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miércoles, 30 de octubre de 2019

La Cárcel de los Ríos


        La Junta de los Ríos es la compleja región de la unión de los ríos Záncara y Gigüela en el mismo centro de la llanura manchega, en la provincia de Ciudad Real. Esta Junta o Cárcel de los Ríos venía a ser, una mezcla de zonas palustres, salobres y esteparias en un aparente caos meandriforme que dominaba enormes extensiones. Todo salpicado de someras depresiones inundables, saladares, bosquetes de taráis y, ahora, rectilíneos canales que encauzan los efímeros cursos de unos ríos cada vez más ausentes, mezclándose extensas zonas cultivadas con áreas re-naturalizadas o que aún permanecen en relativo buen estado de conservación.


Cerro de las Cabezuelas entre taráis y céspedes oscuros de Frankenia pulverulenta

       La Junta de los Ríos nos habla de la unión del Záncara y el Gigüela, pero son varios más, el Gigüela ha recibido 23 kms antes, a su simétrico Riansares, cuyo ornitológico nombre lo dice todo de su pasado. El Záncara recoge pocos kilómetros antes, el Canal del Guadiana  y el Canal del Gran Prior o Guadiana Viejo que son los que recorre este río poco después de salir del pantano de Peñarroya tras las lagunas de Ruidera. También acoge al triste y encauzado río Córcoles, por aquí llamado Acequia de Socuéllamos, procedente del Campo de Montiel albaceteño.


Viña, llanura de inundación y sierra de Herencia

     A partir de esta Junta, el Gigüela sale hacia el suroeste recogiendo también las aguas del Amarguillo, aquí llamado Valdespino, y poco después, en Villarta de San Juan, pasa por debajo del mayor puente de toda la Mancha, (47 ojos que fueron algunos más) para desembocar (ya solo ocasionalmente), 26 kms al suroeste en un Guadiana, renacido 10-15 kms antes (con permiso de las extracciones), en los Ojos del Guadiana. Esta unión configura las Tablas de Daimiel, lugar antes conocido como Laguna de las Islas y que hoy, ni con la artificial ayuda de cuatro diques, consigue rememorar sus antiguos esplendores.



       Esta área también tiene un singular nombre, la Cárcel de los Ríos, nombre más que significativo y aunque su denominación pueda tener otra procedencia, para mí es un buen nombre para definir esta confluencia, juego o desaparición de los mayores ríos manchegos, al menos los de antaño.


Ortoimagen actual de la Junta, predominando los degradados suelos grises 

      La Cárcel de los Ríos propiamente dicha, está un par de kilómetros aguas arriba del puente de Guerra y es la zona donde desaparecía el misterioso Guadiana, entre el Guadiana Viejo o Canal del Prior (de la Orden de San Juan) y Villacentenos, mítica y desamparada localidad que contó con castillo-iglesia y batán, donde moría el Canal Izquierdo del Guadiana. Río desde aquí subterráneo y que ya no volverá a la superficie hasta cinco leguas a occidente, en los Ojos del Guadiana.


Bebedero en una sola pieza de arenisca y puente de Guerra sobre el Záncara

     Villacentenos fue una localidad pleiteada largamente por Alcázar, Herencia e incluso Villarta, por sus buenos pastizales y dehesas que abastecían a miles de ovejas, vacas y ganado de tiro en aquellos tiempos. La historia de esta feraz localidad y su debacle demográfica, ecológica y material, va en paralelo y nos cuenta fielmente, lo que fueron y en lo que se han convertido, los espacios naturales manchegos. Antaño todos estos ríos (hoy secos canales), inundaban someramente toda esta gran área donde convergían, haciendo de ella la mayor área inundable del país, a excepción de Doñana.


Mapa geológico: en amarillos: costra calliza, punteado playas secas, mamelones playas húmedas y medias lunas: arenales

     Geológicamente estamos en el epicentro de la gran llanura manchega. Hasta hace un par de millones de años, fue una gran cuenca interior cerrada y continua de norte a sur, desde Guadarrama-Ayllón, hasta Sierra Morena. Pero varios miles de años después, esta cuenca comenzó a bascular ligeramente hacia el oeste, para irse abriendo hacia el Atlántico. El Tajo comenzó a profundizar sus valles hacia el oeste y aislando la mitad sur de Madrid de la Mancha, luego vendría la España de las autonomías y completaría la separación, pero no hay duda que, de la estación de Atocha para abajo, estamos en La Mancha.


Pastizales limo-arenosos, con presencia de artemisias

     No ocurrió lo mismo con el Guadiana, cuya capacidad erosiva apenas ha podido erosionar ligeramente, el portal occidental del Campo de Calatrava y sus serrezuelas cuarcíticas transversales. Las escasas precipitaciones y la alta permeabilidad del sustrato de la llanura manchega, restan casi toda su potencia erosiva a unos ríos que apenas fluyen por su superficie. Por eso no han profundizado sus lechos, ocasionando en épocas de lluvias, grandes desbordamientos superficiales, dando al término geológico, “llanura de inundación”, su inequívoco significado.

Área de llanuras de inundación de la Junta de los Ríos

 En estos ríos las aguas quedan retenidas en amplias, pero someras láminas llamadas “tablas” o “tablazos”, de hecho, otra denominación de esta Junta es la de Tablas o Tablillas del Záncara. En un reciente pasado geológico no ocurrió lo mismo, pues el agua circulaba por numerosos pequeños valles fluviales, llenos de curvas y que hoy ya no son funcionales y tienen la mayoría sus fondos roturados, con o sin canalillo central.

Un vallejo o cañada, en este caso la de Guerra, el único buen encinar cercano a la Junta

  Son las famosas “cañadas” manchegas, buenos pastizales de fondo de valle, rutas y rutinas ganaderas que por esto mismo acuñaron ese nombre. Hoy la casi extinción del pastoreo manchego ha favorecido, como causa y efecto a un tiempo, la desaparición de las grandes llanuras de inundación manchegas tan bien aprovechadas por aquellos ganados. Salvando los pretéritos tiempos de la mesta, este gremio no ha tenido la fuerte influencia política que sí ha conseguido el, aquí omnipotente, sector agrario.
    
Vuelo americano de 1956: humedales, saladares, albardinales y arenales ocupan el 90% de la superficie

       En la foto aérea de los años cincuenta, el famoso “vuelo americano”, aparece un área natural tan vasta, variada y rica que bien podría rivalizar con Doñana, no en vano este tipo de lugares, se están dando en llamar “marismas manchegas”, término que viene a denominar el conjunto de esas grandes llanuras de inundación y las numerosas lagunas endorreicas del entorno, todas fluctuantes y salobres, como las verdaderas marismas costeras. Algunas de éstas se han querido rescatar/proteger en la denominada Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda, lo que ha promovido varios proyectos LIFE que han sido bastante eficaces, poniendo además en valor, entre la población local, un nicho ecológico que hasta hace relativamente poco tiempo estaba muy desacreditado.


Mapa Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda, (recuadro de la Junta de los Ríos)

       A los humedales de la Junta de los Ríos se le une la singular laguna,  dada su génesis de vaciado eólico, la de Cerro Mesado, centro del Lugar de Importancia Geológica TM130 (Complejo de dunas limo-arcillosas y depresiones eólico-lacustres al sur de Alcázar de San Juan). Pero ésta no es sino una mínima muestra del amplio elenco lagunar de esta zona central manchega, pues aparte de las llanuras de inundación y sus tablas, cuenta con muchas lagunas más o menos temporales, agrupadas en grandes conjuntos o complejos lagunares como los de Lillo, Villacañas, Quero, Villafranca, Alcázar, Muletero-Pedro Muñoz-Las Mesas, Manjavacas, etc.


Típica laguna endorreica manchega con sus bordes con plantas salobres y albardinales

       Las mayores de estas lagunas están protegidas o disfrutan de algún proyecto de recuperación, pero lamentablemente son muchas más las desaparecidas o usurpadas. Solo con ver en cualquier visor geográfico, la toponimia o las redondeadas manchas de tonos blancos o grisáceos en medio de campos ocres o rojizos, se puede apreciar lo que en tiempos debió de ser la auténtica “Mancha Húmeda”.


Restos de tarayales, saladares de fondo de cauce y zanjas entorno a la Junta

      Obstinadamente, contra pronóstico, tras unas lluvias decentes, las aguas rompen las zanjas y los esquemas de quienes las pusieron en explotación, y las vuelven a colmar de vida, recuperando milagrosamente gran parte de sus biológicos esplendores. En teoría todas las lagunas, por muy temporales que éstas sean, son Dominio Público Hidráulico. No sé qué títulos de propiedad, ni que legitimidad, obra en poder de sus explotadores.


Un elemento del paisaje específico de esta región, estas "motas" de contención de las arenas venteadas

      Estas grandes confluencias fluviales han sido el área fuente que ha generado amplios campos de arenas y formas dunares que hoy en día se encuentran diluidas por su cultivo en su práctica totalidad, encontrándose casi totalmente despojadas  de un tipo de vegetación sumamente especial y magníficamente adaptada a vivir en esto medios móviles y estériles. Algunos bardales de separación de fincas o de bordes de caminos, han sido respetados por el arado y resaltan como diques, para contener el avenamiento de las propiedades vecinas en los episodios ventosos que movilizan las arenas.


Altas macollas de Imperata cylindrica al borde de un arenal

       En algunos lugares, esos diques de arenas (alrededor de metro y medio de alto por unos cinco de ancho), son los únicos espacios que albergan algo de vegetación natural en kilómetros a la redonda. En ellos se pueden encontrar restos de albardinal, artemisias o incluso en uno encontré la rara gramínea Imperata cylindrica. Por toda la región, de la vegetación natural original, solo restan algún pequeño retazo de encinar, breves tomillares de cuesta y retazos de taráis de las antaño grandes áreas inundables que, con su irregular trazado, a pesar de los encauzamientos, todavía son difíciles de doblegar.


Ralo albardinal salino rico en especies protegidas

      Al sur de la Junta todavía se pueden ver algunos pastizales de suelos limo-arenosos, desdibujado por los años en que se araron, con un mosaico de vegetación función de la salinidad de los suelos, de la humedad y de la textura de los mismos, variando la colonización desde un carrizal, juncal, calaminar, albardinal, a un pastizal salino, calcícola o incluso sabulícola. 


Artemisia campestris es el arbusto más representativo del matorral sabulícola manchego

       En la vecindad de unos buenos pastos, la línea recta del arado muestra al otro lado grandes extensiones de suelos totalmente desertizados en donde me hundo al pisarlo. En algún otro caso veo los raros y especiales pastizales sabulícolas (arenosos), totalmente removidos, bien para plantar almendros o pistachos o, lo que es peor, para repoblarlos con pinos u otras especies que dan al traste con las últimas muestras de su especial vegetación.


Pastizal sabulícola recién destrozado para plantar almendros

       En mi paseo entro a la Junta de los Ríos desde el sur, cruzo el cauce vacío del Záncara y llego al canal del Gigüela, el kilométrico y rectilíneo surco está lleno de tarayes y los caballones de Limonium, orzagas Atriplex halimus y conejeras a mansalva. Los terrenos al oeste, muestran hectáreas de terrenos blancos salobres, con los restos ralos de un vasto cultivo de cereal improductivo; al lado oriental, un enorme y blanco barbecho reciente, ocupado por especies anuales salinas (Frankenia pulverulenta, etc.), orlado de Limonium spp. por sus costados, ambas especies símbolos de un Hábitat protegido por Natura 2000, lo que muestra a las claras la vocación de estos suelos.


Enorme extensión de terreno salobre "ganado" al río sin ningún beneficio. Las marrones matillas de Frankenia pulverulenta denotan que es un  teórico Hábitat de Interés Comunitario

       Vuelvo sobre mis pasos y vuelvo a cruzar desde el sur hacia la Junta de los Ríos, justo donde aparece lo que yo pensaba que era una "motilla", el cerrillo de las Cabezuelas, pero al subir a su cima veo grandes bloques de costras calizas que desmontan mi teoría. Aun así, es un mirador incomparable en el justo centro de la llanura fluvial más importante de toda la Mancha, punto demasiado significativo como para que haya pasado desapercibido en cualquier época anterior a la nuestra. De hecho, en sus cercanías encontré un neolítico molino de mano.


Calaminares del cerrillo de las Cabezuelas, mirador de la Junta de los Ríos

       La peana de las Cabezuelas es un amplio calaminar que se extiende por toda su base y se resuelve en un almajal de Suaedas, tarayales y céspedes de Frankenia hacia el sur, mientras que hacia el norte topa con algunas zanjas artificiales y otras no tanto, que cobijan al Záncara cuando fluye, justo un poco antes de la Junta con el Gigüela, unión tapada por un bosque de taráis, espesos herbazales y carrizales. Desde aquí hacia el norte, probablemente sea donde se encuentre la mayor superficie europea de tarayales, unos naturales como estos primeros, y la gran mayoría de repoblación. Tras la canalización del Gigüela y el fracaso económico de la puesta en cultivo de muchas de estas tierras, se decidió, lamentable paradoja, plantar tarayales como los que ya existían anteriormente y el resultado son cientos de monótonas hectáreas de formaciones rectilíneas de taráis.


Rodalillo de la escasa Frankenia laevis en la cubeta de una área encharcadiza

      Al pasar al lado norte, compruebo la existencia de zanjas y caballones mucho más someros que los del anterior canal del Gigüela. Sobre uno de estos caballones hay una amplia cabaña de observación de aves. La gran cantidad de plantas taponando la entrada, muestran el poco uso que se hace de esta instalación, supongo que, motivado por la ausencia de agua al otro lado de sus ventanas, sobre las que cuelgan posters de las aves objeto de posible observación. Este recinto cercado/cerrado por este caballón donde se asienta el observatorio, delimita lo que es el paraje restaurado de la Junta de los Ríos, escaso, por no decir escuálido (150 has)*, respecto a la enormidad de hectáreas que podría tener este espacio natural, si se hubiese restaurado en la amplitud que este lugar (3500 has inundables)*, sin lugar a dudas, merece.               (*Ver mapas más abajo)


Caseta-observatorio de aves sobre la mota-caballón que cierra un recinto inundable

       Tras este sofocante verano, estoy oyendo hablar mucho de la peor cara del calentamiento global, de los incendios del Amazonas, de Siberia o de la desertización. Es lamentable ver cómo miramos detrás de la valla y no nos percatamos de lo que acontece en nuestro propio jardín, delante de nuestras narices. No hay que irse fuera para horrorizarse por cómo han desaparecido el lago Chad en África o el mar de Aral en Asia, solo hay que seguir la secuencia cronológica, cartográfica y fotográfica de esta región interior española, para comprobar que no podemos echar balones fuera, que aquí en casa, somos un flagrante ejemplo de lo que es la desertización claramente inducida por el hombre y sus espurios intereses.


A pesar de la riqueza agraria, la debacle del mundo rural, ha expulsado al hombre y a lo silvestre de estas llanuras

   Increíblemente, la muerte de tantísimas hectáreas de áreas naturales de llanura interior, con sus albardinales, saladares, arenales, tablas fluviales, lagunas, dehesas, etc., la historia de este desastre, no sólo ha pasado casi desapercibida, sino que continúa engullendo los últimos rincones naturales de este vasto territorio. Es una desaparición ahora ya a pequeña escala, pero masiva. Son rincones, bordes de arroyos, bardales, linderos antes arbolados de almendros, bordes de caminos, retazos de cuestas que se van recortando y haciendo retroceder, etc. Laderas que se llenan de caliches desde el campo de cultivo desempedrado de la mesetilla superior o pequeños eriales donde se acumulan basuras, caliches o aperos. Incluso se hacen desaparecer lagunas temporales pasando una y otra vez las rejas hasta allanar completamente el terreno, despojándolo de la escasa, pero magistralmente adaptada vida vegetal y animal que hubiera podido albergar con anterioridad.


Las curvas de los surcos denotan lomillas y concavidades que el arado tiende a recortar y colmatar

       Ahora mismo se está planteando, probablemente ya esté aprobado, un trasvase de nada menos que 20 Hm3 de agua desde la cabecera del Tajo a las Tablas de Daimiel. No conozco ninguna organización ecologista que esté de acuerdo con esta medida, pero la Comunidad de Usuarios de la Masa de Agua Subterránea Mancha Occidental I que es quien realmente tiene voz y voto en esta región, así lo ha solicitado a Parques Nacionales.


Improductivo campo cerealista donde antes hubo unos ricos y variados ecosistemas

      Es necesario recalcar que si bien, el Gigüela ya estaba canalizado, los pasados trasvases desde el Tajo-Segura a Las Tablas de Daimiel, se realizaron aprovechando el canal del Gigüela y esto fue la puntilla definitiva a todas estas áreas fluviales y lagunares que formaba este río manchego. Esto llevó a la re-elevación de caballones, la impermeabilización y sellado del canal, el cierre de compuertas a determinadas lagunas “privadas” que, con finalidad cinegética, mantenían aún con vida las últimas áreas palustres de esta arteria. Todo para bien poco, para alimentar un bebedero para patos, igual que podían haber inundado cualquier otro humedal seco, como las decenas de ellos que había de camino.


Interesante hábitat sabulícola, artificiosamente reforestado en una situación disclimácica

      Ahora se esgrime que es a través de una tubería y que apenas habrá pérdidas (que incluso llegaron hasta el 90%), pero eso no quita la enorme arbitrariedad, artificialidad y falta de concordancia, con lo que son los vaivenes climáticos naturales de nuestro clima mediterráneo. Quizás esta sea la ocasión de que las Tablas se libren por fin y de forma natural, de la plaga de carpas que están acabando con sus valiosas praderas de “ovas” y dejar de dilapidar tanto dinero en la extracción y muerte de estos animales. Hay que asumir que las Tablas de Daimiel son un ecosistema natural y que se tiene que comportar de acuerdo a las condiciones que afectan a su entorno del que, para bien y, más a menudo para mal, no pueden disociarse.



      ¿Cómo serían las Tablas si no se hubiera parado in extremis su desecación?, está claro, solo hay que ver el estado actual de esta Junta de los Ríos, además igualmente aquí existía una mezcla de aguas dispares, las salobres del mismo Gigüela con las dulces del Záncara que daban más riqueza aún a estas tablas. Hay que recalcar que esta es una situación fácil y perfectamente reversible, que los terrenos ganados a la naturaleza, apenas producen lo que se gasta en su explotación y que si se deshicieran zanjas y caballones, tendríamos un gran espacio temporalmente inundable, lleno de variados ecosistemas ligados a las aguas, a la salinidad, a los variados tipos de sustrato y además tendríamos, un magnífico sumidero que alimentase el magnífico y práctico acuífero que existe bajo el subsuelo manchego.


Áreas actuales, relativamente bien conservadas en torno a la Junta, (recuadro negro: restauración)

    Así se ha demostrado, muy parcialmente, al desmontar y rellenar algunas zanjas y crear caballones para no avenar tierras vecinas, con el resultado del parque de las Tablillas del Záncara, promovido por el Ayuntamiento de Alcázar y recrear 150 has. Inundables de las 3500 que hubo en el pasado.


Áreas salobres semi-inundables que podrían crear un espacio natural mayor y más variado que las Tablas de Daimiel

      Todo es proponérselo, es una opción de futuro, probablemente más seria que el intentar seguir manteniendo una agricultura, en estas áreas en concreto, que jamás será rentable de no ser por unas incongruentes subvenciones o por el poder de algunos propietarios que probablemente no lo eran cuando (se) promovieron estas grandes desecaciones.



Última hora: Una muy buena noticia, al parecer la Junta de Comunidades de CCM iniciará los trámites para declarar a los ríos Záncaar y Gigüela Reservas Fluviales


https://www.lanzadigital.com/provincia/alcazar-de-san-juan-provincia/la-junta-iniciara-los-tramites-para-declarar-los-rios-zancara-y-ciguela-reservas-fluviales/



viernes, 30 de noviembre de 2018

La Lagunilla de Prado Redondo


        La laguna de Prado Redondo es una gran desconocida para la práctica totalidad de los habitantes de Ciudad Real, incluso de los más camperos. No es de extrañar, pues se trata de una pequeña laguna tras una valla, dentro de una propiedad privada y al borde de la buena llanura de inundación de Picón-Alarcos en el Guadiana, por lo que muchos pescadores, cangrejeros y amantes del campo, van a estas tablas y no reparan en la pequeña laguna que hay en el centro del anfiteatro formado por estos montes.


A la derecha se ve la laguna en el anfiteatro formado por los montes de la sierra de Picón

  Por estos lares, el fantástico río Guadiana empieza a mostrar sus mejores galas como río, tras pasar por los cuasi artificiales esplendores de las Tablas de Daimiel, por las atribuladas Tablas de Calatrava y tras dejar el “pajarero” pantano del Vicario, se constriñe en las primeras serrezuelas del macizo ibérico, tras abandonar la Mancha y en este punto, tras pasar bajo el puente de Picón, comienza a vivir el esplendor de una llanura de inundación poco alterada.

Parte de la llanura de inundación y vista de la misma desde la ermita de Alarcos

      El Guadiana, tras el puente de Picón, en Santa María, recibe al arroyo del Raso, donde se amplía enormemente la llanura de inundación para luego irse estrechando en un entorno que, de no haberle sido claramente usurpado al Guadiana por la agricultura en su lado norte (Santa María) o por la ganadería en su lado sur (Sedano), gozaría de unas características medioambientales muy similares a lo mejor de las Tablas de Daimiel, aunque menos salobres y problemáticas; incluso en el entorno de esta junta de cauces, se encuentra un “ojuelo” protegido por una valla para que no caiga ganado en él. 


Llanura de inundación de la margen izquierda claramente usurpada
Espantapájaros y valla rodeando un ojo o nacedero en medio de la llanura de inundación en la junta de los ríos

 Tras esta considerable ampliación del valle, el río forma la tabla de la Patata, donde hay una pequeña área recreativa, para luego, volver a estrecharse al ser atravesar una serrata que crea un pequeño congosto, a la salida del cual, se vuelve a ampliar definitivamente en la llanura de inundación de Alarcos y aparece, en la orilla derecha, al pie de la ladera que mira al sur, la laguna de Prado Redondo.


A partir de esta laguna se ensancha la llanura de inundación

       A pesar de encontrarse en el borde de la llanura de inundación del Guadiana, esta laguna se encuentra rodeada de montes, una mitad al norte y otra al sur del río, formando un círculo de montes que da nombre al lugar, “Prado Redondo”, y en su centro se encuentra esta especial laguna. Especial porque pocas lagunas, y hay muchas, en todo el campo de Calatrava, tienen ese origen y dinámica tan particular. Esta laguna se encuentra en la terraza fluvial y, aunque se encuentre solo a poco más de un metro por encima del nivel actual del río, las riadas no llegan hasta ella.


El Guadiana y al fondo derecha, a unos 100m. en el llano verde, el borde de Prado Redondo

Su secreto, su singularidad, consiste en que, al pie del encinar de la loma más cercana a ella, nace un buen manantial que alimenta un arroyuelo con olmeda que se prolonga, ya sobre la llanura, dando lugar a esta laguna. Esa fuente de agua pura, probablemente es la que haya ido disolviendo con el paso de los siglos, esos materiales calizos de la terraza y haya profundizado el fondo de la laguna hasta enrasar con el nivel del cercano Guadiana, con unos tres metros de profundidad respecto al campo que la rodea.


Tras los manantiales y su olmeda, viene otra olmeda lineal que desemboca en la lagunilla. (Foto: J.M. Hernández)

El nombre de “prado” le viene de antiguo, pues al pie de las lomas esos manantiales alimentaban un buen prado que a su vez se unía a los húmedos pastizales de la llanura de inundación del río y que afirmaba bien a las claras, la vocación netamente ganadera de este enclave. Aquí empieza la gran llanura de inundación que va desde este pequeño congosto, hasta el puente y la histórica ciudad ibérico-medieval de Alarcos, edificada sobre la escarpada sierra que se alza sobre el Guadiana.

Llanura de inundación con Alarcos al fondo y detalle excavaciones

  Pero ya hace años que desapareció la vocación ganadera de este lugar para pasar a ser claramente agrícola, por decisión de sus propietarios. Desde entonces parece ser que la laguna no fue más que un mero estorbo para las labores agrarias de esa finca.



En 2007 se aprecia el rastro del paso de tractores para verter escombros. Luego en 2011:

Comprobando su estado actual y viendo la evolución de las imágenes aéreas, podemos asistir a una especie de lucha del hombre por dominar la naturaleza, a una larga batalla por irle ganando metros para el cultivo, por ir haciendo desaparecer la laguna. Hace muchos años, la laguna llegó a tener salida hacia el río, y el prado, que dio nombre al lugar, haber sido mucho más amplio e importante, pero la sucesión de imágenes muestra el trabajo de continuo vertido de escombros y brozas agrarias sobre ella, para ir reduciéndose a su lamentable estado actual.


Restos de broza y escombro vertidos al interior de la lagunilla


  Aparte de su singular belleza paisajística, este rincón atesora una gran riqueza botánica y faunística, a pesar de sus reducidas dimensiones. En muy pocos metros cuadrados tenemos representados varios ecosistemas naturales de interés, en la loma un buen encinar manchego, rico en orquídeas; al pie de la loma y alimentada por varios manantiales, una olmeda que en tiempos debió de llegar hasta la orilla del Guadiana; un pastizal-juncal, es decir un prado higrófilo, con multitud de especies de este tipo de medios, desgraciadamente en trance de desaparición en toda Castilla la Mancha y, finalmente, una buena laguna con su orla de vegetación parcialmente bien conservada.


Vegetación tras el secado de la laguna a finales de verano

  Conozco esta laguna desde hace muchos años y, aunque no fuese de dominio público, seguía teniendo una importante vida animal y vegetal. Pero tras las últimas alteraciones sufridas a finales de este invierno en esta finca, ya no puedo silenciar más, la alta probabilidad de desaparición total de este magnífico enclave natural.


Zanja lateral uniéndose a la zanja lineal de drenaje del empradizado

 A las tradicionales acciones de retirada de piedras y broza del campo de cultivo que eran vertidas al vaso lagunar, este último invierno, se han arado los bordes del arroyo y de la olmeda apurando al límite; también se ha hecho o re-excavado una zanja de drenaje que recoge el agua de la olmeda de pie de monte y también, en el arroyo que vierte directo a la laguna, para así reducir el área inundable, desecándola y aumentando la superficie de cultivo, arando hasta el borde de la zanja, dejando la olmeda lineal final, reducida a su mínima expresión, y retirando maleza y troncos de olmos caídos, hacia la laguna.


A la derecha de la anterior, cultivos hasta el mismo borde del arroyuelo, con su zanja de drenaje, abajo

Solo con ver algunas de sus plantas, como el aquí abundante lirio, Iris spuria subsp. maritima (hoy Chamaeiris reichenbachiana) o la oreja de liebre, Senecio doria (hoy Senecio laderoi), ya tengo información suficiente para saber que este lugar es un fiel testigo de lo que fueron y, aún hoy deberían ser, los ecosistemas húmedos del entorno del Guadiana. El lirio, teóricamente extinto en la cuenca del Guadiana y el senecio, también desaparecido recientemente de sus escasas localidades pasadas, nos dan la idea de lo que es la vegetación de las aguas sin contaminar y la de los cauces inundables.


El lirio Iris spuria, (Chamaeiris reichenbachiana) y detalle de la flor

  A estas especies hay que añadir una buena cantidad de plantas poco comunes y aquí reunidas, como Agrimonia eupatoria, Althaea officinalis, Carex spp., Centaurium tenuiflorum, Cyperus fuscus, Equisetum ramosissimum, Euphorbia hirsuta, Juncus bufonius, Kikxia lanígera, Linum tenue, Lythrum tribracteatum, Ornithogalum umbellatum, Phalaris caerulea, P. minor, Potentilla reptans, Pulicaria paludosa, Rosa pouzinii, Samolus valerandi, Schoenoplectus lacustris, y otras ya más comunes como Asphodelus albus, Epilobium hirsutum, Dipsacum fullonum (cardencha), Juncus spp., Lactuca serriola, L. saligna, Lytrum salicaria, Medicago spp., Rumex conglomeratus, R. crispus, R. pulcher, Scirpioides holoschoenus, Scolymus hispanicus, Trifolium spp., Verbena officinalis o  Xanthium extrumarium entre otras.

  
Las grandes hojas de la oreja de liebre (Senecio laderoi) junto al lirio amarillo (Limniris pseudacorus)
Linum tenue y Samolus valerandi

Este lugar sería un candidato idóneo para llevar a cabo una ejemplar recuperación ambiental de estos ecosistemas. Habría que delimitar dentro de la finca, el terreno a intervenir; por un lado, el de la arboleda, prados y arroyo, y por otro, el de la propia laguna. En la laguna, lo primero sería desescombrar completamente, con cuidado de no llevarse la parte de terreno libre de escombros que posee el humus, plantas de interés y el banco de semillas del suelo.


Tras la retirada de escombros la laguna ganaría en superficie y en profundidad

   La superficie total lagunar ampliaría considerablemente su perímetro, aumentándole para suavizar las pendientes de caída a la lámina de agua y dando margen perimetral para una transición vegetal acorde y suavizar las posibles afecciones del arado de la zona agraria de la finca.


Prado Redondo parece demasiado estorbo para la rectilínea labor de los tractores (Foto: J.M. Hernández)

La recuperación hídrica pasaría por deshacer o suavizar las zanjas de drenaje y la canalización del arroyuelo, para que el agua se desparrame superficialmente y abarca con su humedad, la mayor cantidad de terreno posible, para que riegue la olmeda y una buena superficie de pastizal. El banco de semillas aún se encuentra en el suelo y la recuperación vegetal sería relativamente rápida, cuidando de eliminar las abundantes plantas nitrófilas fruto de la alteración y remoción del terreno, actual o fruto de los trabajos de restauración.


Este rincón atesora un encinar, una olmeda, un buen prado y una laguna junto al Guadiana

Prado Redondo, a parte de la intervención de recuperación, requiere un protección efectiva e inmediata, bajo alguna figura de protección como bien pudiera ser la de Microrreserva, la de Monumento Natural o uniéndola a su entorno, como Paisaje Protegido. Una de las formas de recuperación debería ser a través de intervención colectiva, dirigida por la propiedad, el ayuntamiento de Picón y organizaciones ambientales, educativas o sociales, por medio de una Custodia del Territorio, siempre contando con el apoyo de la propiedad de la finca o en su defecto, con la de su adquisición pública.



Prado Redondo nos ofrece la poco común oportunidad de que en una única localización, se puede mostrar una buena gama de los ecosistemas de esta zona, una auténtica “aula de la naturaleza”, siempre cuidando de no alterar la fauna y los procesos biológicos que dan la vida a estos ecosistemas. Aquí podría mostrarse conjuntamente el encinar, la olmeda, la vegetación dulce-acuícola de arroyos, una buena pradera-juncal y un completo ecosistema lagunar y fluvial, al contar también con la inmediata llanura de inundación del Guadiana y los montes aledaños.



 Toda esta área del noroeste de Ciudad Real capital, cuenta con áreas de importancia natural sin igual, para colmo todas en un más que inestable estado de conservación. Aquí aparecen lagunas de génesis hidromagmática, llanuras de inundación fluviales, elementos geomorfológicos singulares como puedan ser los volcanes o los cortados rocosos cuarcíticos, arroyos con vegetación de influencia volcánica, retazos de mesas calizas delimitadas por la red fluvial, y un buen número de arroyos y lagunillas en buen estado de conservación que merecerían mucha más atención de la que las autoridades han demostrado hasta ahora hacia ellas. 



   Mención aparte merecen los numerosos vestigios históricos aledaños (castillo y ermita de Alarcos, poblado ibérico de Taiba, castillo de Benavente, torre de Galiana, ermita de Sancho Rey, caserón de Santa María, ermita y casas de Sancho Rey, molino de Gaijón, etc.).


Unión del arroyo de Benavente con la llanura de inundación de Alarcos, también usurpada al río. Esta llanura podría ser una de las mejores zonas naturales de Ciudad Real si se recuperaran. Al fondo volcán de Peñarroya

 A los crónicos problemas de ocupación ilegal del Dominio Público Hidráulico que el estado debería estar obligado a recuperar, hay que añadir la intensificación agraria extrema (ej: viñedos de Pagos del Vicario), el exceso y permisividad de usos lúdicos como el motocross o el abundante vertido de escombros en cunetas, bordes de caminos y arroyos, dada la cercanía de la capital manchega.


  Ya va siendo hora de que se ponga freno a la destrucción de un medio natural que parece que los ciudarrealeños no valoran lo suficiente como para defenderlo, pensando en que lo van a hacer quienes les administran. De hecho incluso el recién diseñado Camino Natural del Guadiana, evita pasar por lo mejor de esta arteria fluvial, dando un rodeo, por no entrar en conflicto con los propietarios de las propiedades aledañas al río.


Parte superior de Pradorredondo hacia Fuente Guillén

Yo sigo insistiendo en que podríamos tener el mayor corredor ecológico y uno de los mejores espacios naturales de la península, definido por un Guadiana indómito y desconocido que desde Extremadura, vertebraría con su protección, ya como Parque Nacional o con cualquier otra figura de protección eficaz, hasta las mismas lagunas de Ruidera, pasando por estas tablas fluviales y por las de Daimiel. Sería la manera de aunar toda esa serie de Monumentos Naturales, Microrreservas, L.I.C.s, lagunas volcánicas que bordean su cauce ancestral y cuyo re-nacimiento en los Ojos del Guadiana estamos cercanos a ver, si continúa lloviendo como debe y si comenzamos a regar como se debiera.


Un Guadiana salvaje y desconocido en el occidente de Ciudad Real

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