miércoles, 30 de enero de 2013

Delirios de Invierno



          Increíble, para las fechas y fríos que corren, ver la floración explosiva de alguna especie vegetal, pero así ha sido y todos los años por estas fechas, los lirios de invierno, por lo menos, lo intentan. La cosa solamente les sale bien, aproximadamente, uno de cada tres intentos, pues uno de cada tres años por estas fechas caen unas pelonas tan duras que no hay planta que pueda soportarlas y florecer al mismo tiempo, otros años se llevan consecutivamente una de cal y otra de arena, combinándose alguna flor en buen estado y congeladas flores marchitas, dando una breve floración medio fallida; y por fin, llega un año en que se produce una buena y larga floración.

El año pasado los lirios sufrieron las inclemencias de una año seco y frío

      Un año bueno, como este, la floración puede iniciarse a principios de diciembre y acabar a finales de febrero, aunque lo normal es que ocurra de mediados de enero a finales de febrero, solapándose los últimos lirios con los primeros almendros floridos. Ha faltado la foto que se podría ver muchas mañanas, de esos colores nazarenos adornados por la escarcha, otra vez será.


             Desgraciadamente, no son muchas las localidades ibéricas que pueden disfrutar la floración de los lirios de invierno, yo los conozco del Campo de Calatrava en Ciudad Real, pero aquí aparecen algo alejados de su área de distribución (disyunción), pues son más sureños y de tierras normalmente, más bajas. Es un lirio andaluz, (exceptuando todo el sureste), extremeño y portugués, de terrenos carbonatados, que en estas regiones  no son abundantes, de tierras bajas y también costeras.



            En otros lugares donde no hay lirios de invierno, ese nombre a veces se lo dan a otros lirios, las patitas de burro (Ginandriris sisyrinchium), de menor tamaño y que más que de invierno, son de inicios de primavera y aparecen en un área geográfica casi coincidente, pero algo más extensa y sobre todo tipo de suelos.

Las patitas de burro Gynandriris sisyrinchium en algunas zonas se denominan lirios de invierno

            El lirio de invierno en Ciudad Real tiene una distribución muy especial, está asociado exclusivamente a suelos de naturaleza volcánica o su inmediata vecindad. Su distribución no se encuentra en ellos generalizada, pues no aparece en la zona volcánica sur (de Almagro a Puertollano), lo que podría tener que ver con un ligero endurecimiento de las condiciones climáticas, no como  en torno a los valles que van a converger al Guadiana, donde son extraordinariamente abundantes sobre volcanes y coladas.

Lirios en una loma al borde del Guadiana

            El nombre científico de este lirio (Iris) está a punto de cambiar. Pese a lo mucho que me contraría mudar lo aprendido, no puedo sino alabar la labor investigadora desarrollada para reventar la anterior clasificación de los lirios ibéricos bajo el paraguas del género Iris, a partir de ahora, en seis diferentes géneros ibéricos (Iris, Juno, Chamaeiris, Xiphion, Limniris y Ginandriris), algunos monoespecíficos como Juno, Limniris y  Ginandriris que son, respectivamente, el lirio de invierno, el lirio amarillo o lirio de agua y la patita de burro.

Un par de veces he visto lirios totalmente blanco, este año este ha sido el más albino que he visto

            Me va a dar rabia ver flores de lirio bajo nombres que no incluyen el genérico Iris, pero los potentes estudios filogenéticos, la exhaustiva búsqueda de datos y la gran labor de herbario de estos buenos investigadores, no admite discusión; aparte de la valentía de romper con todo y hacer borrón y cuenta nueva. Un punto a favor de Flora Ibérica, algo que no puedo decir de otros géneros ya remodelados o algunos que nada más ser publicados ya pedían a gritos una remodelación que no les ha llegado.


             El lirio de invierno que en Ciudad Real podría llamarse el lirio de los volcanes, es el Iris planifolia que cuando se publique el nuevo tomo de Flora Ibérica pasará a llamarse Juno planifolia y forma parte de la vegetación volcánica del Campo de Calatrava. Una vegetación volcánica poco o nada reconocida por los botánicos de profesión, ajenos a estos pagos y más por estas fechas; pero no se puede obviar la influencia que estos fértiles suelos realizan sobre la vegetación.



          Pero esa volcánica fertilidad ha jugado siempre en contra de la vegetación natural, dado el intensivo aprovechamiento agro-ganadero que han sufrido desde muy antiguo todos estos campos, por lo que es casi imposible encontrar algún volcán poco alterado. Baste señalar el topónimo de Piedrabuena, un próspero pueblo cuyo pedregoso terreno está casi totalmente cultivado en sus áreas volcánicas y apenas en todas las demás, aún siendo éstas mucho menos pedregosas.

En el, nunca arado, borde rocoso de una colada de lava abundan los lirios

            Los lirios como todos los geófitos, es decir aquellas plantas que poseen bulbos, rizomas o tubérculos subterráneos para sobrevivir en las épocas adversas, son totalmente vulnerables al arado de los suelos. Esto queda patente en el parcelario de amplias zonas pedregosas de estos volcanes. Con las labores de reja, solamente encontramos lirios en los bardales y medianeras del parcelario, donde se acumulan los grandes bloques de lava apartados de los sembrados.

  
            En los asomos rocosos y en esas medianeras, han permanecido acantonados los lirios hasta que largos barbechos o el abandono de fincas les ha permitido reconquistar de nuevo esos espacios, pero siempre conquistando con más pujanza la inmediata cercanía de esos pedregosos bordes de las parcelas. Otros geófitos, como orquídeas y narcisos, no tienen tanta capacidad de expansión y permanecen acantonados en escasos lugares o en peligro de desaparecer de muchas tierras.


             Quedan pendientes dos entradas, una de ellas con todos los lirios de estas regiones que dan un magnífico juego fotográfico, a falta de que localice una rareza botánica en una localidad de Montes de Toledo y, la otra entrada, relativa a la vegetación volcánica del Campo de Calatrava, una de las tres pequeñas regiones volcánicas ibéricas, no tan espléndida en endemismos y rarezas como la del Cabo de Gata en Almería, pero con una  original personalidad que no tiene, a pesar de su exuberancia, la catalana Garrotxa en Gerona.


lunes, 21 de enero de 2013

Las Pedrizas



           Pedriza o casquera es el nombre dado a las grandes superficies de bloques de diversos tamaños que se acumulan al pie de las laderas cuarcíticas de toda la región centro-suroccidental de la península. Estas formaciones detríticas de acumulación de clastos de caída gravitatoria no son exclusivas de las cuarcitas, pues  por supuesto, se dan en cualquier formación rocosa, más conocidas por pedreras. Pero es en las cuarcitas donde aparecen con mayor frecuencia y extensión, incluso mucho tiempo después de haber desaparecido los procesos geomorfológicos y las crestas rocosas que las originaron, caracterizando fuertemente los paisajes de los montes de los que se enseñorean.
Se puede apreciar que ya ha quedado rota hace tiempo la comunicación entre la pedriza y su área fuente

            La cuarcita probablemente sea la más dura e inalterable de todas nuestras rocas, pero esa rigidez hace que no sea capaz adaptarse al tira y afloja del juego de las tensiones internas y las fuerzas tectónicas, y que se fracture con relativa facilidad siguiendo las líneas de un diaclasado casi ortogonal que irá generando bloques de prismáticos a piramidales.
La cuarcita da toda la gama de tonos entre el rojizo y los ocres

            Las crestas cuarcíticas al ser tan duras permanecen poco alterables y expuestas a los agentes erosivos sin apenas retroceso, aunque esos mismos agentes afecten fuertemente a otras capas de materiales más débiles acompañantes de estos estratos, tales como pizarras o areniscas que con su merma continua por erosión y por la acción fluvial, no hacen sino resaltar cada vez más esas crestas. 


Ladera de solana en Montes de Toledo con una pedriza generalizada en toda la ladera

            Sobre las crestas de cuarcita, en los inviernos y principalmente en el último periodo glaciar, actuó fuertemente la crioclastia, fenómeno por el cual el agua retenida en las grietas de la rocas va acuñando esas rendijas por medio de los diversos ciclos de hielo/deshielo (diarios, estacionales o de larga duración), hasta provocar la rotura y caída de diversos tamaños de bloque.
Muchas veces la únca vida que podemos encontrar en las pedrizas son los líquenes

            Estas formaciones tienen su origen por el conjunto de procesos englobados en la llamada geomorfología periglaciar, es decir aquellos procesos relacionados con la acción conjunta o sucesiva del hielo y del agua. Estos procesos fueron concretados tras estudiar la más clara acción de la geomorfología glaciar, es decir aquella relacionada exclusivamente con la acción del hielo (y en muy escasa medida con la del agua), por lo que al estar en la órbita y cercanía de lo glaciar, se denominó geomorfología periglaciar, mucho más presente y activa en la península que la glaciar.

Por lo común, esas acumulaciones eran objeto de posteriores movimientos de ladera en masa. El proceso más normal era la de la formación de un cuerpo de masa helada de agua y roca que hacía posible un movimiento deslizante conjunto de parte de la formación, también a menudo estas acumulaciones se producían sobre materiales finos, como limos o arcillas que originaban un movimiento similar al anterior, al cargarse de agua y poder fluir por el peso de la formación rocosa, y otro tipo de movimientos, siempre potenciados por la inclinación de las laderas y por el aumento de la carga de materiales en la cabecera.

            La dureza de la cuarcita hace que se mantenga por siglos inalterable a la meteorización o la acción de la vegetación, permaneciendo casi inalteradas milenios después de haberse formado. Solo por sus bordes la acumulación de materia orgánica hace que se le sobreponga un nivel de suelo que con el tiempo va engrosando y alterando con mayor efectividad esta dura roca.
Durante siglos el agua ha ido abriendo esta oquedad e incluso puliendo unas fisuras paralelas

            La distribución de las cuarcitas coincide, en toda la zona central española, con el llamado macizo ibérico, el verdadero corazón paleozoico peninsular, sobre el que se depositaron también los sedimentos más modernos de las cuencas de los ríos Duero, Tajo, Guadiana y parte de la del Guadalquivir, siempre en sus áreas occidentales. También asoman dentro de esta región materiales graníticos como los del Sistema Central y los de zonas bajas de los Montes de Toledo, Pedroches y "las arribas” del Tajo y Duero.
Grandes pedreras de bloques de gneis en el Guadarrama

            Ya perimetralmente al macizo ibérico, asoman por el norte las cuarcitas en amplias zonas del oeste asturiano y leonés, albergando curiosas, abundantes y poco conocidas formaciones rocosas en sus zonas más altas, como son los glaciares rocosos y las morrenas de nevé. También aparecen en la zona central del Macizo Ibérico en Soria, Cuenca y Teruel. En la serranía del Albarracín se encuentran las mayores pedrizas de Europa, lo que ya es una atracción turística en los llamados “ríos de piedras”.
Desde el interior de una morrena de nevé se ve un glaciar rocoso (lengua verde de izquierda a derecha) en cuarcitas de la Cantábrica

            Pero donde realmente destacan las pedrizas, es en los paisajes de las numerosas serretas de cuarcitas armoricanas del ordovícico, que van desde los Sierra Morena hasta Montes de Toledo, y desde éstos a Peña de Francia en los macizos occidentales del Sistema Central, cordillera que ambos extremos (Hurdes-Gata / Ayllón-Alto Rey), pierde la condición de granítico-gnéisica para hacerse cuarcítico-pizarrosa. Esta región occidental prácticamente coincide con la conocida en biogeografía como subprovincia Luso-Extremadurense.
Poco a poco, con mucho tiempo la pedriza se va estabilizando por la vegetación

            La vida sobre las pedrizas no podría ser más cruda para las plantas, dada la ausencia de materiales finos entre los bloques, por lo que apenas hay suelos superficiales, si bien muchas veces a quien logra prosperar en ellas, será muy difícil de erradicar. En los Montes de Toledo a las grandes pedrizas se les llama las “madres del agua”, esto ocurre porque bajo el manto de bloques se encuentra un sustrato de materiales finos, cargados de humedad y protegidos de la intemperie por los bloques superiores. 

            Cuando una semilla de árbol a arbusto germina entre los bloques y llega a esa capa, tiene muchas posibilidades de llegar a viejo, pues va a tener suficiente alimento, humedad y muy poca competencia. Además estas formaciones son uno de los mejores cortafuegos que existen, por lo que los mayores árboles de estos montes, suelen estar en los bordes o en el interior de las pedrizas.
Un enorme y viejo quejigo en una pedriza de los Alcoba de los Montes (Ciudad Real)

            También para los animales son un buen refugio dada la cantidad y variedad de oquedades, siendo un lugar típico de cría y escondite. En el norte  es el clásico lugar donde crían o en el que se esconden los lobos en las batidas, pues no hay quien ande por ellas y los perros apenas pueden seguir un rastro sobre las pedrizas.
Las peonías denotan una escasa potencia del horizonte de bloques

            Entre las pocas plantas que colonizan estos medios suelen encontrarse las plantas de sustratos móviles (saxícolas), alguna planta de las paredes rocosas (rupícolas)  y plantas de lugares donde se acumula materia orgánica (nitrófilas). En el conjunto de pedreras de otras litologías, en medios de alta-media montaña, existe una especializada y rica vegetación, plagada de endemismos en los ambientes más alpinos o sobre sustratos poco comunes, llegando a su extremo en sustratos dolomíticos. Pero sobre las cuarcitas, dada la escasez de materiales de pequeño tamaño y de suelos, apenas existen unas pocas plantas interesantes.
La dedalera (Digitalis mariana), una rupícola que coloniza el arranque de algunas pedrizas

Usualmente en las pedrizas de cuarcitas aparecen plantas de taludes como la acedera (Rumex induratus) y plantas de las cercanas paredes como ocurre con el clavel de roca (Dianthus lusitanus), botones azules (Jasione mariana y J. tomentosa) y dedaleras (Digitalis mariana, D. thapsi y D. heiwoodii), pero las plantas más corrientes suelen ser el ombligo de Venus (Umbilicus rupestres) y el geranio de roca (Geranium lucidum). A veces aparece alguna saxícola interesante como bocas de dragón (Antirrhinum graniticum), armerias (Armeria villosa, A. genesiana o A. alboi) e incluso a veces el raro cardo (Eryngium tenue).

Eryngium tenue en pedrizas cuarcíticas de umbría de las estribaciones de los Montes de Toledo

            Lo más normal es la presencia de gran variedad de árboles y arbustos que han prosperado al abrigo de los bloques, como el cornicabra, los majuelos, encinas, robles o quejigos. Es notoria la dependencia de este tipo de sustratos de los bosquetes de acebuche en las solanas, a no ser que sea una pedrera profunda, entonces no hay árbol que enraíce.


           Por el contrario en las umbrías húmedas, al pie de pedreras de montes de Toledo y las Batuecas, es notoria la presencia de raras especies eurosiberianas o relícticas como el tejo (Taxus baccata, el mostajo (Sorbus aria y S. torminalis), el acebo (Ilex acuifolium), el abedul sureño (Betula alba subsp. fontquerii var. parvibracteata), incluso al este de Peña de Francia se encuentra en medio de una pedriza la única y vetusta haya del occidente ibérico.
La riqueza de cornicabras es mucho mayor en las pedrizas que en el resto del monte

            Las pedrizas no son formaciones en peligro pero sí son sensibles a actuaciones de carácter minero sobre ellas, bien para obtener “balasto” para empedrar carreteras o peanas de vías férreas; también a veces se remueven para obtener los fértiles suelos que se encuentran bajo ellas.


Las pedrizas ocupan la parte media-baja de las laderas al pie de los cantiles

           Un alto porcentaje de pedrizas se encuentran en grandes fincas cinegéticas que trazan pistas con maquinaria pesada sobre ellas, bien para crear cortafuegos, tiraderos o pistas, provocando cambios en la circulación de las aguas de escorrentía que profundizan las brechas abiertas haciendo desaparecer los suelos subyacentes ladera abajo, aparte de destrozar grandes y hermosos paisajes por el adefesio de montes rayados de líneas rectas de un lado para otro de los montes.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Los Ojos del Guadiana entreabiertos


        El desborde del acuífero 23 que es quien debería alimentar el nacimiento del río Guadiana en los Ojos, va asomándose lenta y esporádicamente a la superficie, aunque las lluvias se hayan tomado un respiro este mes de diciembre. El sustrato calcáreo de la llanura manchega filtra muy lentamente el agua de las lluvias hasta que va llegando poco a poco hasta esas bodegas subterráneas, al contrario que sus bordes sur y occidental que apenas filtran el agua y la vierten rápidamente a los arroyos, ríos y pantanos. Pero este acuífero no es simple, pues la existencia de mantos acuíferos locales, como el aluvial del Guadiana, la conexión con el vecino Acuífero 24 del Campo de Montiel y también la conexión con el Guadiana que desaparece tras el canal del Prior aguas abajo de Peñarroya en su salida de Ruidera, no están por entero bien conocidas.

Llanura inicial de los Ojos del Guadiana con una triste vegetación nitrófila y troceados bloques blancos de turba (fueron negros)

              Hablo de los Ojos "entreabiertos", porque no está nada claro, como nada en estos tiempos, ni su presente ni su futuro. El presente es esperanzador, pues el nivel de las aguas subterráneas sube, despacio, pero sube, incluso están apareciendo algunos ojos, como los surgidos hasta ahora, probablemente temporales, en el tramo entre los Ojos y Las Tablas, y a poco que la meteorología no falle, hay posibilidades de volver a asistir al espectacular nacimiento del Guadiana, algo de lo que me despedí hace años.

Superficie recién arada en la llanura de inundación inicial de los Ojos del Guadiana

            El futuro no pinta nada bien, primero con la amenaza del cambio climático, cuyos aciagos pronósticos se están cumpliendo claramente en cuanto a temperaturas, aunque a nivel de precipitaciones, todavía no. Por si esto fuera poco, se acaba de aprobar el Plan Hidrológico de la Cuenca del Guadiana, en la que se ha impuesto el criterio agrario, con legalizaciones de pozos, ampliación de regadíos y ningún plan claro para la recuperación hídrica, aunque por otros lados se prevé una compra de fincas para ampliar las Tablas de Daimiel. Espacio que lamentablemente sigue sin tener un Plan de Regulación de Usos y Gestión (P.R.U.G.) que es la herramienta de manejo de todo parque.

            El domingo 17 de diciembre asistí a un magnífico acto músico-poético-reivindicativo, en el molino de Molemocho, a las puertas del Parque, para llamar la atención sobre la nefasta ausencia de este P.R.U.G. y llamar la atención sobre los problemas del Parque. El principal, su auténtica razón de ser, el del flujo natural de las aguas superficiales.

La coral Molto Vivace cantando delante del molino de Molemocho

Esta actividad fue convocada por el colectivo “Salvemos la Tablas Ya” y contó con la colaboración de afamados poetas venidos de muchos lugares de nuestra geografía, y una buena actuación musical a cargo de la coral Molto Vivace  y el grupo Sunny María; fue emotivo oír esas melodías, de letras bellas y comprometidas, solapándose con el trompeteo de las grullas sonando de fondo. Posteriormente (esto ya me lo perdí yo), se inició un recorrido con paradas para escuchar los versos de los poetas sonando en medio del paisaje, de las nubes y el viento que esa mañana pugnaban con las voces por ser protagonistas.

El grupo Sunny María

            Desde las lluvias de hace dos años, todo el mundo ha estado muy pendiente de los niveles que alcanzaban las aguas subterráneas de la Mancha occidental, es decir, el famoso Acuífero 23, por las ganas que todos tenemos de ver los Ojos del Guadiana vivos. Tantas son esas ganas que a cualquier atisbo de nuevos manantiales, la prensa salta como un resorte con el titular “Los Ojos del Guadiana vuelven a manar tras 30 años”.
        Pero no, ese río juguetón y escondidizo que trajo de cabeza a geógrafos e hidrólogos, aún no ha renacido del todo. Han aparecido ojos en varios sitios, la mayoría efímeros, de los que alguno ha vuelto a ser tapado con remolques de piedras o pasadas de reja, aunque otros están rozando ya la permanencia. Alguno ha tenido que ver con vertidos-avenidas de la depuradora de Daimiel, otros con el desagüe de embolsamientos de aguas muy localizados y otros con reboses de acuíferos locales. Aunque el nivel general del acuífero principal no ha alcanzado la cota de “rebose”, se presupone un hundimiento generalizado que en algunas zonas puede llegar a a a los dos metros, lo que ha permitido al agua acceder a la superficie.


Vaguada seca desde los Ojos del Sordico hacia la motilla de Zuacorta

             El conjunto inicial de Ojos del Guadiana, los reales, los que daban origen a este río que, como estudiábamos en su día, “nace en las lagunas de Ruidera para desaparecer en el subsuelo manchego y volver a renacer en los Ojos del Guadiana en las cercanías de Daimiel”, se encuentra dando origen, en su extremo oriental, a una amplia y ramificada vaguada fluvial en las cercanías de la N-420, con la CR-P-2012. Estos ojos están secos como el ojo de un tuerto; pasear por allí es completamente desolador, cuando no están arados, sus suelos son un amasijo de canales de drenaje y azudes decrépitos, con áreas descarnadas por la extracción de turbas, sin una vegetación parecida a la natural, no hay un solo junco y apenas aparecen algunos carrizos incipientes. Parece increíble la numerosa presencia de fragmentos de almejas de río (Margaritiferas) en esos suelos desnudos.         


Conejo atrapado por un derrumbe dentro de su conejera en estos terrenos tan inestables

           En medio de estas maltrechas inmensidades aparece algún gran montículo en medio de la nada. Son los asentamientos de los primitivos moradores que sí supieron sacar partido a estas llanuras de inundación y sus manantiales. Son las “motillas” del bronce manchego, una singularidad arquitectónica y funcional ibérica única en Europa. Esos antiguos Oretanos que tuvieron que vérselas con los cartagineses primero y con los romanos después, vivían en un entorno que les daba todo lo que necesitaban y además les defendía. Me pierdo intentando imaginar el paisaje, la fauna y la vegetación que verían desde lo alto de los muros circulares y concéntricos de sus motillas.

La motilla de Zuacorta en medio de un paisaje desolado de malvecinos, en lo que en su plenitud debió ser un paraíso

             De toda la Mancha es aquí donde las motillas, una excentricidad constructiva cargada de sentido y funcionalidad, son más abundantes, la mayoría están sin investigar y muchas mutiladas. La de Zuacorta, tiene un corte casi diametral, a través del que se puede ver las distintas litologías de su mampostería, restos cerámicos y carbones; la de la Máquina tiene todo su perímetro recortado por la pala de un tractor que impunemente destrozó la base de la construcción en busca de algún tesoro. Afortunadamente la motilla de Azuer, próxima a su museización, ha corrido mejor suerte y no para de sorprender a los investigadores.

La motilla de la Máquina brutalmente escavada por su base

              Yendo hacia los Ojos del Guadiana iniciales, atravieso canales de drenaje llenos de malvecinos (Salsola kali, la planta rodadora de las películas del oeste). Por allí veo un tractor faenando, parece que la reja continuada ha acabado con la variada y caótica micro-topografía de esta parte de la llanura de inundación. En la otra orilla veo un muro muy agrietado, lo corono y veo que es artificial pero muy antiguo, posteriormente, leyendo el libro de Óscar Jerez, veo que se trata de un azud romano, posiblemente la primera gran modificación paisajística tras las motillas.

Un azud de origen romano ya muy desmoronado y agrietado, remansaba agua de unos ojos iniciales hoy secos

            Otra tarde me acerco al molino de Griñón, entre la zona anterior, la de los secos Ojos iniciales y las Tablas, remontando lo que parece un Guadiana en buen estado, con bastante agua en tablas con penínsulas e isletas. Según voy avanzando no paro de levantar bandos de patos, garzas, etc. Las orillas son de carrizal ajustado entre el agua y los cultivos, y en las orillas sin pendiente se acumulan miles de plantones de taray. Más adelante las orillas se vuelven sumamente sinuosas, tanto que son una concatenación de mordiscos circulares solapados sobre los campos de cultivo, se trata de amplios hundimientos perfectamente circulares.


Hundimientos circulares o posibles ojos temporales?

      Hacia la finca de la Peñuela se meten varios entrantes que denotan hundimientos someros pero de gran extensión superficial, como canales desde los pies de la casa de la finca hacia el centro del cauce, aquí fue donde al inicio de la pasada primavera surgieron ojos que vertían hacia el antiguo cauce del Guadiana.
            Sigo un canal que sale del Guadiana y acaba en medio del sembrado en una depresión con forma de embudo, se trata de lo que debió ser un ojo. Claramente le han tirado un par de tractores de piedras encima, lo da por hecho que sí que lo es. Veo que salen bastantes líneas de burbujas de su fondo, duran un rato y luego prosiguen en otro sitio, o se juntan varias columnas de burbujas en un baile achampañado que me hace comprender que se encuentra en pleno funcionamiento soltando agua. No es una gran corriente, pero tiene buen caudal. Es uno de los nuevos Ojos del Guadiana.

El agua burbujeante indica la surgencia de aguas del subsuelo

          Más adelante el agua va desapareciendo en encharcamientos venidos a menos desde hace poco. Veo el molino y puente de la Máquina, bajo el que no corre el agua, pero el lecho artificial del río aguas arriba, tiene una línea de agua más o menos continua. Voy para allá, pero de camino intento cruzar por una zona algo embarrada que luego continua en lámina de agua hacia el río, casi no me lo puedo creer me voy hundiendo sin tocar fondo, es de lo más parecidas a arenas movedizas que he visto.  


Un ojo del Guadiana en pleno funcionamiento a pesar de las piedras vertidas en su embudo

           Sigo por un camino río arriba por el margen derecho, llego a una curva del río donde hace dos años un brazo de río se hundía en unos ojos reconvertidos a sumideros, ahora lo veo muy cambiado, tienen agua, les falta bastante para rebosar, pero tienen agua, supongo que al mismo nivel que la del escaso cauce.
            Estoy delante de la llanura de inundación que en 2010 había sido anegada temporalmente por la gran avenida del Azuer que dejó una línea roja, (por la cantidad de arcilla en suspensión), del nivel que alcanzó y que llenó con todo tipo de basuras, tras haber limpiado su estrecho cauce, sobre todo, cientos de recipientes de plástico. Esa llanura llena de socavones circulares, aparece ahora muy trabajada por tractores para alisarla en lo posible, sin llegar a conseguirlo y salvando algún que otro buen boquete.


A base de pasadas de tractor van desapareciendo los socavones y las irregularidades de la zona inundable

            En los chopos al pie de unas casillas derruídas, veo otros ojos-sumideros llenos de agua  con verdín, este nivel también podría corresponder, como en los otros ojos de antes, al nivel actual del cauce del río que aquí se encuentra bastante retirado.
         Los Ojos del Guadiana están entreabiertos, tenemos una ocasión de oro para verlos manar como lo hacían hasta principios de los ochenta, y si de verdad queremos ser sostenibles, ese debería ser el nivel de referencia. El consumo de agua en la Mancha se debería hacer coincidir con ese nivel, su bajada debería hacer saltar las alarmas de la sequía o del sobre-consumo. Nos jugamos la calidad de los productos agrícolas manchegos, ahora casi identificados con el monocultivo vinícola de regadas viñas en espaldera.

En noviembre ha surgido agua de estos Ojos, aunque no llegan a la "madre" del Guadiana. (comparar con la foto siguiente)

             Los peligros de bajar de estos niveles, de olvidarnos de “un problema sin importancia” son enormes. La concentración de sustancias químicas nocivas en el fondo del acuífero va en proporción al aumento del consumo de agua. También se pone, por esto mismo, en peligro el agua para consumo humano que toda lógica indica que debe ser fruto de aguas subterráneas y no de trasvases ajenos. También, aunque me pueda pasar de alarmista, no hay que perder de vista lo ocurrido en Lorca, donde el brutal descenso de sus acuíferos la hizo ser el área de Europa que más se está hundiendo, lo que motivó el pasado terremoto.

El mismo lugar en 2010 actuó como sumidero tras la riada del Azuer que tiñó de rojo todo lo que inundó

            La Mancha no es una región tan activa tectónicamente, pero el subsuelo no hace sino responder al juego de fuerzas que sobre él se ejercen, y vistas las grandes subsidencias, hundimientos y socavones en estas llanuras de inundación, esa posibilidad no es tan remota.
           Este es el momento de recuperar los ojos del Guadiana, si dejamos pasar esta oportunidad es absurdo pensar en mantener o ampliar las Tablas de Daimiel. Este ecosistema está íntimamente ligado a la salud de unas aguas superficiales genuinas, para aguas  trasvasadas, podemos poner un bebedero para patos donde mejor nos parezca, sin que nadie se aproveche de las aguas que se filtran y que tanto echarán de menos en los ríos en mal estado de la cuenca donante.

P.D./ el libro de Óscar Jerez es "La Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda y la Cuenca Alta del Guadiana"


ACTUALIZACIÓN: Con el invierno tan lluvioso del 2012-13, los ojuelos de los fotos han manado como para crear arroyos que van reuniendo un Guadiana casi en forma. El nivel del acuífero va remontando, los nacederos (Ojos) con corriente se suceden a partir de Zuacorta, y por encima, es decir, cerca de los Ojos iniciales están empezando a aparecer "ojuelos". Está manando agua en la extinta gran laguna de la Albuera. En Daimiel existe un refrán que reza: "Agua en la Albuera, al poco en los Ojos". Todo apunta a que existe la posibilidad de volver a ver a los Ojos del Guadiana dando vida con sus lágrimas a buena parte de estas tierras.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Llanuras de Inundación


Llanura de inundación luciendo sus mejores galas (sus aguas) antes del puente de Alarcos

             Existe una forma clave de la geomorfología fluvial ibérica prácticamente extinguida. Hay geoformas como las terrazas fluviales, los meandros, los estuarios, etc., pero prácticamente nadie, a pesar de lo explícito del nombre, tiene una noción exacta de lo que es una “llanura de inundación” o "tabla fluvial". Se tiene más clara la idea de lecho mayor de un río, el canal ocupado en las grandes avenidas de agua; pero en una región llana, como puede ser la manchega, el lecho mayor es de difícil delimitación y ocupa grandes extensiones.

La presencia del lirio Iris spuria confirma el buen estado de conservación de esta llanura de inundación del Guadiana

    Los agricultores de siempre respetaron ese ambiguo margen, por el riesgo a perder la cosecha por inundación, por su escasa productividad, al tratarse de suelos medio salinos, y por estar expuestos a la fauna de los vecinos terrenos ribereños. Al mismo tiempo estos espacios servían de alimento a los rebaños, incluso como agostaderos cuando el resto de las rastrojeras estaban yermas en verano; aparte de ser buenos lugares para la caza y la pesca.


Espantavacas para evitar que el ganado se acerque a un profundo "ojo" en Santa María de Guadiana

     Toda una gama de oficios sacaban partido a estas extensas áreas naturales: cazadores, pastores, pescadores, cangrejeros, sanguijueleros, artesanos de la enea, el esparto y el albardín o esparto fino, etcétera que, junto con el comercio de sus productos y pertrechos, creaba una tupida red comercial sobre estos espacios "improductivos".


               Una llanura de inundación casi siempre tiene un curso de agua meandriforme, (lleno de curvas y recurvas debido a su casi nula pendiente), lagunillas, canales o meandros abandonados y, a veces, algunos nacederos u “ojos”. Su vegetación oscila entre la dulceacuícola y la salina (halófila) de sus bordes externos. Variando las especies en función de la cercanía al agua y/o de la salinidad. En el caso de haber orillas claras, por aumentar el desnivel topográfico, se asentaría un bosque ribereño de tarays, de olmos o de álamos.

Guadiana en Campomojado, a pesar de los drenajes muestra una buena vegetación

            La Mancha es básicamente una gran región agraria que a principios del siglo XX no se diferenciaba mucho de la vecina Extremadura, con sus amplias dehesas y pastizales, aunque con la trilogía leñosa mediterránea, (olivo-vid-almendro) bien asentada. Tras la terrible plaga de la filoxera que hundió la vida económica basada en la vid de muchas áreas agrícolas marginales, la Mancha se comenzó a llenar masivamente de viñedos para abastecer de vino a Madrid,. Fue el comienzo de la intensificación agraria que luego seguiría con el melón, la ampliación de los cultivos de cereales y a partir de los 70’, la expansión brutal del regadío, con la cebolla, remolacha, maíz y el riego de productos tradicionalmente de secano como los cereales y la vid.

El regadío mediante pivots, un auténtico azote para los acuíferos

            A partir de ahí, el desastre ecológico, a grandes rasgos, lo conocemos todos, incluso una vez, en un encuentro con geógrafos ingleses me hablaron de “daimielization”, tras unos segundos de duda por el “palabro” y sorprendidos de que yo, un español, me sorprendiera, me explicaron que se estudiaba en la universidad como el término usado para referirse, como caso paradigmático (de Daimiel), de lo que nunca se debería hacer en el aprovechamiento y la mala gestión, de un recurso natural como es el agua.

Últimos charcos del surco de un Guadiana destrozado

   Ya a principios de los 60’ se impuso una política de eliminación de zonas húmedas por considerarlas malsanas, convirtiendo los escasos ríos en canalillos, drenando lagunas y áreas inundables. El Guadiana renacido en los Ojos, se convirtió en una enorme zanja que cortaba los campos hasta el pantano de El Vicario en las cercanías de Ciudad Real (40 kms. de canalización), y muchas grandes y famosas lagunas desaparecieron. Leer la descripción de la Laguna de Las Islas, luego Tablas de Daimiel, y de las grandes lagunas manchegas hacia 1920 de D. Reyes Prósper y otros, suena hoy a historia-ficción, de un idílico mundo natural hoy perdido.


La descripción de D. Reyes Prósper de muchas lagunas es la idílicos paraísos perdidos. (Mapa  I.G.N. de 1953)

       Todo cambió a comienzos de los 70', cuando comenzó a abusarse del acuífero del que hasta entonces solo se extraía agua con norias desde pequeños pozos. Recuerdo de pequeño una portada del ABC declarando que bajo la llanura manchega se encontraba el mayor embalse de Europa. Al poco se inició la carrera por el aguas, para perforar más profundo y llegaron los "pivots". Un agricultor dejaba sin agua a los demás al perforar más hondo. Hacer nuevos pozos era "ilegal", pero quedabas como un tonto y dejabas de ganar un buen dinero si no lo hacías cuando todo el mundo lo estaba haciendo.

Tramo con alguna vegetación del profundo canal de drenaje en la llanura de inundación del Guadiana

     Se creó el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, se deshizo por allí el canal del Guadiana y se retuvo someramente el agua con un dique. Se reconocía, finalmente, el enorme valor de una de las mejores llanuras de inundación de Europa, por su tamaño, por su solera, por su avifauna y por coincidir dos corrientes de aguas distintas, unas limpias y dulces (Guadiana recién brotado y río  Azuer) y otras salobres (Cigüela). Pero la ceguera fue total al no considerar ese tipo de ecosistema en su conjunto (el agua manchega), se protegieron los patos y los peces, pero luego no tenían agua para vivir. El catálogo de especies extintas, al menos en lo vegetal, es para llorar pues varias de ellas contaban allí con su única población española.


            
        Los Ojos del Guadiana dejaron de manar y su llanura de inundación, también salpicada de otros muchos “ojos”, comenzó a secarse en superficie y también por dentro. Tras el drenaje del Guadiana recién nacido hasta las Tablas de Daimiel, las tierras fueron ocupadas y cultivadas por las fincas vecinas o por "despavilados", hasta que, contra toda lógica, un juez extremeño dictaminó que el Guadiana no existía y que por lo tanto, eran tierras legalmente ocupables. Posteriormente instancias superiores (el Tribunal Supremo) declararon nula esa sentencia al tratarse del verdadero Dominio Público de la ribera del Guadiana, pero su aplicación efectiva se ha ido dilatando por la cara dura de los ocupantes y la pasividad de la Administración.

El mundo al revés, antiguos ojos o manantiales ejerciendo de sumideros y el Guadiana circulando río arriba, hacia el este

    Estos terrenos manchegos se asentaban sobre una masa de turba formada durante milenios al irse acumulando más materia orgánica de la que era descompuesta cada año. Esa turba se secó totalmente al quedar muy descolgada de los niveles freáticos, con los que contactaba, y tampoco recibir aportes superficiales. Al quedar tan secos, en los suelos surgieron grietas y la turba (un humilde tipo de carbón) empezó a arder por zonas, a veces por fuego de alguna quema de rastrojos y otras por autocombustión.


Turba ardiendo bajo el subsuelo de los sembrados

    Hace años, viajando por esos campos de madrugada, era fácil observar como de la tierra, de los sembrados surgían fumarolas, pequeñas nubes de vapores que se deshacían tres o cuatro metros por encima del suelo. Luego al aumentar la temperatura ambiente, esos humos dejaban de ser visibles.


Paisaje de fumarolas por la combustión interna de la turba a primeras horas del día

La tierra ha estado ardiendo durante años, aunque un episodio menor, fue el más mediático, el del incendio dentro de los límites de las Tablas de Daimiel en septiembre de 2009, allí viendo también las burradas que se hacían para intentar acabar con el fuego, dí por  perdido el Parque y una gran parte de esa antigua naturaleza manchega, el final de una era ecológica, la de la Mancha Húmeda.

La carga arrastrada por el río está a punto de romper un antiguo puente románico en Corral de Calatrava

    Todas las llanuras de inundación, salvo algunas zonas lagunares del Cigüela (santo desvestido –llanura de inundación canalizada-, para intentar vestir a otro santo, o sea transportar agua  rápidamente a las Tablas de Daimiel) y la del Vicario-Alarcos, entraron en combustión y se volvieron peligrosas. Empezó a haber accidentes por rotura del terreno, derrumbes y socavones de distintos tamaños, hundimientos de tractores e incluso de personas, entre las que me cuento.
       

       Un día al acercarme a una conejera de la que salía humo, hundí mi pierna derecha hasta poco más de la rodilla, encontré rápido apoyo y la saqué inmediatamente. No me quedó ni un solo pelo en la pierna y la tenía roja y dolorida, afortunadamente solo se me hundió un segundo, no sé que hubiera pasado si me hundo más o tardo en salir. Hasta entonces lo más que me había pasado es que se hundiese un poco el terreno por donde pisaba, incluso una vez, me vi corriendo con la bicicleta al tiempo que abría tras de mí un gran surco continuo de terreno resquebrajado.


A la izquierda, el surco del artificial Guadiana y a la derecha un nuevo cauce tras la "resurrección" del río

    Ni siquiera los agricultores se atrevieron a cultivar en amplias zonas de estas antiguas vegas, en otras daban bastantes pasadas de tractor para apelmazar el terreno o para rellenar boquetes. La Confederación Hidrográfica sembró de carteles esos lugares alertando del peligro. Era tierra muerta, el terreno ya no valía ni para la naturaleza ni para la agricultura.

Al menos en 2010 las aguas del Guadiana corrían bajo el moderno puente del otrora paraíso de Flor de Ribera

   Recuerdo que mi gran amigo Pascual Durán, me comentaba el magnífico recuerdo sus años de juventud, de los días pasados en el molino de Flor de Ribera que hacía justo honor a su bello nombre, disfrutando de una paella con cangrejos recién pescados (de los autóctonos) a la sombra de los olmos, después de haberse dado unos buenos baños. El día que yo conocí Flor de Ribera, ni había río, ni agua, ni árboles, ni cangrejos, ni molino, ni nada que no fuesen ruinas y miseria, hasta la carretera y el puente estaban rotos y sus ruinas enfrentadas a otro más moderno, de feas columnas de hormigón. El desastre en un par de décadas había sido espectacular, pocos casos más flagrantes de desertización ha habido en España, y en pocos casos se le ha dado tan poca importancia, como tampoco se le dio en su día, a la desaparición de los olmos.

Socavones, grietas y hundimientos en el Guadiana. Ese chopo en el anterior episodio de lluvias del 1996-97 se hundió más de 6m., lo que vemos ahora (2010) ha crecido desde entonces

    Al límite se llegó en 2009, ese año con el nivel freático situado a más de treinta metros de profundidad, con su agua tan cargada que algunos cultivos se perdieron porque las sustancias disueltas en el agua de riego, precipitaban sobre las hojas matando las plantas. No hay estudios sobre la toxicidad de los productos regados con las aguas del “culo” del acuífero 23, pero podía haber significado el hundimiento de "toda" la agricultura manchega, la regada y la de secano. En otoño llegó  el incendio de turbas en Las Tablas, los camiones campeaban a sus anchas ensayando todo tipo de ñapas y remedios; un trasvase de 10 hm3 por el canal del defenestrado Cigüela, se quedaron en menos de dos que no sirvieron para nada; las excavadoras rematando un ramal de la tubería manchega, para llevar agua al parque y desde Europa una comisión estaba a punto de descatalogar al Parque Nacional y la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda.

Destrozo en plenas Tablas de Daimiel para meter la tubería de socorro del parque

     Por suerte, (aunque no sé yo si hubiera sido mejor llegar al desastre total, para renacer con la lección aprendida), nos vino Dios a ver y se abrieron los cielos como hacía catorce años que no lo hacía. Entró agua por el Cigüela y el Guadiana funcionó al revés, circulando desde las Tablas hacia los Ojos. El nivel del acuífero subió casi veinte metros. El campo manchego se llenó de lagunas, llanuras de inundación en funcionamiento y casi todos los ríos se salieron de sus estrechos canales; arroyos que hacía muchos años que no corrían, demostraron su fuerza. (ver la entrada: "El Sueño de las Aguas Desbordadas").

Nada más empezar el invierno de 2009-10 se abrieron los cielos

   Tras el momento álgido de la ruina de las llanuras de inundación se han abierto algunas esperanzas, a pesar de la política comunitaria de subvencionar la superficie y no la producción, que motivó que se cultivaran muchas superficies, aún sabiendo sobradamente que no eran rentables. En algunos lugares, como las juntas del Cigüela con el Riansares primero, con el Záncara después y llanuras de inundación más al este, las iniciales roturaciones y cultivos están siendo, en muchos casos, abandonadas debido a la salinidad, los socavones y los malos rendimientos.



 También las inundaciones del 1996-97 y del 2009-10 han contribuido al abandono y posterior re-naturalización de algunas llanuras de inundación. Siempre de forma espontánea, sin la intervención de ninguna autoridad bienintencionada, ni a través de una mínima Ordenación del Territorio. En otros casos, alguna sociedad de cazadores ha salvaguardado algunas lagunas dentro de las llanuras de inundación.

El Jabalón ocupa toda su llanura de inundación a la altura de La Puebla

   Mejor suerte ha corrido el río Guadiana a partir del embalse de El Vicario, (famoso por su abundante ornitofauna), conservándose una buena llanura de inundación que termina en el puente de Alarcos, quizás salvada por los usos ganaderos de las fincas vecinas que se aprovechan de estos grandes herbazales, aunque peor lo lleva (por los cultivos de Sedano) en Santa María,  al unirse con el arroyo del Raso que baja desde Picón.

Puente de Picón sobre el Guadiana en las "ex-tablas" de Santa María

    A partir de Alarcos y hasta Extremadura, el Guadiana es un claro candidato a Parque Nacional, de no ser por el desconocimiento generalizado que se tiene de esta región, mayormente en manos de grandes terratenientes que muchas veces tienen a bien o quedarse con la vega (aquí ya no sería estrictamente una llanura de inundación), o meter de vez en cuando los tractores para arar, sembrar y cosechar subvenciones de ella. Por supuesto que es ilegal, pero los años trascurridos, la inacción de la Confederación Hidrográfica del Guadiana y el silencio de los ayuntamientos afectados, hace que esto se tolere y consolide.

El Jabalón saliéndose de su estrecho canal en varios brazos cerca del Guadiana

    Esta región fluvial es de órdago, donde no han sido alterados, los sotos poseen un magnifico bosque mixto de fresnos y quejigos, y un estrato cuasi arbóreo de grandes arces, cornicabras y lentiscos. Aquí, por estos sotos y montes bien conservados, están presentes, y abundan, casi todos los animales ibéricos en peligro. Por eso, ante una naturaleza tan exuberante y cargada de vida, cuando se meten las máquinas a romper para sembrar en lo que es de todos, el destrozo es verdaderamente chirriante.


        Estampa del Parque Nacional del Guadiana en sus mejores tramos

         Con los buenos episodios de lluvias, pasados y presentes, las aguas vuelven a su ser y muestran sus escrituras a todo el mundo, Confederación Hidrográfica del Guadina incluída. Los cultivos en el lecho del río o en la llanura de inundación quedan anegados y perdidos, surcados de canales resucitados y con grandes acumulaciones de piedras y broza.

Tras las fuertes lluvias el agua, poco a poco, va anegando de nuevo unas resecas Tablas de Daimiel

   La posterior primavera mostró, aunque sin árboles, esos nuevos espacios recuperados para la naturaleza del río que, peticiones de ayudas económicas por la riada y sucesivas pasadas de tractor, hicieron que al otoño siguiente pareciera que nada había ocurrido. Lo una vez cultivado, lo volvía a estar y además con los propietarios solicitando a las autoridades, las canalizaciones oportunas, eufemísticamente llamadas “limpiezas de cauces”, para que no vuelva a repetirse la inundación.

El Guadiana va por la derecha, este nuevo canal y todo el cultivo es tierra usurpada al río

     Parece que ahora estamos ante un nuevo episodio de lluvias; las mismas áreas de siempre se vuelven a inundar, “como siempre”. Es una oportunidad para que los ríos y la naturaleza que les rodea, se recuperen y hagan saludables tantas riberas maltrechas. Una oportunidad para que las autoridades terminen definiendo, "demarcando" oportunamente el Dominio Público Hidráulico, atendiendo a razones “de cajón” y no a intereses de terratenientes y agricultores particulares.

Guadiana desdoblándose y trenzándose a la altura de Herrera

     En esta materia creo que el interés público general coincide plenamente con un interés ecológico, no por proteger la biodiversidad o por "verdes" modas , sino porque canalizar ríos significa trasladar el problema de una riada, corregido y aumentado, a los territorios de aguas abajo; que canalizar ríos significa que el agua pase, a toda velocidad, sin quedarse, sin filtrarse a los acuíferos, donde luego pondrían su agua a disposición del consumo humano, para beber o para regar, sin necesidad de costosos y polémicos trasvases que dejen a unas zonas sin agua para llevársela a otras.

El bosque recoge y recicla toda la carga orgánica de las riadas librando de atascos los puentes y evitando la colmatación de los grandes pantanos de aguas abajo

  Porque los pastores, cazadores, paseantes, etcétera, necesitamos terrenos incultos, cada día más escasos o inexistentes en amplias regiones y, también, porque como decía Machado, “los ríos son el alma del paisaje”. Recuperemos al menos una parte de nuestra alma dejando a los ríos recuperar sus caminos usurpados.

Un Guadiana desbordado en medio de un buen quejigar-fresneda

P.D./ En entradas posteriores mostraré como muchas de las llanuras de inundación manchegas se han ido salinizando desde que dejaron de funcionar como tales. Con su nueva dinámica y su vegetación salina asociada.

P.D./ Con los nuevos políticos manchegos, se ha deshechado el P.E.A.G. (Plan Especial Alto Guadiana), el mínimo pero básico acuerdo social para regular las extracciones del acuífero y avanzar hacia su recuperación. El tiempo que ha vivido ha funcionado, pero estamos en la tierra del "ansia viva" y ahora la idea es legalizar todos los pozos.  En una cortedad de miras total (no se piensa ni en el futuro ni en otros sectores), lo primero es la economía (pan para hoy) y luego, si sobra, el medio ambiente (hambre para mañana).
NOTA: Se acaba de aprobar el Plan Hidrológico del Guadiana que viene a darme la razón, se abre la puerta a nuevos regadíos y no contempla la recuperación de los acuíferos. Permitiendo sacar 80 Hm3 más y abriendo la puerta a trasvases a Murcia y a Las Tablas para "recuperarlas".

P.D./ El 10-12-2012 en Magisterio de Ciudad Real, Óscar Jerez presenta el libro "La Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda" donde, entre otras cosas, se analizan los casos (con el antes y el después), de las mejores llanuras de inundación manchegas. Desde aquí un saludo y mi enhorabuena.



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