martes, 30 de junio de 2020

Valdemingómez - Otro Nuevo Desastre Ecológico

Al fondo la incineradora sobre un paisaje primaveral

Valdemingómez es palabra que puede llevarnos directamente a la noción clara y tangible de la que es la basura, el escombre, la suciedad madrileña. Se trata del gran vertedero madrileño, lo que es hablar prácticamente, del mayor vertedero nacional. Oficial y eufemísticamente llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez PTV, es un complejo de cientos de hectáreas, con diferentes áreas de tratamiento de todo tipo de basuras, desde las más peligrosas al clásico vertedero de escombros de obra, pasando por la altamente nociva Incineradora, pesadilla y, con toda probabilidad, origen de gran parte de los cánceres y enfermedades raras de los muy cercanos núcleos de población de, por el norte, Ensanche  de Vallecas a 2 km y por el este, Rivas-Vaciamadrid a 2,5 km, sin contar con los pobres residentes de la Cañada Real que lo tienen literalmente encima. Hace tiempo un estudio del Instituto de Salud Carlos III ya advirtió de los graves peligros de residir en el radio de 5 km de una incineradora de basuras.

Trabajando en la pirámide de basura superpuesta al relieve original

Hablar de la basura con pelos y señales, con lugares concretos e instituciones concretas, es hablar directamente de nuestra sociedad, de lo que somos, lo que comemos, lo que consumimos, de nuestra limpieza y, muy directamente, de nuestra verdadera relación con el planeta. Suena ampuloso o grandilocuente, pero en pocas partes se ve más clara esta relación que en estos lugares que no vemos y que tampoco queremos ver, que suponemos, pero que no queremos asumir.


A pocos metros y avanzando la roturación

     Aquí están y se muestran meridianas, las consecuencias de nuestro modo de vida, de nuestra relación con el medio, con la naturaleza, con todo el planeta. Es triste pensar que en los tiempos en que el hombre no era “civilizado”, aprovechaba su escasa basura para fertilizar sus cultivos; ahora que hemos “progresado”, nuestra basura envenena nuestros cultivos, la tierra, la atmósfera, el agua y nuestro cuerpo. Destrozando terrenos productivos, con cultivos o con una rica y variada naturaleza, como lamentablemente, muestro aquí.

El desastre avanza sin contemplaciones hacia los pastizales

Llevo ya muchos años luchando, con otros pocos quijotes y bastantes jubilados, contra la incineradora de Valdemingómez, por ser éste el mayor foco de problemas sanitarios del lugar donde vivo, y no quiero entrar en la alta incidencia de cánceres y enfermedades poco comunes y la falta de intención de llevar a cabo un estudio epidemiológico oficial al respecto, en Rivas. Muchas de estas personas mayores ya lucharon a brazo partido en los 90 contra la instalación de la Incineradora, pero tras años de manifestaciones, salió adelante. A pesar de aquella “derrota”, la gente no ha cejado, agrupándose en asociaciones que pretenden reconducir el tema de la generación de basuras, su tratamiento o la vigilancia del cumplimiento de la ley al respecto.

Primeras huellas del destrozo descubiertas al irse relajando el confinamiento

       Está claro que esas tareas deberían ser llevadas a cabo por las instituciones públicas, pero el ayuntamiento de Rivas (paradójicamente de izquierdas) prefiere mirar para otro lado y no meterse a pelear con instancias superiores denunciando la realidad y exigiendo el cumplimiento de las leyes sobre sanidad y medio ambiente. Además también está implicado en el negocio de la basura (Eco Hispánica). Se trata de no "manchar" el nombre del municipio, ni echar para atrás a posibles compradores de inmuebles, amén de futuros contribuyentes; ni mucho menos, torpedear la idílica imagen de ciudad limpia y “verde” que todos los ayuntamientos, sin distinción de sexo, pretenden de su terruño.

Belleza de la zona de Valdemingómez que mira hacia Rivas

      El negocio de la basura “apesta”, pero no solo por los olores, sino por el negocio que mueve, quienes lo mueven o los gobernantes que lo toleran o fomentan, cuando predican lo contrario, la desaparición de vertederos e ideales de limpieza verdes y occidentales. De ahí viene la desidia y la falta de previsión que ha llevado a que, por arte de magia, los vertederos madrileños (Colmenar Viejo, Pinto y Alcalá) se encuentren en situación de colapso. De hecho, Alcalá, la gran Mancomunidad del Este, ya está llevando más de 200.000 Tm de basuras, prensadas y sin separar, a Valdemingómez. Un verdadero disfrute de tráfico de camiones, polvo en suspensión y estupendos olores, para cerca de 700.000 ciudadanos, menos mal que todavía no vive nadie en Los Berrocales.


      Bueno, literalmente, Valdemingómez ya está muerto y enterrado bajo una superficie forestal ajena a los ciudadanos. A su alrededor han ido surgiendo y expandiéndose como una “ameba”, sucesivas plantas de tratamiento (Las Dehesas, la Paloma, Las Lomas, La Galiana, nueva Paloma, etc.) donde se incluye la incineradora. Pero no solo es Valdemingómez, sino la gran cantidad de aprovechados, de empresas relacionadas, unas legales y otra no, que viven por aquí de hacer “desaparecer la basura”, amén de la triste industria artesanal del pelado (quemado) de los cables de cobre robados, una especialidad local que hace que este vertedero huela peor que los demás.



      En el verano de 2015, como si de unas resecas Tablas de Daimiel se tratase, el subsuelo cercano a la N-III comenzó a arder en un incendio subterráneo de varios días casi imparable. Soltando un humo pestilente que coincidió con una ola de calor, la mitad de Rivas tuvo que dormir/sufrir con las ventanas cerradas, por tener que elegir entre calor u olor. El origen de todo fue un vertedero camuflado de una empresa ilegal, aunque conocida y denunciada reiteradamente. 



       Estamos en el sitio ideal para la impunidad, un “no lugar”, por un lado las sucias empresas legales, las ilegales aún más sucias y la suciedad social del conflictivo y marginal Sector 6 de la Cañada Real, ciudad sin ley, donde ni la policía se atreve a entrar, y con razón, pues se trata de un lugar, para mí que deliberadamente abandonado a su suerte por todas las administraciones.

Abandono y basuras en la vecindad de la Cañada Real

Por si fuera poco, hay que añadir el mal común, endémico y generalizado, del vertido ilegal de escombros que inunda e inutiliza los caminos de la zona con una continua guirnalda de basura a ambos lados. Un mal comportamiento ciudadano y empresarial, espoleado por la que fue la “lideresa” Esperanza Aguirre que tuvo la brillante idea de rentabilizar los vertederos duplicando las tasas al deshecho legal de escombros, consiguiendo que si ya poca gente cumplía con sus obligaciones, hasta éstos acabasen tirando los escombros por el campo o contratando de baratillo a empresas ilegales para tal labor.



Aunque parezca increíble, y desde luego, el propio Parque Tecnológico no lo cree, todo Valdemingómez se encuentra enclavado en el Parque Regional del Sureste madrileño, con terrenos “E” de bajo grado de protección, pero dentro del Parque y, "teóricamente" protegidos y por méritos propios; también es Lugar de Importancia Comunitaria Vegas, Cuesta y Páramos del Sureste Madrileño, amén de Zona Especial Para las Aves Cortados y Cantiles del Manzanares y Jarama por el oeste. Además son terrenos públicos, estén o no en concesión administrativa.


Todo Valdemingómez está "protegido" en el Parque Regional, en el triángulo amarillo superior

       Su inclusión en el Parque del Sureste, a pesar de las montañas de escombros, está justificada por tratarse de terrenos con un alto valor natural, aunque dudo que en su día conocieran esos valores al completo. Cuando yo lo conocí, me sorprendí para bien, pero con los años, cada vez voy encontrando más hallazgos, valores y personalidad a la peculiar naturaleza de estos lugares: Valdemingómez, Salmedina, la Torrecilla, Congosto, etc., sin hablar de los magníficos vallejos y cortados, ya mejor catalogados dentro del Parque, que dan a un pletórico Manzanares que si lo conocieran los madrileños, sería motivo de orgullo.

El cercano Manzanares, prados ganaderos y al fondo, La Marañosa

Siempre he preferido mantener en el anonimato mis pequeños descubrimientos o lugares que podrían verse alterados por haberlos dado a conocer, pero la situación ya no está para miramientos. Localizada entre el Manzanares y las altas escombreras de Valdemingómez, conocía una pujante población del protegido Lepidium cardamines, en pleno municipio de Madrid, rodeado de otras especies llamativas como Achillea ageratum o masas del llamativo Astragalus alopecuroides, pero hace casi cuatro años, decidieron arrasar aquello, acercándose peligrosamente al Manzanares, para ampliar e instalar conductos de desgasificación del antiguo vertedero, amén de arrasar un enclave arqueológico que ahora están excavando y estudiando.

Rodal blanquecino de los desaparecidos Lepidium cardamines
En esta área, más clara abajo, con conductos para emanaciones, hubo una flora increíble hace cuatro años

Aquello me dolió por no haber podido hacer nada al respecto. Hace tres años descubrí por Rivas el Allium nigrum, un espectacular ajo que no se encontraba por Madrid desde hacía cien años, posteriormente encontré dos poblaciones más, la mayor de ellas en Valdemingómez. Al final de la cuarentena me acerqué a verlos y me encontré que estaba ocurriendo lo mismo que pasó con los Lepidium. Las máquinas estaban y están arrasando esos terrenos entre el vertedero y la cañada. Días posteriores fueron completando y ampliando el destrozo, valle abajo, hacia el cercano Manzanares, avanzaban las obras, siguiendo las lindes marcadas por unas estaquillas naranjas. Por lo que he leído de la legislación y el P.O.R.N. del Parque, estas obras deberían haber pasado un proceso de información y de Autorización Ambiental que no creo haya tenido lugar.

El espectacular, grande y cercano a la extinción Allium nigrum, recién enterrado en Valdemingómez, como ocurrió con las amarillas Achillea ageratum hace años, aunque todavía quedan

Esta es mi testimonio de lo que está ocurriendo ahora. Nunca el ayuntamiento o la comunidad madrileña han sido tan consideradamente verdes, incluso están por la resiliencia, la lucha contra el cambio climático y a favor de los residuos cero, la economía circular y la biblia en verso. ¡¡Cómo podemos ser tan tontos!!, nos la cuelan por todos los lados posibles y luego nos hablan de lo malo que es el hombre con la naturaleza, de la desaparición del lago Chad o de los incendios del Amazonas y quedan como los más justos, consecuentes y ecológicos, como si hicieran algo al respecto. Saben que no somos capaces, no de denunciar lo que pasa al otro lado de nuestra ventana, sino de ni siquiera mirar por ella, ahora tenemos internet y podemos denunciar lo que pasa en Borneo a golpe de click. Como canta ToteKing "somos carne picá".

Peculiares pastizales de Valdemingómez sin machacar

      Pero vamos al campo que me pierdo, como ya apunté en mi anterior entrada sobre el colindante lugar de Los Berrocales a oriente de Valdemingómez, se trata de un territorio muy peculiar, del área de contacto entre dos grandes unidades morfo-estructurales ibéricas. Por un lado, el final de la peana de la sierra y por otro, la llamada cuenca de Madrid (que también ocupa gran parte de Castilla la Mancha). Con una peculiar litología, fruto de este ambiguo contexto geológico, que conjuga arcillas, sílex, arenas, dolomías o yesos que se puede apreciar fácil y visualmente observando los taludes de la autopista M-50, con sus cambios de tonalidades verdosas a blancas o rosáceas, con sus caprichosos estratos dibujando curvas e incluso bucles o burbujas.

Zona de los cortados del Manzanares a la altura de Salmedina. Abajo la presencia de Frankenia thymifolia, denota la presencia unos suelos yesosos y salinos

      Geológicamente lo más llamativo quizás sean los cortados yesíferos del Manzanares, en contraste con su plana y arbolada vega por la que divaga el río, pero las peculiares litologías presentes, la gran cantidad de sílex o puntos señeros, como el promontorio conocido como la Atalayuela de Vallecas, actualmente en la UVI por su casi total y cívico “ajardinamiento” o la presencia de asomos salinos, casi justificarían una protección de carácter geológico de esta zona. Esto es lo que deberíamos haber hecho con la Atalayuela, incluirla en el Inventario de Lugares de Interés Geológico, pero ya hablaré de eso en otra entrada dedicada a La Gavia y Valdecarros, las grandes vaguadas y lomas de cultivos y pastizales naturales que van, entre la M-40 y la M-50, del Manzanares a la carretera de Valencia.

Lomas entre Valdemingómez y Valdecarros cubiertas del gran Astragalus alopecuroides

      Estos terrenos de Valdecarros y Valdemingómez poseen una atípica vegetación poco estudiada por los botánicos madrileños recientes que siempre han tendido hacia la montaña, pero bien valorada por los antiguos que hacían de localidades como Delicias, Vallecas, Vicálvaro, Cerro Negro, Rivas o Montarco, verdaderos hitos botánicos, localidades clásicas en la descripción de nuevas especies o en las excursiones de campo de la antigua Universidad Central. Incluso el trazado de la Cañada Real Galiana prefirió estos terrenos por sus excelentes pastizales que también tenían el aprovechamiento ganadero de las “dehesas carniceras”, donde pacían los ganados que luego serían sacrificados en Legazpi para alimentar Madrid.

Juncales y pastizales con el cerro de los Angeles de fondo

Hoy hasta la topografía ha cambiado, elevándose ahora más de treinta metros que antaño, con grandes montañas artificiales, pero desde luego casi siempre hacia peor. Digo “casi”, porque se da la paradoja de que buena parte de la mejor y más característica flora madrileña ha quedado ahí, pinzada entre dos mundos, entre dos momentos, entre el de la explotación agrícola y el de la especulación urbanística u otro cambio de uso. En esos lugares es donde ahora vuelve a regenerarse, por dispersión o por germinar del banco de semillas del suelo, la verdaderas vegetación propia de estos lugares, al principio con mucha vegetación banal o nitrófila, pero asentándose y redefiniéndose con el paso de los años, que no parece que vayan a ser muchos.

Pastizal con los blancos candelabros de la Salvia argentea

      La agricultura que alguna vez las cobijó, se volvió agresiva y herbicida, entre la multiplicación del laboreo, las químicas fumigaciones y la fertilización, la vegetación natural que con los siglos se adaptó al laboreo, la llamada vegetación arvense, entró en rápido declive, y muchas especies, pasaron de ser denostadas “malas hierbas” a plantas en peligro real de desaparición. Por otro lado la vegetación que resurge, permanece en un bien aprovechado limbo temporal, en espera de los futuros usos que se den a esos terrenos: polígonos industriales, vertederos, urbanismo o paradójicamente, “zonas verdes”.


Muchas de esas especies arvenses se encuentran en esos terrenos, además de cobijar a la vegetación más castiza, la más genuinamente madrileña, la vegetación de las arcillas del sur madrileño, un sur que empezaba ya en Argüelles y que pudo ocupar el 75% de lo que es la actual metrópoli urbana madrileña, prolongándose por el sur a La Sagra toledana, en cotas relativamente altas, pues en general por abajo, como en casi todos los vallejos, aparecen los yesos o incluso sales. Una vegetación básicamente arvense, con poco bosque, sí, pero mucho más rica y diversa que, por ejemplo, el reconocido y extenso monte de El Pardo al norte de Madrid. 

Esta estaquilla no anuncia nada bueno para la vegetación. Esquema situación a primeros de junio:


      Se trata de pastizales graminoides (Aegilops, Bromus, Dactylis, Melica, Stipa, etc.) con plantas vivaces como Astragalus alopecuroides, Echium vulgare/creticus/asperrimum, Eryngium campestre, Haplophyllum linifolium, Klasea flavescens, Linum collinum, Ononis spinosa, Phlomis herba-venti, Salvia argéntea, Scorzonera graminifolia, y la abundancia de llamativas especies anuales como, Crepis alpina, Echinops strigosus, Linaria caesia, Lomelosia simplex,  Ononis biflora, Silene muscipula …mezclándose con algunas retamas, esparragueras y vegetación más banal (cardos, Cardaria, Echium, Sonchus, etc.) y especies neófitas o/e invasoras como Baccharis halimifolia, Dittrichia viscosa, Solanum eleagnifolium, Wedelia glauca, etc.


      Lamentablemente en estas arcillas aparecen demasiadas especies en peligro de extinción, alguna ya extinguida (Hohenackeria polyodon), otras en peligro crítico (Allium nigrum, Astragalus scorpioides, Convolvulus humilis, Cynara tournefortii (el famoso cardo de Coslada), Gladiolus italicus u Onosma tricerosperma) y bastantes extremadamente escasas en Madrid (Chamaeiris reichenbachiana, Convolvulus meonanthus, Geropongon hybridum, Himantoglossum hircinum, Lepidium cardamines, Microcnemum coralloides, Scolymus maculatus, Teucrium spinosum, junto a otras poco comunes como Achillea ageratum, A. odorata, Cirsium echinatum, Echinops strigosus, Fumana procumbens, Haplophyllum linifolium, Klasea flavescens o Lavatera triloba. De todas ellas, ninguna, salvo la ya extinguida, figuran en el más que obsoleto Catálogo Regional de Especies Amenazadas.

El raro lirio Chamaeiris reichenbachiana aquí llega a ser abundante

      Todas estas especies son características de las arcillas madrileñas y están, aparecen cerca o han estado hasta hace poco en estos terrenos de Valdemingómez, y que yo sepa en la actualidad, todas las últimas mencionadas sí lo hacen, amén de contar con una de las mejores poblaciones españolas del lirio Chamaeiris reichenbachiana, antes Iris spuria que junto a Achillea ageratum y gran cantidad de Cirsium pyreniucum y C. vulgare, se enseñorean de los juncales de la vaguada que baja hacia el Manzanares. Para colmo, este año encontré una población del rarísimo Sedum aetnense, una especie en peligro a nivel nacional que en Madrid, donde hasta ahora solo se conoce de Aranjuez, se ha catalogado como una subespecie exclusiva, un micro-endemismo propio del Parque Regional del Sureste. El estaquillado de las obras llega hasta el borde la población de esta especie que según su descubridor y la U.I.C.N… debería entrar en el catálogo con la categoría CR (en peligro crítico).

El rarísimo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, algo pasado ya, al borde del abismo

      Este Catálogo de Especies en Peligro data de 1992, siendo el más antiguo de todas las CCAA españolas. ¿En qué ha estado trabajado esa gente estos últimos 28 años? La manifiesta desaparición de las áreas naturales madrileñas, las repoblaciones que destrozan montes en buena regeneración, trabajos con maquinaria pesada al borde del Hayedo de Montejo, las canteras corroyendo las calizas del sureste y un exasperante largo etcétera, hacen que no consiga justificar mínimamente, los presupuestos de la Consejería de Medio Ambiente de la CAM o los del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, siendo unas de las administraciones con mayores ingresos y más necesitadas de un medio ambiente saludable en razón a su demografía y concentración urbanística. ¿Acaso les estamos haciendo gratis, el trabajo de vigilancia y denuncia?

Ortoimagen Valdemingómez-Salmedina y plano del Parque actual
Mapa antiguo mostrando el antiguo canal navegable del Manzanares

      Conozco bien esta zona al sur de la M-50 y cercana a la Cañada Real Galiana. Soy de los pocos que se atreve con la bici por estos pagos, aunque con la escalonada salida del confinamiento, no paro de ver ciclistas y corredores alucinando con el maravilloso campo que acaban de descubrir a la vuelta de sus casas. Un poco tarde, pero la gente lo está valorando de verdad, incluso, según me comentó un agente medioambiental, están aumentando las denuncias. Por favor, que puedan y podamos seguir disfrutándolo mucho tiempo. Ya sé que ahora que se achicharra pierde bastante encanto, pero todo el resto del año puede competir dignamente (en primavera la supera) con la más reconocida naturaleza de nuestra sierra. Y todo esto sin contar con la avifauna, pues las concentraciones en Valdemingómez de cigüeñas, milanos, garcillas o gaviotas, pueden ser de las mayores peninsulares.

Curioso grupo de milanos al borde de las obras

      Hace poco un trabajador de la zona me comentó que todos estos terrenos se estaban removiendo para ajardinarlos. Casi se me revuelven las tripas al pensar que estamos destruyendo la naturaleza para hacer una artificial y mala imitación de la misma y creo que por ahí podrían ir los tiros. Aquella gran idea de ecologistas y asociaciones vecinales de crear una “Casa de Campo” del sureste madrileño, de hacerse con grandes zonas verdes naturales, al modo de la actual Casa de Campo, para contrarrestar el hacinamiento y horroroso urbanismo de todos esos barrios semi-dormitorio del sureste de Madrid, está más que justificada, véase Villa de Vallecas, Santa Eugenia, Moratalaz, Vicálvaro y los nuevos del Ensanche de Vallecas, Rivas y los próximos grandes desarrollos urbanísticos. El sur y sureste de Madrid pide a gritos una gran zona verde que esponje tanta concentración urbana, humana y de infraestructuras.

Una semana antes todo lo del primer término, era rojo de Pistorinia hispanica, ¿Quién trataría de ajardinar lo que es el mejor y más adaptado jardín de la propia naturaleza?

      Pienso que la idea de esa necesidad de áreas de esparcimiento o áreas pulmón, en esta desfavorecida región madrileña, es de lógica total, a pesar de la clara tendencia institucional, de regalar el territorio a las constructoras, para que nos saquen de la permanente “crisis” que ellas mismas han contribuido a crear, alimentando además la idea de que si los pisos son caros, no es por ellos, sino por la escasez de suelo disponible y de las numerosas trabas administrativas y legales (nada menos que la Ley del Suelo que ya se ha ido modificando oportuna y discretamente para adaptarla a esos espúreos intereses, o la legislación Medio Ambiental, por no hablar de la Arqueológica, entre otras).

Excavaciones arqueológicas realizadas tras la destrucción de hace cuatro años

      Sí, la idea de esa necesidad de espacio libre, es de cajón, y a pesar de contrariar a colegas promotores inmobiliarios que, por otra parte, ya se han llevado una buena parte del “pastel”, puede valerles de cara a la población de futuros votantes que es lo único que les podría interesar de nosotros. Lo que claramente no saben ellos es que ese espacio libre, incluso contando con toda su desidia y abandono, es una maravilla a las puertas de Madrid. Su concepto de naturaleza madrileña, para ellos es la de un secarral, una rastrojera, pero una rastrojera que siempre valdrá mucho más que el mejor de los parques que puedan otorgarle magnánimamente al pueblo de Madrid. Por favor, incluyan todos estos espacios aún salvajes (Valdecarros, La Gavia, Valdemingómez, etc.), pero realmente protegidos, al socaire de un ampliado Parque Regional del Sureste de Madrid, pero que sea protector y efectivo de verdad.

Lamentable estado actual de los hasta hace poco magníficos pastizales de Valdemingómez y  la Cañada Real
Ültimos rincones ocupados ilegalemente de la Cañada Real, prácticamente enterrados

       Esta no es sino otra de las múltiples agresiones que estamos sufriendo en el maltratado sureste de Madrid: fragmentación del territorio por las grandes infraestructuras (M-40-45-50, AVE, R-3), alta densidad tendidos alta tensión, permanente estado de abandono institucional, incendios veraniegos diarios, chabolismo, laguna tóxica de Arganda, y un largo etc. Pero sin duda el peor de todos es  la desorbitada especulación urbanística: Berrocales, Ahijones, Cañaveral, Ensanche de Vallecas, Valdecarros, etc, y ahora pretenden regalarnos con el posible ajardinamiento de la joya histórico/arqueológica/botánica del Cerro de Almodóvar que pretenden les votemos en Madrid Decide, no como ya hicieron, sin consultar, con el ya perpetrado ajardinamiento de la Atalayuela de Vallecas.


        El inmediato sureste madrileño está, a pesar de los destrozos que acabo de mencionar, lleno de tesoros sin valorar: el Parque Lineal del Manzanares, una maravilla de fresco recorrido entre bosques de ribera y cortados, con ganadería de toros bravos en sus grandes pastos; los vastos pastizales vallecanos de Valdecarros; una arqueología prehistórica, moderna y contemporánea, como el Canal Navegable del Manzanares o la red de trincheras y puestos de mando de la Batalla del Jarama; las vistas desde el Cerro de Almodóvar; el Soto de las Juntas y laguna del Campillo en Rivas; los montes de Casa Eulogio y la Marañosa; la presa del Rey y un largo etcétera a pocos minutos del centro de Madrid. Animo a conocerlo. No nos podemos permitir el lujo de no aprovecharlo o tolerar su desaparición, es casi una necesidad fisiológica, el tener cerca el aire y la amplitud de espacios naturales bien conservados cerca de nuestras casas.

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