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sábado, 31 de octubre de 2015

Los Ültimos Albardinales Manchegos. Los Ojuelos de Villarrubia



                   Mucho y acaloradamente se ha discutido en el ámbito geográfico, sobre las estepas ibéricas, principalmente en el siglo pasado, tras varios estudios que tildaban de esteparios, amplios paisajes del centro peninsular.


               La estepa, propiamente dicha, es un vasto ámbito geográfico situado al sur de la taiga euro-asiática que por sus duras peculiaridades climáticas y/o edáficas, no es apto para el desarrollo del bosque, pero si para diferentes comunidades herbáceas. Pertenecen al clima templado, pero de características semi-áridas y con una acusada continentalidad.


           Es el paralelo euro-asiático de las praderas norteamericanas o de la pampa argentina; las sabanas africanas y los sub-desiertos, que con parentescos vegetales y grandes solapamientos, ya serían más propias del clima tropical.

La estepa ocupa actualmente áreas marginales, como este borde de cañada

               La geográfica discusión partía del cómo sería la vegetación potencial, de estas llanuras castellanas, aragonesas y andaluzas. Pues es común la opinión que de no ser por la mano del hombre, la ardilla de Estrabón-Plinio-Félix Rodríquez de la Fuente (?) que se habría paseado antaño, de Pirineos a Gibraltar sin tocar el suelo, por estos secarrales de hogaño, y que desde entonces, perdidas las condiciones edáficas originales, fue imposible recuperar la vocación forestal de todos estos terrenos.

En un espacio bien  conservado, los albardinales ocupan el fondo yesoso y algo salino de una "val"

               D. Eduardo Reyes Prósper hizo un magnífico y enciclopédico trabajo de todas las estepas españolas, máxime para las condiciones de inicios del siglo XX, llamando estepas a esas desertificadas llanuras; al igual que también lo hizo D. Mauricio Willkomm, casi más español que alemán, aunque pueda adolecer de haber viajado en verano y en un año muy seco, donde se le escaparon algunas de las entonces numerosas, lagunas manchegas.



               Otros estudios posteriores, como los de Emilio Huguet del Villar, concluían que las estepas ibéricas no eran verdaderas estepas, sino que la mayoría, simplemente, eran paisajes desarbolados por una u otra razón, como el paso paulatino a pastos o cereales; puesto de manifiesto en casos muy claros como La Serena extremeña o las grandes áreas cerealísticas castellanas.


Área castellana esteparia por deforestación continuada

Posteriormente, otros estudios de finales de siglo, han venido concluyendo que grandes áreas del interior seco peninsular o en sombra de lluvias orográficas, que coinciden con la parte central de las cuencas de los principales ríos, muestran, dado el clima y el carácter de sus suelos, una gran ineptitud para la vida forestal. Las condiciones edáficas generales son la de suelos excesivamente arenosos, yesosos o salinos y extremadamente variables en cuanto a las condiciones hídricas.


Albardinal casi  inundado tras un  invierno muy lluvioso

En este rango verdaderamente estepario, por la ausencia de arbolado, entrarían, las otrora grandes áreas temporalmente inundables, hoy en peligro de desaparición, como las amplias llanuras de inundación de los grandes ríos y sus afluentes; las lagunas temporales de carácter endorreico, con su gran variación espacial, en función de las lluvias; las áreas salinas que en bastantes casos coinciden con las anteriores y, finalmente, las áreas de arenas móviles, localizadas puntualmente en ambas mesetas.


Retazos de albardinal con la escasa crucífera Lepidium cardamines. Al fondo Villarrubia de los Ojos

Vista la extensión que debieron llegar a tener en su  día estas regiones, la famosa ardilla, tendría que haber dado grandes rodeos para cruzar la península y una de esas regiones a esquivar, debió ser La Mancha, región de arcaica ocupación y aprovechamiento, que  sumado a una climatología de escasas lluvias y una continentalidad que extrema veranos e inviernos, haría difícil la recuperación de unos suelos antaño forestales, como atestiguan estudios polínicos que muestran la presencia de pinares y encinares en muchas áreas hoy desertizadas.


Muy escasa en la  Mancha, pero presente en los Ojuelos de Villarrubia, Centarurium quadrifolium indicadora de yesos en los suelos

Pero lo forestal no es el no va más de la naturaleza y las estepas a veces muestran una diversidad florística que no poseen muchos bosques. A esto hay que unir la historia de esas especies y estirpes de especies, pues muchas de ellas muestran  espectaculares recorridos desde áreas tan  lejanas como esas verdaderas estepas irano-turanianas, hasta llegar al centro de la Mancha, y un comportamiento y gama de adaptaciones, verdaderamente admirables para soportar esas duras condiciones de vida.


Los últimos albardinales, la vegetación esteparia, relegada a reductos marginales como puedan ser los bordes de caminos

De lo que Reyes Prósper denominó la Estepa Central Ibérica que iba desde Madrid a Valdepeñas o desde Talavera a Albacete, poco o muy poco queda de la estepa manchega. Estoy hablando de grandes espacios ocupados por una dura vegetación herbácea, señalada florísticamente por una dura gramínea, el albardín Lygeum spartum, también llamado esparto fino, y por una serie de plantas de escaso porte y perfectamente adaptadas a esas duras condiciones ambientales, con una  muy escasa presencia arbórea, de tarays cerca de las charcas temporales o de carrascas en áreas ya más pedregosas y en cotas superiores.




La agricultura, en buena parte aupada por las subvenciones y por un agua ahorrada durante siglos, ha puesto cerco a los últimos restos de estos espacios, incluso ahogando a lo poco que queda del pastoreo, tan ligado a estos medios esteparios.


La llamativa y luminosa espata de la flor del albardín

 El albardinal, sus últimos retazos, solo aparecen de forma extraordinariamente fragmentada y marginal, en linderos de parcelas, bordes de cañadas y cercanías de lagunas y arroyos, hoy encauzados y “rebañados” por el arado. Para encontrar retazos algo dignos, prácticamente hay que recurrir a las escasas áreas protegidas, que lo son de manera muy marginal, al ser hábitats que coexisten con lagunas temporales, donde lo que realmente se ha  querido proteger, son sus especies orníticas.

Terreno de suelos   grises, ricos en yesos y sales solo aptos para el cultivo de subvenciones en una llanura recién roturada en los Ojuelos

 El único caso de protección de una estepa como tal, es una micro-reserva que hace verdadero honor a la palabra “micro”, la de los Albardinales entre La Solana y Membrilla en Ciudad Real; aunque mayores son los de la Reserva Natural de las Lagunas y Albardinales del Gigüela, y los mucho menores, de los complejos lagunares de la llamada Mancha Húmeda. Pequeños restos quedan en rincones incultos o abandonados por la agricultura de alguna llanura de inundación (Záncara, Córcoles, Riansares o Azuer).

Ultimos retazos de albardinal en los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos

Uno de esos últimos dignos retazos de la estepa manchega, se encuentra en la vecindad del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en su esquina noreste, en conexión con algunos buenos arenales manchegos. Es la zona de los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos, una serie de antiguos manantiales, defenestrados hace décadas, que vertían al río Cigüela a la entrada del actual Parque Nacional.

Depresión de una antigua laguna reiteradamente rellenada

 Esta zona también es rica en yesos, donde hubo hornos para la explotación artesanal de yeso y está surcada por viejas zanjas de drenaje de esa antigua área de manantiales, para la expansión de cultivos para una villa en constante crecimiento.


En tono gris área esteparia de los Ojuelos y a la izquierda, en tonos verdes, Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

      Las  parcelas privadas alternan su arado, con largos períodos de inactividad; otras áreas permanecen incultivables por varios motivos y existen  restos de lagunas que la labor de reja tiende, machacona y reiteradamente, a rellenar, pero que buenos periodos de lluvias resucitan milagrosamente.

Área afectada por los drenajes y la extracción de yesos en los Ojuelos de Villarrubia

Estas áreas son muy poco productivas y problemáticas; los problemas vienen de su posible inundación en épocas de lluvias fuertes y por la aparición de socavones, también relacionados con las variaciones del nivel freático; la escasa producción viene de la pobreza de los suelos, abundantes en yeso y de su salinidad. Ambos  problemas comunes a casi todas las áreas esteparias manchegas.

Zona esteparia de los Ojuelos con Gypsophila (izquierda) y Sonchus (derecha) en los claros de un albardinal

Los albardinales obran en un medio ligeramente cambiante, en función de la abundancia de precipitaciones que pueden convertir estas regiones en cenagales, dada la retención de un suelo abundante en limos y arcillas, o bien por la cercanía del nivel freático. 



Gráfico de Óscar Jerez García en "La Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda y...

    Por esto es común el ecotono con formaciones más propias de un saladar, en las áreas de fondo de cubetas más áridas, o con formaciones de juncal,  tarayal o carrizal, en áreas más húmedas y menos influidas por la salinidad.

Los tarays  y el pastizal (rico en acelguillas saladas)  indican  el contacto de la estepa con áreas más húmedas

La vegetación acompañante del albardinal es pobre en especies, pero éstas son, y más debido a la paulatina restricción de este hábitat, muy poco comunes y se encuentran en los catálogos de especies en  peligro, destacando entre ellas, por su belleza, rareza y extrema adaptación  a estos  medios,  Senecio auricula y Lepidium cardamines. Mucho más comunes son las acelguillas o Limonium (dichotomum, carpetanicum, supinum, echioides, costae, latebracteatum, etcétera), ligadas también a la salinidad.

La joya del albardinal  manchego,  presente en los Ojuelos y en verdadero peligro  Senecio auricula

Otras especies están empezando a medrar dado su carácter intermedio entre este tipo de medios y lo nitrófilo o sea, lo removido y alterado, y de tal manera que son incluso una sorpresa para los agricultores que antes, apenas las conocían. Son plantas como el cardo Sonchus crassifolium, Gypsophila tomentosa o Zygophyllum fabago. No sé si tiene que ver con el cambio climático o con la reiterada alteración mecánica de los suelos.

Masas del muy adaptado  Sonchus  crassifolius sobre albardinal alterado en los Ojuelos

Al igual que como con otros ecosistemas de importancia, por su rareza y biodiversidad, desde la asociación Ojos del Guadiana Vivos, solicitamos y preparamos un extenso y minucioso trabajo, para la inclusión de éstos en una ampliación del menor de todos los parques nacionales españoles, el de las Tablas de Daimiel, en un vano intento por  conservar, en  un solo espacio protegido, todos los hábitats en peligro, representativos del medio natural de La Mancha.

Bella estampa florida del escaso Lepidium cardamines también presente en los Ojuelos

Para los menos informados, este tipo de paisajes  no  pasan de ser secarrales improductivos, pero la realidad es que son una rica y diversa comunidad natural, con una interesante fauna y micro-fauna asociada, en verdadero peligro de desaparición. Son terrenos de muy  escaso valor agrícola, aunque de importancia pastoral, el terreno idóneo para la dura oveja de raza manchega, o bien para aprovechamiento cinegético.


Lamentable y ruinosa (?) puesta en cultivo de un área esteparia pegada al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Desde este blog, quizás clamando en el desierto, abogo por la protección y recuperación de estas últimas hectáreas de la antigua Estepa Central Ibérica, aún contando con que ya son Hábitats Prioritarios para  la Comunidad Europea, por su rareza y biodiversidad, como Estepas Salinas Mediterráneas (1510), y que solamente por ello, deberían seguir existiendo en buen estado de conservación.

Senecio auricula y Lepidium cardamines, ambos presentes en los Ojuelos de Villarrubia, a las puertas del P.N. de las Tablas de Daimiel

Para estar al día sobre los Ojuelos de Villarrubia:
http://losojuelos.blogspot.com.es/

lunes, 31 de marzo de 2014

El Bajo Jarama en Invierno

   


         El río Jarama es uno de los mayores ríos del centro peninsular, hace años era tan temido que ningún municipio se asentó en sus orillas. Su fama no era figurada, en su haber contaba con un exceso de cadáveres que pocos ríos se pueden adjudicar. Sus riadas eran famosas al igual que sus cambios en el cauce, con sus nuevos meandros, con su socavamiento de paredes y con sus salvajes avenidas.

Playa de cantos de todo tipo de procedencias con su vegetación asociada (Andryala ragusina, Scrophularia canina, Sedum album, Alkanna, etc.)

            En los últimos años su cauce está tan regulado, sus orillas tan explotadas, sus aguas tan usadas, aprovechadas y contaminadas que ha perdido el carácter salvaje e impredecible que siempre le caracterizó. Pero ahí está y en cualquier momento puede volver a demostrar el tipo de río que siempre ha sido y este año y otros más, ha estado a punto de demostrarlo.


             A mitad de siglo pasado se estimó que en su cuenca media-baja, se encontraban las mayores reservas europeas de gravas y cantos, por lo que ha sido un río de terrazas super-explotadas para la extracción de áridos, dejando como buen recuerdo, en muchos casos, unas lagunas que pronto han sido ocupadas por una naturaleza desbordante. 

Lagunas de graveras como las del Picón de los Conejos jalonan su curso bajo, es el Parque Natural del Sureste madrileño

      En otros casos han servido para tapar las vergüenzas madrileñas, lagunas escombreras, lagunas hiper-contaminadas como la "del Aceite" que continúa siendo la otra gran vergüenza de las autoridades medioambientales de la Comunidad madrileña, después del espectacular destrozo de Centro de Transportes de Coslada, donde se arrasó su única y privilegiada vegetación. Esta laguna es un verdadero cóctel explosivo de todo tipo de sustancias químicamente peligrosas; también hay alguna llena de automóviles.

Laguna de El Campillo al atardecer invernal

            El río Jarama tiene una cuenca enorme al recibir a grandes e importantes tributarios como son el río Lozoya, el Manzanares, el Tajuña y el río Henares, que prácticamente viene de Soria, por eso no es nada extraño el poderío de este río que desde hace muchos años, parece que en lugar de desembocar en el Tajo, cerca de Aranjuez, es éste quien desemboca en el Jarama.


1946
1956
Duras variaciones del Jarama en lo que hoy es la laguna de Campillo, inexistente en esos años. Abajo-izquierda, el famoso puente de Arganda

         La cuenca del Henares es tan variada que en sus orillas se pueden encontrar todos los materiales pétreos posibles en la península, los granitos y esquistos del Guadarrama, las pizarras y cuarcitas de Ayllón, las calizas de Valdelaguna, los yesos rojos de Uceda, los alabastros de Jadraque, sílex, etc., por no hablar de los deleznables materiales de las zonas bajas que más que ser arrastrados, son disueltos por el agua, como arcillas, sales y yesos.


          La parte baja del río atraviesa los yesos del sureste madrileño, material muy deleznable y que el río, a lo largo de su historia se ha encargado de ir erosionándolo y hacer retranquear sus impresionantes cantiles que es una morfología típica de estos yesos masivos y fallados.

Este impresionante desprendimiento hizo cambiar el lineal curso del Jarama para rodearlo

             Las paredes van retrocediendo, no como paredes inclinadas que van perdiendo poco a poco su verticalidad, sino por una sucesión de derrumbes paralelos a esa paredes, de las que se van separando paquetes generados por fisuras de descompresión  que crean planos que se van agrandando por disolución hasta inestabilizar el paquete rocoso y provocar un gran desprendimiento. Son las llamadas “fallas panameñas”, a similitud de las que se produjeron en las obras de construcción del Canal de Panamá y que provocaron la muerte de demasiados obreros.

Nacedero a media pared de un cantil yesífero

            La zona que describo aquí, es una zona intermedia en estos cantiles yesíferos y, afortunadamente, todavía goza de una naturaleza privilegiada a pesar de la cercanía de la gran urbe madrileña y podría ser todavía mejor de haberse cuidado con un mínimo de atención y consideración, cosa que las autoridades ambientales madrileñas desconocen por completo, a pesar de tenerla protegida, solo "sobre el papel" como Parque Natural del Sureste.

Rincones inusitados de la naturaleza centro ibérica

      Ha sido lamentable está época reciente que ha traído, necesariamente, una crisis que mejor  hubiese llegado un par de años antes, para que haber cortado antes esa orgía constructora y destructora que ha llenado esta región de proyectos urbanísticos sobre-dimensionados, ahora vacíos, o de infraestructuras como autopistas sin viajeros y otras que parecen ser el futuro del sureste de Madrid, como son los grandes complejos para la destrucción (ahora lo llaman "valorización") de todo tipo de basuras.

Un cañal en cascada sobre el río

            El bosque galería del Jarama, salvado en muchos casos gracias a estos cantiles, su topografía y sus derrumbes, es un ecosistema completo, con una rica gama vegetal y animal, quizás bastante transformada, pero de una riqueza impensable, y quizás de las mejores representaciones ribereñas de  todo el centro peninsular.


         Los bosques de la unión del Jarama con el Henares, el Jarama ripense, las lagunas del Porcal, el soto de las Juntas y la presa del Rey, el Manzanares final, el soto de Bayona, son de las mejores muestras de la naturaleza madrileña. Ecosistema ripario que unido al aljezar, las áreas salinas y los encinares de las zonas bajas madrileñas forman un conjunto que rivaliza y gana en biodiversidad a la más considerada, sierra madrileña.

Ribera y espartal, ausencia y abundancia acuática en unos pocos metros

            El invierno y los albores de la primavera, son una de las mejores épocas para apreciar la naturaleza de estos pagos. Los sucesivos estados de las yemas de los árboles dan diferentes tonalidades a las distintas masas boscosas. Pronto empiezan a desarrollarse y abrir sus amentos, que cambian el aspecto de estos lugares, incluso, cuando se producen las semillas, que muchos toman por pólenes, el interior del bosque se llena, como de una brillante neblina que se queda enganchada a ramas y hojas, creando un ambiente casi onírico

Bosque, con megaforbios, con una luz especial, lleno de la borra de los álamos

            Esta época de frío da más oportunidades de ver su fauna, que cada día es más variada e incluso anacrónica.  Veo que cada vez hay más jabalíes, ya he visto varias veces a los mapaches, no sé quién sería el “iluminado” que soltó o dejó escapar algunos de ellos, pero ahora son un peligro para todos los animales del bosque, incluso para las muy escasas nutrias que llegan a la zona. La primera vez que vi uno me quedé asombrado de su tamaño.

Bando de ciguieñas en el cercano Manzanares que a diferencia del Jarama, es arenoso y lleno de fresnedas

         Mucho más facil de observar es su vida ornítica, donde destacan las grandes concentraciones de aves; notoria por la abundancia de lagunas y riberas y potenciada hasta la exageración, por la cercanía del gran basurero madrileño de Valdemingómez, hacia o desde donde parten a sus dormideros legiones de garcillas, cigueñas o gaviotas.


            La vegetación también se encuentra bastante modificada, en la ribera es fácil encontrar especies exóticas, como ailantos, olmos siberianos, negundos, sauces llorones, acacias o melias. La vegetación nitrófila campa a sus anchas, aunque también es propia de esta ecología de excesos de materia orgánica y crecidas que mueven y nitrifican las orillas.

La extraña flor del aro Arum italicum en lo más umbroso del bosque de ribera

          Los árboles más comunes, tras la debacle de los olmos, son los sauces, los álamos negros y blancos y los tarays, de los que la mayoría, al contrario de lo que dicen los libros, son Tamarix mascatense y T. matritensis, y no T. gallica. (en un par de meses Dario Melia y cía, tendrán, por fin, certeramente identificados todos los tarays de la vega del Jarama y alrededores). Ya menos abundantes son los olmos, saúcos y unos pocos alisos.

La flor del taray es uno de sus pocos y difíciles rasgos identificativos de cada especie

          De gran importancia es la vegetación lianoide y la orla espinosa de este bosque, por eso es una ventaja poder andar en esta época del años sin su barrera. Aquí abundan altas esparragueras, zarzas, parras, calistegias, nuezas, lúpulo y el extraño y termófilo Cynanchum acutum.

Selva de lúpulo, zarzas, rosales y calistegias, bajo el dosel arbóreo ribereño

jueves, 20 de junio de 2013

Los lirios del centro peninsular



            Los lirios son uno de los géneros de plantas con una de las flores más llamativas del reino vegetal. Tal es su belleza que algunas especies se han naturalizado tras su cultivo masivo en jardinería, mientras que otras por contra están desapareciendo por una recolección excesiva. De antemano, disculpad el exceso de ambiguos nombres científicos y vernáculos de esta entrada.

Crecimiento masivo del lirio español tras un invierno y primavera lluviosos

             Tal belleza ha sido la causa de una quizá excesiva admiración por ellos, desde su bajorrelieve en la puerta de Ístar en Mesopotamia, hasta su unión con la tradición monárquica francesa y por simpatía, con toda la heráldica europea. Incluso el símbolo de la flor de "lis" se usó para la orientación de los mapas como hoy se usa la rosa de los rumbos. También es símbolo de la belleza, la pureza, la limpieza, el cielo (los pétalos hacia arriba) y la tierra (los pétalos hacia abajo), la trinidad, los “boys scout” y un largo etcétera.

Visión zenital del simétrico lirio hediondo Chamaeiris foetidissima

            El nombre lirio no genera confusión, pero el heráldico y afrancesado "flor de lis", también ha valido para la no menos bella, flor del martagón, Lilium martagon y para su amarilla raza pirenaico-cantábrica el Lilium pyrenaicum que es la "flor de lis" de los Pirineos franceses. Los nombres vernáculos de los lirios sí son un lío, pues varían con las regiones y se cambian de unas especies a otras; lirios de monte, de roca y de agua, hay muchos, además los botánicos andan de mudanza y "recortes" de especies, por eso, y con perdón, voy a usar aquí los nuevos nombres.

Lirio de junquera Chamaeiris reichenbachiana anterior Iris spuria subsp. maritima

            Las iridáceas son una de las familias más fáciles de reconocer, pues las características formales de sus flores no dejan lugar a dudas; otra cosa es acertar con la especie y otra traducirlo a como ha quedado el género de los lirios, “Iris”, después de su reciente cambio tras concienzudos estudios filogenéticos que lo han “deconstruido”. Como todo cambio, desconcertante, pero creo que acertado y razonado. El anterior género Iris se ha descompuesto  en otros varios géneros, de tal manera que el actual solo tiene tres especies, uno el cultivadísimo Iris germánica, el menos cultivado, I. canescens y el autóctono y calizo, Iris lutescens.

Hojas de Iris lutescens. Como en todos los lirios, tanto las hojas como las flores, son inconfundibles

    De la nueva clasificación taxonómica en Flora Ibérica desaparecen algunas especies; unas con buenas explicaciones y otras no tan convincentes, como el lirio amarillo extremeño, el Iris lusitanica que a pesar de sus flores amarillas, se argumenta que en todo lo demás, es idéntico al lirio español Xiphion vulgare. Aquí prefiero la escuela botánica de Salvador Rivas Martínez que da tanta o más importancia a la ecología propia de la planta que a los meros caracteres taxonómicos, y este lirio amarillo, la tiene su ecología en los secos pedregales y arenales ribereños más occidentales.


Lirios de junquera compitiendo/cohabitando con los juncos, mientras que el lirio acuático lo hace con cárices, carrizos y espadañas

            Los nuevos géneros son: son Xiphion, Chamaeiris, Juno y Limniris. Permanecen Iris y Ginandriris. Los lirios que aquí voy a tratar, quedarían como sigue:


        Nombre vernáculo               Nombre anterior           Nombre actual

        Lirio español                        Iris xiphium                    Xiphion vulgare
        Lirio acuático                       Iris pseudacorus             Limniris pseudacorus
        Lirio de junquera                 Iris spuria                        Chamaeiris reichenbachiana
        Lirio hediondo                     Iris foetidissima              Chamaeiris foetidissima
        Lirio de invierno                  Iris planifolia                   Juno planifolia
        Lirio de loma                                          Iris lutescens                              (no cambia)
        Patita de burro                              Ginandriris sisyrinchium                     (no cambia)


Lirio de invierno, Juno planifolia lleno de flores acaules, es decir, sin tallos

            Los abundantes e incluso naturalizados Iris germanica, usados tanto por su belleza como por su contención de taludes, pueden vivir muchos años; hace tiempo en un lugar imposible, un alto espolón yesífero sobre la vega del Jarama y frente al antiguo puente del tren de Arganda (el que pita más que anda), encontré una gran mata de estos lirios; al tiempo me contarían –historia creíble o no- que se trataba de la tumba de una brigadista muerta en la Batalla del Jarama.

Rodal de Iris germánica sobre un espolón en los yesos con el  rio Jarama al fondo

             Todos los lirios del centro peninsular son éstos, salvo un lirio que llega desde las Subbéticas a alguna localidad de la Ibérica conquense (Xiphion serotinum) y existe una cita de Xiphion filifolium en el oeste de Ciudad Real que pongo muy en duda. El aludido Iris lusitanica es del centro-occidente extremeño, bien podría aparecer en los arenales toledanos del Tiétar,  ver (Alberto Gil Chamorro en Desde el Torreón) y, finalmente, Xiphion latifolium de las altas montañas del norte llega a contadas localidades boscosas y prados de siega de  Ayllón, en el norte de Guadalajara y Madrid. 


El lirio acuático Limniris pseudacorus, tal vez sea el lirio más fácil de ver de toda la península, aquí en el Guadiana

         El resto de los lirios ibéricos, con la excepción de Xiphion filifolium del extremo sur, son del norte: el escasísimo Xiphion boissieri del noroeste (galaico-portugués) y Chamaeiris graminea del norte central.

Lirio de junquera en plena llanura de inundación del Guadiana evidenciando la buena salud de ésta

            De todos los lirios que voy a tratar, prácticamente solo es relativamente fácil observar, el lirio de agua (Limniris pseudacorus) en ríos y arroyos, más o menos permanentes y el lirio de monte (Xiphion vulgare) en montes y canturrales. A éstos le seguiría, con mayor dificultad de observación, en llanuras de inundación e incluso en zonas salobres bien conservadas, el lirio de junquera (Chamaeiris reichenbachiana).


Los raros lirios hediondos en su mejor localidad ciudarrealeña

            Menos extendidos aún, en el extremo sur occidental meseteño, el pequeño patita de burro (Ginandriris sisyrinchium) y el lirio de invierno (Juno planifolia) y todavía más escaso, en áreas  más térmicas, húmedas y umbrosas, el lirio hediondo (Chamaeiris foetidissima); y ya, de manera absolutamente puntual y localizada, el lirio de loma (Iris lutescens) en enclaves calizos montanos.
  

            El lirio español Xiphium vulgare es relativamente abundante, pues un año lluvioso da gusto verlos al viajar o andar por los montes del centro peninsular, donde entre las piedras, en vaguadas y cunetas llega a crecer en masa, aunque nunca de manera tan concentrada como lo puedan hacer el lirio acuático y el de junquera, con el que alguna vez llega a mezclarse, siendo entonces algo confundible por la flor, pero los frutos y la mata que forman, son totalmente diferentes.


            Es un lirio muy grácil, de alta talla que se sobrepone al matorral o pastizal dominante, muy variable en tonalidades y tamaños. Es tan versátil que aparece desde los frescos robledales a pedregosas solanas y admite todo tipo de litologías, aunque una de mis localidades favoritas está sobre calizas paleozoicas.


            El lirio acuático, Limniris pseudoacorus, tolera aguas ligeramente contaminadas y es abundante en casi todos los ríos y arroyos españoles, a veces me ha llamado la atención la cantidad de ellos en angostos arroyos de Montes de Toledo, creciendo entre la maleza de sauces y zarzales. Llega a formar vegetación, creciendo la masa de hojas en competencia con espadañas y carrizos.


             Un lugar donde siempre es abundante es el magnífico Bullaque, río que debería estar integrado en el Parque Nacional de Cabañeros. A diferencia del lirio de junquera, no tolera para nada la sal, el año pasado intenté con Rubén de Pablo una repoblación en el sureste madrileño y a pesar de elegir aparentemente un buen lugar, las plantas fueron muriendo por la salinidad del arroyo de los Migueles en Rivas.

Lirios de junquera en una pradera húmeda, de fondo el amarillo Tetragonolobus maritimus

    El lirio de junquera, Chamaeiris reichenbachiana, es muy ocasional, pero sabiendo donde buscarlo, llega a aparecer incluso en apretadas formaciones. Una de ellas la descubrí el año pasado, pero este año, la climatología no le ha sido favorable, pues a pesar de encontrarlo en floración (tras varias visitas), no era, ni de lejos, tan  masivo como el año anterior.

Increíble concentración de lirios de junquera recién "pasados"; este año no ha salido ni parecido
Ejemplar de arroyos salinos madrileños, hojas más claras y estrechas y solo una flor por tallo


            Es el lirio indicador de la buena salud de las praderas-juncales y de las llanuras de inundación, y en algún caso lo he visto crecer prácticamente sobre costra salina, como en el arroyo de la Cañada de Valdemoro en Madrid, de esto le vino el haber sido descrito como Iris spuria subsp. maritima. Creo que, finalmente, ha desapareció de las lagunas endorreicas manchegas. Afortunadamente hemos descubierto varias poblaciones en arroyos salobres madrileños, aunque una ha sido barrida con bulldozers del arroyo de los Migueles para urbanizar la zona, y me resulta bastante diferente del tipo, por lo que pienso que sí que puede haber una especie más marítima que la otra.

Detalle de la esquiva flor del lirio hediondo (perdón por el nombre)

            El lirio hediondo, llamado así porque huele algo mal al frotar fuertemente las hojas, de todo el centro peninsular que yo sepa, solo aparece en el extremo sur y occidental ciudarrealeño, en arroyos temporales y nacederos muy umbrosos y en alguna localidad alcarreña como el valle del Tajuña y muy probablemente aparezca también en bosques galería del Júcar y en la albacetense sierra de Alcaraz. En el norte peninsular es casi una "mala hierba" de los prados húmedos.


             La primera vez que vi este lirio fue, en gran cantidad, a la sombra de un rarísimo quejigar-avellanar; estaba sin flor y no lo reconocí, me llevé un esqueje y lo planté en un jardín, pasaron años hasta que un día abrí las ramas de la hortensia que los cobijaba y aparecieron las esbeltas flores de este lirio, dejándome absolutamente boquiabierto.

Grupo de patitas de burro Ginandriris sisyrinchium

          Los "patita de burro" (Ginandriris sisyrinchium) son abundantes en los suelos pobres y pedregosos de las dehesas andaluzo-extremeñas y llegan al extremo sur occidental de Ciudad Real y al extremo suroeste toledano. Florecen en lugares duros, secos e inhóspitos como un milagroso regalo de la tierra.


        A pesar de su pequeño tamaño son de una belleza enorme, destacando en una estación en la que el campo apenas empieza a barruntar la primavera. Podría ser que el calentamiento global esté detrás de la ampliación de su areal hacia el centro peninsular. Ya está a menos de 30km de Ciudad Real, hace años solo llegaban al valle de Alcudia.

Lirio de invierno, Juno planifolia

            El lirio de invierno Juno planifolia, no llega ni siquiera a asomarse a la primavera, en otra entrada exclusiva sobre ellos, ya conté que incluso los he visto en Ciudad Real a comienzos de diciembre, pero asoma por allí alejándose mucho de su meridional área de distribución. También y de mucho menor tamaño, salen en las calizas del Campo de Montiel.

Como todo el género Iris, aparece "barbado" el Iris lutescens

            La sorpresa de este año ha sido el lirio de loma, el calizo Iris lutescens, un lirio “barbado” que ya conocía del Maestrazgo castellonense, donde lo llamaban lirio de llomba. Me parecía increíble que entre las rocas calizas, en lo más seco y pedregoso pudiese crecer un lirio tan aparentemente delicado. En su área de distribución más oriental llega a hacer honor al nombre lutescens -amarillo- y suele tener dos flores (ex Iris biflora).


           Pero no se trata para nada, de una planta delicada ni crece, solo en esas regiones calizas de la iberia oriental. Gracias a Álvaro Nicolau me enteré de que existía en una zona caliza toledana, junto con otras rarezas basófilas como la orquídea Orchis italica. Gracias Álvaro por este regalo.


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