miércoles, 16 de julio de 2014

Los Bonales más sureños de Castilla la Mancha


            En una entrada reciente ya he hablado de los bonales, esas islas de vegetación húmeda en medio de la extensa sábana calcinada que son nuestros campos en verano. Algunos son poco más que unos amplios brezales con juncos, en los que se intuye la cercana circulación del agua bajo tierra, mientras que otros tienen en su interior grandes pajonales de herbáceas higrófilas o buenos trampales (turberas) en torno a aguas nacientes y regueros iniciales. Son estos últimos los que atesoran en estos micro-ecosistemas, verdaderas joyas botánicas y faunísticas.

Una de las plantas protegidas del bonal: Lobelia urens

            Si bien es muy raro encontrar estos ecosistemas fuera de las grandes y norteñas montañas ibéricas, como ocurre en las montes del oeste manchego, más peculiar aún resulta encontrarlos en la más baja y térmica comarca de los Montes de Almadén o Montes Sur de Ciudad Real, región a medio camino entre La Mancha, Andalucía y Extremadura. Aquí los bonales se encuentran totalmente desprotegidos al no existir una sola micro-reserva, como sí ocurre, afortunadamente, poco más al norte.

El brezo de turbera (Erica tetralix) entre hojas de otro brezo (Erica scoparia), abundante en todos estos bonales

            Solo algunos bonales se encuentran bajo el paraguas, muy difuso legalmente y más en la práctica, de tres Lugares de Importancia Comunitaria, concretamente los de: "Sierras de Almadén, Chillón y Guadalmez", "Sierra de los Canalizos" y el de los "Ríos Quejigal, Valdeazores y Alcudia"; coincidentes con ZEPAs, Áreas Críticas de la Cigüeña Negra y Zonas de Importancia para Águila Imperial y Buitre Negro.


Helechos (izqda.), brezo de escoba (arriba) y brezo de turbera (en medio), típicos de un  bonal

          Estas figuras de protección aunque velan por la protección de estos ecosistemas, se centran mayormente en la protección de las grandes aves. Los bonales de esta zona apenas han sido estudiados y ni siquiera inventariados, de ejemplo os muestro varias imágenes localizadas gracias a Iberpix.

Conjunto de bonales del extremo suroeste manchego

       Toda esta región estuvo capitaneada económicamente por Almadén y como esta capital sufre la debacle económica y poblacional que supuso el cierre de la mina más antigua del mundo, sin una visible alternativa económica, la mayoría de la población en edad laboral ha emigrado y los que permanecen, son guardeses de fincas cinegéticas, pastores o atienden los escasos olivos familiares.


La bella seta Hygrocibe miniata (gracias Valentín) prosperando en el verano del bonal

             Contrariamente a lo que se pueda pensar, el abandono no es bueno para la naturaleza, siempre íntimamente relacionada con el hombre, pues a más abandono, menor cuidado y mayor desfachatez de algunos terratenientes o aprovechados, por segar el pan para hoy y sembrar el hambre para mañana.

Nadie pudo impedir el drenaje en "pie de gallina" de este otrora magnífico bonal del que apenas quedan restos

La otra cara de la moneda, bonal recuperándose tras el abandono de la majada de la Cabrera

            Aquí aparecen fantásticos e impensables rincones boscosos; la nota general del paisaje es el de sus grandes dimensiones, con horizontes que se pierden en cadenas de serrezuelas y grandes manchas de un rico bosque mediterráneo, variado en toda su gama ecosistémica, donde destaca su magnífico estado de conservación. Llama la atención la abundancia de aguas superficiales debidas a una pluviometría significativamente más húmeda que el resto de Castilla la Mancha, muestra de ello es la abundancia de alcornocales, quejigares y pequeños, pero buenos robledales en las zonas más propicias.

Pequeño bonal entre grades pies de roble (Quercus pyrenaica) y algunos mestos

            Esta región registra muchos años, como el sureste de Albacete, las temperaturas estivales más altas y también los inviernos más suaves de la región manchega. La vegetación es el reflejo más claro sobre el terreno de esta bonanza climática, a pesar de los rigores del verano, por ello aquí abundan el alcornoque, el mirto (Myrtus communis) o la aliaga de tres espinas (Genista triacanthos).

Mirto común en plena floración

            Gracias a mi amigo Leovigildo Flox he podido disfrutar de un par de excursiones por lo más recóndito de estas serrezuelas, aunque ya hice antes algunas incursiones, las últimas salidas con él han sido clarificadoras de todo lo que puede dar de sí esta zona, aunque él es más experto en animales en peligro de extinción que en lo mucho y bueno que sabe sobre la vegetación de los bonales.


            Dado el poco grado de alteración que presenta toda la región podemos encontrar una buena cantidad de bonales, todos sin inventariar ni valorar, y dada también la bonanza climatológica, aparecen con rasgos diferenciadores del resto de los bonales en torno al Guadiana o a los más norteños de la provincia. Aquí ya es más difícil encontrar el arrayán de pantano (Myrica gale) e impensable la presencia de abedules (Betula pendula subsp. fontqueri), pero aparecen otras como las murtedas (de Myrtus communis). Aunque dada la gran cantidad y variedad de bonales (de raña, de ladera, de solana, de umbría, de valle, de bosque, etc.), es difícil sacar conclusiones de una vegetación que todavía puede dar sorpresas.

Dos buenos bonales sin visitar, uno de raña y otro (arriba-izquierda) de valle

            Con Leovi estuve en unos cuantos bonales y no pudimos llegar, por cancelas en los caminos, a alguno de los más interesante. En uno de ellos encontramos rodeando un pequeño bonal de valle, un espeso rodal de ciruelos silvestres (Prunus insititia), pero en el que más tiempo estuvimos fue en el Trampal de Santorrostrillo, en una zona donde en cada valle hay varias bonales: Trampal del Lobo, Trampal del valle de la Quejigosa, etc.

Leovi avanzando penosamente entre los pajonales

            En la aproximación al bonal, vemos que los pequeños arroyuelos cercanos también tienen algo de pajonal, con su zona más húmeda enmarcada entre zarzales, brezos y, sobre todo, mirtos, que ahora se encuentran en plena y fragante floración. La variedad arbustiva es apabullante y casi sin dominancia de ninguna especie: madroño, genista (Cytisus striatus), mirto, jara pringosa, jara cervuna, brezo de arroyo, brezo blanco, brecina, zarza, aulaga, coronilla de fraile, etc, y los árboles: alcornoques, quejigos, encinas y sauces.

Sauces, escoba estriada, jaras cervunas, mirtos, zarzas, aulagas, brezos, etc.

            Con el calor, la humedad y la espesura de arbustos y pajonal, su recorrido se hace muy fatigoso, además nunca sabes donde va a quedar el pie, si arriba o medio metro más abajo, si sobre blando, sobre duro o en medio del agua, de ahí le viene el nombre de trampal, pero merece el esfuerzo, pues siempre hay cosas interesantes que ver.


Como en casi todos, se han excavado balsas para la sed del ganado, silvestre o doméstico

          Primero se trataba de acercarse y buscar el lugar por donde entrar al bonal. Al llegar vemos varias vías de entrada demasiado enzarzadas como para avanzar, pero más abajo era factible, además nada más seguir el primer arroyuelo, algo despejado por estar pastoreado, topamos con un buen suelo de musgos esfagnos, entre los pajonales.

Sphagnum bajo el tapiz de la florida Anagallis tenella

            Nos internamos por el herbazal que está surcado por numerosos y pequeños cauces que embarran el terreno bajo las macollas de molinia, desde lejos vemos la parte central e inicial del bonal, dado el caótico abombamiento del terreno que apenas pueden contener la vegetación; al situarlo visualmente, se levanta un cuello de ese punto, es una corza a la que hemos sorprendido y que desaparece pronto entre la espesura.

Parte central del bonal, donde estaba escondida la corza

           Casi no se ven, pero quedan flores de la escoba de pantano (Genista tinctorea), luego vemos que es masiva por todo el bonal, apenas vimos al aulaga ratera (Genista anglica) dentro de bonal, pero luego vimos que todo el jaral-brezal circundante rebosaba de ella.


Masa de genista tintorera hace varias semanas en un bonal cercano

            Vamos comprobando que se trata de un bonal en toda regla, con toda su gama o catena vegetacional. Lo más abundante son los pajonales de Molinia caerulea, los brezos de turbera, escasa pero presente, algunas grandes macollas de Carex lusitanica. En los puntos de agua algo más profunda la Callitriche brutia, los pequeños y floridos céspedes de Anagallis tenella y, también en flor, la Scutellaria minor

Scutellaria minor en flor

            No encontramos plantas carnívoras, pero sí la protegida y casi orquídea, Lobelia urens. Los hipéricos están casi todos, Hypericum elodes, H. undulatum, H. linarifolium, H. perforatum e H. perfoliatum. En un bonal aguas abajo, hace un mes pude ver la rara Gratiola officinalis entre una multitud de serapias, satiriones (Orchis laxiflora) y genistas tintoreras.

La poco común Gratiola officinalis

          Todavía dio tiempo para ver algún bonalillo suelto y otro muy interesante por estar en una vaguada rodeado de algunos robles de muy buen tamaño, algunos de ellos mestos. Aquí vimos en el arroyo antes de llegar a él, un gran pie de avellano, probablemente naturalizado; como de costumbre algunos nacederos de aguas ferruginosas a juzgar por el color rojo de los bordes y los brillos metalizados de su superficie.


Stachys officinalis abundante entre el bosque y el bonal

           Nos sorprendió en medio del herbazal la florida abundancia de las otoñales campanitas blancas, Leucojum autumnale, también estaba en flor la betónica Stachys officinalis.

La primera vez que veo floridas las campanitas blancas, Leucojum autumnale, fuera de los inicios de otoño
            El calor empezaba a apretar y decidimos dar fin a esta intensa jornada por una de las regiones que conserva mejor su naturaleza de toda la península. No hace falta escalar montañas o viajar a tierras de mayor fama eco-turística, a veces los lugares de los que menos se oye hablar, son los que encierran las mejores sorpresas. Esta región, tan difícil de recorrer y tan lejos de cualquier gran ciudad o autovía, nunca dejará de sorprenderme.

Sorpresa, un avellano en el arroyo, entre un variado bosque mediterráneo

domingo, 6 de julio de 2014

Ruta por la Vegetación climácica de los Yesos


Hace poco organicé con Darío, por fin, una ruta planteada varios años atrás, un paseo por una de las zonas mejor conservadas de los yesos de la cuenca  de Madrid. El aljezar, (el yesar en árabe), aquí se encuentra en todo su esplendor, esas teóricas catenas de vegetación que se explican en los libros aquí se ven claramente. A diferencia de otros lugares, aquí el yesar se muestra en toda su variedad, desde la más pelada costra de líquenes hasta espesos rodales de encinar.

Costra liquénica, espartos, jarillas y encinar de fondo

                Coincidimos unos cuantos aprendices de botánicos, algún bichero y tres blogueros (Javier, Juanjo y el que escribe), y la excursión, a pesar de estar curtidos en estos medios, no dejó de sorprendernos, incluso a  mí, que he venido varias veces a preparar la ruta. A pesar de los calores, de la logística y de las numerosas garrapatas que se abalanzaban sobre los que iban en cabeza haciéndoles acelerar el paso, con lo que acabamos en una marcha bicéfala, salió una ruta redonda en todos los aspectos.

Tras pasar estas orzagas y herbazales, muchos ya iban cargados de garrapatas

                 La ruta se realizó siguiendo un arroyo que va desde el estrato superior calizo pontiense que corona el mioceno de la llamada Cuenca de Madrid, hasta el río Tajo, de yesos ricos en sales y suelos aluviales. El plan inicial era continuar por la otra orilla, en tierras toledanas, para visitar alguna salina, pero ya era mucho andar. A pesar de estar en Madrid, fue una excursión manchega, pues más de medio  Madrid, manque les  pese a algunos, es Mancha manchega.

Los yesares del otro lado del Tajo tienen otro aspecto, más salvaje y rojizo

        En esta región hay dos buenas representaciones de ecosistemas casi desaparecidos del resto de la comunidad madrileña, los encinares bien conservados sobre yesos y los albardinales. En Madrid sí hay buenos encinares, pero mayoritariamente prosperan sobre materiales calizos, y el albardín (Lygeum spartum) si antaño fue abundante, hoy solo aparece de manera puntual y testimonial.

Probablemente el mayor albardinal (Lygeum spartum) madrileño

                Este año, a estas alturas, ya está todo achicharrado, pero aquí en los yesos, muchas de las plantas tienen carácter termófilo y esas, siempre florecen más tarde, así pasaba con unas de las plantes dominantes del jabunal, el tomillar gipsícola con jabuna (Gypsophilla struthium), las jarillas de los yesos, la llamada jarilla de escamas (Helianthemum squamatum) y la mayor y más térmica (H. syriacum); la retama de bolas está en su punto llenando de su fragancia tramos del camino.

Jarilla de hojas de lavanda (H. syriacum) derecha  y de escamas (H. squamatum) izquierda. 

                Para estudiar el aljezar, no es que haya que saber árabe, pero sí hay que mantener y no dejar que caigan en el olvido, la gran cantidad de palabras heredadas de nuestros mayores que se están perdiendo en medio de tanta modernidad y falta de aprecio por nuestros ecosistemas más cercanos. Fitotopónimos como: calaminar, albardinal, fenalar, sapinar, jabunal, atochar, arnachos, orzagal, jabunal, lastonar, almorchinar, etc., son formaciones vegetales presentes en el aljezar, y como dice Salvador Rivas-Martínez, en España hay más nombres de formaciones vegetales que de los mismos vegetales que las forman.

Ontinar (Artemisia herva-alba) abajo y atochar (Stipa tenacissima) arriba

               Comenzamos la  caminata dejando la vega, con huertos, sembrados y barbechos a mano derecha y el encinar, más o menos aclarado, a la izquierda; en algunas vaguadas la cobertura es casi total. A la sombra del encinar apenas crecen algunas lianas, esparragueras y algún jazminorro. Al otro lado, muchos  campos llevan varios años de barbecho y se van naturalizando; el arroyo apenas conserva vegetación riparia dado el ajustado aprovechamiento de los cultivos, aunque en algún momento aparecen restos de olmedas, tarayes y cañaveras de Arundo donax, para tutores y tomateras. Aguas abajo el arroyo se naturaliza, llenándose de orzagas (Atriplex halimmus) y tarays.

Costra, espartal, fenalar, orzagal y encinas sueltas en un valle sin transformar demasiado

                Surge con Javier la discusión de cuál es la clímax de los yesos, él no duda de un espeso bosque que iría de las olmedas del arroyo a los encinares y quejigares de las laderas. Para mí estaría muy cercana a lo que vemos, encinares más espesos en la umbría y dispersos en la solana, alternándose con coscojares y efedras; con albardinales en los vallejos, donde a más humedad aparecerían los orzagales seguidos de los tarayales (Tamarix canariensis), olmedas y quizás en las vaguadas casi endorreicas y meandros del valle principal, pequeños saladares con su vegetación halófila.

Espartales, albardinales abajo, encinares en umbría y jabunal-espartal en solana

La aridez, las sales y los venenosos sulfatos no dan para muchas alegrías forestales, aunque sí podría ser con suelos orgánicos, difíciles de conseguir y mantener. Por eso pienso que en su día el bosque sería más variado, más parecido al de cercanas áreas calizas, habría quejigos y algunos arces en las umbrías, y probablemente tendríamos un bosque mixto de encinas y pinos carrascos, con Juniperus de varios tipos (por esta región llegan a aparecer puntualmente J.thurifera, J. phoenicea y más común J. oxycedrus.

Encinar con un gran pino carrasco aislado, no lejos está el Pinar de la Encomienda

   No hay que olvidar que estamos a poca distancia del Pinar de la Encomienda, donde aparte del pino aparecen casi todas las especies forestales y arbustivas de la región con un séquito que da fe de su naturalidad. Actualmente un alto porcentaje de todas las laderas del Tajo han sido y están  siendo repobladas con este pino, cuestionable, porque no suelen respetar el medio donde se implantan, a veces incluso levantan chaparras en progreso, al pasar el subsolado, que sirve para recoger más humedad para los plantones pero que destroza el monte, dejando casi de por vida, esos surcos y caballones en curvas de nivel.

Pinos colonizando poco a poco laderas, afortunadamente, sin roturar

La gente empieza a calentarse tras las lentitudes iniciales, el valle se va poniendo más salvaje y mucho menos humanizado según bajamos. Vamos viendo todas las plantas de los yesos y sobre todo comenzamos a disfrutar con la  visión, casi marina, de los grandes albardinares llenando las amplias vaguadas que van a dar al arroyo principal. Antes era común, ahora casi todos los fondos de valle en comarcas yesíferas, son cultivos cerealísticos o de regadío, con sus arroyos convertidos en rayas.

Arriba el esparto y abajo, como un brazo de mar, el esparto fino o albardín

No falta el ambiente salino y de hecho van apareciendo sus protagonistas, vemos varias matitas de Plantago maritima, el escaso y “protegido” Lepidium cardamine. Este es un tipo de albardinal que Jesús Izco en su famoso y lamentablemente descatalogado “Madrid Verde”, daba casi por común, y para no contradecirle, apareció otra famosa “joyita” botánica madrileña, el Senecio auricula que seguro que los que deberían velar por su protección, probablemente no sepan que aún existe en esta Comunidad tan regañada con su naturaleza.


El albardinal salino completo: Lygeum spartum, seco Senecio auricula, abajo izquierda Lepidium cardamines 

      Este hallazgo no nos lo esperábamos  a pesar de estar “previsto” en un todo buen albardinal, otra interesante planta salina, junto con Suaeda splendesn fue la rastrera Frankenia pulverulenta.

Botánicos adorando la rastrera Frankenia pulverulenta como si del becerro de oro se tratase

Como nos hemos juntado un grupetto todoterreno, vamos viendo insectos, hongos, un lagarto que tras ver el par de perros decide subirse a un  alto olmo fané; al rato oímos un reiterado quejido, uno de los perros tiene entre sus fauces el cuello de un corcino, no se sabe quién tiene más susto, si el corzo o el perro al ver que le perseguimos para obligarle a soltar su presa.

Lagarto ocelado encaramado a lo alto de un olmo seco

          Afortunadamente el pobre corzo se largó saltando por la alta hierba a la espesura del arroyo. Otro disgusto fue ver recién atropellado a un eslizón, aún no he conseguido ver uno vivo, siempre los he visto como ahora, una lagartija de cristal, brillante y tornasolada, pero muerta.

Ephedra dystachia, ni tan fina como E. nebrodensis ni tan gruesa y gris como E. fragilis

En el recorrido vemos las tres efedras, por una vez no discutimos sobre la menos común Ephedra dystachia, solo con compararla vemos claramente los tallos algo mayores que en E. nebrodensis. Seguimos viendo cosas interesantesBupleurum ramossisimus y Dorycnium gracile, también de carácter salino y según Flora Ibérica inexistente en  Madrid.

Insólito, la liana riparia Cynanchum acutum, planta de la mariposa monarca, creciendo en la costra liquénica

      Al igual que Ignacio López Colón viene demostrando que cada planta del aljezar tiene su insecto  específico, algo similar ocurre con las plantas parásitas del género Phelipanche,  bellezas algo similares, pero cada una eligiendo una especie, el año pasado ví Phelipanche resedae, parasitando al gran endemismo Reseda suffruticosa, ahora le toca el turno a P. portoilicitana con su Centaurea hyssopifolia, en Rivas Rubén encontró al P. georgii-reuterii sobre Lepidium subulatum, y todavía quedan unas cuantas más por ver.

La pequeña Orobanchacea Phelipanche portoilicitana parásita de la Centaurea hyssopifolia

No es menos interesante la “costra liquénica”, una cuasi-vegetación exclusiva de la dureza ambiental de los yesos, aquí la riqueza y cobertura de los líquenes supera con creces a la flora vascular, pero las plantas que aparecen son verdaderos especialistas que solo se dan en el aljezar.

El bello especialista de lo más crudo de la costra, Teucrium pumillum

     Su  gran especialista, embajador de otros congéneres suyos del sureste ibérico es el Teucrium pumillum, acompañado por el tomillo de Aranjuez Thymus lacaita, Launaea fragilis y anualitas como Ziziphora hispanica o Campanula fastigiata.


Resedas en primer plano: R.stricta y R. suffruuticosa

      En los abundantes taludes y cortados abunda la Reseda suffruticosa y la boca de dragón Antirhinum graniticum. Hay algún tipo de vegetación que no había visto antes como la perfecta comunión del espartal con el romero, salpicado con algunas encinas y efedras.

La gran reseda sufruticosa, uno de los más bellos endemismos gipsícolas del centro peninsular

Finalmente, al acercarnos al Tajo vemos formaciones de conglomerados, en cotas altas llenos de plantas gipsícolas y más cerca del río con algunas plantas menos afines. Aparecen   estratos inclinados de cantos más gruesos o de arenas. Poco más adelante, para contrarrestar el calor del mediodía nos esperaban los verdores del Tajo con su fresca vega y el impresionante azud de Buenamesón, donde dimos por finiquitada la excursión con un buen sabor de boca en todos los paladares.

                

martes, 24 de junio de 2014

Los Bonales de la Puebla de Don Rodrigo


Hoy me ha invitado Valentín a dar una  vuelta por los bonales de su pueblo, los famosos bonales de Puebla de Don Rodrigo, cuyas mejores representaciones están protegidas bajo la figura de Microrreservas, algunos desde 2002 y otros con  posterioridad. Una figura de protección idónea para pequeñas y delicadas áreas con valores de gran importancia ecológica, no  solo a nivel local, sino nacional.

Teucrium fruticans recordándonos que estamos casi fuera de la meseta por el sur

Los bonales son pequeños pero completos ecosistemas hídricos debidos a la aparición de manantiales en la base de algunas laderas con  una  interesantísima vegetación  asociada a ellos. Son islas verdes en medio del secorro monte mediterráneo, con una  vegetación que incluso escasamente, encontraremos en la cornisa cántabro-pirenaica o en las cumbres del Sistema Central e Ibérico. Manifestando muchas especies las localidades más meridionales de su área de distribución.


Un arroyo pletórico de helechos reales

Los bonales son un ecosistema peculiar y representativo de la naturaleza en buen  estado de conservación del oeste de Ciudad Real, desde los Montes de Toledo hasta Sierra Morena, donde en los últimos decenios, su declive parece  inexorable. Son más abundantes en la zona central, a medio camino entre los dos macizos y en  sus confines occidentales, los más lluviosos al marcar un pequeño, pero pluviométricamente importante, escalón entre la penillanura extremeña y la sub-meseta manchega.

Serapias parviflora, una de la numerosas orquídeas de los bonales

Esta bonanza en  aguas, también ha sido la causa de su transformación o desaparición, a la vez que  punto vital, para el asentamiento del hombre en el territorio. Casi  se podría decir que la totalidad de los pueblos y aldeas de los Montes de Ciudad Real han tenido su origen en un bonal, incluso algunos asentamientos poseen este topónimo.

La extraña orquídea Limodorum abortivum en el quejigar cercano a un bonal

Valentín, buen experto en orquídeas y mayor aún en  setas, conoce todo este territorio al dedillo, él y sus compañeros y amigos del pueblo, a tiempo completo o parcial, tienen el buen juicio de valorar y apreciar las cosas buenas del campo; salen juntos siempre que pueden, a setas, a espárragos, a ver plantas poco comunes o a bañarse en las tablas del Guadiana y disfrutan su campo como en pocos pueblos he visto. Siempre que pueden quedan, se organizan, hacen una ruta por el monte o cerca del río y pocas cosas escapan a su curiosidad.

Escudriñando  el terreno en el borde de un manantial

Hace tiempo que ando detrás de una  orquídea muy rara, la Serapias perez-chiscanoi o serapia verde, Valentín me comentó que el cree haberla visto por estos bonales y vamos a echar un  vistazo y, de paso, ver si  han salido boletos. Nos  dirigimos a raña Maleta, una raña (las llanas y poco inclinadas peanas de las serretas de cuarcitas, formada por angulosos bloques de cuarcitas empastados en  una  matriz de arcillas y limos rojizos), con varios de los más célebres bonales de La Puebla.

Para Valentín estas láminas reticuladas lo identifican rápido: Polyporus arcularius

Ya de camino, para abrir boca, en uno de los arroyos iniciales se ven mirtos (Myrtus communis) algo recomidos por la caza y el ganado.  Los bonales se ven con claridad, porque al estar vallados, para protegerlos del pastoreo, se resalta el contraste entre esas zonas de lozana vegetación natural y los cultivados o pastoreados terrenos exteriores.

Una gran pasarela rodea una de las vejigas de un bonal

Al atravesarlos veo que la vegetación arbustiva está en un buen momento, destacando la escandalosa floración, porque nunca había visto tanta aulaga ratera (Genista anglica), ni tan alta, ni tan florida, aunque quienes dominan son los brezos, en una  amplia gama, aunque ya pasados los brezos blancos y los de arroyo (Erica arbórea, E. lusitanica y E. scoparia), empiezan a florecer los de turbera (Erica  tetralix).


La vegetación de los bonales varía mucho según su estado de conservación, de si han  sido  manejados para sacarles agua para algún abrevadero o para regar huertos, de si se encuentran muy pastoreados o si han sido levantados y arados; malgastados en una poco productiva superficie que se anega siempre que llueve algo más de lo normal. Del ganado o de la caza se protegen ellos solos pues siempre a su alrededor crece una espesa orla espinosa de zarzales, rosales y espinos, en muchos casos impenetrable.

Anthericum baeticum, una blanca joyita del borde de algunos bonales

Esa vegetación que los coloniza varía en función de la cercanía al agua, a su constancia y régimen, desde aguas quietas o “estagnantes” a corrientes. El monte mediterráneo de encinas, quejigos o alcornoques, en su transición comienza a llenarse de brezos, luego se hace demasiado húmedo para quercíneas, a no ser algunos quejigos, hay más madroños, algunos hediondos, como llaman aquí al arranclán (Frangula alnus), zarzas y helechos.


El brezo de turbera Erica tetralix

El paso a la vegetación más  propia del humedal llega por la mayor abundancia de hediondos  y sauces, aunque en los mejor conservados aparece el fragante arrayán de pantano o mirto de Bravante, un arbusto que podría tener una de sus mejores representaciones mundiales aquí, en el oeste de Ciudad Real. Este bello arbusto posee, para mi gusto, uno de los mejores aromas que jamás he olido. En las pocas zonas de centro-europa donde existe, un uso tradicional suyo es el de aromatizar la cerveza.

El arrayán de pantano o mirto de Bravante (Myrica gale)

El paso siguiente ya es la turbera, áreas cercanas al nacedero, cargadas de agua retenida por musgos y unos suelos formados por materia orgánica sin terminar de descomponerse. Aquí ya escasean los arbustos, quedando solo los especialistas en estos medios, como la genista ratera Genista anglica, el brezo de turbera Erica tetralix, y otra genista, más herbácea que arbustiva, la Genista tinctorea.

Las macollas más verdes son Carex lusitanica y las verde-grisáceas Molinia caerulea

En lo herbáceo, y con las raíces en el barro, aparecen los pajonales o masegares, grandes macollas de gramíneas adaptadas a estas humedades, por un lado las molinias (Molinia caerulea), de largas hojas acintadas, con macollas que pueden elevarse hasta casi un  metro por encima del barro o del agua; y la parecida, pero mucho más  verde y vigorosa, la gran cárice, (Carex paniculata subsp. lusitanica), aunque en arroyos más protegidos y sombreados, se ve la enorme Carex pendula; bajo ellas, a veces, aparecen micro-céspedes floridos como los de Anagallis tenella o Scutellaria minor o las acuáticas Eleocharis sp.,Callitriche, juncos y nano-juncos. También, menos dominantes, aparecen otras gramíneas norteñas, como Dantonia decumbens y otras cárices como C. echinata, C. distachya, etc .


Los musgos Sphagnos son las esponjas del bonal

En los puntos iniciales del manantial cuando  el estado de conservación es bueno aparecen las verdaderas turberas, suelos siempre húmedos con las permanentemente empapadas esponjas de musgos esfagnos, a veces creciendo tan apretadamente entorno al manadero, que los hacen elevar el punto de salida de agua por obstruirlo lateralmente con su espeso crecimiento, creando lo que aquí llaman “vejigas”, las llamadas turberas altas, acumulaciones turbosas en forma de montículos que pueden superar los dos metros de altura, pudiendo ser funcionales hoy , aunque la mayoría son relictas o heredadas.


Una vejiga de más de dos metros de alto, roedeada de una alta pasarela como atracción de visitantes

En estas zonas de esfagnos rezumantes es donde aparecen los verdaderos especialistas del bonal (en otras zonas: tremedales, toyas o turberas), aquí aparecen las plantas carnívoras: la drosera Drosera rotundifolia y la grasilla portuguesa Pinguicola  lusitanica, el algodonoso Senecio helodes y también rarezas norteñas como Rhyncospora alba o los raros helechos Ophyoglossum e Isoetes. En las pequeñas pocillas y arroyos iniciales flotan las hojas de los Potamogetum polygonifolius.

Hace pocos días parecía una Serapia perez-chiscanoi pero es una S. lingua bastante clara

Esta vez no va a ser, unas serapias que hace una semana aparecían casi blancas, ahora se muestran más rojillas, no es la serapia verde sino la más común, Serapias lingua, muy abundantes y con una  buena gama de tonos y formas. También vemos, casi sin abrir alguna  Serapias parviflora, pero no hay nada de la otra, aunque algunos amigos de Valentín, me dicen, tras ver varias fotos, que sin duda la han visto, y que tarde o temprano, darán de nuevo con ella. 


 Serapias perez-chiscanoi era exclusivamente extremeña y solo de la cuenca del Guadiana norte, hace  unos años apareció una  población al oeste de Toledo, y el año pasado se encontró otra cerca del límite con Ciudad Real. Aquí solo tenemos noticias de Jesús Víctor García y María Jesús Fernández, que en el blog de Arroba, hace tiempo dieron noticias de su hallazgo y unas fotos magníficas.

La auténtica Serapias perez-chiscanoi ciudarrealeña, foto de Jesús Víctor García

Tras  un  repaso a los primeros bonales y ver un manantial de aguas casi calientes, bajamos por el bosque, se ven muchas plantas semi-parásitas, las grandes Orobanches o jopos, al poco me muestran un buen rodal de una orquídea también semi-parásita, el Limodorum abortivum de bellos tonos violáceos y flor sin terminar de abrir (abortada antes de abrir).


Jopos (Orobanche latisquama) bajo el quejigar

En medio de la sequía de esta primavera, Colombia canta el hallazgo de un boleto en buen estado, ese fue el único que apereció ese día y  casi en  todo el resto de seca primavera. Es un placer ir con gente primero, con tan  buena vista y, segundo, tan  conocedero de la naturaleza de su pueblo.


  
El único Boletus que he visto esta primavera

 Vimos una virutas en el suelo, en seguida, se buscó el nido de un pájaro carpintero, y además por los bordes con plumón pegado, ya me dijeron, que no hacía falta asomarse, que tenía pollos. Al poco rato, al remontar un arroyo, un nido y por el tamaño y el lugar, sin duda de azor.


Remontamos un arroyo que recogía el agua de varios bonales y vimos que tenía un alargado bonal de ladera, casi imposible de andar, con bastantes genistas rateras, brezo de turbera y mirto de Bravante. El arroyo también gozaba de un ambiente húmedo y  sombrío y  pudimos ver más mirtos y helecho real (Osmunda regalis) en abundancia y bellas rarezas como Anthericum baeticum .

Nido  de azor, como siempre, cerca de un arroyo

 Pero lo más valioso de estos vallejos es la gran biodiversidad que acumulan, incluso en lo arbóreo, aparecen  los alcornoques, quejigos encinas y algún roble, mezclando sus correspondientes cortejos, de arbustos (jaras, genisteas y brezos), junto con todo lo higrófilo de bonales y arroyos.


Al fondo tonos grises del brezo de turbera (Erica tetralix) entre amarillos de Genista anglica en un bonal de ladera

Pero también me contaron de algún buen bonal recién desaparecido para crear un charca contra incendios (obra del estado) o una raña entera, como ésta, cuyos bonales habían sido arados no hace muchos años. A pesar de ser un Hábitat Prioritario y tener casi toda su vegetación protegida sobre el papel, todavía hay muchos bonales sin inventariar, sin proteger. No hacen falta muchas vallas o prohibiciones, solo saber lo que se tiene, cuidarlo mínimamente e impedir que nadie los destruya. 
Los bonales son, como decía D. Salvador Rivas Goday, "Islas Atlánticas en un Mundo Mediterráneo".





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