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jueves, 30 de septiembre de 2021

Incendios forestales

 


      Acaba de terminar la temporada de incendios, al menos la de los grandes incendios, pues a inicios y mediados de otoño, hay veranillos en los que altos incendios menores, pero más numerosos, suelen estar presentes, por no hablar de los incendios invernales, cada año más frecuentes, producidos por periodos secos y calurosos que facilitan la propagación de incendios naturales o provocados, aprovechando la ausencia de medios de extinción.


      Ha sido una temporada de incendios alarmantemente dura, un verdadero botón de muestra del inmediato futuro que nos espera. No es que haya habido muchos incendios, respecto a la media, lo que ha ocurrido es que ha habido varios, tremendamente dañinos e incontrolables, que son los que me han llevado a escribir estas líneas.


      Uno de ellos, el de Ávila (ya hay que hablar de provincias más que de municipios), me ha afectado especialmente, pues es una tierra que conozco, quiero y envidio, a pesar de todo. No voy mucho por allí, pero he sido testigo y parte actuante de varios de ellos que han aparecido en este blog, y esta vez también me pilló por allí, pero a distancia, pues el tener que salvar la barrera del puerto de Mijares para llegar hasta allí y volver con todo el cansancio de vuelta, me hizo desistir.


      A pesar de la distancia, desde mi otro lado de la sierra, se pudo sentir la potencia del incendio, el primer día no,  el segundo día ilusamente esperanzado y el tercero en un tétrico ambiente de humo y pavesas. Absurdamente esperanzado el segundo porque en medio del puerto empezó asomar una gran y brillante coliflor nubosa que iba creciendo y que me hizo pensar que con la previsión meteorológica de desarrollo convectivo, podría desencadenar una tormenta que acabase con el incendio. Pero esa ilusión se fue al traste en cuanto creció más la nube y mostró que su base era una gran columna de humo negro. Al parecer tiene nombre: pirocúmulo, una nube de tormenta generada por la elevación del aire caliente del incendio, lo que a menudo puede generar un cumulonimbo y con suerte,  lluvia. Pero no fue el caso y la imagen era parecida a la dramática y goyesca pintura de El Coloso o El Pánico, gigante sustituido por ese dramático y vertical nubarrón.


      El otro gran incendio nacional fue el de Sierra Bermeja, una sierra malagueña sobre unos especiales materiales geológicos, las peridotitas, rocas ultrabásicas sobre las que crecen especies endémicas adaptadas a esas duras condiciones químicas y que habrán sufrido un duro revés con este fuego. Caso parecido al incendio abulense (con una alta incompetencia inicial a la hora de atacar el fuego y un enorme despliegue de medios cuando el desastre ya estaba en su apogeo), pero con un relieve aún más escabroso que el de Ávila, aunque aquí, sí que contamos con la intervención divina, al desencadenarse las lluvias que acabaron finalmente con el fuego y el sufrimiento de quienes llevaban casi una semana sufriendo de cerca el desastre.


      En los medios de comunicación triunfó el palabro de moda este verano, el de incendio de sexta generación. Habría que definir primero qué son las cinco precedentes para ver qué es lo que cambia de una a otra generación y explicar los motivos para saltar de ordinal. Por lo visto se trata de incendios en los que se alcanzan unas temperaturas que impiden el trabajo del personal de extinción en la inmediatez de las llamas y no solo eso, sino que son capaces de incidir en la meteorología comarcal para formar nubes pirogénicas y mutando a fuegos incontrolables; nada nuevo, además he visto llover bajo pirocúmulos provocados por incendios pequeños, pero el palabro ha caído en gracia.


      Como cada verano, tras cada incendio mediático, la polémica está servida. Un incendio siempre supone un fracaso, aún de producirse por causas naturales, y ¿Quién carga con ese fracaso? Lo fetén es que no cargue nadie con el marrón, echar balones fuera, echar la culpa a incendios de sexta generación cuando estábamos preparados, pero solo hasta la quinta generación, y acudir a los lugares comunes de siempre, que si los incendios se apagan en invierno, que si hemos tenido una primavera lluviosa y había mucha broza en el monte, que si no tenemos presupuesto suficiente, que si el cambio climático y la pertinaz sequía, que si los pirómanos y últimamente,  que si la España Vaciada.

      Sin que dejen de tener participación alguno o todos los motivos anteriores, vamos a ver si puedo arrojar algo de luz sobre un tema tan manido y argumentado, pero que casi siempre nos sobrepasa, y digo "nos", porque este sí que es un tema que nos atañe a todos, cuyas consecuencias vamos a padecer todos y, según las predicciones, más vale que nos coja confesados, es decir, preparados, con unas autoridades ya previamente informadas, formadas y dispuestas para enfrentarse de verdad a lo que se nos viene encima.


      Primero hay que reconocer el valor que tiene el monte, y digo monte en lugar de bosque, porque el monte no tiene porqué ser un bosque, puede ser una arbusteda, un pastizal o una mezcla de diferentes especies, formaciones vegetales o  áreas sin vida aparente. El monte es una comunidad, un ecosistema o mezcla de diferentes ecosistemas, y nunca, repito, nunca, tiene necesariamente que ser más valioso un bosque que un pastizal, es más, muy a menudo un bosque no es sino una monótona plantación de árboles con una escasa biodiversidad.

Las imágenes no son tan diferentes, simplemente la de arriba aún no ha ardido, lo que muestra a las claras la escasa vida de algunos de nuestros montes arbolados

      Por otra parte, ya de entrada, tener claro que el gasto en la extinción de incendios es tan importante en su cuantía, como imprescindible. Para nada se trata de un negocio, puede tratarse de un buen negocio a la larga, negocio no reconocido y no monetizado. Hay que huir de los enfoques economicistas, muchas de las variables que más cuentan a la hora de cuidar un monte, no tienen cabida en presupuestos de tipo económico. El bienestar del planeta, la moderación de los extremos térmicos, el buen funcionamiento del ciclo del agua, la calidad del aire, la capa fértil del suelo, la biodiversidad y otras variables, no tienen un definido respaldo contable que les avale. Es un buen negocio a pérdidas, es un negocio a futuro porque se trata de mantener la perspectiva sobre un futuro común digno.


      Es una carrera de fondo, nada que ver con el cortoplacismo electoral de los cuatro años. Se trata de un compromiso con la ciudadanía, como si fuese el mantenimiento de tuberías, vías de comunicación o el del mismo estado, algo que, y no creo exagerar, debería estar reflejado en la Constitución, unido al derecho a un medio ambiente sano y digno, como un deber de mejora o, al menos, de mantenimiento, basado en una efectiva política contra el fuego reflejada en un verdadero Pacto de Estado. Pero lleva ya muchos años tratándose este tema como una ingrata y poco rentable tarea que hay torear, que se asume a regañadientes, porque no queda otra.

Los fuegos de piornal a menudo se escapan hasta la sierra

      La situación es acuciante, ya venía mal de antiguo, pero hemos visto sobradamente, tanto en Ávila como en Málaga, que irremisiblemente nos quedamos sin monte y este año no ha sido especialmente duro en cuanto a olas de calor, incluso julio y septiembre han sido suaves, pero la conjunción de  olas de calor y fuegos devastadores, va a ser una constante, y además creciente, año a año. El caso de este verano es paradigmático de lo que nos espera, si no despabilamos o hacemos despabilar a los que tienen las herramientas para mitigarlo. De poco sirve repoblar, concienciar, valorar la biodiversidad, si dejamos que esta enorme riqueza que tenemos se nos vaya de las manos. Hay que actuar ya, “en invierno” para apretar las tuercas, alarmar ahora que podemos anticiparnos y no luego, a toro pasado y bosque perdido.



      A nivel administrativo y logístico, la política de extinción de incendios es un trabajo poco definido y muy variable entre las distintas administraciones (local, autonómica y central) que suelen acabar “a chorchos” entre ellas, otra estupenda excusa para echar balones fuera. Por esto es muy necesaria la existencia de un organigrama y unas directrices generales de desempeño y responsabilidades en caso de incendio, entre las diferentes administraciones, amén de planes de acción sobre el terreno adaptados a los distintos montes y al ámbito municipal, relativamente fácil desde que existen los Sistemas de Información Geográfica, pudiendo meter variables tales como la topografía, los puntos de agua, accesos, la respuesta del fuego según los vientos,  etc.


      Por eso y por no existir unas claras directrices de desempeño o de organización laboral clara, se tienen inestables plantillas bajo mínimos y muy precarizadas. A estas alturas aún no se ha acometido una seria política laboral para crear cuerpos especializados de personal fijo, con una formación continua y una mínima perspectiva de futuro en esa carrera profesional, algo muy demandado por unos trabajadores eventualizados de mala manera que siempre ponen mucho más de lo que se les exige de su cuenta y riesgo, echando voluntariamente más horas o acortando los descansos para volver a rematar unos fuegos que se toman como una cuestión personal más que laboral.


      Algunos han visto su oportunidad de negocio y con un pie en la administración y haciendo de bisagra en la puerta giratoria, han ido metiendo el otro pie en lo privado, creando empresas de carácter público-privado, siempre mejor dotadas y aprovechándose de profesionales y presupuestos públicos, crear su empresa. En algunas comunidades por esto hay un doblete funcional, estando a la orden del día los conflictos dentro de una misma Consejería, lo que no ayuda pues desdobla presupuestos y crea un mal ambiente entre gente obligada a colaborar a pesar de los contrastes salariales entre idénticos trabajos, creando además, por esta indefinición, un lamentable vacío y conflicto de responsabilidades.

      Los diferentes rangos institucionales de las administraciones tampoco ayuda, siendo muy normal el caso de comunidades autónomas que se creen sobradas para hacerse cargo de extinciones o reacias a reconocer que se necesita toda la ayuda “externa” posible, hasta que la triste realidad viene a quitarles la razón. La administración local tampoco pone mucho de su parte, a veces los ayuntamientos ejercen de caciques, al tener la potestad de elegir el personal para los retenes, dependiendo la selección de cómo sean las relaciones personales o los gustos políticos de los candidatos; lo contrario de lo que debería ser una política activa de fijación de población con trabajo remunerado en el medio rural. Incluso hay alcaldes que ven en el fuego una forma de “monetizar” un monte que parece no ser demasiado rentable en verde y que en negro, tras el fuego, esperan frotándose las manos, la lluvia de euros en ayudas paliativas que deberán administrar y repartir sin demasiado control externo.

No se sabe como manejar a los voluntarios, donde hay una ayuda otros ven un problema

      Otro tema sin resolver es el de la gestión del voluntariado, brillando por su total ausencia, donde el personal en un fuego se va acoplando donde buenamente ve que puede ayudar pero, finalmente, son efectivos sin gestionar, sin buscarles la mejor manera de colaborar. Hay varias comunidades que directamente no permiten el voluntariado, cuando en la mayoría de los casos son gente animosa o que ve peligrar sus recursos, gente que va a dar más que si les pagasen; tanto como en mi primer fuego, poco antes de los dieciocho, en los que tuve y quise ceder la paga que daban, a la viuda de un hombre que murió apagando ese fuego.


      Está de moda la intervención y ayuda de la Unidad Militar de Emergencia, bienvenida sea toda ayuda, pero eso es un parche que viene a señalar la ineficiencia de la intervención de quien debería apagar los incendios. Me parece dotar de algún sentido el gasto militar, aplicándolo a mejorar o solucionar problemas del ámbito civil y no hay por qué no usar esta herramienta, pero no es la solución y si de verdad funciona, es algo a copiar o multiplicar, lo que vuelve a apuntar lo endeble de las estructuras organizativas a la hora de apagar los incendios.

Pueblos volcados al completo en la ayuda para la extinción de incendios

      La primera hora es fundamental, o los sucesivos momentos en que hay que tomar decisiones rápidas, momentos como el salto de un fuego a una masa potencialmente incontrolable o a lugares de alto valor ecológico. Esto debe estar ensayado, al igual que los simulacros de incendio en colegios, y cronometrar la respuesta de autoridades hasta la llegada operativa al terreno. Es crucial, vital esa respuesta y primeras actuaciones y no veo que nadie lo recalque o que se analice como merece. 


   Es triste y me gustaría que no fuese verdad, (me confirman hace poco que es un bulo) pero en demasiadas bocas y diferentes pueblos de Ávila he oído de la negligencia, que el incendio se originó por el incendio de un coche cuyo conductor inmediatamente llamó a emergencias para comunicar que el fuego acababa de saltar al monte y que al poco acudieron de la cercana base del puerto del Pico, pero como vieron que el fuego estaba en la carretera, dijeron que le correspondía a los de tráfico y se dieron la vuelta, cuando volvieron por segunda vez, ya se había desbocado el fuego y acabó con 22.000 has de naturaleza en muy buen estado. Igual he visto saltar el fuego a la sierra del Cabezo en Gavilanes, por ausencia e inoperancia de las autoridades en abordarlo, la gente suelta a su ser, yendo de un lado para otro sin ton ni son, luego llegaron los camiones, pero el fuego ya había sobrepasado el lugar donde podía haber sido fácilmente controlado.


    Otro tema es el de las responsabilidades tras un desastre, todavía no he visto ningún caso en que se juzgue o ponga en tela de juicio, mediático por lo menos, la dejadez, tardanza, negligencia o irresponsabilidades de las autoridades competentes. De tantos incendios como hay y tan importantes, parece que en todos se ha actuado debidamente. No hay auditorías, ni análisis de los fuegos, aunque solo sea para aplicarlo al próximo, y que se sepa en qué se ha fallado o qué se podría mejorar.

Denunciado en otra entrada, la basura tras una limpia, sin recoger y poniendo en peligro a los medios, sin ese importante estorbo se podría haber impedido la llegada del fuego a los piornales serranos

      Hay quienes pretenden convertir el monte en un suelo limpio, solo con los esbeltos fustes arbóreos libres de arbustos y hierbajos, incluso como decía Aznar, que en España hay demasiado monte. Pero como he dicho antes, el monte es la suma de todas sus capas, desde la geología, los suelos, los líquenes y musgos, los pastos, el tomillar, el matorral, los árboles y su fauna, mayor, menor o microscópica. Todos tienen derecho a la vida y todos están relacionados como en una cadena que todo lo sostiene y fomenta, dotándolo de esa cosa tan compleja que llamamos vida. No se pueden hacer limpias a matarrasa, ni siquiera en los cortafuegos, que sí que pueden y deberían estar arbolados, siempre de árboles dispersos y con sus primeras ramas altas. Igualmente bordes de carreteras, lomas operativas y otros puntos de interés, lo suficientemente clareados como para poder atacar un fuego o hacer contrafuegos, pero ante todo, respeto por el monte, un monte cargado de pistas y cortafuegos es más una fábrica de árboles que una fuente de vida natural.

Monte arrasado por pistas forestales, hoy intransitables, pistas de saca, arrastres del agua,..

      Habría que plantear en esta Europa tan atlántica este problema de la Europa mediterránea, para bien o para mal, por un lado para una ayuda técnica a todos los niveles, desde satélites de vigilancia a modo del proyecto Copernicus, pero enfocado hacia el fuego o bien, para multar, para pagar, como debería pagar todo el mundo, por esas enormes cantidades de CO2 lanzadas a la atmósfera. Hablando de la Europa atlántica, hay que destacar que el lugar de España donde hay más fuegos y firme candidata a zona desertizada, es la Galicia interior donde todo el año es un mundo atlántico, menos el verano que es un mundo claramente mediterráneo, probablemente en las próximas décadas los grandes incendios, sean más terribles en el norte que en el resto de la península y hay que estar preparados.


       El tema es más que complejo, podemos hablar de la España Vaciada y del abandono rural  que contribuye, mucho más de lo que parece a una pérdida de calidad natural y a una fragilidad mayor que en un campo más habitado, de la contribución de las malas gestiones forestales a estos fuegos, afortunadamente más reconducida en los últimos años; del desapego de la población respecto de un monte del que no se sienten parte; del papel de la segunda residencia; de la propiedad privada; de los vallados y de que cuando el monte se quema, algo suyo se quema señor Conde o de una industria contra incendios que se alimenta de esos mismos fuegos. Pero no ha lugar, cada tema daría para horas de digresiones como esta que hago aquí hoy, en la que por favor, vuelvo a insistir, nos jugamos demasiado cada verano como para exigir y llamar la atención sobre este acuciante problema que, recurrentemente, salta a primera línea con el calor, para recurrentemente, ser olvidado con las primeras lluvias. Salgamos del bucle y pongámonos todos a trabajar, nuestro monte está en verdadero peligro, su futuro está en nuestras manos y si no lo vemos, es que ya está perdido.

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https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/claves-peor-incendio-historia-castilla-leon-abandono-falta-medios-afloran-fuego-navalacruz-avila_130_8236631.html
Crónica esclarecedora de la que me he permitido tomar algunas de sus imágenes.

https://www.eldiario.es/sociedad/violencia-incendios-forestales-convierte-2021-anos-destructivos-decada_1_8434052.html

domingo, 30 de noviembre de 2014

La Rubía : Requiem por el Último Pinar Natural de Gredos

Parte del pinar de La Rubía años antes del incendio de Arenas

Lamentablemente esta entrada trata de la desaparición del último pinar de pino silvestre, genuinamente autóctono de todo Gredos. A falta de una mayor concreción sobre la naturalidad de otras masas pinariegas gredenses, temo que nos hemos de conformar con este último pinar, para terminar, a mi pesar, de dar la razón a aquellos que mantienen que en Gredos no hay pinares enteramente naturales.

Los  restos del pinar de La Rubía en la actualidad

Hablando de pinares, Gredos tiene dos caras, la oriental y la occidental, contrastando claramente por la presencia o ausencia de pinares y divididas a partir de un  meridiano que iría poco más al oeste de Hoyos del Espino en el norte a Poyales del Hoyo en el sur. Desde aquí hacia al oeste, la presencia de pinos es absolutamente puntual o claramente artificial de repoblaciones de resinero, Pinus pinaster en el sur, y muy poco de éste y Pinus sylvestris, en el norte.


En la mitad oriental destacan, en claro contraste con los robledales veratos, los extensos pinares que cubren todos los montes. El pinar mayoritario es de Pinus pinaster que ocupa parte del piso mesomediterráneo y las dos terceras partes inferiores del supramediterráneo, en ambas vertientes. Aunque al norte, a partir de Navaluenga hacia el oeste cede ante el robledal, no ocurriendo lo mismo en la orilla de solana del Alberche, donde de nuevo el pinar,  junto con la encina  y algo de roble, se enseñorean de estos territorios.

A saber cuantos años llevaba muerto este enorme ejemplar

Pero no todo son Pinus pinaster, en el extremo oriental del valle del Tiétar, también abundan, a pesar de un incendio que se cebó con una de sus mejores bosques, las masas puras o mixtas del piñonero, Pinus pinea que ocupan desde el fondo del valle hasta una altura de unos 700m. y también en los límites superiores del bosque, en el Timberline de los sajones, abundan los ejemplares o rodalillos aislados de los más antiguos pinos de la zona, vetustos troncos de Pinus sylvestris y de P. nigra, localmente llamados pinos albares y cascalbos respectivamente.

Rodal de viejos pinos negros en medio del pinar de resineros con enebros en Mijares

En la cara norte ocurre algo parecido, si bien los pinares de piñoneros comienzan muy al este, cuando el Alberche empieza a dar su curva hacia el sur, ya fuera de Gredos. En pocos lugares aparecen ejemplares y rodalillos de silvestres y de cascalbos, principalmente en el afamado valle de Iruelas, y en la otra orilla del Alberche, cerca de Navalacruz, una joyita natural que no sé cómo ha llegado hasta hoy, un frondoso pinar de Pinus nigra. Aquí cerca viene a morir una extensa zona que, como la compartida con Segovia, también se ha dado en llamar “de pinares”, con varios pueblos que se apellidan con ese topónimo y aunque aparece documentada la repoblación antigua de estos pinares, no se sabe a ciencia cierta, si se repoblaba sobre lo que anteriormente también fueron pinares.

Comunidad de pinar con cambrones (Echinosparto barnadesii-Pinetum ibericae)

En esta cara norte es donde aparecen los buenos pinares de pinos silvestres, en la zona “puente” entre los valles del Alberche y del Tormes, lo más alto y continental de toda esa falla que recorre Gredos de este a oeste. Los mejores pinares se encuentran en la cabecera del Tormes, a los pies del Parador de Gredos y también la joya botánica del pinar de Hoyocasero, cerca del Alberche. Todo lo demás son repoblaciones, como la magnífica de la falda norte del Torozo, en la caída del puerto del Pico o en la Cueva del Maragato (pugnando con robles); el resto de repoblaciones de silvestre, salpica toda esta montuosa región, como las celdas negras en un crucigrama.

Magníficos pinares silvestres entre Navarredonda y Hoyos del Espino

Pero todas estas masas de pinares silvestres están manejadas y explotadas silvícolamente, no llegan a la gran calidad de los pinares de Valsaín, nombre de su madera en serrerías y carpinterías. En los pinares del Tormes ya aparece el robledal hacia occidente, aunque cerca, al este, se encuentra el magnífico, aunque pequeño, robledal de San  Martín del Pimpollar y, algo más alto, el de Navalsáuz, casi rodeado de repoblaciones de silvestre que empiezan a tomar cariz de bosque.


Pulsatilla alpina var. apiifolia en flor bajo el dosel del pinar de Hoyocasero

Más significativo es el pinar de Hoyocasero, donde si no fuera por el manejo del bosque, el robledal se comería el pinar por sus pies, como queda de manifiesto donde menos se ha intervenido. Aun así, la riqueza y originalidad florística de este pinar, no se da en ningún robledal de la región y tampoco, y esto ya es más raro, en los cercanos pinares del Tormes, aunque hace un par de veranos sí encontré allí una de esas magnífica plantas hoyoqueseranas como es la Pulsatilla alpinaLo que queda del robledal, aparece un “escalón” altitudinal más bajo que los pinares, en las riberas del Tormes y del Alberche o, ya muy por encima, en situaciones  rupícolas en bastantes localidades dispersas por todo Gredos, sur incluído, marcando el límite superior del arbolado, entre los 1800 y los 1900m.

En el límite superior del bosque (La Rubía), también aparecen pies de roble casi rupícolas

Muchos  años llevan  discutiendo los botánicos sobre la naturalidad de los pinares de Gredos, en franco contraste con los del Guadarrama, donde su naturalidad es incuestionable. Pero, obviando opiniones preconcebidas, a la luz de todos los  datos paleobotánicos actuales, no hay duda de la pretérita existencia de pinares en Gredos, hasta tiempos históricos y actuales. Este hecho es tan incuestionable como su retroceso y desaparición hacia el presente.

Los pinares del Guadarrama ocupando la mayor parte del piso oromediterráneo y mucho del supramediterráneo

  Los datos paleobotánicos proceden del análisis de los pólenes conservados en turberas y también de los llamados, por contraste, macrofósiles, es decir, piñas, hojas y las conocidas en la sierra, como “troncas”, es decir los tocones de grandes pinos que por una razón u otra se han conservado hasta nuestros días, enterrados o puestos al descubierto por procesos erosivos. Estas troncas se han hallado en zonas desarboladas actualmente como La Serrota, Zapatero y laderas y valles del cordal principal.

Varias troncas (recientes) sobre una turbera, ambas contienen abundante información paleobotánica

La hipótesis mayormente aceptada sobre el devenir de estos pinares sugiere que tras la retirada glaciar que afectó fuertemente a estas montañas, existieron varios períodos climáticos sucesivos, con un período preboreal, donde la dominancia de los pinares fue casi absoluta, seguido de un período subatlántico, en el que el pinar, perdiendo algo de protagonismo, cedió terreno ante especies menos continentales. 


Frondosas conviviendo y desplazando al pino silvestre en Lillo (León)

    Posteriormente llegó un periodo más cálido que inició el período actual, en el que la presión de las quercíneas, principalmente los robles melojos, hicieron retroceder los pinares a las áreas más altas, xéricas y continentales. En estas condiciones entra en juego, de importancia aún mayor que la climática, el hombre.

Como  La Rubía cientos de pinares debieron caer bajo la acción del fuego

La participación humana empezó pronto, con los  Vettones ampliando las áreas de pastoreo para sus rebaños de vacas y caballos, se cree que con ellos comenzó la transhumancia que sigue realizándose todavía hoy. A partir de ellos la deforestación fue galopante, a pesar de alguna medida protectora de los montes en siglos pasados. Sólo la táctica bélica de la “tierra quemada” podría compararse al dominio de La Mesta o a la plaga de los incendios forestales de nuestra época. El fuego siempre ha sido un factor importante, pero nunca tan continuado y reiterativo, como en las últimas cinco décadas.

La protección solo es real sobre el papel o sobre el cartel

Vista la tendencia ecológica de predominio de las quercíneas que solo han ido dejando a los pinos las tierras más altas, expuestas y escabrosas, y el interés comercial por los buenos fustes de pino silvestre, parece claro que la pervivencia de los pinares gredenses, ha sido mantenida por el hombre, al tiempo que también ha sido el causante de su drástica disminución. 



Observando la pujanza del robledal bajo los pinos de Hoyocasero y la limpieza y ausencia de vegetación bajo los de Navarredonda, no puedo decir que no sean de origen natural, pero sí, que están mantenidos artificialmente. No sé si podrían vivir aquí en buena compaña pinos y frondosas, como sí ocurre en el pinar de Lillo en la Cantábrica, pero la mano humana para el mantenimiento del pinar, es fundamental.


Puerto del Pico con el pinar natural al sur (izquierda) y el repoblado al norte (derecha), incendiados

Pero de todos los pinares de Gredos que he conocido, para mí, solamente uno es o mejor dicho, “ha sido” totalmente natural. El pinar de La Rubía en Cuevas del Valle, al oeste y por encima del puerto del Pico entre los 1550 y los 1850m. Lo conozco desde hace muchos años y casi lloré cuando fue arrollado por el incendio de Arenas de San Pedro en 2009. Un incendio que tras cobrarse una  vida, las autoridades decidieron dejarlo arder libremente, delante de las protestas y lágrimas de la gente de los pueblos que tuvieron que ver, cruzados de brazos, como ardían sus tierras.


La Rubía poco después del incendio de 2009

Tan incompetentes fueron que incluso el fuego pasó al otro lado de Gredos, a pesar de disponer de un  terreno tan favorable como eran los prados abiertos del puerto del Pico, pero ni  por esas. Al par de días del incendio me pasé por allí para ver el desastre, eché un ojo al pinar y me pareció que no estaba muy tocado, pues aún se veían verdear algunas de esas escasas masas de pinos.

Al ver esta imagen (es a color), pensaba que sobrevivirían muchos, pero estaban ya muertos de pie

    Pero craso error, los pinos tocados en más de un  20% murieron uno tras otro, de los 350-400 grandes pinos, solamente se habían salvado unos 70. Un desastre en  toda regla, en una  ladera que por sus características de orientación y la presencia de barreras rocosas, se venía salvando de los grandes fuegos desde hacía muchos años y esa era la razón de que los pinos resistieran en esta localidad.


Cuando  conocí este pinar, algo disperso  entre  el roquedo, me pareció una maravilla; entre ellos se contaban muchos individuos de pié, muertos por el rayo o por la edad, vetustos e impresionantes osamentas de antiguos dioses, solemnes vestigios vivientes de la antigüedad. En cierta excursión, en la que mi padre nos dijo a mi hermano y a mí que no volvía a salir con nosotros al monte por las palizas que le dábamos, nos topamos con una excursión de veteranos que estaban admirando boquiabiertos, como nosotros, la belleza de esos enormes pinos.


Entonces uno de los hombres que parecía especialmente conmovido nos contó: nunca olvidaré que yo fui uno de los que talaron cientos de estos magníficos árboles. La verdad es que imponía oírle hablar porque parecía estar conmovido y sintiendo en sus propias carnes, lo absurdo y terrible que pueden ser los actos humanos. Nos contó  que a mediados de los 50’ el ayuntamiento del pueblo no tenía un duro y que al alcalde se le ocurrió la idea de cortar los pinos de La Rubía para sacar un dinero extra para el pueblo. Casi todos los mozos fuertes del pueblo  subieron hasta allí para cortar los pinos, pinos de un pinar cuatro veces mayor que el que estábamos viendo.

Varias formaciones rocosas impiden o dificultan la progresión de los fuegos

Lo triste de esta historia era que cortar los pinos fue fácil, lo extremadamente difícil era sacarlos de allí. Nos habló de lo durísimo que fue el trabajo con los mulos, pues el valor de los pinos era el de los grandes fustes, no el del pino troceado. "En cuanto un tronco se nos iba un poco ya no había marcha atrás, había que dejarlo allí abandonado, sólo si estorbaba el camino de bajada, lo troceábamos; a los diez días comprobamos que solo sacábamos uno de cada tres pinos cortados, después de trabajar como negros".


A comienzos de los 50 el número de pinos era al menos el triple que en esta foto

El alcalde vió que el dinero no llegaba ni para pagar los jornales y se abandonó la empresa, el pinar reducido a una tercera parte ya no volvería a ser el mismo. Yo creo que ninguno de los que entonces admirábamos esos grandes árboles vivos o muertos en pie, lo hacíamos con tanto sentimiento o admiración como este hombre, nos contó que durante varios meses estuvo la gente de Cuevas subiendo con caballerías a trocear los troncos perdidos y atascados.



Hoy,  años después del incendio, apenas llegan a 70 los grandes pinos que siguen vivos, a pesar de ello, todavía se puede decir que es el mayor rodal de silvestres de la cara sur, aunque creo que hay algún rodal de su congénere cascalbo (Pinus nigra) por encima de El Arenal que supera esta cifra. Me llama la atención que en la cara norte, a pesar de tener un clima supuestamente más favorable, sólo haya algún rodal o pies aislados, cerca del límite del bosque en el valle de Iruelas y no por toda la cordillera.



La naturalidad de Pinus sylvestris var. Iberica en Gredos es incuestionable, hace poco se criticaba con dureza a los fitosociólogos por no avalar su naturalidad con ninguna comunidad vegetal como sí hicieron en el Guadarrama. Pero, como me decía uno de sus valedores, muéstrame algún pinar o más que puedas decir que son verdaderamente naturales y, ecológica y estadísticamente, te defino esa comunidad. Eso me decía cuando le insistía en la ausencia de comunidades vegetales del muy abundante Pinus pinaster, pero a ver quien pone la mano en el fuego por un par de localidades verdaderamente naturales, aunque se sabe claramente que este pino es autóctono.

La presencia del enebro rastrero aboga por la naturalidad de los pinares silvestres o negros, como el de la imagen

Hoy, con más datos, ya se han establecido comunidades vegetales naturales para casi todos los pinos ibéricos, faltan P. pinaster y P. pinea, pero ya Gredos tiene dos nuevas comunidades para P. sylvestris, el pinar con cerrillo, Festuca elegans subsp. merinoi, esa gramínea que describe a la perfección el piso supramediterráneo gredense y el pinar con cambrón, Echinospartum barnadesii, esa genistea pinchuda típica del piso supramediterráneo superior y oromediterráneo inferior de todo Gredos. También las hay para los pinares de Ayllón y Pela, en el extremo oriental del Sistema Central.

El cerrillo (abajo), define el pinar de silvestre supramediterráneo gredense (Festuco merinoi-Pinetum ibericae)

Por todo el sur de Gredos aún sobreviven enormes pinos silvestres y cascalbos dispersos por las laderas más protegidas, pero apenas tienen  relevo generacional. Acorralados por la promiscuidad del pino resinero y, principalmente por los  incendios, los clásicos del verano y, peor aún, porque tienen lugar en el límite del bosque, los incendios de piornal intencionados por intereses ganaderos que tienen lugar en otoño que van diezmándolos poco a poco hasta  hacerlos desaparecer.


Momento de la destrucción del pinar de La Rubía.     (golindelasenda.blogspot.com)

Los pinos negros son una joya  que  hasta podría ser una subespecie silicícola ibérica de esta especie, definida para los suelos básicos. Las autoridades forestales, a pesar del potente banco genético que representan, apenas los tienen en cuenta. 


En Gredos apenas hay unos pocos mostajos, la mayoría de ellos estaban aquí en La Rubía

    Sería teóricamente fácil y factible llevar a cabo una protección eficaz de estos rodales previniendo adecuadamente los fuegos en su entorno inmediato o limitando la instalación del pino resinero entre sus rodales, así como fomentando su plantación, sin aterrazamientos, en las zonas más querenciosas. Si dejamos todo a su libre albedrío, sin intervenir para proteger, ya podemos, de seguir como vamos, despedirnos de estos árboles que son los seres vivos más viejos y enormes de todo Gredos.



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