miércoles, 21 de diciembre de 2011

El norte de Portugal y sus montes


         Esta es una entrada pendiente de este verano en el que he tenido la suerte de pasar quince días en Portugal, he estado en la esquina noroccidental, entre el Miño y el Lima. En Portugal todo es mucho más rural y las ciudades están muy unidas a su campo y a su historia, esto quiere decir que no se han transformado en un batiburrillo de prácticas arquitecturas despersonalizadas que es a lo que, partiendo de una situación parecida a la portuguesa, hemos llegado en nuestro moderno y especulador país. Allí siente uno la misma sensación que en Francia, y otros lugares europeos, de estar muy cerca de la región, de la historia y de la memoria de los antepasados.

Clásica carretera sombreada

         Lo rural se encuentra muy cuidado porque todavía se vive en los pueblos, no son meras segundas residencias y las que sí lo son, se usan mucho. Como en ellas se vive, se cuidan y, en general, con bastante buen gusto. Las casas siempre tienen unos cuantos frutales, plantas con flores para adornar, cuentan con rincones para relajarse o para comer al aire y animales para autoabastecimiento.

Mariposa sobre bouganvilla

Los portugueses están orgullosos de su pasado colonial y muestra de ello es la adopción temprana de una ingente cantidad de especies foráneas, tanto por su utilidad productiva como ornamental, ajardinando poco a poco el paisaje. El clima del país, bastante menos continental y extremo que el nuestro, y mas lluvioso, ha contribuido a esa facilidad de adaptación de numerosas especies, más o menos tropicales. Es un placer, a veces chocante, pasear por algunos mágicos lugares como Buçaco, Sintra y algunos montes y encontrarse, de pronto, en medio de un bosquete de helechos arborescentes, cipreses lusitanos (Cupresus lusitanicus), liriodendros (Liriodendron tulipifera) o  jacarandas (Jacaranda mimosifolia) de gran tamaño en plena naturaleza.



         Pero no todo son flores, el monte portugués está todavía peor tratado que el nuestro. Desde luego tendría que ser un desvergonzado para criticar como tienen su monte, como si nosotros pudiéramos dar lecciones a alguien. Pero aún así no puedo dejar de señalarlo y advertirlo, pues llevamos el mismo camino, al menos, en la España atlántica.
         Este artículo incide en la nefasta política forestal lusa y, sobre todo, va a ser un pequeño tratado sobre especies invasoras, pues ha sido una de las cosas que más me llamó la atención allí. Por supuesto, estas especies no invaden porque sí, entran ocupando nichos ecológicos bastante desbaratados por las acciones humanas y son una consecuencia directa o indirecta de la política forestal.

Estampa mas usual de los montes portugueses

         La política forestal portuguesa vive de espaldas a sus habitantes, como si los terrenos sin cultivar fuesen un coto privado de las madereras, lo que ha llevado el monte a una sobreexplotación silvícola que ha acabado en la práctica, con la vegetación natural de amplias zonas montaraces.La imagen actual del paisaje ha quedado como un crucigrama a medio hacer, entre las áreas quemadas, los carriles, la erosión y los retazos de cultivos forestales. La cosa es hiriente teniendo en cuenta la bondad del clima portugués, abundante en lluvias y templanza, tanto invernal como veraniega, lo que daría lugar a un riquísimo bosque entre atlántico y mediterráneo.

Aún quedan retazos de robledal en los montes

         En el mapa de Portugal, las zonas sureñas y las más cercanas a la raya con España son, en general, las zonas mejor conservadas, ni siquiera sus parques nacionales (Peneda Geres) o naturales (Serra da Estrela, Malçata, Sao Mamede,…) son buenos representantes del bosque portugués. Normalmente hay que buscar la vegetación allí donde no han podido llegar los bulldozers, es decir las cimas rocosas y las riberas más agrestes, es allí donde encontramos una vegetación atlántica dominada mayormente por robledales, madroñales, brezos y tojos.


        
          A nivel forestal desde hace casi un siglo han tenido una  expansión formidable, apoderándose del 90% del norte luso, tanto el pino resinero (Pinus pinaster), como el eucalipto (Eucaliptus sp.), a costa de destrozar el paisaje; pues por el abandono del monte, de sus caminos, del pastoreo y con la desvinculación de la población rural de su medio forestal, la plaga de los incendios forestales, (a pesar de un clima más húmedo y fresco), es aún más terrible que en nuestro país. De hecho  casi todos los días que pasé allí, los atardeceres eran brumosos y amarillentos, y las columnas de humo podían divisarse en varios puntos al otear el horizonte desde lo alto de algún monte, y eso que este año no ha sido dramático.

Pinar natural en los arenales de la desembocadura del Miño, desde el monte Santa Tecla

         El pino resinero es natural del noroeste portugués pero su extensión representaría solamente un 5% de su actual areal. Inicialmente se repobló para estabilizar los numerosos campos de dunas cercanos al litoral, como también ocurrió en las landas francesas, que tienen el mayor pinar europeo (en la taiga son otras las coníferas). El eucalipto, le sigue en abundancia, llenando de broza el monte y propiciando, casi tanto como el pino, su buena combustión. Es difícil ver un eucaliptal maduro, pero tuve la rara ocasión de atravesar un antiguo eucaliptal y me quedé sorprendido con las alturas de los árboles, entorno a los 50-60m, era grandioso, supongo que como en las Blue Mountains australianas.

Monte típico sin quemar, robles residuales, eucaliptos y pinares

         Un paseo por el borde de las ciudades es todo un catálogo de especies invasoras y junto con los vegetales potenciados por el hombre. Allí me quedé sorprendido con la potencia, competencia y dominancia de la acacia negra, (Acacia melanoxylon), durísima competidora del resto de la vegetación arbórea; no es de gran aprovechamiento maderero pero tiene un crecimiento rápido, no deja tanta broza en el monte y crea un estrato arbóreo de apariencia autóctona dando buenos suelos. Es dificilísima de erradicar y, gracias a sus llamativas semillas, los pájaros la dispersan con eficacia. Junto a esta acacia abunda otra acacia, (aunque recientemente cambiada de genero),  la mimosa de escandalosa floración pre-primaveral, (Acacia dealbata), colonizando gran número de taludes y cunetas de pistas, carreteras y caminos, al igual que lo hace en Galicia.

Llamativas semillas de la acacia negra

         En  terreno de nadie de los piedemontes, prosperan los llamativos plumeros de la Pampa (Cortaderia selloana), creando imponentes cepellones herbáceos difíciles de erradicare y en franca progresión. En las áreas dunares marinas se hacen monoespecíficos los tapices floridos de la uña de gato del Cabo o hierba del cuchillo, (Carpobrotus edulis) ahogando al variado elenco de plantas psammofilas (amantes de las arenas) nativas.

Hierba cuchillo colonizando los arenales marinos

         Pero la cosa no queda aquí, en las áreas de chalets y bordes de las ciudades, hay dos plantas trepadoras que llegan a subirse a los árboles y montarse sobre las arbustedas y los vallados; las dos son invasoras masivas, una con numerosas florecillas blancas y tapizante total, es una especie de hiedra de hoja caduca, la Fallopia japonica o Polygonum cuspidatum que ha llegado a hundir tejados con su peso; la otra es muy llamativa por sus campanillas azules que le dan el nombre vulgar, es la Ipomea indica. También pero menos invasiva y rastrera capuchina (Tropaeolum majus), con sus vistosas flores anaranjadas.

Campanillas azules trepando por los arboles

         No me quiero extender demasiado pero por completar algo el elenco de plantas invasoras tenemos plantas conocidas de todos, aunque probablemente no sus nombres, se trata de plantas que tenemos en nuestras macetas y jardines. Tenemos la tapizante Tradescantia fluminensis en áreas sombreadas; las llamativas flores de mini-explosivos frutos de la balsamina o nometoques (Impatiens balfourii) que coloniza las zonas húmedas y sombreadas de los sotos y bosques. Finalmente, hay otras colonizadoras más discretas, bien en apariencia o en cantidad, las flores amarillas de la alta hierba del asno, (Oenothera glazioviana) que con sus varas de flores amarilla coloniza solares y suelos removidos; la alta gramínea Sorghum halepensis de bordes de acequias y huertos, el llamativo jacinto naranja de bordes de arroyos Crocosmia x crocosmiflora y el durísimo y pequeño césped invasor Stenotaphrum secundatum que ha saltado de los céspedes de los jardines caseros al campo.


Pinares y landas (brezales y tojares) junto al mar

         Por supuesto, no es solo un problema portugués, solo tenemos que viajar por la España atlántica para descubrir casi todas estas especies. Pero hay que tomar clara conciencia de ello, del mal estado del bosque (mejor decir cultivo forestal) y de la invasión de foránea. No nos tienen que distraer consignas publicitarias como el “Asturias paraíso natural”, para saber que de Asturias empieza a quedarnos solamente la montaña interior, el resto es un bosque que nadie en su sano juicio cruzaría monte a través. Para colmo, como si fuera poco con estos eucaliptales y pinares, se está introduciendo masivamente otro tipo de eucalipto (Eucaliptus nitens) que tolera mejor las heladas y amenaza la parte todavía libre de ellos. 
         En el país vasco los problemas son de tipo portugués con sus invasivas Cortaderias, Tradescantias, Fallopias, Acacias melanoxylon, Oenothera rosea y Baccharis halimifolia, se agravan, no tanto con los eucaliptales como con los cultivos de pino de Monterrey (Pinus radiata), menos dados al fuego que el resinero pero monoespecífico, (salvo con las setas).

Enlace del monte con las playas

         El problema de las invasiones vegetales es otro factor más unido a nuestra mala gestión habitual de los montes. En el exterior norte y noroccidental de la meseta ya está siendo un problema medianamente grave, pero en el resto peninsular no lo es tanto. Tenemos que pensar que tras milenios de antropización, realmente la cuenca del Mediterráneo es la auténtica invasora del resto del mundo, al menos de zonas con una relativa afinidad climática. Muchas especies neófitas (ese es su palabro), nos colonizan pero las nuestras entran a saco en otras regiones. Valga de ejemplo que mas o menos, por cada especie sudafricana o californiana que se nos instala en la península, hay aproximadamente de tres a cinco especies mediterráneas que se instalan en California o que prosperan en Sudáfrica.


Gigantesco plátano de sombre en Guimaraes


          Es un “toma y daca” que tiene relación con la antigüedad con que las especies vegetales se han acostumbrado, prosperado o incluso especiado, gracias a la intervención humana en el territorio, abriéndolas nichos ecológicos que sin esa intervención  estarían ya ocupados. 
De esa manera se premia a los colonizadores más rápidos, lo que no significa para nada que sean los más idóneos y, por supuesto, en detrimento de las especies que llevan milenios adaptándose a un clima y a un territorio determinados.
Para simplificar (tomado de "Flora alóctona invasora en Bizkaia"), las plantas Álóctonas pueden ser casuales o Naturalizadas, éstas pueden ser no invasoras o Invasoras, y éstas no transformadoras o Transformadoras. La mayoría de las descritas son de esta última categoría por lo que deben mantenerse a raya o erradicarse de nuestro medio natural.


- Gracias Carlos por las fotos compartidas
- Para ver la clara diferencia entre bosque y cultivo ver la pagina de ARBA


1 comentario:

  1. Hola Quique, soy Santi el papa de Marina.
    Muy buen artículo, muy interesante, y buenas fotos también. Se lee de forma muy amena. Tienes mucha razón en cuanto al aprovechamiento salvaje que se intenta hacer del campo mediante los eucaliptos por ejemplo, como sucede en Galicia, una pena.
    Un saludo.

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