domingo, 31 de marzo de 2019

NO a la MINA. SÍ a los MONTES VIVOS

Estrecho de las Hoces, el lugar más salvaje del Guadiana, ahora en peligro

             La naturaleza salvaje del oeste ibérico está en verdadero peligro. En general salvada de la agresividad de la moderna agricultura, por su carácter montuoso y de suelos poco aptos para aprovechamientos agrarios, ahora viene a sufrir el embate de una minería especulativa que se ha lanzado de golpe a por multitud de lugares que, parece pura coincidencia, son de los mejores de la naturaleza española.

El Guadiana cerca del molino de la Murciana, saliendo del Estrecho de las Hoces

         Todo parece responder al unísono a un momento de aprovechamiento hasta el límite de los recursos del suelo que se puedan “poner en valor”. Vemos las salvajadas de un capitalismo desbocado que va por países tercermundistas imponiendo su ley del más fuerte, provocando guerras, cambiando gobiernos o destrozando grandes áreas salvajes y nos parece que es una película de países pobres y gobiernos corruptos.


           Pero cuando vemos que, dentro de un secretismo generalizado, por todo el oeste español, desde Galicia hasta Huelva, existen centenares de proyectos mineros, prometiendo el oro y el moro, comprando alcaldes, tirando de “puertas giratorias” en las administraciones autonómicas y cebándose en áreas que han ido convirtiendo en vacíos demográficos, donde la contestación social va a ser mínima, es fácil comprender que el peligro es muy serio.

El Guadiana atravesando las sierras. Justo encima del logo de Google, va una explotación minera

          Voy a hablar solo de unos pocos casos muy concretos, en el oeste de Ciudad Real, el epicentro de la mayor área salvaje peninsular, aunque esto sea solo reconocido por los cazadores y por unos pocos amantes de la naturaleza, viajeros o naturales, directos o indirectos, de esta fantástica región. A pesar de sus dimensiones apenas es conocida, quizás por sus duros veranos, por ser el paraíso del latifundio o por la ausencia de altos picos o de lugares suficientemente emblemáticos.


A escasos metros de este vallejo, con sus alamillos oretanos, viene la escombrera de la mina


         A esta región que yo le llamaría "Oretania", por aproximación a un sinónimo de los Montes de Toledo (amplia región perteneciente al obispado de Toledo que excedía en mucho los límites provinciales) y su parte ciudarrealeña afectada es la de Los Montes, donde Montes de Toledo y Sierra Morena, entran en contacto a través de decenas de serrezuelas paralelas a las anteriores aunque mucho menos nombradas.


Parte de "Oretania" y la zona donde van las minas del oeste de Ciudad Real, al sur de Cabañeros, en el mismo corazón montuoso de toda esta región

     Esta "Oretania" limita a norte y sur con el Tajo y el Guadalquivir, aunque tiene continuidad más al norte, por Monfrague y otras muchas sierras cuarcíticas apalachenses idénticas; al oeste en Badajoz, tiende a difuminarse, a partir de la Siberia y la Serena, humanizándose en Tierra de Barros y el Bajo Guadiana; y se estira hacia el este, en Sierra Morena y sus estribaciones, por Jaén y hasta los límites albaceteños.

La gran área salvaje del suroeste ibérico, rodeada de dehesas y llena de todo tipo de proyectos mineros

         Biogeográficamente la región está bien definida como la Subprovincia Luso-Extremadurense de la provincia  Mediterránea-Ibérica-Occidental que en la práctica es el país de las dehesas que pueblan sus escasas llanadas y los pies del maremágnum de sierras y serrezuelas que conforman gran parte del zócalo hercínico ibérico.


       En el oeste de Ciudad Real, al menos que se sepa, hay tres proyectos mineros en distinto grado de aprobación, en Abenójar, Fontanarejo y  Arroba (Arroba de los Montes-Puebla de Don Rodrigo). El de Abenójar, en la magnífica finca de la Encarnación y contra la voluntad de su propietaria, parece que está ya aprobado. Hay que tener en cuenta que la Ley de Minas, es de tiempos casi autárquicos, en los que se promovía claramente la minería. Hoy esta Ley, se ha convertido en una práctica herramienta puesta al servicio de los inversores, para la imposición de la minería sobre otras actividades económicas.


Valle del Guadiana en su unión con el Tirteafuera

    El proyecto de la mina de fosfatos en Fontanarejo, parece haber pasado el trámite de Declaración de Impacto Ambiental, tras colarse un estudio medio-ambiental que parece diseñado específicamente para pasar este trámite, sin tener en cuenta los altísimos valores ambientales de la zona o la cercanía, menos de 10km, del Parque Nacional de Cabañeros.

Justo al otro lado de este cordal, va la explotación minera de Arroba-Puebla

       El proyecto de Arroba de los Montes (Puebla de Don Rodrigo) lleva consigo un impacto enorme, con una escombrera gigante proyectada sobre una de las laderas más rica en grandes deslizamientos de toda Castilla la Mancha y con la mina a cielo abierto en la cabecera del arroyo Vallecristo que vierte al corazón mismo del Estrecho de las Hoces, uno de los espacios naturales más salvaje y espectacular de toda la región.

Gran deslizamiento de mediados de los años 90, justo donde quieren poner la escombrera

         Toda esta gran región española es la única que no posee en su vecindad ninguna autovía, ninguna ciudad de gran tamaño, ninguna actividad industrial (a no ser la de un Puertollano en declive) y ninguna importante área agricola, solo la apicultura y la caza, tienen aquí un paraíso. Una región de cielos oscuros, sin la menor contaminación lumínica, apta para entrar la iniciativa Starlight de la Unesco para la observación astronómica.


        Tuve recientemente la oportunidad de dar una charla en el bar La Era de Fontanarejo, sobre los importantes valores naturales de estos municipios y sus inmediatos alrededores, para que se conozca y valore mejor aún, la gran riqueza natural que tienen estas tierras y que sus habitantes sopesen, si merece la pena arriesgarse a perderla. 


El aromático arbusto Myrica gale en el bonal de Barranquillos en Fontanarejo, abajo el bonal de la Sierra del Hontanar, no muy lejos de la proyectada escombrera

      Llevo años pidiendo e informando en este blog sobre el que debería ser el Parque Nacional del Guadiana que desde las Tablas de Daimiel y Ciudad Real capital, hasta los grandes pantanos extremeños, debería reunir en él todo un elenco de espacios naturales protegidos, de una u otra manera, desde Cabañeros al norte, hasta Valle de Alcudia-Sierra Madrona, al sur.


Mezcla de quejigares y encinares en una ladera de umbría

        Hoy la moderna minería ya no es subterránea, es a cielo abierto, abriendo un cráter en el terreno de enormes proporciones y de costosa recuperación, con grandes infraestructura como un lugar de molienda, tratamiento y obtención del mineral y las vías de comunicación al exterior o entre éstas y el gran vertedero de estériles y productos de desecho.

Lirios cárdenos en uno de los escasísimos avellanares de la zona

     Todo esto no afecta solamente a las parcelas que sufrirán la instalación del boquete minero y demás infraestructuras, sino a todo el conjunto de la región. Las continuas explosiones, el movimiento de tierras y los transportes, afectarán al régimen hídrico superficial y subterráneo, a la contaminación atmosférica (incluso radioactiva) con sus partículas en suspensión y demás molestias, a la ganadería, a la caza, a la apicultura, a la cría de especies en peligro de extinción, al paisaje, e influirán muy negativamente a otras actividades nada desdeñables como la caza, la pesca, el turismo rural, etc., precisamente uno de los activos más importantes de toda la región y aun por desarrollar, en relación al altísimo valor ambiental de todas estas localidades a caballo entre Badajoz, Toledo y Ciudad Real.


Conozco bastante bien esta lejana región y no dejo de asombrarme cada vez que vuelo por allí con nuevos lugares y rincones que no dejan de confirmarme que es uno de los mejores sitios naturales de toda la península, y sé de lo que hablo. Esta vez la sorpresa la tuve coronando el Cerro del Águila, ladera arriba de lo que va a ser el cráter de la mina, caminando sobre miles de extraños icnofósiles, reconocidos recientemente como del gusano gigante Daedalus desglandi. Lugar propuesto como Lugar Geológico de Importancia Internacional.


Observando un trozo de fósil en la cumbre del cerro del Águila

     No fue la única sorpresa, la otra fue, aunque ya había oído algo, la existencia, cerca de la proyectada escombrera de la mina de Arroba, en Peñas Pardas, de muestras de un excepcional megalitismo prehistórico, como una gran cabeza de ídolo que se ha convertido en el símbolo de la plataforma No a la Mina.


El ídolo megalítico de Peñas Pardas, no muy lejos de la proyectada escombrera (foto Jesús Víctor)

   La charla versó sobre la geomorfología y vegetación de la zona que responde a la gran variedad topográfica, siendo dominante el encinar luso-extremadurense, seguido en umbrías y áreas de suelos más profundos por los abundantes quejigos, y algo más dispersos, apareciendo también en lo alto de las cuerdas, alcornoques.


Alcornocales, no muy lejos del gran alcornocal de El Zumajo

      Son comunes en las solanas las variantes termo-xerófilas (acebuchares, lentiscares, mirtos, o incluso agracejos -Phillyrea latifolia - arbóreos, etc.) y verdaderamente especiales las variantes higrófilas  que dan escasos robledales mesomediterráneos, a veces sustituidos por hoy ya escasos castaños. Pero más especial aún es la presencia de abedulares y, los muy parecidos álamos carpetanos, una variante silícea de Populus alba que solo crecen en esta región. 


Castaños de la ladera de umbría del cordal donde va la mina de fosfatos

    Estos árboles son las mayores especies que crecen en los abundantes bonales de la zona, ecosistemas que por sí solos, con su especificidad, hacen única a esta región española. Solo unos pocos están protegidos, como el de Barranquillos o el de la Sierra del Hontanar, muy cercano a la escombrera, como otros menores que incluso poseen la única localidad de la bella Serapias perez-chiscanoi de Ciudad Real.


Los blancos fustes de los alamillos carpetanos en el arroyo Castillejo

 Especies puntuales y poco comunes en todo el centro de España que aparecen en esta región son: Betula pendula subsp. fontqueri var. parvibracteata, Alnus glutinosa, Corylus avellana, Coronilla juncea, Adenocarpus complicatus, Frangula alnus, Cistus psilosepalus, Citysus multiflorus, Genista triacanthos, G. tridentata, etc. Por otra parte, gran importancia botánica tienen casi todas las especies (muchas de ellas protegidas) de los bonales: Myrica gale, Erica lusitanica, Erica tetralis, Genista anglica, G. tinctorea, Serapias perez-chiscanoi, S. cordigera, Fuirena pubescens, Rhincospora alba, Pinguicula lusitanica, Drosera rotundifolia, Lobelia urens, Sphagnum spp., etc.


La única población ciudadrealeña de esta Serapias será destruida por las obras. Abajo la carnívora Pinguicula lusitanica


      La geomorfología no desmerece en nada y realza y promueve toda esa variada vegetación anterior. El Guadiana muestra aquí, el curso medio fluvial mejor conservado de todos los grandes ríos ibéricos, dibujando una amplia red de grandes meandros, algunos casi coalescentes, dejando algunas lagunas aisladas por cierre del meandro, como la de Valparaíso; los meandros encajados del San Marcos o los del Tirteafuera en Abenójar; grandes hoces fluviales como el Estrecho de las Hoces (Puebla de Don Rodrigo), el estrecho de Tablacaldera (Luciana-Abenójar), el estrecho de Valdehornos (Navalpino) o la cresta cuarcítica zigzagueada por meandros encajados de Valle Moreno.


Paisaje de llanuras colgadas (rañas), digitándose hacia el Cíjara
Meandro del Guadiana a jpunto de "atajarse". Abajo extraña sucesión de meandros cortando el eje de una sierra en Valle Moreno

   Aquí se encuentra el mayor conjunto de rañas de Europa; las calizas paleozoicas de Hojalora; la laguna volcánica de Michos; los asomos volcánicos de Valdelapedriza y El Castaño; las llamativas pedrizas de sus laderas, etc.


Pedrizas abundantes en estas serrezuelas cobijando a veces grandes quejigos (abajo) o cornicabras (arriba)

   Figuras de protección de esta región son: el Parque Nacional de Cabañeros, la reserva Fluvial de (el abedular) de Riofrío, la laguna de Michos. Sus numerosos Bonales (Puebla de Don Rodrigo, Sierra del Hontanar, Barranquillos, el Alcornocal,  Zarzalagorda, el Chorro, etc.) y numerosos Lugares de Interés Geológico que aparte de los mencionados meandros  y hoces del Guadiana, también cuenta con el de los fosfatos de Fontanarejo.


Un Guadiana casi virginal antes de la Puebla de Don Rodrigo

  No me quiero extender más porque hay muchísimo que me dejo en el tintero, como por ejemplo, los lugares de alto valor que además de éstos, deberían entrar en la lista de lugares protegidos, etc. Pero quien sí que merecen protección, son las personas que viven aquí y que aman su tierra, ahora casi obligados a posicionarse de un bando o del otro, cuando lo que quieren es vivir en paz y tener la oportunidad de poder trabajar en su tierra, sin que ello signifique su destrucción.



jueves, 28 de febrero de 2019

El Único Pinar Natural de Sierra Morena


      En Sierra Morena hay miles de nuevas hectáreas de pinares, la mayoría de piñoneros en el sur y el resto de resineros en zonas altas y umbrías. Pero realmente, de manera natural, aquí prácticamente no debería haber pinos, salvo unas escasas hectáreas del resinero Pinus pinaster en unas altas laderas de Sierra Madrona, en Navalmanzano. Sobre este pinar relicto va a tratar esta entrada.

Al fondo la Bañuela que con sus 1320m. es el pico culminante de toda Sierra Morena

 Esta entrada está dedicada al buen hacer de  Jesús Charco, un gran investigador de la flora (y fauna) nacional y norteafricana, que dedicó bastantes años a describir la situación y ecología de los últimos pinos autóctonos de Sierra Morena.


Grandes laderas rocosas protegen a estos pinos de los incendios

    Mucho se ha hablado de la naturalidad o no de los pinares ibéricos, yo tampoco me he podido resistir en varias ocasiones en este blog. Tengo mis ideas bastante claras al respecto y nadie me ha sacado de ellas, aunque en un tiempo, debido al tremendo exceso repoblador y, por qué no decirlo, destructor de una buena parte del monte español, no les guardaba mucho cariño que digamos y apoyaba a quienes opinaban que la gran mayoría de los pinares ibéricos estaban suplantando a los verdaderos bosques naturales, formados por especies frondosas o quercíneas.


Las repoblaciones de pinos llegan hasta los 900m, el resto son todo encinas, quejigos y robles

         Incluso aquellos beligerantes inicialmente con los pinares, como la escuela comandada por Salvador Rivas-Martínez, ha ido reconociendo paulatinamente y definiendo científicamente y con una buena dosis de datos y argumentos, las sucesivas asociaciones de vegetación capitaneadas por especies de pinos.

La polémica de los pinos sigue viva. Esta jornada fue desviada y reventada por la susceptibilidad de un ingeniero de montes, al respecto de unas repoblaciones y su mantenimiento frente a la colonización por tejos y otras autóctonas por encima del madrileño Hayedo de Montejo.

    Aun así, es posible encontrar “elementos” que todavía no se han puesto al día y siguen sin reconocer los excesos repobladores de antaño, despotricando y retoricando contra esta escuela, mostrando un desconocimiento total sobre el actual estado del conocimiento en esta materia, como quedó demostrado hace casi un año, en una jornada científica sobre Espacios Protegidos y repoblaciones forestales celebrada en la escuela de Ingenieros de Montes de Madrid, donde el catedrático Luis Gil reventó dicha convocatoria desde la propia mesa, dando un espectáculo lamentable a alumnos y asistentes.

Fuencaliente al fondo, es un pueblo casi más andaluz que ciudarrealeño, más allá, todo es Córdoba

         Los pinares ibéricos vivieron mejores tiempos en el pasado, en un clima más duro y más fresco que el actual, dada su buena adaptación a estas condiciones. Con la dulcificación del clima, el progreso de las demás especies arbóreas les fue recortando su terreno, lo que unido al uso del fuego “civilizador”, las guerras, los incendios forestales y la tala para uso y consumo humano les fue dando la puntilla; ni tan siquiera las medidas protectoras de gobernantes y autoridades pudieron remediarlo.

Las duras condiciones de estas cumbres hacen que puedan ser tumbados por los vientos

         Los pinares ibéricos han sufrido una suerte desigual y en muchos casos manipulada, tanto para lo bueno como para su desaparición. La rectitud de sus fustes siempre les hizo preferibles como material de construcción y carpintería, lo que hizo que fuesen más demandados y talados que otros tipos de bosque, por el contrario, la facilidad de repoblación y su dureza para soportar las primeras fases vitales, les dio un protagonismo a todas luces excesivo en nuestros montes,  a mediados del siglo XX, tendencia más o menos corregida en las últimas décadas.

Pinos piñoneros en sus cotas de repoblación más altas, a unos 800m de altura

 Solo algunas especies están en expansión, principalmente el pino carrasco Pinus halepensis, el pino piñonero P. pinea y el resinero P. pinaster, ambos aprovechando su mayor velocidad de crecimiento y capacidad de dispersión. También un monte erosionado, excesivamente trabajado o removido y, en general, las situaciones de inestabilidad, hacen que el poder colonizador de los pinos multiplique exponencialmente la capacidad expansiva de otras especies de árboles.

Ejemplar de buen porte, creciendo en grietas cuarcíticas

Otros pinares se encuentran en franco retroceso, el calentamiento climático está arrinconando a las especies más montañeras hacia cotas superiores, si es que pueden subir. Esto está ocurriendo claramente con el pirenaico pino “moro” Pinus uncinata, y con los Pinus sylvestris y P. nigra en todas las montañas ibéricas. Este calentamiento no solo los expulsa de las zonas más térmicas, también los debilita, abriendo la puerta a la llegada de plagas nefastas con ellos. Un triste ejemplo reciente es la debacle de los pinares repoblados con el pino de Monterrey Pinus radiata (P. insignis) en el País Vasco.

Farallón con el abrigo de las célebres pinturas rupestres de Peña Escrita

         Son muchos los que piensan que grandes regiones biogeográficas, como pueda ser la Luso-Extremadurense, que ocupa algo más del cuadrante suroeste ibérico, no poseen pinares naturales en esa gran extensión, pero como nos demostró recientemente Jesús en una excursión del X Congreso Nacional de Biogeografía celebrado en Ciudad Real el pasado año, esto no es así. Los pinares de Pinus pinaster llegaron a enseñorearse de grandes zonas cumbreñas, de esos cuarcíticos macizos de Sierra Morena y Montes de Toledo en una pasado no muy remoto, como también pueden atestiguar, la gran cantidad de (fito)topónimos dispersos por todos los montes de esta gran región.

Pinus pinaster de las cumbres de Navalmanzano

  Los últimos pinares Luso-Extremadurenses aún prosperan tímidamente en la sierra de Navalmanzano. Pinares ya mentados en escritos que señalaban los límites del obispado de Córdoba en la edad media. Muchos de ellos pinos cimeros, ocupando estaciones muy rocosas, en grietas y rincones, y otros, los más atrevidos, en situaciones de ladera, a veces protegidos por pedreras.

Muchos pinos son como éste, sin apenas futuro cuando ya no pueda prosperar en esa grieta rocosa

         Según nos contó Jesús, la dinámica de los pinos en toda la región ha estado sujeta a la actividad humana, no tanto por su aprovechamiento forestal, sino por el manejo del fuego en toda esta homogénea región. El único aprovechamiento pasado del monte, quitando el ocasional cinegético, que hoy se ha impuesto totalmente y la apicultura, era el pastoreo de cabras.




     La pobreza era tal que hasta estos ásperos lugares tenía que venir la gente a buscarse el sustento. Para el manejo de pastos era crucial el uso del fuego, a partir del incendio el monte se abría y brotaba la hierba, pero con el paso de tres, cuatro años, ya se había cubierto de arbustos y se hacía necesario otro incendio. Así ha sucedido durante muchas generaciones y el pino solo ha podido soportarlo en las estaciones más rupestres.

Un par de pinos compartiendo la misma grieta rocosa

         Desde estos escabroso lugares, si se daban las condiciones, como ha ocurrido aquí, el pino llegaba a colonizar las inestables laderas de la vecindad de los lugares donde había permanecido acantonado tras los fuegos. Todo a la espera de que otro incendio los hiciese retroceder de nuevo. La historia de esta dinámica tan inestable y dañina ha ido eliminando los pinares de una sierra y otra hasta llegar al panorama actual, y mira que hay cientos y cientos de sierras por toda la región, todas, como ocurre en los relieves apalachenses, de alturas bastante uniformes, alcanzando el cordal principal de Montes de Toledo, entre los 1300 y los 1450, los de Sierra Morena, entre los 1100 y 1300, y la gran multitud de sierras intermedias entre ambas cordilleras, entre los 700 y 800m.


         En la actualidad y fruto de la fiebre repobladora de antaño, estas montañas pletóricas de quercíneas (encinas Quercus rotundifolia, quejigos Q. broteroi-faginea, robles Q. pyrenaica, alcornoques Q. suber, coscojas Q. coccifera e incluso el quejigo gaditano Q. canariensis) y un bosque mediterráneo tremendamente diverso en especies, fueron desplazadas en muchos lugares por repoblaciones de Pinus pinaster y con ello, paradójicamente, un mayor peligro para este bosquete relicto. Con las repoblaciones llegaron elementos que nunca habían existido aquí, aunque no contundentes, sí visibles y peligrosos: la procesionaria y las ardillas,  éstas últimas por reducir fuertemente con su consumo de piñones, el reclutamiento de nuevos ejemplares.

Bosque mixto de encinas, alcornoques y quejigos. Al fondo olivares y pinares de repoblación

         Pero uno de los mayores peligros, viene de la sobreabundancia de herbívoros campando por estas sierras que han visto, una vez casi desparecido el ganado doméstico, como sus efectivos no han parado de incrementarse durante años. Incluso ya contando desde siempre con la presencia de la cabra montés, muy retraídas y acantonadas en determinadas fincas cercanas (al parecer se está identificando actualmente como una subespecie nueva), el verdadero peligro son los venados, no tanto por su consumo de ramón, apenas visible, como por su querencia a ser desmochados y rotos de jóvenes para rascarse la cornamenta o para quitarse los pellejos de las cuernas.


          Poco a poco los pinares repoblados, en cotas bastante inferiores, se van naturalizando, es decir, dejando huecos y mezclándose con la vegetación de la zona. También trabajos silvícolas acometidos por la autoridad de uno de los mayores (150.000 has.) y más recientes Parques Naturales españoles, como es el Parque Natural de Alcudia y Sierra Madrona, tienden a suavizar y naturalizar esas grandes masas de pinares, al menos en las zonas cercanas a la carretera nacional N-420 de Puertollano a Montoro.

Arroyo con una pequeña aliseda

 Un parque muy poco dotado, pero con buenos profesionales que se multiplican para poder acometer esa inmensa carga de trabajo, en una región llena joyas naturales y grandes problemas, en el mejor monte mediterráneo peninsular. Me gusta mucho Cabañeros, pero el Parque Nacional del monte mediterráneo debería estar aquí. Sierra Madrona es muy especial y completa, no en vano, aquí están todavía reunidos la flor y nata del bosque mediterráneo, el lobo (por los pelos), el lince, la cabra montés, el águila real, la imperial, la perdicera, la cigüeña negra, el alimoche, el buitre negro, etc.


De camino hacia el pinar pudimos contemplar una de las mayores rarezas botánicas de Sierra Madrona, la especial planta carnívora Drosophyllum lusitanicum, una planta parecida a la drosera, de la que toma el nombre genérico, de largas hojas con gotillas pegajosas en su margen que cuando atrapan un insecto, se cierran en espiral sobre él.

La extraña planta carnívora Drosophyllum lusitanicum

  Pero lo verdaderamente sugerente de Sierra Morena, son sus impresionantes dimensiones, los kilómetros y kilómetros de cordales rocosos, los inmensos jarales, sus madroñales, sus bosquetes de quejigos en las umbrías y en la vecindad de los arroyos, las hiladas de altos alisos bordeando sus ríos, sus espesos robledales en alturas y umbrías, (los mayores de la mitad sur peninsular) y sus ásperos riscos, repetidos hasta la saciedad pero en multitud de formas diferentes, a veces estratigráficamente fileteados en vertical o en ocasiones cortados por profundas e inaccesibles hoces.


El hombre de estos campos
que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botín de guerra
antaño hubo raído los negros encinares
talado los robustos robledos de la sierra

Hoy ve sus pobres hijos huyendo de sus lares
 la tempestad llevarse los limos de la tierra
por los sagrados ríos hacia los anchos mares
y en páramos malditos trabaja, sufre y yerra

         Por Tierras de España. Antonio Machado
                        (dedicado a Boiro y más Extremoduros)

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