martes, 30 de diciembre de 2025

Campos, barrancos y aljezares del sureste madrileño

 


    Los paisajes yesíferos al sur del Tajuña, tienen una impronta muy especial que pocas personas valoran como se merecen. Para empezar, se trata de un interfluvio entre el Tajo y el Tajuña en cuyas partes más altas, con otras litologías como calizas o arcillas por encima de esos yesos, dan lugar a buenas zonas de cultivo y, por lo tanto, es el lugar donde se asientan los pueblos, como Villaconejos, Chinchón y Valdelaguna. El resto de las áreas, ya inferiores, son los famosos yesares del Tajo, tanto los de este río, como los del Tajuña o del Jarama.

Los olivos se cultivan, al igual que la viña, en las partes altas de esta zona y, en algunos rellanos


    En esta entrada, voy a hablar de los cerros y barrancos cubiertos de grandes espartales vertientes al valle del Tajuña, muy similares en casi todo, a aquellos otros barrancos vertientes hacia el Tajo al sur y, por lo tanto, algo más secos y calurosos, con una mayor impronta salina y una vegetación más acorde con esto, como buenos albardinales, tarayales y salobrales, formaciones protegidas como hábitats prioritarios de interés comunitario de la Red Natura 2000.

Abajo, laguna de Esteras, al oeste de Villaconejos

    Estas tierras apenas están frecuentadas, a pesar de situarse a pocos kilómetros del gigante demográfico madrileño. Estos campos se encuentran mucho menos valorados que la cada vez más saturada sierra del Guadarrama, y considerados más como unos “secarrales” que como una naturaleza salvaje en buen estado de conservación. Es algo lamentable, pero por contra, algo que se agradece, cuando tras largas horas de recorrido por sus campos y barrancos, no te encuentras prácticamente con nadie, lo que también, hace de estos territorios una zona de vertidos y desmanes de todo tipo sin la vigilancia que, aunque poca, tiene la vecina área del Parque Regional del Sureste, que no sabemos por qué, su tenue manto de protección, no acoge a estas áreas entre el Tajo y el Tajuña, tan necesitadas de protección, como las lagunas y arroyos salobres o sus grandes albardinales.

Productos de invierno en la huerta del Tajuña. Abajo, laguna colmatada en la vega

    Por el norte se extiende la feraz vega del Tajuña, aunque está cambiando su tradicional uso agrario, en otro múltiple, de esparcimientos de todo tipo y con una camuflada función residencial, acrecentada por la desmesura de los precios de la urbe. Antiguas casillas de aperos, aprovechadas para poder vivir; pequeñas urbanizaciones ilegales, incluso aglomeraciones de furgones, sirven de vivienda a quien no puede permitirse la “libertad” de Madrid capital o, mejor dicho, el Madrid del capital. Pegada a la vega, aparece una línea de escarpes y cantiles yesíferos, con cuevas, desprendimientos, etc., cantiles que  se prolongan hacia el sur, siguiendo la intrincada red hidrográfica que lleva a las llanuras cultivadas de las áreas superiores del interfluvio.

Vega del Tajuña con la laguna de San Juan en primer término

    Domina estas amplias extensiones de terreno una gramínea de gran talla, antaño fuente de material para diestros artesanos, el esparto, del que aún quedan alguna muestra de su cultura en lugares como Villarejo de Salvanés y tiendas de su artesanía en Chinchón. Pero hay más variedad, todavía hay lugares con restos de encinar y de coscojar, las áreas mejor conservadas; en otras se repobló con pino carrasco con desigual fortuna, algo lamentable sobre los yesos, donde la repoblación sirvió para romper la estructura de suelos y laderas y, con mejor fortuna sobre calizas, es decir, en las escasas áreas culminantes, donde incluso se puede presumir la autoctonía de un viejo pinar, el de la Encomienda, al noroeste de Villamanrique de Tajo aunque perteneciente a Villarejo de Salvanés aunque, con el último cambio de propiedad, devenido en criadero de venados.

La atocha o esparto, protagonista indiscutible de esta región

    Esta vega del Tajuña está casi totalmente utilizada agrícolamente,  este es un río muy constante y de caudal enjuto y, al contrario que su vecino Jarama, no acostumbra a abandonar nunca su cauce. En su vecindad existen varias zonas lagunares, pero casi todas muy colmatadas y llenas de carrizos, entre ellas la Laguna de San Juan. Esta vega contacta directamente con los cantiles, dejando un vega muy recortada y vertical en la margen izquierda del río, mientras que la norteña es mucho más tendida. En uno de esos promontorios destaca el venido a menos, castillo de Casasola que, aunque en estos yesos, arquitectónicamente inestables, merecería una seria restauración, como también se debería hacer en otro castillo situado más al sur, el castillo de Oreja, en una línea de fortificaciones y ermitas que jalonan el valle del Tajo, prácticamente cada 10-15 kms.

El castillo de Casasola dominando la vega del Tajuña

    Los cortados hacia el Tajuña, muestran toda la geomorfología típica de los cantiles yesíferos, sus numerosas fallas “panameñas”, que muestran paquetes verticales, en una línea de futuribles derrumbes, algunos enormes. También cerca de esos cortados, aparece una muy reciente, geológicamente hablando, torca o dolina que, aparte de ser una joya geológica, también se ha convertido en un lamentable vertedero que muestra a las claras, las relaciones del “Homo ibericus” con su inmediata naturaleza.

Cantiles cerca de la laguna de San Juan, abajo la enorme torca (basurero) cercana

    A partir de aquí, hacia el sur, empieza un maremágnum de retorcidos barrancos que en ocasiones llegan a alcanzar los 50m. de profundidad. Por aquí discurren los arroyos de Calabazas, del Montero, de los Olivones u Olivas Altas, del Pastor, de la Purga, de la Tobosa, Valdemalea, Valdegutiérrez, Valdezarza, Valjondo, Valtarroso o Valtamosa; uno de ellos, el de Villacabras, el arroyo principal, se origina en la antigua fuente de Villacabras, un histórico lugar que ya he visitado varias veces y que ahora acusa, un par de buenas primaveras, en que la vegetación ha impedido el paso a algunas de sus cisternas que dieron lugar a una pequeña, aunque internacional industria, la del agua de Villacabras.

Inaccesible una de las cuevas-manantiales de Villacabras. Abajo pilón-abrevadero

    Estas aguas medicinales, sulfatadas y calci-magnésicas, purgantes, eran recogidas de varias galerías excavadas en la roca y subidas en cántaras, a depósitos, donde posteriormente eran cargadas en cubas y transportadas, primero a Villaconejos y luego a Francia, donde primero lograron la autorización para la venta, embotelladas en frascos y vendidas allí. Posteriormente fueron declaradas de utilidad pública aquí en España, pero no tuvieron el éxito deseado y fueron agonizando hasta su triste estado actual.

Aguas de Villacabras

    Otro hito en estos paisajes es la visible Casa del Montero, también en lamentable estado de abandono, a pesar de haber sido una construcción señera del ocio cinegético de finales del XIX e inicios del XX. Casi es la referencia para no perderse por estos montes tan laberínticos y similares. No se puede decir lo mismo de la omnipresente cementera de Morata, situada en la parte alta del páramo entre Tajuña y el Jarama, y fuente de contaminación de sustancias tóxicas, debido a las basuras y residuos que queman en ella, parece que lo de menos es la fabricación de cemento.

La restaurable Casa del Montero y, abajo, la "dinamitable" cementera de Morata

    Más referencias históricas las tenemos en los numerosos búnkeres de la zona, importante en la famosa batalla del Jarama, donde estaban las posiciones republicanas que intentaban cubrir la ruta valenciana de suministros para una capital sitiada.

Ventana de un búnker hexagonal. Con un gazapo a la derecha...?

    Al otro lado del Tajuña ya hay más trincheras de mayor importancia, incluso el monumento a las Brigadas Internacionales, que aquí dejaron a muchos de sus miembros, muy cerca del cruce con el ramal que enlaza con la A-3.

Cueva aljibe al inicio del barranco, y profundización del barranco de Villacabras
..y más profundización del barranco

    Parte de esta zona pertenece a Villaconejos, famosa localidad melonera, donde hoy es difícil ver ese afamado arrope frutal, aunque tras informarme, parece que los de Villaconejos no eran famosos por sus melones, sino por lo bien que los cultivaban y vendían, en otros lugares, incluso lejanos. Parte de la zona norte y oeste de esta región, pertenece al mayor municipio de Chinchón, que casi parece englobar a Villaconejos por este lado y llegando por el norte hasta los altos del Pingarrón y el Butarrón, al otro lado del río Tajuña, marcando un artificial límite que delimita el llamado Parque Regional del Sureste, del que parece que la comunidad de Madrid, tiende a desentenderse, para mayor "libertad" de usuarios y propietarios.

La mayor de las euforbias madrileñas E. characias. Abajo, Teucrium pumilum
Blancos los carraspiques Iberis saxatilis y grises las efedras Ephedra fragillis

    Estamos en el reino de la vegetación de los yesos, el aljezar, lo gipsícola. Aquí las plantas tienen que sacar su elenco de adaptaciones para poder medrar en un medio tan hostil y tan seco, y existe toda una gama de vegetación gipsícola, desde la mejor formada, con encinas y efedras, hasta la exigua vegetación de la costra de los yesos, pasando por espartales, tomillares con jabunas, vegetación semi-rupícola o incluso salobre.

Vegetación casi rupícola a primeros de marzo

    Se trata de una riqueza y biodiversidad biológica, de la que llevo tiempo alardeando en esta página y que no me cansaré de mostrar y poner en valor, pues es necesario cuidar la buena naturaleza madrileña. Naturaleza que debemos conocer como parte de nuestro ancestral paisaje, usos y vida de nuestros predecesores. Estamos perdiendo toda una cultura popular en favor de una globalidad mal entendida de la que solo salen ventajosos, los que nos la venden y no vemos lo que vamos dejando atrás, que ya empieza a ser demasiado.


viernes, 28 de noviembre de 2025

Sedum aetnense, lo pequeño es hermoso


Hace tiempo comentaba con algunos amigos que en los últimos tiempos los botánicos, en general, salían muy poco al campo, también es cierto que cada día hay menos botánicos. Casi todos son estudios genómico-moleculares, tratamientos estadísticos con nuevos programas más perfeccionados, análisis de compuestos químicos, etc. Pero de salir al campo, cada día menos, parece como si todo estuviera ya explorado y, no solo es que se salga poco al campo, sino que, como aquí vengo a demostrar, los botánicos de hoy en día tampoco se agachan, como si la botánica tuviera un punto de hidalguía que impide a sus miembros quebrar la cabeza y mirar al suelo.

Sedum aetnense incipiente junto a la gigantesca cagadita de un conejo de campo

Digo esto de agacharse porque voy a hablar de una planta, mínima donde las haya, de las que, simplemente para poder verla, hay que agacharse bien y fijarse con atención. Siempre me acordaré de un gran botánico, aunque él se declaraba alpinista, Salvador Rivas Martínez que, en la misma cumbre de Peñalara, obligaba a los concurrentes literalmente a “pastar”. Empezaba él, tirándose al suelo e iba desmenuzando, con su cara pegada al suelo y con la lupa, el pequeño conjunto vegetal de donde iba entresacando plantitas, diciendo de cada menudencia vegetal, la especie, su distribución, sus propiedades, sus valores bioindicadores, anécdotas, etc. Una a una iba sacando todas las plantitas, por pequeñas e insignificantes que parecieran sin dejarse ninguna.

Agrupación variada de Sedum y otras plantas menores

La micro-planta en cuestión, aunque haya quien denomine genéricamente “micromierdas” (sin acritud) a estas plantitas que apenas superan la frontera de los 5 cms. de longitud máxima, es el Sedum aetnense, perteneciente a la familia de las crassulaceas. Con sus hojitas engrosadas y algo curvadas, a estas plantas del género Sedum las llaman en general “uñas de gato”, también “platanitos” como las más comunes que crecen (o al menos hasta hace bien poco) en los senos de los tejados de teja española de barro, como es el caso del más común y urbanita Sedum album.

No es un Sedum pero lo parece, Pistorinia hispanica antes de florecer. Abajo Sedum album en ambiente natural

Los Sedum son un género formado por unas 33 especies y casi 10 subespecies, aunque podrían sumársele dos o tres especies más en discusión o de próxima publicación. Son especies acostumbradas a vivir sin apenas suelo del que nutrirse, y es que en cuanto aumenta la profundidad del suelo, aparecen otras especies más fuertes que los desplazan; son especialistas en vivir en la indigencia edáfica. Sobreviven como pueden en las etapas desfavorables del año, o lo hacen en forma de semillas. Algo parecida a la vida en la costra de los yesos, ya señalada aquí en otras entradas.

Litosuelos en la costra caliza manchega y su vegetación efímera en su esplendor primaveral

El género Sedum está formado por plantas carnosas, suculentas o crasas, con hojas normalmente alternas y sin pecíolo. Generalmente las flores son pentámeras (con 5 sépalos, pétalos y carpelos) aunque aparezcan algunas pocas tetrámeras, con 10 estambres. Los pétalos suelen ser blancos, rosados y, menos comúnmente, amarillos. Hay más especies anuales que vivaces y, en general, les gustan los entornos rocosos o arenosos; algunos gustan de una ligera inundación primaveral.

Fotomontaje de Víctor Marugán. Sedum aetnense subsp. aetnense de las arenas segovianas

La descripción de Sedum aetnense (subsp. aetnense) es la de una planta anual, glabra, rojiza o glauca, de raíz principal más o menos desarrollada, tallo de 1,6(6) cm, erecto, hojas de 3-4 x 1,5-2 mm, alternas, erectas o ligeramente curvadas, oblongas, engrosadas, y algo curvadas, que llegan a ocultar el tallo, con espolón escarioso en la base, margen ciliado y denticulado. Flores tetrámeras o pentámeras, solitarias, sésiles, axilares, sépalos 2-3 mm, libres, estrechamente lanceolados de margen ciliado, pétalos 1,5-2,5 mm, más cortos que los sépalos, estrechamente lanceolados, agudos, blanquecinos con textura escariosa, estambres 4-5, de la misma longitud que los pétalos; anteras amarillas. Folículos c. 2,5 mm, aproximadamente de la misma longitud que los sépalos o algo más cortos, erectos o erecto-divergentes, papilosos, de color rojo obscuro; estilo corto, con semillas ovoides, apiculadas, de testa reticulada y ápice agudo.

Distribución mundial de Sedum aetnense

Esta planta, como su nombre específico sugiere (aetnense), fue descrita por primera vez en las laderas volcánicas del Etna en Sicilia, Italia, en el año 1845 por el botánico siciliano Vicenzo Tineo, y es una planta que se extiende desde Afganistán hasta Europa oriental, haciéndolo en mucha menor medida hacia occidente. Fue descubierta en España por primera vez en las altas montañas andaluzas y siempre por encima de los 1800m (Filabres, Gádor, Sierra Nevada y Cazorla), posteriormente apareció en la Maragatería leonesa. Posteriormente se encontraron más ejemplares castellanos, en los arenales eólicos segovianos y al norte de Gredos en Ávila, población que no se ha vuelto a encontrar, aunque en su defecto, ha aparecido recientemente cerca de Ávila capital.


Es a principios de los 2000, cerca de Aranjuez, cuando el botánico D. José González Granados encuentra un Sedum bastante raro en el Parque Regional del Sureste, parece Sedum aetnense, pero con ciertas diferencias que se extienden prácticamente a todas las partes y órganos de la planta. Ya es exactamente la misma especie, las variaciones son de calado y establece, que se trata de lo que define como la subespecie “aranjuezii”. Se trataría de un “microendemismo” del Parque Regional de Sureste, siendo su única localidad existente. Una rareza, dentro de lo que se entiende por Sedum aetnense que es planta de zonas altas (pisos supra y oromediterráneo) en sustratos silíceos y mayormente arenosos, solo ocasionalmente, sometidos a ligera inundación temporal.


    Esta nueva subespecie, difiere de la anteriormente descrita en bastantes aspectos, la clave para diferenciar Sedum aetense subsp. aetnense, de este S. aetnense subsp. aranjuezii, es que este último posee: márgenes de las hojas y sépalos de enteros a dentados, sin cilios; de 4 a 7 (8) estambres con las anteras púrpuras (ocasionalmente amarillas); semillas de 0,5 a 0,7 mm de longitud. Fenología mucho más madrugadora, e igualmente, pronto agostamiento, plantas algo más gruesas, ligeramente mayores en todas sus partes, tonalidades más marrones u ocres en lugar de tan rojizas. Se podría decir que se trata del Sedum aetnense, pero adaptado a zonas más bajas y térmicas, aunque nunca se sabe, si la subespecie aetnense, no sería una adaptación de la aranjuezii a zonas más altas y frías, Aunque todo indique que el aranjuezii, deviene del aetnense, la cantidad de nuevas y variadas localizaciones, podría plantear la disyuntiva de quién fue antes, quien deriva de quien. Solo análisis genéticos y/o moleculares, podrían dilucidar esta cuestión.

Imagen de los muy rojizos Sedum aetnense aetnense de los arenales de Tierra de Pinares, Segovia

        En una excursión para ver los arenales del Duero en una de sus mejores manifestaciones, aproveché para buscar el Sedum aetnense subsp. aetnense que, finalmente, pude encontrar gracias al buen ojo de Víctor Marugán que luego me pasó un buen fotomontaje (ver más arriba) que hizo con sus fotos. Foto que puede usarse para comparar ambas subespecies y constatar sus diferencias.

Ejemplar aislado de la subespecie aetnense de los arenales de Segovia

En uno de mis muchos paseos por el entorno más defenestrado de la urbe madrileña, obviamente, el malhadado sur, encontré unas plantitas, ya fuera de época y bastante “fanés”, que me parecieron, y resultaron ser, varios ejemplares de este Sedum aetnense subsp. aranjuezii que, a pesar de estar al mismo borde de un demencial vertedero, estaban en Parque Regional del Sureste. La población no era pequeña, se asentaba sobre arcillas intercaladas con yesos o viceversa, aunque el suelo estaba cubierto por numerosos líquenes. Seguía tratándose de un “micro-endemismo” del Parque Regional del Sureste de Madrid. Vegetación sin apenas suelo al borde de la costra liquénica de los yesos, inmediatamente vecina.

Los primeros ejemplares que encontré en Valdemingómez (Madrid-Vallecas) en 2020
Al comienzo de la primavera, sobre arcillas yesíferas del Valdemingómez, Vallecas, Madrid
Fotos de Rubén de Pablo, junto a musgos, líquenes (Physcia biziana ?) y Mibora minima

Meses más adelante, de excursión por el entorno del Tajo madrileño, también pude apreciar, sobre unos conglomerados, la presencia de varios ejemplares de este mismo Sedum aetnense subsp. aranjuezii. Tomé nota de la ecología de esta planta en esta localidad y busqué situaciones similares a lo largo del valle del Tajo y, de nuevo volví a encontrar más. En localidades similares a la primera e incluso en superficies arenosas que superficialmente tenían carácter silicícola, pero cuyo interior, usualmente cementado, tiene carácter basófilo. Para lo que se podría deducir, al igual que con las arcillas, que sobre suelos prácticamente  neutros.

Sedum aetnense subsp. aranjuezii sobre conglomerados madrileños cerca del Tajo

Como de costumbre, sigo yendo por Ciudad Real, con mi afición a las áreas volcánicas del Campo de Calatrava. Allí con unos amigos geógrafos del grupo Geovol de la Universidad de CLM, estuve en varios volcanes. Días después, revisando las fotos que hice aquel luminoso día, amplío una de ellas y vuelve a saltar la liebre, de nuevo el amigo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, en las laderas volcánicas calatraveñas. Realicé unos cuantos recorridos por bastantes volcanes y lo encuentro en dos localizaciones más. Le cuento a mi amigo de Geovol, Rafa Gosálvez lo del Sedum del Etna y lo bautiza, barriendo para casa, como el "Sedum de los Volcanes", una buena mascota para quienes buscan dar personalidad, también botánica, a estos volcanes calatraveños.

Entre rocas volcánicas, el aranjuezii de Ciudad Real con Sedum andegavense, más rollizo y rojizo. Abajo, lo anaranjado Sedum aetnense, lo más rojo, Sedum andegavense en la ladera de un volcán

Ya empieza a despistar la ecología de esta humilde planta. ¿Por qué no aparece por todas partes?, sobre todas las litologías. Hasta el momento teníamos los micaesquistos de Filabres y Sierra Nevada, las pizarras de Maragatería y las arenas, eólicas de Segovia o de alteración del granito en Ávila o las arenas calizas en Jaén. A estas litologías se le añaden, las arcillas o margas yesíferas de Valdemingómez y los conglomerados y arenas fluviales, semi-cementadas de la vega del Tajo, Tajuña y Jarama (Aranjuez). Seguimos con la teoría de los suelos neutros, para la subespecie aranjuezii y la de los suelos ácidos (micaesquistos, pizarras y arenas puras), para la subespecie aetnense.

Los tonos cárneos del aranjuezii sobre musgos en conglomerados del Tajo

La ecología en la que se mueve la especie, como antes he dicho, es la de suelos esqueléticos o incipientes, con lo que la gama vegetal que se puede desarrollar sobre los mismos es, francamente efímera, con una gama vegetal muy limitada a las pequeñas especies que pueden aprovechar ese suelo, mientras haya una climatología lo suficientemente tolerante, puesto que llegamos a un rápido agostamiento en cuanto se superan los 30ºC, lo que cada año ocurre más pronto.

Sobre arenas de conglomerados muy sueltos en Los Arenales de Estremera en Madrid

Tomamos inventarios vegetales, también de musgos y líquenes, pero en este rango, las coincidencias son mayúsculas, casi sin importar el sustrato en el que se hallen, como: Alyssum granatense, Aphanes microcarpa, Campanula erinus, Cerastium pumilum, Erodium praecox o E. cicutarium, Helianthemum salicifolium, Herniaria glabra,  Linaria amethystea, Mibora minima, Pistorinia hispanica, Saxifraga tridactylites, Schismus barbatus, Sedum aetnense, S. caespitosum, S. gypsicola, Veronica praecox, Valeraniella sp., Buellia zoharyi (líquen), Psora decipiens (líquen), Riccia lamellosa (hepática) y algunos briofitos. En Ciudad Real, aparte de muchas de las anteriores entrarían más Sedum aún, como Sedum andegavense, S. mucizonia o S. rubens.

En los volcanes de Ciudad Real, el acompañamiento de otras especies de Sedum es abundante, aquí junto a Sedum aetnense aparecen S. rubens y S. caespitosum. Abajo el tono más rojizo es de S. andegavense

No contento con el batiburrillo de localizaciones y litologías, en una Jornadas con la gente de Carrión en Ciudad Real, finalizando una excursión por los Praos más que interesante, al pasar por las grandes costras calizas cercanas al Guadiana, me tendí a ver la flora que ya fue objeto de una entrada en este blog (la costra caliza manchega) y, de nuevo, me topo con el amigo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, Rafa, presente también en la excursión, ya empezó a dudar del casi acertado nombre de pila que había adjudicado a este “Sedum de los Volcanes”, estábamos en la costra caliza a la vera del Guadiana.

Sedum aetnense subsp. aranjuezii sobre costras calizas en la cercanías del Guadiana, CR

Pero la cosa no queda ahí, estudiando los afloramientos marmóreos del entorno de Urda, en el sur de Toledo, sobre una pequeña cresta y muy cerca de una gran cantera de mármol, me vuelvo a encontrar al protagonista de esta historia. Ya empieza a ser demasiado para una especie que siempre se ha creído muy rara y que muy pocos botánicos han tenido la suerte de contemplar viva. Ya la discusión por las características químicas del sustrato sobre el que crece, empiezan a tener que ser dilucidadas por el laboratorio. Está claro que de los muy numerosos sustratos que se extienden por la alfombra ibérica, no aparece, ni en los sustratos claramente calizos (¿Qué pasa con los mármoles?) ni en los claramente graníticos (¿Qué pasa con esas pocas arenas graníticas donde vive?).

Sedum aetnense con Sedum caespitosum (estrellitas rojas), Saxifraga tridactylites y Arenaria leptoclados (izda.), sobre calizas marmóreas

      En descargo de todos aquellos que no hayan visto esta planta, decir que realmente es tan pequeña como parece y que tiene un ciclo de vida muy corto que no suele llegar a mediados de mayo, donde queda prácticamente irreconocible tras su marchitamiento, con lo que tampoco es extraño que haya pasado desapercibida durante tantos años en tantas partes. Pero ojo, este caso no se hace extensible a ninguna planta de las consideradas poco comunes, cuyas localizaciones, suelen estar basadas en datos antiguos y desfasados que, por norma general, suelen encontrarse en un estado numéricamente  más lamentable del que se les presupone. Al igual que muchas aves, insectos y mamíferos, la pérdida de biodiversidad está alcanzando límites catastróficos, al parecer no parece que nos estemos enterando, de que nosotros, vamos detrás. Ya se sabe, "cuando las barbas de tu vecino...aunque tu vecino sea así de pequeño.

Junto al estrellado Sedum caespitosum (abajo, derecha) sobre costra caliza

.Más info:

González Granados, J., 2011. “Descripción de una nueva subespecie de Sedum aetnense (Crassulaceae) del centro de España”. Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, 105(1-4): 49-65.


 

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