus comidas y fogatas al lado del río en lugares bellísimos; lugares donde hoy no irían ni los del botellón a ortigarse y pincharse con los cardos de estas zonas tan maltratadas por un ganado ilegal a cuyos dueños, probablemente, estemos pagando entre todos vía subvenciones ganaderas.


            Algunas fotos fui a hacerlas a un vallejo con quejigar donde abundan los dos narcisos, el grande y el junquillo. Gran parte de la población de los grandes y algunas orquídeas que conocí, acaban de desaparecer por una labor de reja que han pasado sobre gran parte de la pradera-juncal de ese fondo de valle. No sé que sentido económico tiene, probablemente solo haya sido para desbrozar, pero el mal ya está hecho.



            A pesar de todo, sigue habiendo buenos lugares de narcisos y tenemos una variedad envidiada por nuestros vecinos del norte. Estas plantas son además fáciles de reproducir y replantar, aunque hay que llevar cuidado con su hibridación y nunca introducir  en el campo plantas no autóctonas.

PD/ El carácter excesivamente sintético del borrador de Flora Ibérica se lleva por delante el esfuerzo de numerosos autores previos en la correcta definición de los narcisos ibéricos. El excesivo celo en la exacta y diferenciable taxonomía de cada especie, ha obviado las grandes diferencias ecológicas entre muchos narcisos ibéricos “relativamente” parecidos. Es por esto predecible que en paralelo a lo que establezca “legalmente” Flora Ibérica, siga vigente otra clasificación más ecológica y adaptada a la gran diferenciación geográfica del género narciso en la península ibérica.

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