El río Jarama es, probablemente el río que más inundaciones ha llegado a tener de entre todos los ríos españoles, o por lo menos, uno de los más terribles con su medio y sus desastres para sus habitantes. De hecho, es uno de los pocos ríos que apenas tiene municipios ribereños, y si se acercan a su lecho, dejan al menos, una distancia prudencial con él.
El historial de inundaciones es dramático, a pesar de que suele ser un río infravalorado, al menos, al ser comparado con los grandes ríos ibéricos, aunque no por desconocido, no es menos real que usualmente, de la cuenca del gran padre Tajo, muchas veces, el que pone el caudal es el Jarama, pues el Tajo, bastante tiene con sobrevivir a las grandes presas de su tramo alto (Buendía y Entrepeñas), pero en los últimos años, sus fuentes en el gran Sistema Ibérico, ya no son tan copiosas como antes, y la agricultura, concesión a concesión, trasvase a Murcia incluido, hace que en Aranjuez, quien pone el agua, es el Jarama, muy por encima del Tajo.
Geográficamente, y usando una estricta lógica científica, ya son varios los ríos o cuencas que casi deberían cambiar de nombre, pues, aunque el Tajo tenga mayor superficie de cuenca, es el Jarama el que tiene la cuenca más eficiente; el Tajo, casi vierte sobre el Jarama en su encuentro. También Guadiana ya prácticamente no existe, se podría decir que tiene su nacimiento en la depuradora de Ciudad Real, ahí quien manda y pone el agua, las pocas veces que la pone, es el Záncara y por veces, el Gigüela.
Pero volviendo al río Jarama, la documentación de las inundaciones es lo suficientemente concreta en el número y el alcance de las numerosas riadas e inundaciones a lo largo de su historia, por supuesto, es mucho más minuciosa según nos acercamos al presente, dado el seguimiento tanto meteorológico como de aforos. Las razones son obvias, periodos lluviosos prolongados e intensos, tormentas intensas y persistentes y, si a estas aguas, le unimos el posible deshielo de la cubierta nival de la sierra, dado que este río recoge el grueso principal de las grandes acumulaciones y neveros principales de las sierra, asociados al alto valle del Paular y altos valles hasta Somosierra, junto con la gran cuenca del río Henares, mucho mayor superficialmente que la del Jarama, aunque sin carga nival, ya esta conjunción resulta especialmente perniciosa para las riberas aguas abajo de la unión del Jarama y el Henares, aguas abajo de San Fernando de Henares.
Todas las imágenes que acompañan esta entrada han sido tomadas en el tramo medio del Jarama, donde se le unen el Henares y el Manzanares, y las mismas consecuencias han resultado en gran parte de la cuenca inferior del río o tras la confluencia con el Tajo en Aranjuez. A pesar de la cuantía generosa de las precipitaciones, no se ha llegado, al menos en las áreas aledañas al Tajo, a las inundaciones que tuvieron lugar esta pasada primavera del 2026 entre Aranjuez y Talavera.
A pesar de que luego hago una enumeración de las sucesivas devastadoras riadas documentadas, no es necesario acudir a las fuentes documentales, solo hay que tener un poco de visión geográfica y saber leer el paisaje para comprender que la dinámica fluvial de este valle es potente, activa y variable. Ni siquiera hay que tener esos conocimientos y ver como cambian el trazado del río, con sus meandros abandonados, con su recorte a los cantiles yesíferos laterales, etc., basta solo con ver puentes abandonados en medio de los sembrados, como ocurre aguas arriba de San Martín de la Vega, puentes desaparecidos, como poco más aguas arriba pasa con el puente Pindoque, o conocer las historias de los sucesivos puentes destrozados y reconstruidos de la ruta Madrid-Valencia para comprender que hay que hablar de los ríos como si de seres vivos se tratase, con capacidad de movimiento y con verdadero carácter.
Ya dediqué otra entrada a la activa dinámica fluvial en la junta del Jarama con el Manzanares, comenté someramente la entrada del Jarama al interior de la laguna del Campillo en Rivas Vaciamadrid, en ella emplazaba a tener en cuenta estos naturales movimientos de orillas del río y aceptar y permitir esa libre dinámica, allí donde no frustrase otras opciones de aprovechamiento de mayor enjundia, como ocurre con toda esta zona, donde el otro único posible aprovechamiento, a parte de los usos medioambientales o de esparcimiento, son los agrícolas y no hay peligro para grandes infraestructuras o a la industria y los servicios.
Conociendo bien esta área geográfica, he podido ir recopilando información de interés, sobre todo las fotos que se muestran de los diferentes vuelos históricos documentando la fisionomía del valle del Jarama y queda claro la potencia de la activa dinámica fluvial de esta zona. De hecho, la mayor parte de sus orillas se encuentra sobre elevada tanto por encima del río como del nivel de la vega cultivable, a la que también llegan arroyo de buena entidad, como el de Pantueña (con el Anchuelo) en Velilla de San Antonio o el de Vilches en la Poveda de Arganda, y finalmente el “tranquilo” Tajuña en Titulcia.
He podido ver al Manzanares crear un meandro nuevo en su junta con el Jarama, y a éste recortar las orillas de la vega tras el puente del Tren de Arganda y romper la defensa de los cultivos, para meterse en la laguna del Campillo, rompiendo su caballón y volviendo al río, dejando una isla en la que se encontraba el Centro de Interpretación de la Laguna del Campillo que a día de hoy sigue semi-inundado, aunque se han reanudado sus buenas salidas y actividades en la naturaleza. Un centro que debió situarse en un terreno del Parque Regional del Sureste más seguro, como hubiera sido la Casa de Doña Blanca, antiguo parador y resto de lo que fuera Vaciamadrid, hoy en ruina absoluta en la entrada a la Junta de los Ríos.
A pesar del aparente destrozo de estas riadas, la ganancia para los campos inundados es manifiesta, primero por obligar a un barbecho que siempre es beneficioso para el descanso de los suelos, aunque en este caso no haya sido programado, que en estos tiempos actuales ya no se programa nunca; también la avenida de las aguas deja un oscuro légamo y un enriquecimiento profundo de los suelos que no se consigue de la misma manera con los fertilizantes.
Los datos están tomados del trabajo realizado por la Comisión Técnica de Inundaciones "Estudio de Inundaciones Históricas. Mapa de Riesgos Potenciales Cuenca del Tajo", del año 1985. En toda la Cuenca del Tajo se recogen 159 antecedentes de inundaciones históricas, desde el año 849 hasta 1985. De ellas 85, se localizan en la Comunidad de Madrid, lo que supone más de la mitad del total de toda la cuenca. Destacan episodios como los de 1489 y, principalmente el de 1499, documentado por sus terribles destrozos, también en 1523, la avenida fue de tal nivel que el río Jarama destrozó el puente de Viveros.
En 1697, el Jarama inundó la iglesia de San Marcos de Vaciamadrid, lo que volvería a pasar en 1714 y en 1724, lo que finalmente motivó su traslado a una cota algo superior desde donde permanece hasta la actualidad. En 1790, otra riada se llevó los embarcaderos del cruce del río entre Vaciamadrid y Arganda; en 1816 otra desbastó la acequia del Jarama; un año más tarde, el río destrozó casas y viñedos de Vaciamadrid; en 1818, se inauguró una pasarela de madera en lo que hoy es el puente de Arganda, pero tras varios eventos el río socavó su estructura hasta que se desplomó en 1831; en 1819, el Jarama inundó la totalidad de la vega y en 1827, varios eventos naturales unidos a las fuertes lluvias provocaron que el río rompiese la hoy vetusta Presa del Rey, poco más abajo de la junta con el Manzanares; otro evento acontecido en 1831 ya condujo finalmente al emplazamiento de malecones junto al río a la altura de Vaciamadrid. A pesar de ello en 1834 una nueva crecida que arruinaba la extracción de arenas, destruía plantíos y ahogaba la caza, lo que volvería a acontecer en 1841 volvió a repetirse este drama.
En 1884, el Manzanares coge el relevo al Jarama con una fuerte con una crecida; en 1895, fue el Jarama tuvo otra crecida que ahora tras la instalación del ferrocarril, hacía peligrar esta moderna vía de comunicación, problema que volvería a repetirse en 1900 y en 1902. En 1910 volvería a la carga el Manzanares con daños colaterales en la vega del Jarama, lo que de nuevo se repetiría en 1910 y en 1917. Mientras el Jarama volvía a golpear esta zona en 1912, dejando incomunicada toda la zona noreste. Ese año la propiedad de la finca de El Porcal, levantó defensas para preservarla, pero a pesar de ellas, las riadas de 1914 y 1947 anegaron la finca, también fueron duros los años 1960 y 1966.
Hay que tener en cuenta que se podría poner un límite hacia los años 70’-80’ debido a la regulación hidráulica de los ríos con la construcción de numerosas presas de regulación y otros aprovechamientos realizada a lo largo del siglo XX y que llegó a su práctica culminación en aquellos años, con la consecuencia de aminorar drásticamente el número de episodios de inundaciones catastróficas que hasta entonces tenían lugar tras periodos lluviosos y deshielos de las cabeceras de cuenca. A partir de entonces, las inundaciones recientes son las siguientes:
• 1987, 1989 y 1990 se produjeron lluvias importantes e inundaciones en los campos cercanos a los ríos madrileños.
• 1995: en el mes de junio, una fuerte tormenta, descargó importantes cantidades de agua en el centro de la Comunidad provocando un muerto., también hubo tormentas puntuales pero importantes y con el fin de año terminaría una larga sequía de cinco años con lluvias y nevadas importantes, con inundaciones en la práctica totalidad de los ríos madrileños, lo que continuaría a principios de 1996 y también se repitió este fenómeno en 1997, con unos de los bienios más lluviosos del siglo.
• en 2006, 2008 y 2019 aunque no fueron de tanta envergadura, se anegaron numerosas fincas cercanas al río Jarama.
• en octubre de 2023, cuando las lluvias torrenciales y la apertura de las esclusas del Manzanares en Madrid hicieron que el cauce fluvial arrasase el Soto de las Juntas, provocando desmontes de varios metros de altura.
• 2025: tras las fuertes lluvias de finales de invierno y principio de primavera el Jarama se desborda, especialmente entre Mejorada y Arganda
• 2026: las lluvias de enero, febrero y comienzos de marzo llevan a una inundación muy parecida a la de diez meses antes a comienzos de primavera.
Estamos tratando, por mucho progreso y civilización que hayamos conseguido, con ríos vivos y vigorosos en un entorno mediterráneo caracterizado por la fuerte irregularidad del régimen de precipitaciones. Todo esto aderezado desde hacer solo un par de decenios, por un calentamiento global que potencia esta irregularidad, mientras que por otro lado pone más disposición hídrica y energética en la propia atmósfera a disposición de fenómenos potencialmente cada vez más violentos.
Teniendo esto en cuenta es pertinente en ciertas zonas dejar actuar a la dinámica fluvial a sus anchas, lo que también lleva consigo efectos atenuantes de la fuerza de las aguas con su despliegue en horizontal ocupando amplias áreas sin que provoquen más daños que beneficios. Así mismo, frente a la falacia de las llamadas limpiezas de cauces, se trata de crear lo contrario, que exista la suficiente masa vegetal como para contener, soportar la fuerza del agua, atenuando su fuerza, recogiendo sus sedimentos e impidiendo que la fuerza de la avenida destroce las áreas corriente abajo, que es lo que verdaderamente provocan las “limpiezas de cauces”, aparte de colmatar con sedimentos todas las presas aguas abajo.



























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