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miércoles, 16 de julio de 2014

Los Bonales más sureños de Castilla la Mancha


            En una entrada reciente ya he hablado de los bonales, esas islas de vegetación húmeda en medio de la extensa sábana calcinada que son nuestros campos en verano. Algunos son poco más que unos amplios brezales con juncos, en los que se intuye la cercana circulación del agua bajo tierra, mientras que otros tienen en su interior grandes pajonales de herbáceas higrófilas o buenos trampales (turberas) en torno a aguas nacientes y regueros iniciales. Son estos últimos los que atesoran en estos micro-ecosistemas, verdaderas joyas botánicas y faunísticas.

Una de las plantas protegidas del bonal: Lobelia urens

            Si bien es muy raro encontrar estos ecosistemas fuera de las grandes y norteñas montañas ibéricas, como ocurre en las montes del oeste manchego, más peculiar aún resulta encontrarlos en la más baja y térmica comarca de los Montes de Almadén o Montes Sur de Ciudad Real, región a medio camino entre La Mancha, Andalucía y Extremadura. Aquí los bonales se encuentran totalmente desprotegidos al no existir una sola micro-reserva, como sí ocurre, afortunadamente, poco más al norte.

El brezo de turbera (Erica tetralix) entre hojas de otro brezo (Erica scoparia), abundante en todos estos bonales

            Solo algunos bonales se encuentran bajo el paraguas, muy difuso legalmente y más en la práctica, de tres Lugares de Importancia Comunitaria, concretamente los de: "Sierras de Almadén, Chillón y Guadalmez", "Sierra de los Canalizos" y el de los "Ríos Quejigal, Valdeazores y Alcudia"; coincidentes con ZEPAs, Áreas Críticas de la Cigüeña Negra y Zonas de Importancia para Águila Imperial y Buitre Negro.


Helechos (izqda.), brezo de escoba (arriba) y brezo de turbera (en medio), típicos de un  bonal

          Estas figuras de protección aunque velan por la protección de estos ecosistemas, se centran mayormente en la protección de las grandes aves. Los bonales de esta zona apenas han sido estudiados y ni siquiera inventariados, de ejemplo os muestro varias imágenes localizadas gracias a Iberpix.

Conjunto de bonales del extremo suroeste manchego

       Toda esta región estuvo capitaneada económicamente por Almadén y como esta capital sufre la debacle económica y poblacional que supuso el cierre de la mina más antigua del mundo, sin una visible alternativa económica, la mayoría de la población en edad laboral ha emigrado y los que permanecen, son guardeses de fincas cinegéticas, pastores o atienden los escasos olivos familiares.


La bella seta Hygrocibe miniata (gracias Valentín) prosperando en el verano del bonal

             Contrariamente a lo que se pueda pensar, el abandono no es bueno para la naturaleza, siempre íntimamente relacionada con el hombre, pues a más abandono, menor cuidado y mayor desfachatez de algunos terratenientes o aprovechados, por segar el pan para hoy y sembrar el hambre para mañana.

Nadie pudo impedir el drenaje en "pie de gallina" de este otrora magnífico bonal del que apenas quedan restos

La otra cara de la moneda, bonal recuperándose tras el abandono de la majada de la Cabrera

            Aquí aparecen fantásticos e impensables rincones boscosos; la nota general del paisaje es el de sus grandes dimensiones, con horizontes que se pierden en cadenas de serrezuelas y grandes manchas de un rico bosque mediterráneo, variado en toda su gama ecosistémica, donde destaca su magnífico estado de conservación. Llama la atención la abundancia de aguas superficiales debidas a una pluviometría significativamente más húmeda que el resto de Castilla la Mancha, muestra de ello es la abundancia de alcornocales, quejigares y pequeños, pero buenos robledales en las zonas más propicias.

Pequeño bonal entre grades pies de roble (Quercus pyrenaica) y algunos mestos

            Esta región registra muchos años, como el sureste de Albacete, las temperaturas estivales más altas y también los inviernos más suaves de la región manchega. La vegetación es el reflejo más claro sobre el terreno de esta bonanza climática, a pesar de los rigores del verano, por ello aquí abundan el alcornoque, el mirto (Myrtus communis) o la aliaga de tres espinas (Genista triacanthos).

Mirto común en plena floración

            Gracias a mi amigo Leovigildo Flox he podido disfrutar de un par de excursiones por lo más recóndito de estas serrezuelas, aunque ya hice antes algunas incursiones, las últimas salidas con él han sido clarificadoras de todo lo que puede dar de sí esta zona, aunque él es más experto en animales en peligro de extinción que en lo mucho y bueno que sabe sobre la vegetación de los bonales.


            Dado el poco grado de alteración que presenta toda la región podemos encontrar una buena cantidad de bonales, todos sin inventariar ni valorar, y dada también la bonanza climatológica, aparecen con rasgos diferenciadores del resto de los bonales en torno al Guadiana o a los más norteños de la provincia. Aquí ya es más difícil encontrar el arrayán de pantano (Myrica gale) e impensable la presencia de abedules (Betula pendula subsp. fontqueri), pero aparecen otras como las murtedas (de Myrtus communis). Aunque dada la gran cantidad y variedad de bonales (de raña, de ladera, de solana, de umbría, de valle, de bosque, etc.), es difícil sacar conclusiones de una vegetación que todavía puede dar sorpresas.

Dos buenos bonales sin visitar, uno de raña y otro (arriba-izquierda) de valle

            Con Leovi estuve en unos cuantos bonales y no pudimos llegar, por cancelas en los caminos, a alguno de los más interesante. En uno de ellos encontramos rodeando un pequeño bonal de valle, un espeso rodal de ciruelos silvestres (Prunus insititia), pero en el que más tiempo estuvimos fue en el Trampal de Santorrostrillo, en una zona donde en cada valle hay varias bonales: Trampal del Lobo, Trampal del valle de la Quejigosa, etc.

Leovi avanzando penosamente entre los pajonales

            En la aproximación al bonal, vemos que los pequeños arroyuelos cercanos también tienen algo de pajonal, con su zona más húmeda enmarcada entre zarzales, brezos y, sobre todo, mirtos, que ahora se encuentran en plena y fragante floración. La variedad arbustiva es apabullante y casi sin dominancia de ninguna especie: madroño, genista (Cytisus striatus), mirto, jara pringosa, jara cervuna, brezo de arroyo, brezo blanco, brecina, zarza, aulaga, coronilla de fraile, etc, y los árboles: alcornoques, quejigos, encinas y sauces.

Sauces, escoba estriada, jaras cervunas, mirtos, zarzas, aulagas, brezos, etc.

            Con el calor, la humedad y la espesura de arbustos y pajonal, su recorrido se hace muy fatigoso, además nunca sabes donde va a quedar el pie, si arriba o medio metro más abajo, si sobre blando, sobre duro o en medio del agua, de ahí le viene el nombre de trampal, pero merece el esfuerzo, pues siempre hay cosas interesantes que ver.


Como en casi todos, se han excavado balsas para la sed del ganado, silvestre o doméstico

          Primero se trataba de acercarse y buscar el lugar por donde entrar al bonal. Al llegar vemos varias vías de entrada demasiado enzarzadas como para avanzar, pero más abajo era factible, además nada más seguir el primer arroyuelo, algo despejado por estar pastoreado, topamos con un buen suelo de musgos esfagnos, entre los pajonales.

Sphagnum bajo el tapiz de la florida Anagallis tenella

            Nos internamos por el herbazal que está surcado por numerosos y pequeños cauces que embarran el terreno bajo las macollas de molinia, desde lejos vemos la parte central e inicial del bonal, dado el caótico abombamiento del terreno que apenas pueden contener la vegetación; al situarlo visualmente, se levanta un cuello de ese punto, es una corza a la que hemos sorprendido y que desaparece pronto entre la espesura.

Parte central del bonal, donde estaba escondida la corza

           Casi no se ven, pero quedan flores de la escoba de pantano (Genista tinctorea), luego vemos que es masiva por todo el bonal, apenas vimos al aulaga ratera (Genista anglica) dentro de bonal, pero luego vimos que todo el jaral-brezal circundante rebosaba de ella.


Masa de genista tintorera hace varias semanas en un bonal cercano

            Vamos comprobando que se trata de un bonal en toda regla, con toda su gama o catena vegetacional. Lo más abundante son los pajonales de Molinia caerulea, los brezos de turbera, escasa pero presente, algunas grandes macollas de Carex lusitanica. En los puntos de agua algo más profunda la Callitriche brutia, los pequeños y floridos céspedes de Anagallis tenella y, también en flor, la Scutellaria minor

Scutellaria minor en flor

            No encontramos plantas carnívoras, pero sí la protegida y casi orquídea, Lobelia urens. Los hipéricos están casi todos, Hypericum elodes, H. undulatum, H. linarifolium, H. perforatum e H. perfoliatum. En un bonal aguas abajo, hace un mes pude ver la rara Gratiola officinalis entre una multitud de serapias, satiriones (Orchis laxiflora) y genistas tintoreras.

La poco común Gratiola officinalis

          Todavía dio tiempo para ver algún bonalillo suelto y otro muy interesante por estar en una vaguada rodeado de algunos robles de muy buen tamaño, algunos de ellos mestos. Aquí vimos en el arroyo antes de llegar a él, un gran pie de avellano, probablemente naturalizado; como de costumbre algunos nacederos de aguas ferruginosas a juzgar por el color rojo de los bordes y los brillos metalizados de su superficie.


Stachys officinalis abundante entre el bosque y el bonal

           Nos sorprendió en medio del herbazal la florida abundancia de las otoñales campanitas blancas, Leucojum autumnale, también estaba en flor la betónica Stachys officinalis.

La primera vez que veo floridas las campanitas blancas, Leucojum autumnale, fuera de los inicios de otoño
            El calor empezaba a apretar y decidimos dar fin a esta intensa jornada por una de las regiones que conserva mejor su naturaleza de toda la península. No hace falta escalar montañas o viajar a tierras de mayor fama eco-turística, a veces los lugares de los que menos se oye hablar, son los que encierran las mejores sorpresas. Esta región, tan difícil de recorrer y tan lejos de cualquier gran ciudad o autovía, nunca dejará de sorprenderme.

Sorpresa, un avellano en el arroyo, entre un variado bosque mediterráneo

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Visita a las minas de Almadén



Hace un par de semanas tuve la oportunidad de realizar un descubrimiento inesperado y mira que he pasado unas pocas veces por allí y no caí en la cuenta de lo que tenía por debajo de mis pies. Hace pocos años han acondicionado parte de las minas de Almadén como Parque Minero. Solamente el viaje hasta allí merece la pena, en pocos lugares se pueden ver tantos montes, ríos y dehesas en tan buen estado de conservación.
Almadén es, literalmente en árabe, la mina. Toda la ciudad, asentada en una pequeña cordillera, descansa sobre la mina. Es una de las minas más antiguas del planeta, si no la que más. Viene a tener unos 720m de profundidad, es decir, casi se mete 200m por debajo del nivel del mar, aunque los niveles inferiores se van inundando. Posee las mayores reservas de mercurio del planeta. Pero ahora este mineral está prácticamente prohibido y por eso se han cerrado las minas.




En un estudio de su vida y evolución se puede ver claramente la historia de la vida y evolución de lo que hemos dado en llamar España, con toda su grandeza y, por supuesto, todas sus miserias que en este caso muestran uno de los lados más tenebrosos de nuestra historia, la de la esclavitud y la de los forzados. Si bien la historia de los segundos está ampliamente documentada (existe un larguísimo túnel que une la Cárcel de Forzados con la mina) e incluso novelada, pero la de los esclavos, mayormente africanos es menos conocida. La mina fue de los Fugger (fúcares), quienes impusieron ambas vergüenzas y también de los Rothschild. Uno de los horrores de la mina era la enfermedad del mercurio, la hidrargia que atacaba de manera degenerativa el sistema nervioso dando lugar a los “azogados” o “modorros” como los llamaban en Almadén, cuyo síntoma clásico era el temblor o “baile de San Vito”. A partir de la llegada del martillo neumático también se extendió la silicosis.




            Con la debacle de la minería nacional, la mayoría de las minas han cerrado, con fondos europeos se ha invertido algo para paliar tanto desastre, en varios casos el dinero se ha invertido en preservar y mostrar el magnífico patrimonio cultural que ha significado la minería. En esta región a caballo entre Extremadura, Castilla y Andalucía, la minería fue muy importante, por la riqueza de su subsuelo y por la escasa aptitud de sus terrenos para la agricultura.




Estamos en los suelos más viejos de la península, donde aparece lo más antiguo del, ya de por sí antiguo, zócalo hercínico ibérico. Las riquezas minerales ya están demasiado explotadas por muchos siglos y civilizaciones. A partir de primeros del siglo XX fueron claudicando las pequeñas y abundantes minas de galena argentífera del norte de Andalucía, Valle de Alcudia y oeste de Ciudad Real, al igual que las minas más famosas de la región tras Almadén, las minas del Horcajo, en Sierra Morena,con muestras de su riqueza mineralógica (cristalográfica), en los principales museos del mundo. En la segunda mitad del siglo XX desapareció la minería del plomo en torno a Linares (Jaén) y luego, la minería subterránea del carbón en Puertollano, para dejar sólo a un puñado de trabajadores en gigantescos boquetes a cielo abierto para alimentar unas térmicas con alguna rentabilidad social y una negativa rentabilidad ecológica.



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            El cinabrio es el mineral del que se extrae el mercurio o azogue. Recuerdo que hace muchos años aprendí que se distinguía bien de otros minerales porque al frotarlo contra algo duro, mojaba y pintaba esa superficie. Pues bien, en el río Montoro, en el este del valle de Alcudia (el extremo oeste son las sierras de Almadén), a unos 75km de Almadén, curioseando por el lecho del pantano de Montoro en aguas bajas, vi unos cantos rodados rojinegros que comprobé que pintaban perfectamente en un tono rojo oscuro, pensé que era cinabrio, pero, (gracias a la corrección de Ángel Hernández Sobrino), acabo de saber que se trata de hematites -óxido de hierro- muy usado en las numerosas pinturas rupestres de la zona.




 Una curiosidad del comercio del cinabrio es que los romanos hicieron un gran mercado del cinabrio como colorante, para conseguir ese, tan buscado y cotizado, rojo digno de la aristocracia de los países del Mediterráneo, el “bermellón”. Les importó poco o nada el mercurio y si sería o no venenoso ese colorante. La historia del cinabrio cambió con los árabes que hicieron del mercurio la piedra angular de la alquimia, y a partir de ellos, ese metal queda ligado a la historia del capitalismo más salvaje y a su empleo para amalgamar oro o plata. Hasta tiempos demasiado recientes los mineros no tuvieron unas condiciones laborales pasablemente  dignas. Un grupo de los últimos mineros de Almadén son quienes hoy muestran la mina.




            La visita a la mina comienza por ponerse un casco. Se ha de ir preparado con calzado adecuado y ropa ajustada a los 15ºC del interior. Se desciende en la jaula-ascensor, se da un amplio recorrido por galerías más y menos antiguas, viendo las diferentes técnicas usadas en cada época, aderezado con interesantes explicaciones de los mineros-guías. Debo reconocer públicamente la preparación y magnífico trato por su parte.



Destaca dentro de la mina, por su belleza y dimensiones me impresionó el baritel, un gran recinto prismático-piramidal, en el que va alojado un inmenso malacate (noria horizontal que mediante tracción animal, conectaba con un torno para elevar las cargas de mineral). Una auténtica joya de la arqueología industrial, por lo que también merece la pena acercarse a ver el baritel de la cercana e igualmente minera Almadenejos, solo que aquí se encuentra en la superficie, pudiéndose apreciar la belleza y originalidad de su construcción exterior. Cerca de un cruce de varias galerías se encuentra la Virgen de la Mina que parece que no ha sido afectada por la reconversión del sector minero.



Conozco el Museo de la Minería de la localidad asturiana de El Entrego, cerca del famoso pozo Maria Luisa. Me gustó y, es uno de los museos más visitados de España, pero no dudaría en elegir Almadén para recomendar su visita. El asturiano después de esto huele a farsa., no es una mina, está al lado de minas de verdad, pero es una instalación y tiene ese aire aséptico y despersonalizado que caracteriza a los museos o instalaciones de reciente creación y demasiado presupuesto.
Recomiendo por lo apasionante que puede llegar a ser, el profundizar en temas como el de la esclavitud, el de los forzados (a veces gitanos por el mero hecho de serlo), el debate sobre la continuidad de la explotación del mercurio, el tema de los desastres humanitarios (causadas por la avaricia) provocados por los derivados del mercurio, el de la historia económica de los convenios Corona-Banqueros alemanes o genoveses y sus repercusiones en las arcas nacionales, el uso y mantenimiento de la gran dehesa de Castilserás como bien patrimonial....etcétera, etcétera, etcétera.



La visita se puede completar en el propio Almadén viendo el museado Real Hospital de Mineros de San Rafael, la primera Escuela de Minas de España y, seas taurino o anti, la original plaza de toros merece la pena, las ruinas de Sisapo, etc. No debemos olvidar que posiblemente estemos en la naturaleza mejor conservada de España,. No exagero,  hasta hace muy pocos años en las magníficas sierras cercanas había lobos, si es que no queda alguno, en breve haré una entrada respecto a esta inmensa región, bastante privada, cinegética y latifundista, pero llena de grandes valores naturales cuyo auténtico valor reside en la inmensidad de su tamaño.




Baste de muestra este dato: estamos en la mayor reserva de agua de toda Europa, en un cálculo sin tener en cuenta los pequeños pantanos, cauces fluviales y balsas, la cantidad de agua superficial localizada aquí al oeste de Almadén es de 7.500 Hm3. El mayor pantano de los muchos que abastecen a Madrid, El Atazar sólo alcanza a 426 Hm3.
Salud y campo
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