jueves, 31 de mayo de 2018

Por la meseta cristalina de Toledo. Paseo por el río Algodor


                Esta es una región poco conocida , a caballo entre la depresión del Tajo y los Montes de Toledo, un verdadero puente entre una y otra región y la transición también, geológicamente hablando, de los últimos restos de la mesa de Ocaña-Tarancón, en la Cuenca de Madrid al macizo Hercínico o macizo Ibérico, en cuyo suelo nos encontramos; con ese cambio litológico de las calizas, margas y arcillas por un lado, a los granitoides y cuarcitas por el otro.


       El material que conforma esa clara y compacta región, es conocida geológicamente como la plataforma cristalina de Toledo, aunque hasta hace pocos tiempo se conocía como la comarca de la Sisla que es toda la región comprendida entre los Montes de Toledo y el río Tajo, con la Sisla Mayor, en cuyo extremo oriental, el delimitado por el río Algodor, he dado este paseo, y la Sisla Menor, ya más encajonada entre los montes y el río.



       Se trata de una meseta, elevada más de 200m. sobre el Tajo comprendida por materiales ácidos, fundamentalmente granitoides (pues hay granitos, granodioritas y migmatitas mayormente) y algunas alineaciones de cordales de cuarcitas que en su borde norte, en paralelo al Tajo, forman un rosario discontinuo de elevaciones aisladas que ha venido en llamarse como los Montes Isla de Toledo. Aunque realmente los montes isla, en sentido geológico son sedimentarios y serían otros: el monte de Magán, al norte de Toledo, reconocible por la cementera que ha acabado con su cubierta caliza cimera, u otros montes de los bordes occidentales de la Mesa de Ocaña en Yepes, Valdecarábanos o La Guardia.



      He recorrido parte del borde oriental de esta meseta cristalina, concretamente en entorno del río Algodor. Las rocas aflorantes por aquí, no son granitos, como poco más al oeste, ni cuarcitas, como al sur, donde podemos ver el castillo de Peñas Negras en Mora, en una cresta dominando esta industriosa ciudad, ni margas o arcillas como ocurre más al este y sureste. 


Roca de migmatita con las gramíneas Hyparrhenia hirta y las crucíferas en flor Coincya monensis

         Estamos sobre unas rocas muy parecidas al granito, son las migmatitas, una roca a medio camino entre las metamórficas y las plutónicas. Es como un granito deformado (gneis) en el que aparecen materiales transformados y sin transformar, dispuestos en bandas coloreadas de tonos claros, oscuros e intermedios dispuestos rítmicamente. A todos los efectos son rocas ácidas que se comportan como los granitos.


Tonos marrones de la migmatita en contraste con el blanco de Omphalodes linifolia.

          Pero estas rocas, incluídas los granitos cercanos, a pesar de su acidez muestran un compartamiento a nivel edáfico y botánico, bastante cercano a lo basófilo. Aquí está bastante reciente la denudación superficial que hizo aparecer estas rocas subyacentes, como son todas las rocas plutónicas, además en condiciones tan xéricas (<400mm .="" a="" aumentar.="" b="" cenozoica="" comportarse="" cubierta="" de="" dejado="" el="" en="" eso="" esta="" hacen="" han="" hay="" i="" impronta="" lavado="" los="" manera.="" materiales="" mica="" nico="" no="" o:p="" ph="" por="" predominantemente="" qu="" que="" sicos="" suelos="" tiende="" una="" y="">
   Llama la atención, plantas típicamente acidófilas como las claverlinas, los cytisus, los cantuesos, junto a otras, incluso más dominantes como las artemisas, tomillos vulgares y otras. Y más llama la atención la presencia de especies como la aquí abundante escoba blanca (Cytisus multiflorus). 



          Planta que siempre supuse que necesitaba una buena dosis de precipitación para prosperar y que en esta zona, creo no llega a los 400mm., mientras que en las peanas norte de Montes de Toledo, Gredos o en Extremadura, donde es abundante, la media de lluvia supera los 600mm.



           Otra planta, mejor dicho, árbol, que descubrí hace unos años, gracias a una magnífica entrada en el blog “En el Ecotono”, también aparece profusamente por aquí. Es el verdadero almendro silvestre que no “asilvestrado”, el Prunus webbii, un almendro, no reconocido unánimemente por los botánicos, nativo del sur (Italia y Grecia) y también suroeste (España) de Europa.



          Se cree que de la misma manera que griegos y romanos injertaron nuestros bastos acebuches para crear los olivares de aceite y aceituna, también fueron mayoritariamente injertados, pues sus frutos eran demasiado pequeños para que mereciese la pena su cultivo. Es curioso que tras validar la autoctonía de castaños y nogales, nadie quiera darle el certificado de nacionalidad a este arbolillo.



           Este almendro silvestre es muy fácil de confundir con un almendro asilvestrado que es lo que solemos ver mayoritariamente en montes y barrancos. Pero si ponemos atención no es tan difícil de identificar. Tiene un aspecto arbustivo, espinoso, seco y desaliñado y más ramas secas que verdes. Sus estrechas hojas y los frutos, son bastante más pequeños que los de un almendro asilvestrado. Las ramas se abren dejando ángulos cercanos a los 90º y a veces lo hacen en forma de abanico. Las puntas de esas ramas tienden  a terminar casi en pincho y sin hojas.



         Por suerte o desgracia, se suelen hibridar con almendros escapados, de los que hay bastantes por la zona, pero una vez vistos los primeros ya es fácil identificarlos. De hecho yo los he encontrado en algunos volcanes del Campo de Calatrava, donde además es tradicional que algunos de ellos lleven el repetitivo nombre de Arzollosa que es el nombre del almendro silvestre (y asilvestrado) en árabe y que en la Mancha ha perdurado, también bajo el nombre, menos común que el anterior, de “allozo”.



           Este año se nota que el campo sonríe a la cantidad de agua que le ha venido cuando más lo necesitaba después de la dureza del año y medio anterior a los últimos días de febrero, que fue cuando empezaron las lluvias de verdad. El Algodor no corría hasta mediados de marzo y ahora, ya ha llenado sus presas de El Castro y Finisterre. Comienzan muchas floraciones y otras ya se agostan, como ocurre con los primeros calores, aunque no sean muy fuertes.

Los dientes de león ya se han pasado hace pocos días

           Apenas hay unas pocas encinas y el árbol dominante es el almendro, con algunos ejemplares sueltos de olivos silvestres, más que acebuches propiamente dichos. 


Olivo silvestre entre arzollos o ayozos (almendros silvestres)

          La gama arbustiva pasa por las retamas, escobas blancas, jazminorros, espinos blancos en las vaguados y negros en las rocas. Abundantes esparragueras y vegetación ribereña, con taray, algunos sauces y chopos.


Carrizales, con sauces y chopos en la vega fluvial del Algodor

             La vegetación tiene una cierta buena gama, porque aparentemente hay mucho esparto o artemisas, más propias de fases degradadas, pero la escoba blanca, jazmines, retamas locas y esparragueras podrían indicar lo contrario. También llama la atención la abundacia entre y al pie de los grandes bloques, de la gran labiada Ballota hirsuta, todavía sin florecer.


Ballota hirsuta en rellanos rocosos

      En las laderas, incluso altas, vecinas de río, me llama la atención, como también he visto en otras localidades, cómo remontan las laderas los tamujos (Flueggea tinctorea), quién iba a decir que es un arbusto ribereño. Quizás es que todos los ejemplares están conectados entre sí y se repartan un agua que, lógicamente, falta en esas, ya altas laderas.

En primer término tamujos remontando estas pedregosas laderas

          Eso ocurre con un tipo de vegetación bastante abundante en este tramo de la cuenca del Tajo. La vegetación relacionada con las arenas. Sobre esta meseta cristalina, el resultado de las alteraciones, es la arenización de estos granitoides y materiales parecidos, a lo que hay que añadir, las arenas de las facies sedimentarias procedentes del Sistema Central que llegan hasta el mismo Toledo, las arcosas.


Suelos arenizados con la bella compuesta Prolongoa hispanica

        Al norte de Toledo, esta formación sedimentaria toma un tono anaranjado, en la facies “Toledo” y un tono más blanquecino en la facies “Madrid” más cercana al río Guadarrama. Además hace tiempo, (geológico), el Manzanares venía a desembocar prácticamente enfrente de donde lo hace el Algodor, hasta que un pequeño afluente del Jarama, capturó su antiguo cauce aguas abajo del barrio de Villaverde, y todo lo que traía el Manzanares eran arenas.

Paisaje arenizado al pie de las rocas

           No hace falta fijarse mucho, ahora mismo es el momento de una pequeña, bella y abundante compuesta típica de las arenas no muy ácidas, la Prolongoa hispánica. Aunque el apellido es muy de aquí, el nombre es algo retorcido, pero es la margarita amarilla de las arenas. También, como no, aparecen sabulícolas clásicas como las pequeñas Malcolmia triloba, Linaria spartea, Rumex bucephalophorus o el Erodium aethiopicum, entre otras. Otro toque especial, aunque aún no ha llegado a su llamativa floración es la de la Pistorinia hispánica, planta muy parecida a un Sedum.


Tonos rojillos de Rumex bucephalophorus y abajo la Pistorinia hispanica aún sin florecer

             Este tipo de rocas tiene una buena colonización liquénica, destacando por el fuerte y colorista contraste con las rocas, los Acarospora de fuertes tonos amarillos.
            

                En unas lomas al borde de los berrocales y barrancos veo una tremenda colonización del cactus americano Opuntia streptacantha. Se escaparía de algún chalet y ahora avanza descontrolado, cerrando buenos espacios a otras especies nativas o incluso al paso humano. No es la primera vez que lo veo en medio del campo.


Esto va pareciendo un paisaje de la meseta central mejicana

               Rincón bastante desconocido, quizás debido a que a partir de principios de mayo es una zona muy calurosa y sin fuentes, aparte de lo quebrado del terreno, lo que, por otro lado, da pie a muchas sorpresas y todo tipo de rincones insospechados que habría que conocer, en este rincón de la geografía castellana.



jueves, 12 de abril de 2018

Los Narcisos del Valle de Alcudia




         Si no fuera por el hallazgo, gracias a Leovigildo Flox, de una nueva especie de narciso para Castilla la Mancha, este trabajillo, no tendría demasiado sentido, ya que a pesar de no ser infrecuentes y tener una buena variedad de ellos, el valle de Alcudia, no destaca precisamente por su riqueza en narcisos, una de las plantas más bellas de los arranques de la primavera y mucho más ibérica de lo que creen casi todos los jardineros, acostumbrados a variedades cultivares procedentes de Inglaterra o de Holanda.


        En semana Santa me dí mis buenos paseos y carreras por lo alto de la sierra norte de Alcudia o Solana de Alcudia, por allí descubrí que, aunque ya estaban pasados en localizaciones de cotas más bajas, aún estaban en su esplendor los Narcissus cantabricus que llenaban los suelos, nunca cultivados, de estas pedregosas serretas, enseñoreándose de repisas rocosas con sus blancas trompetillas.

El inconfundible Narcissus cantabricus, una de las primeras flores de mediados de invierno

     Más al este, en la sierra del Relumbrar, última serreta del oriente de Sierra Morena, aparece otra especie muy similar, pero siempre de tonos netamente amarillos, es Narcissus hedraeanthus que no aparece en el valle de Alcudia. Este narciso, ya en las áreas calizas de Alcaraz se decanta en la subespecie luteolentus.

Las colgantes flores de Narcissus triandrus subsp. pallidulus

         También por esas alturas y por las peanas de sus umbrías, como en los pinos de Puertollano, abundaba Narcissus triandrus subsp. pallidulus, un narciso más común y extendido que el anterior y que por esas sierras me llamó la atención la variedad de tonos que mostraban, pues su nombre subespecífico hace referencia al color más crema que amarillo de sus flores, pero que por aquí llega a mostrar individuos de un vibrante amarillo kodak, como dicen los fotógrafos. Ya empezaba a dudar si no me estaría confundiendo con los anteriores y esa variación de tonalidades que denota especies diferentes.

Narcissus rupícola entre el jaral en una repisa de solana

         La especie más serrana, la de los suelos más rocosos, la de las repisas y la que sin duda muestra un nombre más acorde a su naturaleza, es el Narcissus rupícola. Este narciso, también muy madrugador y por aquí bastante escaso que a veces aparece en el interior de jarales de las repisas rocosas, no presenta confusión dado su inconfundible hábitat. Otra cosa sería si lo pusiéramos junto con otros de áreas inferiores como Narcissus fernandesii e incluso otro de junqueras y marjales como Narcissus jonquilla.

Praderita de Narcissus fernandesii en suelo volcánico fuera de Alcudia

       Los narcisos que no son tan amantes de los relieves quebrados, tienen nichos ecológicos variados, como puedan ser los mullidos suelos forestales o los fondos de los innumerables vallejos que salpican desde la caída de las dos sierras que enmarcan el valle de Alcudia por el norte y por el sur, a los innumerables vallejos interiores labrados en el centro del anticlinal desventrado que es este valle, con sus grauvacas oscuras, las “pizarras” de sus riscales como las llaman sus habitantes.

Narcissus jonquilla en los bordes del Tablillas

         En los bordes pedregosos de los esporádicos arroyuelos alcudianos aparece, a veces con profusión, el junquillo Narcissus jonquilla, aunque junquillo se le llama en el campo a muchas cosas, en este caso parece que la coincidencia del nombre vulgar y el específico no es casual. Este narciso suele crecer en grupos. Existen lugares en que es absolutamente masivo, ya fuera de Alcudia, como un poco más al NW en islillas y desembocaduras de arroyuelos en los grandes pantanos extremeños como el de la Serena.

Junquillos entre el tamujar y los ranúnculos

         Este narciso apenas aparece en las zonas orientales del Alcudia, a partir de la cabecera del Tablillas, más quebradas y algo más secas que las occidentales. El valle de Alcudia es tan largo, casi cien kilómetros, que hace un poco de bisagra entre las áreas más atlánticas occidentales y las más secas orientales y mediterráneas. Este carácter tiene su reflejo en la vegetación general, donde, por ejemplo, brezales, durillos y mirtos apenas muestran efectivos en sus extremos más orientales.

Narcissus bulbocodium en pradillos pastoreados

         También en los fondos de vallejo, aunque puedan aparecer en repisas herbosas de zonas algo más altas, aparece uno de los narcisos más comunes y pequeños, es el Narcissus bulbocodium, son como trompetitas cónicas de un intenso color amarillo. Suele crecer en grupos más o menos numerosos. Aparecen a principios de la primavera sobre herbazales usualmente ramoneados por las ovejas, sobre los que destacan poderosamente.

Narcissus bulbocodium en su variedad "alzada" a pesar de la sequía de 2017

         En algunos lugares aparecen ejemplares diferenciables del anterior por no aparecer de forma tan numerosa, ser mayores, más altos, siempre verticales y crecer exclusivamente en bordes de corrientes temporales. Por más que he buscado, no he encontrado cuál de las subespecies o taxones existentes podría tratarse.

Narcissus assoanus y en blanco su híbrido con N. cantabricus (Narcissus x romoi)

         Otro narciso que no está pero podría aparecer en Alcudia, pues existe un par de kilómetros al este, en Huertezuelas y una buena población en la vecindad de un volcán calatraveño, en las inmediaciones del Guadiana, es Narcissus fernandesii (en Flora Ibérica N. assoanus). Narciso muy parecido al N. jonquilla pero menor y con menos requerimientos hídricos. Se le podría esbozar como el intermedio entre el Narcissus jonquilla y N. rupícola, tanto en caracteres como en ecología.

Narcissus muñozii-garmendiae (habrá que creérselo) antes de la floración

         En los buenos suelos forestales de algunos de sus mejores robledos (muy escasos las umbrías de Alcudia), quejigares y también en los bordes de bonales, puede aparecer el que es el único endemismo de la provincia de Ciudad Real. Se trata del bello narciso trompetero Narcissus muñozii-garmediae, aunque Flora Ibérica lo trata como subespecie perteneciente al grupo Pseudonarcissus; yo apoyo a otros autores que lo creen especie y afín a otras también defenestradas en F.I. (los incluye en Narcissus minor), tales como Narcissus asturiensis o N. jacetanus.

Narcissus pseudonaricissus subsp. portensis en un bonal al sur del Guadiana

 Narcissus muñozii-garmendiae que yo aún no he visto en flor, es relativamente difícil de distinguir de otro narciso de ecología muy parecida y bastante extendido en todos los montes de Ciudad Real, salvo Sierra Morena, Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis, que podría aparecer en los bordes noroccidentales del valle, por haber buenas poblaciones a pocos kilómetros más al norte, ya en el entorno del cercano Guadiana.

Robledal al norte del Guadiana, con Narcissus pseudonarcissus subsp. portensis que aquí algún autor dio por N. muñozii-garmendiae

Narcissus pseudonarcisus subsp. portensis tiene una ecología más variada y es capaz de aguantar condiciones ambientales que el otro no toleraría, como es la exposición directa al sol, tornando sus hojas tonalidades glaucas que son menos notables en los ejemplares del subvuelo del bosque. Otras diferencias entre ellos es que Narcissus muñozii-garmendiae es ligeramente menor en todo, aunque con un pedicelo floral mayor y un ligero estrechamiento en su relativamente corto tubo. A nivel más práctico, casi nunca forma masas densas, sus hojas no se alzan todas verticales, pueden aparecer ejemplares con dos flores y si se intenta arrancar, sale al mínimo esfuerzo por tener su bulbo muy superficial y en suelo mullido y aireado.


La novedad, de la que andaba pendiente ya varios años para poder verla, es la de unos narcisos blancos que crecen en un único vallejo de todo el valle de Alcudia. Me lo comunicó Leovigildo Flox, pero entre lo difícil que es acertar con el momento exacto de la floración y lo distante de su localización, no ha podido ser hasta este magnífico inicio de primavera que nos ha deparado un mes de marzo muy abundante en precipitaciones.


Se trata de Narcissus papyraceus, un narciso del suroeste ibérico, impensable para estos lugares algo más mesetarios; pero teniendo en cuenta que aparece en las comarcas vecinas de los Pedroches, en Córdoba al sur, y en la Serena, en Badajoz al oeste, por qué no habría de estar en esta localidad intermedia entre ambas. En su día Leovi se los enseñó a Ramiro García Río, el gran botánico y conocedor de estas sierras, de este descubrimiento, pero Ramiro no tenía nada claro que tuvieran un origen autóctono.


Los narcisos aparecen con profusión en el fondo de este vallejo. No todos están florecidos y desde lejos, las matas sin florecer, apenas son distinguibles de los numerosos gamones de estos pastos. Existen puntos en que aparece alguna mancha masiva, pero la mayoría están dispersos en manchas de pocos ejemplares, aunque con hojas muy numerosas. Leovi me comentó que otros años aparecían en manchas más espesas y más ceñidos a la línea central del fondo de valle y también me dijo que habló con una mujer mayor, de la finca más cercana y que ésta le contó que cuando ella era pequeña esos narcisos ya estaban allí y en buena cantidad.


Es un narciso alto, de hojas y tallos muy planos y grisáceos, con flores blancas sin apenas pedicelo, pequeñas en comparación con el tamaño de la planta y con un fuerte olor, no precisamente agradable. Su bulbo es muy grande y rodeado de una túnica prácticamente negra. A estas alturas prácticamente la mayoría de las flores ya estaban algo marchitas y las matas bastante hojisecas, algo difícil de explicar un año en que apenas ha habido dos días en semana Santa de temperaturas y sol que no estuvieran bastante por debajo de la media.


Estas plantas no hacen sino incrementar el ya alto valor natural de este fantástico y descomunal valle que, junto con Sierra Madrona, lleva pocos años ostentando la categoría de Parque Natural. Yo siempre he pensado, incluso antes de Cabañeros, que el verdadero Parque Nacional representativo del ecosistema del monte mediterráneo ibérico, no podría ser sino Sierra Madrona y sus alrededores, como este magnífico valle de Alcudia.


Esperemos que la gestión del Parque esté (y parece estarlo) a la altura de los altos valores naturales y humanos que pretende conservar. No obstante, una empresa pública como es la enorme dehesa y montes de Castilserás, debería gastar muchos menos euros en autobombo y cuidar sus más que dudosas técnicas de tratamiento forestal y agropecuario, tales como la introducción de maquinaria pesada en las dehesas para desempedrar, acumulando bloques en grandes montículos entre las encinas, como pude comprobar. Esta empresa pública debería dar ejemplo a la privada, en aras de una conservación, al menos, como la mantenida hasta estos tiempos que nos ha legado una naturaleza y unos paisajes sobresalientes, ricos y variados.


  Otro gran peligro para los narcisos y para el paisaje tradicional del valle es la puesta en cultivo cerealístico. Ya se sabe que el peor enemigo de las plantas con bulbo es el arado y esto en Alcudia tradicionalmente no pasaba. Solo ocurrió, y muy puntualmente, desde los años del hambre hasta inicios de los 70’ y por causa de la pobreza extrema de parte de sus habitantes que vino a terminarse con el masivo éxodo rural posterior.


   La actual Política Agraria Común parece que abre una ventana subvencionadora para el cultivo de cereales, algo muy poco rentable en estas tierras tan pobres y tan dependientes de la climatología. También en muchas fincas se está introduciendo ganado vacuno y he visto transformados en otras áreas, prados de narcisos en verdaderos cardales por este motivo.

En otros tiempos, en los valles de Riaño

 Este enorme valle es el invernadero clásico de una gran cabaña ovina, la oveja merina es la verdadera escultora y mantenedora de la ecología del valle de Alcudia. Como muestra en el centro del valle, aún perdura la estación de tren de Alcudia-Veredas, para la carga de las ovejas transhumantes.


  Este año el valle de Alcudia está que se sale. Pocas veces está tan bello este valle como a principios de primavera y pocos años, como este, tan ricos y tan bien alimentados por las lluvias y una climatología propicia, muy al contrario que los últimos, en que fue triste noticia este valle por la “resurrección” de las plagas de langosta.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Plan Especial de Sequía



   El jueves pasado estuve en la presentación a los ciudadanos del Plan Especial de Sequía en la Comisaría de Aguas del Guadiana de Ciudad Real. En ese salón estaban mayoritariamente representadas las fuerzas vivas dominantes en el campo manchego, es decir ASAJA, representantes del PP y personal técnico en general. Alguien dijo allí que la agricultura manchega tiene algo más del 10 % de la creación de riqueza contando con la creada indirectamente, aunque solo emplea a un 7,7 % de la población, casi el triple que la media nacional.


   Es por eso, por lo quiero hablar por ese otro porcentaje cercano al 90% que aquí parece no tener voz. Como ecologista, sé que nuestra representación probablemente sea muy inferior a ese 10 %, aunque en realidad nuestros valores sean universales y estén presentes en gran parte de la población y, por supuesto, en muchos agricultores que aman la naturaleza y el campo que les toca vivir y trabajar, pero que no saben o no quieren venir aquí a defenderlos para que se tengan en cuenta. Situaciones de sequía como esta hacen poner sobre el papel todos estos temas de los que parece que nadie quiere que se hable, porque hay muchos interesados en que nada de esto cambie porque se están aprovechando de este silencio e inacción.



   Esto, en realidad, todavía no es una sequía, digamos que de los últimos cinco años, hay un par de ellos que han fallado y que también, como anticipo del cambio climático, las temperaturas van siendo superiores a la media, lo que ha contribuido a aumentar la evapotranspiración.



   Pero lo realmente serio es que no hace falta que venga una sequía severa para que salten las alarmas, pues realmente quien hace que el vaso esté vacío, no es la falta de precipitaciones, sino el exceso de consumo y esa es la cuestión, el vaso está vacío no porque hayan echado menos agua, sino porque ya nos la hemos bebido. En Castilla la Mancha la agricultura consume el 80% del agua y ocupa de forma absolutamente hegemónica su territorio, después de acabar con prácticamente todas las llanuras de inundación, decenas de lagunas, las pedregosas peanas de sus montes y haber diezmado ríos y arroyos, convertidos en lineales canales de desagüe.



   Me parece que está lo suficientemente claro, haya sequía o no, en la llanura manchega vienen a caer del cielo alrededor de unos 420 hm3, de los que unos 100 se “pierden” en evaporación y en dar algo de vida a los escasos sistemas naturales, dando una fugaz vida a los campos y una famélica escorrentía a algunos arroyos. Alrededor de 320 hm3 pasan a estar disponibles en pantanos, pero sobre todo en el fabuloso embalse subterráneo que es el acuífero manchego.



   Según las estadísticas, las necesidades para atender a los riegos, amén del agua de industria y servicios, y una pequeña parte para el abastecimiento humano, son de 470 Hm3. Esto hace que sin necesidad alguna de que haya sequía, ya nos falten anualmente 150 Hm3. Está claro que algo hay que hacer porque esto es insostenible bajo cualquier punto de vista.


   Muchos millones han caído sobre el campo manchego, subvenciones, compensaciones de rentas, planes especiales, compra de derechos de agua, pero ninguno ha servido para racionalizar u ordenar territorialmente los usos del suelo, dada la tremenda opacidad contable y financiera, el oportunismo, la picaresca o el clientelismo político, en un territorio dejado literalmente, al libre albedrío de las fuerzas económicas.



   Parece que la sequía de los primeros noventa, (eso sí fue una sequía, unida igualmente a un exceso de consumo), señaló a las claras el despilfarro del embalse subterráneo y la galopante desertización del desastre ecológico manchego y pareció haber cierta voluntad política para reformar los usos y costumbres agrarios que habían conducido a tan lamentable situación. Pero cambios políticos, económicos y, para bien o para mal, un magnífico periodo de lluvias que alivió esos problemas y elevó los niveles piezométricos de las catacumbas del acuífero, hasta hacer renacer la mayoría de los Ojos del Guadiana, hicieron que hubiese de nuevo barra libre para todos.



   No solo no aprendimos nada de la última sequía, sino que se ha dilapidado mucha de la renta conseguida con la “lotería” de aquellos años lluviosos. Ahora volvemos a las andadas, solo que estamos peor, pues hemos legalizado miles de pozos, autorizado nuevos consumos, hemos hecho más urbanizaciones sedientas, aumentado el regadío, con goteo eso sí, pero regadío al fin, etcétera. Y los últimos vestigios de la auténtica naturaleza manchega están desapareciendo a ojos vista, bajo el arado avaricioso o tapada por los caliches.



   Todo lo hecho por acción u omisión en el pasado, tiene la responsabilidad de que hayamos llegado a la situación actual y del más que probable, lamentable futuro que se avecina. Estoy hablando de un delito equiparable a la corrupción o peor, pues se ha jugado, con la obtención de beneficios económicos o rentas electorales, con el futuro de muchos castellano-manchegos, con la emigración o desaparición de los agricultores menos pudientes y lo que es más grave, a costa de la destrucción de los últimos restos del medio natural en las áreas más agrarias.



   Han sido las legalizaciones de pozos, las subvenciones y primas al regadío, embaucando a muchos agricultores para que se metan en créditos o maneras de producir que no se van a poder sostener en un futuro ya inmediato, las que nos han traído a este punto. Para colmo, se han buscado alternativas de secano, como el almendro o el pistacho, pero como regándolos son más rentables, pues se riegan igual que el viñedo en espaldera o muchos olivares, y si vienen problemas de abastecimiento, como son cultivos permanentes tienen derecho a riegos extraordinarios para evitar la muerte de las plantas.



   Se avecina una guerra, una guerra por los escasos recursos hídricos entre quienes creen tener derechos sobre el agua, los que creen tener unos derechos sobre unos ingresos a los que se han acomodado, los que creen tener derechos por concesiones más antiguas, los que tienen cultivos permanentes, los que tienen ganado que saciar y, por desgracia, los endeudados en riesgo de embargo.



   La agricultura viene a consumir en Castilla la Mancha algo más del 80% del agua disponible, quienes tienen talleres o industrias necesitan, entorna a un 10% de agua para su funcionamiento o limpieza, aproximadamente lo mismo que el abastecimiento humano. Ni que decir tiene que será a los ciudadanos de a pie a los que primero se les pedirá que no dejen el grifo correr, mientras se lavan los dientes.


   Desde los años 70 en que comenzó el desarrollo exponencial del regadío y que a la siguiente década llevó a que los mundialmente famosos Ojos del Guadiana dejaran de manar, en los pueblos manchegos, empezaron a quedar como “tontos” aquellos que no regaban, delante de los beneficios de aquellos que se pusieron a hacer pozos, legales o ilegales. La carrera por el agua dejó muchos cadáveres por el camino, de entrada, nuestros ríos, lagunas, el pastoreo extensivo, etc. Pero ha calado en la conciencia de los agricultores que sin regadío no hay futuro.


Cómo va a llover, si no hay bosques ni pastizales ni riberas que con su agua llamen al agua.



   Castilla la Mancha no es solo su agricultura, existen muchos sectores, colectivos e intereses y a todos ellos hay que conjugarlos sin renunciar a una maravillosa naturaleza que tenemos y que estamos empezando a saber hacer producir. Por qué a la hora de ver los usos del territorio, solo se plantea el de la producción agraria. Hay que racionalizar la agricultura, restringiéndola a sus áreas más productivas, haciéndola menos consumidora de recursos, potenciando la agricultura ecológica, lo que además conllevaría un descenso de la galopante contaminación por nitratros y otros elementos perjudiciales para la salud que van a parar al fondo de un acuífero del que se consume y del que se vuelve a regar. 



   La agricultura manchega está en riesgo de perder su buena fama, si se continua destrozando la naturaleza y se sigue contaminando, pues todo queda abajo y los contaminantes se vuelven a usar. Yo he llegado a ver en los 90, como se secaban cultivos que al ser regados por aspersión; la alta concentración de sustancias en ese “culo” del acuífero, hacía que se depositase en las hojas tapándolas, llegando a matar la planta y el cultivo.



   Hay que dar la vuelta a la política de reducir los ríos a canalillos, para que algunos interesados (fueron generalmente los mismos promotores de las desecaciones) se adjudicaran su propiedad con lo que fueron bienes públicos, riberas saludables y productivas. Lo que debiéramos hacer es desvolver muchos de esos terrenos, los más productivos biológicamente que en muchos casos son malos productores agrícolas, por tener sales o sodio en exceso, para que la naturaleza se muestre en su esplendor y sean áreas “esponja” para la recarga del acuífero. Deshacer esos lechos profundizados y aislados de su ribera y dejarlos curvear por una llanura de inundación recuperada, convirtiéndolos en corredores ecológicos que comuniquen las distintas regiones naturales manchegas.



   La Política Agraria Común es quién reina y reparte regalías en estos campos. Es una política de despacho, sin los pies en la tierra, sin ver la realidad, si la engañan o la torean o si se consiguen los objetivos esperados en base a un altísimo porcentaje de los presupuestos europeos que, aunque nadie lo piense, pagamos todos, seamos agricultores o no. Todos y mayormente los agricultores, tienen que saber que el dinero escamoteado, ganado con artimañas o el incumplimiento de objetivos, las multas europeas  a España, etcétera, es defraudar, lejos de la idea generalizada de que es un dinero que “viene de Europa, donde tienen mucho”; es dinero que va a dejar de ser gastado apoyando la educación de nuestros hijos, de mantener dignamente nuestros hospitales, es dinero de todos y no debe ser de renta para unos pocos.



   Hay que adaptarse a la cruda realidad de que vivimos en una región con lluvias relativamente escasas, en una región calurosa y sedienta. El secano tiene que seguir usándose y en buena cantidad, y si eso no es rentable, muchas de estas tierras menos aptas para la agricultura, se deberían dejar libres para su re-naturalización por pastizales, arbustedas o bosques naturales; con un mínimo apoyo e inversión, daría para pastos, leñas, caza, hongos o para la admiración de turistas y uso de paseantes o deportistas; además de no consumir agua, será una buena esponja e influiría, aunque fuera ligeramente, en atenuar las temperaturas extremas.



   La agricultura tiene una alta función social, pero los apoyos que se le están ofreciendo están pervertidos, pues las ventajas son aprovechadas también, por empresarios e inversores que se mueven en función de estas ayudas, no todos obviamente. Pero hay demasiados rincones oscuros en las cuentas, hay bastantes jubilados que también realizan trabajos, trabajadores o funcionarios, incluso en la distancia de las ciudades que son agricultores y llevan sus tareas automatizadas, empresarios que pagan en negro a "negros" que tienen hacinados en fincas recónditas y que están desacreditando al buen trabajador del campo que aunque no sean muchos, son vitales para mantener unos pueblos que se están cayendo por perder su savia joven, sus mujeres y con la población mayor caducando por momentos.


   El Plan Especial de Sequía, nace muerto o irónicamente, “va a hacer aguas” porque todo van a ser pleitos y zancadillas para demorarlo. Este plan nace bastante tarde porque ya es duro haber llegado a esta situación aun viéndola venir desde lejos. El pantano de la Torre de Abraham está mucho más vacío de lo que debería por haberse regado este verano los campos de Porzuna y estamos hablando de la única fuente capaz de abastecer con calidad a la población de Ciudad Real, sin duda de no llover como lo está empezando a hacer ahora, pronto se tendrá que acudir a los pozos de emergencia. 



   El Plan ya avisa de el medio natural puede sufrir daños importantes dada lo excepcional de la situación, un tema muy delicado porque puede servir como excusa para todo tipo de atropellos. No es casual que después de las sequías salga muy perjudicado el Dominio Público Hidráulico, pues es el momento ideal para meter el arado sobre el suelo seco de las riberas deslindadas. Una de las pocas cosas que puede hacer una Confederación Hidrográfica, ya muy mediatizada por los intereses agrarios y con muchas de sus funciones delegadas a las Comunidades de Regantes, es una intensa labor de vigilancia y denuncia ante la que se avecina.


   Que de una vez seamos capaces de crear una agricultura sostenible y beneficiosa para todos, sin tener que apurar los acuíferos, destrozar el medio natural y llenar la sociedad de agravios comparativos y de unos más listos que otros. Somos capaces y lo queremos, la concordia y la conjunción de intereses respetando nuestra naturaleza es posible, aunque haya que trabajar mucho o ceder en intereses. El beneficio de todos también puede ser el beneficio particular.

Posdata: Afortunadamente para todos, nos ha vuelto a salvar la campana in extremis. Se han abierto los cielos y prácticamente todas las medidas de racionamiento anunciadas, están siendo derogadas.
Pero lamentablemente, estoy seguro que volveremos a las andadas porque las razones expuestas en estas letras, siguen en vigor, si no incrementándose.



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