domingo, 30 de septiembre de 2018

Los Encinares más norteños


He tenido la suerte de poder disfrutar de unos días en las cercanías de Gernika y Urdaibai, en el País Vasco. Como de costumbre por el norte, todo muy verde, pero muy poco “natural”. Paradógicamente lo más natural quizás fueran las zonas más humanizadas, con sus prados, huertos y los magníficos caseríos con sus enormes casas a dos aguas con sus sillares en roca vista.



     Como de costumbre por el norte, los bosques has sido “suplantados” por otros bosques, quizás más californianos (Pinus radiata) o australianos (Eucaliptus globulus), incluso el matorral de sustitución de esas plantaciones, a veces estaba formado por otras especies de neófitos transcontinentales, como los plumeros de la Pampa (Cortaderia selloana) o por un arbusto florido muy de la apetencia de las mariposas como Buddleja davidii.

Sotobosque de un eucaliptal lleno de Buddleja daviddii

Pero ya en la distancia, contemplando las altas laderas de algunos montes rocosos y destacados, todo me parecía más natural y muy reconocible. Más aún, en los acantilados calizos costeros, incluso en los pueblos, aldeas y caseríos, pude observar, en un envidiable estado y tamaño, algunas encinas majestuosas, y al igual que en esos montes que veía desde lejos, esas oscuras y homogéneas masas forestales, eran realmente unos buenos encinares, para mí, formaciones boscosas totalmente inesperadas y como pude comprobar, muy ricas y especiales.


Quizás por aquí puedan estar las mejores masas de encinar del País Vasco, pero la encina aparece aquí y allá por toda la costa hasta el Bidasoa y hay buenos encinares también en Mutriku y en el Duranguesado. La encina cantábrica llega por el oeste hasta el río Navia y hacia el interior también hay algunos encinares dispersos más, pero esos ya son otro cantar, se trata de otra encina o de encinas hibridadas, como no puede ser menos dada la promiscuidad entre los Quercus.


En otros viajes por el Cantábrico, he encontrado otras localidades similares a estas euskaldunes. He visto restos de encinar en las verticales gargantas que bajan de Picos de Europa o la cantábrica, bien en Cantabria (Liébana, Hermida, etc.) o bien en Asturias (alto Sella o Trubia), o en desfiladeros de sierras prelitorales y finalmente, ya en las áreas costeras del oriente asturiano (de Ribadesella al límite provincial, como los abruptos encinares cercanos a la cueva del Pindal en Pimiango) o en el extremo occidental cántabro. En el occidente asturiano, apenas hay encinas sueltas y más alcornoques que encinas, pues ya estamos en sustratos poco favorables, como cuarcitas y pizarras.


Si me voy mucho más lejos, siempre por el norte, he visto a occidente más encinas en el piélago de cortados y abruptas gargantas del sur gallego, sobre el Sil mayormente y, por el otro lado, yendo hacia oriente, en las gargantas navarras que comunican los Pirineos con la Ribera del Ebro. Esta línea oriental apenas tiene solución de continuidad, vía Huesca y Lleida, con los “alsinares” catalanes, primero con más cañones de idéntico recorrido Pirineos-Ebro y luego, ya en toda el área costera catalana.


Labiérnagos en un claro del encinar

No sé si quedó resuelta la ambivalencia de nombres de la encina, a mí me parece claro, existe un encinar, por así llamarlo mesetario y del suroeste, cuyo potencial ibérico, acogería prácticamente el 70% peninsular, lo que aproximadamente en encinares reales y actuales son poco más de 300.000 km2 boscosos o adehesados. Se trata de Quercus rotundiolia, es la encina de hoja redondeada y algo pinchuda por sus bordes que tiende a adoptar un gran porte redondeado. Como decía Salvador Rivas Goday, si le preguntasen a un cerdo, enseguida la reconocería por sus bellotas dulces, al menos, en comparación con la otra encina ibérica, Quercus ilex la que necesita unos inviernos más suaves y, sobre todo, más humedad estival.



      Todavía hay quien apoya la idea de que Quercus rotundifolia, debe denominarse Quercus ilex subsp. ballota o Q. ilex subsp. rotundifolia, una subespecie de la otra encina más estrictamente mediterránea Quercus ilex subsp. ilex que, con una extensión superficial mundial, ligeramente superior a la anterior (en su área del Mediterráneo central y occidental), se distribuiría principalmente en las franjas costeras occidentales de la península balcánica e itálica, las islas mediterráneas y la franja costera catalana, amén de pequeños enclaves aislados, como los anteriormente mencionados.



      Al parecer Quercus ilex es un taxon anterior a Quercus rotundifolia, pero como buenos Quercus, el camino que va de una especie a la otra, está jalonada de ejemplares indecisos y formas intermedias, como ocurre muy a menudo en esas localidades en que coinciden ambas especies (o subespecies). En pocos lugares como la Foz de Arbayún, en Navarra, he podido ver más gama de formas de encina y hojas de encina; desde las redondas y pinchudas, hasta las más parecidas a un laurel o incluso a un olivo.


Hojas de gran tamaño de una encina en una área sombría

     Probablemente Quercus ilex especió en el centro peninsular al cambiar las benignas condiciones interglaciares y endurecerse el clima hasta adaptarse a unos inviernos mesetarios, como los de las altas parameras sorianas o abulenses, o a unos veranos secos y tórridos como los pacenses o andaluces, y desde ahí se lanzó a conquistar localidades periféricas, de condiciones ambientales más estrictas de lo normal en esas áreas; llegando por el lado contrario, hacia el sur, a montes y mesetas del norte mediterráneo de África occidental.



      Según la mayoría de los autores en las encinas del norte, se distinguen dos grandes tipos de hábitat de este árbol que, lógicamente, está fuera de su sitio al ser una especie mediterránea en medio de la región eurosiberiana (subregión atlántico-europea). Un tipo de hábitat costero, en la franja litoral caliza; con un cortejo de especies adaptadas a las escasas variaciones térmicas que impone el dominio marino y al menor rigor hídrico estival.

Maraña de zarzaparrillas y otras lianas dentro del encinar


       El otro caso es el de otro hábitat, más rupícola aún, como puedan ser los cañones y paredes calizas de las sierras interiores, existentes entre el cordal principal de la Cantábrica y la zona costera. El primer tipo está definido sobre la comunidad Lauro nobili-Quercetum ilicis,mientras que el segundo, el de los barrancos calizos es el Cephalantero longifoliae-Quercetum rotundifoliae.



      En toda el área de Urdaibai estamos insertos en el primer tipo de encinares, si bien en algunas localidades del interior, en sus cotas más altas, expuestas y abarrancadas, bien podría estar representado puntualmente el segundo tipo. Se trata de encinares muy compactos y espesos, con multitud de madroños y labiérnagos (Phillyrea latifolia) de gran talla y presencia de laureles, cornicabras (Pistacea terbinthus), mostajos (Sorbus torminalis), retama loca (Osyris alba). También aparecen majuelos (Crataegus monogyna), el cornejo (Cornus sanguínea), el aligustre (Ligustrum vulgare) o el endrino (Prunus spinosa). Muy ocasionalmente y pocos ejemplares, pueden aparecer especies más térmicas, como el lentisco (Pistacea lenticus) o menos común el acebuche (Olea europea subsp. sylvestris).


Serba (Sorbus torminalis) entre encinas

      Entre el apretado “cortinaje” de troncos, se desenvuelve, uniendo troncos, ramas y rocas, una densa red de lianas (principalmente la pinchuda zarza parrilla, pero con hiedras, madreselvas, zarzas, rubias, clemátides y rosales como Rosa sempervirens). Esto es más frecuente en encinares jóvenes; cuando el encinar es más viejo, la mayor distancia entre troncos y la oscuridad, hace disminuir la densidad de lianas, y al tiempo que también aumenta la riqueza en hongos. Una buena razón para la expansión del encinar en una tierra tan amante de las setas comestibles.


En el interior de un encinar maduro apenas entra el sol - mala excusa foto movida

       En los puntos con mejores y más profundos suelos, ya pueden aparecer los árboles genuinamente cantábricos como robles, fresnos o avellanos. Un caso curioso es la existencia en estos lapiaces calizos de numerosas dolinas, algunas de gran tamaño, en cuyo fondo de arcillas prospera esta apuntada vegetación climática, en cuyos bordes y paredes rocosas aparecen con abundancia de abedules, arces (Acer campestre), mostajos (Sorbus aria), acebos e incluso tejos o puntualmente y protegidas del sur, alguna haya.



      El dosel arbóreo es tan denso todo el año que el suelo tiene bajos índices de cobertura, dada la oscuridad reinante, lo que junto a una alta humedad, casi iguala las condiciones de humedad y oscuridad a la de un buen robledal o hayedo en verano, por lo que el cortejo florístico es bastante coincidente, si bien aparecen elementos más térmicos y en cuanto el bosque se aclara, entran los arbustos típicos del norte, como brezos, zarzas y tojos.


Una de las numerosas orquídeas de los encinares calizos, una Epipactis sin florecer

     Dada la época no las vi en flor, pero son frecuentes las orquídeas, el lirio hediondo (Chamaeiris foetidissima) o por ejemplo, la rara parásita de llamativa flor Lathraea clandestina. Dentro del bosque, a parte de la tupida red de zarzaparrillas, llama la atención la gran cantidad de helechos de todo tipo, los más abundantes los Asplenium de varios tipos y en lo más sombrío, la lengua de ciervo Phyllitis scolopendrium.


El helecho lengua de ciervo en lo más sombrío y húmedo del encinar

      Al parecer los encinares vascos se encuentran en franca recuperación al cesar sobre ellos la alta presión a la que venían siendo sometidos debido a su buena madera, para leña, hornos o para hacer carbón de encina. Al ocupar preferentemente localidades abruptas, no han tenido la presión agrícola, urbanística o silvícola que sí que han tenido otros tipos de bosque como los robledales pedunculados. Están progresando rápidamente a encinares maduros y ya me gustaría ver hasta que altura puede llegar un bosque maduro de este tipo.



      Las mejores masas de encinar del entorno de Gernika están al este de la ría-estuario de Urdaibai, en los montes que dan a la ría y los que muestran buenos acantilados calizos ya en la línea de costa. Son los municipios y sitios, de Ibarrangelu y Ereño en los primeros, con los encinares de los altos de Atxarre, hasta San Miguel de Ereñozar ; y ya en la misma costa, desde Elantxobe hasta Lekeitio, donde destaca el monte y acantilados del monte Oroño al oeste y los montes de Nabaiola-Otoio al este, ya tocando Lekeitio.


Al igual que sus encinas, Elantxove es un pueblo agarrado a un barranco

      La plasticidad de la encina, como le ocurrió a Machado, no deja de fascinarme. Nunca le estaremos lo suficientemente agradecidos a este árbol por todo lo que nos da, por cómo es capaz de prosperar frente a la adversidad y encima ofrecernos su sombra, su suelo y sus frutos, manteniendo una buena carga de biodiversidad a sus espaldas, o mejor dicho, a sus pies. Afortunadamente, la valoración por la sociedad de este tipo de bosque está al alza, por la buena conservación de los suelos y de las aguas, por su productividad en madera de leña o para carbón vegetal de calidad, por dar buen cobijo a la fauna cinegética o por ser un futuro actor en la lucha contra un previsible aumento de las temperaturas.


Más natural que el pino de monterrey, el pino resinero a veces se mezcla con las encinas en la misma costa

      Este año el panorama forestal vasco ha sido bastante lamentable, enormes cantidades de pinos de Monterrey se encontraban muy deterioradas y con un panorama desalentador. A mí en particular no me gustan los pinos, cuando están fuera de lugar o arrinconando a especies más genuinas, pero lo que está pasando aquí con los pinos es un desastre para muchas familias que viven de ellos o que apostaron por ellos. Espero que su enfermedad no pase a los demás pinos ibéricos, pues podría provocar una hecatombe ecológica sin parangón, gusten o no. Ya se veían por ahí parcelas que pasaban tras cortar los pinos a especies nativas o a viñas de txacolí.




      Los encinares del entorno de Gernika son una Z.E.C., la Zona de Especial Conservación de los Encinares Cantábricos de Urdaibai, pero afortunadamente la valoración del encinar no queda solo en el papel, investigando un poco también he visto que algunas empresas y varias asociaciones volvían a apostar por la repoblación con encinas en los terrenos favorables a ellas. Chapeau!!


Monte Ogoño sustenta una de las masas más cerradas y variadas del encinar vasco

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