martes, 31 de octubre de 2023

Los efectos de la DANA de primeros de septiembre de 2023

 


       Fue un final de verano como los que yo recordaba de pequeño, se acababa el verano y las vacaciones, al mismo tiempo que empezaba la lluvia. Pero esta lluvia de hoy, estaba tremendamente avisada por el claro peligro potencial que entrañaba. Tanto que en Talavera, casi me echan mis padres, amedrentados noticiero tras noticiero, esa tarde de operación retorno, donde miles de personas como yo, volvían a Madrid, además, esa misma noche, yo debía continuar ruta hacia Toledo.

A la entrada del pueblo de Magán

Al principio llovía, luego llovía más y, finalmente en el tercio final del camino, es decir, en la carretera de Extremadura, entre Santa Cruz del Retamar y Navalcarnero, aquello era el diluvio. Los limpiaparabrisas no daban abasto, las cunetas se llenaban por momentos, los numerosos pequeños arroyos de la zona empezaban a correr y minutos después, corrían más aún; las vaguadas empezaban a contener lagunillas que, por momentos, también se veían crecer. Pensé que como esa lluvia durase un rato más, podría ser un desastre. Y duró poco, pero duró, y dos horas más tarde, ya de noche, volvió, con menos intensidad, pero volvió, y en mi viaje hacia Toledo, tuve que esquivar, entre tupidas cortinas de agua, balsas de agua que se colaban de los campos exteriores a la autovía. Me dijeron que en Magán cayeron 167 mm, en Toledo 100 y calculan que en algún punto se pasó de 200 mm. Los problemas fueron tremendos en casi todos los pueblos, pero lamentablemente destacaron Mocejón, Magán, Casarrubios del Monte, Chozas de Canales, Yuncler, Villamanta, etc.

Zonas de acción de la DANA, en rojo la supuesta zona cero

Afortunadamente no tuve problemas, la carretera de Extremadura, está dibujada prácticamente sobre la divisoria de aguas entre el Alberche y la cuenca del Tajo, o entre la de aquel y la del Guadarrama y no había cauces o arroyos problemáticos que cruzar. Mi hija esa noche, volviendo del valle del Tiétar a Madrid por la N-501, después de media hora de atasco, se dio media vuelta por donde había venido y lo retomó al día siguiente, por la de N-5, el puente del río Perales en la N-501 estaba cortado, por peligro de derrumbe. Esa noche se bloquearon cientos y cientos de coches que tuvieron que recular tiempo después por donde habían venido, buscando difíciles alternativas para llegar a Madrid a altas horas de la madrugada.

El agua a los dos días continuaba bajando del Cerro Magán e inundado el pueblo


Al día siguiente me enteré de que todos los puentes del bajo río Perales y los del Arroyo Grande, que desemboca en el anterior, poco antes de su confluencia con el Alberche en Aldea del Fresno, habían sucumbido a la fenomenal riada. Casi todos los puentes de la región, que comunican las numerosas urbanizaciones de esa zona, también habían caído. Yo pensaba que el desastre estaba por La Sagra toledana, pero este extremo occidental madrileño del Perales y el Arroyo Grande, también habían sido “zona cero”.

Junta del Perales y el Arroyo Grande. Abajo puente roto y trabajos de restauración
Área previa al puente y acumulaciones de árboles arrastrados por las aguas

A mi vuelta de Toledo, pasé, ya tarde, por el pueblo de Magán, cercano a la carretera de Toledo y, aún pasados dos días, casi no me lo podía creer y más habiéndolo visto tan seco días antes. El pueblo casi estaba rodeado por unas aguas que seguían bajando por los lineales caminos rurales desde el vecino Monte Magán. Todavía estaban sus habitantes en improvisados grupos de trabajo, quitando brozas y barros de las calles y puertas de los vecinos. Allí los tractoristas se afanaban, desinteresadamente, por limpiar caminos, limpiar zanjas, desatascar tapones de basuras en vaguadas o limpiando calles y caminos. Todos los campos de La Sagra, estaban cambiados, llenos de lagunillas, las vaguadas avenadas de arenas y surcos marcando las pendientes inferiores de todos los campos. Como decía un amigo de la zona, la escasa capa fértil de los suelos sagrenses, ha bajado por las lomas a los vallejos y se ha perdido por el Guadarrama y el Guatén.

Por esos andurriales estaban la rara jarilla Halimium calycinum

Tiempo después ya casi no me acordaba de esa DANA (depresión aislada en niveles altos) que parece ser el modelo recurrente de lluvias que se está imponiendo en estos últimos años, cuando investigando sobre la vegetación de las arenas, me di una vuelta por el Alberche cercano Talavera. No reconocía los lugares que tan bien conocía, estaban totalmente cambiados. Había acumulaciones enormes de arenas, de bloques, en otros sitios de broza y basuras, en otros surcos donde antes había suelo. Busqué las plantas que me señalaban los arenales fluviales (el botón azul o Jasione sessiliflora) y apenas las encontré, porque a pesar de su vivacidad, estaban tumbadas y sepultadas, también alguna floreciendo a contratiempo. La riada había llegado hasta aquí y eso que se trata de un brazo muy exterior del lecho del río, al borde de las huertas y plantaciones.

Plantas de los arenales fluviales (Jasione sessiliflora, Thymus mastichina y Andryala ragusina) sobrepasadas por la riada

No es el desastre sobre la flora, ha sido un desastre humano, cuatro personas han muerto, miles han tenido grandes problemas en sus casas, tierras, caminos, transportes, de todo. En el campo agrario, con las superficies sin nada que las proteja y con unos suelos, arcillosos en La Sagra y arenosos en el norte de Toledo y suroeste de Madrid que son fácilmente deleznables, la torrencial erosión concentrada, ha sido brutal. Supongo que se podría notar como han subido los niveles de los sedimentos del fondo de los pantanos en igual medida en que han bajado los de estas miles de hectáreas de tierras en cultivo, cosa que pude comprobar meses después en la cola del embalse de Azután, el primero del Tajo tras la desembocadura del Alberche. Allí aparecían nuevas islas fruto de esta enorme sedimentación que vaticinaba.

Tremenda carga de sedimentos en el embalse de Azután, véase que son nuevas, pues no tienen carrizos

      En mis recorridos he podido ver cómo era mucho menor la incidencia erosiva de los arroyos en terrenos de caza y monte, en áreas de cultivos abandonados o barbechos, que en los permanentemente arados. Lamentablemente hoy en día, el moderno barbecho, consiste no en dejar descansar la tierra, sino en pegarle otros arados para que no se metan las hierbas.

Arcillas  removidas en La Sagra toledana y enormes cantidades de arena removida en el Alberche

Estudiando esta vegetación de las arenas y lo que había pasado, me acerqué a Aldea del Fresno, una localidad que posee unas hermosas comunidades de la rara jarilla amarilla, muy abundante en Doñana Halimium calycinum, y que aquí posee su localidad ibérica más interior. Viendo los efectos de la DANA en el bajo Alberche, me temí que también hubiese hecho mucho daño en Aldea, pero no fue así, fue mucho peor. Esta población estaba muy cercana a la junta del Perales con el Arroyo Grande. A pesar de estar rodeados de laderas muy poblados de monte y matorral, el Arroyo Grande drena una vasta cuenca, justo donde cayó una parte del grueso de la DANA y eso ha tenido una repercusión brutal en estos cauces, como saben los miles de habitantes de estos pueblos y los cientos de trabajadores que siguen, a matacaballo, intentando reconstruir todos los puentes de la zona, que a dos meses del desastre, siguen sin recuperar.

El Arroyo Grande ha abierto un nuevo cauce, antes pasaba por allí al fondo (donde se pueden apreciar un par de coches arrastrados), ahora pasa por aquí delante

El puente sobre el Alberche que comunica con Villa del Prado, es todo un poema, le falta un tercio, el otro tercio muy deteriorado y el resto tumbado en un ángulo que podría terminar de caer en cualquier momento. En paralelo están construyendo un puente en unas durísimas condiciones, condiciones que podrían empeorar si se cumplen las previsiones de lluvias, que ya no son de DANAs, pero sí de borrasca atlántica. Se trata de noticias que ya no son noticia. 


     La realidad es esta, pero ya no es noticia y si lo fuese, sería en descrédito de las autoridades que son incapaces de asumir o reconocer que con la gente de esta región y con la naturaleza hay que entenderse, en lugar de imponerse por las bravas. Arreglaron apresurada y malamente el puente en M-501, pero estos otros puentes irán ya a otro ritmo. Hay miles de personas que, como yo, cuando fui a Aldea del Fresno tuve que hacer tres cambios de ruta por puente cortados y di una vuelta kilométrica.

Puentes destrozados, más al norte, ya reconstruido el de la M-501

Un paseo por los márgenes de cualquiera de estos cauces es impresionante, laderas caídas, cambios de trazado, acumulaciones descomunales de arenas, etc. En ocasiones como estas es cuando el río enseña a más de uno, los papeles de propiedad de las riberas. Cuántas vallas barridas por la corriente, cuántas casas desbaratadas, cuántos coches entre brozas y junqueras, cuántos árboles tumbados. Ésta vegetación es la que ha quitado fuerza a la corriente con su resistencia, con sus ramas, con sus zarzas entrelazadas, acumulando basuras, desviando y amortiguando fuerzas arroyadoras. 

Basuras y materiales retenidos en los vegetados bordes exteriores del cauce

    Si el cauce hubiera estado “limpio” como algunos reclaman, veríamos cuánto daño se hubiese producido aguas abajo, con la fuerza de las aguas sin desbravar si su violenta aceleración no hubiese encontrado ningún obstáculo a su paso. Si Escalona, aguas abajo, sufrió muchos daños, qué desastre no hubiese sido, si los márgenes de estos ríos hubiesen estado "limpios". Además esa ralentización del flujo consigue que parte del agua tenga más tiempo para filtrarse.

Alberche y pico Almenara al fondo
       

      Al igual que los árboles y la broza del río han ido capturando todo tipo de materiales y "sujetando la riada", a otra escala espacial se ha notado mucho en los terrenos agrícolas que estaban en barbecho, donde esas plantas nacidas tras la última cosecha, han sido capaces de retener, a pesar de su escasa talla, gran cantidad de suelo y finos que se llevaban las aguas, así mismo, quitándoles esa inicial arroyada. Esos campos en barbecho han conservado gran parte de su materia orgánica, protegiendo la fertilidad del suelo e incluso aumentándola. La diferencia entre los campos arados o los absurdos campos en barbecho blanco, es decir, sin cultivar pero arados, es enorme. En éstos últimos el agua y sus arrastres pueden haber asolado entre un 15-25% de la superficie en muchos casos, frente a los campos en barbecho, donde no se ha llegado al 10% del destrozo. Esto contado por la gente del campo, aunque solo basta con fijarse.

Campo en producción barrido por la riada. Abajo el arroyo Richuelo, tras destrozar el puente, va hacia el Guadarrama

     Ha desaparecido o ha cambiado mucho, una de las mejores playas de interior, aquella de la que presumía Aldea del Fresno. Ahora están aquí las máquinas trabajando a destajo, también su polideportivo, situado donde no debía, ha estado a punto de ser trasladado varios kilómetros río abajo. Villa del Prado ha quedado incomunicada por esta parte oriental puesto que no se puede cruzar el río hasta Escalona, que también sufrió el "barrido" de numerosas casas construidas en el lecho del río.

Altura brutal que alcanzó el Alberche señalada por las basuras en los árboles


     El Alberche fue enseñando sus escrituras, ahora actualizadas, por todas su vega. El Dominio Público Hidráulico ha sido menospreciado y usurpado en una buena cantidad de ríos ibéricos, en momentos como estos es cuando es más necesario que nunca actualizar el verdadero terreno natural de los cauces, con sus márgenes de prudencia ante las crecidas. A parte de prohibir su uso urbanístico, se debe recuperar este Dominio Público Hidráulico, liberándolo de construcciones, vallados u otros obstáculos. Normalmente se trata de los mejores terrenos naturales, llenos de vida salvaje y auténticas autovías de la biodiversidad entre las distintas áreas naturales españolas.

Brecha en la laguna y en el tramo y camino que lo separa del río, a pesar de todo, esta laguna sigue en su nivel y vertiendo al inmediato Jarama ?


      Pero también en el centro de Madrid pegó fuerte y eso que nuestro insigne alcalde se quejaba del fallo en la predicción de la Aemet que daba la posibilidad de que estas lluvias cayeran en la capital. Anuló algún evento y eso le hizo quejarse y, como siempre que el tiempo le fastidia algo, la culpa es de la Aemet. Si hubiese caído en Madrid capital lo que cayó en el área anteriormente citada, todavía estaríamos de luto y reconstruyendo. 
     Paseando por el Soto de las Juntas en Rivas, me encontré con que el Manzanares se había desbordado, había elevado el nivel de la laguna de los Veneno y una gran brecha la hizo desaguar al Jarama. Mucha agua llevó el Manzanares y espero que a ningún ingeniero se le ocurra volver a levantar los altos taludes que antes afeaban esta área de bosque ribereño de la Junta y que ahora se está renaturalizando en una buena campaña de la Comunidad de Madrid, y más si cabe, tras este empujón de la naturaleza.


sábado, 30 de septiembre de 2023

Ampliación del Parque Nacional de las Tablas y Ojos del Guadiana: La llanura de inundación de Alarcos

 

Llanura de inundación de Alarcos plena de agua y vida

Desde varias instancias científicas y desde la Asociación Ojos del Guadiana Vivos estamos luchando por una ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Dicha ampliación no es un mero maquillaje de la más que lamentable situación actual de este Parque Nacional, se trata de algo muy distinto. Se trata de cambiar el foco, dejar de estar centrados exclusivamente en unas cuantas hectáreas de lámina de agua y valorar y proteger de verdad tal y como se merece el propio ecosistema en el que este pequeño Parque Nacional se encuentra inserto. Se trata de salvar las llanuras de inundación manchegas, una figura de la geomorfología fluvial de gran envergadura que se encuentra desaparecida en la práctica totalidad del ámbito geográfico nacional, al menos respecto a lo que se supone es un ecosistema natural, pues entre la agricultura y el desarrollo urbano y económico, apenas han quedado resquicios de éstas en buen estado de conservación. Esto sí sería verdaderamente una celebración del 50 aniversario de la proclamación de este  ya veterano Parque Nacional.

Los últimos narcisos al final del invierno en la vega del Guadiana

Las Tablas de Daimiel nacieron heridas de muerte. En lo que se dragaban los principales ríos manchegos (Záncara, Gigüela y Guadiana). Se amputó administrativamente su jurisdicción natural, separándolas por una absurda línea política , al modo de excolonias africanas, de las Tablas de Villarrubia o río Gigüela para arriba o del río Guadiana para abajo; entonces ya quedó en segundo plano su razón de ser, su conexión con las aguas rebosantes del acuífero manchego en los Ojos del Guadiana. Aguas nacientes que solo sobrevivieron doce años a aquella declaración y en unos momentos de caótica expansión de un regadío al que nadie quiso poner límites, pues daba dinero a agricultores, bancos y cajas de ahorros, ferreterías y vendedores de maquinaria, poceros y comercializadores, dinero casi cayendo del cielo como un maná, pero con una desmesura tal que llevó a esquilmar ese enorme embalse subterráneo de la Mancha, como lo llamó un titular de ABC de 1973 y a acabar, de paso, con el 90% de las áreas naturales de las llanuras manchegas y, principalmente, en lo relativo a todas sus zonas húmedas.

Asomo volcánico cerca de Sancho Rey, Guadiana al fondo

Hoy, vistos los despropósitos de 50 años de gestión de este Parque consumiendo ingentes recursos económicos nacionales y europeos, para lograr finalmente unos resultados como los que la realidad actual nos ofrece, no cabe duda de que hay que cambiar de perspectiva e intentar hacer las cosas como se debieron hacer en su día. A pesar de todo, en el Parque se siguen haciendo obras e inversiones como si nada pasase, como si se estuviese gestionando de la mejor manera posible, aunque la situación es tan precaria que nadie se atreve a celebrar la efeméride de su fundación. Pero siguen adelante obras como el nuevo centro de visitantes, la ampliación de aparcamientos, etc., una vez dragada y “limpiada” gran parte de la superficie inundable del parque, que se ha llevado por delante, casi un metro de sedimentos.

Puente del Jabalón casi en su junta con el Guadiana
Puente de Alarcos y abajo el abandonado puente de los Rodeznos

No solo es por la salud del Parque, es realmente por proteger lo que queda, porque a pesar de todos los discursos oficiales y de lo verde que se ha vuelto la Política Agraria Común y nuestros políticos, siguen desapareciendo humedales y terrenos naturales inundables, como bien se ha denunciado reiteradamente desde esta ventana informática. Estamos hablando de áreas tan valiosas como aquellas que en su día motivaron la declaración del Parque Nacional que, obviamente, con esta ampliación, habría que cambiar su nombre para dejar de poner el foco en las Tablas de Daimiel, una mínima parte de su territorio, para ponerlo en toda esta magnífica y poco valorada arteria fluvial, con o sin agua. Por eso se propone el nombre más lógico y significativo de Parque Nacional de las Tablas y Ojos del Guadiana.

Ejemplo de desaparición de una laguna, la de Campo Redondo, bajo escombros. Al fondo Sedano donde estuvo la ciudad de Talba. Abajo restos del antiguo puente de Picón

Llevamos muchos años estudiando esta región e incluso en su día propusimos, ante la intención de las administraciones de incrementar la superficie del Parque, una ampliación justificada y cartografiada que presentamos a la administración; pero aquella ampliación de 2013, celebrando el 40 aniversario del Parque, se quedó en agua de borrajas, pues fue una mera suma de las fincas particulares colindantes que iban siendo adquiridas hasta esa fecha. Nosotros proponíamos, como ahora, asumir la totalidad del Dominio Público Hidráulico, hasta los Ojos del Guadiana, como opción prioritaria, aguas arriba por el Gigüela y, principalmente, aguas abajo del Guadiana hasta el castillo de Calatrava la Vieja y los Praos de Carrión, el pantano del Vicario y las fantásticas riberas siguientes, hasta donde la llanura de inundación del río se convierte en una vega entre terrenos cada vez más montuosos (Molino de Valbuena en Corral de Calatrava), tras recibir al río Jabalón.


Guadiana aguas abajo de Alarcos. Otra próxima entrega

Esto no es una carta a SSMM los Reyes Magos, desde este blog llevo años insistiendo en un futurible Parque Nacional del Guadiana para este río en la totalidad de la provincia de Ciudad Real, un vasto corredor ecológico desde el Pantano de Muleteros al este, hasta el ya extremeño embalse de Cíjara por el oeste. Valores no le faltan y aquí se han ido desgranando oportunamente, pero esta es la ocasión más necesaria y justificada, salvar de la agricultura y la especulación la llanura de inundación del Guadiana y lo que se pueda de las del Gigüela y Záncara. No solo pleno de valores naturales, incluso muchos fácilmente recuperables una vez devueltos a la naturaleza muchos terrenos invadidos ilegalmente de ese Dominio Público Hidráulico, que afecta a las aguas superficiales y subterráneas, y es “imprescriptible, inalienable e inembargable”. Así mismo, sería útil y necesario, adquirir propiedades colindantes bien conservadas para ampliar la protección a otros ecosistemas distintos al estrictamente fluvial, como laderas, dehesas, arenales, albardinales o encinares vecinos.

Llanura de inundación de Picón con su parte sur, a la derecha, usurpada por la finca de Sedano

El elenco de bienes culturales de interés en la vecindad del Guadiana es difícilmente igualable en un entorno natural bien conservado como este. Aquí entrarían los numerosos molinos que acrecentaban las tablas y superficies inundables del río, los antiguos puentes, como el del Malvecinos o el cantado puente de Alarcos que, obviamente, daba acceso, en lo alto de un cerro dominante, a Alarcos, una de las más antiguas ciudades españolas, hoy devenida en Parque Arqueológico.

Rosetón gótico de la ermita de Alarcos, tribuna inmejorable para ver la llanura de inundación de Alarcos

    La otra gran fortaleza de este territorio es el castillo y ciudad de Calatrava la Vieja, con media alma adelantada al Guadiana, con sus corachas que eran prolongaciones del castillo para garantizar el acceso de la fortaleza al agua del río que a su vez, junto con las aguas del Pellejero o Valdecañas, cercaban esta fortaleza con un amplio foso fluvial. Ermitas, como la gótica de Alarcos o la de la virgen de la Encarnación, yacimientos arqueológicos como la ciudad ibera de Talba, paleontológicos, como el yacimiento de las Higueruelas y así, un largo etcétera. 

Vista desde el Castillo de Calatrava la Vieja al norte
Castillo de Calatrava, abajo su inundable Valdecañas o Pellejero al sur del mismo

El apabullante elenco de valores naturales es tal que esta entrada se queda corta para mostrarlas, por eso en este capítulo, solamente me voy a centrar en la gran llanura de inundación de Alarcos, verdadera joya natural de la capital manchega de Ciudad Real que, a partir del embalse del Vicario, de gran valor ornitológico, recorre los numerosos meandros del Guadiana hasta el famoso puente del mismo nombre. 

Breve esquema de esta llanura de inundación

     Con un estrechamiento inicial del valle que da una vega tras la presa del Vicario, pasamos a una buena llanura de inundación al recibir en Santa María el arroyo del Raso en Picón, llanura muy usurpada en su orilla sur. Posteriormente un cordal cuarcítico vuelve a estrangular el río a la altura de Sedano, aquí en cuya orilla norte se encuentra la laguna de Campo Redondo, joya botánica en trance de desaparición por el vertido de escombros de la propiedad donde se encuentra.

Arriba el comienzo y abajo el corazón de la llanura de inundación de Alarcos

Finalmente, llegamos a la verdadera llanura de inundación de Alarcos, una vasta superficie de más de 5 km2, colmada de retales de meandros, funcionales o no y con una fuerte impronta ganadera. A esta llanura acuden al Guadiana multitud de arroyos como Fuenteguillén, Sancho Rey y el Benavente que a su vez tiene el arroyo de los Güedos, Fuente del Pez y Pradosenda. Todos estos arroyos y los que llegan al pantano del Vicario por el norte, tienen un buen estado de conservación y poseen unos valores botánicos dignos de protección, con especies en peligro de extinción o de distribución muy restringida en Castilla la Mancha. 

Explosión intempestiva de lirios de junquera
Presente en casi todos estos arroyos al norte, abajo detalle

No es un conjunto monótono, la presencia del río Guadiana, que verdaderamente se hace permanente a partir de la depuradora de Ciudad Real bajo Alarcos y que se podría decir sin equivocarse que es su actual y reciente lugar de nacimiento más constante en los últimos años. Contribuyen a esa variedad, la presencia de numerosas vallonadas procedentes bien de los relieves volcánicos del sur o de las serratas cuarcíticas, estribaciones de los Montes de Toledo, al norte, así como las plataformas calizas adosadas a estos montes ya en la vecindad del valle fluvial, creando un entorno muy variado desde cualquier punto de vista, geológico, geomorfológico, histórico-cultural o botánico.

Planitud de la mesa caliza cercana a Benavente. Al fondo volcán de Peñarroya

Aparecen singulares formaciones botánicas en estos vallejos, bien en lo higrófilo o en su ecotono con la vegetación de los encinares que aquí vienen a coincidir en sus dos vertientes, los manchegos de carácter basófilo y los silíceos del ambiente luso-extremadurense, aparte de las variadas formaciones de vegetación ribereña arbórea, donde lamentablemente tenemos que constatar la larga y paulatina desaparición de sus olmedas, como la impresionante olmeda de Sancho Rey, famosa por su colonia de cigüeñas y que hoy da sus últimos estertores, en un vallejo rodeado de geomorfologías volcánicas, como maares o cráteres eruptivos, como informan los numerosos paneles de la zona que próximamente será un Geoparque de la Unesco, figura que hermanaría perfectamente a un ampliado Parque Nacional de las Tablas y Ojos del Guadiana.

Relieve volcánico en primer término, llanura aluvial y serratas cuarcíticas al fondo
Laguna de la Posadilla ocupando un maar volcánico

En las épocas secas, esta llanura de inundación está llena de vida animal, a la que, aparte de las especies de los humedales, contribuye en buena medida el aprovechamiento ganadero de gran parte de ella, con ganadería de carne, de lidia, yegüadas y ovejas en régimen extensivo. Pero cuando ocurre una verdadera explosión de vida es en los cada vez más espaciados momentos, en los que corre de verdad el río Guadiana, ocurre poco, pero es impresionante y sus efectos suelen durar varios años seguidos. Entonces la vida animal aquí se convierte en un viviente documental de naturaleza, con cantidades ingentes de aves que se suman a las residentes. Incluso en la inmediata vecindad de esta llanura de inundación un otero, al norte del río, se denomina cerro de las Avutardas.

Junco florido (Butomus umbellatus) una de las joyas botánicas de este tramo del Guadiana
Las grandes semilla aladas de la poco común cañaheja Thapsia transtagana

No podemos dejar pasar esta oportunidad, estas llanuras de inundación, con agua en abundancia o sin ella, poseen unos valores naturales, paisajísticos, culturales, geológicos, geomorfológicos, botánicos, históricos, paleontológicos, etc. que no podemos permitirnos ver desaparecer, se trata de nuestro patrimonio y como tal tenemos que valorarlo. 


      Ya iremos desgranando desde esta ventana, desgraciadamente con brevedad y solo algunas fotos, las maravillas que encierra nuestra tierra, de las que hemos perdido ya tantas que más vale que nos enmendemos con prontitud y consigamos preservar, bajo la figura que corresponda, pero con eficacia, estos valores que la dejadez administrativa o la inconsciencia socio-cultural que nos invade, están permitiendo que desaparezcan.


jueves, 31 de agosto de 2023

El Sueve - Frescores asturianos

 


Finalmente he podido pasar unos días alejados de esta meseta caldeada y reseca en que se ha convertido todo el centro peninsular, por no hablar Andalucía o la mayor parte de Extremadura y eso que este año junio nos ha perdonado y ha sido generoso en lluvias y temperaturas soportables. Reducir esos cuarenta grados a prácticamente la mitad, ha sido un placer, casi tan grande como el horror de pasar de esos veinte y pocos a los cuarenta y pocos de esa segunda quincena del ferragosto madrileño. Ha sido un alivio tan grande como el acontecido a finales de agosto, al pasar de esos cuarenta a menos de treinta, entonces se podían hacer cosas, salir o trabajar sin tener que andar escondido y acobardado delante de una pantalla y asistido por un imprescindible ventilador.


       Este verano demuestra claramente las previsiones, con algún esporádico altibajo, de que cada año va siendo más caliente que los anteriores, eso se recibe el nombre calentamiento climático. Cada vez que la Aemet da las previsiones trimestrales, aún dentro de hacerlo bastante a bulto, en cuanto a lluvias suele igualar o quedar ligeramente por debajo del periodo de referencia, que suele ser el treintenio 1980-2010, que dentro de muy poco será el 1990-2020, y sin ninguna excepción (que yo haya visto), siempre dan una temperatura por encima de la de ese periodo de referencia, eso también indica a las claras que estamos calentando el planeta.


       Los gases de efecto invernadero están alcanzando niveles nunca vistos en cientos de miles de años, pero, aunque haya una clara correspondencia entre temperaturas y emisiones, a mí me gustaría ver una cuantificación energética. Pienso a veces en la energía que producíamos hace varios miles de años, cuando éramos una especie de varios millones de humanos dispersos por medio planeta, distribuidos en grupos familiares o pequeñas tribus y apenas manteniendo una pequeña hoguera permanente en cada clan; en la actualidad somos más de ocho mil millones de individuos y estoy seguro de que cualquiera de los menores pueblos o ciudades que ronden los mil habitantes, ya producirían una energía superior a la que produciría esa humanidad entera de la antigüedad, aunque sé que hace unos cuatro mil años produjimos un “pequeño“ cambio climático antrópico, con la propagación del cultivo de arroz a grandes territorios en el sureste asiático y el consecuente aumento en la producción de metano en esos estanque artificiales.

Tejo, acebo, olmo de montaña, fresno y helechal

       Sigue habiendo negacionistas climáticos, aunque cada vez parecen más tipo secta clandestina que se sienten perseguidos por el resto del mundo o despabilados personajes interesados en bailar al ritmo de quienes tienen dinero o status empresarial que perder si se nos ocurriera cambiar esta inercia que es el juego económico y social en el que nos vemos sumergidos. Como se puede ver esta también es otra secta clandestina o no tanto, que ve que hay demasiados intereses implicados en que todo siga como va hasta ahora, aunque vayamos hacia el precipicio, mientras no estemos en caída libre o en choque brutal contra el fondo del abismo, todavía vamos bien. Ya lo dijo Greta Thunberg y, como no la podían rebatir con ningún argumento razonado o razonable, le dijeron que tenía que callarse y continuar sus estudios como una buena chica “normal”.

Como en un bosque virgen, hay casi tanta madera caída como en pie

       Pero dejemos los grados Celsius y vayamos al fresco, al alivio y al disfrute de una naturaleza que es como un bálsamo integral cura estas nuestras modernas afecciones (cuasi)urbanitas. A parte de un mar Cantábrico que siempre es un refrescante atractivo hipnótico, también he podido disfrutar del hayedo situado a una menor altura, comenzando a aparecer las hayas a unos 230m, y que probablemente también sea el más septentrional de toda la península. La sensación me era algo extraña, el ambiente de casi alta montaña caliza, mezclándose con algunas plantas bastante térmicas para la región o pudiendo contemplar las playas costeras desde las lomas de la montaña del Sueve.

Tras el hayedo del Sueve, la playa, el mar y el cielo

       El Sueve es una montaña magnífica, digna de la máxima protección como también podría ocurrirle a la sierra de Cuera que es su continuación hacia el este hasta asomarse a Santander o viceversa, siendo la primera barrera de más de mil metros frente a los vientos y borrascas del norte o noroeste. Hace ya muchos años me perdí por su cima en medio de la niebla, aún no sé cómo tuve la suerte de salir de allí sin demasiados problemas. Entonces aluciné por aquellas cumbres, como si fuera un insecto paseándome por una huevera vacía, pues así eran aquellas superficies cimeras, hoyo-dolina y subir loma o pared, bajar pared para dar de nuevo a otra dolina y repetir la jugada sucesivamente. Aquel recorrido me enseñó los mini bosques de “espineles” como llaman por allí a los majuelos o espinos albares que toman porte arbóreo y juegan a enredarse con acebos o tejos en esos lapiaces, en los márgenes de las dolinas o en medio de cuetos y camperas.


       Esta vez cojo la montaña desde abajo, de ese subterráneo arroyo que recoge las aguas de valle y hayedo de la Biescona, todo un bosque mágico y atlántico, plagado de helechos, musgos y hepáticas de todas las clases. Al hayedo se le une un gran número de otras especies arbóreas también de grandes tamaños, como los carbayones o robles y, destacando a veces por sus tallas, olmos de montaña. Ya en los bordes, rodeando las manchas de hayedo, como si de una orla espinosa se tratase aparecen bosquetes de acebos que como gendarmes que protegen el gran bosque, se les ve que han sufrido, y demasiado a menudo, el azote del fuego, fuego que estos inicios de primavera se cebaron con la baja montaña asturiana y por ende, de todo el norte.

Límite del bosque marcado por el fuego y por una banda de blancos troncos y ramas de acebos quemados

       Estos fuegos fueron una pandemia local que las autoridades pronto se lanzaron a acusar a pirómanos y que durante estos días en la prensa he podido leer que se ha esclarecido que en su mayor parte eran debidos a intereses ganaderos que se aprovecharon de una situación de campo seco por meses de escasez de precipitaciones. Nada nuevo, a pesar de basar su propaganda en el vapuleado “Asturias paraíso natural” que lo es, no hacen demasiado porque esa naturaleza sea para todos y la dejan de la mano de los intereses más locales y sectoriales, la ganadería extensiva y la caza. Caza que, aparte de los fuegos que acogotan estos montes, es uno de los mayores peligros que corre el bosque astur, la proliferación de especies cinegéticas ha llevado a que apenas exista regeneración del bosque autóctono, pero eso sí, Asturias está volviendo a apostar por el cultivo del eucalipto, siendo la única comunidad que, en lugar de reducir su presencia, la está aumentando.

Limitando con el hayedo en su parte más bajas, la diferencia y la biodiversidad están en extremos opuestos

       El fuego acosa esta montaña, por no hablar de la sierra de Cuera, otra montaña que posiblemente fuese capaz de ostentar el lugar peninsular de mayor pluviometría, donde incluso todavía quedan turberas en explotación de turba, de manera similar a como se hacía en Irlanda o Escocia para obtener ese carbón de baja calidad o ese sustrato para jardinería. Pero supongo, que desde que se declaró la Directiva Hábitats europea, han quedado libres de esa explotación comercial de estos escasos ecosistemas vegetales que tiene una flora totalmente especial y exclusiva de estos medios. Estas sierras están totalmente pobladas de eucaliptos y pinares por sus bases, y es una pena, que desde las fantásticas playas asturianas, el paisaje vegetal salvaje que se ve desde ellas, sea tan lamentable.


       Pero estamos en la otra punta de lo que pueda ser el fuego, estamos en la humedad, en el verdor, en el fresco y húmedo vientre de la montaña caliza. Una humedad que te une a la naturaleza, al bosque, entonces, en medio del hayedo, de las paredes, de los grandes troncos cubiertos de helechos, ves que sí que es posible la existencia de todo el elenco de la mitología asturiana. Porqué no, quién conoce cada rincón de estas montañas lo suficiente para poder asegurar que no existen Trasgus, Nuberus, Cuélebres, Busgosus o Xanas, entre otros. Si os atrevéis con estos hayedos, tejedas o laberintos rocosos como estos, queda claro que hay que dejar lugar a cualquier posibilidad.


       Si la montaña y sus bosques, llaman la atención a cualquiera, qué se podría decir del mar, un mar que por momentos está dejando de ser frío, como lo era en los años en que lo conocí, lo que por un lado, permite que puedas estar mucho tiempo dentro del agua, incluso estar más tiempo tras la puesta del sol, pero, por otro lado, se está corriendo el riesgo de una “mediterraneización” turística de toda la costa cantábrica, cosa que ya está pasando en Santander, algo políticamente difícil de impedir, dado el coqueteo contínuo de nuestras autoridades urbanísiticas con el dinero blanco o negro de la construcción, ya desaparecieron hace años arenales riquísimos como los de Verdicio y tramos de costa casi convertidos en urbanizaciones dispersas e ilegales, como para que se continúe con lo que queda sin urbanizar. 


       Hoy en día es complicado buscarse alojamiento, incluso a pesar de los altos precios de los alquileres vacacionales. Hace muchos años pasaba casi un mes de verano en la montaña y algún día que otro bajábamos a la costa, luego con la familia ya crecida, pasó a ser al revés, una semana o dos en la costa y algún día a la montaña. Ahora como mucho una semana, y si no, a buscar otros sitios buenos, bonitos y baratos.??


       Las playas asturianas, el mar asturiano, el dejar hacer, el deambular en la marea baja, aunque apenas veamos ya tantos cangrejos y estrellas de mar, las nubes que hacen que no tengas que ir pertrechado a la playa con el arsenal ignífugo. Las fuertes oscilaciones mareales dejan lugar a la admiración o a la sorpresa al ir a la playa y encontrarte con que no hay playa, así mismo esas mareas en días de mar brava dejan el espectáculo de los bufones, esos conductos subterráneos dentro de la roca caliza que dirigen las aguas en su interior a respiraderos o pozos al exterior del terreno donde lanzan rítmicos surtidores de agua pulverizada y arena hacia lo alto, cosa que ocurre en pocos lugares de toda la costa y que hace que merezca aprovechar los días de temporal para ver espectáculos fuera de lo común.


       Ha sido un placer, tanto en el interior, como en la costa, Asturias siempre será un paraíso natural y todos tenemos que poner de nuestra parte para superar o echar a un lado esos intereses que siempre intentar sacar partido de lo que es de todos para beneficio de los despabilados de siempre. La costa es tan valiosa que no podernos permitir que se convierta en lo mismo que nuestro levante y el interior hay que preservarlo de los intereses de Ence, la empresa nacional de celulosa o de unos pequeños, aunque en el pueblo sean grandes, intereses ganaderos o cinegéticos que no tienen porqué salir perdiendo, con una mayor protección y recuperación de los bosques y de la riqueza natural de la tierra asturiana.


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