jueves, 29 de enero de 2026

No a la Mina de Fontanarejo, Ciudad Real

 

      Hace pocos días me tocó presentarme en un juzgado, para defender un informe botánico que realicé sobre las afecciones de la proyectada mina de fosfatos de Fontanarejo, en Ciudad Real, frente, no solo al abogado de la empresa minera Alcudia Mining, sino también frente, a la abogada de la propia administración autonómica. La primera en la frente, no deberían estar en una posición neutral, y aportar su conocimiento del terreno, si acaso, a ambas partes. No, la administración de esta Junta de Comunidades de Castilla la Mancha está con la empresa y apoyando sin paliativos, esta explotación minera.

       El “No a la Mina” ya fue claramente expresado en otra entrada de esta bitácora, tras una excursión y presentación en un bar de Fontanarejo de nuestros argumentos en contra de la mina de fosfatos. Posteriormente hicimos un trabajo botánico sobre el área de explotación y sus alrededores que es el que fue presentado para solicitar la nulidad de la Declaración de Impacto Ambiental positiva que se concedió a la explotación minera. Incluso actualmente, cuando esa Autorización Ambiental no es efectiva hasta que no se dirima la cuestión, las obras ya están en ejecución, la maquinaria pesada ya está abriendo las rojas heridas en el paisaje, ampliando pistas, preparando superficies y abriendo el camino a todo lo que viene.

       Hasta el Juzgado de Albacete viajamos varios especialistas-colaboradores de manera totalmente altruistas, con el único interés de que no se produzca este desastre ecológico en una zona tan valiosa y tan bella como esta región de la comarca de los Montes de Ciudad Real. Por la otra parte, aparte de sendos abogados, los técnicos y jefes de servicio de la Junta en cuestión de medio ambiente o personal cualificado para hablar de sus especialidades, geología, vegetación o fauna.

       Su informe ambiental, estaba bastante poco detallado, con vaguedades e incluso por su vertiente geo-hidrológica con varios gazapos y confusión de arroyos y cuencas. Pero lo triste, es que no veían más allá de las cerca de 90 has. que delimitan el área de actuación minera, única y exclusivamente. Para ellos no habrá afección al paisaje, por el simple motivo de que por allí pasa poca gente que pueda apreciar los paisajes, y no significa nada, que esta zona, que no goza de ningún nivel de protección expreso, ni por albergar Hábitats de interés comunitario, esté completamente rodeada de áreas de altísimo valor ecológico.

       Insistía en mi anterior entrada, en que existe toda una gran área natural que, a título personal denomino Oretania que abarca, sin solución de continuidad, desde el río Tajo al río Guadalquivir y desde la mitad oeste de Ciudad Real, a buena parte de la mitad este de Extremadura y norte de Andalucía. Una región sin ninguna industria significativa, salvo en Puertollano. Sin grandes infraestructuras de transporte, a no ser el túnel de Miravete de la N-V en el extremo noroccidental de las sierras de las Villuercas. Sin apenas población situada en pequeños pueblos alejados bastante alejados entre sí; y con un terreno bastante quebrado de media-baja montaña y una red hidrológica importante, como lo pueda ser la mayor zona de embalses de Europa, en la contigua Siberia extremeña. Bien, pues en el mismo corazón de esta gigantesca área salvaje, está proyectada esta mina de fosfatos.

       El paisaje está formado por un maremágnum de serratas cuarcíticas entre los que se abre el valle de Fontanarejo y Arroba de los Montes, dirigido por el arroyo San Marcos, hacia el Guadiana más salvaje, tras salir del descomunal Estrecho de las Hoces, en la vecindad del molino de la Murciana. Lugar de un valor paisajística envidiable e innegable. Geológicamente, el mismo yacimiento de fosfatos de Fontanarejo es en sí mismo, un LIG, un lugar de importancia geológica, y en su inmediata vecindad, el Morro del Águila, es un puntal cuarcítico con una gran importancia geológica al ser el único lugar europeo con un tipo de fósil descubierto aquí para la ciencia.

       Esta área de los fosfatos de Fontanarejo, está rodeada de reconocidas áreas de muy alto valor ecológico, pero en concreto, tenemos el Parque Nacional de Cabañeros, al norte y sin solución de continuidad, con esta zona, aunque los técnicos de la Junta, declaraban que era muy diferente ¿?; al oeste una gran área montañosa en la que aparecen dispersas varias Microrreservas (Barranquillos y Hontanar) pertenecientes a la Zona Especial de Conservación ZEC ES4220019 de los Bonales de los Montes de Ciudad Real; toda la zona sur y suroeste, tiene la magnífica  y nada conocida ZEC ES4220003 de los Ríos de la cuenca media del Guadiana y laderas vertientes, así como la Reserva Fluvial de Riofrío. En el extremo suroeste, ya en tierras extremeñas, tenemos la enorme Reserva de la Biosfera de la Siberia extremeña.

Estas áreas protegidas, trufadas de una gran variedad de Hábitats de interés comunitario y con una riqueza faunística tan similar y por veces, mejor que Cabañeros (Estrecho de las Hoces), se encuentran a pocos kilómetros de la futura corta minera, pero no hace falta irse tan lejos, simplemente entre el kilómetro y los cien metros del borde perimetral de la mina, ya encontramos algunos de esos hábitats en los arroyos y roquedos cercanos (8220 Pendientes rocosas silíceas con vegetación casmofítica y 8230 Roquedos silíceos con vegetación pionera).

       En el arroyo de Vallehornillo, inmediatamente al este de la zona minera perimetrada, aparecen valiosos ecosistemas higrófilos, primero de juncales churreros, luego de altas hierbas, cárices y también, mesegares de Molinia caerulea (6420 Prados húmedos mediterráneos de hierbas altas del Molinion-Holoschoenion), para llegar a formarse un bonal (7140 'Mires' de transición) disperso, incluso con abombamiento de turbera (7110* Hábitat Prioritario: Turberas altas activas). También, en su borde, tienen brezales (el Hábitat prioritario 4020* Brezales húmedos atlánticos de Erica tetralix.

       Los otros arroyos a norte (Muñana y Valdepajares) y oeste (del Puerto), o en el perímetro minero (del Riscal y los Llanos) están más alterados por pastoreo y vecindad al pueblo, que se encuentra a escasos kilómetro y medio de la mina. Aunque todos ellos, aguas arriba, tienen esos Hábitats, excluyendo las turberas y brezales, sumamente puntuales o alteradas. Ya aguas abajo del pueblo, solo puntualmente aparecen arboledas de fresnos, pero sí los tamujares, siempre presentes en estas tierras Luso-Extremadurenses, dando nombre a numerosos arroyos, como el que se une a este arroyo del Puerto para dar lugar al río San Marcos.

       En estos arroyos y su vecindad hemos encontrado especies protegidas por la legislación autonómica, como Erica lusitanica, E. tetralix, Genista anglica, Scilla ramburei, Sphagnum spp., orquídeas como Orchis laxiflora, O. coriophora, etc., piruétanos (Pyrus bourgeana), etc., aunque no hemos ido en las mejores épocas ni investigado a fondo, pues muy probablemente existan otras especies higrófilas y las propias de las turberas.

       A nivel faunístico seguimos al alto nivel observable en toda la zona, pues es zona de campeo de todas las especies de grandes rapaces o cigüeñas negras, a semejanza del vecino Cabañeros, desde luego en el perímetro minero no anida ninguna especie protegida, pero en la vecindad, en un rango de 5 a 7 km. ya sí que podemos contar con el asentamiento de una pequeña colonia de buitre negro, al parecer, procedente de otra, hostigada por un incendio en los montes de Almadén. También se detectó el paso de lince, pues es una especie en expansión, con ejemplares en los montes ya más cercanos a Ciudad Real o en Cabañeros. Todos esos datos, contestados por los técnicos insistiendo que, aunque existían estas especies, no estábamos en su declarada Área Crítica. Tampoco se presupone afección a las aguas que bajen por el San Marcos al Valdehornos y Guadiana, ríos con presencia de grandes bivalvos protegidos y especies de peces en peligro.

       Según se desprendía de las contestaciones o aportaciones a nuestras observaciones, parecía que muchas de las cuestiones se dirimirían a posteriori, una vez comprobados los fallos, se procedería a su corrección, y en caso de no ser posible a la suspensión de la actividad minera. Pero es de suponer que un estudio de impacto ambiental, sirve precisamente para eso, para adelantarse a los acontecimientos y no tener que corregir o cerrar luego, sino de prever, con la suficiente cautela y de acuerdo al principio de precaución, los posibles efectos adversos de la actividad minera sobre población o entorno.

       Esta cuestión quedó manifiesta ante el testimonio de Ángel, solicitando un estudio de la posible radioactividad de los fosfatos. Todos los fosfatos, al igual que algunos minerales, como el granito, poseen una radioactividad natural que les es propia y puede devenir en problemas para la población y el medio. A pesar de ello, la empresa no había realizado ningún control o análisis de este tipo, remitiéndose a un informe de 1986 que decía que sí que existía cierto rango de radioactividad.

       Respecto a las posibles afecciones por emisión de partículas, bien por voladuras o bien en el transporte o movimiento del mineral, la empresa comunicó que estarían permanentemente regando caminos e instalaciones para evitar que esto se produzca ¿?. Respecto a la afección a las aguas, también declaraban tener una propuesta de vertidos cero, con reciclaje y reutilización de un agua que tampoco decían, al igual que con la vertida a los caminos, de donde sacarían, ni como auto-depurarían, pero que, desde luego, a los arroyos no iba a llegar nunca. Aquí tacharon de mala fe mi opinión de que eso me parecía simplemente imposible, preguntándome que porqué lo dudaba, cuando en su informe decía que no habría emisiones. No solo esto, hablando entre nosotros y vista la complicada tectónica de estos terrenos, llegamos a la conclusión de que van a tener verdaderos problemas para eliminar el exceso de agua que se le acumulará en el hoyo, muy verticalizado, de más o menos un hectómetro cúbico, es decir con un Bernabeu, pero de pie, que piensan realizar para extraer los fosfatos.

       Tampoco aportaron datos concretos sobre la creación de empleo, que sería mucho ¿?, pero es de suponer, que fuera del momento inicial de la explotación, ya estas minas funcionan con muy poco personal y cualificado, que probablemente no salga de los pueblos vecinos. Eso sí, las otras opciones, agrícolas, cinegéticas, turísticas, ya sí que van a quedar tocadas. La Junta está eligiendo un modelo de desarrollo que va en contra de los otros posibles modelos respetuosos con el medio ambiente y mucho más sostenibles que esta faraónica obra.

       Todo sin entrar en los problemas éticos de agotar un posible recurso. Esto es una carrera especulativa, amparada por una legislación europea, con el Reglamento Europeo de Materias Primas Fundamentales que busca una menor dependencia externa en la actualmente desenfrenada carrera por los recursos que está conduciendo a nuestra “civilización” a los bordes de un conflicto mundial y a la desaparición de las vías diplomáticas o negociadas para solventar estos grandes retos. Aquí, en la actividad minera reciente, aparecen dos tipos de actores, las mega-compañías multinacionales con un lobby de influencia capaz de mover voluntades políticas a su gusto, o por el contrario, mini-compañías creadas de la nada con un capital mínimo para empezar a andar que consiguen derechos mineros, para luego revenderlos y dar el pelotazo y desaparecer.

       Es historial de actividades mineras ilícitas (véase el carbón asturiano o leonés) o la ausencia de restauración de los terrenos mineros una vez abandonada su actividad (arcillas ladrilleras, sepiolitas, áridos, carbón, etc.) forma una lista en la que aparecen pocas excepciones decentes, en un incumplimiento de la legislación nada despreciable. Este tipo de negocio lleva este tipo de riesgos asociados, siempre habría que aplicar el principio de precaución y estudiar alternativas. Si no quieres que tu comarca se hunda todavía más demográficamente, con esta actividad te la estás jugando, quién va a querer vivir al lado de una ruidosa mina, aunque la presenten tan inocua y tan “residuos cero” como esta de fosfatos de Fontanarejo.

       Por desgracia no es este el único proyecto minero en la región, va para adelante la explotación de El Moto, en Abenójar, en contra incluso de la propiedad de la finca, también en un estado de conservación natural magnífico, pero la Junta se ha volcado en este proyecto, hasta el punto que el alcalde de Abenójar no ha querido ni hablar de entrar en el Geoparque de los volcanes del Campo de Calatrava, por si eso significaba entorpecer la puesta en marcha de este proyecto. Tampoco faltan proyectos en la vecina Cáceres, incluso a veces se replantea el negado proyecto de extracción de tierras raras del Campo de Montiel. 

       El desarrollo rural de estas deprimidas regiones no pasa por deprimirlas más aún, y menos aún por coartar las posibles alternativas de desarrollo, aparte del enorme beneficio que supone para el planeta y para el país, tener una naturaleza salvaje en un estado de salud envidiable, un recurso difícil de valorar económicamente, pero con sus beneficios aportados a todo el planeta. Esos minerales están ahí, quizás merezca la pena explotarlos en alguna ocasión, o tal vez no, pero nosotros no siempre vamos a estar aquí, tenemos que dejar algo de planeta a nuestros descendientes, mala herencia sería si vamos dejando solo nuestra basura, nuestros residuos y las arcas vacías.

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