domingo, 27 de abril de 2025

El Monumento Natural de la Cascada de la Cimbarra

Tras una buena temporada de lluvias como la que ha sido la  de este pasado mes de marzo (y buena parte de abril), no queda otra más que ir en búsqueda, como ya hemos hecho otras veces, de esas cascadas que destacan poderosamente en estos momentos Decidimos ir por esos montes tan desconocidos para la mayoría como pueda ser Sierra Morena, más aún en la oriental Sierra Morena de Jaén, de la que el solo y único concepto generalizado de la misma, es el Paso de Despeñaperros, como decían los árabes Al-muradiel (el paso), donde el río Despeñaperros disecciona la huesuda columna vertebral de estas montañas, apenas unos montecillos desde la meseta, pero ya montañas desde Andalucía, y como buena muralla, susceptible de albergar buenas y desconocidas cascadas en su seno.

Hueco del farallón de la Cimbarra

Volví a salir con mis compañeros de fatigas, Pascual y Eduardo, al cada día más conocido Monumento Natural de la Cascada de la Cimbarra, situada en el término de Aldeaquemada en Jaén, pero colindante con el ciudadrealeño Campo de Montiel. Aquí, como suele ser habitual, la mayoría de los ríos andaluces de Sierra Morena, nacen en la meseta, pero son capturados por la red hidrológica del Guadalquivir (Guadalmena, Dañador, Guarrizas, Guadalén, Despeñaperros, Grande, Jándula, Yeguas y Guadalmez), aunque en su extremo occidental ocurre a la inversa, los andaluces, Zújar y Matachel, van a nutrir a un Guadiana ya más extremeño que castellano.

Vista del Cerro de los Örganos, muro de Despeñaperros por su lado oeste, y abajo, vista típica desde el mirador de los Örganos que ya es Sierra Morena oriental

Pasamos por las rojas tierras del Campo de Montiel, “tierras raras” como las de Torrenueva que algunos oportunistas están tratando de monetizar saltándose la legalidad medioambiental y la voluntad de sus pueblos, para ascender a los límites con Andalucía, cerca del pico Cambrón, de 1070m, cota que no se volverá a alcanzar hasta la Sierra del Relumbrar 1154m, ya en el extremo oriental de la sierra. En uno de estos altos, paramos a contemplar un espectáculo poco común. En primer término, las redondeadas lomas de esta sierra y más allá, cercando toda la vista al este y sureste, y con sus cimas nevadas, las sierras Subbéticas, al norte la manchega Alcaraz y en amplio arco hasta el SSE, Cazorla y Mágina. Pero lo verdaderamente llamativo era la blanca muralla por detrás de estas últimas, de Sierra Nevada, atestada de nieve en todo lo que se la veía.

Al norte, el ciudadrealeño Campo de Montiel, abajo al fondo, casi 2000m de nieve en Sierra Nevada

Atravesamos grandes latifundios cinegéticos, otra seña de identidad de esta enorme Sistema Mariánico (del romano Sexto Mario, no de la Virgen –María- de la Cabeza, con su santuario serrano y correspondiente romería) y damos con Aldeaquemada, pueblo creado ejemplarmente por Carlos III y digno de una tranquila visita. Allí tomamos la pista hacia la Cimbarra que corre paralela a una buena fresneda y comprobamos que no va tan crecido el Guarrizas como habíamos pensado, aun así, no baja nada mal. Al parecer por estas tierras ha llovido bastante, pero mucho menos que en la mitad occidental manchego-andaluza.

Enormes extensiones de serrezuelas hacia el sur del cordal principal. Abajo alisos y adelfas

El salto de la Cimbarra se produce cuando un incipiente río Guarrizas tiene que atravesar las potentes hiladas rocosas de la dura cuarcita armoricana. Es aquí donde disecciona las charnelas (flancos) de un gran anticlinal, perfectamente visible por sus combados estratos paralelos de hiladas cuarcíticas, tras haber atravesado primero, la formación Pochico (nombrada así por la bella tabla de Pochico situada inmediatamente por encima de la cascada), de cuarcitas más rojizas y agrietadas. Algo muy similar es lo que ocurre en el cercano, hacia el oeste, paso de Despeñaperros, donde recomiendo encarecidamente, si no hay prisa, olvidarse de los túneles y recorrer la antigua N-IV parando en el mirador de Los Órganos, lugar donde, estos mismos estratos, aparecen casi completamente verticales, y entre los que pudimos triscar, a última hora de la tarde, al ir desde la Cimbarra al collado de los Jardines.

El chorro corta la blanca banda de la durísima cuarcita armoricana
Fracturadas cuarcitas de la formación Pochico y abajo, verticales hiladas de cuarcitas de Despeñaperros

Lo que más poderosamente llama la atención del entorno de la Cimbarra es la dominancia absoluta de lo geológico, a pesar de la cascada, de la fauna o de la importante flora del lugar. Las llamativas rocas cuarcíticas, grisáceas pero que cuando se muestran verticales dan tonos marrones y rojizos que, además, se tiñen de tonalidades amarillo fosforito gracias a la presencia de los líquenes Acarospora que rompen la verdegrisácea tonalidad general del monte mediterráneo. Domina el hueco de la cascada por el sureste, la llamada plaza de Armas, una meseta rocosa que parece albergar lo que fue un poblado prehistórico, a juzgar por lo que parece una muralla derruida. En su llana roca cimera, es posible apreciar grandes bloques de roca organizados como si fuesen asientos o mesas al borde del precipicio, un lugar mágico sin lugar a dudas.

Enormes bloques diseminados sobre la roca y abajo, restos esparcidos de muralla en la Plaza de Armas

En la plana superficie de muchos de estos estratos es posible ver las rizaduras (ripple marks) del movimiento del agua mareal sobre las arenas de aquellas playas de la era paleozoica, posteriormente convertida en piedra por el metamorfismo que supuso la superposición de miles de toneladas de sedimentos sobre ella. También es relativamente fácil encontrar "crucianas", las huellas del trasiego de los trilobites por aquellos antiguos lechos marinos, organismos que, ya con más dificultad también se pueden encontrar fosilizados en los escasos estratos de pizarras de este territorio.

Panel rocoso repleto de serpenteantes crucianas

Con tanta pétrea dominancia es fácil observar la vegetación rupícola, la más adaptada a las rocas y la vida en grietas y repisas, destacando aquí, las numerosas especies del género Sedum, las uñas de gato, con el rojizo Sedum andegavense, S. amplexicaule, S. brevifolium, S. mucizonia o S. hirsutum, acompañadas por la también crassulaceae ombligo de Venus, y en las grietas las vivaces clavelinas (Dianthus lusitanus), botones azules (Jasione tomentosa), helechos rupícolas del género Cheillantes y, algo más escasa, la dedalera (Digitalis mariana). En los umbrosos recovecos rocosos aparecen los farolillos (Arisarum simorrhinum).

Sedum andegavensis (rojo), S. mucizonia (gordito), S. amplexicaule (arriba dcha.) y S. hirsutum 
Farolillo y botón azul
El helecho Cheillanthes maderensis
Abajo y a pleno sol Cheilanthes hispanica

       Son muy propias de Sierra Morena las poco comunes especies del género Coincya, contando con varias especies de esta llamativa crucífera de grandes flores amarillas, siendo las más abundantes C. longirostra C. rupestris subsp. leptocarpa.

Coincya longirostra

Aparece en este lugar una muy interior localidad para el almez (Celtis australis) aprovechando los puntos más umbrosos y a la vez protegidos de los vientos del norte, igualmente en los cauces empiezan a aparecer, hasta hacerse abundantes, las adelfas o baladres (Nerium oleander), entre tamujos y zarzas. También en el bosque galería aparece entre las fresnedas, áreas de aliseda (Alnus glutinosa) con ejemplares longevos en los puntos de mayor permanencia del agua. En estas situaciones de sombra, umbría y humedad, se dan comunidades de grandes plantas o megaforbios, destacando la altura y gran biomasa del apio caballuno (Smyrnium olosatrum).

Enorme almez todavía desprovisto de hojas
Aliso en una brecha rocosa aprovechada por el arroyo
Adelfas al pie de un viejo aliso

     En las calurosas solanas, ya aparecen los acebuches y lentiscos, aunque aquí sin su acompañante habitual, la esparraguera blanca o peñera (Asparagus albus) que ya sí que va apareciendo más al oeste de Despeñaperros. Llevaba varios años intentando encontrarla por todo Ciudad Real, pero en vano, y por fin aquí he podido encontrar un único ejemplar de la orquídea Orchis collina, de gran belleza, una orquídea madrugadora que se encontraba en plena floración a finales de marzo.

Solana con acebuches sin esparragueras blancas, encina y cornicabra. Al fondo, en umbría, el verde nuevo de los quejigos
La rara belleza de la orquídea Orchis collina

Tras recorrer todos los recovecos posibles entorno a la Cimbarra, estuvimos recorriendo, en la medida de lo posible, otros tramos de río buscando pozas y cascadas como El Cimbarrillo, La Cimbarrilla, El Negrillo, aparte de la fenomenal Cimbarra, y más arroyos cercanos, con lugares espectaculares y algo más tranquilos. Toda la sierra está regada de rincones con esta magia, con hoces profundas llenas de frescor, con farallones aislados, con abrigos y refugios en las rocas, muchos de ellos con pinturas rupestres, la mayoría de arte esquemático ibérico, pero incluso también con arte rupestre levantino, en esta zona enriquecido con los poco comunes antropomorfos oculados.



A última hora decidimos volver por la carretera que va hacia Santa Elena y Despeñaperros, pasando por el collado de Los Jardines, un magnífico rincón arqueológico y natural, subiendo al cerro del Castillo y viendo los vericuetos formados por las verticales hiladas rocosas, que son las que se ven desde el famoso mirador de Los Órganos de Despeñaperros. Allí las umbrías están tapizadas de buenos quejigares y las solanas de alcornoques, encinas y madroños. Vemos que es el buen momento para ver las patitas de burro (Gynandriris sisyrinchium) un pequeño lirio sureño. En las rocas al sur, abundaba otro tipo de aliaga muy sureña, la Genista triacanthos; también pudimos comprobar la abundancia y tranquilidad de las cabras montesas de la zona, cabras que en principio solo existían en Sierra Madrona, pero que, en la actualidad, ya colonizan cualquier lugar medianamente rocoso de la cordillera.

Abundantes patitas de burro
Repisa con la aliaga Genista triacanthos y, abajo, grupo de montesas

Estos pequeños y medianos ríos de Sierra Morena son unas monumentales puertas al pasado más arcano, a las profundidades geológicas, a los paraísos ¿perdidos? de una naturaleza ibérica aún desconocida para la gran mayoría.

Los helechos culantrillo de pozo, creciendo en un techo húmedo

      Tantos kilómetros cuadrados de tierras salvajes (al menos 2000), tan difíciles de conocer dada lo agreste del terreno o por lo conflictivo de estas enormes propiedades cinegético-latifundistas que por un lado y para bien, preservan buenos recursos naturales, aunque por otro y para mal, hacen o deshacen sin control, envenenan supuestas alimañas o se apropian de la red de caminos públicos y cañadas. 


    Esta enorme región de Sierra Morena oriental, alejada incluso del turismo rural, quitando Aldeaquemada en el noroeste, y varios micro-pueblos como los Santos y un par de aldeas aledaña, en el sureste, no tiene ninguna población digna de tal nombre en su interior. Solo la norteña sucesión de pueblos alineados de este a oeste, al norte y escasos, en el manchego Campo de Montiel, o la sucesión de poblaciones de la N-322 (ascendiendo a autovía), prolongando la andaluza bisectriz del Guadalquivir, desde Linares en Jaén, hasta Alcaraz en Albacete, tienen población y actividad suficiente como para recordarnos la vorágine de nuestra actual civilización.



No me gusta hablar de lugares que luego se pueden ver sobrepasados en su capacidad para aguantar a mucho personal. Pero a este hermoso lugar de la cascada de la Cimbarra ya ha sido alcanzado por la fiebre de los fotogénicos posados de Instragram, la colección de auto-medallitas naturalísticas de Facebook o el pautado trak de Wikilok. Por fortuna el carácter intermitente en la vistosidad de estas cascadas, que suele excluir la época veraniega, hace que las concentraciones humanas no sean demasiado irracionales. Es un lugar a cuidar y mimar, a limpiar y adecentar periódicamente, como la mayoría de aquellos lugares que forman parte de nuestro patrimonio natural más excelente, con más razón aún, si están en el ojo del huracán turístico-mediático, y que esto sea o bien pudiera ser un beneficio económico para los pueblos, no significa que tengamos que sacrificar la gallina de los huevos de oro.



domingo, 30 de marzo de 2025

El elefante en la cacharrería. Obras en el medio natural madrileño


Las actuaciones de la Comunidad de Madrid sobre el medio ambiente madrileño, desafortunadamente, suelen tener casi siempre ese cariz, el de una estampida de elefantes en una cacharrería, en una cristalería u otra metáfora similar. Lo hemos comprobado ya en demasiadas ocasiones. La última, que les disculpo solo en parte, ha tenido lugar en el municipio de Mejorada en el popular paraje de Las Islillas, y como de costumbre, siempre tratando de hacer el bien y mejorar el medio ambiente.


Hace tiempo existía un plan para comunicar dos áreas separadas por el río Henares muy cerca de su confluencia con el río Jarama; de hecho, hasta hace unas cuantas décadas, existió un puente, el puente del tren de la Azucarera. Dicho tren abastecía una fábrica de azúcar que existió en la Poveda (anejo de Arganda), el puente fue desmantelado después de la guerra civil y sus cimientos, zarandeados presumimos que por las intensas riadas de los años 60’ que los ha descolocado como las piezas de un dominó en caída. También, dicho solapamiento, de puente y restos históricos, sea uno de los aspectos de los peor resueltos de este proyecto.

Solape de estribos previos y nuevos en la futura pasarela

El proyecto cuenta con el apoyo de los ayuntamientos implicados, Mejorada del Campo y San Fernando de Henares y, con la básica financiación de la empresa Amazon, financiación que alcanza también a labores de repoblación forestal y mantenimiento inicial de parte del proyecto Anillo Verde de la Comunidad de Madrid, en un tramo que afecta a estos ayuntamientos y el de Rivas Vaciamadrid. Lógicamente, el proyecto también ha sido aprobado por la Confederación Hidrográfica del Tajo y por la Dirección General de Biodiversidad de la Comunidad de Madrid




Uno de los aspectos más polémicos es el tamaño de lo que se ha llamado la Pasarela sobre el río Henares, cuando en la realidad se trata de un puente de 4m. de ancho, apto para el paso de vehículos (teóricamente solo para emergencias), incluso de varias toneladas, lo que ya desvirtúa la idea general de una pasarela adaptada solo para el paso de peatones y ciclistas, que era la idea original; al igual que el amplio carril que lo transita a ambos lados y que, aparentemente, queda varias tallas grande, para un uso puramente senderista.


La estrategia del crecimiento madrileño, pasa por dos niveles, el de la construcción urbanística pura y dura, que es la que verdaderamente interesa a los promotores o a los “promotores de los promotores” y el nivel de las áreas verdes necesarias, para endulzar tanto ladrillo, tanto pelotazo urbanístico que va a lastrar durante décadas, la vida de muchos vecinos hipotecados en los descomunales proyectos de actuación urbanística proyectadas, al menos en toda esta parte del sureste periurbano.

El maravilloso Arco Verde madrileño: "Conserva, conecta, comparte,--"

 Este “greenwashing” o lavado de imagen de la furia constructora generosamente fomentada por Comunidad y Ayuntamiento, se apoya, primero y tras la destrucción de la antigua naturaleza silvestre madrileña, valiosa y nada exenta de importantes lugares y especies naturales, en maravillosos proyectos verdes para Madrid, llámense Bosque Metropolitano, Anillo Verde madrileño, Arco Verde, etc.

Aspecto previo con observatorio de aves en Las Islillas

Tras la cimentación de los apoyos de la pasarela o mientras tanto, se procedió a sanear estos terrenos de la orilla de Mejorada del Campo, terrenos muy valorados por los habitantes de este pueblo, pues se trata de una bella ribera con multitud de árboles y con un río que va apareciendo en mejores condiciones que en las últimas décadas. Áreas protegida como Zona de Especial Protección para las Aves: Cortados y Cantiles de los ríos Manzanares y Jarama. Este saneamiento, se ha llevado por delante una ingente cantidad de árboles, la mayoría en un estado lamentable, pero otros muchos recuperables y otros, víctimas colaterales de la caída de los anteriores.

Mendrugos de árboles sanos y tocón podrido

Los restos de esta exhaustiva limpieza quedaron acumulados en una fenomenal pirámide fúnebre al borde del puente y han indignado a cualquiera que se haya acercado por allí o que se haya enterado de esta carnicería. Tal vez y viendo todo el terreno purgado, se corresponde en tamaño a la triste realidad sobre el estado de la masa arbórea ribereña que realmente sí que se encuentra bastante perjudicada, incluso siguen quedando ejemplares muertos. Pero también queda claro que hay muchos que se aprecian lo suficientemente sanos para que no hubiesen sido cortados, quizás se pensó, debieran sustituirse por árboles nuevos, sobre todo en la alineación junto al camino principal.


El grueso de la madera se corresponde con ejemplares de chopos de cultivo, es decir planta alóctona de uso silvícola, aunque en este caso no tenía esa finalidad al tratarse de áreas de esparcimiento. Pero la limpieza también se ha llevado por delante gran cantidad de ejemplares arbóreos y arbustivos naturales y nativos, y también otros, plantados por particulares y asociaciones naturalistas de la zona, de hecho, hace ya muchos años me acerqué una vez con mi hija mayor a sumarnos a una plantación popular. Nada de esto ha sido tenido en cuenta, ni se ha contado con estas organizaciones para considerar sus alegaciones.

Cartel cubierto por falta total de mantenimiento

Probablemente la mayoría de los árboles estén cortados por su estado deplorable, supongo que los veranos tan secos, el nulo mantenimiento o la inadecuación de las especies elegidas haya sido el causante del estado general de este soto. Pero el tratamiento o la llamada “limpieza” ha sido sumamente agresivo, desproporcionado, y el no contar, el no tener la delicadeza o el gesto de intentar hacer el menor deterioro posible, de respetar lo plantado por la ciudadanía, ha contribuido a que esta actuación haya quedado no como un arreglo, sino como un nuevo atentado ecológico, en esta área madrileña campeona siempre en este tipo de desastres de toda la comunidad madrileña.


Retrasé la publicación de esta entrada porque tenía la duda de si el río Henares se habría llevado o no la pasarela, cosas más improbables han ocurrido en este mes de marzo tan pletórico de precipitaciones y más al encontrarnos en una zona de embudo y confluencia de los dos grandes ríos madrileños, el Jarama, que se ha llevado por delante la célebre laguna de El Campillo, junto con su brillante Centro de Educación Ambiental y otras instalaciones de oficinas y viveros del Parque Regional, o el corte de la carretera Torrejón-Loeches por el desbordamiento del Henares.

Junta Ríos, arriba CEAM Caserío del Henares, abajo trabajadores de la Laguna del Campillo viendo su centro de trabajo engullido por las aguas de la riada del Jarama
Estado actual o reciente del centro de trabajo de estas personas. Abajo

La pasarela continuaba allí, ahora sin la montaña de árboles difuntos y casi rodeada de enormes extensiones inundadas en los alrededores, sendas que he recorrido muchas veces a un lado y a otro de esa “Y” griega de la junta de los ríos. Lejos de pensar que todas las sendas se han destrozado, estoy seguro de que esta inundación va a ser un revulsivo, un golpe de fertilidad para toda esta zona llena de vida y de agua, aunque en un entorno manifiestamente agresivo. Esto sí que es una renaturalización de verdad.


      Para pasar al tramo final del Henares, hay que pasar por debajo de los aquí muy numerosos carriles de la M-50, con una depuradora con sus clásicos efluvios, con las vías del AVE a Barcelona, la radial R-2, los depósitos de gas y otros combustibles de Torrejón de Ardoz, con sus enormes polígonos industriales de reciente creacción, las pistas del sur del aeropuerto de Barajas, con su contínuo tráfico de aviones, etc. etc.

Árboles salvados con nidos para murciélagos u otros animales

En breve se acometerán unos trabajos de limpieza de superficies afectadas por cables de alta tensión, en un importante lugar con alto valor ecológico, la Dehesa de Arganda o Carrascal de Arganda, estando gran parte de él integrado en el Parque Regional del Sureste de Madrid. Miedo me da lo que pueda ocurrir en esas amplias superficies colaterales a la autovía A-3 en un monte en muy buen estado de conservación, aunque bastante repoblado de pinares, objeto de numerosos estudios botánicos, lo que le ha convertido en una clásica localidad botánica a donde viajan numerosos estudiantes a hacer sus prácticas a esta localidad recurrente, famosa por una serie de especies poco comunes, o vistosas como sus orquídeas.

Estos cerros argandeños, están poblado de encinares que en gran parte fueron repoblados por pinos carrascos, con laderas de matorrales yesíferos y numerosas áreas de cascajares, conglomerados y algunas areniscas de antiguos paleocauces, lugares estos últimos colonizados por una especial vegetación silicícola impropia de estos terrenos fundamentalmente calizos del sureste madrileño. Entre los variados jarales y chaparrales seriales, abundan en este lugar las amarillas jaras de Halimium atriplicifolium, incluso en las numerosas tierras de labor, usualmente olivares, abandonadas a su suerte, prosperan las floridas matas de las coronillas de fraile Globularia alypum, una especie antes sumamente escasa y que en la actualidad parece cada año más abundante, aunque nunca lo suficiente

       Viendo la actuación anterior, ya hemos tomado cartas en el asunto e informado y advertido a la Comunidad de Madrid, de lo delicado del terreno, de que se trata de espacios naturales o hábitats protegidos, con numerosas especies muy poco comunes en el territorio madrileño y en los bordes de la cada vez más poblada localidad de Arganda, unos terrenos muy paseados y disfrutados por los argandeños y los que nos sumamos a apreciar y disfrutar de su naturaleza salvaje.


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