lunes, 12 de septiembre de 2011

Amable y los tejos

  

          Amable es un paisano de Melendreros en Bimenes (Asturias), solo tiene 91 años y lleva otros tantos aprendiendo, según dice. Este hombre que se ha criado en el monte de Peña Mayor en el centro de Asturias, ha sido minero, agricultor, ganadero, cazador y lleva ya muchos años siendo el protector de los tejos. Lleva años y años plantando todo tipo de árboles, en el monte y principalmente a la puerta de las cabañas, en los jardines de las casas y en lugares públicos. Pero siente devoción por un árbol en especial, un árbol de leyenda que te va atrapando a poco que empieces a conocerlo, hablo del tejo, el teixu, el Taxus baccata.



Paisaje hacia Peña Santa (Picos de Europa) con un par de tejos abajo a la derecha


            Amable recoge semillas y hace planteles, los deja crecer y luego los trasplanta allí donde se lo piden. Luego les sigue la pista e intenta subsanar cualquier problema que se presente, por sí mismo o pidiendo ayuda. También vigila los del monte, un monte lleno de topónimos que a veces se corresponden con la realidad, como en la ruta que hicimos con él de guía, el monte Texeu muy cerca de las cimas del macizo de Peña Mayor, en otro lugar, los Teixones, no queda ni rastro de ellos.
Vimos venerables ejemplares de tejo, comparables en lo vegetal a nuestro guía en lo humano, unos subidos a las peñas, otros creciendo en grietas de la roca, en posiciones variadas y con todo tipo de formas. El que más me llamó la atención fue uno con historia, la historia de un joven que con otros se tuvo que refugiar de una dura tormenta en el hueco de su tronco donde, como la tormenta no cejaba, tuvieron que hacer fuego para pasar las horas de frío que duró, la huella del fuego se podía apreciar en el techo de la oquedad. Ese joven era Amable y sus amigos hace cerca de ochenta años.


Tejo subido a la roca caliza


Desgraciadamente pudimos constatar que a pesar de los imponentes ejemplares que vimos, muchos de ellos presentaban ramas secas, crecimientos extraños, mordiscos de venados o ataques de hongos. Eso sin contar el gran número de pies secos y como dada la calidad de la madera (parte de la culpa de la desaparición del tejo), permanece largos años a la intemperie, todavía se pueden ver entre las rocas, hoy desarboladas, los esqueletos de algunos gigantes.


Campa medio levantada por los jabalíes


Subiendo a la Campa Gües, donde hay un chigre (tienda-cantina), vimos demasiados coches allí aparcados, Amable cayó en la cuenta de que era la fecha (10 de septiembre) del homenaje que desde hace pocos años se rinde a los asesinados y lanzados al temible Pozu Funeres, por revolucionarios (o sospechosos) en la terrible y larguísima posguerra asturiana. En Asturias el sentimiento relativo a la Memoria Histórica está a flor de piel, no en vano esta región pasó por el triple de luchas y represiones que el resto del país, pasó por la Gran Huelga de 1917, por la Revolución de 1934 y por la Guerra Civil.
 Fue en 1948 cuando una cuadrilla de civiles y guardias fueron recogiendo a unos veinte paisanos de la zona, les torturaron y tiraron vivos al Pozu Funeres, una profunda y pulida sima de veinte metros de profundidad cercana al cordal del Peña Mayor y ya cargada de terribles leyendas. Amable nos contó que tras enterarse de que algunos de los masacrados eran buenos compañeros suyos, se armó de valor y bajó con sogas y traveseros el solo a la sima, pero ya no encontró sino los restos de un animal de cuatro patas, en una pequeña galería horizontal al fondo de la sima, un bombero de Laviana ya bajó un tiempo antes y sacó los restos, tal era el miedo y el silencio sobre estas cuestiones.

Arriba izquierda, homenaje a los represaliados ante el Pozu Funeres


Una curiosidad en el cordal cimero es la presencia de un pequeño monumento a la guitarra, simbolizando un cariñoso recuerdo para el cantante de Canción Asturiana, José González Cristóbal, "el Presi". Yo no pondría nada en las cumbres, pero esto siempre es mejor que las cruces o vírgenes del Pilar.

Los bosques por los que anduvimos se encuentran en recuencos entre cresteros calizos o laderas muy inclinadas llenas de rocas de punta del “lapiaz” calizo han conseguido mantener el disperso bosque a buen recaudo de los fuegos pastoriles o han dificultado la extracción de madera. De no ser por los tejos, muchos de ellos inventariados como centenarios, esta ya sería de por sí una zona de alto valor por sus impresionantes acebos. Es muy propia de este tipo de medios los bosquetes mixtos en los que se hermanan y abrazan acebos (Ilex aquifolium), espinos (Crataegus monogyna), avellanos (Corylus avellana), tejos, hayas (Fagus sylvatica) y viejas hiedras en franca promiscuidad.


Dos troncos de acebo naciendo en lo alto de un tejo


Esto ocurre también en las partes altas de todas las calizas sierras norteñas entre el mar y la Cantábrica, cuyas cimas aparentas hueveras hechas de crestones calizos que se cruzan para dejar las concavidades de cientos de dolinas y vallejos ciegos, donde se acumulan arcillas y hojarasca, aíslan del fuego y del fuerte viento reinante a estas alturas; estos extraños lugares son auténticos viveros. Muchas de ellos tienen “ponors”, simas o pozos de salida de aguas al interior del macizo calcáreo, apareciendo en el macizo casi todos los ingredientes de la morfología kárstica.
El tejo tiene una biología compleja y azarosa en comparación con otros árboles. Su leño aparece conformado por “haces” de vasos que conforman el tronco y funcionan yuxtapuestos y como “independientes” del resto del organismo. Si el árbol se quema y se salva alguna rama y su haz, puede remontar y regenerar un árbol aparentemente muerto; también si un tejo cae un haz o varios que tengan todavía raíces vivas puede levantar de nuevo el árbol. La dureza de estos haces permite que un tejo pueda convivir con una hiedra manteniéndola a raya, como aprisionada sin posibilidades de desbordar su crecimiento y matar a su planta hospedante como es corriente con otras especies arbóreas.


Venerable tejo milenario


Los tejos también se comportan como soporte de otras plantas y árboles, es muy corriente verlos como tiesto de avellanos, acebos u otros, que pueden crecer en combinación siempre que éstos tengan acceso a un suministro adecuado de nutrientes pues cuando agotan las posibilidades de la concavidad o grieta en el tejo, mueren sobre él.
Paramos a almorzar, sacamos nuestros bocatas y Amable saca su tortilla de patatas y su plátano “para los calambres”, nos sorprende al sacar una botellita de Cune y un vaso a juego, bebe hasta que sentencia que como siga “adiós gobierno”. Parece que una vida sana y rica en experiencias y, sobre todo, calma y buen humor son cimientos indispensables para llegar a esta edad, y como siga con ese humor y esa paciencia con los demás, pudiera llegar a Matusalén.

Ante el tejo medio quemado de la cueva


Paseando, curioseando, investigando y aprendiendo, así vamos todos, incluido Amable. Dice que hemos visto lo que hace años no veía, tres retoños de tejo, ínfimos, uno del año y, probablemente, demasiado expuestos a los herbívoros.
Ahora tienen todas las hembras (es un árbol dioico: macho y hembra en diferentes pies)  sus jugosos frutos, unas corona esférica de color naranja-rojo, dulce y pringosa (arilo), en cuyo interior se encuentra una única semilla. Las comemos con gusto y nos guardamos las semillas o las plantamos sobre la marcha. En una avellano veo una semilla de tejo pegada, no lo pensaba ni por asomo, tiene además de la dispersión por el estómago de animales, la misma técnica que el muérdago (Viscum album), un pájaro come su viscoso fruto, queda pegada en su pico y tiene que ir a frotarse contra algo para quitárselo y ahí queda fijada la semilla. También en una cavidad de un tejo vemos un brote germinado en un mar de cáscaras de semillas acumuladas, quizás por años, por algún lirón. Otros tejos aparecen con los troncos cubiertos como por una “borra” verde que no es sino cientos de brotecitos de ramas.


Listos para el almuerzo


El impresionante día con el que hemos andado empieza a enturbiarse de brumas que van cogiendo cuerpo y se transforman en una espesa niebla. La situación sería dramática si no fuese porque vamos con el mejor conocedor de esta montaña, casi noventa años pateándose todas estas rocas. Volvimos entre sombras al punto de partida donde volvió a abrirse de luz en una breve despedida al último sol del día.
Amable nos cuenta sus historias de mineros, de cazador, principalmente de raposas, que le sirvieron para traer algunos dineros a su casa cuando pagaban por las alimañas y por su piel, de los tiempos en que era normal cazar urogallos en los bosques de Redes y Sobrescobio, de cómo están volviendo los rebecos a esta peñas y de cómo ha aparecido el venado que nunca vivió por aquí. Amable dice que con ellos, “de los texus sólo va a quedar el nombre” pues hasta hoy no había visto regeneración ninguna a pesar de la buena germinación que tiene, además pudimos apreciar los mordiscos de los venados en la corteza de varios árboles.


Tronco afectado por un hongo


Es increíble lo extendida de la idea de que son árboles venenosos en todas sus partes excepto el dulce arilo de su semilla, como reza en los libros consultados. Su arilo, el cúmulo de cáscaras de su semilla, el ramoneo de sus hojas por ganados y caza, y los mordiscos en su corteza, cuando el resto de especies del bosque estaban sin morder, parecen demostrar exactamente lo contrario. Una amiga (Manuela Redondo) en su tesis sobre Montes de Toledo, recalcaba el odio que mostraban los pastores de cabras toledanos a los tejos que quedan en esas montañas. Muy al contrario Ignacio Abella (La Magia de las Plantas, etc...) documenta con creces la veneración que sentían todos los pueblos por el tejo, su condición de árbol sagrado y protector. Como dice Amable, en su pueblo había uno enorme bajo el cual se reunían las autoridades para tratar los temas de importancia, como en muchos concejos asturianos y “lo que se acordara bajo el texu, era sagrado”.

Amable con las niñas encaramado a un gran tejo


Mucho han cambiado los tiempos, hoy el mayor peligro para los tejos son el cambio climático, la predación por parte de los herbívoros y la nula conciencia humana, que en muchos lugares por instalar cañerías o tendidos han arramblado hasta con tejos históricos y, por supuesto, protegidos. El caso de la cercana montaña del Sueve (Reserva Regional de Caza desde 1966), es dramático, desde los años 60 se introdujo el gamo y es hoy una apreciada especie cinegética, tanto que queda por encima del valor de su monumental Tejeda o del Hayedo de la Biescona, el de inferior nivel de España. Parece que se empieza a controlar el número de reses, pero sigue sin haber regeneración en ese auténtico paraíso botánico.
Desde hace un par de años ante un Manifiesto para la Protección Integral de la Tejeda del Sueve por parte de la comunidad científica está en tramitación la declaración de la montaña del Sueve como Reserva de la Biosfera, o la de Monumento Natural, tras la ya existente, pero inocua, de Paisaje Protegido. Protección necesaria sin duda, ya frente a la fauna o frente a los eucaliptos que ahogan las zonas de menor altura del llamado Paraíso Natural que es Asturias.


Hábitat cimero de los tejos de Peña Mayor


Situación parecida es la que vive Peña Mayor, aunque aquí la presión cinegética sea menor, el establecimiento de vallados temporales parece imprescindible para mantener o acrecentar estos monumentos naturales. Quizás haya menos que en el Sueve pero hay muchos más vigorosos ancianos que allí.

 Un árbol mítico, cargado de leyendas y, por desgracia, despareciendo a ojos vista de nuestros mejores montes. Gracia Amable por dar ejemplo, incluso con todos tus años.


La niebla se echa como una manta sobre el bosque de hayas


Más información:

memoriadelbosque.blogspot.com            Ignacio Abella
texu-wordpress.com                              Asoc. Amigos del Tejo
mistexos.blogspot.com                            Los tejos ibéricos
http://www.arba-s.org/ El libro del Tejo.    Editado por la Asoc. Recuperación Bosque Autóctono
amigosdeltejo.org
 


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