viernes, 28 de noviembre de 2025

Sedum aetnense, lo pequeño es hermoso


Hace tiempo comentaba con algunos amigos que en los últimos tiempos los botánicos, en general, salían muy poco al campo, también es cierto que cada día hay menos botánicos. Casi todos son estudios genómico-moleculares, tratamientos estadísticos con nuevos programas más perfeccionados, análisis de compuestos químicos, etc. Pero de salir al campo, cada día menos, parece como si todo estuviera ya explorado, ya no hay manchas blancas en los mapas. No solo es que se salga poco al campo, sino que, como aquí vengo a demostrar, tampoco se agachan, como si la botánica tuviera un punto de hidalguía que impide a sus miembros quebrar la cabeza y mirar al suelo.

Sedum incipiente junto a la gigantesca cagadita de conejo de campo

Digo esto de agacharse porque voy a hablar de una planta mínima donde las haya, de las que, simplemente para poder verla, hay que agacharse bien y fijarse con atención. Siempre me acordaré de un gran botánico, aunque él se declaraba alpinista, Salvador Rivas Martínez que, en la misma cumbre de Peñalara, obligaba a los concurrentes literalmente a “pastar”. Empezaba él, tirándose al suelo e iba desmenuzando, con su cara pegada al suelo y con la lupa, el pequeño conjunto vegetal de donde iba entresacando plantas, diciendo de cada menudencia vegetal, la especie, su distribución, sus propiedades, sus valores bioindicadores, anécdotas, etc. Una a una iba sacando todas las plantitas, por pequeñas e insignificantes que parecieran sin dejarse ninguna.

Agrupación variada de Sedum y otras plantas menores

La micro-planta en cuestión, aunque haya quien las denomina genéricamente “micromierdas” (sin acritud) a estas plantitas que apenas superan la frontera de los 5 cms. de longitud máxima, es el Sedum aetnense, perteneciente a la familia de las crassulaceas. Con sus hojitas engrosadas y algo curvadas, a estas plantas del género Sedum las llaman en general “uñas de gato”, también “platanitos” como las más comunes que crecen (o al menos hasta hace bien poco) en los senos de los tejados de teja de barro, como es el caso del más común y urbanita Sedum album.

No es un Sedum pero lo parece, Pistorinia hispanica antes de florecer. Abajo Sedum album en ambiente natural

Los Sedum son un género formado por unas 33 especies y casi 10 subespecies, aunque podrían sumársele dos o tres especies más en discusión o de próxima publicación. Son especies acostumbradas a vivir sin apenas suelo del que nutrirse, y es que en cuanto aumenta la profundidad del suelo, aparecen otras especies más fuertes que los desplazan; son especialistas en vivir en la indigencia edáfica. Sobreviven como pueden en las etapas desfavorables del año, o lo hacen en forma de semillas. Algo parecida a la vida en la costra de los yesos, ya señalada aquí en otras entradas.

Litosuelos en la costra caliza manchega y su vegetación efímera en su esplendor primaveral

El género Sedum está formado por plantas carnosas, suculentas o crasas, con hojas normalmente alternas y sin pecíolo. Generalmente las flores son pentámeras (con 5 sépalos, pétalos y carpelos) aunque aparezcan algunas pocas tetrámeras, con 10 estambres. Los pétalos suelen ser blancos, rosados y, menos comúnmente, amarillos. Hay más especies anuales que vivaces y, en general, les gustan los entornos rocosos o arenosos, algunos gustan de una ligera inundación primaveral.

Fotomontaje de Víctor Marugán. Sedum aetnense subsp. aetnense de las arenas segovianas

La descripción de Sedum aetnense (subsp. aetnense) es la de una planta anual, glabra, rojiza o glauca, de raíz principal más o menos desarrollada, tallo de 1,6(6) cm, erecto, hojas de 3-4 x 1,5-2 mm, alternas, erectas o ligeramente curvadas, oblongas, engrosadas, y algo curvadas, que llegan a ocultar el tallo, con espolón escarioso en la base, margen ciliado y denticulado. Flores tetrámeras o pentámeras, solitarias, sésiles, axilares, sépalos 2-3 mm, libres, estrechamente lanceolados de margen ciliado, pétalos 1,5-2,5 mm, más cortos que los sépalos, estrechamente lanceolados, agudos, blanquecinos con textura escariosa, estambres 4-5, de la misma longitud que los pétalos; anteras amarillas. Folículos c. 2,5 mm, aproximadamente de la misma longitud que los sépalos o algo más cortos, erectos o erecto-divergentes, papilosos, de color rojo obscuro; estilo corto, con semillas ovoides, apiculadas, de testa reticulada y ápice agudo.

Distribución mundial de Sedum aetnense

Esta planta, como su nombre específico sugiere (aetnense), fue descrita por primera vez en las laderas volcánicas del Etna en Sicilia, Italia, en el año 1845 por el botánico siciliano Vicenzo Tineo, y es una planta que se extiende desde Afganistán hasta Europa oriental, haciéndolo en mucha menor medida hacia occidente. Fue descubierta en España por primera vez en las altas montañas andaluzas y siempre por encima de los 1800m (Filabres, Gádor, Sierra Nevada y Cazorla), posteriormente apareció en la Maragatería leonesa. Ya más tarde fueron encontrados más ejemplares castellanos, en los arenales segovianos y al norte de Gredos en Ávila, población que no se ha vuelto a encontrar, aunque en su defecto, ha aparecido recientemente una población muy cercana a Ávila capital.


Pero es a principios de los 2000, cerca de Aranjuez, cuando el botánico D. José González Granados encuentra un Sedum bastante raro en el Parque Regional del Sureste, parece Sedum aetnense, pero va reconociendo ciertas diferencias que se extienden prácticamente a todas las partes y órganos de la planta. Ya no se trata de la misma especie, las variaciones son de calado y establece claramente, que se trata de lo que él define como la subespecie “aranjuezii”. Era, hasta ese momento, un “microendemismo” del Parque Regional de Sureste, siendo la única localidad existente. Una rareza, dentro de lo que se entiende por Sedum aetnense que es una planta de zonas altas (pisos supra y oromediterráneo) en sustratos silíceos y mayormente arenosos, solo alguna vez, sometidos a ligera inundación temporal.


       Esta nueva subespecie, difiere de la anteriormente descrita en bastantes aspectos, la clave para diferenciar Sedum aetense subsp. aetnense, de este S. aetnense subsp. aranjuezii, es que este último posee: Márgenes de las hojas y sépalos de enteros a dentados, sin cilios; de 4 a 7 (8) estambres con las anteras púrpuras (ocasionalmente amarillas); semillas de 0,5 a 0,7 mm de longitud. Fenología mucho más madrugadora, e igualmente, pronto agostamiento, plantas algo más gruesas, ligeramente mayores en todas sus partes, tonalidades más marrones u ocres en lugar de tan rojizas. Tal parece que se trata de la especie anterior pero adaptada a zonas más bajas y térmicas, aunque nunca se sabe, si la subespecie aetnense, no sería una adaptación del Sedum aranjuezii a zonas más altas y frías, Aunque todo indique que el aranjuezii, deviene del aetnense, la cantidad de nuevas y variadas localizaciones, podría plantear la disyuntiva de quién fue antes, quien deriva de quien. Solo análisis genéticos y/o moleculares, podrían dilucidar esta cuestión.

Imagen de los muy rojizos Sedum aetnense de los arenales de Tierra de Pinares en Segovia

        Una vez aprovechando una excursión a ver los arenales del Duero (probable futura entrada de esta bitácora) en una de sus mejores manifestaciones, tanto geomorfológicas como botánica, aproveché para buscar el Sedum aetnense subsp. aetnense, que finalmente pude encontrar gracias al buen ojo de Víctor Marugán que también me pasó un buen fotomontaje (ver más arriba) que hizo con la especie. Foto que puede usarse para comparar ambas subespecies y constatar sus diferencias.

Ejemplar aislado de la subespecie aetnense de los arenales de Segovia

En uno de mis muchos paseos por el entorno más defenestrado de la urbe madrileña, obviamente, el malhadado sur, encontré unas plantitas, ya fuera de época y bastante “fanés”, que me parecieron, y resultaron ser, varios ejemplares de esta rara planta, que, a pesar de estar al mismo borde de un demencial vertedero, estaban en Parque Regional del Sureste. La población no era pequeña, se asentaba sobre arcillas intercaladas con yesos o viceversa, aunque el suelo estaba cubierto por numerosos líquenes. Seguía tratándose de un “micro-endemismo” del Parque Regional del Sureste. Vegetación sin apenas suelo al borde la costra liquénica de los yesos, inmediatamente vecinos.

Los primeros ejemplares que encontré en Valdemingómez (Madrid-Vallecas) en 2020
Al comienzo de la primavera, sobre arcillas yesíferas del Valdemingómez, Vallecas, Madrid
Fotos de Rubén de Pablo

Meses más adelante, de excursión por el entorno del Tajo madrileño, también pude apreciar, sobre unos conglomerados, la presencia de varios ejemplares de este mismo Sedum aetnense subsp. aranjuezii. Tomé nota de la ecología de esta planta, en esta localidad y busqué situaciones similares a lo largo del valle del Tajo y, bingo, de nuevo volvían a aparecer. En localidades similares a la primera e incluso en superficies arenosas que superficialmente tienen carácter silicícola, pero cuyo interior, usualmente cementado, tiene carácter basófilo. Para lo que se podría deducir, prácticamente suelos neutros.

Sedum aetnense subsp. aranjuezii sobre conglomerados madrileños cerca del Tajo

Como de costumbre, sigo yendo por Ciudad Real, también con mi afición a las áreas volcánicas del Campo de Calatrava, allí con unos amigos geógrafos del grupo Geovol de la Universidad de CLM, estuve en varios volcanes. Días después, revisando las fotos que hice aquel luminoso día, amplío una de ellas para determinar unas plantitas bastante enanas, y vuelve a saltar la liebre, de nuevo volvía a aparecer el amigo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, en las laderas volcánicas manchegas. Realicé unos cuantos recorridos por bastantes volcanes y lo encuentro en tres localizaciones. Le cuento a mi amigo Rafa Gosálvez lo del Sedum del Etna y lo bautiza, barriendo para casa, como el Sedum de los Volcanes, una buena mascota para quienes buscan dar personalidad, también biológica, a estos volcanes calatraveños.

Entre rocas volcánicas, el aranjuezii de Ciudad Real con Sedum andegavense, más rollizo y rojizo. Abajo, lo anaranjado Sedum aetnense, lo más rojo, Sedum andegavense en la ladera de un volcán

Ya empieza a despistarnos la ecología de esta humilde planta. ¿Por qué no aparece por todas partes?, sobre todas las litologías. Hasta el momento teníamos los micaesquistos de Filabres y Sierra Nevada, las pizarras de Maragatería y las arenas, eólicas de Segovia o de alteración del granito en Ávila o de arenas calizas en Jaén. A estas litologías se le añaden, la arcillas o margas yesíferas de Valdemingómez y los conglomerados y arenas fluviales, semi-cementadas de la vega del Tajo y Jarama (Aranjuez). Seguimos con la teoría de los suelos neutros, para la subespecie aranjuezii y la de los suelos ácidos (micaesquistos, pizarras y arenas puras, para la subespecie aetnense.

Los tonos cárneos del aranjuezii sobre musgos en conglomerados del Tajo

La ecología en la que se mueve la especie, como antes he dicho, es la de suelos esqueléticos o incipientes, con lo que la gama vegetal que se puede desarrollar sobre los mismos es, francamente efímera, con una gama vegetal muy limitada a las pequeñas especies que pueden aprovechar ese suelo, mientras haya una climatología lo suficientemente tolerante, puesto que llegamos a un rápido agostamiento en cuanto se superan a los 30ºC, lo que cada año ocurre más pronto.

Sobre arenas de conglomerados muy sueltos en Los Arenales de Estremera, Madrid

Tomamos inventarios vegetales, también de musgos y líquenes, pero en este rango, las coincidencias son mayúsculas, casi sin importar el sustrato en el que se hallen, como: Alyssum granatense, Aphanes microcarpa, Calendula arvensis, Campanula erinus, Cerastium pumilum, Erodium praecox o E. cicutarium, Helianthemum salicifolium, Herniaria glabra,  Linaria amethystea, Mibora minima, Pistorinia hispanica, Ranunculus paludosus, Saxifraga tridactylites, Schismus barbatus, Sedum aetnense, Sedum caespitosum, Sedum gypsicola, Veronica praecox, Valeraniella sp., Buellia zoharyi (líquen), Psora decipiens (líquen), Riccia lamellosa (hepática) y algunos briofitos. En Ciudad Real, aparte de muchas de las anteriores entrarían más Sedum aún, como Sedum andegavense, S. mucizonia o S. rubens.

En los volcanes de Ciudad Real, el acompañamiento de otras especies de Sedum es abundante, aquí junto a Sedum aetnense aparecen S. rubens y S. caespitosum. Abajo el tono más rojizo es de S. andegavense

No contento con el batiburrillo de localizaciones y litologías, en una Jornadas con la gente de Carrión, finalizando una excursión más que interesante, al pasar por las grandes costras calizas cercanas al Guadiana, me tendí a ver las flora que ya fue objeto de una entrada en este blog (la costra caliza manchega), y, de nuevo, me topo con el amigo Sedum aetnense subsp. aranjuezii, Rafa, presente también en la excursión, tras presentarle la especie, ya empezó a dudar del casi acertado nombre de pila que había adjudicado a este “Sedum de los volcanes”, estábamos en la costra caliza a la vera del Guadiana.

Sedum aetnense subsp. aranjuezii sobre costras calizas en la cercanías del Guadiana CR

Pero la cosa no queda ahí, estudiando los afloramientos marmóreos del entorno de Urda, en el sureste toledano, sobre una pequeña cresta y muy cerca de una gran cantera de mármol, me vuelvo a encontrar al protagonista de esta historia. Ya empieza a ser demasiado para una especie que siempre se ha creído muy rara y que muy pocos botánicos han tenido la suerte de contemplar viva y en su entorno. Ya la discusión por las características químicas del sustrato sobre el que crece, empiezan a tener que ser dilucidadas por el laboratorio. Está claro que de los muy numerosos sustratos que se extiende por la alfombra ibérica, no aparece, ni en los sustratos claramente calizos (¿Qué pasa con los mármoles?) ni en los claramente graníticos (¿Qué pasa con esas pocas arenas graníticas donde vive?).

Sedum aetnense con Sedum caespitosum (estrellitas rojas), Saxifraga tridactylites y Arenaria leptoclados (izda.)

      En descargo de todos aquellos que no hayan visto esta planta, decir que realmente es tan pequeña como parece y que tiene un ciclo de vida muy corto que no suele llegar a mediados de mayo, donde queda prácticamente irreconocible tras su marchitamiento, con lo que tampoco es extraño que haya pasado desapercibida durante tantos años en tantas partes. Pero ojo, este caso no se hace extensible a prácticamente ninguna planta de las consideradas poco comunes, cuyas localizaciones, suelen estar basadas en datos antiguos y desfasadas y, cuya norma general, suele ser que están en un estado numéricamente  más lamentable del que se les presupone. Al igual que muchas aves, insectos y mamíferos, la pérdida de biodiversidad está alcanzando límites catastróficos, al parecer no parece que nos estemos enterando, de que nosotros, vamos detrás. Ya se sabe, "cuando las barbas de tu vecino...aunque tu vecino sea así de pequeño.

Junto al estrellado Sedum caespitosum (abajo, derecha) sobre costra caliza

.Más info:

González Granados, J., 2011. “Descripción de una nueva subespecie de Sedum aetnense (Crassulaceae) del centro de España”. Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, 105(1-4): 49-65.


 

viernes, 31 de octubre de 2025

La Vegetación del aljezar madrileño

 


               La región que abarca la vegetación del aljezar o el yesar, que es su traducción literal del árabe, que aquí se trata, es la de los yesos de la geológicamente denominada cuenca de Madrid. La amplia región que va, desde el centro-sur de Madrid (Rivas-Getafe) por el norte, hasta el centro-norte de Toledo (La Guardia) por el sur, y desde el oeste de Aranjuez, hasta el oeste de Guadalajara (Almoguera-Illana) y Cuenca (Belinchón) por el este.

Las antaño rentables salinas de Belinchón, ya en los yesos de la provincia de Cuenca

       Aquí me limitaré solo a los yesos de la  Comunidad de Madrid, de los que solo pequeñas variaciones florísticas, como pueda ser la presencia o mayor abundancia de especies en los de Castilla la Mancha como puedan ser: Brassica repanda subsp. gypsicola, Gypsophila bermejoi, Helianthemum marifolium subsp. conquense, Jurinea pinnata, Launaea pumila o Limonium erectum. 

Cortados yesíferos sobre la laguna del Campillo en Rivas, una clásica localidad gipsícola

      La historia geológica de la formación de los yesos de la Cuenca de Madrid, comienza con la formación de una cuenca hidrológicamente cerrada al levantarse a finales del Oligoceno hace unos 30 Ma., el Sistema Central, el Sistema Ibérico y los Montes de Toledo, debido al empuje de la placa africana hacia el norte. Al fondo de esa cuenca endorreica es a donde van a parar todas las aguas de los sistemas montañosos que la circundan, para formar lagos más o menos duraderos y más o menos profundos, de superficie variable en función las fases climáticas y las evaporaciones veraniegas; esas aguas llegan cargadas de materiales bien en suspensión o disueltos que, finalmente, se depositaron en el fondo de esas cubetas, fundamentalmente sales y yesos (materiales evaporíticos) y cuando hubo aguas más profundas y más biomasa, se formaron calizas o dolomías.

Vallejo en el aljezar. Abajo sales y yesos estratificadas en una antigua explotación salina
Abajo, manantial salobre en medio de los yesos del Jarama

        Posteriormente en el plioceno, hace unos 5 Ma., la península basculó hacia occidente, encontrando las aguas una salida natural hacia el oeste, comenzando entonces, con los procesos de erosión y transporte, el vaciado de los materiales, dejando al descubierto, salvo escasos cerros testigos, los materiales infrayacentes, básicamente los yesos y las sales del fondo de la cuenca que, por hidratación, también se iban convirtiendo en yesos. 

Retranqueamiento de una alta ladera sobre el Tajo por erosión-disolución fluvial sobre materiales salinos y yesíferos. Abajo atochar


      El paisaje del aljezar viene definido por su estructura geológica de capas superpuestas: arriba, en menos lugares, las calizas llamadas del páramo, luego la unidad intermedia del mioceno, formada por arcillas, dolomías, sílex y margas, y abajo, la unidad inferior de sales y yesos. Por otra parte, viene determinado por la litología, mostrando erosión diferencial, donde los materiales más duros (calizas, dolomías, sílex) crean relieves de resistencia, como los pocos cerros o mesetas (Viso, Almodóvar, Telégrafo, los Ángeles, etc.) que han quedado en alto, y por debajo, los materiales deleznables, tienden sus laderas hacia el fondo de los valles, donde se emplazan los materiales más modernos, fruto de la acción fluvial.


Vallejos sobre yesos, abajo en rosado, el tomillo sapero Frankenia thymifolia

         También, estas áreas se han visto sometidas a la acción tectónica, siendo común la aparición de fallas que han dejado en muchas laderas tocantes a valles fluviales, como el Jarama, el Tajuña, el Tajo o el Manzanares, una serie de rectilíneos y verticales cantiles, donde es fácil observar las llamadas "fallas panameñas", en ellas, la ladera no tiende a regularizarse con una pendiente paulatinamente más suave, sino que los materiales, se van desgajando en vertical, como capítulos de un libro puesto de canto, que al derrumbarse, dejan el cortado tan vertical como lo estaba previamente, pero poco más retranqueado, por esto no es nada recomendable andar por el mismo borde de los cantiles yesíferos que, a menudo, muestran enormes grietas previas a los derrumbes.

Borde de cantil, con varios "paquetes" generados por fallas panameñas de próxima caída. Abajo erosión y derrumbe de una ladera por una escorrentía interna que da al río Jarama
Abajo, la ermita del Cristo de Rivas al borde de un alto cantil yesífero sobre el Jarama


   También existen procesos torrenciales, con la formación de cárcavas y abanicos torrenciales en los desagües y erosión por “piping o conductos internos a modo de los recorridos cársticos del agua en el interior de las calizas.

Profundización de un cauce y abajo, derrumbes por erosión de corrientes subterráneas
Formación de una dolina y abajo, derrumbe sobre galerías subterráneas

     Los suelos en el aljezar, los gipsisoles, son tremendamente refractarios a su colonización, pues son muy poco fértiles, el agua se infiltra rápidamente en su interior, existen sales en el suelo, cuentan con la toxicidad de los sulfatos y del sodio o, la extraordinaria retención de la escasa agua que hay en estos suelos, generando con todo esto una fuerte aridez sobrevenida, a parte de la aridez propia de los puntos más interiores de una cuenca, con su insolación extrema. A esto hay que añadir el abundante polvo de yeso que se acumula en los órganos de las plantas y otro factor como la dura costra superficial debida a la abundancia de líquenes que aquí encuentran poca competencia.

Valle del Tajo desde laderas yesíferas madrileñas. Arriba véase la amplia cobertura liquénca

           Para solventar todas o gran parte de estas dificultades, las plantas desarrollaron toda una batería de medidas para poder sobrevivir en estos terrenos, con lo que hubieron de especializarse y cambiar para poder adaptarse y competir. Entre los cambios fisiológicos y metabólicos que tuvieron que adoptar, desarrollaron adaptaciones como: adquirir tonalidades blanquecinas (Artemisia herba-alba, Atriplex halimus, Jurinea pinnata, etc.) o recubrimiento de vellosidades (Artemisia herba-alba, Helianthemum syriacum, etc. ), cubrirse de escamas protectoras (Helianthemum squamatum), cubiertas céreas (Limonium spp., Nepeta hispanica, etc.), minimizar el número o el tamaño de las hojas, solaparlas o convertirlas en espinas (Lepidium subulatum, Frankenia thymifolia, etc.) o deshacerse de ellas (Ephedra spp., Launaea spp., etc.), raíces profundas (casi todas las vivaces), almacenamiento de agua en los órganos aéreos para poder competir obteniendo osmóticamente agua de unos suelos algo salinos (Vella pseudocytisus, Senecio auricula, Sonchus crassifolius, Sedum spp., plantas halófilas crasicaules), incluir en su savia aceites esenciales que aminoran su evaporación (Thymus lacaita, Ziziphora hispanica, etc.), reducción del número de estomas o su protección (biotipos graminoides con hojas algo revolutas), enanismo (Campanula fastigiata, Chaenorhinum reyesii, etc.) para evitar vivir en la estación desfavorable, glándulas secretoras de sal (Atriplex halimus, Frankenia pulverulenta), un metabolismo CAM relativamente nocturno, etc.; incluso algunas especies han podido llegar a extraer directamente el agua que forma parte de las moléculas de yeso.

Práctica ausencia de hojas en las efedras
Hojas grises y solapadas en Frankenia thymifolia
Hojas blanquecinas en ontina (en primer término) y en las orzagas de fondo de valle
Suculencia y enanismo en Pistorinia hispanica

        La vegetación del aljezar o el yesar, que es su traducción directa del árabe, está constituida por una especializada gama florística,  variada y difícil por no decir, imposible de encontrar en otros medios, lo que convierte este tipo de vegetación en una vegetación poco común, limitada a las áreas yesosas que al estar dispersas por nuestra geografía, tanto nacional como mundial, en numeroso enclaves aislados unos de otros en las áreas del interior de las cuencas fluviales, activas o pasadas, hace que estén incomunicadas unas de otras, lo que hace más sensible a esta vegetación frente a los peligros ecológicos actuales y también, por otra parte, hace que esa vegetación tan adaptable, a su vez se adapte a las particularidades locales de cada región diversificándose.

Vista de Madrid con los cortados yesíferos del Manzanares en el centro

     Como reza el subtítulo del mejor libro sobre yesos que tenemos en España, el de la Diversidad vegetal de las yeseras ibéricas”, se trata de “El reto de los archipiélagos edáficos en la biología para la conservación”. Ese “archipiélago”, se podría aplicar a las diferencias florísticas en nuestro país, que las hay y muchas, entre los yesos de la depresión del Ebro, los del Tajo que nos ocupa, los de las hoyas granadinas, los levantinos, los del sureste ibérico, etc.

Lo mejor hasta ahora sobre los yesos españoles. Juan Mota et...

Cuadrados de 10x10km son núcleos yesífero-salinos en España y su riqueza en especies. Veáse la riqueza de la cuenca de Madrid. (Gypworld, etc. Mota et al.)
Formaciones ya poco comunes, los chucarrales de Ononis tridentata y pitanares de Vella pseudocytisus abajo
En la ladera el atochar y en el valle el albardinal


      La vegetación potencial es la misma que la vegetación de las calizas manchegas, un encinar, entonces en un ambiente forestal, la influencia del sustrato se minimiza debido a la cobertura arbórea, la alta presencia de materia orgánica en el suelo, el atemperamiento de los factores ambientales, etc. Aunque es típico el mosaico entre encinar, efedras, atochar y costra liquénica.

Formaciones vegetales en buen estado con encinar sobre yesos
Mosaico de costras, jabunales y encinar

      Pero es a partir de la degradación del encinar donde empieza a diferenciarse cada vez de manera más clara la vegetación gipsícola, ya la primera etapa sucesional, el coscojar, cambia notablemente, siendo el nivel arbustivo y subarbustivo, muy diferente al típico del encinar, aquí existe una menor riqueza arbustiva y además entran elementos especializados como puedan ser las efedras, y a partir de ahí, ya cambia totalmente, entrando formaciones subarbustivas como puedan ser los pítanos (Vella pseudocytisus) y una serie de formaciones vegetales que incluso están perdiendo hasta sus nombres tradicionales.

Vegetación y seriación desde lo potencial a lo herbáceo para el centro ibérico. Abajo, catena topográfica de vegetación
Catenas de las ladera a valle con espartal y coscojar 
Abajo, ontinar (Artemisia herba-alba) y orzagal (Atriplex halimus) en yesos salobres

 Nombres en desuso cuando no olvidados de la vegetación del aljezar como: el atochar (Stipa tenacissima hoy Machrochloa tenacissima), en las térmicas áreas bajas el orzagal (Atripex halimus), en lo muy pastoreado o alterado, el calaminar (Salsola vermiculata) llamado en Madrid Tarrico, el jabunal (Gypsophila struthium), el ontinar (Artemisia herba-alba), el almorchinal (Schoenus nigricans), el albardinal (Lygeum spartum), el harmagal (Peganum harmala), el fenalar donde hay humedad edáfica (Brachypodium phoenicoides), el lastonar (Stipa parviflora, S. offneri, S. lagascae, S. pennata, Elymus spp.), el juncal salobre (Juncus subulatus, J. gerardi, J. maritimus, J. acutus, etc.), el almajal (Suaeda vera) o el sapinar (Arthrocnemum macrostachyum), aunque estas tres últimas formaciones y especies, en suelos de impronta más salina que yesífera. Aparte de los chucarrales (Ononis spp.) y pitanares (Vella pseudocytisus).

Centaurea hyssopifolia, un genuino gipsófito, como Helianthemum squamatum (izq.). Asu derecha, más llamativo Helianthemum syriacum
al igual que el abajo florido Lepidium subulatum
Abajo,mezclaso el almorchín y el albardín (de brillantes espatas blancas)

  Respecto a esos apenas perceptibles límites entre lo gipsícola y lo salino, pues todos los suelos yesíferos tienen un cierto porcentaje de sales (halita, anhidrita, thenardita, mirabilita, etc.), que reflejan sus cambios claros en la vegetación que los coloniza, fue Emilio Huguet del Villar el primero en establecer un límite entre ellos, diferenciando consecuentemente la vegetación entre los umbrales para los cloruros de: 0,03 % de cloruros (medidas en NaCI) como límite inferior del calificativo de sub-salino para los suelos, con una vegetación estrictamente gipsícola; por encima, aparecería una vegetación yesífero-salobre, hasta el 0,3 %, límite inferior de los suelos salinos, a partir del cual ya contaríamos con una vegetación ya verdaderamente halófila.

Una vegetación halo-gipsícola, nebulosa floral formada por Centaurium quadrifolium (rosa), Limonium dichotomum (azulada) y Gypsophila tomentosa (blanca)
Indicadores del albardinal salobre, Senecio auricula y Lepidium cardamines. Abajo almajal rodeado de calaminar

Sobre los yesos viven diferentes comunidades vegetales, desde una potencial y lejana vegetación forestal, la del encinar manchego, pasando por el coscojar con efedras, el tomillar gipsícola con jabunas, lepidios y centáureas, el espartal, los ontinares, las comunidades de terófitos, hasta llegar a un mínimo de vegetación vivaz con la zamarrilla de los yesos (Teucrium pumilum, acompañado de Herniaria fruticosa) en un suelo prácticamente desnudo.

Campanula fastigiata
Nepeta hispanica
Iberis saxatilis subsp. cinerea

 Esa “aparente” blanca desnudez, no es tal, no es suelo rocoso de yesos cristalinos o sacaroideos, aunque algo asome, realmente ese suelo "pétreo" es una mezcla heterogénea de líquenes crustáceos terrígenos que ven en este medio, poco vegetado, una oportunidad para prosperar con verdadero éxito. La costra liquénica ocupa los claros de tomillares y espartales, a parte de las laderas más inclinadas y las áreas más expuestas al viento y la insolación. En temporadas húmedas parece que la destrozas porque te vas hundiendo un poco en ella y es fácilmente erosionable, es su momento más delicado y una sola moto trotando por estas laderas, puede hacer un daño irreparable por años. Cuando está seca, resuena como hueca al golperla, tal es la unión de los líquenes con la capa superior del suelo que viene a ser como una manta cerrada sobre el terreno.

Aspecto costra liquénica de los yesos
Líquenes amarillos (Fulgensia spp.), rojizos (Psora spp.) y blancos (Diploschistes spp.)
Emblemáticos de la costra yesífera madrileña Teucrium pumilum y Herniaria fruticosa

  La costra liquénica ocupa los claros de tomillares y espartales, a parte de las laderas más inclinadas y las áreas más expuestas al viento y la insolación. En temporadas húmedas parece que la destrozas porque te vas hundiendo un poco en ella y es muy fácilmente erosionable, es su momento más delicado y una sola moto trotando por estas laderas, puede hacer un daño irreparable durante años. Cuando está seca, resuena como hueca al golperla, tal es la unión de los líquenes con la capa superior del suelo que viene a ser como una manta cerrada sobre el terreno.

Costra de yesos sin líquenes entre el atochar
Sedum gypsicola y abajo, Teucrium pumilum

Se trata de la colonización biótica a uno de los medios ecológicos inhóspitos y áridos, teniendo los seres vivos que desarrollar los mecanismos más complejos, especializados y adaptados a la adversidad de la naturaleza española. Se trata de la costra liquénica de los yesos, una comunidad compuesta mayoritariamente por líquenes, con algunos musgos y algunas especies vasculares superiores, principalmente anuales y algunas escasas plantas vivaces (Herniaria fruticosa, Teucrium pumilum, el tomillo de Aranjuez, Thymus lacaita, Launaea fragilis y poco más).

Launaea fragilis y el endemismo madrileño-manchego Reseda suffruticosa

La procedencia de gran parte de esta vegetación es la de regiones de climas más duros, xéricos y continentales del interior de Asia occidental, la región Irano-Turaniana, aquí potenciado por las duras condiciones edáficas de yesos y sales.En tiempos Messinenses con un Mediterráneo reducido a su mínima expresión o a través del norte de África por el sur o, en menor medida por la norteña ruta sarmática, esta vegetación llegó a la península y se fue adaptando y separándose genéticamente de esa flora asiática continental. No sólo plantas como la ontina Artemisia herba-alba, el esparto Macrochloa tenacissima, las efedras, las jabunas Gypsophila spp., el sisallo o calamino Salsola vermiculata, el albardín Lygeum spartum, Stipa pennata, etc., sino también una pléyada de líquenes como Fulgensia desertorum, Diploschistes steppicus, Psora saviczii, Buellia zoharyi, etc.

Contraluz con la atocha (Macrochloa tenacissima), abajo efedras y carraspiques


 También ha llevado a que muchos de estos paisajes hayan sido considerados como esteparios, creando una larga controversia científica, hasta que de nuevo, Huguet del Villar sentenciara que, salvo en contados suelos (como éstos pero degradados), podía hablarse de estepas, pero que casi todo era fruto de la alteración humana de antiguos terrenos de vocación claramente forestal. Pero en estos suelos yesíferos es habitual ver grandes extensiones de espartales, albardinales, almorchinales, lastonares, que nos remiten a secas estepas graminoides o a estepas arbustivas en el caso de jabunales, ontinares, etc., o incluso a estepas salinas.

Estepa de albardinales manchegos, abajo id. pero más salinos
Abajo, estepa arcillosa pero resultado de la deforestación, Vallecas

 Los paisajes del aljezar no tienen parangón en ninguna otra litología ibérica, no solo el paisaje, su riqueza biológica es tremenda, a parte de la enorme y especial riqueza botánica, prácticamente, cada planta que hace vegetación, también tiene un insecto propio de ella, lo que ocurre con las efedras, las lavateras, lo limonios y así un largo etcétera que daría para otra entrada. Estos no son "secarrales" sin valor.

Plantas (Reseda suffruticosa) como fantasmas sobre el yesar
Joyas botánicas ¿  todavía por describir  ?

     Dentro de las manipulables mentalidades actuales, ocurre que no valoramos las cosas tan especiales y propias que tenemos, que están en los genes que nos han transmitido generaciones de habitantes de estos territorios, de nuestros ancestros que prosperaron y vivieron, haciendo pleitas de esparto, pastoreando el aljezar, cavando en el blando yeso para hacerse la cueva para vivir o para el ganado, y ahora, con un imaginario de la naturaleza salvaje, tra-vestida de bosques y montañas nevadas, en un concepto claramente alpino-europeo, estos paisajes tan nuestros no parecen llegar a llamar la atención de la gente, siendo, muy a menudo, los campos que tenemos más a mano. 


      El aljezar es muy agradecido, incluso en pleno verano, las plantas aparecen verdes y lustrosas, como si para ellas fuese fácil soportar esos calores y esa aridez. El aljezar es bello, disfrutable y lleno de una vida que hay que saber apreciar y valorar, no en vano es un ecosistema prioritario dentro de los hábitats de interés comunitario. No hace falta que nos lo digan desde Europa, este es uno de los escasos territorios que, a muchos de nosotros, nos queda por descubrir y sin duda, vamos a disfrutar con ello.


    Referencias bibliográficas de interés: Maurice Willkomm “Los ambientes costeros y las estepas continentales de la Península Ibérica y su vegetación. 1852”; Eduardo Reyes Prosper  “Las estepas de España y su Vegetación”. 1915; Jesús Izco Toledano “Madrid Verde. 1984”; Juan Mota et. al. “Diversidad Vegetal de las Yeseras Ibéricas”. 2011, y Javier Grijalvo Cervantes“ Vegetación de Madrid”. 2023.



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