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jueves, 12 de mayo de 2022

El almendro silvestre mediterráneo

 

Ejemplar prácticamente puro de almendro mediterráneo, Prunus webbii, en las barrancas del Tajo

Llevo varias entradas en las que hablo de los almendros silvestres, de los arzollos o allozos, que ambos nombres tienen en nuestro acervo cultural tradicional el almendro salvaje, y no estoy hablando de almendros (Prunus dulcis) escapados de cultivos o de retazos de antiguos almendrales caídos en desgracia. No, estoy y he estado hablando siempre de almendros naturales, del almendro mediterráneo o al que se podría considerar como el almendro ibérico, de contar con un probable genoma ya diferenciado de los marroquíes, italianos, griegos o turcos. Árbol y especie a la que considerar como a una encina, una jara, un labiérnago o cualquier otra especie propia de nuestros montes.

La impactante belleza de los arzollares es una de sus mejores bazas

       Desde aquellas entradas en las que ya vaticinaba su naturalidad en el solar hispano, (apoyadas también en una encomiable entrada en el blog de Salvador Feo García “En el Ecotono”). Con el paso del tiempo han ido cayendo en mis manos algunas publicaciones, he ido viendo más de estos supuestos almendrales silvestres y hace mucho ya que no me cabe la menor duda, sobre su absoluta naturalidad ibérica. 


     En esta entrada y con licencia excesiva por mi parte, voy a “fusilar” un magnífico trabajo (El almendro mediterráneo [Prunus webbii (Spach) Vierh., Rosaceae]: una especie olvidada de la flora ibérica con potencial agronómico) de un grupo de investigadores (D. Correa, P.J. Martínez-García, M.J. Sánchez-Blanco, J. López-Alcolea, C. Jiménez Box y P. Martínez-Gómez) que siempre van un paso por delante de lo que a menudo van nuestras altas autoridades botánicas, pues esta especie ni siquiera es mencionada en Flora Ibérica, a pesar de haber sido recogida por insignes botánicos sobre especímenes ibéricos o de haber sido minuciosamente descrita en la Flora d’Italia. Solo algún otro autor, avezado o muy viajado, ha tenido a gala apostar por su naturalidad, como Jesús Charco que también los ha visto a menudo por el Magreb, donde tanto ha trabajado.

Jóvenes prácticamente espinosos como defensa frente al pastoreo

       Desde aquí agradecer a estos trabajadores botánicos del este y sureste ibérico, tan curtidos en el campo, viajados y en contacto con otros botánicos del ámbito mediterráneo, siempre interesados también por la etnobotánica y disfrutones de unas sierras donde naturaleza y hombre han estado muy unidos desde tiempos remotos, como mínimo desde los moriscos. Sierras que son puntos calientes de biodiversidad mundial, tanto de la natural como de la manejada, y donde hay que hilar muy fino para hablar con propiedad de cualquier especie vegetal, por humilde que ésta sea. 

Secuenciación de muestras-A. muy mezclados, B. poco hibridados y C. Prunus webbii puros o casi. Derecha: tamaño almendrucos. (En el artículo mencionado)

     En ese grupo incluyo también a aquellos que osaron definir como especie al avellano español, Corylus hispanica Miller ex D. Rivera y cols. (Diego Rivera Núñez, Concepción Obón de Castro, Segundo Ríos Ramírez, Caridad Selma Ferrández, Francisco Méndez-Colmenero, Alonso Verde López, Francisco Cano Trigueros, etc.) o a otros estajanovistas de la materia verde, como Máximo Laguna o Pablo Ferrer y en especial a Carles Jiménez Box. Y que sirva, no como odiosa comparación, sino como aliciente a otros botánicos más centro-ibéricos para que se esfuercen por mantener el listón donde se debe.

La primera vez que vi un almendro así, sabía que no estaba frente a un almendro común. Otro ejemplar prácticamente puro de los volcanes del Campo de Calatrava

       Este almendro no es tan simple de diferenciar, pero a poco que se practique un poco, en seguida es fácil dar con sus caracteres diferenciales. Se trata de un almendro curtido por la intemperie y los problemas de supervivencia, por eso en él veremos muchas de las necesarias adaptaciones para bregar con los extremos climáticos, con la sequía o con unos suelos muy poco generosos. 

Ramificación divaricada en Prunus webbii

      A diferencia del almendro que todos conocemos, este es menor, como entre los dos y los cuatro metros y una de sus principales características es su peculiar ramificación, con las ramas formando ángulos de nacimiento divaricados, es decir, cercanos a los noventa grados, a veces en una desordenada y masiva ramificación y, casi siempre, acabados en pincho, no espinas, pero casi, pues son puntas de ramas que al secarse alcanzan una consistencia prácticamente espinosa. Las hojas más pequeñas, pero sobre todo la gran diferencia está en el fruto, el almendro normal tiene almendrucos superiores al tamaño del pulgar, pues el arzollo tiene el almendruco como del tamaño de la uña del pulgar, además y a diferencia del almendro común, son muy persistentes.

Como se puede ver, aún quedan pequeños almendrucos del año anterior.

       Por supuesto, no estamos comparando vis a vis el Prunus webbii con un almendro de cultivo, del cual puede llegar a haber decenas de varietales, sino con Prunus dulcis asilvestrados, apocados, incultos y con trazas de asilvestramiento. El gran problema de estos almendros es la hibridación y aquí, el gran perjudicado es nuestro Prunus webbii y no al revés, por eso la complejidad en el campo es tremenda, pues ahí aparece toda la gama de especies asilvestradas o más o menos hibridadas, cuanto más se reúnan los caracteres antes descritos, tanto más puro genéticamente será el Prunus webbii que veamos, pues entre los dos extremos existe toda la gama fisonómica y genética posible. Además, Prunus webbii en fondos de valle o lugares fértiles puede alcanzar tallas mayores de lo dicho.

Uno de los numerosos montes denominados "El Arzollar" del Campo de Calatrava

       Prunus webbii es un árbol íntegramente mediterráneo, ocupando desde el centro de Anatolia hasta la frontera sur portuguesa, por el norte de África ocupa todo el Magreb, es decir de Túnez al sur del Atlas. No tiene nada que ver con esa tradición tipo Arca de Noé, donde todo frutal, por definición, viene de aquel Creciente Fértil donde estuvo situado el famoso paraíso terrenal y del cual, también por arbitraria “definición” viene todo lo que nos llevamos a la boca y que no vino de América con Colón. Ese territorio de ocupación mediterránea muestra un vacío en Libia y Egipto, a pesar de ser también Palestino, lo que muestra que la posible vía de expansión pretérita se produjo en la crisis climática del Messiniense, donde pudo cruzar de Grecia e Italia hacia Túnez por tierras entonces emergidas, y del norte de África, a la península. Otro punto a su favor ha sido el numeroso hallazgo de macro-restos en yacimientos antropológicos, desde los 400 hasta los 2000 años A.C., lo que elimina su posible introducción romana, aunque es muy posible que éstos, usasen, como hicieron con los acebuches, el material autóctono como porta-injerto de las nuevas variedades orientales más productivas.

Arzollar puro situado por encima de una gran mina de puzolanas de material vocánico en La Yezosa, Almagro

       En España ya en 1863 Bourgeau lo cita (con pliego) del sur de Talavera, donde no solo hemos comprobado su existencia, sino su abundancia, como queda reflejado en algunas de las fotos. Hasta finales de los setenta no se cita de nuevo con un buen trabajo en los Montes de Toledo orientales (Felipe, A.J., Socias, I. y Company, R. 1977). Aun así, ha sido obviado en publicaciones oficiales o políticas forestales. El tiempo pondrá a cada uno en su sitio, pero este almendro es más nuestro que la siesta. Prunus webbii busca terrenos térmicos en general de la mitad sur y de la mitad oriental española y lleva muy mal la hibridación, o sea que mejor buscarlo alejado de áreas clásicas de cultivo, aunque actualmente asistimos a una exponencial expansión de su cultivo que hace peligrar esos valiosos y antiguos genes. 

Cultivo de Prunus dulcis abandonado hace años, ver ramificación no divaricada

       Las áreas más clásicas en el interior peninsular (en las áreas bajas surorientales existe mucha hibridación), son los Montes de Toledo orientales, donde destacan, aunque no sean montes sino mesas y barranqueras, los arribes del río Algodor, los barrancos del Tajo, desde sus extremeños arribes, hasta la misma ciudad de Toledo, aunque buscando, también los hemos visto en cortados sobre el Jarama e incluso el Henares. Otra muy buena zona es el Campo de Calatrava, tanto en pedrizas cuarcíticas como en manifestaciones volcánicas, siendo muy vulgar el topónimo Arzollar. También abunda en áreas relativamente altas y abarrancadas de las sierras subbéticas, tanto en Jaén como en Granada y en los barrancos de las Hoyas. Es indiferente edáfico, pero donde más los he visto es sobre materiales sedimentarios y obviamente, de manera puntual, en los volcánicos.

Varios arzollos del Algodor con la poco común presencia de Cytisus multiflorus

       Conozco bien las tierras volcánicas del Campo de Calatrava y siempre me llamó la atención la abundancia de arzollos y su espectacular floración fini-invernal. Si me preguntasen por una vegetación característica de los volcanes de esta región, diría que la vegetación potencial, casi más que un encinar, sería la de un arzollar, al menos corroborado estadísticamente en la actualidad. Supongo que en un más o menos remoto pasado, se trataría de un encinar, pero el uso y abuso antropógeno sobre estos fértiles terrenos, ha conducido a la desaparición o rarefacción de la encina y, por contra, a una cierta potenciación del arzollar, mucho más adaptado y resistente que la encina, al menos en sus primeras fases de vida.

Arzollar subrupícola en Manotera o El Arzollar en Piedrabuena (CR)

       En esos mismos terrenos, tampoco es raro ver pedrizas al pie de roquedos cuarcíticos, cuajados de almendros silvestres. Esa tierra calatraveña es una mezcla a partes iguales entre ambas litologías, cuarcitas y rocas magmáticas, y también de calizas manchegas, donde también aparecen almendros, pero en esos terrenos, a veces con cultivos de almendros, ya no está claro el origen de los almendros, probablemente, almendros perdidos o muy contaminados genéticamente con las variedades cultivares.

Otro monte-volcán llamado El Arzollar en Alcolea de Calatrava (CR)

       Estamos ante una buena oportunidad, un árbol que puede darnos alimento, pues al igual que con las bellotas, las hay amargas y las hay dulces; con un valor genético al que también se le puede sacar partido, para combatir enfermedades, para hacer mezclas y obtener varietales más resistentes, etc. Pero donde cuenta con un valor potencial altísimo es en cuanto a su uso en repoblaciones, tanto del árbol en sí mismo, con la plantación de arzollares en terrenos poco productivos o en climas donde lo arbóreo se encuentre en su límite. Pero donde tiene un gran potencial es como facilitador, es decir, su uso como vehículo para potenciar otras repoblaciones, su media sombra, su creación de suelo y un ambiente propicio para el desarrollo de especies más exigentes en sus inicios, o como para cobijar a la fauna en terrenos ahora desarbolados.

El ganado y la fauna puede sobrevivir en mejores condiciones en un entorno arbolado como es el arzollar que no en terreno despejado

       Tal y como vienen los tiempos, con un innegable calentamiento, con una galopante pérdida de suelo fértil, con episodios climáticos violentos, cada año más numerosos, tenemos que jugar la baza del almendro mediterráneo sí o sí. Tampoco es desdeñable el valor turístico que puedan tener los arzollares en su época (mediados-finales de febrero-inicios de marzo). Buscando almendros en la web, sin querer he localizado páginas web turísticas de Francia, fomentando la visita a almendrales del sureste, mallorquines o levantinos, turismo que por aquí solo hemos aplicado a los cerezos del valle del Jerte, pero quede bien claro que estos almendros no les van a la zaga en absoluto a esos cerezos, y muestran un mayor potencial, pues esa floración, empieza en Enero en lo más meridional y térmico y acaba a mediados de marzo en lo más frío, que en el caso del arzollo son las zonas térmicas del Maestrazgo.

Al fondo los restos de la fortaleza medieval de Alarcos, cuya ladera oriental llamada El Arzollar, posee una de las mejores formaciones de almendro mediterráneo de toda España, lugar digno de una microrreserva o al menos de ser Monumento Natural de interés botánico-paisajístico
       

jueves, 27 de febrero de 2020

Por las Barrancas de Talavera


       Hace unos años, en un hueco navideño, me di un corto paseo con mi hermano por el sur de Talavera. A pesar de lo inapropiado de la época, encontramos unas pocas plantas sin flor aún, de la orquídea ibérica más escandalosa, la Barlia robertiana o Himantoglossum robertianum.

Grupo de Barlias con el primer sol matinal

       Tenía que volver alguna vez para verlas floridas y hace pocos días, he podido hacerlo y disfrutar tanto con ellas, como con los espectaculares paisajes y rincones de este tramo de las impresionantes Barrancas de Talavera que forman parte del conjunto de barrancos (los más nombrados son los de Burujón) que la erosión remontante de los cortos arroyos que dan al Tajo, han formado sobre los débiles materiales sedimentados desde hace millones de años en sus orillas.



El origen del terreno que estoy pisando, arcosas (arenas compactadas con arcillas), es del terciario y está formado por materiales erosionados de las estribaciones de Gredos por el norte, y fundamentalmente, de Montes de Toledo por el sur. Tras la apertura hacia el Atlántico, de la gran zona sedimentaria del centro peninsular, (Cuenca de Madrid), ésta comenzó a disecarse, abarrancarse, aterrazarse y vaciarse paulatinamente, hasta conformar el relieve actual.

Cárcavas y espolones coronados por enebros

      Toda esta topografía accidentada es la que define y da una personalidad propia a toda esta área de barrancas del Tajo que va desde los alrededores de Toledo, sobre las rojizas facies Toledo (influencia de las cabeceras del Jarama-Henares) o sobre las blancuzcas facies Madrid (influencia de las cabeceras del Guadarrama y Alberche) hasta el límite provincial occidental, donde ya penetra en los granitos, pizarras y cuarcitas del Zócalo Ibérico donde se inician los "riberos" del Tajo.


Estos paisajes abarrancados, las Bad Lands de los norteamericanos, han preservado gran parte de estos montes salvajes e ignorantes del arado y se han convertido en un reducto de montes incultos, cuya única utilidad práctica ha sido el pastoreo, la caza y el esparragueo, al que tan aficionados son los Talaveranos.


Tras subir el primero de los empinados barranquillos de la umbría, veo que progresar me cuesta más de lo que pensaba; el avance por esas cuestas casi verticales de arenas poco consolidadas es bastante penoso y tengo que agarrarme a ramas y retamas, descubriendo casi a arañazos en la cara, las plantas de la zona: grupillos de los madrugadores nazarenos, palomillas Platycapnos spicata, jaramagos, caléndulas, etc.

Grupillo de nazarenos Muscari neglectum, una de las flores más madrugadoras

  De ese primer repaso florístico veo que son abundantes las plantas nitrófilas, pero aquí, al contrario que en sembrados o cunetas, donde éstas aparecen por alteraciones humanas, aquí lo hacen por tratarse de un sustrato tan sumamente erosionable como estas arcosas, cuya remoción produce inestabilidad y alteración, dando una vegetación con numerosos tipos de cardos, ortigas, lenguas de perro, etc. Plantas que yo creía poco comunes en áreas inalteradas por el hombre como éstas, como el hinojo Foeniculum vulgare, la basta gramínea Piptaptherum milliaceum, etc.

Arum italicum, abundante en los umbrosos fondos de valle

  Desde el primer vistazo de la región, oteándola desde un punto alto, con unas magníficas vistas al valle del Tajo y con los barrancos cayendo hacia el río y a la multitud de vaguadas que cuajan esta región, me di cuenta que la vegetación arbórea dominante es, sin ninguna duda, el almendral.

¿Quién dijo que el almendral no es una vegetación autóctona ibérica?

       Una pena está pasada semana de calores extemporáneos, colofón de un invierno que no ha conocido ninguna helada relevante, porque otro año más “normal” lo hubiera contemplado en todo su esplendor floral; ahora ya solo quedan algunos almendros en flor en umbrías o fondos de barranco.

El almendral es sin dudarlo la vegetación "natural" dominante

  Fuera del almendral, el encinar le sigue en importancia y, de una manera muy peculiar, el enebral se impone en los crestones, solanas y en las pendientes más complicadas. Puntualmente aparecen acebuches, creo yo, porque están en áreas muy alejadas de olivos cultivados y por sus pequeñas aceitunas. En el fondo de las vaguadas aparecen tarayes, algunos de gran talla y puntualmente, álamos blancos muy aislados; de los olmos, solo algunos esqueletos en las zonas más proclives.

Barlia y acebuche al borde de un crestón

  Voy recorriendo cordales, subiendo y bajando barranquillos. La vegetación cada vez me parece más peculiar, tras los almendrales, me llamó la atención la conjugación de los retamares con la aromática ontina Artemisia herba-alba que también forma parte de los tomillares, los retamares locos de Osyris alba, las Ballota nigra, las Artemisia glutinosa de los fondos de valle arramblados por las aguas, etc.

Ontinas entre el alto pastizal de Hyparrhenia hirta

       En umbrías y fondos de valle, un oscuro matorral de retama loca Osyris alba, en solanas romerales y altos pastos de la térmica Hyparrenia hirta, en bordes de cortados compactos setos de uñas de gato Sedum sediforme, etc.

Viejas matas de retama loca Osyris alba cargadas de líquenes

  El terreno que antaño yo creía silicícola, muestra abundantes signos de vegetación caliza, como la presencia de este matorral de ontinas, jazminorros, jaras estepas, salvias varias, orquídeas basófilas, Sedum sediforme, etc. Ya estudié en geografía, con Julio Muñoz, esta influencia caliza en las facies terminales de las grandes rañas que, desde las faldas de los Montes de Toledo, llegan hasta el borde del Tajo; este final de raña, combinado con su mezcla con las terrazas más altas, en su época regadas con aguas carbonatadas, les termina dando esa fuerte impronta caliza.

Los basófilos nazarenos Muscari neglectum y Salvia verbenaca detrás

  El manto amarillento de los jaramagos se enseñorea de todas las lomas en esta época, pero en un altozano distingo un tono de amarillo mucho más intenso. Cuando remonto la loma y me acerco, compruebo que es una gran mancha de narcisos, uno de los más escasos de Castilla la Mancha, Narcissus fernandessi, no reconocido por Flora Ibérica que lo asimila al aragonés Narcissus assoanus, pero a pesar del parecido, somos muchos los que pensamos que es una clara especie independiente y una errata de este libro. Afortunadamente, una nueva y buena localidad para esta arrinconada especie.

Una muy buena población del escasísimo Narcissus fernandesi

      La fauna es uno de los alicientes de esta área, uno de los últimos reductos del águila perdicera, a la que pude ver en un breve instante y deducir su presencia, por los restos de plumas de lechuza que vi en lo alto de un espolón; vi aún más muestras de festines emplumados, de palomas, ahora probablemente de halcón, otra rapaz cada vez menos común en el campo y más en las capitales.

Plumas de lechuza, lástima, una especie en peligro como la perdicera se como a otra especie protegida; también he conocido el caso inverso, búhos que se han comido nidadas de perdicera

      Recuerdo de chaval, fijarme en la carretera del Cerro Negro, tatuada con la multitud de grandes serpientes atropelladas, algo común entonces, pero que he comprobado que hoy en día, es muy difícil de ver una sola, y menos aún de gran tamaño. Una prueba más del terrible declive reptiliano nacional.


      Yo aún conservo recuerdos de mi infancia talaverana y algunos nombres de esa salvaje parte sur del Tajo, la Labranza el Alto, el Cerro Negro, el barranco del Diablo o el del Águila. Alguna excursión con mi padre y mucho esparragueo con mi abuelo y familia. Siempre me llamó la atención los magníficos pies de enebro que parecían como colocados ahí, para adornar esos  montes y barrancos, con formas redondeadas o picudas que más parecían sabinas que enebros.

Grupo de enebros asomados a un barranco

      Hace pocos años me enteré de que esta zona se había nombrado Lugar de Importancia Comunitaria, posteriormente Zona de Especial Conservación de Las Barrancas de Talavera, con casi 1200 has., me alegró que se tuviera en cuenta un lugar tan especial, pero la importancia de este reservorio de diversidad, en un medio tan humanizado como el valle del Tajo, es incuestionable. Lamentablemente la protección solo se concentra en dos áreas, dejando fuera mucha más cantidad de hectáreas de, al menos, igual importancia.

La mayor planta de orquídea que ví, fue pasto de algún excursionista desaprensivo, es una pena no haber podido verla en todo su esplendor. Sé que es muy llamativa, pero todos tenemos derecho a su disfrute

      Hoy la intensificación de cultivos, en busca de subvenciones más que de producción o la ganadería semi-intensiva de vacuno, dejan el suelo muy degradado en estos terrenos tan susceptibles a la erosión. La vocación de estos terrenos es la de permanecer como han llegado hasta nosotros en la actualidad.

Masas y de gran altura de la cebolla albarrana Urginea maritima

      Generaciones de campesinos nos han legado estos terrenos sin roturar, bien vegetados para la producción de leñas, aprovechamiento cinegético y, de rebote, para la protección contra una erosión que aquí sería galopante, si desapareciera este manto protector.

Canteras de áridos al pie del barranco del Águila. Paisaje protegido??

      Leí la declaración de protección de estas Barrancas de Talavera y luego pude comprobar como desaparecía el espíritu y la protección dada, al ver como las explotaciones de áridos se están comiendo por la base algunos de los mejores lugares de toda la zona, a pesar de las limitaciones impuestas por esta normativa; otras veces tras la explotación de áridos se aprovechan esas cavidades como vertederos, legales o no.


         Ahí están las numerosas e impresionantes barrancas del Tajo, terreno áspero y difícil de recorrer, quizás con bastantes fincas privadísimas, pero con una naturaleza abundante y sana, capaz de limpiar los aires sobrecargados del valle del Tajo, un buen pulmón para Toledo y Talavera y aún, fuente de posibles descubrimientos botánicos o faunísticos. Esta región hace de puente, por el norte con las dehesas cuasi extremeñas y las estribaciones de Gredos y por el sur con los Montes de Toledo. Se trata del mejor pasillo ecológico que pone en comunicación el valle del Tajo con el del Guadiana.

Aquí los almendros llegan incluso hasta los carrizales del Tajo

martes, 31 de julio de 2018

La Sagra


              Hoy la entrada va de secarrales y mucho más de medio país tiene mucho que ver con ellos: Los “secarrales” tienen mucho más que ofrecer de lo que a primera vista pensamos, a menudo con mucha mayor diversidad que algunas zonas boscosas. Al aparente desierto veraniego, le sigue a una primavera esplendorosa y algunos pastizales, como muchos de la Sagra, son sin lugar a dudas, verdaderos reservorios de biodiversidad.



       La Sagra es una región toledana, aunque compartida por el norte con Madrid. Los límites geográficos son el río Guadarrama al oeste y el Tajo a sur y sureste; sus límites norte y este llegan al borde metropolitano madrileño, contactando con municipios como Parla, Pinto o Valdemoro. Lo que aúna esta región, son los relieves poco marcados y los amplios valles y vaguadas, en un área muy seca (no llega a los 400mm. anuales) y calurosa dadas sus bajas cotas altitudinales.



   Litológicamente estamos en materiales del mioceno medio e inferior, éste último reflejado en su abundancia de sales que a veces se mezclan con sus otras dos litologías principales, los yesos y las arcillas. Quizás las áreas más occidentales, vecinas al río Guadarrama, las menos "sagreñas", se caracterizan por tener otra litología, no menos deleznable, arenas y arcosas procedentes de la sierra madrileña, de carácter más silíceo frente al dominio basófilo o gipsícola del resto de la región.


Aspecto primaveral del aljezar, con atochar de esparto arriba y abajo el blanco lepidio de hoja estrecha

           La Sagra está vertebrada casi simétricamente en torno al arroyo Guatén, arroyo aparentemente desmesurado en terrazas y formas erosivas para el escaso caudal que acoge, pero es porque hace tiempo (geológico), el actual Manzanares trazaba su curso por él llegando hasta el Tajo cerca de Toledo, hasta que fue capturado por un pequeño afluente del Jarama. Con el lado sur del Tajo, existe cierta simetría casi en todo, respecto al valle del arroyo Cedrón (parte superior) o Melgar (parte inferior del mismo) que drena una gran cuenca arcillo-limosa, con una geología y clima, prácticamente idéntico al de la Sagra, mostrando una clara continuidad ecológica con ella; zona también rica en buenos saladares (Villa sequilla, Valdecarábanos o Dehesa de Monreal), incluso en mejor estado que los del norte del Tajo.


Una laguna-saladar del extremo noreste, ya en la Sagra madrileña

               Generalizando, esta región se define espacial, ecológica y estructuralmente, por sus estratos geológicos. En gran parte, al norte y noreste, está el estrato superior con los únicos niveles de cierta dureza, como pueden ser dolomías y sílex que marcan las cotas superiores de la comarca, con el monte isla de Magán y su fábrica de cemento en su base, destacando en toda el área suroeste y el cerro Batallones y aledaños al este; los estratos inferiores, comienzan una serie básicamente arcillosa, con margas en algunos casos y materiales arcillosos poco comunes como bentonitas o sepiolitas.

Lomas redondeadas sobre estratos arcillosos, de los pocos lugares sin cultivar gracias a la caza

          Más abajo comienzan las margas yesíferas y los yesos, para que finalmente, ya cerca del nivel de base del río Tajo, vuelvan a aparecer arcillas oscuras. Es por la riqueza en arcillas que tradicionalmente, la mayoría de los ladrillos madrileños, proceden de esta comarca.


Taludes arcillosos cercanos al Tajo, hábitat del raro Aizoon hispnicum

          La Sagra es una de las regiones más humanizadas de la península, pues el estar situada al sur de la capital española contribuyó poderosamente a ello desde los primeros tiempos de la corte, incluso Cervantes conoció de la prosperidad y se casó en Esquivias, ciudad, como otras localidades sagreñas, enriquecida por ser una buena despensa cerealista muy amplia y cercana a la capital madrileña.


Rodal de Ammi visnaga en el borde de un campo de cereales

                Su historial prehistórico es completo y posee, para desconocimiento general, el que hasta ahora es el mayor yacimiento paleontológico europeo, el del cerro de Batallones, aún a medio excavar y que en cualquier otro país contaría con un buen museo sobre sus grandes y numerosos hallazgos faunísticos. También y hasta que ardió en mayo de 2016, como todo el mundo preveía, existió el mayor yacimiento de ruedas de desguace que ha habido en España, el de Seseña en el Quiñón.


A pesar de cierto progreso mal entendido, la Sagra sigue conservando rincones de alto valor natural

                Ecológicamente, esta región está muy tocada, la expansión urbanística descontralada de la metrópoli madrileña, la industria de ladrillos y cerámicas, una casi pantacruélica red de autovías, peajes incluídos (aún en desarrollo) y la sobre-explotación agrícola que no deja de rebañar retazos al monte o a los arroyos, han dejado un paisaje humanizado bastante desolador. Dada la agresividad agrícola, paradójicamente, son los espacios en barbecho especulativo, las canteras abandonadas o las fincas reservadas para futuros desarrollos o infraestructuras, los que han ido recuperando sus antiguos valores naturales.


Tendidos eléctricos, autopistas y autovías, el AVE, la minería y una agricultura industrializada, afean los campos de la Sagra

              Incluso, en las escasas áreas montuosas, se impusieron en los 60’ monocultivos de pino carrasco que han dejado, en los pocos sitios donde prosperaron, unos montes verdes por fuera, pero vacíos y negros por dentro. Aún así todavía queda una gama paisajística interesante, que va desde los escasos retazos de encinar manchego a los olivares, pastizales, juncales y saladares de interior.


En las mesetas y sus peanas, de materiales más duros, se asientan olivares, pinares y restos de encinares

      Es ahí donde radica la riqueza de la Sagra, en una vegetación adaptada a una litología tan poco común como puedan ser su litología más especial, las sepiolitas, las arcillas, las margas yesíferas o las sales.

Llama la atención la abundancia de alcachofas silvestres en los materiales arcillosos

Incluso, muy dificil de ver, aún se puede encontrar, abajo, la rarísima Cynara tourneforii


                El espacio cultivado ocupa la práctica totalidad de las áreas arcillosas que son, sin duda, las más ricas y retienen más el agua, al menos para el cereal, pues al secarse se agrietan en bloques que cortan las raíces al retranquearse, soportando tras ello una  aireación que reseca aún más el terreno. Esto lleva a que las numerosas adaptaciones de las plantas termófilas a esta sequía añadida, acaben triunfando sobre plantas menos adaptadas.


El cardillo de las arcillas, Scolymus maculatus, muy diferente del también comestible Scolymus hispanicus

Por todo lo anterior, es por lo que hasta aquí pueden llegar especies de carácter sureño, a parte de las adaptadas a la compacidad de estos suelos pesados. Plantas poco comunes e interesantes de estos medios son: Amni visnaga, Cynomorium coccinum, Cirsium echinatum, Crepis alpina, Cynara cardunculus, C. tournefortii, Echinops strigosus, Kickxia lanigera, Malvella sherardiana, Ononis biflora, O. spinosa, Scolymus maculatus, Silene muscipula, etc. En los taludes arcillo-yesíferos destacan los endemismos Astragalus scorpioides, Rochelia disperma, Trigonella spp., etc. y si existe alguna influencia salina, en los rincones más térmicos y protegidos de la Sagra puede subsistir el aquí escasísimo Aizoon hispanicum. o 


El escaso Astragalus scorpioides puede hallarse en taludes arcillosos de la Sagra
Este año las Herniaria spp. abundan al pie de los taludes yeso-arcillosos
La belleza de cardos y cardillos desdice su fama de malas hierbas, arriba Echinops strigosus y abajo Cirsium echinatum

        Las lomas sin cultivar y pedregosas (dolomías, calizas o sílex), están cubiertas de unos variados tomillares y efedrales, con tomillos, astrágalos, salvias (S. argentea, S. verbenaca), linos (Linum suffruticosum, L. austriacum, L. strictum), coronillas (Hippocrepis commutata), zamarrillas (Teucrium gnaphalodes, T. capitatum), jarillas (Helianthemum angustatum, H. asperum, etc.), lastones (Stipa spp., Avenula spp., etc.) con alguna especie poco común, como Silene otites e incluso, al sur del Tajo, la muy térmica Fagonia cretica.


Aljezares con espartal, con albardinales a sus pies

          En los yesos las lomas aparecen blanquecinas y con poca cobertura. Aquí aparecen todas las especies clásicas del “aljezar”, los jabunales de Gypsophila struthium, los espartales en la lomas con menos suelo y al pie de los cerros y fondos de valle las espartinas o albardinales de Lygeum spartum; con algo más de humedad y finos que la retenga, aparecen los bolinares de Artemisia herba-alba y los tomillares saperos de Frankenia thymifolia que ya en los fondos de valle se enriquecen en acelguillas saladas Limonium spp. y no muy alejados de las escorrentías de fondo de valle, el verdadero protagonista de esta región y, a mi juicio, sin duda, quién ha dado nombre a toda la comarca, los grandes y blancos matorrales de Atriplex halimus, la "osagra", ahora en retroceso como también albardinales y limoniares.


Osagras a la derecha y las floridas Lavatera triloba a la izquierda, planta en la que vive el escarabajo avispa Plagionotus marcorum

        El otro protagonista del paisaje sagreño, también blanquecino, es el calamino o sisallo, la Salsola vermiculata un arbusto que daba sustento a las ovejas de estos campos y buenas cualidades nutritivas a su leche. Ovejas hoy en extinción, como si de un raro endemismo más se tratara.


En los fondos de valle se instala la osagra, centro, y en las bajas laderas el calamino, en primer término

            Las áreas salinas ocupan las áreas inferiores y de peor drenaje, es decir las de nulo interés agrario, pero no sé qué tipo de perversión existe en las ayudas agrícolas de la P.A.C. que salvo en áreas demasiado saladas o de interés cinegético, estos saladares o salobrales, han experimentado un dramático descenso en su superficie.


Saladar con Juncus maritimus y Sarcocornia carinata en tonos rojizos

                Aquí aparece todo un elenco de plantas adaptadas a luchar contra el suelo para conseguir su agua y no perderla. Prácticamente están todas las especies típicas, incluso llegan Arthrocnemum macrostachyum, Sarcocornia carinata y muy puntual y rara, al sur del Tajo, Camphorosma monspeliaca. Un elenco de plantas amantes de la sal que viene a reunir en su localidad peninsular más occidental, una serie de plantas dispersas por saladares del Ebro, de la Mancha y costeros.



                Aunque en esta región tan seca y con esa litología tan propicia, también aparecen humedales menos salinos, tampoco dulceacuícolas, pero con una buena representación de plantas que toleran con mayor dificultad la salinidad que muestran pastizales, ahora en desaparición y hasta hace poco bien  aprovechados por el ganado que no son ni la sombra de lo que en tiempos fueron; donde en paralelo al arroyo Guatén, corría una de las mayores cañadas que cruzan el interior peninsular de norte a sur, aprovechando los buenos pastizales de las arcillas en tiempos de mudanza ganadera y estos pastos y arbustos medio salinos.


Pastizal salino y praderas juncales al fondo

           Estos pastos son casi saladares, con buenos juncales y calveros en los que aparecen especies salobres como Aeluropus littoralisSalsola soda, Spergularia media, etc. y en las praderas juncales Lotus glaber, Tetragonolobus maritimus y el bellísimo lirio Chamaeiris reichenbachiana, antiguo Iris spuria.
               
Lirio de junquera y el amarillo Tetragonolobus maritimus en una pradera juncal del Guatén

                La superficie de saladares a uno y otro lado del Tajo, tanto en la comunidad de Madrid como en la de Castilla la Mancha, tienen tal entidad e interés que deberían estar estrictamente protegidos como Parque Natural o Nacional, no una o varias microrreservas como existen hasta ahora en la parte manchega (Saladares de Valdecarábanos y Villasequilla; Salobral de Ocaña), sino que debería hacerse extensiva su protección a los saladares de Aranjuez (Regajal, mar de Ontígola y Carrizal de Villamejor) y por supuesto a todos aquellos que existen al norte del Tajo, desde los cercanos al río, a los más cercanos al área metropolitana madrileña.




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