viernes, 30 de octubre de 2026

El Inselberg granítico de Monsanto, Beira Baixa, Portugal

 


Esta entrada parte de tierras portuguesas, muy cerca de la raya fronteriza, trata de geomorfología granítica destacada por un impresionante inselberg o monte isla en medio de la penillanura de la Beira Baixa casi ya en el Alentejo y, señalado, en lo humano, por el asentamiento de la muy bella ciudad portuguesa de Monsanto. Adaptada a las formas y recovecos de la montaña, con un magnífico castillo coronando su cima, promontorio visible desde decenas de kilómetros alrededor. Ya hacia la raya fronteriza aparecen otras geoformas, montañas apalachenses marcadas por series de cordales de alturas relativamente parecidas, sobre litología cuarcítica, con otro tipo de morfologías.

Multitud de hiladas cuarcíticas en el relieve apalachense de Penha García

       La llamada “raya”, es un territorio ibérico que me ha atraído desde siempre y que, en la práctica, funciona como un verdadero corredor ecológico de norte a sur, desde Galicia-Zamora hasta el Atlántico guadianero del golfo de Cádiz, pues salvo las fronterizas ciudades de Badajoz-Elvas, siempre se trata de pequeños municipios a una media de 10 kms de la línea fronteriza. Muy a menudo son los ríos los que marcan la divisoria, como el Mazas/Manzanas, el Douro/Duero, el Touroes/Toros, el Erjas/Eljas, el Tejo/Tajo, el Sever, el Guadiana, el Ardila, el Rivera de Chanza y finalmente y de nuevo, el Guadiana. Como buen territorio disputable y móvil, desde el nacimiento de los distintos reinos peninsulares, fue una línea defensiva con numerosos castillos a uno y otro que se miraban desconfiados a lo largo de los siglos; merece la pena, como un juego de la oca, ir de castillo a castillo recorriendo toda la raya.

Penillanura a los pies de Monsanto

Poco de lo que aquí cuento no ocurre en el lado español de esa raya, por tratarse de una frontera política que poco tiene que ver con la geografía física que no distingue un lado occidental y otro oriental a ella. Lo que sí vi diferente, ha sido el caso de una nueva labor agrícola derivada del pánico a los incendios forestales que aún no se ha implementado en el lado español (al tiempo..), la roturación de tierras baldías, para que cuando llegue el fuego en verano, no tenga nada de lo que alimentarse, una práctica que me lleva a echar cuentas sobre que será peor, un fuego o una roturación o viceversa, desde luego, ellos lo hacen y pagan o trabajan por ello. Tampoco estaba yo muy imparcial pues, tras una primavera tan lluviosa, ver como esos campos completamente llenos de flores, se convertían en suelos asurcados y desnudos al sol, lo que me predispuso a maldecir de todo, tractores, fuegos, cambio climático, etc, etc.

Campos roturados para impedir los incendios, como este colindante

Nada más llegar a Monsanto lo primero que llama la atención a los bordes y también dentro de la ciudad, es la monumentalidad de los enormes bloques graníticos que pueblan sus laderas, algunos de ellos, como bloques de apartamentos desnivelados y en ciernes de caer ladera abajo. También la imbricación de casas y bloques graníticos, como si unos se hubiesen apoyado en otros, con corrales y paredes adaptándose a las formas rocosas, tanto del suelo, a menudo surcado de escalones en la roca, como de las pareces siluetando las rocas. Pocas veces he visto esto con rocas de esas dimensiones, difícil de reflejar en las fotografías.

La ciudad superpuesta al roquedo granítico


En la práctica aparecen todas las geoformas derivadas de la geomorfología granítica. El granito es una roca plutónica, de origen magmático pero que no ha llegado a aflorar en superficie, sino que se ha solidificado en el interior de la tierra; posteriormente la erosión eliminó las formas de las otras litologías por encima de él para dejarlo al descubierto. Incluso antes de aparecer en superficie, ya iba siendo afectado por la meteorización química de las aguas y humedad que disgregaba la masa de granito atacándolo por sus puntos débiles, el sistema de fracturación de una roca en proceso de descompresión después de haber estado sometido a la presión de los materiales en los que estaba encajado en su interior. 



       Así se formaron las superficies grabadas, cuando aparecía el granito en superficie ya estaba afectado por grandes líneas de debilidad a través de las actuaría la erosión con gran eficacia, tanto desde su vertiente química, como de la mecánica. Las zonas poco afectadas por esta erosión apareccían como grandes lanchas, lomos de ballena, yelmos, etc. La explotación de la red de fracturas, las verticales y los planos de descompresión paralelos a la superficie, crean una red casi ortogonal que puliéndose por sus aristas y bordes de fracturas, va dejando bolos redondeados de distintos tamaños y profundizando a capas inferiores, dejando bolos sobre lanchas o lastras, que son las piedras caballeras y los berrocales son los campos de lanchas, bolos y piedras caballeras que dan los conocidos paisajes berroqueños.



       Aquí aparece toda la gama, y dar un paseo por aquí, o por cualquier paisaje puramente granítico es muy gratificante al encontrar formas, bloques, piedras caballeras de todas las formas y dimensiones. Es uno de los grandes atractivos de lugares tan emblemáticos como la pedriza del Guadarrama madrileño, donde es fácil ver los nombres de las rocas por sus parecidos: la tortuga, el hueso, el cocodrilo, el elefante, la aleta de tiburón, el pájaro, el yelmo, el carro del diablo, el caracol, y un larguísimo y creativo etcétera. Pero insisto, las dimensiones aquí son exageradas, solo por esto ya merece venir.




       Muchos grandes bolos están fisurados y sin romper y otros como recién partidos por la mitad; otros muestran caras inclinadas llenas de oquedades erosivas, los llamados taffonis, y ya en horizontal aparecen muchas más, son los pilancones que acogen el agua que químicamente va disolviendo la roca o que con el hielo también la atacan, aunque aquí pudimos ver otras de origen artificial y que ya he visto en otros lugares y son prerromanas, son las cazoletas, vinculadas a lugares sagrados en cuyo seno se hacían ofrendas, aquí según la leyenda en "lage das treze tigelas" o roca de los trece tazones, alimentaban con sopa a los pobres. También hay tumbas antropomorfas cerca de una vetusta ermita.

Arriba pilancones naturales y abajo, cazoletas excavadas en la roca
Tumba antropmorfa cercana a otras que hay sobre una gran roca cercana 

       Un lugar tan llamativo no podía pasar desapercibido para el hombre y, de hecho, ha sido un monte sagrado, como indica su nombre de Monsanto, a lo largo de las distintas civilizaciones que han pasado por aquí. Hay restos lusitanos, romanos, visigodos, musulmanes y supongo que también prehistóricos, no es para menos. Las fortificaciones de su castelo, muestran murallas de distintas épocas y manposterías casi megalíticas, sobre todo las más antiguas. Las murallas y el castillo merece recorrerse por todos sus vericuetos. La ciudad se encuentra abajo, a media ladera, con sus tejados y sus callejuelas donde se nota que es una ciudad vivida y disfrutada, quizás ya con más turismo del deseable, pero da puestos de trabajo y vida permanente, tanto a foráneos como a nativos, no en vano se vende como “la aldea más portuguesa de Portugal”.



Vistas de la parte superior del castillo y abajo granítico centro de Monsanto

       Su vegetación no es menos interesante, aunque es la misma, salvo lo rupícola, que también vive a sus pies, aunque da la sensación de estar mucho más alto, el Cabezo de Monsanto tiene 758m elevándose unos 350m sobre la penillanura inferior, por lo que no subimos al piso supramediterráneo. Estamos en el territorio del roble melojo y del alcornoque, con quejigos, apareciendo las encinas ya en la penillanura y laderas más térmicas o rocosas; aquí, entre las rocas, destaca el térmico almez que aquí no llega a formar bosque. La arbusteda dominante suele ser el codeso Adenocarpus sp., formando extensos codesales, con escobas blancas y negras (Cytisus multiflorus y C. scoparius).

Un almez en el exterior de la muralla. Abajo berrocal con quejigos, alcornoques, olivos e higueras
La dedalera Digitalis thapsi
El clavel porltugués Dianthus lusitanus

       Estuve visitando a unos alemanes que habían decidido dejar su Alemania natal para venirse a Portugal para vivir y recuperar unas tierras vapuleadas por los incendios forestales en medio del monte. Fue un placer ver cómo iban recuperando unas tierras no tan vapuleadas, pues dominaban los alcornoques sobre robles, alguna encina y pinos, y éstos con su armadura de corcho, pueden superar los incendios con cierta facilidad. Habían plantado cientos de alcornoques y luego para ellos, olivos y frutales. Allí fue donde vi transformarse un jardín natural de millones de flores en un campo desnudo y mineral. Se jugaban demasiado, es decir, todo, ya habían pasado por ello y cada año veían las barbas de su vecino cortar. Tenían un fuerte bagaje eco-cultural, aplicaban buenas técnicas tanto a su huerta como en silvicultura, no creaban basura, todo se reciclaba, pero no se la jugaban con el fuego.

Arboles quemados (alcornoques) renacidos tras el fuego, aunque los pinos murieron todos

       Sus campos y alrededores también estaban en terrenos graníticos, la cima de su monte también estaba plagado de bellas formas graníticas y también mostraba lo reciente de los fuegos y sus faldas roturadas para prevenirlos. Ahora el problema ya no era del fuego, sino de la fuerte arenización de los granitos, fomentada además por esta práctica que lleva pocos años en uso. Me llamó la atención la gran cantidad de especies sabulícolas o con dicho carácter que abundaban por allí: Linarias amarillas (Linaria spartea, L. bipunctata) de varios tipos, silenes (Silene colorata, S. gallica, S. legionensis, etc.), Tolpis umbellata, Teesdalia telephiifolia y en las rocas abundantes los Sedum y los sempiternos, aquí y allí, dedaleras (Digitalis thapsi) y clavelinas (Dianthus lusitanus).

Silene colorata y abajo palas de chumberas en Penha García

       No muy lejos de Monsanto existe otro gran atractivo geológico en Penha García, esta vez con una hoz fluvial que taja las hiladas cuarcíticas armoricanas dejando al descubierto una de las mecas paleontológicas del ordovícico, con sus abundantes fósiles o huellas de mares, es el Geoparque de Naturtejo.

Peñas y rocas fosilíferas cerca de Penha García



    Aquí tenemos el Museo Paleozoico y un Parque Icnológico que es una pequeña ruta con paneles que señalan y explican geológica y paleontológicamente lo que vemos. Pero la ruta por sí sola, lo tiene todo, una pena que esta hoz esté aprovechada para el dique de una presa, pero ya tenemos bastante con lo fascinante de este pueblo (con un tanque que salió en la revolución de los Claveles) y este lugar, un buen contrapunto a la espectacularidad de Monsanto. Ya colindante con el Parque Natural del Tajo Internacional.

El Eljas fronterizo ya Parque del Tajo Internacional, arriba en las roca una cigüeña negra
Típico pueblo de granito y abajo ruinas romano-visigodas de Idanha Velha

Estas tierras no están libres de los mismos problemas que acechan a las tierras salvajes de nuestro lado de la raya. Me topé con numerosos carteles que convocaban a luchar contra la futura construcción de líneas de alta y superalta tensión que surcarían todos esos territorios para llevar la energía de los proyectados mayores campos solares de Europa (Central Sophia) a los lugares de consumo energético. Un proyecto totalmente contestado por la población local que ya sufrió una modificación/reducción para poder seguir tramitándose.




     Por un lado, fomentando el turismo y, por otro, destrozando los paisajes y lugares con los que se atrae a los turistas, una posible puntilla para una zona que, a pesar de tener más gente en sus pueblos que España, también acusa un fuerte éxodo rural. Paseamos por más lugares fantásticos a lo largo de este gran parque transfronterizo del Tajo Internacional, a cuál mejor, sin duda merece la pena perderse sin ruta clara por estos rincones ibéricos. Como dirían los de Siniestro Total, menos mal que nos queda Portugal.


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