Mostrando entradas con la etiqueta Almendros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Almendros. Mostrar todas las entradas

jueves, 12 de mayo de 2022

El almendro silvestre mediterráneo

 

Ejemplar prácticamente puro de almendro mediterráneo, Prunus webbii, en las barrancas del Tajo

Llevo varias entradas en las que hablo de los almendros silvestres, de los arzollos o allozos, que ambos nombres tienen en nuestro acervo cultural tradicional el almendro salvaje, y no estoy hablando de almendros (Prunus dulcis) escapados de cultivos o de retazos de antiguos almendrales caídos en desgracia. No, estoy y he estado hablando siempre de almendros naturales, del almendro mediterráneo o al que se podría considerar como el almendro ibérico, de contar con un probable genoma ya diferenciado de los marroquíes, italianos, griegos o turcos. Árbol y especie a la que considerar como a una encina, una jara, un labiérnago o cualquier otra especie propia de nuestros montes.

La impactante belleza de los arzollares es una de sus mejores bazas

       Desde aquellas entradas en las que ya vaticinaba su naturalidad en el solar hispano, (apoyadas también en una encomiable entrada en el blog de Salvador Feo García “En el Ecotono”). Con el paso del tiempo han ido cayendo en mis manos algunas publicaciones, he ido viendo más de estos supuestos almendrales silvestres y hace mucho ya que no me cabe la menor duda, sobre su absoluta naturalidad ibérica. 


     En esta entrada y con licencia excesiva por mi parte, voy a “fusilar” un magnífico trabajo (El almendro mediterráneo [Prunus webbii (Spach) Vierh., Rosaceae]: una especie olvidada de la flora ibérica con potencial agronómico) de un grupo de investigadores (D. Correa, P.J. Martínez-García, M.J. Sánchez-Blanco, J. López-Alcolea, C. Jiménez Box y P. Martínez-Gómez) que siempre van un paso por delante de lo que a menudo van nuestras altas autoridades botánicas, pues esta especie ni siquiera es mencionada en Flora Ibérica, a pesar de haber sido recogida por insignes botánicos sobre especímenes ibéricos o de haber sido minuciosamente descrita en la Flora d’Italia. Solo algún otro autor, avezado o muy viajado, ha tenido a gala apostar por su naturalidad, como Jesús Charco que también los ha visto a menudo por el Magreb, donde tanto ha trabajado.

Jóvenes prácticamente espinosos como defensa frente al pastoreo

       Desde aquí agradecer a estos trabajadores botánicos del este y sureste ibérico, tan curtidos en el campo, viajados y en contacto con otros botánicos del ámbito mediterráneo, siempre interesados también por la etnobotánica y disfrutones de unas sierras donde naturaleza y hombre han estado muy unidos desde tiempos remotos, como mínimo desde los moriscos. Sierras que son puntos calientes de biodiversidad mundial, tanto de la natural como de la manejada, y donde hay que hilar muy fino para hablar con propiedad de cualquier especie vegetal, por humilde que ésta sea. 

Secuenciación de muestras-A. muy mezclados, B. poco hibridados y C. Prunus webbii puros o casi. Derecha: tamaño almendrucos. (En el artículo mencionado)

     En ese grupo incluyo también a aquellos que osaron definir como especie al avellano español, Corylus hispanica Miller ex D. Rivera y cols. (Diego Rivera Núñez, Concepción Obón de Castro, Segundo Ríos Ramírez, Caridad Selma Ferrández, Francisco Méndez-Colmenero, Alonso Verde López, Francisco Cano Trigueros, etc.) o a otros estajanovistas de la materia verde, como Máximo Laguna o Pablo Ferrer y en especial a Carles Jiménez Box. Y que sirva, no como odiosa comparación, sino como aliciente a otros botánicos más centro-ibéricos para que se esfuercen por mantener el listón donde se debe.

La primera vez que vi un almendro así, sabía que no estaba frente a un almendro común. Otro ejemplar prácticamente puro de los volcanes del Campo de Calatrava

       Este almendro no es tan simple de diferenciar, pero a poco que se practique un poco, en seguida es fácil dar con sus caracteres diferenciales. Se trata de un almendro curtido por la intemperie y los problemas de supervivencia, por eso en él veremos muchas de las necesarias adaptaciones para bregar con los extremos climáticos, con la sequía o con unos suelos muy poco generosos. 

Ramificación divaricada en Prunus webbii

      A diferencia del almendro que todos conocemos, este es menor, como entre los dos y los cuatro metros y una de sus principales características es su peculiar ramificación, con las ramas formando ángulos de nacimiento divaricados, es decir, cercanos a los noventa grados, a veces en una desordenada y masiva ramificación y, casi siempre, acabados en pincho, no espinas, pero casi, pues son puntas de ramas que al secarse alcanzan una consistencia prácticamente espinosa. Las hojas más pequeñas, pero sobre todo la gran diferencia está en el fruto, el almendro normal tiene almendrucos superiores al tamaño del pulgar, pues el arzollo tiene el almendruco como del tamaño de la uña del pulgar, además y a diferencia del almendro común, son muy persistentes.

Como se puede ver, aún quedan pequeños almendrucos del año anterior.

       Por supuesto, no estamos comparando vis a vis el Prunus webbii con un almendro de cultivo, del cual puede llegar a haber decenas de varietales, sino con Prunus dulcis asilvestrados, apocados, incultos y con trazas de asilvestramiento. El gran problema de estos almendros es la hibridación y aquí, el gran perjudicado es nuestro Prunus webbii y no al revés, por eso la complejidad en el campo es tremenda, pues ahí aparece toda la gama de especies asilvestradas o más o menos hibridadas, cuanto más se reúnan los caracteres antes descritos, tanto más puro genéticamente será el Prunus webbii que veamos, pues entre los dos extremos existe toda la gama fisonómica y genética posible. Además, Prunus webbii en fondos de valle o lugares fértiles puede alcanzar tallas mayores de lo dicho.

Uno de los numerosos montes denominados "El Arzollar" del Campo de Calatrava

       Prunus webbii es un árbol íntegramente mediterráneo, ocupando desde el centro de Anatolia hasta la frontera sur portuguesa, por el norte de África ocupa todo el Magreb, es decir de Túnez al sur del Atlas. No tiene nada que ver con esa tradición tipo Arca de Noé, donde todo frutal, por definición, viene de aquel Creciente Fértil donde estuvo situado el famoso paraíso terrenal y del cual, también por arbitraria “definición” viene todo lo que nos llevamos a la boca y que no vino de América con Colón. Ese territorio de ocupación mediterránea muestra un vacío en Libia y Egipto, a pesar de ser también Palestino, lo que muestra que la posible vía de expansión pretérita se produjo en la crisis climática del Messiniense, donde pudo cruzar de Grecia e Italia hacia Túnez por tierras entonces emergidas, y del norte de África, a la península. Otro punto a su favor ha sido el numeroso hallazgo de macro-restos en yacimientos antropológicos, desde los 400 hasta los 2000 años A.C., lo que elimina su posible introducción romana, aunque es muy posible que éstos, usasen, como hicieron con los acebuches, el material autóctono como porta-injerto de las nuevas variedades orientales más productivas.

Arzollar puro situado por encima de una gran mina de puzolanas de material vocánico en La Yezosa, Almagro

       En España ya en 1863 Bourgeau lo cita (con pliego) del sur de Talavera, donde no solo hemos comprobado su existencia, sino su abundancia, como queda reflejado en algunas de las fotos. Hasta finales de los setenta no se cita de nuevo con un buen trabajo en los Montes de Toledo orientales (Felipe, A.J., Socias, I. y Company, R. 1977). Aun así, ha sido obviado en publicaciones oficiales o políticas forestales. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, pero este almendro es más nuestro que la siesta. Prunus webbii busca terrenos térmicos en general de la mitad sur y de la mitad oriental española y lleva muy mal la hibridación, o sea que mejor buscarlo alejado de áreas clásicas de cultivo, aunque actualmente asistimos a una exponencial expansión de su cultivo que hace peligrar esos valiosos y antiguos genes. 

Cultivo de Prunus dulcis abandonado hace años, ver ramificación no divaricada

       Las áreas más clásicas en el interior peninsular (en las áreas bajas surorientales existe mucha hibridación), son los Montes de Toledo orientales, donde destacan, aunque no sean montes sino mesas y barranqueras, los arribes del río Algodor, los barrancos del Tajo, desde sus extremeños arribes, hasta la misma ciudad de Toledo, aunque buscando, también los hemos visto en cortados sobre el Jarama e incluso el Henares. Otra muy buena zona es el Campo de Calatrava, tanto en pedrizas cuarcíticas como en manifestaciones volcánicas, siendo muy vulgar el topónimo Arzollar. También abunda en áreas relativamente altas y abarrancadas de las sierras subbéticas, tanto en Jaén como en Granada y en los barrancos de las Hoyas. Es indiferente edáfico, pero donde más los he visto es sobre materiales sedimentarios y obviamente, de manera puntual, en los volcánicos.

Varios arzollos del Algodor con la poco común presencia de Cytisus multiflorus

       Conozco bien las tierras volcánicas del Campo de Calatrava y siempre me llamó la atención la abundancia de arzollos y su espectacular floración fini-invernal. Si me preguntasen por una vegetación característica de los volcanes de esta región, diría que la vegetación potencial, casi más que un encinar, sería la de un arzollar, al menos corroborado estadísticamente en la actualidad. Supongo que en un más o menos remoto pasado, se trataría de un encinar, pero el uso y abuso antropógeno sobre estos fértiles terrenos, ha conducido a la desaparición o rarefacción de la encina y, por contra, a una cierta potenciación del arzollar, mucho más adaptado y resistente que la encina, al menos en sus primeras fases de vida.

Arzollar subrupícola en Manotera o El Arzollar en Piedrabuena (CR)

       En esos mismos terrenos, tampoco es raro ver pedrizas al pie de roquedos cuarcíticos, cuajados de almendros silvestres. Esa tierra calatraveña es una mezcla a partes iguales entre ambas litologías, cuarcitas y rocas magmáticas, y también de calizas manchegas, donde también aparecen almendros, pero en esos terrenos, a veces con cultivos de almendros, ya no está claro el origen de los almendros, probablemente, almendros perdidos o muy contaminados genéticamente con las variedades cultivares.

Otro monte-volcán llamado El Arzollar en Alcolea de Calatrava (CR)

       Estamos ante una buena oportunidad, un árbol que puede darnos alimento, pues al igual que con las bellotas, las hay amargas y las hay dulces; con un valor genético al que también se le puede sacar partido, para combatir enfermedades, para hacer mezclas y obtener varietales más resistentes, etc. Pero donde cuenta con un valor potencial altísimo es en cuanto a su uso en repoblaciones, tanto del árbol en sí mismo, con la plantación de arzollares en terrenos poco productivos o en climas donde lo arbóreo se encuentre en su límite. Pero donde tiene un gran potencial es como facilitador, es decir, su uso como vehículo para potenciar otras repoblaciones, su media sombra, su creación de suelo y un ambiente propicio para el desarrollo de especies más exigentes en sus inicios, o como para cobijar a la fauna en terrenos ahora desarbolados.

El ganado y la fauna puede sobrevivir en mejores condiciones en un entorno arbolado como es el arzollar que no en terreno despejado

       Tal y como vienen los tiempos, con un innegable calentamiento, con una galopante pérdida de suelo fértil, con episodios climáticos violentos, cada año más numerosos, tenemos que jugar la baza del almendro mediterráneo sí o sí. Tampoco es desdeñable el valor turístico que puedan tener los arzollares en su época (mediados-finales de febrero-inicios de marzo). Buscando almendros en la web, sin querer he localizado páginas web turísticas de Francia, fomentando la visita a almendrales del sureste, mallorquines o levantinos, turismo que por aquí solo hemos aplicado a los cerezos del valle del Jerte, pero quede bien claro que estos almendros no les van a la zaga en absoluto a esos cerezos, y muestran un mayor potencial, pues esa floración, empieza en Enero en lo más meridional y térmico y acaba a mediados de marzo en lo más frío, que en el caso del arzollo son las zonas térmicas del Maestrazgo.

Al fondo los restos de la fortaleza medieval de Alarcos, cuya ladera oriental llamada El Arzollar, posee una de las mejores formaciones de almendro mediterráneo de toda España, lugar digno de una microrreserva o al menos de ser Monumento Natural de interés botánico-paisajístico
       

jueves, 27 de febrero de 2020

Por las Barrancas de Talavera


       Hace unos años, en un hueco navideño, me di un corto paseo con mi hermano por el sur de Talavera. A pesar de lo inapropiado de la época, encontramos unas pocas plantas sin flor aún, de la orquídea ibérica más escandalosa, la Barlia robertiana o Himantoglossum robertianum.

Grupo de Barlias con el primer sol matinal

       Tenía que volver alguna vez para verlas floridas y hace pocos días, he podido hacerlo y disfrutar tanto con ellas, como con los espectaculares paisajes y rincones de este tramo de las impresionantes Barrancas de Talavera que forman parte del conjunto de barrancos (los más nombrados son los de Burujón) que la erosión remontante de los cortos arroyos que dan al Tajo, han formado sobre los débiles materiales sedimentados desde hace millones de años en sus orillas.



El origen del terreno que estoy pisando, arcosas (arenas compactadas con arcillas), es del terciario y está formado por materiales erosionados de las estribaciones de Gredos por el norte, y fundamentalmente, de Montes de Toledo por el sur. Tras la apertura hacia el Atlántico, de la gran zona sedimentaria del centro peninsular, (Cuenca de Madrid), ésta comenzó a disecarse, abarrancarse, aterrazarse y vaciarse paulatinamente, hasta conformar el relieve actual.

Cárcavas y espolones coronados por enebros

      Toda esta topografía accidentada es la que define y da una personalidad propia a toda esta área de barrancas del Tajo que va desde los alrededores de Toledo, sobre las rojizas facies Toledo (influencia de las cabeceras del Jarama-Henares) o sobre las blancuzcas facies Madrid (influencia de las cabeceras del Guadarrama y Alberche) hasta el límite provincial occidental, donde ya penetra en los granitos, pizarras y cuarcitas del Zócalo Ibérico donde se inician los "riberos" del Tajo.


Estos paisajes abarrancados, las Bad Lands de los norteamericanos, han preservado gran parte de estos montes salvajes e ignorantes del arado y se han convertido en un reducto de montes incultos, cuya única utilidad práctica ha sido el pastoreo, la caza y el esparragueo, al que tan aficionados son los Talaveranos.


Tras subir el primero de los empinados barranquillos de la umbría, veo que progresar me cuesta más de lo que pensaba; el avance por esas cuestas casi verticales de arenas poco consolidadas es bastante penoso y tengo que agarrarme a ramas y retamas, descubriendo casi a arañazos en la cara, las plantas de la zona: grupillos de los madrugadores nazarenos, palomillas Platycapnos spicata, jaramagos, caléndulas, etc.

Grupillo de nazarenos Muscari neglectum, una de las flores más madrugadoras

  De ese primer repaso florístico veo que son abundantes las plantas nitrófilas, pero aquí, al contrario que en sembrados o cunetas, donde éstas aparecen por alteraciones humanas, aquí lo hacen por tratarse de un sustrato tan sumamente erosionable como estas arcosas, cuya remoción produce inestabilidad y alteración, dando una vegetación con numerosos tipos de cardos, ortigas, lenguas de perro, etc. Plantas que yo creía poco comunes en áreas inalteradas por el hombre como éstas, como el hinojo Foeniculum vulgare, la basta gramínea Piptaptherum milliaceum, etc.

Arum italicum, abundante en los umbrosos fondos de valle

  Desde el primer vistazo de la región, oteándola desde un punto alto, con unas magníficas vistas al valle del Tajo y con los barrancos cayendo hacia el río y a la multitud de vaguadas que cuajan esta región, me di cuenta que la vegetación arbórea dominante es, sin ninguna duda, el almendral.

¿Quién dijo que el almendral no es una vegetación autóctona ibérica?

       Una pena está pasada semana de calores extemporáneos, colofón de un invierno que no ha conocido ninguna helada relevante, porque otro año más “normal” lo hubiera contemplado en todo su esplendor floral; ahora ya solo quedan algunos almendros en flor en umbrías o fondos de barranco.

El almendral es sin dudarlo la vegetación "natural" dominante

  Fuera del almendral, el encinar le sigue en importancia y, de una manera muy peculiar, el enebral se impone en los crestones, solanas y en las pendientes más complicadas. Puntualmente aparecen acebuches, creo yo, porque están en áreas muy alejadas de olivos cultivados y por sus pequeñas aceitunas. En el fondo de las vaguadas aparecen tarayes, algunos de gran talla y puntualmente, álamos blancos muy aislados; de los olmos, solo algunos esqueletos en las zonas más proclives.

Barlia y acebuche al borde de un crestón

  Voy recorriendo cordales, subiendo y bajando barranquillos. La vegetación cada vez me parece más peculiar, tras los almendrales, me llamó la atención la conjugación de los retamares con la aromática ontina Artemisia herba-alba que también forma parte de los tomillares, los retamares locos de Osyris alba, las Ballota nigra, las Artemisia glutinosa de los fondos de valle arramblados por las aguas, etc.

Ontinas entre el alto pastizal de Hyparrhenia hirta

       En umbrías y fondos de valle, un oscuro matorral de retama loca Osyris alba, en solanas romerales y altos pastos de la térmica Hyparrenia hirta, en bordes de cortados compactos setos de uñas de gato Sedum sediforme, etc.

Viejas matas de retama loca Osyris alba cargadas de líquenes

  El terreno que antaño yo creía silicícola, muestra abundantes signos de vegetación caliza, como la presencia de este matorral de ontinas, jazminorros, jaras estepas, salvias varias, orquídeas basófilas, Sedum sediforme, etc. Ya estudié en geografía, con Julio Muñoz, esta influencia caliza en las facies terminales de las grandes rañas que, desde las faldas de los Montes de Toledo, llegan hasta el borde del Tajo; este final de raña, combinado con su mezcla con las terrazas más altas, en su época regadas con aguas carbonatadas, les termina dando esa fuerte impronta caliza.

Los basófilos nazarenos Muscari neglectum y Salvia verbenaca detrás

  El manto amarillento de los jaramagos se enseñorea de todas las lomas en esta época, pero en un altozano distingo un tono de amarillo mucho más intenso. Cuando remonto la loma y me acerco, compruebo que es una gran mancha de narcisos, uno de los más escasos de Castilla la Mancha, Narcissus fernandessi, no reconocido por Flora Ibérica que lo asimila al aragonés Narcissus assoanus, pero a pesar del parecido, somos muchos los que pensamos que es una clara especie independiente y una errata de este libro. Afortunadamente, una nueva y buena localidad para esta arrinconada especie.

Una muy buena población del escasísimo Narcissus fernandesi

      La fauna es uno de los alicientes de esta área, uno de los últimos reductos del águila perdicera, a la que pude ver en un breve instante y deducir su presencia, por los restos de plumas de lechuza que vi en lo alto de un espolón; vi aún más muestras de festines emplumados, de palomas, ahora probablemente de halcón, otra rapaz cada vez menos común en el campo y más en las capitales.

Plumas de lechuza, lástima, una especie en peligro como la perdicera se como a otra especie protegida; también he conocido el caso inverso, búhos que se han comido nidadas de perdicera

      Recuerdo de chaval, fijarme en la carretera del Cerro Negro, tatuada con la multitud de grandes serpientes atropelladas, algo común entonces, pero que he comprobado que hoy en día, es muy difícil de ver una sola, y menos aún de gran tamaño. Una prueba más del terrible declive reptiliano nacional.


      Yo aún conservo recuerdos de mi infancia talaverana y algunos nombres de esa salvaje parte sur del Tajo, la Labranza el Alto, el Cerro Negro, el barranco del Diablo o el del Águila. Alguna excursión con mi padre y mucho esparragueo con mi abuelo y familia. Siempre me llamó la atención los magníficos pies de enebro que parecían como colocados ahí, para adornar esos  montes y barrancos, con formas redondeadas o picudas que más parecían sabinas que enebros.

Grupo de enebros asomados a un barranco

      Hace pocos años me enteré de que esta zona se había nombrado Lugar de Importancia Comunitaria, posteriormente Zona de Especial Conservación de Las Barrancas de Talavera, con casi 1200 has., me alegró que se tuviera en cuenta un lugar tan especial, pero la importancia de este reservorio de diversidad, en un medio tan humanizado como el valle del Tajo, es incuestionable. Lamentablemente la protección solo se concentra en dos áreas, dejando fuera mucha más cantidad de hectáreas de, al menos, igual importancia.

La mayor planta de orquídea que ví, fue pasto de algún excursionista desaprensivo, es una pena no haber podido verla en todo su esplendor. Sé que es muy llamativa, pero todos tenemos derecho a su disfrute

      Hoy la intensificación de cultivos, en busca de subvenciones más que de producción o la ganadería semi-intensiva de vacuno, dejan el suelo muy degradado en estos terrenos tan susceptibles a la erosión. La vocación de estos terrenos es la de permanecer como han llegado hasta nosotros en la actualidad.

Masas y de gran altura de la cebolla albarrana Urginea maritima

      Generaciones de campesinos nos han legado estos terrenos sin roturar, bien vegetados para la producción de leñas, aprovechamiento cinegético y, de rebote, para la protección contra una erosión que aquí sería galopante, si desapareciera este manto protector.

Canteras de áridos al pie del barranco del Águila. Paisaje protegido??

      Leí la declaración de protección de estas Barrancas de Talavera y luego pude comprobar como desaparecía el espíritu y la protección dada, al ver como las explotaciones de áridos se están comiendo por la base algunos de los mejores lugares de toda la zona, a pesar de las limitaciones impuestas por esta normativa; otras veces tras la explotación de áridos se aprovechan esas cavidades como vertederos, legales o no.


         Ahí están las numerosas e impresionantes barrancas del Tajo, terreno áspero y difícil de recorrer, quizás con bastantes fincas privadísimas, pero con una naturaleza abundante y sana, capaz de limpiar los aires sobrecargados del valle del Tajo, un buen pulmón para Toledo y Talavera y aún, fuente de posibles descubrimientos botánicos o faunísticos. Esta región hace de puente, por el norte con las dehesas cuasi extremeñas y las estribaciones de Gredos y por el sur con los Montes de Toledo. Se trata del mejor pasillo ecológico que pone en comunicación el valle del Tajo con el del Guadiana.

Aquí los almendros llegan incluso hasta los carrizales del Tajo

jueves, 31 de mayo de 2018

Por la meseta cristalina de Toledo. Paseo por el río Algodor


                Esta es una región poco conocida , a caballo entre la depresión del Tajo y los Montes de Toledo, un verdadero puente entre una y otra región y la transición también, geológicamente hablando, de los últimos restos de la mesa de Ocaña - Tarancón, en la Cuenca de Madrid al macizo Hercínico o macizo Ibérico, en cuyo suelo nos encontramos; con ese cambio litológico de las calizas, margas y arcillas por un lado, a los granitoides y cuarcitas por el otro.


       El material que conforma esa clara y compacta región, es conocida geológicamente como la plataforma cristalina de Toledo, aunque hasta hace pocos tiempo se conocía como la comarca de la Sisla que es toda la región comprendida entre los Montes de Toledo y el río Tajo, con la Sisla Mayor, en cuyo extremo oriental, el delimitado por el río Algodor, he dado este paseo, y la Sisla Menor, ya más encajonada entre los montes y el río.



       Se trata de una meseta, elevada más de 200m. sobre el Tajo comprendida por materiales ácidos, fundamentalmente granitoides (pues hay granitos, granodioritas y migmatitas mayormente) y algunas alineaciones de cordales de cuarcitas que en su borde norte, en paralelo al Tajo, forman un rosario discontinuo de elevaciones aisladas que ha venido en llamarse como los Montes Isla de Toledo. Aunque realmente los montes isla, en sentido geológico son sedimentarios y serían otros: el monte de Magán, al norte de Toledo, reconocible por la cementera que ha acabado con su cubierta caliza cimera, u otros montes de los bordes occidentales de la Mesa de Ocaña en Yepes, Valdecarábanos o La Guardia.



      He recorrido parte del borde oriental de esta meseta cristalina, concretamente en entorno del río Algodor. Las rocas aflorantes por aquí, no son granitos, como poco más al oeste, ni cuarcitas, como al sur, donde podemos ver el castillo de Peñas Negras en Mora, en una cresta dominando esta industriosa ciudad, ni margas o arcillas como ocurre más al este y sureste. 


Roca de migmatita con las gramíneas Hyparrhenia hirta y las crucíferas en flor Coincya monensis

         Estamos sobre unas rocas muy parecidas al granito, son las migmatitas, una roca a medio camino entre las metamórficas y las plutónicas. Es como un granito deformado (gneis) en el que aparecen materiales transformados y sin transformar, dispuestos en bandas coloreadas de tonos claros, oscuros e intermedios dispuestos rítmicamente. A todos los efectos son rocas ácidas que se comportan como los granitos.


Tonos marrones de la migmatita en contraste con el blanco de Omphalodes linifolia.

          Pero estas rocas, incluídas los granitos cercanos, a pesar de su acidez muestran un compartamiento a nivel edáfico y botánico, bastante cercano a lo basófilo. Aquí está bastante reciente la denudación superficial que hizo aparecer estas rocas subyacentes, como son todas las rocas plutónicas, y además en condiciones tan xéricas, hace que los materiales tengan la impronta calcícola de miles de años de influencia de esa capa superior caliz.<400mm .="" a="" aumentar.="" b="" cenozoica="" comportarse="" cubierta="" de="" dejado="" el="" en="" eso="" esta="" hacen="" han="" hay="" i="" impronta="" lavado="" los="" manera.="" materiales="" mica="" nico="" no="" o:p="" ph="" por="" predominantemente="" qu="" que="" sicos="" suelos="" tiende="" una="" y="">
   Llama la atención que plantas típicamente acidófilas como las claverlinas, los escobones, los cantuesos, junto a otras, compartan espacio con especies típicamente basófilas, como las aquí dominantes Artemisia herba-alba , tomillos vulgares y otras. Y más llama la atención la presencia de especies como la abundante escoba blanca acidófila (Cytisus multiflorus). 



          Planta que siempre supuse que necesitaba una buena dosis de precipitación para prosperar y que en esta zona, creo no llega a los 400mm., mientras que en las peanas norte de Montes de Toledo, Gredos o en Extremadura, donde es abundante, la media de lluvia supera los 500mm.



           Otra planta, mejor dicho, árbol, que descubrí hace unos años, gracias a una magnífica entrada en el blog “En el Ecotono”, también aparece profusamente por aquí. Es el verdadero almendro silvestre que no “asilvestrado”, el Prunus webbii, un almendro, no reconocido unánimemente por los botánicos, nativo del sur (Italia y Grecia) y también suroeste (España) de Europa.



          Se cree que de la misma manera que griegos y romanos injertaron nuestros bastos acebuches para crear los olivares de aceite y aceituna, también fueron mayoritariamente injertados, pues sus frutos eran demasiado pequeños para que mereciese la pena su cultivo. Es curioso que tras validar la autoctonía de castaños y nogales, nadie quiera darle el certificado de nacionalidad a este arbolillo.



           Este almendro silvestre es muy fácil de confundir con un almendro asilvestrado que es lo que solemos ver mayoritariamente en montes y barrancos. Pero si ponemos atención no es tan difícil de identificar. Tiene un aspecto arbustivo, espinoso, seco y desaliñado y más ramas secas que verdes. Sus estrechas hojas y los frutos, son bastante más pequeños que los de un almendro asilvestrado. Las ramas se abren dejando ángulos cercanos a los 90º y a veces lo hacen en forma de abanico. Las puntas de esas ramas tienden  a terminar casi en pincho y sin hojas.



         Por suerte o desgracia, se suelen hibridar con almendros escapados, de los que hay bastantes por la zona, pero una vez vistos los primeros ya es fácil identificarlos. De hecho yo los he encontrado en algunos volcanes del Campo de Calatrava, donde además es tradicional que algunos de ellos lleven el repetitivo nombre de Arzollosa que es el nombre del almendro silvestre (y asilvestrado) en árabe y que en la Mancha ha perdurado, también bajo el nombre, menos común que el anterior, de “allozo”.



           Este año se nota que el campo sonríe a la cantidad de agua que le ha venido cuando más lo necesitaba después de la dureza del año y medio anterior a los últimos días de febrero, que fue cuando empezaron las lluvias de verdad. El Algodor no corría hasta mediados de marzo y ahora, ya ha llenado sus presas de El Castro y Finisterre. Comienzan muchas floraciones y otras ya se agostan, como ocurre con los primeros calores, aunque no sean muy fuertes.

Los dientes de león ya se han pasado hace pocos días

           Apenas hay unas pocas encinas y el árbol dominante es el almendro, con algunos ejemplares sueltos de olivos silvestres, más que acebuches propiamente dichos. 


Olivo silvestre entre arzollos o ayozos (almendros silvestres)

          La gama arbustiva pasa por las retamas, escobas blancas, jazminorros, espinos blancos en las vaguadas y negros en las rocas. Abundantes esparragueras y vegetación ribereña, con taray, algunos sauces y chopos.


Carrizales, con sauces y chopos en la vega fluvial del Algodor

             La vegetación tiene una cierta buena gama, porque aparentemente hay mucho esparto o artemisas, más propias de fases degradadas, pero la escoba blanca, jazmines, retamas locas y esparragueras podrían indicar lo contrario. También llama la atención la abundacia entre y al pie de los grandes bloques, de la gran labiada Ballota hirsuta, todavía sin florecer.


Ballota hirsuta en rellanos rocosos

      En las laderas, incluso altas, vecinas de río, me llama la atención, como también he visto en otras localidades, cómo remontan las laderas los tamujos (Flueggea tinctorea), quién iba a decir que es un arbusto ribereño. Quizás es que todos los ejemplares están conectados entre sí y se repartan un agua que, lógicamente, falta en esas, ya altas laderas.

En primer término tamujos remontando estas pedregosas laderas

          Eso ocurre con un tipo de vegetación bastante abundante en este tramo de la cuenca del Tajo. La vegetación relacionada con las arenas. Sobre esta meseta cristalina, el resultado de las alteraciones, es la arenización de estos granitoides y materiales parecidos, a lo que hay que añadir, las arenas de las facies sedimentarias procedentes del Sistema Central que llegan hasta el mismo Toledo, las arcosas.


Suelos arenizados con la bella compuesta Prolongoa hispanica

        Al norte de Toledo, esta formación sedimentaria toma un tono anaranjado, en la facies “Toledo” y un tono más blanquecino en la facies “Madrid” más cercana al río Guadarrama. Además hace tiempo, (geológico), el Manzanares venía a desembocar prácticamente enfrente de donde lo hace el Algodor, hasta que un pequeño afluente del Jarama, capturó su antiguo cauce aguas abajo del barrio de Villaverde, y todo lo que traía el Manzanares eran arenas.

Paisaje arenizado al pie de las rocas

           No hace falta fijarse mucho, ahora mismo es el momento de una pequeña, bella y abundante compuesta típica de las arenas no muy ácidas, la Prolongoa hispánica. Aunque el apellido es muy de aquí, el nombre es algo retorcido, pero es la margarita amarilla de las arenas. También, como no, aparecen sabulícolas clásicas como las pequeñas Malcolmia triloba, Linaria spartea, Rumex bucephalophorus o el Erodium aethiopicum, entre otras. Otro toque especial, aunque aún no ha llegado a su llamativa floración es la de la Pistorinia hispánica, planta muy parecida a un Sedum.


Tonos rojillos de Rumex bucephalophorus y abajo la Pistorinia hispanica aún sin florecer

             Este tipo de rocas tiene una buena colonización liquénica, destacando por el fuerte y colorista contraste con las rocas, los Acarospora de fuertes tonos amarillos.
            

                En unas lomas al borde de los berrocales y barrancos veo una tremenda colonización del cactus americano Opuntia streptacantha. Se escaparía de algún chalet y ahora avanza descontrolado, cerrando buenos espacios a otras especies nativas o incluso al paso humano. No es la primera vez que lo veo en medio del campo.


Esto va pareciendo un paisaje de la meseta central mejicana

               Rincón bastante desconocido, quizás debido a que a partir de principios de mayo es una zona muy calurosa y sin fuentes, aparte de lo quebrado del terreno, lo que, por otro lado, da pie a muchas sorpresas y todo tipo de rincones insospechados que habría que conocer, en este rincón de la geografía castellana.



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...