domingo, 11 de agosto de 2013

El Incendio de Mijares

Monte y cultivos ardiendo en la umbría de La Pinosa

            Llevo casi toda la vida yendo por Gavilanes, concretamente en frente de un monte, estribación inicial de la sierra de Gredos desde el fondo del valle del Tiétar, llamado La Pinosa que, aún quedando linealmente más cerca de Gavilanes, pertenece por entero a Mijares, aunque en los telediarios a este incendio se le ha llamado el Incendio de Gavilanes, realmente ha sido el “Incendio de Mijares”.

A la media hora de comenzar el fuego ya estaba acercándose a la cima del monte

            Estábamos comiendo la familia en el jardín para mitigar un poco el calor del interior de la casa, cuando vimos enturbiarse el cielo por el sur y oír el agorero sonido de los medios aéreos anti-incendios. Fue asomarnos y ver las pesadas burbujas de humo oscuro avanzando rápidamente hacia nosotros de un fuego iniciado en la parte baja del valle, en los pinares cercanos al charco del Tudón y avanzando por momentos laderas arriba.

Afortunadamente en zonas el fuego corrió por abajo y no se convirtió en un peligroso fuego de copas

            Eché un rápido vistazo a la espléndida vista de toda esa ladera oeste de la Pinosa, llena de grandes pinazos afortunadamente aún sin cortar a pesar de su edad y tamaño, como despidiéndome de ese paisaje porque por el sur, destacando tras la espesa cortina negra, ya empezaban a verse las rojas heridas de las llamas que subían ladera arriba. En una apocalíptica imagen, un gran pino algo solitario, fue engullido como de una sola bocanada, por una gigantesca llama acrecentada de golpe por esa leña que hizo levantarse una gran voluta de humo negro y marrón que a su vez alzó un alto pináculo en la montaña de humo que se levantaba de todo el bosque.

Un nuevo foco recién provocado a kilómetro y medio del fuego

          Terminé rápido de comer, hice alguna foto de los helicópteros soltando profesionalmente su líquida carga sobre la base de las llamas y en esto me dice mi hija que parece que alguien acaba de hacer una hoguera en la ladera noroeste, miro hacia allí y veo convertirse un hilillo de humo en una gran hoguera que prende los árboles cercanos en cuestión de segundos. Parece claro que alguien quiere incendiar deliberadamente toda la Pinosa, esto no ha sido una pavesa encendida que haya prendido a kilómetro y medio del fuego, todo esto ha sido claramente orquestado como, desgraciadamente, pude constatar más tarde con otros focos en la umbría, nacidos de la nada.

El mismo foco anterior cobrando fuerza tras un par de minutos

            Cogimos mi hermano y yo una pala, un azadón y un hacha, aparte de ropa de manga larga, guantes y varias botellas de agua, y partimos con el coche hacia la antigua pista forestal, hace tiempo asfaltada que baja de Mijares a su cantina, en la carretera general. Al pasar por Mijares vimos el trajín de la gente preparando coches y llenando garrafas de agua en las fuentes. Al salir por esa carretera, un grupo de mujeres nos paró para ofrecernos garrafas y darnos trapos empapados en agua para poder enfrentarnos a las llamas, usándolos de mascarilla húmeda y a la vez de refresco. Llegamos a uno de los aparcaderos como otros que vimos, llenos de coches y con las cunetas llenas de garrafas y botellas de agua a disposición de quienes las necesitasen.

Coches que corrieron peligro, un tractor con cisterna y garrafas por doquier

            Todo lo que se veía eran voluntarios, cargados como nosotros, de herramientas y garrafas; había personas del pueblo con furgonetas llevando y trayendo gente, arriba y abajo, en contacto con todo el mundo, con los de la brigada antifuegos, con los diferentes grupos de voluntarios, siempre informados de dónde saltaba un nuevo fuego, de dónde se necesitaba gente urgentemente, etc. De hecho llegaron y se llevaron una carga de voluntarios para la parte baja pero nos dijeron que había aparecido un nuevo foco por el Escurialejo, una variada zona de olivares y monte en la umbría de la Pinosa, a donde nos dirigimos andando unas quince personas.

Acabando con el fuego en un olivar ya frente a La Pinosa, al pie de la sierra principal

            Algunos de los del grupo iban casi a la carrera, algunos de los olivos y viñuelas que se estaban quemando eran suyos o de parientes. Al acercarnos al fuego nos dijeron que estaban bastantes ya y que tenía mucho más peligro de que se extendiera a toda la sierra el fuego que vimos en la otra ladera. Llegamos tras una nueva caminata, a la hora más calurosa del día. Estábamos apagando un fuego en una zona relativamente fácil de bancales de olivos, allí el azadón y la pala en conjunto, tirando paletadas de tierra al pie de las llamas era bastante efectivo, afortunadamente llegamos a tiempo para que el fuego no pasara al monte, un monte donde hace años fui a veces a por madroños del único gran madroñal de toda la zona, también con robles, una isla en medio de un mundo pinariego.

Este otro foco en la umbría costó buenos sudores apagarlo, conseguimos salvar un robledal por los pelos

            Tras acabar aquí bajamos a la fuente del Escurialejo a refrescarnos y beber algo, y vuelta para arriba en esa umbría, a la zona a la que fuimos en principio, pues el fuego se había extendido y había pasado del borde del bosque a los cultivos. Aquí tuvimos que emplearnos a fondo, no era como lo de antes, era el borde de los olivares con pinos, bastante insalvables por arriba, y robledal por los lados. Aquí las llamas eran grandes, aquí ya solo de acercarme a apagar llamas a golpe de escobón de ramas, se me enrojeció la cabeza del calorón; el humo también soplaba en nuestra dirección y había que saltar y alejarse a cada rato para recuperar la respiración. Afortunadamente éramos bastantes y pudimos contener el fuego sin que entrase en el espeso robledal de al lado.

A pesar de estar casi sofocado el fuego, había que irse lejos para respirar

            Era el primer golpe fuerte de curro y me sentía agotado por el calor, por el humo y por cargar con una mochila que fue un estorbo, con una cámara que apenas usé porque no iba de reportero sino de apagafuegos. Entre los cambios de tarea, alternando palas con escobazos, descansos y movimiento a zonas donde se necesitaba más gente despisté el azadón, horas más tarde correría la misma suerte la pala, pues la guardia civil cortó el paso carretera abajo donde la dejé.

La carretera cortada  por la guardia civil. Los bomberos tuvieron que emplearse con un foco cercano, orientado a Gavilanes

            Encontré un par de brigadistas de las BRIF (brigadas de refuerzo de incendios forestales), con todo su pesado equipo anti-incendios que me contaron que llevaban ya dos días apagando fuegos, pero que eran de la zona y que moralmente no podían irse a descansar como les ordenaron, con el consiguiente riesgo de perder su trabajo por no cumplir los tiempos de descanso para reponerse; tras charlar con ellos se largaron ladera arriba, hacia la parte donde se oía crujir los pinos con más crudeza.

Otro nuevo foco en la ladera orientada hacia Gavilanes

            El fuego ya estaba controlado en esta ladera, había una gran pila de leña recién cortada ardiendo sin manera posible de apagarse y tuvieron que quedarse un par de personas allí de guardia. El resto nos fuimos otra vez para la carretera donde volvimos a subirnos a la furgoneta que hizo antes dos viajes a toda velocidad para llevar gente a la ladera de la caseta forestal. A nosotros nos llevó más abajo, pues había un gran frente progresando hacia el puente de Gavilanes. Afortunadamente el fuego era bajo, pero estaba a punto de llegar a una zona espesa del pinar. Mucha gente se quedó por el camino protegiendo las zonas cultivadas. Era desesperante porque el fuego era fácil de apagar pero no tenía las herramientas adecuadas e iba ganando terreno.

Muestra de la pericia de los pilotos, acrecentada por demasiados días de práctica continuados

            Por fortuna bajó un camión cisterna por esta zona que tenía un pequeño camino y allí poniendo tramos y tramos de manguera, conseguimos que un hábil brigadista fuese apagando de una forma más que eficiente todo esa línea de fuego, nos quedamos cortos de manguera y de agua, pero afortunadamente apareció ladera abajo una balsa de agua que regaba un huerto, accesible por ese mismo camino. Bajó el camión, pasamos las mangueras, el camión se conectó con la balsa, nuestra manga al camión y a empalmar tramos de manguera ladera arriba por una zona donde un par de otoños atrás cogí una buena cesta de níscalos. Solamente con cuatro personas conseguimos hacer avanzar al brigadista por todo el perfil del fuego hasta dar con otro equipo de brigadistas que venían siguiendo la línea del fuego en sentido opuesto .

La torreta de vigilancia de la Pinosa seriamente amenazada por las llamas

            Durante todo el tiempo no pararon de caernos cargas de agua de los helicópteros o del hidroavión, eso era una magnífica noticia porque significaba que no eran ya tantos los sitios que necesitaban con urgencia los medios aéreos. Tanta fue el agua caída que la temperatura bajó bastante, incluso el negro musgo de las rocas se fue tornando verde. Al encontramos con los brigadistas del otro corte, la alegría empezó a cundir entre los rostros negros y sudorosos, por este lado al menos, el fuego estaba controlado. Eso sí, más que agua lo que querían era bocadillos, como las bolsas que habíamos visto en la furgoneta, preparados por las mujeres de Mijares, aunque cuando llegamos ya habían ”volado” entre los hambrientos.

La disponibilidad de medios aéreos y la cantidad de voluntarios fueron determinantes para la extinción del fuego

            Esta vez había habido un final feliz, quedaban focos tozudos, rodeados pero casi inextinguibles, ya la gente se juntaba en la carretera de charla y comenzaban a volver coches al pueblo. Por suerte, no continuó el viento que al principio soplaba del sur amenazando con subir a toda la sierra, pero entre el despliegue humano y una súbita calma de ese viento, pudo ser reducido. Además ese día fue de los pocos que, tras el de Cebreros, no hubo varios  incendios simultáneos y todos los medios, aéreos y humanos, pudieron emplearse a fondo, a pesar de sus “recortados” efectivos.

Un helicóptero pasa "empequeñecido" ante las terribles columnas de humo

            Me comentaba un agente medio-ambiental toledano que a ellos ya les enseñan a cortar el paso a los voluntarios y que no los suelen admitir en esas peligrosas labores, pero recuerdo a los mijariegos de la furgoneta diciendo que como un guardia civil o quién fuese, les impidiese el paso, le daban lo suyo. Hay que reconocer que sin los voluntarios este fuego hubiese sido, sin duda, mucho más devastador, y hay que felicitar a todos los habitantes de Mijares (también a muchos forasteros), por su unidad, tenacidad y solidaridad a la hora de enfrentarse sin tardanza para salvar su magnifico patrimonio natural, ya fuesen huertas, olivos, pinos, robles o matorral. Esa misma mañana subimos por encima de Mijares y, a parte, de los pinos cascalbos, tejos, acebos y olmos de montaña, mi hermano me enseñó un rodal de álamos temblones, el único del sur de Gredos.

La población entera de Mijares colaboró de una manera o de otra para apagar el fuego

            No puedo evitar recordar el anterior incendio de Arenas de San Pedro en 2009 que empezó cerca de esa ciudad y acabó cruzando la sierra por el puerto del Pico, arrasando incluso el último pinar natural de pino silvestre de todo Gredos. Un incendio absolutamente descontrolado en el que los habitantes de El Arenal lloraban de impotencia y de rabia cuando las autoridades les prohibieron intentar atacar un fuego, (ya asesino) que dejó un enorme y arenoso secarral donde antes hubo tanta riqueza.

Los restos del último pinar verdaderamente autóctono de Gredos que ardió en el terrible incendio de Arenas

            El incendio fue provocado, yo vi la aparición de tres focos distantes del fuego inicial y me comentaron que al menos fueron cinco. Oscuros intereses se ocultan y se solapan, esta vez no ha estado la imprudencia más clásica de este verano, la de máquinas trabajando en el campo (incluso para el control de incendios), bien podría ser de intereses madereros, pues hay contratistas y madereros que mueven grandes cifras con la devaluada madera quemada o a saber que otros infames intereses.

Gavilanes, indemne tras el fuego que ya lo ha visitado en demasiadas ocasiones por el oeste

            Al campo y al monte hay que mimarlo tras tantos años de abandono y de éxodo, aunque alguien pueda pensar que es bueno para la naturaleza, no es así, el monte se espesa en exceso, los caminos se pierden, las especies más pirófilas (las que se aprovechan de los fuegos, incluído el propio pino), van conquistando terreno. Llevo más de 35 años viniendo por aquí, y he podido comprobar en las partes bajas de la Pinosa como los pinares ganaban terreno a una rica arboleda de encinas, alcornoques, quejigos y robles, muchas veces fomentado por el hombre y, también claramente, de forma natural; debe ser el famoso cambio climático, ante el que claramente debemos prepararnos, mucho mejor de lo que lo estamos.
P.D./ Mi agradecimiento y admiración al furgonetero-estratega (Hnos. Sánchez de la Paz)


domingo, 7 de julio de 2013

El Pico del Lobo

Pico del Lobo, 2.273m, la cima más alta de la sierra de Ayllón y de Castilla la Mancha


            El Pico del Lobo es la cumbre más alta de toda Castilla la Mancha y del Macizo de Ayllón, el último gran macizo del Sistema Central, con permiso de la sierra de Alto Rey, un poco más a oriente, y de otras sierras menores que hacen de puente con el Sistema Ibérico. Hace poco decidí retomar un estudio pendiente sobre la geomorfología y vegetación de la alta montaña del Sistema Central y voy a tratar la vegetación de los neveros, desde la Sierra de Béjar a occidente hasta el Macizo de Ayllón en oriente.


          Esta es la tercera vez que subo al Pico del Lobo, las otras veces fuí de montañero y en invierno, una de ellas con una ventisca de impresión en la que nos vino de perlas el horrible monumento a la estupidez humana –española en particular-, que es la ruina de un hipotético restaurante en la misma cumbre del Lobo, que iba a culminar todo el chiringuito económico-deportivo, de la estación de esquí de La Pinilla. Pudimos comer, en aquella ocasión, ateridos pero protegidos de la ventisca en unas terribles condiciones, estúpidamente menospreciadas por ingenieros y “emprendedores”, de un adefesio que incluso hoy en día persiste y que tiene las laderas cercanas afeadas con sus escombros y chatarras.

La llanura castellana de Segovia desde los altos de Ayllón

             Como en otros puntos del Sistema Central existe un cambio radical en el paisaje según miremos al norte o al sur del mismo. Aquí, mirando hacia el norte, el plano lienzo tendido hacia una interminable llanura castellana, frente al galimatías de serrezuelas del norte de Guadalajara, lleno de valles y montes sin fin.

Alto valle glaciar del Barbellido, al fondo coronada de amarillo la morrena fronto-lateral izquierda

Ya empiezan a quedar lejos esos frescos días de mediados de junio, pues ya hemos entrado claramente en el clima veraniego. Cuando de camino hasta las cercanías de Somosierra todo estaba ya amarillento y agostado, al llegar a La Pinilla y bajar del coche, me he dado de bruces con la primavera. Esas altas laderas orientadas al norte, apenas estaban con las primeras flores de la temporada.

Armeria caespitosa y Plantago alpina, tapizando parte de los prados de cumbres

La primera flor que me llama la atención y que me acompañará todo el día, es una violeta, la Viola cornuta subsp. montcaunica, una planta que nos recuerda con su nombre subespecífico que no estamos muy lejos del Moncayo, la mayor altura de la Ibérica y sierra de donde viene esta violeta y otras muchas plantas e incluso vegetación, como el mosaico de piornos y brezos del límite superior del bosque, destacando unas relaciones que yo diría más cercanas, quizás por lo litológico, de Ayllón con el Moncayo que con el Guadarrama, aparte de mostrar la conexión o puente con los Pirineos.


Al acercarme a un arroyo a coger agua veo una buena mancha de helechos Blechnum spicant, coronando un talud turboso de musgos y esfagnos con droseras por abajo y Vaccinium uliginosus; entre las rocas del arroyo.


            Ganando altura me voy acercando al límite del bosque, va cobrando importancia el matorral que, como en toda la subida, da preferencia a los brezos frente a los piornos. De estos últimos he tenido una florida representación durante el acercamiento a esta montaña, de la gran Genista florida y de Adenocarpus lainzii (aunque le llamen A. complicatus, viéndolo tan oscuros y después de verlo tanto por Asturias y León, no me queda duda). En otros puntos también he visto al codeso Adenocarpus hispanicus y ahora aparece el piorno serrano, Cytisus oromediterraneus.



            El matorral oromediterráneo, pues estoy en la cara norte y por encima de los 1800m., es una mezcla de piornos y brezos. Algo más abajo parecía haber predominio del brezo rojo  Erica australis, pero aquí arriba predomina el brezo blanco Erica arborea. Algo más arriba y sobre todo, en la cara sur, ya aparece un claro predominio del piorno y en orientaciones favorables el brezo rojo.

Dos uñas de gato montañeras: Sedum brevifolium (derecha) y el nival Sedum candollei (izquierda)

           El pinar de repoblación ha sido introducido aquí hasta unas alturas irracionales, abancalando incluso prados psicroxerófilos, obviamente con un resultado lamentable, pues, aunque  con los años, algo se ha igualado, topográfica y vegetalmente, aparte de un destrozo, ha sido un gasto inútil, pues en esas condiciones no han prosperado. En algún punto del pasto psicroxerófilo se ve algún pino nacido de semilla, pero no llegan a prosperar en este “movible” suelo, más allá de cuatro o cinco años, luego algún hielo o fuerte nevada les da el finiquito. El pino silvestre aparece sumamente escaso en algunos rincones rocosos de Ayllón y abundante en el cercano Alto Rey, incluso en la caliza sierra de Pela.

Pastizal crioromediterráneo lleno de anteojos Biscutella gredensis

            Llego casi a la cuerda. En los manaderos y cervunales, abunda el botón de oro, Ranunculus alleae, con Pedicularis sylvatica y Veronica langei, cercado hacia el piornal por gencianas, anteojos y  también abundantes, las saxífragas.

Pedicularis sylvatica, vegetación de turbera y cervunal húmedo

         También desde aquí arriba se ve muy claro el contraste entre las zonas repobladas de pinares, en primer término, llenas del un rayado topográfico, con sus plantaciones llenas de pistas y cortafuegos, y las zonas de vegetación silvestre del alto de Hontanares y el puerto de la Quesera, magnifica y donde se puede ver el hayedo de la Pedrosa, uno de los tres hayedos junto con Tejeda Negra y Montejo, de estas sierras .

Cordal lleno de plantaciones; al fondo hayedos cerca de La Quesera

              Estoy en un ecotono entre el piornal y los prados de cumbres, aparece abundante y eso que aún no está en su apogeo floral la Armeria caespitosa, que en damero con la Biscutella gredensis, Plantago alpina y la Minuartia recurva (pulvinículo que está empezando a llenarse de flores blancas), representan a toda la actual vegetación florida de la zona. Aparecen muy dispersos y escasos los enebros rastreros que donde asoman las afiladas rocas, las cubren como si de una espesa manta se tratase.

Ecotono entre el piornal y el pasto psicroxerófilo


            Donde existe algo más de humedad, está a tope el botón de oro Ranunculus alleae, con Pedicularis sylvaticaVeronica langei y entre los claros del piornal se ven las grandes gencianas amarillas Gentiana lutea e incipientes Senecio carpetanus y, más abundante que en ningún lugar del Sistema Central, los amarillos anteojos de la Biscutella gredensis.

Al fondo el Tres Provincias, en primer plano la estación de La Pinilla. Parte de las pistas y remontes sobre la gran morrena lateral

            Se ve muy bien el pico de la Cebollera Vieja o Tres Provincias (Madrid, Segovia y Guadalajara) con su doble circo orientado al este; uno, el noreste, tiene la huella del cucharón glaciar pero sin neveros y el otro, el sureste, idéntico pero con unas buenas manchas de nieve. Esto señala bien a las claras que el factor que determina la localización de los neveros es la acumulación nival debida a los vientos dominantes en mucha mayor medida que el factor orientación.

El Narcissus nivalis creciendo masivo, como indica su buen nombre, al borde de los neveros

            Corono el collado entre las Peñuelas y la cuerda, y ya veo el pico del Lobo y la gran hoya del Lobo en su ladera sur. Impresionante, toda la hoya es un conjunto monumental de  la geomorfología glaciar y periglaciar, con el cresterío (galayar) sur sin apenas acumulación nival a pesar de su buena orientación.



          El centro de la gran hoya muestra claramente cual fue el circo glaciar, con su centro vacío y despejado, salvo algunos grandes bloques erráticos, el lugar inicial para la acumulación y posterior movimiento gravitacional del hielo; los aledaños y laterales de la cuerda cargados de taludes de grandes bloques y neveros; y por delante todo un conjunto caótico de materiales morrénicos.

Narcisos nivales en masa siguiendo el deshielo nival en un recuenco glacio-nival. En primer término botones de oro

             Abajo, en la ladera de enfrente se ve clara, y más al estar totalmente floridos los piornos que la culminan, la morrena (acumulación de materiales empujados por el hielo), de un dilatado máximo glaciar. Aquí arriba se pueden apreciarlas las morrenas más modernas, aunque en transición entre las genuinas y morrenas de nevero.


La cima de la primera morrena aparece colonizada por el piorno

            Abajo al fondo se intuye una morrena de mayor tamaño. acaso de un máximo glaciar previo, de la que podrían dar fé las hombreras glaciares de ambas vertiente y unas probables formaciones postizas (las morrenas) en brusco descenso hacia el fondo del valle.

Matillas enanas de callluna en la vecindad de los neveros

              Llama la atención que los neveros aparte de localizarse arriba en las alturas, protegidos por las paredes, también están presentes, y de buen tamaño, hasta doscientos metros por debajo, en las incisiones sobre material morrénico del zigzagueante arroyo que desciende del gran nevero oriental. Me quedé con ganas de bajar a verlos, pues seguramente tendrían galerías por debajo de ellos y por encima del curso del arroyo, aunque no recomiendo a nadie que se meta debajo debido al gran peligro de desmoronamiento de toda la estructura.

Del deshielo  de este gran nevero nace el río Jaramilla, futuro afluente del Jarama

            Desde donde me encuentro se puede ver claramente el enorme deshielo del gran nevero que desparrama su caudal por una ladera-cervunal para ir a formar el caudal inicial del río Jaramilla, que más abajo recogerá las otras aguas de deshielo del resto de la Hoya del Lobo. Todo el nevero está rodeado por los narcisos de la nieve, con una ecología que hace que solamente aparezcan ceñidos al deshielo nival, y que al retroceder el frente nivoso, lo acompañan fielmente en su retroceso, siendo imposible encontrarlos lejos de la nieve aunque haya agua. En una posición más alejada de la nieve pero aprovechando sus aguas se pueden ver matas enanizadas de brecina Calluna europea.


Narciso nival en su nicho ecológico, el borde menguante de los neveros

           Flora Ibérica, la "biblia" botánica española, no ha reconocido valor taxonómico al narciso nival, aún teniendo una ecología tan clara y definida; si antes fue Narcissus bulbocodium subsp. nivalis, ahora no merece ni un comentario sobre ellos.
           En el centro de la Hoya asoma un escalón estructural y sobre él aparece algún gran bloque errático que muestra las ondulaciones de los pliegues a los que fue sometida las rocas metamórficas de este macizo (esquistos, micaesquistos, pizarras y cuarcitas). 

Bloque errático mostrando los pliegues sufridos por las rocas metamórficas del pico del Lobo

            Al suroeste del asomo rocoso quedan un conjunto de lagunillas de fusión nival, alimentada por fuentes y neveros que dejan un conjunto de aguas estagnantes y corrientes de gran interés, con vegetación turfófila asociada de Carex carpetana, Viola palustris, las carnívoras Drosera rotundifolila y Utricularia australis, Pedicularis sylvatica, etc.

Lagunillas, manantiales y turberas de obstrucción morrénica en el circo del Lobo


            Rodeé la zona de las lagunillas y ví los primeros nacederos, unos le vienen de la vaguadilla por delante de la alta línea de altos y estables taludes, y otros le llegan del subsuelo, creando huecos entre el musgo y la vegetación  semi-acuática creando en conjunto un buen chorro, y es que estamos en el momento álgido del deshielo.

El agua brotando a borbotones desde el subsuerlo, entre los cojines de musgo


  La loma por encima de la lagunilla está muy estabilizada, apenas están asomando ahora los helechos Dryopteris oreades y Cryptogramma crispa; más desarrolladas están las grandes hojas de la Gentiana lutea, y en pleno boom las violetas del Moncayo y las biscutelas. Se ve bastante Murbeckiella boryi, el sérpol Thymus praecox, saxífragas y otras especies entre las que seguro que habrá buenas plantas norteñas poco comunes en el resto de las montañas del Sistema Central.

Las grandes hojas (megaforbio) de la genciana amarilla Gentiana lutea creciendo en un talud estabilizado

  Al salir de vuelta hacia la cuerda, remonto el vallejo inicial, el que tenía los grandes neveros por abajo, el llamado valle de Cantos, y que hace honor a su nombre pues destacan mucho los cantos blancos de cuarzo, fruto de la acción nival que va carcomiendo las laderas desde el interior desde estos surcos. También encuentro aquí más planchas metálicas de las ruinas de la cima.


En el arroyo de Cantos se pueden apreciar planchas metálicas desparramadas entre los blancos cantos de cuarzo

         Todavía me queda la bajada, que por cuestiones de tiempo, he decidido que sea en bicicleta, duro pero rápido, quizás sea una de mis últimas “machadas”, pues empiezo a no tener cuerpo para este tipo de burradas.

"Pulvinículo" de Minuartia recurva, un diseño vegetal preparado para soportar las más duras ventiscas y extremas condiciones climáticas
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