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miércoles, 26 de junio de 2024

La naturaleza de la Hoya de Guadix-Baza o el Altiplano granadino

 


Llevaba ya mucho tiempo deseando realizar este viaje que finalmente he hecho. Lo bueno, se hace de rogar, pero ha merecido la pena, y de largo. Esta tierra es apasionante y un verdadero mundo en sí mismo, como es la amplia “hoya” o depresión interior, que en su extremo sur tiene las vetustas ciudades de Guadix y Baza. Región también denominada en la actualidad como el Altiplano granadino y que hace unos años, debido a sus excepcionalidades geológicas y demás valores, recibió la distinción por parte de la Unesco, como Geoparque Internacional. La zona más habitada de esta gran depresión realmente se corresponde con un altiplano, una gran llanura ligeramente inclinada hacia su centro; llano, si no tuviésemos en cuenta las miles y miles de cárcavas y vallejos que surcan todas esas áreas inferiores.


Desde por encima de Gorafe, con Cazorla-Castril al fondo

Estamos en la cuenca rodeada por las montañas más altas de la península. Por el suroeste tiene la gran Sierra Nevada, con la mayor cota altitudinal peninsular, el Mulhacén 3479m; al sur y sureste la Sierra de Baza  2269m en el Santa Bárbara; al este los menores relieves de la Sierra de Orce 1826m, Estancias 1507m y Lúcar 1722m que ya drenan por el este hacia el Mediterráneo; al norte el gran conjunto montañoso de las Subbéticas de Cazorla-Castril, con el Tornajuelos 2136m, del que se separa hacia el este-sureste, la alta montaña de La Sagra con 2381m, y finalmente, por el oeste la Sierra de Arana y sus estribaciones, llegando hasta los 2027m. Hacia el noroeste, entre estos dos últimos conjuntos montañosos, se desliza el río que recoge las aguas de esta depresión intramontana, el desconocido Guadiana Menor, un auténtico oasis en medio de lo más parecido que tenemos en Europa a un desierto continental, muy similar, incluso en su vegetación, como los que abundan en la asiática región Irano-turaniana (Irán-Turquía oriental-Siria-Iraq-Afganistán) o en los bordes septentrionales del Sahara.

Sierra Nevada al fondo y delante una mata de la sureña alcaparra

Hace años leí una magnífica descripción que de esta región hizo el gran botánico Maurice Willkomm, casi más español que alemán, impresionado por la belleza de este lugar, dando con su descripción las primeras nociones del biogeográfico concepto de pisos altitudinales, cinturones de vegetación o pisos bioclimáticos. En ella contaba la impresión que le daba ver esta gran hoya completamente rodeada de altas montañas nevadas, seguidas por un gran cinturón de verdes pinares que llegaban por sus bases a una vasta depresión interior que contenía un magnífico paisaje estepario surcado de numerosas cárcavas. Probablemente el paisaje español que más le impresionó y eso tratándose de una persona tan viajada a mediados-finales del S. XIX.

Sierra de Baza sin nieves, con cinturones sucesivos de pinares, arriba de silvestres, luego resineros y abajo carrascos previos al mar de cárcavas

       El mundo físico de este altiplano viene marcado precisamente por las roturas de esa supuesta y llana homogeneidad de este “Altiplano granadino”, siendo mucho más llamativo e imponente, el océano de cárcavas y barrancos, de mucha mayor dimensión territorial, destacando poderosamente en su centro un pantano, el de Negratín a 610m y una gran montaña, el Jabalcón a 1493m, cuyo nombre parece la toponímica mezcla de “jevel”, montaña en árabe y “balcón”, no pudiendo dársele un nombre más adecuado. Sin duda, se trata de la mayor concentración de cárcavas o “badlands” de toda Europa y como cada sierra que la rodea tiene sus diferentes litologías y los sedimentos han pasado por distintos procesos químico-erosivos, cada área tiene una tonalidad distinta, incluso hay relieves sobre arcillas abigarradas de tonalidades grises y rojizas, que con las escasas áreas de yesos bien blancos o bien rojizos, nos ofrece un variado y original abanico de colores terrígenos.

Tonalidades distintas de sedimentos distintos. Abajo arcillas grises y rojas

       Toda esta penillanura, totalmente acarcavada en su área central, es fruto del vaciado de sus blandos materiales sedimentados, por la escorrentía concentrada que desciende de las montañas que rodean la hoya. Sedimentos entre los que a veces aparecen calcáreas formaciones rocosas, resultando en un conjunto de intrincadas redes de barrancos, donde la alta torrencialidad de las lluvias y la desaparición de una vegetación que pueda impedir esta acción destructiva de las aguascontribuye a agravar estos procesos

Terreno lleno de líneas de plantaciones de pinos, la gran mayoría fallidas

        De hecho, es fácil localizar en las ortoimágenes, la rápida erosión y formación de nuevos acarcavamientos en áreas recientemente incendiadas, siendo por ello prioritario, si no queremos destrozar más estas tierras o colmatar los pantanos de sedimentos, la conservación de una vegetación en buen estado que pueda contrarrestar esta importante acción erosiva.

Barrancos con el embalse de Negratín y la montaña del Jabalcón al fondo


       Existe una muy buena teoría geográfica, poco usada en la actualidad y que viene aquí perfectamente al caso, la teoría de la “biostasia/rexistasia”. Son estadios o fases contrapuestas en el desenvolvimiento de los procesos geo-biológicos naturales sobre los suelos de una región. Durante la biostasia predominan claramente los procesos naturales de formación de suelos o edafogénesis, bajo una vegetación de amplia talla y cobertura en una situación de estabilidad climática y alta producción biológica; una muestra puede verse aquí en la generación de formaciones travertínicas, desarrolladas a lo largo de grandes y estables periodos de tiempo, que se pueden observar en la vecindad de los baños de Alicún.

Barrera, casi pared, de travertinos formados en condiciones de biostasia y ahora erosionados en condiciones de rexistasia, abajo

       Por el contrario, cuando existe una climatología inestable y torrencial, sobre medios con escasa cobertura vegetal, predominan, ahora claramente, los procesos erosivos y de destrucción de los relieves previos, estamos en la fase de rexistasia, aquí claramente manifiesta por la alta concentración de superficies abarrancadas. Una figura geomorfológica poco común y que puede verse en algunos barrancos son las hermosas “chimeneas de hadas”, columnas de terrígenos protegidas de la erosión por estar a cubierto de una roca o retal de estrato rocoso; o también, el caso de la erosión por la circulación del agua a través de agujeros y tubos "pipping" en el interior de materiales deleznables o solubles, promoviendo socavones y derrumbes.  En esta, y en todas las regiones, deberíamos llevar a cabo políticas donde la explotación y uso del medio aminorasen las etapas de rexistasia y promoviesen la biostasia.

En el centro, arriba chimenea de hadas y abajo, peligroso agujero por erosión en "pipping"

       Sobre estas vastas extensiones desérticas, en el sentido de despobladas, crece una vegetación a medio camino entre lo estepario y el bosque mediterráneo del sureste ibérico, con sus pinares naturales de Pinus halepensis y restos de encinares, dando superficies en general cubiertas de espartales con pinos, encinas, enebros y vegetación arbustiva dispersa en las áreas de suelos bien conservados. Pero sobre esta vegetación, se ha repoblado de una forma totalmente masiva miles de hectáreas. Esta repoblación además de tener un efecto catastrófico sobre los suelos y facilitar la erosión, ha llevado al desarrollo de incendios forestales, antes casi inexistentes, cuyas consecuencias sumadas, llevan a una negativa efectividad ecológica y un lamentable desperdicio económico.

Surcos erosivos incipientes tras un incendio forestal sobre una ladera aun sin abarrancar. Abajo, masa de pinares resineros afectada por decaimiento y muerte. Foto: Pablo Fernández Corbis/sierradebaza.org


       Para colmo de males, grandes y antiguas repoblaciones de las faldas de la Sierra de Baza, muestran signos catastróficos de muertes masivas de miles y miles de pinos, normalmente el resinero Pinus pinaster, como signo del calentamiento y sequedad de los nuevos tiempos que ya estamos viviendo, aparte del enrarecimiento de los magníficos Pinus sylvestris y P. nigra de las áreas cumbreñas. Casi se podría decir que hay que ir pensando en repoblar con especies adaptadas a lo que viene, o dejar hacer a una naturaleza que, aunque solo sea con su vegetación herbácea y arbustiva, ya lo hace bastante bien para auto protegerse de la erosión.

Pinares naturales de carrascos y en los llanos, encinares

       La vegetación de esta zona para mí ha sido todo un descubrimiento, a pesar de la generalizada idea simplista, de que esto es un secarral, su riqueza botánica es enorme, mezclándose muchos mundos botánicos en esta región que muestra más conexiones africanas que europeas, es decir, lo que viene siendo Iberia, un mundo mediterráneo occidental conectado con estos dos continentes y como vemos aquí, también con las mesetas del Asia centro-occidental.


Distribución mundial de la Krascheninnikovia ceratoides, Astragalus guttatus A. oxyglotis. Sobra el explicar las conexiones con el mundo estepario asiático

     Aunque estamos viviendo un atropello en nombre del progreso sobre suelos y vegetación, en nombre de una nueva agricultura que juega artificialmente con un agua que es de todos y de una desconsiderada industria eólico-fotovoltaica, todavía quedan muchos de los altos valores biológicos de esta región. De hecho, la mayor parte de las plantas en peligro de la comunidad andaluza, que no se encuentran limitadas a las cumbres de Sierra Nevada u otros importantes macizos, se encuentran en esta región.

La barrilla Salsola oppositifolia en su ecología típica, abajo el inconfundible Astragalus clusianus
Abajo el asnallo Ononis fruticosa

       Aquí es masivo el espartal (Macrochloa tenacissima) junto con el arbustivo barrillar de las sosas Salsola oppositifolia y S. webbii, con pies dispersos de albaida (Anthyllis cytisoides), asnallo (Ononis fruticosa), enebros, coscojas, efedras, etc. En los piedemontes abunda el esparto fino (Lygeum spartum) y en los suelos bien conservados todavía hay rodales de pinos carrascos o encinas y coscojas, con aliagas de varios tipos y labiadas, como espliegos, zamarrilas y diferentes tipos de tomillos. Las solanas suelen estar poco vegetadas y si los relieves son arcillosos, casi no tienen vegetación alguna, por contra, las umbrías están muy cubiertas y es donde se refugian muchas de las especies de mayores exigencias, como árboles y arbustos de gran talla.

Astragalus longidentatus, abajo el endémico Astragalus guttatus

       Sus especies vegetales más señeras son especies propias y características del interior de las cuencas peninsulares, aunque en la mayoría de los casos, han ido despareciendo de todas ellas, hasta quedar reducidas a su mínima expresión o redescubiertas en esta hoya de Guadix-Baza. Aquí apareció la alarba, el blanquecino arbusto (Krascheninnikovia ceratoides) planta de las mesetas de Asia occidental, las pequeñas y protegidas Clypeola eriocarpa y Hohenackeria polyodon, junto con Astragalus guttatus, A. longidentatus y mucha de la escasísima flora de las arcillas, como Cynara tournefortii, Teucrium spinosum, Anchusa puechii, Astragalus oxyglotis, Mantisalca spinulosa, Silene oropediorum, Sternbergia colchiciflora, etc. o plantas endémicas exclusivas como Carum foetidum, Eremopyrum orientale, Erysimum bastetanum, Haplophyllum bastetanum, Limonium alicunense o Teucrium hervieri. Impresionante aquí el mundo de los astrágalos.

El endémico Limonium alicunense bajo espartal. Abajo terrenos con suelos arcillosos, llenos de joyas botánicas exclusivas de este medio tan inusual
La boca de dragón Antirrhinum australe

Hay una característica que hace única a esta región en una feliz conexión del hábitat natural, con sus peculiares características geológicas, y el hábitat humano, con sus usos y poblamiento. Hablo de las cuevas y de las casas-cueva. Como decía antes, gran parte de esta depresión está ocupada por materiales sedimentarios arrancados de las montañas circundantes, niveles de arcillas, de areniscas, de conglomerados que se van mezclando y superponiendo en capas horizontales. Capas con niveles más sueltos y niveles más compactados en los que es fácil cavar dada la fragilidad o escasa cohesión de los materiales, incluso de forma natural, por erosión diferencial, materiales más duros crean bajo ellos cavidades producidas en materiales mucho más blandos, cavidades que has sido explotadas, ampliadas o creadas para uso humano desde la más remota prehistoria. Lo ideal es crear la cavidad bajo un duro estrato de conglomerados que garantice un largo futuro sin grietas ni derrumbes y enjalbegar (dar sucesivas capas anuales de cal) bien todo el conjunto, potenciando la dureza de techos y paredes y aprovechando bien la escasa luz del exterior.

Interior de la magnífica casa-cueva donde me alojé esos días

Tenemos como interiorizada una aversión casi natural (a mi madre casi le da algo cuando le dije que iba a dormir en una cueva) a lo que pueda significar vivir en una cueva, lo que entra en franca contradicción respecto a nuestros orígenes más remotos. Esa contradicción viene inculcada desde los tiempos más clasistas de la historia, hasta el más reciente franquismo, donde se desprestigió totalmente y se intentó erradicar la vida en casas cueva, como algo relacionado con la miseria y el retraso cultural, y no como lo que es en realidad, uno de los mejores aprovechamientos del medio natural para nuestra vida cotidiana o la de nuestros animales. Además, en ellas apenas hay mucha diferencia de temperatura a lo largo del año, manteniéndose entre los 14-18ºC en invierno sin calefacción y los 20-25ºC en verano sin aire acondicionado, todo un lujo en estas tierras de fuertes heladas invernales y tórridos veranos.

Desaparición no solo de las casas-cueva, también de las casas de campo. Abajo Bácor y Olivar (al fondo) con tantas cuevas como casas


       Desde las diputaciones provinciales y ayuntamientos se hicieron campañas en contra o prohibiciones de habitar viviendas cueva, como en el interior de la cuenca del Duero (Palencia, Valladolid o Burgos), de la del Tajo (Toledo) y otras zonas españolas, también costeras, para erradicar la vida en la cueva, según parece, a raíz de una serie de artículos de descrédito hacia el gobierno franquista por parte de medios de prensa extranjera en los años 50’ que pretendían subrayar la pobreza en la que mantenía ese gobierno a su población.

Cuevas en uso ganadero, de las pocas supervivientes

A pesar de estas campañas de descrédito y prohibiciones, estas tierras granadino-almerienses fueron las que mejor resistieron, con muchas familias que continuaron viviendo en ellas, a pesar de que muchos de los antiguos moradores se mudaron a los pueblos de casas con tejado a dos aguas. Hoy en día y ya desde hace un par de décadas, estas cuevas vuelven a tomar un nuevo auge y se calcula que pueda haber cerca de la nada despreciable cifra de 35.000 cuevas en uso en esta región, muchas en uso como establecimientos de turismo rural, como establos, como almacenes, como garajes, como bodegas, como restaurantes, etc.

Original establecimiento turístico con vistas al borde de un cañón.
Abajo casa-cueva en los altos de Gorafe


       Llevo tiempo que voy encontrando coincidencias que apuntan a este lugar, pues al vivir yo en un lugar relativamente parecido, el interior de la cuenca del Tajo, al comparar su historia geológica y vegetación con este Altiplano granadino, puedo ver que lugares que tienen características comunes, como puedan ser el encontrarnos en una cuenca interior, con un clima bastante continental y en “sombra de lluvias” que incremente la aridez, nos lleva a grandes coincidencias geográfico-biológicas.

Hastalos líquenes terrígenos se esfuerzan en proteger el débil suelo frente a los agentes erosivos

        Estos importantes factores, a pesar de la distancia y el contexto biogeográfico, conducen a ser colonizados por una vegetación, una fauna, un aprovechamiento humano del medio, es decir una agricultura, ganadería y formas de vida relativamente similares en lugares tan alejados uno del otro.

Anchusa puechii y Astrágalus scorpioides , tanto aquí como en Madrid


       Desde mi conocimiento de la “cuenca de Madrid”, he podido comprobar difíciles coincidencias florísticas, incluso faunísticas, con el interior de la cuenca del Duero, el valle del Ebro, las áreas más áridas de la Mancha y, lo que era aún más impensable, las cuencas interiores del Altiplano de Granada. Tenemos especies escasas pero comunes en ambas depresiones como Aizoon hispanicum, Anchusa puechii, Astragalus clusianus, A. oxyglotis, A. scorpioides, Clypeola eriocarpa, Cynara tournefortii, Ferula loscosii, Silene oropediorum, Sisymbrium cavanillesianum, Sonchus crassifolius, Teucrium spinosum  y un largo etcétera.

Cabra montés observando el grisáceo barranco delante de ella

Las grandes depresiones, cuencas u hoyas ibéricas tienen en común, salvo la del Guadalquivir, abierta al Atlántico, y la del Ebro, abierta al Mediterráneo, el estar rodeadas de montañas desde las que han descendido los sedimentos continentales hasta rellenarlas en mayor o menor grado, aquí el relleno puede llegar al medio kilómetro, pero por ejemplo en la del Tajo puede alcanzar los tres. Todas contienen una serie de rellenos continentales en sus áreas de pie de monte y unos rellenos lacustres o evaporíticos en sus áreas centrales (aquí de escasa importancia), dando unas sucesiones estratigráficas y facies relativamente similares.


El medio natural del altiplano granadino se ha ido manteniendo más o menos al margen de las grandes agresiones que sí que han sufrido otras depresiones peninsulares, primero las cuencas abiertas del Guadalquivir y Ebro, con un gran desarrollo agrícola que ya venía siendo importante desde antiguo, pero que hace décadas ha supuesta una revolución agraria que, en la mayoría de los casos se ha llevado por delante lo poco que quedaba de la naturaleza salvaje de estos lugares y ha impuesto una explotación agraria muy consumidora y dependiente, primero del agua y luego de los fitoquímicos, amén de someterse a las urgencias económicas de rápidos rendimientos en cortos plazos. Casi que a esta desmesura agrícola se la podría denominar “jaenización”, pues el medio natural de las áreas inferiores de toda esa provincia, prácticamente ha desaparecido bajo la sombra de dieciocho millones y medio de olivos (y creciendo).

Nuevo parcelario con nuevos cultivos y olivos en intensivo en el altiplano

       La historia es similar en casi todas estas cuencas y el supuesto desarrollo económico agrario se está llevando por delante los recursos hídricos, actuales y futuros, y reduciendo a su mínima expresión la naturaleza salvaje. La escasa población de la alarba, por ejemplo, vegeta entre bordes de nuevas parcelas agrarias. También, como las restantes depresiones ibéricas, está experimentando una colonización desmedida y menos aún regulada, de explotaciones fotovoltaicas, donde por ejemplo, una bella mariposa endémica, la Euchloe bazae, se encuentra en peligro por el desarrollo de esta industria, incapaz de trastocar ligeramente una línea de evacuación. 

La profusión de barrancos hace de este un lugar ideal para la instalación de personas creativas. Abajo Euchloe bazae. Foto de Agustín de Orduña-sierradebaza.org


       Aquí en Guadix-Baza, dado lo intrincado del relieve , es lugar poco apto para negocios especulativos, pero el duro clima y la escasez de agua, otorgan una gran fragilidad a su medio natural frente a actuaciones que no suelen tenerlo en cuenta. Esperemos se sepa llevar una explotación racional del medio, con el mantenimiento de los altos valores naturales y culturales de esta maravillosa región ibérica. Estamos en un Geoparque internacional y en un lugar refugio de gran cantidad de seres únicos, sin reemplazo posible, todos nos merecemos que estos altos valores naturales y culturales perduren.


Más info:

- Altiplano granadino:
https://www.granadaaltiplano.org/
https://altiplanogranada.org/
https://sierradebaza.org/
https://www.geoparquedegranada.com/

- Pinares:
file:///C:/Users/kikel/Desktop/Altiplano%20Granada/Retos%20de%20gesti%C3%B3n%20forestal%20ante%20la%20masiva%20mortandad%20de%20%C3%A1rboles%20sufrida%20en%20la%20Sierra%20de%20Baza%20(Granada).html

- Euchloe bazae: 
https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/biodiversidad/temas/conservacion-de-especies/dictamencc24-2017euchloebazaeweb_tcm30-487504.pdf

jueves, 30 de noviembre de 2023

Carduncellus matritensis, el muerto que aún estaba vivo

 


A veces las plantas te dan sorpresas muy agradables. Llevo unos cuantos años estudiando un tipo de plantas muy especiales, las plantas que viven sobre suelos ricos en arcillas, los vertisoles. La cosa vino con unas pocas plantas muy raras que habíamos ido localizando (Juanma, Rubén, Darío, el que suscribe, etc.) en Madrid capital o en su inmediata vecindad. Atando cabos comprobamos que la existencia de dichas plantas estaba ligada íntimamente a esos suelos con un alto porcentaje de arcillas expansivas, en este caso, las llamadas arcillas verdes madrileñas, aunque su dominio llegue por el sur y La Sagra, casi hasta la ciudad de Toledo.


No partíamos de la nada, ya hace más de cien años, con un Madrid mucho más comedido, donde únicamente existía la Universidad Central, los botánicos campeaban y hacían sus excursiones por los alrededores más accesibles de Madrid, pensemos que en aquellos tiempos subir a la sierra era poco más o menos, montar una expedición que acarreaba una logística difícil de asumir. Se herborizaba en los alrededores inmediatos de la Ciudad, es decir, Casa de Campo, sotos del Manzanares, San Isidro, Delicias, Cerro Negro, Moncloa y si acaso, se cogía el Tren de Arganda, y se iba hasta Vallecas, Vicálvaro, La Fortuna, Valderribas, Montarco, Capa Negra, Ribas de Jarama o Arganda.

Áreas potenciales de la vegetación ocupada por arcillas expansivas (Rubén de Pablo)

Era la época del descubrimiento de nuevas especies para la botánica y por ello muchas de estas localidades se convirtieron en “localidades clásicas”, es decir, aquellos lugares en que por primera vez se había descrito para la ciencia tal o cual especie. También contábamos con insignes botánicos pedestres y muy trabajadores, desde Loefling,como Cutanda, Quer, Minuart o Barnades, hasta Pau, Rouy, Isern, Aterido, etcétera. Y una de esas primeras localidades clásicas fue el Cerro Negro. Unos cerros, cultivos y eriales cercanos al Manzanares a la altura de la confluencia con el arroyo Abroñigal (hoy M-30), que por arriba tenían una ondulada llanura llamada La Meseta que se prolongaba hacia el sur en paralelo al soto Luzón del Manzanares.

Localidad botánica clásica del Cerro Negro al sur de Madrid. Ayer y hoy

Este cerro no se llamaba Cerro Negro por, como se ha dicho para Los Monegros por ser “montes negros” al estar antaño cubiertos de un monte de especies de tonalidades oscuras como carrascas y sabinas, se llamaba Cerro Negro por tener unos suelos de arcillas oscuras que en mojado se volvían aún más oscuras. No eran tierras de bosque o monte, sino de cultivos, barbechos y baldíos, y junto al río, ricas huertas y sotos ribereños como Soto Luzón u Ormiguera, Soto de Migascalientes, Soto de los Frailes, etc. 

Espectacular floración de la morra o alcachofera (Cynara tournefortii)

En este cerro del sur madrileño que hoy es la vallecana Entrevías, arriba, y la estación de Contenedores de Adif y el pinar de entrevías hacia Santa Catalina, abajo. Aquí se hallaba todo un elenco de plantas poco comunes en el centro peninsular que, con su urbanización y saturación de población e infraestructuras a partir de mediados del siglo pasado, aparentemente desaparecieron de Madrid en muchos casos, como Astragalus scorpioides, Carduncellus matritensis, Convolvulus humilis, Cynara tournefortii, Gladiolus italicus, Hohenackeria polyodon, Teucrium spinosum, etc.

En una misma foto Carduncellus matritensis, Malvella sherardina, Teucrium spinosum, Echinops strigosus, etc., sobre arcillas cuarteándose

A partir del descubrimiento de una valiosa localidad en Coslada (Juan Manuel Martínez Labarga), unos solares vecinos a infraestructuras ferroviarias, y varias pequeñas localidades más en esa zona del este de Madrid, pudieron relocalizarse de nuevo especies como la morra o alcachofera a ras de suelo Cynara tournefortii, Astragalus scorpioides, Convulvulus humilis, C. meonanthus, Geropogon hybridus, Klasea flavescens, Malvella sherardiana, Teucrium spinosum, Triticum boeoticum, y aún más latinajos relativos a especies muy poco comunes en el centro peninsular o incluso a nivel europeo y mundial.

El muy escaso Teucrium spinosum en una rara localización madrileña

      El caso es que esta localidad, a pesar de la campaña que emprendimos en su favor, fue deliberada y reiteradamente arrasada por las autoridades de la Comunidad Autónoma Madrileña hasta que no quedó nada en absoluto; aunque la CAM traslocó muchas de las cynaras, tuvo nulo o escaso éxito. Varios años más tarde, tras el brutal destrozo y después de un intento inicial por parte de la farmacéutica Cofares, Amazon se ha hizo cargo de civilizar este absurdo secarral.

Solar de Coslada arrasado por la Comunidad de Madrid, abajo coincidencia de la zona arcillosa y los desarrollos urbanísticos del sureste


Ya llevábamos varios años metidos de lleno en esta desesperada búsqueda de especies de las arcillas y según íbamos hallando alguna nueva localidad, otras iban desapareciendo bajo operaciones urbanísticas desenfrenadas o bajo infraestructuras. Madrid crecía y sigue creciendo como una ameba inasequible a cualquier tipo de trabas, ya sean lógicas, ecológicas o arqueológicas (hemos visto desparecer la mayor necrópolis visigoda hispana bajo  desarrollos urbanísticos como el de Los Ahijones). Fuimos ampliando nuestro radio de acción a comarcas vecinas como la toledana de La Sagra, en parte gracias a los nuevos hallazgos de la gente de Ciencias Ambientales de Toledo y, en efecto, se trataba de las mismas especies sobre el mismo nicho ecológico, el de las arcillas expansivas ricas en magnesio (esmectitas, montmorillonitas, arcillas con arenas, arcillas con yesos, saponitas, stevensitas, arcillas con dolomías, sepiolitas, etc.). A los suelos formados por estas arcillas se les llama vertisoles o suelos de carácter vértico, de verter o remover, debido a su remoción natural a partir de las grandes grietas que se abren y cierran en ellos en función de los ciclos de humedad que soportan.

Corte del terreno donde se aprecia la total ausencia de horizontes debida a la remoción natural

En una de esas excursiones, ya casi de noche, vi desde el coche las enormes hojas de unas Cynara tournefortii en un solar cercano a la carretera. Paré y vi que había muchas más, también algunas Malvella sherardiana, algunas pequeñas cynaras recién nacidas y, junto a éstas, otras parecidas, pero más pequeñas. Aunque eso ya parecía otra cosa, y vi varias más, hasta que en una de ellas aparecía en su centro un gran capítulo con la flor azulada, se trataba de otra especie, una del género Carduncellus. Al instante recordé que de todo el elenco de plantas del Cerro Negro, era la única que no se había vuelto a ver después de todos estos años de redescubrimiento de aquellas plantas, el cardillo de Madrid, el Carduncellus matritensis, dada por extinguida en el Atlas y Libro Rojo de la Flora Vascular Amenazada de España.

Carduncellus matritensis junto a Cynara tournefortii en su única localidad madrileña

La localidad era muy buena y además estaban, como debería ser, porque se trata de una comunidad vegetal característica de las arcillas expansivas, casi todas las especies típicas de estas arcillas “madrileñas”, arcillas a las que habían añadido piedras y cascotes para poder trabajar mejor esa tierra tan pegajosa, hasta que se abandonó agrícolamente ese solar en espera de un uso más industrial que inmobiliario, como pasó con otras parcelas cercanas. El caso es que había bastantes Carduncellus matritensis. Inmediatamente nos pusimos a explorar concienzudamente toda la zona hasta hallar otra población, bastante menor, pero poco o nada humanizada y, por indicaciones de la gente de la Facultad de Ciencias Ambientales de Toledo (Santiago Sardinero, Jorge Isabel, etc.), buscamos en solares incultos en el área de Illescas y Numancia de la Sagra, hasta dar con una tercera población.

Parte de la tercera población localizada en La Sagra toledana

Pero, ¿Existe verdaderamente la especie Carduncellus matritensis?, porque según la Lista Roja de la Flora Vascular Española, esta planta se ha considerado extinguida desde 1935. A partir de entonces y desde que la describiera Pau en 1904, pocos se han metido a indagar sobre una especie que ya no podían ver en estado natural. 

Ya en 1883 el botánico francés G. Rouy sitúa en el Cerro Negro la existencia de un Carduncellus monspelliensium, como puede apreciarse abajo

       Con el proyecto de Flora Ibérica, el buen botánico Ginés López fue el monógrafo del género y en sus indagaciones sobre la especie, apenas pudo contar con varios pliegos muy antiguos y diversas opiniones e interpretaciones que situaban esta planta bajo diferentes rangos taxonómicos, ya fuere como especie: (monspelliensium, mitissimus, pinnatus,..), subespecie: (pseudomitissimus, matritensis,..), variedad: (megacephalus, acaulis, subacaulis,..) o bien bajo otro género: (Carthamus, Cynara,..).

Antiguos pliegos, uno decimonónico y abajo de 1904 de Carduncellus matritensis

Es muy curiosa la historia taxonómica de esta especie pues ha pasado por decenas de interpretaciones, haciendo un verdadero galimatías de sus vicisitudes nomenclaturales hasta la actualidad. Recuerdo que uno de sus fugaces nombres, coincide con mi primera impresión al verlo al lado de las grandes Cynara tournefortii y fue el de Cynara pygmaea, es decir, cynara enana. Recuerdo también que Rouy en 1883, en su catálogo sobre las plantas del Cerro Negro cita el Carduncellus monspelliensium que fue donde lo incluyó finalmente Ginés López en su monografía de Flora Ibérica sin atribuirle ningún rango diferente, solo como "una forma de suelos particularmente fértiles". Posteriormente Mateo y Crespo en 1998 están de acuerdo con Ginés López, pero esta vez sí le dan validez como subespecie, Canduncellus monspelliensium subsp. matritensis.

Aquenios unidos para poder "volar" juntos en su dispersión. Se puede apreciar que las semillas están abortadas o comidas por una avispilla parásita de esta planta.

Gracias a Rubén de Pablo, nos pusimos en contacto con los mayores conocedores del género en el Mediterráneo, o sea, en el mundo. Roser Vilatersana y Alfonso Susanna que nos contaron que en efecto, que incluso lo estuvieron buscando hace años infructuosamente por los alrededores de Madrid, al igual que han hecho con cada una de las especies del género, aquí, en Creta o en el Líbano. Cuando les mandamos fotos y material, se pusieron inmediatamente a trabajar en ello, pero nos dijeron que, sin duda, ya podíamos hablar del redescubrimiento de la especie y más aún, cuando la pudieron ver in situ


También es curioso lo que ocurre en los herbarios, pues tuvimos que acudir a las fuentes originales donde estaban aquellas plantas "extinguidas". Realmente sí que había pliegos en mal estado, pero, muchos del herbario de Farmacia se encontraban en bastante buen estado de conservación e incluso encontramos un pliego de 1972 de José Borja. Quedaba claro que no debería haberse dado por extinguida desde  1935, lo que indica que probablemente no se acudió a investigar a este magnífico herbario. 

Pliego de 1972 de J. Borja

      Triste, pero cainismo “typical spanish” pues hasta hace pocos años existía una no muy velada hostilidad entre dos ramas de la botánica, la del Jardín Botánico, con Santiago Castroviejo, y la de la Facultad de Farmacia, con Salvador Rivas-Martínez y por ello es muy probable que se omitiese la búsqueda en este herbario. Farmacia fue el lugar de nacimiento de la botánica española por su estrecha relación con el estudio de los principios activos de las plantas para su finalidad última médico-sanitaria, hoy se estudia mayormente en las facultades de biología. Afortunadamente esta división y enfrentamiento, ya está claramente superado, pero ha dejado episodios absurdos de este tipo a lo largo de varias décadas.

Árbol filogenético del género Carduncellus (Roser Vilatersana & Alfonso Susanna)

Posteriormente, Roser Vilatersana y Alfonso Susanna confeccionaron el árbol filogenético de todo el género Carduncellus con la inclusión, por fin, del Carduncellus matritensis, posicionado, no donde en principio apuntaban diversos autores, cerca de C. monspelliensium o de C. pinnatum, sino junto a la que más se asemeja, C. cuatrecasasii una planta del centro-sur peninsular, también de suelos arcillosos, pero esta vez bien alzada y ramificada sobre el suelo, aunque pueda aparecer algún ejemplar que parezca carecer de tallo, siendo entonces similar, pero solo en eso, a nuestro Carduncellus matritensis.

Carduncellus cuatrecasasii en una localidad de Ciudad Real

Finalmente y siguiendo con nuestras exploraciones de toda su área potencial, dentro de los suelos sobre arcillas expansivas, encontramos Carduncellus matritensis en el lugar de su nombre específico, Madrid. Unos pocos ejemplares, con solo dos plantas floridas en un entorno francamente bochornoso de basuras y callejuelas abandonadas, donde la naturaleza está volviendo a recolonizar, y donde, sobre estos suelos tan arcillosos, solo los verdaderos especialistas, como lo es esta planta, pueden competir por la supervivencia que nosotros les ponemos tan difícil, bien por el urbanismo o bien por una agricultura tan tóxica que no permite la existencia de otras plantas en los campos que no sean las cultivadas.

Planta casi descalzada y recubierta de sedimentos. Abajo plantas soportando la sequía y comidas por conejos

Ni que decir tiene que esta planta, a pesar de estas cuatro localidades descubiertas, no solo no tiene el futuro garantizado, sino que se encuentra en claro peligro crítico de extinción por muchas de las categorías y criterios condicionantes de la Lista Roja de Especies en Peligro de la UICN. La pasada primavera casi desaparece una población por unas obras de infraestructuras de desvío de pluviales y otra está sobre suelo sometido a planes urbanísticos que prevén su transformación. Por si esto fuera poco, ahora viene la brutal expansión de las fotovoltaicas, transformando miles de hectáreas de  buenos terrenos argílicos.


      Tristemente no solo está afectada por peligros humanos, como son los que la han llevado a esta “extinción” o enrarecimiento, las causas naturales también se están sumando a esta pelea por la supervivencia, la sequía dejó sin floración la mayoría de las plantas en 2023 sin que pudiésemos recolectar ni una sola semilla; hay un tipo de insecto que devora las semillas antes de su dispersión y numerosas plantas han sido cubiertas por más de 10 cm de derrubios con los episodios lluviosos de junio pasado y más aún con los de inicios de septiembre de este 2023. 


     Esperemos que esta bella planta, no vuelva a extinguirse nunca más y, entre todos, podamos recuperar o ampliar sus poblaciones. Para ello te pido tu colaboración para que esta especie, en reconocimiento también de todas sus compañeras de la comunidad vegetal de las arcillas expansivas que también se encuentran en verdadero peligro de extinción, sea reconocida como Planta Amenazada del Año. Ninguna especie en peligro crítico es más importante que otra y desde aquí, señalo el inminente peligro de desaparición que tienen otras plantas argílicas compañeras como Allium cyrilli, Convolvulus humilis, Hohenackeria polyodon o Triticum boeoticum. Hay que conseguir que esta comunidad vegetal sea reconocida como Hábitat Prioritario por la CE para que, al menos, pueda sobrevivir algún lugar con una buena muestra de la comunidad florísitica de las arcillas al completo.

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