lunes, 30 de noviembre de 2015

Saladares del Guadiana


 Aunque la gente asocia los saladares de interior, con las numerosas lagunas temporales manchegas, esta entrada viene a hablar de los saladares más occidentales, los que tienen como eje vertebrador, el curso de un “renacido” Guadiana, por lo que casi también podríamos hablar de "Los Saladares Calatraveños". Esta entrada continúa las dedicadas a los valiosos ecosistemas (encinares, arenales,..) que han quedado incomprensiblemente relegados, en la reciente y absurda ampliación del colindante Parque Nacional de las Tablas de Daimiel (PNTD).


    Ahora es el  turno de los saladares, un tipo de ecosistema bien desarrollado en la región manchega aunque, como casi todos los ecosistemas de las llanuras, acorralados por una agricultura siempre ávida de más terreno. Hemos pasado en pocas décadas, de una relativa abundancia de áreas salobres, a su casi desaparición pues, a no ser que hayan logrado acogerse a alguna figura de protección, están quedando relegados a situaciones extremadamente marginales.

Ejemplar esporádico de Sarcocornia carinata en el interior de las Tablas de Daimiel tras la riada, luego sobre esta área se impuso el carrizal

       Aquí me voy a referir a las escasas, pero buenas representaciones de estos ecosistemas en enclaves que aún sobreviven o que “sorprendentemente” están prosperando, a costa de las llanuras de inundación de los ríos en el entorno del PNTD. Uno de ellos está en el Gigüela, a las mismas puertas del Parque. Los otros en la llanura de inundación del Guadiana, aguas abajo del PNTD, Charco Salado cerca de la desembocadura del arroyo de Campomojado y el mayor, pero algo menos  salino, el de los Prados de Carrión de Calatrava, en la unión del Guadiana con el Pellejero. 

Arriba arroyo de la Posadilla y abajo el Pellejero, ambos tributando al Guadiana. Entre ellos perviven estos importantes saladares y otros menores

        En Castilla la Mancha hay varios tipos de saladares, los cercanos a la Cordillera Ibérica ganan las sales del subsuelo, de las aguas que han recorrido capas salobres de estratos del Keuper. En esas áreas son comunes las salinas, hoy en lamentable abandono frente a la sal, cada vez más contaminada, de origen costero.

Saladar de Charco Salado en buen estado, antes de que fuese desmantelado hace  pocos meses

      En el fondo de la llanura manchega se encuentra el saladar más usual, el que recoge el drenaje de pequeñas cuencas cerradas (endorreicas), que por el aporte de aguas y su desecación sucesiva a lo largo del tiempo, van cargando de sales esas zonas deprimidas.

Las comunidades de Limonium (florido en primer término) rodean Charco Salado

             Con el paso de los años, estoy viendo que existe un tercer tipo de saladares que están a medio camino entre un área ribereña y lagunas salobres temporales. Por desgracia en la Mancha, la desaparición de las corrientes superficiales de agua (antaño conocidas como “ríos”), ha hecho que áreas puntuales de este drenaje manchego, mantengan  un comportamiento más continental y árido, sin el periódico lavado de las sales que la circulación, más o menos continua de las aguas, suponía.

Aeluropus littoralis tiende a formar espesos  céspedes en los suelos húmedos del saladar

       Antiguos ecosistemas fluviales, (los pocos que se han librado del arado), ahora no saben a qué carta quedarse y funcionan “a resultas“ de los acontecimientos. Si llega una riada: crían  una vegetación tipo aluvial; si cede la riada: nitrófila natural; si casi nunca llega el agua: pastizal de secano; si llega el agua de forma recurrente, pero espaciada: vegetación salina. A esto hay que añadir las distintas transiciones entre ellas y la  acción del arado, entonces entran los grandes cardales y pastizales de la vegetación nitrófila y ruderal.

Entre las gramíneas halo-nitrófilas destacan las espesas espigas de los Polypogon maritimum

          Los saladares son una de las comunidades de vegetación  más especializadas y exclusivas (pues solo pueden vivir allí quien tenga narices para hacerlo). Las plantas no solo tienen que bregar con suelos inestables y descarnados, también tienen que adaptarse a una insolación que incluso les llega rebotada del suelo. 

La sosa (Salsola soda) reúne muchos de los caracteres adaptativos de las plantas a la sal

          Por otro lado, tienen que hacer frente a las mortíferas sales del suelo, adecuando toda su fisiología, incluso engrosando sus tejidos para hacer una gestión hídrica “anti-salina” para poder conseguir el agua que para sí quieren, las sales del suelo.

A pesar de estar secos y sin su color rojo característico, se reconocen fácilmente los coralillos

     En el Campo de Calatrava, apenas hay saladares dignos de tal nombre, solamente la protegida laguna del Prado o Inesperada en Pozuelo, a pesar de sus problemas de aguas cuasi residuales y estar medio engullida por la población, tiene una decente vegetación salina e incluso a veces, sus flamencos.

Últimas muestras de arroyos de corte semi-salino, desapareciendo en medio de la  llanura manchega con Heliotropium supinum y rodalillos de Lythrum flexuosum

       No muy lejos de allí está el pequeño y estacional, (tan dependiente del arado como de las lluvias), saladar de La Membrilleja con una vegetación casi más nitrófila que halófila. En el resto de la región, tras las importantes lluvias de estos años atrás, surgieron una serie de “cripto-saladares” entra Torralba y Almagro, allí donde mueren, en medio de la llanura manchega (cuenca arreica), varios ríos nacidos en  las serretas de Moral.


          Ante tan  escasas muestras de este tipo  de comunidades, las localidades de las que hablo cobran una gran importancia, máxime teniendo en  cuenta la  gran distancia al resto de las lagunas salinas del centro de La Mancha (área de Alcázar de San Juan) y lo que es verdaderamente lamentable es su desconocimiento, cuando no su maltrato. Más lamentable aún, es el reciente olvido, de óptimos enclaves salinos, en la triste ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.

Buenas áreas salinas a las mismas puertas del PNTD, en terrenos públicos (Dominio Público Hidráulico)

     Las tres mejores representaciones de vegetación halófila, (hay algunas más, pero menores),  se encuentran: la primera solo a escasos 3 km del límite NE del parque, en la misma llanura de inundación del Gigüela, Dominio Público Hidráulico como el Parque, y las otras dos, aguas abajo del PNTD; la salada de Charco Salado, hace poco medio arada, a 4 km., y la de los Praos de Carrión, a solo 7 km. Todas ellas, junto a las menores, en los cauces, en lo que es o debería ser, Dominio Público Hidráulico.

Un alcaraván en medio de una de las saladas de Campomojado

          La primera se encuentra cercana a la EDAR de Villarrubia de los Ojos, pegada a la Madre Chica del Gigüela. Incluso a día de hoy, el arado le recorta cada día, un poco más de terreno; la producción obtenida es absurda, pero es una forma de reclamar una propiedad puesta en duda, de forma recurrente, por el cauce del río. Se trata de un área de desbordamientos y de lagunillas interiores que a fuerza de pasadas de tractor, se van enrasando y acaban desapareciendo.


        Aquí hay una buena  gama solapada de casi todas las comunidades salinas. A falta de los grandes matorrales vivaces halófilos como Sarcocornia o Arcthrocnemum, están las demás: juncales y praderas halófilas, almarjales de Suaeda vera, praderas de Limonium, comunidades salinas anuales de salicornias, las moderadamente salinas de llantenes  y otras, como las pioneras de coralillo; praderas graminoides húmedas de Puccinellias y secas de Hordeum marinum; casi todas recogidas como hábitats de protección especial de la CE, por su escasez y alto valor científico.


      Entre las plantas menos comunes, aquí podemos encontrar el coralillo Microcnemum coraloides; el llantén salino Plantago maritima, la hiel de la tierra C. tenuifolium y C. spicatum, Frankenia laevis y F. pulverulenta, Parapholis incurva, Blackstonia perfoliata, Spergularia marina y otras especies interesantes.

Centaurium tenuiflorum en el saladar a las puertas del PNTD

           La vegetación ya más cercana a los cultivos, ha llegado a estar constituida casi exclusivamente por enormes extensiones de Lythrum flexuosum. Sin duda existió la protegida Senecio auricula, planta que he llegado a encontrar en  el interior del Parque y en los Ojuelos de Villarrubia, pero  debido a la propia dinámica fluvial, habrá sido expulsado por el carrizo.

Plantago  maritima, abundante en el saladar de Villarrubia de los Ojos

    Ya aguas abajo del PNTD encontramos en medio de la llanura de inundación las saladas de Charco Salado que sólo excepcionalmente cogen agua, pero que poseen un magnífico muestrario de vegetación salina. A buen seguro que de no  haber sido ocupada (usurpada al río) y roturada la desembocadura del Campomojado, también estaría colonizada por buenas comunidades halófilas.

La salada de Charco Salado desarrollando espesos céspedes de Aeluropus littoralis

         En estas “saladas”, entre el espeso pastizal de Aeluropus littoralis, sobresalen rodalillos de juncales halófilos y una magnífica representación de pastizales anuales salinos, destacando los de la sosa Salsola soda con Suaeda splendens y Salicornia ramossisima. Aquí aparecen también las muy escasas Cressa cretica e Himmenolobus procumbens.

La escasa Cressa cretica posee uno de sus últimos refugios manchegos en la salada de Charco Salado

         En sus bordes hay una pequeño rodal de almajo (Suaeda vera) y cerca, en lo más pastoreado, espesas formaciones de Gypsophilla tomentosa, Atryplex roseum y Suaeda spicata, entre las que es frecuente ver pastar a las ovejas, usualmente con las garcillas subidas a sus lomos.

Himenolobus procumbens, una de las plantas menos comunes pero que cuando aparece lo hace en  masa

    Hace poco este saladar  fue parcialmente roturado y, cortados y quemados sus tarajes que tenían porte arbóreo. Al parecer, este paraje ha caído bajo una familia especializada en reivindicar (y "conseguir"), la propiedad de algunas de las mejores llanuras de inundación manchegas. Esperemos que la defensa de lo público prevalezca sobre el “peloteo” a tan importante familia. Por desgracia, algunas de las fotos que aquí veis, ya no se van a poder repetir en muchos años.


Este paisaje ha quedado cortado por la mitad gracias al arado

          El tercer y último saladar al que me refiero, es el formado por el arroyo Pellejero antes de desembocar al Guadiana, son los "Praos de Carrión". También tiene algunos problemas con, más que propietarios, "malos arrendatarios", que están roturando lo que eran terrenos de pastos; pero esto ocurre de forma algo marginal, pues aún, el conjunto, tiene buenas  dimensiones.

Los Praos de Carrión. Entre la izquierda (buen estado) y la derecha (recién  arado), se muestran las blancas sales del  suelo

        Sus áreas verdaderamente salinas son escasas (Charco Raso y otras menores), siendo muy abundante la vegetación halonitrófila, es decir, moderadamente salina y de carácter nitrófilo, como se manifiesta en lo que quizás sean los mayores calaminares manchegos (matorrales de Salsola vermiculata, “calamino” en la Mancha o “sisallo” en Aragón). También hay buenos carrizales en esta área que antaño tuvo explotaciones artesanales de yeso.

A la izquierda puede verse la llanura de inundación del Guadiana, con algunos pequeños saladares marginales

        Esta gran área inundable y salobre, formaba con el contiguo Guadiana, la defensa fluvial de la gran fortaleza de Calatrava la Vieja que se encuentra en la península así formada entre ambas. Su vegetación es muy interesante al mostrar todo tipo de transiciones, hacia lo salino, hacia la costra rocosa de caliche, hacia lo lacustre, hacia tomillares o hacia los cultivos. Por estas razones y por su gran dimensión espacial, se solicitó su inclusión en el Parque Nacional o como pre-Parque, como todas las llamadas “Tablas de Calatrava”.

Almajal, hoy desaparecido, en medio del gran calaminar de los Prados de Carrión de Calatrava

     Al menos poseía dos áreas claramente salobres, en ambas con almarjales de Suaeda vera y grandes masas de acelguillas (género Limonium); una defenestrada, cercana a la ermita y castillo; y la otra en la orilla opuesta, próxima a la desembocadura que además posee uno de los mejores tarayales de la región. 


       En otras partes, allí donde aparecen manchas blancas en el suelo, aparece el micropastizal de Frankenia pulverulenta y bordeándolo juncales o herbazales salinos de Aeluropus littoralis o de Puccinellia festuciforme. A pesar de los canales de drenaje, en épocas de aguas han permanecido buenas lagunas en años sucesivos.


        Los Praos poseen un muestrario muy completo de toda la vegetación halonitrófila, desde cardales a praderas de gramíneas de gran talla, con especies poco comunes en la región como Centaurium spicatum, C. tenuifolium, Haplophyllum linifolium, Blakstonia perfoliata, Lythrum flexuosum, L. tribracteatumPistorinia hispanicaLimonium varios,  etcétera.

La soda (Salsola soda), una buena planta barrillera

    Las formaciones halonitrófilas son muy diversas, tanto que probablemente sea el mejor catálogo de este tipo de comunidades en  toda la Mancha, por lo que sería demasiado prolijo entrar en un catálogo exhaustivo de especies. Algunas de sus formaciones más abundantes son los cardales.

Llamativa imagen de Sonchus crassifolius y Cirsium monspessolanum

           En ellos existe una gama de especies pocas veces vista, a parte de tobas, carlinas y cardillos,  hay varios tipos de Cirsium (monspessolanum, pyrenaicum y vulgare), destacan las blanquecinas  masas de Sonchus crassifolius y cerca de los canales, el Sonchus marinum.

Más claros, rodales de Limonium en medio de un ralo carrizal en los Prados de Carrión

    Hay formaciones de escasa talla dominadas de forma masiva por Asteriscus aquaticus, hay praderas de gramíneas varias, como las de Polypogon maritimus; los lastonares de Elymus spp., fenalares de Brachypodium phoenicoides, así como praderas de Hordeum marinum. Otras formaciones abundantes son las de la alta y viscosa herbácea Gypsophilla tomentosa.

Atardecer en los Praos de Carrión que probablemente sea el mayor calaminar del centro de la península

     Este lugar merece por sí solo una entrada entera e incluso un libro, en el que entrarían desde su rica arqueología (motilla de Malvecinos y motilla de Carrión), su arquitectura (castillo de Calatrava de Calatrava, ermita de la Encarnación; hornos de yesos, etcétera); su especial geología, con áreas de yesos, sales, calizas e incluso cuarcitas. Cuenta además, con un hervidero hidrotermal recientemente rehabilitado por el ayuntamiento de Carrión de Calatrava.

Profusión de cardales tras las riadas. Al fondo una  de las "motillas" del Bronce Manchego

        Este lugar, con su gran castillo y su ermita,  sería un punto magnífico como “segunda entrada principal” al Parque Nacional de las Tablas del Guadiana, una vez rellenadas y restauradas las grandes zanjas del drenaje del Guadiana y del Pellejero.

En tonos rosados Suaeda splendens, verdes Aelurolpus littoralis y en primer término Hordeum marinum

    Este tipo de comunidades vegetales están estrictamente protegidas legalmente como hábitats de interés comunitario: 1310 - Comunidades halófilas anuales: micro-céspedes de Frankenia pulverulenta; comunidad de Microcnemum coralloides y comunidades de salicornias; 1410 - Pastizales salinos continentales mediterráneos: juncales salinos y praderas graminoides salinas; 1420 - Matorrales halófilos vivaces: almarjales.  1510 - Estepas salinas mediterráneas: Comunidades de Limonium (de Interés Prioritario). 82DO - Bosquetes de Tamarix canariensis y 1430 - Matorrales halonitrófilos.

Entre un suelo lleno de sales destaca el color verde de las salicornias

       Por otra parte figuran en el Catálogo Regional de Especies Amenazadas en Castilla la Mancha como “en peligro”, Lepidium cardamines, muy escaso en esta área; y, como ”de interés especial” Cladium mariscusLimonium carpetanicumLimonium costae y Microcnemum coralloides.


El coralillo con su color característico que le da nombre

          Desde aquí no me  queda sino felicitar a la Asociación Tablas de Calatrava, por su labor divulgativa de los valores de Los Praos y alrededores. Labor incluso restauradora de antiguos oficios, como los yeseros; también implicados en actos teatralizados en el interior del Castillo de Calatrava la Vieja. Ellos están poniendo en valor esta parte tan singular e importante del municipio de Carrión de Calatrava y de todo Ciudad Real.

Calatrava la Vieja rodeada por la llanura de inundación del Guadiana y del Pellejero

Más información:
- Salvemos las Tablas Ya
 http://cartadenuncialastablas.blogspot.com.es/
- ecocarrion.wordpress.com
- http://tablasdedaimiel.com/
- vicencon.wordpress.com
- http://losojuelos.blogspot.com.es/

sábado, 31 de octubre de 2015

Los Ültimos Albardinales Manchegos. Los Ojuelos de Villarrubia



                   Mucho y acaloradamente se ha discutido en el ámbito geográfico, sobre las estepas ibéricas, principalmente en el siglo pasado, tras varios estudios que tildaban de esteparios, amplios paisajes del centro peninsular.


               La estepa, propiamente dicha, es un vasto ámbito geográfico situado al sur de la taiga euro-asiática que por sus duras peculiaridades climáticas y/o edáficas, no es apto para el desarrollo del bosque, pero si para diferentes comunidades herbáceas. Pertenecen al clima templado, pero de características semi-áridas y con una acusada continentalidad.


           Es el paralelo euro-asiático de las praderas norteamericanas o de la pampa argentina; las sabanas africanas y los sub-desiertos, que con parentescos vegetales y grandes solapamientos, ya serían más propias del clima tropical.

La estepa ocupa actualmente áreas marginales, como este borde de cañada

               La geográfica discusión partía del cómo sería la vegetación potencial, de estas llanuras castellanas, aragonesas y andaluzas. Pues es común la opinión que de no ser por la mano del hombre, la ardilla de Estrabón-Plinio-Félix Rodríquez de la Fuente (?) que se habría paseado antaño, de Pirineos a Gibraltar sin tocar el suelo, por estos secarrales de hogaño, y que desde entonces, perdidas las condiciones edáficas originales, fue imposible recuperar la vocación forestal de todos estos terrenos.

En un espacio bien  conservado, los albardinales ocupan el fondo yesoso y algo salino de una "val"

               D. Eduardo Reyes Prósper hizo un magnífico y enciclopédico trabajo de todas las estepas españolas, máxime para las condiciones de inicios del siglo XX, llamando estepas a esas desertificadas llanuras; al igual que también lo hizo D. Mauricio Willkomm, casi más español que alemán, aunque pueda adolecer de haber viajado en verano y en un año muy seco, donde se le escaparon algunas de las entonces numerosas, lagunas manchegas.



               Otros estudios posteriores, como los de Emilio Huguet del Villar, concluían que las estepas ibéricas no eran verdaderas estepas, sino que la mayoría, simplemente, eran paisajes desarbolados por una u otra razón, como el paso paulatino a pastos o cereales; puesto de manifiesto en casos muy claros como La Serena extremeña o las grandes áreas cerealísticas castellanas.


Área castellana esteparia por deforestación continuada

Posteriormente, otros estudios de finales de siglo, han venido concluyendo que grandes áreas del interior seco peninsular o en sombra de lluvias orográficas, que coinciden con la parte central de las cuencas de los principales ríos, muestran, dado el clima y el carácter de sus suelos, una gran ineptitud para la vida forestal. Las condiciones edáficas generales son la de suelos excesivamente arenosos, yesosos o salinos y extremadamente variables en cuanto a las condiciones hídricas.


Albardinal casi  inundado tras un  invierno muy lluvioso

En este rango verdaderamente estepario, por la ausencia de arbolado, entrarían, las otrora grandes áreas temporalmente inundables, hoy en peligro de desaparición, como las amplias llanuras de inundación de los grandes ríos y sus afluentes; las lagunas temporales de carácter endorreico, con su gran variación espacial, en función de las lluvias; las áreas salinas que en bastantes casos coinciden con las anteriores y, finalmente, las áreas de arenas móviles, localizadas puntualmente en ambas mesetas.


Retazos de albardinal con la escasa crucífera Lepidium cardamines. Al fondo Villarrubia de los Ojos

Vista la extensión que debieron llegar a tener en su  día estas regiones, la famosa ardilla, tendría que haber dado grandes rodeos para cruzar la península y una de esas regiones a esquivar, debió ser La Mancha, región de arcaica ocupación y aprovechamiento, que  sumado a una climatología de escasas lluvias y una continentalidad que extrema veranos e inviernos, haría difícil la recuperación de unos suelos antaño forestales, como atestiguan estudios polínicos que muestran la presencia de pinares y encinares en muchas áreas hoy desertizadas.


Muy escasa en la  Mancha, pero presente en los Ojuelos de Villarrubia, Centarurium quadrifolium indicadora de yesos en los suelos

Pero lo forestal no es el no va más de la naturaleza y las estepas a veces muestran una diversidad florística que no poseen muchos bosques. A esto hay que unir la historia de esas especies y estirpes de especies, pues muchas de ellas muestran  espectaculares recorridos desde áreas tan  lejanas como esas verdaderas estepas irano-turanianas, hasta llegar al centro de la Mancha, y un comportamiento y gama de adaptaciones, verdaderamente admirables para soportar esas duras condiciones de vida.


Los últimos albardinales, la vegetación esteparia, relegada a reductos marginales como puedan ser los bordes de caminos

De lo que Reyes Prósper denominó la Estepa Central Ibérica que iba desde Madrid a Valdepeñas o desde Talavera a Albacete, poco o muy poco queda de la estepa manchega. Estoy hablando de grandes espacios ocupados por una dura vegetación herbácea, señalada florísticamente por una dura gramínea, el albardín Lygeum spartum, también llamado esparto fino, y por una serie de plantas de escaso porte y perfectamente adaptadas a esas duras condiciones ambientales, con una  muy escasa presencia arbórea, de tarays cerca de las charcas temporales o de carrascas en áreas ya más pedregosas y en cotas superiores.




La agricultura, en buena parte aupada por las subvenciones y por un agua ahorrada durante siglos, ha puesto cerco a los últimos restos de estos espacios, incluso ahogando a lo poco que queda del pastoreo, tan ligado a estos medios esteparios.


La llamativa y luminosa espata de la flor del albardín

 El albardinal, sus últimos retazos, solo aparecen de forma extraordinariamente fragmentada y marginal, en linderos de parcelas, bordes de cañadas y cercanías de lagunas y arroyos, hoy encauzados y “rebañados” por el arado. Para encontrar retazos algo dignos, prácticamente hay que recurrir a las escasas áreas protegidas, que lo son de manera muy marginal, al ser hábitats que coexisten con lagunas temporales, donde lo que realmente se ha  querido proteger, son sus especies orníticas.

Terreno de suelos   grises, ricos en yesos y sales solo aptos para el cultivo de subvenciones en una llanura recién roturada en los Ojuelos

 El único caso de protección de una estepa como tal, es una micro-reserva que hace verdadero honor a la palabra “micro”, la de los Albardinales entre La Solana y Membrilla en Ciudad Real; aunque mayores son los de la Reserva Natural de las Lagunas y Albardinales del Gigüela, y los mucho menores, de los complejos lagunares de la llamada Mancha Húmeda. Pequeños restos quedan en rincones incultos o abandonados por la agricultura de alguna llanura de inundación (Záncara, Córcoles, Riansares o Azuer).

Ultimos retazos de albardinal en los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos

Uno de esos últimos dignos retazos de la estepa manchega, se encuentra en la vecindad del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, en su esquina noreste, en conexión con algunos buenos arenales manchegos. Es la zona de los Ojuelos de Villarrubia de los Ojos, una serie de antiguos manantiales, defenestrados hace décadas, que vertían al río Cigüela a la entrada del actual Parque Nacional.

Depresión de una antigua laguna reiteradamente rellenada

 Esta zona también es rica en yesos, donde hubo hornos para la explotación artesanal de yeso y está surcada por viejas zanjas de drenaje de esa antigua área de manantiales, para la expansión de cultivos para una villa en constante crecimiento.


En tono gris área esteparia de los Ojuelos y a la izquierda, en tonos verdes, Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

      Las  parcelas privadas alternan su arado, con largos períodos de inactividad; otras áreas permanecen incultivables por varios motivos y existen  restos de lagunas que la labor de reja tiende, machacona y reiteradamente, a rellenar, pero que buenos periodos de lluvias resucitan milagrosamente.

Área afectada por los drenajes y la extracción de yesos en los Ojuelos de Villarrubia

Estas áreas son muy poco productivas y problemáticas; los problemas vienen de su posible inundación en épocas de lluvias fuertes y por la aparición de socavones, también relacionados con las variaciones del nivel freático; la escasa producción viene de la pobreza de los suelos, abundantes en yeso y de su salinidad. Ambos  problemas comunes a casi todas las áreas esteparias manchegas.

Zona esteparia de los Ojuelos con Gypsophila (izquierda) y Sonchus (derecha) en los claros de un albardinal

Los albardinales obran en un medio ligeramente cambiante, en función de la abundancia de precipitaciones que pueden convertir estas regiones en cenagales, dada la retención de un suelo abundante en limos y arcillas, o bien por la cercanía del nivel freático. 



Gráfico de Óscar Jerez García en "La Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda y...

    Por esto es común el ecotono con formaciones más propias de un saladar, en las áreas de fondo de cubetas más áridas, o con formaciones de juncal,  tarayal o carrizal, en áreas más húmedas y menos influidas por la salinidad.

Los tarays  y el pastizal (rico en acelguillas saladas)  indican  el contacto de la estepa con áreas más húmedas

La vegetación acompañante del albardinal es pobre en especies, pero éstas son, y más debido a la paulatina restricción de este hábitat, muy poco comunes y se encuentran en los catálogos de especies en  peligro, destacando entre ellas, por su belleza, rareza y extrema adaptación  a estos  medios,  Senecio auricula y Lepidium cardamines. Mucho más comunes son las acelguillas o Limonium (dichotomum, carpetanicum, supinum, echioides, costae, latebracteatum, etcétera), ligadas también a la salinidad.

La joya del albardinal  manchego,  presente en los Ojuelos y en verdadero peligro  Senecio auricula

Otras especies están empezando a medrar dado su carácter intermedio entre este tipo de medios y lo nitrófilo o sea, lo removido y alterado, y de tal manera que son incluso una sorpresa para los agricultores que antes, apenas las conocían. Son plantas como el cardo Sonchus crassifolium, Gypsophila tomentosa o Zygophyllum fabago. No sé si tiene que ver con el cambio climático o con la reiterada alteración mecánica de los suelos.

Masas del muy adaptado  Sonchus  crassifolius sobre albardinal alterado en los Ojuelos

Al igual que como con otros ecosistemas de importancia, por su rareza y biodiversidad, desde la asociación Ojos del Guadiana Vivos, solicitamos y preparamos un extenso y minucioso trabajo, para la inclusión de éstos en una ampliación del menor de todos los parques nacionales españoles, el de las Tablas de Daimiel, en un vano intento por  conservar, en  un solo espacio protegido, todos los hábitats en peligro, representativos del medio natural de La Mancha.

Bella estampa florida del escaso Lepidium cardamines también presente en los Ojuelos

Para los menos informados, este tipo de paisajes  no  pasan de ser secarrales improductivos, pero la realidad es que son una rica y diversa comunidad natural, con una interesante fauna y micro-fauna asociada, en verdadero peligro de desaparición. Son terrenos de muy  escaso valor agrícola, aunque de importancia pastoral, el terreno idóneo para la dura oveja de raza manchega, o bien para aprovechamiento cinegético.


Lamentable y ruinosa (?) puesta en cultivo de un área esteparia pegada al Parque Nacional de las Tablas de Daimiel

Desde este blog, quizás clamando en el desierto, abogo por la protección y recuperación de estas últimas hectáreas de la antigua Estepa Central Ibérica, aún contando con que ya son Hábitats Prioritarios para  la Comunidad Europea, por su rareza y biodiversidad, como Estepas Salinas Mediterráneas (1510), y que solamente por ello, deberían seguir existiendo en buen estado de conservación.

Senecio auricula y Lepidium cardamines, ambos presentes en los Ojuelos de Villarrubia, a las puertas del P.N. de las Tablas de Daimiel

Para estar al día sobre los Ojuelos de Villarrubia:
http://losojuelos.blogspot.com.es/

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...