miércoles, 29 de marzo de 2017

El Campo de Montiel




      El Campo de Montiel es una gran comarca natural del sureste manchego, también se podría llamar la Mancha alta, pues se trata de una altiplanicie que se encuentra entre los 800 y los 1050m.  en ligero descenso hacia el norte, donde contacta con la llanura manchega, marcando la cota de 700m. una clara frontera entre ambas regiones. Hacia el oeste tiene una suave transición con el Campo de Calatrava y hacia el sur desciende brusca y trabajosamente hacia el Guadalquivir.

Vallejos vertientes al Guadalquivir sobre pizarras y cuarcitas

      Frente a los tonos ocres claros y blanquecinos de la Mancha, el Campo de Montiel es rojo. Rojo Alhambra, rojo tierra, rojo de hierro y arcilla, incluso los ríos que escapan a Andalucía entre paisajes cuarcíticos y pizarrosos parecidos a los del valle de Alcudia, dejan vegas y bordes de arroyos de arcillas de un llamativo color rojo.

Orillas rojizas entre grises pizarrales llenos de tamujo

      Esta amplia comarca natural se reparte por el sureste de Ciudad Real y por el suroeste de Albacete. Lamento no conocer mejor toda la región, la parte albaceteña de El Bonillo y Viveros, los nacimientos primeros del Guadiana, las cañadas, como llaman por aquí a las retorcidas veguillas sin ríos funcionales, los aislados pizorros y una de las últimas grandes regiones ignotas del territorio nacional, como es la frontera castellano-andaluza de la gran cabecera “no caliza” del Guadalquivir, con sus ríos Guadalén, Dañador o el Guadalmena, más largo incluso que el río del que es tributario.

Castillo de Montizón en las cercanías del Guadalén

      Esta región es más variada de lo que parece y es que 23 municipios dan para mucho. Si dividiésemos el Campo de Montiel de norte a sur en tres zonas, la primera y mayor sería la de las grandes mesetas calizas, ocupadas por espesos encinares enriquecidos con sabinas y quejigos, y tierras de cultivos, en vegas o en los claros de los encinares. 


       En la región siguiente, de borde sur de estas mesetas, aparece la región “roja” de la rotura del borde de esa meseta y la aparición de los materiales subyacentes blandos y rojizos, con asomos cuarcíticos aislados, denominados localmente “pizorros” y llanadas cerealistas y de olivares.

"Pizorro" cuarcítico asomando sobre las margas y arcillas rojas

       Las fotos de tonos más rojos están tomadas en esta parte que es la que plásticamente me resultó más sugerente. Finalmente nos metemos en los dominios de Sierra Morena y noreste andaluz, montuosos y pedregosos campos llenos de encinares ganaderos y cinegéticos.

La parte más abrupta de Montiel es la de los encinares que descienden hacia Andalucía

      El Campo de Montiel se encuentra bien definido a nivel geológico, pues se trata de una de las pocas zonas manchegas donde están presentes los materiales de la era secundaria, dispuestos casi horizontales, definidos en una dura capa superior de calizas y dolomías jurásicas y una inferior del Keuper de margas y arcillas triásicas.

Contacto entre las capa de calizas jurásicas y las margas y arcillas del Keuper

       Estos materiales se asientan discordantes sobre pizarras y cuarcitas paleozoicas que aparecen resaltadas cuando los primeros han sido desmantelados por la erosión y por todo su borde exterior sur, conformando los relieves orientales terminales de Sierra Morena, dando lugar, aparte de numerosos relieves aislados, a la sierra del Relumbrar y otras menores en altura que no en superficie, compartidas con el norte de Andalucía.

Rotura y desmantelamiento de la capa caliza jurásica

      La dura capa caliza jurásica ha sido desmantelada en gran medida por el descalzamiento continuo a que se ve sometida al erosionarse el blando sustrato inferior, pero donde aún no ha desaparecido el relieve forma amplias mesas y, a menudo, relieves aislados, los llamados “montes isla” que son el lugar ideal para ser ocupados por alguna fortaleza, notorias como el castillo de la Estrella en Montiel, entre otras.

Castillo de Montizón sobre una cresta cuarcítica

      En esta región son abundantes los manantiales dada la infiltración de las aguas sobre el sustrato calizo, cuando éstas llegan a niveles impermeables como bancos de arcillas o el sustrato paleozoico, afloran a la superficie. No en vano estamos en la región donde nace el Guadiana primigenio, y otros ríos como Cañamares, Azuer, Jabalón, Dañador, Guadalén, etc. Aquí a diferencia de la Mancha, los molinos son de agua y no de viento.


      Se trata de una tierra llena de avatares históricos que la llenó de castillos, fortalezas y pueblos aupados en inexpugnables resaltes (los calizos montes isla o los cuarcíticos pizorros), con una historia que escribió por aquí algunas de sus páginas más crudas. A parte de ser zona fronteriza durante la reconquista, vivió un largo y poco conocido conflicto de intereses entre Toledo y Alcaraz que prolongó la sangría de estos campos, ya de por sí teñidos de rojo.

Castillo de Montizón

      Hoy el tren de la historia parece haber pasado de largo y las promociones institucionales pasan por el omnipresente Ingenioso Hidalgo y las glorias pasadas de antiguos reyes e insignes escritores, como Cervantes del que no logro acordarme si en verdad pasó por aquí o de un Quevedo que si vivió aquí, en Torre de Juan Abad, el frío que tanto temió.
     
Al fondo, sobre una aislada mesa caliza, Almedina

      Hoy es una zona muy despoblada, tanto que los robos en el campo están a la orden del día, en un campo cada vez más tecnificado, cada vez más regado y cableado, pero también con buenos espacios naturales en un paisaje variado de llanuras, lomas, arroyos y dispersos resaltes rocosos.


      Aquí domina el cereal, en principio de secano; el olivo y la viña siguen avanzando en superficie y también en calidad, y el almendro, ambivalente, muestra que tuvo un pasado mejor, pero un presente al alza, como se puede apreciar en los plantones de las nuevas explotaciones. En los montes es tradicional la caza menor, aunque han notado claramente el descenso en cantidad y calidad de la perdiz roja, cuyo declive va inversamente proporcional a la tecnificación de la agricultura.


      La belleza y plasticidad de estas tierras es la de los grandes espacios, la de los horizontes infinitos pero variados. Las tierras de colores: ocres, rojizos y blancos de las carniolas y dolomías; los rojos y rosas de sus margas y arcillas; el negro de las pizarras más duras y el multicolor de las más deleznables; el gris lleno de chillonas manchas verde-amarillas de los líquenes Acarospora sobre las cuarcitas. Los campos de cultivo reflejan esta misma diversidad, dejando los campos recién arados una auténtica paleta de llamativas tonalidades.

Cuarcitas paleozoicas cubiertas de los amarillos líquenes Acarospora

       Las pedregosas mesas y laderas asientan un buen monte mediterráneo de encinar, enriquecido con sabinares en las mesetas más altas y vallejos incultos, donde también prosperan pequeños quejigares, en un tipo de monte que se extiende por toda la zona oriental de ambas mesetas castellanas.

Quejigos, sabinas y encinas en típico paisaje del oriente de las altas mesetas castellanas

      Botánicamente la región es muy interesante pues se solapan la vegetación manchega, con un encinar con sabinas y la vegetación luso-extremadurense que penetra en cuña por el sur en Sierra Morena, con sus fresnedas y tamujares, sus piruétanos, etcétera. Aparece también, una introgresión de las cercanas Béticas, dando carácter y personalidad a la vegetación, con especies tales como la escoba Genista cinerascens subsp. speciosa y la alcachofa Cynara baetica entre otras. También por aquí es especialmente abundante, como en pocos lugares de España, la viborera gigante Echium boissieri, parecida al hermoso taginaste canario.

Secos pero superando los dos metros la viborera Echium boissieri

      El mosaico vegetal es variado y no es rara la mezcla cercana de especies de uno y otro signo. Los encinares es el bosque dominante tanto en la vegetación manchega, mayoritaria en el centro y norte, con sus influencias béticas, y el encinar luso-extremadurense, en toda su parte sur. La vegetación higrófila es la que ha sufrido en mayor medida la expansión agrícola, a pesar del abandono de numerosos huertos cercanos a los pueblos en la vecindad de manantiales y arroyos.

Un elemento bético, la escoba Genista cinerascens subsp. speciosa

      A nivel faunístico estamos en un área de expansión para las invernantes águilas imperiales que se van asentando por estos encinares, así como a la dispersión de los linces de Sierra Morena y también cuenta con las grandes aves esteparias en sus áreas más cerealistas.

Un sarpullido de redondeles atacó el mayor encinar-sabinar de Ciudad Real en la década de los 90'

      A finales de los 80’ se desató la fiebre del agua en esta región, una bicoca económica privada en el momento y un desastre ecológico colectivo para el después. Lo que era un enorme encinar-sabinar comenzó a sufrir una “psoriasis” paisajística que llenaba de pelados redondeles gran parte de su superficie, al principio unos pocos y luego coalescentes, cubriendo ya grandes superficies del monte por encima de las lagunas de Ruidera. Lo que hace días era un buen bosque mixto de encinas, sabinas y quejigos, ahora eran plantaciones de maíz, alfalfa o cereal en regadío, por el sistema de “pivots”, una enorme manguera que hace de radio giratorio regando el gran círculo trazado y con “agua gratis”.

Los esféricos "pivots" ocupando la cabecera de las lagunas de Ruidera (a la izquierda laguna Blanca)

      Comenzó así la guerra del agua, pues unos pozos secaban a otros más superficiales, se profundizaba más y se secaban otros y así llegaron a manantiales y pozos de abastecimiento de algunas poblaciones como Villanueva de la Fuente, (donde llegaron a tirar tendidos eléctricos de alimentación de los pivots y cortes de carretera con batallas campales con la guardia civil), Montiel, Albaladejo o Villahermosa, tras dejar sin agua a muchas de las “protegidas” lagunas de Ruidera. Un desastre ecológico en toda regla, tanto que inflamó la ira de la gente de los pueblos contra los grandes terratenientes, cuya avaricia estaba rompiendo el odre. 


       Finalmente se cortó el grifo a los avariciosos, los vecinos tuvieron agua y las lagunas se llenaron de nuevo, pero el monte no volvió a colonizar esos redondeles. La agricultura manchega, aún hoy, sigue ávida de terreno, no tanto productivo como subvencionable, pues el terreno disponible ya es a costa de áreas marginales, resquicios de bardales, cuestas y pedregales.

Cereales en la estrecha vega del Cañamares

      Esta región está llena de hermosísimas y coloridas tierras que ahora asumen el peligro de contener otras tierras, las llamadas “tierras raras” como se denomina al complejo de minerales (lantánidos y alguno más) que encierra la monacita o sulfuro de monacita. Salvados por los pelos del desastre medioambiental que planeaba también por aquí del fracking. A día de hoy, existen varios proyectos mineros que pretenden remover grandes extensiones de terreno para recopilar ínfimas cantidades de monacita.

Las lagunas de Ruidera es el mejor indicador de la calidad ambiental e hidrológica del acuífero 24

       Este mineral, tras su lavado y decantación, se exportaría, en teoría a tierras francesas, para su peligroso y contaminante refinado. Aparte de la destrucción del terreno y la contaminación del aire, tanto por partículas como por humos de maquinaria, esta actividad necesita también de enormes cantidades de agua inexistentes en la región ¿ ?. También existe el riesgo de que suban los niveles de radioactividad.



      Frente a esta agresión que puede dar al traste con el buen estado de la naturaleza de esta región, la buena salud de sus habitantes y el marchamo de productos de alta calidad ecológica que se está imponiendo en la agricultura con sus aceites, vinos y otros productos, ha surgido de estos pueblos un gran movimiento vinculado a la tierra y apoyado por asociaciones ambientalistas foráneas, centrado en la plataforma "Sí a la Tierra Viva" que está plantando cara en el terreno a Quantum Minería, la empresa creada para la ocasión (o para su reventa), para la explotación de estos minerales.

Muestras del despoblamiento rural de la zona

      Fuera de la claridad de los datos, de lo que esta comarca tiene y de sus posibilidades de futuro; de los requerimientos y necesidades de inversión e infraestructuras para esta aventura minera, con sus ingentes cantidades de agua, con sus riesgos para la salud y el medio ambiente, la polémica está servida. 


       Ahora viene la peor parte y deseo que los miembros de esta plataforma y quienes les apoyan, sean fuertes y perseverantes; ahora viene el … y tú de qué lado estás?, y espero que no se llegue como ya se apunta, al divide y vencerás; al trabajo de pasillos en las altas esferas, la desinformación, al descrédito de particulares involucrados, a las supuestas vinculaciones políticas o a  la manipulación de los medios de comunicación. 

El bello lirio Iris planifolia, un rayo de esperanza en el invierno

       En la balanza, lo bueno que ya hay y que sigue mejorando, y unos hipotéticos puestos de trabajo y ventajas económicas que es la baza de la empresa para ganarse un imprescindible apoyo institucional que aparte del amén, tendrá que sacarse de la chistera una ingente cantidad de agua y otros apoyos económicos que, sin duda, pagaríamos entre todos.


      Fuera de polémicas, estamos en una de las regiones más bellas y variadas de España y llama la atención un despoblamiento que a mi juicio tocó fondo y del que sin duda se recuperará, pues tanta buena calidad de vida, tantos buenos lugares, paisajes y patrimonio natural, histórico y artístico, no puede permanecer más tiempo infravalorado.
El Campo de Montiel no es para llegar, verlo y admirarlo, realmente es para vivirlo.









jueves, 16 de marzo de 2017

Proclama en favor de la Geografía



La geografía está desapareciendo. Este año, con unas matrículas mucho más caras y una mayor ausencia de becas, el número de matriculaciones ha caído casi dramáticamente. Tanto que se ha previsto la desaparición del grado de Geografía y Ordenación del Territorio de la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM). Se ha optado por el cierre de esta disciplina, de manera escalonada, hasta que terminen la carrera los últimos matriculados este año.

Dice el rector que esta disciplina no resulta rentable, en términos económicos, pero el descenso de matriculaciones, por desgracia, es extensible a otras muchas disciplinas que están viendo como cortan las barbas al vecino geógrafo.

Pero el drama de la caída de las matriculaciones en geografía, va más allá del que deberán vivir los profesores de esa facultad, de muy difícil reubicación, o de los alumnos que ya no podrán estudiarla en Castilla la Mancha. Ese drama tiene que ver con la sociedad en la que vivimos y con el presente y futuro que nos estamos creando.

Poca gente sabe qué es y para qué sirve la geografía, a la gran mayoría le viene la idea de las exploraciones decimonónicas o las típicas preguntas de crucigrama. A la generalización de este concepto ha contribuido la administración y el papel del mercado económico que, haciéndose sitio, ha vaciado de contenido el papel de los geógrafos en el funcionamiento económico, administrativo y social de nuestra sociedad. Un papel investigador, analítico y deductivo, pensando en el medio y largo plazo, en las repercusiones económicas y sociales de decisiones y actividades a cualquier escala espacial. Es un papel indudablemente crítico.

La misión fundamental de la geografía es el conocimiento del complejo ecosistema de relaciones entre la naturaleza, la actividad humana, la herencia cultural e histórica y su continuidad en el futuro. Pero la sociedad en la que vivimos es la del corto plazo, la del beneficio inmediato, la de los especialistas sobre los generalistas. No hay porqué prever consecuencias o auscultar futuros, lo que importa es el presente. Tampoco hay que planificar, zonificar o preservar, hay que dejar libertad de acción y movimiento al emprendimiento y al mercado, que ya tienen bastantes deficultades con la competencia o los impuestos.

Si hay un marco donde esta disciplina se acomoda a la perfección, es en el tratamiento de los espacios naturales, protegidos o no, salvajes o humanizados. Un buen geógrafo, debe saber lo suficiente de geología, climatología, vegetación, especies animales, actividad agraria y resto de sectores económicos, urbanismo o redes y nodos de comunicación, como para tener la idea clara y completa de cómo es y funciona un territorio.

Los geógrafos especializados en geografía física deben conocer las complejas relaciones ecosistémicas que organiza la naturaleza y el paisaje en un territorio, conocen claramente su geología, relieve y geomorfología; el régimen climático en el que se inserta, con su hidrología y procesos hidro-geomorfológicos consecuentes, lo que a su vez determina los diferentes tipos de suelos, su colonización vegetal y la fauna que lo aprovechará. Todo esto, sumado al conocimiento del desarrollo histórico y cultural del territorio, determinará exactamente su situación actual, sus valores, su desenvolvimiento, tendencias y posibilidades, desde la explotación más adecuada del mismo o, llegado el caso, su protección más estricta.

Pocos saben que la labor lógica de los geógrafos, a través de su conocimiento global de las relaciones entre los diferentes ámbitos, es coordinar y asistir la labor de especialistas sectoriales que intervengan en cualquier acción económica, social u organizativa sobre el territorio. El desarrollo en lo económico observando los límites naturales e impactos sociales derivados de las diferentes actividades. La organización de las ciudades, el planeamiento territorial a todas las escalas, el estudio de relaciones intersectoriales, su ensamblaje evitando conflictos, con su análisis de la realidad y las tendencias sociales.

En otros países, mayormente anglosajones, la geografía es una carrera técnica y más dura que en nuestro país, los geógrafos son una profesión valorada y sin problemas de ubicación en el mundo laboral. Son asesores técnicos, expertos en ordenación del territorio y sistemas de información geográfica. Indispensables en el planeamiento urbano y en la administración local y coordinadores de todo tipo de equipos interdisciplinares.

Dios nos libre de dejar al albedrío de ingenieros, arquitectos, economistas o políticos sin asesoramiento adecuado, el planeamiento de nuestro territorio. La tendencia a la planificación ingenieril ha llevado a errores tan garrafales como por ejemplo el monstruoso desarrollo de costosas infraestructuras inútiles como las radiales de Madrid (de las que aún quedan vías a medio construir) o la inútil creación de tejido urbano y polígonos industriales sin futuro alguno, por poner un par de ejemplos.

Pocas profesiones como la geografía atesoran una formación tan global en todos los órdenes del conocimiento de la realidad. Una formación que debería poseer cualquier persona capaz de tomar decisiones de trascendencia para con la naturaleza, la economía o con la sociedad.
Mal vamos si desaparece la geografía, sin una visión global del camino que puedan tomar nuestras sociedades. La especialización crea una ignorancia supina de todo lo que no sea cada campo concreto, y en un mundo tan interrelacionado y globalizado como el nuestro, eso es precisamente lo que falta.

Hablemos del planeta o hablemos de un término municipal, si no tenemos un conocimiento general de todos los procesos que intervienen en el territorio, no podremos saber claramente cómo enfrentar un futuro cada vez más incierto que va a precisar de mentes abiertas y despejadas para mantener una vida digna de tal nombre sobre éste.

La geografía es una ciencia que aún tiene mucho que decir, si no la continúan vaciando de contenido y, por supuesto, si no cierran sus facultades.

P.D./ Nota de la Asociación Ojos del Guadiana Vivos respecto a la desaparición del grado de Geografía de la UCLM 
https://mail.google.com/mail/u/0/?ui=2&ik=9b8ebf4177&view=att&th=15b0be84f6e8a270&attid=0.1&disp=safe&zw



martes, 31 de enero de 2017

La Costra Caliza manchega


         Hoy voy a hablar de la rala vegetación de las costras calizas. Si me oyera un agricultor hablar de estas piedras sin maldecirlas, probablemente pensase que debería probar una buena pedrada. Estas costras son el enemigo “de toda la vida de Dios” de la agricultura, no solo en la Mancha sino en toda la España caliza. Hace años se removían a base de brazo y palanca, y hoy en día, la exagerada potencia de los tractores, lo hace en cuestión de minutos, lo que ha llevado a que, para bien o para mal, apenas haya hoy costra virgen que quitar.

En lo más duro de la costra apenas vegeta alguna acederilla y pistorinias aún sin flor

La costra o caliche tiene una génesis antigua puesta en relación con un clima algo más árido que el actual. El origen de la gran llanura manchega hay que buscarlo hace unos 2,5 millones de años, cuando tras los empujes de la orogenia alpina, toda esta región fue rodeada por relieves montañosos, formándose una región de lagunas y mares interiores. Hace años se tenía por cierto que se trataba de transgresiones y regresiones marinas desde el actual Mediterráneo, que también, pero hoy en día está mucho más aceptado el papel del endorreísmo manchego.

En algunos recovecos de la costra solo pueden prosperar líquenes terrícolas como estos

        En el centro de la depresión manchega se iban acumulando aguas y sedimentos procedentes de los relieves circundantes, actuando fenómenos geomorfológicos, tanto erosivos, creando las llamadas superficies de erosión, llanuras fruto del pulido y relleno continuo por su larga exposición a la intemperie; como de relleno de la cuenca, por sedimentación de los materiales transportados desde la periferia y tambiën por la precipitación química de aquéllos que permanecían disueltos en las aguas.

Los Praos de Carrión, condiciones de endorreismo con formación actual de playas secas y húmedas

        Sobre estos materiales relativamente blandos y calizos, bajo una dilatada exposición a un clima de tipo semi-árido, las escasas aguas que por su interior circulaban, fueron cementándose formando las costras calizas. El agua de lluvia se infiltraba en el suelo cargándose de carbonatos hasta cierta profundidad, pero bajo ese clima, el agua tendía a subir por capilaridad ante las secas condiciones de la superficie. En ese recorrido vertical, se iban depositando los carbonatos en los intersticios del sustrato y este proceso, repetido una larga serie de años, fue capaz de crear esa potente costra caliza.

Potente costra en los bordes occidentales del Campo de Calatrava, poco alterados con una vegetación dominada por las coronillas (Hipocrepis conmutata)

      Las costras calizas se generaron en esas áreas que reunían parecidas condiciones, pero no se dieron de manera general. En otras áreas de la llanura manchega permanecìa una lámina de agua semi-permanente y allí se formaron las llamadas “playas húmedas”, áreas humedas capaces de mantener una vegetación sobre la que finalmente se fijaban los materiales disueltos en el agua, formándose turbas. Asimismo, también se formaron las “playas secas”, amplias zonas más secas donde lo que se dio fue una deposición de yesos y sales, que incluso se han venido explotando, a pequeña escala, hasta la actualidad.

A la derecha la costra ha sido arrancada con tractores, a la derecha zona aún con costras y en el centro, pequeña depresión con sales en el camino, en los Praos de Carrión

      Las costras calizas tienen unos espesores generales que van desde los 70cm hasta poco más del doble. No uniformes y con grietas, tanto mecánicas de origen tectónico como por disolución, por lo que, a pesar de su dureza y espesor, es material removible. No todas las costras tienen esos espesores, incluso no tienen un origen tan antiguo, aunque el proceso de formación es el mismo. 

Hedypnois cretica, Lagurus ovatus, Medicago minima, Filago pyramidata, Herniaria cinerea, etc.

        Hay cortezas mucho más recientes que se han formado en períodos sub-actuales tras procesos erosivos o de exposición a la intemperie fruto de la deforestación o de laboreos y largos abandonos posteriores. Estas costras más recientes, de escaso espesor y más fáciles de remover, son el llamado “caliche” y son bloques sistemáticamente extraídos del terreno y colocados en bordes de fincas, vallas y bardales. En muchos puntos han sido material para la construcción, la famosa "piedra seca" de la arquitectura popular de estas regiones, con elementos constructivos tan prácticos y emblemáticos como el “bombo” manchego y una multitud de prácticas construcciones para su uso y refugio en el campo.

La oportunista Eruca vesicaria creciendo en una grieta de la costra caliza

       Sobre esta costra tienen lugar procesos edáficos, al iniciarse la formación de un suelo incipiente y a través de sus grietas, da comienzo un proceso lento pero continuo de disgregación de la roca y profundización de los suelos, al haber mejores condiciones de humedad y química para su desarrollo. En general las costras solo aparecen en superficie en lugares cercanos a cambios de pendiente, como áreas de borde de riberas, antiguas lagunas o allí donde la tectónica ha roto la horizontalidad del terreno. Entonces las costras quedan expuestas y protegen el terreno bajo ellas, actuando los procesos erosivos con mayor celeridad en  sus bordes, lo que contribuye a aislarlas y realzar estas formaciones.

Costra en los bordes de la llanura de inundación del Guadiana en Alarcos

      Dada la escasez de ríos en la Mancha y la escasez de movimientos tectónicos, salvo los relacionados con el vulcanismo del Campo de Calatrava, las áreas de costra al descubierto no son tan abundantes como en principio cabría esperar. Pero cuando asoman, su dureza y difícil remoción han hecho que permanezcan incluso por siglos a la intemperie, en localidades que por esto tienen tan escaso aprovechamiento como el de rastrojeras para ovejas y cabras o bien para la caza dada su idoneidad para conejeras y vivares.

Una de las últimas muestras de un encinar manchego diverso y en buen estado de conservación

      La Mancha en unas escasas décadas ha dado un vuelco a su fisionomía que, salvo en su planitud, nuestros abuelos no reconocerían. De un paisaje de dehesas, cereales y la trilogía mediterránea de olivo, vid (en cultivo en “vaso”) y almendro, hemos pasado a vastas extensiones de viña en espaldera de alambres y tuberías, salpicados de cultivos de melones bajo plásticos que en otoño se esparcen por los campos.


      Los espacios naturales, en general por poco productivos, como llanuras de inundación, saladares, zonas arenosas o zonas más pedregosas de lo normal, como las costras, estaban poblados de una vegetación característica y definitoria de los paisajes manchegos: las ralas dehesas, los albardinales, los juncales, los calaminares que tanto gustaban a la oveja manchega y matorral mediterráneo, han cedido su espacio a un arado que trabaja en función de las subvenciones, donde ni siquiera se mira la productividad o lo que durará explotación. Es la agricultura de “el que venga atrás que arree”.

Líquenes sobre las rocas calizas con el llamativo Caloplaca aurantia

        De esos paisajes antiguos, con una agricultura adaptada al clima y al terreno que también era productiva y permitía espacios libres del arado, para los pastores, los cazadores o para que simplemente el agua se infiltrase lentamente en el terreno, ya casi no queda nada. Solo quedan unos pocos espacios, por desgracia los últimos, en el occidente manchego, donde los pocos ríos o la puntual presencia de asomos rocosos ha hecho que no todo sea surco, como en el centro de la Mancha.

La pequeña y temprana Linaria amethystea var. albiflora medra en la costra caliza

      En esta región donde la Mancha va perdiendo su nombre para ser Campo de Calatrava, aún quedan unos pequeños retales que desde este blog he ido mostrando para que todo el mundo los conozca y sepa de la existencia de saladares, de albardinales, de calaminares, de mantos de arenas eólicas en sus últimas manifestaciones fidelignas, de lo que todo hombre de la Mancha conocía como si fuese así desde el inicio de los tiempos. Algo que parecía que nunca se iba a acabar, quién iba a pensar que esos paisajes, esas formaciones vegetales, antaño tan abundantes, hoy en día iban a estar a punto de desaparecer. Para colmo, en ese elenco de la naturaleza manchega en extinción, tengo que hacer este artículo para llamar la atención sobre algo tan denostado por nuestros agricultores como es el más duro pedregal manchego, la costra caliza, al borde de su desaparición definitiva del paisaje.

Hueco dominado por líquenes terrígenos en medio del rojo pastizal de acederillas

      En la naturaleza todo son oportunidades, lo que en principio son impedimentos para la vida vegetal por culpa de un material tan sumamente inerte como es la costra, se convierte en una ocasión para toda una serie de plantas y de vida que había sido expulsada de esos lugares más productivos en los que la encina o el matorral impuso su ley de sombra y exclusión. Quizás no se trate de una vegetación productiva, llamativa o con grandes especies señeras, pero tiene su lugar en la vida, y ese lugar lo dignifica y embellece con su presencia.


      Se trata de una vegetación fugaz, tan breve que a los primeros calores por encima de los 30ºC, empieza a sucumbir hasta que la humedad del otoño la hace renacer. Son plantas de ciclo anual, terófitos que llegan a crear una particular y explosiva primavera de color sobre las aparentemente yermas costras calizas. Otros años he pretendido cazar el momento de su máximo esplendor floral pero siempre por un motivo u otro he llegado antes o después y me he quedado con las ganas de reunir un buen material fotográfico para hacer esta entrada, varias veces postergada, pero algún día lo conseguiré y tendré que renovar esta galería fotográfica.


      La vegetación mayoritaria es aquella que puede cumplir su ciclo biológico sobre tan poca cosa como puedan ser los esqueléticos suelos que se desarrollan sobre esta costra, lo que incluso muchas veces hace que los más preparados y menos exigentes, los líquenes y musgos, sean quienes aportan la mayor presencia o biomasa a la comunidad.

La pistorinia a punto de mostrar su escandalosa floración

      En el momento álgido de la floración revientan los tonos rojos de muchas de sus especies más abundantes. Los tonos de la acederilla Rumex bucephalophorus simulan columnas enrojecidas, pero son los tonos rojo chillón de las flores de la Pistorinia hispánica, un minúsculo endemismo español, los que más explosiva hacen esta mini-primavera. Lo demás son plantas, aparte de pequeñas, también resistentes al mordisco de los abundantes conejos de estas zonas: Neatostema apulum, la única acelguilla anual Limonium echioides, la grácil Linaria amethystea var. albiflora, Campanula erinus, Asterolinum linum-stellatum, Valerianella coronata, Hedypnois cretica, Helianthemum ledifolium, Cerastium pumilum, Galium parisiense, Medicago minima, Androsace máxima, Herniaria cinérea, Filago pyramidata, Bombycilaena discolor, Raghadiolus stellatus, Centaurea melitensis, Urospermum picroides y entre las escasas gramíneas que pueden prosperar aquí, lo hace la menor de ellas Mibora minima, junto a Stipa capensis y Brachypodium distachyum.

La acelguilla Limonium echioides y Rumex bucephalophorus

      Cuando las repisas sobre las costras se encuentran mejor conservadas, son más terrígenas y tienen suelos algo más profundos, entonces entran especies de mayor talla, aparecen, a parte de más gramíneas como Hordeum murinum, Hyparrhenia sinaica, compuestas como Carlina hispánica, Xeranthemum inapertum, Atractylis humilis, el cardillo Scolymus hispanicus, Carthamus lanatus, Cardus platypus, C. pycnocephalus, centaureas varias, y otras como la bella y masiva Hipocrepis commutata, o Echium asperrimum, E. vulgare, Prangos trífida, Salvia argéntea, etc, y especies leñosas como puedan ser los tomillos.

La inconfundible inflorescencia del cardo Cardus platypus

      Es triste tener que andar defendiendo o informando de la existencia de este tipo de formas geológicas y de su vegetación. Una vegetación banal, poco interesante y no muy llamativa, a no ser que se coincida con su explosión primaveral, que desgraciadamente se está yendo al saco de lo que hubo en el pasado, pero en lo que nadie se fijó. Una vegetación que desaparece delante de nuestros ojos y que a pesar de estar protegida por normas comunitarias (6220: Pastizales  xerofíticos mediterráneos de vivaces y anuales - 34.5131: Pastos de terófilos calcícolas, de tierras bajas y montaña media en el Mediterráneo occidental), nadie repara en que tenemos que conservar este patrimonio natural que es un eslabón más de la cadena de ecosistemas armoniosos y conectados que llamamos la naturaleza manchega.


      Hace años los botánicos españoles se burlaban de sus colegas ingleses porque decían que con tanto desarrollo, en Inglaterra al final para estudiar botánica en estado natural, los alumnos se tenían que ir a aprender a las cunetas de las autovías, porque el campo estaba ya demasiado explotado. Hoy somos nosotros los esquilmadores y no hemos sabido ni proteger una mínima parte del enorme legado que teníamos hace unas décadas, ese con el que nos reíamos de los ingleses. Además, para colmo, parece como si el salvar y cuidar estas últimas comunidades biológicas, fuese una imposición de la Comunidad Europea, porque si por nosotros fuera, ya lo tendríamos todo cultivado.

La termófila gramínea Stipa capensis prospera en los terrenos más áridos

      En la naturaleza todo es importante, ásperos y achicharrados rincones como puedan ser estas rocas de la Mancha tienen tanta importancia como un laguna llena de vida, sobre todo, si estamos hablando de los pocos últimos rincones que nos quedan de la costra caliza.


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