jueves, 21 de junio de 2018

Un año de Gladiolos



      Hay años malos y años buenos, pero muy de cuando en cuando sale un año excepcional. Este final de invierno y primavera de 2018, ha sido de estos últimos. Por supuesto que como dice el refrán, nunca llueva a gusto de todos. Lo que a unas especies les viene bien a otros les viene mal, pero en general la mayoría de las especies, sobre todo las autóctonas, han respondido favorablemente e incluso en algunos casos de manera totalmente excepcional. Uno de esos casos ha sido el de una especie prácticamente inexistente en toda el área central ibérica, el bellísimo Gladiolus italicus.


No es el único caso, por supuesto y afortunadamente, pero quizás sea el más llamativo. Desde hace años y más aun siendo una especie tan llamativa, le hago el mayor seguimiento que puedo y da algún resultado, pues desde un par de ejemplares aislados en mitad de una siembra que fue la primera vez que caí en que no era el típico Gladiolus communis, hasta llegar a descubrir lo que el año pasado eran siete poblaciones.

   Este gladiolo prospera casi siempre sobre sustratos volcánicos, cinco poblaciones sobre ésos y dos  sobre calizas, pero en su inmediata vecindad. Eso me llevó a incluir esta planta en el selecto elenco de la flora volcánica centroibérica, es decir, la del Campo de Calatrava, junto con alguna otra joya como el Allium nigrum, Cynoglossum clandestinum, Scolymus maculatus, Teucrium spinosum, etc.

El hermoso Allium nigrum comparte hábitat con el gladiolo, pero no ha sido tan explosivo

Hasta ahí una planta que me extrañaba enormemente que no hubiese sido herborizada en toda esta zona centro. Los únicos datos que conozco, son según Anthos, una población cerca del río Segura en Albacete y otro caso más triste, el de su lamentable extinción a manos de las autoridades medio ambientales madrileñas, en el tristemente célebre Centro de Transportes de Coslada, en el extrarradio madrileño; también de casualidad localicé un par de ejemplares en una zona caliza cacereña. Para una planta  llamativa y descarada como ésta, un claro indicador de que o no hay botánicos entre el público o que probablemente, salen muy poco de sus despachos.

Distribución de Gladiolus italicus en la península ibérica

Hasta ahí lo que consideraba normal, vistos los últimos veinte años, solo conocía el caso de una parcela, habitualmente con caballos pastando, donde en los años buenos llegaba a haber varios cientos de ejemplares, hasta que llegaba el arado y ponía orden en esa orgía floral. Pero lo de este año no tiene nombre ni parangón, un día me acerqué a ver esa parcela y en efecto, estaba llena de gladiolos.


     Pero también ví varias fincas que desde lejos cogían el tono rojo fucsia de la ingente cantidad de plantas floridas. De varios ejemplares en algunas dispersas y escondidas localidades, a cientos de miles en varios kilómetros cuadrados. Por contra, la mayoría de esas pequeñas localizaciones, no gozaban de esa ruderal orgía de los grandes campos de cereales y seguían teniendo pocos efectivos.

Pocos ejemplares en una localidad "salvaje", junto a la rara Thapsia transtagana

  El más común y perdón por la redundancia Gladiolus communis, hasta hace poco con el más poético nombre de Gladiolus illyricus, es una planta de gran amplitud ecológica que he visto desde el nivel del mar, hasta los cerca de 1200m de Montes de Toledo, de ahí hasta los yesos del Tajo, los granitos del piedemonte serrano, las cuarcitas centroibéricas o en las calizas del páramo.

Gladiolus communis en una localidad del Sistema Central

 Para complicar la cosa, ambos gladiolos son bastante parecidos, si bien la ecología del G. italicus es basófila, algo termófilo y con gran apetencia por las arcillas, cosa que une localidades tan distintas como la de las arcillas verdes madrileñas y las volcánicas del campo de Calatrava.


Ambas especies tienen hojas muy parecidas, como espadas inhiestas (gladium), aunque Gladiolus italicus es mayor en todo, con las flores dísticas o sea mirando alternativamente en sentido contrario, cuando el G. communis casi las tiene superpuestas, con un ángulo solo ligeramente abierto. Las anteras de sus estambres mayores que sus filamentos y cuando fructifica las cápsulas son globosas, con estrías y relieves, y mayores que las del G. communis. Tallos, capullos, brácteas y frutos tienen una tonalidad algo vinosa o enrojecida, frente al tono general verdoso o solo ligeramente oscurecido de Gladiolus communis.


Me deja boquiabierto la capacidad de florecer de esta especie, en grandes sembrados muy trabajados, donde nunca he visto que asome ningún ejemplar, a pasar ahora a contarse por miles de plantas. Solo puedo pensar que los bulbos siempre han estado ahí, profundos y que solo con unas lluvias intensas y continuadas han podido hacer llegar la planta a la superficie y completar una floración estirada varias semanas, vista la longitud y cantidad de flores ya pasadas en esas altas varas.
   

   Supongo que ahora a partir de ahora sí que algún botánico se habrá fijado desde su coche y que el mapa de Ciudad Real aparecerá punteado de localidades. Yo por mi parte, terminaré de meter esos viejos ejemplares aparcados a la puerta del herbario MAF, como parte de un pequeño arsenal de plantas raras.


Una planta que cada vez veo más clara de las arcillas, aquí mayormente procedente de materiales volcánicos. Esos bulbos son capaces de resistir el paso del arado y aguantar años enterrados. Por lo que he visto, su condición natural, su ecología, es la de las áreas bajas con bastante humedad, lo que también coincide con los lugares más ricos en arcillas y limos, las áreas de bordes de arroyos, tan demandadas por una agricultura cada vez con más apetito de tierras que arrincona los arroyos a su mínima expresión, y si no son importantes, incluso se pueden arar enteros aunque en época de lluvias, erosionen esos terrenos removidos.


Sigue siendo imperativo reservar áreas naturales en el entorno de esos arroyos volcánicos, algo aunque sea mínimo, pero por lo menos conservar alguna “muestra” digna de lo que hubo antes de que llegase el arado y los fitosanitarios de la caza de subvenciones. Suele ocurrir ya con demasiada frecuencia entre botánicos que se preguntan desde la ignorancia más absoluta, cómo debió de ser tal o cual zona, antes de la intervención masiva de la moderna agricultura.


 Hace años, cuando nuestra naturaleza no era como lo es actualmente, nos reíamos de los botánicos ingleses porque decíamos que se iban a las cunetas de sus carreteras para poder estudiar su vegetación natural, ahora se da la triste paradoja de que todas nuestras cunetas se riegan con cantidades ingentes de herbicidas cancerígenos y ya no nos queda ni el consuelo de que persista algo de nuestra maravillosa vegetación natural en las cunetas españolas.


      Esto es general para todo el centro peninsular, pues la ausencia de arroyos y ríos verdaderamente naturales, cada vez es más tremenda y nadie parece reparar en ello, como si fuésemos una sociedad insensible a este enorme desastre natural que llevamos decenios perpetrando y luego maquillamos con la plantación de cuatro pinos y encinas que durarán un par de temporadas, un día del árbol u otro del día del medio ambiente. Basta ya de hipocresía, años como éste en que vemos lo maravillosa que puede llegar a ser nuestra naturaleza más cercana, es cuando vemos el fuerte contraste de ver a las claras lo que estamos perdiendo y el lamentable paisaje que estamos legando a nuestros herederos.


El año ha sido espléndido y a pesar de todo lo que me he movido, me ha faltado tiempo y medios para moverme y ver todo lo que yo hubiera querido. Las orquídeas han estado masivas, sobre todo, las del primer turno y hace pocos días descubrí la mayor población de junco florido que he visto nunca, lo que tampoco es muy difícil siendo una especie en el umbral de la desaparición. Otras especies poco comunes, en el centro peninsular, también han estado espectaculares, como ha ocurrido con el rarísimo Astragalus scorpioides o como estamos viendo con el Teucrium spinosum que llega a adquirir portes arbustivos.


      No sé cuándo volveremos a ver otra primavera parecida, pues el año pasado fue un año de “libro” de lo que nos espera con el famoso calentamiento climático, primaveras que se acortan y abortan de golpe ante la irrupción temprana de temperaturas casi saharianas.


 Espero que no tardemos mucho en ser bendecidos con una año como éste y cuidar nuestro campo, valorar especies como ésta y recuperar campos y bordes de arroyos del centro de la península para que cuando llegue un año tan bueno como éste, lo podamos fotografiar, oler, disfrutar y enseñárselo a nuestros hijos para que no sean tan pasotas y descuidados como nosotros y lo valoren y cuiden como se merecen estos buenos lugares de nuestra naturaleza. No todo tiene que ser carne de arado, creo que es un derecho de todos conocer y disfrutar del buen estado natural del lugar en que hemos nacido.



jueves, 31 de mayo de 2018

Por la meseta cristalina de Toledo. Paseo por el río Algodor


                Esta es una región poco conocida , a caballo entre la depresión del Tajo y los Montes de Toledo, un verdadero puente entre una y otra región y la transición también, geológicamente hablando, de los últimos restos de la mesa de Ocaña-Tarancón, en la Cuenca de Madrid al macizo Hercínico o macizo Ibérico, en cuyo suelo nos encontramos; con ese cambio litológico de las calizas, margas y arcillas por un lado, a los granitoides y cuarcitas por el otro.


       El material que conforma esa clara y compacta región, es conocida geológicamente como la plataforma cristalina de Toledo, aunque hasta hace pocos tiempo se conocía como la comarca de la Sisla que es toda la región comprendida entre los Montes de Toledo y el río Tajo, con la Sisla Mayor, en cuyo extremo oriental, el delimitado por el río Algodor, he dado este paseo, y la Sisla Menor, ya más encajonada entre los montes y el río.



       Se trata de una meseta, elevada más de 200m. sobre el Tajo comprendida por materiales ácidos, fundamentalmente granitoides (pues hay granitos, granodioritas y migmatitas mayormente) y algunas alineaciones de cordales de cuarcitas que en su borde norte, en paralelo al Tajo, forman un rosario discontinuo de elevaciones aisladas que ha venido en llamarse como los Montes Isla de Toledo. Aunque realmente los montes isla, en sentido geológico son sedimentarios y serían otros: el monte de Magán, al norte de Toledo, reconocible por la cementera que ha acabado con su cubierta caliza cimera, u otros montes de los bordes occidentales de la Mesa de Ocaña en Yepes, Valdecarábanos o La Guardia.



      He recorrido parte del borde oriental de esta meseta cristalina, concretamente en entorno del río Algodor. Las rocas aflorantes por aquí, no son granitos, como poco más al oeste, ni cuarcitas, como al sur, donde podemos ver el castillo de Peñas Negras en Mora, en una cresta dominando esta industriosa ciudad, ni margas o arcillas como ocurre más al este y sureste. 


Roca de migmatita con las gramíneas Hyparrhenia hirta y las crucíferas en flor Coincya monensis

         Estamos sobre unas rocas muy parecidas al granito, son las migmatitas, una roca a medio camino entre las metamórficas y las plutónicas. Es como un granito deformado (gneis) en el que aparecen materiales transformados y sin transformar, dispuestos en bandas coloreadas de tonos claros, oscuros e intermedios dispuestos rítmicamente. A todos los efectos son rocas ácidas que se comportan como los granitos.


Tonos marrones de la migmatita en contraste con el blanco de Omphalodes linifolia.

          Pero estas rocas, incluídas los granitos cercanos, a pesar de su acidez muestran un compartamiento a nivel edáfico y botánico, bastante cercano a lo basófilo. Aquí está bastante reciente la denudación superficial que hizo aparecer estas rocas subyacentes, como son todas las rocas plutónicas, además en condiciones tan xéricas (<400mm .="" a="" aumentar.="" b="" cenozoica="" comportarse="" cubierta="" de="" dejado="" el="" en="" eso="" esta="" hacen="" han="" hay="" i="" impronta="" lavado="" los="" manera.="" materiales="" mica="" nico="" no="" o:p="" ph="" por="" predominantemente="" qu="" que="" sicos="" suelos="" tiende="" una="" y="">
   Llama la atención, plantas típicamente acidófilas como las claverlinas, los cytisus, los cantuesos, junto a otras, incluso más dominantes como las artemisas, tomillos vulgares y otras. Y más llama la atención la presencia de especies como la aquí abundante escoba blanca (Cytisus multiflorus). 



          Planta que siempre supuse que necesitaba una buena dosis de precipitación para prosperar y que en esta zona, creo no llega a los 400mm., mientras que en las peanas norte de Montes de Toledo, Gredos o en Extremadura, donde es abundante, la media de lluvia supera los 600mm.



           Otra planta, mejor dicho, árbol, que descubrí hace unos años, gracias a una magnífica entrada en el blog “En el Ecotono”, también aparece profusamente por aquí. Es el verdadero almendro silvestre que no “asilvestrado”, el Prunus webbii, un almendro, no reconocido unánimemente por los botánicos, nativo del sur (Italia y Grecia) y también suroeste (España) de Europa.



          Se cree que de la misma manera que griegos y romanos injertaron nuestros bastos acebuches para crear los olivares de aceite y aceituna, también fueron mayoritariamente injertados, pues sus frutos eran demasiado pequeños para que mereciese la pena su cultivo. Es curioso que tras validar la autoctonía de castaños y nogales, nadie quiera darle el certificado de nacionalidad a este arbolillo.



           Este almendro silvestre es muy fácil de confundir con un almendro asilvestrado que es lo que solemos ver mayoritariamente en montes y barrancos. Pero si ponemos atención no es tan difícil de identificar. Tiene un aspecto arbustivo, espinoso, seco y desaliñado y más ramas secas que verdes. Sus estrechas hojas y los frutos, son bastante más pequeños que los de un almendro asilvestrado. Las ramas se abren dejando ángulos cercanos a los 90º y a veces lo hacen en forma de abanico. Las puntas de esas ramas tienden  a terminar casi en pincho y sin hojas.



         Por suerte o desgracia, se suelen hibridar con almendros escapados, de los que hay bastantes por la zona, pero una vez vistos los primeros ya es fácil identificarlos. De hecho yo los he encontrado en algunos volcanes del Campo de Calatrava, donde además es tradicional que algunos de ellos lleven el repetitivo nombre de Arzollosa que es el nombre del almendro silvestre (y asilvestrado) en árabe y que en la Mancha ha perdurado, también bajo el nombre, menos común que el anterior, de “allozo”.



           Este año se nota que el campo sonríe a la cantidad de agua que le ha venido cuando más lo necesitaba después de la dureza del año y medio anterior a los últimos días de febrero, que fue cuando empezaron las lluvias de verdad. El Algodor no corría hasta mediados de marzo y ahora, ya ha llenado sus presas de El Castro y Finisterre. Comienzan muchas floraciones y otras ya se agostan, como ocurre con los primeros calores, aunque no sean muy fuertes.

Los dientes de león ya se han pasado hace pocos días

           Apenas hay unas pocas encinas y el árbol dominante es el almendro, con algunos ejemplares sueltos de olivos silvestres, más que acebuches propiamente dichos. 


Olivo silvestre entre arzollos o ayozos (almendros silvestres)

          La gama arbustiva pasa por las retamas, escobas blancas, jazminorros, espinos blancos en las vaguados y negros en las rocas. Abundantes esparragueras y vegetación ribereña, con taray, algunos sauces y chopos.


Carrizales, con sauces y chopos en la vega fluvial del Algodor

             La vegetación tiene una cierta buena gama, porque aparentemente hay mucho esparto o artemisas, más propias de fases degradadas, pero la escoba blanca, jazmines, retamas locas y esparragueras podrían indicar lo contrario. También llama la atención la abundacia entre y al pie de los grandes bloques, de la gran labiada Ballota hirsuta, todavía sin florecer.


Ballota hirsuta en rellanos rocosos

      En las laderas, incluso altas, vecinas de río, me llama la atención, como también he visto en otras localidades, cómo remontan las laderas los tamujos (Flueggea tinctorea), quién iba a decir que es un arbusto ribereño. Quizás es que todos los ejemplares están conectados entre sí y se repartan un agua que, lógicamente, falta en esas, ya altas laderas.

En primer término tamujos remontando estas pedregosas laderas

          Eso ocurre con un tipo de vegetación bastante abundante en este tramo de la cuenca del Tajo. La vegetación relacionada con las arenas. Sobre esta meseta cristalina, el resultado de las alteraciones, es la arenización de estos granitoides y materiales parecidos, a lo que hay que añadir, las arenas de las facies sedimentarias procedentes del Sistema Central que llegan hasta el mismo Toledo, las arcosas.


Suelos arenizados con la bella compuesta Prolongoa hispanica

        Al norte de Toledo, esta formación sedimentaria toma un tono anaranjado, en la facies “Toledo” y un tono más blanquecino en la facies “Madrid” más cercana al río Guadarrama. Además hace tiempo, (geológico), el Manzanares venía a desembocar prácticamente enfrente de donde lo hace el Algodor, hasta que un pequeño afluente del Jarama, capturó su antiguo cauce aguas abajo del barrio de Villaverde, y todo lo que traía el Manzanares eran arenas.

Paisaje arenizado al pie de las rocas

           No hace falta fijarse mucho, ahora mismo es el momento de una pequeña, bella y abundante compuesta típica de las arenas no muy ácidas, la Prolongoa hispánica. Aunque el apellido es muy de aquí, el nombre es algo retorcido, pero es la margarita amarilla de las arenas. También, como no, aparecen sabulícolas clásicas como las pequeñas Malcolmia triloba, Linaria spartea, Rumex bucephalophorus o el Erodium aethiopicum, entre otras. Otro toque especial, aunque aún no ha llegado a su llamativa floración es la de la Pistorinia hispánica, planta muy parecida a un Sedum.


Tonos rojillos de Rumex bucephalophorus y abajo la Pistorinia hispanica aún sin florecer

             Este tipo de rocas tiene una buena colonización liquénica, destacando por el fuerte y colorista contraste con las rocas, los Acarospora de fuertes tonos amarillos.
            

                En unas lomas al borde de los berrocales y barrancos veo una tremenda colonización del cactus americano Opuntia streptacantha. Se escaparía de algún chalet y ahora avanza descontrolado, cerrando buenos espacios a otras especies nativas o incluso al paso humano. No es la primera vez que lo veo en medio del campo.


Esto va pareciendo un paisaje de la meseta central mejicana

               Rincón bastante desconocido, quizás debido a que a partir de principios de mayo es una zona muy calurosa y sin fuentes, aparte de lo quebrado del terreno, lo que, por otro lado, da pie a muchas sorpresas y todo tipo de rincones insospechados que habría que conocer, en este rincón de la geografía castellana.



jueves, 12 de abril de 2018

Los Narcisos del Valle de Alcudia




         Si no fuera por el hallazgo, gracias a Leovigildo Flox, de una nueva especie de narciso para Castilla la Mancha, este trabajillo, no tendría demasiado sentido, ya que a pesar de no ser infrecuentes y tener una buena variedad de ellos, el valle de Alcudia, no destaca precisamente por su riqueza en narcisos, una de las plantas más bellas de los arranques de la primavera y mucho más ibérica de lo que creen casi todos los jardineros, acostumbrados a variedades cultivares procedentes de Inglaterra o de Holanda.


        En semana Santa me dí mis buenos paseos y carreras por lo alto de la sierra norte de Alcudia o Solana de Alcudia, por allí descubrí que, aunque ya estaban pasados en localizaciones de cotas más bajas, aún estaban en su esplendor los Narcissus cantabricus que llenaban los suelos, nunca cultivados, de estas pedregosas serretas, enseñoreándose de repisas rocosas con sus blancas trompetillas.

El inconfundible Narcissus cantabricus, una de las primeras flores de mediados de invierno

     Más al este, en la sierra del Relumbrar, última serreta del oriente de Sierra Morena, aparece otra especie muy similar, pero siempre de tonos netamente amarillos, es Narcissus hedraeanthus que no aparece en el valle de Alcudia. Este narciso, ya en las áreas calizas de Alcaraz se decanta en la subespecie luteolentus.

Las colgantes flores de Narcissus triandrus subsp. pallidulus

         También por esas alturas y por las peanas de sus umbrías, como en los pinos de Puertollano, abundaba Narcissus triandrus subsp. pallidulus, un narciso más común y extendido que el anterior y que por esas sierras me llamó la atención la variedad de tonos que mostraban, pues su nombre subespecífico hace referencia al color más crema que amarillo de sus flores, pero que por aquí llega a mostrar individuos de un vibrante amarillo kodak, como dicen los fotógrafos. Ya empezaba a dudar si no me estaría confundiendo con los anteriores y esa variación de tonalidades que denota especies diferentes.

Narcissus rupícola entre el jaral en una repisa de solana

         La especie más serrana, la de los suelos más rocosos, la de las repisas y la que sin duda muestra un nombre más acorde a su naturaleza, es el Narcissus rupícola. Este narciso, también muy madrugador y por aquí bastante escaso que a veces aparece en el interior de jarales de las repisas rocosas, no presenta confusión dado su inconfundible hábitat. Otra cosa sería si lo pusiéramos junto con otros de áreas inferiores como Narcissus fernandesii e incluso otro de junqueras y marjales como Narcissus jonquilla.

Praderita de Narcissus fernandesii en suelo volcánico fuera de Alcudia

       Los narcisos que no son tan amantes de los relieves quebrados, tienen nichos ecológicos variados, como puedan ser los mullidos suelos forestales o los fondos de los innumerables vallejos que salpican desde la caída de las dos sierras que enmarcan el valle de Alcudia por el norte y por el sur, a los innumerables vallejos interiores labrados en el centro del anticlinal desventrado que es este valle, con sus grauvacas oscuras, las “pizarras” de sus riscales como las llaman sus habitantes.

Narcissus jonquilla en los bordes del Tablillas

         En los bordes pedregosos de los esporádicos arroyuelos alcudianos aparece, a veces con profusión, el junquillo Narcissus jonquilla, aunque junquillo se le llama en el campo a muchas cosas, en este caso parece que la coincidencia del nombre vulgar y el específico no es casual. Este narciso suele crecer en grupos. Existen lugares en que es absolutamente masivo, ya fuera de Alcudia, como un poco más al NW en islillas y desembocaduras de arroyuelos en los grandes pantanos extremeños como el de la Serena.

Junquillos entre el tamujar y los ranúnculos

         Este narciso apenas aparece en las zonas orientales del Alcudia, a partir de la cabecera del Tablillas, más quebradas y algo más secas que las occidentales. El valle de Alcudia es tan largo, casi cien kilómetros, que hace un poco de bisagra entre las áreas más atlánticas occidentales y las más secas orientales y mediterráneas. Este carácter tiene su reflejo en la vegetación general, donde, por ejemplo, brezales, durillos y mirtos apenas muestran efectivos en sus extremos más orientales.

Narcissus bulbocodium en pradillos pastoreados

         También en los fondos de vallejo, aunque puedan aparecer en repisas herbosas de zonas algo más altas, aparece uno de los narcisos más comunes y pequeños, es el Narcissus bulbocodium, son como trompetitas cónicas de un intenso color amarillo. Suele crecer en grupos más o menos numerosos. Aparecen a principios de la primavera sobre herbazales usualmente ramoneados por las ovejas, sobre los que destacan poderosamente.

Narcissus bulbocodium en su variedad "alzada" a pesar de la sequía de 2017

         En algunos lugares aparecen ejemplares diferenciables del anterior por no aparecer de forma tan numerosa, ser mayores, más altos, siempre verticales y crecer exclusivamente en bordes de corrientes temporales. Por más que he buscado, no he encontrado cuál de las subespecies o taxones existentes podría tratarse.

Narcissus assoanus y en blanco su híbrido con N. cantabricus (Narcissus x romoi)

         Otro narciso que no está pero podría aparecer en Alcudia, pues existe un par de kilómetros al este, en Huertezuelas y una buena población en la vecindad de un volcán calatraveño, en las inmediaciones del Guadiana, es Narcissus fernandesii (en Flora Ibérica N. assoanus). Narciso muy parecido al N. jonquilla pero menor y con menos requerimientos hídricos. Se le podría esbozar como el intermedio entre el Narcissus jonquilla y N. rupícola, tanto en caracteres como en ecología.

Narcissus muñozii-garmendiae (habrá que creérselo) antes de la floración

         En los buenos suelos forestales de algunos de sus mejores robledos (muy escasos las umbrías de Alcudia), quejigares y también en los bordes de bonales, puede aparecer el que es el único endemismo de la provincia de Ciudad Real. Se trata del bello narciso trompetero Narcissus muñozii-garmediae, aunque Flora Ibérica lo trata como subespecie perteneciente al grupo Pseudonarcissus; yo apoyo a otros autores que lo creen especie y afín a otras también defenestradas en F.I. (los incluye en Narcissus minor), tales como Narcissus asturiensis o N. jacetanus.

Narcissus pseudonaricissus subsp. portensis en un bonal al sur del Guadiana

 Narcissus muñozii-garmendiae que yo aún no he visto en flor, es relativamente difícil de distinguir de otro narciso de ecología muy parecida y bastante extendido en todos los montes de Ciudad Real, salvo Sierra Morena, Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis, que podría aparecer en los bordes noroccidentales del valle, por haber buenas poblaciones a pocos kilómetros más al norte, ya en el entorno del cercano Guadiana.

Robledal al norte del Guadiana, con Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis que aquí algún autor dio por N. muñozii-garmendiae

Narcissus pseudonarcisus subsp. portensis tiene una ecología más variada y es capaz de aguantar condiciones ambientales que el otro no toleraría, como es la exposición directa al sol, tornando sus hojas tonalidades glaucas que son menos notables en los ejemplares del subvuelo del bosque. Otras diferencias entre ellos es que Narcissus muñozii-garmendiae es ligeramente menor en todo, aunque con un pedicelo floral mayor y un ligero estrechamiento en su relativamente corto tubo. A nivel más práctico, casi nunca forma masas densas, sus hojas no se alzan todas verticales, pueden aparecer ejemplares con dos flores y si se intenta arrancar, sale al mínimo esfuerzo por tener su bulbo muy superficial y en suelo mullido y aireado.


La novedad, de la que andaba pendiente ya varios años para poder verla, es la de unos narcisos blancos que crecen en un único vallejo de todo el valle de Alcudia. Me lo comunicó Leovigildo Flox, pero entre lo difícil que es acertar con el momento exacto de la floración y lo distante de su localización, no ha podido ser hasta este magnífico inicio de primavera que nos ha deparado un mes de marzo muy abundante en precipitaciones.


Se trata de Narcissus papyraceus, un narciso del suroeste ibérico, impensable para estos lugares algo más mesetarios; pero teniendo en cuenta que aparece en las comarcas vecinas de los Pedroches, en Córdoba al sur, y en la Serena, en Badajoz al oeste, por qué no habría de estar en esta localidad intermedia entre ambas. En su día Leovi se los enseñó a Ramiro García Río, el gran botánico y conocedor de estas sierras, de este descubrimiento, pero Ramiro no tenía nada claro que tuvieran un origen autóctono.


Los narcisos aparecen con profusión en el fondo de este vallejo. No todos están florecidos y desde lejos, las matas sin florecer, apenas son distinguibles de los numerosos gamones de estos pastos. Existen puntos en que aparece alguna mancha masiva, pero la mayoría están dispersos en manchas de pocos ejemplares, aunque con hojas muy numerosas. Leovi me comentó que otros años aparecían en manchas más espesas y más ceñidos a la línea central del fondo de valle y también me dijo que habló con una mujer mayor, de la finca más cercana y que ésta le contó que cuando ella era pequeña esos narcisos ya estaban allí y en buena cantidad.


Es un narciso alto, de hojas y tallos muy planos y grisáceos, con flores blancas sin apenas pedicelo, pequeñas en comparación con el tamaño de la planta y con un fuerte olor, no precisamente agradable. Su bulbo es muy grande y rodeado de una túnica prácticamente negra. A estas alturas prácticamente la mayoría de las flores ya estaban algo marchitas y las matas bastante hojisecas, algo difícil de explicar un año en que apenas ha habido dos días en semana Santa de temperaturas y sol que no estuvieran bastante por debajo de la media.


Estas plantas no hacen sino incrementar el ya alto valor natural de este fantástico y descomunal valle que, junto con Sierra Madrona, lleva pocos años ostentando la categoría de Parque Natural. Yo siempre he pensado, incluso antes de Cabañeros, que el verdadero Parque Nacional representativo del ecosistema del monte mediterráneo ibérico, no podría ser sino Sierra Madrona y sus alrededores, como este magnífico valle de Alcudia.


Esperemos que la gestión del Parque esté (y parece estarlo) a la altura de los altos valores naturales y humanos que pretende conservar. No obstante, una empresa pública como es la enorme dehesa y montes de Castilserás, debería gastar muchos menos euros en autobombo y cuidar sus más que dudosas técnicas de tratamiento forestal y agropecuario, tales como la introducción de maquinaria pesada en las dehesas para desempedrar, acumulando bloques en grandes montículos entre las encinas, como pude comprobar. Esta empresa pública debería dar ejemplo a la privada, en aras de una conservación, al menos, como la mantenida hasta estos tiempos que nos ha legado una naturaleza y unos paisajes sobresalientes, ricos y variados.


  Otro gran peligro para los narcisos y para el paisaje tradicional del valle es la puesta en cultivo cerealístico. Ya se sabe que el peor enemigo de las plantas con bulbo es el arado y esto en Alcudia tradicionalmente no pasaba. Solo ocurrió, y muy puntualmente, desde los años del hambre hasta inicios de los 70’ y por causa de la pobreza extrema de parte de sus habitantes que vino a terminarse con el masivo éxodo rural posterior.


   La actual Política Agraria Común parece que abre una ventana subvencionadora para el cultivo de cereales, algo muy poco rentable en estas tierras tan pobres y tan dependientes de la climatología. También en muchas fincas se está introduciendo ganado vacuno y he visto transformados en otras áreas, prados de narcisos en verdaderos cardales por este motivo.

En otros tiempos, en los valles de Riaño

 Este enorme valle es el invernadero clásico de una gran cabaña ovina, la oveja merina es la verdadera escultora y mantenedora de la ecología del valle de Alcudia. Como muestra en el centro del valle, aún perdura la estación de tren de Alcudia-Veredas, para la carga de las ovejas transhumantes.


  Este año el valle de Alcudia está que se sale. Pocas veces está tan bello este valle como a principios de primavera y pocos años, como este, tan ricos y tan bien alimentados por las lluvias y una climatología propicia, muy al contrario que los últimos, en que fue triste noticia este valle por la “resurrección” de las plagas de langosta.

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