sábado, 30 de julio de 2016

Una Buena Fresneda Toledana



               La provincia de Toledo es tan rica y variada como la mayoría de las provincias españolas. Su superficie se puede dividir en función de sus suelos, aproximadamente la mitad son de naturaleza silícea, los situados al oeste y en los extremos norte (sierras del Piélago y estribaciones del Sistema Central) y sur (Montes de Toledo e incursiones silíceas en La Mancha), y los suelos manchegos de naturaleza básica, entre los que se incluyen los suelos yesíferos de la cuenca del Tajo.


               Los fresnos son unos árboles que se tienen por silicícolas, si bien son capaces de prosperar en suelos neutros, como son todos aquellos bien lavados por ríos y arroyos en regiones de suelos básicos dominantes, donde en general forman fresnedas conformadas también por otros árboles y arbustos no tan silicícolas. Ocasionalmente aparecen fresnedas en laderas umbrosas con humedad edáfica y, caso más raro aún, en laderas sobre yesos.

Una fresneda de ladera sobre yesos

               Dicho esto, el 90% de las fresnedas se localizan en el oeste provincial y el resto en la inmediata vecindad de rocas de naturaleza ácida, ya sea cuarcítica o granitoides de la meseta cristalina del sur de Toledo o también en suelos aluviales arenosos procedentes de áreas graníticas de las estribaciones del Sistema Central (ríos Guadarrama, Tiétar y Alberche). Fuera de estas áreas, apenas aparecen ejemplares aislados en los pocos arroyos de caudal algo digno, en algún momento del año, de la leve divisoria de aguas entre Tajo y Guadiana.

Fresneda con algunos rasgos termófilos (lentiscos) en el cercano Guadiana en Los Montes

               Son los “sotos”, hoy tenidos por fresnedas de vega, antaño bosque mixto, al menos en áreas bajas ya menos oligótrofas, de fresnos y olmos. En el norte ibérico, este término geográfico señala a los castañares de fondo de valle. Antaño zonas muy apreciadas por ser los agostaderos de la cabaña ganadera no transhumante (trasterminante), por tanto de alto valor y casi siempre, cuando no dehesas boyales del común, en manos de la nobleza para conseguir rentas de los ganados ajenos. Los distintos tramos del curso medio de los ríos pasaban a denominarse con dicho topónimo: Soto del Piul, soto de Viñuelas, soto Luzón, etc.., y en afluentes y arroyos menores, fueron los “sotillos”.


               La fresneda de la que voy a hablar aquí, es sumamente especial porque goza a nivel edáfico y por ende, a nivel botánico, de lo mejor de dos mundos. Es una mezcla poco común, y más para los tiempos que corren, de plantas silicícolas y basófilas en un mismo hábitat, tan abundante en agua que hace que no haya una preponderancia clara de una sobre otra, incluso llegan a aparecer algunas plantas de tendencia halófila.

Schoenus nigricans, un junco salino en medio de la fresneda

               Aparentemente todo lo que rodea a los arroyos que se reúnen en éste, es territorio cuarcítico, pero partes de terreno, constituidas por calizas marmorizadas y la inmediata vecindad de la planicie manchega, hacen que las aguas tengan carácter básico. Además el régimen climático, con sus ciclos de inundaciones y sequías de las áreas llanas que drena, hace que incluso estas aguas adquieran un leve contenido en sales.

Alysma plantago-aquatica, abundante en las aguas de la fresneda

               Esta gran área higrófila se da en un amplio valle en los extremos orientales de Montes de  Toledo. Se trata de un amplio valle donde confluyen varios arroyos de trazado meandriforme, dada la planitud de estas áreas. También aparecen aquí varios nacederos que crean otros tantos arroyuelos que se unen a los anteriores.

El enorme Senecio doria, antes abundante y ahora cada día más escaso

           Hace años el trazado y caudal de los arroyos principales era movible e intercambiable, formando casi una llanura de inundación, con lo que en el seno de este llano quedan cauces descolgados o abandonados, solo húmedos en épocas de lluvias, donde vuelven a renacer antiguas tablas con aguas sin apenas circulación.

Todo tipo de pequeñas áreas higrófilas distribuídas por el interior de la fresneda

               Toda esta área deprimida, cerrada frente a la boca o paso del Congosto, debió ser un enorme bosque tipo soto, de fresnos y olmos que con la desaparición de éstos a finales de los 80 y principios de los 90, y el “zarpazo” agrícola para cultivos en su interior, ha venido recortando esa antigua riqueza forestal hasta la que tenemos hoy en día, que aún sigue siendo espectacular y más para una provincia tan seca como la toledana

Un sirio de juncal entre el abundante Tetragonolobus maritimmus

            Este amplio tramo del arroyo ha sido secularmente lugar ganadero, con una buena cabaña de todo tipo de especies que en las últimas décadas ha pasado a ser exclusivamente bovina, con una parte de reses de lidia y una creciente cantidad de bovino de carne.

Las orquídeas, como esta Orchis coryophora abundan en la fresneda

          La desaparición de las ovejas y el gran incremento del vacuno de carne, unido a los primeros “golpes” del cambio climático, ha hecho que cambien a peor, las condiciones que tiene que soportar la variada vegetación de este lugar.

Grandes cardales nitrófilos entran a competir con las especies más "nobles" y adaptadas

Se trata de un lugar histórico del antiguo camino de Toledo a Córdoba. Aún se mantiene en pie el castillo de las Guadalerzas, de construcción inicial árabe, pasó luego a la Orden de Calatrava, funcionando durante los belicosos años de la reconquista como Hospital de cuerpos y almas de monjes guerreros; posteriormente Felipe II vende el castillo al Cardenal Silíceo quien lo compra para instalar en su seno el Colegio de Doncellas Nobles de Toledo. Posteriormente el castillo se despobló y lo único que queda en la zona es la “cervantina” Venta de Juan de Dios.

Castillo de Guadalerzas tras la fresneda

En las crónicas de los viajes fundacionales de Santa Teresa, se llega a mencionar dicha fresneda: “a dos leguas del río Algodor, entre parajes desérticos, altos montes y una inmensa fresneda, se divisa el castillo de Guadalerzas junto al río Bracea” que en la fecha de su viaje era Calatravo. 


    Posteriormente, aprovechando esta gran distancia sin ninguna población del camino de Toledo a Andalucía, se instala la famosa venta. Llama la atención que la hoja topográfica 1:50.000 de Las Guadalerzas, sea de las pocas españolas en la que no aparece ninguna población municipal.

Aquí abunda el "inexistente" en Toledo Plantago media

   No existe ninguna localidad tan rica y completa en vegetación como ésta en todos los Montes de Toledo, y mira que hay fresnedas, pero esta goza de una amplitud y variedad como pocas.

De gran tamaño, la Stachys germanica subsp. lusitanica prospera en esta fresneda

     La mayoría de los ríos de Montes de Toledo tienen un cauce en el que inicialmente colonizan saucedas atrocinéreas, luego, si el caudal es permanente o retiene agua en verano bajo los bloques del lecho, aparecen alisedas, aunque más abajo al abrirse los valles y aumentar la evaporación y la dispersión sub-superficial del agua, ya solo pueden subsistir las fresnedas, al igual que ocurre, lo normal en toda la región, dado lo intermintente de los caudales.

Mancha de ciperáceas rodeando a unos fresnos

       Cuando el régimen del río es aún más seco, desaparecen los fresnos para dejar paso a tarayales o más comúnmente tamujares (Flueggea tinctorea).

Hace pocos años que ya no encuentro el nenúfar blanco por aquí

Conozco esta fresneda desde hace unos 25 años, nunca profundamente, pero lo suficiente como para haber visto en ella joyas botánicas que hoy en día ya no encuentro, y eso que son plantas tan llamativas como el nenúfar blanco Nymphea alba o el junco florido Butomus umbellatus, incluso, investigando hace tiempo, vi que se mencionaba aquí una de las plantas más bellas y en peligro de toda la flora española, el “medio” nenúfar Hydrocharis morsus-ranae.

Hace muchos años que no he vuelto a encontrar al junco florido en esta fresneda

      No sé fehacientemente si se han extinguido, pero todo apunta a ello. Estas extinciones y la variación temporal de la vegetación, con un incremento constante, año a año, de la flora de tipo oportunista, ruderal o nitrófila, hacen que la increíble biodiversidad de esta localidad se esté reduciendo a ojos vista, haciendo peligrar una de las mejores localidades botánicas de todo el centro peninsular.


      Casi siempre he visto esta fresneda en primavera, pero no deja de ser impresionante en invierno, donde ramas y troncos de los fresnos se colorean de tonalidades anaranjadas de los líquenes que los cubren (Xanthoria parietina). Siempre que he parado, no he salido de mi asombro, aunque fuese lo mismo otra vez que el año anterior o dos años antes. El espectáculo de esas masas de lirios, de las orquídeas o de la vegetación higrófila, no me deja indiferente y más aún, siendo tan difícil encontrar localidades con una vegetación higrófila saludable por estos pagos manchegos.


Lirio español (Xiphion vulgare), alto de hojas estrechas y lirio de junquera (Chamaeiris reichenbachiana), abajo con flor y hojas anchas

En teoría, a nivel de vegetación, estamos en una fresneda caracterizada por Ranunculus ficaria, es decir, una fresneda mesomediterránea luso-extremadurense, diferente de otras fresnedas de cotas algo más altas como la fresneda con melojos, tan típica de las áreas frescas del Sistema Central.


Detalle de la  Orchis elata subsp. sesquipedalis

        Es una comunidad permanente riparia, la típica representación de soto o bosque galería de vegetación ligada al agua del subsuelo. En suelos más ricos en bases, pueden aparecer los fresnos, pero la alta presencia de olmos (al menos antaño) y la abundancia de álamos blancos y negros, hace que sea más una alameda, pobeda o chopera que una fresneda.

Retama loca, Osyris alba entre rosales al borde de un arroyo

Se trata de una fresneda muy rica en especies, compendiando flora de carácter higrófilo de todo el centro y oeste peninsular. Aquí no llegan como en otras fresnedas de Sierra Morena para el Sur o de los extremos sur-occidentales, la adelfa, el mirto o la zarzaparrilla. Los clásicos elementos silicícolas o neutros del centro peninsular son: Agrimonia eupatoria, Alysma plantago-aquatica, Apium nodiflorum, Arum italicum, Baldellia ranunculoides, Brachypodium sylvaticum, Cyperus longus, Galium verum, Filipendula vulgaris, Flueggea tinctorea, Lycopus europaeus, Lysimachia vulgaris, Lythrum salicaria, Mentha pulegium, Mentha aquatica, Phalaris arundinacea, Plantago media, Potentilla reptans, Prunella vulgaris, Oenanthe croccata, Ranunculus bulbosus subsp. alleae, Ranunculus ficaria, Thalictrum speciosissimum, Veronica anagallis-aquatica, etc.

La bella Ophrys apifera

Los elementos, entre otros, que diferencian a esta fresneda de las fresnedas silicícolas del oeste peninsular son: Achillea ageratum, Aegylops triuncialis, Aegylops ventricosa,Althaea officinalis, Bartsia trixago, Chamaeiris reichenbachiana, Centaurea cyanus, Cirsium pyrenaicum, Convolvulus lineatus, Lepidium heterophylum, Lepidium latifolium, Oenanthe lachenalii, Plantago marítima subsp. serpentina, Rhamnus alaternus, Senecio doria,  Stachys germanica subsp. lusitánica, Tetragonolobus maritimus, etc. Aparte también abundan numerosas especies que son indiferentes edáficos o propios de estos tipos de medios tan húmedos: como diferentes tipos de orquídeas, aunque faltan las Serapias; abundantes los lirios Limniris pseudacorus, Xiphion vulgare y Chamaeiris reichenbachiana, y muchas las especies de cárices, juncáceas y ciperáceas.

Achillea ageratum

      No me gusta señalar localidades interesantes, porque es exponerlas a que las visite más gente de la que debería o la menos adecuada, pero en este caso al menos llamar la atención de cómo, poco a poco, sin atentados ecológicos ni salvajadas, una buena localidad se va echando a perder poco a poco de una manera irreversible, lo que espero que finalmente no sea el caso.

Filipendula vulgaris

     Pero está claro que en este tipo de localidades es el manejo agropecuario y el control adecuado de las aguas quien determina el estado de salud del medio. Han desaparecido varias importantes joyas botánicas nacionales, no por su enorme escasez, que también, sino joyas por su enorme belleza. No se puede consentir que desaparezca ninguna especie más.

El tamujo solo aparece en las partes más secas de la fresneda

Mucho se puede deber a la dura climatólogía de los dos últimos años, pero si no ponemos los medios para atenuar estos problemas, de nada servirá lamentarse o imaginar cómo debió de ser esta localidad en su día. Yo lo sé y eso que hay cosas que se me han escapado, pero no permitamos que se nos escapen localidades tan valiosas como estas.


      No hace falta hacerlo Parque Natural ni imponer severas prohibiciones, el manejo del lugar ha sido el adecuado hasta hace dos días, es una cuestión de tacto y de saber qué es lo que se tiene entre las manos. Quizás una fresneda no sea algo tan emblemático como una lorera o un abedular, pero si vemos todo lo que encierra en su interior, sabremos que es una locura desperdiciar la oportunidad de conservar este lugar que ha podido llegar en su plenitud hasta nuestros días.



viernes, 1 de julio de 2016

Los Montes de Toledo



  Hablar de Montes de Toledo en una entrada del blog aparte de pretencioso es inabarcable, por ello valga este esbozo con la excusa de una reunión botánica en la que participé los últimos días de mayo.


De entrada hay que matizar el nombre y situarnos debidamente. Como ya he dicho otras veces, no me gustan los nombres de personas o de ciudades para seres vivos o lugares geográficos. Los Montes de Toledo en sí, debieran nombrar la parte toledana-ciudadrealeña del gran conjunto montuoso, más que montañoso, que separa las cuencas del Tajo y del Guadiana. Su nombre más apropiado debería ser el de Sistema Oretano, por coincidir muy “a grosso modo” con el antiguo territorio prerromano de los Oretanos, aunque los extremos norte y este, fueran Carpetanos.

Arces en rincones especialemente rocosos

Todo el Sistema Oretano (San Mamede, San Pedro, Montánchez, Villuercas y Montes de Toledo), goza de una gran uniformidad geológica, desde la frontera portuguesa hasta internase en la llanura manchega. Se trata de materiales paleozoicos, cámbricos y ordovícicos, con buenos estratos plegados y verticalizados de cuarcita armoricana que constituyen el armazón estructural de todos los relieves elevados.

Encina creciendo en una repisa de un risco cimero de cuarcita armoricana

Estamos hablando de un sistema montañoso muy antiguo y poligénico. Formado inicialmente en la orogenia Hercínica fue posteriormente reducido a una penillanura durante el mesozoico, pero a comienzos del mioceno, con los empujes de la orogenia alpina, esta región fue levantada de nuevo y ríos y agentes erosivos actuaron sobre esos materiales erosionándolos diferencialmente.


Arriba las duras áreas cuarcíticas, abajo la  erosión ataca a las blandas pizarras azules de Navas de Estena

     Esta erosión actuó vaciando en mayor grado los materiales más blandos (pizarras, areniscas, etc.) para así dejar en relieve los más duros (cuarcitas) que como partían de una situación inicial homogénea, hoy presentan sus relieves culminantes a unas alturas muy similares, creando un paisaje que fue definido como el “mar de cumbres”, algo muy característico de este tipo de relieve plegado denominado Apalachense.

Cubierta vegetal continua de cima a fondo de valle

Aunque para muchos, de los pocos que las conocen, estas montañas no son ni destacables ni interesantes, la realidad es no es así y que territorialmente abarcan una enorme superficie debido a la cantidad de estribaciones, que principalmente por el sur, acompañan a sus áreas más elevadas.


Pista de gusano gigante sobre las rocas y abajo, "ripple marks" de una antigua playa

      Prácticamente, por el oeste de Ciudad Real, se puede decir que no hay solución de continuidad entre Montes de Toledo y Sierra Morena, lo que se hace extensible tanto al oeste hacia Cáceres, donde Las Villuercas son el verdadero techo de la Cordillera Oretana con sus 1601m., como al noreste de Badajoz.

Entre rocas y robledales, donde menos se espera, salta la liebre

La geomorfología de estos montes, magistralmente desvelada por el profesor Julio Muñoz Jiménez, es muy característica y también, por su mismo origen, aplicable a Sierra Morena y montes extremeños, incluído los extremos occidentales del Sistema Central (Peña de Francia, Gata y Malcata). Las líneas de cumbres siempre rematadas por cordales cuarcíticos de la blanquecina cuarcita armoricana. En cotas menores son muy numerosas hiladas de cuarcitas rojas del Tremadoc que conforman la roca más típica y abundante de todos estos montes.

El saltamontes ha imitado el color  de las cuarcitas rojas, lo mismo han hecho las víboras, como nos contó Gilfer, 

Al pie de los cuerdas, con farallón o no, son muy abundantes las típicas pedrizas o casqueras, lugares tan removidos en épocas frías y con tan poco suelo, que aún no han podido ser totalmente colonizados por la vegetación. Al pie de los montes y muy a menudo puestos en resalte por la erosión de ríos y arroyos aparece una rojiza llanura mezcla de bloques pequeños y finos, producida por la arroyada difusa en épocas de potente acción torrencial, es la “raña”, vocablo geológico local que se ha extendido a nivel internacional.



Estos montes son una de las regiones más agrestes y en mejor estado de conservación de toda la península, de hecho fue de los últimos lugares en que perduró el “maquis”. La ausencia de recursos naturales de importancia, en minería, agricultura o ganadería, unido a la escasez de aguas veraniegas y la dificultad de comunicaciones, ha conducido a que esta región sea también una de las más pobres y despobladas. Que uno de los pocos recursos, por no decir el único, hayan sido los cotos de caza mayor en grandes latifundios, ya desde siglos atrás, ha logrado mantener hasta nuestros días una naturaleza que en otras regiones desapareció hace muchas décadas.

Monte mediterráneo en buen estado en las fincas de Cabañeros

Estos latifundios han sido, cuando en su mayor parte no consorciaron con el ICONA la plantación de pinares, la salvaguarda de una vegetación y fauna genuinamente mediterránea, eso hay que agradecerles, aunque siempre haya significado la prohibición del uso y disfrute público de esas maravillas naturales que encerraban. Baste la triste comparación en biodiversidad entre la pobreza de los Montes Públicos y la riqueza de los latifundios privados.



      Pero hoy en día, a pesar de que no están pensadas para ganar dinero, sino para “representar una alta posición social” y deslumbrar a los invitados a las cacerías, se están convirtiendo, por el afán crematístico que se ha impuesto en nuestra actual sociedad, en fábricas de trofeos, lo que implica que el ganado cinegético tiene prioridad absoluta sobre la conservación.

Brezos esculpidos por el diente de los sobre-abundantes venados

El lobo desapareció a finales de los 60’, animal que debería volver sin duda, incluso para mejorar la raza de esos venados, ciervos y jabalíes (también cabras montesas y muflones); el lince a principios de los 90’. No hace falta mucho, solo fijarse en el estado de la vegetación (madroños, brezos, los escasos mirtos, etc.) y ver como están sobre-ramoneados y sin regeneración, para comprender que en el 90% de las fincas se ha excedido con creces, la capacidad de carga de este moderno ganado. Eso por no hablar de las escasas localidades con vegetación relicta de abedules, acebos o tejos, donde, entre la sequía y el ramoneo, van camino de una rápida extinción.

Rincón atlántico con tejos, abedules, etc

La reunión, bajo el nombre de Campamenta Geobotánica, congregó a un buen número de profesores universitarios relacionados con esta disciplina, alumnos y algún aficionado como yo.


Foto de cumbre en el Rocigalgo

     Todo magníficamente organizado por los botánicos de la Facultad de Ciencias Ambientales de Toledo de la UCLM, gracias Rosa, Pilar, Federico y Santiago. Contamos también con la inestimable ayuda de Gil Fernando Giménez "Gilfer", trabajador del Parque y sin duda, el mejor conocedor de toda la flora (mayor y menor) de Cabañeros.

Estratos cuarcíticos cortados en el Boquerón del Estena

El primer día subimos a la cumbre de Montes de Toledo, el Rocigalgo de 1447m. aunque en la región hay bastantes cumbres que superan los 1400m, como el Corral de Cantos, el Vicente, el Peñafiel, etc. Un espectáculo montuoso interminable, lleno de vallejos, lomas, pedrizas, riscos acastillados y el bosque, que aún puede vivir en estas cotas moderadas, adaptado a la tremenda dureza de suelos rocosos y vientos.


Suelo verlo en bonales y nacederos, me sorprendío ver aquí el Anthericum baeticum; más común fue el parecido Ornithogalum bourgaeanum (abajo)


     La vegetación es la propia de la subprovincia Luso-Extremadurense, sector Toledano-Tagano y distrito Montitoledano. En la excursión de hoy quizás algo monótona, dado que tras mucho todo-terrenear, llegamos a los 1300m y estuvimos todo el día a estas alturas, por caminos de los cordales para culminar en dicho pico y volver.

Al fondo el Carocho Rocigalgo, pico culminante de los Montes de Toledo

       La vegetación solo muestra pequeñas interrupciones en su naturalidad en alguna baja ladera, donde hace años el extinto ICONA repobló de pinares algunos de estos montes de quercíneas, dominados a partir de los 800m por el roble melojo (Quercus pyrenaica), con abundancia de alcornoques en cotas bajas y medias, con algo de humedad y de encinas en cotas menores y sobre litosuelos, a todas las alturas por debajo de los 1300m.

Un tejo en una amplia vaguada entre vegetación mediterránea

          El bosque es más variado de lo que parece, al menos en los lugares menos cargados de caza mayor, hay bastante serbal y no es difícil, en situaciones propicias encontrar arces, acebos y algún tejo. En unas rocas encontré incluso un maillo, un manzano silvestre.

Maillo o manzano silvestre Malus sylvestris en un rincón inaccesible a la fauna cinegética

    Por estas cimas el bosque, el robledal, queda enanizado y retorcido, por las condiciones climáticas y por lo rocoso del terreno. En lo arbustivo estamos en el terreno de las ericáceas, abundan los brezos blancos algo más que los rojos, y entre sus claros aparece el nano-brezal del rojo Erica umbellata.

La flor de la carquesa entre el rojo chillón del nano-brezo Erica umbellata

      Pero entre este mundo del brezo, destaca poderosamente el amarillo de la carquesa Genista tridentata, y no hace mucho, antes de la saturación venatoria de todos estos montes, estas cimas se teñían del amarillo de genistas floridas y cinéreas, codesos Adenocarpus argyrophyllus y cambrones Echinospartum ibericum, hoy reducidos a su mínima expresión.

Adenocarpus argyrophyllus protegido por una malla metálica en plena floración

Buscando estas últimas especies vimos una malla metálica sobre un roquerío cimero, al que por curiosidad subí para echarle un ojo, y para mi sorpresa, ahí estaban los amarillos codesos. Como nos contó Gilfer, hace varios años quedaban tan pocos y gustaban tanto a la caza que se les ocurrió ponerles encima un mallazo de encofrado para protegerlos.

A la vuelta de estos riscos está, en una finca "super" privada, la última población de Echinospartum ibericum

      Parece que la medida ha dado resultada y a partir de esos pocos ejemplares, ya están colonizando por fuera del enrejado. Otro asunto es el del cambrón que dentro de una gran finca privada cuya propiedad no tolera el paso de nadie, (así es este Parque Nacional) deben mantenerse bregando con venados y corzos, esos últimos ejemplares en unos riscos cercanos.

Pistas kilométricas de acceso a los valles interiores de Cabañeros

Al día siguiente fuimos a ver uno de los abedulares del interior del parque, a pesar de la previsión de lluvia. El lugar y el acercamiento al mismo era impresionante. Un casi bosque de madroños tapizaba las partes altas de las laderas, para ser sustituído ladera abajo por alcornoques y luego, más abajo y cerca de los arroyos, por quejigos portugueses y robles.



     En los bordes del arroyo, tapizado de brezos, donde abundaba el menos común Erica lusitanica, veíamos al principio escasos abedules, cubiertos de líquenes que apenas dejaban ver sus blancas cortezas, pero luego abundaban por momentos.


Gran parte del curso del arroyo se encontraba aparatosamente adornado con jaulas tubulares que protegían a los retoños de abedul de los venados. Había tramos en que apenas se veía vida vegetal fresca y en esos protectores la yerba era abundante y luchaba por salir de la jaula. Se veían ejemplares añosos del serbal Sorbus torminalis, peonías y especies propias del bosque húmedo.


Un gran ejemplar del serbal  Sorbus torminalis en medio del melojar

Pero había algo raro en el arroyo y era la ausencia de su vegetación herbácea característica lo que lo hacía raro. Eran más que apreciables las secas macollas de las Molinia caerulea, todos nos preguntábamos que habría pasado, algunas se podían mover con el pie, otras parecía como si aún no hubiesen brotado.


Muestra de la humedad reinante en el abedular es esta cría de salamandra

     Al parecer todo viene por la extrema dureza del pasado verano y primavera. La primavera fue una de las más secas de los últimos 20 años, y el verano batió efemérides de calor en la provincia. Entre la climatología y la presión de los hambrientos venados, el resultado ha sido la casi total desaparición de la vegetación herbácea de estas vaguadas higro-turbosas.

Gilfer comprobando el estado catatónico de las macollas de Molinia caerulea entre abedules enjaulados

Tras algunas explicaciones botánicas, bioclimáticas, biogeográficas y biográficas que nos dio Salvador Rivas-Martínez, iniciamos una costosa marcha hasta el momento del tentempié, en medio del cual, tras el aviso de un par de truenos, se abrieron los cielos y tuvimos que salir de allí más anfibios que humanos. Hasta el arroyo se iba creciendo por momentos.

Salvador Rivas-Martínez explicándonos la vegetación en medio de un chaparrón inicial

Volvimos a secarnos y, tras reponernos, decidimos visitar el Boquerón del Estena, el lugar más espectacular del Parque. Fue un acierto porque se encontraba en un momento de mágica limpieza tras el chaparrón y en su esplendor primaveral. Los pasos y salidas de valles en esta región se llaman bocas, y cuando una boca se encañona y se hace “hoz” aquí lo llaman boquerón.


Una ventana forestal sobre el Boquerón del Estena

        El Boquerón del Estena es una clásica ruta de peregrinaje de geológos y sus estudiantes, lo que unido a la búsqueda de fósiles en las cercanas pizarras azules de Navas de Estena, hace de esta una de las mejores excursiones geológicas: relieve apalachense, trilobites, crucianas, ventanas geológicas, huellas de gusanos gigantes, etc.


Imposible enumerar la cantidad y variedad de especies vegetales, quizás las más curiosas, las más raras de imaginar por aquí. En lo arbóreo, una de las mejores concentraciones de tejos, los únicos de Ciudad Real. En una sola hectárea es posible ver juntos: tejos, abedules, acebos, fresnos, sauces, quejigos y encinas. La vegetación rupícola abundaba en los numerosos cortados, bocas de dragón, Jasione tomentosa, Digitalis purpurea subsp. toletana, Sedum varios, etc.

Allim scorzonerifolium poco corriente por estos montes (arriba) y A. massaessylum,característico de los robledales oretanos (abajo)


En un rezumadero que bajaba del monte nos sorprendió la abundante presencia de ajos, no el típico de estos robledales (Allium massaessylum), sino del vistoso Allium scorzonerifolium. Estos florecían al lado de la bella y térmica, Clematis campanifloraaún sin flores junto a un macizo de gladiolos. Junto al río, era posible ver, lejos de su típico lugar cimero, a las grandes escobas de Genista florida junto a algún tejo y vegetación fluvial de grandes fresnos y sauces (Salix atrocinerea y S. salvifolia).

Fuera de lugar, unos rodales de la gran Euphorbia characias a la salida del Boquerón

A la mañana siguiente, besos, despedidas y enhorabuenas por la organización, algunos dimos una vuelta más. Yo al principio con Daniel, a buscar algunos Sedum interesantes y luego a parar al risco de las Paradas, que se encontraba en nubosos momentos previos a la lluvia, lo que hacía bastante normal, la poco común presencia de especies atlánticas en estas sierras.


Sedum andegavense, necesita poca agua, pero hay agua rezumante hay S. arenarium y S. pedicellatum toma la retenida por musgos y algas.

     De ahí bajé a las pizarras azules de Navas de Estena, en un momento de fin primaveral, para ver los contrastes que ofrecen los colores de la rocas y los de la vegetación.

La poco común, en Ciudad Real, Linaria saxatilis sobre el cascajo de pizarras azuules

Un día magnífico en una región imponente donde la impresionante orografía y los vallados ponen límites a las enormes ganas de recorrer sus montes y gargantas, que seguro que reservan aún, a pesar de estas alturas de partido, numerosas sorpresas. Como sorpresas fueron los hallazgos hace un par de décadas, de frondosos bosquecillos de abedules o nuevas localidades con loreras o el Thymus villosus susbsp. velascoi, y así un largo etcétera. 



      Aquí existen lugares escondidos con masas de grandes narcisos, como en la Cantábrica, rodales de sellos de Salomón, como en pocos sitios, laderas cubiertas de primaveras bajo los robles, sorpresas escondidas, en muchos casos solo aptas para la privada posesión de unos pocos. Un Parque Nacional cuya mitar es propiedad particular que yo uniría a "mi" deseado Parque Nacional del Guadiana por medio del río Bullaque y sus serratas.



     Si en Sierra Morena están los grandes latifundios de nobles y toreros, en Toledo están las de los banqueros y los grandes arribistas. Menos mal que aún hay sitio para el disfrute y que algunos de sus propietarios todavía tienen la cada vez más escasa “sensibilidad medioambiental”. Si solo los cuidamos entre todos, mínimamente,  nos queda campo y Montes de Toledo para muchas generaciones



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