sábado, 22 de diciembre de 2012

Los Ojos del Guadiana entreabiertos


            El acuífero 23 que es quien debería alimentar el nacimiento del río Guadiana en los Ojos, va asomándose lenta y esporádicamente a la superficie aunque las lluvias se hayan tomado un respiro este mes de diciembre. El sustrato calcáreo de la llanura manchega filtra muy lentamente el agua de las lluvias hasta que va llegando poco a poco hasta esas bodegas subterráneas, al contrario que sus bordes sur y occidental que apenas filtran el agua y la vierten rápidamente a los arroyos, ríos y pantanos. Pero este acuífero no es simple, pues la existencia de mantos acuíferos locales, como el aluvial del Guadiana, la conexión con el vecino Acuífero 24 del Campo de Montiel y también la conexión con el Guadiana que desaparece tras el canal del Prior aguas abajo de Peñarroya en su salida de Ruidera, no están por entero bien conocidas.

Llanura inicial de los Ojos del Guadiana con una triste vegetación nitrófila y troceados bloques blancos de turba (fueron negros)

              Hablo de los Ojos entreabiertos, porque no está nada claro, como nada en estos tiempos, ni su presente ni su futuro. El presente es esperanzador, pues el nivel de las aguas subterráneas sube, despacio, pero sube, incluso están apareciendo algunos ojos, como los surgidos hasta ahora, probablemente temporales, en el tramo entre los Ojos y Las Tablas, y a poco que la meteorología no falle, hay posibilidades de volver a asistir al espectacular nacimiento del Guadiana, algo de lo que me despedí hace años.

Superficie recién arada en la llanura de inundación inicial de los Ojos del Guadiana

            El futuro no pinta nada bien, primero con la amenaza del cambio climático, cuyos aciagos pronósticos se están cumpliendo claramente en cuanto a temperaturas, aunque a nivel de precipitaciones, todavía no. Por si esto fuera poco, se acaba de aprobar el Plan Hidrológico de la Cuenca del Guadiana, en la que se ha impuesto el criterio agrario, con legalizaciones de pozos, ampliación de regadíos y ningún plan claro para la recuperación hídrica, aunque por otros lados se prevé una compra de fincas para ampliar las Tablas de Daimiel. Espacio que lamentablemente sigue sin tener un Plan de Regulación de Usos y Gestión (P.R.U.G.) que es la herramienta de manejo de todo parque.
            El domingo 17 de diciembre asistí a un magnífico acto músico-poético-reivindicativo, en el molino de Molemocho, a las puertas del Parque, para llamar la atención sobre la nefasta ausencia de este P.R.U.G. y llamar la atención sobre los problemas del Parque. El principal, su auténtica razón de ser, el del flujo natural de las aguas superficiales.

La coral Molto Vivace cantando delante del molino de Molemocho

Esta actividad fue convocada por el colectivo “Salvemos la Tablas Ya” y contó con la colaboración de afamados poetas venidos de muchos lugares de nuestra geografía, y una buena actuación musical a cargo de la coral Molto Vivace  y el grupo Sunny María; fue emotivo oir esas melodías, de letras bellas y comprometidas, solapándose con el trompeteo de las grullas sonando de fondo. Posteriormente (esto ya me lo perdí yo), se inició un recorrido con paradas para escuchar los versos de los poetas sonando en medio del paisaje, de las nubes y el viento que esa mañana pugnaban con las voces por ser protagonistas.

El grupo Sunny María

            Desde las lluvias de hace dos años, todo el mundo ha estado muy pendiente de los niveles que alcanzaban las aguas subterráneas de la Mancha occidental, es decir, el famoso Acuífero 23, por las ganas que todos tenemos de ver los Ojos del Guadiana vivos. Tantas son esas ganas que a cualquier atisbo de nuevos manantiales, la prensa salta como un resorte con el titular “Los Ojos del Guadiana vuelven a manar tras 30 años”.
            Pero no, aún no ha renacido el Guadiana, ese río juguetón y escondidizo que trajo de cabeza a geógrafos e hidrólogos. Han aparecido ojos en varios sitios, la mayoría efímeros, de los que alguno ha vuelto a ser tapado con remolques de piedras o pasadas de reja, aunque otros están rozando ya la permanencia. Alguno ha tenido que ver con vertidos-avenidas de la depuradora de Daimiel, otros con el desagüe de embolsamientos de aguas muy localizados y otros con reboses de acuíferos locales. Aunque el nivel general del acuífero no ha alcanzado la cota de “rebose”, se presupone un hundimiento generalizado que en algunas zonas puede superar los dos metros, lo que ha permitido al agua acceder a la superficie.


Vaguada seca desde los Ojos del Sordico hacia la motilla de Zuacorta

             El conjunto inicial de Ojos del Guadiana, los reales, los que daban origen a este río que, como estudiábamos en su día, “nace en las lagunas de Ruidera para desaparecer en el subsuelo manchego y volver a renacer en los Ojos del Guadiana en las cercanías de Daimiel”, se encuentra dando origen, en su extremo oriental, a una amplia y ramificada vaguada fluvial en las cercanías de la N-420, con la CR-P-2012. Estos ojos están secos como el ojo de un tuerto; pasear por allí es completamente desolador, cuando no están arados, sus suelos son un amasijo de canales de drenaje y azudes decrépitos, con áreas descarnadas por la extracción de turbas, sin una vegetación parecida a la natural, no hay un solo junco y apenas aparecen algunos carrizos incipientes. Parece increíble la numerosa presencia de fragmentos de almejas de río (Margaritiferas) en esos suelos desnudos.         


Conejo atrapado por un derrumbe dentro de su conejera en estos terrenos tan inestables

           En medio de estas maltrechas inmensidades aparece algún gran montículo en medio de la nada. Son los asentamientos de los primitivos moradores que sí supieron sacar partido a estas llanuras de inundación y sus manantiales. Son las “motillas” del bronce manchego, una singularidad arquitectónica y funcional ibérica única en Europa. Esos antiguos Oretanos que tuvieron que vérselas con los cartagineses primero y con los romanos después, vivían en un entorno que les daba todo lo que necesitaban y además les defendía. Me pierdo intentando imaginar el paisaje, la fauna y la vegetación que verían desde lo alto de los muros circulares y concéntricos de sus motillas.

La motilla de Zuacorta en medio de un paisaje desolado de malvecinos, en lo que en su plenitud debió ser un paraíso

             De toda la Mancha es aquí donde las motillas, una excentricidad constructiva cargada de sentido y funcionalidad, son más abundantes, la mayoría están sin investigar y muchas mutiladas. La de Zuacorta, tiene un corte casi diametral, a través del que se puede ver las distintas litologías de su mampostería, restos cerámicos y carbones; la de la Máquina tiene todo su perímetro recortado por la pala de un tractor que impunemente destrozó la base de la construcción en busca de algún tesoro. Afortunadamente la motilla de Azuer, próxima a su museización, ha corrido mejor suerte y no para de sorprender a los investigadores.

La motilla de la Máquina brutalmente escavada por su base

              Yendo hacia los Ojos del Guadiana iniciales, atravieso canales de drenaje llenos de malvecinos (Salsola kali, la planta rodadora de las películas del oeste). Por allí veo un tractor faenando, parece que la reja continuada ha acabado con la variada y caótica micro-topografía de esta parte de la llanura de inundación. En la otra orilla veo un muro muy agrietado, lo corono y veo que es artificial pero muy antiguo, posteriormente, leyendo el libro de Óscar Jerez, veo que se trata de un azud romano, posiblemente la primera gran modificación paisajística tras las motillas.

Un azud de origen romano ya muy desmoronado y agrietado, remansaba agua de unos ojos iniciales hoy secos

            Otra tarde me acerco al molino de Griñón, entre la zona anterior, la de los secos Ojos iniciales y las Tablas, remontando lo que parece un Guadiana en buen estado, con bastante agua en tablas con penínsulas e isletas. Según voy avanzando no paro de levantar bandos de patos, garzas, etc. Las orillas son de carrizal ajustado entre el agua y los cultivos, y en las orillas sin pendiente se acumulan miles de plantones de taray. Más adelante las orillas se vuelven sumamente sinuosas, tanto que son una concatenación de mordiscos circulares solapados sobre los campos de cultivo, se trata de amplios hundimientos perfectamente circulares.


Hundimientos circulares o posibles ojos temporales?

      Hacia la finca de la Peñuela se meten varios entrantes que denotan hundimientos someros pero de gran extensión superficial, como canales desde los pies de la casa de la finca hacia el centro del cauce, aquí fue donde al inicio de la pasada primavera surgieron ojos que vertían hacia el antiguo cauce del Guadiana.
            Sigo un canal que sale del Guadiana y acaba en medio del sembrado en una depresión con forma de embudo, se trata de lo que debió ser un ojo. Claramente le han tirado un par de tractores de piedras encima, lo da por hecho que sí que lo es. Veo que salen bastantes líneas de burbujas de su fondo, duran un rato y luego prosiguen en otro sitio, o se juntan varias columnas de burbujas en un baile achampañado que me hace comprender que se encuentra en pleno funcionamiento soltando agua. No es una gran corriente, pero tiene buen caudal. Es uno de los nuevos Ojos del Guadiana.

El agua burbujeante indica la surgencia de aguas del subsuelo

          Más adelante el agua va desapareciendo en encharcamientos venidos a menos desde hace poco. Veo el molino y puente de la Máquina, bajo el que no corre el agua, pero el lecho artificial del río aguas arriba, tiene una línea de agua más o menos contínua. Voy para allá, pero de camino intento cruzar por una zona algo embarrada que luego continua en lámina de agua hacia el río, casi no me lo puedo creer me voy hundiendo sin tocar fondo, es de lo más parecidas a arenas movedizas que he visto.  


Un ojo del Guadiana en pleno funcionamiento a pesar de las piedras vertidas en su embudo

           Sigo por un camino río arriba por el margen derecho, llego a una curva del río donde hace dos años un brazo de río se hundía en unos ojos reconvertidos a sumideros, ahora lo veo muy cambiado, tienen agua, les falta bastante para rebosar, pero tienen agua, supongo que al mismo nivel que la del escaso cauce.
            Estoy delante de la llanura de inundación que en 2010 había sido anegada temporalmente por la gran avenida del Azuer que dejó una línea roja, (por la cantidad de arcilla en suspensión), del nivel que alcanzó y lleno de todo de basura tras haber limpiado su estrecho cauce, sobre todo cientos de recipientes de plástico. Esa llanura llena de socavones circulares, aparece ahora muy trabajada por tractores para alisarla en lo posible, sin llegar a conseguirlo y salvando algún que otro buen boquete.


A base de pasadas de tractor van desapareciendo los socavones y las irregularidades de la zona inundable

            En los chopos al pie de unas casillas derruídas, veo otros ojos-sumideros llenos de agua  con verdín, este nivel también podría corresponder, como en los otros ojos de antes, al nivel actual del cauce del río que aquí se encuentra a más de cien metros.
            Los Ojos del Guadiana están entreabiertos, tenemos una ocasión de oro para verlos manar como lo hacían hasta principios de los ochenta, y si de verdad queremos ser sostenibles, ese debería ser el nivel de referencia. El consumo de agua en la Mancha se debería hacer coincidir con ese nivel, su bajada debería hacer saltar las alarmas de la sequía o del sobre-consumo. Nos jugamos la calidad de los productos agrícolas manchegos, ahora casi identificados con el monocultivo vinícola de viñas en espaldera y  regadas.

En noviembre ha surgido agua de estos Ojos, aunque no llega a la "madre" del Guadiana. (comparar con la foto siguiente)

             Los peligros de bajar de estos niveles, de olvidarnos de “un problema sin importancia” son enormes. La concentración de sustancias químicas nocivas en el fondo del acuífero va en proporción al aumento del consumo de agua. También se pone, por esto mismo, en peligro el agua para consumo humano que toda lógica indica que debe ser fruto de aguas subterráneas y no de trasvases ajenos. También, aunque me pueda pasar de alarmista, no hay que perder de vista lo ocurrido en Lorca, donde el brutal descenso de sus acuíferos la hizo ser el área de Europa que más se está hundiendo, lo que motivó el pasado terremoto.

El mismo lugar en 2010 actuó como sumidero tras la riada del Azuer que tiñó de rojo todo lo que inundó

            La Mancha no es una región tan activa tectónicamente, pero el subsuelo no hace sino responder al juego de fuerzas que sobre él se ejercen, y vistas las grandes subsidencias, hundimientos y socavones en estas llanuras de inundación, esa posibilidad no es tan remota.
           Este es el momento de recuperar los ojos del Guadiana, si dejamos pasar esta oportunidad es absurdo pensar en mantener o ampliar las Tablas de Daimiel. Este ecosistema está íntimamente ligado a la salud de unas aguas superficiales genuinas, para aguas  trasvasadas, podemos poner un bebedero para patos donde mejor nos parezca, sin que nadie se aproveche de las aguas que se filtran y que tanto echarán de menos en los ríos en mal estado de la cuenca donante.

P.D./ el libro de Óscar Jerez es "La Reserva de la Biosfera de La Mancha Húmeda y la Cuenca Alta del Guadiana"

ACTUALIZACIÓN: Con el invierno tan lluvioso del 2012-13, los ojuelos de los fotos han manado como para crear arroyos que van reuniendo un Guadiana casi en forma. El nivel del acuífero va remontando, los nacederos (Ojos) con corriente se suceden a partir de Zuacorta, y por encima, es decir, cerca de los Ojos iniciales están empezando a aparecer "ojuelos". Está manando agua en la extinta laguna de la Albuera. En Daimiel existe un refrán que reza: "Agua en la Albuera, al poco en los Ojos". Todo apunta a que existe la posibilidad de volver a ver a los Ojos del Guadiana dando vida con sus lágrimas a buena parte de estas tierras.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Llanuras de Inundación


Llanura de inundación en sus mejores momentos cerca del puente de Alarcos

              Existe hoy en día una forma de la geomorfología fluvial prácticamente extinguida en la península ibérica. Hay geoformas como las terrazas fluviales, los meandros, los estuarios, etc., pero prácticamente nadie, a pesar de lo explícito del nombre, tiene una noción exacta de lo que es una “llanura de inundación” o "tabla fluvial". Se tiene más clara la idea de lecho mayor de un río, el canal ocupado en las grandes avenidas de agua; pero en una región llana, como puede ser la manchega, el lecho mayor es de difícil delimitación y ocupa grandes extensiones.

La presencia del lirio Iris spuria confirma el buen estado de conservación de esta llanura de inundación del Guadiana

    Los agricultores de siempre respetaron ese ambiguo margen, por el riesgo a perder la cosecha por inundación, por su escasa productividad, al tratarse de suelos medio salinos, y por estar expuestos a la fauna de los vecinos terrenos ribereños. Al mismo tiempo estos espacios servían de alimento a los rebaños, incluso como agostaderos cuando el resto de las rastrojeras estaban yermas en verano; aparte de ser buenos lugares para la caza y la pesca.


Espantavacas para evitar que el ganado se acerque a un profundo "ojo" en Santa María de Guadiana

     Toda una gama de oficios sacaban partido a estas extensas áreas naturales: cazadores, pastores, pescadores, cangrejeros, artesanos de la enea, el esparto y el albardín o esparto fino, etcétera que, junto con el comercio de sus productos y pertrechos, creaba una tupida red comercial sobre estos espacios "improductivos".


               Una llanura de inundación casi siempre tiene un curso de agua meandriforme, (lleno de curvas y recurvas debido a su casi nula pendiente), lagunillas, canales o meandros abandonados y, a veces, algunos nacederos u “ojos”. Su vegetación oscila entre la dulceacuícola y la salina (halófila) de sus bordes externos. Variando las especies en función de la cercanía al agua y/o de la salinidad. En el caso de haber orillas claras, por aumentar el desnivel topográfico, se asentaría un bosque ribereño de tarays, olmos o álamos.

Guadiana en Campomojado, a pesar de los drenajes muestra una buena vegetación

            La Mancha es básicamente una gran región agraria, a principios del siglo XX no se diferenciaba mucho de la vecina Extremadura, con sus amplias dehesas y pastizales, aunque con la trilogía leñosa mediterránea, (olivo-vid-almendro) bien asentada. Tras la terrible plaga de la filoxera que hundió la vida económica basada en la vid de muchas áreas agrícolas marginales, la Mancha se comenzó a llenar masivamente de viñedos para abastecer de vino a Madrid, fue el comienzo de la intensificación agraria que luego seguiría con el melón, la ampliación de los cultivos de cereales y a partir de los 70’, la expansión brutal del regadío, con la cebolla, remolacha, maíz y el riego de productos tradicionalmente de secano como los cereales y la vid.

El regadío mediante pivots, un auténtico azote para los acuíferos

            A partir de ahí, el desastre ecológico, a grandes rasgos, lo conocemos todos, incluso una vez, en un encuentro con geógrafos ingleses me hablaron de “daimielization”, tras unos segundos de duda por el “palabro” y sorprendidos de que yo, un español, me sorprendiera, me explicaron que se estudiaba en la universidad como el término usado para referirse, como caso paradigmático (de Daimiel), a lo que nunca se debería hacer en el aprovechamiento de un recurso natural como es el agua.

Últimos charcos del surco de un Guadiana destrozado

   Ya a principios de los 60’ se impuso una política de eliminación de zonas húmedas por considerarlas malsanas, convirtiendo los escasos ríos en canalillos, drenando lagunas y áreas inundables. El Guadiana renacido en los Ojos, se convirtió en una enorme zanja que cortaba los campos hasta el pantano de El Vicario en las cercanías de Ciudad Real (40 km), y muchas grandes y famosas lagunas desaparecieron. Leer la descripción de la Laguna de Las Islas, luego Tablas de Daimiel, y de las grandes lagunas manchegas hacia 1920 de D. Reyes Prósper y otros viajeros, suena hoy a historia-ficción, de un idílico mundo natural hoy perdido.

La descripción de D. Reyes Prósper de muchas lagunas es la idílicos paraísos perdidos. (Mapa  I.G.N. de 1953)

    Todo cambió a comienzos de los 70’ cuando comenzó a abusarse del acuífero del que hasta entonces solo se extraía agua con norias desde pequeños pozos. Recuerdo de pequeño, entonces una portada del ABC declarando que bajo la llanura manchega se encontraba el mayor “embalse” de Europa. Al poco se inició la carrera por el agua, por perforar más profundo y los “pivots”. Un agricultor dejaba sin agua al vecino, y así hasta que las grandes fincas dejaban a los demás sin agua al perforar mucho más hondo. Hacer nuevos pozos era ilegal, pero cuando todos lo hacían y no pasaba nada, era quedar como un tonto y dejar de ganar un buen dinero, si tu no lo hacías también.

Tramo con alguna vegetación del profundo canal de drenaje en la llanura de inundación del Guadiana

     Se creó el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, se deshizo por allí el canal del Guadiana y se retuvo someramente el agua con un dique. Se reconocía finalmente el enorme valor de una de las mejores llanuras de inundación de Europa, por su tamaño, por su solera, por su avifauna y por coincidir dos corrientes de aguas distintas, unas limpias y dulces (Guadiana recién brotado y río  Azuer) y otras salobres (Cigüela). Pero la ceguera fue total al no considerar ese tipo de ecosistema en su conjunto, se protegieron los patos y los peces, pero luego no tenían agua para vivir. El catálogo de especies extintas, al menos en lo vegetal, es para llorar pues varias de ellas contaban allí con su única población española.


            
        Los Ojos del Guadiana dejaron de manar y su llanura de inundación, también salpicada de otros muchos “ojos”, comenzó a secarse en superficie y también por dentro. Tras el drenaje del Guadiana recién nacido hasta las Tablas de Daimiel, las tierras fueron ocupadas y cultivadas por las fincas vecinas o por "despavilados", hasta que, contra toda lógica, un juez extremeño dictaminó que el Guadiana no existía y que por lo tanto, eran tierras legalmente ocupables. Posteriormente instancias superiores declararon nula esa sentencia al tratarse del Dominio Público de la ribera del Guadiana, pero su aplicación efectiva se ha ido dilatando por la cara dura de los ocupantes y la pasividad de la Administración.

El mundo al revés, antiguos ojos o manantiales ejerciendo de sumideros y el Guadiana circulando río arriba, hacia el este

    Es difícil de concebir, pues siempre he entendido las turberas en lugares de clima frío, pero estos terrenos manchegos se asentaban sobre una masa de turba formada durante milenios al irse acumulando más materia orgánica de la que era descompuesta cada año. Esa turba se secó totalmente al quedar muy descolgada de los niveles freáticos, con los que contactaba, y tampoco recibir aportes superficiales. Al quedar tan secos, en los suelos surgieron grietas y la turba (un humilde tipo de carbón) empezó a arder por zonas, a veces por fuego de alguna quema de rastrojos y otras por autocombustión.


Turba ardiendo bajo el subsuelo de los sembrados

    Hace años, viajando por esos campos de madrugada, era fácil observar como de la tierra, de los sembrados surgían fumarolas, pequeñas nubes de vapores que se deshacían tres o cuatro metros por encima del suelo. Luego al aumentar la temperatura ambiente, esos humos dejaban de ser visibles.


Paisaje de fumarolas por la combustión interna de la turba a primeras horas del día

La tierra ha estado ardiendo durante años, aunque un episodio menor, fue el más mediático, el del incendio dentro de los límites de las Tablas de Daimiel en septiembre de 2009, allí viendo también las burradas que se hacían para intentar acabar con el fuego, dí por  perdido el Parque y una gran parte de esa antigua naturaleza manchega, el final de una era ecológica, la de la Mancha Húmeda.

La carga arrastrada por el río está a punto de romper un antiguo puente románico en Corral de Calatrava

    Todas las llanuras de inundación, salvo algunas zonas lagunares del Cigüela (santo desvestido –llanura de inundación canalizada-, para intentar vestir a otro santo, o sea transportar agua  rápidamente a las Tablas de Daimiel) y la de El Vicario-Alarcos, entraron en combustión y se volvieron peligrosas. Empezó a haber accidentes por rotura del terreno, derrumbes y socavones de distintos tamaños, hundimientos de tractores e incluso de personas, entre las que me cuento.
       

       Un día al acercarme a una conejera de la que salía humo, hundí mi pierna derecha hasta poco más de la rodilla, encontré rápido apoyo y la saqué inmediatamente. No me quedó ni un solo pelo en la pierna y la tenía roja y dolorida, afortunadamente solo se me hundió un segundo, no sé que hubiera pasado si me hundo más o tardo en salir. Hasta entonces lo más que me había pasado es que se hundiese un poco el terreno por donde pisaba, incluso una vez, me vi corriendo con la bicicleta al tiempo que abría tras de mí un gran surco continuo de terreno resquebrajado.


A la izquierda, el surco del artificial Guadiana y a la derecha un nuevo cauce tras la "resurrección" del río

    Ni siquiera los agricultores se atrevieron a cultivar en amplias zonas de estas antiguas vegas, en otras daban bastantes pasadas de tractor para apelmazar el terreno o para rellenar boquetes. La Confederación Hidrográfica sembró de carteles esos lugares alertando del peligro. Era tierra muerta, el terreno ya no valía ni para la naturaleza ni para la agricultura.

Al menos en 2010 las aguas del Guadiana corrían bajo el moderno puente del otrora paraíso de Flor de Ribera

   Recuerdo que mi gran amigo Pascual Durán, me comentaba el magnífico recuerdo sus años de juventud, de los días pasados en el molino de Flor de Ribera que hacía justo honor a su bello nombre, disfrutando de una paella con cangrejos recién pescados (de los autóctonos) a la sombra de los olmos, después de haberse dado unos buenos baños. El día que yo conocí Flor de Ribera, ni había río, ni agua, ni árboles, ni cangrejos, ni molino, ni nada que no fuesen ruinas y miseria, hasta la carretera y el puente estaban rotos y sus ruinas enfrentadas a otro más moderno, de feas columnas de hormigón. El desastre en un par de décadas había sido espectacular, pocos casos más flagrantes de desertización ha habido en España, y en pocos casos se le ha dado tan poca importancia, como tampoco se le dio en su día, a la desaparición de los olmos.

Socavones, grietas y hundimientos en el Guadiana. Ese chopo en el anterior episodio de lluvias del 1996-97 se hundió más de 6m., lo que vemos ahora (2010) ha crecido desde entonces

    Al límite se llegó en 2009, ese año con el nivel freático situado a más de treinta metros de profundidad, con su agua tan cargada que algunos cultivos se perdieron porque las sustancias disueltas en el agua de riego, precipitaban sobre las hojas matando las plantas. No hay estudios sobre la toxicidad de los productos regados con las aguas del “culo” del acuífero 23, pero podía haber significado el hundimiento de toda, de "toda" la agricultura manchega, la regada y la de secano. En otoño llegó  el incendio de turbas en Las Tablas, los camiones campeaban a sus anchas ensayando todo tipo de ñapas y remedios; un trasvase de 10 hm3 por el canal del defenestrado Cigüela, se quedó en menos de dos que no sirvieron para nada; las excavadoras rematando un ramal de la tubería manchega, para llevar agua al parque y desde Europa una comisión estaba a punto de descatalogar al Parque Nacional y la Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda.

Destrozo en plenas Tablas de Daimiel para meter la tubería de socorro del parque

     Por suerte, (aunque no sé yo si hubiera sido mejor llegar al desastre total, para renacer con la lección aprendida), nos vino Dios a ver y se abrieron los cielos como hacía catorce años que no lo hacía. Entró agua por el Cigüela y el Guadiana funcionó al revés, circulando desde las Tablas hacia los Ojos. El nivel del acuífero subió casi veinte metros. El campo manchego se llenó de lagunas, llanuras de inundación en funcionamiento y casi todos los ríos se salieron de sus estrechos canales; arroyos que hacía muchos años que no corrían, demostraron su fuerza. (ver la entrada: "El Sueño de las Aguas Desbordadas").

Nada más empezar el invierno de 2009-10 se abrieron los cielos

   Tras el momento álgido de la ruina de las llanuras de inundación se han abierto algunas esperanzas, a pesar de la política comunitaria de subvencionar la superficie y no la producción, que motivó que se cultivaran muchas superficies, aún sabiendo sobradamente que no eran rentables. En algunos lugares, como las juntas del Cigüela con el Riansares primero, con el Záncara después y llanuras de inundación más al este, las iniciales roturaciones y cultivos están siendo, en muchos casos, abandonadas debido a la salinidad, los socavones y los malos rendimientos. También las inundaciones del 1996-97 y del 2009-10 han contribuido al abandono y posterior re-naturalización de algunas llanuras de inundación. Siempre de forma espontánea, sin la intervención de ninguna autoridad bienintencionada, ni a través de una mínima Ordenación del Territorio. En otros casos, alguna sociedad de cazadores ha salvaguardado algunas lagunas dentro de las llanuras de inundación.

El Jabalón ocupa toda su llanura de inundación a la altura de La Puebla

   Mejor suerte ha corrido el río Guadiana a partir del embalse de El Vicario, (famoso por su abundante ornitofauna), conservándose una buena llanura de inundación que termina en el puente de Alarcos, quizás salvada por los usos ganaderos de las fincas vecinas que se aprovechan de estos grandes herbazales, aunque peor lo lleva (por los cultivos de Sedano) en Santa María,  al unirse con el arroyo del Raso que baja desde Picón.

Puente de Picón sobre el Guadiana en las "ex-tablas" de Santa María

    A partir de Alarcos y hasta Extremadura, el Guadiana es un claro candidato a Parque Nacional, de no ser por el desconocimiento generalizado que se tiene de esta región, mayormente en manos de grandes terratenientes que muchas veces tienen a bien o quedarse con la vega (aquí ya no sería estrictamente una llanura de inundación), o meter de vez en cuando los tractores para arar, sembrar y cosechar subvenciones de ella. Por supuesto que es ilegal, pero los años trascurridos, la inacción de la Confederación Hidrográfica del Guadiana y el silencio de los ayuntamientos afectados, hace que esto se tolere y consolide.

El Jabalón saliéndose de su estrecho canal en varios brazos cerca del Guadiana

    Esta región fluvial es de órdago, donde no han sido alterados, los sotos poseen un magnifico bosque mixto de fresnos y quejigos, y un estrato cuasi arbóreo de grandes arces, cornicabras y lentiscos. Aquí, por estos sotos y montes bien conservados, están presentes, y abundan, casi todos los animales ibéricos en peligro. Por eso, ante una naturaleza tan exuberante y cargada de vida, cuando se meten las máquinas a romper para sembrar en lo que es de todos, el destrozo es verdaderamente chirriante.


        Estampa del Parque Nacional del Guadiana en sus mejores tramos

         Con los buenos episodios de lluvias, pasados y presentes, las aguas vuelven a su ser y muestran sus escrituras a todo el mundo, Confederación Hidrográfica del Guadina incluída. Los cultivos en el lecho del río o en la llanura de inundación quedan anegados y perdidos, surcados de canales resucitados y con grandes acumulaciones de piedras y broza.

Tras las fuertes lluvias el agua, poco a poco, va anegando de nuevo unas resecas Tablas de Daimiel

   La posterior primavera mostró, aunque sin árboles, esos nuevos espacios recuperados para la naturaleza del río que, peticiones de ayudas económicas por la riada y sucesivas pasadas de tractor, hicieron que al otoño siguiente pareciera que nada había ocurrido. Lo una vez cultivado, lo volvía a estar y además con los propietarios solicitando a las autoridades, las canalizaciones oportunas, eufemísticamente llamadas “limpiezas de cauces”, para que no vuelva a repetirse la inundación.

El Guadiana va por la derecha, este nuevo canal y todo el cultivo es tierra usurpada al río

     Parece que ahora estamos ante un nuevo episodio de lluvias; las mismas áreas de siempre se vuelven a inundar, “como siempre”. Es una oportunidad para que los ríos y la naturaleza que les rodea, se recuperen y hagan saludables tantas riberas maltrechas. Una oportunidad para que las autoridades terminen definiendo, "demarcando" oportunamente el Dominio Público Hidráulico, atendiendo a razones “de cajón” y no a intereses de terratenientes y agricultores particulares.

Guadiana desdoblándose y trenzándose a la altura de Herrera

     En esta materia creo que el interés público general coincide plenamente con un interés ecológico, no por proteger la biodiversidad o por "verdes" modas , sino porque canalizar ríos significa trasladar el problema de una riada, corregido y aumentado, a los territorios de aguas abajo; que canalizar ríos significa que el agua pase, a toda velocidad, sin quedarse, sin filtrarse a los acuíferos, donde luego pondrían su agua a disposición del consumo humano, para beber o para regar, sin necesidad de costosos y polémicos trasvases que dejen a unas zonas sin agua para llevársela a otras.

El bosque recoge y recicla toda la carga orgánica de las riadas librando de atascos los puentes y evitando la colmatación de los grandes pantanos de aguas abajo

  Porque los pastores, cazadores, paseantes, etcétera, necesitamos terrenos incultos, cada día más escasos o inexistentes en amplias regiones y, también, porque como decía Machado, “los ríos son el alma del paisaje”. Recuperemos al menos una parte de nuestra alma dejando a los ríos recuperar sus caminos usurpados.

Un Guadiana desbordado en medio de un buen quejigar-fresneda

P.D./ En entradas posteriores mostraré como muchas de las llanuras de inundación manchegas se han ido salinizando desde que dejaron de funcionar como tales. Con su nueva dinámica y su vegetación salina asociada.

P.D./ Con los nuevos políticos manchegos, se ha deshechado el P.E.A.G. (Plan Especial Alto Guadiana), el mínimo pero básico acuerdo social para regular las extracciones del acuífero y avanzar hacia su recuperación. El tiempo que ha vivido ha funcionado, pero estamos en la tierra del "ansia viva" y ahora la idea es legalizar todos los pozos.  En una cortedad de miras total (no se piensa ni en el futuro ni en otros sectores), lo primero es la economía (pan para hoy) y luego, si sobra, el medio ambiente (hambre para mañana).
NOTA: Se acaba de aprobar el Plan Hidrológico del Guadiana que viene a darme la razón, se abre la puerta a nuevos regadíos y no contempla la recuperación de los acuíferos. Permitiendo sacar 80 Hm3 más y abriendo la puerta a trasvases a Murcia y a Las Tablas para "recuperarlas".

P.D./ El 10-12-2012 en Magisterio de Ciudad Real, Óscar Jerez presenta el libro "La Reserva de la Biosfera de la Mancha Húmeda" donde, entre otras cosas, se analizan los casos (con el antes y el después), de las mejores llanuras de inundación manchegas. Desde aquí un saludo y mi enhorabuena.



domingo, 11 de noviembre de 2012

Las lluvias apagan la sequía


            Ha vuelto un otoño lluvioso, como los de antaño; los dos últimos grandes episodios lluviosos, (1996-97 y 2009-10) tuvieron lugar al final del otoño y principios del invierno. Pero antes, las lluvias de toda la región central ibérica, salvo el Sistema Ibérico que es uno de los pocos lugares de España con la precipitación más regularmente repartida a lo largo de las estaciones, tenía dos épocas álgidas, una principal a mediados del otoño y la otra a mediados de primavera. Desde los años setenta parece que esa pauta ha ido mudando, retrasando esos máximos cerca de un mes y aumentando la irregularidad de las lluvias.

Antes de acabar septiembre el cielo se llenó de nubes preñadas

            Por fin llegaron las lluvias, más  vale tarde que nunca, pero llegaron, volviendo a hacer verdadero el refrán de septiembre, “o seca las fuentes o se lleva las puentes”; y este año se ha cumplido pero en ambos extremos, pues empezó secando fuentes, lagunas, ríos e incluso muchas encinas y, desgraciadamente, atizando importantes incendios forestales. Septiembre acabó con una semana de más de ochenta litros de lluvia y temperaturas que corrigieron una media mensual que se inclinaba hacia África.


            No ha sido este duro verano quien ha secado esas encinas, sino todo el año hidrológico previo y algunos meses más, pues desde mayo de 2011, solamente han levantado cabeza los meses de noviembre de 2011 y abril de 2012, todos los demás han estado muy por debajo de sus medias de precipitación salvo, como es lo normal, el seco verano.

Un alto porcentaje de encinas, en laderas pedregosas, no han resistido esta última sequía

La media de lluvia anual en Ciudad Real, y por extensión de toda la meseta sur, está en el entorno de los 425 litros por metro cuadrado, más húmedo en sus bordes extremeños y mas seco hacia oriente, hasta que la influencia del Sistema Ibérico o las Subbéticas incrementan la precipitación. Este año hidrológico (2011-2012) se iba a ver mermado en un 35% de no ser por los últimos días de septiembre en los que cayeron más de 80mm., (más de 60 en un solo día); situando dicho déficit en solo algo más de un 20% en Ciudad Real. Otras áreas cercanas como la Cuenca de Madrid han quedado cerca de la mitad de lo habitual (vegas del Tajo y Jarama en torno a los 200mm.).


En abril, Santiago Sardinero de la Universidad de CLM en Toledo, nos mostró las labores  de restauración botánica que llevan a cabo en unas antiguas canteras de cemento en Yepes, en el extremo noroccidental de la Mesa de Ocaña. A pesar del ingente trabajo de su equipo, el éxito de las plantaciones se vio muy perjudicado por la sequía y sus efectos colaterales en forma de arrase por parte de los conejos. Solamente las plantas más duras y vulnerantes han tenido algún éxito (aliagas, tomillos, efedras, etc.). El destrozo ha sido grande y nos contaba lo difícil que era explicar y mostrar todo eso a la empresa (Lafarge) que pone el dinero para dicha restauración.

Examinando especies en la restauración de las canteras de Yepes

A pesar de todo y gracias a la dedicación y trabajo extra de ese equipo, el paisaje se va naturalizando estableciéndose gradualmente, una vegetación más parecida a la de las áreas poco alteradas del entorno. Santiago nos mostró también que las especies arbóreas y arbustivas con la sequía, no solo crecen poco, sino que pueden retroceder, ir secando ramas desde sus extremos hacia dentro, llegando incluso a secarse. Nos mostró claros ejemplos en el terreno, como coscojas que habían retrocedido más de un palmo, espinos negros que apenas tenían hojas e iban secando puntas o ramas. No se lo que pasaría después con el fin de primavera y verano tan duro que siguieron.

Espino negro y coscojas secando parte de sus puntas y ramas por la sequía

La problemática general en todo el centro peninsular ha sido que tras dos años espléndidos en precipitaciones se disparó la población de conejos y jabalíes, de acuerdo al aumento de sus recursos alimenticios; luego llegaron las vacas flacas, faltó comida y sobraban comensales. Se propaló la idea de “plaga de conejos”, los cazadores consiguieron permisos para descastes en época de veda y cupos superiores en época de caza, usualmente esas cacerías se dieron mucho más en  cotos de monte que en terreno agrario que era lo que se pretendía proteger. Más que el clima, la causa del exceso hay que buscarla en su combinación con el excesivo “control de depredadores” que hace difícil ver alguna rapaz conejera por estas regiones.

Los mejores pastos entre el monte de nuestros campos arrasados por los jabalíes

Muy al contrario, la plaga de jabalíes que está destrozando multitud de campos, abiertos o vallados, se ha considerado como “un buen año de jabalíes”. Ahora con el paso de los meses, al menos los conejos han vuelto a sus números normales, lo que ha mostrado como la naturaleza se autorregula sin necesidad de orgías venatorias.

A pesar de la sequía previa el otoño luce sus galas cerca de Sierra Morena

Espero que ahora comience un cambio de ciclo, pues como ha quedado demostrado este incendiario verano, nuestra naturaleza no puede aguantar muchos años como este, ni a unos políticos y gestores como los nuestros. Para más señas baste decir que más que una sequía, lo que hemos pasado es un año seco. La última sequía “normal” fue la de los primeros noventa que acabó a finales de noviembre de 1995.

El Fresnedas se enfrenta a Sierra Morena llevándose los sedimentos manchegos hacia Doñana

Entonces en Madrid se prohibió el llenado de piscinas y el riego de jardines y estuvimos al borde del racionamiento, desde entonces Madrid, casi ha duplicado su superficie de áreas residenciales extensivas, con sus jardines y piscinas, y ha triplicado su número de campos de golf. Si tuviésemos que vivir una situación pluviométrica como la de esos años y, tarde o temprano, habremos de vivirla, que dios nos coja confesados. De los últimos quince años solo ha habido uno verdaderamente “malo”, el 2005 y también fue como este último, con sus hielos invernales y su escasez de lluvias que no llegó ni a los 200mm; aunque 2011-12 no haya sido tan seco, el contraste con los generosos años previos ha sido muy duro.

El Guadiana, crecido por el Jabalón, ocupa lo que debería ser Dominio Público Hidráulico

Uno de los motivos que a modo de prueba me hacen barruntar un otoño-invierno lluvioso, como pude comprobar en los últimos  periodos lluviosos: (1996-97 y 2009-10), es la forma de los hormigueros, si son altos y sus entradas tienen forma de chimenea, es que las hormigas ven peligrar sus hormigueros y elevan su nivel de entrada por encima del suelo.  Estos inicios de octubre estoy viendo así la mayoría de ellos.

Hormigueros con sus entradas sobre-elevadas en previsión de lluvias

Tras muchos años dedicándome a esto, he comprobado que tal como empiezan los otoños, así se comporta el año hasta finales de invierno, por lo que he visto la certeza del refrán que dice: “la luna de octubre siete lunas cubre”, este octubre de 2012, el plenilunio tenía lugar en medio de una semana lluviosa, lo que significaría un otoño-invierno lluvioso. Y otro de los motivos, sin duda el más objetivo, son las ganas que tengo de que se repitan lluvias como las vividas hace un par de años. Años en que la gente salía al campo a ver como iban los arroyos creciendo para ríos, como se desembalsaban los pantanos, como se llenaban las lagunas, incluso como se formaban grandes socavones y hundimientos en el usurpado cauce del Guadiana, y como los ríos salían de sus artificiales y rectilíneos canales en lo que los hemos convertido, para ocupar sus amplias y sinuosas vegas.

El Jabalón muestra sus escrituras al que le calzó encima un viñedo

En estos inicios del otoño espero con ansiedad los primeros síntomas del cambio de ciclo, también es que cada año los veranos me parecen más largos, de casi cinco meses a costa del otoño y de la primavera. Tal es el cambio que ahora acontece que en lo agrícola, el año empieza ahora, como también lo hace el año hidrológico (1 de octubre).

Campos saturados de agua por las últimas lluvias

Empecé a redactar esta entrada a primeros de octubre, pero se me fue de tamaño y decidí desdoblarla, dedicando una a las Flores de Otoño y esta otra sobre el clima. Ahora a nueve de noviembre hemos entrado de lleno en uno de los otoños más lluviosos de los registrados desde 1865 en el observatorio de Ciudad Real. Las lagunas se están llenando por momentos cuando este verano caducaron hasta las más persistentes de la zona. Algunos pantanos están desaguando y está este otoño como decía mi amigo Valentín,  “voy al campo y no sé, si ir a espárragos o a setas”, y doy fe que es cierto pues estoy viendo una buena cantidad de los “primaverales” espárragos y, encinas y arbustos están rebrotando.

Espárragos, encinas y muchos arbustos más han vuelto a rebrotar como en primavera

Empieza un otoño inesperado, de los que ya pensaba que era posible que no volviera a disfrutar y del que os daré cuenta en posteriores entradas. Como siga el otoño de esta guisa, sería posible hasta la soñada realidad de unos Ojos del Guadiana derramando sus lágrimas de alegría por el campo manchego.


Sin palabras

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