domingo, 30 de noviembre de 2014

La Rubía : Requiem por el Último Pinar Natural de Gredos

Parte del pinar de La Rubía años antes del incendio de Arenas

Lamentablemente esta entrada trata de la desaparición del último pinar de pino silvestre, genuinamente autóctono de todo Gredos. A falta de una mayor concreción sobre la naturalidad de otras masas pinariegas gredenses, temo que nos hemos de conformar con este último pinar, para terminar, a mi pesar, de dar la razón a aquellos que mantienen que en Gredos no hay pinares enteramente naturales.

Los  restos del pinar de La Rubía en la actualidad

Hablando de pinares, Gredos tiene dos caras, la oriental y la occidental, contrastando claramente por la presencia o ausencia de pinares y divididas a partir de un  meridiano que iría poco más al oeste de Hoyos del Espino en el norte a Poyales del Hoyo en el sur. Desde aquí hacia al oeste, la presencia de pinos es absolutamente puntual o claramente artificial de repoblaciones de resinero, Pinus pinaster en el sur, y muy poco de éste y Pinus sylvestris, en el norte.


En la mitad oriental destacan, en claro contraste con los robledales veratos, los extensos pinares que cubren todos los montes. El pinar mayoritario es de Pinus pinaster que ocupa parte del piso mesomediterráneo y las dos terceras partes inferiores del supramediterráneo, en ambas vertientes. Aunque al norte, a partir de Navaluenga hacia el oeste cede ante el robledal, no ocurriendo lo mismo en la orilla de solana del Alberche, donde de nuevo el pinar,  junto con la encina  y algo de roble, se enseñorean de estos territorios.

A saber cuantos años llevaba muerto este enorme ejemplar

Pero no todo son Pinus pinaster, en el extremo oriental del valle del Tiétar, también abundan, a pesar de un incendio que se cebó con una de sus mejores bosques, las masas puras o mixtas del piñonero, Pinus pinea que ocupan desde el fondo del valle hasta una altura de unos 700m. y también en los límites superiores del bosque, en el Timberline de los sajones, abundan los ejemplares o rodalillos aislados de los más antiguos pinos de la zona, vetustos troncos de Pinus sylvestris y de P. nigra, localmente llamados pinos albares y cascalbos respectivamente.

Rodal de viejos pinos negros en medio del pinar de resineros con enebros en Mijares

En la cara norte ocurre algo parecido, si bien los pinares de piñoneros comienzan muy al este, cuando el Alberche empieza a dar su curva hacia el sur, ya fuera de Gredos. En pocos lugares aparecen ejemplares y rodalillos de silvestres y de cascalbos, principalmente en el afamado valle de Iruelas, y en la otra orilla del Alberche, cerca de Navalacruz, una joyita natural que no sé cómo ha llegado hasta hoy, un frondoso pinar de Pinus nigra. Aquí cerca viene a morir una extensa zona que, como la compartida con Segovia, también se ha dado en llamar “de pinares”, con varios pueblos que se apellidan con ese topónimo y aunque aparece documentada la repoblación antigua de estos pinares, no se sabe a ciencia cierta, si se repoblaba sobre lo que anteriormente también fueron pinares.

Comunidad de pinar con cambrones (Echinosparto barnadesii-Pinetum ibericae)

En esta cara norte es donde aparecen los buenos pinares de pinos silvestres, en la zona “puente” entre los valles del Alberche y del Tormes, lo más alto y continental de toda esa falla que recorre Gredos de este a oeste. Los mejores pinares se encuentran en la cabecera del Tormes, a los pies del Parador de Gredos y también la joya botánica del pinar de Hoyocasero, cerca del Alberche. Todo lo demás son repoblaciones, como la magnífica de la falda norte del Torozo, en la caída del puerto del Pico o en la Cueva del Maragato (pugnando con robles); el resto de repoblaciones de silvestre, salpica toda esta montuosa región, como las celdas negras en un crucigrama.

Magníficos pinares silvestres entre Navarredonda y Hoyos del Espino

Pero todas estas masas de pinares silvestres están manejadas y explotadas silvícolamente, no llegan a la gran calidad de los pinares de Valsaín, nombre de su madera en serrerías y carpinterías. En los pinares del Tormes ya aparece el robledal hacia occidente, aunque cerca, al este, se encuentra el magnífico, aunque pequeño, robledal de San  Martín del Pimpollar y, algo más alto, el de Navalsáuz, casi rodeado de repoblaciones de silvestre que empiezan a tomar cariz de bosque.


Pulsatilla alpina var. apiifolia en flor bajo el dosel del pinar de Hoyocasero

Más significativo es el pinar de Hoyocasero, donde si no fuera por el manejo del bosque, el robledal se comería el pinar por sus pies, como queda de manifiesto donde menos se ha intervenido. Aun así, la riqueza y originalidad florística de este pinar, no se da en ningún robledal de la región y tampoco, y esto ya es más raro, en los cercanos pinares del Tormes, aunque hace un par de veranos sí encontré allí una de esas magnífica plantas hoyoqueseranas como es la Pulsatilla alpinaLo que queda del robledal, aparece un “escalón” altitudinal más bajo que los pinares, en las riberas del Tormes y del Alberche o, ya muy por encima, en situaciones  rupícolas en bastantes localidades dispersas por todo Gredos, sur incluído, marcando el límite superior del arbolado, entre los 1800 y los 1900m.

En el límite superior del bosque (La Rubía), también aparecen pies de roble casi rupícolas

Muchos  años llevan  discutiendo los botánicos sobre la naturalidad de los pinares de Gredos, en franco contraste con los del Guadarrama, donde su naturalidad es incuestionable. Pero, obviando opiniones preconcebidas, a la luz de todos los  datos paleobotánicos actuales, no hay duda de la pretérita existencia de pinares en Gredos, hasta tiempos históricos y actuales. Este hecho es tan incuestionable como su retroceso y desaparición hacia el presente.

Los pinares del Guadarrama ocupando la mayor parte del piso oromediterráneo y mucho del supramediterráneo

  Los datos paleobotánicos proceden del análisis de los pólenes conservados en turberas y también de los llamados, por contraste, macrofósiles, es decir, piñas, hojas y las conocidas en la sierra, como “troncas”, es decir los tocones de grandes pinos que por una razón u otra se han conservado hasta nuestros días, enterrados o puestos al descubierto por procesos erosivos. Estas troncas se han hallado en zonas desarboladas actualmente como La Serrota, Zapatero y laderas y valles del cordal principal.

Varias troncas (recientes) sobre una turbera, ambas contienen abundante información paleobotánica

La hipótesis mayormente aceptada sobre el devenir de estos pinares sugiere que tras la retirada glaciar que afectó fuertemente a estas montañas, existieron varios períodos climáticos sucesivos, con un período preboreal, donde la dominancia de los pinares fue casi absoluta, seguido de un período subatlántico, en el que el pinar, perdiendo algo de protagonismo, cedió terreno ante especies menos continentales. 


Frondosas conviviendo y desplazando al pino silvestre en Lillo (León)

    Posteriormente llegó un periodo más cálido que inició el período actual, en el que la presión de las quercíneas, principalmente los robles melojos, hicieron retroceder los pinares a las áreas más altas, xéricas y continentales. En estas condiciones entra en juego, de importancia aún mayor que la climática, el hombre.

Como  La Rubía cientos de pinares debieron caer bajo la acción del fuego

La participación humana empezó pronto, con los  Vettones ampliando las áreas de pastoreo para sus rebaños de vacas y caballos, se cree que con ellos comenzó la transhumancia que sigue realizándose todavía hoy. A partir de ellos la deforestación fue galopante, a pesar de alguna medida protectora de los montes en siglos pasados. Sólo la táctica bélica de la “tierra quemada” podría compararse al dominio de La Mesta o a la plaga de los incendios forestales de nuestra época. El fuego siempre ha sido un factor importante, pero nunca tan continuado y reiterativo, como en las últimas cinco décadas.

La protección solo es real sobre el papel o sobre el cartel

Vista la tendencia ecológica de predominio de las quercíneas que solo han ido dejando a los pinos las tierras más altas, expuestas y escabrosas, y el interés comercial por los buenos fustes de pino silvestre, parece claro que la pervivencia de los pinares gredenses, ha sido mantenida por el hombre, al tiempo que también ha sido el causante de su drástica disminución. 



Observando la pujanza del robledal bajo los pinos de Hoyocasero y la limpieza y ausencia de vegetación bajo los de Navarredonda, no puedo decir que no sean de origen natural, pero sí, que están mantenidos artificialmente. No sé si podrían vivir aquí en buena compaña pinos y frondosas, como sí ocurre en el pinar de Lillo en la Cantábrica, pero la mano humana para el mantenimiento del pinar, es fundamental.


Puerto del Pico con el pinar natural al sur (izquierda) y el repoblado al norte (derecha), incendiados

Pero de todos los pinares de Gredos que he conocido, para mí, solamente uno es o mejor dicho, “ha sido” totalmente natural. El pinar de La Rubía en Cuevas del Valle, al oeste y por encima del puerto del Pico entre los 1550 y los 1850m. Lo conozco desde hace muchos años y casi lloré cuando fue arrollado por el incendio de Arenas de San Pedro en 2009. Un incendio que tras cobrarse una  vida, las autoridades decidieron dejarlo arder libremente, delante de las protestas y lágrimas de la gente de los pueblos que tuvieron que ver, cruzados de brazos, como ardían sus tierras.


La Rubía poco después del incendio de 2009

Tan incompetentes fueron que incluso el fuego pasó al otro lado de Gredos, a pesar de disponer de un  terreno tan favorable como eran los prados abiertos del puerto del Pico, pero ni  por esas. Al par de días del incendio me pasé por allí para ver el desastre, eché un ojo al pinar y me pareció que no estaba muy tocado, pues aún se veían verdear algunas de esas escasas masas de pinos.

Al ver esta imagen (es a color), pensaba que sobrevivirían muchos, pero estaban ya muertos de pie

    Pero craso error, los pinos tocados en más de un  20% murieron uno tras otro, de los 350-400 grandes pinos, solamente se habían salvado unos 70. Un desastre en  toda regla, en una  ladera que por sus características de orientación y la presencia de barreras rocosas, se venía salvando de los grandes fuegos desde hacía muchos años y esa era la razón de que los pinos resistieran en esta localidad.


Cuando  conocí este pinar, algo disperso  entre  el roquedo, me pareció una maravilla; entre ellos se contaban muchos individuos de pié, muertos por el rayo o por la edad, vetustos e impresionantes osamentas de antiguos dioses, solemnes vestigios vivientes de la antigüedad. En cierta excursión, en la que mi padre nos dijo a mi hermano y a mí que no volvía a salir con nosotros al monte por las palizas que le dábamos, nos topamos con una excursión de veteranos que estaban admirando boquiabiertos, como nosotros, la belleza de esos enormes pinos.


Entonces uno de los hombres que parecía especialmente conmovido nos contó: nunca olvidaré que yo fui uno de los que talaron cientos de estos magníficos árboles. La verdad es que imponía oírle hablar porque parecía estar conmovido y sintiendo en sus propias carnes, lo absurdo y terrible que pueden ser los actos humanos. Nos contó  que a mediados de los 50’ el ayuntamiento del pueblo no tenía un duro y que al alcalde se le ocurrió la idea de cortar los pinos de La Rubía para sacar un dinero extra para el pueblo. Casi todos los mozos fuertes del pueblo  subieron hasta allí para cortar los pinos, pinos de un pinar cuatro veces mayor que el que estábamos viendo.

Varias formaciones rocosas impiden o dificultan la progresión de los fuegos

Lo triste de esta historia era que cortar los pinos fue fácil, lo extremadamente difícil era sacarlos de allí. Nos habló de lo durísimo que fue el trabajo con los mulos, pues el valor de los pinos era el de los grandes fustes, no el del pino troceado. "En cuanto un tronco se nos iba un poco ya no había marcha atrás, había que dejarlo allí abandonado, sólo si estorbaba el camino de bajada, lo troceábamos; a los diez días comprobamos que solo sacábamos uno de cada tres pinos cortados, después de trabajar como negros".


A comienzos de los 50 el número de pinos era al menos el triple que en esta foto

El alcalde vió que el dinero no llegaba ni para pagar los jornales y se abandonó la empresa, el pinar reducido a una tercera parte ya no volvería a ser el mismo. Yo creo que ninguno de los que entonces admirábamos esos grandes árboles vivos o muertos en pie, lo hacíamos con tanto sentimiento o admiración como este hombre, nos contó que durante varios meses estuvo la gente de Cuevas subiendo con caballerías a trocear los troncos perdidos y atascados.



Hoy,  años después del incendio, apenas llegan a 70 los grandes pinos que siguen vivos, a pesar de ello, todavía se puede decir que es el mayor rodal de silvestres de la cara sur, aunque creo que hay algún rodal de su congénere cascalbo (Pinus nigra) por encima de El Arenal que supera esta cifra. Me llama la atención que en la cara norte, a pesar de tener un clima supuestamente más favorable, sólo haya algún rodal o pies aislados, cerca del límite del bosque en el valle de Iruelas y no por toda la cordillera.



La naturalidad de Pinus sylvestris var. Iberica en Gredos es incuestionable, hace poco se criticaba con dureza a los fitosociólogos por no avalar su naturalidad con ninguna comunidad vegetal como sí hicieron en el Guadarrama. Pero, como me decía uno de sus valedores, muéstrame algún pinar o más que puedas decir que son verdaderamente naturales y, ecológica y estadísticamente, te defino esa comunidad. Eso me decía cuando le insistía en la ausencia de comunidades vegetales del muy abundante Pinus pinaster, pero a ver quien pone la mano en el fuego por un par de localidades verdaderamente naturales, aunque se sabe claramente que este pino es autóctono.

La presencia del enebro rastrero aboga por la naturalidad de los pinares silvestres o negros, como el de la imagen

Hoy, con más datos, ya se han establecido comunidades vegetales naturales para casi todos los pinos ibéricos, faltan P. pinaster y P. pinea, pero ya Gredos tiene dos nuevas comunidades para P. sylvestris, el pinar con cerrillo, Festuca elegans subsp. merinoi, esa gramínea que describe a la perfección el piso supramediterráneo gredense y el pinar con cambrón, Echinospartum barnadesii, esa genistea pinchuda típica del piso supramediterráneo superior y oromediterráneo inferior de todo Gredos. También las hay para los pinares de Ayllón y Pela, en el extremo oriental del Sistema Central.

El cerrillo (abajo), define el pinar de silvestre supramediterráneo gredense (Festuco merinoi-Pinetum ibericae)

Por todo el sur de Gredos aún sobreviven enormes pinos silvestres y cascalbos dispersos por las laderas más protegidas, pero apenas tienen  relevo generacional. Acorralados por la promiscuidad del pino resinero y, principalmente por los  incendios, los clásicos del verano y, peor aún, porque tienen lugar en el límite del bosque, los incendios de piornal intencionados por intereses ganaderos que tienen lugar en otoño que van diezmándolos poco a poco hasta  hacerlos desaparecer.


Momento de la destrucción del pinar de La Rubía.     (golindelasenda.blogspot.com)

Los pinos negros son una joya  que  hasta podría ser una subespecie silicícola ibérica de esta especie, definida para los suelos básicos. Las autoridades forestales, a pesar del potente banco genético que representan, apenas los tienen en cuenta. 


En Gredos apenas hay unos pocos mostajos, la mayoría de ellos estaban aquí en La Rubía

    Sería teóricamente fácil y factible llevar a cabo una protección eficaz de estos rodales previniendo adecuadamente los fuegos en su entorno inmediato o limitando la instalación del pino resinero entre sus rodales, así como fomentando su plantación, sin aterrazamientos, en las zonas más querenciosas. Si dejamos todo a su libre albedrío, sin intervenir para proteger, ya podemos, de seguir como vamos, despedirnos de estos árboles que son los seres vivos más viejos y enormes de todo Gredos.



jueves, 30 de octubre de 2014

Los Encinares de Gredos

Algunos encinares de la Vera llegan a contactar con los piornales de las cumbres

     Al hablar de los encinares de Gredos, en las publicaciones te remiten a las áreas basales, aunque, propiamente, eso ya no es Gredos, eso no es la montaña; pero es lo lógico, siguiendo el esquema clásico de los pisos de vegetación o pisos bioclimáticos. Es esta una catena esquemática fundamental de la zonación vegetal en cinturones o fajas superpuestas en función del cambio vegetacional que se produce al aumentar la altitud y endurecerse o cambiar las condiciones ambientales, aumentando el frío y el volumen de las precipitaciones.



Encinas sobre una alfombra de cerrillo (Festuca elegans)

  Tenemos así en el piso basal, el mesomediterráneo, al encinar; por encima en el piso supramediterráneo, al robledal (y a los pinares de repoblación); por encima en el piso oromediterráneo, al piornal y, finalmente, en el piso crioromoediterráneo, un ralo pastizal de festucas y cervuno.


De estos encinares del valle del Tiétar a los de las laderas de Gredos hay más de 1000m. de altura

     A este esquema de cinturones altitudinales habría que hacerle varias salvedades de importancia, como que en toda la región suroccidental, la Vera y algo más, la abundancia de lluvias hace que pueda estar el roble en el piso basal, y que en el piso oromediterráneo haya restos de pinar natural (pino silvestre o albar y albareas sus pinares y pino negro, aquí llamado cascalbo); aunque sólo tengan carácter testimonial, pues son propios de áreas más continentales como ocurre ya en el Guadarrama que tiene su tramo inferior y medio de este piso, poblado de pinares naturales de pino silvestre.


Entre los 1300 y los 1600m, dominio de los enebrales-encinares pueden aparecer pinos silvestres o cascalbos relictos

     Gredos tiene varias dimensiones territoriales, en sentido amplio es todo el tramo de montañas comprendidas entre el Guadarrama al este y las sierras de Gata y Peña de Francia, ya en los confines occidentales; por otra parte el sentido más restrictivo, se refiere a la cordillera que arranca al oeste de San Martín de Valdeiglesias en Madrid y llega al puerto de Tornavacas, aunque por similitud y continuidad, prosigue por la llamada sierra de Béjar.

Véase la calidad del sustrato del encinar

     Si tenemos en cuenta todos los encinares de la región, hay que optar por el sentido amplio, y aquí entrarían los buenos y viejos encinares situados desde el sur de Ávila (valle Amblés-Riofrío) al norte, hasta el valle del Tiétar al sur, quedando al oeste los encinares del Tormes-Corneja, a partir de la curva del Tormes en Barco de Ávila y los encinares del Alberche (Burgohondo-Navaluenga-El Tiemblo), al este.




     Todos estos encinares tienen en común, obviamente, a la encina, pero son de mundos diferentes. Los del Alberche son encinares guadarrámicos, idénticos a los que hay en las estribaciones de la sierra de Madrid, encinares con enebros y pobres en variedad de especies, muy parecidos a los del sur de Ávila capital y a los del Tormes.



Encinares luso-extremadurenses del valle del Tiétar

      Los del valle del Tiétar son encinares luso-extremadurenses, con perales silvestres, ricos en especies y de amplia influencia atlántica. Todos estos encinares están en el piso mesomediterráneo, salvo los que remontan las sierras al sur de Ávila y que se introducen algo, en suave transición, en el piso supramediterráneo, ascendiendo las faldas de la sierra de Ávila, Serrota y Paramera.


La escoba blanca no aparece en  los encinares del Tormes

     Hablando propiamente de Gredos, sí que aparecen unos encinares verdaderamente gredenses y montañeros, a un lado y otro de la cordillera principal. Se trata de los encinares que habitan las altas laderas de sus solanas y que gozan de unas características que les diferencia del resto de los encinares situados en las áreas basales que circundan las montañas del sur abulenses o del valle del Tiétar.


Los  mayores enebrales (con alguna encina) del Sistema Central aparecen en la garganta Lóbrega

     Estos encinares se encuentran en las verticalizadas laderas de solana del valle del Tiétar entre los 700 y los 1550m. si el sustrato es muy rocoso, pero lo hacen con mayor abundancia entre los 1200 y los 1500m. En parecidas laderas, en la orilla derecha del valle del Tormes entre los 1100m y los 1550m en el tramo de la sierra de los Castillejos y Solana del Carrascal, también hay muy buenos encinares; todos estos ya sí que son los verdaderos encinares de Gredos.



     Los encinares de la sierra de los Castillejos son evidentes y notorios, cubren casi sin resquicios, las pedregosas laderas de solana en el margen derecho del Tormes al oeste de Navalperal de Tormes hasta las cercanías de Barco de Ávila por el este, donde muere esta serrezuela. A veces se le ha puesto de ejemplo de inversión de pisos bioclimáticos, pues abajo, en las vegas de Tormes y pie de la sierra, existen muy buenos robledales y por encima, aparecen estos encinares, en una sierra llena formas graníticas acastilladas que le dan el nombre.



La sierra de los Castillejos-Solana del Carrascal, en la margen derecha del Tormes

     Estos encinares tienen una flora característica, en el sotobosque aparecen algunos enebros, entre jarales de jara estrepa Cistus laurifolius; entre los tomillos y cantuesos, casi siempre a la sombra, aparece abundante la pequeña aliaga Genista tounefortii y la lechetrezna Euphorbia oxyphylla. Pero allí donde los suelos se hacen menos pedregosos y más profundos, aparecen los robles o los fresnos.


La occidental Euphorbia oxyphylla crece en los encinares del Tormes


     Los encinares de las solanas del valle del Tiétar han pasado más desapercibidos. Hace tiempo se hablaba de un piso, por encima de los encinares basales y de los robledales de las medias laderas (o pinares de repoblación), formado por un ralo enebral, entre formaciones rocosas, helechales y cantuesares. Esa era la formación más aparente, entre el comienzo del valle del Tiétar en Casillas y las altas laderas de Candeleda. Pero, mucho menos conocidos y explorados, por toda la comarca de la Vera, ya en Cáceres, se conocían buenas masas de encinares que ocupaban verticales y pedregosas laderas y que llegaban casi a contactar con los piornales de las cimas.



Enebral (encinar  potencial) de ladera y suelos apropiados para el roble en  el helechar

     Con el tiempo se fueron hallando multitud de localidades, puntuales y en situaciones poco propicias para el fuego, de encinas que acompañaban a estos enebrales de altura. Realmente, se trata de la misma ecología, del mismo ecotopo, en el valle del Tiétar, sin encinas o con muy pocas que, en las solanas de la Vera, con encinares compactos. Pero no se pueden comparar con los encinares basales. Estos encinares no son la vegetación potencial de estas laderas en condiciones normales, pues entonces quien se instalaría aquí, sería el robledal, como queda patente cuando mejoran las condiciones edáficas.


Al mejorar los suelos, se introduce el robledal que es la verdadera vegetación potencial

     Sobre la existencia o mayor o menor abundancia de encinas en estos enebrales, habría que ver su historia antrópica. Sobre este tipo de suelos y condiciones, y sin la vecindad de encinas viejas, parece muy difícil la recuperación del encinar. Los usos del territorio ganaderos, con su desmedida afición por el fuego como herramienta de manejo del monte, parece ser clave en la desaparición de los encinares gredenses, y más en los últimos decenios cuando nadie sabe, ni quiere, manejar el fuego y se prefiere prender y largarse.


Por encima de los pinares solo aparece alguna encina en localidades extremadamente rocosas

     Pero más aún parece influir la presencia "pirófila" del pinar, por encima de ellos, solo aparecen encinas en situaciones difíciles para la propagación del fuego.


Al fondo el  valle  del Tiétar por debajo de los 400m.

     Se trata de comunidades “permanentes” y relictas, ligadas a unos suelos muy pobres, poco profundos y pedregosos. Da igual que se superen con creces el metro de precipitaciones, el sustrato granítico y la fuerte pendiente, hacen que los suelos drenen rápidamente, y que los veranos sean igual de duros que mil metros más abajo. Esta premisa es la misma para estos dos encinares gredenses, aunque los encinares del Tormes tengan que soportar temperaturas más frías y menores precipitaciones, el mismo rocoso e inclinado sustrato granítico, conduce a que finalmente se igualen las condiciones de sequedad y termicidad.


     Por ser comunidades permanentes, deberían ser unos encinares “azonales”, aunque a los del sur se les haya metido en una comunidad fitosociológica supramediterránea, el encinar acompañado por la bella gramínea Festuca elegans. Pero estos mismos encinares apenas difieren florísticamente en cotas inferiores, desaparecen los piornos o esta gramínea y aparecen elementos más térmicos como el torvisco, incluso localmente el almez, pero siguen sin parecerse a los encinares basales, unos encinares ricos en piorno blanco Cytisus multiflorus, jaras (Cistus ladanifer y C. psilosepalus), brezos (Erica arbórea y E. australis), madroños y labiérnagos.


Un almez se cuela entre robles y encinas a unos 700m. en  La Vera cacereña

     Estos encinares son muy pobres comparativamente, aunque sí pueden estar esas especies, lo hacen en muy poca cantidad, y abundan las especies de las etapas más regresivas de esos suelos: helechos, dedaleras, cantueso, tomillos y una cobertura herbácea francamente pobre y escasa.


Dedaleras abundantes en el pedregoso suelo del encinar

     Para los encinares del alto Tormes, Santiago Sardinero propuso una asociación claramente definida, diferente de los encinares guadarrámicos, apoyada en la presencia constante de la Genista tournefortii y la lechetrezna Euphorbia oxyphylla, aunque esta lechetrezna también aparezca, bastante menos abundantes, en los encinares más occidentales del sur de Gredos.


Son centenares las altas majadas abandonadas en lo alto del Gredos de La Vera

     Gredos se está despoblando de pastores, lo que parecería una oportunidad para la remontada de estos encinares, no  lo es tanto; ahora, sin ellos, el peligro de incendio es mayor, y  en el tipo de localidades, de laderas tan  inclinadas y rocosas, no hay quien ataque un fuego. Por otra parte, la desaparición del ganado caprino no ha supuesto una gran mejora, ya que ahora ha aumentado mucho la fauna mayor, tales como venados, corzos y jabalíes; y las monteses, como los otros, gustan de las hojas y brotes de las encinas, por encima de casi todos los demás árboles y arbustos de la zona.



sábado, 27 de septiembre de 2014

Haciendo el bestia por el sur de Gredos


            Hay excursiones en las que, no es que se haga el bruto por el monte, sino que ya se roza el masoquismo. Tampoco ha sido por azar, la intención era llegar al nacimiento de la garganta Lóbrega de Candeleda, cuyo camino desde este pueblo es larguísimo y bastante perdido desde el restaurado puente del Puerto; por eso la idea era ir por la plataforma del Nogal del Barranco en Guisando y saltar hacia el oeste o cuerdear hasta encontrar una bajada fácil a la Lóbrega.

El célebre Nogal del Barranco

            En el Nogal del Barranco aún no dan los rayos del sol, recorremos menos de 100m. de camino y nos despedimos, mi hermano Carlos y yo, de cualquier cosa parecida a un camino hasta nuestro regreso a este mismo punto. Cruzamos el río, la Vertiente de Galayos que baja directamente de esos picos, para coger la Vertiente de Pelayos que viene del oeste. En el punto de encuentro de ambas vertientes se encuentra el famoso nogal, especie de la que afortunadamente se han plantado más ejemplares por las cercanías de la plataforma; también vemos las restauradas casillas o “puestos” de los cabreros, con sus paneles explicativos para la poca gente que viene por aquí, pues todo el mundo sigue el camino que sube y va directamente al refugio Victory, al pie de los Galayos, y a la Mira, el punto superior de este macizo con sus 2343m.


En el arroyo encuentro una boca de dragón de Gredos en plena floración entre los bloques rodados, algo muy poco comúm a estas alturas. Subiendo la vertiente de Pelayos seguimos la sombra de caminejo que ya conocía y que salva los cortados más delicados con bastante habilidad, pero ya está muy perdido. Pasamos los cortados sobre el arroyo un poco por encima de las enormes morrenas del pequeño glaciar que ocupó este fondo de valle y que algo ha alisado su fondo dejando unas pulidas lanchas por las que apenas baja un hilo de agua; creo que estas morrenas marcan la cota inferior de todo el glaciarismo de Gredos.

Primicia: la morrena terminal más baja de todo Gredos

           Acabamos de superar el límite forestal del pinar, un pinar viejo, pero no natural, como se encargan de mostrarnos las escasas encinas y robles agazapados en las fisuras de rocas y paredes, de hecho este lugar se llama el Pimpollar de Manoli (pimpollo: rebollo pequeño). También este es de los pocos sitios de Ávila en que se puede apreciar que el ralo enebral que ocupa la franja final y superior del pinar del valle del Tiétar, en realidad debió de ser en su día un buen encinar, del que solo quedan ejemplares sueltos en lugares difíciles para el fuego o como grandes árboles junto a alguna majada de cabras. (Habrá una entrada sobre los encinares de Gredos).

Enebral-encinar, véase el enebrillo seco y enrojecido por la actual sequía

            Frente a nosotros tenemos las casi verticales paredes, lanchares y picachos que jalonan toda la cara norte del Cabezo del Cervunal, que en caída vertiginosa pasan de los 2089m. de su cima a los 1300m. en apenas 1km. en la horizontal. En su caída orientada al noreste, sobre una vaguada se forman buenas cascadas de hielo conocidas por la élite de la escalada, pero a esas alturas (1600m.), solo se hielan con garantías, en las olas de frío de varios días. Aunque estamos lejos, es fácil adivinar por los colores de sus frutos anaranjados, los serbales que se enseñorean de algunas rocas.

Paredes del Cabezo del Cervuna, arriba en negro el lugar de las cascadas de hielo invernales

            Seguimos subiendo, ya penosamente, por entre los altos piornos, buscando rellanos fáciles de andar ocupados por un cantuesar y helechar disperso, pero a medida que subimos, todo van siendo grandes bolos, rodeados de piorno y el caminar se hace cada vez más fatigoso, hasta llegar al collado de este cordal que hacia la Mira se llama el cuchillar del Amealito, y ya se sabe que cuando en Gredos un cordal se llama cuchillar, es que no hay quien lo ande.

Cuchillar del Amealito, entre la Mira, al fondo, y el collado del Cabezo

            A media subida ya comenzamos a ver los primeros buitres y antes de iniciar la vuelta, nos dimos cuenta de que habíamos visto todas las especies de aves carroñeras de la península, sí, ¡Todas! Al poco de ver los primeros buitres leonados vimos un alimoche, inconfundible con su nívea cola, pero es que antes de llegar al collado vimos la silueta inconfundible de un quebrantahuesos inmaduro y nos dio varias pasada, pues tienen un vuelo ágil y movido.

Arriba derecha un alimoche, el quebrantahuesos volaba más alto y las fotos eran infumables, como se puede apreciar abajo. El parecido entre uno y otro es evidente, salvo en la cola negra del quebrantahuesos.

            Reconozco que me dio mucha alegría verlo, pero que no me extrañó demasiado, pues Rafa Gonsalves me contó que Jesús Charco, coordinador de la reintroducción del buitre barbudo en Cazorla, le había mandado un mapa con los desplazamientos de los quebrantahuesos monitorizados y se veía que la mitad se quedaba en Cazorla y cercanías, y que el resto se acercaban a Sierra Morena y Montes de Toledo, pero en su mayoría se iban a Gredos, aunque luego solían volver a Cazorla. Una hora más tarde vimos la oscura silueta de un buitre negro; los necrófagos al completo, la pena es no haber traído el teleobjetivo.


Por las Galayos ya es posible, con suerte, ver la enorme silueta del quebrantahuesos

        Días después estuve en el Centro del Quebrantahuesos de Asturias, allí me dijeron que les iba muy bien, incluso con ejemplares que venían “solos” de Pirineos, aunque hace unos días recogieron un inmaduro muerto, probablemente herido por un águila real. Me contaron que los adultos se dan la vuelta en el aire y muestran sus enormes garras emplumadas a estas rapaces que enseguida desisten del ataque, pero los inmaduros no tienen aún esa desenvoltura.

El Alto Gredos con el Almanzor al fondo, abajo la Lóbrega y una pedregosa gargantilla

            La cabecera de la Lóbrega hace honor a su nombre, es una garganta angosta a la que le llegan lateralmente un sinfín de gargantillas aún más angostas, mostrando algunas de ellas, señales de glaciarismo y casi todas una parte final inclinada, pero lineal, como de haberse rellenado por miles de grandes bloques en movimiento. Las precipitaciones en esta cabecera puede ser, a falta de estudios que lo concreten, de las mayores de la península pues se trata de un valle en forma de embudo, perfectamente embocado a los vientos del suroeste, los ábregos, que son los responsables del 80% de las precipitaciones en esta cara sur.

El comienzo de la Lóbrega recoge la torrencialidad de un abanico de laderas finales

            A este embocamiento del aire húmedo hay que sumarle el efecto de pantalla orográfica que supone el paulatino aumento de altitud del valle desde los 400m. del valle del Tiétar a los 2343m. del Torreón de la Mira, aunque teóricamente a eso de los 1800-1900m. debería de situarse el punto máximo de precipitaciones, pues a partir de esas cotas, la precipitación también debe ser muy alta, pero las nubes ya empiezan a estar “ordeñadas” y van bajando ligeramente su descarga.

Todas las rocas de una y otra garganta han sido transportada por la fuerza de las aguas recién recogidas

            El panorama ha ganado mucho en paisaje, pero no ha mejorado en posibilidades de andar sin grandes esfuerzos, además se nota que es agosto y que empieza a pegar bien el Lorenzo. Ahora aparecen espolones rocosos y “tors” de bloques que hay que ir superando.


Cervunal en primer término con el Cabezo del Cervunal al fondo

          Algo más adelante encontramos un pequeño cervunal, un pastizal de montaña con su nacedero y pequeña turberilla, algo muy común en la cara norte pero bastante escasos en la sur, de hecho el pico Cabezo del Cervunal recibe ese nombre porque es de los pocos lugares de la cara sur, donde hay un cervunal con “cierta” entidad.

La genciana de turbera en una de sus escasas localidades de la cara sur

            Por fín nos podemos tirar un rato en la hierba y beber algo, aprovecho para ver las plantas del cervunal y ahí están, aparte de las gramíneas Nardus stricta y Agrostis castellana que forman la pradera, Erica tetralix, Campanula herminii, Carex carpetana, Potentilla erecta, la carnívora Drosera rotundifolia, la increíblemente azul, Gentiana pneumonanthe, la pequeña Walenbergia hederacea, la blanca Parnasia palustris, etc.

La drosera muestra que este trozo del cervunal es casi una turbera

            Seguimos hacia el norte sin perder altura a unos 1900m, ya hemos comprobado que no merece la pena bajar al valle, como quería en un principio; nos han faltado un par de horas o una marcha menos fatigosa. Entre las rocas ya vemos las plantas genuinamente oromediterráneas: el helecho Cryptogramma crispa, Murbeckiella boryi, Saxifraga orogredensis, la Centaurea avilae, un endemismo que está desapareciendo poco a poco por la hibridación con su congénere más común Centaurea alba y también, muy recomida por las cabras el Echium, la viborera tan difícil de determinar de este piso bioclimático; todo apunta a Echium flavum, de los prados de siega de la cara norte, pero yo no lo veo ni en hábito ni en ecología.

La endémica y escasa, en la cara sur, Centaurea avilae

            Finalmente llegamos al último cordal sobre la hoya de los Cotriles, que son unos picos que asoman a media altura en la ascensión del fondo del valle hacia La Mira. La vista es majestuosa, parece increíble que tantos arroyos, vaguadas y canales vayan a parar al fondo de esta hoya; la pesadilla o el gran reto para cualquier geomorfólogo. Aquí abajo se reúnen materiales rocosos procedentes de todo tipo de procesos: torrenciales, coladas de bloques, glaciares, caída asistida, etc., en un revoltijo inextricable que debería saber discernir y que ha sido la excusa para hacer esta excursión.

Véase el batiburrillo de acumulaciones de bloques de las más diversas procedencias que rellenan esta gran hoya

            Tomo fotos de las laderas que van a parar a los Cotriles y su hoya; me da cansancio pensar en andar las dos o tres vertientes que tengo que estudiar, pero la verdad es que el recorrido íntegro de la garganta Lóbrega me parece unos de los mejores recorridos de todo Gredos, con el aliciente de que, como no te encuentres un cabrero en las majadas bajeras, no verás a nadie en todo el día. Aquí se halla también el mayor enebral de todo Gredos que une esta garganta y la cabecera del Arbillas, espeso y en algunos puntos con encinas, como dije antes.

El risco Pelucas con sus buitreras, junto con las del Fraile, las más altas de Europa

            Decidimos subir a la cuerda del Cuchillar del Amealito, algo más abajo de la famosa peña del Chocarrón, un clásico reto para escaladores, pues a pesar de su escasa altura, por cualquier via hay que pasar un extraplomo y para bajar hay que hacerlo de tal manera que se pueda recuperar la cuerda. Llegamos a una portilla a partir de la cual empiezan las Cuchilleras y hemos tenido suerte, la bajada es dura, pero muy factible, nos quedan más de 300m de bajada hasta los riscos del Jugaero y luego por el tendido valle del helechal hasta la vertiente de Galayos.

Descenso del el collado de las  Cuchilleras hasta la plataforma del Nogal del Barranco

        Desde aquí arriba hay unas buenas vistas de los Galayos, aunque no se ve desde donde arrancan las agujas. No sé si esta localidad ha sido la que ha dado nombre a la forma, un tramo o cordal de agujas ya directamente se denominan galayos, al igual que un yelmo es una gran roca convexa pero de cima curvada.

El risco del Águila y las Berroqueras, la parte inferior del cordal de Galayos, al fondo el Torozo y el Cabezo.

            Da gusto ver a las cabras salir corriendo a distancia, como dice Carlos, son cabras “no contactadas”, de las que tienen miedo, no como las de la laguna grande o las de cerca de la Plataforma. Aún así se nota mucho la presión sobre las plantas, aunque con suerte logramos ver unas cuantas matas más de boca de dragón de Gredos, unas en su típica posición, colgando de paredes verticales, y otras entre el pedregal de los torrentes.

La endémica boca de dragón de Gredos entre los cantos rodados del Pelayos

            Con mucho esfuerzo vamos llegando a la vida forestal tras atravesar un enorme pringoso helechal que rezumaba una pegajosa sabia que te dejaba los pantalones sucios y las manos pegajosas. También nos llamó la atención la gran cantidad de pequeños enebros de color rojo anaranjado, parece que estos tres buenos años anteriores crecieron, pero que ahora no han podido aguantar la sequía que arrastramos desde mayo. 

Tras las birras con limón del chiringuito de la plataforma nos quedamos como aquí el amigo


        Poco más tarde llegamos a reponer líquidos al chiringuito cercano a la plataforma.






Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...