miércoles, 5 de agosto de 2015

Los Arenales Manchegos


            Mucho ha cambiado La Mancha, costaría imaginar como sería en los tiempos cervantinos, con sus trigales, sus dehesas y sus montañas densamente boscosas, de las que no dudo de la existencia de hayas, pues estoy convencido de la capacidad de Cervantes para diferenciar todos los árboles conocidos por aquel entonces; pero todo aquello, ya no tiene nada que ver con la realidad actual.

Andar con la bici cuando se atraviesan los arenales se hace una tarea casi imposible

            A finales del XIX y primeros del XX, de Willkomm a Reyes Prósper, mucho se discutió sobre la "Estepa Central Ibérica", -La Mancha- y sobre si era natural o bien, el resultado de siglos de deforestación. Esos paisajes que vieron entonces, eran abundantes en incultas llanuras de inundación, en amplias lagunas casi siempre sin agua, en bastos albardinales y en improductivos campos de arenas poco prominentes, más interesantes para caza y pastoreo que para su puesta en cultivo.

Los abundantes jabalíes de Las Tablas tienen aquí parte de sus comederos

            De aquella imagen esteparia de horizontes donde se perdía la vista, hemos llegado a su práctica desaparición. Desaparición de las lagunas (a pesar de ser hoy la Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda), desaparición de los albardinales, de los saladares y también, desaparición de los mantos dunares. Tal vez la Mancha se haya hecho más productiva, pero no se ha preservado ninguno de esos antiguos ecosistemas, (salvo algunos humedales), aunque solo fuese para saber como fue la naturaleza manchega. Desgraciadamente, también han sucumbido en pro de una agricultura voraz en exceso, todos los ríos, los arroyos y sus llanuras de inundación.

Mantos arenosos en la vecindad del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

            El cultivo de subvenciones ha primado la superficie por encima de la productividad, de la calidad o de la limpieza ecológica de los cultivos. Por contra, ya hace años que se está dando el caso contrario, tierras que están revertiendo a su antigua situación, en vista de que sale más caro cultivarlas que las subvenciones que se conceden. Y eso a pesar de tener el agua gratis; si se hace un pozo, casi siempre ilegal, con el tiempo y ASAJA, dejará de serlo, aunque el acuífero lleve años declarado “sobre-explotado”. Pero en nuestro caso, estamos hablando de áreas que si estaban sin cultivar era por algo. Con los medios actuales se puede poner en cultivo hasta la roca, pero el límite económico siempre estará presente.

La pegajosa pero muy adaptada Ononis natrix

            Estamos hablando de ecosistemas que, salvo los acuáticos, no son del gusto popular, son literalmente “secarrales”, y de cada uno de estos ecosistemas voy a realizar una entrada, para dar a conocer algo que entre todos, hemos dejado perder. Son parte de nuestra cultura, de nuestros paisajes, pero sobretodo, de la de nuestros padres y antecesores, algo que tenemos en nuestra memoria genética y que, probable y desgraciadamente, nuestros hijos desconocerán.

Artemisias, lechetreznas y encinas en la loma dunar por encima de los viñedos

          Casi nadie tiene la menor idea de que existen campos de dunas en nuestro país; si acaso los asociamos al borde interior de las playas, aunque el sector de la construcción nos recuerde, que también nos podemos olvidar  de eso. Pero en el centro de la meseta norte y sur, tenemos y hemos tenido, buenas representaciones de campos eólicos, aunque no hay que acudir a la idea del erg sahariano que tenemos en mente al hablar de arenas.

Ventifracto o "canto afacetado" y pulido por la arena golpeándolo cientos de años

            Los campos de dunas manchegas hoy son casi irreconocibles debido a la agricultura, aunque tradicionalmente ha sido el terreno del pinar o de otro tipo de monte que servía para fijarlas y de paso, para crear pastos para ovejas y caza. Pero dada la voracidad agrícola que está acabando con estos terrenos “incultos”, los fenómenos de erosión eólica se están reactivando, dado el laboreo mecánico y la deforestación generalizada. En la Mancha de Albacete, estos fenómenos se están comprobando sobre todo, al oeste del río Júcar; una zona con buenos campos de dunas estabilizados que dibuja un paisaje en mosaico de monte, viñas, cereal y almendros.

Los tonos ocre-amarillentos muestran las arenas, con una banda al sur, saliendo del NE de Las Tablas y otra banda llena de canteras de arena, en paralelo al canalizado río Gigüela, esquina superior-derecha

            En Castilla la Mancha hay arenales protegidos, como un enclave arenoso al noroeste de Toledo, el del río Guadyerbas y los Llanos de Velada, bien conservado, con alcornocales y protegido, solo parcialmente, bajo la figura de Reserva Fluvial, y otro enclave, menor aún, al este de Albacete, de carácter y flora totalmente levantina-murciana, protegido como Microrreserva de los Arenales de Caudete.


Alhelíes tristes (Dipcadi serotinum) en los arenales manchegos

          Pero la gran zona de “arenas” manchegas no solo está junto al Júcar albaceteño, sino lo principal, en el Campo de San Juan,  en pleno centro de la Mancha y va, a lo largo de unos 100 km., desde el este de las Tablas de Daimiel hasta el oeste de Socuéllamos, coincidiendo con las menores cotas topográficas y la vecindad de la red fluvial que drena estas llanuras.

La característica Malcolmia patula en el único medio en el que puede vivir, las arenas

            Del Campo de San Juan, a pesar de los toponímicos (Arenas de San Juan, Arenales de San Gregorio, Arenales de la Moscarda, etc.) apenas quedan arenales sin cultivar o con algo de su vegetación original. Por eso voy a hablar aquí de una de las zonas de arenales manchegos mejor conservada, el área dunar del entorno nor-oriental de las Tablas de Daimiel, con un par de decenas de km2 ocupadas por arenas de color rojizo que dibujan  una gran y apuntada media luna y que tiene áreas con su vegetación natural característica.

Mapa geomorfológico de Las Tablas, en amarillo la regíon dunar al NE (tomado de la tesis de Ana Valdeolmillos Rodríguez)

            Las dunas apenas son perceptibles en varias fincas con viejos encinares o cultivos abandonados, incluso hay varias explotaciones areneras abandonadas, cuyos márgenes permanecen sin cultivar. Además, esta área dunar se solapa con varias estepas de caracter yesoso y con saladares de borde de las áreas inundables del río Gigüela en la inmediata vecindad del Parque de las Tablas de Daimiel en Villarrubia de los Ojos (del Guadiana).

Ninguna de estas dos flores pueden verse en la región fuera de las áreas dunares

            Hace alrededor de un año, en la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, hicimos un trabajo cartográfico y documental, para que se tuviera en cuenta este ecosistema, y otros como saladares y estepas yesosas, para su inclusión en la ampliación que se iba a realizar del Parque Nacional, pero la ampliación resultó un fiasco total que ni siquiera fue capaz de meter los Ojos del Guadiana (la ampliación mínima de las tres propuestas) en sus nuevos límites.

La Malcolmia es la gran especialista de las arenas, dando nombre a toda una gama de comunidades vegetales sabulícolas

            El origen de estas arenas está en los materiales fluviales transportados por las crecidas de los ríos, desde el Younger Dryas (11.000-10.000a) que daría las formaciones mayores, hasta el Holoceno superior (4.000-400a.) y que gracias a la intervención constante de los vientos de componente W, en las épocas más áridas y ventosas, movilizarían los sedimentos superficiales de estas zonas poco vegetadas y los arrastrarían tierra adentro hacia el este. De hecho las dos alas de las formaciones dunares de Villarrubia, se corresponden con los dos vientos dominantes, los del W (dos formaciones de 2-3km. x 300m. que se unen a sotavento) y los del SW (hasta 7km. x 500m.).

La Andryala ragusina también puede verse en arenales de bordes de ríos y arroyos

            Estos materiales fluviales son de una etapa inmediatamente anterior a las “tablas fluviales” y denotan un régimen más agresivo del Gigüela, no el de los actuales sedimentos  limo-yesosos, sino principalmente de arenas. Es decir, en lugar de tablas y formaciones vegetales ribereñas, debería haber playas y arenales, con una vegetación escasa. Esto está en concordancia con análisis polínicos que muestran la existencia de pinares y  una escasa vegetación adaptada al frío y a la aridez en esta área en el pasado.

La lechetrezna Euphorbia segetalis creciendo en medio de una artemisa

            Se crean así, por un lado concavidades de deflación, las áreas vaciadas de sus sedimentos arenosos, y formas eólicas móviles (dunas) de varios tipos, siendo las dominantes las parabólicas, pero existiendo prácticamente toda la gama, cordones, barjanas, lunette, blowout, etc. pero de dimensiones menores que nuestro desértico imaginario, aunque lo más común es una amplia lámina de arena o manto eólico, de un poco más de un metro de alto, natural o fruto del laboreo agrícola.

Duna alargada, tonos anaranjados, sobre unos campos, (Los Ojuelos de Villarrubia), hasta hace poco sin cultivar, yesoso-salinos de color gris

            En apariencia se trata de un medio hostil y casi refractario a la vida, pues se trata de granos de cuarzo feldespáticos con, cosa muy poco común en Europa, una buena proporción de arcillas, que les dan ese toque rojizo característico. Pero no es así, muchos animales usan este blando material para instalar sus madrigueras y lo especial del medio crea una colonización entomológica única y poco o nada estudiada.

Madrigueras en un zona donde se nota el perfil de las dunas entre el encinar.

            Con la vegetación ocurre el milagro de la colonización por auténticos especialistas en estos medios, es la vegetación psammófila o sabulícola. Vegetación con largas raíces, la parte superior de la planta se va desplazando con la duna y las raíces permanecen “estirándose” desde su origen; adaptadas a poder soportar unas temperaturas extremas, pues la arena se calienta o se enfría mucho; y por otras adaptaciones fisiológicas para poder soportar la sequía inherente a este sustrato percolante, al golpeteo de los granos de arena y a la pobreza en nutrientes y materia orgánica.

Las linarias abundan en todos los medios arenosos, llegando a generar especies independientes y muy locales

            La vegetación sabulícola de las Tablas, en esta zona de Villarrubia de los Ojos, apenas está estudiada; aquí se ha aceptado un Parque Nacional exclusivamente ligado al agua y todo lo demás casi es un erial científico aunque esté a dos metros de éste. Por lo que este trabajo sea quizás una de las escasas incursiones en un tipo de vegetación que  todavía puede dar sorpresas.

Torvisco (Daphne gnidium) con senecios y malcomias.

            Las plantas características de estas arenas están capitaneadas por la especialista Malcolmia patula, a veces con la sequía solo quedan de ella sus llamativas flores moradas, sin que apenas se aprecie planta que las soporte. En el mejor de los casos aparecen viejas encinas sujetando la arena y dejando que ésta dibuje el rebufo ventoso de las sombras y huecos del encinar, permaneciendo los troncos en oquedades del terreno. En lo arbustivo puede aparecer alguna retama, espino negro y sobre todo torviscos (Daphne gnidium).

La artemisia de las dunas de la Mancha

            A nivel sub-arbustivo destacan las matas por un lado, de las abundantes acederas Rumex roseus y de los ajenjos Artemisia campestris subsp. glutinosa en una variedad especialmente blanca, (como "hibridada" con su congénere A. herva-alba) que crece en las cercanas calizas, la jarilla Helianthemum asperum, H. ledifolium, Scrophularia canina, la siempreviva Helicrysum stoechas y alguna escasa esparraguera.

El amarillo Senecio gallicus en la región solamente habita sobre las arenas

            No de menos talla, pero menos vigorosas destacan el Senecio gallicus, la Ononis natrix, la blanca Andryala ragusina, el alhelí triste Matthiola fruticulosa y la rojiza Euphorbia segetalis; ya de tallas menores tenemos: Linaria spartea, Alkanna tinctorea, Jasione blepharodon, J. montana, Malcolmia patula, Loeflingia hispanica, Dipcadi serotinum, Hippochoeris glabra, Eruca vesicaria, Crupina vulgaris, Lomelosia simplex, Silene conica, Erodium aethiopicum y otras como gramíneas especializadas en las arenas: Vulpia, Stipa, Cynodon,...

El espectacular azul de la Alkanna tinctorea

            Luego aparecen en menor proporción y, donde el suelo se lo permite, plantas menos características de estos medios, plantas nitrófilas y ruderales, como cardos y varios tipos de jaramagos y plantas más propias del encinar calizo, del que ya apenas quedan restos en la inmediata vecindad. A falta de un estudio pormenorizado y espaciado en el tiempo, la gama vegetal reúne a varios ecosistemas cruzados: las arenas, el encinar y los cultivos, con alguna variante esteparia.

La acedera Rumex roseus, habitante característicode estos arenales

            La representación de las plantas con querencia hacia las arenas es completa, a falta de comprobar la existencia de alguna que otra especialista, la riqueza y representatividad botánica de estas geoformas tan especiales y poco comunes, es digna de protección y sería lamentable no hacerlo, dada su escasísima representación actual.

Alkanna tinctorea, Artemisia glutinosa y Malcolmia patula

         También sería absurdo crear una Microrreserva para las dunas y su especial vegetación, a dos pasos de un Parque Nacional. Pero poco espero de la Administración, después de habérselo puesto en bandeja, con un estudio detallado de las distintas posibilidades de ampliación, zonaciones, planes alternativos y justificación. Aunque la verdad es que en el Organismo Autónomo Parques Nacionales fueron muy receptivos y les pareció bien, pero donde se echó el freno a la propuesta de ampliación, fue en la Consejería de Agricultura de la CLM. En esta tierra manda ASAJA y todo lo que suponga un menoscabo, (que no lo es) a la agricultura es desestimado.

Área recién ampliada del Parque, arenas y demás superficies repobladas con retamas, encinas y romeros

            Queda pendiente la promesa hecha por la Administración Autonómica de la ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, aunque yo llamaría Parque Nacional de las Tablas del Guadiana al ampliado Parque, hasta los iniciales Ojos del Guadiana, en cuanto la Confederación Hidrográfica del Guadiana tenga a bien deslindar claramente el Dominio Público Hidráulico. Parte de la nueva área recién ampliada también tiene terrenos arenosos, aunque casualmente, pues se trataba de viñas regables, compradas para que no se ejercieran esos derechos de riego y sin vegetación digna de protección, aunque probablemente, el tiempo y la cercanía a la zona descrita, la haga enriquecerse florísticamente en el futuro.



            A partir de la inclusión de los Ojos del Guadiana, creo que no sería difícil ampliar el Parque Nacional con aquellas áreas colindantes y valiosas por su gran biodiversidad y por su escasez en CLM: las arenas, los saladares, los encinares y las estepas salino-gipsícolas. Creo que el acerbo cultural y patrimonial de Castilla la Mancha se lo merece como un mínimo imprescindible.


Para estar al día sobre esta zona de Villarrubia de los OJos:   http://losojuelos.blogspot.com.es/

viernes, 31 de julio de 2015

A la Sombra de los Alisos



            Desde hace tiempo tengo ganas de hacer una entrada sobre alisedas, quizás más visual que botánica, pues las fotos suelen corresponderse con sesiones en esos días caniculares en que lo mejor es acogerse a su sombra, darse un baño y capear el calentamiento global unas horitas.


            La aliseda es uno de los bosques más unidos a mis correrías veraniegas, no en vano hace muchos años fui pescador, malo, pero eso me permitía recorrer las gargantas del sur de Gredos río arriba río abajo y descubrir cada uno de sus rincones.



       Buscando remontar las gargantas cuando las laderas se ponen difíciles, yendo algunas veces por medio del agua, en los estrechos, pero la mayoría de las veces, saltando de piedra en piedra. Otras, la excusa era la búsqueda de una buena poza, ya por el alto Tiétar, ya por las gargantas de la Vera, pero siempre entre alisos y cantos de oropéndola.


            Este año ya desde junio, el calor me ha ido empujando a su refrescante sombra, parece que los anunciados veranos del cambio climático se empiezan a cumplir: primaveras cercenadas bruscamente por golpes de calor intempestivos (recordar la Semana Santa, Mayo y Junio); y olas de calor africano con máximas inaguantables. 


El lúpulo (Humulus lupulus) se alza por encima de los zarzales en los huecos soleados

         Este verano, poco que añadir a este julio abrasador con medias (Media mensual, media de las máximas e incluso media de las mínimas) casi cuatro grados por encima de lo normal: (valores climáticos 1981-2010). Esto ha tenido su reflejo en las alisedas: el caudal y la cantidad de hojas de aliso en el suelo, muy similar al usual registrado a finales del verano.

Cientos de musgaños apiñados a la fresca sombra de una roca cercana al agua

            La aliseda es todo un mundo vegetal de la mitad occidental peninsular, desde el Cantábrico al estrecho de Gibraltar, pero siempre es un mundo de sombras y agua permanente, aunque este agua se encuentre bajo las piedras, como ocurre con alguna aliseda cerca de Cabañeros, sobre un río Estena inexistente en verano.

Al límite de la sequía el aliso contribuye poderosamente a sujetar con sus raíces las orillas de los arroyos

            Se trata de un bosque galería en el que hay que distinguir sus márgenes, el externo, hacia las laderas, poblada de una espesa orla espinosa arbustiva, son los clásicos zarzales, a los que se unen rosas, helechos y majuelos, que hay que atravesar para llegar al río; y el margen interno que da al agua, de niveles fluctuantes pero que casi siempre tiene una fresca vegetación de helechos o grandes macollas de cárices.

La gran Carex pendula es habitual en las alisedas más térmicas

             De las cárices la más común suele ser Carex elata subsp. reuteriana, aunque hay lugares en que la enorme Carex pendula le toma el relevo o con aguas estancadas la Carex paniculata subsp. lusitanica. En pocos ambientes, estas plantas graminoides, destacan tan poderosamente como en los márgenes húmedos de las alisedas.



            Los helechos se aúnan con la aliseda de una forma muy clara porque aquí es el único lugar donde, bajo su sombra y humedad, pueden conseguir las condiciones ambientales necesarias para su desarrollo.


Dryopteris filix-mas anclado bajo la aliseda

        En la parte externa, con el zarzal aparece abundante el helecho de pescaderos (Pteridium aquilinum) y en la parte interior, las simétricas macollas de los helechos macho o hembra, (Dryopteris filix-mas o Athyrium filix-femina) y más cerca del agua la gran Osmunda regalis.

El helecho real Osmunnda regalis, rodeada de plantones en una roca granítica porosa

            En lo arbóreo se puede colar algún fresno y en áreas altas y frescas algún olmo de montaña (Ulmus glabra); al igual que en las áreas más térmicas algún almez Celtis australis y ocasionalmente, en los Montes de Toledo y sur de Gredos, algún loro (Prunus lusitanica). 


El arranclán Frangula alnus, es un asiduo del sotobosque de la aliseda

       En lo arbustivo un acompañante fiel es el arranclán o hediondo (Frangula alnus), cuyo nombre específico denota la cercanía al aliso. Menos corrientes son los arbustos norteños, como avellanos, mundillos (Viburnum opalus).

Lysimachia vulgaris, espléndida, aunque este año ha estado bajo mínimos

            Del resto de plantas predominan aquellas adapatadas a vivir entre sombras (esciófilas) y no es infrecuente encontrar plantas norteñas en alisedas bastante meridionales, como Hypericum androsemum o Circaea lutetiana, pero las más normales son las plantas trepadoras, como parras silvestres, las madreselvas, lúpulo, clemátides, etc. ; y las amantes del agua como la Lysimachia vulgaris, vincetóxico, las salicarias y entre las macollas de cárices el Galium broterianum.

El Galium broterianum siempre crece entre las macollas de cárices

           En los últimos años, parece que consecuencia de una dulcificación del clima, el aliso está remontando los ríos en altitud, hace poco que entró en el alto Alberche, en la zona de las “Ventas” y en otras gargantas se ven pimpollos en alturas en las que antes no habitaba, es decir por encima de los 1200-1300m. 


La Carex reuteriana, la hierba acompañante de los alisos que también tiene siempre los pies en el agua

     Otro misterio corológico-climático es la ausencia de alisos al pie de la sierra madrileña, los hay hacia la Alcarria (Sorbe), hacia el Alberche (río Cofio), incluso hacia el sur (río Manzanares en el Pardo) o en fugas del Canal de Isabel II en Valdelatas; pero estos del sur no forman buenas alisedas.

Gran bloque sombreado lleno de hiedra y líquenes

            La sombra de las alisedas es la que mantiene relativamente fría el agua de las gargantas con su sombra, si no fuese por ellos tendría unos cuantos grados más y cambiaría sensiblemente el componente biótico, incluso se achaca a este factor la presencia de truchas, en lugares como las cacereñas Villuercas, Hurdes y Gata. Donde dicen que son las únicas partes de los arroyos que tienen truchas, como la clásica lorera-aliseda del Llano de la Trucha en Villuercas. 



     El aliso no solo refresca con su sombra, sino que bombea una buena cantidad de agua al ambiente para regular la temperatura de sus hojas, tanta que de hecho no pueden vivir si les falta, aunque sea mínimamente, el agua a sus pies.


           Existen, desgraciadamente, bastantes lugares que toponímicamente se denominan “la aliseda” pero en los que no hay un aliso, a pesar de reunir, aparentemente, las condiciones necesarias para ello; lo más probable es que no hayan podido aguantar alguna de las sequías severas que cada ciertos años golpean los campos ibéricos. 


Los golpes de calor se reflejan en la cantidad de hojas caídas en el interior de las alisedas

         Así ocurre en varias localidades de las sierras interiores cacereñas o de Sierra Morena y estribaciones. Serían fácilmente recuperables y eso interesa, tanto por microclima, como por la conservación del agua, (a pesar del consumo de los árboles), así como para fertilizar esos suelos dada la capacidad “nitrogenante” de los nódulos de las raíces del aliso.

Raíces de aliso abriéndose dentro del agua, aquí sin sus nódulos benefactores

            La aliseda no sólo es el bosque, es ese ecosistema completo, cambiante a lo largo de las estaciones, una imagen de cuando era más ornitólogo que plantólogo era la de marzo con los alisos cargados de dorados amentos y recorridos por grandes bando de lúganos. También entre alisos fue donde ví el primer visón americano hace ya muchos años. Hay varias rapaces que eligen este tipo de bosque húmedo para sus nidos, alguna vez ha sido el halcón abejero pero el más fiel es el azor, que pudiendo elegir, siempre le gusta esas alturas y la vecindad del agua.

La Scrophularia scorodonia es acompañante fiel de los alisos en casi toda Iberia

            Dada la facilidad para las plantas que posee el interior de la aliseda, también es uno de los ambientes más proclives a la colonización por especies invasoras; en el valle del Tiétar ya empieza a ser una verdadera plaga la planta de las pesetas la Lunaria annua, una bella planta de frutos en grandes sámaras que dejan como grandes monedas transparentes y que tienen una capacidad reproductora que ya desborda a la aliseda y está empezando a colonizar los melojares cercanos. También la jardinera Impatiens balfourii o no me toques, la azulita o blanca Tradescanthia fluminensis o la gran Phytolacca americana o hierba carmín.

La invasora Lunaria annua invadiendo el sotobosque, vista invernal

            Entre los árboles y aguas debajo de los pueblos es corriente ver, primero los nogales que nunca se sabe a ciencia cierta si son más naturales que naturalizados, y asiduamente los árboles jardineros clásicos, como arces, acacias y destacando el poderoso plátano, que aunque se plante en todo tipo de parques es un árbol higrófilo como el aliso, y da muestras de ello creciendo con un vigor inusual en estos medios.

Arces pseudoplatanus creciendo entre los alisos

            Esperemos que la cinta verde que las alisedas dibujan en el paisaje, un lugar perfecto para ver estas zigzagueantes líneas arbóreas son las Villuercas cacereñas, donde los alisos dibujan las cotas inferiores del drenajes de los valles. No sé que haría sin la fresca sombra, con o sin baño, de estos árboles en días como los que estamos “padeciendo”, que hacen que se requiera verdadero valor para salir de la aliseda.

Puede haber hasta 15ºC  de diferencia entre el interior y el exterior de una aliseda

P.D./ Ver la estupenda entrada de La Luz del Monte que sobre las alisedas ha realizado hace poco tiempo y que me terminó de empujar a realizar esta entrada largo tiempo aplazada

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