martes, 31 de julio de 2018

La Sagra


              Hoy la entrada va de secarrales y mucho más de medio país tiene mucho que ver con ellos: Los “secarrales” tienen mucho más que ofrecer de lo que a primera vista pensamos, a menudo con mucha mayor diversidad que algunas zonas boscosas. El aparente desierto veraniego, le sigue a una primavera esplendorosa y algunos pastizales, como muchos de la Sagra, son sin lugar a dudas, verdaderos reservorios de biodiversidad.



       La Sagra es una región toledana, aunque compartida por el norte con Madrid. Los límites geográficos son el río Guadarrama al oeste y el Tajo a sur y sureste; sus límites norte y este llegan al borde metropolitano madrileño, contactando con municipios como Parla, Pinto o Valdemoro. Lo que aúna esta región, son los relieves poco marcados y los amplios valles y vaguadas, en un área muy seca (no llega a los 400mm. anuales) y calurosa dadas sus bajas cotas altitudinales.



   Litológicamente estamos en materiales del mioceno medio e inferior, éste último reflejado en su abundancia de sales que a veces se mezclan con sus otras dos litologías principales, los yesos y las arcillas. Quizás las áreas más occidentales, vecinas al río Guadarrama, las menos "sagreñas", se caracterizan por tener otra litología, no menos deleznable, arenas y arcosas procedentes de la sierra madrileña, de carácter más silíceo frente al dominio basófilo o gipsícola del resto de la región.


Aspecto primaveral del aljezar, con atochar de esparto arriba y abajo el blanco lepidio de hoja estrecha

            La Sagra está vertebrada casi simétricamente en torno al arroyo Guatén, arroyo aparentemente desmesurado en terrazas y formas erosivas para el escaso caudal que acoge, pero es porque hace tiempo (geológico), el actual Manzanares trazaba su curso por él, hasta que fue capturado por un afluente del Jarama. Con el lado sur del Tajo, existe cierta simetría casi en todo, respecto al valle del arroyo Cedrón (parte superior) o Melgar (parte inferior) que drena una gran cuenca arcillo-limosa, con una geología y clima, prácticamente idéntico al de la Sagra, mostrando una clara continuidad ecológica con ella; zona también rica en buenos saladares (Villa sequilla, Valdecarábanos o Dehesa de Monreal), incluso en mejor estado que los del norte del Tajo.


Una laguna-saladar del extremo noreste, ya en la Sagra madrileña

                Generalizando, esta región se define espacial, ecológica y estructuralmente, por sus estratos geológicos. En gran parte, al norte y noreste, está el estrato superior con los únicos niveles de cierta dureza, como pueden ser dolomías y sílex que marcan las cotas superiores de la comarca, con el monte isla de Polán y su fábrica de cemento en su base, destacando en toda el área suroeste y el cerro Batallones y aledaños al este; los estratos inferiores, comienzan una serie básicamente arcillosa, con margas en algunos casos y materiales poco comunes como bentonitas o sepiolitas.

Lomas redondeadas sobre estratos arcillosos, de los pocos lugares sin cultivar gracias a la caza

          Más abajo comienzan las margas yesíferas y los yesos, para que finalmente, ya cerca del nivel de base del río Tajo, vuelvan a aparecer arcillas oscuras. Es por la riqueza en arcillas que tradicionalmente, la mayoría de los ladrillos madrileños, proceden de esta comarca.


Taludes arcillosos cercanos al Tajo, hábitat del raro Aizoon hispnicum

                La Sagra es una de las regiones más humanizadas de la península, pues el estar situada al sur de la capital española contribuyó poderosamente a ello desde los primeros tiempos de la corte, incluso Cervantes conoció de la prosperidad y se casó en Esquivias, ciudad, como otras localidades sagreñas, enriquecida por ser la despensa cerealística más buena, amplia y cercana a Madrid.


Rodal de Amni visnaga en el borde de un campo de cereales

                Su historial prehistórico es completo y posee, para desconocimiento general, el que hasta ahora es el mayor yacimiento paleontológico europeo, el del cerro de Batallones, aún a medio excavar y que en cualquier otro país contaría con un buen museo sobre sus grandes y numerosos hallazgos faunísticos. También y hasta que ardió en mayo de 2016, como todo el mundo preveía, existió el mayor yacimiento de ruedas de desguace que ha habido en España, el de Seseña en el Quiñón.


A pesar de cierto progreso mal entendido, la Sagra sigue conservando rincones de alto valor natural

                Ecológicamente, esta región está muy tocada, la expansión urbanística descontralada de la metrópoli madrileña, la industria de ladrillos y cerámicas, una casi pantacruélica red de autovías, peajes incluídos (aún en desarrollo) y la sobre-explotación agrícola que no deja de rebañar retazos al monte o a los arroyos, han dejado un paisaje humanizado bastante desolador. Dada la agresividad agrícola, paradójicamente, son los espacios en barbecho especulativo, las canteras abandonadas o las fincas reservadas para futuros desarrollos o infraestructuras, los que han ido recuperando sus antiguos valores naturales.


Tendido eléctricos, autopistas y autovías, el AVE, la minería y una agricultura industriallizada afean los campos de la Sagra

              Incluso, en las escasas áreas montuosas, se impusieron en los 60’ monocultivos de pino carrasco que han dejado unos montes verdes por fuera, pero vacíos y negros por dentro. Aún así todavía queda una gama paisajística interesante, que va desde los escasos retazos de encinar manchego a los olivares, pastizales, juncales y saladares de interior.


En las mesetas y sus peanas, de materiales más duros, se asientan olivares, pinares y restos de encinares

      Es ahí donde radica la riqueza de la Sagra, en una vegetación adaptada a una litología tan poco común como puedan ser su litología más especial, las sepiolitas, las arcillas, las margas yesíferas o las sales.

Llama la atención la abundancia de alcachofas silvestres en los materiales arcillosos

Incluso, muy dificil de ver, aún se puede encontrar, abajo, la rarísima Cynara tourneforii


                El espacio cultivado ocupa la práctica totalidad de las áreas arcillosas que son, sin duda, las más ricas y retienen más el agua, al menos para el cereal, pues al secarse se agrietan en bloques que cortan las raíces al retranquear, soportando tras ello una  aireación que reseca aún más el terreno. Esto lleva a que las numerosas adaptaciones de las plantas termófilas a esta sequía añadida, acaben triunfando sobre plantas menos adaptadas.


El cardillo de las arcillas, Scolymus maculatus, muy diferente del comestible Scolymus hispanicus

Por todo lo anterior, es por lo que hasta aquí pueden llegar especies de carácter sureño, a parte de las adaptadas a la compacidad de estos suelos pesados. Plantas poco comunes e interesantes de estos medios son: Amni visnaga, Cynomorium coccinum, Cirsium echinatum, Crepis alpina, Cynara cardunculus, C. tournefortii, Echinops strigosus, Kickxia lanigera, Malvella sherardiana, Ononis biflora, O. spinosa, Scolymus maculatus, Silene muscipula, etc. En los taludes arcillo-yesíferos destacan los endemismos Astragalus scorpioides, Rochelia disperma, Trigonella spp., etc. y si existe alguna influencia salina, en los rincones más térmicos y protegidos de la Sagra puede subsistir el aquí escasísimo Aizoon hispanicum.


El escaso Astragalus scorpioides puede hallarse en taludes arcillosos de la Sagra

Este año Rochelia disperma abunda al pie de los taludes yeso-arcillosos
La belleza de cardos y cardillos desdice su fama de malas hierbas, arriba Echinops strigosus y abajo Cirsium echinatum

        Las lomas sin cultivar y pedregosas (dolomías, calizas o sílex), están cubiertas de unos variados tomillares y efedrales, con tomillos, astrágalos, salvias (S. argentea, S. verbenaca), linos (Linum suffruticosum, L. austriacum, L. strictum), coronillas (Hippocrepis), zamarrillas (Teucrium gnaphalodes, T. capitatum), jarillas (Helianthemum varios), lastones (Stipa, Avenula, etc.) con alguna especie poco común, como Silene otites e incluso, al sur del Tajo, la muy térmica Fagonia cretica.


Aljezares con espartal, con albardinales a sus pies

          En los yesos las lomas aparecen blanquecinas y con poca cobertura. Aquí aparecen todas las especies clásicas del “aljezar”, los jabunales de Gypsophila struthium, los espartales en la lomas con menos suelo y al pie de los cerros y fondos de valle las espartinas o albardinales de Lygeum spartum; con algo más de humedad y finos que la retenga, aparecen los bolinares de Artemisia herba-alba y los tomillares saperos de Frankenia thymifolia que ya en los fondos de valle se enriquecen en acelguillas saladas Limonium spp. y no muy alejados de las escorrentías de fondo de valle, el verdadero protagonista de esta región y, a mi juicio, sin duda, quién ha dado nombre a toda la comarca, los grandes y blancos matorrales de Atriplex halimus, la "osagra", ahora en retroceso como también albardinales y limoniares.


Osagras a la derecha y las floridas Lavatera triloba a la izquierda, planta en la que vive el escarabajo avispa Plagionotus marcorum

        El otro protagonista del paisaje sagreño, también blanquecino, es el calamino o sisallo, la Salsola vermiculata un arbusto que daba sustento a las ovejas de estos campos y buenas cualidades nutritivas a su leche. Ovejas hoy en extinción, como si de un raro endemismo más se tratara.


En los fondos de valle se instala la osagra, centro, y en las bajas laderas el calamino, en primer término

                Las áreas salinas ocupan las áreas inferiores y de peor drenaje, es decir las de nulo interés agrario, pero no sé qué tipo de perversión existe en las ayudas agrícolas de la P.A.C. que salvo en áreas demasiado saladas o de interés cinegético, estos saladares o salobrales, han experimentado un dramático descenso en su superficie.


Saladar con Juncus maritimus y Sarcocornia carinata en tonos rojizos

                Aquí aparece todo un elenco de plantas adaptadas a luchar contra el suelo para conseguir su agua y no perderla. Prácticamente están todas las especies típicas, incluso llegan Arthrocnemum macrostachyum, Sarcocornia carinata y muy puntual y rara, al sur del Tajo, Camphorosma monspeliaca. Un elenco de plantas amantes de la sal que viene a reunir en su localidad penínsular más occidental, una serie de plantas dispersas por saladares del Ebro, de la Mancha y costeros.



                Aunque en esta región tan seca y con esa litología tan propicia, también aparecen humedales menos salinos, tampoco dulceacuícolas, pero con una buena representación de plantas que toleran con mayor dificultad la salinidad que muestran pastizales, ahora en desaparición y hasta hace poco bien  aprovechados por el ganado que no son ni la sombra de lo que en tiempos fueron; donde en paralelo al arroyo Guatén, corría una de las mayores cañadas que cruzan el interior peninsular de norte a sur, aprovechando los buenos pastizales de las arcillas en tiempos de mudanza ganadera y estos pastos y arbustos medio salinos.


Pastizal salino y praderas juncales al fondo

           Estos pastos son casi saladares, con buenos juncales y calveros en los que aparecen especies salobres como Aeluropus littoralisSalsola soda, Spergularia media, etc. y en las praderas juncales Lotus glaber, Tetragonolobus maritimus y el bellísimo lirio Chamaeiris reichenbachiana, antiguo Iris spuria.
               
Lirio de junquera y el amarillo Tetragonolobus maritimus en una pradera juncal del Guatén

                La superficie de saladares a uno y otro lado del Tajo, tanto en la comunidad de Madrid como en la de Castilla la Mancha, tienen tal entidad e interés que deberían estar estrictamente protegidos como Parque Natural o Nacional, no una o varias microrreservas como existen hasta ahora en la parte manchega (Saladares de Valdecarábanos y Villasequilla; Salobral de Ocaña), sino que debería hacerse extensiva su protección a los saladares de Aranjuez (Regajal, mar de Ontígola y Carrizal de Villamejor) y por supuesto a todos aquellos que existen al norte del Tajo, desde los cercanos al río, a los más cercanos al área metropolitana madrileña.




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