lunes, 31 de marzo de 2014

El Bajo Jarama en Invierno

   


         El río Jarama es uno de los mayores ríos del centro peninsular, hace años era tan temido que ningún municipio se asentó en sus orillas. Su fama no era figurada, en su haber contaba con un exceso de cadáveres que pocos ríos se pueden adjudicar. Sus riadas eran famosas al igual que sus cambios en el cauce, con sus nuevos meandros, con su socavamiento de paredes y con sus salvajes avenidas.

Playa de cantos de todo tipo de procedencias con su vegetación asociada (Andryala ragusina, Scrophularia canina, Sedum album, Alkanna, etc.)

            En los últimos años su cauce está tan regulado, sus orillas tan explotadas, sus aguas tan usadas, aprovechadas y contaminadas que ha perdido el carácter salvaje e impredecible que siempre le caracterizó. Pero ahí está y en cualquier momento puede volver a demostrar el tipo de río que siempre ha sido y este año y otros más, ha estado a punto de demostrarlo.


             A mitad de siglo pasado se estimó que en su cuenca media-baja, se encontraban las mayores reservas europeas de gravas y cantos, por lo que ha sido un río de terrazas super-explotadas para la extracción de áridos, dejando como buen recuerdo, en muchos casos, unas lagunas que pronto han sido ocupadas por una naturaleza desbordante. 

Lagunas de graveras como las del Picón de los Conejos jalonan su curso bajo, es el Parque Natural del Sureste madrileño

      En otros casos han servido para tapar las vergüenzas madrileñas, lagunas escombreras, lagunas hiper-contaminadas como la "del Aceite" que continúa siendo la otra gran vergüenza de las autoridades medioambientales de la Comunidad madrileña, después del espectacular destrozo de Centro de Transportes de Coslada, donde se arrasó su única y privilegiada vegetación. Esta laguna es un verdadero cóctel explosivo de todo tipo de sustancias químicamente peligrosas; también hay alguna llena de automóviles.

Laguna de El Campillo al atardecer invernal

            El río Jarama tiene una cuenca enorme al recibir a grandes e importantes tributarios como son el río Lozoya, el Manzanares, el Tajuña y el río Henares, que prácticamente viene de Soria, por eso no es nada extraño el poderío de este río que desde hace muchos años, parece que en lugar de desembocar en el Tajo, cerca de Aranjuez, es éste quien desemboca en el Jarama.


1946
1956
Duras variaciones del Jarama en lo que hoy es la laguna de Campillo, inexistente en esos años. Abajo-izquierda, el famoso puente de Arganda

         La cuenca del Henares es tan variada que en sus orillas se pueden encontrar todos los materiales pétreos posibles en la península, los granitos y esquistos del Guadarrama, las pizarras y cuarcitas de Ayllón, las calizas de Valdelaguna, los yesos rojos de Uceda, los alabastros de Jadraque, sílex, etc., por no hablar de los deleznables materiales de las zonas bajas que más que ser arrastrados, son disueltos por el agua, como arcillas, sales y yesos.


          La parte baja del río atraviesa los yesos del sureste madrileño, material muy deleznable y que el río, a lo largo de su historia se ha encargado de ir erosionándolo y hacer retranquear sus impresionantes cantiles que es una morfología típica de estos yesos masivos y fallados.

Este impresionante desprendimiento hizo cambiar el lineal curso del Jarama para rodearlo

             Las paredes van retrocediendo, no como paredes inclinadas que van perdiendo poco a poco su verticalidad, sino por una sucesión de derrumbes paralelos a esa paredes, de las que se van separando paquetes generados por fisuras de descompresión  que crean planos que se van agrandando por disolución hasta inestabilizar el paquete rocoso y provocar un gran desprendimiento. Son las llamadas “fallas panameñas”, a similitud de las que se produjeron en las obras de construcción del Canal de Panamá y que provocaron la muerte de demasiados obreros.

Nacedero a media pared de un cantil yesífero

            La zona que describo aquí, es una zona intermedia en estos cantiles yesíferos y, afortunadamente, todavía goza de una naturaleza privilegiada a pesar de la cercanía de la gran urbe madrileña y podría ser todavía mejor de haberse cuidado con un mínimo de atención y consideración, cosa que las autoridades ambientales madrileñas desconocen por completo, a pesar de tenerla protegida, solo "sobre el papel" como Parque Natural del Sureste.

Rincones inusitados de la naturaleza centro ibérica

      Ha sido lamentable está época reciente que ha traído, necesariamente, una crisis que mejor  hubiese llegado un par de años antes, para que haber cortado antes esa orgía constructora y destructora que ha llenado esta región de proyectos urbanísticos sobre-dimensionados, ahora vacíos, o de infraestructuras como autopistas sin viajeros y otras que parecen ser el futuro del sureste de Madrid, como son los grandes complejos para la destrucción (ahora lo llaman "valorización") de todo tipo de basuras.

Un cañal en cascada sobre el río

            El bosque galería del Jarama, salvado en muchos casos gracias a estos cantiles, su topografía y sus derrumbes, es un ecosistema completo, con una rica gama vegetal y animal, quizás bastante transformada, pero de una riqueza impensable, y quizás de las mejores representaciones ribereñas de  todo el centro peninsular.


         Los bosques de la unión del Jarama con el Henares, el Jarama ripense, las lagunas del Porcal, el soto de las Juntas y la presa del Rey, el Manzanares final, el soto de Bayona, son de las mejores muestras de la naturaleza madrileña. Ecosistema ripario que unido al aljezar, las áreas salinas y los encinares de las zonas bajas madrileñas forman un conjunto que rivaliza y gana en biodiversidad a la más considerada, sierra madrileña.

Ribera y espartal, ausencia y abundancia acuática en unos pocos metros

            El invierno y los albores de la primavera, son una de las mejores épocas para apreciar la naturaleza de estos pagos. Los sucesivos estados de las yemas de los árboles dan diferentes tonalidades a las distintas masas boscosas. Pronto empiezan a desarrollarse y abrir sus amentos, que cambian el aspecto de estos lugares, incluso, cuando se producen las semillas, que muchos toman por pólenes, el interior del bosque se llena, como de una brillante neblina que se queda enganchada a ramas y hojas, creando un ambiente casi onírico

Bosque, con megaforbios, con una luz especial, lleno de la borra de los álamos

            Esta época de frío da más oportunidades de ver su fauna, que cada día es más variada e incluso anacrónica.  Veo que cada vez hay más jabalíes, ya he visto varias veces a los mapaches, no sé quién sería el “iluminado” que soltó o dejó escapar algunos de ellos, pero ahora son un peligro para todos los animales del bosque, incluso para las muy escasas nutrias que llegan a la zona. La primera vez que vi uno me quedé asombrado de su tamaño.

Bando de ciguieñas en el cercano Manzanares que a diferencia del Jarama, es arenoso y lleno de fresnedas

         Mucho más facil de observar es su vida ornítica, donde destacan las grandes concentraciones de aves; notoria por la abundancia de lagunas y riberas y potenciada hasta la exageración, por la cercanía del gran basurero madrileño de Valdemingómez, hacia o desde donde parten a sus dormideros legiones de garcillas, cigueñas o gaviotas.


            La vegetación también se encuentra bastante modificada, en la ribera es fácil encontrar especies exóticas, como ailantos, olmos siberianos, negundos, sauces llorones, acacias o melias. La vegetación nitrófila campa a sus anchas, aunque también es propia de esta ecología de excesos de materia orgánica y crecidas que mueven y nitrifican las orillas.

La extraña flor del aro Arum italicum en lo más umbroso del bosque de ribera

          Los árboles más comunes, tras la debacle de los olmos, son los sauces, los álamos negros y blancos y los tarays, de los que la mayoría, al contrario de lo que dicen los libros, son Tamarix mascatense y T. matritensis, y no T. gallica. (en un par de meses Dario Melia y cía, tendrán, por fin, certeramente identificados todos los tarays de la vega del Jarama y alrededores). Ya menos abundantes son los olmos, saúcos y unos pocos alisos.

La flor del taray es uno de sus pocos y difíciles rasgos identificativos de cada especie

          De gran importancia es la vegetación lianoide y la orla espinosa de este bosque, por eso es una ventaja poder andar en esta época del años sin su barrera. Aquí abundan altas esparragueras, zarzas, parras, calistegias, nuezas, lúpulo y el extraño y termófilo Cynanchum acutum.

Selva de lúpulo, zarzas, rosales y calistegias, bajo el dosel arbóreo ribereño

viernes, 28 de febrero de 2014

Sobre los pinos ibéricos

Para quien haya viajado por lo largo y ancho de la península, no le cabrá duda de la importancia que cobran los pinares hoy en día por su dilatado alcance territorial. Dada su tremenda expansión de la mano del hombre, siempre me ha sido difícil reconocer su auténtica y propia ecología, aunque con el tiempo voy reconociendo su papel en nuestros ecosistemas.


Los mayores seres vivos de Gredos, unos escasos Pinus nigra agarrados a las rocas

Este problema también se ha dado en la investigación botánica, como le ocurrió con D. Salvador Rivas-Martínez que después de caracterizar hace años, la totalidad de las asociaciones vegetales españolas (y mundiales), fue muy criticado por no reconocer la mayoría de los pinares ibéricos. Posteriormente, con muchos más datos y estudios, ha ido certificando la naturalidad de nuevas asociaciones vegetales que tienen en los pinos su especie protagonista, pero sigue siendo muy difícil encontrar la vegetación propia de muchos pinos, como los resineros y, más aún, la de los piñoneros, pues es casi imposible encontrar un pinar de garantizada naturalidad.


Resineros conquistando un enebral tras acorralar a los robles del sur de Gredos

Esta expansión del pinar, tergiversada como una expansión del bosque, enmascara los grandes problemas ecológicos de nuestros montes, como cuál es su función y por ende, su futuro. Problemas que no se limitan a la superficie pinariega, sino que afectan a la totalidad de la cuenca hidrográfica inferior y a todo el medio ambiente en general.

Tras el incendio de Pedro Bernardo, llegaron las lluvias y provocaron coladas de bloques destrozando bancales, prados y todo a su paso

Con los años he visto que el pinar ha generado muchos más casos perversos que positivos, lo que me lleva a una política, al menos de contención, respecto a su implantación y desarrollo. Alguno casos positivos han sido la repoblación de grandes áreas deforestadas como en las montañas del sureste, con el clásico ejemplo de Sierra Espuña, donde se recuperó un ambiente que había perdido su condición forestal; lo han sido las repoblaciones de muchas arbustedas y piornales castellanos de paramera, tanto en la iberia caliza como en la silícea, y también lo ha sido, la expansión del matorral y el bosque autóctono bajo su dosel arbóreo, lo que no ha ocurrido de forma premeditada, sino a resultas de una, afortunadamente escasa, limpieza de montes.


Una variada vegetación autóctona prospera bajo la protección de las copas de los piñoneros, 20 años antes todo esto era un erial y antes monte bajo variado con encinas aisladas

La verdadera cara de ese hiper-crecimiento de los pinares, ha sido, en gran medida, la pérdida de biodiversidad de los ecosistemas autóctonos, el destrozo y abandono de los montes y el incremento de los grandes incendios forestales, con sus ulteriores consecuencias de grandes erosiones, pérdidas del suelo fértil y, todo ello, con un alto coste en la lucha contra incendios, vía jornales, infraestructuras, medios aéreos e incluso en vidas humanas.


            Pero para comprender el paisaje forestal actual hace falta recurrir a un par de cuestiones de importancia. El cómo eran los bosques españoles en el pasado y cómo ha sido la política forestal precedente.
             Desde la última glaciación en la península hemos pasado por diferentes fases climáticas con avances y retrocesos de los pinares, pero acercándonos a tiempos históricos, ocurre en todos los análisis polínicos que hemos pasado de un mundo pinariego a uno de frondosas; a más humedad, hayas, arces, robles y quejigos, y a menos humedad, alcornoques, encinas, enebros y coscojas. Aunque esto no es tajante y varía por zonas.

La procesionaria de los pinos, un peligro para pinares fuera de su sitio y para personas alérgicas

Los pinares, en general, han ido quedando relegados a comunidades vegetales cada vez menos climácicas, donde el tipo, la dinámica de los suelos o una climatología especialmente dura, han actuado como factores limitantes para el establecimiento de una vegetación acorde a las condiciones medias de clima y suelos; son las llamadas comunidades permanentes.


En terrenos inestables el pino resinero no tiene competencia, sería un tipo de comunidad permanente

            Históricamente el punto álgido de la implantación del pinar vino a partir de los 50’ con la Dirección General de Montes, posterior ICONA,  donde se da salida a varias generaciones de técnicos forestales con herramientas y maquinaria, para poner los “vastos eriales” en producción. Se crearon políticas territoriales “incontestables” que ningunearon el poder municipal sobre sus montes y se animó la concertación de montes “consorciados” con miles de fincas privadas.


En muchos pinares la ausencia de vida vegetal bajo las copas y el peligro de incendio es palpable

            En casi todos los casos se repuebla con pinos, el más usado es el resinero seguido por el carrasco, convirtiendo lo que eran bosques o sus etapas seriales, en monocultivos, creando espacios totalmente ajenos a las comunidades rurales donde se implantaban. Usualmente la imposición del pinar acabó con la ganadería de cabras, ovejas y abejas, con las majadas y aldehuelas, dando la puntilla a muchos pueblos donde ya había empezado el éxodo rural.


Laderas irrecuperables por varias generaciones tras el incendio del pinar

            Con los 70’, tras la pérdida de uso y habitabilidad, el monte empieza a dar los primeros dineros y jornales, se explota la madera y se crean puntos de recogida de resina. Es lamentable recordar el caso de pueblos que precisamente antes de sus fiestas patronales, sufrían incendios, para que los mozos tuvieran dinero extra para el gasto festivo. Pero esa bonanza no duraría mucho, a partir de aquí los montes dejaron de ser rentables, aunque diesen algunos jornales.


Al pie de Sierra Morena y Montes de Toledo se ha repoblado con pinares de piñonero, pero no son de producción piñonera como los del sur del Duero

        A partir de los 80’ se produce la debacle de los montes españoles, el éxodo rural está en su cenit, los montes han perdido mucha de su rentabilidad por la bajada de precios de la madera y la sustitución de la resina por productos sintéticos más baratos. La población se ha desligado de su monte que apenas se mantiene, los caminos están abandonados y apenas hay ganado que antes limpiaba el monte. Es el momento perfecto para los grandes incendios forestales de los 80’ y 90’. Auténtico "Atila" de la naturaleza española, toneladas de CO2 al aire. azote para suelos y pantanos, y la cantinela más triste del verano.

Pinos salgareños casi muertos por la plaga de procesionarias, finalmente la mayoría se recuperan

            El areal de los pinares ahora es tan enorme debido a su cultivo que es difícil discernir su verdadera naturalidad, en los pinos más exigentes (albar, salgareño y negro) está clara su naturalidad a pesar de la expansión artificial de los dos primeros, tanto en nuevos territorios, como en áreas inferiores a las de sus bosques naturales.

Los últimos restos de los pinares naturales de la cara sur de la Cantábrica, el pinar de Lillo

El pino carrasco (Pinus halepensis) es propio del levante y sureste por debajo de los 800m. pero más dificil es discernir su naturalidad en áreas interiores como los pies del Sistema Ibérico (Cuenca, Guadalajara y Zaragoza) o incluso en los yesos madrileños de Villamanrique, aunque el cortejo florístico y sucesional en algunos casos apuesta por su naturalidad. Tolera bien la sequía y los suelos pobres como yesos y margas. En muchas áreas del sureste es la única vegetación arbórea y tiene potencial creador de suelos y de abrir el abanico vegetacional.


Pinos carrascos abatidos por el viento marino; otros pinos "marítimos" son el resinero de las costas del noroeste y el piñonero del suroeste.

El pino resinero (Pinus pinaster), también negral o rodeno, a pesar de ser el más pirófilo, ha tenido una expansión exponencial, ya sea por plantación directa o por el maltrato de los suelos forestales, (uso de maquinaria pesada en el campo, apertura de pistas, infraestructuras, abandono de cultivos, incendios, etc.), pues las posteriores secuelas erosivas, dejan disponible un suelo des-estructurado y roto, ideal para su colonización por este tipo de pino, pues este tipo de medios inestables y arenizados son su auténtico nicho natural y es ahí donde se debería utilizar para asentar suelos e impedir avenidas. Se baraja una raza del NW (subsp. atlantica), otra centroibérica (subsp. pinaster) y otra dolomítica bética (subsp. acutisquama).


Carlos fotografiando pinos antiguamente trabajados por los resineros en un campo de bolos torrenciales

El pino piñonero (Pinus pinea), por dar piñones de buen tamaño, ha sido tan propagado desde la antigüedad que hoy no se sabe de seguro si es ibérico autóctono, aunque sí lo fue en un pasado cercano, como ocurre también con el otro pino español, el pino canario que en la actualidad solo es macaronésico. Es de zonas térmicas y arenosas, aunque puede aguantar el frio de los arenales del sur del Duero, de donde procede la mayor producción mundial de piñones. Combina bien con la encina dando un monte abierto y variado aunque apenas sin valor comercial.

El pino piñonero es uno de los más queridos por el agricultor

            El pino albar (Pinus sylvestris), de alto fuste anaranjado por arriba, requiere más agua que el salgareño y la misma o más continentalidad, por lo que forma el pinar más montano (a excepción de P. uncinata); tiene la aguja pequeña y por ello bajo su dosel prospera bien todo tipo de vida vegetal. Es el pino más cotizado por las madereras, más por su calidad que por su rapidez de crecimiento. Favorecido por el hombre frente a robles y hayas. Tiene varias razas ibéricas dado el aislamiento de las distintas poblaciones. Es el pino que alcanza las mayores alturas ibéricas, tanto en suelos básicos como ácidos. A pesar de las repoblaciones, estuvo más extendido geográficamente que hoy en día, incluso en todas las altas sierras andaluzas del sureste. Con potencial en todas los grandes brezales y arbustedas de las montañas del sur de la Cantábrica, sierras gredenses y altas parameras castellanas.

Los pinares de Valsaín y Peñalara son una de las mejores masas forestales ibéricas

            El pino salgareño (Pinus nigra), también laricio, doncel o cascalbo, es propio de las montañas calizas de interior, aunque también aparece en los granitos del Sistema Central. Es el pino ibérico más longevo, con ejemplares con nombre propio en numerosas sierras, aunque no llega a tanta altitud como el silvestre. Es el símbolo de Cazorla y la Ibérica; en su límite altitudinal, la mezcla con el pino albar es habitual. Combina la tolerancia con el resto de flora del pino albar con una mayor resistencia a la sequía, tiene aún un gran potencial en toda la ibérica, Sistema Central (donde es residual), y las alturas de las sierras calizas andaluzas.


            El pino negro (Pinus uncinata) es el más alpino de todos, crece en lugares tan duros que su pinar es poco denso; es pirenaico con un par de localidades en Gúdar y Demanda (Sistema Ibérico), no es de uso en repoblaciones por su especificidad ecológica e hibrida con facilidad con el albar.


Últimos silvestres entre los menos exigentes resineros en sierras deforestadas por quemas de piornal, un tipo de incendio no veraniego, y que por lo tanto, pasa desapercibido para los medios y autoridades.

            La explotación económica de los pinares ha cambiado radicalmente respecto a las pasadas previsiones de la mitad del siglo pasado, (salvo en el Sistema Central e Ibérica soriano-turolense), ahora los pinares, a parte de haber sustituido a otros tipos de bosque o matorral, han dejado de ser productivos. Salvo el pino silvestre y algo el laricio (menos expandidos), la madera, mermada en su valor, se destina a aglomerados; la industria resinera ha desaparecido; los jornales del campo se han esfumado debido a la mecanización de las tareas; y por otra parte, han crecido exponencialmente las partidas de la lucha contra el fuego, dándose casos  paradójicos de haber fuegos provocados para que se gaste más en su extinción.


Sobre yesos se ha repoblado con pino carrasco, pero requiere una labor de subsolado que destroza el monte

            Por contra ha aumentado la demanda de madera de leña, que no es producida por los pinos; la necesidad de controlar la retención de humedad por los suelos en las cabeceras hídricas de las cuencas mediterráneas; los aprovechamientos variados del monte: cinegéticos, micológicos, apícolas, recreativos, etc. que mayormente se dan en los otros tipos de bosque. Se ha perdido la oportunidad de la reforestación de tierras agrícolas, donde, a pesar de bastante autóctona, se ha repoblado mucho con pinos en áreas que nunca los han tenido. Incluso, muy a menudo, se ha repoblado desbrozando encinar y bosque autóctono en expansión natural.


El único pinar auténticamente natural de Gredos desapareció por la incompetencia  y el miedo de los técnicos en el terrible incendio de Arenas de San Pedro, iniciado a 15km.

            Por todo y pensando en el futuro y en un supuesto cambio del clima en ciernes, es absolutamente necesario llevar respecto a nuestros montes, una auténtica política de estado, totalmente seria, comprometida y ecológicamente solvente, planteada a largo plazo y pensando en las futuras necesidades perentorias, como la conservación y limpieza de las aguas, el mantenimiento y calidad de vida de la población rural y por ende de los urbanitas, camperos vacacionales o simples “respirantes”.


A algún ingeniero "lumbreras" se le ocurrió repoblar pinos en medio de una de las escasas poblaciones de roble alto-cantábrico, Quercus orocantabricus. No es una mala elección, pero hay miles de has. de brezal baldío para hacerlo.

         Ya no son tiempos de jugársela a una sola carta, la variedad y el respeto, a las personas, a las otras especies, al bosque y a la atmósfera, es algo que no puede ser relegado por planteamientos economicistas, planteados normalmente a corto plazo, sin contar ni valorar todas las variables y, muy a menudo, con las cartas marcadas para que alguien, en particular, gane con ello. 

jueves, 23 de enero de 2014

Las morrenas terminales del glaciar de La Nava en Gredos


           La Nava es un pueblo serrano situado al sureste de Barco de Ávila donde confluyen un par de gargantas que tuvieron importantes aparatos glaciares, amén de otros glaciares menores tributarios de éstas. Ambas gargantas vienen de las nieves acumuladas en el macizo de La Covacha (2.395m. segunda cumbre extremeña un par de metros por detrás del Torreón). La mayor y más occidental es la garganta de Galín Gómez, al noroeste de la Covacha y tras un largo recorrido deja sus morrenas terminales poco antes de la unión con la otra gran garganta, la de La Nava que recogía los hielos que se formaron al noreste de La Covacha.

El cordal del fondo separa las gargantas de la Nava (izquierda) de Galín Gómez (derecha)

            Ambas gargantas tienen dos buenas lagunas en sus cabeceras, la de La Nava y la del Barco, ésta la segunda mayor de Gredos después de la del Duque, cercana pero por algunos adscrita a otra sierra, la de Béjar o Candelario, aunque hablando en propiedad se trataría del Macizo Occidental de Gredos. En este mismo macizo de la Covacha y orientado totalmente al este (muy raro en Gredos), existe en un valle interminable, con otra bellísima laguna que es la de los Caballeros, a poco más de un km. lineal desde la de La Nava hacia el sur-suroeste. En este macizo tiene lugar la prueba de sky más clásica del centro peninsular, la Carrera de Los Tres Circos (Caballeros-Nava-Barco), realizada desde antiguo por el Club Alpino Madrileño.

Gama de morrenas terminales. Al fondo la sierra de Béjar o macizo occidental de Gredos

            Una morrena es una formación de rocas y materiales acumulados en el frente y laterales de un glaciar que, a modo de pala de bulldozer y debido al empuje de la enorme masa de hielo en su avance, va arrancando esos materiales de la base y laterales del valle, dejándolos enmarcando su recorrido, a partir del punto en que empieza a depositar su carga lateral, y al final de su recorrido. Posteriormente sigue una retirada del hielo, y si existe otro ciclo de frío, se vuelve a través de toneladas de nieve a generar hielo, que se acumula y pesa, deslizándose de nuevo por las laderas arrastrando y erosionando de nuevo todo a su paso.

Claro surco del glaciar de la Nava con sus dos morrenas laterales

            El estudio que estamos llevando a cabo, un equipo de geógrafos de la Universidad Complutense, va a intentar datar las diferentes morrenas terminales del glaciar de La Nava, para determinar como ocurrió la deglaciación, con sus diferentes retiradas y re-avances glaciares. Fácil de apreciar en todos estos glaciares gredenses porque todos finalizan en un conjunto de entre cinco y ocho arcos morrénicos frontales. Solo unos pocos valles muestran claramente morrenas intermedias o pequeñas morrenas tardías.

La morrena terminal está llena de bloques redondeados arrancados del superficial manto de alteración inicial

            El método de datación es bastante complejo e incierto, pues se trata de buscar entre los numerosos bloques aquellos que más tiempo hayan estado expuestos a la atmósfera, en concreto a la radiación cósmica y en función de la proporción de determinados isótopos es posible calcular su edad de exposición. Es complicado localizar los bloques ideales, que no hayan basculado ni hayan estado tapados; al tiempo hay que arrancar un trozo de su superficie a base martillo y escoplo, lo que siempre es muy laborioso.

Eligiendo el bloque y la muestra ideal

            El aparato glaciar de la Nava se inicia en un hermoso lugar, el Corral del Diablo, un circo bastante cerrado con una gran laguna originada por la sobre-excavación glaciar y ligeramente recrecida a principios del pasado siglo. Como bastantes valles glaciares de Gredos tiene una cabecera un tanto extraña para aquellos que conocen los clásicos glaciares alpinos que rematan en unas agrestes y escarpadas laderas, creadas por la propia acción de los hielos. En esta garganta el remate final tiene una empinada ladera orientada al este, mientras que las orientadas al norte y al oeste, son unas suaves lomas cubiertas de piornal.

La laguna de la Nava, al este una empinada y rocosa ladera frente al suave piornal cimero del este.

            En todo Gredos queda muy claro que las orientaciones al este son las que registran las mayores acumulaciones de nieve debido a que la circulación general de la atmósfera registra (y también la hizo en el pasado máximo glaciar), la mayor parte de las precipitaciones de procedencia atlántica. Por esto las ventiscas acumulan la nieve, que posteriormente se va apelmazando y convirtiendo en hielo al aumentar su cantidad, en las laderas orientadas al este; además el sol matinal siempre actuará con menor intensidad sobre la nieve que el sol de la tarde.


Final morrénico de Galín Gómez, se pasa de un valle en "U" a un valle en "V"

            Este valle tiene un buen camino que muestra toda la gama de formas que la geomorfología glaciar (el hielo y su posterior deshielo es quien  las crea) y periglaciar (quienes las crean son los ciclos diarios o estacionales de hielo/deshielo) pueden formar en estas montañas. Al poco de introducirnos en el valle vamos recorriendo el final de los diferentes arcos morrénicos, algunos claros y otros deshechos en grandes acumulaciones de bloques redondeados, para posteriormente andar por los llanos prados, seccionados por la garganta que ha erosionado estos materiales poco cohesionados,llanura que es una terraza fluvio-glaciar en ligera rampa desde la apertura del valle pero perfectamente plana.

Las fuertes heladas van congelando los cervunales a pesar de la poca lluvia caída este otoño

            En los laterales del valle vemos al pie de los escarpes magníficas pedreras, de bloques de todos los tamaños, esta vez llenos de aristas, arrancados de la roca por la explotación de las fisuras por el hielo. Vemos según subimos varias cubetas de sobre-excavación glaciar, pretéritas lagunas ahora ocupadas por pastos de cervuno y cerrados aguas abajo por umbrales rocosos perfectamente pulidos, son las rocas aborregadas.

Poza alojada en un estrecho canal sub-glaciar

            La garganta se encajona en la roca dejando unas muy buenas pozas, se trata de canales sub-glaciales. En una ladera se puede apreciar un surco o cicatriz en la ladera producido por una impetuosa bajada de una masa mixta de agua, suelo y rocas, tan rápida y erosiva que ha dejado un canal flanqueado por líneas de rocas y que acaba desparramado en lóbulos de rocas al final de su recorrido, es una corriente de derrubios, más conocido en inglés como debris flow.

Canal producido por el recorrido de un debris flow con sus levées laterales

            En un tramo llano, entre umbrales rocosos de la garganta, vemos el jaleo de canales y depósitos fluvio-torrenciales debido a bajadas impetuosas de aguas tras fuertes episodios lluviosos combinados o no, con los deshielos. Esto deja un cauce caótico lleno de bloques movidos y crestas de bordes de corrientes, con una gama de tonos desde los grises a los más blancos, que son los más recientemente removidos.

Céspedes almohadillados o hummocks debidos a la congelación bajo un cervunal con dinámica solifluidal

            El camino en lo más rocoso se pega a las paredes y muestra el buen hacer de quienes lo empedraron. Bajo algunos resaltes rocosos hay buenas muestras de megaforbios, formaciones vegetales que requieres de frío, sombra, humedad y mucha materia orgánica para prosperar; aquí se dan plantas nórdicas poco comunes al sur de los Pirineos, plantas de grandes hojas como la calabacera Adenostyles alliaria, el acónito amarillo Aconitum vulparia, el vedegambre Veratrum albumStreptopus amplexicaule, uva del diablo Paris quadrifolia y grandes helechos norteños entre otras.

Rincón megafórbico, con helechos, angélicas, acónitos, streptopus, hipéricos, etc.

            En alguna pared podremos ver la boca de dragón de Gredos Antirrhinum grosii, una planta antaño corriente pero que las cabras están relegando a las paredes lejos de sus dientes. Desde aquí abogo por que permitan el retorno de los lobos a Gredos y no sean abatidos los escasísimos individuos que por allí pululan, como hasta ahora, será bueno para todos, incluso para los cada día más vagos rebaños de montesas, para todos  menos para los ganaderos más vagos, aunque probablemente se les subvencionarán sus escasas pérdidas.

La cada día más escasa boca de dragón de Gredos (Antirrhinum grosii)

            Al parecer el rellano inferior de la laguna de la Nava acogió una lagunilla en su seno que fue colmatada por las rocas en la desastrosa ruptura del inicial dique de piedra que se hizo, teniendo que rehacerse con posterioridad en mejores condiciones que la primera.
            Toda esta parte occidental quizás sea de lo menos conocido de Gredos a pesar de contar la misma espectacularidad del área central de la laguna de Gredos y Cinco Lagunas. La Nava y Galín Gómez están algo más transitadas pero la infinidad de valles laterales y otros valles como La Serrá o San Martín apenas tienen visitantes fuera de los escasos pastores.

Morrena adosada a una ladera formando un "barquillo"

            Yo estoy ya muy unido sentimentalmente a esta sierra y me duele verla, a veces tan turisteada, aunque la mayor parte de la gente sea estupenda. Siempre recordaré una vez apagando un incendio de piornal junto a los Barrerones, con una buena cantidad de domingueros que pasaban hacia la laguna Grande, por el camino sin pararse a ayudar o mirando sin entender que se necesitaba su ayuda, hasta que acudieron dos pastores del prado de las Pozas y pudimos controlar el fuego.

La Nava, el valle del Tormes y delante de la sierra de Villafranca y la Sª de Ávila al fondo a la izquierda

            Hay mucho Gredos, desde la sierra de Ávila hasta el Piélago (Sª al sur del Tiétar), desde Hervás hasta el Tiemblo, no quiero hablar siquiera de la cara sur y su enorme cantidad de gargantas no aptas para cobardes. Afortunadamente se necesitarían varias vidas para conocer todos los rincones que encierra Gredos.

            Espero que los estudios de las morrenas de la Nava sirvan para desvelar claramente como se produjo una deglaciación plagada de incógnitas y congeturas.
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