jueves, 30 de abril de 2026

El Incendio de Sotomayor en Aranjuez. De nuevo el pítano en peligro


      El pasado verano estuve por los cerros al sur del Tajo y al este de Aranjuez, disfrutando de sus estupendos cerros yesíferos y de la vegetación que los conforma. Una de las peculiaridades de estos cerros en cuestión es la presencia de una de las mayores plantas propias de terrenos margo-yesíferos, el endemismo hispano-magrebí Vella pseudocytisus, más conocido en la región como “pítano”. Esta planta, prodigio de adaptaciones fisiológicas para poder competir en un medio tan duro como el aljezar (el yesar), es una joya botánica de unos pocos enclaves del sur de Madrid y centro-norte de Castilla la Mancha.

Explosión de gamones en esta primavera posterior al incendio

      Este género es hispano-magrebí, teniendo varias subespecies, la típica es manchega y de las hoyas granadinas, habiendo desaparecido de Almería; luego está la subrespecie paui del centro y sur de Aragón. Pertenece a la familia de las crucíferas que tiene muy escasas plantas perennes, como ésta, el género Boleum en la depresión del Ebro y el género Euzomodendrón en Almería. También el género Vella tiene dos especies más aparte del pítano, Vella lucentina de los alrededores de Alicante y Vella spinosa en las sierras subbéticas.

Esqueleto de pítano delante del osario de retamas posterior, abajo un superviviente

      Ya hace unos años advertí del peligro que corrían los pítanos madrileños por un proyecto hípico de gran envergadura que iba a afectar a la finca de Sotomayor, único lugar madrileño donde se encuentran los pítanos. Desde entonces probablemente su población se haya expandido ligeramente. El año pasado tuve le oportunidad de verlos y comprobar su buen estado de salud, pero desgraciadamente, en medio del verano, un gran incendio, casi impensable por tratarse de este tipo de medios yesíferos con escasa cobertura vegetal, acabó con la mayor parte de la población de esta especie tan importante.

Con sus negras ramas se puede apreciar el pitanar que existía aquí solo hace unos meses

      El incendio, como de costumbre en los noticieros de la corte, pasó casi inadvertido como un incendio “de pastos”, que es como se refieren normalmente a cuando se quema algo que no es un bosque “verdadero”. Nadie habló del pítano y sí mucho de los medios logísticos empleados en una extinción que no pudo evitar el desastre biológico. Más triste todavía para los arancetanos, habiendo tenido lugar dos años antes, también en Aranjuez un poderoso incendio “de pastos” que se llevó por delante gran parte de la Reserva Natural del Regajal y Mar de Ontígola, con sus instalaciones y mariposario (una de la creación de esta reserva fue la abundancia de lepidópteros en peligro de extinción), instalaciones que al parecer, han desaparecido para siempre sin visos de reponerse.

Antes y después del incendio del Regajal-Mar de Ontígola también en lo mejor de Aranjuez

      Solo hace un mes volví a pasar por esta área de nuevo, después de aquel momento tan lleno de vida y de especies poco comunes en el centro ibérico. Ahora las laderas aparecían descarnadas, las muestras de erosión claras, incluso con algún desprendimiento en algún cantil o en los taludes de la Hoya del Moro, debido a las copiosas lluvias de este final de invierno. 

Área incendiada de Sotomayor, arriba casa de la Monta. Abajo erosión torrencial

      El cambio vegetal era total, había desaparecido todo lo leñoso (retamas, almendros, pítanos) y las macollas de los espartos, mostraban solo sus bases carbonizadas y apenas reteniendo un suelo que prácticamente se habían llevado las aguas de la escorrentía. El suelo tiene una tonalidad desvaída que me recuerda que me faltan los numerosos líquenes que cubren estos suelos. Veo solo algún asomo de vida con la brotación de alguna Reseda, alguna Centaurea hyssopifolia o algunas anualitas.

El endemismo manchego Reseda suffruticosa brotando en medio del desastre

      Que cerca de lo desértico estamos, pero la vida se abre paso, lenta, muy lenta, pero poco a poco, aquí más lento aún que en otros ecosistemas quemados, entre tanto pítano quemado, fácilmente reconocibles por sus esqueletos ennegrecidos, veo alguno del que despuntan brotes floridos de sus pies, eso me anima. También me anima el saber lo fácil que es reproducir o trasplantar esta planta en este tipo de medios, aunque sé que no se va a presupuestar una recuperación tan lógica como ecológica, puesto que estamos en Madrid y aquí al dinero le salen muchos y buenos novios, y no se va a emplear en recuperar un medioambiente que nos da la salud a todos, cuando cunde mucho más si solo llega a unos pocos bolsillos.

Valle despojado de su tarayal con laderas casi desertificadas

      Afortunadamente no todo es desastre, se ven rebrotar bastantes de las especies quemadas, como almendros, retamas y cierto porcentaje de pítanos, pero se ven muchos más calcinados que renovándose. También, con menos competencia, los geófitos han rebrotado con fuerza, al igual que las esparragueras, pero son especialmente abundantes, quizás demasiado, los gamones Asphodelus ramosus, el alhelí triste Dipcadi serotinum, los nazarenos Muscari comosum, e incluso encuentro algún escaso ejemplar de azafrán amarillo Sternbergia colchiciflora.

El gamón, ya abundante antes del incendio, tras el mismo queda solitario

      Tras el incendio también explotan las plantas nitrófilas por el temporal exceso de nutrientes de los suelos, y aquí, es típica, aunque poco conocida la presencia y abundancia de palomillas Platycapnos spicata o también las fumarias, a parte de los antes mencionados gamones.

Las ahora abundantes palomillas Platycapnos spicata, abajo en la base en masa

      Hay quien dice que la naturaleza mediterránea está preparada para la acometida de los incendios, pero no es tal, que pueda resistir y no desaparecer la vegetación por completo, no significa que esa vegetación esté preparada para el fuego, de hecho, un incendio es un desastre, una pérdida de biodiversidad y también de suelo fértil, algo muy escaso y valioso en estos suelos yesíferos, lo que a la larga y más en este tipo de suelos, hace que la recuperación sea mucho más lenta que en cualquier otro tipo de suelos y casi siempre con la pérdida de algún miembro de esa biodiversidad biológica.

Biodiversa ladera con espartal-pitanar-jabunal, una vegetación de los yesos casi ideal

      Normalmente en los yesares, apenas tienen incidencia los incendios, siempre son muy puntuales y de difícil progresión, dada la escasa cobertura vegetal que los coloniza, con claros de costras de líquenes o yesos, con pies bastante aislados y separados de jabunas, jarillas de escamas, lepidios o centáureas, pero la primavera del año pasado fue francamente lluviosa y todo fue rellenado por bastante vegetación anual que permitió al fuego propagarse rápidamente, mucho más rápido que la acción de brigadas y maquinaria dedicadas a su extinción.

La anualita Chaenorhinum reyesii, y abajo un superviviente, el raro azafrán amarillo

Estamos en la comunidad más rica, en la más habitada y en la que queda un menor porcentaje de terreno salvaje o, al menos, no urbano, con una supuestamente buena dotación de medios y vigilancia. Pero parece que para las autoridades administrativas, lo verde, lo natural, lo biodiverso, es el bosque, y mayormente el bosque serrano, concretamente los pinares o robledales de nuestras montañas del norte de la región. El sur, se trata de otra manera, se vigila de otra manera y, en caso de incendio, se actúa de otra manera. Eso parece deducirse de la grave incidencia de los incendios en el Madrid del sur y del este. Aquí no hay bosques (aunque haya unos extensos encinares y quejigares), para las autoridades lo que hay son secarrales, pastos sin importancia, cuando la realidad es que aquí se atesora una biodiversidad, sin paliativos, mucho mayor que la serrana, sin menosprecio de sus valores naturales.

Antes y después de un vallejo en la Hoya del Moro en Sotomayor

Estoy más que harto de que se tarde en actuar ante cualquier brote, como si esos pastos, arbustedas o encinares tuviesen menos valor que un pinar serrano. Es una muestra del menosprecio, la poca estima a una naturaleza que es la que tenemos más cercana los madrileños y que es la que más debiéramos conocer y frecuentar. Pero cuando uno ve que estos lugares van desapareciendo, pasito a pasito, y que a nadie parece importarle, clama al cielo.

Los geófitos o bulbosas, como los ajos (Allium roseum) apenas han sufrido el fuego

Hace dos años me acerqué a finales de enero a ver una de las floraciones más espectaculares y desconocidas de la naturaleza madrileña, la de las coronillas de fraile Globularia alypum en los montes al este del Jarama. Pues cual no fue mi sorpresa al encontrarme esos lugares que conocí florecidos espectacularmente, en un estado de ruina natural tras otro incendio veraniego, por los campos de Loeches y Campo Real. Hectáreas y hectáreas de campos, arbustedas, encinares calcinados y, como de costumbre, la crónica periodística de siempre, incendio de pastos y la cantidad de medios que se coordinaron para su control.

Antes y después del incendio de Loeches, parecen fotos de lugares distintos

Uno de los mayores activos en biodiversidad que tenemos y que queda claro que no se valoran como se debería, son esos mosaicos de vegetación con pequeñas islas, normalmente con rocas o en cuestas, de vegetación en buen estado, algunas parcelas agrícolas en uso y bastantes más abandonadas, pero en claro proceso de naturalización. Este tipo de paisaje está más extendido de lo que parece y goza de una biodiversidad inmensa, donde la naturaleza se va expandiendo y explayando a sus anchas y apetencias, dando pie a una recolonización vegetal que ningún proyecto de renaturalización, por bien diseñado que esté, jamás podría conseguir. Pues bien, estos terrenos no entran en las categorías de suelos o espacios a vigilar, conservar, cuidar o mantener. Estos son los verdaderos “pastos” que tanto desdeñan frente a la sobrevalorada “superficie forestal”.

El cromático tomillar sapero de Frankenia thymifolia, desaparecida de la base de los cerros

    La Casa de la Monta y la finca de Sotomayor, ambos declarados Bienes de Importancia Cultural, pertenecen al declarado Paisaje Cultural de Aranjues, al que pertenece casi todo Aranjuez, con los elementos naturales y atributos históricos que lo configuran: atravesada por los cauces de los ríos Tajo y Jarama y sus sotos, integra gran parte de los sistemas de riego y estructuras hidráulicas tradicionales, la totalidad de las huertas, los jardines, el trazado de calles y plazas arboladas, el Palacio Real y el casco urbano del siglo XVIII., siendo el primer Paisaje Cultural español desde el año 2001. Quedaron fuera de la asignación del Patrimonio Cultural de Aranjuez, sin los cuales sería imposible concebir Aranjuez, y que actualmente se encuentran en severo estado de deterioro, ya que no gozan de la protección ni de la publicidad que sí tienen los integrantes del Patrimonio Cultural de Aranjuez, el Real Cortijo de San Isidro, la Presa del Embocador, la Presa de Ontígola y el Puente Largo de Aranjuez. Por favor, no más negligencias y malos cuidados para un patrimonio no solo español, sino mundial.

viernes, 27 de marzo de 2026

La Última Crecida del río Jarama


       El río Jarama es, probablemente el río que más inundaciones catastróficas ha llegado a tener de entre todos los ríos españoles, para con su entorno y sus habitantes incluidos. De hecho, es uno de los pocos ríos sin municipios ribereños, y si se acercan a su lecho, dejan al menos, una distancia prudencial con él; ni siquiera cruzan el Jarama puentes verdaderamente antiguos, a pesar de su longitud de casi 200 km.

El año pasado el río se comió las orillas del Piul y saltó el malecón que lo separaba de la laguna del Campillo, introduciendo toda una playa dentro de ella, la laguna sigue llena, pero con una nueva salida al río que la ha convertido en amplio brazo del río

       Su historial de inundaciones es dramático, a pesar de que suele ser un río infravalorado, al menos, al ser comparado con los grandes ríos ibéricos. Aunque no por desconocido, no es menos real que, de la cuenca del gran padre Tajo, quien pone el caudal es el Jarama, pues el Tajo, bastante tiene con sobrevivir a las grandes presas de su tramo alto (Buendía y Entrepeñas), pero en los últimos años, sus fuentes en el gran Sistema Ibérico, ya no son tan copiosas como antes, y la agricultura, concesión a concesión, trasvase a Murcia incluido, hace que en Aranjuez, quien pone el agua, es el Jarama, y muy por encima del Tajo.

El Jarama rodeando la finca del Piul

       Geográficamente, y usando una estricta lógica científica, ya son varios los ríos o cuencas que casi deberían cambiar de nombre, pues, aunque el Tajo tenga mayor superficie de cuenca, es el Jarama el que tiene la cuenca más eficiente; el Tajo, casi vierte sobre el Jarama en su encuentro. También el río Guadiana ya prácticamente no existe, se podría decir que tiene su nacimiento en la depuradora de Ciudad Real; las pocas veces que el agua llega a esta ciudad, es el Záncara y por veces, el Gigüela, quien manda y pone el agua en el viejo cauce, es el montitoletano Bullaque.

Canales abiertos entre le Henares y el Jarama poco antes de su Junta

       Pero volviendo al río Jarama, la documentación de las inundaciones es lo suficientemente concreta en el número y el alcance de las numerosas riadas e inundaciones a lo largo de su historia, información mucho más minuciosa según nos acercamos al presente, dado el seguimiento tanto meteorológico como de aforos.

Otra laguna conectada de nuevo al río Jarama, la de los Veneno o del Soto de las Juntas, aunque el Manzanares le entra filtrado bajo tierra, es suficiente para provocar ese cauce que se ve en el centro

    Las razones son obvias, periodos lluviosos prolongados e intensos, o tormentas intensas y persistentes y, si a estas aguas, le unimos el posible deshielo de la cubierta nival de la sierra, dado que este río recoge el grueso principal de las grandes acumulaciones y neveros principales de las sierra, del Paular y altos valles hasta Somosierra, junto con la gran cuenca del río Henares, mucho mayor superficialmente que la del Jarama, aunque sin carga nival, ya esta conjunción resulta especialmente perniciosa para las riberas aguas abajo de la unión del Jarama y el Henares, tras San Fernando de Henares.



       Todas las imágenes que acompañan esta entrada han sido tomadas en el tramo medio del Jarama, donde se le unen el Henares y el Manzanares, y las mismas consecuencias han resultado en gran parte de la cuenca inferior del río o tras la confluencia con el Tajo en Aranjuez. Esta vez a pesar de la cuantía generosa de las precipitaciones, no se ha llegado, a las inundaciones del Tajo que tuvieron lugar esta pasada primavera del 2026 entre Aranjuez y Talavera.

Jarama entre Rivas y Arganda, cerca del puente del Tren de Arganda

A pesar de que luego hago una enumeración de las sucesivas devastadoras riadas documentadas, no es necesario acudir a las fuentes documentales, solo hay que tener un poco de visión geográfica y saber leer el paisaje para comprender que la dinámica fluvial de este valle es potente, activa y variable. Ni siquiera hay que tener esos conocimientos y ver como cambian el trazado del río, con sus meandros abandonados, con su recorte a los cantiles yesíferos laterales, etc., basta solo con ver puentes abandonados en medio de los sembrados, como ocurre aguas arriba de San Martín de la Vega, puentes desaparecidos, como poco más aguas arriba pasa con el puente Pindoque, o conocer las historias de los sucesivos puentes destrozados y reconstruidos de la ruta Madrid-Valencia para comprender que hay que hablar de los ríos como si de seres vivos se tratase, con capacidad de movimiento y verdadero carácter, como un ser mitológico enfurecido.

Uno de los pocos puentes históricos que permanecen en su sitio, el puente del Tren de Arganda.


Ya dediqué otra entrada a la activa dinámica fluvial en la junta del Jarama con el Manzanares, comenté someramente la entrada del Jarama al interior de la laguna del Campillo en Rivas Vaciamadrid; en ella emplazaba a tener en cuenta estos naturales movimientos de las orillas del río y aceptar y permitir esa libre dinámica, allí donde no frustrase otras opciones de aprovechamiento de mayor enjundia, como ocurre con toda esta zona, donde el otro único posible aprovechamiento, a parte de los usos medioambientales o de esparcimiento, son los agrícolas y siempre que no hay peligro para las grandes infraestructuras o la industria y los servicios.

Las lagunas de Velilla, ahora conectadas entre sí por la subida de las aguas y la rotura de los caminos

Conociendo bien esta área geográfica, he podido ir recopilando información de interés, sobre todo las fotos que se muestran de los diferentes vuelos históricos documentando la fisionomía del valle del Jarama y queda claro la potencia de la activa dinámica fluvial de esta zona.

Cauce del Jarama a la altura de la laguna del Campillo en 1946
Cauce del Jarama a la altura de la laguna del Campillo en 1975
Cauce del Jarama a la altura de la laguna del Campillo en 1991
Cauce del Jarama a la altura de la laguna del Campillo en 2006

    De hecho, la mayor parte de sus orillas se encuentran sobre elevadas, tanto por encima del río como del nivel de la vega cultivable, a la que también llegan arroyos de buena entidad, como el de Pantueña (con el Anchuelo) en Velilla de San Antonio o el de Vilches en la Poveda de Arganda, y finalmente el “tranquilo” Tajuña en Titulcia.

Resurrección de un antiguo meandro, inicio de la creación de uno nuevo y erosión lateral por lóbulos que recorta las orillas de una forma casi festoneada

He podido ver al Manzanares crear un meandro nuevo en su junta con el Jarama, y a éste recortar las orillas de la vega tras el puente del Tren de Arganda y romper la defensa de los cultivos, para meterse en la laguna del Campillo, rompiendo su caballón y volviendo al río, dejando una isla en la que se encontraba el Centro de Interpretación de la Laguna del Campillo que a día de hoy sigue semi-inundado, aunque se han reanudado sus buenas salidas y actividades en la naturaleza.

El Centro de Interpretación de la Laguna del Campillo totalmente inundado y abajo, el regreso del ramal del Jarama volviendo tras atravesar la laguna

    Un centro que debió situarse en un terreno del Parque Regional del Sureste más seguro, como hubiera sido la Casa de Doña Blanca, antiguo parador y resto de lo que fuera Vaciamadrid, hoy en ruina absoluta en la entrada del aparcamiento a la Junta de los Ríos.

Centro de interpretación del Campillo, medio hundido en el agua en el centro de la imagen. Abajo, área trasera de la laguna donde se iban a llevar a cabo labores de renaturalización para promover la recuperación de especies faunísticas, hoy anegada de arena

A pesar del aparente destrozo de estas riadas, la ganancia para los campos inundados es manifiesta, primero por obligar a un barbecho que siempre es beneficioso para el descanso de los suelos, aunque en este caso no haya sido programado, que en estos tiempos actuales ya no se programa nunca; también la avenida de las aguas deja un oscuro légamo y un enriquecimiento profundo de los suelos que no se consigue de la misma manera con los caros y artificiales fertilizantes.

Grandes áreas anegadas y fertilizadas por los lodos depositados

    Los datos están tomados del trabajo realizado por la Comisión Técnica de Inundaciones "Estudio de Inundaciones Históricas. Mapa de Riesgos Potenciales Cuenca del Tajo", del año 1985. En toda la Cuenca del Tajo se recogen 159 antecedentes de inundaciones históricas, desde el año 849 hasta 1985. De ellas 85, se localizan en la Comunidad de Madrid, lo que supone más de la mitad del total de toda la cuenca. Destacan episodios como los de 1489 y, principalmente el de 1499, documentado por sus terribles destrozos, también en 1523, la avenida fue de tal nivel que el río Jarama destrozó el puente de Viveros.

Aquí aparece el Manzanares, creando un nuevo meandro, luego la laguna de los Veneno, tras ella el Jarama y poco más allá las recrecidas lagunas del Porcal

       En 1697, el Jarama inundó la iglesia de San Marcos de Vaciamadrid, lo que volvería a pasar en 1714 y en 1724, lo que finalmente motivó su traslado a una cota algo superior desde donde permanece hasta la actualidad. En 1790, otra riada se llevó los embarcaderos del cruce del río entre Vaciamadrid y Arganda; en 1816 otra desbastó la acequia del Jarama; un año más tarde, el río destrozó casas y viñedos de Vaciamadrid; en 1818, se inauguró una pasarela de madera en lo que hoy es el puente de Arganda, pero tras varios eventos el río socavó su estructura hasta que se desplomó en 1831; en 1819, el Jarama inundó la totalidad de la vega y en 1827, varios eventos naturales unidos a las fuertes lluvias provocaron que el río rompiese la hoy vetusta Presa del Rey, poco más abajo de la junta con el Manzanares; otro evento acontecido en 1831 ya condujo finalmente al emplazamiento de malecones junto al río a la altura de Vaciamadrid. A pesar de ello en 1834 una nueva crecida que arruinaba la extracción de arenas, destruía plantíos y ahogaba la caza, lo que volvería a acontecer en 1841 volvió a repetirse este drama.

Orillas recomidas y amplias zonas de sedimentos barridos por el agua previos a la entrada del río en la laguna del Campillo

    En 1884, el Manzanares coge el relevo al Jarama con una fuerte con una crecida; en 1895, fue el Jarama tuvo otra crecida que ahora tras la instalación del ferrocarril, hacía peligrar esta moderna vía de comunicación, problema que volvería a repetirse en 1900 y en 1902. En 1910 volvería a la carga el Manzanares con daños colaterales en la vega del Jarama, lo que de nuevo se repetiría en 1910 y en 1917. Mientras el Jarama volvía a golpear esta zona en 1912, dejando incomunicada toda la zona noreste. Ese año la propiedad de la finca de El Porcal, levantó defensas para preservarla, pero a pesar de ellas, las riadas de 1914 y 1947 anegaron la finca, también fueron duros los años 1960 y 1966.


    Hay que tener en cuenta que se podría poner un límite hacia los años 70’-80’ debido a la regulación hidráulica de los ríos con la construcción de numerosas presas de regulación y otros aprovechamientos realizada a lo largo del siglo XX y que llegó a su práctica culminación en aquellos años, con la consecuencia de aminorar drásticamente el número de episodios de inundaciones catastróficas que hasta entonces tenían lugar tras periodos lluviosos y deshielos de las cabeceras de cuenca. A partir de entonces, las inundaciones recientes son las siguientes:

• 1987, 1989 y 1990 se produjeron lluvias importantes e inundaciones en los campos cercanos a los ríos madrileños.

• 1995: en el mes de junio, una fuerte tormenta, descargó importantes cantidades de agua en el centro de la Comunidad provocando un muerto., también hubo tormentas puntuales pero importantes y con el fin de año terminaría una larga sequía de cinco años con lluvias y nevadas importantes, con inundaciones en la práctica totalidad de los ríos madrileños, lo que continuaría a principios de 1996 y también se repitió este fenómeno en 1997, con unos de los bienios más lluviosos del siglo.


• en 2006, 2008 y 2019 aunque no fueron de tanta envergadura, se anegaron numerosas fincas cercanas al río Jarama.

• en octubre de 2023, cuando las lluvias torrenciales y la apertura de las esclusas del Manzanares en Madrid hicieron que el cauce fluvial arrasase el Soto de las Juntas, provocando desmontes de varios metros de altura.

• 2025: tras las fuertes lluvias de finales de invierno y principio de primavera el Jarama se desborda, especialmente entre Mejorada y Arganda

• 2026: las lluvias de enero, febrero y comienzos de marzo llevan a una inundación muy parecida a la de diez meses antes a comienzos de primavera.

Con la subida de las aguas comienza el enganche de las basuras en la ribera del Jarama


Estamos tratando, por mucho progreso y civilización que hayamos conseguido, con ríos vivos y vigorosos en un entorno mediterráneo caracterizado por la fuerte irregularidad del régimen de precipitaciones. Todo esto aderezado desde hacer solo un par de decenios, por un calentamiento global que potencia esta irregularidad, mientras que por otro lado pone más disposición hídrica y energética en la propia atmósfera a disposición de fenómenos potencialmente cada vez más violentos.


Teniendo esto en cuenta es pertinente en ciertas zonas dejar actuar a la dinámica fluvial a sus anchas, lo que también lleva consigo efectos atenuantes de la fuerza de las aguas con su despliegue en horizontal ocupando amplias áreas sin que provoquen más daños que beneficios. Así mismo, frente a la falacia de las llamadas limpiezas de cauces, se trata de crear lo contrario, que exista la suficiente masa vegetal como para contener, soportar la fuerza del agua, atenuando su fuerza, recogiendo sus sedimentos e impidiendo que la fuerza de la avenida destroce las áreas corriente abajo, que es lo que verdaderamente provocan las “limpiezas de cauces”, aparte de colmatar con sedimentos todas las presas aguas abajo.


Más info:

-https://almanaquenatural.blogspot.com/2014/03/el-rio-jarama-en-invierno.html

- https://www.diarioderivas.es/historia-crecidas-rios-rivas-vaciamadrid/

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