miércoles, 30 de septiembre de 2015

La Vegetación de las Dunas Gallegas



               Es pura coincidencia que mi última entrada hablase de la vegetación de los arenales interiores y que posteriormente, haya pasado parte del mes de agosto cerca de algunos de los mejores arenales gallegos, disfrutando de una vegetación, relativamente parecida a la descrita para los arenales de la Mancha.
                  

            Realmente se trata de un completo ecosistema marino-terrestre, del cual derivan esos “pequeños” arenales interiores. Aquí, en las costas, está la fábrica de este tipo de plantas tan especializadas. Pequeñas variaciones climáticas y edáficas enriquecen el elenco de plantas vasculares, según los diferentes climas costeros, ya sea Mediterráneo o Atlántico, y éste, Atlántico gallego, gaditano-onubo-algarviense o cantábrico.


El origen de los materiales también  crea una diferenciación adaptada a la química del sustrato, aunque aquí, la variación no es tan neta como en tierra firme, entre suelos silíceos y básicos, al llevar las arenas, casi siempre, una alta proporción calcárea por la alta proporción de esqueletos y conchas que llegan a tener.




         Dos factores edáficos más tienden hacer aún más diversa la vida vegetal costera. La salinidad, decreciente tierra adentro, y los nitratos provenientes de la abundante materia orgánica aportada por el oleaje. Además la vida vegetal está condicionada por el movimiento de las arenas, ya sea por el golpeteo mecánico, por el rozamiento o por enterramiento

La acción del viento se pone de manifiesto en las sombras de esta imagen


Ante todos estos factores, casi más bien inconvenientes, la vegetación  responde con estoicas adaptaciones a uno u otro factor, engrosando epidermis, cubriéndose de pelos y vellosidades, acumulando agua o reservas para afrontar la salinidad o los enterramientos; aminorando hojas, reduciendo estomas, creando cutículas reflectantes y un largo etcétera. Casi todas estas plantas tienen apellidos como: maritima, littorea, o arenaria.



Otanthus maritimus y Medicago marina (abajo) repelen la luz del sol y el viento desecante con una espesa vellosidad


Supongo que es la distancia a las grandes ciudades, el mal llamado “mal tiempo” o la temperatura de las aguas, la que ha hecho que las áreas dunares y  bordes de playas se encuentren aquí, aparentemente, en  tan buen estado de conservación; máxime si lo  comparamos con sus homólogas áreas mediterráneas.



Muchas de las grandes playas gallegas son una auténtica lección de geografía. Desde  los cerros cercanos a la costa, el paisaje es como esas láminas que acompañan a los libros de ciencias de la tierra, en las que se ve la montaña originando valles y ríos que van a parar al mar entre colinas y desembocando a un lado de la playa, tras dejar una breve marisma e incluso algunas albuferas o lagunas interiores. Faltan los rótulos de: cabo, bahía, playa, tómbolo, marismas, acantilado, puerto, etc.


Salvando las distancias, me llaman la atención las coincidencias con la vegetación manchega, la nitrófila: desde el malvecino Salsola kali a extremos puntuales como Lavatera marina o la amapola amarilla Glaucium flavum, de algunas lagunas de Rivas; la salina: desde las suedas y salicornias a los llantenes o, como en la entrada anterior, la sabulícola o psammofila con los paralelismos o vicarianzas de Malcolmias, Linarias, Artemisas o acederas.



Las playas son un ejemplo de esos ecosistemas en que puedes trazar una línea en función de un parámetro de importancia y ver cómo cambia la vegetación en su progresión lineal, existe una “catena” salino-arenosa, en la que la vegetación va cambiando según se va reduciendo la salinidad hacia el interior, función también remarcada por la reducción de la movilidad de la arena que cada vez está  más asentada, tiene más materia orgánica y llega un momento en que la vegetación, apenas se diferencia de la de los montes vecinos.




Existen varias zonaciones funcionales de lo que es una playa o mejor dicho, un conjunto dunar. Desde el borde superior de las mareas hasta el interior continental totalmente estabilizado. En zonas de costa rocosa, también existe una zonación vegetacional en función de la salinidad y de la influencia de los “rociones” marinos, pero totalmente diferente a la de las playas.


En primer plano dunas blancas, luego dunas grises y al fondo el  contacto con las laderas


 Esta zonación es variable en denominación, pero las respuestas vegetales son precisas. Hay playas, dunas blancas y grises (función de la estabilidad y abundancia de materia orgánica); hay playas y post-playas, hay dunas primarias, secundarias y terciarias. Dunas remontantes, activas, sub-recientes y fósiles, etc.


La primera franja vegetal apenas tiene cobertura y variedad de especies

 -  En la playa, muy cerca de donde mueren las olas de las mareas altas normales, comienza la vida vegetal, aún no han comenzado propiamente las dunas, pues está en la misma línea de rotura de las olas de los temporales de invierno. 


Dunas blancaas con Euphorbia parallias, Otanthus maritimmus, Eryngium maritimus y barrón
   Es la zona más inestable, más salina y más arriesgada, aunque son frecuentes los regalos, el maná alimenticio que aportan algas, materiales diversos y restos animales, traídos por las olas más altas.

Una estrecha franja ocupada por Cakile maritima y la nitrófila Salsola kali


A pesar de ello la cobertura no llega a una cuarta parte. Aquí solo pueden vivir verdaderos especialistas de la sal y aprovechados de la nitrofilia. Son Cakile maritima, Salsola kali, Honckenia peploides, Pancratium maritimum, Medicago marina y muy pocas más, pues los grandes temporales invernales “machacan” literalmente esta estrecha franja.

En  lo más duro de la playa propera la pequeña Honckenia peploides

La azucena de mar Pancratium maritimum aparece desde el  borde del agua hasta las post-playa


- Casi bruscamente comienza el campo de dunas, a veces con montículos aislados, formados gracias a la tenacidad del barrón, Ammophilla arenaria,  verdadero protagonista de las dunas marinas que resiste o retrasa los procesos erosivos respecto a las arenas circundantes. Estas son las dunas blancas, las más activas o móviles, la vegetación apenas coloniza la mitad del sustrato.

El barrón es el responsable de la formación de estos altos montículos  aislados

Las linarias son un género amante de las arenas, aquí Linaria polygalifolia

Aquí, aparte de alguna de las anteriores, ya entran los especialistas de la arena y el viento, el barrón y otra dura gramínea Elymus farctus. Aparecen especies como la correhuela de las dunas Calystegia soldanella, Othantus maritimus, Crucianella maritima, Carex arenaria, Eryngium maritima, Euphorbia paralliasPolygonus maritimus, Rumex bucephalophorus, Limonium dodartii, las  compuestas Aetheorhiza bulbosa y Reichardia gaditana, y alguna siempreviva Helicrhysum stoechas.

La  Crucianella maritima contribuye a estabilizar las dunas más cercanas a la orilla, protegiendo las arenas de la erosión

- Viene ahora la zona dunar estabilizada, usualmente con varios cordones elevados y con sus vallejos interiores, a veces con vegetación higrófila en su seno (juncos, eupatorios, salicornias, sauces y tarays).


Masa  de Euphorbia paralias en el límite entre las dunas blancas y las grises. Abajo otra lechetrezna menos corriente, Euphorbia portlandica

Uno de los escasos sedum de las dunas Sedum anglicum (dunense)

    Ya aparecen algunos arbustos aunque de escaso porte como el torvisco Daphne gnidium o Scrophularia frutescens y un especialista cada día más escaso, la camariña Corema album, que no he tenido la suerte de ver por donde he estado.


El cardo marino es una de las especies más abundantes de las dunas blancas, para desgracia de bañistas descalzos

Aparte de muchas de las anteriores ahora aparecen o lo hacen en mayor abundancia Iberis procumbens, Lagurus ovatus, Korinephorus canescens, Anchusa calcarea, Silene littorea, S. nicaensis, Matricaria maritima, Linaria polygalifolia, Corrigiola  telephifolia, Seseli tortuosum, etc.



La bella Iberis procumbens es una de las joyitas más abundantes en las dunas del NW ibérico

- La parte final del campo dunar aùn es distinguible del exterior; ya entran aquí más arbustos como algunas escobas, torviscos, zarzas, brezos y tojos. Algunos caméfitos como la siempreviva, los espárragos Asparagus aphyllus o el ajenjo marino Artemisia critchmifolia.


La amapola amarilla aparece en las zonas algo nitrificadas del borde externo  de la playa

   Abundan aquí especies que medran aquí por tener menos  competencia que en  el monte interior como Echium rosulatum, el peregil Petroselinum sativum, Anthyllis vulneraria, Carlina vulgare, etc. y algunas nitrófilas tales como Glaucium flavum, Lavatera marina, Eupatorium cannabinum, etc.


Alhelíes marinos, ahora sin flor, al final de la pllaya

También aquí aparece vegetación nitrófila en el contacto entre el monte y los cultivos y las arenas, aparece la amapola amarilla Glaucium flavum, los bellos alhelíes marinos Matthiola incana y M. sinuata, la alta malvaloca Althaea maritima, el gordolobo Verbascum sinuatum, ortigas y berzas.

La gran malvaloca Lavatera marina en el contacto entre el exterior y la zona dunar

Normalmente el campo dunar contacta con alguna zona de marismas con su cerrada vegetación herbácea y nitrófila o con una pequeña zona lagunar, cercana pero fuera del influjo mareal, con su vegetación dulceacuícola de carrizos y juncales.


Contacto entre el área dunar y la marisma

La compuesta Aster tripolium típica de las marismas del norte


Toda una lección, no de botánica, sino de geografía, de geomorfología marina y de como la vida, la vegetación, se adapta a las cambiantes condiciones de un medio cambiante, anfibio y arenoso, eólico y salino, hiper-nitrificado o xerófilo extremo.


Entre las dunas y la marisma medra la Armeria maritima
        
Como en casi todos los lugares templados y lluviosos, las plantas cosmopolitas están desplazando a ojos vista a las plantas nativas. En Portugal ya me llamó poderosamente la atención, pero Galicia no le va a la zaga. Aún así las dunas son un ecosistema para especialistas, pero poco a poco, y no solo la gran uña de gato, el Carpobrotus edulis, sino también otras plantas más discretas, van colonizando estas áreas.


La extraña alóctona Hydrocotile bonariensis expandiéndose en una de sus escasas localidades ibéricas

 Al menos con la primera, hay que plantearse su clara erradicación, limitándola exclusivamente a decoración de jardines, donde no corra peligro de expandirse. Aunque el salto del jardín al exterior es mucho más habitual e invasivo de lo que la gente piensa.


Aeonium arboreum colonizando una zona dunar cerca del jardín donde se plantó


miércoles, 5 de agosto de 2015

Los Arenales Manchegos


            Mucho ha cambiado La Mancha, costaría imaginar como sería en los tiempos cervantinos, con sus trigales, sus dehesas y sus montañas densamente boscosas, de las que no dudo de la existencia de hayas, pues estoy convencido de la capacidad de Cervantes para diferenciar todos los árboles conocidos por aquel entonces; pero todo aquello, ya no tiene nada que ver con la realidad actual.

Andar con la bici cuando se atraviesan los arenales se hace una tarea casi imposible

            A finales del XIX y primeros del XX, de Willkomm a Reyes Prósper, mucho se discutió sobre la "Estepa Central Ibérica", -La Mancha- y sobre si era natural o bien, el resultado de siglos de deforestación. Esos paisajes que vieron entonces, eran abundantes en incultas llanuras de inundación, en amplias lagunas casi siempre sin agua, en bastos albardinales y en improductivos campos de arenas poco prominentes, más interesantes para caza y pastoreo que para su puesta en cultivo.

Los abundantes jabalíes de Las Tablas tienen aquí parte de sus comederos

            De aquella imagen esteparia de horizontes donde se perdía la vista, hemos llegado a su práctica desaparición. Desaparición de las lagunas (a pesar de ser hoy la Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda), desaparición de los albardinales, de los saladares y también, desaparición de los mantos dunares. Tal vez la Mancha se haya hecho más productiva, pero no se ha preservado ninguno de esos antiguos ecosistemas, (salvo algunos humedales), aunque solo fuese para saber como fue la naturaleza manchega. Desgraciadamente, también han sucumbido en pro de una agricultura voraz en exceso, todos los ríos, los arroyos y sus llanuras de inundación.

Mantos arenosos en la vecindad del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

            El cultivo de subvenciones ha primado la superficie por encima de la productividad, de la calidad o de la limpieza ecológica de los cultivos. Por contra, ya hace años que se está dando el caso contrario, tierras que están revertiendo a su antigua situación, en vista de que sale más caro cultivarlas que las subvenciones que se conceden. Y eso a pesar de tener el agua gratis; si se hace un pozo, casi siempre ilegal, con el tiempo y ASAJA, dejará de serlo, aunque el acuífero lleve años declarado “sobre-explotado”. Pero en nuestro caso, estamos hablando de áreas que si estaban sin cultivar era por algo. Con los medios actuales se puede poner en cultivo hasta la roca, pero el límite económico siempre estará presente.

La pegajosa pero muy adaptada Ononis natrix

            Estamos hablando de ecosistemas que, salvo los acuáticos, no son del gusto popular, son literalmente “secarrales”, y de cada uno de estos ecosistemas voy a realizar una entrada, para dar a conocer algo que entre todos, hemos dejado perder. Son parte de nuestra cultura, de nuestros paisajes, pero sobretodo, de la de nuestros padres y antecesores, algo que tenemos en nuestra memoria genética y que, probable y desgraciadamente, nuestros hijos desconocerán.

Artemisias, lechetreznas y encinas en la loma dunar por encima de los viñedos

          Casi nadie tiene la menor idea de que existen campos de dunas en nuestro país; si acaso los asociamos al borde interior de las playas, aunque el sector de la construcción nos recuerde, que también nos podemos olvidar  de eso. Pero en el centro de la meseta norte y sur, tenemos y hemos tenido, buenas representaciones de campos eólicos, aunque no hay que acudir a la idea del erg sahariano que tenemos en mente al hablar de arenas.

Ventifracto o "canto afacetado" y pulido por la arena golpeándolo cientos de años

            Los campos de dunas manchegas hoy son casi irreconocibles debido a la agricultura, aunque tradicionalmente ha sido el terreno del pinar o de otro tipo de monte que servía para fijarlas y de paso, para crear pastos para ovejas y caza. Pero dada la voracidad agrícola que está acabando con estos terrenos “incultos”, los fenómenos de erosión eólica se están reactivando, dado el laboreo mecánico y la deforestación generalizada. En la Mancha de Albacete, estos fenómenos se están comprobando sobre todo, al oeste del río Júcar; una zona con buenos campos de dunas estabilizados que dibuja un paisaje en mosaico de monte, viñas, cereal y almendros.

Los tonos ocre-amarillentos muestran las arenas, con una banda al sur, saliendo del NE de Las Tablas y otra banda llena de canteras de arena, en paralelo al canalizado río Gigüela, esquina superior-derecha

            En Castilla la Mancha hay arenales protegidos, como un enclave arenoso al noroeste de Toledo, el del río Guadyerbas y los Llanos de Velada, bien conservado, con alcornocales y protegido, solo parcialmente, bajo la figura de Reserva Fluvial, y otro enclave, menor aún, al este de Albacete, de carácter y flora totalmente levantina-murciana, protegido como Microrreserva de los Arenales de Caudete.


Alhelíes tristes (Dipcadi serotinum) en los arenales manchegos

          Pero la gran zona de “arenas” manchegas no solo está junto al Júcar albaceteño, sino lo principal, en el Campo de San Juan,  en pleno centro de la Mancha y va, a lo largo de unos 100 km., desde el este de las Tablas de Daimiel hasta el oeste de Socuéllamos, coincidiendo con las menores cotas topográficas y la vecindad de la red fluvial que drena estas llanuras.

La característica Malcolmia patula en el único medio en el que puede vivir, las arenas

            Del Campo de San Juan, a pesar de los toponímicos (Arenas de San Juan, Arenales de San Gregorio, Arenales de la Moscarda, etc.) apenas quedan arenales sin cultivar o con algo de su vegetación original. Por eso voy a hablar aquí de una de las zonas de arenales manchegos mejor conservada, el área dunar del entorno nor-oriental de las Tablas de Daimiel, con un par de decenas de km2 ocupadas por arenas de color rojizo que dibujan  una gran y apuntada media luna y que tiene áreas con su vegetación natural característica.

Mapa geomorfológico de Las Tablas, en amarillo la regíon dunar al NE (tomado de la tesis de Ana Valdeolmillos Rodríguez)

            Las dunas apenas son perceptibles en varias fincas con viejos encinares o cultivos abandonados, incluso hay varias explotaciones areneras abandonadas, cuyos márgenes permanecen sin cultivar. Además, esta área dunar se solapa con varias estepas de caracter yesoso y con saladares de borde de las áreas inundables del río Gigüela en la inmediata vecindad del Parque de las Tablas de Daimiel en Villarrubia de los Ojos (del Guadiana).

Ninguna de estas dos flores pueden verse en la región fuera de las áreas dunares

            Hace alrededor de un año, en la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, hicimos un trabajo cartográfico y documental, para que se tuviera en cuenta este ecosistema, y otros como saladares y estepas yesosas, para su inclusión en la ampliación que se iba a realizar del Parque Nacional, pero la ampliación resultó un fiasco total que ni siquiera fue capaz de meter los Ojos del Guadiana (la ampliación mínima de las tres propuestas) en sus nuevos límites.

La Malcolmia es la gran especialista de las arenas, dando nombre a toda una gama de comunidades vegetales sabulícolas

            El origen de estas arenas está en los materiales fluviales transportados por las crecidas de los ríos, desde el Younger Dryas (11.000-10.000a) que daría las formaciones mayores, hasta el Holoceno superior (4.000-400a.) y que gracias a la intervención constante de los vientos de componente W, en las épocas más áridas y ventosas, movilizarían los sedimentos superficiales de estas zonas poco vegetadas y los arrastrarían tierra adentro hacia el este. De hecho las dos alas de las formaciones dunares de Villarrubia, se corresponden con los dos vientos dominantes, los del W (dos formaciones de 2-3km. x 300m. que se unen a sotavento) y los del SW (hasta 7km. x 500m.).

La Andryala ragusina también puede verse en arenales de bordes de ríos y arroyos

            Estos materiales fluviales son de una etapa inmediatamente anterior a las “tablas fluviales” y denotan un régimen más agresivo del Gigüela, no el de los actuales sedimentos  limo-yesosos, sino principalmente de arenas. Es decir, en lugar de tablas y formaciones vegetales ribereñas, debería haber playas y arenales, con una vegetación escasa. Esto está en concordancia con análisis polínicos que muestran la existencia de pinares y  una escasa vegetación adaptada al frío y a la aridez en esta área en el pasado.

La lechetrezna Euphorbia segetalis creciendo en medio de una artemisa

            Se crean así, por un lado concavidades de deflación, las áreas vaciadas de sus sedimentos arenosos, y formas eólicas móviles (dunas) de varios tipos, siendo las dominantes las parabólicas, pero existiendo prácticamente toda la gama, cordones, barjanas, lunette, blowout, etc. pero de dimensiones menores que nuestro desértico imaginario, aunque lo más común es una amplia lámina de arena o manto eólico, de un poco más de un metro de alto, natural o fruto del laboreo agrícola.

Duna alargada, tonos anaranjados, sobre unos campos, (Los Ojuelos de Villarrubia), hasta hace poco sin cultivar, yesoso-salinos de color gris

            En apariencia se trata de un medio hostil y casi refractario a la vida, pues se trata de granos de cuarzo feldespáticos con, cosa muy poco común en Europa, una buena proporción de arcillas, que les dan ese toque rojizo característico. Pero no es así, muchos animales usan este blando material para instalar sus madrigueras y lo especial del medio crea una colonización entomológica única y poco o nada estudiada.

Madrigueras en un zona donde se nota el perfil de las dunas entre el encinar.

            Con la vegetación ocurre el milagro de la colonización por auténticos especialistas en estos medios, es la vegetación psammófila o sabulícola. Vegetación con largas raíces, la parte superior de la planta se va desplazando con la duna y las raíces permanecen “estirándose” desde su origen; adaptadas a poder soportar unas temperaturas extremas, pues la arena se calienta o se enfría mucho; y por otras adaptaciones fisiológicas para poder soportar la sequía inherente a este sustrato percolante, al golpeteo de los granos de arena y a la pobreza en nutrientes y materia orgánica.

Las linarias abundan en todos los medios arenosos, llegando a generar especies independientes y muy locales

            La vegetación sabulícola de las Tablas, en esta zona de Villarrubia de los Ojos, apenas está estudiada; aquí se ha aceptado un Parque Nacional exclusivamente ligado al agua y todo lo demás casi es un erial científico aunque esté a dos metros de éste. Por lo que este trabajo sea quizás una de las escasas incursiones en un tipo de vegetación que  todavía puede dar sorpresas.

Torvisco (Daphne gnidium) con senecios y malcomias.

            Las plantas características de estas arenas están capitaneadas por la especialista Malcolmia patula, a veces con la sequía solo quedan de ella sus llamativas flores moradas, sin que apenas se aprecie planta que las soporte. En el mejor de los casos aparecen viejas encinas sujetando la arena y dejando que ésta dibuje el rebufo ventoso de las sombras y huecos del encinar, permaneciendo los troncos en oquedades del terreno. En lo arbustivo puede aparecer alguna retama, espino negro y sobre todo torviscos (Daphne gnidium).

La artemisia de las dunas de la Mancha

            A nivel sub-arbustivo destacan las matas por un lado, de las abundantes acederas Rumex roseus y de los ajenjos Artemisia campestris subsp. glutinosa en una variedad especialmente blanca, (como "hibridada" con su congénere A. herva-alba) que crece en las cercanas calizas, la jarilla Helianthemum asperum, H. ledifolium, Scrophularia canina, la siempreviva Helicrysum stoechas y alguna escasa esparraguera.

El amarillo Senecio gallicus en la región solamente habita sobre las arenas

            No de menos talla, pero menos vigorosas destacan el Senecio gallicus, la Ononis natrix, la blanca Andryala ragusina, el alhelí triste Matthiola fruticulosa y la rojiza Euphorbia segetalis; ya de tallas menores tenemos: Linaria spartea, Alkanna tinctorea, Jasione blepharodon, J. montana, Malcolmia patula, Loeflingia hispanica, Dipcadi serotinum, Hippochoeris glabra, Eruca vesicaria, Crupina vulgaris, Lomelosia simplex, Silene conica, Erodium aethiopicum y otras como gramíneas especializadas en las arenas: Vulpia, Stipa, Cynodon,...

El espectacular azul de la Alkanna tinctorea

            Luego aparecen en menor proporción y, donde el suelo se lo permite, plantas menos características de estos medios, plantas nitrófilas y ruderales, como cardos y varios tipos de jaramagos y plantas más propias del encinar calizo, del que ya apenas quedan restos en la inmediata vecindad. A falta de un estudio pormenorizado y espaciado en el tiempo, la gama vegetal reúne a varios ecosistemas cruzados: las arenas, el encinar y los cultivos, con alguna variante esteparia.

La acedera Rumex roseus, habitante característicode estos arenales

            La representación de las plantas con querencia hacia las arenas es completa, a falta de comprobar la existencia de alguna que otra especialista, la riqueza y representatividad botánica de estas geoformas tan especiales y poco comunes, es digna de protección y sería lamentable no hacerlo, dada su escasísima representación actual.

Alkanna tinctorea, Artemisia glutinosa y Malcolmia patula

         También sería absurdo crear una Microrreserva para las dunas y su especial vegetación, a dos pasos de un Parque Nacional. Pero poco espero de la Administración, después de habérselo puesto en bandeja, con un estudio detallado de las distintas posibilidades de ampliación, zonaciones, planes alternativos y justificación. Aunque la verdad es que en el Organismo Autónomo Parques Nacionales fueron muy receptivos y les pareció bien, pero donde se echó el freno a la propuesta de ampliación, fue en la Consejería de Agricultura de la CLM. En esta tierra manda ASAJA y todo lo que suponga un menoscabo, (que no lo es) a la agricultura es desestimado.

Área recién ampliada del Parque, arenas y demás superficies repobladas con retamas, encinas y romeros

            Queda pendiente la promesa hecha por la Administración Autonómica de la ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, aunque yo llamaría Parque Nacional de las Tablas del Guadiana al ampliado Parque, hasta los iniciales Ojos del Guadiana, en cuanto la Confederación Hidrográfica del Guadiana tenga a bien deslindar claramente el Dominio Público Hidráulico. Parte de la nueva área recién ampliada también tiene terrenos arenosos, aunque casualmente, pues se trataba de viñas regables, compradas para que no se ejercieran esos derechos de riego y sin vegetación digna de protección, aunque probablemente, el tiempo y la cercanía a la zona descrita, la haga enriquecerse florísticamente en el futuro.



            A partir de la inclusión de los Ojos del Guadiana, creo que no sería difícil ampliar el Parque Nacional con aquellas áreas colindantes y valiosas por su gran biodiversidad y por su escasez en CLM: las arenas, los saladares, los encinares y las estepas salino-gipsícolas. Creo que el acerbo cultural y patrimonial de Castilla la Mancha se lo merece como un mínimo imprescindible.


Para estar al día sobre esta zona de Villarrubia de los OJos:   http://losojuelos.blogspot.com.es/
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