viernes, 15 de julio de 2011

Nenúfares



         Tras varias salidas a ver saladares y cardales a horas caniculares, el cuerpo me pide agua y verde. No se me ha ocurrido mejor manera de saturarme de agua y verde que darme un baño de nenúfares. En estas tierras manchegas, los nenúfares, el blanco (Nymphaea alba) y el amarillo (Nuphar luteum), vienen a ser tan raros como un unicornio, dado el estado general de todos sus ríos. El nombre que le dan aquí no puede ser más claro, "coberteras" por como cubren el agua y es (era) la vegetación que define (definía) a una "tabla", es decir a las largas y tranquilas pozas que quedan en verano, sin apenas movimiento apreciable del agua.




         El nenúfar era un elemento característicos de la Laguna de las Islas, hoy llamada  Tablas de Daimiel, pero con la larga agonía del Guadiana renacido tras los Ojos, desaparecieron, al igual que también desapareció el junco florido (Butomus umbellatus) y algo más recientemente la orquídea palustre (Orchis palustris). Claro que los nenúfares han desaparecido como han desaparecido los ríos manchegos, pero aún quedan áreas donde prosperan como el río Bullaque y el que debería ser Parque Nacional del Guadiana, del que iré hablando en sucesivas entradas.




         Para hacer estas fotos tuve que meterme en medio del agua, al principio el agua me llegó por encima del bañador y luego algo más arriba. Una sensación rara esa de los tallos, frutos y peces entre las rodillas. Entre foto y foto oí un gran estruendo, según avanzaba por el agua, un animal se lanzó de encima de las coberteras al agua, todavía tengo la duda si sería un galápago o  una nutria.




         Otro día hablaré del otro nenufar, el amarillo (Nuphar luteum, algo menos escandaloso que el blanco pero hermosísimo y también al borde de la desaparición. Quizás la foto de arriba es engañosa, da demasiado optimismo, pero he visto desaparecer la mitad de los nenúfares de Bullaque de una apertura de compuertas aguas arriba en el pantano de la Torre de Abraham, supuestamente para alimentar el caudal ecológico veraniego, cuando el caudal ecológico varía con cada río y en verano ese caudal es mínimo. Si le das al río más agua de la que debe es peligroso, a la vegetación le es más fácil asumir una sequía que una avenida veraniega. Para una vez que piensan en la ecología... en fín.

          Los nenúfares eran también superabundantes en la Tabla de la Hiedra en Piedrabuena pero la zona se está convirtiendo en la mayor concentración de segunda residencia manchega, al estilo de las Lagunas de Ruidera, un paraíso medio perdido por ésto.




         En fin, el tema del agua es demasiado serio como para dejarlo "fluir" libremente. Como decía Machado, "los ríos son el alma del paisaje", pero nos estamos convirtiendo, poco a poco, en unos desalmados. Los ríos son esencia y movimiento, deben llegar al mar y en buen estado, a pesar de lo que    diga tanto sabio de huerta, que eso es tirar el agua o desaprovecharla.
         Los nenúfares, a parte de una planta poco común, son un símbolo de la limpieza y buen funcionamiento de todo el ecosistema fluvial. Su presencia en un río es como una bandera azul en una playa. Esperemos que no corra la misma suerte que han corrido otras especies escandalosamente bellas de nuestra flora.




         Uno de los mayores daños que estamos infligiendo a nuestros ríos es el permitir, aunque es ilegal, el pastoreo de ganado vacuno suelto en el Dominio Público Hidráulico, la banalización, la pérdida de diversidad vegetal, lenta pero inexorable, está convirtiendo poco a poco paisajes idílicos en cardales. Dedicaré una entrada excclusiva a este tema dada su gravedad y la poca importancia que se le concede. Al ser un problema tan pequeño, tan difuso, nadie le da la importancia que merece pero que está transformando y acabando con nuestros mejores paisajes ribereños poquito a poco.

Salud y campo

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