jueves, 31 de julio de 2025

Las Arenas de Doñana

 


       Hablar de las arenas de Doñana es hablar de prácticamente todo Doñana, con la importante salvedad de los arcillosos terrenos marismeños y fluviales. La arena empieza en la misma orilla del océano, del que de Doñana se dice que tiene dos, el océano Atlántico y el océano de pinos que se extiende hasta donde alcanza la vista, precisamente sobre esas arenas y que dan fama a los piñones de Huelva.


Pinar con subvuelo de "monte blanco" con jaguarzo blanco en primer términoPinar aclarado por fuego, con monte blanco y la escoba Cytisus grandiflorus subsp. cabezudoi
Una de las endémicas armerias de Doñana, Armeria velutina
La tan llamativa como abundante Malcolmia littorea

       Las arenas comienzan marinas, pero al poco tienen que remontar otras arenas petrificadas, de tiempos anteriores y del mismo origen marino. Estas arenas petrificadas, solo lo están ligeramente, pues fácilmente se erosionan, para volver a ser arena suelta y continuar su viaje al interior del continente, hasta llegar al Condado onuvense o el Aljarafe sevillano, ya primeras, aunque lejanas, estribaciones de Sierra Morena. Estas dunas fosilizadas están presentes en las dos terceras partes del litoral más occidental entre Matalascañas y Huelva, por la parte más cercana a la desembocadura del Guadalquivir, son todo dunas, no solo del holoceno, nuestro tiempo geológico, sino que prácticamente son de tiempos históricos, es decir a partir de los Ibero-romanos.

Acantilados de dunas fósiles, erosionándose rápidamente. Abajo la típica sabulícola Malcolmia

     Entonces casi todo Doñana era un gran estuario que llegaba hasta Sevilla, con gran cantidad de islas, como lo fue Cádiz, lugares todos estos donde tuvo lugar la tan especial como desconocida cultura de Tartessos. A partir de la alta transformación que hicieron los romanos del interior de la Bética, la erosión fue rellenando paulatinamente ese gran estuario, hasta dejarlo como lo conocemos actualmente.

La otra cara de Doñana, la de las arcillas que retienen marismas como esta de La Rocina
Las arenas comienzan aquí y recorren varias decenas de kilómetros al interior

       Todo es arena, no hay ninguna piedra, y si la hay, la han traído de fuera o es más que probable que pueda tratarse de un hallazgo arqueológico. En Doñana todo es arena o barro, es decir arcilla, como ocurre en toda la gran zona aluvial de Las Marismas, en ellas las arcillas se han ido depositando en el fondo creando una buena capa impermeable, que aunque se seque y resquebraje en la estación calurosa, no deja permear el agua, por lo que en cuanto el río se desborda, como tiene o tenía por costumbre, o llueve en buena cantidad, el agua se acumula, formando una enorme lámina de agua más o menos profunda, en función de la inundación, auténtico paraíso ornitológico, congregando a millones de aves nórdicas en los tiempos en que sus lugares de anidamiento quedan bajo un espeso manto de nieve y origen de la protección internacional de Doñana.

Solo en un medio tan extremo con las arenas casi marinas, puede vivir Scirpus capitatus
Cakile maritima o Crucianella maritima, abajo

       Las arenas son un medio físico muy falto de vida, el agua se escurre entre sus poros hasta el interior de la tierra, apenas retiene materia orgánica y extrema las temperaturas haciendo muy difícil la vida a la vegetación, por eso, solo la verdaderamente adaptada a esta dura realidad es la que puede prosperar aquí. Comienza la vida en las crudas arenas con esta rala vegetación especializada, la vegetación sabulícola o psammófila, y a partir de allí y dependiendo mucho del régimen de lluvias y de cómo vengan los años, puede ir entrando otro tipo de vegetación menos especializada  aprovechando que, gracias a esa pionera vegetación inicial, las condiciones de vida se van suavizando, ya hay más materia orgánica, se puede retener más humedad y empieza a haber más oportunidades para la vida. 

Barrón y crucianela marina
La llamativa Armeria pungens cabalgando las dunas costeras
Más blanco, Halichrysum picardii, rojo Vulpia alopecurus, barrón, armerias, etc.

       Esas especies pioneras pueden comenzar en la misma orilla de la playa y entonces, tienen que adaptarse a todo lo dicho antes, al duro viento marino cargado de arena y, también a otro ambiente extremo, como pueda ser el salino. Prosperan aquí pocas especies, como la típica gramínea estabilizante de las arenas, el barrón Ammophila arenariaArmeria pungens, Artemisia campestris subsp. maritima, y otras especies como Cakile maritima,  Eryngium maritimum, Euphorbia paralias, Salsola kali, Silene littorea, S. ramosissima,   la camarina Corema album, la siempreviva Helichrysum serotinum subsp. picardii, Hypecoum littorale, la especial zanahoria Daucus arcanus, Linaria pedunculata, L. tursica, la compuesta endémica Heteranthemis viscidehirta, Vulpia fontquerana, Pancratium maritimum, Chamaesyce peplis y un ya corto etcétera.

El barrón es el auténtico especialista en fijar las arenas más móviles
Barrón y Armeria pungens
Sistema radicular  extra-largo de la armeria al aire por descalzamiento, como abajo

       Entran a partir de aquí hacia el interior, ya perdida la influencia de la maresía y aunque el sustrato sigua siendo móvil,  cuando van apareciendo especies sabulícolas menos estrictas y de mayor porte, en muchos casos ya arbustivas, como pueda ser el famoso “monte blanco” de Doñana, un grisáceo matorral adaptado a una insolación atroz para recortar el consumo de agua, con especies como el jaguarzo blanco (Halimium halimifolium), endemismos propios de esta región, como pueda ser la subespecie de mejorana (Thymus mastichina subsp. donyanae), el gordolobo Verbascum masguindali, el cardo Onopordum hinojense o el codeso (Adenocarpus gibbsianus), el tomillo (Thymus albicans) y una buena variedad de armerias que llegan a hibridar entre ellas, como Armeria gaditana, A. hispalensis, A. hirta, A. hispalensis o A. velutina y la abundante jarilla de las arenas (Halimium calycinum), el endemismo Ononis baetica var. donanensis, etc.

Monte blanco, con jaguarzos, romero, armerias, etc.
Flores del jaguarzo blanco, Hallimium halimifolium
Otro jaguarzo, Halimium calycinum con la aliaga Genista ancistrocarpa

       Una vegetación rala, pero que puede variar desde los portes más ínfimos, como las jarillas anuales Tuberaria brevipes, T. conmutata o T. echioides, Maresia nana, Arenaria algarviensis o las abundantes gramíneas Lagurus ovatus y Vulpia (Festuca) alopecurus, a los de gran porte, como puedan ser arbolillos especialistas de las arenas como un enebro (Juniperus oxycedrus subsp. macrocarpa) y una sabina (Juniperus phoenicea subsp. turbinata), subespecies idealmente adaptadas a “cabalgar” sin perecer, los trenes de dunas que, como una ola, van viajando en el espacio y en el tiempo, (con una abrupta subida del nivel del terreno y una algo más suave descenso) y hacia el interior. 

Las sabinillas acopladas a las lomas o remontando una duna, como abajo

La abundante gramínea Vulpia alopecurus


       Las dunas en su avance van cerrando determinadas zonas, a veces avanza más rápido la última línea de dunas que su precedente, entonces tiende a cerrar una zona, bien un alargado pasillo o dejando navas o superficies redondeadas rodeadas de altas dunas, son los famosos “corrales”, muy a menudo ocupados por un pinar, que primero se aprovecha de la protección que ofrece este cerco, para posteriormente morir enterrados bajo la arena en su avance.

Corrales redileando pinares entre cordones dunares


       De estos trenes de dunas, hacia el interior, ya aparecen bastos terrenos arenosos, pero ya sin esas lomas, en una llanura de manto arenoso con apenas variaciones del terreno, si acaso pequeñas navas de áreas lagunares, hoy tristemente desaparecidas o secas. Es aquí en estos terrenos llanos, aunque también lo hacen en menor proporción en las dunas ya casi fijas, multitud de otras especies sabulícolas, algunas endémicas de esta región Onuvo-Algarviense, especies como el codeso Adenocarpus gibbsianus, Allium pruinatum, Anchusa calcarea, Arenaria algarbiensis, la escoba Cytisus grandiflorus subsp. cabezudoi, Euphorbia boetica, la aulaga Genista ancistrocarpa, Iberis ciliata subsp. welwitschii, la omnipresente Loeflingia baetica, Mercurialis elliptica, o las gramíneas endémicas de estas arenas Gaudinia hispanica, Anisantha macranthera, junto con la gran Celtica gigantea subsp. donyanae.

La pequeña pero bellísima Arenaria algarviense
La pinchudita Loeflingia baetica
El Iberis ciliata subsp. welwitschii entre las hojas blancuzcas del jaguarzo amarillo

       En los escasos cursos de agua de esta zona arenosa, la vida se desborda, con alisedas o alcornoques cuajados de cortinas o lianas de zarzaparrilla Smilax aspera, apareciendo numerosos helechos de pescaderos Pteridium aquilinum, el helecho real Osmunda regalis e incluso el menos común Thelypteris palustris, con arbustos como el endémico arranclán andaluz Frangula alnus subsp. baetica o es rusco sureño Ruscus hypophyllum y toda una flora más atlántica y húmeda que queda en las antípodas de las inmediatas y duras arenas.

El rusco sureño y alcornoque acortinado con zarzaparrillas
Húmeda sombra poblada de helechos como el helecho real, bajo un arranclán bético

       En los acantilados arenosos del litoral aparecen también algunas especies de interés, como pueda ser el endémico llantén de Huelva Plantago macrorrhiza o la gramínea compacta y de buen tamaño Imperata cylindrica que medra en los numerosos pequeños nacederos en esos cortados siguiendo el hilo de agua hasta que ésta desaparece en la arena.

Manta húmeda de la espesa formación graminoide de Imperata cylindrica
En las paredes de compactada arena fósil, el verde del llantén de Hueva. Abajo en la misma playa

       Este año Doñana estaba que se salía, los mismos guardas del parque estaban alucinados de ver tanta agua, tanta que muchas especies han retrasado sus ciclos por no tener acceso a la comida, como ha pasado con los flamencos. Nubes de todo tipo de aves se movían a lo largo y ancho del parque. Pero este no ha sido el caso de estos arenales que aquí describo vegetalmente. El agua brillaba en sus numerosas lagunas temporales, y si este año, con todo lo que ha caído por aquí, no ha llegado a aflorar el nivel freático que da vida a esas lagunas, ya nos podemos ir despidiendo. La agricultura se ha bebido un agua que antes era del monte, esa es la realidad y la imagen contrapuesta de vallas delimitando todo un Parque Nacional o Natural y al otro lado de la valla invernaderos legales.

El agua cubriendo más de lo usual con las vacas marismeñas


       Un territorio demasiado amplio para permanecer ajeno a la monetización de todo aquello que se pueda monetizar, rentabilizar o poner en producción, ya sea agraria o turística. Matalascañas fue un hachazo urbanístico en medio del paraíso del Coto, y la agricultura legal e ilegal con sus continuas extracciones de agua de un acuífero que nadie ha querido controlar, ha sido el otro gran hachazo. No sé cómo quedará todo con ese acuerdo millonario que pretende controlar la agricultura a base de talonario, no sé realmente si compensa. No sé si esta solución, adoptada in extremis ante las amenazas de millonarias multas europeas y la vergüenza de un deterioro inexcusable, sería exportable a regiones con ese mismo problema desde mucho más antiguo, como es el caso del agua de la llanura manchega y la agonía de las Tablas de Daimiel, o de los pequeños pero ricos complejos lagunares de la llanura del Duero.



       El caso es que ha sido muy triste ver la cantidad de observatorios de aves acuáticas, con vistas en lugar de a una laguna, a un pequeño pinar en ciernes, pues hace tanto tiempo que no tienen agua que la vegetación sabulícola o los mismos pinos, ahora crecen en su interior y ya van cogiendo dimensiones importantes.

Esta imagen está tomada en lo que debería ser un fondo de laguna sobre arenas
Arenas húmedas con Imperata cylindrica y con Rumex roseus al borde de la playa

       Doñana es una joya natural que no nos podemos permitir el lujo de dilapidar, un tesoro de todos los españoles donde no tienen porqué, unos pocos de ellos, cambiar su destino por intereses económicos personales. Aunque su símbolo más llamativo sea el lince, para mí no cabe duda de que su símbolo es esta arena de la que hablo, dudo que en España haya una región arenosa tan grande como esta que abarca desde la frontera portuguesa hasta Sanlúcar. Dudo que los interiores arenales del Duero lleguen a tener esa dimensión e impronta en el paisaje, aunque su Tierra de Pinares, se parezca al mar de pinos de esta sureña región.



viernes, 20 de junio de 2025

La vegetación de las arcillas del Campo de Montiel


      Esta entrada pretende indagar en la vegetación del Campo de Montiel, entrada parecida a otra que realicé hace ya algunos años, pero esta vez se trata de dilucidar o de describir un tipo de vegetación muy especial que solo aparece en los pocos lugares en que los suelos están dominados por las arcillas, unas arcillas expandibles en húmedo, pero que se contraen fuertemente en seco, sometiendo a las plantas que viven en su seno, a unos procesos físicos difíciles de tolerar, a no ser que sea una vegetación verdaderamente adaptada a estos vaivenes volumétricos que producen las arcillas. Aclarar que no se trata de un sustrato poco común, sino que es un sustrato que en el 99% de los casos, se encuentra cultivado debido a su fertilidad y por localizarse en las áreas bajas y llanas del relieve.

Al fondo, con las mejores vistas del Campo de Montiel, Almedina

      A grandes rasgos el relieve del Campo de Montiel viene condicionado por su litología, definida por la estructuración geológica en capas horizontales de diferentes materiales secundarios, tendidos sucesivamente sobre antiguos materiales paleozoicos que asoman puntualmente entre éstos o ya en todo el borde sur y suroeste del Campo de Montiel, ya en los dominios de Sierra Morena. Aquí son dominantes los estratos blandos de arcillas e incluso algo de yesos del Keuper que por encima tienen materiales calizos mesozoicos correspondientes a una introgresión marina del antiguo mar de Tethys desde el este peninsular, aunque asea más apreciable la sedimentación de tipo continental. Aparecen breves estratos de areniscas rojas, llamadas por aquí "piedra moliz", por su uso para afilar el metal. Esos niveles de calizas jurásicas forman la cobertera superior y dan los niveles de las parameras más altas, entre los 900 y los 1100m, aunque esas alturas se alcanzan más en Albacete que en Ciudad Real, no entendiendo este Campo de Montiel de fronteras políticas ni administrativas, a Dios gracias.

Campos de Montiel desde lo alto de un "pizorro"

      La explicación más simple del relieve dominante en el Campo de Montiel, aunque sean mayoritarios las grandes parameras rocosas tipo paramera o los amplios campos de cultivo en materiales arcillosos, es el de mesas y altas llanuras sobre materiales duros que descienden en cuestas rojizas con grandes bloques caídos y desparramados por esas laderas, hacia las áreas bajas y arcillosas, salpicadas espacialmente por algunas piramidales elevaciones, localmente denominadas "pizorros", de cuarcita o "pizorra", que dan a estos paisajes montieleños, una personalidad única y característica.





      Comienzo el camino observando a su vera y en los bordes de los cultivos más cercanos, una buena cantidad de grandes y amarillos Tragopogon dubium y otras plantas de los sembrados no menos llamativas, como los recién floridos Ornithogalum narbonense o la roja colleja de las arcillas Silene muscipula; en las cunetas y áreas encharcables temporalmente, aparece el blanquecino Hypericum tomentosum, mucho Erodium ciconium y el llamativo y blanco Iberis pectinata. Empiezo a ver, claramente, que como en toda buena zona argílica, abunda la cañaheja Thapsia dissecta, especie no reconocida por Flora Ibérica que la lleva a Thapsia villosa, pero para mí, una especie válida se mire por donde se mire. También aparece, pero poco corriente, Anchusa undulata. Ahora el tomillo Thymus zygis está en plena floración y es relativamente común la pequeña alcachofera Cynara humilis.

El amarillo Tragopogon flavum
La cañaheja Thapsia dissecta, no confundri con Thapsia villosa
El hipérico Hypecicum tomentosum e Iberis pectinata abajo

      Subo el monte hacia uno de los pizorros que me rodean, por las primeras heridas rojas de arcillas con poca vegetación al pie de la ladera y me doy de bruces con la primera Onosma tricerosperma, planta típica de estas rojas arcillas, con flores amarillas, pues se trata de la subespecie granatensis, con largos pelos blancos que parecen de cristal, una maravilla en plena floración, planta que volveré a ver en esta ruta un par de veces más.

La llamativa Onosma tricerosperma

       En lo alto del piramidal pizorro estoy metido de lleno en las cuarcitas, aparentemente blanco-verdosas, por su abundancia en líquenes de esa tonalidad, pero al ver estas cuarcitas rotas, veo que son de un color rojo vinoso. Aquí la vegetación es acidófila, aunque influenciada por las arcillas, cuya basicidad, es decir, sus carbonatos, pueden subir por capilaridad a niveles del terreno superiores. A pesar de esto, aquí aparecen especies que ya no volveré a ver fuera de este terreno, como el berceo Celtica gigantea, los gordolobos Verbascum rotundifolium o las clavelinas de roca Dianthus lusitanus, entre otras pocas más como la esparceta Onobrychis humilis, cuyo muy abundante congénere, ya en el tomillar de las arcillas, va a ser O. matritensis.

Cabeza de uno de los pizorros

       Veo las primeras orquídeas, Ophrys lutea, una Orchis papilionacea y la vegetación es de masas de Avena sterilis y los pradillos amarillentos de Stipa capense. Vuelvo a las zonas de arcillas rojas, primero lomos de arcillas muy erosionadas por la cuesta, para luego, aparecer en un extenso llano, grandes áreas arcillosas con poca cobertura, bastantes piedras en tramos de las arcillas y entreverándolas, áreas con retamar y buen herbazal, con canales intermedios de carácter torrencial, sin ninguna vegetación o sumamente escasa, también empiezo a ver buena cantidad de cardo yesquero Echinops strigosus.

Por desgracia es muy poco habitual encontrarse una llanura así, sin
cultivar
y la orquídea Orchis tenera

       Se ven bastantes alcachoferas, unas plantas muy propias de las arcillas expansivas, y aunque la mayoría son Cynara humilis, también se ven otras de hojas mayores, más verdes y aún sin alzar su blanco escapo floral, es la poco común en Castilla la Mancha, pero no tanto en el Campo de Montiel Cynara baetica. En las manchas rojas de arcilla sin apenas cobertura Diplotaxis muralis; también en áreas removidas Scrophularia canina, etc., y, muy llamativas.

Al centro la alcachofera Cynara humilis, más verdes y sin restos del año pasado C. baetica. Abajo, rodal amarillento de la gramínea Stipa capensis

        Una planta que disfruto por primera vez, con grandes flores amarillas es la Scorzonera hispanica, una planta más africana que ibérica o más bien, de la Iberia más africana. Un lujo visual en todo su apogeo, como me ha pasado con las Onosma tricerosperma, de la que vuelvo a poder disfrutar con más ejemplares aquí y allá.

La gran margarita Scorzonera hispanica

       A pesar de lo avanzado de la estación, todo está bastante retrasado, aunque sé que, por esta manchega zona oriental, no ha llovido tanto como hacia occidente, pero el tiempo se ha mantenido fresco, por no decir frío. Lo que en otras zonas he visto hace una semana florido, por aquí aún no ha empezado a florecer, y se echa de menos, porque hay muchas plantas a punto de explotar, como la Cleonia lusitanica, etc. Pero, aun así, la abundancia de margaritas amarillas (Asteriscus, Crepis, Taraxacum, Thrincia, Pallenis, Reichardia, Scorzonera, etc.) y de otras flores es brutal, no puedo poner ningún pero.

y abajo el cardillo azul Carduncellus cuatrecasasii

       Los claros arcillosos sin apenas vegetación, llaman poderosamente la atención con su colorido rojizo oscuro, están bordeados de matas redondeadas de tomillos Thymus zygis y de jarillas de Helianthemum asperum, con algunos pies de Centaurea solstitialis, de carlinas o de cardo corredor. También plantas de menor tamaño como geranios Erodium cicutarium, sanguisorbas, o anzuelos, Astragalus hamosus y escasas coronillas Hippocrepis commutata, escrofularias o serrátulas Klasea pinnatifida.

Lomos arcillosos con bloques calizos caídos de los estratos superiores



       Me voy acercando a las pendientes, al siguiente escalón geológico hacia los materiales duros superiores que son los que conforman los altos relieves de esta región. Subo hacia estratos calizos que van por encima de estos otros materiales más blandos del Keuper, o sea estas arcillas de colores rojizos, a veces con tonalidades gris-verdosas.

Arriba los duros estratos rocosos calizos
más abajo ya desparramándose sobre las arcillas

      Aquí la vegetación empieza a cambiar, la vegetación basófila, la de los terrenos calizos, empieza a entrometerse en la fiesta botánica de las arcillas. La pequeña Minuartia hamata entra en escena en las arcillas de entre las rocas, mantas blancas de la florida zamarrilla Teucrium pseudochamaepytis bordean lomos rojos de arcillas, también las algodonosas Bombycilaena discolor, etc.

La pequeña Minuartia hamata y abajo el manto blanco de las zamarrillas
Abajo los algodoncillos de la Bombycilaena discolor

       Voy ganando altura y me meto por un vallejo donde sorprendo una solitaria sabina, rodeada a sus pies por cientos de orquídeas abejeras amarillas Ophrys lutea, especie que, a partir de ahora, veré en masas pocas veces vistas, este año ha sido especialmente prolífico, como para recordarlo en el futuro. No solo ésta, veo varias abejeras cabeza de perdiz Ophrys scolopax y para rematar la faena, un grupo de la orquídea gigante, Himantoglossum hircinum. Debo caminar con cuidado para no pisar ninguna de todas estas valiosas especies, y andando con cuidado, descubro un rodalillo de una joyita de la vegetación de las arcillas, el Geropogon hybridum.

Sabina y retamas, arriba la plataforma caliza con almendros
Orquídea gigante y abajo, algo desenfocada, el poco común Geropogon hybridum


       Termino de subir a este escalón geológico que culmina en los estratos calizos, aquí hay un pequeño cambio en la vegetación, se hace más homogénea, tendiendo al encinar típico de esta región. Ahora ya, el tomillo salsero Thymus zygis da paso al tomillo común Thymus vulgaris que crece en masa.



       Estas tierras ya son mejores para los cultivos, empieza un paisaje en mosaico de monte, olivar y almendral abandonado, aunque por retazos, siguen apareciendo litologías arcillosas. Luego al bajar veré la debilidad de esto estratos arcillosos, fácilmente erosionables por las lluvias intensas, como veo con la reciente profundización de algunos de estos arroyos.

El peligro de la erosión y su consecuente desertización es un factor a considerar a la hora de procurar una buena cubierta vegetal de todo el territorio

 En algunos taludes o terrenos removidos por el arado, entra en masa la roja floración de Moricandia moricandioides junto con alguna otra especie propia de taludes arcillosos como la amapola bicolor (naranja y roja) Glaucium corniculatum. También veo una llamativa planta de esta región como es la blanca manzanilla Santolina pectinata que viene desde las sierras subbéticas.

Cambio de paisaje en las cimas, mosaico de cultivos
Moricandia moricandioides bajo el talud y sobre la gran roca caliz
la manzanilla Santolina pectinata

       Nuevamente bajo a las áreas más arcillosas, en estas laderas de umbría. La cobertura vegetal se multiplica y más este húmedo año, hay más encinas, majuelos y rosales. Laderas tapizadas de hierba y de flores, con la Onobrychis matritensis en masa, con rodales cuajados, como dije, de orquídeas abejeras. El más llamativo símbolo de la vegetación argílica de este Campo de Montiel, con Echium boissieri en las zonas bajas y húmedas, aunque este año apenas veo ningún ejemplar, todo lo que veo son restos del año pasado, parece que todo va muy retrasado o que este año no salen, el frío primaveral parece que interfiere el buen rumbo del crecimiento de estas llamativas plantas.

La esparceta Onobrychis matritensis de los tomillares de las arcillas. Abajo Papaver hybridum

       La vegetación de las arcillas ibéricas cuenta en este Campo de Montiel con una de sus mejores localizaciones, una vegetación poco o nada señalada por los botánicos que hasta hace poco no entendían esta clara correlación entre los suelos arcillosos y su colonización vegetal. Hasta aquí he señalado varias especies destacables de este tipo de vegetación, pero algunas especies son verdaderos emblemas del Campo de Montiel, ahora bajando, en las áreas bajas y más húmedas, encuentro la poco común viborera de las arcillas rojas, el alto y delgado Echium boissieri, antes llamado por su belleza Echium pomponium por lo rimbombante de su alta (hasta 2,5m.) vara florida, vegetación a la que podríamos añadir las poco comunes Cynara baetica, el cardillo azul Carduncellus cuatrecasasii o la Onosma tricerosperma subsp. granatense.

Espigas del Echium boissieri del año pasado y abajo profusión de abejeras amarillas

       Afortunadamente la vegetación argílica aparece en otras regiones cercanas, como en Alhambra, en la zona de los Gredales, donde a la influencia argílica se le une la de esos mismos estratos yesíferos del Keuper aunque ahora cargados de sales que dejan suelos con albardinales y eflorescencias salinas; también hay arcillas triásicas al norte de Alcázar de San Juan. Hay pequeños restos de vegetación de las arcillas en Santa Cruz de Mudela y ya, con más amplitud, en las áreas volcánicas del Campo de Calatrava.


       Todo un mundo por descubrir.


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