sábado, 30 de enero de 2021

La destrucción del arroyo de los Migueles. Los desarrollos urbanísticos del sureste madrileño (III)

 


    Sigue adelante la urbanización del escaso espacio sin enladrillar que aún queda  en los alrededores de Madrid. En una especie de horror vacui institucional, como si se tratase de los últimos espacios de una batalla de barquitos en un cuaderno, en busca de una aplastante y definitiva victoria de lo urbano sobre, sobre qué?, sobre lo silvestre, sobre lo natural, sobre lo no construído?. Lo de menos es que ese avance, ese “progreso”, sea a costa de los últimos espacios naturales, a costa del aire, el espacio, el horizonte mínimo vital que necesitamos las personas, aunque todavía no paguemos por ello o quizás, por eso mismo.


    De nuevo y lamentablemente otra entrada con la destrucción de una peculiar y rica área natural del contorno metropolitano madrileño, como vengo denunciando en estos meses de confinamiento. El sureste madrileño está dejando de tener campo a ojos vista, y lo triste es que probablemente sea para nada, la especulación no tiene piedad, los precios no han bajado o apenas lo han hecho, mientras sueldos y empleos si que bajan y seriamente.  ¿A quién va dedicada tanta construcción de pisos, de polígonos, de oficinas?. Me temo que a pocos, a quién puedan colárselos y cargarles de por vida con la hipoteca del pisito o a sobrados fondos de inversión.

Aunque queda mucho mejor con las amapolas en el publicitario


    He hablado hace poco del PAU (Plan de Actuación Urbanística) de Los Berrocales (Empezando Madrid), del desastre ecológico de los aledaños a Valdemingómez (en aras de un maravilloso Parque Metropolitano), me queda por escribir sobre Valdecarros y el arroyo de La Gavia, y ahora se ha colado, porque la maquinaria sigue acabando con todo, en el arroyo de Los Migueles, entre el barrio de Vicálvaro y Rivas Vaciamadrid.

El futuro que espera a parte del este de Madrid, si logran vender todas las motos

    Es triste comprobar como todo se cuece tan por encima de nuestras cabezas, en unas especulativas esferas, tres mundos por encima del común de los mortales, pero siempre pasando por encima de su cadáver, aunque el interfecto aún no se haya enterado. Aquí mismo, en el PAU de los Berrocales, tengo amigos que llevan años litigiando (pagando abogados religiosamente) para recuperar sus ahorros invertidos ahora hace más de doce años. No sé cómo se pueden manejar propiedades sin liquidar,  deudas sin saldar, alternándose su propiedad de manos de futbolistas empresarios a fondos de inversión americanos, etcétera, y mis amigos todavía alimentando bufetes para luchar por lo que pusieron en su día, por esos desvanecidos sueños de casa propia.

Aspecto del arroyo de los Migueles a primeros de año

    De nada ha servido un gobierno teóricamente contrario a la oligarquía económica madrileña que finalmente acabó autorizando la urbanización de esos terrenos (incluso en contra de su otra mitad de Ahora Madrid). En Madrid mandan los especuladores, los bancos y los contratistas de la construcción, este es su feudo. En descargo de ese breve periodo Carmena, señalar que toda la prensa se les echó encima, El País incluido, por intentar reducir la edificabilidad o poner límites a propuestas  descabelladas de un planeamiento urbanístico que ha salido adelante esquivando legalidades y normas urbanísticas que se han ido modificando y ajustando con calzador, para poder admitir pulpo como animal de compañía. Empujones interesados, zancadillas oportunas, artículos difamatorios, presiones mafiosas; todo un juego de tronos a la castiza en el tablero del monopoli cañí.


    La burbuja es un fenómeno, un proceso muy español y muy madrileño. La especulación urbanística dudo haya sido tan dura en ningún otro lugar de Europa, desde que se diera barra libre al señor ladrillo en los 60. Entonces existían unos (anti)premios europeos que se otorgaban a los mayores destrozos urbanos y que yo recuerde, casi siempre iban destinados a la piel de toro; Talavera y Sevilla coparon varias veces el pódium, entre otras ciudades que también fueron bellas, hasta que como pasara en Madrid, una o varias torres de Valencia destrozaran cualquier panorámica urbana.

Montañas artificiales de material removido cerca de los Migueles, detrás torres aisladas de El Cañaveral

     En Madrid se implantó un novedoso y rentable modelo de crecimiento en “coronas”, se hicieron grandes compras de terreno en forma de amplios anillos entorno a la ciudad central, pero se empezaba a construir en la parte más alejada, dibujando una corona exterior de barrios sucesivos. Esa construcción era rentable por sí sola, pero el truco realmente estaba en la alta revalorización de ese hueco que quedaba sin urbanizar entre esos nuevos barrios y el centro, obteniéndose unos beneficios mayores que si se hubiera seguido el clásico crecimiento en capas concéntricas sucesivas hacia el exterior.

La ermita de la Virgen de la Torre, lugar de culto y romerías, olvidada y arrinconada entre desmontes

    Por supuesto que la especulación inmobiliaria es una lacra social que daría para llenar cientos de páginas en nuestro baqueteado país, páginas de economía, de urbanismo o de socio-política (ver película Huevos de Oro, En Construcción, etc.). Pero donde voy yo, es al enorme deterioro ecológico que supone la especulación urbanística. No es la buena industria que da casa al que no la tiene, en su falaz argumento, igual que el de que hay que construir mucho más para que bajen los precios, pero sabemos todos, y la historia reciente no ha parado de confirmarlo, que no es así y que cada vez hay más desahucios y demasiada gente cuyo trabajo les llega, prácticamente, solo para poder pagar la hipoteca y alimentarse.

El sureste en construcción casi iguala a Madrid central, entre infraestructuras y áreas semi-naturales

    El precio ecológico que estamos pagando y que pagaremos durante años y generaciones es enorme y no somos conscientes de lo que hemos permitido con nuestra generalizada abstención, como si fuese un problema de otros en el que nada podemos hacer. Existe también una especie de vacío en el mundo ecologista, como que sí el urbanismo no ataca directamente a una zona protegida o a unos árboles singulares, no parece que haga demasiado daño, pero eso no es así.

Berrocales y al fondo el cerro Almodóvar con su fábrica de Tolsa (sepiolita)

    La peor de las desertizaciones es el cemento, la que más cuesta revertir. Es lo que ha venido ocurriendo en muchas de nuestras ciudades situadas al borde de huertas o fértiles campiñas, que el crecimiento urbano ha ido por las mismas huertas y no por sus bordes; no como se ha venido haciendo desde hace siglos, preservando lo más valioso, lo que nos da de comer. Dentro de varias décadas, podremos comernos todos los ladrillos con cemento que queramos, porque habremos construido sobre lo que fueron nuestros terrenos más fértiles, dilapidando la mejor parte nuestro futuro alimentario.

Tanque de tormentas en el tramo medio del arroyo y prados entre Rivas, la A-3 y la cañada real

    Cuando veo el Tour de Francia o los paisajes de bastantes países europeos, no tengo por menos que tragarme la envidia, al ver los paisajes rurales, pues  da igual norte o sur, zona turística o agrícola, todos los entornos de los pueblos son de fábula. Es lo que se viene llamando Ordenación del Territorio, algo que, aunque transpuesto a España, no parece haber valido de mucho en este país o acaso, estaríamos aún peor.


    El error español, en mi opinión, fue que la constitución del 78, delimitó relativamente bien la gestión, ámbito, financiación y competencias de la administración estatal y autonómica, pero se le escapó por las costuras la administración municipal, dejando un espacio vacío y en conflicto de competencias, donde la especulación, la picaresca y la mala fe han campado a sus anchas, para malcrianza de conciencias, dilapidación de caudales y la pérdida de gran parte de la riqueza natural española. Ahí queda para el futuro, la figura del sobornable Concejal de Urbanismo. Este error, la intensificación agraria por un lado y el abandono rural por el otro, han sido para mí, los grandes verdugos de la naturaleza española perdida.

Todo este gran hueco sin construir, lo está dejando de ser por momentos

    La extendida idea de que al borde de las ciudades se construye generalmente sobre terrenos desprovistos de valor ecológico es totalmente errónea y  en Madrid parece que lo que no sea El Pardo o la Casa de Campo, no pueda tener valor alguno, y nada más lejos de la realidad y más si miramos hacia el sureste madrileño, donde existe todo una gama de vegetación, única y en peligro, ausente de las otras áreas madrileñas, como apunto en entradas anteriores.

Macizo del raro cardo Sylibum eburneum y la termófila alcaparra al borde del arroyo de Los Migueles

 Esta poco conocida vegetación, lamentablemente es aún más desconocida para quienes velan por la protección del medio ambiente madrileño, y no me estoy refiriendo a la gente aficionada, como yo, sino a las autoridades medioambientales de nuestra comunidad y ayuntamiento, autoridades que ya en demasiadas ocasiones, pese a gobernar un territorio bastante pequeño y manejable o, al menos, reconocible, han realizado absurdas barbaridades o no han visto ni querido ver, lo que debían vigilar y proteger. Baste leer anteriores entradas de este blog o las numerosas denuncias realizadas por los grupos ecologistas madrileños, en todos los entornos de la capital o comunidad; aunque también es muy posible que se encuentren poderosamente presionados.


    El dinero, el capital nacional y el internacional, está centrándose en torno a la capital madrileña, en detrimento de una población que tiene que sufrir su gentrificación y sus precios de mercado libre. Lástima de un mayor despegue de Barcelona, Valencia, Sevilla, Zaragoza y demás grandes ciudades, cada día más periféricas a su pesar; mayor lástima aún, de un despegue de las pequeñas y medianas ciudades de toda nuestra vaciada geografía, como núcleos dinamizadores del magnífico y perfectamente “vivible” y disfrutable espacio rural. Madrid bien podría morir de gigantismo, incluso de sed, a pesar de haber absorbido los ríos de una amplia geografía ya extra-comunitaria. Ante tamaño consumo, cuando venga una buena sequía, supongo que le pedirán al estado, tuberías adicionales para saciar esa desmesura de todo punto insostenible.

Hace un par de semanas esto era un juncal lleno de tarajes, con el nacedero de abajo

    El gran capital, nacional o foráneo, ha visto la tendencia casi reciente, ha visto a los relajados rentistas españoles y esa atinada legislación que les protege y ha visto su oportunidad, aunque nada haga presagiar que volverán los tiempos del ladrillo, ni que la gente tenga dinero suficiente para pagar una casa, tal y como están los precios; pero seguirán apostando, invirtiendo en terrenos, casas, oficinas. También, si se conociera la estrecha relación entre el muy independiente ámbito judicial y el acaparamiento de propiedades, vía subastas judiciales, administraciones concursales, información privilegiada, etc., y su rol en la especulación urbanística, se entendería mejor cómo pueden salir adelante leyes que blindan a propietarios, que permiten desalojos abusivos o que dan alas y cobertura a desarrollos urbanísticos kafkianos, toreando o haciendo trajes a medida con las normativas urbanísticas previas.

Enorme necrópolis visigoda en un área llena de silos y su posible ciudad perdida. ¿Cómo se ha podido permitir su destrozo?. Ahora yace bajo dos metros de escombro y pronto bajo edificios

    Esto con respecto al destrozo ecológico de esta área, pero también han sido muy capaces de dejar sin suministro eléctrico durante meses, incluso en plena nevada y la peor ola de frío, a los más desfavorecidos de todo Madrid. Simple y llanamente porque estorban la futura venta de las promociones urbanísticas que se están alzando a su alrededor. Que nadie se crea ningún otro razonamiento que no sea este, la Cañada Real estorba los desarrollos urbanísticos del sureste madrileño y en estos momentos en que se trata de “colocar” estas promociones. Por favor, ver "Anexo Gráfico Cañada Real" al final de esta entrada.

Antes y después

    Las burbujas tienen la facultad de no asomar hasta que llegan tumultuosas a romper la plácida superficie, indicando que el fondo de esa oscura charca está totalmente podrido. Y si la operación fracasa, entonces el estado les lanzará algún salvavidas que, obviamente nos quitarán precisamente a los que sufrimos sus abusos, caso de que las cosas no salgan como tienen previstas.

Antes y después

    ¿Por qué esta nueva diatriba, tras la rabieta de mis últimas entradas sobre Valdemingómez y sobre el Plan de Actuación Urbanística de Los Berrocales? Pues porque a mediados de noviembre han hecho desaparecer el magnífico arroyo de los Migueles, entre Vicálvaro (ermita de la Virgen de la Torre) y Rivas. Ya se había destrozado su lado oriental, el PAU de Los Ahijones y su lado occidental, el PAU de Los Berrocales, pero el arroyo con los años de abandono, había recuperado una vegetación única de todo punto de vista. Pero yo aún tenía la vaga esperanza de que este corredor fluvial, sería tenido en cuenta y “relativamente” conservado, como zona verde, para dar función al arroyo como desagüe superficial y como corredor ecológico, entre el Parque del Sureste y el cerro de Almodóvar.

Zona con nacederos antes de ser barrida del mapa

    Llevaba tantos años recuperándose, desde el abandono agrario en los años 80 y la construcción del metro a Arganda paralelo a su cauce que prácticamente lo había logrado, recuperando poblaciones de plantas casi extinguidas en Madrid y con un amplio cauce era un hervidero de vida, tanto vegetal como animal, con una vieja zanja-drenaje muy colmatada y contoneada por un cauce verdaderamente renaturalizado.

Parte central del arroyo de los Migueles, con una alberca donde un día encontré un corzo ahogado

    Lo dominante en el ahora defenestrado arroyo eran los grandes juncales churreros, con bosquetes  de tarayales y tramos de grandes zarzales. El juncal tenía una vegetación muy completa, incluso con una buena población del rarísimo lirio Iris spuria, actual Chamaeiris reichenbachiana. En su parte externa descubrimos una población del rarísimo Teucrium spinosum y al pie de las laderas era común Malvella sherardiana, en la lista roja española por su peligro de extinción.

Malvella sherardiana, la malva más rara de la península en el lugar donde más abunda, los Berrocales
Schoenoplectus glaucus, un raro junco en un lugar impensable

    En las áreas más húmedas, la presencia del alto junco Schoenoplectus glaucus junto con una buena gama de juncáceas salinas, al igual que otras especies como Blackstonia perfoliata, Samolus valerandi, Centaurium tenuiflorum, Senecio maritimus, etc., también las grandes flores de las Lavatera triloba, con sus inseparables escarabajos avispa en su interior, malvaviscos Althaea officinalis, incluso esparragueras de Asparagus officinalis.

Flor de Lavatera triloba y su hospedante el escarabajo avispa y Hoplia chlorophana en los Migueles

    Por supuesto, como zona alterada, grandes cantidades de cardos, cerrajas, viboreras, cicutas, etc., pero todo, poco a poco, acercándose a un buen estado ecológico y a las puertas de Madrid, a las puertas de los bulldozers de los que proyectan nuestros futuros, responsables de la naturaleza que se nos fue y se nos sigue yendo sin que tengamos conciencia de todo lo que estamos perdiendo.

Una de las muy escasas poblaciones de Iris spuria en Madrid o la península

Una toponimia perdida:

    Abajo de la ermita de la Virgen de la Torre, se reúnen dos vallejos para formar el de Los Migueles, son el de la Marañosa que viene del cerro Peñuelas, también llamado del Espinillo o los Castillejos, y el de los Ahijones, cercano a la lagunilla temporal de las Estevillas. Más abajo está la zona de Junco Redondo no muy lejos del despoblado de La Fortuna, y en la reunión de los arroyos, en la ladera este, la cueva del Vaquero, nombre que nos habla de pastos que debieron ser abundantes y buenos, pues Los Migueles tuvo el gráfico nombre de arroyo de Los Prados. Entre el arroyo de Los Ahijones y la Cañada Real Galiana, el cerro del Tesoro (quizás por hallazgos relacionados con la vecina mayor necrópolis visigoda de Europa); la colada de Las Peñuelas o de Las Cabras y el Camino Viejo de Vicálvaro a Arganda que iba por su margen derecho. En fin, geografía histórica que no de ficción; por cierto, Los Migueles fueron unos célebres bandoleros que habitaban una de las numerosas cuevas de este yesar, dedicándose a cosechar carteras y enseres de los viajeros de la cercana carretera de Valencia.




   El arroyo de los Migueles todavía tiene un interesante y atribulado recorrido hasta desembocar en el Manzanares ya cercano al Jarama y todavía, tiene más cosas que contar en este blog. El futuro no lo han arrasado aún estos aprendices de diseño urbano.

(Muchas gracias a Rubén de Pablo y a Emilio Blanco por varias de las mejores fotos de esta entrada)

Anexo Gráfico Cañada:

Un par de fotos, tomadas del único Diario que ha querido ver lo que está pasando con la Cañada Real, igual que yo he visto barricadas de neumáticos ardiendo en las rotondas, cuando Madrid y casi todos los medios lo ignoraban o miraban para otro lado.

Antidisturbios vigilando y abrigadas mujeres de manifestación







martes, 30 de junio de 2020

Valdemingómez - Otro Nuevo Desastre Ecológico. Los desarrollos urbanísticos del sureste madrileño (II)

Al fondo la incineradora sobre un paisaje primaveral

Valdemingómez es palabra que puede llevarnos directamente a la noción clara y tangible de lo que es la basura, el escombro, la suciedad madrileña. Se trata del gran vertedero madrileño, lo que es hablar prácticamente, del mayor vertedero nacional. Oficial y eufemísticamente llamado Parque Tecnológico de Valdemingómez (PTV), es un complejo de cientos de hectáreas, con diferentes áreas de tratamiento de todo tipo de basuras, desde las más peligrosas al clásico vertedero de escombros de obra, pasando por la altamente nociva Incineradora, pesadilla y muy probablemente, origen de gran parte de los cánceres y enfermedades raras de los muy cercanos núcleos de población de, por el norte, Ensanche  de Vallecas a 2 km y por el este, Rivas-Vaciamadrid a 2,5 km, sin contar con los pobres residentes de la Cañada Real que la tienen literalmente encima. Hace tiempo un estudio del Instituto de Salud Carlos III ya advirtió de los graves peligros de residir en el radio de 5 km de una incineradora de basuras.

Trabajando en la pirámide de basura superpuesta al relieve original

Hablar de la basura con pelos y señales es hablar directamente de nuestra sociedad, de como somos, de lo que comemos, de lo que consumimos, de nuestra limpieza y directamente, de nuestra verdadera relación con el planeta. En pocos lugares se ve más clara esta relación que en estos parajes que no vemos, que tampoco queremos ver, que suponemos, pero que no queremos asumir.


A pocos metros y avanzando la roturación

     Aquí están y se muestran meridianas, las consecuencias de nuestro modo de vida, de nuestra relación con el medio, con la naturaleza, con todo el planeta. Es lamentable pensar, comprobar, que en los tiempos en que el hombre no era “civilizado”, aprovechaba su escasa basura para fertilizar sus cultivos, mientras que ahora que hemos “progresado”, nuestra basura envenena nuestros cultivos, nuestra tierra, nuestra atmósfera, nuestra agua y nuestro cuerpo. Destrozando terrenos productivos, con cultivos o con una rica y variada naturaleza, como lamentablemente, muestro aquí.

El desastre avanza sin contemplaciones hacia los pastizales

Llevo ya muchos años luchando, con otros pocos quijotes y bastantes jubilados, contra la incineradora de Valdemingómez, por ser éste el mayor foco de problemas sanitarios del lugar donde vivo, y no quiero entrar en la alta incidencia de cánceres y enfermedades poco comunes y la falta de intención de llevar a cabo un estudio epidemiológico oficial al respecto, en Rivas Vaciamadrid. Muchas de estas personas mayores ya lucharon a brazo partido en los 90 contra la instalación de la Incineradora, pero a pesar de la lucha, salió adelante. Aun así, tras aquella “derrota”, la gente no ha cejado, agrupándose en asociaciones que pretenden reconducir el tema de la generación de basuras, su tratamiento o como mínimo la observancia del cumplimiento de la ley al respecto.

Primeras huellas del destrozo descubiertas al irse relajando el confinamiento

       Está claro que esas tareas deberían ser llevadas a cabo por las instituciones públicas, pero el ayuntamiento de Rivas (paradójicamente de izquierdas) prefiere mirar para otro lado y no meterse a pelear con instancias superiores denunciando la realidad y exigiendo el cumplimiento de las leyes sobre sanidad y medio ambiente. Además también está implicado en el negocio de la basura (Eco Hispánica). Se trata de no "manchar" el nombre del municipio, ni echar para atrás a posibles compradores de inmuebles y futuros contribuyentes; ni mucho menos, torpedear la idílica imagen de ciudad limpia y “verde” que todos los ayuntamientos, sin distinción de sexo, pretenden vender.

Belleza primaveral de la zona de Valdemingómez que mira hacia Rivas

      El negocio de la basura “apesta”, pero no solo por los olores, sino por el negocio que mueve, quienes lo mueven o los gobernantes que lo toleran o fomentan, cuando predican lo contrario, la desaparición de vertederos e ideales de limpieza verdes y occidentales. De ahí viene la desidia y la falta de previsión que ha llevado a que, por arte de magia, los vertederos madrileños (Colmenar Viejo, Pinto y Alcalá) se encuentren en situación de colapso. De hecho, Alcalá, la gran Mancomunidad del Este, ya está llevando más de 200.000 Tm de basuras, prensadas y sin separar, a Valdemingómez. Un verdadero disfrute de tráfico de camiones, polvo en suspensión y estupendos olores, para cerca de 700.000 ciudadanos, menos mal que todavía no vive nadie en Los Berrocales o en Valdecarros.


      El inicial Valdemingómez ya está muerto y enterrado bajo metros de basuras y una superficie forestal. A su alrededor han ido surgiendo y expandiéndose como una “ameba”, sucesivas plantas de tratamiento (Las Dehesas, la Paloma, Las Lomas, La Galiana, nueva Paloma, etc.) donde se incluye la incineradora. Pero no solo es Valdemingómez, sino la gran cantidad de aprovechados, de empresas relacionadas, unas legales y otras no tanto, que viven de hacer “desaparecer la basura”, amén de la triste industria artesanal del pelado (quemado) de los cables de cobre robados, una especialidad local que hace que este vertedero huela peor que los demás.



      En el verano de 2015, como si de unas resecas Tablas de Daimiel se tratase, el subsuelo cercano a la N-III comenzó a arder en un incendio subterráneo de basuras de varios días casi imparable. Soltando un humo pestilente que coincidió con una ola de calor, la mitad de Rivas tuvo que dormir/sufrir con las ventanas cerradas, por tener que elegir entre calor u olor y el calor era mucho, pero.. El origen de todo fue un vertedero camuflado de una empresa ilegal, aunque conocida y denunciada reiteradamente. 



       Estamos en el sitio ideal para la impunidad, un “no lugar”, por un lado, las sucias empresas legales, las ilegales aún más sucias y la suciedad social del conflictivo y marginal Sector 6 de la Cañada Real, ciudad sin ley, donde ni la policía se atreve a entrar, y con razón, pues se trata de un lugar  deliberadamente abandonado a su suerte por todas las administraciones.

Abandono y basuras en la vecindad de la Cañada Real

Por si fuera poco, hay que añadir el mal común, endémico y generalizado, del vertido ilegal de escombros que inunda e inutiliza los caminos de la zona con una continua guirnalda de basura a ambos lados. Un mal comportamiento ciudadano y empresarial, espoleado por la que fue la “lideresa” Esperanza Aguirre que tuvo la brillante idea de rentabilizar los vertederos duplicando las tasas al deshecho legal de escombros, consiguiendo que si ya poca gente cumplía con sus obligaciones, hasta éstos acabasen tirando los escombros por el campo o contratando de baratillo a empresas ilegales para tal labor.



Aunque parezca increíble, y desde luego, el propio Parque Tecnológico debe ignorarlo, todo Valdemingómez se encuentra enclavado en el Parque Regional del Sureste madrileño, con terrenos “E” de bajo grado de protección, pero dentro del Parque y "teóricamente" protegidos y por méritos propios; también es Lugar de Importancia Comunitaria Vegas, Cuesta y Páramos del Sureste Madrileño, amén de Zona Especial Para las Aves Cortados y Cantiles del Manzanares y Jarama por el oeste. Además son terrenos públicos, estén o no en concesión administrativa.


Todo Valdemingómez está "protegido" en el Parque Regional, en el triángulo amarillo superior

       Su inclusión en el Parque del Sureste, a pesar de las montañas de escombros, está justificada por tratarse de terrenos con un alto valor natural, aunque dudo que en su día se conocieran esos valores al completo. Cuando yo lo conocí, me sorprendí para bien, pero con los años, cada vez voy encontrando más valor y personalidad a la peculiar naturaleza de estos lugares: Valdemingómez, Salmedina, la Torrecilla, Congosto, etc., sin hablar de los magníficos vallejos y cortados, ya mejor catalogados dentro del Parque, que dan a un pletórico Manzanares que si lo conocieran los madrileños, sería motivo de orgullo.

El cercano Manzanares, prados ganaderos y al fondo, La Marañosa

Siempre he preferido mantener en el anonimato mis pequeños descubrimientos o lugares que podrían verse alterados por haberlos dado a conocer, pero la situación ya no está para miramientos. Localizada entre el Manzanares y las altas escombreras de Valdemingómez, conocía una pujante población del protegido Lepidium cardamines, en pleno término municipal de Madrid, rodeado de otras especies llamativas como Achillea ageratum o masas del llamativo Astragalus alopecuroides, pero hace casi cuatro años, decidieron arrasar aquello para ampliar e instalar conductos de desgasificación del antiguo vertedero, amén de arrasar un enclave arqueológico que ahora están excavando y estudiando.

Rodal blanquecino de los desaparecidos Lepidium cardamines
En esta área, más clara abajo, con conductos para emanaciones, hubo una flora increíble hace cuatro años

Aquello me dolió por no haber podido hacer nada al respecto. Hace tres años descubrí por Rivas el Allium nigrum, un espectacular ajo que no se encontraba por Madrid desde hacía cien años, posteriormente encontré dos poblaciones más, la mayor de ellas en Valdemingómez. Al final de la cuarentena me acerqué a verlos y me encontré que estaba ocurriendo lo mismo que pasó con los Lepidium. Las máquinas estaban y están arrasando esos terrenos entre el vertedero y la cañada. Días posteriores fueron completando y ampliando el destrozo, valle abajo, hacia el cercano Manzanares, avanzaban las obras, siguiendo las lindes marcadas por unas estaquillas naranjas. Por lo que he leído de la legislación y el P.O.R.N. del Parque, estas obras deberían haber pasado un proceso de información y de Autorización Ambiental que no creo haya tenido lugar.

El espectacular, grande y cercano a la extinción Allium nigrum, recién enterrado en Valdemingómez, como ocurrió Lepidium cardamines y con las amarillas Achillea ageratum hace años, aunque todavía quedan:

Esta es el testimonio de lo que está ocurriendo ahora. Nunca el ayuntamiento o la comunidad madrileña han sido tan consideradamente verdes, incluso están por la resiliencia, la lucha contra el cambio climático, los residuos cero, la economía circular y la biblia en verso. ¡¡Cómo podemos ser tan tontos!!, nos la cuelan por todos los lados posibles y luego nos hablan de lo malo que es el hombre con la naturaleza, de la desaparición del lago Chad o de los incendios del Amazonas y quedan como los más ecológicos, como si hicieran algo al respecto. Saben que somos incapaces de denunciar lo que pasa al otro lado de nuestra ventana, pues ni siquiera miramos por ella, ahora tenemos internet y podemos denunciar lo que pasa en Borneo a golpe de click. Como canta ToteKing "somos carne picá".

Peculiares pastizales de Valdemingómez sin machacar

      Pero vamos a Valdemingómez que me pierdo, como ya apunté en mi anterior entrada sobre el colindante Los Berrocales a oriente de Valdemingómez, se trata de un territorio muy peculiar, del área de contacto entre dos grandes unidades morfo-estructurales ibéricas. Por un lado, el final de la peana sedimentaria de la sierra y por otro, la llamada cuenca de Madrid (que también ocupa gran parte de Castilla la Mancha). Con una peculiar litología, fruto de este mestizo contexto geológico que conjuga arcillas, sílex, arenas, dolomías o yesos como se puede apreciar fácil y visualmente observando los taludes de la autopista M-50, con sus cambios de tonalidades verdosas a blancas o rosáceas, con sus caprichosos estratos dibujando curvas e incluso bucles o burbujas.

Zona de los cortados del Manzanares a la altura de Salmedina. Abajo la presencia de Frankenia thymifolia, denota la presencia unos suelos yesosos y algo salinos

      Geomorfológicamente lo más llamativo quizás sean los cortados yesíferos del Manzanares, en contraste con la plana  vega por la que divaga el río, pero las peculiares litologías presentes, la gran cantidad de sílex o puntos señeros, como el promontorio conocido como la Atalayuela de Vallecas, actualmente en la UVI por su casi total y cívico “ajardinamiento” o la presencia de asomos salinos, casi justificarían una protección de carácter geológico de esta zona. Esto es lo que deberíamos haber hecho con la Atalayuela, incluirla en el Inventario de Lugares de Interés Geológico, pero ya hablaré de eso en otra entrada dedicada a La Gavia y Valdecarros, las grandes vaguadas y lomas de cultivos y pastizales naturales que van, entre la M-40 y la M-50, del Manzanares a la carretera de Valencia.

Lomas entre Valdemingómez y Valdecarros cubiertas del gran Astragalus alopecuroides

      Estos terrenos de Valdecarros y Valdemingómez poseen una atípica vegetación poco estudiada por los botánicos madrileños recientes que siempre han tendido hacia la montaña, pero bien valorada por los antiguos botánicos que hicieron de localidades como Delicias, Vallecas, Vicálvaro, Cerro Negro, Rivas o Montarco, verdaderas localidades clásicas, con la descripción de nuevas especies y sus excursiones de campo desde la Universidad Central. Incluso el trazado de la Cañada Real Galiana prefirió estos terrenos por sus excelentes pastizales que también tenían el aprovechamiento ganadero de las “dehesas carniceras”, donde pacían los ganados que luego serían sacrificados en Legazpi para alimentar Madrid.

Juncales y pastizales con el cerro de Los Ángeles de fondo

Hoy hasta la topografía ha cambiado, elevándose ahora más de treinta metros que antaño, con grandes montañas artificiales, pero desde luego casi siempre hacia peor. Digo “casi”, porque se da la paradoja de que buena parte de la mejor y más característica flora madrileña ha quedado ahí, pinzada entre dos mundos, entre dos momentos, el de la explotación agrícola y el de la especulación urbanística u otro cambio de uso. En esos lugares es donde ahora vuelve a regenerarse por dispersión o por germinar del banco de semillas del suelo, la verdadera vegetación propia de estos lugares, al principio con mucha especie banal o nitrófila, pero  redefiniéndose con el paso de los años, aunque no parece que vayan a ser muchos al ritmo que vamos.

Pastizal con los blancos candelabros de la Salvia argentea

      La agricultura que alguna vez las cobijó, se volvió agresiva y herbicida, la multiplicación del laboreo, las químicas fumigaciones y la fertilización, la vegetación natural que con los siglos se adaptó al laboreo, la llamada vegetación arvense, entró en rápido declive y muchas especies, pasaron de ser denostadas “malas hierbas” a plantas en peligro real de desaparición. Por otro lado la vegetación que resurge, aprovecha este limbo temporal, en espera de los usos futuros que se den a esos terrenos: polígonos industriales, vertederos, barrios o paradójicamente, “zonas verdes”.


En zonas como esta se cobija a la vegetación más castiza, la más genuina, la vegetación de las arcillas del sur madrileño. Un sur que empezaba ya en Delicias y que pudo ocupar el 60% de lo que es la actual metrópoli urbana madrileña, prolongándose por el sur a La Sagra toledanas. Una vegetación básicamente arvense, con poco bosque, sí, pero mucho más rica y diversa que, por ejemplo, el reconocido y extenso monte de El Pardo al norte de Madrid. 

Esta estaquilla no anuncia nada bueno para la vegetación. Esquema situación a primeros de junio:


      Se trata de pastizales graminoides (Aegilops, Bromus, Dactylis, Melica, Stipa, etc.) con plantas vivaces como Astragalus alopecuroides, Echium vulgare/creticus/asperrimum, Eryngium campestre, Haplophyllum linifolium, Klasea flavescens, Linum collinum, Ononis spinosa, Phlomis herba-venti, Salvia argéntea, Scorzonera graminifolia, y la abundancia de llamativas especies anuales como, Crepis alpina, Echinops strigosus, Linaria caesia, Lomelosia simplex,  Ononis biflora, Silene muscipula …mezclándose con algunas retamas, esparragueras y vegetación más banal (cardos, Cardaria, Echium, Sonchus, etc.) y especies neófitas o/e invasoras como Baccharis halimifolia, Dittrichia viscosa, Solanum eleagnifolium, Wedelia glauca, etc.


      Lamentablemente en estas arcillas aparecen demasiadas especies en peligro de extinción, alguna ya extinguida (Hohenackeria polyodon), otras en peligro crítico (Allium nigrum, Astragalus scorpioides, Convolvulus humilis, Cynara tournefortii -el famoso cardo de Coslada-, Gladiolus italicus u Onosma tricerosperma) y bastantes extremadamente escasas en Madrid (Chamaeiris reichenbachiana, Convolvulus meonanthus, Geropongon hybridum, Himantoglossum hircinum, Lepidium cardamines, Microcnemum coralloides, Scolymus maculatus, Teucrium spinosum, junto a otras poco comunes como Achillea ageratum, A. odorata, Cirsium echinatum, Echinops strigosus, Fumana procumbens, Haplophyllum linifolium, Klasea flavescens o Lavatera triloba. De todas ellas, ninguna, salvo la ya extinguida, figuran en el más que obsoleto Catálogo Regional de Especies Amenazadas.

El raro lirio Chamaeiris reichenbachiana aquí llega a ser abundante

      Todas estas especies son características de las arcillas madrileñas y están, aparecen cerca o han estado hasta hace poco, en estos terrenos de Valdemingómez, y que yo sepa en la actualidad, todas las últimas mencionadas sí lo hacen, amén de contar con una de las mejores poblaciones españolas del lirio Chamaeiris reichenbachiana, antes Iris spuria que junto a Achillea ageratum y gran cantidad de Cirsium pyrenaicum y C. vulgare, se enseñorean de los juncales de la vaguada que baja hacia el Manzanares. Para colmo, este año encontré una población del rarísimo Sedum aetnense, una especie en peligro a nivel nacional que en Madrid, donde hasta ahora solo se conoce de Aranjuez, se ha catalogado como una subespecie exclusiva, un micro-endemismo propio del Parque Regional del Sureste. El estaquillado de las obras llega hasta el borde la población de esta especie que según su descubridor y la U.I.C.N… debería entrar en el catálogo con la categoría CR (en peligro crítico).

El rarísimo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, algo pasado ya, al borde del abismo

      Este Catálogo de Especies en Peligro data de 1992, siendo el más antiguo de todas las CCAA españolas. ¿En qué ha estado trabajado esa gente estos últimos 28 años? La manifiesta desaparición de las áreas naturales madrileñas, las repoblaciones que destrozan montes en buena regeneración, trabajos con maquinaria pesada al borde del Hayedo de Montejo, las canteras corroyendo las calizas del sureste y un exasperante largo etcétera, hacen que no consiga justificar mínimamente, los presupuestos de la Consejería de Medio Ambiente de la CAM o los del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, siendo unas de las administraciones con mayores ingresos y más necesitadas de un medio ambiente saludable en razón a su demografía y concentración urbanística.

Ortoimagen Valdemingómez-Salmedina y plano del Parque actual
Mapa antiguo mostrando el antiguo canal navegable del Manzanares

      Conozco bien esta zona al sur de la M-50 y cercana a la Cañada Real Galiana. Soy de los pocos que se atreve con la bici por estos pagos, aunque con la escalonada salida del confinamiento, no paro de ver ciclistas y corredores alucinando con el maravilloso campo que acaban de descubrir a la puerta de sus casas. Un poco tarde, pero la gente lo está valorando de verdad, incluso, según me comentó un agente medioambiental, están aumentando las denuncias. Por favor, que puedan y podamos seguir disfrutando esto mucho tiempo. Ya sé que ahora que se achicharra pierde bastante encanto, pero todo el resto del año puede competir dignamente (en primavera la supera) con la más reconocida naturaleza de la sierra de Guadarrama. Y todo esto sin contar con la avifauna, pues las concentraciones en Valdemingómez de cigüeñas, milanos, garcillas o gaviotas, pueden ser de las mayores peninsulares.

Curioso grupo de milanos al borde de las obras

      Hace poco un trabajador de la zona me comentó que todos estos terrenos se estaban removiendo para ajardinarlos, para el Bosque Metropolitano. Casi se me revuelven las tripas al pensar que estamos destruyendo la naturaleza para hacer una artificial y mala imitación de la misma. Aquella gran idea de ecologistas y asociaciones vecinales de crear una “Casa de Campo” del sureste madrileño, de hacerse con grandes zonas verdes naturales, al modo de la actual Casa de Campo, para contrarrestar el hacinamiento y horroroso urbanismo de todos esos barrios semi-dormitorio del sureste de Madrid, está más que justificada, (véase Villa de Vallecas, Santa Eugenia, Moratalaz, Vicálvaro y los nuevos del Ensanche de Vallecas, Rivas y/o los próximos grandes desarrollos urbanísticos). El sur y sureste de Madrid pide a gritos una gran zona verde que esponje tanta concentración urbana, humana y de infraestructuras.

Una semana antes todo lo del primer término, era rojo de Pistorinia hispanica, ¿Quién trataría de ajardinar lo que es el mejor y más adaptado jardín de la propia naturaleza?

      Pienso que la idea de esa necesidad de áreas de esparcimiento o áreas pulmón, en esta desfavorecida región madrileña, es de lógica total, a pesar de la clara tendencia institucional, de regalar el territorio a las constructoras, para que nos saquen de la permanente “crisis” que ellas mismas han contribuido a crear, alimentando además la idea de que si los pisos son caros, no es por ellos, sino por la escasez de suelo disponible y de las numerosas trabas administrativas y legales (nada menos que la Ley del Suelo que ya se ha ido modificando oportuna y discretamente para adaptarla a esos espurios intereses, o la legislación Medio Ambiental, por no hablar de la Arqueológica, entre otras).

Excavaciones arqueológicas realizadas tras la destrucción de hace cuatro años

     Lo que claramente no saben ellos es que estos territorios del sureste, ese espacio natural, incluso contando con toda su desidia y abandono, es una maravilla a las puertas de Madrid. Su concepto de naturaleza madrileña es la de un secarral, una rastrojera, pero una rastrojera que siempre valdrá mucho más que el mejor de los parques que puedan otorgarle magnánimamente al pueblo de Madrid. Por favor, incluyan todos estos espacios aún salvajes (Valdecarros, La Gavia, Valdemingómez, etc.), pero realmente protegidos, al socaire de un ampliado Parque Regional del Sureste de Madrid, pero que sea protector y efectivo de verdad.

Lamentable estado actual de los hasta hace poco magníficos pastizales de Valdemingómez y  la Cañada Real
Últimos rincones ocupados ilegalmente de la Cañada Real, prácticamente enterrados

       Esta no es sino otra de las múltiples agresiones que estamos sufriendo en el maltratado sureste de Madrid: fragmentación del territorio por las grandes infraestructuras (M-40-45-50, AVE, R-3), alta densidad tendidos alta tensión, permanente estado de abandono institucional, incendios veraniegos diarios, chabolismo, laguna tóxica de Arganda, y un largo etc. Pero sin duda el peor de todos es  la desorbitada especulación urbanística y ahora en contrapartida, pretenden regalarnos con el posible ajardinamiento de la joya histórico/arqueológica/botánica del Cerro de Almodóvar que pretenden les votemos en Madrid Decide, no como ya hicieron, sin consultar, con el ya perpetrado ajardinamiento de la Atalayuela de Vallecas.


        El inmediato sureste madrileño está, a pesar de los destrozos que acabo de mencionar, lleno de tesoros sin valorar: el Parque Lineal del Manzanares, una maravilla de fresco recorrido entre bosques de ribera y cortados, con ganadería de toros bravos en sus grandes pastos; los vastos pastizales vallecanos de Valdecarros; una arqueología prehistórica, moderna y contemporánea, como el Canal Navegable del Manzanares o la red de trincheras y puestos de mando de la Batalla del Jarama; las vistas desde el Cerro de Almodóvar; el Soto de las Juntas y laguna del Campillo en Rivas; los montes de Casa Eulogio y la Marañosa; la presa del Rey y un largo etcétera a pocos minutos del centro de Madrid. Animo a conocerlo. No nos podemos permitir el lujo de no aprovecharlo o tolerar su desaparición, es casi una necesidad fisiológica, el tener cerca el aire y la amplitud de espacios naturales bien conservados cerca de nuestras casas.

Más info:


- Se confirma el sinsentido: Este desastre es para ir creando el Bosque Metropolitano madrileño. El "señuelo verde" para intentar vender otra moto urbanística.
- Aprovechando el pandémico aislamiento, han arrasado, casi con su gente dentro, todo el tramo final de la cañada. Allí vivían los más pobres de los pobres, un drama brutal, sin paliativos ni indemnizaciones. La prensa a por uvas.
- El supuesto Allium nigrum ha resultado ser una especie nueva para la península, se trata de Allium cyrilli.

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