jueves, 31 de enero de 2019

Los Praos de Carrión



          Los Praos de Carrión son una vasta superficie de aproximadamente 250 has., en relativo buen estado de conservación natural. Se trata de una gran zona deprimida formada por el arroyo Pellejero, también llamado Valdecañas, poco antes de su desembocadura en el Guadiana, donde ambas aguas conforman la península que aislaba y defendía la magnífica fortaleza de Calatrava la Vieja que fue durante siglos, la mayor ciudad existente entre Toledo y Córdoba. Cerca de la fortaleza, se encuentra el santuario de la virgen de la Encarnación, área de esparcimiento y celebración del municipio de Carrión de Calatrava, a quien pertenecen todos estos terrenos.


            Esta zona fue terreno de caza y una buena área de pastos ganaderos, prados o “Praos” que es el nombre que ha perdurado. También posee una fuerte impronta humana debido al trabajo de muchas generaciones de “yeseros”, quedando sobre el terreno, muestras de su antiguo oficio, como zonas excavadas, restos de casillas, hornos, etcétera. Con el decaimiento y cese de esta actividad, a partir de los primeros 80, este paraje parece quedar en el olvido, salvo para los pastores y cazadores, aunque por desgracia, a principios de los 70 sufrió trabajos de canalización, al igual que el aledaño río Guadiana.

Restos de un antiguo horno de yeseros

            Los Praos de Carrión tienen una naturaleza muy dependiente de los distintos ciclos climáticos que se suceden en este lugar, mostrando un aspecto, vegetación y fauna, extremadamente variable, según vengan estos ciclos. En un solo año se puede pasar de condiciones áridas, prácticamente salobres y esteparias, a un gran humedal con lámina de agua duradera por años. Esto conlleva que unas especies vegetales reemplacen a otras según estemos en un ciclo seco, húmedo o en sus transiciones.

El calaminar inundado tras un buen evento lluvioso

            Estas variaciones climáticas son continuas; tras la sequía del primer lustro de los 90, llegaron las fuertes lluvias de 1996-97, pero fue a partir de finales de 2009, con el comienzo de un nuevo ciclo lluvioso, cuando se recargó hídricamente esta región, aguantando algunas lagunas varios años seguidos, con el apoyo de la cercanía del nivel freático a la superficie, probablemente gracias a la existencia de acuíferos locales, menos profundos que el gran acuífero manchego. En la actualidad, al parecer, estamos terminando un reciente ciclo seco.

Cardales de varios tipos en pleno evento climático seco, sin lagunas residuales

            Los terrenos de los Praos acogen la vegetación propia de los dispersos humedales estacionales que, rodeados de bosquetes de tarayes, muestran grandes carrizales, praderas juncales y pequeñas manchas de vegetación salina, todo enmarcado por un entorno agrícola con su vegetación arvense, aunque con algunos retazos de suelos pedregosos sobre la dura costra caliza manchega, con sus tomillares y sus efímeras especies asociadas. Pero básicamente, dominan formaciones vegetales nitrófilas, como cardales o un gran calaminar. Toda esta vegetación es tanto o más interesante, al mostrar todo tipo de transiciones entre unos y otros tipos; hacia lo salino, hacia la costra caliza, hacia lo lacustre, hacia tomillares o hacia los cultivos.

Distintas formaciones vegetales hacia el centro de Los Praos

          La vegetación lacustre está dominada por los carrizales Phragmites australis y allí donde el agua es más profunda o permanente, aparece la espadaña Typha dominguensis y varios tipos de altos juncos (Shoenoplectus lacustris y S. littoralis), con alguna escasa mata de masiega (Cladium mariscus). Sobre suelos con el nivel freático más profundo, aparece el junco churrero (Scirpoides holoschoenus), aunque si los suelos son más salinos, que es lo más frecuente, aparece otra vegetación dominada por juncales salinos, formados por la castañuela (Bolboschoenus maritimus) y otros como el almorchín Schoenus nigricans y los juncos Juncus maritimus, J. subulatus, etc. 

Al bajar las aguas todo se llenó de jóvenes tarayes

          En estos suelos con más humedad aparecen espesos lastonares de Elymus curvifolius y E. hispidus o los espesos fenalares de Brachypodium phoenicoides. Entre estas masas de juncáceas y gramíneas aparecen las altas varas floridas de Cochlearia glastifolia y de menor talla Samolus valerandi, Centaurium spicatum, etc. En los bordes de estas áreas húmedas aparecen numerosos tarayes (Tamarix canariensis), no siendo muchos los individuos que llegan a hacerse añosos, apareciendo éstos ya en la desembocadura del Pellejero o en el sobre-excavado canal del Guadiana.

Más que una zanja, esto es la "tumba" del Guadiana

  Las áreas verdaderamente salinas son escasas y puntuales, el rincón de Charco Raso y otras aún menores; hace pocos años existía otra buena zona en la parte cercana a la ermita. Dominan aquí los almarjales de Suaeda vera y grandes masas de acelguillas (género Limonium). En el centro de las despejadas áreas más salobres aparece, siendo muy escaso, el llamativo coralillo (Microcnemum coralloides). Allí donde aparecen manchas blancas salobres en el suelo, aparece el micro-pastizal de Frankenia pulverulenta y bordeándolo, juncales salinos o espesos herbazales de las gramíneas salobres Aeluropus littoralis, Puccinellia festuciforme o la cebadilla Hordeum marinum. En algunos encharcamientos temporales y someros aparece la escasa y protegida Lythrum flexuosum.

En pie Centaurium spicatum y tumbado y algo pasado Lythrum flexuosum

La vegetación menos influenciada por el agua, los yesos o la salinidad del lugar, es la relacionada con el cercano encinar manchego que aparece en los vecinos montecillos la Dehesa de Carrión o en el Turón. Apenas aparece alguna encina pero sí, retamas y esparragueras que junto con tomillos (Thymus vulgaris) y zamarrillas (Teucrium gnaphalodes) son la única vegetación leñosa que aparece en puntuales áreas interiores pedregosas y zonas de transición a la dura costra caliza. Acompañando esos tomillares aparecen plantagos y astrágalos, y un cortejo de especies anuales típicas acompañantes del encinar manchego (carlina, ruda, cardillo, salvia, viboreras, lengua de perro, resedas, lechetreznas, cañahejas, jarillas, etc.).

Un bello escudero Eurydema ornata (gracias Nacho) sobre la alta y fructificada Cochlearia glastifolia

         Es muy abundante, incluso dominante, la vegetación halonitrófila, es decir, aquella de suelos alterados y moderadamente salinos, ya sea la alteración producida por causas naturales (inundaciones con aportes de broza y residuos orgánicos) o humanas (remoción agraria, vertidos, excavaciones, incendios, etc.). Esto queda de manifiesto en lo que quizás sea uno de los mayores calaminares manchegos que son los matorrales de Salsola vermiculata, llamado “calamino” en la Mancha o “sisallo” y sisallares en Aragón. Aparte del calaminar, relativamente pobre en especies, este tipo de formaciones son muy diversas, tanto que probablemente aquí se ofrezca el mejor catálogo de este tipo de comunidades de toda la Mancha.

Un calamino cubierto de líquenes anaranjados. Abajo cardales de Sonchus crassifolius

Abundan los cardales, existiendo una gama muy completa de estas compuestas; aparte de tobas o cardos borriqueros, cardos marianos, centáureas, carlinas y cardillos, hay varios tipos de Cirsium (C. monspessulanum, C. pyrenaicum y C. vulgare), también destacan las pinchudas y blancas masas del salino Sonchus crassifolius y ya cerca de los canales, Sonchus maritimum

Masas de asteriscos (Asteriscus aquaticus) toman rincones de los Praos

   También abundan formaciones de escasa talla dominadas, de forma masiva, por las amarillas estrellas de Asteriscus aquaticus o las resedas, y praderas de vistosas gramíneas, como Polypogon maritimus u Hordeum marinum, otra especie abundante es la alta y viscosa herbácea Gypsophilla tomentosa y las viboreras.

Viborera (Echium vulgare) de gran tamaño y cardales con Cochlearia a contraluz

La vegetación sobre los delgados suelos acumulados sobre la dura costra caliza, es pequeña y efímera, con especies anuales tales como: Linaria amethystea var. albiflora, Campanula erinus, Asterolinum linum-stellatum, Valerianella coronata, Hedypnois cretica, Helianthemum ledifolium, Cerastium pumilum, Galium parisiense, Medicago minima, Androsace máxima, Herniaria cinérea, Filago pyramidata, Bombycilaena discolor, Raghadiolus stellatus, Centaurea melitensis, Urospermum picroides y gramíneas como la enana Mibora minima, junto a Stipa capensis y Brachypodium distachyum.

La dura costra caliza bordea las áreas deprimidas del Pellejero

            La situación de la fauna va acorde con la salud del lugar. Tierra de conejos, aquí suelen criar las garzas imperiales y aguiluchos cuando hay agua, se puede ver a la nutria que alguna vez también ha criado aquí. Las aves acuáticas y sobre todo, las esteparias, como gangas, sisones y bastantes alcaravanes, son las más comunes por aquí, aparte de ser zona de campeo de multitud de rapaces y especies migratorias como anátidas varias, cigüeñas blancas o la menos común cigüeña negra.

Grandes praderas de Limonium carpetanicum en las áreas altas y secas
       
  La situación de los Praos a pesar de no ser mala, en general, no deja de ser preocupante por la deriva de los últimos años. He visto como buenas hectáreas de calaminar, pasaban a ser aradas, con los troncos de los calaminos acumulados en montones, junto con las grandes piedras, o esparcidos por todo el terreno. Igual ocurre en otras áreas contiguas, antaño viejos barbechos, aradas y sembradas, con rendimientos raquíticos, como es lógico,  pero supongo que subvencionados. La gran mayoría de estos terrenos están bajo el paraguas de una gran propiedad que afortunadamente, tiene a bien no interferir en los procesos naturales que mandan en estos terrenos, y por otra parte arrienda la caza, lo que tampoco interfiere negativamente. Pero parte de los terrenos también están arrendados y es ahí, donde vienen los problemas.

Cuando la vegetación parece estabilizarse y mejorar, alguien llega y pasa el arado

Se han producido roturaciones, limpiezas de bloques y “descostramientos” de la caliza que en algunos casos han sido denunciados por los agentes medioambientales, pero tales labores no han sido autorizadas por la propiedad, sino a instancias de esos arrendatarios. Por lo visto, existe un absurdo hueco legal para cometer estos atentados. 


Garcillas cabalgando un rebaño de ovejas

      Todos esos suelos figuran como pastos naturales, es decir “prados” y en teoría no son roturables según la Ley de Montes, pero existe una argucia legal que consiste en declararlos como “suelos de vocación agraria” (Cámaras Agrarias) que es la que aplican para saltarse esas prohibiciones. Precedente o modus operandi peligrosísimo, por poder ser de aplicación potencial a todas las áreas naturales que quedan en la Mancha. Además las denuncias o advertencias de los agentes llegan a la propiedad que no está al corriente de lo que hacen algunos de sus arrendatarios, creando otro limbo jurisdiccional respecto al sobre quién recaen las infracciones cometidas.

Zanja de drenaje sobre el Pellejero-Valdecañas

  Peor suerte está corriendo la esquina más nororiental de los Praos, allí donde terminan las áreas húmedas, al otro lado de la carretera a Fernancaballero. Allí comienza una buena área de dura costra caliza que por ello se libró durante años del arado, pero estos recientes años de especulación de terrenos rústicos, han dado al traste con gran parte de esta seca, pedregosa pero valiosa área. Aún quedan algunas grandes encinas y multitud de plantas interesantes entre las que destacan varias orquídeas y la llamada hierba de la siete sangrías Alkanna tinctorea.

A pesar de los bloques de costra removidos, este es uno de los mejores rincones del NW

    En los alrededores del puente de Malvecinos existe un antiguo molino y la costra calcárea se muestra a los bordes del Guadiana en todo su esplendor, aunque también hay grandes montones de roca caliza acumulada, recordándonos su vulnerabilidad. Otra buena zona de costra aparece a los bordes del Pellejero, entre dicho puente y el castillo, zona a menudo castigada por pistas de motocross o para correr galgos, pero con buena vegetación de costra. Una peculiar vegetación que, dada la destrucción de casi toda la costra caliza en la Mancha, su pequeña talla y carácter efímero, está despareciendo, sin que nadie repare en ello.

Pistorinia hispanica y Linaria amethystea var. albiflora son dos pequeñas joyitas de la costra caliza

  El ayuntamiento ha acometido con éxito, en esta zona NW de los Praos, la restauración de los Baños del Hervidero, una muestra más del vulcanismo del Campo de Calatrava puesto de manifiesto en un manantial de aguas burbujeantes, llamados localmente “hervideros”. Por otra parte más que plausible, la actuación de la “Asociación Naturalista Tablas de Calatrava” que trata de poner continuamente en valor estas áreas, con diversas publicaciones digitales e impresas, y acciones, entre las que destacan la reconstrucción del trabajo de los yeseros que faenaron aquí por generaciones, volviendo a poner en funcionamiento un horno de yeso en una iniciativa, fruto de la que salió a la luz un interesante librillo “Los Yeseros de Carrión”.

Aquí se fundó la primera Orden Militar, la Orden de Calatrava

 Tablas de Calatrava también promueve, junto con otras asociaciones y entidades locales, teatralizaciones y actuaciones en el interior de la fortaleza de Calatrava la Nueva. Actuaciones y actividades más que recomendables para una contemplación “viva” de este histórico lugar que sigue pidiendo a gritos, su ampliación y restauración a mayor escala que lo bien realizado hasta la fecha. La institución del premio “Tablas de Calatrava” que este último año 2018, recayó en Miguel Delibes de Castro, ha sido otro de sus grandes aciertos.

Fortaleza de Calatrava la Vieja, a la izquierda bordes ermita de la Encarnación y vistas hacia el norte

   La protección y puesta en valor de los Praos de Carrión, no se puede entender sin su completa integración en el conjunto natural y humano del que forma parte. El núcleo central sin duda debería ser la fortaleza de Calatrava la Vieja y el Santuario de la Encarnación, núcleo central de estos terrenos, que se encuentran rodeados, por el norte por la buena llanura de inundación del Guadiana a pesar de su artificial encauzamiento, la naturaleza ha sabido salir airosa de ese atentado, aunque no del de Charco Salado.



     Por el sur y oeste, la gran amplitud de los Praos, con el arroyo Pellejero-Valdecañas, su conjunto de cañaverales, pastizales y sus secas zonas yesíferas. Ambas zonas, Guadiana y Pellejero, contorneadas por gruesos paquetes de costra caliza y los bordes de campos de cultivo y eriales, son de indudable valor para las especies esteparias manchegas.

En tonos blancos, saladares de Charco Seco, abajo desaparecido saladar cercano a la ermita

   Tal es el valor de este lugar que hace años, previa a la ampliación del Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, desde la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, propusimos la inclusión de toda esta área, junto con el cauce y llanura de inundación del Guadiana, en la previsible y deseable ampliación del Parque. Castillo y santuario, serían el segundo principal punto de acceso a dicho Parque Nacional. La falta de amplitud de miras y sentido de la oportunidad de las autoridades manchegas, dieron al traste con esta magnífica ocasión.


  Esta opción sigue siendo perfectamente válida y realizable, máxime viendo la tendencia destructora sobre el medio ambiente que parece estar reinando en toda esta área, llena de lugares salobres o pedregosos que por su escaso valor agrario estaban silvestres, pero que dada la absurda especulación actual, está terminando con localidades parecidas a Los Praos, como ha ocurrido en la cercana lagunilla de Charco Salado, los Ojuelos de Villarrubia y por desgracia tantos otros más.


   Esta región es eminentemente agraria, pero los escasos rincones que quedan sin roturar son verdaderos refugios de las últimas señales de vida del mundo natural manchego. Estas áreas naturales están infravaloradas, no tanto por los ciudadanos, como por sus autoridades que prefieren plegarse a otros intereses aparentemente más rentables y cortoplacistas, pero hipotecando un futuro que es el de todos.


Dos imágenes distintas de la magnífica fortaleza de Calatrava la Vieja

   
   Estos espacios, aparte de su carácter lúdico y conservacionista, son enclaves necesarios para la captación de agua para el gran acuífero del que vamos a tener que vivir agricultores, ganaderos, cazadores, la naturaleza con todos sus ciclos, plantas y animales, y toda la población manchega en su conjunto que va a tener que beber de su agua que deberá ser lo más limpia posible. 


   No va a haber tuberías excedentarias que nos traigan el agua. La gran solución está bajo nuestros pies, ese acuífero se ha de mimar más aún que el agua superficial, pues va a ser la única garantía de futuro, si las previsiones climáticas se van cumpliendo como hasta la fecha. La agricultura forzosamente ha de reconducirse a terrenos más dentro de la lógica que de un mercado fuera de lo racional. Comparar la magra producción de cebada de los escasos años agrícolamente buenos, con los beneficios ecosistémicos, hídricos y ambientales de estas tierras que nunca han valido para la agricultura, no ha lugar.


sábado, 29 de diciembre de 2018

El Nacimiento del Guadiana

La laguna Blanca recoge las aguas del Pinilla y de varios arroyos y manantiales iniciales del Guadiana

   El Guadiana es el río estrella del juego del escondite hidrológico español. Incluso para decir que alguien aparece y desaparece a voluntad, se dice de él que es un Guadiana. Para tratarse de un accidente geográfico, esto es toda una curiosidad científica y, de hecho, la polémica sobre este huidizo río, aún sigue vigente.


Presentación del libro de Manolo Toribio "Guadianas"

      Como en la reciente presentación del magnífico libro de fotografías de Manolo Toribio, “Guadianas”, no existe uno, sino muchos Guadianas: un Guadiana Viejo, un Guadiana de Daimiel, un Guadiana de Ruidera, un Alto Guadiana, un Bajo Guadiana, un Guadiana Seco, un Guadiana Desbordado, un Guadiana Despojado,…y en esto último andamos, en un río que por la sequía y el enorme consumo hídrico de la agricultura manchega, desaparece años enteros o en ciertas épocas del año, recorriendo sus afluentes y él, su lecho completo, solo en épocas excepcionalmente húmedas.


Riada del Guadiana antes de Luciana

      Así lo vimos en 2012 a finales de invierno y en primavera, donde se podrían completar casi 800 km. desde el nacimiento del Pinilla, hasta Ayamonte, mostrando su agua en superficie y recorriendo el Canal del Prior o Guadiana Viejo, desde la salida del Pantano de Peñarroya, donde terminan las lagunas de Ruidera, hasta la junta de los Ríos, con el Gigüela y el Záncara, al sur de Alcázar de San Juan, y de ahí hasta las Tablas de Daimiel, donde se juntaba con el agua procedente de los Ojos del Guadiana que son un rosario de manantiales que nacen, los primeros, a poco más de 15km. al este de las Tablas de Daimiel. En ese momento no cabría ninguna duda de cuál era el Guadiana y cual su cabecera, pero a lo largo de la historia, el mayor caudal y más continuo, siempre fue, con diferencia, el que nacía en los Ojos del Guadiana, verdadero nacimiento del Guadiana, aunque las extracciones agrícolas los hayan tenido, 35 de sus últimos 50 años, completamente secos.


Un Ojo del Guadiana manando entre el Nuevo y la Máquina

      Para los romanos que vivieron en una época cálida y seca parecida a la actual, el concepto de río principal era aquel de mayor cauce continuo y permanente que en el caso del Guadiana solucionaron estableciendo su nacimiento en las lagunas de Ruidera, a cuya salida se filtraba en la llanura manchega para renacer en los Ojos del Guadiana a 610m. de altura.


Manantial del Pilar de las Salinas de Pinilla

 Así lo estableció Plinio el Viejo y así lo estudié yo en mi infancia, aunque posteriormente quedó demostrado claramente que lo que nace en sus Ojos, es resultado del rebosamiento del gran acuífero subterráneo de la llanura manchega, recogiendo éste el agua que se filtra en ella procedente de cientos de arroyos, el de infiltración directa de las precipitaciones y, por supuesto, el aporte del Guadiana Viejo.


Demarcación Hidrográfica de la cuenca española del Guadiana

      Pero la realidad del Guadiana siempre estará sujeta a distintas interpretaciones, de las cuales, ésta es la mía, aunque también voy a señalar las demás.
    A los ríos se les reconoce allí dónde ya son verdaderos ríos y al remontarse a sus fuentes, a sus orígenes puede que entremos en conflictos o controversias. Ya ocurrió con el Nilo y sus polémicas fuentes, también con el Amazonas y, por qué no, con nuestro más modesto Guadiana. La polémica puede venir de manera artificial e interesada, como hace años cuando el juez José María Crespo del Tribunal Superior de Extremadura dictaminó que no existía río Guadiana aguas arriba de las Tablas de Daimiel. El interés de los demandantes fue el de adueñarse de las tierras que pocos años antes habían estado pletóricas de vegetación acuática y fauna; al poco tiempo el Tribunal Superior de Justicia dictaminó que esas tierras sí que eran un río (llevase agua o no) y por lo tanto Dominio Público Hidráulico inalienable.


Salinas de Pinilla, de probable origen pre-romano

      Pero el mal ya estaba hecho y las tierras usurpadas, vaciadas de su turba y llenas de pozos para cultivos de regadío que aún hoy, con el Dominio Público nuevamente deslindado (2017), siguen cultivándose ilegalmente. Espero que pronto, cuando se resuelva definitivamente, esos 16 km. de pastizales y áreas pantanosas, como se ha prometido, pasen a engrosar el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel.


Borbotones o "zampullones" del agua surgente en un Ojo del Guadiana

      Hasta hace pocos años en Ciudad Real y con una buena carga de socarronería, se decía que el Guadiana nacía en la depuradora de aguas residuales de esta capital manchega; también, con más realismo, se llegó a decir que el Guadiana verdaderamente había desaparecido de toda la meseta y que quién aportaba el agua era el río Bullaque, el afluente que nace en Cabañeros y desemboca en Luciana, donde entonces pude apreciar en su junta que el escaso cauce del Guadiana vertía casi un palmo por encima del profundizado lecho del Bullaque.


Riada  del Guadiana en el puente viejo de Corral de Calatrava

      Los criterios para establecer cuál es el río principal de una cuenca, son varios y de diferente peso, por lo tanto, sujetos a cierta arbitrariedad y al peso de lo previamente establecido. Tiene la mayor importancia el caudal medio anual, por eso una consecuencia y criterio usado en las confluencias, es el de constatar qué río desemboca en quién, quien vierte desde una mayor altura al otro, algo más encajado en el lecho fluvial común. El otro factor de importancia es el tamaño de la superficie de cuenca drenada; un mayor caudal suele ir de la mano de una mayor cuenca.


Santuario de la Virgen de Pinilla, lugar actual de inicio del curso del río Pinilla

      Pero esto no siempre se cumple, por ejemplo el Guadalquivir saca más agua de la menor cuenca de la sierra de Cazorla que de la mayor cuenca del Guadalimar-Guadalmena, que con un caudal ligeramente menor, mantiene el rectilíneo trazado de Sevilla con el suroeste de Albacete. Lo mismo ocurre con el alto Guadiana con las mayores cuencas del Gigüela o del Záncara, que desde su junta con el Guadiana Viejo o Canal del Prior, al sur de Alcázar de San Juan, drenarían una mayor cuenca que llega hasta el Sistema Ibérico en Cuenca.

Aspecto eutrofizado y lamentable del Gigüela entre Arenas de San Juan y Villarrubia de los Ojos

Gigüela y Záncara nacen en los Altos de Cabrejas, a 1150 m. el Gigüela y al 1090 m. el Záncara. Por eso algunos hidrólogos, no sin razón dada la actual ceguera de los Ojos, optan por tratar al Gigüela como el río principal de la cuenca alta del Guadiana, a pesar de su mayor irregularidad y menor caudal medio, respecto a los antiguos aportes del Guadiana de los Ojos. Pero tienen muchos más kilómetros, mayor cuenca, una magnitud mayor en su nivel del jerarquización y una cota de nacimiento superior, argumentos suficientes para apoyar la teoría de que el Gigüela pueda ser el río principal de la cuenca.


Río Pinilla, entre sabinares, poco antes de la laguna Blanca

      También se ha pensado que el río Anas era el río de los ánades, de los patos, algo lógico a poco que se conozcan las numerosas "tablas" del río, pero parece cobrar más credibilidad que Anna fuese una antigua deidad, bien relacionada con la diosa primigenia de los celtas, aunque también venerada en Anatolia y posteriormente cristianizada como Ana, la madre de la virgen María; o  bien la romana ninfa Anna, o la Anna de los cauces permanentes, Anna Perenna.


Manantial de la Puerca entre carrizos aguas abajo de la Blanca, enfrente manantial de la Cogurria

    También se relaciona el Guadiana con dos ciudades romanas aún no encontradas (del todo), Caput Fluminis Anae y Laminium, la primera supuesta entre dos lagunas, la Colgada y Batana en Ruidera, aunque también se apunta en Viveros, cerca del llamado camino de Aníbal o via Augusta, y la segunda cerca de los Ojos del Guadiana (Laminium viene de Lamias o ninfas de los manantiales), aunque según otros se haya en Alhambra, ya en el río Cañamares.


Manantial de los Zampullones (Bernardo Sevillano - ruideratreasures.com)

      Las fuentes del Guadiana, se encuentran aguas arriba y alimentando las lagunas de Ruidera, a parte de sus muchos manantiales interiores, como la caudalosa y desconocida fuente de la Cañada del Hornillo que vierte a la Colgada en un frustrante final perpetrado para que sus avenidas no perjudicaran una instalación hotelera. 


Laguna de la Lengua en Ruidera

  De la cabecera de Ruidera, el arroyo más permanente de todos es el río Pinilla que nace al noreste de Viveros en Albacete, a veces en la fuente del Burro en la Lagunica a 988 m., otras en el manantial del Ojuelo a 978m. y las más, bajo unos grandes álamos a 972m. en el santuario de Nuestra Señora de Pinilla. A partir de aquí continúa unos 26 km, hasta la laguna Blanca, la primera y más aislada de las lagunas de Ruidera. El Pinilla poco antes del llegar a ella, recibe las aguas del buen manantial de los Zampullones, Zampoñones o Ponzoñón que todos esos nombres tiene y al que algunos consideran el manantial originario del Guadiana. Otro buen e importante manantial a unos 100m. de la Blanca, es el de los Borbotones que hace buen honor a su nombre.



La Lagunica y la fuente del Burro, al este de Viveros, inicio del Pinilla. Abajo humedal de Navalcaballo o la Nava que origina el arroyo Mimbrera que también desagüa en la Blanca

Arroyo de la Mimbrera, procedente de Navalcaballo, llegando a la Blanca

      Pero hay más arroyos, incluso más largos, como el Alarconcillo que desemboca en la laguna de San Pedro, con su origen en la lejana y efímera laguna de Navalcudia a 1050 m., al este de El Bonillo, más distante de Ruidera que el nacimiento del Pinilla, pero menor en caudal. También se podrían contar como fuentes del Guadiana otras, bastante tocadas por los enormes “pivots” del Campo de Montiel, como la lagunilla de Navalcaballo y otros nacederos cercanos a Viveros en el origen de Cañada Honda, el de Hoya Morena o los manantiales de las magníficas salinas de Pinilla.


Almacén y abajo, el  manantial salino, con Antonio y su hijo mostrándomelo
Vista desde arriba con sus magníficas piedra de cantería

  Las salinas de Pinilla son espectaculares, sus manatiales, como la fuente del Pilar de las Salinas a 978m. alimentan una buena zona húmeda que casi llega a contactar con el no muy lejano cauce del Pinilla. El menor de los manantiales quizás sea el que alimenta de sal a esta instalación, pues es necesario sacarle agua para que emerja más y así alimentar a las distintas “"eras"” desde los estanques “calentadores” al que llega el agua izada por un complejo y antiguo mecanismo.


Lagunas de las salinas y el micro-endemismo Limonium pinillense

   Allí tuve la enorme suerte de encontrarme con Antonio de Viveros y su hijo, que me explicó magistralmente el funcionamiento de las salinas, no en vano el fue uno de los últimos trabajadores de allí a principios de los 90,’ en un intento final por sacarle rentabilidad a estas sales. Con el recorrí esas lagunas donde tuve la suerte de ver a una pareja de imperiales cazando patos y también un buen bando de grullas asentadas en estas lagunas. No esperaba encontrar tanta fauna salvaje, incluso ese día ha sido el que más imperiales he visto nunca.


Sabinares entre las Salinas y la laguna Blanca

      De allí me fui, siguendo la "ruta del Quijote" a la laguna Blanca, pletórica de agua y vida. Desde allí busqué los distintos manantiales, muchos de ellos escondidos entre la alta vegetación de carrizos y otros en las “cañadas” que vierten a la laguna Blanca.


Cabecera de las lagunas de Ruidera (laguna Blanca) y sarpullido de los pivots agrícolas

   De camino me topé con maquinaria pesada levantando rocas de varias fincas entre  los magníficos sabinares del Campo de Montiel, para distintos cultivos algunos arbóreos (almendro y pistacho) y otros de viñas. Entonces comprobé lo que veía en la imágenes de los mapas. Un enorme sabinar, que Antonio me dijo que era el mayor de España (con permiso del de la sierra de Solorio), lleno de los huecos redondeles de los pivots que como de un sarpullido infeccioso, estaban vaciando estos montes de sus majestuosas sabinas.


Cabecera y actual fuente del Pinilla bajo los frondosos álamos del santuario

    Esta meseta montielense es geológicamente un punto clave del juego de fuerzas tectónicas penínsulares, es el llamado proyecto de investigación ABCO (Antepaís Bético Castellano Oriental) de los geólogos, relacionadas con un entorno litosférico flexural por la dinámica convergente de las placas Euroasiática-Ibérica y la Africana, que ha sido identificado como fenómeno explicativo de la dinámica eruptiva del Campo de Calatrava y también del abombamiento de esta región, convirtiéndola en nudo hidrológico clave, donde convergen las cuencas del Guadalquivir, del Júcar y del Guadiana. De hecho al sur del nacimiento del Pinilla, entre la finca Mirones y Matas Negras, coinciden tributarios de estas tres grandes cuencas peninsulares.


Alta meseta con nacederos entre Viveros y El Bonillo


      Estos son los hipotéticos lugares de nacimiento del Guadiana. Un año rico en lluvias y con una distribución dada, el Guadiana inicial, llevará mayor caudal en un lugar o en otro, también otros años secos, algunas de las lagunas de Ruidera se secarán y darán lugar a un cauce inconexo. Solo en escasísimas ocasiones, se podrá ver un contínuo entre el nacimiento del alto Guadiana y el Guadiana de los Ojos.


Por debajo de la Blanca, ya es Guadiana

 En mi opinión el Guadiana nace claramente en los Ojos del Guadiana de Villarrubia-Daimiel, pero si nos referimos al extremo total de la cuenca, el Guadiana nace en el Campo de Montiel,  al reunirse las aguas de todos esos altos manantiales y lagunazos que van a dar a las lagunas de Ruidera. La laguna Blanca es el referente de esa asamblea de las aguas y el río Pinilla es quién aporta el mayor caudal, aunque no es desdeñable, a pesar de su menor caudal, el Alarconcillo, con su lejano y alto nacimiento en Navalcudia, una de las lagunas de El Bonillo.


Al fondo se intuye la Conceja, la primera, tras la apartada laguna Blanca, del rosario de lagunas de Ruidera

      Hidrológicamente, aunque creo que he sido entendido al hablar del Alto Guadiana, se da por hecho que el Guadiana nace en los Ojos, por lo que, delimitando tramos (Confederación Hidrográfica), el Alto Guadiana iría desde éstos, hasta el Estrecho de las Hoces, en el límite provincial de Ciudad Real, donde comienza el escalón del borde de la meseta, aprovechado por las presas de Cijara, García Sola y Orellana que dar paso al curso medio del Guadiana que llega hasta la frontera portuguesa, donde ya tendríamos su curso bajo que termina en Ayamonte. En cifras: es el cuarto río más largo y y cuarto más caudaloso de la península ibérica con 744 km.; su caudal medio de 78 m³/s. (curiosamente tras pasar Badajoz su caudal es de 26 m³/s.); su cuenca se extiende a lo largo de 67.733 km², siendo 55.527 españoles.


Siguiendo un arroyo que iba a dar a la laguna Blanca, me dí de bruces con varios grandes muros que nivelaban el terreno para cuando se creo el círculo de este pivot, ahora plantado de árboles, antes de la zona húmeda, otra de las fuentes de la laguna Blanca


     Pero este río es la expresión palpable de la lucha entre una naturaleza desbordante y un desarrollo económico mal entendido, llevado hasta el extremo, con sus arroyos convertidos en canalillos, cuando no en cloacas. Nadie vigila, nadie denuncia o si acaso, tarde. Este río es el que más y mejores llanuras de inundación tiene en toda la península, pero están en trance de desaparición por la avaricia de los propietarios vecinos a ellas o por las viejas canalizaciones y drenajes que nadie osa revertir. Es el mejor y mayor pasillo ecológico en sentido oeste-este de toda la meseta y no le ponemos más que obstáculos y zancadillas.


Pivots en los sabinares del nacimiento del Guadiana y preocupantte previsión de la variación hídrica peninsular 

   Para cuando un Guadiana sano y respetado. En el Plan Hidrológico del Guadiana se prevé que de los Ojos, convertidos en claro testigo y medida del consumo de agua manchego, manen entre 50 y 70 Hm3 al año, una vez se racionalice el exceso de consumo actual. Pero yo solo veo como aumentan los regadíos y las plantaciones en su cuenca y pocos son los que alzan la voz por un consumo tan superior a las entradas de agua.



Gracia a Antonio de Viveros, a la información de Bernardo Sevillano, a Guadalupe Díaz, a Ramón y al ejemplar hacer fotográfico (desde aquí mi envidia) de Manolo Toribio.




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