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domingo, 30 de abril de 2023

Incineradora de Valdemingómez

 


    Creo que ya lo comenté en otra entrada de este blog, la manera en la que nos deshacemos de nuestras basuras es la que marca claramente nuestro nivel de desarrollo, la calidad de nuestra cultura o lo avanzado de nuestra civilización. Solo hace falta ver las afueras, los arrabales de cualquier gran ciudad del mundo, para comprobar realmente la validez o el buen hacer de esa ciudad o por extensión, de ese país. Si lo encontramos llenos de basuras, de solares acumulando desechos, de caminos atestados de montoneras de cascotes en sus cunetas, estamos claramente, en un país tercermundista, por usar ese reductivo e imperfecto ranquin anglosajón. Desgraciadamente, basta acercarse por los aledaños de cualquier ciudad española, al menos, del tercio norte para abajo, para poder afirmar, a las claras, que los españoles somos tercermundistas, aunque nos vendamos o presumamos de primermundistas o como nos consideren otros países o ránquines.

Sacas medio rotas con las cenizas tóxicas procedentes de la incineración

         En las civilizaciones antiguas, agrícolas, las que venimos llamando “atrasadas”, las basuras servían para darnos de comer por medio de su aprovechamiento en el abonado y fertilización de los campos y huertos que les alimentaban a ellos o sus animales. Hemos logrado salir de ese atraso y ahora, ya más civilizados, hemos conseguido que nuestras basuras nos envenenen, aumenten nuestros cánceres y enfermedades de nuevo cuño o hagan improductivos nuestros contaminados suelos de la vecindad de los vertederos.


Concentración en el Ensanche de Vallecas, previa a la larga marcha de protesta 2022

         Como la muerte, la pobreza o todo lo que consideramos feo, apartamos de la vista los lugares que dedicamos a estos “sucios” menesteres, hasta tal punto que muy poca gente tiene una idea espacial o una imagen siquiera, de cómo son en realidad, los lugares a los que van destinados nuestros propios deshechos caseros que generamos diariamente. Muy pocos tienen una cierta idea del ciclo de la supuesta desaparición de lo que compramos o consumimos diariamente, bueno, también hay que decir que es triste que tampoco tengamos una idea relativamente precisa de cuál es el ciclo de los productos hasta que llegan al lugar donde los adquirimos. Estamos en la sociedad del no mirar, usted no tiene que preocuparse por nada, nosotros nos encargamos de todo, usted solamente cumpla pagando sus impuestos y siendo un mero consumidor, allá penas.


Final de la marcha de  2023 delante de la incineradora de Valdemingómez

         Así nos va, hemos hecho dejación de funciones o incluso dejación del seguimiento de esas funciones que otros hacen por nosotros y el tratamiento de las basuras se ha convertido en un negocio, en un buen negocio, a veces legal y otras no tanto, y por supuesto, la gran mayoría de las veces en ese estrecho límite de lo legal, pues en apurar esa línea es donde está la rentabilidad económica. Recuerdo mi asombro en una conferencia en Daimiel de Domingo Jiménez Beltrán, exdirector de la Agencia Medioambiental Europea, donde señaló que, claramente, el futuro del planeta estaba en el uso de energías limpias y, sobre todo, en la buena gestión y reciclaje de nuestros deshechos.


Infografía del tratamiento e incineración

     Las basuras no se tiran o se queman, se "valorizan", bien por las labores de recogida y de tratamiento, bien por el reciclaje o por medio de la producción de energía con su incineración, aunque lamentablemente hay estudios que atestiguan que simplemente se queman y no en pequeñas proporciones. A las grandes empresas, muchas de ellas filiales de grandes constructoras, se unen algunos particulares sin escrúpulos, que a precios más asequibles y sin tantas exigencias legales ni condiciones, consiguen deshacerse de basuras de maneras más bien misteriosas, por no decir de verdaderos atentados ecológicos.


La basura llama a basura, las cunetas tienen kilómetros de residuos

         Usualmente, surgen todo tipo de sinergias y usos compartidos en los grandes espacios dedicados a estas labores, por lo que esta industria, por llamarlo así, tiende a concentrarse en determinados lugares, con los distintos tratamientos en parcelas vecinas, colindando lo público con lo privado, y lo privado legal con lo privado ilegal, con solares en abundancia y todo tipo de situaciones marginales, estalajes y sombrajos. El ejemplo perfecto de una megalópolis de la basura es Valdemingómez en Madrid, en un entorno rodeado de grandes e impactantes infraestructuras, aunque con terrenos de buenos valores naturales en su vecindad, como el Parque Regional del Sureste, se desarrolla el gran Parque Tecnológico de Valdemingómez, con multitud de naves y grandes solares particulares para tratamientos de basuras varias.


Plano de Parque Tecnológico de Valdemingómez


         Una de esas empresas ilegales de basura, fue responsable de que medio Rivas-Vaciamadrid pasara una semana de ola de calor con las ventanas bien cerradas a primeros de julio de 2015. Un incendio subterráneo, estilo al famoso incendio subterráneo de turbas de Daimiel de 2009, soltando gases tóxicos por conejeras y grietas del terreno al oeste de la autovía de Valencia durante una semana entera. Pero es el pan nuestro, hace un par de semanas, el 15 de abril de este 2023, asistimos a un gran incendio en una nave de acumulación de materiales en el centro de tratamiento de Las Lomas. 

 


     Para colmo y pobrecitos los que allí viven, ahí está la Cañada Real Galiana, usurpada no solo por los que no tienen mejor lugar donde vivir, sino por muchas de estas empresas surgidas al socaire del vertedero. A los gases y humos medio legales, se une la quema de residuos de la cañada, pues no tienen ninguna recogida ni limpieza y cuando la basura se acerca al medio metro, siempre hay alguien que prende para limpiar con fuego; incluso hasta hace poco eran comunes en esta zona las quemas de cable de cobre, para recuperar este preciado metal. Los venenosos humos de la incineradora huelen poco, el olor característico de esta área se refiere a estos numerosos incendios, y desde hace más de dos años, tras el inhumano corte de suministro eléctrico a estos miles de personas, se les une el humo de los numerosos generadores caseros de electricidad.



         Lo ilegal da para mucho, pero vamos con lo legal, que ya es bastante y malo, muy malo, hasta el punto de que al menos en el área de Rivas Vaciamadrid más cercano a la carretera de Valencia, el número de cánceres y enfermedades raras es mucho más alto que el de las zonas más alejadas de Valdemingómez, al igual que les pasa a los propios trabajadores del PTV. Veo muy difícil negar la evidencia, sé de demasiados casos de bloques de pisos, donde el número de personas muertas o afectadas es intolerablemente alto y la verdad es que la rosa de los vientos no hace más que confirmar la prevalencia de vientos dominantes procedentes de Valdemingómez. 



    Por eso han surgido colectivos tales como Rivas Aire Limpio o la Plataforma Incineradora No, para luchar por el cierre de esta incineradora o, al menos, que se cumpla escrupulosamente la legalidad y las mediciones reales sobre las emisiones o la afección a elemento vivos del medio o a las personas del entorno. Esta lucha no es nueva, aquí hay mucha gente que lleva moviéndose desde casi 35 años cuando se inauguró la incineradora en 1993, tras muchas movilizaciones, cortes de la carretera de Valencia, etc., para intentar impedirlo y que no siga 30 años más.


Marcha para tratar de impedir la instalación de la incineradora en 1993

         Hemos convocado a numerosas sesiones informativas con el apoyo de expertos, médicos, científicos que desinteresadamente se han ofrecido para apoyar la lucha contra la incineración, en Rivas llevamos ya tres marchas de San Cinerato, desde Vallecas Villa se han organizado varias manifestaciones multitudinarias, desde el Ensanche de Vallecas se han organizado tres marchas hasta la Incineradora, contando con una muy buena asistencia a pesar de los 14 km andando por los campos vallecanos. En las puertas de la Comunidad de Madrid en Cibeles han tenido lugar numerosas protestas e incluso la creación de la misma Plataforma Incineradora NO. 


Concentraciones varios años consecutiva a la puerta de la sede de la CAM en Cibeles

      De la comunidad de Madrid solo se ha recibido la callada por respuesta, el anterior ayuntamiento de Madrid prometió el cierre de la Incineradora antes de 2025, pero el actual, no tiene la menor intención y eso que, por otro lado, está promoviendo la construcción de 150.000 viviendas en las inmediaciones más cercanas a la Incineradora. Incluso el supuestamente progresista ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid hace oídos sordos a este asunto, pues no quiere que se estropee su buena imagen de ciudad idílica y ecológica o que se puedan devaluar los precios de los inmuebles, por encima de la salud de sus ciudadanos.


Operaciones urbanísticas en curso en la vecindad de la Incineradora

         La incineración no es la solución, pero es una solución fácil y rentable, para quien tiene que hacerlo o buscarle beneficio, si es que no se tienen escrúpulos, pero es la peor solución a nivel ecológico y una fuente de sustancias peligrosas para el aire que respiramos. Recomendar la lectura de la novela Estramonio del italiano Ugo Riccarelli del ya lejano 2003, donde se trata de la vida de un barrendero y del negocio de la incineración.


Los tóxicos duendes humíferos de Valdemingómez

         Llevamos muchos años luchando contra la incineración de residuos, no solo en Valdemingómez, sino apoyando cualquier otra lucha a lo largo del país, no pedimos que se lleve a otro sitio, que se deje de castigar al sureste madrileño, pero no deseamos una incineradora ni cerca de la casa de nuestro peor enemigo. El humo, los contaminantes liberados al aire a esas alturas, no entiende de fronteras, se va acumulando y aunque, como reconocen estudios del Hospital Carlos III, lo peor se lo lleven los que viven en un radio inferior a los 5 km de una incineradora, estos contaminantes afectan a toda nuestra atmósfera.


Dentro del radio de acción y fijándonos en la rosa de Getafe (Fte. Meteoblue)

     Los olores, abundantes, provenientes de plantas de compostaje o también de biometanización, no son lo peor, incluso en ese crisol de experimentación química que es un horno de incineración a altísimas temperaturas (hay una norma fácilmente incumplible de no superación de los 800°C), es difícil controlar o medir todas las partículas generadas en estos procesos. La dificultad de medir, qué productos medir, cuándo, cómo, etc., son motivos de discusión cuando no de manipulación. Lo exigible, por ahora, son las mediciones de dioxinas (procedentes de la quema de plásticos), los furanos, las partículas de ciertos tamaños PM(n), o los pfas o sustancias "eternas". Simplemente que se cumpla la ley o que se adapte a los nuevos conocimientos sanitarios y, por supuesto, que se midan en continuo. 



     Pero aun así no interesa estudiar escrupulosamente estas emisiones y menos, la de sus efectos en la salud de los vecinos, el negocio es el negocio. Recientemente ha salido un informe de Toxico Watch promovido por varias organizaciones ecologistas y vecinales, los datos son claros, pero el ayuntamiento no lo reconoce por razones de método, incluso reconociendo contaminaciones innegables, se acoge a la dificultad de atribuirla a Valdemingómez. El negocio de pocos parece, de nuevo, prevalecer sobre la salud de muchos.


Marcha de 14 kms a Valdemingómez para denunciar su precariedad e incumplimientos

     Quizás sea un poco largo, pero todo queda resumido en un manifiesto como este que sigue, leído al borde del talud de sacas rotas de cenizas (otra de las flagrantes chapuzas concurrentes en estas instalaciones) provenientes de la incineración, bajo la torre de dispersión de la Incineradora, tras una larga marcha de siete kilómetros que no dudaron en recorrer personas desde muy mayores hasta muy pequeñas, para mostrar el apoyo a esta lucha vecinal. Ojo a todos los posibles compradores de pisos en los próximos Desarrollos Urbanísticos del Sureste, este es el panorama que os vais a encontrar y del que no os van a hacer una maravillosa infografía quienes os los vendan.

 


 

Comunicado de la 4ª Marcha por el Cierre de la Incineradora de Valdemingómez 2023


No quieren cerrarla, pero no vamos a parar hasta conseguirlo

El Ayuntamiento de Madrid se ha quitado definitivamente la careta con la Incineradora de Valdemingómez. Recientemente ha enviado al Consejo Social de la Ciudad y a los grupos municipales un borrador de estrategia de residuos que refleja sin ambages sus planes de preservar la incineradora, en el que se dice textualmente que se propone un “Nuevo contrato en la planta de Las Lomas que mantiene la capacidad de incineración actual a partir de 2025”.

Esta declaración equivale a perpetuar la incineradora funcionando a pleno rendimiento, hasta 2030 o más allá, igualando o superando los máximos históricos de incineración. Es decir, que el alcalde José Luis Martínez Almeida quiere que la Incineradora siga quemando unas 330.000 toneladas de residuos al año, a escasos dos kilómetros de nuestras casas.

Argumentan su decisión en un, más que cuestionable, futuro crecimiento de la población de Madrid y en la mayor generación de residuos vinculada al aumento del consumo, sobre el que han renunciado a influir. En realidad, no renuncian porque nunca han pretendido que se reduzca la generación de residuos. No olvidemos que es un gran negocio para una serie de empresas que tienen repartida convenientemente la explotación de las distintas plantas que componen el Complejo Tecnológico de Valdemingómez.

Sólo la incineradora nos costó a las madrileñas y madrileños en 2019 la friolera de 27.254.794,18 €, a razón de 53,75 €/tonelada. Con un gobierno municipal postrado a los intereses empresariales, parece evidente que nuestra salud les resulta algo secundario y canjeable por un buen acuerdo de colaboración público privada, de esos que tanto les gustan.

Y es que Almeida y el delegado de Medio Ambiente, Borja Carabante siempre han querido que la incineradora siguiera operando a pleno rendimiento, costase lo que costase y de la forma que fuese, con o sin estrategia, con o sin contrato. Poco les importa que el único estudio epidemiológico realizado por el Ayuntamiento de Madrid señale una presencia de dioxinas y furanos en el Ensanche de Vallecas que triplica a la obtenida en la calle Montesa del distrito Salamanca.

Estos compuestos peligrosos que pertenecen a la llamada “docena sucia”, un grupo de productos químicos muy peligrosos, también forman parte de los llamados COP o Contaminantes Orgánicos Persistentes, señalados en diferentes estudios por su relación con el incremento del riesgo en la población de contraer diversos tipos de cáncer (pleura, vesícula, estómago o páncreas) y enfermedades graves (como el linfoma no Hondgkin o malformaciones en recién nacidos).

Pese a que es abundante la literatura científica que avala nuestras preocupaciones y que coinciden en que «existe un incremento significativo del riesgo de muerte por cáncer en las localidades próximas a incineradoras e instalaciones para la recuperación o eliminación de residuos peligrosos”, el año pasado decidimos iniciar un nuevo estudio, en este caso un biomonitoreo de vegetales y alimentos en el entorno de Valdemingómez, de la mano de la fundación holandesa ToxicoWatch y coordinado por Zero Waste Europe y que hemos repetido en 2022.

Los resultados obtenidos en el biomonitoreo de 2021 mostraban niveles alarmantes de contaminantes peligrosos para la salud de la población y el medio ambiente. De hecho, los niveles de dioxinas en los huevos recogidos en los alrededores del PTV superaron el límite legal de 5 picogramos por gramo de materia grasa establecido por la Unión Europea, alcanzando un nivel de dioxinas de 13 picogramos por cada gramo. Es decir, no sería aconsejable el consumo humano de esos huevos.

Igualmente, los resultados de los análisis de dioxinas en musgos mostraron concentraciones muy elevadas, siendo significativamente más altos que otros obtenidos en investigaciones de biomonitoreo entre 2019 y 2021 en Incineradoras de otros países de Europa.

En 2022 la situación se mantiene con resultados similares, tanto en los huevos de gallina como en las muestras vegetales. El análisis de musgos coincide con los datos de 2021, apreciándose una elevación de dioxinas sobre todo a unos 2 km al suroeste de la incineradora, el mismo aumento de dioxinas que ha mostrado la investigación sobre agujas de pino en 2022.

A todo esto hay que añadir, que en plena toma de muestras para el biomonitoreo de 2022, descubrimos que en la montaña/vertedero de sacas de cenizas, al estar almacenadas a la intemperie en vez de ser enterradas como corresponde, habían empezado a reventar decenas de ellas, como consecuencia de su deterioro por exposición a las inclemencias meteorológicas. Pese a haberlo denunciado al SEPRONA, aún no hemos recibido respuesta alguna de la investigación. Mucho menos del consistorio o la Comunidad que, eso sí, en declaración a los medios se han dedicado a echar balones fuera, culpándose mutuamente del desaguisado.

Parece evidente que en Madrid los residuos y la salud importan bien poco a quienes gobiernan. Pero, para su desgracia, han topado con huesos duros de roer y pese a su insistencia en mantener la incineradora y su contaminación, las organizaciones que componemos la Mesa por el Cierre de la Incineradora de Valdemingómez vamos a seguir trabajando para que la ciudadanía conozca el riesgo de la incineración de residuos y concretamente de la vetusta Incineradora de Valdemingómez y no descansaremos hasta verla cerrada. Por ello, y en base a todo lo anterior, Ecologistas en Acción de Madrid, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) y el Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA) exigimos:

  • El diseño y ejecución de un Plan de Cierre de la Incineradora de Valdemingómez, que respete el plazo de cierre definitivo en 2025. Si pudiera ser antes, mejor que mejor. Más años de incineración sería un disparate.
  • La licitación y puesta en marcha del contrato de mediciones mensuales en inmisión de contaminantes orgánicos persistentes, en el entorno del Parque Tecnológico de Valdemingómez, realizadas por un organismo o empresa de independencia acreditada y que dé público acceso a los datos de forma transparente y continua.
  • La creación de una Comisión de Seguimiento del Plan de Cierre de la Incineradora de Valdemingómez, participada por entidades sociales, vecinales y ecologistas.
  • La aprobación de una Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos de la Ciudad de Madrid en la línea de la de 2017-2022, esto es, una estrategia con sus planes correspondientes dedicados a la implementación de políticas responsables de reducción significativa de la generación de residuos y a su gestión enmarcada en los principios de la economía circular, el respeto al medio ambiente y el cuidado de la salud pública.
- Muchas gracias a Alberto de comprarcasaberrocales.es por su ayuda.

martes, 30 de junio de 2020

Valdemingómez - Otro Nuevo Desastre Ecológico. Los desarrollos urbanísticos del sureste madrileño (II)

Al fondo la incineradora sobre un paisaje primaveral

Valdemingómez es palabra que puede llevarnos directamente a la noción clara y tangible de lo que es la basura, el escombro, la suciedad madrileña. Se trata del gran vertedero madrileño, lo que es hablar prácticamente, del mayor vertedero nacional. Oficial y eufemísticamente llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez (PTV), es un complejo de cientos de hectáreas, con diferentes áreas de tratamiento de todo tipo de basuras, desde las más peligrosas al clásico vertedero de escombros de obra, pasando por la altamente nociva Incineradora, pesadilla y muy probablemente, origen de gran parte de los cánceres y enfermedades raras de los muy cercanos núcleos de población de, por el norte, Ensanche  de Vallecas a 2 km y por el este, Rivas-Vaciamadrid a 2,5 km, sin contar con los pobres residentes de la Cañada Real que la tienen literalmente encima. Hace tiempo un estudio del Instituto de Salud Carlos III ya advirtió de los graves peligros de residir en el radio de 5 km de una incineradora de basuras.

Trabajando en la pirámide de basura superpuesta al relieve original

Hablar de la basura con pelos y señales es hablar directamente de nuestra sociedad, de como somos, de lo que comemos, de lo que consumimos, de nuestra limpieza y directamente, de nuestra verdadera relación con el planeta. En pocos lugares se ve más clara esta relación que en estos parajes que no vemos, que tampoco queremos ver, que suponemos, pero que no queremos asumir.


A pocos metros y avanzando la roturación

     Aquí están y se muestran meridianas, las consecuencias de nuestro modo de vida, de nuestra relación con el medio, con la naturaleza, con todo el planeta. Es lamentable pensar, comprobar, que en los tiempos en que el hombre no era “civilizado”, aprovechaba su escasa basura para fertilizar sus cultivos, mientras que ahora que hemos “progresado”, nuestra basura envenena nuestros cultivos, nuestra tierra, nuestra atmósfera, nuestra agua y nuestro cuerpo. Destrozando terrenos productivos, con cultivos o con una rica y variada naturaleza, como lamentablemente, muestro aquí.

El desastre avanza sin contemplaciones hacia los pastizales

Llevo ya muchos años luchando, con otros pocos quijotes y bastantes jubilados, contra la incineradora de Valdemingómez, por ser éste el mayor foco de problemas sanitarios del lugar donde vivo, y no quiero entrar en la alta incidencia de cánceres y enfermedades poco comunes y la falta de intención de llevar a cabo un estudio epidemiológico oficial al respecto, en Rivas Vaciamadrid. Muchas de estas personas mayores ya lucharon a brazo partido en los 90 contra la instalación de la Incineradora, pero a pesar de la lucha, salió adelante. Aun así, tras aquella “derrota”, la gente no ha cejado, agrupándose en asociaciones que pretenden reconducir el tema de la generación de basuras, su tratamiento o como mínimo la observancia del cumplimiento de la ley al respecto.

Primeras huellas del destrozo descubiertas al irse relajando el confinamiento

       Está claro que esas tareas deberían ser llevadas a cabo por las instituciones públicas, pero el ayuntamiento de Rivas (paradójicamente de izquierdas) prefiere mirar para otro lado y no meterse a pelear con instancias superiores denunciando la realidad y exigiendo el cumplimiento de las leyes sobre sanidad y medio ambiente. Además también está implicado en el negocio de la basura (Eco Hispánica). Se trata de no "manchar" el nombre del municipio, ni echar para atrás a posibles compradores de inmuebles y futuros contribuyentes; ni mucho menos, torpedear la idílica imagen de ciudad limpia y “verde” que todos los ayuntamientos, sin distinción de sexo, pretenden vender.

Belleza primaveral de la zona de Valdemingómez que mira hacia Rivas

      El negocio de la basura “apesta”, pero no solo por los olores, sino por el negocio que mueve, quienes lo mueven o los gobernantes que lo toleran o fomentan, cuando predican lo contrario, la desaparición de vertederos e ideales de limpieza verdes y occidentales. De ahí viene la desidia y la falta de previsión que ha llevado a que, por arte de magia, los vertederos madrileños (Colmenar Viejo, Pinto y Alcalá) se encuentren en situación de colapso. De hecho, Alcalá, la gran Mancomunidad del Este, ya está llevando más de 200.000 Tm de basuras, prensadas y sin separar, a Valdemingómez. Un verdadero disfrute de tráfico de camiones, polvo en suspensión y estupendos olores, para cerca de 700.000 ciudadanos, menos mal que todavía no vive nadie en Los Berrocales o en Valdecarros.


      El inicial Valdemingómez ya está muerto y enterrado bajo metros de basuras y una superficie forestal. A su alrededor han ido surgiendo y expandiéndose como una “ameba”, sucesivas plantas de tratamiento (Las Dehesas, la Paloma, Las Lomas, La Galiana, nueva Paloma, etc.) donde se incluye la incineradora. Pero no solo es Valdemingómez, sino la gran cantidad de aprovechados, de empresas relacionadas, unas legales y otras no tanto, que viven de hacer “desaparecer la basura”, amén de la triste industria artesanal del pelado (quemado) de los cables de cobre robados, una especialidad local que hace que este vertedero huela peor que los demás.



      En el verano de 2015, como si de unas resecas Tablas de Daimiel se tratase, el subsuelo cercano a la N-III comenzó a arder en un incendio subterráneo de basuras de varios días casi imparable. Soltando un humo pestilente que coincidió con una ola de calor, la mitad de Rivas tuvo que dormir/sufrir con las ventanas cerradas, por tener que elegir entre calor u olor y el calor era mucho, pero.. El origen de todo fue un vertedero camuflado de una empresa ilegal, aunque conocida y denunciada reiteradamente. 



       Estamos en el sitio ideal para la impunidad, un “no lugar”, por un lado, las sucias empresas legales, las ilegales aún más sucias y la suciedad social del conflictivo y marginal Sector 6 de la Cañada Real, ciudad sin ley, donde ni la policía se atreve a entrar, y con razón, pues se trata de un lugar  deliberadamente abandonado a su suerte por todas las administraciones.

Abandono y basuras en la vecindad de la Cañada Real

Por si fuera poco, hay que añadir el mal común, endémico y generalizado, del vertido ilegal de escombros que inunda e inutiliza los caminos de la zona con una continua guirnalda de basura a ambos lados. Un mal comportamiento ciudadano y empresarial, espoleado por la que fue la “lideresa” Esperanza Aguirre que tuvo la brillante idea de rentabilizar los vertederos duplicando las tasas al deshecho legal de escombros, consiguiendo que si ya poca gente cumplía con sus obligaciones, hasta éstos acabasen tirando los escombros por el campo o contratando de baratillo a empresas ilegales para tal labor.



Aunque parezca increíble, y desde luego, el propio Parque Tecnológico debe ignorarlo, todo Valdemingómez se encuentra enclavado en el Parque Regional del Sureste madrileño, con terrenos “E” de bajo grado de protección, pero dentro del Parque y "teóricamente" protegidos y por méritos propios; también es Lugar de Importancia Comunitaria Vegas, Cuesta y Páramos del Sureste Madrileño, amén de Zona Especial Para las Aves Cortados y Cantiles del Manzanares y Jarama por el oeste. Además son terrenos públicos, estén o no en concesión administrativa.


Todo Valdemingómez está "protegido" en el Parque Regional, en el triángulo amarillo superior

       Su inclusión en el Parque del Sureste, a pesar de las montañas de escombros, está justificada por tratarse de terrenos con un alto valor natural, aunque dudo que en su día se conocieran esos valores al completo. Cuando yo lo conocí, me sorprendí para bien, pero con los años, cada vez voy encontrando más valor y personalidad a la peculiar naturaleza de estos lugares: Valdemingómez, Salmedina, la Torrecilla, Congosto, etc., sin hablar de los magníficos vallejos y cortados, ya mejor catalogados dentro del Parque, que dan a un pletórico Manzanares que si lo conocieran los madrileños, sería motivo de orgullo.

El cercano Manzanares, prados ganaderos y al fondo, La Marañosa

Siempre he preferido mantener en el anonimato mis pequeños descubrimientos o lugares que podrían verse alterados por haberlos dado a conocer, pero la situación ya no está para miramientos. Localizada entre el Manzanares y las altas escombreras de Valdemingómez, conocía una pujante población del protegido Lepidium cardamines, en pleno término municipal de Madrid, rodeado de otras especies llamativas como Achillea ageratum o masas del llamativo Astragalus alopecuroides, pero hace casi cuatro años, decidieron arrasar aquello para ampliar e instalar conductos de desgasificación del antiguo vertedero, amén de arrasar un enclave arqueológico que ahora están excavando y estudiando.

Rodal blanquecino de los desaparecidos Lepidium cardamines
En esta área, más clara abajo, con conductos para emanaciones, hubo una flora increíble hace cuatro años

Aquello me dolió por no haber podido hacer nada al respecto. Hace tres años descubrí por Rivas el Allium nigrum, un espectacular ajo que no se encontraba por Madrid desde hacía cien años, posteriormente encontré dos poblaciones más, la mayor de ellas en Valdemingómez. Al final de la cuarentena me acerqué a verlos y me encontré que estaba ocurriendo lo mismo que pasó con los Lepidium. Las máquinas estaban y están arrasando esos terrenos entre el vertedero y la cañada. Días posteriores fueron completando y ampliando el destrozo, valle abajo, hacia el cercano Manzanares, avanzaban las obras, siguiendo las lindes marcadas por unas estaquillas naranjas. Por lo que he leído de la legislación y el P.O.R.N. del Parque, estas obras deberían haber pasado un proceso de información y de Autorización Ambiental que no creo haya tenido lugar.

El espectacular, grande y cercano a la extinción Allium nigrum, recién enterrado en Valdemingómez, como ocurrió Lepidium cardamines y con las amarillas Achillea ageratum hace años, aunque todavía quedan:

Esta es el testimonio de lo que está ocurriendo ahora. Nunca el ayuntamiento o la comunidad madrileña han sido tan consideradamente verdes, incluso están por la resiliencia, la lucha contra el cambio climático, los residuos cero, la economía circular y la biblia en verso. ¡¡Cómo podemos ser tan tontos!!, nos la cuelan por todos los lados posibles y luego nos hablan de lo malo que es el hombre con la naturaleza, de la desaparición del lago Chad o de los incendios del Amazonas y quedan como los más ecológicos, como si hicieran algo al respecto. Saben que somos incapaces de denunciar lo que pasa al otro lado de nuestra ventana, pues ni siquiera miramos por ella, ahora tenemos internet y podemos denunciar lo que pasa en Borneo a golpe de click. Como canta ToteKing "somos carne picá".

Peculiares pastizales de Valdemingómez sin machacar

      Pero vamos a Valdemingómez que me pierdo, como ya apunté en mi anterior entrada sobre el colindante Los Berrocales a oriente de Valdemingómez, se trata de un territorio muy peculiar, del área de contacto entre dos grandes unidades morfo-estructurales ibéricas. Por un lado, el final de la peana sedimentaria de la sierra y por otro, la llamada cuenca de Madrid (que también ocupa gran parte de Castilla la Mancha). Con una peculiar litología, fruto de este mestizo contexto geológico que conjuga arcillas, sílex, arenas, dolomías o yesos como se puede apreciar fácil y visualmente observando los taludes de la autopista M-50, con sus cambios de tonalidades verdosas a blancas o rosáceas, con sus caprichosos estratos dibujando curvas e incluso bucles o burbujas.

Zona de los cortados del Manzanares a la altura de Salmedina. Abajo la presencia de Frankenia thymifolia, denota la presencia unos suelos yesosos y algo salinos

      Geomorfológicamente lo más llamativo quizás sean los cortados yesíferos del Manzanares, en contraste con la plana  vega por la que divaga el río, pero las peculiares litologías presentes, la gran cantidad de sílex o puntos señeros, como el promontorio conocido como la Atalayuela de Vallecas, actualmente en la UVI por su casi total y cívico “ajardinamiento” o la presencia de asomos salinos, casi justificarían una protección de carácter geológico de esta zona. Esto es lo que deberíamos haber hecho con la Atalayuela, incluirla en el Inventario de Lugares de Interés Geológico, pero ya hablaré de eso en otra entrada dedicada a La Gavia y Valdecarros, las grandes vaguadas y lomas de cultivos y pastizales naturales que van, entre la M-40 y la M-50, del Manzanares a la carretera de Valencia.

Lomas entre Valdemingómez y Valdecarros cubiertas del gran Astragalus alopecuroides

      Estos terrenos de Valdecarros y Valdemingómez poseen una atípica vegetación poco estudiada por los botánicos madrileños recientes que siempre han tendido hacia la montaña, pero bien valorada por los antiguos botánicos que hicieron de localidades como Delicias, Vallecas, Vicálvaro, Cerro Negro, Rivas o Montarco, verdaderas localidades clásicas, con la descripción de nuevas especies y sus excursiones de campo desde la Universidad Central. Incluso el trazado de la Cañada Real Galiana prefirió estos terrenos por sus excelentes pastizales que también tenían el aprovechamiento ganadero de las “dehesas carniceras”, donde pacían los ganados que luego serían sacrificados en Legazpi para alimentar Madrid.

Juncales y pastizales con el cerro de Los Ángeles de fondo

Hoy hasta la topografía ha cambiado, elevándose ahora más de treinta metros que antaño, con grandes montañas artificiales, pero desde luego casi siempre hacia peor. Digo “casi”, porque se da la paradoja de que buena parte de la mejor y más característica flora madrileña ha quedado ahí, pinzada entre dos mundos, entre dos momentos, el de la explotación agrícola y el de la especulación urbanística u otro cambio de uso. En esos lugares es donde ahora vuelve a regenerarse por dispersión o por germinar del banco de semillas del suelo, la verdadera vegetación propia de estos lugares, al principio con mucha especie banal o nitrófila, pero  redefiniéndose con el paso de los años, aunque no parece que vayan a ser muchos al ritmo que vamos.

Pastizal con los blancos candelabros de la Salvia argentea

      La agricultura que alguna vez las cobijó, se volvió agresiva y herbicida, la multiplicación del laboreo, las químicas fumigaciones y la fertilización, la vegetación natural que con los siglos se adaptó al laboreo, la llamada vegetación arvense, entró en rápido declive y muchas especies, pasaron de ser denostadas “malas hierbas” a plantas en peligro real de desaparición. Por otro lado la vegetación que resurge, aprovecha este limbo temporal, en espera de los usos futuros que se den a esos terrenos: polígonos industriales, vertederos, barrios o paradójicamente, “zonas verdes”.


En zonas como esta se cobija a la vegetación más castiza, la más genuina, la vegetación de las arcillas del sur madrileño. Un sur que empezaba ya en Delicias y que pudo ocupar el 60% de lo que es la actual metrópoli urbana madrileña, prolongándose por el sur a La Sagra toledanas. Una vegetación básicamente arvense, con poco bosque, sí, pero mucho más rica y diversa que, por ejemplo, el reconocido y extenso monte de El Pardo al norte de Madrid. 

Esta estaquilla no anuncia nada bueno para la vegetación. Esquema situación a primeros de junio:


      Se trata de pastizales graminoides (Aegilops, Bromus, Dactylis, Melica, Stipa, etc.) con plantas vivaces como Astragalus alopecuroides, Echium vulgare/creticus/asperrimum, Eryngium campestre, Haplophyllum linifolium, Klasea flavescens, Linum collinum, Ononis spinosa, Phlomis herba-venti, Salvia argéntea, Scorzonera graminifolia, y la abundancia de llamativas especies anuales como, Crepis alpina, Echinops strigosus, Linaria caesia, Lomelosia simplex,  Ononis biflora, Silene muscipula …mezclándose con algunas retamas, esparragueras y vegetación más banal (cardos, Cardaria, Echium, Sonchus, etc.) y especies neófitas o/e invasoras como Baccharis halimifolia, Dittrichia viscosa, Solanum eleagnifolium, Wedelia glauca, etc.


      Lamentablemente en estas arcillas aparecen demasiadas especies en peligro de extinción, alguna ya extinguida (Hohenackeria polyodon), otras en peligro crítico (Allium nigrum, Astragalus scorpioides, Convolvulus humilis, Cynara tournefortii -el famoso cardo de Coslada-, Gladiolus italicus u Onosma tricerosperma) y bastantes extremadamente escasas en Madrid (Chamaeiris reichenbachiana, Convolvulus meonanthus, Geropongon hybridum, Himantoglossum hircinum, Lepidium cardamines, Microcnemum coralloides, Scolymus maculatus, Teucrium spinosum, junto a otras poco comunes como Achillea ageratum, A. odorata, Cirsium echinatum, Echinops strigosus, Fumana procumbens, Haplophyllum linifolium, Klasea flavescens o Lavatera triloba. De todas ellas, ninguna, salvo la ya extinguida, figuran en el más que obsoleto Catálogo Regional de Especies Amenazadas.

El raro lirio Chamaeiris reichenbachiana aquí llega a ser abundante

      Todas estas especies son características de las arcillas madrileñas y están, aparecen cerca o han estado hasta hace poco, en estos terrenos de Valdemingómez, y que yo sepa en la actualidad, todas las últimas mencionadas sí lo hacen, amén de contar con una de las mejores poblaciones españolas del lirio Chamaeiris reichenbachiana, antes Iris spuria que junto a Achillea ageratum y gran cantidad de Cirsium pyrenaicum y C. vulgare, se enseñorean de los juncales de la vaguada que baja hacia el Manzanares. Para colmo, este año encontré una población del rarísimo Sedum aetnense, una especie en peligro a nivel nacional que en Madrid, donde hasta ahora solo se conoce de Aranjuez, se ha catalogado como una subespecie exclusiva, un micro-endemismo propio del Parque Regional del Sureste. El estaquillado de las obras llega hasta el borde la población de esta especie que según su descubridor y la U.I.C.N… debería entrar en el catálogo con la categoría CR (en peligro crítico).

El rarísimo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, algo pasado ya, al borde del abismo

      Este Catálogo de Especies en Peligro data de 1992, siendo el más antiguo de todas las CCAA españolas. ¿En qué ha estado trabajado esa gente estos últimos 28 años? La manifiesta desaparición de las áreas naturales madrileñas, las repoblaciones que destrozan montes en buena regeneración, trabajos con maquinaria pesada al borde del Hayedo de Montejo, las canteras corroyendo las calizas del sureste y un exasperante largo etcétera, hacen que no consiga justificar mínimamente, los presupuestos de la Consejería de Medio Ambiente de la CAM o los del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, siendo unas de las administraciones con mayores ingresos y más necesitadas de un medio ambiente saludable en razón a su demografía y concentración urbanística.

Ortoimagen Valdemingómez-Salmedina y plano del Parque actual
Mapa antiguo mostrando el antiguo canal navegable del Manzanares

      Conozco bien esta zona al sur de la M-50 y cercana a la Cañada Real Galiana. Soy de los pocos que se atreve con la bici por estos pagos, aunque con la escalonada salida del confinamiento, no paro de ver ciclistas y corredores alucinando con el maravilloso campo que acaban de descubrir a la puerta de sus casas. Un poco tarde, pero la gente lo está valorando de verdad, incluso, según me comentó un agente medioambiental, están aumentando las denuncias. Por favor, que puedan y podamos seguir disfrutando esto mucho tiempo. Ya sé que ahora que se achicharra pierde bastante encanto, pero todo el resto del año puede competir dignamente (en primavera la supera) con la más reconocida naturaleza de la sierra de Guadarrama. Y todo esto sin contar con la avifauna, pues las concentraciones en Valdemingómez de cigüeñas, milanos, garcillas o gaviotas, pueden ser de las mayores peninsulares.

Curioso grupo de milanos al borde de las obras

      Hace poco un trabajador de la zona me comentó que todos estos terrenos se estaban removiendo para ajardinarlos, para el Bosque Metropolitano. Casi se me revuelven las tripas al pensar que estamos destruyendo la naturaleza para hacer una artificial y mala imitación de la misma. Aquella gran idea de ecologistas y asociaciones vecinales de crear una “Casa de Campo” del sureste madrileño, de hacerse con grandes zonas verdes naturales, al modo de la actual Casa de Campo, para contrarrestar el hacinamiento y horroroso urbanismo de todos esos barrios semi-dormitorio del sureste de Madrid, está más que justificada, (véase Villa de Vallecas, Santa Eugenia, Moratalaz, Vicálvaro y los nuevos del Ensanche de Vallecas, Rivas y/o los próximos grandes desarrollos urbanísticos). El sur y sureste de Madrid pide a gritos una gran zona verde que esponje tanta concentración urbana, humana y de infraestructuras.

Una semana antes todo lo del primer término, era rojo de Pistorinia hispanica, ¿Quién trataría de ajardinar lo que es el mejor y más adaptado jardín de la propia naturaleza?

      Pienso que la idea de esa necesidad de áreas de esparcimiento o áreas pulmón, en esta desfavorecida región madrileña, es de lógica total, a pesar de la clara tendencia institucional, de regalar el territorio a las constructoras, para que nos saquen de la permanente “crisis” que ellas mismas han contribuido a crear, alimentando además la idea de que si los pisos son caros, no es por ellos, sino por la escasez de suelo disponible y de las numerosas trabas administrativas y legales (nada menos que la Ley del Suelo que ya se ha ido modificando oportuna y discretamente para adaptarla a esos espurios intereses, o la legislación Medio Ambiental, por no hablar de la Arqueológica, entre otras).

Excavaciones arqueológicas realizadas tras la destrucción de hace cuatro años

     Lo que claramente no saben ellos es que estos territorios del sureste, ese espacio natural, incluso contando con toda su desidia y abandono, es una maravilla a las puertas de Madrid. Su concepto de naturaleza madrileña es la de un secarral, una rastrojera, pero una rastrojera que siempre valdrá mucho más que el mejor de los parques que puedan otorgarle magnánimamente al pueblo de Madrid. Por favor, incluyan todos estos espacios aún salvajes (Valdecarros, La Gavia, Valdemingómez, etc.), pero realmente protegidos, al socaire de un ampliado Parque Regional del Sureste de Madrid, pero que sea protector y efectivo de verdad.

Lamentable estado actual de los hasta hace poco magníficos pastizales de Valdemingómez y  la Cañada Real
Últimos rincones ocupados ilegalmente de la Cañada Real, prácticamente enterrados

       Esta no es sino otra de las múltiples agresiones que estamos sufriendo en el maltratado sureste de Madrid: fragmentación del territorio por las grandes infraestructuras (M-40-45-50, AVE, R-3), alta densidad tendidos alta tensión, permanente estado de abandono institucional, incendios veraniegos diarios, chabolismo, laguna tóxica de Arganda, y un largo etc. Pero sin duda el peor de todos es  la desorbitada especulación urbanística y ahora en contrapartida, pretenden regalarnos con el posible ajardinamiento de la joya histórico/arqueológica/botánica del Cerro de Almodóvar que pretenden les votemos en Madrid Decide, no como ya hicieron, sin consultar, con el ya perpetrado ajardinamiento de la Atalayuela de Vallecas.


        El inmediato sureste madrileño está, a pesar de los destrozos que acabo de mencionar, lleno de tesoros sin valorar: el Parque Lineal del Manzanares, una maravilla de fresco recorrido entre bosques de ribera y cortados, con ganadería de toros bravos en sus grandes pastos; los vastos pastizales vallecanos de Valdecarros; una arqueología prehistórica, moderna y contemporánea, como el Canal Navegable del Manzanares o la red de trincheras y puestos de mando de la Batalla del Jarama; las vistas desde el Cerro de Almodóvar; el Soto de las Juntas y laguna del Campillo en Rivas; los montes de Casa Eulogio y la Marañosa; la presa del Rey y un largo etcétera a pocos minutos del centro de Madrid. Animo a conocerlo. No nos podemos permitir el lujo de no aprovecharlo o tolerar su desaparición, es casi una necesidad fisiológica, el tener cerca el aire y la amplitud de espacios naturales bien conservados cerca de nuestras casas.

Más info:


- Se confirma el sinsentido: Este desastre es para ir creando el Bosque Metropolitano madrileño. El "señuelo verde" para intentar vender otra moto urbanística.
- Aprovechando el pandémico aislamiento, han arrasado, casi con su gente dentro, todo el tramo final de la cañada. Allí vivían los más pobres de los pobres, un drama brutal, sin paliativos ni indemnizaciones. La prensa a por uvas.
- El supuesto Allium nigrum ha resultado ser una especie nueva para la península, se trata de Allium cyrilli.

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