domingo, 30 de abril de 2023

Incineradora de Valdemingómez

 


    Creo que ya lo comenté en otra entrada de este blog, la manera en la que nos deshacemos de nuestras basuras es la que marca claramente nuestro nivel de desarrollo, la calidad de nuestra cultura o lo avanzado de nuestra civilización. Solo hace falta ver las afueras, los arrabales de cualquier gran ciudad del mundo, para comprobar realmente la validez o el buen hacer de esa ciudad o por extensión, de ese país. Si lo encontramos llenos de basuras, de solares acumulando desechos, de caminos atestados de montoneras de cascotes en sus cunetas, estamos claramente, en un país tercermundista, por usar ese reductivo e imperfecto ranquin anglosajón. Desgraciadamente, basta acercarse por los aledaños de cualquier ciudad española, al menos, del tercio norte para abajo, para poder afirmar, a las claras, que los españoles somos tercermundistas, aunque nos vendamos o presumamos de primermundistas o como nos consideren otros países o ránquines.

Sacas medio rotas con las cenizas tóxicas procedentes de la incineración

         En las civilizaciones antiguas, agrícolas, las que venimos llamando “atrasadas”, las basuras servían para darnos de comer por medio de su aprovechamiento en el abonado y fertilización de los campos y huertos que les alimentaban a ellos o sus animales. Hemos logrado salir de ese atraso y ahora, ya más civilizados, hemos conseguido que nuestras basuras nos envenenen, aumenten nuestros cánceres y enfermedades de nuevo cuño o hagan improductivos nuestros contaminados suelos de la vecindad de los vertederos.


Concentración en el Ensanche de Vallecas, previa a la larga marcha de protesta 2022

         Como la muerte, la pobreza o todo lo que consideramos feo, apartamos de la vista los lugares que dedicamos a estos “sucios” menesteres, hasta tal punto que muy poca gente tiene una idea espacial o una imagen siquiera, de cómo son en realidad, los lugares a los que van destinados nuestros propios deshechos caseros que generamos diariamente. Muy pocos tienen una cierta idea del ciclo de la supuesta desaparición de lo que compramos o consumimos diariamente, bueno, también hay que decir que es triste que tampoco tengamos una idea relativamente precisa de cuál es el ciclo de los productos hasta que llegan al lugar donde los adquirimos. Estamos en la sociedad del no mirar, usted no tiene que preocuparse por nada, nosotros nos encargamos de todo, usted solamente cumpla pagando sus impuestos y siendo un mero consumidor, allá penas.


Final de la marcha de  2023 delante de la incineradora de Valdemingómez

         Así nos va, hemos hecho dejación de funciones o incluso dejación del seguimiento de esas funciones que otros hacen por nosotros y el tratamiento de las basuras se ha convertido en un negocio, en un buen negocio, a veces legal y otras no tanto, y por supuesto, la gran mayoría de las veces en ese estrecho límite de lo legal, pues en apurar esa línea es donde está la rentabilidad económica. Recuerdo mi asombro en una conferencia en Daimiel de Domingo Jiménez Beltrán, exdirector de la Agencia Medioambiental Europea, donde señaló que, claramente, el futuro del planeta estaba en el uso de energías limpias y, sobre todo, en la buena gestión y reciclaje de nuestros deshechos.


Infografía del tratamiento e incineración

     Las basuras no se tiran o se queman, se "valorizan", bien por las labores de recogida y de tratamiento, bien por el reciclaje o por medio de la producción de energía con su incineración, aunque lamentablemente hay estudios que atestiguan que simplemente se queman y no en pequeñas proporciones. A las grandes empresas, muchas de ellas filiales de grandes constructoras, se unen algunos particulares sin escrúpulos, que a precios más asequibles y sin tantas exigencias legales ni condiciones, consiguen deshacerse de basuras de maneras más bien misteriosas, por no decir de verdaderos atentados ecológicos.


La basura llama a basura, las cunetas tienen kilómetros de residuos

         Usualmente, surgen todo tipo de sinergias y usos compartidos en los grandes espacios dedicados a estas labores, por lo que esta industria, por llamarlo así, tiende a concentrarse en determinados lugares, con los distintos tratamientos en parcelas vecinas, colindando lo público con lo privado, y lo privado legal con lo privado ilegal, con solares en abundancia y todo tipo de situaciones marginales, estalajes y sombrajos. El ejemplo perfecto de una megalópolis de la basura es Valdemingómez en Madrid, en un entorno rodeado de grandes e impactantes infraestructuras, aunque con terrenos de buenos valores naturales en su vecindad, como el Parque Regional del Sureste, se desarrolla el gran Parque Tecnológico de Valdemingómez, con multitud de naves y grandes solares particulares para tratamientos de basuras varias.


Plano de Parque Tecnológico de Valdemingómez


         Una de esas empresas ilegales de basura, fue responsable de que medio Rivas-Vaciamadrid pasara una semana de ola de calor con las ventanas bien cerradas a primeros de julio de 2015. Un incendio subterráneo, estilo al famoso incendio subterráneo de turbas de Daimiel de 2009, soltando gases tóxicos por conejeras y grietas del terreno al oeste de la autovía de Valencia durante una semana entera. Pero es el pan nuestro, hace un par de semanas, el 15 de abril de este 2023, asistimos a un gran incendio en una nave de acumulación de materiales en el centro de tratamiento de Las Lomas. 

 


     Para colmo y pobrecitos los que allí viven, ahí está la Cañada Real Galiana, usurpada no solo por los que no tienen mejor lugar donde vivir, sino por muchas de estas empresas surgidas al socaire del vertedero. A los gases y humos medio legales, se une la quema de residuos de la cañada, pues no tienen ninguna recogida ni limpieza y cuando la basura se acerca al medio metro, siempre hay alguien que prende para limpiar con fuego; incluso hasta hace poco eran comunes en esta zona las quemas de cable de cobre, para recuperar este preciado metal. Los venenosos humos de la incineradora huelen poco, el olor característico de esta área se refiere a estos numerosos incendios, y desde hace más de dos años, tras el inhumano corte de suministro eléctrico a estos miles de personas, se les une el humo de los numerosos generadores caseros de electricidad.



         Lo ilegal da para mucho, pero vamos con lo legal, que ya es bastante y malo, muy malo, hasta el punto de que al menos en el área de Rivas Vaciamadrid más cercano a la carretera de Valencia, el número de cánceres y enfermedades raras es mucho más alto que el de las zonas más alejadas de Valdemingómez, al igual que les pasa a los propios trabajadores del PTV. Veo muy difícil negar la evidencia, sé de demasiados casos de bloques de pisos, donde el número de personas muertas o afectadas es intolerablemente alto y la verdad es que la rosa de los vientos no hace más que confirmar la prevalencia de vientos dominantes procedentes de Valdemingómez. 



    Por eso han surgido colectivos tales como Rivas Aire Limpio o la Plataforma Incineradora No, para luchar por el cierre de esta incineradora o, al menos, que se cumpla escrupulosamente la legalidad y las mediciones reales sobre las emisiones o la afección a elemento vivos del medio o a las personas del entorno. Esta lucha no es nueva, aquí hay mucha gente que lleva moviéndose desde casi 35 años cuando se inauguró la incineradora en 1993, tras muchas movilizaciones, cortes de la carretera de Valencia, etc., para intentar impedirlo y que no siga 30 años más.


Marcha para tratar de impedir la instalación de la incineradora en 1993

         Hemos convocado a numerosas sesiones informativas con el apoyo de expertos, médicos, científicos que desinteresadamente se han ofrecido para apoyar la lucha contra la incineración, en Rivas llevamos ya tres marchas de San Cinerato, desde Vallecas Villa se han organizado varias manifestaciones multitudinarias, desde el Ensanche de Vallecas se han organizado tres marchas hasta la Incineradora, contando con una muy buena asistencia a pesar de los 14 km andando por los campos vallecanos. En las puertas de la Comunidad de Madrid en Cibeles han tenido lugar numerosas protestas e incluso la creación de la misma Plataforma Incineradora NO. 


Concentraciones varios años consecutiva a la puerta de la sede de la CAM en Cibeles

      De la comunidad de Madrid solo se ha recibido la callada por respuesta, el anterior ayuntamiento de Madrid prometió el cierre de la Incineradora antes de 2025, pero el actual, no tiene la menor intención y eso que, por otro lado, está promoviendo la construcción de 150.000 viviendas en las inmediaciones más cercanas a la Incineradora. Incluso el supuestamente progresista ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid hace oídos sordos a este asunto, pues no quiere que se estropee su buena imagen de ciudad idílica y ecológica o que se puedan devaluar los precios de los inmuebles, por encima de la salud de sus ciudadanos.


Operaciones urbanísticas en curso en la vecindad de la Incineradora

         La incineración no es la solución, pero es una solución fácil y rentable, para quien tiene que hacerlo o buscarle beneficio, si es que no se tienen escrúpulos, pero es la peor solución a nivel ecológico y una fuente de sustancias peligrosas para el aire que respiramos. Recomendar la lectura de la novela Estramonio del italiano Ugo Riccarelli del ya lejano 2003, donde se trata de la vida de un barrendero y del negocio de la incineración.


Los tóxicos duendes humíferos de Valdemingómez

         Llevamos muchos años luchando contra la incineración de residuos, no solo en Valdemingómez, sino apoyando cualquier otra lucha a lo largo del país, no pedimos que se lleve a otro sitio, que se deje de castigar al sureste madrileño, pero no deseamos una incineradora ni cerca de la casa de nuestro peor enemigo. El humo, los contaminantes liberados al aire a esas alturas, no entiende de fronteras, se va acumulando y aunque, como reconocen estudios del Hospital Carlos III, lo peor se lo lleven los que viven en un radio inferior a los 5 km de una incineradora, estos contaminantes afectan a toda nuestra atmósfera.


Dentro del radio de acción y fijándonos en la rosa de Getafe (Fte. Meteoblue)

     Los olores, abundantes, provenientes de plantas de compostaje o también de biometanización, no son lo peor, incluso en ese crisol de experimentación química que es un horno de incineración a altísimas temperaturas (hay una norma fácilmente incumplible de no superación de los 800°C), es difícil controlar o medir todas las partículas generadas en estos procesos. La dificultad de medir, qué productos medir, cuándo, cómo, etc., son motivos de discusión cuando no de manipulación. Lo exigible, por ahora, son las mediciones de dioxinas (procedentes de la quema de plásticos), los furanos, las partículas de ciertos tamaños PM(n), o los pfas o sustancias "eternas". Simplemente que se cumpla la ley o que se adapte a los nuevos conocimientos sanitarios y, por supuesto, que se midan en continuo. 



     Pero aun así no interesa estudiar escrupulosamente estas emisiones y menos, la de sus efectos en la salud de los vecinos, el negocio es el negocio. Recientemente ha salido un informe de Toxico Watch promovido por varias organizaciones ecologistas y vecinales, los datos son claros, pero el ayuntamiento no lo reconoce por razones de método, incluso reconociendo contaminaciones innegables, se acoge a la dificultad de atribuirla a Valdemingómez. El negocio de pocos parece, de nuevo, prevalecer sobre la salud de muchos.


Marcha de 14 kms a Valdemingómez para denunciar su precariedad e incumplimientos

     Quizás sea un poco largo, pero todo queda resumido en un manifiesto como este que sigue, leído al borde del talud de sacas rotas de cenizas (otra de las flagrantes chapuzas concurrentes en estas instalaciones) provenientes de la incineración, bajo la torre de dispersión de la Incineradora, tras una larga marcha de siete kilómetros que no dudaron en recorrer personas desde muy mayores hasta muy pequeñas, para mostrar el apoyo a esta lucha vecinal. Ojo a todos los posibles compradores de pisos en los próximos Desarrollos Urbanísticos del Sureste, este es el panorama que os vais a encontrar y del que no os van a hacer una maravillosa infografía quienes os los vendan.

 


 

Comunicado de la 4ª Marcha por el Cierre de la Incineradora de Valdemingómez 2023


No quieren cerrarla, pero no vamos a parar hasta conseguirlo

El Ayuntamiento de Madrid se ha quitado definitivamente la careta con la Incineradora de Valdemingómez. Recientemente ha enviado al Consejo Social de la Ciudad y a los grupos municipales un borrador de estrategia de residuos que refleja sin ambages sus planes de preservar la incineradora, en el que se dice textualmente que se propone un “Nuevo contrato en la planta de Las Lomas que mantiene la capacidad de incineración actual a partir de 2025”.

Esta declaración equivale a perpetuar la incineradora funcionando a pleno rendimiento, hasta 2030 o más allá, igualando o superando los máximos históricos de incineración. Es decir, que el alcalde José Luis Martínez Almeida quiere que la Incineradora siga quemando unas 330.000 toneladas de residuos al año, a escasos dos kilómetros de nuestras casas.

Argumentan su decisión en un, más que cuestionable, futuro crecimiento de la población de Madrid y en la mayor generación de residuos vinculada al aumento del consumo, sobre el que han renunciado a influir. En realidad, no renuncian porque nunca han pretendido que se reduzca la generación de residuos. No olvidemos que es un gran negocio para una serie de empresas que tienen repartida convenientemente la explotación de las distintas plantas que componen el Complejo Tecnológico de Valdemingómez.

Sólo la incineradora nos costó a las madrileñas y madrileños en 2019 la friolera de 27.254.794,18 €, a razón de 53,75 €/tonelada. Con un gobierno municipal postrado a los intereses empresariales, parece evidente que nuestra salud les resulta algo secundario y canjeable por un buen acuerdo de colaboración público privada, de esos que tanto les gustan.

Y es que Almeida y el delegado de Medio Ambiente, Borja Carabante siempre han querido que la incineradora siguiera operando a pleno rendimiento, costase lo que costase y de la forma que fuese, con o sin estrategia, con o sin contrato. Poco les importa que el único estudio epidemiológico realizado por el Ayuntamiento de Madrid señale una presencia de dioxinas y furanos en el Ensanche de Vallecas que triplica a la obtenida en la calle Montesa del distrito Salamanca.

Estos compuestos peligrosos que pertenecen a la llamada “docena sucia”, un grupo de productos químicos muy peligrosos, también forman parte de los llamados COP o Contaminantes Orgánicos Persistentes, señalados en diferentes estudios por su relación con el incremento del riesgo en la población de contraer diversos tipos de cáncer (pleura, vesícula, estómago o páncreas) y enfermedades graves (como el linfoma no Hondgkin o malformaciones en recién nacidos).

Pese a que es abundante la literatura científica que avala nuestras preocupaciones y que coinciden en que «existe un incremento significativo del riesgo de muerte por cáncer en las localidades próximas a incineradoras e instalaciones para la recuperación o eliminación de residuos peligrosos”, el año pasado decidimos iniciar un nuevo estudio, en este caso un biomonitoreo de vegetales y alimentos en el entorno de Valdemingómez, de la mano de la fundación holandesa ToxicoWatch y coordinado por Zero Waste Europe y que hemos repetido en 2022.

Los resultados obtenidos en el biomonitoreo de 2021 mostraban niveles alarmantes de contaminantes peligrosos para la salud de la población y el medio ambiente. De hecho, los niveles de dioxinas en los huevos recogidos en los alrededores del PTV superaron el límite legal de 5 picogramos por gramo de materia grasa establecido por la Unión Europea, alcanzando un nivel de dioxinas de 13 picogramos por cada gramo. Es decir, no sería aconsejable el consumo humano de esos huevos.

Igualmente, los resultados de los análisis de dioxinas en musgos mostraron concentraciones muy elevadas, siendo significativamente más altos que otros obtenidos en investigaciones de biomonitoreo entre 2019 y 2021 en Incineradoras de otros países de Europa.

En 2022 la situación se mantiene con resultados similares, tanto en los huevos de gallina como en las muestras vegetales. El análisis de musgos coincide con los datos de 2021, apreciándose una elevación de dioxinas sobre todo a unos 2 km al suroeste de la incineradora, el mismo aumento de dioxinas que ha mostrado la investigación sobre agujas de pino en 2022.

A todo esto hay que añadir, que en plena toma de muestras para el biomonitoreo de 2022, descubrimos que en la montaña/vertedero de sacas de cenizas, al estar almacenadas a la intemperie en vez de ser enterradas como corresponde, habían empezado a reventar decenas de ellas, como consecuencia de su deterioro por exposición a las inclemencias meteorológicas. Pese a haberlo denunciado al SEPRONA, aún no hemos recibido respuesta alguna de la investigación. Mucho menos del consistorio o la Comunidad que, eso sí, en declaración a los medios se han dedicado a echar balones fuera, culpándose mutuamente del desaguisado.

Parece evidente que en Madrid los residuos y la salud importan bien poco a quienes gobiernan. Pero, para su desgracia, han topado con huesos duros de roer y pese a su insistencia en mantener la incineradora y su contaminación, las organizaciones que componemos la Mesa por el Cierre de la Incineradora de Valdemingómez vamos a seguir trabajando para que la ciudadanía conozca el riesgo de la incineración de residuos y concretamente de la vetusta Incineradora de Valdemingómez y no descansaremos hasta verla cerrada. Por ello, y en base a todo lo anterior, Ecologistas en Acción de Madrid, la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) y el Grupo de Acción para el Medio Ambiente (GRAMA) exigimos:

  • El diseño y ejecución de un Plan de Cierre de la Incineradora de Valdemingómez, que respete el plazo de cierre definitivo en 2025. Si pudiera ser antes, mejor que mejor. Más años de incineración sería un disparate.
  • La licitación y puesta en marcha del contrato de mediciones mensuales en inmisión de contaminantes orgánicos persistentes, en el entorno del Parque Tecnológico de Valdemingómez, realizadas por un organismo o empresa de independencia acreditada y que dé público acceso a los datos de forma transparente y continua.
  • La creación de una Comisión de Seguimiento del Plan de Cierre de la Incineradora de Valdemingómez, participada por entidades sociales, vecinales y ecologistas.
  • La aprobación de una Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos de la Ciudad de Madrid en la línea de la de 2017-2022, esto es, una estrategia con sus planes correspondientes dedicados a la implementación de políticas responsables de reducción significativa de la generación de residuos y a su gestión enmarcada en los principios de la economía circular, el respeto al medio ambiente y el cuidado de la salud pública.
- Muchas gracias a Alberto de comprarcasaberrocales.es por su ayuda.

viernes, 31 de marzo de 2023

Allium cyrilli, nuevo descubrimiento botánico

 

Campos y pastizales con el madrileño Ensanche de Vallecas al fondo

Tenemos la sensación de que todo está ya descubierto. En los mapas ya no existen regiones en blanco. La ciencia avanza por unos extremos demasiado alejados de la gente común, bien por lo ínfimo y microscópico o bien a distancias extra-planetarias, aunque, como decía Mika Waltari en Sinuhé el Egipcio, “nada nuevo hay bajo el sol”. Es muy difícil llevar la frontera de lo conocido un poco más allá. Pero no siempre hay que llegar a esos extremos, a veces en lo cercano, casi en lo cotidiano, puede aparecer una novedad que ha pasado desapercibida para todos hasta entonces.

Campos entre el Ensanche de Vallecas y el Manzanares antes de su inminente urbanización

En la botánica no es algo raro la aparición de nuevas especies, aunque esto suela estar ligado al mejor conocimiento de regiones remotas o a investigaciones genético moleculares que determinan con mejor precisión la diferenciación entre especies, hallando nuevas especies en grupos genética y fisiológicamente parecidos, que previamente no estaban definidos con la suficiente precisión.

Escapo de un calatraveño Allium nigrum creciendo en medio de la cebada

Por suerte, tengo la fortuna de contar con amigos botánicos y geógrafos lo suficientemente curiosos y activos como para indagar en el campo, por los sitios más diversos, especiales, incluso cutres o peligrosos, en busca de los lugares o las especies más peteneras que podríamos encontrar en ellos. Desde cierta afición por encontrar especies concretas, muy escasas o desaparecidas, al menos del área central ibérica, que es dónde nos solemos mover (Clypeola eriocarpa, Verónica chamaepytioides, Hohenackeria polyodon, Malvella sherardiana, Silene oropediorum, etc.) o contactando, ya sin rubor, con botánicos especialistas en determinadas especies o regiones, para corroborar o pedirles la información que nos pudiera orientar.

La protegida Malvella sherardiana sobre el agrietado suelo arcilloso de arcillas verdes. Abajo, incluso secorra, espléndida Klasea flavescens en Vallecas

Poco a poco y a base de acumular cierta experiencia por el paso de los años, el ojo se va haciendo a separar el grano de la paja, a ganar cierta intuición por lógica biogeográfica, por tipo de ecosistema, por tipos de suelos, por la preponderancia de cierto componente mineral, por caracteres bioclimáticos propicios, etc. Y poco a poco, las cosas van granando y se van encontrando resultados a las ideas lógicas que nos íbamos formulando con tanto paseo y tanta información acumulada. Pero, como de costumbre, también hace falta algún golpe de suerte, aunque eso suele ocurrir por pasar tanto tiempo en el campo y, de tanto mirar y buscar, finalmente se encuentra, casualmente quizás, pero es de tanto buscar. Como le pasaba a Picasso, que las musas le pillaban siempre trabajando.

Pastizal cuajado de alcachoferas Cynara tournefortii, una vegetación al borde de la extinción

Lo gracioso del asunto es que, en este caso, se trata de plantas que se dan (aunque casi hay que ir pensando en que “se daban”) en medio y en la inmediata vecindad del Madrid urbano, en las propias narices, si es que se mira al suelo o al otro lado de la valla del solar, de miles de personas, entre las que sin duda pudiera estar la mayor densidad de botánicos de toda la península, dada la concentración capitalina de facultades de biología.

Creando la super-avenida Gran Vía del Este, sobredimensionado vial que está acabando con los terrenos de arcillas madrileñas (Valdecarros-Vallecas-Berrocales-Ahijones-Cañaverales)
Ejemplares de Allium cyrilli al borde de las nuevas construcciones

      Pues bien, buscando especies que se están despidiendo del Madrid silvestre, hemos dado con otras que no esperábamos. Este es el caso de un ajo llamativo y de gran tamaño que conocía de Ciudad Real, donde teóricamente no existe, el Allium nigrum que crece en las arcillas de los terrenos volcánicos calatraveños. Con posterioridad me pareció verlo en Rivas Vaciamadrid mientras hacía algo de deporte, aunque me extrañó que sus hojas tuvieran una tonalidad más cenicienta. Investigamos y vimos que realmente era una planta que estuvo en lugares tales como la Estación de Delicias, Vallecas, Vicálvaro y Ribas de Jarama, pero  desde aquellos descubrimientos de finales del S. XIX y principios del XX, no había nuevos datos de su existencia en Madrid.

Allium cyrilli, entonces A. nigrum, fue común en Vallecas, Estación de Delicias, Vicálvaro y Ribas de Jarama

Pero este ajo negro, a pesar de su aspecto general, sobre todo su gran tamaño, no tenía las hojas tan verdes como los que conocía de Ciudad Real, sino mucho más grisáceas o glaucas como dicen los botánicos y, posteriormente cuando floreció, todavía me pareció más diferente aún. Obviamente estaba ya descrito de Madrid, aunque hiciera muchos años que no volvía a verse, pero la floración me sorprendió con sus tépalos blanco-verdosos y su ovario negro, un color que es precisamente de donde se supone toma su nombre específico de “nigrum”.

Más info en Acta Botánica Malacitana

Allium cyrilli, tépalos linear-lanceolados de 2 mm de ancho como máximo, reflejos en antesis, de blanco a blanco-verdoso; filamentos gruesos en la base, de blanquecinos a rosa oscuro; ovario liso, púrpura oscuro a negro en antesis y verde en maduración; hojas glaucas, más estrechas (10-25 mm), erectas en crecimiento y después más o menos aplicadas al sustrato, más gruesas; sin bulbilos en hojas modificadas y con hasta 50 bulbilos subterráneos blancos y estipitados, a veces ausentes.

Allium nigrum, tépalos lanceolados de al menos 2,5 mm de ancho, patentes en antesis, rosados o blancos; ovario rugoso-papiloso, verde en antesis; hojas verdes, anchas (25-40 mm), normalmente erectas (en parte colgantes si se doblan), con 1-2 bulbilos gruesos sobre hojas modificadas en el centro de la roseta; sin bulbilos subterráneos. 

      Le comenté a mi amigo y mejor botánico, Rubén de Pablo, lo diferentes que me parecían los ejemplares de Ciudad Real respecto a los madrileños. Rubén investigó por su cuenta, localizó y habló con Carles Jiménez Box que está investigando este género y que también manifestó sus dudas respecto a la identidad de este ajo. Carles, tras consultar con el francés Errol Véla, pudo determinar con claridad que se trataba de Allium cyrilli, un ajo del Mediterráneo oriental que hace pocos años se había descubierto también en Italia y posteriormente en Francia, aparte del norte de Marruecos y Argelia.

Auténticos y enormes (90 cm) Allium nigrum fructificado en el Campo de Calatrava de Ciudad Real

      Nos pusimos a investigar los herbarios para buscar esos pliegos de herbario de Vallecas, Aranjuez, Estación de las Delicias, Vicálvaro y Ribas de Jarama, y lo vimos claramente, incluso en los pliegos era relativamente fácil determinar cuál era Allium nigrum y cuál A. cyrilli. Por supuesto que todos los ajos madrileños eran iguales a los recién encontrados (A. cyrilli) y extendimos la criba a otras provincias. Prácticamente, solo los ejemplares cercanos a la costa Mediterránea y todo el suroeste ibérico, eran Allium nigrum. Por contra, los más continentales o interiores, eran Allium cyrilli, por lo que, vistas las similitudes y diferencias, se podría pensar que se trata de una adaptación del primero a lugares más continentales, con las implicaciones climáticas y las consecuentes adaptaciones fisiológicas que ello conlleva.

Distribución Allium nigrum y A. cyrilli en EspañaSobre terrenos urbanizables programados y con las grúas acechando, una buena población de Allium cyrilli


      Intentamos visitar todas las localidades de este nuevo ajo ibérico y pudimos comprobar la galopante carrera hacia la extinción que están sufriendo. Este ajo se distribuye por Madrid, Toledo, Albacete, Zaragoza e interior de Valencia. La agricultura cada vez más intensiva y apuradora de márgenes y bardales, aquejada de un horror vacui que le impide dejar centímetros sin aprovechar al máximo, está expulsando estas especies y otras muchas plantas arvenses, de esos fértiles terrenos.

Hojas de Allium nigrum con escapos brotando, compárese estas hojas estiradas, erectas y muy verdes con las escasas, glaucas o grisáceas. Abajo, doblándose hacia el suelo, las hojas de los últimos ejemplares de Allium cyrilli del madrileño distrito de Vallecas     


       El caso de Madrid es mucho más dramático, aunque aquí ya no es una agricultura asfixiante la que aprieta, sino la construcción alocada y desmedida, con la que los madrileños estamos permitiendo que no nos quede ni una brizna de terreno silvestre en todo el sureste metropolitano. Un destrozo que nuestros sedados sentidos no están viendo, una saturación de viviendas y población que nos va a hacer lamentar el no haber estado atentos y haber respondido a todos los goles legislativos, constructivos o judiciales que nos han colado por no estar al tanto.


Gran área de pastizales y campos cerealistas abandonados donde crecen los últimos Allium cyrilli madrileños. Abajo la proyectada desaparición de la naturaleza del sureste de Madrid capital

      Tras el descubrimiento inicial del ajo negro, me puse a buscar frenéticamente por lo que queda de campo en Vicálvaro y Vallecas, encontrando finalmente dos nuevas poblaciones, una en los descampados de Vallecas al norte de la M-50 y otra al sur, en Valdemingómez, población que me pareció la más viable por estar en terrenos no urbanos y al lado de un vertedero. En esta última, en medio de la pandemia, pude asistir horrorizado a como desaparecía bajo la acción de maquinaria pesada que estaba removiendo todos aquellos terrenos. Me informé y eran movimientos para el futuro Bosque Metropolitano, aunque realmente se trataba de grandes movimientos de tierras que lo que buscaban era expulsar, por las bravas, a la población marginal que se asienta en la Cañada Real Galiana.

Tras esa montaña de tierras estaba la población de Allium cyrilli de Valdemingómez

      Cuando digo por las bravas estoy hablando de buldóceres plantándote una montaña de cascotes encima de tu casa si no estás o en todo su perímetro, si es que aun estás dentro. Finalmente, solo han quedado varias casetas rodeadas totalmente por montañas de escombros y los accesos de caminos a la misma cañada, con barricadas de cascotes para impedir el acceso.

Esos pinos estaban dentro de una casa en la Cañada Real, ahora escombrera con plantones de pinos. Abajo, jardines del Nuevo Vallecas, que hoy son lo que veis. ¿Será así el Bosque Metropolitano?

   Parece que dejar a todos los habitantes de la Cañada Real dos años, Filomena mediante, sin electricidad, les ha parecido poco. Pero claro, los futuros desarrollos de Valdecarros, Berrocales y Ahijones, no se van a vender solos y, si para ello hay que saltarse los Derechos Humanos de miles de personas, pues se saltan. Luego Viva Madrid, Viva la Libertad y el Vótanos, y para lavar la imagen general de toda esta área, premeditadamente abandona, se plantea un gran y condicionado totalmente por las constructoras, Bosque Metropolitano madrileño.

Campaña durante el confinamiento, para pedir la vuelta de la electricidad a la Cañada en días previos a Filomena

      Pensaba que lo de Vallecas se iba librando, pero hace poco más de un mes, como a boleo, apareció una gran acumulación de tierras grises, de un par de hectáreas, en medio de aquellos amplísimos pastizales y cultivos, con sus pistas de acceso para los camiones y creciendo por días. Desafortunadamente, entonces ocupaba esta montaña gris el 80% de la población del Allium cyrilli que supongo que ya hoy habrá llegado a ocuparla totalmente.

Movimiento de tierras que está sepultando la población de ajos negros vallecanos
Vista cenital del mismo movimiento de tierras (grises) en agosto de 2022

 Pero tranquilos, la ampliación del trazado ferroviario de Coslada-Ambroz también se está llevando otros pastizales y otras plantas emblemáticas por delante, y todo esto no es nada con lo que han destrozado los Planes de Actuación Urbanística de Los Berrocales, Los Ahijones o El Cañaveral. Ahora están en ello Valdecarros y Los Cerros, pegando con el Parque Regional del Sureste.

Campos vallecanos (incineradora Valdemingómez al fondo), con los últimos ajos negros madrileños
   

      El Allium cyrilli y su cercano pariente, Allium nigrum son dos especies perfectamente adaptadas a la remoción natural inherente a estos suelos tan arcillosos que tienen una poderosa expansión y contracción anual siguiendo los ciclos húmedos estacionales, con la formación de profundas grietas por las que caen materiales de las capas superiores en la estación seca, para luego, con la humedad, cerrarse e incluso expulsar o alzar los materiales del interior de las grietas a niveles superiores, dando un tipo de suelos llamados vertisoles o suelos de comportamiento vértico. 

El trigo primigenio Triticum boeoticum en un solar, de arcillas verdes, programado para la Nueva Centralidad del Este en Coslada

      En breve saldrá una publicación que espero tenga un gran eco científico, pues pondremos de relieve la existencia de una clara vegetación argílica o de las arcillas, algo que no me cabe en la cabeza como, al igual que existe una flora gipsícola o de los yesos, una vegetación rupícola o de las paredes rocosas, una vegetación sabulícola o de las arenas, etc., nadie se haya planteado antes que nosotros, la existencia de una vegetación asociada a las arcillas. Quizás sea porque se trata de una vegetación que vive en los terrenos ideales para la agricultura, dada su alta fertilidad y el ocupar las áreas más accesibles de nuestra geografía o por estas mismas razones, el haber perdido mucho de su previa naturalidad que ahora estamos reconociendo y poniendo en valor.

Un escarabajo disfrutando de esta nueva especie para la botánica española

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