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sábado, 27 de septiembre de 2014

Haciendo el bestia por el sur de Gredos


            Hay excursiones en las que, no es que se haga el bruto por el monte, sino que ya se roza el masoquismo. Tampoco ha sido por azar, la intención era llegar al nacimiento de la garganta Lóbrega de Candeleda, cuyo camino desde este pueblo es larguísimo y bastante perdido desde el restaurado puente del Puerto; por eso la idea era ir por la plataforma del Nogal del Barranco en Guisando y saltar hacia el oeste o cuerdear hasta encontrar una bajada fácil a la Lóbrega.

El célebre Nogal del Barranco

            En el Nogal del Barranco aún no dan los rayos del sol, recorremos menos de 100m. de camino y nos despedimos, mi hermano Carlos y yo, de cualquier cosa parecida a un camino hasta nuestro regreso a este mismo punto. Cruzamos el río, la Vertiente de Galayos que baja directamente de esos picos, para coger la Vertiente de Pelayos que viene del oeste. En el punto de encuentro de ambas vertientes se encuentra el famoso nogal, especie de la que afortunadamente se han plantado más ejemplares por las cercanías de la plataforma; también vemos las restauradas casillas o “puestos” de los cabreros, con sus paneles explicativos para la poca gente que viene por aquí, pues todo el mundo sigue el camino que sube y va directamente al refugio Victory, al pie de los Galayos, y a la Mira, el punto superior de este macizo con sus 2343m.


En el arroyo encuentro una boca de dragón de Gredos en plena floración entre los bloques rodados, algo muy poco comúm a estas alturas. Subiendo la vertiente de Pelayos seguimos la sombra de caminejo que ya conocía y que salva los cortados más delicados con bastante habilidad, pero ya está muy perdido. Pasamos los cortados sobre el arroyo un poco por encima de las enormes morrenas del pequeño glaciar que ocupó este fondo de valle y que algo ha alisado su fondo dejando unas pulidas lanchas por las que apenas baja un hilo de agua; creo que estas morrenas marcan la cota inferior de todo el glaciarismo de Gredos.

Primicia: la morrena terminal más baja de todo Gredos

           Acabamos de superar el límite forestal del pinar, un pinar viejo, pero no natural, como se encargan de mostrarnos las escasas encinas y robles agazapados en las fisuras de rocas y paredes, de hecho este lugar se llama el Pimpollar de Manoli (pimpollo: rebollo pequeño). También este es de los pocos sitios de Ávila en que se puede apreciar que el ralo enebral que ocupa la franja final y superior del pinar del valle del Tiétar, en realidad debió de ser en su día un buen encinar, del que solo quedan ejemplares sueltos en lugares difíciles para el fuego o como grandes árboles junto a alguna majada de cabras. (Habrá una entrada sobre los encinares de Gredos).

Enebral-encinar, véase el enebrillo seco y enrojecido por la actual sequía

            Frente a nosotros tenemos las casi verticales paredes, lanchares y picachos que jalonan toda la cara norte del Cabezo del Cervunal, que en caída vertiginosa pasan de los 2089m. de su cima a los 1300m. en apenas 1km. en la horizontal. En su caída orientada al noreste, sobre una vaguada se forman buenas cascadas de hielo conocidas por la élite de la escalada, pero a esas alturas (1600m.), solo se hielan con garantías, en las olas de frío de varios días. Aunque estamos lejos, es fácil adivinar por los colores de sus frutos anaranjados, los serbales que se enseñorean de algunas rocas.

Paredes del Cabezo del Cervuna, arriba en negro el lugar de las cascadas de hielo invernales

            Seguimos subiendo, ya penosamente, por entre los altos piornos, buscando rellanos fáciles de andar ocupados por un cantuesar y helechar disperso, pero a medida que subimos, todo van siendo grandes bolos, rodeados de piorno y el caminar se hace cada vez más fatigoso, hasta llegar al collado de este cordal que hacia la Mira se llama el cuchillar del Amealito, y ya se sabe que cuando en Gredos un cordal se llama cuchillar, es que no hay quien lo ande.

Cuchillar del Amealito, entre la Mira, al fondo, y el collado del Cabezo

            A media subida ya comenzamos a ver los primeros buitres y antes de iniciar la vuelta, nos dimos cuenta de que habíamos visto todas las especies de aves carroñeras de la península, sí, ¡Todas! Al poco de ver los primeros buitres leonados vimos un alimoche, inconfundible con su nívea cola, pero es que antes de llegar al collado vimos la silueta inconfundible de un quebrantahuesos inmaduro y nos dio varias pasada, pues tienen un vuelo ágil y movido.

Arriba derecha un alimoche, el quebrantahuesos volaba más alto y las fotos eran infumables, como se puede apreciar abajo. El parecido entre uno y otro es evidente, salvo en la cola negra del quebrantahuesos.

            Reconozco que me dio mucha alegría verlo, pero que no me extrañó demasiado, pues Rafa Gonsalves me contó que Jesús Charco, coordinador de la reintroducción del buitre barbudo en Cazorla, le había mandado un mapa con los desplazamientos de los quebrantahuesos monitorizados y se veía que la mitad se quedaba en Cazorla y cercanías, y que el resto se acercaban a Sierra Morena y Montes de Toledo, pero en su mayoría se iban a Gredos, aunque luego solían volver a Cazorla. Una hora más tarde vimos la oscura silueta de un buitre negro; los necrófagos al completo, la pena es no haber traído el teleobjetivo.


Por las Galayos ya es posible, con suerte, ver la enorme silueta del quebrantahuesos

        Días después estuve en el Centro del Quebrantahuesos de Asturias, allí me dijeron que les iba muy bien, incluso con ejemplares que venían “solos” de Pirineos, aunque hace unos días recogieron un inmaduro muerto, probablemente herido por un águila real. Me contaron que los adultos se dan la vuelta en el aire y muestran sus enormes garras emplumadas a estas rapaces que enseguida desisten del ataque, pero los inmaduros no tienen aún esa desenvoltura.

El Alto Gredos con el Almanzor al fondo, abajo la Lóbrega y una pedregosa gargantilla

            La cabecera de la Lóbrega hace honor a su nombre, es una garganta angosta a la que le llegan lateralmente un sinfín de gargantillas aún más angostas, mostrando algunas de ellas, señales de glaciarismo y casi todas una parte final inclinada, pero lineal, como de haberse rellenado por miles de grandes bloques en movimiento. Las precipitaciones en esta cabecera puede ser, a falta de estudios que lo concreten, de las mayores de la península pues se trata de un valle en forma de embudo, perfectamente embocado a los vientos del suroeste, los ábregos, que son los responsables del 80% de las precipitaciones en esta cara sur.

El comienzo de la Lóbrega recoge la torrencialidad de un abanico de laderas finales

            A este embocamiento del aire húmedo hay que sumarle el efecto de pantalla orográfica que supone el paulatino aumento de altitud del valle desde los 400m. del valle del Tiétar a los 2343m. del Torreón de la Mira, aunque teóricamente a eso de los 1800-1900m. debería de situarse el punto máximo de precipitaciones, pues a partir de esas cotas, la precipitación también debe ser muy alta, pero las nubes ya empiezan a estar “ordeñadas” y van bajando ligeramente su descarga.

Todas las rocas de una y otra garganta han sido transportada por la fuerza de las aguas recién recogidas

            El panorama ha ganado mucho en paisaje, pero no ha mejorado en posibilidades de andar sin grandes esfuerzos, además se nota que es agosto y que empieza a pegar bien el Lorenzo. Ahora aparecen espolones rocosos y “tors” de bloques que hay que ir superando.


Cervunal en primer término con el Cabezo del Cervunal al fondo

          Algo más adelante encontramos un pequeño cervunal, un pastizal de montaña con su nacedero y pequeña turberilla, algo muy común en la cara norte pero bastante escasos en la sur, de hecho el pico Cabezo del Cervunal recibe ese nombre porque es de los pocos lugares de la cara sur, donde hay un cervunal con “cierta” entidad.

La genciana de turbera en una de sus escasas localidades de la cara sur

            Por fín nos podemos tirar un rato en la hierba y beber algo, aprovecho para ver las plantas del cervunal y ahí están, aparte de las gramíneas Nardus stricta y Agrostis castellana que forman la pradera, Erica tetralix, Campanula herminii, Carex carpetana, Potentilla erecta, la carnívora Drosera rotundifolia, la increíblemente azul, Gentiana pneumonanthe, la pequeña Walenbergia hederacea, la blanca Parnasia palustris, etc.

La drosera muestra que este trozo del cervunal es casi una turbera

            Seguimos hacia el norte sin perder altura a unos 1900m, ya hemos comprobado que no merece la pena bajar al valle, como quería en un principio; nos han faltado un par de horas o una marcha menos fatigosa. Entre las rocas ya vemos las plantas genuinamente oromediterráneas: el helecho Cryptogramma crispa, Murbeckiella boryi, Saxifraga orogredensis, la Centaurea avilae, un endemismo que está desapareciendo poco a poco por la hibridación con su congénere más común Centaurea alba y también, muy recomida por las cabras el Echium, la viborera tan difícil de determinar de este piso bioclimático; todo apunta a Echium flavum, de los prados de siega de la cara norte, pero yo no lo veo ni en hábito ni en ecología.

La endémica y escasa, en la cara sur, Centaurea avilae

            Finalmente llegamos al último cordal sobre la hoya de los Cotriles, que son unos picos que asoman a media altura en la ascensión del fondo del valle hacia La Mira. La vista es majestuosa, parece increíble que tantos arroyos, vaguadas y canales vayan a parar al fondo de esta hoya; la pesadilla o el gran reto para cualquier geomorfólogo. Aquí abajo se reúnen materiales rocosos procedentes de todo tipo de procesos: torrenciales, coladas de bloques, glaciares, caída asistida, etc., en un revoltijo inextricable que debería saber discernir y que ha sido la excusa para hacer esta excursión.

Véase el batiburrillo de acumulaciones de bloques de las más diversas procedencias que rellenan esta gran hoya

            Tomo fotos de las laderas que van a parar a los Cotriles y su hoya; me da cansancio pensar en andar las dos o tres vertientes que tengo que estudiar, pero la verdad es que el recorrido íntegro de la garganta Lóbrega me parece unos de los mejores recorridos de todo Gredos, con el aliciente de que, como no te encuentres un cabrero en las majadas bajeras, no verás a nadie en todo el día. Aquí se halla también el mayor enebral de todo Gredos que une esta garganta y la cabecera del Arbillas, espeso y en algunos puntos con encinas, como dije antes.

El risco Pelucas con sus buitreras, junto con las del Fraile, las más altas de Europa

            Decidimos subir a la cuerda del Cuchillar del Amealito, algo más abajo de la famosa peña del Chocarrón, un clásico reto para escaladores, pues a pesar de su escasa altura, por cualquier via hay que pasar un extraplomo y para bajar hay que hacerlo de tal manera que se pueda recuperar la cuerda. Llegamos a una portilla a partir de la cual empiezan las Cuchilleras y hemos tenido suerte, la bajada es dura, pero muy factible, nos quedan más de 300m de bajada hasta los riscos del Jugaero y luego por el tendido valle del helechal hasta la vertiente de Galayos.

Descenso del el collado de las  Cuchilleras hasta la plataforma del Nogal del Barranco

        Desde aquí arriba hay unas buenas vistas de los Galayos, aunque no se ve desde donde arrancan las agujas. No sé si esta localidad ha sido la que ha dado nombre a la forma, un tramo o cordal de agujas ya directamente se denominan galayos, al igual que un yelmo es una gran roca convexa pero de cima curvada.

El risco del Águila y las Berroqueras, la parte inferior del cordal de Galayos, al fondo el Torozo y el Cabezo.

            Da gusto ver a las cabras salir corriendo a distancia, como dice Carlos, son cabras “no contactadas”, de las que tienen miedo, no como las de la laguna grande o las de cerca de la Plataforma. Aún así se nota mucho la presión sobre las plantas, aunque con suerte logramos ver unas cuantas matas más de boca de dragón de Gredos, unas en su típica posición, colgando de paredes verticales, y otras entre el pedregal de los torrentes.

La endémica boca de dragón de Gredos entre los cantos rodados del Pelayos

            Con mucho esfuerzo vamos llegando a la vida forestal tras atravesar un enorme pringoso helechal que rezumaba una pegajosa sabia que te dejaba los pantalones sucios y las manos pegajosas. También nos llamó la atención la gran cantidad de pequeños enebros de color rojo anaranjado, parece que estos tres buenos años anteriores crecieron, pero que ahora no han podido aguantar la sequía que arrastramos desde mayo. 

Tras las birras con limón del chiringuito de la plataforma nos quedamos como aquí el amigo


        Poco más tarde llegamos a reponer líquidos al chiringuito cercano a la plataforma.






domingo, 11 de agosto de 2013

El Incendio de Mijares

Monte y cultivos ardiendo en la umbría de La Pinosa

            Llevo casi toda la vida yendo por Gavilanes, concretamente en frente de un monte, estribación inicial de la sierra de Gredos desde el fondo del valle del Tiétar, llamado La Pinosa que, aún quedando linealmente más cerca de Gavilanes, pertenece por entero a Mijares, aunque en los telediarios a este incendio se le ha llamado el Incendio de Gavilanes, realmente ha sido el “Incendio de Mijares”.

A la media hora de comenzar el fuego ya estaba acercándose a la cima del monte

            Estábamos comiendo la familia en el jardín para mitigar un poco el calor del interior de la casa, cuando vimos enturbiarse el cielo por el sur y oír el agorero sonido de los medios aéreos anti-incendios. Fue asomarnos y ver las pesadas burbujas de humo oscuro avanzando rápidamente hacia nosotros de un fuego iniciado en la parte baja del valle, en los pinares cercanos al charco del Tudón y avanzando por momentos laderas arriba.

Afortunadamente en zonas el fuego corrió por abajo y no se convirtió en un peligroso fuego de copas

            Eché un rápido vistazo a la espléndida vista de toda esa ladera oeste de la Pinosa, llena de grandes pinazos afortunadamente aún sin cortar a pesar de su edad y tamaño, como despidiéndome de ese paisaje porque por el sur, destacando tras la espesa cortina negra, ya empezaban a verse las rojas heridas de las llamas que subían ladera arriba. En una apocalíptica imagen, un gran pino algo solitario, fue engullido como de una sola bocanada, por una gigantesca llama acrecentada de golpe por esa leña que hizo levantarse una gran voluta de humo negro y marrón que a su vez alzó un alto pináculo en la montaña de humo que se levantaba de todo el bosque.

Un nuevo foco recién provocado a kilómetro y medio del fuego

          Terminé rápido de comer, hice alguna foto de los helicópteros soltando profesionalmente su líquida carga sobre la base de las llamas y en esto me dice mi hija que parece que alguien acaba de hacer una hoguera en la ladera noroeste, miro hacia allí y veo convertirse un hilillo de humo en una gran hoguera que prende los árboles cercanos en cuestión de segundos. Parece claro que alguien quiere incendiar deliberadamente toda la Pinosa, esto no ha sido una pavesa encendida que haya prendido a kilómetro y medio del fuego, todo esto ha sido claramente orquestado como, desgraciadamente, pude constatar más tarde con otros focos en la umbría, nacidos de la nada.

El mismo foco anterior cobrando fuerza tras un par de minutos

            Cogimos mi hermano y yo una pala, un azadón y un hacha, aparte de ropa de manga larga, guantes y varias botellas de agua, y partimos con el coche hacia la antigua pista forestal, hace tiempo asfaltada que baja de Mijares a su cantina, en la carretera general. Al pasar por Mijares vimos el trajín de la gente preparando coches y llenando garrafas de agua en las fuentes. Al salir por esa carretera, un grupo de mujeres nos paró para ofrecernos garrafas y darnos trapos empapados en agua para poder enfrentarnos a las llamas, usándolos de mascarilla húmeda y a la vez de refresco. Llegamos a uno de los aparcaderos como otros que vimos, llenos de coches y con las cunetas llenas de garrafas y botellas de agua a disposición de quienes las necesitasen.

Coches que corrieron peligro, un tractor con cisterna y garrafas por doquier

            Todo lo que se veía eran voluntarios, cargados como nosotros, de herramientas y garrafas; había personas del pueblo con furgonetas llevando y trayendo gente, arriba y abajo, en contacto con todo el mundo, con los de la brigada antifuegos, con los diferentes grupos de voluntarios, siempre informados de dónde saltaba un nuevo fuego, de dónde se necesitaba gente urgentemente, etc. De hecho llegaron y se llevaron una carga de voluntarios para la parte baja pero nos dijeron que había aparecido un nuevo foco por el Escurialejo, una variada zona de olivares y monte en la umbría de la Pinosa, a donde nos dirigimos andando unas quince personas.

Acabando con el fuego en un olivar ya frente a La Pinosa, al pie de la sierra principal

            Algunos de los del grupo iban casi a la carrera, algunos de los olivos y viñuelas que se estaban quemando eran suyos o de parientes. Al acercarnos al fuego nos dijeron que estaban bastantes ya y que tenía mucho más peligro de que se extendiera a toda la sierra el fuego que vimos en la otra ladera. Llegamos tras una nueva caminata, a la hora más calurosa del día. Estábamos apagando un fuego en una zona relativamente fácil de bancales de olivos, allí el azadón y la pala en conjunto, tirando paletadas de tierra al pie de las llamas era bastante efectivo, afortunadamente llegamos a tiempo para que el fuego no pasara al monte, un monte donde hace años fui a veces a por madroños del único gran madroñal de toda la zona, también con robles, una isla en medio de un mundo pinariego.

Este otro foco en la umbría costó buenos sudores apagarlo, conseguimos salvar un robledal por los pelos

            Tras acabar aquí bajamos a la fuente del Escurialejo a refrescarnos y beber algo, y vuelta para arriba en esa umbría, a la zona a la que fuimos en principio, pues el fuego se había extendido y había pasado del borde del bosque a los cultivos. Aquí tuvimos que emplearnos a fondo, no era como lo de antes, era el borde de los olivares con pinos, bastante insalvables por arriba, y robledal por los lados. Aquí las llamas eran grandes, aquí ya solo de acercarme a apagar llamas a golpe de escobón de ramas, se me enrojeció la cabeza del calorón; el humo también soplaba en nuestra dirección y había que saltar y alejarse a cada rato para recuperar la respiración. Afortunadamente éramos bastantes y pudimos contener el fuego sin que entrase en el espeso robledal de al lado.

A pesar de estar casi sofocado el fuego, había que irse lejos para respirar

            Era el primer golpe fuerte de curro y me sentía agotado por el calor, por el humo y por cargar con una mochila que fue un estorbo, con una cámara que apenas usé porque no iba de reportero sino de apagafuegos. Entre los cambios de tarea, alternando palas con escobazos, descansos y movimiento a zonas donde se necesitaba más gente despisté el azadón, horas más tarde correría la misma suerte la pala, pues la guardia civil cortó el paso carretera abajo donde la dejé.

La carretera cortada  por la guardia civil. Los bomberos tuvieron que emplearse con un foco cercano, orientado a Gavilanes

            Encontré un par de brigadistas de las BRIF (brigadas de refuerzo de incendios forestales), con todo su pesado equipo anti-incendios que me contaron que llevaban ya dos días apagando fuegos, pero que eran de la zona y que moralmente no podían irse a descansar como les ordenaron, con el consiguiente riesgo de perder su trabajo por no cumplir los tiempos de descanso para reponerse; tras charlar con ellos se largaron ladera arriba, hacia la parte donde se oía crujir los pinos con más crudeza.

Otro nuevo foco en la ladera orientada hacia Gavilanes

            El fuego ya estaba controlado en esta ladera, había una gran pila de leña recién cortada ardiendo sin manera posible de apagarse y tuvieron que quedarse un par de personas allí de guardia. El resto nos fuimos otra vez para la carretera donde volvimos a subirnos a la furgoneta que hizo antes dos viajes a toda velocidad para llevar gente a la ladera de la caseta forestal. A nosotros nos llevó más abajo, pues había un gran frente progresando hacia el puente de Gavilanes. Afortunadamente el fuego era bajo, pero estaba a punto de llegar a una zona espesa del pinar. Mucha gente se quedó por el camino protegiendo las zonas cultivadas. Era desesperante porque el fuego era fácil de apagar pero no tenía las herramientas adecuadas e iba ganando terreno.

Muestra de la pericia de los pilotos, acrecentada por demasiados días de práctica continuados

            Por fortuna bajó un camión cisterna por esta zona que tenía un pequeño camino y allí poniendo tramos y tramos de manguera, conseguimos que un hábil brigadista fuese apagando de una forma más que eficiente todo esa línea de fuego, nos quedamos cortos de manguera y de agua, pero afortunadamente apareció ladera abajo una balsa de agua que regaba un huerto, accesible por ese mismo camino. Bajó el camión, pasamos las mangueras, el camión se conectó con la balsa, nuestra manga al camión y a empalmar tramos de manguera ladera arriba por una zona donde un par de otoños atrás cogí una buena cesta de níscalos. Solamente con cuatro personas conseguimos hacer avanzar al brigadista por todo el perfil del fuego hasta dar con otro equipo de brigadistas que venían siguiendo la línea del fuego en sentido opuesto .

La torreta de vigilancia de la Pinosa seriamente amenazada por las llamas

            Durante todo el tiempo no pararon de caernos cargas de agua de los helicópteros o del hidroavión, eso era una magnífica noticia porque significaba que no eran ya tantos los sitios que necesitaban con urgencia los medios aéreos. Tanta fue el agua caída que la temperatura bajó bastante, incluso el negro musgo de las rocas se fue tornando verde. Al encontramos con los brigadistas del otro corte, la alegría empezó a cundir entre los rostros negros y sudorosos, por este lado al menos, el fuego estaba controlado. Eso sí, más que agua lo que querían era bocadillos, como las bolsas que habíamos visto en la furgoneta, preparados por las mujeres de Mijares, aunque cuando llegamos ya habían ”volado” entre los hambrientos.

La disponibilidad de medios aéreos y la cantidad de voluntarios fueron determinantes para la extinción del fuego

            Esta vez había habido un final feliz, quedaban focos tozudos, rodeados pero casi inextinguibles, ya la gente se juntaba en la carretera de charla y comenzaban a volver coches al pueblo. Por suerte, no continuó el viento que al principio soplaba del sur amenazando con subir a toda la sierra, pero entre el despliegue humano y una súbita calma de ese viento, pudo ser reducido. Además ese día fue de los pocos que, tras el de Cebreros, no hubo varios  incendios simultáneos y todos los medios, aéreos y humanos, pudieron emplearse a fondo, a pesar de sus “recortados” efectivos.

Un helicóptero pasa "empequeñecido" ante las terribles columnas de humo

            Me comentaba un agente medio-ambiental toledano que a ellos ya les enseñan a cortar el paso a los voluntarios y que no los suelen admitir en esas peligrosas labores, pero recuerdo a los mijariegos de la furgoneta diciendo que como un guardia civil o quién fuese, les impidiese el paso, le daban lo suyo. Hay que reconocer que sin los voluntarios este fuego hubiese sido, sin duda, mucho más devastador, y hay que felicitar a todos los habitantes de Mijares (también a muchos forasteros), por su unidad, tenacidad y solidaridad a la hora de enfrentarse sin tardanza para salvar su magnifico patrimonio natural, ya fuesen huertas, olivos, pinos, robles o matorral. Esa misma mañana subimos por encima de Mijares y, a parte, de los pinos cascalbos, tejos, acebos y olmos de montaña, mi hermano me enseñó un rodal de álamos temblones, el único del sur de Gredos.

La población entera de Mijares colaboró de una manera o de otra para apagar el fuego

            No puedo evitar recordar el anterior incendio de Arenas de San Pedro en 2009 que empezó cerca de esa ciudad y acabó cruzando la sierra por el puerto del Pico, arrasando incluso el último pinar natural de pino silvestre de todo Gredos. Un incendio absolutamente descontrolado en el que los habitantes de El Arenal lloraban de impotencia y de rabia cuando las autoridades les prohibieron intentar atacar un fuego, (ya asesino) que dejó un enorme y arenoso secarral donde antes hubo tanta riqueza.

Los restos del último pinar verdaderamente autóctono de Gredos que ardió en el terrible incendio de Arenas

            El incendio fue provocado, yo vi la aparición de tres focos distantes del fuego inicial y me comentaron que al menos fueron cinco. Oscuros intereses se ocultan y se solapan, esta vez no ha estado la imprudencia más clásica de este verano, la de máquinas trabajando en el campo (incluso para el control de incendios), bien podría ser de intereses madereros, pues hay contratistas y madereros que mueven grandes cifras con la devaluada madera quemada o a saber que otros infames intereses.

Gavilanes, indemne tras el fuego que ya lo ha visitado en demasiadas ocasiones por el oeste

            Al campo y al monte hay que mimarlo tras tantos años de abandono y de éxodo, aunque alguien pueda pensar que es bueno para la naturaleza, no es así, el monte se espesa en exceso, los caminos se pierden, las especies más pirófilas (las que se aprovechan de los fuegos, incluído el propio pino), van conquistando terreno. Llevo más de 35 años viniendo por aquí, y he podido comprobar en las partes bajas de la Pinosa como los pinares ganaban terreno a una rica arboleda de encinas, alcornoques, quejigos y robles, muchas veces fomentado por el hombre y, también claramente, de forma natural; debe ser el famoso cambio climático, ante el que claramente debemos prepararnos, mucho mejor de lo que lo estamos.
P.D./ Mi agradecimiento y admiración al furgonetero-estratega (Hnos. Sánchez de la Paz)


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